[Baldosa Olímpica] El oro en casa

A minutos de la definición por el oro entre los seleccionados olímpicos de Brasil y Alemania, sabiendo el deseo generalizado del hincha argentino, surge la pregunta: ¿Cómo les fue a los locales a lo largo de la historia? Este breve repaso revelará el misterio.

Los comienzos

El fútbol es parte de los Juegos Olímpicos desde antes que existiera el campeonato oficial. En Juegos de la Segunda Olimpíada, los de París 1900, se disputaron dos encuentros de exhibición entre el Club Français de París y sus rivales: Upton Park y un combinado de estudiantes belgas. Lo mismo sucedió en los Juegos de St.Louis 1904, donde se presentó a disputar unos encuentros de exhibición el Galt Football Club de Canadá, que jugó contra el Christian Brothers College (7-0) y el St. Rose of St. Louis (4-0). Ambos triunfos tuvieron una gran repercusión, sobre todo en Canadá, y eso les valió una medalla de parte del Comité Olímpico a cada jugador. Opinólogos creen que el Galt fue campeón olímpico, pero muy lejos están, esos encuentros que tuvieron una duración de 30 minutos por tiempo, de ser encuentros oficiales regidos por la FIFA.

Fue en Londres 1908 donde debutaron los campeonatos Olímpicos de Fútbol, gracias a que el presidente de la FIFA, Daniel Burley Woolfall, fue el encargado de organizar la competencia junto al Comité Olímpico Internacional. No fue fácil armar el campeonato, ya que las dificultades de traslado de las delegaciones era caro y los gastos corrían por las federaciones, pero aquellas más cercanas a la isla, se hicieron presentes. Dos grandes potencias futbolísticas de Europa Central, Hungría y Bohemia, recibieron la negativa de viaje de parte del Imperio Austro-húngaro, dicen, por cierta envidia de éxito deportivo.

Los británicos, primeros locales de la historia, se quedaron con la medalla de oro y repitieron en Estocolmo 1912 con comodidad, por lo que la cuenta de locales da uno y uno. Suecia terminó perdiendo con Holanda por la medalla de bronce, tal como había sucedido en Londres. Parejo por ahora.

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Época de entreguerras

Amberes 1920 mostró un torneo cargado de novedades y le dejó, de manera muy polémica, la medalla dorada al local. Bélgica se cargó el primer Campeonato Mundial Amateur de Fútbol, en la última competencia donde los europeos hicieron capote. A partir de París 1924 aparecieron (aparecimos) los sudamericanos en la élite del fútbol mundial y comenzó una trapeada tal, que todavía les duele.

Uruguay se quedó con los oros de 1924 y 1928 (París y Amsterdam). La concurrencia a París fue realmente inesperada, ya que 23 seleccionados se hicieron parte del torneo, en el cual los campeones no tuvieron un rival digno hasta la semifinal, donde le ganaron por 2 a 1 a Holanda. En su recorrido le hicieron 7 a Yugoslavia en la Pre, 3 a Estados Unidos en octavos, 5 a Francia (y aca mancaron la campaña del local), luego Holanda y cerraron con un contundente 3 a 0 a Suiza.

En 1928 la cosa fue más o menos igual, pero con el agregado de Argentina, que estaba a la par y le disputó el oro hasta el último minuto del partido de desempate. Holanda, que hizo las veces de local y fue semifinalista de todas las ediciones anteriores, tuvo la suerte de debutar contra los celestes. 0-2 y a colgarse de un tulipán.

La ausencia de fútbol en 1932 hizo que el COI perdiera un billete importante y se tuvo que bajar un cachito las calzas ante la FIFA. Fue así que el deporte rey volvió con todo para los juegos hitlerianos de 1936, que consagraron campeones a Italia por primera vez. Hitler, que rajó a los peruanos porque eran negros e inferiores, se tuvo que conformar con la eliminación temprana de su seleccionado (Cuartos de Final), pero se la bancó porque los noruegos eran más arios que él.

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La guerra fría

Londres, más o menos recuperada de los bombardeos y la destrucción total, fue sede de los Juegos de las XIV Olimpíadas en 1948. El fútbol también volvió para la alegría infinita de los sobrevivientes de semejante masacre mundial, aunque la ausencia de Sudamérica hizo que fuera menos “mundial”. Sí fueron representantes de Asia (India, Afganistán, China, Corea unificada), de Norteamérica (Estados Unidos y México) y de Africa (Egipto). El oro fue para Suecia, que en ese entonces no conocía al profesionalismo en su fútbol y contaba con tres jugadores que marcarían historia tras aquella competencia: el trio GreNoLi, conformado por Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm. Tras ganar el oro en tierras británicas (a todo esto, Gran Bretaña perdió por el bronce contra Yugoslavia), los suecos brillaron más que sus preseas en el fútbol italiano.

1952

En 1952 los juegos se volvieron a disputar en una ciudad europea, Helsinki, y fueron donde comenzó a marcarse la tendencia del dominio de la Europa comunista en la competencia. La sutil diferencia entre amateurismo y profesionalismo, cosa que a pocos le resulta fácil comprender, se hacía presente en el olimpismo. Hungría se quedó con el oro, participando con una selección que era imbatible. Pero claro, como sus jugadores no eran profesionales, la restricción del COI se la pasaban por la hipocresía: ningún jugador cobraba dinero alguno por jugar al fútbol, pero todos recibían jugosos sueldos del estado, muchos con altos rangos en la milicia y la policía.

No hubo rival para los húngaros, que salvo un ajustado 2-1 ante Rumania, y el 2-0 en la final contra Yugoslavia, hicieron 16 goles en los otros tres partidos. Finlandia, como local, tuvo una digna derrota 3-4 contra Austria (estuvieron 3 a 2 arriba, pero los otros eran buenos) y se quedaron afuera en octavos de final.

