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Segurola y Habana: River Vs. Oscar Ahumada

Entre las m√ļltiples sensaciones que acompa√Īan a cada uno de nosotros a medida que pasa el tiempo y vamos envejeciendo, hay una que se compone √≠ntegramente de injusticia, de decadencia y de melancol√≠a: El Temor al Barrio Propio.

¬ŅC√≥mo es posible que se te ericen los pelos de la espalda en esa misma esquina donde durante a√Īos te juntaste a pasar el tiempo con tus amigos? ¬ŅEn que momento empezaste a agachar la mirada y a evitar a pibes que viste crecer y que, supon√©s, optaron por el mal camino? ¬ŅPor qu√© apur√°s el paso cuando escuch√°s una moto rugir a tus espaldas? ¬ŅAcaso no son esas mismas calles las que hasta hace poco tiempo fueron tuyas? El Temor al Barrio Propio est√° latente, no conoce de nostalgias y saca nuestra parte m√°s cobarde junto a una especie de instinto de supervivencia en pos de no perder, en el momento menos pensado, lo poco o mucho alcanzado.

El Temor al Barrio Propio es aquello que tan bien se explota en las pel√≠culas de Zombies: tu casa de toda la vida ya no es segura y aquellas caras familiares no son las mismas, aunque en apariencia sean similares. Y, por supuesto, si hablamos de p√©rdidas irreversibles y de cintas t√©tricas sobre Muertos Vivos, no podemos obviar esta historia que, linterna en mano, nos re√ļne hoy alrededor de la fogata: Todo lo que Involucre a River Vs. Oscar Adri√°n Ahumada‚Ķ

El protagonista central de este relato, Oscar Ahumada, lleg√≥ a N√ļ√Īez en 1997 proveniente de Z√°rate y, desde un primer momento, adopt√≥ al barrio como propio. Claro, es que el jugador adem√°s de ser un hincha confeso de La Banda se encontr√≥ con grandes amigos que hicieron que la adaptaci√≥n y la identificaci√≥n sean casi instant√°neas.

En sus primeros a√Īos, Ahumada fue flaqueado y protegido por compinches mayores como Pablo Aimar, Guillermo Pereyra, Franco Costanzo, Ariel Garc√© y Mart√≠n Demichelis. Luego por pares como Javier Saviola, Andr√©s D¬ī Alessandro, Germ√°n Lux y Dami√°n √Ālvarez. Y finalmente le toc√≥ ser ‚Äúcelador‚ÄĚ e instruir en el “Mundo River” a los j√≥venes que ven√≠an m√°s abajo como Fernando Cavenaghi, Maxi L√≥pez, Javier Mascherano, Osmar Ferreyra y Gast√≥n Fern√°ndez, entre tantos otros.

¬ŅTe puede pasar algo mejor con 20 a√Īos? Estar rodeado de amigos, jugar al futbol, ser el futuro de una de las instituciones m√°s importantes de √Āmerica, representar al pa√≠s en categor√≠as juveniles y enloquecer, remera rosa ‚ÄúSiamo Fuori‚ÄĚ sobre el torso, a todas esas lindas pibas que aparec√≠an en el Messenger. Primero en N√ļ√Īez, luego en Belgrano, despu√©s en Barrio Norte, Vicente L√≥pez, Olivos y as√≠ extensivo a todo el pa√≠s‚Ķ la juventud so√Īada. Aunque claro, el volante tambi√©n conoci√≥ la ciclotimia de los hinchas, las miserias de los dirigentes y la prepotencia de los barras bravas. Si algo es seguro, es que Oscar Ahumada conoce √≠ntimamente a River Plate. Tanto en la salud como en la enfermedad‚Ķ

Y as√≠, el jugador debut√≥ en Primera en 2002, particip√≥ en la obtenci√≥n de los Clausura 2003 y 2004 y luego se fue 6 meses al Wolfsburg de Alemania en una operaci√≥n que no qued√≥ del todo clara y que, en su momento, hizo poner el grito en el cielo a todo el pueblo Millonario. En su regreso a River, a principios de 2005, Ahumada se convirti√≥ en un referente ineludible en el vestuario, m√°s a√ļn, con la llegada de Daniel Passarella a la direcci√≥n t√©cnica del equipo.

