Segurola y Habana: River Vs. Oscar Ahumada

Entre las múltiples sensaciones que acompañan a cada uno de nosotros a medida que pasa el tiempo y vamos envejeciendo, hay una que se compone íntegramente de injusticia, de decadencia y de melancolía: El Temor al Barrio Propio.

¿Cómo es posible que se te ericen los pelos de la espalda en esa misma esquina donde durante años te juntaste a pasar el tiempo con tus amigos? ¿En que momento empezaste a agachar la mirada y a evitar a pibes que viste crecer y que, suponés, optaron por el mal camino? ¿Por qué apurás el paso cuando escuchás una moto rugir a tus espaldas? ¿Acaso no son esas mismas calles las que hasta hace poco tiempo fueron tuyas? El Temor al Barrio Propio está latente, no conoce de nostalgias y saca nuestra parte más cobarde junto a una especie de instinto de supervivencia en pos de no perder, en el momento menos pensado, lo poco o mucho alcanzado.

El Temor al Barrio Propio es aquello que tan bien se explota en las películas de Zombies: tu casa de toda la vida ya no es segura y aquellas caras familiares no son las mismas, aunque en apariencia sean similares. Y, por supuesto, si hablamos de pérdidas irreversibles y de cintas tétricas sobre Muertos Vivos, no podemos obviar esta historia que, linterna en mano, nos reúne hoy alrededor de la fogata: Todo lo que Involucre a River Vs. Oscar Adrián Ahumada…

El protagonista central de este relato, Oscar Ahumada, llegó a Núñez en 1997 proveniente de Zárate y, desde un primer momento, adoptó al barrio como propio. Claro, es que el jugador además de ser un hincha confeso de La Banda se encontró con grandes amigos que hicieron que la adaptación y la identificación sean casi instantáneas.

En sus primeros años, Ahumada fue flaqueado y protegido por compinches mayores como Pablo Aimar, Guillermo Pereyra, Franco Costanzo, Ariel Garcé y Martín Demichelis. Luego por pares como Javier Saviola, Andrés D´ Alessandro, Germán Lux y Damián Álvarez. Y finalmente le tocó ser “celador” e instruir en el “Mundo River” a los jóvenes que venían más abajo como Fernando Cavenaghi, Maxi López, Javier Mascherano, Osmar Ferreyra y Gastón Fernández, entre tantos otros.

¿Te puede pasar algo mejor con 20 años? Estar rodeado de amigos, jugar al futbol, ser el futuro de una de las instituciones más importantes de Ámerica, representar al país en categorías juveniles y enloquecer, remera rosa “Siamo Fuori” sobre el torso, a todas esas lindas pibas que aparecían en el Messenger. Primero en Núñez, luego en Belgrano, después en Barrio Norte, Vicente López, Olivos y así extensivo a todo el país… la juventud soñada. Aunque claro, el volante también conoció la ciclotimia de los hinchas, las miserias de los dirigentes y la prepotencia de los barras bravas. Si algo es seguro, es que Oscar Ahumada conoce íntimamente a River Plate. Tanto en la salud como en la enfermedad…

Y así, el jugador debutó en Primera en 2002, participó en la obtención de los Clausura 2003 y 2004 y luego se fue 6 meses al Wolfsburg de Alemania en una operación que no quedó del todo clara y que, en su momento, hizo poner el grito en el cielo a todo el pueblo Millonario. En su regreso a River, a principios de 2005, Ahumada se convirtió en un referente ineludible en el vestuario, más aún, con la llegada de Daniel Passarella a la dirección técnica del equipo.

Así llegamos al punto de inflexión de esta historia: el jueves 8 de mayo de 2008. Esa noche River recibió en su estadio a San Lorenzo por los Octavos de Final de la Copa Libertadores. Una jornada memorable donde, de antemano, los condimentos de los buenos estaban asegurados: El Ciclón -que había ganado el partido de ida por 2 a 1- llegaba con antiguos próceres Millonarios como Ramón Díaz, D´ Alessandro y Placente, en tanto para el River de Simeone jugaban dos con pasado Azulgrana como Sebastián Abreu y Eduardo Tuzzio.