Por primera vez los Juegos Olímpicos iban al hemisferio donde el agua del inodoro gira en la dirección opuesta al hemisferio norte. Melbourne 1956 iba a ser arrasado por los húngaros, no había duda casi. Podían encontrar oposición seria contra Yugoslavia o la Unión Soviética, pero la URSS invadió unos meses antes Budapest y a la mierda con la mejor selección del mundo. Con Lev Yashin como figura descollante, los soviéticos se quedaron con el oro derrotando a Yugoslavia. Australia hizo lo que pueden hacer 6 canguros, 3 koalas y 2 cocodrilos; les ganaron 2 a 0 a Japón y perdieron el de cuartos contra India.

La década del 60 mostró un orden diferente en la competencia, se dejaba de lado el sistema de eliminación directa y sólo 16 equipos, divididos en cuatro grupos, iban a jugar la primera fase de la competencia. Roma 1960 le dio por fin el oro a Yugoslavia, que venía levantando plata de manera consecutiva desde Londres 48. En la semifinal, los yugoslavos dejaron afuera a los locales, que luego de un empate en 1, definieron el pase a la final con una moneda. Italia perdió el partido por el bronce ante Hungría, que volvía a ser protagonista de los campeonatos olímpicos.

Los húngaros tienen el récord de tricampeones olímpicos, tras ganar los torneos de Tokio 1964 (2-1 a Checoslovaquia) y de México DF 1968 (4-1 a Bulgaria). Su jugador estrella, Dezso Novak, pasó a ser el único jugador con 3 medallas en su cuenta, dos de ellas doradas. Las campañas locales fueron muy disímiles. Los japoneses se clasificaron después de empatar con Argentina y con Ghana (Italia renunció a último momento). En cuartos fueron apabullados por Checoslovaquia (4-0) y en el torneo por el quinto puesto se comieron 6 de parte de Yugoslavia. En cambio, México fue semifinalista en su competencia, cayendo allí ante Bulgaria. En el partido por el bronce se encontraron con una sorprendente selección japonesa, que en cuatro años aprendió algo y les fumó la presea a los locales.

Los setenta, los ochenta y los boicots

Munich, República Federal de Alemania. Occidente sigue organizando los Juegos Olímpicos pero Europa Oriental domina. Son los momentos más álgidos de la Guerra Fría, la amenaza del reparto de átomos está más latente que nunca. Los enfrentamientos entre musulmanes radicalizados e israelíes comienzan a extenderse de los límites de medio oriente. Un atentado terrible en los Juegos Olímpicos deja un saldo total de 17 muertos. Once de ellos, atletas israelíes.

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El COI era dirigido por uno de los hijos de puta más grandes de la historia del deporte, Avery Brundage, que en el discurso de conmemoración por las víctimas, remarcó que “los juegos deben continuar” y siguió con la competencia. El fútbol seguía siendo dominado por profesionales disfrazados de amateurs y Polonia, con Gadocha, Deyna y Lubanski, se quedó con el oro. La Alemania de occidente fue eliminada por la hermana oriental, en lo que sería un adelanto del Mundial 74.

Cuatro años más tarde, en Montreal, Alemania Democrática consiguió su mayor título a nivel futbolístico, superando a Polonia (que ya contaba con Lato, Deyna, Szarmach, Zmuda y Tomaszewski), por tres tantos contra uno. La débil Canadá, local de la competencia, sólo cosechó derrotas.

Si de un organizador se esperaba que consiguiera la medalla dorada, cosa que no se daba desde 1920, la Unión Soviética se llevaba todas las fichas. Pero los rusos chocaron contra Alemania Democrática en semifinales de Moscú 1980 y se tuvieron que conformar con el bronce. Los alemanes orientales, que parecían indestructibles, perdieron la final ante Checoslovaquia, que empezaba a mostrar nombres importantes como Frantisek Stambarch, Jindrich Svoboda y Werner Licka.

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Para devolver el boicot occidental a los Juegos de Moscú, el bloque oriental decidió no ir a Los Angeles 1984, aunque la hicieron un poquito mejor, anunciando su retiro un par de meses antes de la competencia. El más perjudicado en todo este asunto fue Mc Donald’s, que se tuvo que poner con bocha de hamburguesas tras un intento de promoción cuasi fraudulenta. Francia le ganó a Brasil 2 a 0 en la final y del local poco se esperaba, así que no defraudaron y se quedaron afuera en la Primera Ronda. Como también se quedó afuera Corea, de los Juegos de Seúl 1988, que les dieron el oro por segunda vez a la Unión Soviética y la segunda plata a Brasil.

La era sub 23

Lo que nadie pudo lograr en 72 años, lo hizo España de manera agónica en los Juegos de Barcelona 1992. Con toda la carne al asador (o el pulpo al disco) los locales convocaron juveniles de alto nivel.  A esta altura las modificaciones reglamentarias permitían un sub 23 puro y entre los españoles estaban Quico, Pep Guardiola, Ferrer y Luis Enrique.

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Cuatro años más tarde, en Atlanta, Nigeria le ganaba la final a la Argentina de Daniel Passarella y Estados Unidos, otra vez local, arafue de una. Allí se hicieron conocidos Amunike, Babangida, Jay Jay Okocha, Amokachi, Kanu y otros.

Sydney 2000, además de contar con la ausencia del Dream Team de Pekerman (Aimar, Riquelme, Saviola), que perdió la clasificación con Chile, hizo temblar a sudamericanos y europeos con otro triunfo africano. Esta vez Camerún, que contaba con Eto’o, Geremi, Mboma, Etame y Kameni, se quedó con la medalla dorada. Australia, el peor organizador, hizo cero punto.

