Juan Marcelo González (el Fantasma)
Empezando por su nombre tan común, continuando por el apodo y terminando por la barba candado, el Fantasma Juan González tenía todo para fracasar. Y para no defraudar al público de este sitio, lo hizo de manera estrepitosa en la Primera División.
Volante ofensivo aunque también delantero, debutó con la camiseta de Racing en el Clausura ’95, cuando el técnico Héctor Jesús Martínez lo mando a la cancha por Roberto Galarza en una derrota 2 a 0 contra el Deportivo Español. Al año siguiente, Alfio Basile le dio minutos en otros 2 partidos, siempre ingresando en el complemento. Lo mismo le pasó con Babington, en 1997, cuando lo hizo jugar un rato en un match ante Gimnasia. A esa altura, no se esperaba demasido de él.
Sin embargo, la llegada de Ángel Cappa en 1998 le abrió las puertas de lo desconocido: la titularidad. Igual, tuvo que remarla bastante. Primero, vio algunos partidos desde el banco y sólo pudo entrar en 4 oportunidades. Finalmente, el DT de bigotes se la jugó y lo puso de entrada en el clásico frente a Boca del Clausura de ese año. Un error tremendo.
El Fantasma, que ese día actuó como atacante, vivió su jornada más negra. En una jugada del primer tiempo, quedó totalmente solo adentro de área, con la pelota limpia y el arco de frente, pero definió horrible. Muchos hinchas, después de haber visto eso, pensaron en el obligado cambio por Perezlindo en la segunda parte. Pero no, Cappa lo bancó.
En el complemento, González confirmó que ni el pifie, ni el nombre, ni el apodo, ni la barba candado habían sido casualidad. Se comió otros 2 goles prácticamente hechos y despertó la ira de su entrenador, que entre puteada y puteada gritó “¿cuándo carajo vamos a hacer un gol?“. La suerte del pibe estaba echada. Para colmo, llegó la apertura del marcador por parte de Boca. Perezlindo entró por Zanello y González jugó los últimos minutos queriendo enterrar la cabeza hasta que llegó el segundo tanto xeneize y Elizondo marcó el final del partido. Chau, González, gracias por todo.
Un día apareció en Atlanta (2000 a 2004), donde se ganó el cariño de la gente gracias a su condición de amuleto (?). Idolatría barata al margen, quiso probar sus condiciones en el extranjero y por eso recaló en…¿Italia?, ¿España? Bue, ¿México? No, El Salvador. Allí jugó una temporada en el Águila (2004/05).
Fiel al significado de su sobrenombre, costó ubicarlo en los últimos tiempos. Dicen que en 2006 jugó el Torneo del Interior para Atlético Adelia Maria de Córdoba. Hay quienes afirman que estuvo en otros conjuntos del ascenso y hasta existen aquellos que aseguran haberlo visto otra vez al lado de Cappa. Pero no, se deben confundir con otro fantasma.
Armando Daniel Martínez
El sueño de todo jugador es llegar a Primera y jugar en la Selección, y muchos suelen unirse a las inferiores de Argentinos Juniors porque ven allí el camino más allanado para lograrlo. Ésta sería una historia común, tanto como el apellido del homenajeado. Sin embargo, la forma en que terminó en el complejo de Ezeiza y todo el camino previo, son dignos de destacar.
Con 17 años, dejó su Winifreda (La Pampa) natal para instalarse en Capital Federal. ¿A probarse? Sí, como estudiante, porque su idea original fue hacer la carrera de medicina en la Universidad de Buenos Aires, y de hecho comenzó.
Lógicamente que el fútbol le gustaba, había jugado como volante y delantero en su pueblo e integrado la Selección de la provincia, y gracias a un conocido de su familia se presentó en una práctica en el Bicho, donde convenció a José Pekerman y el profe Gerardo Salorio.
En 1985, hizo su presentación de la mano del Piojo Yudica, justo con el club de La Paternal en lo más alto del fútbol argentino. Mientras los titulares disputaban la Libertadores, él lo hacía en el torneo local con el resto del plantel.
En la edición copera de 1986 tuvo su gran chance y pudo cambiar la historia en el playoff de semifinal con River. Entró a los 83 minutos, y en un avance encabezado por Claudio Borghi, quedó sólo ante Nery Pumpido, pero levantó la pelota por encima del travesaño y Argentinos quedó eliminado.
Luego de ese episodio, prácticamente no tuvo más posibilidades. Siguió ingresando esporádicamente hasta 1987 (12 partidos oficiales) y dos años más tarde, abrumado por una lesión en la rodilla de la que nunca se pudo recuperar, decidió dejar la pelota y dedicarse de lleno a su otra pasión, la medicina, en la cual logró su primer título porque se graduó en 1993.
Dos años después, volvió al fútbol desde otro lado cuando recibió un llamado que lo sorprendió: José Pekerman lo citaba para ser parte del cuerpo técnico de selecciones juveniles.
“En Ezeiza me crucé más de una vez con Américo Gallego y como el Tolo siempre se acuerda de todo, me decía por lo del ’86: Gracias pibe, me hiciste ganar mucha plata“, contó en su momento a la revista El Gráfico.
Considerado uno de los más prestigiosos médicos deportólogos del país, también formó parte de la delegación argentina en el Mundial de Alemania 2006 y trabajó con el Checho Batista en las selecciones juveniles. ¿Ves, Ruggeri? Laburando se llega a la AFA (?).