Mercado Jorge

mercadojorge.jpg

Jorge Horacio Mercado
Perteneciente a la raza de futbolistas que debutan tardíamente en Primera División, tuvo la chance de mostrarse en Independiente con casi 23 años, gracias a una crisis futbolística que permitió que algunos chicos de las inferiores aparecieran bajo la tutela de Menotti en 1998. En su estreno, el 5 de mayo de ese año, colaboró con la victoria del Rojo 1 a 0 ante Colón, cortando una racha de 3 partidos sin triunfos.

Generalmente actuando como volante por izquierda (carrilero, para algunos) sirvió en algunas ocasiones para tapar huecos ocasionados por lesiones o sanciones. Pero no más de eso. A la par de Carlos Castilla, Gustavo Nuñez, Orellana, Livio Prieto, León Bustos y Zelaye terminó perdiendo valor y en la temporada 2000/01 pasó al Deportivo Español, que transitaba la Primera B.

Un año más tarde, para el Apertura ’01, retornó a Avellaneda y vivió de cerca el título…de Racing. Ante ese panorama, la posibilidad de jugar en una liga de poco handicap se convirtió en algo firme. Así fue como desembarcó en Bolivia y durante el 2002 defendió la divisa de San José de Oruro. Y parece que le gustó ese país porque en los últimos años, ya ni siquiera entreverado en la competencia más relevante, se lo vio regalando prestigio en la Primera A de la Asociación de Fútbol de La Paz. Osea, la nada misma.

Allí vistió las camisetas de algunos equipos muy raros, como Regatas Flamenco y ABB (Academia Balompié Boliviano), y cada tanto se da el lujo de aparecer en las formaciones que publica el blog del ascenso local. Lo que se dice triunfar.

Juan Pordiosero

Cippolatti Cristian

cipolatti.JPG

Cristian Alejandro Cippolatti (Pipo)
Delantero de apellido ilustre más relacionado a la música que al fútbol, que jamás pudo pasar desapercibido por ello ni evitar que lo apodaran Pipo. Inclusive, es también portador de una importante y colorada cabellera.
Sin embargo, a diferencia del líder de Los Twist, no quiso ser de Estudiantes y se fue probar a Rosario Central donde realizó las inferiores y de la mano del eterno entrenador de juveniles Alberto «Hijitus» Gómez, logró llegar a primera división.
Fue un sólo partido y sin éxito, ante Lanús, pero de todas maneras vivió su momento de gloria cuando en enero de 1998 estando de pretemprada en Tandil, los de Russo se enfrentaron con la selección Argentina y Cippolatti marcó un gol.
Fue victoria de 2 a 1 para los de Passarella, ¿pero quien le quita lo bailado?
Sin lugar en el Canalla al igual que Rubén Villarreal, Lapisonde, Rochi y Diego José, el punta bajó al Nacional B para vestir los colores de Deportivo Morón (1998-1999) donde no tuvo grandes posibilidades y por lo tanto no fue responsable de la mala campaña del equipo, que a raíz de ese rendimiento y repetir uno similar al año siguiente, perdió la categoría.
Tras desvincularse del Gallo, pasaron varios años sin aparecer por ningún lado y se temió que emulando al amigo de Charly García, se haya encerrado vaya uno a saber a qué.
Lo cierto es que pasaron los años y el retorno a su ciudad fue obligado. Sunchales lo recibió con los brazos abiertos, en especial el club Libertad (2004-2007) donde se cansó de inflar redes a nivel local y Argentino B y ser un goleador histórico en la institución.
Tan bueno fue su rendimiento que dijo tener dos ofrecimientos del fútbol italiano y hacia allí partió. A las semanas estaba de vuelta justificando que la carencia de la ciudadanía lo privó de esa posibilidad.
De nuevo en casa, volvió a ser figura, pero no sólo él, ya que compartió cartel con reconocidos valores como el entrenador Frank Kudelka y los jugadores Martín Ligori y Edgardo Parisi, paradójicamente otro con apellido musical.
En el 2007 se lo quiso llevar 9 de Julio de Rafaela, pero por esas cosas del destino no se dio y se salvó de ser fustigado por el mundo futbolero que vio al entrenador y jugadores de ese equipo, arreglar un partido en pleno campo de juego.
Esta es la historia de un jugador de pueblo que llegó a la élite y tras no poder mantenerse, retornó a despuntar el vicio cerca de los suyos. Sin grandes triunfos pero tampoco importantes derrotas, a su carrera le faltó una cuota de emoción, justamente lo que un relator intentó imprimir en un gol, y bastante lejos estuvo.

