Resaca: Michael Duberry, una birra al buche

De todos los roles a los que puede aspirar un ser humano en esta vida perra, hay uno que me fascina sobremanera. Y ese es el rol del “buchón. Si, el buchón, el buche, el alcahuete, el topo, el soplón o como quieran llamarle. ¿Y por qué tanto deslumbramiento por éste espécimen? Básicamente, porque él, tras hacer su gracia característica, logra llevarnos a todos –si, a todos- hacía los recónditos confines de la doble moral.

Por un lado, si somos omniscientes de algún hecho delictivo o de alguna contravención mayor aplaudimos la valentía del delator por haber sacado la verdad a la luz; a favor de la justicia y en desmedro de amistades, conveniencias o hasta dinero.

Por otro lado, si somos nosotros mismos quienes estamos en falta -sea leve o grave- consideramos como la peor de las traiciones que alguien de nuestro círculo íntimo abra la boca, para así dejar en evidencia nuestro delito o algún hecho que nos avergüenza. En el medio de todo, claro, la desconcertada humanidad del “buchón”, quien nunca logrará deducir si se transformó en el más cruel de los villanos o en el más temerario de los superhéroes…

Michael Duberry nació el 14 de octubre de 1975 en Enfield, Inglaterra, y desde sus primeros pasos como futbolista se le auguró un enorme futuro. Zaguero central negro, fuerte, grandote y con un excelente cabezazo, estaba llamado a ser el complemento ideal de Rio Ferdinand en su Selección por, al menos, diez años. Tal es así que los dirigentes británicos lo persuadieron de no aceptar la convocatoria de la poderosa nación de Monserrat –tierra de sus ancestros- para poder defender la camiseta “Pross”, libre de culpa y pecado (?).

Iniciado en el Chelsea en 1993, donde tuvo escasa continuidad, en 1999 Duberry pasó al Leeds United -por entonces gran animador tanto de la Premier League como de la Champions League- para ser el eventual reemplazante del antes mencionado Ferdinand, quien venía amagando con irse a un club poderoso a cambio de una millonada prácticamente desde la madrugada que sus padres lo concibieron (?).

La cosa arrancó para nuestro protagonista de manera timorata, pero sin desentonar. Claro que la sensación de “proyecto en espera” que dejaron sus escuetos partidos en Primera cambiaría una fría noche de enero de 2000. Y, por supuesto, para mal…

Junto a sus compañeros de equipo Jonathan Woodgate y Lee Bowyer, y a dos ignotos amigos llamados Paul Clifford y Neale Caveney, el bueno de Michael Duberry concurrió a un pub para pasar un agradable momento y para tomar cerveza hasta perder la conciencia, la noción del tiempo y hasta los recuerdos a corto plazo, como hace cualquier hijo de vecino ¿no?

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Enorme fue la sorpresa para el zaguero cuando al día siguiente el estudiante de intercambio indio, Sarfraz Najeib, denunció a los cuatro alcoholizados acompañantes de Duberry por haberles dado al asiático una etílica paliza de novela que, instantáneamente, se convirtió en escándalo nacional y que acaparó la portada de todos los diarios.

Tras la anulación de un mediático primer juicio –que llevó cerca de 15 meses en los cuales los futbolistas apenas si participaron en su equipo- el Juez David Poole decidió iniciar un nuevo litigio y dejar sin efecto la absolución en primera instancia que habían recibido los 5 implicados sobre “ponerse de acuerdo en el relato para cubrirse de culpas”. Además, manifestó tener pruebas sobre un móvil racial en el asalto, lo cual se castiga con penas aún más duras en Inglaterra. ¿¡Para qué!?

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Rápido de reflejos, Michael Duberry recuperó la memoria en la primera audiencia del nuevo juicio y manifestó bajo juramento: “habíamos consumido cerveza durante toda la tarde y toda la noche. En un momento mis amigos salieron del pub y al rato Woody (Woodgate) se me acercó y me dijo que junto a Neale y Paul le habían dado una paliza a un don nadie que los fue a agredir. No puedo decir nada de Lee, y yo en ningún momento me aparté de mi butaca en el pub”.

