Trapasso: Dogos, Orión es argentino

Valorado como arquero, referente, campeón con varios equipos, cuestionado por sus célebres cagadas en partidos clave, sospechado de dividir vestuarios, repudiado por algunas situaciones extrafutbolísticas. Siempre protagonista, nunca ignorado. ¿Cómo Agustín Orión se iba a salvar de tener una bandera?

Nos situamos en noviembre de 2007. San Lorenzo de Almagro, de la mano de Ramón Díaz, venía de consagrarse en el torneo Clausura y tenía la intención de repetir en el Clausura, aprovechando las facilidades de un campeonato encualquierado que tendría peleando hasta el final a varios equipos chicos y que finalmente terminaría ganando Lanús.

Por aquellos días, también, otro equipo no tan popular se llevaba las miradas de propios y extraños: Los Dogos, el primer equipo gay de fútbol en Sudamérica. Habían nacido en 1997 y una década más tarde se consagrarían Campeones del Mundo representando a la Argentina. Si bien no era el único equipo nacional (había otros tres), usaba los colores de la Selección. Suficiente para que muchos se sintieran identificados.

La vuelta olímpica en la cancha de Defensores de Belgrano no pasó desapercibida. El título mundial, más un reconocimiendo de la AFA, los subió a una gira mediática que incluyó el living de Susana Giménez. El sueño del pibe (?).

Algunas semanas más tarde de aquel éxito de Los Dogos, San Lorenzo recibió a Huracán, por la 15º fecha del Apertura ’07. En el arco local, estaba Agustín Orión, al que todavía le quedaban algunos cartuchos para quemar en el club. La fatídica Copa Libertadores de 2008 aún era lejana.

Ese día, en el Nuevo Gasómetro, aparecieron algunas banderas más o menos ingeniosas, pero la que se llevó todos los aplausos fue una que estaba ubicada en la popular del Globo (llorá, todavía había visitantes) que decía “DOGOS: ORIÓN ES ARGENTINO”. Creativo, actual, punzante. Un muy buen trapo, al que por supuesto le sobraba discriminación. Pero pongamos todo en contexto. En una cancha de fútbol, esa bandera es una sutileza.

Con un cabezazo de Paolo Goltz, Huracán le terminaría empatando ese clásico al Cuervo. ¿Orión? Quedó revolcado y con las piernas abiertas, como sabiendo que el técnico de la selección lo estaba siguiendo.

Mundial Cervecero – El inicio

Nos gusta el fútbol y la birra, tan simple como eso. No somos sommeliers de cerveza y tampoco somos amantes de los análisis periodísticos llenos de conceptos tácticos. Nos gusta el fútbol para jugar, para mirar y para hablar. Y nos dimos cuenta de que cada vez que conjugamos algunos de esos verbos con la pelota como protagonista, la cerveza está presente. Es por eso que decidimos reunir esos dos grandes temas en este proyecto llamado Mundial Cervecero. En el horizonte está Rusia 2018, pero tranquilos que aún falta mucho.

Durante este año previo a la Copa del Mundo, nos encargaremos de contar historias. De equipos, de ciudades, de jugadores, de hinchas. Siempre con la birra como hilo conductor. Y lo haremos país por país, para entender por qué esta combinación trasciende épocas, clubes, marcas y fronteras.

Quienes nos hayan seguido en nuestra anterior aventura llamada Mundial Baldosero (donde inauguramos #MundialCervecero como sección), sabrán más o menos de qué se trata la cosa. No, esta vez no los vamos a bolsiquear (?). Quienes no tengan la más absoluta idea sobre lo que se viene, pueden quedarse tranquilos. Vayan pidiendo otra, que vamos a escribir sobre fútbol.