Referirse a Estudiantes en Chile, hoy por hoy, es pensar en sistemas educativos, reformas, movilizaciones, reclamos, incidentes, carabineros, gases y muchas cosas más, que no necesariamente tienen que ver con el fútbol. Sin embargo, hace poco más de dos décadas el Estadio Nacional de Santiago fue testigo de un partido bastante extraño: la selección chilena contra Estudiantes de La Plata.
En la noche del miércoles 12 de agosto de 1992, ante 4 mil espectadores, el Pincha dirigido por Daniel Romeo formó con Merlo (Sanelli); Prátola (Squadrone), Fontana, Erbín y Ramírez; Siviski (Iribarren), Suárez (Ponte), París (Soto) y Capria; Percudani y Carracedo.
Los trasandinos, por su parte, pusieron en la cancha a Toledo; Mendoza, Fuentes, Margas y Vilchez; Musrri, Gómez (Castillo), Pizarro y Vega; Cofré (Castañeda) y Zambrano.
Pese a los goles de Capria y Erbín, el amistoso lo terminaría ganando el conjunto local por 4 a 2.
(Gracias a Cucu y futbolvintage)
¿Cómo olvidar a aquel glorioso equipo noventoso de la Juventus? Tenía grandes jugadores, tenía personalidad, tenía estilo y, por sobre todas las cosas, tenía EPO, la sustancia que, según se supo años más tarde, le permitió mejorar el rendimiento físico del plantel, favoreciéndolo a la hora de conseguir títulos nacionales e internacionales.
Aquel conjunto italiano se dio una vuelta por la Argentina, en diciembre de 1994, para enfrentar en sendos partidos a Vélez Sársfield y a San Lorenzo de Almagro. Al Fortín, que venía de consagrarse campeón intercontinental, le ganó caminando por 2 a 0. Pero con el Cuervo la cosa no le fue tan sencilla.
En los 90 minutos, disputados en un poco colmado Estadio José Amalfitani, argentinos y tanos igualaron 2 a 2. ¿Los goles? El Pampa Biaggio y Netto (de penal) para el Ciclón; Gianluca Vialli y Conte para la Vecchia Signora.
En los tiros desde el punto del penal, se lució Angelo Peruzzi, conteniendo los remates Biaggio y Netto, y viendo como el Diablo Monserrat estrellaba su remate en el travesaño. La figura, sin embargo, fue el gran Gianluca Vialli, quien la picó en el último penal y se tuvo que comer un pelotazo de Oscar Passet. Genio.
De esa manera, Juventus se quedó con la Copa Omar Sívori. Y sí, con EPO cualquiera (?).
A mediados de 2002, mientras el país se venía a pique, River Plate se fue a hacer una gira por los Estados Unidos con la ambición de escaparle al invierno, sumar algunos dólares y, ya que estaba, presentar a su nuevo directo técnico: Manuel Luis Pellegrini Ripamonti.
Por aquellos días y a modo de halago, al Chileno se lo sindicó desde nuestro medio como El Pékerman Trasandino, mote que al aludido jamás le causó orgullo y que el tiempo finalmente descartó ya que, a diferencia del Tachero, El Ingeniero jamás dirigió clubes tan pedorros.
En fin, por el cuarto partido de aquella gira El Millonario venció por 3 a 2 al Glasgow Rangers de Escocia con goles de Celso Ayala, Víctor Zapata y Maxi López, descontando Arveladze y Amoruso para los británicos.
Aquel poco recordado partido se jugó en el mítico Giants Stadium de New Jersey, donde se realizaron varios recitales de Amnesty, Pink Floyd finalizó su última gira (The Division Bell) y The Police se despidió para siempre de los escenarios.
Claro, ese mismo Estadio Mundialista que fue demolido a mediados de 2011, mas o menos para la misma época en la que River se fue al descenso y el Glasgow Rangers desapareció del mapa.
Lo que se dice, un auténtico suicidio en masa.
El estadio de Ferro Carril Oeste, eterna guarida de aquellos clubesque por distintas circunstancias no tienen cancha, también ha visto pasar por su gramilla una infinidad de partidos a beneficio, o simplemente amistosos de cualquier índole, prescindiendo incluso del dueño de casa. Juega equipo A contra equipo B. ¿Dónde lo hacemos? ¿En la cancha de C? No, en la cancha de Ferro.
