Bielsa a la Lazio (2016)

“Una nueva locura de Bielsa”. ¿Cuántas veces leímos y escuchamos esa frase en los medios de comunicación? Miles. Y no es necesario que el DT argentino realice un acto insensato o demencial para que un portal titule de esa manera, claro. Alcanza con que se queme con un café al sentarse en su heladerita, que vaya a la playa en Francia o que pida permiso para ir al baño en un radio uruguaya. Todo lo que haga Marcelo Bielsa será calificado como una nueva locura.

Después de haber abandonado al Olympique de Marsella porque los dirigentes querían cambiarle las condiciones del contrato, muchos clubes aparecieron en el abanico del DT, pero el que avanzó rápidamente en las negociaciones fue Lazio, seduciéndolo con un proyecto que incluía varios jugadores solicitados por el rosarino.

Fue así como el 6 de julio de 2016, el club romano publicó un comunicado, oficializando el comienzo de la era Bielsa…que terminaría mucho antes de lo planeado.

Apenas dos días después de haber firmado y sin siquiera haber dirigido una práctica, Marcelo Bielsa renunció con un comunicado que, entre otras cosas, decía: “Después de cuatro semanas de trabajo en común con ustedes, no pudimos lograr ninguna de las siete incorporaciones previstas en el ‘Programa de Trabajo’ expresamente aprobado por el presidente, Claudio Lotito. Teniendo en cuenta que también se consideró la salida de 18 jugadores que actuaron en la temporada anterior, la llegada de los refuerzos resultaba necesaria de acuerdo a los plazos programados“.

Lotito, el presidente de la Lazio, tragó saliva y soportó los insultos y manifestaciones de los hinchas que se habían ilusionado, pero unos días más tarde reveló algunos detalles de su relación con Bielsa: “Él vive en la pampa sin límites, pero aquí, en cambio, existen las normas, los reglamentos. Se equivocó. No voy a dar cifras, pero había un montón de cláusulas. El sueldo lo quería en dólares y las variaciones del cambio debían estar a cargo mío. También había que hacerse cargo de las cargas fiscales en Italia. Y había que darle varios pasajes aéreos en primera clase para Argentina, para cinco personas, a lo largo de la temporada. Además, pidió cinco teléfonos celulares para todo su cuerpo técnico”.

¿Más? Claro que sí: “Me dijo: ‘Claudio, yo necesito hablar dos o tres veces al día a Argentina, por lo cual había que contratar un abono ilimitado’. También requirió un hotel cinco estrellas para vivir en Roma. Otra exigencia, pidió la compra de siluetas alemanas para simular la barrera en los entrenamientos y le pregunté por qué, que aquí había las italianas, y me dijo que porque eran mejores, y costaban tres veces más”.

De esa manera, Lazio tuvo que recurrir nuevamente a Simone Inzaghi como DT, mientras que Bielsa continuó sin trabajo hasta comienzos de 2017, cuando firmó con el Lille francés.

Burgos con jogging de entrenamiento

Se apagaba la dorada década del 90 y también perdía fuerza la dictadura de Daniel Passarella al mando de la selección argentina. Aquella regla no escrita de tener el pelo corto para poder vestir la camiseta albiceleste, ya había sido vencida por Gabriel Batistuta y Claudio Caniggia, dos próceres que tenían espaldas suficientes para desafiar al DT. Pero había más.

Otra imposición estética del Kaiser para los jugadores convocados tenía que ver con la indumentaria de los arqueros: no quería que vistieran pantalones largos. Y así fue como sucumbieron dos adeptos y referentes de esa prenda, como Chiquito Bossio y Nacho González. Ambos usaron cortos en la Selección.

Sin embargo, hubo uno que transgredió la norma. Y ese fue Germán Adrián Ramón Burgos. Y lo hizo poco antes del Mundial de Francia.

