#MundialBaldosero – La Final

Un año después, mandamos a lavar a la pantera y adentro le encontraron este video inédito de la final. ¿Melancolía? ¿Tristeza? ¿Calentura? Banquen que todavía no salió el documental. Mientras, este adelanto de #MundialBaldosero.

Fuera de Stock: los laterales con el pie (1993)

No deben ser muchos los que tengan en la memoria el Mundial Sub 17 de Japón 1993. Primero, porque todo sucedía en la otra punta del planeta, simulatáneamente con nuestras madrugadas. Segundo, porque la selección argentina no tuvo un buen desempeño. Y tercero, porque ese torneo se disputó hace más de 20 años. Sin embargo, hay algo de aquella competencia que ningún futbolero debería olvidar jamás: los laterales con el pie. Aquí el recuerdo de aquella extraña regla.

Así como el Mundial de Italia 1990 nos marcó eternamente gracias a la valentía de aquel equipo argentino que llegó a la final sin que le sobrara absolutamente nada, también para la FIFA significó un antes y un después. La exageración del juego defensivo produjo la escasez de situaciones de peligro. Se empezó a ponderar el trabajo de los entrenadores por sobre los jugadores. El promedio de gol de esa copa fue pésimo, el más bajo de la historia: 2.21 por partido. Evidentemente, había que hacer algo para que el gran negocio del fútbol también resultara atractivo y entretenido, más allá del resultado.

Uno de los grandes flagelos a combatir era el de la pérdida de tiempo. Y no hablamos sólo de esconder pelotas, cagones (?). Los arqueros demoraban muchísimo, gracias a que por aquel entones era posible tomar la pelota con las manos después de un pase con el pie de un compañero. Se tenía que terminar con eso. Por eso es que en el Mundial Sub 17 de 1991, también en Italia, se probó aquel primer gran cambio, sobreviviente de muchas otras variantes que distintos jugadores, entrenadores, árbitros, dirigentes y periodistas especializados habían sugerido para que la International Board modificara el reglamento.

Luego del experimento, en el que los arqueritos se acostumbraron rápidamente a jugar con los pies ante un pase, la FIFA no tardó mucho en integrar esa regla al resto de sus competencias. Ya para 1992 y a pesar del instinto natural de cualquier portero, agarrarla con las manos en esa situación dejó de ser una costumbre. Bue, para todos no (?).

En el camino quedaron otras modificaciones, que también se implementaron aquel año, pero que nunca funcionaron: como la zona de la posición adelantada, que no arrancaba desde la mitad de la cancha, como estamos acostumbrados a ver, sino que partía desde el área grande, hasta el final de la cancha: 16,5 metros de largo. Para que quedase más claro cuál era la zona del offside, además, la línea frontal del área se extendía hacia los laterales. Nadie entendió nada, todos estaban atentos a no quedar en fuera de juego y los partidos fueron más horribles que lo habitual. Se descartó.

También en 1991, pero en el Mundial Sub 20 de Australia, nació “La muerte súbita”, que ya recordamos en este sitio. La regla no tardaría en morirse, paradójicamente.

Sin lugar a dudas, el cambio reglamentario que más llamó la atención en esa época tuvo que ver los los saques de banda, que desde 1882 tomamos Branca se habían hecho con las manos. ¿Por qué había que cambiarlos? Según la gente del CIHEFE, el que tiró la idea (o la bronca) fue el entrenador del Arsenal, Arsène Wenger, cansado de los vivos (?) como Rory Delap, un especialista en laterales-centros. Algo así como Alcami en Atlanta o el uruguayo Rosano en los equipos de Caruso Lombardi. La efectividad, discutible. Pero sacaban fuerte, eso sí.

El Mundial Sub 17 de 1993 sirvió, entonces, para probar algo que parecía (y sigue pareciendo) increíble: los laterales con el pie. No se podía marcar un gol directo mediante un saque de banda, pero sí se podía enviar centros peligrosos al área, favorecidos además por la ausencia de posición adelantada. Para tal acontecimiento novedoso, mandamos a nuestros mejores hombres (?).

José Burtovoy, Fabricio Fuentes, Federico Domínguez, Milton Acosta, Rodrigo Vilariño, Norberto Orrego, Nicolás Diez, Andrés Grande (el hombre encargado de los laterales por la derecha), Leonardo Biagini, Mauro Cantoro, Kurt Lutman, José Ramírez, Ariel Ruggeri, José Manuel Moreiras, Emiliano Romay, Rubén Cantero, Pablo Rodríguez y Fernando Della Sala fueron los conejillos de Indias (?). Argentina fue eliminada en la fase de grupos, detrás de Nigeria y Australia.

