
Eran las 3 de la mañana, la heladera estaba vacÃa y el Diego tenÃa ganas de tomar algo. Se puso la campera de gimnasia celeste, las zapatillas rojas, y le dijo a la Claudia: “vamos Má, acompañame que enseguida volvemos“. Criteriosa, ella contestó: “¿Estás loco? Seguro que afuera está lleno de fotógrafos“. Y el 10 retrucó: “No me importa, si no venÃs olvidate de las operaciones que te prometÓ.
Él partió atolondrado, ansioso y desesperado. Ella salió obligada, enojada y chinchuda. Pero al menos se cambió el pijama.
Juan Pordiosero

Haciéndonos cargo de la salud de los lectores, preferimos no seguir investigando sobre los usos y costumbres del Negro Gamboa a comienzos de los 90′s. Confórmense con este breve extracto de su putez, en un primer plano que nos regala una vincha, un jardinero encima de nada y una sonrisa a pura mandÃbula. Suficiente. ¿Para qué más?
Juan Pordiosero