Para tratar de ser más creÃbles sin perder la emotividad, a la hora de transmitirle lo que sucede a la gente, los relatores de fútbol suelen apelar al dramatismo y a la exageración con algunas metáforas y el sonido ambiente como únicos aliados.
Están los que dicen que tal o tal jugador “corre hasta quedar sin piernas”, “deja el corazón en la cancha”, “es el alma del equipo” o sencillamente “se juega la vida”.
También suelen adornar las frases que tienen que ver con las sensaciones que viven los futbolistas durante los 90 minutos. La alegrÃa está relacionada al gol o a los festejos. La muerte, el terror y el miedo, a los momentos complicados y decisivos.
Sin embargo, ningún relator imaginó alguna vez que una metáfora como “el jugador tiene pánico” podrÃa convertirse en realidad.
Uriel Bartolucci es la prueba de que una persona puede sufrir esa enfermedad, incluso dentro de un campo de juego. Ocurrió en Marzo de 2004, cuando jugaba para su equipo, el
Real Avilés, ante el Racing de Santander B, por la Segunda B de España (la tercera categorÃa).
A los 14 minutos del primer tiempo le dijo a su técnico “
no puedo más, me ahogo” y a los pocos segundos tuvo que abandonar el estadio con un cuadro tÃpico de ansiedad, con ataque de pánico.
La noticia tuvo una repercusión muy grande en el paÃs ibérico porque el motivo del percance fÃsico del argentino era bien claro: angustia provocada por los incumplimientos por parte del club. A Bartolucci y al resto del plantel les debÃan tres meses de sueldo.
“
Nunca me habÃa pasado algo asÃ. Sufrà una crisis de ansiedad. VenÃa muy preocupado porque no nos pagan. Los dirigentes prometen y no cumplen. Unos a otros se pasan la responsablidad. Nunca me imaginé que iba a pasar por una situación asÃ. Para eso me hubiera quedado en la Argentina. CreÃa que estas cosas sólo pasaban en nuestro paÃs, pero aquà también hay gente que no cumple“, declaró Bartolucci luego de aquél incidente.
Sobre la notoriedad que tuvo el caso explicó “
se armó mucho revuelo, pero nunca estuve grave. Tampoco me desvanecÃ, salà caminando. Si hubiera querido armar algo asà para llamar la atención y tratar de que nos paguen, no me hubiera salido tan bien. Lo que pasa es que el ambiente está muy sensibilizado por las últimas muertes que hubo en las canchas (el camerunés Foe y el húngaro Feher)” y agregó “
el sueldo promedio en esta categorÃa oscila entre los 1200 y los 1500 euros. Yo alquilo y pago 400 euros. En los últimos meses se me fueron los pocos ahorros; ya tengo que empezar a cuidarme en las compras básicas. VeÃa que no podÃa pagar el alquiler, que me iba a atrasar. No podÃa sacarme estos problemas de la cabeza. Le pedà el dinero a un dirigente y me lo dio, pero me hizo sentir que me estaba haciendo un favor, como si no nos debieran nada. No me gustó la actitud“.
Volante central, nacido en Cañada de Gómez y con inferiores realizadas en
Newell’s, llegó a la Primera de La Lepra de la mano de Mario Zanabria, en 1996. Sólo disputó 2 partidos y partió hacia
Argentino de Rosario, emulando la carrera de varios ignotos futbolistas de la zona. En el SalaÃto estuvo 4 años e incluso logró el ascenso al Nacional B. Pero en la última etapa en Rosario se le complicó el tema económico (Argentino le debÃa 5 meses de sueldo) y prefirió buscar nuevos horizontes con el pasaporte comunitario en la mano.
Jugó primero primero en el
Preñá de Mar, de Cataluña; luego en
Castellón y por último en el
Avilés de Asturia, todos de la Segunda B de España.
Su carrera no tuvo demasiados factores extraordinarios hasta el mencionado dÃa en el que “
empecé a sentir que se me aceleraba el pulso, palpitaciones. Una sensación de agobio y de opresión. Me asusté mucho, me pegué un cagazo bárbaro“.
Según dicen, hoy está en el
Alcalá Guadaira del mismo paÃs. Y queda claro que no está en este sitio por haber robado en el exterior.
Juan Pordiosero
9:01 pm
Para esta temporada paso al Mainera de la misma division