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A las ya conocídisimas historias del bicampeonato dorado argentino de Atenas 2004 y Beijing 2008, y todos sus records, se sumó la de México, que de manera sorprendente se quedó con el oro en Londres 2012, con los brasileños otra vez sumergidos en la plata y los locales eliminados en cuartos por penales.

Rio de Janeiro tiene al local, que quiere esta medalla con muchas ganas, en la final. Nunca un local que llegó a la final se quedó con la medalla de plata. Tanto Gran Bretaña, como Bélgica y España, hicieron lo que tenían que hacer. Lo que tiene que hacer Brasil.

Eduardo Cantaro

[Baldosa Olímpica] Selecciones baldoseras

El torneo Olímpico de Fútbol le dio lugar a muchos seleccionados que, ni por asomo, se arrimaron a una Copa Mundial de FIFA. Algunas selecciones, baldoseras eternas, han logrado dignas representaciones; otras, por siempre goleadas, son las delicias de todos. Unas y otras son comunmente llamadas “Selecciones de mierda” y aquí el listado:

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Luxemburgo

“Si se juntan con Gimnasia, son 200 años sin salir campeón”. Luxemburgo existe desde siempre y nunca se clasificó a ningún lado. Pero el fútbol olímpico le dio la chance de meter seis (6) participaciones y allí conoció las mieles de los triunfos: 6-0 a Afganistán en Londres 1948 y 5-3 a Gran Bretaña en 1952. Fuera de joda, ganarles a los ingleses fue lo mejor que les pasó en la vida y fueron héroes. La peor derrota, un 0-9 contra Alemania en 1936, pero seguro fue porque Hitler compró a todos.

Tailandia

Casi número puesto para la Copa Mundial de Rusia 2018, los tailandeses ya tienen cierta experiencia en esto de torneos internacionales. O al menos la tuvieron hasta hace 50 años con su generación de plomo. Cuatro partidos, cuatro goleadas. La más fuerte, un 0-9 contra Gran Bretaña. Pero además se fumaron un 0-8 con Checoslovaquia; un 0-7 de Bulgaria y golearon 1 a 4 a Guatemala.

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Qatar

Si Qatar no se clasifica a Rusia 2018 se va a convertir en la primera selección que juega un Mundial solamente porque es local. Aunque para ser un poco justos, siempre se quedaron ahí de clasificarse. Lo más cerca que estuvieron fue en el repechaje contra Trinidad y Tobago para Alemania 2006. En cuanto a la trayectoria olímpica no fue tan mala, ni fueron goleados (de hecho en Barcelona ’92 llegaron a cuartos de final), pero no deja de ser una de las selecciones pedorras mundiales. Y sí, Qatar con Q; al que no le guste, que le raspe el escroto a la RAE.

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Afganistán

El récord afgano es de un partido, una goleada en contra y una desparición por más de 50 años de cualquier competencia, amistoso o entrenamiento. Después de aquel 0-6 ante Luxemburgo en Londres 1948 (único partido que no se jugó en Londres), Afganistán decidió que el fútbol no era para ellos. Después del sueño americano de los 60, la invasión soviética de los 70, los talibanes en los 90 y la venganza final de USA en los 2000, volvieron en 2004 para mantenerse 12 años jugando. No es poco.

Sudán

Resulta que ahora también hay un Sudán del Sur. Pero en este caso hablamos del Sudán original, el unificado a la fuerza. Ese país donde vas caminando por las calles de arena, vienen unos bereberes a caballo y te cagan a escopetazos porque alguien quiere poner un oasis o algo así. Entre tanta arena, de tanto en tanto han sabido juntar once matungos para competir. En Munich 1972 no la pasaron taaaan tan mal: tres derrotas, y la peor, un 0-2 ante el equipo de abajo.

Birmania

Tranquilo lector necesitado de google, Birmania, o Burma, hoy es más conocida como Myanmar o bien, Burma o Birmania. Para no ahondar en la etimología histórico política, ideológica y religiosa de este estado del sudeste de Asia, recalamos en su única participación, que se produjo en la trágica Munich 72. Ya eliminados tras perder 1 a 0 contra la mítica URSS y el chichilocueteado México, se volvieron a su dictadura con un contundente 2-0 ante el equipo de arriba, salvándose así, de ser ejecutados. Cosa incomprobable porque nadie los amenazó ¿O sí? Andá a saber.

1972 Malasia Alemania

Malasia

Munich ’72 le dio la chance a muchos de figurar, aunque sea una vez, en los anales(?) del fútbol internacional. Los malayos se encontraron en un grupo jodido, donde fueron empernados sin piedad por los locales 0-3, y por Marruecos, que les mandaron 6 panchos sin mostaza. Para el júbilo malayo, en el grupo había un equipo aún peor que ellos: Estados Unidos. Aprovechando lo que parecía un conjunto conformado por gorditos comedores de pizzas de hamburguesas, y alentados por sexies Soccer Moms, los asiáticos se despacharon con un 3 a 0 que no le importó absolutamente a nadie.

Curaçao

Antes Curaçao, luego Antillas Holandesas y ahora Curaçao, es un paradisíaco estado enclavado en el Mar Caribe y que tiene un toquecito de fuerza futbolística extra, en comparación a sus vecinos isleños. Aun así, ni de casualidad se meten en una competencia grosa, salvo que sea con inscripción abierta y sin eliminatorias, como los juegos de Helsinki 1952, donde entraron directamente en los octavos de final. Allí los caribeños perdieron 1-2 ante Turquía, que ni por asomo tenía un equipo como el actual, que es malo. Las crónicas del partido aseguran que el arquero turco fue la figura, así que, derrota digna.

siria

Siria

Moscú 1980 tuvo muchas invitaciones para reemplazar a los equipos que se sumaron al boicot impuesto por el Demonio Imperial, los señores de Estados Unidos de América. Así entró Siria en lugar de Irán y se comió 3 goles de parte de Argelia y 5 de la Alemania zurda y envidiosa. La medalla de lata se la ganaron empatando 0 a 0 con España, que tenía un arquero que se llamaba Paco.

