Updateando: Japón, su segundo barrio

A pesar de haber actuado poco y con escaso éxito, a Naohiro Takahara se lo recuerda con una sonrisa en la Argentina. Quizás sea por su único y tan festejado gol a Lanús, por su zapatazo a la tierra que le valió aquella tapa de Van Pasten o por haber desembarcado en Boca para abrir las puertas del mercado asiático y no haber viajado a Tokio para disputar la Intercontinental. Por lo que sea, Taka es querible para muchos. Y él lo devuelve de alguna manera.

Esta semana llegaron noticias desde Japón: Takahara sigue jugando, primera noticia. Y lo más llamativo: lo hace en un equipo que él mismo fundó, con una camiseta muy similar a la que él utilizó en 2001.

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El Okinawa SV fue creado en 2015 y participa de una tercera división regional. Taka es el 10, capitán, director técnico y Presidente. Andá a bajarlo del avión a Tokio ahora (?).

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– ¿Se acuerdan de Nii Lamptey? El ex Unión estuvo hace unos meses en una radio y contó que su ex mujer lo corneaba, pero mucho mucho (?). Al punto que descubrió, después de 20 años, que sus tres hijos no eran suyos. Algo tremendo, teniendo en cuenta además que Lamptey había sufrido serios bajones en su carrera debido a la pérdida trágica de dos de ellos.

La buena es que el ex crack de Ghana se recompuso a todo, se casó con la reconocida actriz (?) Yakubu Ruweida y acaba de ser padre de su segundo hijo biológico. Bueno, al menos eso cree (?).

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– Es cierto que debemos la actualización del Amor a la Guita de Cristian Fabbiani, pero también es verdad que el Ogro no ha parado de cambiar de camiseta en los últimos tiempos (llegó a su club número 12).

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Hace unos días debutó en el Deportivo Merlo en la Primera C y no de la mejor manera. Chocó con 3 jugadores de JJ Urquiza y se tuvo que ir en camilla a los 30 minutos del primer tiempo. Por suerte para él, no fue nada grave. No pueden decir lo mismo los camilleros (?).

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En Córdoba está causando sensación Okiki Afolabi, un delantero nigeriano que para hinchas de Talleres por la calle para pedirles una foto (?). Junto a él, llegaron otros dos compatriotas que están a prueba, dándonos la pauta de que será un gran año para la T…o al menos para En Una Baldosa.

Sud América con la camiseta de Chacarita (2014)

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Un equipo homenajea a otro, utilizando sus colores en señal de amistad o admiración, un gesto que se ha visto en más de una ocasión. Sin embargo, pocos fueron tan lejos como Sud América de Uruguay, que cometió la osadía de utilizar el escudo de Chacarita, desatando un conflicto internacional.

Nacido en Montevideo en 1914, el IASA (Institución Atlética Sud América) jugó mayormente en Primera, aunque muchas temporadas en segunda, con un hito que es una goleada a Gimnasia en la Conmebol. Siempre se identificó por el naranja de su camiseta, lo que le valió el apodo de Los Buzones, en honor a los buzones del correo que tenían el mismo color. ¿Cómo es que llegó a vestir la tricolor?

En 2011, el argentino Vicente Celio dejó su cargo de Presidente de Chacarita, para luego cumplir la misma función en Sud América, ya convertido en sociedad anónima. En poco tiempo, el conjunto anaranjado consiguió el ascenso (después de 17 años), logrando el objetivo de festejar el centenario de la institución con un lugar en Primera División.

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Fue así que en septiembre de 2014, el IASA dirigido por Jorge Vivaldo (y con otros ex Chaca como Emanuel Centurión y Maureen Franco) salió al estadio Centenario para enfrentar a Peñarol. Los pronósticos de fútbol ponían al Manya como favorito, pero el partido terminaría 1 a 1. Lo que llamó la atención, sin dudas, fue otra cosa…

La camiseta del visitante ese día fue roja, blanca y negra. Igual a la de Chacarita. Y para que no quedaran dudas, llevaba el escudo del Funebrero en el centro. ¿Un homenaje?

Desde San Martín, la respuesta no tardó en llegar y el club emitió un comunicado en el que expresó su repudio: “Sudamérica de Uruguay ha incurrido en una apropiación de los emblemas que distinguen a Chacarita en el mundo, elementos que lo identifican, y que no deberían imitarse”.

Más o menos lo que decía El Negro:

Se agrandó Chacarita

¡Qué linda es la camiseta de Chacarita! Es más, si algún día me hacen uno de esos tontos reportajes llamados “ping-pong”, cuando me pregunten “una camiseta” diré: “la de Chacarita”. Es la que más me gusta, con la excepción, lógicamente y por razones claramente sentimentales, de la de Rosario Central. Pero la de Central, incluso desde un punto de vista discutiblemente objetivo, es una linda camiseta. Es alegre, festiva, divertida. Cuando el equipo sale a la cancha y el sol pega de lleno sobre esa camiseta, la auriazul reluce como si fuera de chapa esmaltada.

