Pónganle las esposas

20 junio 2009

casamientolamadrid

Creíamos que en un casamiento, las posibilidades de encontrar un desalineado para esta sección se reducían a 0%. Para un acontecimiento de esa magnitud, generalmente la gente se empilcha bien o directamente recurre a lo clásico para no pasar palelones. Ni hablar de los novios, casi siempre atados al uniforme reglamentario (?) de la boda.

Bueno, estábamos muy equivocados. El Flaco Hugo Lamadrid había hecho todo al revés para llegar hasta el altar. Con 23 años, jugaba la Copa Libertadores con Racing y mientras tanto andaba completamente de putas con su Coupé Sierra XR4 que levantaba la velocidad suficiente para lucir, viento en contra, su clásico combo de melena hasta la cintura y camisa desabotonada.

Con esa pinta e ignorando el significado de la palabra responsabilidad, conoció a una piba de dulces 16 años llamada Silvana, que inocentemente se dejó llevar por las promesas de cenas románticas y autógrafos de Asteggiano, entregándose a una relación sentimental que tuvo su punto álgido cuando fue descubierta por su padre (Carmelo) y su hermano (Juan Carlos).

Haciendo equilibrio entre la vida y la muerte, el áspero volante llegó como pudo al día de la boda, compromiso que habia empeñado para preservar su pellejo. Desafiando una vez más los parámetros de la formalidad, fue a su propio casorio con un look bien rocker.

Las lanas y la camisa abierta, infaltables. Pero a eso le agregó un accesorio de raso bordó, producto de un equívoco del modisto encargado para la ocasión, que unos días antes había malinterpretado la recomendación de un amigo futbolero: “Ojo con Lamadrid, que faja“.

Dicen las malas lenguas que los hijos de la pareja, Axel y Melany (y próximamente otra nena), actualmente miran esta foto y no pueden creer que en una escena donde está su padre cerca de una botella no aparezca Walter Fernández. Y sí, el amor hace milagros.

El Nadal de los 90′s

malvestittiperalta

Es cierto que las pilchas que lleva consigo Raúl Peralta en la foto no son cuestionables. Un short blanco es algo habitual, y más de uno habrá usado alguna vez una chombita rosa.

Pero lo que también es cierto es que por la forma en que usa las prendas, merece ser condenado por utilización indebida de ropa deportiva.

En primer lugar, no hace falta subirse las medias como si estuviese usando canilleras. Y en segundo término, el pantalón alto al estilo Mono no se justifica.

La chomba se acepta, pero no para combinar con el resto de la ropa, y menos si va metida adentro.

Por último, para ponerle la frutilla al postre, los bucles de esa cabellera que caen sobre los hombros y que seguramente son los que motivan la carcajada del Beto Carranza.

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