Tras la contundente declaración de Duberry, el Juez no se anduvo con vueltas y a los pocos días absolvió a Lee Bowyer (aunque lo llamó “cobarde y mentiroso” en La Corte); y declaró culpables a los otros tres ¿Las penas? Una ganga, papá: cien horas de trabajo comunitario para Woodgate y seis años de cárcel para el otro par de cuatros de copas, sin (?). Y bueno, viejo, que se jodan por no saber jugar a la pelota…

Pero claro, además del estudiante indio en toda esta historieta hubo otra víctima: el propio Michael Duberry, quien vio pulverizado su sueño de ser jugador internacional al instante y se mantuvo en el Leeds, casi sin jugar, hasta medidos de 2005. Luego anduvo en Segunda con la camiseta del Stoke City, regresó a la Premier para descender con el Reading y después deambuló por el Wycombe Wanderers de la League One, el St. Johnstone de Escocia y el Oxford United de la League Two, donde finalmente se retiró.

Pero por supuesto, la cosa no termina ahí. Durante todos esos años tanto los seguidores de los equipos rivales como así también los de las instituciones que integró lo hostigaron con cánticos donde se mencionaba su condición de “negro soplón”, “negro delator” y “traidor de sus amigos”. Además, debió cambiar varias veces de domicilio ya que diversos grupos concurrían a su hogar a hostigarlo con pancartas, amenazarlo y hasta a defecar en el jardín. Divinos (?).

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Con el tiempo y alimentado por los fanáticos ingleses, la fama de Michael Duberry mutó desde “estómago resfriado” hacia un apelativo tal vez peor: el de “Mufa”. ¿Por qué razón? En principio, porque con el zaguero en el plantel el Leeds United pasó de semifinalista de la Champions League a ser un animador del ascenso. De hecho, anduvo por Tercera División por primera vez en su historia y nunca volvió a jugar en la Premier League.

También se acusó al defensor por la mala fortuna de Lee Bowyer, quien era una fija en el plantel de Inglaterra que acudiría al Mundial 2002 y no solo quedó afuera de la lista, sino que nunca jamás volvió a ser convocado. Luego fue relleno de varios planteles sin poder recuperar el brillo de sus primeros años.

Qué decir de Jonathan Woodgate, quien después de su affaire con Duberry quedó afuera de la Euro 2000 y del Mundial 2002; y quien en sus años de profesional sufrió más de diez operaciones de distinta índole. De hecho, por esta endeblez física está considerado como “el peor fichaje de la historia del Real Madrid”, donde debutó con un gol en contra más expulsión y en donde compartió sanatorio con Fernando Gago…

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Todo este martirio a cuestas carga la humanidad del pobre Michael Duberry -proyecto trunco de ícono defensivo global- quien, para ponerle un poco de onda a la vida, en una de sus últimas apariciones se fotografió con una cerveza en la mano y caracterizado como la Princesa Leia Organa, interpretada originalmente por la actriz Carrie Fischer, quien al poco tiempo se convirtió en la primera del trío original de protagonistas de Star Wars en pasar a mejor vida ¿Duberry mufa? Naaahh manzana cervecita…

Resaca: Remogelada, la cerveza del Remo brasileño

Estamos en la ciudad de Belém, en el estado de Pará, al norte de Brasil (no confundir con Paraná, bien al otro extremo). Allí hay dos clubes grandes: de un lado, Paysandu Sport Club, aquel conjunto que en 2003 sorprendió a todos cuando, por la Copa Libertadores, le ganó a Boca Juniors en plena Bombonera, con gol de Pedro Iarley, y que hoy busca evitar el descenso en la B a nivel nacional. Del otro, Clube do Remo, el más popular, que quiere volver a segunda, donde estuvo por última vez en 2007.

Entre los dos protagonizan el Re-Pa, también conocido como Clássico Rei da Amazônia, una de las rivalidades más picantes de Brasil, y ganaron 91 de las 105 ediciones del campeonato paraense. Paysandu suma 47 títulos (incluidos los dos últimos) y Remo, 44. Hasta el momento, desde 1914, se enfrentaron ¡741 veces! con 257 victorias para los azules, 232 para los bicolores y 252 empates.