As√≠ llegamos al punto de inflexi√≥n de esta historia: el jueves 8 de mayo de 2008. Esa noche River recibi√≥ en su estadio a San Lorenzo por los Octavos de Final de la Copa Libertadores. Una jornada memorable donde, de antemano, los condimentos de los buenos estaban asegurados: El Cicl√≥n -que hab√≠a ganado el partido de ida por 2 a 1- llegaba con antiguos pr√≥ceres Millonarios como Ram√≥n D√≠az, D¬ī Alessandro y Placente, en tanto para el River de Simeone jugaban dos con pasado Azulgrana como Sebasti√°n Abreu y Eduardo Tuzzio.

En medio de un clima b√©lico, Mat√≠as Abelairas abri√≥ el marcador para River a los diez minutos del primer tiempo. Luego vinieron dos historias m√≠nimas que, en su momento, se ver√°n reflejadas en esta p√°gina: el abandono del campo del Gallego M√©ndez tras ser lesionado por Radamel Falcao y el festejo del Loco Abreu con beso al escudo de River incluido, tras marcar de penal el 2 a 0 transitorio. Entremedio, las recordadas expulsiones del Burrito Rivero y de Jonathan Bottinelli. Repasando: River de local 2 ‚Äď San Lorenzo con nueve jugadores 0 (cero), a falta de media hora para la finalizaci√≥n del encuentro.

Y entonces, cu√°l pu√Īaladas, llegaron los peores diez minutos de la historia de River Plate hasta ese momento. Aquellos dos goles de Gonzalo Begessio no s√≥lo lo eliminaron de la Copa Libertadores sino que acabaron, s√ļbitamente, con parte de la opulencia que siempre caracteriz√≥ a los Millonarios. Y lo peor de todo es que ellos mismos se dieron cuenta. A partir de ah√≠ nada fue lo mismo. Para nadie. Y aunque no tuvo incidencia en la campa√Īa que luego lo deposit√≥ en el Nacional B, no es temerario afirmar que aquella noche River perdi√≥ la categor√≠a, la identidad, el h√°ndicap, el pedigr√≠ y varios intangibles m√°s que, con el tiempo, fueron sustituidos por otros.

Con la herida en su punto m√°ximo de dolor y tras ser recibidos con hostigamientos, pa√Īales y ma√≠z por sus propios hinchas en el siguiente partido en el Monumental (victoria 4 a 2 sobre Gimnasia), Oscar Ahumada no pudo contener sus palabras y, de esta manera, su destino cambi√≥ para siempre:

- ‚ÄúA mi me dio bronca ver a un muchacho (de River) en TVR diciendo que Boca s√≠ tiene actitud copera. Es verdad, tambi√©n tiene jugadores de m√°s experiencia que nosotros. Pero el jueves en la cancha not√© que cuando San Lorenzo nos hizo el 2 a 1 el estadio se enmudeci√≥. Y yo jugu√© en la cancha de Boca ganando 2 a 0 y la gente de ellos se nos ca√≠a encima. Eso molesta y duele, por que en los momentos dif√≠ciles es cuando m√°s necesitamos de ellos. Y cuando se produjo ese silencio atroz contra San Lorenzo, por que fue un silencio muy grande, tambi√©n se sinti√≥ en la cancha‚Ķ‚ÄĚ

Esos dichos, sumados al hecho de haber declarado ante la justicia en una causa en contra de los barras y de Jos√© Mar√≠a Aguilar (‚ÄúEstoy cansado de callar cosas‚ÄĚ) m√°s las interminables novelas por la renovaci√≥n de su contrato, hicieron que el hincha de River lo mire de reojo y jam√°s lo pueda volver a sentir como a un hijo de la propia casa. A pesar que Ahumada se cans√≥ de pedir perd√≥n. El recelo, el rencor y el odio estaban instalados y creci√≥ exponencialmente cuando la gente de Boca lo tom√≥ como un estandarte para burlarse de sus rivales de toda la vida.

