
Ya sabemos. En esas elecciones presidenciales de 1995 mucha gente tomó decisiones equivocadas. Pero no viene al caso ponernos a hablar de polÃtica. Lo que indigna es que en su primera fiesta cÃvica el Lagarto Fleita se haya vestido como un cumbiero noventoso. Si quiso tapar la fealdad de la camisa con ese chaleco le avisamos que obtuvo el efecto adverso. Por suerte tenÃa cerca el tacho de la basura.

De los creadores de “Choto el Chaleco Cholo”, “Pobre vaca”, Supermercados Diarco, “Decilo Enzo, Decilo” y “Yo seré grasún”, llega a sus pantallas una perla más de esa vomitiva costumbre noventosa de usar chaleco. ¿A quién se le ocurrió? ¿TodavÃa no está preso?
Y después dicen que Fernando Redondo fue un jugador elegante. ¡Terminemos con esa mentira!

El grado de impresentabilidad de AgustÃn Orión avanza a pasos tan agigantados que seguramente cuando terminemos de realizar este post ya habrá agregado una perla más a su collar de hechos desafortunados. He aquà otra muestra de su falta de sentido común, pero en el rubro indumentaria. La foto corresponde al 2005, cuando todavÃa no habÃa amenazado a Falcao, ni se habÃa peleado con la hinchada de Berazategui ni tampoco se animaba a hacer jueguitos con una pelota (hasta ese momento e incluso hasta 2 dÃas antes del partido con la Liga de Quito habÃa practicado con un globo).
Camiseta de San Lorenzo arremangada (con chivo de San Lorenzo estampado sobre la publicidad) y jogging de acetato metido dentro de las medias blancas bien visibles. ¿Eso es un arquero?

“Muchachos, saquen del placard la mejor pilcha que tengan porque nos vamos a pedirle una ayudita al prócer de la provincia“, anunció Pedro Guiberguis en las horas previas a la final entre Gimnasia y Tiro de Salta y Central Córdoba de Rosario. Con una camisa arremangada y por encima de una remera de cuello redondo, el volante esperó a que sus compañeros salieran de la habitación del hotel.
Primero apareció Alfredo González, que instantánamente fue felicitado por su pantalón blanco, la campera negra de corderoy y la camisa abierta hasta la altura del pecho. Después fue el turno de Popeye Herrera, que rezongó porque habÃa planeado afeitarse ese dÃa y con el repentino paseo no lo iba poder hacer. Por último, Miguel Amaya apareció en el lobby con su sweater, su jean azul, sus zapatillas con lengüeta hacia arriba, y exclamó: “¡Ya estoy, vámonos!“.
Al llegar al pie del cerro San Bernardo, Amaya le dijo a Guiberguis: “¿Estás seguro de que rezarle a San MartÃn nos va a traer suerte?“. Enfurecido, Pedrito contestó “¡Animal! Es el monumento a Güemes“. “Y bueno…no puedo ser carilindo e inteligente al mismo tiempo“, remató el Tigre.
(Gracias Nano)