Cucu

Long Marcelo

longmarcelo1.jpg

Marcelo Eduardo Long
Conseguir una foto suya, verán, costó. Tampoco fue fácil seguirle el rastro, ya que en cuestión de semanas pasó de jugar en Primera a lucharla como un obrero más en una liga regional.

Nacido en Posadas (Provincia de Misiones) en 1982, este volante creativo dio sus primeros pasos en los típicos clubes de barrio de la tierra colorada. Más tarde pasó por las divisiones inferiores de Mitre y Guaraní Antonio Franco hasta que el ex futbolista Lucas de Filippi le consiguió una prueba en Colón de Santa Fe.

Así fue que con la llegada del nuevo milenio abandonó su tierra natal por un rato: «Me costó mucho adaptarme. Llevó su tiempo ponerme a punto en lo físico principalmente para después rendir en lo futbolístico. Pero la verdad que todo el esfuerzo vale la pena» contó tiempo después.

En el Sabalero, sin que nadie lo notara, pasó de la Reserva a la Primera de la mano de Jorge Fossati. Fue el uruguayo quién le dio minutos en cancha, y Long, tipo agradecido si los hay se deshizo en elogios: «Fossati tuvo mucho en cuenta a varios pibes y por eso yo llegué a primera. A mí me dio mucha confianza cuando me tocó jugar y por suerte no me pide nada del otro mundo, sólo lo mismo que realizo en los entrenamientos o en los partidos de la reserva. Tuve una muy buena temporada pero puedo dar mucho más todavía. Jugué sólo seis partidos. El primer partido que me tocó con la primera fue ante Independiente. También entré contra Newell´s, Central y Lanús».

Sus días de fama y gloria se terminaron en 2003 cuando quedó libre y tuvo que irse a jugar a Rivadavia de Lincoln (2003/2004), donde es probable que haya conocido a Fabio y Leandro, dos de los hermanos del rústico Flaco Schiavi.
A mediados de 2004 se tomó un avión para irse a jugar al Envigado de Colombia. En tierras cafeteras duró poco y antes de fin de año estaba vistiendo los colores de Atlético Candelaria (2004/2005 y 2006) en su querida Misiones. En el interín se hizo un tiempito para unirse a San Martín de Tucumán (2005/2006).

Durante su estadía en el equipo de La Ciudadela convivía con seis compañeros (Luciano González, Juan Elúa, David Robles, Esteban Salvatore, Jesús Díaz y el santiagueño Martín Nieva) en la que denominaban la casa de Gran Hermano. Este hecho provocó que les hicieran varias entrevistas en los medios y sus compañeros de ruta aprovecharon para boludearlo un rato. «Long tiene gonorrea en la cabeza. Se lava con jabón en pan, el Federal, ese blanco para lavar la ropa». acusó David Robles. «Escuchamos Ráfaga, La Mona Jiménez, La Nueva Luna. A todos nos gusta menos a Long. El es muy fino y anda con su disc-man. Además, no se puede dormir sin aire acondicionado» tiró Walter Molina. También la ligó por desordenado.

En cuanto a lo futbolístico, arrancó como titular y perdió el puesto con Carlos Morales Santos. A fin de año, Carlos Roldán le comunicó que no lo tendría en cuenta para el próximo torneo y Marcelito aprovechó para pegarle: «A la hora de buscar una explicación me gustaría que si Roldán creía que yo actuaba mal en mi vida privada, me lo dijera. Nunca salí de noche. No he faltado ni un día al entrenamiento ni me he peleado con el técnico. Me gustaría seguir jugando en Tucumán. No quiero retroceder en mi carrera.»

