Especiales: Tyson Caballero, un baldosero en Highbury

Hoy, con los preciosos ojos de los marplatenses y de los otros que también osan llamarse como argentinos posados en Londres, donde el arquero Damián Emiliano Martínez hace sus primeros cagadones palotes en el arco del Arsenal, vamos a recordar la historia de Néstor Fabián Caballero, aquel olvidado primer paraguayo argentino en firmar para los “Gunners”.

Nacido el 31 de enero de 1978 en Posadas (Misiones), este delantero comenzó a sobresalir desde purrete por dos condiciones destacables: su potencia letal en el área y su ceño fruncido como quien está permanentemente olfateando un tanque atmosférico. Esto le valió el apodo que lo acompañará hasta el último de sus días: “Tyson”.

Surgido en Guaraní Antonio Franco, donde llegó a la Primera local siendo apenas un adolescente, Estudiantes de La Plata fue su próximo destino, siguiendo los pasos de su coterráneo estrella: El Yerbatero González. La historia de ninguno de los dos atacantes misioneros con El Pincha prosperó y fue así como Caballero desembarcó en su patria por adopción: Paraguay, para jugar en primer término en Tembetary (1997) y luego en Cerro Porteño (1997/98).

Sin ser nada del otro mundo, la correcta labor del Tyson en aquel Azulgrana que llegó a las semifinales de la Libertadores ´98 sumado a un mercado inglés que se estaba despertando de la siesta tras la sanción de la Ley Bosman, más la decisión dirigencial por piratear otros tercermundistas que no fuesen solo africanos, alinearon los planetas y el día menos pensado Fabián Caballero le estaba dando la mano a Arsene Wenger, el francés más afrancesado

Una vez en Londres, El Tyson se desayunó con dos malas noticias. La primera: el ninguneo de su patria, que no le había dado la más mínima relevancia a su hazaña. La segunda: la futura llegada de Nelson Vivas, mal sindicado –hasta el debut de Dibu Martínez- como “el único argentino en jugar en el Arsenal”.

Tras algunas buenas actuaciones en el equipo reserva, donde llegó a anotar 8 goles, el 11 de noviembre de ese año, El Tyson hizo su debut como Gunner por la Cuarta Fase de la Copa de la Liga –llamada en ese momento Whortington Cup- en un partido que quedó grabado a fuego en el folclore inglés, si es que eso existe: “el inolvidable Arsenal contra Chelsea de 1998”.

Aquella noche memorable en Higbury, el Arsenal formó con: Alex Manninger; Grondin, Vivas, Grimandi y Upson; Garde (Méndez), Huges, Ljumberg y Louis Boa Morte; Wreh y Bergkamp (Caballero). Por su parte, los dirigidos por Gianluca Vialli alinearon a: Kharine; Dan Petrescu, Lebouef (Lambourde), Duberry y Celestine Babayaro; Roberto Di Matteo, Goldbaek (Percassi), Gustavo Poyet y Nicholls (Clement); Tore Flo y el propio Gianluca Vialli.

¿El resultado? Un aplastante 5 a 0 a favor del Chelsea con un gol de Frank Lebouef, 2 de Gustavo Poyet y 2 de Gianluca Vialli. ¡Si! ¡El técnico rival les marcó dos tantos! La historia para Caballero arrancaba, cuanto menos, con demasiado olor a baldoseo.

Orgásmico cuando el relator nombra a “Cobaiero”.

Pese al revés inicial, el 29 de noviembre Caballero hizo su debut por la Premier League al ingresar a los 74 minutos por Fredrik Ljumberg en un empate 1 a 1 frente al Middlesbrough que contaba con Gary Pallister, el colombiano Hamilton Ricard y ese genio incomprendido llamado Paul Gascoigne, entre otros.

Inicia la jugada del gol y abraza a Anelka. Ojo, eh.

La última oportunidad para demostrar algo de nuestro “Lucio Filomeno a la británica” fue el 4 de enero de 1999, cuando vencieron como visitantes por 4 a 2 al Preston North End por la Tercera Fase de la F.A Cup e ingresó en el minuto 70 por Alberto Méndez. Ah, y además le dio un pase gol a Emmanuel Petit para el tercer tanto de su equipo. Tras aquello, de vuelta a la reserva y a final de temporada pasaje de regreso al Paraguay…

Tras un buen año en Sol de América (1999/2000), donde marcó algunos tantos y fue el centro de anécdotas del vestuario, el hecho de poseer la firma “Arsenal” en su currículum le allanó el laburo a su representante, quien lo llevó de vuelta a Gran Bretaña. Aunque esta vez no a Inglaterra sino a su liga satélite (?): Escocia, donde formó parte de aquel Dundee F.C con demasiado sabor a mate, dulce de leche y tango (2000 a 2005).

