Combinado de Santa Fe 1 – Argentina 4 (1981)

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En mayo de 1981 se produjeron graves inundaciones en varias provincias argentinas. Varios pueblos quedaron aislados por 25 días y sólo recibían ayuda mediante helicópteros y lanchas. La solidaridad de la Selección Argentina también dijo presente, prestándose a jugar un amistoso con un Combinado de Santa Fe, donde habitaban la mayoría de los inundados.

El jueves 18 de junio, en el estadio de Rosario Central, los “santafesinos” (o sea, futbolistas que actuaban en clubes de esa provincia) salieron a la cancha con Rubén Sánchez (Piccard); Ghielmetti, Simón (Daniel Pedro Killer), Bauza, Jorge García; Gaitán, Ricardo Roldán (Acosta), Alfaro (Mendoza), Fernando Husef Alí, Luque y Barrera (Orte). ¿El DT? Angel Tulio Zof.

El equipo de Menotti alineó a Fillol (Pumpido); Olguín, Luis Galván, Passarella, Tarantini (Olarticoechea); Barbas (Víctor Heredia), Gallego, Patricio Hernández; Santamaría, Brailovsky y Ramón Díaz. Quedaron en el banco de suplentes Valencia y Van Tuyne. Los goles fueron convertidos por Olguín, Díaz, Brailovsky y Hernández, descontando Bauza para los locales.

Argentinos Juniors blanca sin marca (1983)

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El arribo de Ubaldo Matildo Fillol a Argentinos Juniors, en 1983, estuvo atado a un conflicto que el arquero, vestido por Le Coq Sportif, había tenido con adidas: como no le dejaban usar el buzo del gallito en River, se terminó yendo al conjunto de La Paternal.

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Con la llegada del 1 de la Selección, el Bicho dejó la marca de las 3 tiras y pasó a usar su antigua camiseta del babero, aunque sin marca ni escudo, caso que ya hemos recordardo en este sitio, con el aporte de Te Acordás Bicho.

Claro que nos quedaba por destacar la casaca suplente de aquel año: totalmente blanca, logo de 7UP, cuello y puños en rojo. Minimalista. Nada más que eso. Ideal para que Domenech vendiera gaseosas en la cancha (?).

Kempes al Tottenham (1984)

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Goleador y campeón del mundo con Argentina en 1978, Mario Alberto Kempes tuvo una carrera brillante que comenzó a desdibujarse a mediados de los años 80, cuando se marchó a Austria, comenzando el betocarranceo que terminaría una década más tarde en el fútbol de Indonesia. Antes de todo eso, cuando aún estaba en plenitud, tuvo la merecida posibilidad de jugar en la liga inglesa. Acá, el recuerdo de lo que no pudo ser.

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Corría julio de 1984. Marito había terminado su segundo ciclo en el Valencia y esperaba continuar su carrera en Europa. Fue entonces que, a través de su gran amigo Osvaldo Ardiles (compañeros en Instituto y en la Selección) le surgió la chance de probarse (sí, probarse) en el Tottenham Hotspurs de Inglaterra.

Por aquellos días, el Pitón era una eminencia en el club de Londres, donde había conseguido dos FA Cup junto a Ricardo Villa. Sin embargo, Ricky se había ido y Ardiles necesitaba otro socio argentino, por eso sugirió la contratación del Matador.

Sin que se le cayera ningún anillo, Kempes aceptó la evaluación de los Spurs en un viaje de pretemporada por Suecia y Noruega, ante equipos de lo más falopa. En su debut, ante el Stjordal Blink, Marito hizo 3 goles (victoria 9 a 0) y los escandinavos no pararon de pedirle fotos. No podían creer que un jugador de su talla estuviera en esa gira, que también incluyó otros dos encuentros en los que el cordobés no pudo anotar.

Su cuarto partido con la camiseta blanca del Tottenham, el único que pudo disputar en Inglaterra, fue ante el Enfield. Ese día, los Spurs formaron con Clemence (Parks); Stevens (Brooke), Hughton, Roberts, Miller, Perryman (Thomas), Ardiles (Bowen), Kempes, Galvin, Hazard y Crooks. Demasiado para el modesto rival, que terminó perdiendo 7 a 0, con 4 goles de Crooks.

¿Y cuántos goles hizo Kempes? Ninguno, generando el comentario del 9 titular de ese equipo, Mark Falco: “Me sorprendió que Kempes no convirtiera, pero no creo que él tenga que probarse contra el Enfield”. Al Matador, se notaba, ya lo estaban haciendo a un lado.