En medio de un clima bélico, Matías Abelairas abrió el marcador para River a los diez minutos del primer tiempo. Luego vinieron dos historias mínimas que, en su momento, se verán reflejadas en esta página: el abandono del campo del Gallego Méndez tras ser lesionado por Radamel Falcao y el festejo del Loco Abreu con beso al escudo de River incluido, tras marcar de penal el 2 a 0 transitorio. Entremedio, las recordadas expulsiones del Burrito Rivero y de Jonathan Bottinelli. Repasando: River de local 2 – San Lorenzo con nueve jugadores 0 (cero), a falta de media hora para la finalización del encuentro.

Y entonces, cuál puñaladas, llegaron los peores diez minutos de la historia de River Plate hasta ese momento. Aquellos dos goles de Gonzalo Begessio no sólo lo eliminaron de la Copa Libertadores sino que acabaron, súbitamente, con parte de la opulencia que siempre caracterizó a los Millonarios. Y lo peor de todo es que ellos mismos se dieron cuenta. A partir de ahí nada fue lo mismo. Para nadie. Y aunque no tuvo incidencia en la campaña que luego lo depositó en el Nacional B, no es temerario afirmar que aquella noche River perdió la categoría, la identidad, el hándicap, el pedigrí y varios intangibles más que, con el tiempo, fueron sustituidos por otros.

Con la herida en su punto máximo de dolor y tras ser recibidos con hostigamientos, pañales y maíz por sus propios hinchas en el siguiente partido en el Monumental (victoria 4 a 2 sobre Gimnasia), Oscar Ahumada no pudo contener sus palabras y, de esta manera, su destino cambió para siempre:

“A mi me dio bronca ver a un muchacho (de River) en TVR diciendo que Boca sí tiene actitud copera. Es verdad, también tiene jugadores de más experiencia que nosotros. Pero el jueves en la cancha noté que cuando San Lorenzo nos hizo el 2 a 1 el estadio se enmudeció. Y yo jugué en la cancha de Boca ganando 2 a 0 y la gente de ellos se nos caía encima. Eso molesta y duele, por que en los momentos difíciles es cuando más necesitamos de ellos. Y cuando se produjo ese silencio atroz contra San Lorenzo, por que fue un silencio muy grande, también se sintió en la cancha…”

Esos dichos, sumados al hecho de haber declarado ante la justicia en una causa en contra de los barras y de José María Aguilar (“Estoy cansado de callar cosas”) más las interminables novelas por la renovación de su contrato, hicieron que el hincha de River lo mire de reojo y jamás lo pueda volver a sentir como a un hijo de la propia casa. A pesar que Ahumada se cansó de pedir perdón. El recelo, el rencor y el odio estaban instalados y creció exponencialmente cuando la gente de Boca lo tomó como un estandarte para burlarse de sus rivales de toda la vida.

Con cada vez menos participación aunque dando siempre la cara, el jugador se mantuvo en River hasta abril de 2010, cuando se declaró en libertad de acción y se marchó al Veracruz de México. De esa manera, Ahumada acabó con el calvario de los dos años anteriores, en donde se la pasó prácticamente recluido en su casa y conviviendo con el sufrimiento constante de su círculo familiar íntimo.

A partir del momento que Ahumada se desvinculó de la institución la mayor parte de los hinchas de River dieron rienda suelta a su odio y, hoy por hoy, no miden sus palabras a la hora de recordar al jugador. Tal es así que, por caso, La Página Millonaria lo tiene en su Top 10 de Antí Ídolos junto a, entre otros, Jesús Méndez, Julio César Cáceres, Hugo Gatti, Luciano Figueroa, Claudio Caniggia y Gabriel Cédres quienes -a diferencia de Ahumada- si cometieron “la herejía” de jugar en Boca.