El 22 de abril de 1998, el equipo del Dániel salió a la cancha en Dublin, para jugar un amistoso ante Irlanda. ¿La formación? Burgos; Ayala; Vivas, Sensini; Simeone, Almeyda, Verón, Ortega, Berti; López y Batistuta.

Ganó Argentina 2 a 0, con goles de Bati y el Burrito, pero el dato llamativo estuvo en el arco, ya que el Mono se atrevió a utilizar pantalones largos con las botamangas adentro de las medias. Y claro, no eran los típicos achupinados y reforzados que solían (y suelen) utilizar de los arqueros, sino que se trataban de unos adidas de entrenamiento que incluso tenían el logo del sponsor: Coca Cola. Algo prohibido por la FIFA.

Burgos no fue titular el en el Mundial y el verano francés tampoco nos regaló a Roa usando esos lompas, pero habría un segundo capítulo, aunque ya sin Passarella.

Y si hablamos de joggins, ¿cómo no caer en Bielsa? Bajo la dirección técnica del Loco, otra vez Burgos usó pantalones largos de entrenamiento. Fue en el amistoso ante Italia, el 28 de febrero de 2001.

Esa noche, en el frio romano, la Selección formó con Burgos; Vivas, Ayala, Samuel; Zanetti, Simeone, Sorín; Verón, Aimar; Crespo y Cristian González.

Y pese a que el Mono recibió un gol de caño por parte de Stefano Fiore, Argentina terminaría ganando 2 a 1, gracias a los goles del Kily y Valdanito.

¿Los pantalones largos? Nuevamente con las botamangas adentro de las medias. Eran de algodón, de la marca Reebok y también tenían el logo de la gaseosa. Otro jogging de entrenamiento usado en un amistoso FIFA.

Por todo esto, Burgos también fue siempre un distinto.

Voy al arco: Quinteros (2002)

Mientras un fotógrafo apura el paso para tratar de tener una buena posición en el festejo de gol del Mago Capria, otro colega de espíritu baldosero se queda con la no tan atractiva imagen, que nunca será tapa, de un arquero improvisado, vencido y resignado.

La foto corresponde al descenlace de Unión 3 – Rosario Central 2, una noche de noviembre de 2002, en Santa Fe, en la que el Sargento Giménez cobró 2 penales para el local y expulsó a 3 jugadores visitantes en los últimos 6 minutos del encuentro. Sí, todo eso en 6 minutos, en un duelo clave en la lucha por no descender.

Con el partido totalmente desmadrado, fue el volante Daniel Quinteros el que tuvo que ponerse el buzo del Rifle Hernán Castellano, que había recibido la roja y curiosamente no estando en el banco de suplentes (?).

¿Qué llegó a hacer Quinteros? Poco y nada. Adivinó la punta en el último penal de Capria (pateó los dos iguales, misilazos al ángulo superior izquierdo), pero no pudo evitar la derrota la hora de su equipo. Al menos le queda la foto de recuerdo.

Créditos por la imagen a Carlos Durhand.

Boca negra y oro (2016)

Durante mucho el tiempo, el negro fue un color casi prohibido para las camisetas de fútbol. Y eso tenía una lógica: estaba muy relacionado a la vestimenta del árbitro, que rara vez cambiaba el tono de su indumentaria. Con el paso de los años y el crecimiento del marketing, las tradiciones fueron dejadas de lado y es así como la mayoría de los equipos de nuestro país (y del resto del mundo) se animaron a experimentar y a tener una casaca negra.

El último grande en llegar a tener ese color fue Boca Juniors, que en 2016 usó, por primera y última vez, un modelo similar al de la camiseta titular, pero que reemplazaba el azul francia por el negro y el amarillo por el dorado.

La presentación oficial fue en la fecha 10 del Torneo Transición, cuando el equipo dirigido por Barros Schelotto visitó a Tigre con varios jugadores suplentes, ya que estaba disputando la Copa Libertadores de América.

Ni bien los jugadores xeneizes se sacaron las camperas negras con vivos dorados, se pudo observar la ropa que tenía la misma combinación. ¡Si hasta los números eran color oro!