El Arquitecto Ricardo Etcheverri también fue el escenario elegido en diciembre de 1979 para el duelo entre el Deportivo Español, flamante campeón de la Primera C, y el Rayo Vallecano, conjunto ibérico que contaba con el uruguayo Fernando Morena.
A pesar de que el Potrillo se sacó una foto con el arquero Pedro Catalano, el que se llevó la mayoría de los flashes fue el otro delantero de los españoles, Alvarito, quien anotó dos tantos en el empate 2 a 2 frente a los argentinos, que ese día, ante los pocos espectadores que se habían acercado a Caballito, celebraban su ascenso a la Primera B.
Un verdadero duelo multimedia (?) fue el que protagonizaron, allá por agosto de 2002, el Manchester United del inmortal Alex Ferguson contra el Boca Juniors del vilipendiado Oscar Washington Tabárez, en el marco de ¡la UEFA Champions League!… o al menos, eso fue lo que nos mostraron en el cine.
El partido, a beneficio de UNICEF, contó con toda la parafernalia de un típico match de la Premier League, a saber: puteadas para los visitantes, pierna más que fuerte los noventa minutos y, por sólo dos Libras, un programa oficial para conocer mejor a aquellos aborígenes jugadores que habían llegado de la tan lejana Argentina.
Pero, además, el encuentro marcó el debut de Rio Ferdinand con la casaca de Los Diablos Rojos y los regresos de David Beckham y Juan Sebastián Verón tras sus tan publicitadas vacaciones en Corea y Japón, donde, casualmente, se había jugado un Mundial de fútbol.
A los bifes, el United le obsequió una paliza histórica al Xeneize, venciéndolo 2 a 0 con tantos del holandés Ruud Van Nistelrooy. Sin embargo, son más recordados algunos acontecimientos tales como: la caricia con el codo que le regaló Tévez a la cara del Colorado Scholes y el “arrugue” de Verón cuando se le fue al humo el entonces pibe Nicolás Burdisso.
Cumpliendo con los requisitos de un Repartido que se precie de ser tal, el encuentro quedó inmortalizado ya que, durante años, una instantánea de Schiavi y Solskjaer ilustró la portada de los Pro Evolution Soccer piratas y, además, la película “El Día Después de Mañana” incluyó imágenes del encuentro, siendo vista esta cinta por más de 50 millones de espectadores a lo largo y ancho del planeta. Y, precisamente, en la escena del partido se vio lo más tétrico de este clásico del cine catástrofe.
En principio, es extraño que un relator de la bienvenida a los 63 minutos con el partido 3 a 1 a favor de ¿los visitantes? ¡Si, los visitantes! Ya que, aunque claramente se trata de Old Trafford, se lo presenta como Glasgow, Escocia, donde el Celtic, con su curiosa camiseta azul y oro (?), recibe al Manchester United. Además, el personaje escocés que mira el encuentro –demasiado enfervorizado para haberse subido a la trasmisión a mitad del segundo tiempo- grita el gol de Los Diablos Rojos, en un típico caso de doblecamiseteo extremo o, al menos, antipatridismo (?) feroz.
Y por último, aunque fue glorioso un remate apenas desviado de Héctor Bracamonte ¡desde mitad de cancha!, el director prefirió incluir una escena que mostraba toda la rapidez de reflejos del Pato Abbondanzieri. Con razón perdieron el Oscar a los Mejores Efectos Especiales. ¡Pintate un mechón, Roland Emmerich!
Un programa de cocina tailandesa conducido por Nery Pumpido y musicalizado por los pedos de Ronald Reagan tiene más sentido que este amistoso dado a mediados del 2011. Dice la leyenda que una fría noche Julio Comparada se acostó preocupado: Necesitaba seguir currando con Independiente ya que en poco tiempo su gestión se terminaba. Fue en ese momento que se sumergió en un profundo sueño donde se le apareció repentinamente C*rl*s M*n*m para guiarlo en ese difícil momento por el que toda lacra empresarial disfrazada de presidente pasa: Su hijoputismo se quedaba sin nafta. El amigo de Fernando Niembro le contó de un lugar mágico en el cual podía ir a humillar un poco más su era, alcahuetearla un poco y lucrar algunos mangos: Estados Unidos de Norteamerica. Sobresaltado, Comparada saltó de su cama, se puso una camisa que compró con la plata del pase de Oscar Ustari, saludo a Panam que aún seguía entredormida (?) y arregló todo para una serie de amistosos en la tierra del pollo frito.
