Recientemente desvinculado de Olimpo, Carlos Salom concretó de palabra su llegada a Chacarita para el torneo del Nacional B 2011/2012. Se puso la pilcha del Funebrero y no quiso perder tiempo: a entrenar. “Es una gran oportunidad jugar en este equipo y ahora espero poder rendirle al técnico y ascender con este club tan grande. A eso le vamos a apuntar porque estamos con mucha expectativa”, declaró. Por lo visto no conocía bien al plantel, que terminó haciendo una campaña muy lejana de los puestos de vanguardia. Tampoco tuvo mucho tiempo de formar alguna amistad: después de una semana de prácticas no arregló su contrato con los dirigentes y se fue a All Boys.
Los directivos del club mexicano habían llegado con montón de dinero decididos a llevarse al delantero que jugaba en Vélez Sarsfield. La cifra ofrecida fue imposible de rechazar para el club argentino, Bianchi hizo las valijas y partió hacia México. Aunque apenas participó en algunos entrenamientos del Cruz Azul: llegó a ponerse la camiseta para un partido amistoso (en el que marcó un gol) y al toque debió volverse a Buenos Aires. La transferencia había sido impedida por la AFA, al sacar un decreto prohibiendo a jugadores jóvenes de la Selección Nacional marcharse al exterior. De todos modos, el Cruz Azul cumplió con la promesa que le había hecho: pagarle la luna de miel en Acapulco. Y, antes de volver al país, Bianchi pasó unos dias con su esposa Margarita disfrutando de la costa del Pacífico mexicano.
(Gracias gxg)

El ciclo de Rodrigo Archubi en River Plate se terminó el 27 de septiembre de 2009, cuando tras un empate 2 a 2 ante Gimnasia LP el doping le dio positivo por falopero consumo de marihuana. La sanción de tres meses que le puso la AFA se pasó rápido, pero a Archubi lo colgaron y nunca más volvió a jugar en el club de Núñez.
Ni Leonardo Astrada, ni Ángel Cappa ni Juan José López lo tuvieron en cuenta y durante 2010 se la pasó marginado, yendo y viniendo para entrenarse con un preparador físico exclusivo para él, sin verle la jeta a ninguno de sus compañeros. Y se la tuvo que fumar.
A comienzos de 2011 viajó a Brasil para sumarse al Juventude, que en apenas cuatro años había pasado de la A a la D. Como el contrato estipulaba la rescisión en caso de una buena oferta, y como durante el primer semestre jugaría en la primera división del campeonato gaúcho, Rodri (?) se fue con la ilusión de pegar un buen pase (?) en el interín.
Cuando lo presentaron oficialmente, a mediados de febrero, solo faltaban detalles. Archubi, que con el aval del equipo argentino había firmado un precontrato con los brasileños, debía negociar una deuda importante con River para que le dieran la libertad de acción, pero eso no aparentaba ser un obstáculo. Sin embargo, las cosas se complicaron, no hubo acuerdo (Passarella no quería pagarle un peso), y tras varios días entrenándose en Juventude, el jugador volvió al Millonario, donde siguió colgado.
A mediados de ese año, ya con el pase en su poder, terminó en el competitivo fútbol de Kuwait.
“Estoy orgulloso por poder jugar en el club más importante de Argentina”, declaró Gonzalo Fierro apenas pisó Ezeiza, listo para disputar el Torneo Apertura 2010. Boca había acordado su pase con el Flamengo, y el chileno llegaba a préstamo por un año y con una opción de compra. La contratación había sido recomendada por Claudio Borghi, quien fuera su entrenador en el Colo-Colo. Pero durante la revisación médica surgió un problema: se le detectó una vieja lesión en su retina.
Sin descartar la incorporación, Boca salió a buscar una aseguradora que permitiera la llegada del mediocampista. Pero, al no aceptar ninguna póliza de las que le fueran presentadas, el club decidió no arriesgarse y canceló la operación. Desanimado, el director técnico terminó por aceptar la decisión de los dirigentes: “Hemos creído que al pedirlo le hacíamos un favor y lo terminamos perjudicando”. Aunque viendo la campaña del equipo en ese torneo, el perjudicado no fue Fierro precisamente.
