El caso de una transferencia que se hizo pero nunca se plasmó. La historia es más o menos así. Final de la temporada 1990/91. Leonardo Rodríguez, jugador de San Lorenzo y la Selección Argentina, es pretendido por varios clubes europeos. Aparece el Olympique manejado por Bernard Tapie y se lo lleva, poniendo una buena cantidad de dinero (tanta que Leo declaró: “Si con la venta de Gorosito y Siviski, Miele hizo una tribuna; con la plata de mi pase termina es estadio”). El mediocampista llega Marsella y firma contrato por tres temporadas. ¿Final feliz? No tanto, ya que había un problema: el cupo de extranjeros estaba completo, asi que fue cedido a préstamo al Toulon, con la intención de conocer la liga francesa y adaptarse al idioma. Se pensaba que una vez finalizada la temporada regresaría al club dueño de su pase, pero en 1992 se iría al Atalanta para nunca más regresar a Francia. Un caso parecido al del Turco Mohamed y su frustrado paso por la Fiorentina, pero con menos glamour (?)
Completamente ciego de ira por una pelea con los dirigentes de Racing, el volante Juan Manuel Torres admitió que no tendría problema en ponerse la casaca de Independiente, justo justito (?) el rival de toda la vida de la Acade. Él mediocampista se encontraba en conflicto con Fernando De Tomaso, lo cual no lo dejaba en situación de libertad para buscar un nuevo destino y lo postulaba con chances de quedar colgado 6 meses.
El Chaco confesaba: “Creo que se puede arreglar. Igual me parece que De Tomaso complicó las cosas, habíamos arreglado algo, pero no se cumplió de parte de él”. De paso dejo en claro de que había más chances de que Tonga gané la Copa del Mundo antes de que el se ponga la camiseta celeste y blanca de nuevo: “No tengo ningún problema en quedarme seis meses sin jugar. Es una decisión tomada que en Racing no juego más (…) La idea era estar a esta altura en algún equipo, pero estoy tranquilo esperando la solución”
Seguramente con más bronca que inteligencia, el jugador le tiro un centro a Julio Comparada para jugar en el Rojo: “Si me toca ir a Independiente, no tendría problemas, aunque por ahora lo veo lejos” . Y ya que faltaban cinco minutos para que estuvieran listo los fideos, tiro un: “Me pone muy contento que Boca y varios equipos grandes de Argentina se fijen en mí”.
Las estadísticas de la FIFA informan que 3 de cada 5 equipos del fútbol mundial recibieron durante el 2007 alguna indirecta de JMT para tenerlo en sus filas. Lo cierto es que Torres quedaría libre y terminaría jugando en San Lorenzo.
Las historias de los equipos con grandes estrellas que fracasan rotundamente no son patrimonio del fútbol moderno, claro. Allá por la década del ’40, cuando el marketing no había absorbido al deporte, un club argentino se reforzó con figuras nacionales e internacionales para ser campeón, pero terminaría descendiendo. Y lo que es peor, le bajó el pulgar a un uruguayo que unos años más tarde tendría destino de prócer mundial.
Corría 1947 cuando los dirigentes de Atlanta, por entonces una institución que peleaba siempre abajo en Primera División, decidieron jerarquizar a su plantel, acompañando el buen momento económico que estaban atravesando. La oportunidad para lanzarse al título era inmejorable, por eso llegaron al club 14 futbolistas, entre los que se encontraban 4 hombres hombres de River, como Adolfo Pedernera (compra récord de la época, 140 mi pesos), Aristóbulo Deambrosi (también había integrado La Maquina), el arquero peruano José Soriano y Eligio Corvalán; además de Miguel Donnola (Temperley), Mario Santamarina (Ferro), Eugenio Bassino (Quilmes), Higinio García y León Strembel (Racing); Francisco Antuña (San Lorenzo), Fortunato Des*gástiz*bal (Estudiantes de La Plata), y tres charrúas: Juan Burgueño, Gervasio Artigas Modernell y Alcides Ghighia, el protagonista de esta historia.
Sin haber firmado su contrato, el wing derecho uruguayo llegó a ser titular en un partido amistoso ante Independiente, pero su rendimiento no convenció. Al finalizar el primer tiempo lo reemplazaron. El Bohemio perdió 5 a 2 y a Ghiggia le pidieron que se volviera a su país. Y mal no le fue.
El Ñato la rompió en Peñarol y unos años más tarde, en el Mundial de 1950, fue protagonista de la mayor proeza futbolística de todos los tiempos, enmudeciendo con un gol a 200 mil brasileños que habían reventado el Maracaná para ver coronarse a su selección.
¿Atlanta? Perdió escandalosamente la categoría en ese 1947, ganando sólo 4 de 30 partidos. Y sí, los costos de tener un Des*gástiz*bal en el equipo.