Pero la de Chacarita tiene, si se quiere, un toque de sofisticación, de ingenio. Y yo creo que ese toque reside en esa línea finita, blanca, que se ha colado entre las rojas y las negras, más anchas y prepotentes. Esa línea delgada y blanca aporta un trazo de distinción, brinda luz, relieve, cierto brillo. Tiene algo de capricho, además, al ser más finitas que las otras y marca la diferencia, por otra parte con las miles y vulgares camisetas a franjas verticales de sólo dos colores. Y lo hace, puntualicemos, en la medida justa, sin complicar la imagen de la divisa funebrera a punto de convertirla en una señal de ajuste televisiva o en un simple código de barras. Y es por sobre todas las cosas – y a esto quiero llegar, mis amigos -, una camiseta de fútbol, una pura y elocuente camiseta de fútbol. Hay muchas otras, las de un solo color pleno (europeas, más que nada) que sirven para jugar al fútbol pero que también servirían, tranquilamente, para ir al cine o a una velada danzante. Usted, mi amigo, por ejemplo, se pone la camiseta roja del Deportivo Español, por mencionar una o la granate de Lanús y la acompaña con unos pantalones grises y un saco blanco y ya luce un “elegante sport” para la reunión de gala. Hasta la de Ferro, con una corbata al tono lo haría pasar por un golfista de relieve o por un yashtman que disfruta de una ocasional noche en tierra. Pero si usted se pone la del funebrero, aún con un saco encima, y hasta con un chaleco, no faltará la dueña de casa que lo reciba diciendo: “Caramba, ingeniero, se nos ha venido con la camiseta de Chacarita”.

Por otra parte, y afortunadamente, los asesores de imagen del club funebrero nunca han profundizado demasiado en el tentador tema macabro, distintivo de la entidad. Los yanquis, seguramente, reyes del merchandising, ya hubiesen lanzado al mercado una camiseta plagada de calaveras sonrientes o con reproducciones del esqueleto del grabador mexicano Guadalupe Posadas.

Roberto Fontanarrosa

 

[Baldosa Olímpica] Uruguay suma estrellas

Los uruguayos claman al mundo futbolero que se le reconozcan 4 campeonatos mundiales. Una invitación a leer el pasado podría darles la razón, pero claro, todo es interpretativo y depende de una palabra: amateur.

En 1914, la FIFA llevaba 10 años desde su creación y su mayor objetivo era aún un gran fracaso: se les hacía imposible organizar un Campeonato Mundial. Aunque en 1908 hubo una gran aproximación al logro, porque en los Juegos Olímpicos de Londres debutó el fútbol como deporte en la competencia, porque el torneo estuvo a cargo de la Football Association y ésta era presidida por Daniel Woolfall, que a la vez era presidente de la FIFA.

Luego del doble triunfo británico de 1908 y 1912 (en Estocolmo) y ante la imposibilidad de armar la competencia propia, se decidió actuar en conjunto con el Comité Olímpico Internacional para la organización del fútbol olímpico. Al fin y al cabo la FIFA era la representante del fútbol mundial. A partir de ese entonces, y aunque se había comenzado el debate con años de antelación, la etiqueta de “amateur” comenzaba a ser un gran problema.

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La FIFA en su conjunto no quería hacer diferencia entre amateurs y profesionales, pero por separado algunas asociaciones sí tenían ese gran inconveniente y el campeonato mundial de ese entonces se regía por las estrictas reglas del COI, que no permitía profesionales. Por eso, uno de los temas principales que tenían los dirigentes del fútbol mundial era poner en orden, al menos, esa competencia.

El undécimo Congreso de la FIFA se realizó los días 27 y 28 de junio 1914 en Cristianía, no la avenida que atraviesa de norte a sur el extenso municipio de La Matanza, sino la bonita ciudad enclavada en Oslo, Noruega. Desde el comienzo, llegó la propuesta de la Netherland Football Association, que por intermedio de Mr. C.A.U. Hirshmann tiró la propuesta de “hacer un libro anual que incluya todos los partidos internacionales y sus resultados, y que el Torneo Olímpico debería ser considerado como un Campeonato Internacional, además de que debería estar bajo el control de la Federación”.

Rusia, Inglaterra y Noruega, a través de sus representantes, mostraron estar de acuerdo. Más cautos se mostraron los belgas e italianos, mientras que el representante de los Estados Unidos habló de “Co-operación”. Por otro lado, los alemanes deseaban que se resolviera lo más rápido posible, porque eran los organizadores de los Juegos de 1916 (Berlín) y querían preparar un gran Campeonato Internacional de Fútbol.

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Como siempre, poniendo neutralidad a todo, apareció un suizo (P. Buser) y cantó: “La FIFA reconocerá al Torneo Olímpico de Fútbol como el “Campeonato Mundial Amateur de Fútbol Asociación” si ellos (el COI) están de acuerdo con las reglas y los deseos de la Federación”. Los representantes de Estados Unidos y Suecia sugirieron quitar la palabra “amateur”, ya que para participar del evento del COI hay que ser amateur, pero la respuesta llegó antes de que terminaran de objetar: “recuerden que la FIFA también abarca profesionales”.