Los resultados de la nueva regla, a nivel general, no tardaron en llegar. Por esa vía se marcaron 4 tantos en la competición, lo mismo que a través de los saques de esquina. Además, los equipos trataban de mantener la tenencia del balón para evitar un lateral en contra, que suponía una situación de riesgo. Sin embargo, no todo era color de rosa.

Cada pelota que se iba afuera por las bandas, terminaba en una pérdida de tiempo, porque cada equipo tenía uno o más especialistas, que se preparaban como si fuesen a ejecutar el tiro libre de sus vidas, pedían distancia y no hacían otra cosa que demorar el trámite del partido. Insoportable.

Como si fuera poco, ese capricho de los laterales con los pies casi deriva en algo que hubiese sido difícil de superar: Chile campeón del mundo (?). Por suerte, el sueño de los trasandinos sólo llegó hasta semifinales y los laterales volvieron a ser con las manos.

El mundo mantiene su equilibrio.

Volveremos, volveremos (?)

Y un día volvimos. Al país y a nuestro formato tradicional. Después de 34 días de recorrer las rutas brasileñas, regresamos con la satisfacción de haber visto, tal vez, el mejor mundial de nuestras vidas. Ya de por sí, el viaje salió perfecto, mucho mejor que lo que habíamos imaginado. Pero además, a eso se le sumó una copa bien jugada, atractiva y llena de lujos de Rojo emotividad.

Todo lo que vivimos en Brasil, desde la llegada a San Pablo hasta la final en Río de Janeiro, quedará registrado por la eternidad (?) en el sitio www.mundialbaldosero.com (todavía quedan un par de crónicas que publicaremos estos días) y en el documental que saldrá a la luz, esperemos, antes de que termine el año.

Por el momento, mientras terminamos de acomodarnos, lo único que le podemos ofrecer es el regreso de la vieja baldosa, para los que extrañaban. Con el correr de las próximas semanas, recuperaremos nuestro ritmo habitual.

Gracias a todos por el aguante. Son todos putos, sépanlo.

Llegó el Mundial

Informamos a todos nuestros lectores que, a partir de este momento, el sitio estará dedicado, con exclusividad, a todo lo que tenga que ver con el Mundial. Esto significa que, cada vez que ingresen a enunabaldosa.com, serán direccionados al blog que creamos especialmente para este acontecimiento: www.mundialbaldosero.com

El contenido, de todas formas, será acorde a nuestro estilo, con las secciones de siempre (sí, Área Chicas también, tranqui), pero adaptadas a las historias mundialistas de todos los tiempos. Más o menos lo que venimos haciendo desde hace unos meses, para ir entrando en clima.

Sabemos que a más de uno el mundial le chupa un huevo (?), porque en este espacio nos hemos abocado, desde siempre, al fútbol argentino. Pero también es cierto que estando en Brasil, cumpliendo el objetivo que nos planteamos en 2011, se nos iba a hacer imposible seguir manteniendo ambos espacios, por eso decidimos unificarlos.

Todo volverá a la normalidad después de la Copa del Mundo. Mientras tanto, pueden seguir comentando y participando como siempre en los posts mundialistas, que serán muchos y variados. Estuvimos imaginando mucho tiempo este momento, así que esperemos que nos acompañen. Y esta no es una #BanderaDeGodoyCruz (?).

Gracias, putos.

Mal Pase: Oliver Atom a Francia ´98

Inquieto, trasgresor, inconforme… Desde muy joven, Kazuyoshi Miura le hizo honor a la premisa primaria de Kung Fu y, enfundado en un kimono de delantero goleador, salió a recorrer el mundo en búsqueda de su pequeño saltamontes…

Con ánimos de dejar atrás un lugar donde el fútbol era sólo una actividad para estudiantes, en 1985 Miura apareció en Brasil, donde hizo su debut como profesional con la camiseta del Santos en 1990, previo paso por las inferiores de Juventus de San Pablo, Palmeiras, Regatas, XV de Jaú y Coritiba.