Tras un Torneo Clausura con mucha irregularidad en el arco (pasaron con más pena que gloria Javier García y Cristian Lucchetti), el entrenador de Boca Juniors Román Julio César Falcioni comenzó a posar sus ojos en lo que sería el nuevo guardavalla titular del Xeneize para el próximo torneo. Así fue como apareció el nombre de Hilario Navarro, quien poco más de seis meses atrás había sido campeón con Independiente de la Copa Sudamericana. Sin embargo, la superpoblación de arqueros en el conjunto de por ese entonces Antonio Mohamed causo una gran irregularidad en la valla. Por ende, Hilario supo dejar la titularidad en algunas ocasiones, dejando su puesto a Adrian Gabbarini, Fabián Assmann e incluso en una oportunidad (5 a 1 a Huracán en la última fecha) a Diego Rodríguez. .
Los directivos de Boca daban por hecho el traspaso, al igual que desde el otro lado, donde los dirigentes encabezados por el nefasto Julio Comparada, por ese entonces presidente del Rojo, reducían a cuatro los competidores a por ser los dueños de los guantes titulares del conjunto Diablo tras la venta. El equipo azul y oro ya contaba con arquero rumbo a lo que sería el Apertura, con la experiencia que brindaba alguien que supo jugar en tres de los cinco grandes y con un nivel excepcional. Todo el mundo feliz (?).
La revisión médica, sin embargo, mando todo al carajo hizo que el traspaso sufriera una dificultad clave: Se le descubrió a Hilario Navarro, quien a lo largo de su carrera se vio aquejado por diversas lesiones, una pubalgia y un problema en una de sus rodillas. Fueron muchas las idas y vueltas que se dieron respecto a lo sucedido, llegándose a decir tanto como que aquel factor no afectaba el fichaje como que el pase estaba totalmente caído por aquella dificultad. El final es conocido, Hilario nunca jugaría en Boca y continuaría en Independiente, cosechando amores aunque también algún insulto poco grato tras algunos partidos donde no se lo vio al nivel del 2010. El arco vacante que dejó el correntino lo ocupo Agustín Orión, lo cual pareció caerle mejor a Falcioni, quien no se mostraba del todo convencido ante la contratación de Navarro. ¿La lección final? Si no le caes bien al técnico esquiva revisión médica que te bochan (?) Nunca esta dicha la última palabra.
El invierno del año 2000 encontraba a un Carlos Mac Allister en la faceta de entrenador buscando refuerzos para su conjunto, Argentinos Juniors. Primero fue Carlos Yaqué el que firmó por el equipo de La Paternal, y posteriormente, a fines de Julio, lo tendría que haber hecho Pablo Bezombe, cedido desde Morelia mexicano. ¿Qué pasó?
El ex Unión de Santa Fe llegó incluso a entrenar a la par de sus nuevos compañeros, pero no se logró acordar la duración de su préstamo. El Bicho buscaba tenerlo en sus filas durante al menos un año, mientras que Los Monarcas solo aceptaban un préstamo hasta diciembre. Cuando el último mes del año fuera un hecho, Bezombe debía regresar a tierras mexicanas.
La situación llegó a su punto máximo de tensión (?) cuando el volante no estuvo presente en una de las prácticas debido a la irregularidad con la que se manejaba el traspaso, quedando completamente a la deriva. Ya entrados los primeros días de Agosto, el pase se cayó completamente.
En 1996 Brindisi buscaba un carrilero por izquierda para terminar de armar a su Racing. Entre tantos nombres que se barajaron por aquel entonces, sorprendió el de Christian Trapasso, surgido como delantero en Argentinos Juniors y convertido en enganche o volante por una de las bandas en su paso por el fútbol mexicano.
El ex Bicho arregló de palabra su pase a La Academia, pero al regresar al país (jugaba en el Toros Neza) se encontró con que el nuevo técnico de Racing era el Coco Basile.
De todas formas se puso la ropa de entrenamiento, se reencontró con Vilallonga, practicó y hasta dió una nota para la revista partidaria, donde declaró: “No tengo problemas en jugar donde sea. Me tengo fe porque sé que el Tito Pompei le entró al hincha en su paso por el club, y yo tengo un estilo similar a él. Tal vez Tito le pega mejor a la pelota, pro yo tengo más habilidad“.
Finalmente, Trapasso no quedó en el plantel de Racing y terminó jugando en Atlético de Rafaela. En 1999 abandonaría repentinamente el fútbol y en 2001 fallecería a causa de un paro cardíaco.
Gracias King_Mostaza.
Con plata dulce en el bolsillo tras las ventas de Sergio Agüero y Oscar Ustari, Independiente salió decidido a romper el mercado a fines de 2007. Fue así como fue en búsqueda de una estrella como Humberto Suazo, que por aquel entonces no andaba tan bien en el Monterrey de México.
Luego de varios días de negociación, en los que incluso los dirigentes mexicanos reconocieron que la costosa operación ya estaba abrochada, el delantero chileno terminó quedándose en los Rayados, al no haber acuerdo entre los clubes. ¿El Rojo? Contrató a Pablo Vitti. Casi lo mismo (?).