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Venezuela

¡Apa! No la tenías a la Cenicienta en una competencia grosa. Venezuela tuvo un cierre magnífico, ganándole a Zambia por 2 a 1. Antes de ese gran triunfo perdieron 0-4 con la URSS y 1-2 el clásico de la revolución con Cuba. ¿Dónde, cuándo y por qué? En Moscú 1980 y reemplazando a la Argentina, que pensaba ir con Diego Armando Maradona. Pero los milicos del orto se plegaron al boicot yankee y uno de los mejores seleccionados juveniles de la historia, se quedó sin su medalla.

Fiji

Los nuevitos en la competencia se acaban de volver con 23 goles en el fondo del ojillo. Queda a su favor el peludo que le dieron a México, antes de darse cuenta que eran fijianos.

Formosa

Aca sí te re cabió la googleada. La provincia participó en un Torneo Olímpico de Fútbol, jugó 3 partidos y perdió los 3. Encima les tocó Gran Bretaña, Brasil e Italia, por lo que los formoseños se volvieron con 12 goles en la canasta. Ojo, les hicieron uno a los tanos y dos a los ingleses.

India

Los indios se llevan un párrafo extra en la historia del fútbol olímpico, con la historia de sus jugadores descalzos que ya hemos recordado en esta sección.

Otros

Gabón, Guinea y Mali todavía no jugaron un mundial, pero en cualquier momento lo hacen. Como Ghana, que ganó la medalla de bronce en 1968 y recién apareció en la Copa Mundial de Alemania. Entre nosotros, es cosa de subsaharianos. El que mejor falsifica los DNI, se clasifica.

Eduardo Cantaro.

Maidana Matías

Matías David Maidana (El Maidana Trucho)

Estaba predestinado a marcar una época en la zaga de Boca Juniors. A ser un referente, a despertar idolatría. Allá por mediados de 2007, el futuro ícono riverplatense, Jonathan Ramón Maidana, embelesaba al pueblo Xeneize con su prestancia, seriedad y sobresalientes condiciones. A tal punto que la alegre dirigencia del Club de La Ribera decidió tirar unos maletines al viento y trajo desde Los Andes al hermano menor del susodicho; todo para darle una alegría al central y por aquella vieja máxima de mantener a la famigia unita…

Matías Maidana, a él nos estamos refiriendo, nació el 9 de marzo de 1987 en Adrogué y se inició en El Milrayitas, al igual que su famoso y talentoso familiar. Iniciado como delantero, fue corrido cada vez más atrás en el campo de juego hasta que terminó fermentando como lateral derecho, como casi todo hermano muerto (?). Tras un puñado de encuentros en Los Andes de la mano de Mario Rizzi, se sumó a la pretemporada de Boca Juniors en La Posada de Los Pájaros antes la incredulidad de todos, incluido el propio jugador.

“No lo puedo creer. Voy a jugar en el club más grande del país y encima con mi hermano mayor. Todavía no caigo. Somos distintos. Yo por ahí soy más técnico y Jony es muy profesional y serio. Juega concentrado y jamás se descontrola. Él vive para el fútbol”, se atajaba en su primera entrevista. Todo muy lindo, realmente, pero tras un par de prácticas con el primer equipo, Miguelo Russo lo mandó a vivir a la reserva.

Sin embargo, y ya con Carlos Ischia en el timón del equipo, El Negro Ibarra se lesionó durante el inicio del Torneo de Verano de 2008 y eso le abrió la chance a Matías Maidana de jugar sus únicos 90 minutos en un abominable empate 0 a 0 frente a Racing en Salta. Ah, esa noche también debutaron con la Azul y Oro, Exequiel Benavídez y El Seba Battaglia Trucho. Todo dicho.

A mediados de 2008, con la venta de Jonathan al Metalist de Ucrania, a nadie en Boca ya le interesó la buena o mala fortuna de Matías, quien regresó a Los Andes (2008/09) del Nacional B para descender de categoría junto a Cubito Cáceres, Walter Alcaraz y El Piquetero Arce, entre otros. En 2010 jugó un semestre en Deportivo Armenio de Primera B y en 2011 pasó por el Linense del under Brasilero. En el último semestre de 2012 estuvo en Tristan Suárez y luego metió cuatro años en Berazategui  (2012/16) de la Primera C.

Sin embargo, Matías Maidana, quien desde mediados de 2016 es el refuerzo estelar de Cañuelas, sí dejó su marca imborrable en el fútbol grande de los domingos: esa cicatriz que vemos en la ceja de Jonathan Maidana cada vez que le hacen una entrevista, se la hizo su hermanito de un piedrazo por que, de chicos, no le quiso prestar los juguetes.

Y eso es todo lo que la posteridad va a recordar de Matías David Maidana…

Cracco Juan Pablo

Juan Pablo Cracco

Soy un ávido y responsable coleccionista. Lo cual, inconcientemente, lleva aparejado una profunda e inexorable tristeza. Y no hablo de lo patético de ver a un hombre en sus treintas esperando con la ilusión de un niño a que llegue una action figure del universo de DC Comics… O de lo lisérgico que suena que llegue a posponer una reunión de trabajo por mirar los extras de una película de los ochenta que completa una deseada antología de blue-rays. Eso no genera tristeza, para nada. Ya que las sensaciones negativas, por supuesto, son siempre desde la perspectiva de la mirada ajena. Y al coleccionista convencido poco le interesan las castradoras máximas que emergen desde los sentidos de los demás.