Si bien compartió plantel con Claudio Caniggia, no llegó a jugar con El Pájaro por un pequeño detalle (?): durante unas vacaciones en Encarnación, El Tyson recibió una paliza de una patota a la salida de un boliche que lo dejó al borde de la muerte y, obviamente, sin jugar durante más de un año.

Cuando Caballero volvió a las canchas, Caniggia ya había puteado hasta al árbitro del Argentina – Suecia (?). Igual, a lo largo de los años compartió estadios y whiskies con próceres como El Beto Carranza, Juan Manuel Sara, el español Javier Artero, El Beto Naveda, el rolinga Julián Speroni y el rasta triniteño Brent Sancho, entre tantos otros.

Más allá de algún golazo y de una lesión que lo dejó afuera de las canchas durante la temporada 2003/04, lo más destacable de su estadía en la tierra de El Jardinero Willie fue que el Dundee F.C debió vender su estadio para pagarle lo adeudado a Caballero y a otros valores del plantel. Sus últimos partidos en aquella Liga fueron jugando el Torneo Relegation 2005 ¿Qué es eso? Algo así como nuestra vieja y querida Promoción. ¿El resultado? Descenso y el regreso de nuestro héroe a América. Y mirá que no cualquiera desciende en Escocia, eh…

A todo esto, el tiempo compartido con uno de los baluartes de La Banda del Gol y El Toque, fueron toda una revelación y se ve que inspiraron a El Tyson, quien ahí mismo inició un betocarranceo feroz que lo llevó con pena y sin gloria por: Olimpia (2005), Tacuary (2006) Daejon Citizen de Corea (2007), Alki de Chipre (2007), Provincial Osorno de Chile (2008), Panachaiki Patras de Grecia (2009), Nacional de Paraguay (2010), Municipal de Guatemala (2011) y otra vez por Tacuary (2012).

Desde mediados de 2012, “el segundo argentino que jugó en el Arsenal pero al que nadie conoció ni conoce”, forma parte del Deportivo Recoleta de la Tercera División guaraní, donde hace las veces de jugador y técnico, emulando lo que a finales del siglo pasado le vio hacer a Gianluca Vialli. ¿Y quien te dice que no le vaya bien imitando a aquel tano? Después de todo, Vin Diesel hizo lo mismo y hoy en dólares sigue nadando.

Especiales: El hijo trucho del Palomo Usuriaga

Carlos Albeiro Usuriaga

Esa brillante generación de jugadores colombianos que hizo historia sin ganar nada en la primera mitad de los años 90, escupió hijos futbolistas que, dos décadas más tarde, intentaron y siguen intentando hacer su propio camino, incluso tomando el fútbol argentino como trampolín. No es casualidad, claro. La nuestra es la tierra del 5 a 0, aquel gran hit cafetero que nos marcó para siempre. A nosotros, pero principalmente a ellos.

José Valencia, el hijo del Tren, pasó por Olimpo y actualmente viste los colores de Rosario Central. Sebastián Rincón trata de seguir los pasos de su papá, Freddy, con la camiseta de Tigre. Alan Valderrama se probó en Racing y en Platense, gracias al apellido de su padre; mientras que Carlos, otro descendiente del Pibe, juega en Colombia y luce la misma porra de rizos rubios. Y ni hablar de todos los parientes del Tino Asprilla que se han dedicado a esto, aprovechando el lazo familiar.

Otros hijos de cracks colombianos noventosos, como Luis Alberto Perea, Leo Stefano Álvarez, Santiago Tréllez y Aldair Valenciano, también juegan al fútbol en su país y en el exterior, aunque no han pisado suelo argentino. Todavía…

Allá por el 2009, llegó a Avellaneda un jugador jovencito al que nadie conocía, pero que físicamente hacía recordar a Albeiro Usuriaga, aquel talentoso delantero que fue vital para esa camada (metió el gol de la clasificación a Italia ’90), aunque no pudo disputar ningún Mundial. El parecido, por supuesto, no era casualidad. El muchacho aseguraba ser hijo del Palomo, tenia casi el mismo nombre e incluso llevaba el mismo peinado. Sólo le faltaba triunfar en Independiente.