Luego de eso la propuesta del suizo ganó por aclamación generalizada y la FIFA tenía al fin su campeonato y el alemán expresó su máxima alegría en la vida, con una sonrisa que movió 3 milímetros ambas comisuras labiales. Pero ese mismo día, 2500 kilómetros al sur de donde se reunían los popes de la FIFA, a un tal Gavrilo Prinzip se le ocurrió matar al archiduque Francisco Fernando y su señora esposa, desatando entre otras cosas, la suspensión de tal Campeonato Mundial.

Recién en Amberes, en 1920, se pudo confirmar que el fútbol mundial tenía sus competencias, limitadas por un reglamento del COI, pero que empezaba a armar polémica: los británicos reclamaban ser los únicos amateurs de la competencia, ya que hacía años que el profesionalismo en el fútbol mundial estaba encubierto por un dudoso amateurismo.

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Ese hecho lo confirmó Uruguay, que gozando de la categoría de “amateur” que tenía el fútbol en el Rio de la Plata, aplastó a todos sus rivales en París 1924 y llegó al doblete con la emocionante doble final ante los otros “amateurs”, los argentinos, en Amsterdam 1928. Cuando la FIFA tuvo su Mundial, el Torneo Olímpico comenzó a pasar a un segundo plano.

Se puede decir entonces que sí, Uruguay cuenta con cuatro Campeonatos Mundiales, aunque dos de ellos llevan en su título el término amateur. Las diferencias quedan para las interpretaciones reglamentarias.

Eduardo Cantaro

[Baldosa Olímpica] Jean-Christophe Thouvenel

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Referente del Bordeaux durante toda la década del ’80, Jean-Christophe Thouvenel fue parte del equipo olímpico francés que consiguió la medalla dorada en los Juegos de Los Ángeles 1984. Hasta ahí, nada fuera de lo normal, pero había algo más que lo hacía un distinto…

Además de su bigote, ya homenajeado en alguna oportunidad, lo que identificaba a este defensor eran sus lentes, que no se los sacaba ni para las fotos oficiales, como podemos apreciar en el póster publicado tras la consagración de Les Bleus en tierras norteamericanas. 

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Como si el bigote y los lentes no fueran suficientes accesorios (?) para esas imágenes institucionales que suelen ser de lo más formales y mueren en el olvido, Thouvenel aprovechó la producción anual de su club, el Bordeaux, para sumar otro detalle: la medalla dorada conseguida con la Selección.

Ser corto de vista, sin embargo, no le impidió hacer una prolongada carrera. Se retiró a los 35 años, jugando en Le Havre, el equipo decano del fútbol francés.

Gracias a Old School Panini.

[Baldosa Olímpica] El momento del pebetero

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Tal como hicimos con Go Home durante la Copa América Centenario, inauguramos una sección para contar viejas historias de los Juegos Olímpicos con el estilo de En Una Baldosa.

Desde hoy y hasta la finalización de Río 2016, en Baldosa Olímpica nos encargaremos de mostrar todo tipo de baldoseros, partidos insólitos, rarezas, curiosidades y mitos que nacieron en los Juegos.

A los tradicionales posteadores que engalanan el blog día a día, sumamos el aporte de Eduardo Cantaro, periodista especializado en la materia y autor del libro “100 años de fútbol olímpico”. Vamos a ver si se la banca (?).

Como dijo O Rei, es hora de agarrar la antorcha.

Gordo no te vayas, Gordo vení

Una parte grande y pesada de la historia baldosera tuvo su merecido reconocimiento el pasado viernes, con el partido homenaje a Alejandro Kenig, ícono de este sitio por aquel famoso mail de la rabona al travesaño, el reality show, la reconciliación, la conferencia de prensa y otros tantos hits con los que nos alimentó en estos años. Menos mal que no fue al revés (?).

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En una Boutique colmada de gente (?), el Tanque pudo disfrutar de un partido con viejas glorias de Talleres como Daniel Kesman, Pancho Rivadero y Federico Lussenhoff para el equipo albiazul; y Pablo Cuba, Walter Parodi, Rodrigo Astudillo, el Pepe Basualdo y Ciancaglini, entre otros, para el equipo amarillo.

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El encuentro, que contó con dos tiempos de 30 minutos y el arbitraje de Baldassi, terminó 3 a 3, con un gol de penal del homenajeado. Pero además, gracias a la crónica de Día a Día supimos que el Gordo nos hizo un guiño, tirando un centro de rabona. ¡Y eso no es todo! Además, Kenig se dio el lujo de jugar con su hijo Alejandrito (el actor), quien también anotó y pinta para ser como el padre.

“Al Tanque era difícil marcarlo, más ahora con varios kilos más. En eso se parece a Boldrini, a quien lo vi con esa panza y le grité ‘escupí el fitito'”, declaró Rodolfo Graieb después del emotivo partido.

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La jornada culminó a lo grande, con Kenig y sus amigos tomando un té en el shopping. Porque los gustos, como los homenajes, hay que dárselos en vida.