Viewing Category : Baldosa vieja

Baldosa Vieja: Rubén Bruno

26 septiembre 2008

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Rubén Norberto Bruno

La noche del jueves 14 de agosto de 1975 no fue una más para muchos. Había fútbol. Jugaba Argentinos Juniors frente River Plate, que arrastraba 18 años de no lograr un título.

A los 21 minutos del segundo tiempo, un tal Bargas le tiró un pelotazo largo a un tal Bruno. El 3 del Bicho, Ricardo Próstamo, quiso cancherear en el anticipo e intentó hacerle un sombrerito a Bruno, pero el pibe se frenó y se encontró con la pelota en la cabeza, la llevó hacia adelante con toda la defensa saliendo, quedó cara a cara con el arquero y definió de zurda al segundo palo. Una explosión en las tribunas. River se estaba consagrando campeón tras una larga sequía.

Quien alguna vez haya visto el canal Volver, se habrá deleitado con el inefable Minguito, entrañable personaje de Juan Carlos Altavista que aseveraba enfáticamente que a cualquiera le podían levantar un monolito como hacerle una lápida. Nada mejor para ilustrar la figura de Rubén Norberto Bruno, quien podría haber pasado a la historia como un héroe, pero no fue así.

Eran tiempos de huelga de futbolistas profesionales y esos pibes de River salieron a la cancha apretados por la dirigencia. Al mismo tiempo fueron crucificados por Agremiados y ninguneados por sus “compañeros” mayores. Se escuchó el término “carneros” por ese entonces. Y se sigue escuchando.

El tiempo pasó y la euforia también. Aquellos que consiguieron lo que otros ilustres no pudieron, rápidamente se fueron perdiendo en la muchedumbre y fueron dejados al costado del fútbol. El tal Bruno aguantó dos años en los Millonarios, con sólo 11 partidos jugados y dos goles.

En 1977 quedó libre y fichó para Los Andes en la B. Durante 10 sábados pudo calzarse la casaca milrayitas y fue subcampeón a sólo dos puntos de Estudiantes de Caseros. La llama de Bruno se consumía inexorablemente. El goleador del conjunto de Lomas de Zamora fue Lanza, con 21 anotaciones, a sólo un par de Carlos Danton Seppaquercia.

Nuestro antihéroe homenajeado ya no salía en la tapa de los diarios ni se lo escuchaba en los relatos, factores desencadenantes de su viaje a Chile para jugar en el Huachipato. Luego regresó con pena y sin gloria a tirar sus últimos cartuchos en Unión de Zapala e Independiente de Neuquén, para finalmente retirarse en 1982, con apenas 24 años.

Dos décadas después de ese histórico título de River, Bruno culminó su carrera de DT y fue a ejercer a un country. Todo lo que vino más tarde fue el anonimato. Por ahí dicen que lo vieron trabajando en un comedero de spetto corrido, pero para el mundo del fútbol siempre quedará muy lejos del monolito y demasiado cerca de la lápida. Minguito era un sabio: no le gustaban los “carneros”.

Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)

Baldosa Vieja: Oscar Cassinerio

24 agosto 2008

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Oscar Bautista Cassinerio

Si ya sé, me van a decir que no es baldosero porque no tuvo sus 15 minutos de fama, pero déjeme defenderme primero y decir que se trata de Oscar Cassinerio. Búsquenla por este lado: cuando debutó en la primera de Central Córdoba de Rosario, los viejos hinchas decían que había nacido lo más parecido al mítico Gabino Sosa, nombre que lleva el actual estadio Charrúa.

Además corrió al lado de Tomás Felipe Carlovich y se dice por ahí que el Trinche fue lo más grande que dio Rosario, que jugaba con “galera y bastón”. Si hoy cuesta ver a tipos jugando bien con camisetas antiviento, pantaloncitos con aire acondicionado y botines con alerones, no me quiero imaginar con galera y bastón lo que debe haber sido agarrar una pelota.