Normalmente para alguien del género masculino hay ciertas noches previas a un suceso clave que son eternas, plagadas de insomnio y nervios: La previa de un partido vital para la situación de tu equipo, la previa de tu casorio y, finalmente, la previa del día en que te vas a animar a encarar a la piba que te gusta. Estando en secundaria, al menos ese es mi caso, tenés la cabeza quemada de (inserte consola/artefacto tecnológico de interés de sus años de pibe), sumado a muchas imagenes de (inserte mujer fatal de sus años de pibe) en bolas en (Te lo firmo ya que de Playboy o Notiblog no sale) y demasiado espacio vació en el bocho en el que depositas el partido que tenés que jugar con tus amigos o la pelea entre Distasio y Leto en el programa de Fantino. Es por eso que cuando aparece ese extraño invento de Disney llamado “amor” te volvés más nabo, colgado y temeroso. Hasta que un día le decidís poner un punto. Puede ser un punto final o puede ser un punto seguido. Todo depende de lo que salga de los labios de esa chica que reemplazo las ajusticiadas a la Callejón por canciones de Sergio Denis.
Durante la Copa del Mundo del 2006 el Independiente de Jorge Burruchaga pisaba fuerte en el mercado de pases. Había vuelto Daniel Montenegro, Germán Denis reforzaba la ofensiva y Rodrigo Díaz dejaba el fútbol mexicano para asumir el rol de creador de juego tras un tiempo alejado de las cámaras. Como si fuera poco, se confirma en Junio de aquel año la llegada del experimentado defensor Gabriel Schurrer, desde el Olympiakos griego. Tras abandonar Lanús a mediados de los 90′, el santafesino regresaba con 35 años a la Argentina para quemar sus últimos cartuchos en el conjunto de Avellaneda.
La contratación de tornaría complicada y la chance de Schurrer con la casaca roja se fue apagando rápidamente por diferencias dadas durante el cierre de la operación. Sería Leandro Gioda, otro ex Lanús, quien se sumaría a la defensa de Independiente. GS pasaría al Málaga donde finalizaría su carrera. Años después dirigiría al Granate. Y mejor lo dejamos ahí.
Normalmente estos post lo cerramos con mensajes tristones. Pero hoy nos aspiramos un Claudio María Domínguez y le ponemos otra postura. La mina acepta una invitación tuya a comer una muzza. No sos George Clooney, Robert Redford o Tom Cruise, pero si un remador que, por primera vez tras vagar por los mares de la soledad con los dos brazos cansados, encontras una recompensa que no te saca la sonrisa de la cara. Sos el tipo más feliz del mundo. Salis a la calle como Will Smith en En Busca de la Felicidad. No sabés que te vio. Quizá son los ojos que te brillan disimulando una noche sin dormir pensando en esa chica. O lo entusiasmado que sonabas al hablarle, como viajando a través de una nube de felicidad en ese espacio denso y aburrido en el que se torna el colegio a las 9 de la mañana. Te subís al colectivo y, apoyando la cabeza en el vidrio abandonado pero fiel del bondi, pensas en que a pesar de todo, aún te quedan muchos momentos felices. Llegás a tu casa y por primera vez en el año le decís a tu vieja que tuviste un lindo día.
A mediados de 1996 y tras ganar la Copa Libertadores, varios equipos europeos posaron sus ojos sobre los jóvenes valores de aquél River Plate campeón de América. Y fue así que, a Avenida Figueroa Alcorta 7597, llegaron miles de ofertas por aquellas figuritas de moda que, además, formaban parte de la Selección Argentina de Daniel Passarella.
“Que cuento querés por Crespo, que a cuanto me dejás a Ortega, que haceme precio por Gallardo”. Desde todos los rincones del planeta llovían los pedidos por las joyas de la abuela riverplatense (?). Sin embargo, ninguno de ellos tuvo tantos, pero tantos pretendientes, como El Pelado Matías Jesús Almeyda.
Tras recibir una oferta concreta del Zaragoza de España, el entonces presidente Millonario, Alfredo Dávicce, decidió viajar a La Madre Patria con la aparente intención de finiquitar la negociación. Pero claro, su verdadero objetivo era otro.