Con cada vez menos participaci√≥n aunque dando siempre la cara, el jugador se mantuvo en River hasta abril de 2010, cuando se declar√≥ en libertad de acci√≥n y se march√≥ al Veracruz de M√©xico. De esa manera, Ahumada acab√≥ con el calvario de los dos a√Īos anteriores, en donde se la pas√≥ pr√°cticamente recluido en su casa y conviviendo con el sufrimiento constante de su c√≠rculo familiar √≠ntimo.

A partir del momento que Ahumada se desvincul√≥ de la instituci√≥n la mayor parte de los hinchas de River dieron rienda suelta a su odio y, hoy por hoy, no miden sus palabras a la hora de recordar al jugador. Tal es as√≠ que, por caso, La P√°gina Millonaria lo tiene en su Top 10 de Ant√≠ √ćdolos junto a, entre otros, Jes√ļs M√©ndez, Julio C√©sar C√°ceres, Hugo Gatti, Luciano Figueroa, Claudio Caniggia y Gabriel C√©dres quienes -a diferencia de Ahumada- si cometieron ‚Äúla herej√≠a‚ÄĚ de jugar en Boca.

Tras aquellas inmortales declaraciones y por m√ļltiples razones, River se fue en picada hac√≠a el descenso, conoci√≥ el infierno, renaci√≥ y hoy parece haber reencontrado el rumbo. Aquel Silencio Atroz al que hizo referencia el volante qued√≥ como una marca de agua en el coraz√≥n de los Millonarios y jam√°s volvi√≥ a sentirse en el Monumental. Ni a√ļn en los peores momentos. Por su parte, Oscar Ahumada rehizo su carrera, pas√≥ por M√©xico y Rusia, mostr√≥ una in√©dita faceta goleadora en All Boys y hasta fue convocado a la Selecci√≥n Argentina por Alejandro Sabella. Pero claro, por m√°s que quiera jam√°s podr√° volver a caminar tranquilo por la Avenida Figueroa Alcorta. Es que en el barrio donde pas√≥ los mejores quince a√Īos de su vida a√ļn lo siguen esperando los Zombies‚Ķ

¬ŅGanador?

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Segurola y Habana: El Chanchi Estévez Vs. Cardetti


En infinidad de ámbitos se suele afirmar, con total justicia (?), que casi todos los colorados, los rengos, los jóvenes calvos y los petisos son tremendos hijos de puta. Dicho esto, claro está, en un sentido totalmente callejero, mundano u arrabalero, por así llamarlo.

A los antes mencionados se los sindica de usar un hiriente e injustificado humor negro al extremo en todos lados; de estar siempre a la defensiva para contraatacar con una crueldad meditada ante cualquier comentario que se les haga y de intentar irse siempre a las pi√Īas, m√°s aun, si su contrincante es una persona que, intuyen desde el vamos, jam√°s les va a meter una mano. Son victimas de una especie de resentimiento de adoqu√≠n. Y concientes de ello, lo usan para beneficio y deleite personal, claro. Ahora bien, cuando chocan dos especimenes de esta clase ¬Ņterminan abrazados? Por lo general si, aunque a veces suceda lo contrario.

Diciembre de 2001, el mes de los 250 pesos por semana, nos dej√≥ otra clara muestra de ello, aunque en este caso se trataba de enanos. El d√≠a 2 de ese mes mientras Roberto Parra ganaba Gran Hermano; Los Pumas lograban otra derrota digna ante los All Blacks; Pel√© le dec√≠a al mundo que nuestra Selecci√≥n compartir√≠a el grupo F con negros, p√°lidos y albinos y la prensa nacional lloraba la imposibilidad de un Argentina ‚Äď Francia en la final del Mundial (?); en el Cilindro de Avellaneda se jugaba un nuevo cl√°sico. Aunque no era un cl√°sico m√°s, claro.

Esa tarde, en un partido casi sin precedentes, se enfrentaron por la jornada 16 del Apertura: el miedo paralizador contra el cagazo irrefutable. Aunque estaban disfrazados del River del restituido Ram√≥n D√≠az y del gerenciado Racing de Mostaza Merlo. Y los dos equipos estaban atemorizados. Uno ten√≠a temor de hilvanar su tercer subcampeonato al hilo y el otro ten√≠a chances claras de salir campe√≥n luego de 35 a√Īos, situaci√≥n que les daba, a los racinguistas, la misma cantidad de ilusi√≥n como de cagazo.