Tras aquellas inmortales declaraciones y por múltiples razones, River se fue en picada hacía el descenso, conoció el infierno, renació y hoy parece haber reencontrado el rumbo. Aquel Silencio Atroz al que hizo referencia el volante quedó como una marca de agua en el corazón de los Millonarios y jamás volvió a sentirse en el Monumental. Ni aún en los peores momentos. Por su parte, Oscar Ahumada rehizo su carrera, pasó por México y Rusia, mostró una inédita faceta goleadora en All Boys y hasta fue convocado a la Selección Argentina por Alejandro Sabella. Pero claro, por más que quiera jamás podrá volver a caminar tranquilo por la Avenida Figueroa Alcorta. Es que en el barrio donde pasó los mejores quince años de su vida aún lo siguen esperando los Zombies…

¿Ganador?

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Segurola y Habana: El Chanchi Estévez Vs. Cardetti


En infinidad de ámbitos se suele afirmar, con total justicia (?), que casi todos los colorados, los rengos, los jóvenes calvos y los petisos son tremendos hijos de puta. Dicho esto, claro está, en un sentido totalmente callejero, mundano u arrabalero, por así llamarlo.

A los antes mencionados se los sindica de usar un hiriente e injustificado humor negro al extremo en todos lados; de estar siempre a la defensiva para contraatacar con una crueldad meditada ante cualquier comentario que se les haga y de intentar irse siempre a las piñas, más aun, si su contrincante es una persona que, intuyen desde el vamos, jamás les va a meter una mano. Son victimas de una especie de resentimiento de adoquín. Y concientes de ello, lo usan para beneficio y deleite personal, claro. Ahora bien, cuando chocan dos especimenes de esta clase ¿terminan abrazados? Por lo general si, aunque a veces suceda lo contrario.

Diciembre de 2001, el mes de los 250 pesos por semana, nos dejó otra clara muestra de ello, aunque en este caso se trataba de enanos. El día 2 de ese mes mientras Roberto Parra ganaba Gran Hermano; Los Pumas lograban otra derrota digna ante los All Blacks; Pelé le decía al mundo que nuestra Selección compartiría el grupo F con negros, pálidos y albinos y la prensa nacional lloraba la imposibilidad de un Argentina – Francia en la final del Mundial (?); en el Cilindro de Avellaneda se jugaba un nuevo clásico. Aunque no era un clásico más, claro.

Esa tarde, en un partido casi sin precedentes, se enfrentaron por la jornada 16 del Apertura: el miedo paralizador contra el cagazo irrefutable. Aunque estaban disfrazados del River del restituido Ramón Díaz y del gerenciado Racing de Mostaza Merlo. Y los dos equipos estaban atemorizados. Uno tenía temor de hilvanar su tercer subcampeonato al hilo y el otro tenía chances claras de salir campeón luego de 35 años, situación que les daba, a los racinguistas, la misma cantidad de ilusión como de cagazo.

El clima bélico entre el puntero, Racing, y su escolta a 5 puntos, River, se inició el fin de semana anterior en La Noche del Domingo, donde Maximiliano Estévez, en compañía de José Chatruc, le afirmó a Gerardo Sofovich: “A Comizzo le voy a hacer un gol con el culo”. El Chanchi no pudo esperar hasta el partido y comenzó a mostrar su orto ahí mismo ya que le sacó una moto al Ruso jugando al Jenga, vehículo que ambos futbolistas se terminaron disputando en una paradójica apuesta al campeón de la Copa Mercosur (el fanático de Huracán, Estévez, le fue a San Lorenzo y Chatruc, quién luego jugó en El Cuervo, se inclinó por el Flamengo).

Martín Cardetti siguió echándole nafta al fuego y afirmó que ese Racing era una escueta sombra de su River y que a ellos siempre les hacía goles, como los dos que les hizo el día de su debut con La Banda. En un clima de final del mundo ambos equipos salieron a la cancha y se seguía notando el pánico. Basta con repasar la tensión con la que Cambiasso y Bedoya gritaron sus tantos y como Merlo le pidió el final del partido a Baldassi tras el 1 a 1 aunque aún faltaban 5 minutos y el descuento. Tal era el miedo que empataron.

Y victima de ese miedo al que algunos llaman estupidez y otros llaman viveza, sobre los 90 minutos, El Chanchi comenzó a burlarse del Burrito Ortega cuando estaba por ejecutar un tiro libre. Estévez le fruncía la cara, se tocaba las axilas, le jadeaba como un animal. El mensaje no era del todo claro. Mono, gorila, orangután, macaco, primate, cavernícola. Sólo el diminuto delantero lo sabe.

