Se dice que los pioneros nunca se llevan la gloria. Ellos se dedican a transgredir las normas y a romper los paradigmas, para que las generaciones venideras disfruten las mieles del éxito gracias al camino por ellos allanado.
En los albores de la década del noventa, dos jugadores argentinos mostraron sus condiciones en el Barcelona sin exigir hormonas de crecimiento, guita ni otras excentricidades (?). Con nosotros: Walter Mery y Roberto El Lute Oste.
El tema se inició en agosto de 1991, cuando la dirigencia Culé se planteó la por aquellos días innovadora idea de traer jugadores extranjeros para nutrir a sus equipos juveniles. Como conejillo de indias se utilizó al plantel del Barcelona B, el paso necesariamente previo al primer equipo catalán.
La metodología a implementar era clara: uno o dos jugadores por semana para poder examinarlos bien a todos. El que anduviese bien, se quedaría. El que no, muchas gracias y hasta nunca.
Aquel exigente jurado le bajó el pulgar al croata Ivica Molnar, a los finlandeses Jyrki Huhyamaki y Jukka Runhanen, al yankee Henry Gutiérrez, al uruguayo Paolo Balla, a los brasileros Gilmar Da Silva y Ronaldo Alexaidre Alves y hasta al paraguayo Miguel Ángel Benítez, entre otros.
Y así, de la mano de los empresarios José María Minguella y Horacio García, llegó Walter Mery a la Ciudad Condal. El tipo jugaba de volante ofensivo y decía haber sido internacional con Newell’s en la Copa Libertadores dato que, por supuesto, era tocuén. Había sido Leproso si, pero sólo en divisiones menores. En nuestro país había jugado para Instituto de Córdoba y para el Deportivo Maipú de Mendoza, siempre en categorías del ascenso.
Volviendo a La Masía (?), Walter Mery sorprendió gratamente volanteando y asistiendo al hispano – danés Thomas Christiansen y al hispano – holandés Johan Jordy Cruyff, siempre con Pep Guardiola a sus espaldas. Tomá mate. El diagnóstico de los entrenadores fue claro: “el argentino se queda”.
Aunque, por tratarse de un jugador extranjero, Mery debía pasar por un último filtro para poder quedarse: El Flaco Johan Cruyff, quien, en estos casos, siempre tenía la última palabra. El técnico holandés lo vio jugar un rato y fue contundente: “el chaval se queda”. Pero claro, había un problemita en el que nadie había reparado hasta ese momento. Aquel “Chaval” tenía 24 años, por lo cual no tuvieron otra alternativa que despacharlo al finalizar la práctica. La ilusión de Walter Mery duró cuatro gloriosos e inolvidables días.
El otro jugador que también tenía guardado el secretito es Luis Roberto El Lute Oste, quién con 20 años apareció por Barcelona justo cuando Mery se estaba despidiendo. El delantero, que venía de pelearla en Atlanta y Defensa y Justicia, también llegó como una apuesta de empresarios porteños desesperados por agarrar un pleno.
“Me encuentro bien aunque sigo a la espera de que el míster me comunique algo respecto a mi situación”, le confesó El Lute al diario El Mundo Deportivo en su edición del 4 de septiembre de 1991.
Tras diez días de entrenamientos al delantero le llegó la mala noticia. El Barcelona había decidido no ficharlo por no mostrar nada extraordinario que no se viera en la plantilla Culé. De esta manera, El Lute se quedó con las ganas de hacer buenas migas con Guardiola, Pinilla y Mariano Angoy y se volvió al país para jugar en Nueva Chicago. Un año después Oste se sumó a San Lorenzo y se sacó las ganas de vestir la blaugrana (?), para luego completar una trayectoria en miles de equipos y categorías que lo llevó a estar posteado en este sitio y hasta a recibir el indulto.
¿Y Mery? Tras la negativa del Barca, el jugador estuvo un mes entrenando en el under para Sadabell, donde le cerraron las puertas el día del cierre del libro de pases. Ahí desapareció de todo registro hasta el día de hoy. Si no lo encontramos para fin de año, desde En Una Baldosa le deseamos una Mery Christmas (?), esté donde esté.
