
Épocas duras para Ricardo Bochini. Recién habÃa abandonado el fútbol y a pesar de su nuevo rol de entrenador, no se animaba a poner un buzo con la sigla DT. Mucho menos lo tentaba la posibilidad de rendirse ante la solemne combinación de saco y corbata.
Obsesionado con un conjunto que ya apareció en esta misma sección, intentó reinventar el concepto de elegancia. No lo logró, está claro. Si hasta Fren parece bien vestido.

Promediaban los 80′s y un par de jóvenes sin demasiadas esperanzas en el fútbol logran escapar del campo de concentración en plena madrugada. Saltear los controles de seguridad tuvo sus complicaciones. Carlos Tapia salió casi intacto, con su joggin gris y la revista 7 DÃas en la mano. Su compañero Comitas, en cambio, sufrió la rotura total de sus prendas por parte de los perros asesinos que custodiaban las rejas electrificadas.
Jugados y concientes de que ya no podrÃan volver, se subieron de polizontes al primer tren que vieron pasar, con tanta mala suerte que abordaron el vagón de carga que llevaba todo tipo de animales. Antes de dirigirse al sector de pasajeros, un Comas tiritante por el frÃo tuvo un momento de lucidez y le dijo a su socio de huÃda: “Chino, esperame adentro que en un rato voy“.
A los 10 minutos apareció el hombre de Paraná, con su clásico corte de pelo y un sweater blanco de fabricación artesanal. “¡No sabés lo que me costó esquilar a esa oveja malparida!“, le dijo a su azorado compinche.

Se ve que en el staff de la revista El Gráfico se habÃa puesto de moda colocar al Beto Márcico contra la pared. ¿Para hacerle preguntas comprometidas? No, para sacarle fotos y escracharlo por la eternidad. Acá lo vemos de veranito, con el Apertura ’92 en el bolsillo y una vestimenta repudiable, casi de linyera. Camisa floreada y arremangada, jean con dobladillo y alpargatas blancas. Toda la impunidad para alguien que después entraba a la cancha y la rompÃa.

Antes de convertirse en una metralladora de anécdotas y frases festejadas hasta el hartazgo por seguidores de risa fácil, el Bambino Veira hizo escuela en eso de ser bufarrón. He aquà una muestra de cómo no hace falta estar bien vestido para que te de bola una mina. En la foto, se lo observa lo más campante junto a su mujer Sonia Pepe, caminando por la playa con una malla impresentable y una camisa mangas largas anudada a la altura del ombligo. ¡Pará de ser tan macho!
(Gracias MatÃas)