Por supuesto, tras el 1 a 1 final y con todo Racing festejando, Ortega le metió un sopapo a Estévez mientras este era hostigado por Garcé. Cuando El Chanchi intentó ir tras el jujeño más por circo que por otra cosa, Cardetti apareció por ahí abajo y le metió una piña desde atrás. Y parece que esta si le dolió, ya que instantáneamente perdió los estribos y ni se percató que D´Alessandro le metió otro golpe y Coudet una patada. Estévez le tiró una piña a Cardetti pero, por supuesto, se quedó corto.

Y en ese instante, como aquellos que temen ser victimas del mismo veneno con el que tratan de herir a los demás, Maximiliano Estévez le dejó sus inmortales palabras a Marcelo Benedetto, quién justo andaba buitreando (?):

“Pero bueno, estamos bien, seguimos a 5 puntos y bueno se lo quiero dedicar a Cardetti que fue un terrible cagón”.

– “¿A quién?”

– “A Cardetti que es un cagón mala leche y encima la mujer lo hace cornudo”.

Cuando se enteró de los dichos de su enemigo, Cardetti dio su palabra en un clima cercano al velorio y hasta se le quebró un poco la voz.

– “Lo único que quiero decir es que si me tiene que agredir que me agreda a mi pero en este caso está agrediendo a mi esposa y a mis dos hijas, que ahora voy a tener que ir a casa y seguramente comentarle a mis hijas que es lo que dijo este personaje. Así que bueno, nada más que eso. Después se verá en los abogados que dicen”.

Esa misma noche y obligado por Fernando Marín, un ¿arrepentido? Estévez apareció flanqueado por Macaya y Araujo en la apertura de Fútbol de Primera y con visible desprecio congoja le pidió perdón a la familia del Chapulín. Los indulgentes conductores lo felicitaron y mostraron su satisfacción por tan valiente actitud. Solo una vez más se cruzaron Cardetti y Estévez en un campo de juego (Racing – Olimpo, Clausura 2005) pero la cosa no pasó a mayores y apenas se saludaron. Lamentablemente, hasta el día de hoy, todos nos seguimos fumando a Marcelo Araujo.

Por supuesto, en una Argentina con los ánimos tan caldeados como aquella, el Tribunal de Disciplina de la AFA, el Juez de Paz de Avellaneda y el Comité de Seguridad en Espectáculos Deportivos sancionaron a Cardetti, Ortega y Estévez con 5, 4 y 3 fechas respectivamente… en mayo de 2002, cuando Argentina ya se había ido a la mierda, Racing había salido campeón, Cardetti había arreglado su incorporación al Paris Saint Germain tras estar seis meses colgado, River también había salido campeón, Ortega estaba por irse a Turquía y El Chanchi se encontraba lesionado.

Para que nadie diga que en 2001 la justicia tenía los ojos vendados. No, no, eso no sucedió en ningún ámbito.

¿Ganador?

Segurola y Habana: Tuzzio Vs. Ameli

La humillación, afirman quienes saben, es la cómoda antesala del odio. Y aunque las humillaciones -en sus diferentes variables- son recursos de uso casi cotidiano, las más temidas y dolorosas viven dentro de la psiquis de cada uno de nosotros y pocas veces se materializan o, por lo general, elegimos mirar hacía otro costado… Hasta que un día elegimos ya no hacerlo más.

Ser nena y que tu mamá le cuente a todo el mundo que te transformaste en señorita; ir al telo y que el amiguito jamás se levante; poseer un doctorado y que en tu trabajo te usen de mucama; estar conociéndote a vos mismo y que tu hermana abra la puerta; sufrir un accidente en la calle y tener la ropa interior sucia, son algunas de las situaciones más temidas por el ser humano promedio occidental. Humillación, vergüenza, pudor. A todas estas sensaciones las atraviesa la misma emoción: el miedo.