La última chance del gran Mario fue ante el Niza, en otro amistoso en el que dejó su sello inconfundible. Medias bajas, gambeta y potencia, aunque no pudo convertir. ¿La rareza? Jugó con la 8 en la espalda.

Después de ese partido, a Kempes le dieron las gracias por todo, pero no le ofrecieron un contrato, así que tuvo que volver a España, donde firmaría para el Hércules de Alicante.

En la actualidad, Ossie y Marito conservan la amistad a través de Twitter. Y por lo que se aprecia, siguen tirando paredes:

Márcio Peres

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Márcio Vaucher Peres

Los noventa, la convertibilidad y el “deme dos” lograron que cualquier cosa que tuviera la etiqueta “Made in Brazil” se instalara, de manera casi incuestionable, en nuestro país. Así, sin darnos cuenta, y con suerte dispar, nos invadieron Xuxa, Axé Bahía, Terra Samba, É o tchan!, Derek López, As Meninas, Mara Maravilha, el Guaraná, pastores evangelistas a mansalva y, fundamentalmente, baldoseros con ganas de hacerse unos mangos, aprovechando la fortaleza del peso argentino frente al alicaído cruzeiro brasileño.

En 1993, Rosario Central, dirigido por Vicente Cantatore, no quiso quedarse afuera del fenómeno del momento y se llevó a cuatro brasucas al precio de tres. Así arribaron a Arroyito Alex Sandro Rossi, Juca y Fabio Giuntini, todos debidamente homenajeados en este sitio. Apenas el primero, que hoy lucha día a día contra su adicción al crack, pudo hacer pie en el fútbol argentino. Los otros debieron conformarse con sumar un sellito en su pasaporte antes de volver a casa.

Lo que desconocíamos hasta hoy era al último integrante de ese cuarteto brasileño que trató de tomar Rosario por sorpresa y fracasó en el intento. Con ustedes, Márcio Vaucher Peres.

Surgido de las divisiones inferiores del Grêmio de Porto Alegre, donde coincidió con Roberto de Assis Moreira, el hermano de Ronaldinho Gaúcho, Peres hizo sus primeras armas en el fútbol profesional como lateral por izquierda en Botafogo de Río de Janeiro en la segunda mitad de la década del 80.

Sin embargo, en el conjunto carioca nunca pudo afianzarse y años después encontró su lugar en el mundo dentro de su Río Grande do Sul natal con los colores de Internacional. ¿De Porto Alegre? Nah, uno un poco más modesto, el Esporte Clube Internacional de Santa María, un tradicional equipo gaúcho más acostumbrado a gambetear el descenso que a pelear campeonatos. Allí se convirtió en un histórico de la defensa y alternó buenas y malas con Alex Rossi, quien podría haber oficiado de nexo para su llegada a Arroyito.

Solo se alejó dos veces de Santa María, ambas en 1993. Primero cuando disputó el campeonato gaúcho para el Esporte Clube Guarani de Venâncio Aires y a mediados de año cuando estuvo a prueba en Rosario Central.

Son casi inexistentes los recuerdos que dejó en la Chicago argentina. Sin pinta de futbolista, apenas dijo presente una vez, en un amistoso ante Cerro Porteño de Paraguay, disputado en el Gigante. Pocas semanas más tarde estaba de nuevo en el Inter de Santa María, donde, suponemos, se retiró.

Recién volvimos a tener noticias suyas casi 15 años después, en 2008, cuando lo encontramos trabajando para la Academia de Futebol Ronaldinho Gaúcho, siempre de la mano del hermano de Dinho. Assis también fue el que lo llevó al Porto Alegre Futebol Clube como coordinador del programa Joga Alegre, dedicado a buscar jóvenes talentos en barrios carecientes de esa ciudad.

Hoy, alejado de los medios, vive en su Alegrete natal y se dedica a la venta de autos. Y así pasaba la historia de Vaucher Peres, un defensor brasileño entrado en kilos por el que nadie ponía un peso. Ni siquiera en épocas de vacas gordas.

Celta de Vigo 1 – Boca 0 (1999)

En su famosa gira europea de 1925, Boca Juniors había enfrentado al Celta de Vigo en dos partidos que arrojaron una victoria y una derrota, ambas por 3 a 1. Y nunca más volverían a cruzarse, hasta finales del siglo XX.

