
No quedan dudas del vomitivo gusto del futbolista argentino promedio que visitó el Coliseo Romano en los 90′s. Parece que la cercanÃa con semejante maravilla arquitectónica provocaba unas ganas tremendas de hacer el ridÃculo.
Por aquel entonces, José Antonio Chamot todavÃa sabÃa hablar en castellano y aún no se habÃa peleado con Roman Iucht, aunque intuÃa algo de su futuro. ¿Videncia? SÃ, pero con algo de ayuda.
Unos dÃas antes habÃa visitado a una gitana, que le tiró las cartas. Y el Flaco quedó tan a gusto que se las estampó en la camisa.