La verdadera tristeza -rayana a la angustia- que acecha a los coleccionistas, es por una sola cuestión: cuando la colección se está por completar. Ese es el fin, la depresión, la muerte, el acabose, el ragnarök. Por que lo que debería acaecer es la felicidad por la colección completa. Y al coleccionista no le interesa la felicidad, en absoluto. De hecho, el coleccionista se mueve como pez en el agua en la búsqueda de algo que desea interiormente que jamás se materialice. Paradójico. Entre los muñecos de Batman, los Gráficos de los noventa, los vinilos de The Beatles y las películas de Freddy Krueger, una sola pesquisa obsesiona cada uno de mis días: que estén posteados, perfumados e inmortalizados todos los íconos del baldoserísimo Ferrocarril Oeste del Clausura 2000.

Por supuesto, todos recordamos y veneramos a aquel último equipo de Caballito que divisamos en Primera División en nuestras vidas. ¡Si! aquel que dirigieron Palito Brandoni y Juan Domingo Rocchia; luego Rocchia en solitario y finalmente la vieja y desaparecida Subcomisión de Fútbol. Un verdadero canto a La Baldosa. Ojo que había jugadores, digamos, respetables, tales como Martín Vitali, El Bebé Rocha, Cristian Tula, Sergio Rodríguez, Félix Décima, El Pupi Salmerón o el bicampeón con Lanús, Maxi Velázquez.

Pero después había una galería de villanos que se hacían llamar Martín Morello, Nicolás Sartori, Cristian Chaparro, Jorge Vega, Diego Velázquez, El Máquina Giampietri, Nicolás Hernández, El Cuco Lagos, Ariel Groothuis, Diego González, Andrés Grande, Cristian Hudaied, Fernando Sanjunjo, Cristian Ayala o Fabio Landaburu, quienes hicieron, en los últimos años, un verdadero carrusel de emociones con nuestras vidas. Hoy, con una lágrima incrustada en este corazón de coleccionista, le llega el turno a Juan Pablo Cracco.

Lateral izquierdo de la categoría ’80 y oriundo de Río Tercero, nuestro homenajeado hizo su debut como titular en la décimo primera jornada de aquel Clausura 2000, cuando Rocchia decidió quemar a dos de los últimos juveniles que le quedaban por incinerar en la plantilla ¿El otro? El también cordobés Luis Pupi Salmerón. Tras la derrota 0-2 frente a Estudiantes de La Plata, el Diario El Día describió así su debut: “Juan Pablo Cracco hizo todo al revés y El Pincha supo aprovechar su sector. Marcó mal, entregó pésimo y su desprolijidad fue alarmante. Los albirrojos lo volvieron loco toda la tarde y no se fue expulsado de milagro ¡Qué tardecita!”

En total, Juan Pablo Cracco fue titular en 8 encuentros de aquel Ferro terminal, incluido, claro, el encuentro frente a Lanús en el que cayeron por 0-7 perdiendo la categoría y en donde uno no sabía si sorprenderse por lo abultado del resultado o por los extravagante apellidos que usaban la pilcha del Oeste, quienes parecían personajes de una película como El Señor de Los Anillos o una serie como Game Of Thrones: “de las entrañas de la tierra emerge el abominable Groothuis”, “la respuesta la hallaras en la aldea de los Hudaied”, “Le debemos lealtad al Sanjurjo Celestial”, “La salvación de nuestra especie será después que derrotemos al salvaje Cracco de las profundidades”… Y así hasta el final de aquel plantel.

De la vida de Juan Pablo Cracco no se supo mucho más, solo que entre los años 2004 y 2006 usó la camiseta de 9 de Julio de Río Tercero. Y de esta manera, hoy, aquí, con este paradero incierto, casi completamos nuestro álbum favorito de baldoseros.

¿Alguien dijo Roberto Galant, Mario Costas y Agustín De La Canal?

Olushola Fatai

OlusholaFatai

Fatai Olamide Olushola

Se los conoce como “Diamantes negros”. Son más de 20 mil y están desperdigados por Europa. Todos tienen ciertos puntos en común: un origen pobre en África, las condiciones para convertirse en el nuevo Samuel Eto’o o Didier Drobga y, generalmente, la mala fortuna de haber caído en las garras de un representante inescrupuloso. Apenas un puñadito logrará su objetivo de destacarse en el fútbol. La gran mayoría quedará a la deriva, sin papeles, techo ni comida.

Oriundo de Lagos, la ciudad más poblada y antigua capital de Nigeria, hincha de River y fanático del Diego, Fatai Olushola dejó su tierra natal en 2009, a los 17 años, cuando un agente argentino que lo había visto en un torneo intercolegial fue a seducirlo con la promesa de llevarlo a probarse al Viejo Continente.

Antes, sin embargo, este delantero debía mostrar sus condiciones en Sudamérica. Y así fue que terminó en una pensión de Ituzaingó, en el gran Buenos Aires, donde la pasó realmente mal. “En esa casa vivíamos casi al aire libre. Teníamos mucho frío y no teníamos nada para comer”, relataba al sitio Sporting Africa.

La primera chance de comprobar que era bueno en serio fue en Banfield. Y quedó. Cuando estaba por firmar el contrato, le dijeron que había surgido un problema y que no iban a ficharlo. Cabizbajo, y sin entender demasiado qué pasaba, agarró sus cosas y siguió peleándola. Tiempo después, cuando ya vestía la 9 de la Cuarta División de Huracán, supo la verdad: su representante había pedido una cantidad de dinero irrisoria, boicoteando su llegada al Taladro.

