Cuenta la historia que, antes de refundar futbolÃsticamente a la Roma, Abel Rómulo y Daniel Remo la pasaron mal. Desprotegidos y a la buena de Dios en una precaria canasta Ferrari, fueron encontrados de casualidad por una Loba que les dio de mamar hasta verlos bien creciditos.
Pese a contar con grandes similitudes, como el pésimo gusto a la hora de vestir, luego de conquistar el territorio los hermanos se distanciaron. Uno terminó muriendo en las tempestades de La Bombonera. El otro, en las del Monumental. Y bue, son los riesgos de no tomar leche de vaca.
¿Cómo lograr que algo tan básico como un jean y una remera blanca se convierta en Malvestitti? A tomar nota: en primer lugar, la remera debe ser manga larga, lo más parecido a una camiseta de viejo. Segundo, tiene que ir adentro de un jean con el tiro bien alto, casi a la altura del ombligo. Tercero, el cinto debe ser bien evidente. Cuarto, se debe acompañar con otros accesorios, como reloj, cadenita y gorra. En lo posible, todo eso junto. Quinto y último, la pose debe ser bien maraca. Para que no queden dudas.
Como buen representante de aquella camada de jóvenes modernos que tuvo al Turco Mohamed, Fernando Gamboa y Ariel Boldrini como protagonistas, el Gaby Amato gozó a comienzos de los 90′s con una impunidad que hasta el más menemista de los funcionarios debe haber envidiado.
Eso le permitió, por ejemplo, salir posando como un modelo en la tapa de una revista especializada en fútbol. Sombrero de cowboy, mirada de galán, camisa mostaza abierta, cadenitas de oro, pulserita rosa, jean y en patas (?). Una delicia de pibe.