Entre el 31 de enero de 1993 y el 7 de junio de 1997, Remo estuvo 33 partidos sin perder ante su clásico oponente. Fueron 21 triunfos y 12 igualdades. Aquel récord caló hondo en Bruno Fernández, un torcedor fanático del Leão Azul, que a fines de 2013 comenzó a producir como hobby la Remogelada, desde 2015 la cerveza artesanal oficial del Clube do Remo.

Que un equipo de fútbol tenga su propia birra no es ninguna novedad. En nuestro país, sin ir más lejos, a principios de los años noventa se comercializaba la cerveza Boca Juniors. Sin embargo, lo que distingue a la Remogelada 33, una session IPA con 4,8% de alcohol, es su particular color azul marino, similar a la camiseta del club. Además, está hecha con 3 maltas y 3 lúpulos (sí, 33, como aquella seguidilla sin derrotas). Porque en Brasil primero se aprende a termear, después a sambar y por último a producir cerveza.

Hace algunos meses, debido al éxito de la Remogelada 33, se lanzó una nueva variante, una Pilsen con 4,5% de alcohol, llamada Fenômeno Azul, apodo que recibió la torcida del Leão Azul en 2005 cuando, jugando en la C, tuvo el mejor promedio de público entre todas las categorías del fútbol brasileño.

Hoy, un porrón de Remogelada 33 se consigue en buena parte de Belém y algunos estados aledaños (e incluso en la tienda oficial del Remo) a 21,90 reales, unos 130 pesos argentinos, y el club se queda con el 10% de las ganancias.

Etiquetas: Wembley FC (2012)

Que una cerveza sea el principal auspiciante de un equipo no es ninguna novedad. Puede pasar en cualquier rincón del mundo. También en cualquier categoría, si hasta un club de la novena división inglesa lo consiguió. Más precisamente, el Wembley FC, un modesto equipo londinense que siempre navegó por campeonatos poco relevantes.

En 2012, la cervecería Budweiser se hizo cargo de la sponsorización de The Lions con un proyecto que, además de difusión, incluía la contratación de varios futbolistas de renombre. O mejor dicho, ex futbolistas.

Los ancianos (?) que llegaron gracias al aporte de la compañía norteamericana fueron David Seaman (48 años, aunque solo actuó como entrenador de arqueros), Martin Keown (45), Graeme Le Saux (43), Brian McBride (40), Ray Parlour (39) y, por supuesto, Claudio Caniggia (45). Estos notables apellidos formarían parte del plantel del Wembley FC que disputaría la FA Cup. Torneo que, curiosamente, era auspiciado por la misma cerveza.

Para que no hubiera suspicacias, la marca aseguró que el hecho de convocar a esas antiguas figuras no tenía nada que ver con el arreglo con la Asociación, y que sólo querían ayudar a un equipo pequeño a tener un papel decente en la competencia. En este combo también entraba ESPN, que registraría el periplo del equipo en un documental llamado Dream on, aunque tranquilamente podrían haberle puesto Wembley FC, the other passion (?).

El manager de la institución, Ian Bates, defendió la idea: “hace un año jugábamos frente a una tribuna vacía y el club house se estaba cayendo. Ahora, esta inversión significa que los grandes momentos nos están esperando”. Si el directivo derrochaba optimismo, lo del asesor técnico Terry Venables (ex DT de Inglaterra, Australia, Barcelona) directamente estaba al borde de la locura: “Básicamente, la idea es conseguir que el equipo llegue al estadio de Wembley, que se puede ver desde aquí, a ganar la copa”.

¿Cómo le fue a Claudio Paul? No tan mal: jugó 3 partidos, hizo un gol y metió una asistencia. Cuando el equipo quedó afuera, el Hijo del Viento aclaró: “Mucha gente pensaba que volvía para jugar todo un campeonato, y no es así. Esto fue un proyecto, no es que yo volví a jugar al fútbol todo un torneo. No es algo a largo plazo, no me vine a vivir a Inglaterra. Inicialmente, esto era a un partido, mi contrato con Budweiser era por un par de eventos, que incluían un encuentro oficial”.

Más no se le podía pedir al Pájaro, que así realizó su último vuelo. Y todo esto, gracias a la birra.