En aquella jornada, Boca perdió 2 a 0 con un inolvidable gol en contra de Jhonatan Silva. Y sí, evidentemente fue una noche negra.

Huracán (2002/03)

No estaba en los planes de nadie. Antes de arrancar la temporada 2002/03 del fútbol argentino, Huracán venía de salir 4º en el torneo y estaba en la mitad de tabla de los equipos comprometidos con el descenso. Con los 99 puntos de las dos temporadas anteriores y un promedio de 1.303, miraba desde arriba a Central, Independiente y Lanús, entre muchos otros. Pero algo falló.

Se fueron figuras como el Rolfi Montenegro, Lucho González y Karin Adippe (?), se retiró el Pelado Moner; y llegaron refuerzos como Pablo Lavallén, Adrián Ávalos, Martín Mazzucco, Gabriel Meta y Cristian Zermattén, que jugaron poco y se fueron enseguida. En el Apertura, el Globo hizo una campaña muy floja de apenas 11 puntos. Sin embargo, todavía estaba afuera de la zona roja, zafaba por poco de la Promoción. Tenía que sumar para no caer.

El verano de 2003 arrancó complicado. ¿Los refuerzos? Darío Cabrol y Darío Gigena. Pero a la escasa jerarquía para la difícil situación futbolística, se sumaron dos mazazos anímicos para el plantel: Primero, se suicidó el arquero Sergio Schulmeister. Y a los pocos días, al delantero Juan Ramón Fleita le detectaron un tumor en los ganglios (Mal de Hodgkin, del cual pudo recuperarse recién un año después). En ese trágico febrero, terminarían llegando dos uruguayos: Carlos Camejo y el arquero Ignacio Bordad.

La cosa venía mal barajada y no cambió mucho el resto del semestre. En las 19 fechas del Clausura 2003 (las primeras 4 dirigidas por Carlos Babington y luego por Jorge Célico), Huracán solo pudo cosechar 6 puntos, producto de 1 victoria (a Banfield), 3 empates y 15 derrotas. Apenas 12 goles a favor y 46 en contra.

¿El clásico con San Lorenzo? Lo perdieron 4 a 0. ¿Con River? Cayeron 6 a 0. Ni siquiera pudo salvarlos Globito, un perrito rescatado al que habían usado de amuleto y que luego terminaron acusando de drapie. En fin, una lágrima que terminó en descenso directo.

En la foto: Martín Ríos; Rodolfo Graieb, Juan Zalazar, Gabriel Lobos y Cristian Fernández; Santiago Hirsig, Daniel Garipe, Pablo Monsalvo, Alejandro Alonso y Darío Cabrol; Darío Gigena.

Como suele ocurrir en estos casos, cuando la caída al Nacional B ya era inminente (se fue en la 15º fecha, goleado 4 a 0 por Boca), fueron quemados un montón de pibes de las inferiores que buscaban la chance de debutar en Primera.

Durante ese torneo, también tuvieron minutos Mariano Andújar, Ramón Pedro Ortíz, Raúl Fernández, Paolo Goltz, Marcelo Kobistyj, Marcelo Da Silva Lima, Cristian Cellay, Miguel González, Diego Funes, Mauro Milano, Diego Cochas, Darío Pranich, Edson Uribe, Sebastián Lipo, Luciano Bracco, Emanuel Villa, Francisco López Rojas, Esteban López, Claudio Guerra e Ismael Villalba.

Así, Huracán descendió por tercera vez en el profesionalismo.

Pabón a Independiente (2013)

Comenzaba el oscuro 2013 y todo era pesimismo en Independiente: el promedio, el plantel, las lesiones, la dirigencia, los refuerzos. Todo hacía pensar que el primer semestre del año terminaría de la peor manera. Sin embargo, una persona sonreía como nunca y trataba de inyectar alegría: el Tolo Gallego, que se entusiasmaba con un refuerzo de lujo.