A todo esto, ninguno de aquellos dieciséis purretes evaluados permaneció más de diez días en el plantel y la dirigencia fue ampliamente cuestionada por gastar más de un millón de pesetas en alojamiento y alimentación para los futbolistas. ¿Qué para que hicieron las pruebas? Sólo para disfrutar el malicioso placer de hacer ilusionar gente al pedo. ¿Qué duda cabe?

Pablo Joaquín Podio
Tiempo después de que el Real Madrid encontrara en Aimar Centeno a su próxima estrella, fue otro equipo europeo, esta vez el Internazionale de Milan, el que vino a buscar talento a Sudamérica a través de un reality show. Todo esto enmascarado, claro está, en el desembarco del club italiano en nuestro país, de la mano del bon vivant Ricardo Willmott hijo, ex capo de la agencia de modelos Ford y fuertemente ligado a Boca Juniors.
A diferencia de “Camino a la gloria“, “El Inter te busca“, así se llamó ese experimento que se emitió por Canal 9 y del que participaron más de ocho mil pibes de entre 13 y 17 años en el segundo semestre de 2006, no era un reality hecho y derecho. Acá las cámaras no mostraban el día a día del grupo de futbolistas que soñaban ser el próximo Hernán Crespo, Javier Zanetti, Esteban Cambiasso o Julio Cruz; sino que apenas acompañaban los tibios comentarios de los ex futbolistas Diego Latorre y Roberto Sensini, los cazadores de talentos Jorge Griffa y Mario Cesarín y los representantes del club tano Massimo Moretti (no confundir con Massimo Moratti, el dueño), Pierluigi Casiraghi y Ricardo Willmott. Todo con la voz en off del espiritualista Ari Paluch. El producto televisivo en sí, quizás la parte menos importante pero la más visible, era una mierda bastante aburrido y pasó casi desapercibido por la pantalla chica.
La elección de los cuarenta finalistas se llevó a cabo en dos etapas: primero el 16 de octubre en el Parque Sarmiento y luego el 13 de noviembre en Rosario. Entre el 27 de noviembre y el 1 de diciembre, en la Ciudad Universitaria de la UBA, se realizó la última ronda.
El vencedor fue Pablo Joaquín Podio, un volante por izquierda cordobés de 17 años, que se ganó el derecho de firmar un contrato por tres temporadas con el conjunto tano.
Podio dio sus primeros pasos futbolísticos en el baby de Playosa Sportivo Club y luego pasó por Alem y Asociación Española, todos de su tierra natal. Ya un poco más grande, decidió probar suerte en Buenos Aires. “En Racing estuve dos semanas y no me confirmaron, después en Lanús ocurrió lo mismo”, contó en una entrevista. Meses más tarde, sus representantes, el empresario cordobés Carlos Brunengo y el polémico expresidente de Racing Osvaldo Osvaldo, se enteraron del reality y lo anotaron.
Como el pibe (categoría ’89) no había cumplido todavía 18 años, viajó a Italia en febrero de 2007, regresó a Argentina para entrenar junto a su preparador físico en Villa María y participó de la pretemporada con el plantel de Acassuso. Recién a mitad de año se sumó a las inferiores del neroazzurro.
“Siempre me gustó la proyección ofensiva y el juego no conservador, me siento bien en la posición de enganche y no me agrada la marca; ahora que el enganche tiende a desaparecer prefiero mantener posición de volante siempre transitando por el andarivel izquierdo y en búsqueda ofensiva”, comentó antes de irse a la tierra del Catenaccio. Y claro, la iba a pasar mal.
No aguantó un año en Italia que se le perdió el rastro. Gracias al incansable laburo de los amigos de “Futbolistas argentinos por el mundo” lo ubicamos a mediados de 2008 en el ŽP Šport Podbrezová de la segunda división de Eslovaquia, donde –con cada vez menos protagonismo- continúa hasta hoy.
Carlos André Avelino de Lima (André Catimba)
El sol de enero de 1980 calentaba el cemento porteño cuando, en el más absoluto silencio, llegó al país un brasileño raro, muy raro. ¿Su nombre? Carlos André Avelino de Lima, más conocido como André Catimba.
Sus antecedentes eran temibles. Había debutado en el Ypiranga de Salvador, su ciudad natal, a mediados de los años 60. Después, había jugado en el Galícia y en el Vitória, donde mostró sus dotes de goleador implacable, convirtiéndose en el segundo máximo anotador de la historia del club.