Etiquetas: Barcelona de Guayaquil (desde 1996)

Con 15 títulos, Barcelona Sporting Club es el más campeón del fútbol ecuatoriano, aventajando por dos a Emelec y El Nacional, y por cinco a la Liga Deportiva Universitaria de Quito. Sin embargo, las últimas dos décadas no fueron buenas para los Canarios. Apenas se coronaron en 1997, 2012 y 2016.

Si algo caracterizó a este período sombrío del cuadro más popular del país fue el apoyo incondicional de las cervecerías en el pecho de su casaca. Entre 1996 y 2003 fue Pilsener, el producto estrella de Cervecería Nacional, quien estampó su marca en la camiseta más codiciada del Ecuador. Seguramente uno de los modelos más recordados por los hinchas sea el que el Coloso de América vistió entre 1997 y 1998, cuando se consagró en el campeonato local y alcanzó la final de la Copa Libertadores, donde cayó frente al Vasco da Gama. Aquel diseño de Marathon se distinguía por ser ¡una camisa con botones! (modelada en la imagen de abajo por el Diablo Marco Antonio Etcheverry), un concepto similar al que Puma implementaría en algunos equipos argentinos varios años después.

A medida que pasaban las temporadas y acumulaba decepciones, Barcelona veía cómo festejaban (y achicaban distancias) Liga Deportiva Universitaria de Quito, Emelec, Deportivo Quito, El Nacional y hasta conjuntos impensados como Deportivo Olmedo o Deportivo Cuenca. Había que buscar un chivo expiatorio y había que encontrarlo rápido.

A comienzos de 2003, el Canario finalizó su contrato con Cervecería Nacional y enseguida anunció que su espacio durante los próximos cinco años lo ocuparía Cervecería Suramericana, la segunda en importancia del país, que decidió estampar la marca de Cerveza Biela, en una especie de último intento por reflotar sus ventas.

Sin embargo, luego de que la multinacional AmBev comprara Cervecería Suramericana, a fines de 2003, Biela tenía los días contados. Así fue como, durante los últimos meses de 2004, aquel tradicional logotipo fue reemplazado por uno más conocido a nivel global, aunque toda una novedad en Ecuador: el de la brasileña Brahma, que salió al mercado en octubre.

El 2005 marcó el regreso de Pilsener (pese a la bronca de AmBev, que propuso un sponsoreo en conjunto) a la camiseta del Barcelona de Guayaquil, donde se mantiene hasta hoy, en una relación a prueba de balas. En el medio, claro, se vivieron épocas turbulentas. En 2008, por ejemplo, en plena desesperación por ganar algo, el cuadro ecuatoriano anunció la contratación del delantero argentino Rolando Zárate, que venía de un pálido paso por River Plate. Aquel fichaje fue el más caro de la historia del club, pero las cosas salieron mal. El Roly jugó poco, se lesionó mucho y se fue mal.

¿Qué tiene que ver Pilsener con esto? En abril de este año, Juan Alfredo Cuentas, vicepresidente financiero del Barcelona, celebró el lanzamiento de Pilsener Barcelona, una nueva cerveza orientada al hincha del torero, cuyas ventas estarían destinadas a cancelar el saldo pendiente de la deuda que mantenían con el Roly.

Ya pasaron varios meses y hasta ahora ni noticias de la Pilsener Barcelona. Es más, a comienzos de julio se anunció que la taquilla del encuentro de ida por los octavos de final de la presente Copa Libertadores ante Palmeiras aportaría la plata fresca para pagarle a Zárate. ¿Qué pasó? De las más de 33 mil personas que asistieron al estadio Monumental, poco menos de la mitad abonaron su entrada. Los directivos ecuatorianos esperaban una recaudación cercana al medio millón de dólares… y apenas alcanzaron los 187 mil dólares. Pero no son todas malas noticias.

Hace algunas horas, mientras le dábamos los últimos retoques a esta historia, el Beto Carlos Alfaro Moreno, vicepresidente deportivo del Barcelona, anunció que se saldó el total de la deuda con el argentino. ¡A destapar unas birras!

