Para Alvin Lee, como para toda una generación, el festival de Woodstock fue un hecho que marcó su vida para siempre. El músico inglés pasó, de un momento a otro, de tocar en bares a actuar en estadios. Y no sólo sufrió los cambios artÃsticos. En aquel lejano 1969 también se dejó llevar por la explosión de las drogas, la paz y el amor libre, que incluÃa las relaciones interraciales.
Aquella etapa de experimentación condujo a Lee a tierras africanas, más especÃficamente a Zimbabwe. Allà conoció a gente de color, a la que le dijo (quizás para sonar extravagente) que venÃa desde un paÃs de Sudamérica llamado Argentina, donde se practicaba un deporte con una pelota de cuero y dos arcos.
“Somos negros, no boludos“, le contestaron. “Además, acá leemos la SuperFútbol. Y vos sos el Flaco Lamadrid, no nos jodas“.

Pretemporada de Estudiantes en 1970. Y después se quejan de Angeleri.
(Gracias Fernando)

Aunque parezcan espontáneas y hasta hijas de la casualidad, las tÃpicas fotos de revista de chismes en la que aparece un grupo de faranduleros en un boliche, generalmente tienen una pre-producción difÃcil de imaginar.
Antes de gatillar, un buen papparazzi debe preparar la escena del crimen como corresponde. Por ejemplo, si uno de los protagonistas es un mánager que está involucrado en el mundo de las drogas, se le debe pedir que se saque los lentes de sol. Si además su representado esa noche está muy hecho mierda, se lo debe dejar fuera de cuadro y, en lo posible, tapar con una servilleta la sustancia que habita en su vaso.
Pero ojo, porque ahà no termina todo. En el caso de que hubiese una señorita con una minifalda demasiado corta, es fundamental ocultar su intimidad más alfombrada con algo bien discreto. Un almohadón estarÃa bien.
Por último, y prestar mucha atención a esta recomendación porque no todos la cumplen, si un baldosero se quiere colar en la foto, es imprescindible pedirle un poco de mesura. Esos tipos tienen tanta desesperación por obtener algo de fama, que son capaces de ponerse una camisa de rumbero.