Fue así como el Palomito llegó al Rojo, en busca de revivir todo eso que había conseguido Albeiro: un título local, una Supercopa y una Recopa. Pero lo que se encontró, principalmente, fue el cariño de la gente, que recordaba (y sigue recordando) los goles y las gambetas del Usuriaga mayor, asesinado por sicarios en 2004, por involucrarse sentimentalmente con la ex mujer de un delincuente.

“El es muy reconocido, hizo una historia muy grande aquí y me gustaría repetirla. Me siento muy orgulloso de él, y quiero que él se sienta orgulloso de mí allá arriba, jugando en Independiente”, declaraba Carlos Albeiro, que se paraba de 9 y venía de hacer inferiores en Deportivo Cali, hasta que un contacto lo ubicó en la Argentina.

De entrada, lo hicieron practicar con la Tercera, dirigida por Cayetano Rodríguez, aunque su sueño era integrar el plantel del Tolo Gallego y que lo llamaran Palomito.

Después de dos semanas, en Independiente se dieron cuenta de que el pibe no era tan bueno como decía. De hecho, el parecido con el Palomo sólo se remitía a lo físico. No gambeteaba, no desbordaba, no metía goles, nada de nada. Muchas gracias y hasta pronto.

Hasta que un día, a alguien se le ocurrió investigar un poco más allá de lo que salía en los diarios, para encontrar la verdad: no se trataba del hijo de Usuriaga…¡Era el sobrino! Un estafador.

El Palomo tuvo una vida muy intensa, en la que le sucedió de todo, pero no tuvo hijos. Sí sobrinos, como Carlos Albeiro Ríos Usuriaga, fanático de su tío, al punto de querer imitarlo en todo y llegar a decir que era su hijo, sapo que la prensa argentina se comió sin dudar.

El 5 de noviembre de 2011, el Palomito fue asesinado en circunstancias similares a las de su tío. Una tragedia que pasó desapercibida en el mundo del fútbol, pero que de alguna manera lo terminó emparentando a su falso padre. Quiso repetir la historia y lo logró.

Especiales: La camiseta de River

Una buena campaña, un episodio histórico, un título, dos, tres. Muchas veces las camisetas quedan marcadas a fuego en la memoria del hincha, gracias a un momento de gloria en la vida deportiva de un club. Quizás no recordamos a todos los jugadores que estaban en ese plantel, pero sí nos acordamos de los detalles que tenía la casaca de esa temporada.

Apelando al corazón del hincha, adidas presentó hace poco la nueva camiseta 2014/2015 de River Plate. El diseño renovado reincorpora las tres tiras horizontales en las mangas, rememorando al tricampeonato de 1997. Con un golpe de vista, uno relaciona la camiseta con aquel equipo millonario que supo ganar todo.

¿Qué otras camisetas históricas te gustaría que se reversionaran? Te leemos.

Especiales: Hugo Moyano futbolista

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No se vayan a creer que todo lo hace por la guita o por el poder político. Mucho antes de convertirse en el mandamás de Alvarado, Comunicaciones, Barracas Central, Camioneros Independiente de Avellaneda, el sindicalista Hugo Moyano tuvo una estrecha relación con el fútbol. Y no como dirigente, sino como jugador amateur. Desarrollemos su breve y desconocida historia dentro de un campo de juego.

Nacido en La Plata en 1944, pero radicado en Mar del Plata, Hugo Antonio Moyano se empezó a interesar por los deportes desde muy chico. Mientras sus amiguitos jugaban a los autitos, él jugaba a los camioncitos (?) soñaba con presentarse en estadios repletos de gente. Y quieran o no, lo logró.

Primero, claro, corrió las despobladas canchas marplatenses, jugando en las inferiores de Unión de Mar del Plata, donde compartiría jornadas con Julio Santella, un buen lateral izquierdo que luego de pasar por Estudiantes y el Deportivo Español, se rompió los ligamentos y entonces se dedicó a la preparación física, función en la que consiguiría un singular éxito acompañando a Carlos Bianchi.

¿Y Moyano? A comienzos de los años 60 llegó a ser suplente en la Primera División del Celeste, cuando ya era delegado gremial en una empresa de transportes. Cuentan que era un wing flaquito que jugaba por derecha. Y a diferencia de lo que sucedería una década más tarde, no marcaba a nadie.