El clima b√©lico entre el puntero, Racing, y su escolta a 5 puntos, River, se inici√≥ el fin de semana anterior en La Noche del Domingo, donde Maximiliano Est√©vez, en compa√Ī√≠a de Jos√© Chatruc, le afirm√≥ a Gerardo Sofovich: ‚ÄúA Comizzo le voy a hacer un gol con el culo‚ÄĚ. El Chanchi no pudo esperar hasta el partido y comenz√≥ a mostrar su orto ah√≠ mismo ya que le sac√≥ una moto al Ruso jugando al Jenga, veh√≠culo que ambos futbolistas se terminaron disputando en una parad√≥jica apuesta al campe√≥n de la Copa Mercosur (el fan√°tico de Hurac√°n, Est√©vez, le fue a San Lorenzo y Chatruc, qui√©n luego jug√≥ en El Cuervo, se inclin√≥ por el Flamengo).

Mart√≠n Cardetti sigui√≥ ech√°ndole nafta al fuego y afirm√≥ que ese Racing era una escueta sombra de su River y que a ellos siempre les hac√≠a goles, como los dos que les hizo el d√≠a de su debut con La Banda. En un clima de final del mundo ambos equipos salieron a la cancha y se segu√≠a notando el p√°nico. Basta con repasar la tensi√≥n con la que Cambiasso y Bedoya gritaron sus tantos y como Merlo le pidi√≥ el final del partido a Baldassi tras el 1 a 1 aunque a√ļn faltaban 5 minutos y el descuento. Tal era el miedo que empataron.

Y victima de ese miedo al que algunos llaman estupidez y otros llaman viveza, sobre los 90 minutos, El Chanchi comenzó a burlarse del Burrito Ortega cuando estaba por ejecutar un tiro libre. Estévez le fruncía la cara, se tocaba las axilas, le jadeaba como un animal. El mensaje no era del todo claro. Mono, gorila, orangután, macaco, primate, cavernícola. Sólo el diminuto delantero lo sabe.

Por supuesto, tras el 1 a 1 final y con todo Racing festejando, Ortega le meti√≥ un sopapo a Est√©vez mientras este era hostigado por Garc√©. Cuando El Chanchi intent√≥ ir tras el juje√Īo m√°s por circo que por otra cosa, Cardetti apareci√≥ por ah√≠ abajo y le meti√≥ una pi√Īa desde atr√°s. Y parece que esta si le doli√≥, ya que instant√°neamente perdi√≥ los estribos y ni se percat√≥ que D¬īAlessandro le meti√≥ otro golpe y Coudet una patada. Est√©vez le tir√≥ una pi√Īa a Cardetti pero, por supuesto, se qued√≥ corto.

Y en ese instante, como aquellos que temen ser victimas del mismo veneno con el que tratan de herir a los demás, Maximiliano Estévez le dejó sus inmortales palabras a Marcelo Benedetto, quién justo andaba buitreando (?):

- ‚ÄúPero bueno, estamos bien, seguimos a 5 puntos y bueno se lo quiero dedicar a Cardetti que fue un terrible cag√≥n‚ÄĚ.

- ‚Äú¬ŅA qui√©n?‚ÄĚ

- ‚ÄúA Cardetti que es un cag√≥n mala leche y encima la mujer lo hace cornudo‚ÄĚ.

Cuando se enteró de los dichos de su enemigo, Cardetti dio su palabra en un clima cercano al velorio y hasta se le quebró un poco la voz.

- ‚ÄúLo √ļnico que quiero decir es que si me tiene que agredir que me agreda a mi pero en este caso est√° agrediendo a mi esposa y a mis dos hijas, que ahora voy a tener que ir a casa y seguramente comentarle a mis hijas que es lo que dijo este personaje. As√≠ que bueno, nada m√°s que eso. Despu√©s se ver√° en los abogados que dicen‚ÄĚ.