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Luego, desfiló por un sinfín de clubes: Atlético Paraná, Maronese -foto- (formó parte del plantel que ganó la liga de Neuquén en 2009), Rosario Central y River Plate. “Me fui a probar a River y quedé. Fue algo increíble. Pero cuando ya me estaba ilusionando, me dijeron que me tenía que ir”. Otra vez la persona que manejaba su carrera le había jugado una mala pasada. Al menos, tuvo tiempo para pegar onda con el camerunés Many Essomba y los mellis Rogelio y Ramiro Funes Mori.

A comienzos de 2011, un abogado amigo de Julito Grondona le consiguió una prueba en Arsenal de Sarandí. Anduvo bien en algunas prácticas y lo ficharon para la Cuarta División. Tras una buena secuencia en la Reserva, le llegaría la hora del debut profesional.

El 21 de marzo de 2012, en el estadio Florencio Sola, justamente donde Fatai había dado sus primeros pasos en el fútbol argentino, Arsenal quedó eliminado de los dieciseisavos de final de la Copa Argentina tras caer por 2 a 1 ante Sarmiento de Resistencia (Chaco). Esa tarde, Gustavo Alfaro mandó a la cancha a Catriel Orcellet; Sergio Sena, Danilo Gerlo, Víctor Cuesta, Cristian Trombetta; Diego Torres, Gastón Esmerado, Juan Manuel Cobo y Claudio Mosca; Julián Cardozo y Gustavo Blanco Leschuk. En el entretiempo (con el resultado 0-2 abajo), Darío Benedetto reemplazó a Cobo y enseguida el Bicho Gómez entró en lugar del cantante Diego Torres.

Con el descuento de Mosca, Alfaro se decidió a quemar las naves en busca de la heroica: sacó a Cardozo y metió a Olushola. Enseguida, el negro se hizo cargo del ataque y habilitó a Benedetto, que se perdió el empate solito frente al arquero rival.

“Alfaro me hablaba en inglés para que yo entendiera mejor sus indicaciones. Las veces que entrené con el primer equipo me trató muy bien y me dejó una muy buena impresión”, decía el morocho, que no tuvo más chances en la zona sur del Gran Buenos Aires y se fue practicar con un combinado de jugadores libres, hasta que se sumó a Sarmiento de Ayacucho (2013/14).

Allí, protagonizó un hecho histórico: se convirtió en el primer futbolista africano en marcar un gol en la Copa Argentina. Fue justamente ante América de General Pirán, equipo que le daría asilo desde 2014, en las profundidades del Torneo Federal B, conformando una constelación de baldoseros al lado de Gabriel Christovao, Leonardo Tambussi y Junior Ischia.

Ahí jugaba hasta hace algunos meses, cuando el DT Hugo Tenaglia pasó el escobazo y se lo llevó puesto junto con su compatriota Chukwunonso Evans Ugwunwa, de previo paso por San Lorenzo de la mano de Félix Orode, y Junior Ischia, entre otros.

Cervetti Rodrigo

Rodrigo Cervetti (Tato)

El domingo 9 de abril de 2006 no fue un día más en la vida ni de River Plate ni de Instituto de Córdoba. Por el lado de los punteros Millonarios, esa tarde hizo su debut profesional Diego Mario Buonanotte, un diminuto joven de 17 años quien ya compartía una gigantografía publicitaria en El Monumental junto a Enzo Francescoli y a quien todos allí señalaban como el continuador de la dinastía de talentosos valores autóctonos, tales como Ariel Ortega, Marcelo Gallardo, Pablo Aimar, Javier Saviola y Andrés D´Alessandro, entre tantos y tantos otros.

En La Gloria, por su parte, el panorama era bastante distinto. Habían descendido de categoría sin jugar un día antes; al entrenador Ariel Cuffaro Russo le habían enseñado la ruta de salida de Córdoba y junto a él a una decena de “porteños”, tales los casos de los dos principales arqueros: Damián Grosso y Gastón Pezzutti.

Con ex arquero Ramón Benito Álvarez como técnico interino, Instituto se presentó en la cancha de River sin moral y con el entonces inexperto Jorge Carranza en la portería. Pero claro, fue tanta la presión (?) que el 1 se lesionó solo y posibilitó el impensado debut del pibe Rodrigo Cervetti (22/04/1985), juvenil a quien se señalaba como un gran proyecto futuro y continuador de la lista de grandes arqueros de La Gloria, tales como… eh… eh… eh… ¿Caranta?

En ese contexto, el asustado Tato se mandó debajo de los tres palos y de entrada recibió la bufonesca bienvenida de Tití Fernández: “Al peluquero de Cervetti ya lo metieron preso, Enrique (Macaya). Quédese tranquilo…”. Encima, no alcanzó a tocar una pelota que El Tecla Farías se la mandó a guardar dos minutos después de penal. Posteriormente, el propio Farías señaló el 3 a 1 final para La Banda.

Habiéndose sacado de encima la ansiedad por el siempre anhelado debut, Cervetti fue suplente de Carranza en las pocas jornadas que restaron de aquel Clausura y luego la siguió peleando a la espera de su oportunidad. Chance que, por supuesto, nunca jamás llegaría. Y no por que se haya ido o por que se haya retirado, eh. No, no.

Continuó en el plantel hasta mediados de 2013 tapado por, entre otros, Ariel De La Fuente, Diego Pozo, Diego Pellegrino, Laureano Tombolini, Julio Chiarini, Matías Vega y siguen las firmas. Entre medio, vale destacar, se sacó las ganas de jugar un poco cuando estuvo un semestre en General Paz Juniors (2010) del Argentino B.