De la tierra de Palito Ortega, al menos, se llevó la amistad de sus compañeros de casa y de uno que se rasca los huevos.Desde comienzos de este 2007 juega en Real Arroyo Seco, donde vive baldoseando all day Long.

KeyserSoze

Claudinho

claudinho.jpg

Claudio Marquez de Souza (Claudinho)
Pocos brasileños logran mimetizarse con el paisaje del ascenso argentino. No encajan, quedan colgados o simplemente sucumben ante una dificultad que no acepta demasiada discusión: no están hechos para ese microclima que encierra el fútbol sabatino.
Sólo algunos logran confundirse con el resto. Y Claudinho fue uno de esos. Le costó, claro. Pero por un breve lapso se transformó en un mortal más para los futboleros de las categorías menos difundidas.
Arribó en agosto de 1997 para incorporarse a Argentino de Rosario y de entrada sintió el rigor de la discriminación: «Cuando llegué, el chaqueño Andrés Aibes (un compañero de equipo) me invitó a Zarapatusa (un pub bailable, muy de moda por entonces) a tomar algo. Cuando me tocaba entrar, un tipo que estaba en la entrada me dijo: ‘Vos no entrás porque sos negro’. Yo no entendía nada porque recién había llegado y no comprendía el idioma. Pero el chaqueño se calentó, y casi se arma. Después recuerdo que me ofrecieron disculpas las autoridades de Migraciones, y yo les dije que estaba todo bien, que no pasaba nada. En aquel momento algunos me insistían para que hiciera una denuncia por discriminación, pero al final decidí que no valía la pena», dijo al Diario Olé.
Centrado y conciente del lugar que ocupaba, no se apichonó y siguió trabajando en pos de una mejoría. Después de unos meses con el Salaíto en la Primera B, en 1998 pasó a préstamo a Platense, equipo que le dio la chance de actuar en la máxima división junto a Cancelarich, Váttimos, Chatruc, Hanuch y Paulo Miranda, entre otros. Sin el rodaje suficiente (abonado a la Reserva) se dio cuenta de que no todo era color de rosa.
En 1999 retornó a Argentino y rápidamente obtuvo el ascenso al Nacional B, categoría de la que se despediría al año siguiente con un anunciado descenso. En el segundo semestre del 2000 se cruzó de vereda y actuó para Central Córdoba de Rosario. Ya no fue el mismo delantero desequilibrante, pero al menos dejó el recuerdo de una hermosa pelea con su compatriota Elvis Sá en un encuentro ante Quilmes. Después se amigaron.
Luego de un regreso en 2001 a su querido Salaíto, este hombre nacido en Ouro Preto y con pasado en el América de Belo Horizonte (donde tuvo de compañero a Toninho Cerezo), quiso dejar su huella imborrable para los amantes de lo escaso, de la forma en la que lo hacen los grandes. Desapareciendo. Dejando lugar a miles de conjeturas sin sentido. ¿Se habrá retirado?, ¿se habrá muerto?, ¿andará firmando petitorios para un movimiento pro-Chespirito?. Nada de eso. Estamos seguros de que es alguno de los tantos Claudinhos que hoy gastan tapones en las canchas del ascenso brasileño. Ahí donde todo es tan precario como lo nuestro. Ahí donde, haciendo fuerza, cualquiera puede cerrar los ojos e imaginarse en el Barrio Sarmiento.

Juan Pordiosero

Rodallega 2007

voyalarcorodallega.jpg

La Copa América de Venezuela no sólo dejó una nueva derrota del conjunto nacional en la final ante Brasil. También aportó material para En Una Baldosa.
Ya eliminados de la competencia, Estados Unidos y Colombia jugaban para cumplir. El seleccionado cafetero se impuso por 1 a 0 con la particularidad que, en los últimos minutos del partido, ante la expulsión del arquero Robinson Zapata y luego de haber agotado los tres cambios, el delantero Hugo Rodallega se calzó el buzo e hizo las veces de René Higuita, aunque para hacerla completa le faltó tirar el escorpión.

KeyserSoze