Esa misma noche y obligado por Fernando Mar√≠n, un ¬Ņarrepentido? Est√©vez apareci√≥ flanqueado por Macaya y Araujo en la apertura de F√ļtbol de Primera y con visible desprecio congoja le pidi√≥ perd√≥n a la familia del Chapul√≠n. Los indulgentes conductores lo felicitaron y mostraron su satisfacci√≥n por tan valiente actitud. Solo una vez m√°s se cruzaron Cardetti y Est√©vez en un campo de juego (Racing ‚Äď Olimpo, Clausura 2005) pero la cosa no pas√≥ a mayores y apenas se saludaron. Lamentablemente, hasta el d√≠a de hoy, todos nos seguimos fumando a Marcelo Araujo.

Por supuesto, en una Argentina con los ánimos tan caldeados como aquella, el Tribunal de Disciplina de la AFA, el Juez de Paz de Avellaneda y el Comité de Seguridad en Espectáculos Deportivos sancionaron a Cardetti, Ortega y Estévez con 5, 4 y 3 fechas respectivamente… en mayo de 2002, cuando Argentina ya se había ido a la mierda, Racing había salido campeón, Cardetti había arreglado su incorporación al Paris Saint Germain tras estar seis meses colgado, River también había salido campeón, Ortega estaba por irse a Turquía y El Chanchi se encontraba lesionado.

Para que nadie diga que en 2001 la justicia ten√≠a los ojos vendados. No, no, eso no sucedi√≥ en ning√ļn √°mbito.

¬ŅGanador?

Segurola y Habana: Tuzzio Vs. Ameli

La humillaci√≥n, afirman quienes saben, es la c√≥moda antesala del odio. Y aunque las humillaciones -en sus diferentes variables- son recursos de uso casi cotidiano, las m√°s temidas y dolorosas viven dentro de la psiquis de cada uno de nosotros y pocas veces se materializan o, por lo general, elegimos mirar hac√≠a otro costado… Hasta que un d√≠a elegimos ya no hacerlo m√°s.

Ser nena y que tu mam√° le cuente a todo el mundo que te transformaste en se√Īorita; ir al telo y que el amiguito jam√°s se levante; poseer un doctorado y que en tu trabajo te usen de mucama; estar conoci√©ndote a vos mismo y que tu hermana abra la puerta; sufrir un accidente en la calle y tener la ropa interior sucia, son algunas de las situaciones m√°s temidas por el ser humano promedio occidental. Humillaci√≥n, verg√ľenza, pudor. A todas estas sensaciones las atraviesa la misma emoci√≥n: el miedo.

Sin embargo ¬ŅHay algo que genere m√°s miedo que un hermano por elecci√≥n, de esos por los cuales dar√≠as la vida se acueste con tu se√Īora, la madre de tus dos hijos? ¬°Por supuesto! Que se entere todo el mundo ya que el traidor es tu compa√Īero de zaga en uno de los clubes m√°s importantes de Hispanoam√©rica en un medio tan machista y arcaico como el f√ļtbol. Llegan a Segurola y Habana: Eduardo Tuzzio y Horacio Ameli. Horacio Ameli y Eduardo Tuzzio.

Todo comenz√≥ en 1998 cuando Alfio Basile los junt√≥ en la zaga de San Lorenzo de Almagro. Tuzzio intentaba ser ese referente del fondo que El Cuervo hab√≠a perdido tras la partida de Oscar Ruggeri aunque, claro esta, con marcadas diferencias tanto en el temple como en la personalidad. Para equilibrar sus falencias lleg√≥ Ameli, qui√©n regresaba al pa√≠s tras dos a√Īos en buen nivel en el Rayo Vallecano de Espa√Īa. La onda, la qu√≠mica y el entendimiento fueron totales, tanto dentro como fuera del verde c√©sped. Tal es as√≠ que fueron titulares durante tres a√Īos y grandes baluartes en la obtenci√≥n del Clausura 2001, ya con Manuel Pellegrini al tim√≥n del equipo.

Adem√°s ambos jugadores absorbieron la representaci√≥n del plantel y se quedaron muchas noches haciendo cuentas y luchando contra Miele por el dinero que le adeudaba al grupo. ‚ÄúPeleamos por la plata nuestra, la de nuestros compa√Īeros y la de los que se fueron‚ÄĚ, era la frase de cabecera del Coco. Ese hecho los junt√≥ y los hizo todav√≠a m√°s √≠ntimos. En ese contexto, de incipiente aunque falsa fraternidad, el rosarino le present√≥ a Tuzzio a una ex novia suya, sin imaginar que este la terminar√≠a desposando y convirtiendo, a la brevedad, en madre de dos preciosos ni√Īos.