Chapitas: Terry Dodd

Si la cerveza no se hubiera cruzado en su camino, tal vez Terry Dodd hubiese sido un gran goleador de la Premier League o al menos de la Championship. Pero no, Terry Dodd descubrió las virtudes de la birra desde muy joven y entonces, pese a sus buenas condiciones, solo le dio el cuero para ser un típico goleador gordo de las categorías más bajas del ascenso ingles. ¿Lo vamos a condenar por eso? Claro que no. ¡Si gracias a la birra lo conocimos!

Atención a su carrera. Surgió en el Worthing, pero se puso la camiseta de varios equipos vecinos, entre los que se destacan East Preston, Horsham YMCA, Bognor Regis Town, Lewes y Peacehaven, todos de la región de East Sussex, en el sureste de Inglaterra. Nunca se tomó más de un bondi para cambiar de club. Capo.

Su pico de fama, sin embargo, lo lograría con la camiseta de otro equipo de la zona, el Horsham FC: en abril de 2016, Dodd anotó 3 goles para la victoria ¡11 a 1! ante el Hallisham, por la última fecha de la Southern Combination League. Hasta ahí nada raro para un jugador acostumbrado a meter tripletes (hizo 30 goles en esa temporada). ¿Y entonces?

Ese mismo día, el goleador falló una posibilidad luego de dejar en el camino al arquero y quedar con el arco a su merced. Desde el vértice del área chica, Terry Dodd la tiró afuera y para ahogar sus penas, agarró el vaso de cerveza de un hincha y tomó un trago, para sorpresa de los niños presentes y Howie, la mascota del club.

Desde acá, nuestros respetos para semejante ejemplo.

 

Resaca: Craig Burley, una vida al dente

Además de los duendes rabiosos, la limadura de Colin Farell y el siempre sospechoso altruismo de Bono Vox de U2, la existencia de la República de Irlanda es conocida y conmemorada cada vez que se menciona, y por sobretodo se bebe, a la típica y renombrada cerveza Guinness.

Establecida como la birra del tipo Porter (negra) más representativa de la galaxia, es fácilmente identificable por su textura “gruesa” y cremosa; como así también por un destacado color, que oscila, según cada quien, entre el negro, el azul marino o hasta, para algunos, cierta vertiente del marrón.

Muy cerca de Irlanda, en el mismísimo Reino Unido, se encuentra una de sus díscolas primas ebrias: Escocia, una nación cuya Selección también es fácilmente identificable por el color de su camiseta, que a lo largo de la historia ha oscilado entre el negro, el azul marino y cierta vertiente del marrón. Insistimos, según la visión de cada quien…

burleybirra01Pero además de eso, tanto hinchas como jugadores y hasta técnicos de esa nacionalidad son famosos por su dependencia y adoración por la cerveza, teniendo a la Guinness como la favorita entre las favoritas. Y llevando esta birra tanto en la mano como en el estómago, es como la pintoresca barra de seguidores escoceses –conocidos como la “Tartam Army”– se hizo famosa a lo largo y ancho del planeta. Bueno, la cerveza y también esas polleritas que dejan ver rojizos culos gordos y pichulas (?).

No conforme de ser el elixir que regocija los corazones de los británicos, Guinness también es sinónimo del exclusivo “Libro de los Récords”, el cual nació de las entrañas de la propia cervecería. Y claro, si hablamos de escores, la última Selección de Escocia que vimos en una alta competencia –Francia ´98- poseía algunos difíciles de quebrantar. El primero, ser la escuadra con el promedio de edad más elevado en una cita mundialista hasta ese momento. El segundo, incluir la mayor cantidad de jugadores desdentados que se haya visto en la historia…

Tipos como Jim Leighton (39), Tom Boyd (32), Colin Calderwood (32), Tosh McKinlay (33) ó Gordon Durie (32) subían el promedio de edad del plantel hasta límites exorbitantes. Y, por supuesto, se encontraba un incisivo, un canino o un molar cada cinco minutos (?). Sin embargo, de todos ellos, el más recordado es el mediapunta Craig Burley, autor del tanto del empate frente a Noruega, quien, al igual que sus compañeros antes mencionados, también perdió el comedor en peleas de pubs, abombado por exceso de malta y lúpulo…

Tras un derrotero que después incluyó al Derby County, al Dundee de su país y al Preston North End, el querido Craig Burley finalizó su carrera en el año 2004 defendiendo la divisa del Walsall del profundo ascenso inglés.

