
Roberto Enrique Gordon (Flash)
Desde ya que es digno merecedor de la baldosa un tipo que irrumpe en la primera de un equipo grande, juega un puñado de partidos, roba cámaras con un par de goles y a partir de ese momento su carrera entra en un misterioso tobogán del que no hay muchas precisiones. Pero si a todo esto le sumamos un buen apodo y un misterioso retiro a los 25 años, la mesa está servida entonces para conocer, hasta donde podamos, a Roberto Enrique Gordon.
Ya empezamos mal, porque no sabemos con exactitud dónde ni cuándo nació. Sacando cuentas y haciendo cálculos, suponemos que debe haber venido al mundo allá por el año 1962 cerca de la zona norte del conurbano bonaerense. ¿Por qué semejante afirmación geográfica? Porque sus primeros piques no fueron detrás de una redonda sino con una ovalada en la mano defendiendo la camiseta del Club Atlético San Isidro.
Delantero de área, con potencia y dos frondosas patillas, recaló en las inferiores de River y las atravesó de lado a lado. Arrancó en la prenovena y no paró hasta que le llegó el día del debut contra Vélez en el Monumental. Pero parece que la cosa no salió del todo bien: «…mi primer partido no fue muy bueno. La hinchada me insultó. Llovía mucho y, como yo era grandote, la cancha pesada me mató…».
Sin embargo nuestro héroe sabía muy bien dónde estaba parado: «…a la otra fecha cambié los insultos por aplausos. Pero River es un equipo exigente, y hasta a los grandes ídolos se los ha insultado. Encima, al jugar de delantero hay que meterla obligatoriamente. Las reglas del juego son así. En otro equipo podés correr un poco, tirarte al piso, y con eso alcanza. Acá no…».
Luego de ese comienzo irregular, el destino le iba a obsequiar un regalo impensado: la fama. Tras las convocatorias de Leopoldo Luque y Ramón Díaz a la Selección argentina, Labruna lo tiró a la cancha en un partido clave contra Newell’s por los cuartos de final del Nacional 1980. Y dos goles de nuestro homenajeado transformaron el 2-1 parcial de los rosarinos en un 3-2 para los de Núñez. Al finalizar el encuentro, el técnico no dudó y lo bautizó Flash, cosa que evidentemente fue del agrado de Gordon: «…me fui enterando de que este superhéroe era como un salvador, y me gustó que me llamaran de esa forma. Incluso, varios me decían que también me parecía físicamente al personaje».
En 1981 y ya bajo la batuta de Don Alfredo Di Stéfano, no pudo afianzarse del todo pese a que hubo alguna que otra aparición salvadora con gol incluido para ayudar a que River avance y gane el Nacional de ese año.
Definitivamente sin lugar, se fue a un Quilmes (1982) que buscaba desesperadamente mantener la categoría. Allí, aparte de compartir plantel con Clide Díaz y Omar Labruna no pudo evitar el descenso. Pero ese no fue el único mal trago, ya que cuando enfrentó a su ex club, lo atendieron de lo lindo: «…me extrañó, apenas lo conozco y no habíamos tenido ni siquiera un roce en todo el partido. Yo no quiero entrar en polémicas porque supongo que habrá sido cosa del momento. Pero Nieto me pegó una trompada en las costillas cuando pasé al lado de él, volviendo de una jugada. Lo miré y no me dijo nada, me sorporendió: fue sin la pelota y sin ningún motivo aparente. Qué se yo… estaría enojado con alguien y se la agarró conmigo…».
Pero la vida, caprichosa, lo llevó nuevamente a River (1983) y lo juntó nada menos que con el mismo Nieto. Conoció a Bica y a Messina, erró un gol increíble contra Argentinos en cancha de River por el Nacional y su carrera entró, por lo menos para nosotros, en un espeso banco de niebla,
Se comenta que anduvo por Tigre. Los más osados juran saber acerca de un fugaz paso por el Huelva de España. Lo concreto es que antes de colgar los botines se lo pudo ver en San Miguel (1985) compartiendo vestuario con Darío Gabriel De Andrade y bajo la dirección técnica de Rubén Glaría. Lo último que supimos, sin mucha precisión tampoco, es que labura de visitador médico y dirige técnicamente al equipo de fútbol de su hijo.
Resumiendo, son más las dudas que las certezas. Pero tampoco está del todo mal que así sea. ¿O acaso no es normal que la vida de un superhéroe tenga cierto misterio?