André Catimba confirmó luego su chapa de romperredes en otros equipos como Guaraní y Gremio. En el conjunto de Porto Alegre marcó un recordado gol ante el clásico rival, el Inter, que quedó en la historia por varias razones. Por empezar, la conquista definió el Campeonato Gaucho de 1977. Pero lo más importante, sin lugar a dudas, fue el acrobático festejo que quedó inmortalizado en una gran foto. Casi se rompe todo en la caída.
A esa altura, el hombre nacido en la ciudad de Salvador lo tenía todo. Dinero, fama y un futuro enorme. Pero lo perdería abruptamente. Pisando los 30 años, comenzó la curva descendente de su carrera y terminó recalando, extrañamente, en Argentinos Juniors.
La gestión de su contratación la realizó el empresario Juan Fischer, quien se comunicó con los dirigentes brasileños y enseguida abrochó el pase con el Bicho. A su llegada, André se incorporó a los entrenamientos y declaró: “Esta es una excelente oportunidad para conocer a Maradona, a quien considero un genio del fútbol. En Argentinos tengo contrato por un año y el técnico Miguel Ángel López ya me habló como para que comience a pensar que jugaré el Metropolitano saliendo de titular desde el primer partido. Conozco el juego que acostumbra hacer el equipo y creo que me adaptaré rápidamente a sus características ya que Gremio también practica un fútbol agresivo y vistoso. Me siento muy bien de estar en la Argentina…a pesar del calor”.
¡Un brasileño quejándose del calor! Increíble, aunque no tanto como el chamuyo que armó el mismísimo jugador, años más tarde, para relatar su paso por Argentina. Si bien no disputó ni un partido oficial con el Bicho, André se encargó de contar en Brasil que había jugado con Maradona…y nada de Argentinos Juniors. ¡Decía que había jugado en Boca!
Sin wikipedia para chequear la información ni chat online, el cuento fue pasando de generación en generación y al día de hoy, si uno googlea André Catimba, se dará cuenta de que en todas las biografías del Big Fish brasileño figura un supuesto paso por Boca, junto al Dié.
Semejante mentira merecía el reconocimiento. Desde En Una Baldosa, nos sacamos el sombrero.
Víctor Hugo Heredia
Víctor Heredia fue un símbolo del fútbol cordobés. Clásico número ocho con sacrificio y buen pie, se dio el lujo de ser el único jugador en la historia en vestir los colores de los cinco equipos más representativos de la ciudad del Fernet: Instituto, Talleres, Belgrano, General Paz Juniors y Racing.
Comparado desde su debut con el popular folclorista porteño, Heredia fue convocado a la Selección Argentina para la gira europea previa a España ´82. Además, cumplió el anhelo de jugar en el exterior cuando a mediados de los 80 se unió al Cristal Caldas de Colombia.
Precisamente, en este paso por la tierra del café, el jugador vivió un momento delicado que puso en riesgo su vida y la de su familia. En lo que fue catalogado como la mayor tragedia natural en la historia de Colombia, en noviembre de 1985 hizo erupción el volcán Nevado de Ruiz, derritiendo miles de toneladas de nieve y provocando un alud de lodo y piedras que cayó sobre la población ¿El resultado? Más de 20.000 muertos.
“Fue una experiencia de terror porque no podíamos salir. Recién pudimos hacerlo varios días después cuando armaron un puente militar. Llegamos hasta Pereyra, y recién ahí pude tomar un avión hasta Bogotá, para volverme a Córdoba. Mi familia no quiso volver más”.
Dejó atrás un contrato por dos años y se vio un tiempo inhabilitado pero, al menos, Víctor Heredia continuó: “Soooobreviviendo, Soooobreviviendo”.
Tom Cruise
Thomas Cruise Maphoter IV no es otro que Tom Cruise. Buen actor, galancito y con una sexualidad siempre puesta en duda, gusta de comer placentas de bebes interpretar roles dramáticos antes que a héroes de acción. Además, su figura es reconocida en todo el planeta.
Lo que nunca imaginó Cruise, es que una fanática inglesa se iba a casar con un tipo por el sólo hecho de poseer su mismo apellido y que, una vez embarazada, la británica iba a ponerle su nombre al retoño que crecía dentro de su vientre.
