El tipo, hay que reconocer, siempre fue un estratega. Y no importaba si jugaba de enganche o bien de punta. Daba lo mismo. Diego Latorre siempre tuvo esa capacidad de pensar bien qué hacer…y qué decir. PodÃa anticiparse un segundo a la jugada y definir de manera brillante, y también podÃa elaborar un concepto bien egoista para finalmente declarar “el equipo jugó mal, pero por suerte yo anduve bien“.
No es extraño, entonces, que a comienzos de la década del ’90 ya se hubiese estado cuidando la garganta para, 15 años después, poner su voz al servicio de las transmisiones televisivas. Un profesional con todas las letras. Y vistiéndose casi que también: U-N-H-I-J-O-D-E-M-I-L-P-U-T-A.
No es un afiche inédito de la pelÃcula Ciudad de Dios, no. Es el mismÃsimo Ariel Ortega en la despensa “El Burrito” de su Ledesma natal. Dice la leyenda que cada vez que Orteguita volvÃa a su pueblo en su lujosa 4×4, parientes y amigos salÃan a la calle a gritar como desaforados “¡Ahi vino!” “¡Ahi vino!“. Y también a modo de despedida, quizás, cuando Ariel se volvÃa para Buenos Aires gritaban “¡No hay vino! ¡No hay vino!”. Costumbres del interior.
Gracias Brianeloy