
Quédense tranquilos que las manchas verdes son producto de una error en la impresión de la revista El Gráfico a principios de los 90′s. Ahora bien, de la indumentaria que lucen los bilardistas entrenadores nadie se puede hacer cargo…ni siquiera ellos.
Vayamos por partes. Humbertito Grondona le pidió prestado el saco gris a su padre y no le importó que le quedara grande. Mucho menos se calentó por ponerse una corbata decente.
Lo de Miguelito Russo se comprende un poco más. Ni soñaba con ser técnico de Boca, recién empezaba como DT y no tenÃa guita ni para hacerse la dentadura nueva. Por eso, interpretamos, entró a una feria americana con 2 mil australes y se fue chocho con una camisa celeste, un saco marrón y una corbata digna de payaso de circo.
Juan Pordiosero

Era 1993. El Gallego González, histórico abonado a las juergas del ambiente deportivo y farandulésco, quiso llamar la atención en la fiesta de la editorial Atlántida y no tuvo mejor idea que contrastar el negro de su remera con un saco color mostaza. Grande fue su sorpresa cuando entró al salón y se lo cruzó a Quique Wolff, que mientras se tomaba un trago y sin soltar la caprichosa le advirtió “querido Galleguito, la vida es hermosa, y vos le has dado tantas alegrias a la gente, que me parece inoportuno darte una mala noticia porque no te lo merecés. Pero bueno, alguien te lo tiene que decir. Primero, sos un hijo de puta, no te podés poner ese saco. Y segundo, Miguel del Sel te lo quemó. Igual, no te preocupes, venà que te lo presento y arreglan todo. ¡Que lindo y sano es el fútbol, Gallego!”.
Al final de la noche, el actor y el delantero se miraron y se prometieron una tregua. “La próxima vez yo me visto de La Tota“, dijo el hincha de Unión. “Y yo de Batman“, remató el amigo de Verón.
Juan Pordiosero

Los chicos vienen cada vez más despiertos, dicen las abuelas. Y no es mentira. Como ejemplo, vale el prematuro gesto de terror de la pequeña Chiara Mancuso, la hija del ex volante de Vélez, que pese a sus escasos dÃas de vida no puede creer que su padre haya sido tan caradura de ponerse esa camisa.
Juan Pordiosero

¿Se dieron cuenta? No hay colores llamativos ni dibujos extraños. Todo bastante sobrio, como la carrera de Fernando Cáceres. Pero hay algo que salta a la vista y que no podemos obviar. El cinto nunca (jamás de los jamases) puede estar a 5 centÃmetros del bolsillo de la camisa.
La sonrisa forzada lo dice todo: estaba conteniendo la respiración.
Juan Pordiosero