Luego de un par de años desaparecido del mapa y siendo sindicado como un borrachín perdido en la cerveza Guinness, el antiguo internacional reapareció en el año 2010 – presuntamente sobrio y con una preciosa dentadura nueva- como comentarista de la cadena ESPN.

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Sin embargo, ciertos comentarios desacertados y un visible encono irónico hacía el Celtic Glasgow, hicieron a varios hinchas dudar de su sobriedad. De hecho, si tienen la voluntad de buscar verán que, en cada foro partidario de dicho equipo escocés, cada mención sobre Craig Burley viene acompañada de la frase “This motherfucker drunk guy”, entre miles etílicos elogios (?). ¡Que tipos malos!

Dolido por las hirientes dudas sobre su rehabilitación, Burley juró antes las cámaras que sus días como consumidor de cerveza Guinness, peleador de pubs y protagonista de hechos sinsentido habían quedado atrás. Acto seguido y para que no quedasen dudas sobre recuperación manifestó que la vuelta de Fernando Torres al Atlético de Madrid sería un fiasco y que él se tatuaría la cara del español en caso que El Niño le convirtiese algún tanto al Real Madrid en el re-debut del delantero por los Octavos de Final de la Copa del Rey 2014/15.

¿Y qué pasó? El Niño marcó dos tantos –el primero al minuto de juego- para que Craig Burley le hiciera honor a una promesa de borracho aunque, eso sí, en total estado de sobriedad. Claaarooooo….

burleybirra03Y así, casi 20 años después, la vieja y querida Selección de Escocia del 98 puede sumar otro hito difícil de empardar al Libro de los récords Guinness: ex jugador alcohólico, ahora sobrio, que sin embargo rinde promesas de borracho. Y todo, gracias al compañero de copas Craig Burley… ¡Salud!

Chapitas: Aloísio Chulapa

Aloísio José da Silva (Aloísio Chulapa)

Como futbolista, Aloísio José da Silva desarrolló un currículum más que interesante. Asomó en el Flamengo de mediados de los 90, en aquel plantel que tenía al ataque de los sueños con Romário, Edmundo y Sávio. Desde el banco de suplentes, fue partícipe de esa maravillosa tángana ante Vélez por la Supercopa 1995 y hasta surtió… a uno de sus compañeros. No obstante, en su puesto natural de delantero no tendría muchas chances en el Mengão y pasó a préstamo al Guaraní paulista. A comienzos de 1997 llegó al Goiás y la rompió. Fue tricampeón estatal y a mediados de 1999 lo vinieron a buscar de Europa.

En Francia, primero actuó en el Saint-Étienne y luego conoció a un tal Ronaldinho Gaúcho vistiendo los colores del Paris Saint-Germain. Más tarde jugó un tiempo en Rusia y regresó a Brasil para disputar la Copa Libertadores 2005 con la camiseta del Atlético Paranaense y ganar el Mundial de Clubes de ese mismo año, frente al Liverpool, con el São Paulo, donde estuvo hasta 2008. Desde entonces, se dedicó a deambular de acá para allá, a lo largo y a lo ancho de su país.

Sin embargo, el pico máximo de la popularidad de Aloísio Chulapa (apodo que heredó de Serginho Chulapa, goleador histórico del tricolor paulista) se dio ya en el punto extremo del betocarranceo de su carrera -colgó los botines a comienzos de 2017, a los 42 años- y gracias a la combinación de dos factores: su activa participación en las redes sociales y su fanatismo por la cerveza. O como le dice él, el Danone, nombre que surgió en un encuentro con uno de sus mejores amigos, el Emperador Adriano, a quien conoció cuando era apenas un juvenil de las inferiores del Fla.

Desde su fantástica cuenta de Instagram (@aloisiochulapa), Aloísio hace las delicias de sus más de 250 mil seguidores, siempre acompañado de una birra. Ya apareció en las situaciones más disímiles: con un botellón gigante, al lado de una heladera ploteada con su imagen, adentro de la heladera, soplando la vela de una torta con el logo de Skol, escabiando con el perro e incluso ¡¡¡disfrazado de El Zorro!!!