La posibilidad de desempatar el historial recién llegó el 15 de agosto de 1999, cuando el equipo campeón de Carlos Bianchi viajó a España, en medio del torneo Apertura, para enfrentar al Barcelona y participar, además, de la Copa Teresa Herrera.

Apenas un día después de ganarle a los paulistas, los Xeneizes tuvieron que enfrentar en la final al Celta de Vigo, que venía de eliminar al Depor, el equipo local.

La formación del cuadro argentino, como era de esperar, estuvo compuesta por muchos jugadores que habitualmente no eran titulares: Muñoz, Ibarra, Bermúdez, Matellán, Arrubarrena; Gustavo Barros Schelotto, Traverso, Cagna, Basualdo; La Paglia y Barijho. En el banco, se quedaron Córdoba, Samuel, Valdez, Serna, Pereda, Riquelme, Guillermo Barros Schelotto y Palermo, que habían actuado el día anterior.

Los célticos, mientras tanto, tenían al ruso Valery Karpin, al ruso israelí Haim Revivo y a Gustavito López, al mismo tiempo que en el banco esperaba otro argentino: Mario Turdó.

Como si el crisol de razas no fuera suficiente (?), el match lo terminaría ganando el Celta 1 a 0, con un gol del sudafricano Benny Mc Carthy, que este año fue asaltado a punta de pistola en una peluquería. Quizás la revancha se la tomó otro ex 9 de Boca.

Andújar Jorge

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Jorge Omar Andújar

Volante o marcador de punta derecho nacido en 1973 que comenzó su carrera en el ascenso argentino, debutando en 1992 en Talleres (Remedios de Escalada). Fácil: Javier Zanetti. Correcto. Pero hay otro futbolista que cumple las mismas condiciones. Aunque fuera de ese club no estuvo ni cerca de lograr el reconocimiento alcanzado por el Pupi. Valga la aclaración: mientras uno estuvo rodeado la mayor parte de su carrera de jugadores de primer nivel, el otro tuvo que esforzarse por resaltar en contextos siempre complicados.

El Zanetti que no pudo ser (?) hizo su aparición en Talleres cuando lo mejor del Albirrojo en el Nacional B ya había pasado: en su primera temporada (1992/93) el equipo navegó en mitad de tabla, al año siguiente (1993/94) la campaña fue aún más floja, finalizando en los últimos lugares, y su último campeonato (1994/95) terminó de la peor manera: en el fondo de la tabla y con el descenso a la B Metropolitana. Nombres como Hugo Donato, Cacho Córdoba, Sergio Bufarini, Adrián Dezotti, Claudio Zacarías y Sergio Merlini lo acompañaron a lo largo de sus 54 partidos (2 goles).

A pesar del hundimiento de los Tallarines, Andújar salió a flote: a mediados de 1995 se incorporó al Deportivo Español junto a otros refuerzos como Odriozola, Fernando Verón y Castagno Suárez. Mientras tanto, su némesis (?) viajaba rumbo a Italia para incorporarse al Inter, al igual que Sebastián Rambert y Roberto Carlos. Casi lo mismo, sobre todo en la campaña posterior: mientras que el que se trasladó al Bajo Flores solo alcanzó a disputar 3 partidos en la máxima categoría, el que viajó a Milano jugó un poquito más. ¿Y cómo le fue al Gallego ese año? Después de cumplir una gran actuación en el Clausura 1995 (4º puesto), con la llegada de Andújar terminó 18º en el Apertura. Culpable (?).

Definitivamente el fútbol de ascenso era su mundo y Talleres, su casa. Volvió a Escalada para formar parte de mediocres planteles entre 1996 y 1999. Claro, el entorno no era el ideal: ese año el club entró en convocatoria de acreedores y luego se decretó la quiebra. Su último registro en el fútbol profesional fue en Berazategui (1999/00), donde no pudo escapar de los problemas económicos: cansados por la falta de pago, los futbolistas fueron a la huelga. Aunque Andújar y varios compañeros más estaban al día (sus sueldos eran abonados por el empresario Antonio Rico), decidieron adherirse. Y por eso, recibieron una multa de $200. A esta altura, mejor ni pensar en que andaba el Pupi.

Años después, el Fútbol Senior los volvió a reunir. Cada vez que regresó al país, Zanetti y Andujar compartieron equipo otra vez junto a otras glorias de Talleres como Sandro Andreani, Roberto Besasso, los hermanos Yáñez y Jorge Reina. Todos con trayectorias bien opuestas a las de Il Capitano. Como para replantearse algunas cosas.