Contradiciendo el mandato materno, el joven Tom se rehusó a tomar clases actorales y desarrolló una carrera como futbolista. Jugando como zaguero central fue uno de los valores más destacados de la cantera del Arsenal de Londres, además de representar a La Selección de La Rosa en las categorías Sub-17 y Sub-20.
A mediados de 2009, Cruise se trasformó en Top Gunner (?) al ser promovido por Arsene Wenger al primer equipo y tuvo su bautismo en la derrota 1 a 0 con el Olympiakos griego por Copa UEFA. Tom salió desde el arranque y anduvo a los cachetazos con Luciano Galleti. No volvió a protagonizar minutos.
Luego de unos meses freezado, el juvenil fue cedido por una temporada al Carlisle United de la Ligue One. Volvió a los Gunners a mediados de 2011, pero estuvo otro año viajando con su medio hermano por EE.UU. en el ostracismo y en julio de 2012 aceptó un préstamo al Torquay United de la Ligue Two.
Mantenerse en el primer equipo del Arsenal fue, para Tom Cruise, una verdadera misión imposible.
John Lennon Silva Santos
Patrimonio cultural de la humanidad al fin, John Winston Lennon nos dejó miles de legados: sus increíbles composiciones, su fanatismo por Racing actitud frente a la autoridad, su batalla a favor de la paz y, como si estas cosas fueran poco, un lateral derecho brasileño.
El purrete, bautizado así por el amor de su tío hacía la figura del desaparecido músico británico, nació en 1991 y comenzó a destacarse en Vila Nova lo cual le valió, en 2012, el pase al Botafogo de Río de Janeiro.
Llamado a ser el Pete Best de la Estrella Solitaria, a comienzos de 2013 aceptó una cesión al Atlético Goianiense, donde se encontró con el volante Mahatma Gandhi. ¿Le darán una oportunidad a la paz?
Renegado como pocos, el volante declaró: “Quiero que me digan simplemente Lennon. El nombre es lindo, me trae satisfacciones con la gente y con las chicas, pero a mi los Beatles no me gustan para nada, eran locuras de mi tío. Prefiero la música gospel (?)”.
Como para ir al Correccional de Attica y pedirle a Mark David Chapman que te meta cuatro tiros más.
John Kennedy Hurtado Valencia
Se trata de un defensor colombiano nacido en 1984 y con una dilatada trayectoria en el fútbol de su país. Se inició en Unión Magdalena y luego paso por Centauros, Expreso Rojo, Real Cartagena y Deportivo Cali, además de Monagas de Venezuela.
A mediados de 2009, Hurtado sorprendió al mundo al viajar a Italia para una prueba en el AC Milán y hasta tuvo su momento de fama en un partido ante el Hannover: “Como era un amistoso pensé que nos iban a dar un uniforme alterno, pero saqué la camiseta blanca con la que jugamos y me impactó ver el número 34 y que ¡La casaca decía Hurtado!”. Y así, El Presidente compartió equipo con Ronaldinho, Maldini, Seedorf y Beckham, entre otros.
Lamentablemente, por no contar con pasaporte comunitario Los Tanos no hicieron uso de la opción y John Kennedy debió aceptar una oferta del Seattle Sounders de la Major League Soccer para no quedarse sin equipo.
Por las dudas, le recomendamos no viajar a enfrentar al FC Dallas. No vaya a ser cosa que…
Casualidad, homenaje en vida o simplemente por aproximación fonética, algunos futbolistas rinden culto a estrellas del mundo del espectáculo con sus nombres. Algunos casos son anecdóticos, otros dignos del diván.
Por esta página ya desfilaron: un referente de la cumbia villera, una megastar latina, un múltiple artista de antaño y hasta un grupo californiano de rock proletario (?). Es hora de hacer justicia con el resto.
Michael Jackson Quiñónez Cabeza
Este cantante, compositor y bailarín estadounidense volante ecuatoriano nació en una humilde casa de Gary, Indiana Santo Domingo de Los Colorados, donde creció y soñó ser cantante de la Motown futbolista junto a sus hermanos Tito, Jermaine, Marlon y Randy.
Se inició en The Jackson Five Espoli y luego pasó por Quevedo, Santos de Brasil, El Nacional y Deportivo Quito. En 2012 llegó a Barcelona de Guayaquil por pedido de Quincy Jones Luis Zubeldía y ganó ocho premios Grammy la liga, ya con Gustavo Costas como técnico.