También en su juventud, el líder camionero se dedicó al boxeo, pero recién empezó a pegar fuerte en los 70, cuando se hizo cargo de la Juventud Sindical Peronista en la Regional de Mar del Plata. Algunas publicaciones de la época dan cuenta de que la LJP se dedicaba a identificar y a capturar a los subversivos. Más específicamente a los integrantes de la agrupación Montoneros.

Con los años, Moyano fue acomodándose a la coyuntura de los gobiernos de turno. A veces en la misma vereda, a veces en la de enfrente. Política, ni más ni menos que eso. Lo mismo que, luego de haber intentado en varios clubes del ascenso, tratará de hacer en Independiente. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarlo? Si comete algún error, ya sabemos lo que tenemos que hacer.

Especiales: Botero Joaquín


Joaquín Botero Vaca (El Chacal)

Tres goles en aquel recordado 6 a 1 de Bolivia a la selección argentina de Diego Maradona en la Paz convirtieron a Joaquín Botero en el enemigo público número uno de 40 millones de personas. No era la primera vez que el delantero se transformaba en el verdugo de los argentinos, ni mucho menos. Tres años atrás había hecho sapo categóricamente con la casaca del Ciclón.

“Es un jugador interesante al que conozco mucho”, dijo el cometero técnico Oscar Alfredo Ruggeri cuando todos se preguntaban quién era ese boliviano que venía a reforzar el sector verdulería del Carrefour de avenida La Plata vestir la camiseta de San Lorenzo en el segundo semestre de 2006. Su llegada, a préstamo por un año (y gratis porque venía con el pase en su poder), se sumaba a la del peruano Roberto Malingas Jiménez en ese paquete de contrataciones falopa latinoamericanas que armó el actual panelista estrella de #elprogramadeFantino.

Para ese entonces, y si bien era casi un desconocido por estas tierras, el Chacal, un delantero de raza, nacido en diciembre de 1977, llevaba un buen rato en la selección y acumulaba pasos en su país por el Mariscal Braun (1997), Club Deportivo Municipal de La Paz (1998), Bolívar (1999 a 2003, en 2002 había sido el goleador a nivel mundial) y por México en los Pumas de la UNAM (2003 a 2006), aunque su carrera ya pintaba en declive.

“Soy un delantero con mucha movilidad, que corre muchísimo, que le gusta y vive del gol. Soy un oportunista del gol”, se presentó ante los que no lo ubicaban y dejó un par de perlitas como “El técnico, los dirigentes, los jugadores y los jefes de la hinchada (sic) me recibieron muy bien” y “Tengo 10 hermanos: mi papá tenía tan buena puntería como yo”. Eso sí, ya adelantaba que lo iban a tener que esperar un ratito: “Todavía no estoy para jugar. Hace un mes que estoy parado. Pero calculo que la adaptación será bien rápida”. Y sí, en los entrenamientos se lo veía bastante regordete.

Debutó casi un mes más tarde, todavía visiblemente fuera de forma física, el 18 de agosto, ante Belgrano en Córdoba (empate 2 a 2). Esa noche, el Boli reemplazó al peruano Malingas Jiménez y tuvo una actuación discreta, tirando a floja. Es más, sobre el final del partido, con Germán Montoya -el arquero del Celeste– ya vencido, se perdió lo que hubiera sido el triunfo del Ciclón. Mala suerte.

Reapareció cuatro días más tarde, ahora como titular, ante Banfield por la Copa Sudamericana, conformando la dupla de ataque con Malingas. Ese día, San Lorenzo ganó 2 a 1 y Boterito rindió bien hasta que salió reemplazado por el Pocho Ezequiel Lavezzi. Parecía que se le iban a abrir un par de puertas, pero…

Misteriosamente, Ruggeri lo mandó al freezer. Recién volvió a jugar en la revancha ante el Taladro, el 12 de septiembre. El partido terminó 0 a 0 y Botero se fue reemplazado por Leandro Ulloa (con todo lo que eso significa). En las instancias siguientes de la Sudamericana, ante Santos y Toluca, reemplazó a Adrián González, pero siempre pasó desapercibido.

