Las Adilette, ese artÃculo de veneración para los futbolistas ochentosos, llegó a trascender las fronteras del vestuario para insertarse en la vida cotidiana: en la tranquilidad de un domingo en familia, en el merecido descanso post laburo, en una alocada noche de travestismo. En fin, cosas comunes de todos los dÃas (?).
Dicen, tan solo dicen, que el que sostiene el vaso de sangrÃa junto al cura es el Flaco Lamadrid. Nos desconcierta un poco el quiebre de cintura, eso en la cancha no lo hacÃa nunca (?).