Después regresó a su país para hacer goles como nadie con las casacas de la Selección de Japón (donde le sacó el invicto al arco de la Argentina de Passarella) y del Verdy Kawasaki (También llamado Yomiuri y Tokio Verdy). Además, en 1994 hizo historia al ser el primer ponja en jugar en el Calcio al defender la casaca del Genoa, donde fue tildado como “samurai cobarde” luego que Franco Baresi le rompiera el tabique nasal de un cabezazo el día de su debut.

¿Algo más? Si, la historia de vida de El Rey Kazu fue utilizada por Yoichi Takahashi, quien le puso los atributos del atacante a su creación: Captain Tsubasa, conocido en la Argentina como Oliver Atom, el protagonista de la serie animada Los Supercampeones.

Antes que alguno ponga un grito histérico en los comentarios (?), vale aclarar que esto ocurrió desde 1994, cuando se estrenó la tercera serie y la más popular del personaje llamada “Captain Tsubasa J”, ya que en las dos series primitivas y según mencionó su creador en 2010, el Oliver Atom original estaba basado en Mario Kempes.

Como sea, fue así que tanto Miura como Atom nacieron en Shizuoka, se fueron de purretes a aprender Brasil, jugaron en Europa y luego llevaron a Japón a ganar la Copa del Mundo de la FIFA… Bueno, en realidad eso no, ya que uno de ellos se quedó con la leche cuando faltaban apenas pocos días para la máxima cita televisiva (?).

El tema, a decir verdad, llamó la atención por tratarse del único nombre conocido de los orientales en la época pre globalización –junto al del japobrasuca Rui Ramos- pero tampoco fue para que los seguidores del resto del mundo se hicieran un harakiri, como pasa ahora que cualquiera llora por la ausencia de un sueco, un checo, un polaco ó hasta un galés…

En fin, el día previo a que Japón partiese para Francia, el técnico, Takeshi Okada, le comunicó a Miura que no daba la talla para jugar la Copa del Mundo… Demasiado extraño. Por ahí el sensei (?) no se había dado cuenta que, en ese momento, el delantero era el máximo goleador de toda la historia de las Eliminatorias con 28 tantos (luego superado por los iraníes Ali Daei y Karim Bagheri y por el guatemalteco Carlos Ruiz).

El asunto se volvió un escándalo en Japón y el técnico, que ponía cara de Shar Pei cuando se lo consultaba por su decisión, debió dejar Francia y volver a Tokio para dar las explicaciones del caso. De hecho, otra vez en Aix les Bains, el periodista de El Gr*fico, Gonzalo Abascal, escribió como se transformó Okada cuando le preguntó por Miura: “No voy a hablar más del tema hasta que no termine la Copa, pero todo lo que usted me dice no es cierto. Y ahora no quiero hablar más”.

Con el tiempo, la ausencia de Kazu se convirtió en un mito japonés grande como Ryu y E. Honda: a Tévez Miura lo habían sacado de la lista Messi y Mascherano 15 empresas niponas para que no le hiciera sombra al aspirante a ídolo que querían imponer: el marketinero Hidetoshi Nakata, un volante talentoso pero con todo el hielo y la escarcha del Monte Fuji clavado en el medio del pecho…

A pesar de todo, Miura siguió siendo el jugador del pueblo y continuó marcando hitos: en 1999 fue el primer japonés en jugar Champions League (Croacia Zagreb); en 2005 el primer japonés en jugar el Mundial de Clubes (Sydney FC) y en 2012 se sacó la espina cuando al fin disputó un Mundial FIFA: la Copa del Mundo de Fútbol Sala en Tailandia.

Hoy, a sus 47 años, Kazuyoshi Miura sigue batiendo el record de goleador longevo en el Yokohama FC de la Segunda División y no parece tener deseos de retirarse ya que, como dice uno de los proverbios japoneses más aclamados: “quien monta a un tigre corre el riesgo de no poder bajarse nunca”.

Deformaciones: Argentina con Nacho González de 10 (1997)

“Ahora viene lo más lindo”, decía Daniel Passarella allá por junio de 1997, entusiasmado por el triunfo de Argentina ante Perú que la reubicaba como protagonista en las Eliminatorias para el Mundial de Francia. El tema es que, tres días más tarde de aquella victoria, la Selección comenzaba su participación en la Copa América de Bolivia, a la que prácticamente el Kaiser le negó su atención, dejando todo en manos de su ayudante, un tal Alejandro Sabella. Tan menospreciado fue aquel equipo, que un arquero terminó usando la camiseta número 10. Recordemos la historia.