La despedida quedó para la fecha 13, ante Vélez en Boedo Almagro el Bajo Flores, cuando le tocó ingresar por Ulloa. Más allá de que entró con un 0-2 abajo y se fue con el encuentro empatado 2 a 2, tuvo otra noche olvidable. Y así jamás volvería a vestir la camiseta azulgrana. Ese torneo, el Ciclón tuvo un desempeño discreto y terminó noveno, aunque no le fue tan mal en cuanto a goles convertidos. Pese a contar con Peirone, Botero y Ulloa entre sus delanteros, metió 30 tantos. Apenas cinco menos que el campeón, Boca Juniors Estudiantes de La Plata.

Sin espacio, y decepcionado con el Cabezón, se marchó antes del final del Apertura. “Ruggeri me pidió y después no me dio muchas chances. Habrá que preguntarle a él porque no jugué”, argumentó el Chacal, que reconoció que llegó muy fuera de forma y eso le jugó en contra. Solo 6 partidos (nunca la metió, obvio) alcanzaron para conocerlo y pedirle un remís que lo regresara a su casa.

Lejos de Buenos Aires, siguió su derrotero por Deportivo Táchira de Venezuela (2007), Bolívar (2008) y Correcaminos de la UAT de México (2009). Quizás, esa tarde iluminada ante la Argentina le sirvió para viajar por el mundo en 2010. Primero jugó en Al Arabi de Kuwait y luego pasó al Henan Jianye Football Club de China.

En 2011, claro, ya estaba de nuevo en Bolivia, defendiendo los colores del San José, aunque se tuvo que marchar a los pocos meses por las constantes lesiones. A comienzos de 2012 surgió la posibilidad de ir a robar disputar la liga de la India con otras figuras del fútbol boliviano, como Joselito Vaca y Limberg Gutiérrez, pero todo quedó en la nada.

A mediados de 2012, Bolívar, donde es ídolo, lo tentó para volver, pero no hubo acuerdo. En enero de 2013, cuando todo parecía indicar que regresaba al conjunto celeste tras casi un año y medio de inactividad, los dejó de garpe y se fue a Sport Boys de Warnes, en la segunda división del altiplano, donde al cierre de la temporada consiguió el ascenso a la máxima categoría con goles en los partidos importantes.

Castigado por las lesiones, pasó los últimos seis meses relegado el banco de suplentes, viendo cómo su lugar era ocupado por el eterno Bichi Fuertes. Ah, sí, todavía ni piensa en retirarse.

Especiales: Nicolás, el Higuaín que no llegó


Nicolás Jorge Higuaín

Cuando todos creíamos que el Higuaín baldosero malo era Federico, En Una Baldosa, una vez más, desempolva sus archivos secretos y trae la historia de Nicolás, el mayor de los hijos del Pipa.

Sin la destreza futbolística de Gonzalo ni el carisma (?) de Fede, y sin chances de escaparle a la tradición futbolera familiar, al igual que su padre eligió el puesto de defensor para desempeñarse en la cancha.

Arrancó su carrera en las divisiones inferiores de River Plate y luego pasó por Atlanta y Almagro, cuando actuaban en la B Nacional, en los noventa. Lejos de los flashes, debutó oficialmente en San Telmo, en la B Metropolitana, a fines de 1999, y tras un brevísimo paso por Defensores Unidos de Zárate, en 2002, colgó los botines.

Años después, se convirtió en ayudante de Norberto Cacho Recasens, el representante de sus hermanos, hasta que en el Mundial de Sudáfrica 2010 se reencontró con Marcelo Achile, el presidente de Defensores de Belgrano, que le ofreció volver al fútbol en el Dragón y Nicolás ni lo dudó. Es más, hasta se perdió el partido ante Alemania por regresar a Buenos Aires.

La ilusión duró apenas seis meses. Si bien fue al banco de suplentes en varios partidos de la B Metropolitana, nunca llegó a debutar y, a comienzos de 2011, rescindió su contrato para convertirse en el representante de su hermano Gonzalo.

Son decisiones.

Deportivo Español con la camiseta de España (1995 a 1997)

Allá bien entrados los 90, cuando el mundo todavía era un poco serio, la selección española se caracterizaba por prometer siempre y concretar nunca, costumbre que lamentablemente perdió en el último tiempo. Los amantes argentinos del fútbol gaita, entonces, debían conformarse con ver al Deportivo Español, un equipo que tampoco cosechaba títulos, pero que al menos jugaba con la misma camiseta de La Furia. Aquí la historia.