Sin embargo ¿Hay algo que genere más miedo que un hermano por elección, de esos por los cuales darías la vida se acueste con tu señora, la madre de tus dos hijos? ¡Por supuesto! Que se entere todo el mundo ya que el traidor es tu compañero de zaga en uno de los clubes más importantes de Hispanoamérica en un medio tan machista y arcaico como el fútbol. Llegan a Segurola y Habana: Eduardo Tuzzio y Horacio Ameli. Horacio Ameli y Eduardo Tuzzio.

Todo comenzó en 1998 cuando Alfio Basile los juntó en la zaga de San Lorenzo de Almagro. Tuzzio intentaba ser ese referente del fondo que El Cuervo había perdido tras la partida de Oscar Ruggeri aunque, claro esta, con marcadas diferencias tanto en el temple como en la personalidad. Para equilibrar sus falencias llegó Ameli, quién regresaba al país tras dos años en buen nivel en el Rayo Vallecano de España. La onda, la química y el entendimiento fueron totales, tanto dentro como fuera del verde césped. Tal es así que fueron titulares durante tres años y grandes baluartes en la obtención del Clausura 2001, ya con Manuel Pellegrini al timón del equipo.

Además ambos jugadores absorbieron la representación del plantel y se quedaron muchas noches haciendo cuentas y luchando contra Miele por el dinero que le adeudaba al grupo. “Peleamos por la plata nuestra, la de nuestros compañeros y la de los que se fueron”, era la frase de cabecera del Coco. Ese hecho los juntó y los hizo todavía más íntimos. En ese contexto, de incipiente aunque falsa fraternidad, el rosarino le presentó a Tuzzio a una ex novia suya, sin imaginar que este la terminaría desposando y convirtiendo, a la brevedad, en madre de dos preciosos niños.

La vida siguió su curso (?) y en 2003 El Ingeniero Pellegrini los volvió a juntar. Aunque esta vez en River Plate y a la inversa, ya que Tuzzio fue hacia el lugar donde ya se encontraba su compadre. Tras dos años en niveles aceptables, donde ganaron el Clausura 2004, una bomba de insólita envergadura estalló antes del partido contra Banfield por los cuartos de final de la Copa Libertadores 2005.

Tras rebajarse a revisar el celular de su mujer para comprobar que los rumores que le había acercado otro compañero eran ciertos, Tuzzio se abalanzó a los golpes sobre Ameli y tuvo que ser separado por cuatro compañeros. El damnificado (?) llamó a una reunión con todo el plantel, cuerpo técnico y dirigentes y allí blanqueó, con lujo de detalles, todo lo acontecido. La decisión del grupo -en voz de Marcelo Gallardo- fue darle vacaciones a Tuzzio y separar instantáneamente a Ameli del equipo, del plantel y de la institución, pero contó con la negativa de Astrada quién, aunque luego fue sindicado de haber manejado la situación con altura, lo único que no quería era poner como titulares a la dupla Gandolfi – Fernando Crosa.

A las pocas horas el chisme estalló en todos los medios gracias a Jorge Rial, quién hasta afirmó que uno de ellos había comparado un chumbo para matar al otro (?). Con todo el mundo posando su mirada sobre los zagueros y pese a que el Chipi Barijho se mofó los noventa minutos, River venció en esa serie al Taladro. Pero la situación ya era insostenible. Tras ser barridos por el Sao Paulo en semifinales, ambos jugadores fueron excluidos del equipo con ¿suertes dispares?.

Por un lado Ameli se vio condenado a entrenarse con los juveniles y hasta estuvo a punto de volver al plantel cuando asumió Mostaza Merlo quién, político como siempre, afirmó: “para mi, todos empiezan de cero”. Ahí fue cuando Gallardo mostró ser el macho alfa de la manada, ya que fue él quién le puso freno a esta idea del entrenador. En enero de 2006 El Coco logró un préstamo de seis meses en el club que lo vio nacer, Colón de Santa Fe, donde jugó 5 partidos en un pobre nivel y hasta hizo un gol en contra en la derrota ante Boca. Tras este breve paso siguió entrenándose en soledad hasta mediados de 2007, cuando finalizó su vinculo con El Millonario. La crucifixión, el olvido y la afirmación de que se trataba de un mal tipo, fue la peor humillación que el mundo del fútbol le brindó a ese jugador que se animó a hacer lo único que no debía animarse a hacer.