En la primera reunión los popes del club maño le tiraron una cifra que fue considerada irrisoria: 3 millones de dólares por los servicios del Pelado. En el segundo cónclave los españoles subieron la oferta a 4 millones, pero sólo obtuvieron silencio como respuesta. Perdidos por perdidos, los aragoneses elevaron su último ofrecimiento a 4 millones y medio de verdes más la cesión de Sergio Ángel La Bruja Berti.
Fue en ese instante que Don Alfredo hizo gala de su habilidad para encantar serpientes y se quedó con el préstamo de Berti sin poner un mango, pero a cambio de la promesa de volver a sentarse a negociar seis meses después, momento en el cuál Almeyda iba a jugar, si o si, con la remera del Zaragoza.
¿Y cumplió Dávicce con su promesa? Para nada. A los pocos días el presidente infló el valor del jugador coqueteando con el Real Madrid y el Barcelona y, finalmente, le vendió el pase al Sevilla, equipo que no tenía el cartel de los antes mencionados pero pagó, billete tras billete, los 10 millones de dólares por los que se concretó la venta de Almeyda a España. Chupate ese Rivotril.
Ilusión. Eso es lo que genera estar enamorado de alguien sin que lo sepa. Estamos en secundaria. Hace 10 grados, tenes una clase de Física en 5 minutos y no hiciste la tarea. La señora profesora te va a comer crudo. Pero no te importa. Tenés tus ojos en un ángel. Un ángel de pelo lacio, ojos profundos y sonrisa mística. La piba más linda del curso. “Estoy enamorado de ella boludo” le decís a tu compañero de banco. “Gordo, no te va a dar bola ni a palos. Dejate de joder y ponete a rezar que nos van a bochar al carajo” responde él. No te importa. Estás en tu mundo. Llegas a tu casa, te ponés a escuchar “Hello” de Lionel Richie a oscuras, te volvés más sensible y te llevas muebles por delante todo el tiempo. ¿Te va a dar bola algún día? Ni a palos (ni a las doce botellas de whisky) pero vivis en una nube de pedo que te hace temporalmente feliz.
El amigo (?) Sulaiman Al-Fahim seguramente fue una de esas personas victimas de ilusiones desmedidas a causa de una mujer. Este emiratí adquirió a mediados del 2009 al Portsmouth de Inglaterra. Y mientras el Huracán de Ángel Cappa peleaba el torneo y la gripe porcina azotaba al continente, tiró una bomba: Quería a Diego Armando Maradona, entrenador por ese entonces de la Selección, como director deportivo, asesor de mercado y embajador global (?) del conjunto.
Pero eso no es todo, si llama en los próximos cinco minutos triplicará su compra y se llevara este útil pisapapeles para su escritorio. No lo dude. Llame ahora dentro del cargo ideado por Al-Fahim de “asesor de mercado”, se encontraba la idea de llevar al conjunto azul, de la mano del Diego, a jugadores de la talla de Sergio Aguero, Samuel Eto’o, David Villa y David Silva. El hombre proveniente del Medio Oriente, en el climax de su delirio, llegó a decir que las charlas con el abogado de DAM, Ángel Oscar Moyano, estaban avanzadas: Maradona estaba listo para dejar el cargo de director técnico de Argentina para sumarse al proyecto, comenzar a ver jugadores y armar el primer equipo, listo para romper el mercado de pases contratando a las cuatro superestrellas ya nombradas.
En fin, esta locura nunca se dio. Normalmente estas cosas suceden cuando alguien con mucha plata pero poca idea del fútbol asume en un equipo. Un mamarracho con todas las letras, pero uno de esos mamarrachos que generan ternura y que son dignos de decir presente cuando agarramos el PES y empezamos a editar todo a nuestro placer.
A todo esto, ¿la mina mordió el anzuelo? Pero por supuesto que no. Los momentos de ilusión quedaron atrás. Lo único que sacaste de esa experiencia fue haberte memorizado “Hello” de Lionel Richie de taquito. Creciste, estudiaste, te compraste tu autito y tu televisor para ver el fútbol. Eso no quita que, en las pausas del laburo o mientras que esperas las empanadas, te encerres en el baño, te fijes si tenés más o menos panza y, en un lapso oscuro y silencioso, recordés esos momentos de joven y ciega ilusión. Pero no todo esta perdido. Regresará, siempre vuelve. Por suerte.