Fue apodado, obviamente, El Rey del Pop, y cuando se le preguntó por la historia de su nombre confesó: “Mi padre era fanático del cantante y habló con medio registro para poder anotarme. Aunque no me cambiaria el color de la piel. Soy negro y es lo mejor, te pones una camisa y las mujeres quedan muy contentas. El único exceso de Michael Jackson que tendría es el de tener muchos animales. Me encantaría tener un monito. Antes tenía una ardilla que andaba saltando por la casa y la encontré muerta en la taza del baño. Tuve un perico, pero también se murió. La canción de MJ que más me gusta es esa que dice: naaa na na na na pireeeeh pireee (Beat It)”.
Simpático. Aunque muestra la misma fragilidad mental que el desaparecido Jacko con declaraciones como esta: “Mi sueño es llevar a Ecuador al Mundial de 2014 y, por supuesto, ganarlo. Sé que es posible”. Y ya que esta, que la gente cante: “Ma me se, ma me sa, ma ma coo sa, ma ma se, ma ma sa, ma ma coo sa” mientras se tira un Moonwalk. Ponele.
José Luis Rodríguez
Prócer de una época que no va a volver, José Luis Rodríguez es el máximo goleador histórico del Deportivo Español, es considerado una leyenda en Rosario Central y dejó un grato recuerdo en Racing, donde formó una delantera de ensueños junto al Lagarto Fleita y al Turco García. Además pasó por el Betis de España, Deportivo Cuenca de Ecuador y Olimpo de Bahía Blanca, donde colgó los botines.
Claramente, un personaje tan mágico merecía un apodo. Y ligó uno bueno: Puma. Sin embargo, hasta al mismo jugador le causa rechazo por haberlo heredado del pseudo cantante y actor venezolano que hacía las delicias de las veteranas con El Muñeco Mateyko haciendo las veces de Robin.
Alejado del mundo del fútbol y al ser reconocido mientras maneja un taxi, el entrañable José Luis Rodríguez tiene siempre la misma contestación: “¡Que Puma ni, Puma! ¡Decime Cacho y te ganás mi amistad!”.
Jim Morrison Varela
La Gente es Extraña. Mucho más en Uruguay, donde está permitido bautizar a un recién nacido con las primeras silabas que se vengan a la mente. Tal es así que, en octubre de 1994, una tierna pareja de caníbales montevideanos le puso el nombre del mítico líder de The Doors al querubín de la familia.
Actuando como volante central, Jimbo hizo el camino de las inferiores en Peñarol, además de representar a su Selección en todas las categorías menores y salir subcampeón del Mundial Sub-17 de México en 2011.
En enero de 2013 participó del Sudamericano Sub 20 de Mendoza y declaró: “Me encanta este país. Miro fútbol argentino desde siempre”. Cuando tenía todo para ser declarado En Una Baldosa Friendly (?), Varela la tiró afuera: “No me gusta que me vinculen con Jim Morrison. No me gusta su rebeldía ni que mi nombre se asocie con las drogas. Yo soy muy sano y la rebeldía la dejo para la cancha. Aparte el rock no me gusta, prefiero la cumbia argentina y la plena (?)”.
This is the End, My Friend. Por no decir que nos tapó el agua.
Keirrison
El impuesto al valor agregado de la pelotudez, como siempre (?), lo pagaron los brasileros. ¿El damnificado? Keirrison de Souza, un delantero que surgió en Coritiba, pasó por Palmeiras y fue noticia a mediados de 2009 cuando lo compró el Barcelona.
Los catalanes pagaron 14 millones de euros, barrieron la sala de prensa y organizaron una conferencia para presentar a su nueva estrellita. Al ser consultado, el jugador declaró muy suelto de cuerpo: “Mi nombre se debe a dos artistas. Como no se ponían de acuerdo, mis padres me pusieron mitad como Keith Richards, mitad como Jim Morrison, esperando que yo me pareciese en algo a ellos”.
¿Qué hizo el Barcelona? Se lo sacó de encima, obvio. Seis meses a préstamo en Benfica, seis meses más en Fiorentina, un año en Santos, otro semestre en Cruzeiro y actualmente en Coritiba, donde se rompió los ligamentos. De esta manera, el bueno de Keirrison jamás se puso ni se pondrá (?) la blaugrana. No vaya a ser cosa que aparezca muerto en la bañera de La Masía…