Sarmiento de La Banda (2013/14) del inframundo fue la antesala a su inolvidable momento mainstream; ese que circuló viralmente en los teléfonos nacionales y extranjeros y que también repiqueteó por programas televisivos de toda índole a lo largo y ancho del planeta. ¿Su equipo? Comunicaciones (2014/15) de la Primera B Metropolitana.

Apenas iban cuatro minutos de aquel partido contra Atlanta cuando El Tato hizo su desmoralizante gracia inmortal, que finalizaría con un 0-5 a favor del Bohemio. Tras estar un tiempo colgado, desde principios de 2016 el arquero intenta rehacer su carrera en Unión de Santiago del Estero del Argentino B.

Desde acá, le mandamos nuestros mejores augurios. Si Florencia Peña, Ivana Nadal y Chachi Telesco lograron superar el escarnio de la híperconectividad ¿Por qué no lo va a poder superar Rodrigo Cervetti?

Angulo Juan

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Juan Camilo Angulo Villegas

Para las frías estadísticas, el paso del colombiano Juan Angulo por la Primera División de nuestro país fue inexistente: no jugó ningún partido y ni siquiera fue al banco de suplentes. Su nombre, sin embargo, logró insertarse en buena parte del pueblo futbolero, debido a un confuso episodio en el que salpicó al entrenador Ricardo Caruso Lombardi.

Formado como lateral derecho en las inferiores del América de Cali, le dieron la chance de debutar con los mayores en el Torneo Apertura de 2008, pero no en cualquier momento: ¡en las finales! Los Diablos Rojos caerían ante Boyacá Chicó por penales, pero tendrían revancha unos meses más tarde, con la conquista del Torneo Finalización. Parecía el arranque de una carrera plagada de éxitos, pero nada que ver…

Al año siguiente, el conjunto caleño comenzó a transitar aceleradamente el camino oscuro que lo llevaría al infierno de la Primera B, aunque Angulo se la vio venir y entonces escapó hacia la Argentina en junio de 2010.

Con apenas 21 años, desembarcó en Tigre y se sometió a una de las habituales pruebas de Caruso, que fiel a su estilo incorporaba jugadores de todas partes sin mirarles el currículum.

El Richard levantó el pulgar y entonces el colombiano se quedó en Victoria. No sólo  él, claro, en ese mercado de pases también llegaron Denis Stracqualursi, Fernando Telechea, Pablo Caballero, Cristian Trombetta, Renzo Vera, Gastón Díaz, Mariano Echeverría, Esteban González, Diego Morales, Daniel Mustafá, Lucas Simón, Pablo De Miranda, Pablo Cáceres y Horacio Anzorena; sumándose a los regresos de Román Martínez, Juan Carlos Blengio, Leonel Altobelli y Martín Galmarini. Sí, 19 futbolistas nuevos.

Con semejante plantel, a Angulo le tiraron la casaca 16, pero nunca la pudo usar. Apenas si deambuló por Reserva, esperando una oportunidad que no le llegaría. Y mucho menos después del escándalo que se desataría en diciembre de aquel 2010.

Cansado de no jugar, el lateral denunció ante los medios que Caruso lo había chantajeado: “La verdad, le pidió dinero a mi representante. Eso es como mucho; él fue el que me trajo, el que me vio condiciones. No me gustó. Estoy muy molesto, nunca se lo manifesté a él para evitar problemas. Es la primera vez que me sucede esto, desde que me di cuenta he estado incómodo. Yo siempre me quise ganar un puesto como lateral y al ver que colocaba otros jugadores, entonces le preguntaba qué pasa. Y por ahí me contestó eso y sabía por dónde venía el caso”.

La acusación era grave, pero al mismo tiempo se sumaba a algo que siempre se había mencionado sobre el entrenador, pero nunca con pruebas sobre la mesa. Entonces Ricardo primero amagó con renunciar y después se enojó: “Por un lado, Angulo no jugaba porque vivía lesionado. Y por otro, si tuviera que darme diez pesos no podría venir a entrenar porque no le alcanzaría la plata”. Y agregó: “Hacen una transa para ensuciarme. Me cago en Angulo, lo traje porque me gustaba y punto. Que me dejen de hinchar las pelotas. Tengo hijos y me están acusando por lo que dijo un colombiano…El representante de Angulo es un gángster, le digo algo y me pega tres tiros”. Y como si fuera poco: “Fueron a buscar a Angulo para que me mande preso por algo que nunca pasó. Si el representante le roba la plata al jugador, que se haga cargo de que se la roba. Y, por otra parte, si lo llego a ver a Angulo, le va a quedar chica la Panamericana, porque es un buen pibe pero es un estúpido. ¿Quién carajo es para acusarme? ¡No lo conocen ni los familiares!”.

Luego, menos tenso, el DT hizo su show:

¿Cómo terminó la historia? Con una rectificación del colombiano y un adiós de la dirigencia de Tigre a Caruso, quien había elevado su perfil polémico más de lo normal.

Angulo probaría suerte en el Shanghái Shenhua de China (2011/12) y Bahía de Brasil (2013), para finalmente volver a su país, donde jugó para Cúcuta (2013 y 2014) e Independiente Medellín (2015).

Desde comienzos de 2016, viste nuevamente la camiseta escarlata del América de Cali. En la B, sí, porque a los Diablos Rojos no los salvó ningún Caruso.

Pezzarossi Dwight [Actualización 2016]

Dwight Anthony Pezzarossi García (El Portaaviones)

Su increíble nombre y origen sumados a un apodo genial le aseguraron un lugar destacado en el sitio. Y su rabiosa actualidad más las pintorescas noticias que supimos de él en el camino, lo elevan, sin dudas, al indiscutido rol de estandarte.