Además de avisar que iban a salir campeones “con dos enganches y un punta” (?), Américo decía que durante ese torneo iban a tener que ser ofensivos: “Si empatamos todos los partidos, nos vamos”. Y algo de razón tenía.

Al técnico lo desvelaba tener un segundo refuerzo (ya había llegado el Rolfi Montenegro), por eso confiaba en la llegada del colombiano Dorlan Pabón, de buen pasado en Atlético Nacional y con presencias en la selección cafetera, pero sin demasiado rodaje en el Parma de Italia (2012/13).

El encargado de las tratativas con el atacante, era ni más ni menos que el presidente del club, Javier Cantero, que en medio de su lucha contra los barras, también tenía tiempo para negociar en persona. O Bueno, eso creímos al principio.

El 16 de enero de aquel 2013, Cantero declaró: “Pabón llegaría por 6 meses a préstamo, sin cargo y sin opción de compra. La verdad que queríamos una opción de compra, pero no estamos con el tiempo para andar negociando. Sólo resta firmarlo”.

Aunque claro, una cosa era lo que decía el dirigente del Rojo y otra cosa lo que pensaba Pabón, que por esos dias analizaba una oferta del Espanyol de Barcelona y otra del fútbol mexicano.

Todo parecía darle la derecha a Cantero cuando el propio jugador publicó en Facebook: “Independiente es un equipo que debe prepararse para ser campeón. Un grande no puede ni siquiera pensar en descender”. Los medios partidarios dieron por hecho el pase y compraron todo el humo del colombiano.

Sin embargo, el 17 de enero el propio delantero lo desmintió: “Es mentira. Ese Facebook es falso. Estoy esperando esta semana a ver qué va a pasar con mi futuro”.

Unos días más tarde, Dorlan arreglaría con Rayados de Monterrey (lo cedería al Betis), mientras Cantero daba detalles de lo que había sido la negociación: “Yo había estado toda la tarde chateando con él. ¿Viste cuando hablás de si querés vivir en departamento o en country? Es verdad, no lo borré el chat”.

A esa altura, pagaba dos pesos que Cantero había estado chateando con un perfil falso y que por eso nunca llegó el futbolista de jerarquía.

En su lugar, unas semanas más tarde llegó otro delantero colombiano, Juan Fernando Caicedo, que firmó contrato, dijo que soñaba con ganar títulos y se fue con la camiseta puesta, caminando por la Avenida Mitre de Avellaneda.

Fue más o menos lo mismo que haber contratado a un fake.

Malano Santiago

Santiago Malano

Uno de los ítems de nuestro decálogo podría decir: “Si sos goleador histórico de las inferiores, sos baldosero”. Puede haber excepciones, por supuesto, pero en general los que la meten mucho desde pendejos, terminan secándose para toda la cosecha. Y eso le pasó a Malano.

Nacido en la localidad bonaerense de Mercedes, Malanito pronto se convirtió en un referente de los juveniles del Racing Club de Avellaneda, donde formó parte de la categoría 1987 que terminaría ganando el campeonato de Cuarta División en 2004, con figuras como Sergio Romero, Gabriel Mercado, Dardito García, Claudio Yacob, Matías Sánchez, y Maxi Moralez, entre otros.

¿De profesión? Goleador. Sus estadísticas lo convirtieron rápidamente en una necesidad para el plantel de Primera, así que en 2005 tuvo su estreno cuando ingresó por el chileno José Luis Villanueva en una derrota 2 a 1 ante San Lorenzo. No convirtió ese día y tampoco en los otros 3 partidos que disputó ese año.

En el verano de 2006, las cosas pintaron mucho mejor. Convirtió goles en el torneo de verano (uno ante Boca, el día que La Academia usó números dorados en el comienzo de Nike) y además lo convocaron a la Selección sub 20.

Su situación, sin embargo, no cambió demasiado en los partidos por los puntos. En el Clausura de ese año siguió sumando minutos en otros 6 encuentros, pero no pudo marcar.