Por otro lado, un sentimiento sobreprotector desde la interna del fútbol abrazó a Eduardo Tuzzio quién, tras exiliarse un año en el Mallorca, volvió a River y ganó el Clausura 2008. Tras ser señalado como el principal responsable del último puesto Millonario en el Apertura de ese mismo año, en 2009 el jugador se unió a Independiente, donde ganó y fue elegido el mejor jugador de la Sudamericana 2010. Sus últimos cartuchos los gasta en la titánica tarea de salvar al Diablo del descenso sin poder, con 38 años a cuestas, separarse de ese mundo que lo humilla, jornada a jornada, por ser el menos viril en una tierra donde todos la tienen más larga y más gruesa. Además de erguida mayor cantidad de tiempo, claro.

Dando por descontado que, sintiendo empatía por alguno de los personajes de esta historia, cada uno de ustedes va a contar su situación más humillante en esta vida, sólo resta preguntar…

¿Ganador?

Segurola y Habana: Caruso Lombardi Vs. Fabián García

Enfrentamientos históricos, peleas memorables, duelos personales. De eso se trata esta nueva sección: Segurola y Habana, la esquina de En Una Baldosa. Esperemos que dure más que 30 segundos (?).

Hay momentos que quedan, a perpetuidad, grabados a fuego en el inconsciente colectivo. ¿Qué hacías cuando te enteraste del doping positivo del Diego en USA 94? ¿Dónde estabas cuando cayeron las Torres Gemelas? ¿Con quién andabas cuando palmó Néstor? ¿Con quien te abrazaste cuando se murió Julio Grondona? ¿Y cuando Bergoglio se transformó en Sumo Pontífice?

En fin, en el Olimpo de situaciones inmortales –aquellas que generan tantas sensaciones como personas haya en la Argentina- ningún hecho se compara a este que, de tan triste, ya se transformó en glorioso. ¿Un día de Furia? ¿Street Fighter? ¿El final de Rocky V? No. Ricardo Caruso Lombardi contra Fabián García en las calles de Constitución y con trasmisión casi en directo para todo el país.

El grotesco sucedió el lunes 14 de mayo de 2012, cuando el incorregible Ricky fue a los estudios de T y C Sports para dar una entrevista en el programa Estudio Fútbol. Tras despuntar su pasión de estar frente a las cámaras y, ya que estaba, despotricar contra los árbitros, el fixture y la opinión futbolística del resto de los humanos, el entonces técnico de San Lorenzo salió del canal en búsqueda de su automóvil, el cuál había dejado en el estacionamiento de en frente. Fue allí donde se cruzó con Fabián García, el ayudante de campo de su antecesor en el banco Cuervo, quién se estaba limpiando caca de perro de sus zapatos, sin (?).

García, con la sangre en el ojo por la sospecha que El Tano había hecho una vieja y querida “cama” para quedarse con el puesto de Leonardo Madelón y que, además, se sentía ofendido por algunos dichos de Caruso sobre la falta de preparación física del plantel, fue el primero en acertar un golpe tras los insultos de rigor.

El ayudante de campo se fue con dirección a la esquina y al rato llegó el técnico, quién en el camino se arrepintió de usar una silla para partírsela por la cabeza a su contrincante. El resto es historia conocida, ya que en ese momento llegaron las cámaras para dejar testimonio de un bochorno histórico e inolvidable de nuestro fútbol: “Te viniste condosotre” (x5), Vasir en canaigua” (x5), “No me midas” (x4), “Mataste a uno” (x4) y el sopapo a la gorra del policía se trasformaron en remera, hashtag y objetos de culto in eternum.

A la hora de hacer memoria y balance (?), hay que decir que aunque el técnico aparentó llevarse las de perder -ya que se ligó al menos un tortazo histórico, envejeció un par de años ante semejante ataque de nervios y quedó como un mitómano al sostener, hasta el día de hoy, que en realidad García lo atacó con una patota- el ayudante de campo de Madelón quedó estigmatizado por un hecho policial de antaño y no volvió a laburar. Así que ya sabemos quién perdió: el fútbol. Sólo resta preguntarle al soberano (?):

¿Ganador?