El flaco Cassinerio nació en Rosario el 15 de noviembre de 1952 y arrancó con la redonda por el ‘70 en la liga rosarina, para pasar al año siguiente a Central Córdoba, donde se quedó hasta 1977, codeándose, entre otros, con Oscar Santos May, Scoppa, Montemarani, Oscar Facchetti, Nelson Forgués, Manfredi, Sullivan, Giusti, Donsanti y Norberto Bautista.

Como vio que la galera y el bastón no le servían para progresar mucho, en 1978 se fue para dar el campanazo en Villa Dálmine donde se quedó hasta 1980, junto a jugadores de nombre como Bignone, Pintos, el gaucho Santorelli, Ottaviani, Conte y no me acuerdo cuántos más.

En 1981/82 buscó la plata y recaló en la ciudad de la diagonales, más específicamente en Gimnasia y Esgrima. Siempre en la B, inicial de su nombre Bautista. Allí se entreveró con Juan Guillermo, Higuaín, Antonio Mércuri, Alfonso Dante Roma, Pantaleo, el potro Domínguez, Enrique Salvador Chazarreta, Pezzatti, Avelino Verón, Gottfrit, todos históricos del fútbol. Pero haciéndole caso a Fito Páez, Rosario siempre estuvo cerca, no aguantó más de una temporada y se volvió.

¿Qué hizo, entonces? Enseguida se fue a Colón de Santa Fe, con 31 pirulos, arrastrando la ya pesada galera y el bastón, y otra vez rodeado de figuras como Belén, Juncos, Balbuena y muchos sabaleros de renombre, se fue despidiendo del fútbol grande de la B.

No hubo caso, las ligas fueron su destino final. Es que la cosa en Rosario pasa más o menos por ahí en la mayoría de los casos. Empezás en la liga rosarina, te chupan Central o Ñuls, si sos descartable vas a parar a Central Córdoba o Argentino y cuando te hacés demasiado viejo, volvés a las ligas.

Así es, amigos. Ahora no me vengan con que Oscar Bautista Cassinerio no es baldosero. Acuérdense de Don Gabino, del Trinche, pero fundamentalmente de la inseparable galera y bastón.

Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)

