
El verano de 1988 también fue propicio para el reencuentro de viejos amigotes. El escenario, la confiterÃa del estadio Mundialista de Mar del Plata. Los protagonistas, dos ex jugadores de Boca. Por un lado, el Tigre Ricardo Gareca, inexplicablemente con un sweater rayado en una noche muy calurosa que posiblemente haya provocado una transpiración bastante molesta bajo ese frondoso flequillo. Acompañándolo y señalando la cámara de la revista El Gráfico, un exaltado Potro DomÃnguez, afrancesado a raÃz de su paso por el fútbol galo, luce una camisa blanca a lunares negros que, si observamos bien, contiene en su bolsillo izquierdo un paquete de cigarrillos Marlboro. ¿SerÃa de 10 ó de 20? Es bien 80′s, de eso estamos seguros.
Juan Pordiosero

Quisieron ser como los bañeros más locos del Mundo pero no pudieron. Les faltó producción.
La playa San Sebastián en La Perla marplatense sirvió de escenario para que los jugadores de San Lorenzo de Almagro dieran rienda suelta a la veraniega moda de 1988.
En los extremos, Walter Perazzo y Ramón Bernuncio lucen la sencillez de los modelos adidas. En el centro de la escena, en cambio, Lucho Malvárez muestra un short de dudosa masculinidad, estampado con colores bien fuertes que, suponemos, deben haber marcado tendencia en esa temporada. ¿Habrán sido capaces de llegar al hotel vestidos de esa manera?
Juan Pordiosero

Para los que creen que el hijo de viento comenzó a vestirse de forma extravagante después de sus millonarias transferencias, acá va una prueba de que Claudio Paul Caniggia siempre fue un distinto, dentro y fuera de la cancha.
Con 20 años y apenas 24 partidos en Primera, ya recibÃa a la revista El Gráfico con una pinta un tanto particular. Camisa estampadÃsima, muy abierta y por adentro del pantalón. No podemos pasar por alto las mangas cortas con dobladillo. Un genio.
¿El jean? Nevado y a la altura del ombligo, como correspondÃa para un elegante Malvestitti de 1987.
Juan Pordiosero
Si algún despistado habitante del planeta Tierra observara la foto, supondrÃa que el personaje en cuestión trabaja en un reconocido supermercado y que por eso luce la vestimenta del lugar.
De todas maneras, cuesta no darse cuenta de que se trata de Diego Maradona, quien se calzó un pavoroso chaleco, una gorra y un prendedor, vaya a saber uno para qué. Y más curioso aún es verlo con un libro en la mano.
Pero eso no es todo. De fondo aparecen dos ilustres canosos como Cóppola y Bianchi, que a pesar de tener dos filosofÃas de vida muy diferentes, compartieron algunas vivencias.
Cucu