La vida sigui√≥ su curso (?) y en 2003 El Ingeniero Pellegrini los volvi√≥ a juntar. Aunque esta vez en River Plate y a la inversa, ya que Tuzzio fue hacia el lugar donde ya se encontraba su compadre. Tras dos a√Īos en niveles aceptables, donde ganaron el Clausura 2004, una bomba de ins√≥lita envergadura estall√≥ antes del partido contra Banfield por los cuartos de final de la Copa Libertadores 2005.

Tras rebajarse a revisar el celular de su mujer para comprobar que los rumores que le hab√≠a acercado otro compa√Īero eran ciertos, Tuzzio se abalanz√≥ a los golpes sobre Ameli y tuvo que ser separado por cuatro compa√Īeros. El damnificado (?) llam√≥ a una reuni√≥n con todo el plantel, cuerpo t√©cnico y dirigentes y all√≠ blanque√≥, con lujo de detalles, todo lo acontecido. La decisi√≥n del grupo -en voz de Marcelo Gallardo- fue darle vacaciones a Tuzzio y separar instant√°neamente a Ameli del equipo, del plantel y de la instituci√≥n, pero cont√≥ con la negativa de Astrada qui√©n, aunque luego fue sindicado de haber manejado la situaci√≥n con altura, lo √ļnico que no quer√≠a era poner como titulares a la dupla Gandolfi ‚Äď Fernando Crosa.

A las pocas horas el chisme estall√≥ en todos los medios gracias a Jorge Rial, qui√©n hasta afirm√≥ que uno de ellos hab√≠a comparado un chumbo para matar al otro (?). Con todo el mundo posando su mirada sobre los zagueros y pese a que el Chipi Barijho se mof√≥ los noventa minutos, River venci√≥ en esa serie al Taladro. Pero la situaci√≥n ya era insostenible. Tras ser barridos por el Sao Paulo en semifinales, ambos jugadores fueron excluidos del equipo con ¬Ņsuertes dispares?.

Por un lado Ameli se vio condenado a entrenarse con los juveniles y hasta estuvo a punto de volver al plantel cuando asumi√≥ Mostaza Merlo qui√©n, pol√≠tico como siempre, afirm√≥: ‚Äúpara mi, todos empiezan de cero‚ÄĚ. Ah√≠ fue cuando Gallardo mostr√≥ ser el macho alfa de la manada, ya que fue √©l qui√©n le puso freno a esta idea del entrenador. En enero de 2006 El Coco logr√≥ un pr√©stamo de seis meses en el club que lo vio nacer, Col√≥n de Santa Fe, donde jug√≥ 5 partidos en un pobre nivel y hasta hizo un gol en contra en la derrota ante Boca. Tras este breve paso sigui√≥ entren√°ndose en soledad hasta mediados de 2007, cuando finaliz√≥ su vinculo con El Millonario. La crucifixi√≥n, el olvido y la afirmaci√≥n de que se trataba de un mal tipo, fue la peor humillaci√≥n que el mundo del f√ļtbol le brind√≥ a ese jugador que se anim√≥ a hacer lo √ļnico que no deb√≠a animarse a hacer.

Por otro lado, un sentimiento sobreprotector desde la interna del f√ļtbol abraz√≥ a Eduardo Tuzzio qui√©n, tras exiliarse un a√Īo en el Mallorca, volvi√≥ a River y gan√≥ el Clausura 2008. Tras ser se√Īalado como el principal responsable del √ļltimo puesto Millonario en el Apertura de ese mismo a√Īo, en 2009 el jugador se uni√≥ a Independiente, donde gan√≥ y fue elegido el mejor jugador de la Sudamericana 2010. Sus √ļltimos cartuchos los gasta en la tit√°nica tarea de salvar al Diablo del descenso sin poder, con 38 a√Īos a cuestas, separarse de ese mundo que lo humilla, jornada a jornada, por ser el menos viril en una tierra donde todos la tienen m√°s larga y m√°s gruesa. Adem√°s de erguida mayor cantidad de tiempo, claro.