Uno de los hits de Chula, que impuso frases como mim acher, descubra, chama o SAMU (el equivalente brasileño al SAME) o “acaba não, mundão”, fue cuando enseñó a tomar “Danone doble”. ¿Qué es eso? Dos vasos de cerveza en una misma mano: uno lleno que derrama el contenido en el segundo (a medio llenar) y de ahí directamente a la barriga (o los riñones) de nuestro héroe.

¡Salud!

Etiquetas: Peñarol con Doble Uruguaya

A comienzos de 2001, el Club Atlético Peñarol estaba en reconstrucción después de haber conseguido el segundo quinquenio de su historia entre 1993 y 1997. La transición venía siendo dura en cuanto a resultados (un título en cuatro temporadas) y también en el tema comercial.

Parmalat, su sponsor durante los años dorados, estaba en pleno declive y no había renovado su contrato después del título de 1999.  SportsYa, auspiciante en 2000, había entrado en la crisis irreversible de los .com que terminó con varios sitios pioneros de la web en la bancarrota. Por ese motivo, Peñarol regresó al signo de interrogación que había aparecido en la camiseta luego de la rescisión de Parmalat.

La original estratagema (?) dio sus frutos cuando, en mayo de ese mismo año, Fábrica Nacional de Cervezas firmó un contrato por tres temporadas para que una de sus marcas apareciera en la casaca manya. De esa manera, se pretendía darle un salto de popularidad a uno de sus productos más antiguos: la Doble Uruguaya.

Whilem Sommers, el alemán cliente de Cervecería Uruguaya que terminó siendo marca registrada.

Esta cerveza era una de las más añejas, ya que su primera producción data de la segunda mitad del siglo XIX, cuando la Cervecería Uruguaya (fundada en 1866) lanzó la Uruguaya (cruda) y la Doble Uruguaya (fermentada). La Doble fue líder del mercado durante la existencia de la cervecería e incluso siguió siendo el estandarte cuando pasó a ser parte de Fábrica Nacional de Cervezas, en 1932.

En la década del 50 se dejó de producir la cruda, afirmándose el liderazgo de su hermana, pero a fines de la década del 60 y a principios de los 70, todo cambiaría. La necesidad de renovación en un mundo que estaba cambiando social y políticamente (aunque no se pueda creer, también llegó a un Uruguay que ya estaba dominado por el Plan Cóndor), facilitó la desaparición de la Doble Uruguaya como marca insignia de FNC y la irrupción de Pilsen en el mercado masivo.

La cerveza empezó un declive interminable que terminó casi en la interrupción de la marca, hasta que en 1995 la fábrica decidió que era tiempo de revivir su primer éxito, pero el intento fue un fracaso que duró apenas dos años.

Hubo otro re lanzamiento de la Doble en 2001, acompañado por un contrato de tres años con Peñarol. El resultado no fue el esperado: a pesar de que Doble Uruguaya prometía regalar 1000 camisetas aurinegras y era la birra más barata del mercado, también es cierto que era horrible, así que no sumó nuevos adeptos como para prolongar su estancia en las góndolas.

A tono con el sabor de su auspiciante, Peñarol perdió el título del 2001 por razones futbolísticas y el título del 2002 por culpa de su hinchada, ya que arrastró 3 puntos de descuento por incidentes que le hubieran permitido ganar el Clausura.

Vale destacar que ese año se dio el único gran triunfo de Doble Uruguaya en la camiseta del manya: su logo quedó inmortalizado en los únicos 3 goles hechos por Joseph Akongo, el camerunés que nadie supo de donde salió ni adonde se fue.

Para hacer el golpe mas doloroso aún, en ambas temporadas fue campeón su clásico rival, el Club Nacional de Football.

Al término del Apertura 2003 y luego de otro fracaso deportivo, el acuerdo llegó a su fin cuando habían pasado 2 de los 3 años de contrato. Para el Clausura de ese año, llegaron los dólares de Pirelli (con José Luis Chilavert) y el carbonero logró romper la racha adversa.

Para finalizar, debemos señalar que después de pasar dos años en el pecho de los aurinegros, Doble Uruguaya dejó de existir como marca, sufriendo el mismo camino que sus antecesores: Parmalat y Sports Ya! ¿Camiseta mufa? Para pensar.