Islas parche Mita 1992

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Los partidos de verano también suelen dejar algunas perlitas en el vestuario de los futbolistas. Por la Copa Ciudad de Mar del Plata de 1992, Independiente venció a San Lorenzo por 4 a 1. Por el resultado del partido, se ve que Luis Islas no fue gran protagonista. Por suerte, ya que su vestimenta estaba muy lejor de enorgullecer el famoso paladar negro de sus hinchas. No se sabe si el buzo habitual quedó en Avellaneda o qué otro percance estival le sucedió al utilero, lo cierto es que en aquel partido Islas (en la foto junto a Boldorini, Meijide e Ibáñez) debió salir a la cancha con un parche publicitario (MIta) en su pecho para no quedar a destono de sus compañeros. Igual, no pasó desapercibido.

Chelo

Diazastroso, Diego

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Recién se iniciaba el verano del 92 y el actor/conductor/futbolista Diego Díaz se paseaba por las playas marplatenses destilando un innegociable mal gusto a la hora de vestir. Jardinero rojo (sin remera), vincha rojiblanca y protector labial. Por aquellos días, el Tinelli Boy que integraba el plantel de Platense (nótese la combinación archirrival de Díaz en su ropaje) se debatía entre la redonda y la pantalla como notero de canal 13. Finalmente, se decidió por el ambiente televisivo. Los hinchas, agradecidos…

Chelo

Beto Acosta 1991

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Que los hinchas de San Lorenzo se cansaron de gritar goles del Beto Acosta no es ninguna novedad, pero el goleador alguna vez tambien se encargó de evitarlos.
Por la última fecha del Apertura ’91, el Ciclon que dirigía el Nano Areán viajaba a La Plata para enfrentar a Estudiantes. San Lorenzo vencia al local por 2 a 0 (goles de Zandoná y el Beto) cuando a los 40′ del segundo tiempo Rubén Ruiz Díaz debió abandonar la cancha a causa de una lesión en el hombro. A partir de ese momento, el 9 ocupó el arco azulgrana durante 8 minutos, en los que detuvo un remate de gol de Aredes y un tiro libre de Trotta. Finalizado el encuentro, que clasificó a San Lorenzo a la Liguilla Pre – Libertadores, el Beto declaró a los medios que en su paso por Francia le tocó vivr una situación similar jugando para el Tolouse. En la foto, el festejo final junto a Ballarino, Monarriz, Matosas, Areán, Gustavo González y Cardinal.

Chelo

Jarast Sebastián

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Sebastián María Jarast
Nadie sabe cómo llegó, ni a donde partió este ignorado volante rionegrino con nombre de cuartetero nacido en Viedma el 5 de agosto de 1977, que se ganó un lugar en la Primera de Belgrano de Córdoba a fines de la década del noventa.
Con su pase en poder de gente de dudoso prontuario, desde su debut en 1999 hasta su salida a mediados de 2001, Jarast obtuvo la consideración de Ricardo Rezza, Enrique Nieto, Mostaza Merlo, Gustavo Alfaro o el DT de turno del Pirata.
Ingresando generalmente desde el banco de suplentes en las segundas partes, se dio gusto de jugar al lado de Coco Capria, Julio “le hice un gol a Quilmes y todavía vivo de eso” Mugnaini, Ariel Giaccone, Gastón Martina, entre otras glorias que pasaron por el conjunto cordobés.
Algunas lesiones impidieron que se desarrollara con mayor continuidad y a mediados de 2001 sufrió un duro revés cuando quedó libre por cuestiones económicas al igual que Luis Artime, Luis Sosa, Marcelo Amaya, Nicolás Godino, Heber D’Assise y el buscado Julio López.
Un viaje a Bolivia para defender los colores del Blooming le dieron la oportunidad de participar de la última edición de la Copa Merconorte, aunque luego de la desastrosa actuación de su equipo (último cómodo, con un punto) se le perdió el rastro. En 2003 sonó como posible refuerzo de Racing de Córdoba y desde entonces nunca más se lo oyó nombrar.
Se desconoce si durante su paso por el Pirata sus compañeros lo torturaban con los CD’s de la Mona Jiménez, provocando esto su gusto por el vino, y cambio de fisonomía mediante, sea el mismo que hoy hace sus delicias en el conurbano bonaerense.

