¿Para qué ponernos a inventar una historia cuando la realidad es tan cruda? (?). Reproducimos parte de una entrevista que Diego DÃaz le dio a la revista Caras (nº 619) a mediados de los 90′s:
- ¿Alguna vez recibió propuestas homosexuales para acceder a un trabajo?
- Propuestas firmes no. Insinuaciones, varias veces. Cuando trabajaba en publicidad, en varias oportunidades me dijeron que si buscaba algo pase por el departamento o “llamame asà venÃs a probarte unos slips a mi casa”. Quizá piensan que porque uno es lindo es flexible. Yo, en esas cosas, soy totalmente inflexible.
Gracias inmensas a @Alotlikelife.
En sus inicios brilló en River como un delantero lleno de frescura y desparpajo. Marchó al exterior y a fuerza de corridas y goles se hizo muy conocido, sobre todo en Italia. Carismático, distinto, amado por los hinchas de cualquier equipo. Ese es Ariel Beltramo. Tan buen tipo que hasta se sacaba fotos con los harapientos que deambulaban por los pasillos del Monumental.
El Betito Carranza aún era un pibe que soñaba con hacer feliz a la gente de Racing, jugar 1000 partidos con esa camiseta y retirarse en el Cilindro de Avellaneda. Hasta que un dÃa lo agarró Ruben Paz y con la mano en el hombro le dijo: “Mirá, pibe, vos que sos joven tenés que aprovechar. Una vez que pases los 25 años y veas que ya diste todo, empezá a cambiar de club cada 6 meses, no le hagas asco a ninguna liga. Y si podés, no te retires nunca, bo“. El uruguayo era de dar consejos pero no de tirar flores. Las tenÃa todas en la malla.
El larva Saturno, quizás el jugador más antiestético de los 90′s. Viejo, pelado con pelo largo y barba. Cuerpo anormal, trayectoria errante, pero una particularidad que lo hizo único: la bicicleta. Esa jugada lo llevó al estrellato, lo hizo firmar para Boca, formar parte de Los Halcones y enfrentarse a Las Palomas, enceguecerse con los flashes, las mujeres, los excesos, ser perseguido por la prensa aún cuando estaba en la playa, vistiendo sólo una malla rosa fluo con un reloj pulsera y eligiéndole un pañuelo a su amorcito. La fama.
A pesar de la calidad de la imagen, observamos a un ruliento José Néstor Pekerman, en su época de jugador, en la ciudad de MedellÃn. Acompañado de Adolfo Froilán Mecca, jugador argentino también, se los ve a ambos desparramando setentismo simpsoniano (?) al palo por Colombia. El Tachero jugó en el DIM de esa ciudad entre los años 1975 y 1978, de hecho se retiró en ese club a los 29 años.
Ahà está el bueno de José entonces, quien, asà como no tuvo problema en su momento de mandar una carpetita a AFA con un proyecto para el fútbol juvenil, tampoco lo tuvo a la hora de animársele a la botamanga ancha.
Se terminaban los 80′s y Alberto Tarantini le decÃa adiós al fútbol. Fue asà como agarró los botines, ató un cordón al otro y se los puso alrededor del cuello, lugar común del jugador en retirada. Lo que nunca contempló el Conejo fue la posibilidad de ahorcarse ante un mal movimiento, como finalmente ocurrió.
Por suerte para él unos instantes después del accidente llegó un médico que le salvó la vida…con unas sabias palabras: “bajá esos pantalones, dale un respiro a los huevos”.
Ahora cualquier pibita que se pone de novio con un africano (?), pasa a la historia como “la Narcomodelo” y hasta vive sus 15 minutos de fama, pero antes la cosa no era tan sencilla.
Para ser identificado como un narcomodelo habÃa que ser futbolista, firmar para un club grande, ponerse una camisa blanca desabotonada, un sombrero y dos cintitas VIP del Cártel de Cali (?). Y recién ahà empezaban a saber quién era el Gaby Amato.