 

A diferencia de lo que fue moneda corriente en la era Passarella, aquel plantel albiceleste no estuvo plagado de jugadores de River Plate (aunque también los tuvo, claro). Conformado de manera paralela al que disputaba las eliminatorias, el equipo muleto de la Copa América se nutrió de futbolistas de Vélez, el otro club ganador de los noventa. ¿Cuáles fueron los nombres?

1 Christian Bassedas (Vélez)
2 Eduardo Berizzo (River)
3 Sergio Berti (River)
4 José Luis Calderón (Independiente)
5 Rodolfo Cardoso (Hamburgo)
6 Raúl Cardozo (Vélez)
7 Julio Cruz (River)
8 Marcelo Delgado (Racing)
9 Marcelo Gallardo (River)
10 Ignacio González (Racing)
11 Claudio Husaín (Vélez)
12 Gustavo López (Zaragoza)
13 Jorge Martínez (Independiente)
14 Roberto Monserrat (River)
15 Marcelo Ojeda (Tenerife)
16 Mauricio Pellegrino (Vélez)
17 Mauricio Pineda (Boca)
18 Martín Posse (Vélez)
19 Carlos Roa (Lanús)
20 Pablo Rotchen (Independiente)
21 Nelson Vivas (Boca)
22 Gustavo Zapata (San Lorenzo)

Como bien se observa en la lista, el sistema de numeración escogido fue el alfabético, el mismo que en 1978 y 1982 nos permitió ver al Beto Alonso y a Osvaldo Ardiles, respectivamente, con la camiseta número 1. Acá esa suerte la corrió Bassedas, pero no fue el volante del Fortín el que más desentonó.

 

El destino quiso que el número 10, el mismo de Kempes y Maradona, cayera en la espalda de Nacho González, el hombre que cuidaba el arco de Racing. Y el Dániel, que estaba totalmente en otra, no hizo nada para evitar que un arquero terminara usando la 10 de la Selección.

El 11 de junio de 1997, Argentina debutó ante Ecuador, en Cochabamba, con estos once: Ignacio González; Martínez, Rotchen, Pellegrino y Cardozo; Zapata, Husaín y Cardoso; Gustavo López, Delgado y Cruz.

 

¿Cómo anduvo el diez? Bien, mantuvo el cero en su valla para rescatar un empate. Tres días después, ya con Ojeda como titular, el team nacional derrotó 2 a 0 a Chile, para finalmente conseguir el segundo puesto del grupo empatando 1 a 1 con Paraguay. ¿Quién atajó ese día? Carlos Roa. Se notaba que la Copa América se usaba como experimento.

 

El Lechuga continuó en el puesto hasta los cuartos de final, instancia en la que apareció Perú y terminó con el sueño de aquella Argentina B. ¿Y qué querés? Si jugamos sin el 10 (?).

En El Placard: Alemania con medias verdes (1978)

En estas épocas, donde la FIFA apuesta a los uniformes monocromáticos o al contraste total entre las selecciones, no es raro ver a la Argentina combinando su camiseta titular con un pantalón blanco, a Italia haciendo lo propio con un pantalón azul o a Francia dejando de lado sus clásicas medias rojas para reemplazarlas por unas azules. Pero no siempre fue así.

Hasta no hace mucho tiempo, los seleccionados solían respetar la tradición a la hora de vestirse y apenas se salían de lo clásico cuando la situación lo ameritaba verdaderamente.

Fue bastante extraño, entonces, lo que sucedió en el Mundial de 1978 en el partido entre Alemania y México, correspondiente al Grupo 2. Ese día, los germanos sorprendieron, en el Estadio Olímpico de Córdoba, al salir al campo de juego con una combinación inédita: camiseta blanca, pantalón negro…¡y medias verdes!

 
El verde, por entonces, era el color alternativo para la camiseta de los europeos. Lo raro era que apareciera en el uniforme titular. Y lo curioso, también, es que enfrente estaba México, que en 1978 usaba medias verdes para su kit habitual, pero ese día salió con las blancas.

El orden de los factores, sin embargo, no alteró el producto. Los alemanes, como marca la historia, terminaron ganando. Y con un contundente 6 a 0, para que no quedaran dudas de que Alemania, vestido de cualquier forma, siempre es Alemania.