Menos participación tuvo en el Apertura, donde solo disputó 2 encuentros y tampoco pudo festejar.

Ya en 2007, volvió a convertirle en el verano a Boca, pero pasó otro torneo sin meterla (3 partidos en el Clausura), hasta que finalmente se pudo desquitar en el Apertura, con la camiseta 17 y después de 17 partidos y ninguna flor, hizo el primer gol oficial de su carrera en un 2 a 0 San Martín de San Juan, minutos después de que el Piojo López hubiera abierto el marcador.

Ya en el Clausura 2008, ese que desembocó en la Promoción ante Belgrano, Malano también pudo disputar dos encuentros: ante Tigre (entró por el Choro Navia) y ante Argentinos Juniors (reemplazó al Chanchi Estévez). No hizo goles, para variar.

El cartel de máximo goleador de las inferiores era un peso, por supuesto, pero el mayor condicionante de su etapa en Primera División fue la poca cantidad de minutos en la cancha. Generalmente, lo metían sobre el final para que salvara a un equipo prendido fuego, haciendo el tanto del empate o del triunfo. Y eso nunca sucedía.

Ya para la temporada 2008/09, lo prestaron a Atlético de Rafaela, en la B Nacional, donde tuvo más protagonismo y logró convertir 5 tantos en 30 partidos. Eso le dio chapa en La Legión Mercedina (?), ese selecto grupo de futbolistas nacidos en la ciudad bonaerense, como Lucas y Cristian Biglia, Matías Silvestre, Emanuel Culio y Martín Minadevino, entre otros.

Su regreso a Racing fue entre las sombras. En más, casi nadie lo recuerda, pero jugó un partido, y como titular, en la temporada 2009/10: fue en la derrota 2 a 0 ante Chacarita. ¿El técnico que le dio la confianza? Claudio Vivas.

Después de estar un semestre sin equipo, en 2011 inició el camino del futbolista errante, pasando por Cúcuta de Colombia, para luego aterrizar en Chile. Aunque no de la mejor manera…

A su llegada, le hicieron dos preguntas clave:


¿Tenías alguna referencia del técnico Omar Labruna?

Sí, yo sé que estuvo en Colombia en el Deportivo Cali y le fue muy bien, así que espero poder cumplir con lo que me pida. Además ha hecho un muy buen trabajo en Audax Italiano desde que asumió.

Vienes a reemplazar a un referente de Audax Italiano como lo fue Mauro Olivi, ¿Te pesa eso de alguna manera?

No me lo tengo que tomar como una presión, sino que vengo tratar de dejar mi marca y siempre va a ser un lindo desafío.


La segunda pregunta, lo puso más o menos en contexto. Tenía la difícil y pesada tarea de hacer olvidar a Mauro Olivi (?). La primera, sin embargo, terminó siendo la más importante. Porque ese “lo que me pida”, en referencia al entrenador, dio para múltiples interpretaciones.

En 2013, el Presidente del Sifup (Sindicato del Futbolistas Profesionales), Carlos Soto, acusó a Labruna a cobrarle una comisión al delantero para ponerlo en el equipo.

Luego, Soto tuvo que retractarse al enterarse que el propio jugador le había pedido disculpas al DT, delante de sus compañeros y de la dirigencia del club. Pero el quilombo ya había explotado.

Malano continuó jugando en la Primera B chilena, con las camisetas de Deportes Temuco (2013 a 2015) y Rangers (2015/2016), antes de marchar a la isla de Malta para vestir los colores del Valletta FC (2016 hasta la actualidad), junto a otros argentinos: Leandro Aguirre, Juan Cruz Gil y Federico Falcone (se sumaría también Miguel Alba).

Ahí, en un país con escasas canchas y con un nivel parecido al de una tercera o cuarta división de alguna potencia europea, el ex Racing tuvo la chance de ganar varios títulos locales y disputar fases previas de Champions y Europa League.

Evidentemente, encontró su lugar en el mundo.