Uno de esos partidos, disputado el 27 de Julio, es el que tuvo como protagonista a El Rojo y al Portland Timbers, un equipo con nombre de supermercado local con una amplia selección de vegetales y aguas minerales. No sé porque. Comandados por Antonio Mohamed, los de Avellaneda pusieron un equipo muy parecido al que había obtenido la Copa Sudamericana meses atrás: Hilario Navarro en el arco, una defensa compuesta por Javier Baez, Eduardo Tuzzio y Julián Velázquez, Nicolás Cabrera, Cristián Pellerano, Hernán Fredes, Maximiliano Velázquez e Iván Pérez en el mediocampo y, finalmente, Leonel Núñez y Facundo Parra a cargo de la ofensiva. Por el lado de los norteamericanos el equipo era una incógnita, ya que se trataban de varios suplentes y jugadores de la reserva. Sabemos que, como en todo buen equipo de soccer yankee, había un Mike, un Peter, un Freddie, un Kenny y un Brian, sumado a alguna de esas porristas rubias que se ubican en las tribunas gritando “Go Portland, Go!” y que luego nutren los pasillos de RedTube.
El resultado final fue un 2 a 0 favorable para los El Portland de las Mascotas, con goles de Sal Zizzo (!) y Brian Umony. El dato quizá más relevante de todos es que este fue el último amistoso disputado en la era comparadista. A tono con su presidencia.
Si ya de por sí Racing es una aventura constante sin salir de Avellaneda, imagínense el cúmulo de situaciones por las que puede llegar a pasar un club de esas características girando por África. Bueno, mejor no se lo imaginen. Recuérdenlo.
Hacia finales de los años 80, La Academia era un cuadro que estaba acostumbrado a estar de gira, y no sólo por la presencia de su técnico, Alfio Basile. Después de realizar un recorrido por Asia y Europa en 1988, un par de años más tarde la dirigencia planeó un viaje de 17 días por el continente negro, sin tener en cuenta los riesgos que eso podría acarrear.
No simplemente se ponía en juego el prestigio enfrentando a equipos africanos, eso era lo de menos. También estaba en peligro la salud de la delegación, cosa que después se terminaría comprobando.
Racing empezó aquel periplo el 1º de agosto de 1990, con una victoria 3 a 0 sobre la selección de Benín, en la ciudad de Porto Novo, su capital. Cuatro días más tarde empataría 1 a 1 en Togo, ante el combinado de ese país. Y no sería el único empate de la gira, porque también igualaría 1 a 1 con Costa de Marfil y 0 a 0 con Burkina Faso.
En el medio, hubo tiempo para una derrota 3 a 0 ante el Asek de Costa de Marfil. Aunque algunas versiones indican que en realidad la caída fue 3 a 1 y que el árbitro bombeó a los argentinos, de tal manera, que convalidó los 3 goles africanos en posición adelantada. Cosas que se dicen.
Al margen de los resultados, Racing cosechó muchas anécdotas en el viaje. Por empezar, uno de sus jugadores, Osvaldo Escudero, fue recibido casi como un héroe en Costa de Marfil, ya que 9 años antes había visitado esas tierras siendo jugador del Boca de Maradona. Tanta buena impresión había causado el Pichi, que dos futbolistas locales habían pedido permiso a la federación para cambiarse el nombre y pasar a llamarse “Escudero”. Increíble.
Como si fuera poco, La Acadé se trajo un futbolista marfileño para evaluarlo en Avellaneda. Sékou Bamba de Karamoto, así era su nombre, se probó unos días pero no convenció. Indignado, caminó un par de cuadras para jugar en Independiente, pero también lo rebotaron.
La situación más llamativa, sin embargo, no fue nada simpática. Al regreso de la gira por África, el arquero de La Academia, Carlos Ángel Roa, debió ser internado por padecer paludismo, una enfermedad que se contagia por la picadura de insectos. Según lo comentado en su entorno por aquellos días, toda la delegación de Racing había ingerido los medicamentos para evitar ese tipo de enfermedades. Todos menos Roa, que por pertenecer a la religión adventista se habría negado a tomar la medicación.
Meses después de aquel episodio que lo tuvo al borde de la muerte, el arquero volvió al fútbol y negó que la religión hubiese tenido que ver, contradiciendo al Presidente Juan De Stéfano… ¡e incluso a su propia madre!
Una gira bien a lo Racing.
Gracias a Museo Racing Club por las fotos.