El viejo y querido Deportivo Español, aquella institución fundada en 1956 por un grupo de inmigrantes españoles en Buenos Aires, no atravesaba un buen momento promediando la década menemista. Su Presidente, Francisco Ríos Seoane, unos años antes había llevado al club, de la nada misma, a hacer buenas campañas en Primera División. Sin embargo, el mal manejo también lo había empujado hacia el abismo económico. Había que pegar un golpe de timón.

Ni lerdo ni perezoso, Ríos Seoane fusionó al club con el Hospital Español, formando la Unión Española. ¿El motivo? Pagarle a los enfermeros como si fueran utileros (?) y así zafar de los impuestos. El cambio de nombre, también, se acompañó con un cambio de indumentaria, que a partir del Clausura ’95 pasó a ser la misma que utilizaba el seleccionado europeo. ¿La diferencia? El chivo de Medicorp.

El primer template adidas que compartieron España y la Unión Española fue el de USA ’94: camiseta roja, con los recordados rombos amarillos y azules. El cuadro del Bajo Flores también usaba los pantalones y las medias azules de la selección, pero a veces combinaba la casaca con indumentaria de otro color o con diferente diseño.

La camiseta alternativa elegida por el Gallego fue la azul, la misma que oficiaba de tercera equipación de La Furia, ya que la primera casaca suplente era la blanca que había mostrado en el Mundial.

Para 1996, con motivo de la Eurocopa de Inglaterra, La Roja se actualizó. Nueva casaca, mayor protagonismo del azul, cuello mao y botones. Una linda pilcha que su representante en Argentina estrenaría al año siguiente.

Para el conjunto alternativo, Español utilizó la misma fórmula, quedándose con la camiseta azul y descatando el modelo blanco. ¿Cábala? Por los resultados, diríamos que no, porque ese equipo terminó sentando las bases del que se iría al descenso en 1998, ya vestido por Puma.

Desde acá, hacemos fuerza para vuelvan a hacer aquel experimento. Morimos a ver a Jorge Chiquilito con la casaca de Cesc Fàbregas. O lo que es peor, a Gaby L*b*s usando la 6 de Iniesta.

La gente de Piel de Ascenso nos aporta el dato:

En 1957, con motivo de su debut en AFA, el Deportivo Español utilizó la ropa de la Madre Patria. En aquella oportunidad, la Federación Española de Fútbol envió las camisetas, a las que se les agregaron los escudos bordados por unas monjas.

Especiales: Obligados a abandonar el fútbol por enfermedad

La aparición de una enfermedad grave, no es condición sine qua non para abandonar definitivamente el fútbol. Hay esperanzadores casos de deportistas de múltiples disciplinas que, luego de un obligado parate, superaron airosamente el mal trance. Precisamente en el fútbol se destacan: Germán Burgos (cáncer de riñón), Carlos Roa (cáncer testicular), José Buljubasich (tumor cerebral), Hugo Morales (tumor testicular) y hasta Arjen Robben (cáncer testicular) y Cristiano Ronaldo (arritmia cardiaca, con consecuente operación y disminución de sus capacidades). En este caso recordaremos a los que no pudieron volver al verde césped, pero como grandes que fueron, la pelearon hasta el fin.

Juan Gilberto Funes

El Búfalo fue un potente delantero centro, de esos que arrastran una defensa completa detrás de él. Sigue siendo, hoy en día, el máximo exponente del fútbol puntano. En el ambiente era querido, tanto por compañeros como por rivales, por su humildad, generosidad y hombría de bien. Fue el autor del gol que le dio a River la primera Copa Libertadores de su historia y jugó en la Selección Argentina. Tras haber hecho pie en Europa y en Vélez, sufrió de una afección cardiaca que le impidió superar la revisión médica, tanto en el Niza de Francia como en Boca Juniors. En septiembre de 1990, con tan solo 27 años, fue obligado por los médicos a retirase del fútbol.

Falleció el 11 de enero de 1992 al no superar la operación para corregir la endocarditis protésica. La fecha de su muerte sigue siendo, veinte años después, una jornada de luto en su San Luis natal.