Dando por descontado que, sintiendo empatía por alguno de los personajes de esta historia, cada uno de ustedes va a contar su situación más humillante en esta vida, sólo resta preguntar…

¬ŅGanador?

Segurola y Habana: Caruso Lombardi Vs. Fabián García

Enfrentamientos históricos, peleas memorables, duelos personales. De eso se trata esta nueva sección: Segurola y Habana, la esquina de En Una Baldosa. Esperemos que dure más que 30 segundos (?).

Hay momentos que quedan, a perpetuidad, grabados a fuego en el inconsciente colectivo. ¬ŅQu√© hac√≠as cuando te enteraste del doping positivo del Diego en USA 94? ¬ŅD√≥nde estabas cuando cayeron las Torres Gemelas? ¬ŅCon qui√©n andabas cuando palm√≥ N√©stor? ¬ŅCon quien te abrazaste cuando se muri√≥ Julio Grondona? ¬ŅY cuando Bergoglio se transform√≥ en Sumo Pont√≠fice?

En fin, en el Olimpo de situaciones inmortales ‚Äďaquellas que generan tantas sensaciones como personas haya en la Argentina- ning√ļn hecho se compara a este que, de tan triste, ya se transform√≥ en glorioso. ¬ŅUn d√≠a de Furia? ¬ŅStreet Fighter? ¬ŅEl final de Rocky V? No. Ricardo Caruso Lombardi contra Fabi√°n Garc√≠a en las calles de Constituci√≥n y con trasmisi√≥n casi en directo para todo el pa√≠s.

El grotesco sucedi√≥ el lunes 14 de mayo de 2012, cuando el incorregible Ricky fue a los estudios de T y C Sports para dar una entrevista en el programa Estudio F√ļtbol. Tras despuntar su pasi√≥n de estar frente a las c√°maras y, ya que estaba, despotricar contra los √°rbitros, el fixture y la opini√≥n futbol√≠stica del resto de los humanos, el entonces t√©cnico de San Lorenzo sali√≥ del canal en b√ļsqueda de su autom√≥vil, el cu√°l hab√≠a dejado en el estacionamiento de en frente. Fue all√≠ donde se cruz√≥ con Fabi√°n Garc√≠a, el ayudante de campo de su antecesor en el banco Cuervo, qui√©n se estaba limpiando caca de perro de sus zapatos, sin (?).

Garc√≠a, con la sangre en el ojo por la sospecha que El Tano hab√≠a hecho una vieja y querida ‚Äúcama‚ÄĚ para quedarse con el puesto de Leonardo Madel√≥n y que, adem√°s, se sent√≠a ofendido por algunos dichos de Caruso sobre la falta de preparaci√≥n f√≠sica del plantel, fue el primero en acertar un golpe tras los insultos de rigor.

El ayudante de campo se fue con direcci√≥n a la esquina y al rato lleg√≥ el t√©cnico, qui√©n en el camino se arrepinti√≥ de usar una silla para part√≠rsela por la cabeza a su contrincante. El resto es historia conocida, ya que en ese momento llegaron las c√°maras para dejar testimonio de un bochorno hist√≥rico e inolvidable de nuestro f√ļtbol: ‚ÄúTe viniste condosotre‚ÄĚ (x5), ‚ÄúVasir en canaigua‚ÄĚ (x5), ‚ÄúNo me midas‚ÄĚ (x4), ‚ÄúMataste a uno‚ÄĚ (x4) y el sopapo a la gorra del polic√≠a se trasformaron en remera, hashtag y objetos de culto in eternum.

A la hora de hacer memoria y balance (?), hay que decir que aunque el t√©cnico aparent√≥ llevarse las de perder -ya que se lig√≥ al menos un tortazo hist√≥rico, envejeci√≥ un par de a√Īos ante semejante ataque de nervios y qued√≥ como un mit√≥mano al sostener, hasta el d√≠a de hoy, que en realidad Garc√≠a lo atac√≥ con una patota- el ayudante de campo de Madel√≥n qued√≥ estigmatizado por un hecho policial de anta√Īo y no volvi√≥ a laburar. As√≠ que ya sabemos qui√©n perdi√≥: el f√ļtbol. S√≥lo resta preguntarle al soberano (?):

¬ŅGanador?

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