Baldosa Vieja: Héctor Pistone

15 junio 2008

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Héctor Antonio Pistone
Caso singular el de Pistone, un arquero de los más altos que se recuerde, que jugó en tres décadas distintas: en los 60’s, 70’s y 80’s.
Apodado el “Obelisco de San Justo” por un periodista, nació el 20 de mayo de 1949 en San Martín, Buenos Aires. Y obviamente, hincha de Chacarita, se inició a los 13 años en la entidad funebrera. Allí estuvo hasta 1969, cuando fue suplente de Eliseo Jorge Petrocelli, justo en el año en el cual salieron por única vez campeones de Primera “A” en el profesionalismo, viendo desde el banco a jugadores de la talla de Marcos, Puntorero, Recúpero, García Cambón, Angel Bargas, Orife, Poncio y Neumann, entre otros.
En 1970 recaló en Estudiantes de Buenos Aires y permaneció hasta 1972. Al mismo tiempo que atajaba, ejercía su trabajo de mecánico de autos, en una época donde el fútbol no daba para comer tanto. Ya cuando estaba decidido a largar, Juan Carlos Montaño se lo llevó a Almirante Brown y allí compartió vestuarios con duros como Canio, Avalos, Osuna, Escalada, Franchossi, José Antonio Díaz, Sisca, Pilla, Calermo, Deckers, Pignataro, Sicilia y Arrivillaga, entre otros. Ahí se quedó hasta mediados de 1976, cuando la varita mágica pareció tocarlo: entrenando en La Candela, fue observado por el Comendatore Juan Carlos Lorenzo, quien impresionado por su altura lo fichó para… Boca, donde integró la plantilla del Nacional de 1976. En el Xeneize se entremezcló con quienes seguramente nunca soñó hacerlo, como Marito Sanabria, Burtovoy, José María Suárez, Bernabitti, Salas, Eduardo Enrique Oviedo, Dorado, Gatti, Mouzo, Pernía, Sá, Gutiérrez, Tesare, Tarantini, Ovide, Ribolzi, Suñé, Benítez, Veglio, Mastrángelo y Felman. Pese a ser suplente, salió bicampeón en 1976.
En el verano de 1977, en el torneo de verano de Mar del Plata, atajó los 4 partidos como titular y arrancó el Metro alternando algunos encuentros en la valla en Primera y Reserva. ¿Más compañeros? Perassi, la Pantera Rodríguez, Perotti, Husillos, Abel y Hugo Alves, Paternó, Daniel Severiano Pavón, el Tabita García, Silguero, Cibeyra, Lacava Schell y Sánchez Sotelo, entre tantos otros.
Continuó en el Nacional 1977, donde se sumaron Carlos Bartolo Alvarez, Squeo y Salguero. Quedó libre y en 1978 se fue a jugar un Regional a Tucumán, donde integró el equipo de Central Norte. Pero el Toto, que no lo olvidaba, lo recomendó para la temporada de 1979 a Tigre, donde se gestó la gran campaña y ascenso del año siguiente, teniendo adelante, en la línea de cuatro, al histórico Ricardo Pellegatta.
En 1980, el “Obelisco de San Justo” retornó a Almirante Brown, donde fue bien recibido, y se juntó con históricos como el Dr. Carlos Camejo (el mismo que ascendiera con San Telmo a la “A”), Podeley, Leone (Ex 5 de Huracán), Franco, Biaín, Miguel Angel Gallardo, Amorone, Rivoira, Tobbío, el Bicho Crespo y Abbate. Siguió hasta 1984, momento en el que, con 35 años, pensaba volver al taller mecánico, pero fue tentado por Ituzaingó para jugar en Primera “C” en 1985, donde se reecontró con Franchossi y Pignataro, y otros como Nicolás Antonio Valdivia, que había jugado en la primera de Boca, y D’Allegre, entre los mas conocidos.
En el club de Pacheco y Mariano Acosta atajó hasta 1986 y ahí sí, definitivamente, a los 37 años, el lungo arquero, cuando las chapas lo iban abandonando y su calva rozaba el travesaño, le dijo adiós a los tres palos. Héctor Antonio Pistone, el “Obelisco de San Justo”, al final, no se puede quejar de su historia en el fútbol.

Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)

Baldosa Vieja: Orlando Pipa Jiménez

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Orlando Rubén Jiménez
Médico en la vida cotidiana, Pipa en el fútbol, Orlando Rubén Jiménez fue un centrodelantero que cambió de vía y de ramal en varias oportunidades.
Nacido en el barrio de Versailles, allá por 1950, fue un aventajado estudiante de medicina que se recibió a la temprana edad de 24 años, en la especialidad Ginecología, conexión ineludible con el Dandy Sebastián Neuspiller en Fénix, que repite el campo sanitario y el puesto en el campo de juego. Decíamos que Jiménez recibió su diploma de Médico en diciembre de 1974. Pero hurguemos un poco más en la trayectoria del Pipa.
Hizo todas las inferiores hasta Primera en Ferrocarril Oeste, donde muy poco pudo hacer para lograr un lugarcito como titular y entonces decidió cambiar de trocha y de vías para pasar al modesto Ferrocarril Midland en 1974, club que le dio la oportunidad de marcar muchos goles mientras hacía la residencia en el Hospital Argerich.
En 1976, sus goles, su habilidad y una voluntad férrea lo llevaron otra vez a cambiar de ramal ferroviario, el General Mitre, ya que sus rieles estaban en cercanías de su próximo destino: Excursionistas.
El club Villero, cuya camiseta pesa una bolsa de cemento luego de tantas frustraciones de ascenso (en 1972 bajó de la B a la C, y sólo tuvo un fugaz retorno en la temporada 1993/94), el Pipa tuvo la ocasión de compartir colores con un histórico del under: el Yaya Tamburrino y Carlos Domingo Jesse, jugador que mas tarde fue integrante de la primera camada de árbitros ex futbolistas junto a Gerardo Boquete (Liniers), Claudio Casares (Boca) y Pafundi (River), entre otros.
Hizo algunos goles pero la tolerancia en el club del Bajo Belgrano, que siempre busca consagrarse, lo devolvió a Jiménez a su vía anterior en 1977: Ferrocarril Midland. Allí fue bien recibido y la libertad que le proporcionó la Comisión Directiva, dejándolo entrenar en la medida de su tiempo profesional en la medicina, volvió al grito del gol sin presiones, hasta que un día finalmente dejó de ser el Pipa, para convertirse definitivamente en el Dr. Orlando Rubén Jiménez.

Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)

Baldosa Vieja: El Peludo Gigliani

30 marzo 2008

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Luis Gerónimo Gigliani (El Peludo)
Lo vi por primera vez en las canchas en 1976, cuando ya tenía 30 años edad y muchos campos agrestes recorridos. Y ocurrió en un partido donde fue figura, vistiendo la camiseta del tricolor de Almagro, cuando le ganaron con relativa facilidad por 2 a 0 a un Sarmiento de Junín que sólo mostró la prodigalidad de Melillo, Atondo, Papalardo y Antonio Molinari, quien en 1992, con 36 años, salió campeón con San Lorenzo de Chacabuco en la divisional B de esa liga, en la doble función de jugador y director técnico.
En Almagro se destacaron un obeso Tito Manuel Gómez, que venía de jugar en el extranjero, habiendo brillado en nuestro país en Huracán de Parque de Los Patricios; también el arquero Piazza, los centrales Amato y Belloni, Jorge Herrera, Ciro Antonio Ocampo, Jorge Rodríguez y nuestro recordado de hoy: Luis Gerónimo Gigliani.
El Peludo tiene su lugar merecido en esta sección, por sus dotes de jugador y aguerrido luchador y por qué no decirlo, por el camino de la vida que eligió… pero eso lo cuento al final.
Se inició futbolísticamente en Deportivo Morón y con apenas 16 años debutó en Primera (1960), para hacerlo durante nueve temporadas, logrando el máximo halago de los moronenses en su historial al obtener el ascenso a Primera A en 1968, única ocasión en la que anduvo por la máxima categoría, teniendo como compañeros a Moreyra, Semenewicz, Ricardo Aráuz, el Tano Ricci y Oscar Tomás López, entre otros.
Después recaló en Comunicaciones donde jugó un campeonato, para pasar luego a Defensores de Belgrano y actuar junto al Ratón Leonardi, la Chancha Busti y el Loco Houseman (el director técnico era Rodolfo César Chitti). De allí, pese a tener ofrecimientos para ir a Colombia, fichó para Flandria , donde le sirvió pases a Carlos Dantón Seppaquercia y luego dos años en Almagro (1975 y 1976), compartiendo goles con el Lele Luciano Martín Figueroa, consagrándose como goleador de la B con 24 tantos.
Finalmente, ante la insistencia, viajó a Colombia para fichar por el Tolima, donde se juntó con otros argentinos como Oscar Antonio Pocho Pianetti, Rubén Flotta, el arquero Giorgetti y el marplatense Sancisi. Regresó a Almagro al año siguiente y marcó muchos goles. Cuando ya tenía pensado retirarse, a los 36 años, firmó para Deportivo Merlo, lo que significó su última temporada como futbolista activo.
Y lo que es el destino travieso. Frente a la situación que se le presentó ante un hijo que se le había descarriado en la vida, pasó de tener una visión y una imagen distinta de un jugador que se hacía respetar. Desde 1992 y hasta la actualidad, con 61 años, predica la palabra de Dios, siendo cristiano evangélico obrero a cargo de un anexo, transmitiendo el mensaje religioso a la gente… como supo transmitir el inigualable grito de gol a las hinchadas de los equipos en los que jugó. El Peludo Gigliani, de guapo a angelical personaje del fútbol.

Daniel Console (Todopararecordar.com.ar)

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