Edgar Robert Navarro Montoya

El hermano del Mono Carlos Fernando era delantero del Deportivo Español y por su nacionalidad peruana ocupaba plaza de extranjero, pese a haber vivido desde pequeño en el país. Abandonó el futbol a principio de 1988, cuando contaba con apenas 21 años, a raíz del descubrimiento de una avanzada leucemia en su cuerpo. La última aparición suya fue en la cancha de Independiente, donde abrazado a su hermano, festejó la obtención Xeneize de la Supercopa 89. Perdió la batalla contra la leucemia el 20 de agosto de 1990.

Edgardo Fabián Prátola

Histórico zaguero de Estudiantes de La Plata con pasos por México y Unión. En la cancha según sus declaraciones era otra persona. Su récord de tarjetas rojas lo avalan. Sin embargo fuera del campo era un tipo bonachón, familiero y querible, por lo que no sorprendió la tristeza general en el ambiente cuando se anunció su obligado retiro a causa de pólipos y un posterior cáncer de colon. Su último partido fue la victoria del Pincha por 2 a 1 sobre Gimnasia en el Clausura 2001.

A la postre soporto varias intervenciones y hasta el indignante hecho de tener que recorrer juzgados para sacar del corralito los 90.000 dólares que costó su operación final. Falleció el 27 de abril de 2002. Su última voluntad fue que no se postergue el Estudiantes – Independiente de ese fin de semana. Hasta el día de hoy se lo homenajea en cada grato momento que vive El León y se mantiene la promesa de varias glorias pinchas (Verón, Capria, Calderón, Palermo) de que a sus tres hijas jamás les falte nada.

Gustavo Daniel Eberto

Una de las máximas promesas de Boca. Integró diversas selecciones juveniles saliendo campeón del sudamericano Sub 20 de Uruguay 2003 y de los Juegos Panamericanos del mismo año. Por la superpoblación de arqueros sólo disputó 3 partidos oficiales y fue cedido a Talleres, donde tras un gran debut comenzaron los síntomas. “Empecé a expectorar sangre, volví a Buenos Aires pero aproveché para hacerme unos estudios y en la placa salieron unas manchas. Me revisaron los pulmones, la zona abdominal, la ingle… y en los testículos encontraron el tumor. Recién ahí todo se descubrió”.

Regresó a Capital e incluso retornó a las prácticas después de varias sesiones de quimioterapia. Falleció el 3 de septiembre de 2007 a los 24 años.

Marcelo René Bravo

Lateral volante izquierdo de Vélez Sarsfield. Debutó en 2003 y rápidamente se le auguró un futuro de selección por sus grandes condiciones, todavía sin pulir al 100%. Además integró la Sub 20 en el sudamericano de Colombia 2005.

Tras 50 partidos y 5 goles en primera, El Indio debió abandonar el fútbol a los 21 años, al habérsele detectado una hipertrofia cardiovascular. Batallando como siempre en su vida, conserva la ilusión “Sé que mi etapa como futbolista es una cosa pasada, pero confieso que aún mantengo una mínima esperanza de que la ciencia avance y pueda encontrar una solución”. Integró el cuerpo técnico de Miguel Russo y luego se desempeñó como técnico en las inferiores del Fortín.

Adrián Maximiliano Peralta

Volante izquierdo con gambeta y velocidad. Jugó en Tristán Suárez, Instituto, Mallorca de España, Newell´s, Lanús (campeón Apertura 2007) y Huracán. Tras regresar al Granate, la vida le cambió de la noche a la mañana cuando, a mediados de 2010, le detectaron una arritmia cardiaca. Finalmente, tras varias juntas medicas entre galenos argentinos y españoles, El Kily se vio forzado a retirarse en abril de 2011 a los 28 años de edad.

Ariel Alberto Giaccone

El caso del ex jugador de Ferro y Belgrano es distinto. Tras un toco y me voy en primera hizo la gran parte de su carrera en el ascenso y, pasados los 30, en equipos regionales. A los 36 años y defendiendo los colores de Porteña Asociación de Córdoba, recibió la peor noticia de su vida: Su hija mayor Gabriela, de 19 años, necesitaba un inminente trasplante de riñón para seguir viviendo. “Fue durísimo lo que pasé. Me escapaba del trabajo para estar con ella el tiempo que duraba la diálisis; eran 4 horas interminables. Verla con esa máquina al lado me destrozaba” recordó. Al no haber mejor donante posible, tomó la decisión de abandonar el fútbol y cederle su riñon a su primogenita “Tras la operación quede todo dolorido, pero la felicidad de ver a mi hija haciendo una vida normal no me la paga ni el futbol ni nada”. Crack…