KeyserSoze

Amarilla Roberto

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Roberto Ángel Amarilla
Zaguero paraguayo de curioso e interesante currículum, que sacó chapa por haber firmado con un club español cuando era un purrete y que transitó fugazmente por el fútbol argentino antes de darse a conocer en su tierra, donde tampoco fue gran cosa.
Nacido en Eusebio Ayala, a 80 kilómetros de Asunción, comenzó a jugar en los clásicos potreros hasta que un día lo vio Adolfino Cañete, aquel gran atacante de Ferro, y lo llevó para la Provincia de Santa Fe. Alto, flaco y con fama de buen cabeceador (sólo por la sangre guaraní), llegó a Atlético de Rafaela en la temporada 1998/99 y disputó 18 encuentros sin hacer demasiado ruido.
Truco de magia mediante, recaló en el Valencia de España (1999 a 2005) pero su insuficiente nivel y, por sobre todas las cosas, la dura competencia por un lugar en la defensa, sólo le permitieron jugar seguido en el Valencia B y ser prestado a otras instituciones, mientras los dirigentes esperaban la finalización de su largo contrato.
Casi como una mosca, lo fletaban pero volvía al primer equipo en las pretemporadas y a modo de justificación por una inversión que ya no daría rédito, los entrenadores lo ponían en los amistosos. Con ese currito disputó 17 encuentros no oficiales en el conjunto Che y, como si fuera poco, se dio el lujo de entrar un ratito en un partido de Champions League ante el Sturm Graz.
En condición de préstamo pasó sucesivamente al Getafe (2000/01), Badajoz (2001/02) y Racing Club de Avellaneda (2003), episodio fundamental en su carrera baldosera. Su paso por La Academia no fue malo ni mucho menos, pero en su brevedad alcanzó a entusiasmar a la gente con condiciones de crack y terminó defraudando como el peor, generando un comentario que encontraría eco: “¿Y éste jugaba en el Valencia?”.
Sus 2 goles en 11 partidos por el torneo Clausura ’03 y su participación en la Copa Libertadores con aquel equipo dirigido por Ardiles, lo convirtieron en un momentáneo referente de la defensa, a tal punto que la dupla que formó con el colombiano Orozco le dio nombre a un sketch del programa Arde Troya, donde Gabriel Schultz y Diego Ripoll encarnaban a dos policías: Orozco y Amarilla, obvio.
Al año siguiente quiso ser profeta en Paraguay y se las arregló para actuar en Libertad junto a Guido Alvarenga y Derlis Soto; y en Cerro Porteño, al lado de Aldo Bobadilla y César Ramírez Caje.
Después de la última limosna del Valencia (62 minutos en 2 amistosos de la temporada 2005/06) finalizó su relación laboral con los Murciélagos y comenzó a desbarrancar de forma evidente, aunque siempre en la misma zona. En la 2006/07 anduvo por la 3º división española, defendiendo los intereses del Burjassot, equipo de camiseta amarilla y violeta. Cuando se enteró que no estaba en Los Angeles Lakers y que Kobe Bryant se iba a demorar un poquito en llegar, armó las valijas y a mediados del año pasado recaló en la Unión Deportiva Alzira. Hoy, a la distancia, debe estar arrepentido porque se fue de un club que tenía los mismos colores que el oso de La Nueva Seguros.

Juan Pordiosero

Argentina pantalones celestes 1999

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La experiencia de la AFA con la empresa Reebok no fue de lo mejor. Después de tantos años de relación con la alemana adidas, Grondona se entusiamó con la jugosa oferta de la firma inglesa (80 millones de dólares por 8 años) y a comienzos de 1999 cambió de proveedor. El contrato debió interrumpirse antes de tiempo por problemas económicos de la marca británica (en 2001 volverían las 3 tiras) y como recuerdo de ese frustrante experimento quedaron un par de perlitas de innegable mal gusto. En junio de 1999 la Selección de Bielsa perdió 1 a 0 ante Estados Unidos en Washington. Pero eso no fue lo peor, sino que lo más feo estuvo del lado de la indumentaria argentina. Con unos horribles pantalones celestes (utilizados generalmente en los entrenamientos) debajo de las polémicas camisetas azules (con cuello blanco y la inscripción AFA ¡en dorado!) el conjunto nacional salió a la cancha para pasar vergüenza. Fue la última vez que se usaron esos cortos. Por suerte.

Juan Pordiosero