Nacido el 19 de septiembre de 1979 en la Ciudad de Guatemala, El Portaaviones Dwight Pezzarossi llegó a Argentinos Juniors a mediados de 2000 desde el popular Comunicaciones de su país, donde había debutado en 1995. Además y como es de esperar para cada jugador que llega a la Argentina desde Centroamérica, formaba parte del elenco estable de su seleccionado.

Con esos antecedentes, este centrodelantero se sumó al Bicho de La Paternal junto a una cofradía de baldoseros foráneos (los arqueros uruguayos Siboldi y Aurrecochea, el colombiano Luis García y el brasileño Eder Ferreira) y escuchó los aflautados deseos de su poco experimentado entrenador, El Colorado Carlos Javier Mac Allister: salvarse del descenso, hacer una buena campaña, que no le dijesen Corky y convertirse en Ministro de Deportes de La Nación. Pezzarossi tomó nota de esto y después se dedicó a realizar la labor para la cual lo habían contratado: baldosear…

La tardía presentación del Portaaviones se dio recién en la séptima jornada, cuando ingresó algunos minutos por El Cabezón Fernando Sánchez en un empate 1 -1 con Belgrano. Luego fue titular en una igualdad con Almagro (0-0); ingresó en un empate con Huracán (1-1); formó parte de los once que participaron de una reanudación de partido frente a Racing (fue parda 0-0 y encima lo cambiaron a mediados de este mini-encuentro) y fue estigmatizado cuando no fue reemplazado en un partido que Argentinos le ganaba 2 a 0 al River de Los Cuatro Fantásticos con dos jugadores de más y que, como no podía ser de otra manera, terminó empatado en dos tantos.

Una derrota por la mínima frente a Vélez Sársfield, la tarde que se anunció la venta de José Luis Chilavert a Francia, marcó el final de los días de Dwight Pezzarossi en la Argentina, dejando un total de 6 encuentos en los cuales se mostró como un verdadero “delantero-mueble” con escasa movilidad, quien nunca logró quedar en posición de gol por más que compartió cancha -a la vez- con tres grandes asisitidores de izquierda como El Pocho Insúa, El Zurdo Zermatten y Diego Rabona Bustos. Tampoco milagros…

Tras esto, El Portaaviones cruzó la Cordillera para jugar en Palestino (2001) y en Santiago Wanderers (2002), donde tuvo una correcta labor al tratarse de un fútbol más parecido al que se practica en su país. Luego metió una buena campaña en el Racing de Ferrol (2002/03) de la Segunda División española, que quedó opacada por una lesión que lo tuvo de baja durante tres meses. Regresó a Comunicaciones (2003/05) y entremedio superó una prueba en el Bolton Wanderers (2004) de la Premier League. No fue ni al banco de suplentes pero al menos conoció al Jay-Jay Okocha, a Mario Jardel y a Youri Djorkaeff. Grosso…

Cuando todo hacía presuponer que Pezzarossi ya no volvería a salir de su país, el Racing de Ferrol volvió a contratarlo en el mercado de invierno de la temporada 2005/06 y mal no le fue, ya que jugó 10 partidos y marcó tres goles. En julio de ese mismo año pasó al Numancia -también de la División de Plata- pero participó en apenas 21 minutos y fue dado de baja a los seis meses. En 2007 regresó a Guatemala para vestir la camiseta de Deportivo Marquense (2007/08) y de, como no podía ser de otra manera, Comunicaciones (2008/2011).

Un paso por Deportes La Serena de Chile (2011/12) fue su última excursión por el extranjero. El Portaaviones Pezzarossi se retiró a mediados de 2013 con la camiseta de Comunicaciones, no sin antes intentar, en vano, clasificar a su Selección al Mundial de Brasil 2014. Por que el tipo ya estaba viejo pero a ambicioso no le iba a ganar nadie.

Y hablando de ambición, Dwight Pezzarossi sorprendió al planeta entero cuando, en septiembre de 2014, fue nombrado como Ministro de Deportes… ¡y Cultura! de su país por el entonces Presidente Otto Pérez Molina, en una decisión que causó gracia, estupor e indignación en la población entera ya que, entre otras cosas, El Portaaviones manifestó no saber quien fue el diseñador del Teatro Nacional; que sus gustos culturales pasaban por Bon Jovi y Ace Of Base y además declaró como vándalos a perseguir a los skaters. Eso si, hizo spots navideños de lo más sabrosos…

Criticado desde todos los wines por sus medidas de índole irrisorio, Dwight Pezzarossi renunció a su cartera en septiembre de 2015, luego que el Presidente Pérez Molina fuera incitado a dejar su cargo por casos múltiples de corrupción. El Portaaviones lo hizo con una sentida carta dirigida hacía la población y hacía el Presidente Interino Alejandro Maldonado Aguirre. Sin embargo, rápidamente se viralizó una misiva que, aunque apócrifa, manifestaba el verdadero sentir de los guatemaltecos…

Pero eso no es todo, cuando el planeta Tierra se encontraba mirando la Apertura de la Copa América Centenario, una noticia sacudió a todos: la muerte de Muhammad Alí El Portaaviones Dwight Pezzarossi había sido encarcelado al ser acusado por asociación ilicita y por cohecho pasivo, al integrar una red que desviaba fondos públicos en beneficio de empresarios allegados al poder… ¿Dónde escuché algo parecido?

Esas son, hasta el día de hoy, las últimas novedades que tuvimos de Dwight Pezzarossi. Aunque, por supuesto, nos animamos a afirmar que habrán muchas más. Por lo pronto, esperamos que al recordado Portaaviones no le estén introduciendo un Mirage…