Aburguesados por tanta vida de hotel en una gira por Europa en 1988, el Flaco Lamadrid y Walter Fernández se hicieron una escapada a un parque de diversiones francés en busca de adrenalina.
Decididos a amortizar el precio de la entrada, que encima habÃan conseguido gracias a un cupón que habÃan recortado del diario, probaron todas las atracciones. Se subieron al toro mecánico y no les gustó. Intentaron con la montaña rusa y nada. Se sometieron al peligroso martillo y no les sacó ni una nausea. Se metieron al tren fantasma en busca de miedo, pero ya conocÃan al Negro Ludueña, asà que no les hizo ni cosquillas.
Un tanto resignados, fueron a lo fácil. Se mamaron con champagne del malo, pero estaban en Francia, parecÃa del bueno. AsÃ, mareados a la fuerza, se subieron a un mini samba y por fin tuvieron una sensación de pérdida de equilibrio, de borde del abismo. Rieron, gritaron, cantaron, vomitaron. Y Costas al lado, sobrio, firme, imperturbable. Y ahà fue cuando Hugo y Walter observaron el gesto de Gustavo y lanzaron el mÃtico “Y chupe, chupe, chupe, no deje de chupar…que Costas es lo más grande del fútbol nacional“. Bueno, no terminaba asÃ, pero la intención es lo que vale.
La nota de la revista Gente rescatada por el blog Esférico Balón muestra a un joven Antonio Mohamed, que allá por comienzos de los 90′s decÃa: “Yo soy asÃ, medio especial para muchos, pero la verdad es que me entreno como un verdadero profesional, trabajo como loco en el gimnasio. SÃ, claro que me gusta tomar sol, salir con chicas y bailar de vez en cuando. Pero ojo, tengo en claro que antes que nada está el fútbol. Me gustarÃa jugar en Europa pero antes salir campeón con Huracán y con la Selección en 1994“.
Sueños truncos al margen (?), el Turco aprovechó aquella ocasión para presentar a su hermano Rolo, que a pesar de sus tiernos 6 añitos ya le copiaba el look a su hermano, con vincha blanca y todo. Y estamos casi seguros de que el pibe declaraba “SÃ, claro que me gusta tomar nesquik, jugar a la mancha con las nenas y juntar figuritas de vez en cuando. Pero ojo, tengo claro que antes que nada está 1º grado” (?).
Porque un entrenador de la Selección Nacional tiene que lucir elegantemente. Nada de camperones o ponchos (?). Un director técnico como la gente te usa remera y gorra, pero arriba se pone el saco. A lo sumo mete camisa y corbata para ocasiones especiales, pero la gorrita siempre tiene que estar puesta. ¿O no, Checho?
Envuelto en un caso de soborno que le terminarÃa significando 1 año y medio de suspensión, Jorge Burruchaga se presentó ante la justicia francesa con su mejor cara de inocente y declaró: “Yo no tengo nada que ver, jué (?). Además, la valija que me llevaba para Argentina tenÃa ropa nomás. Incluso tuve que pedirle prestada esta camisa a un gitano” (?). Nadie le creyó. Pobre Burru.
Fue un error de interpretación, sin dudas. Estando en Sevilla, Diego Simeone fue a una tienda para comprarse una camisa y como todo nuevo rico pidió “la más cara“. El vendedor, tan sevillano como gallego, le terminó ofreciendo la indumentaria oficial de “La Máscara“, la pelÃcula protagonizada por Jim Carrey que en 1994 era furor en el mundo entero. El Cholo compró. Y chick chicky boom, chick chicky boom.
Era otro Bichi Fuertes, es cierto. TenÃa juventud, jugaba en Platense, no discriminaba (?) ni hacÃa publicidades para una marca de preservativos. Al contrario, tenÃa un perfil mucho más familiar que hubiese conquistado a los gerentes de marketing de Coca Cola…de no haber sido por esa manera poco sutil de manosearse el sogan por encima del boxer con dibujitos.
Recién arrancaba 1992 y el ascendente Gabriel Amato se mostraba al desnudo (?) en la revista Súper Fútbol. “Siempre fui igual, nunca cambié mi forma de ser ni la voy a cambiar ahora. Tan es asà que tengo amigos que vienen y me dicen: ‘te felicito porque nunca cambiaste’“. Y claro, los amigos seguro lo conocÃan desde que era chiquito y usaba la misma bufanda pero a la altura del cuello.