Binetti Cristian

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Cristian Ariel Binetti (Peter)

Emblemático lateral izquierdo de una época nefasta de Belgrano de Córdoba, quien formó parte de la descensiva retaguardia de “las tres B” junto a Darío Brane y Sebastián Brusco (el único que ahí desentonaba era el querido Marcelo Culo Flores) y recordado por una única cualidad deportiva: sus terribles saques laterales que se convertían casi en centros para provecho de principalmente nadie (?), luego del Luifa Artime y finalmente del Tano Spallina. Uno de los mejores en ese aspecto. Lástima que al fútbol se juega con las piernas. O al menos, eso dicen…

Tras iniciarse y destacarse en General Paz Juniors (1992/93) del Torneo Regional, a mediados de 1993 nuestro protagonista de hoy llegó al Pirata para jugar sin demasiada continuidad, perjudicado por una lesión y tapado por Ariel Cuffaro Russo y César Loza, entre otros. Al menos, fue de la partida en el histórico encuentro frente al Newell´s de Maradona. Tras un año en Instituto (1994/95) del Nacional B, Binetti regresó a Belgrano para lo más jugoso de su carrera: completar los 33 encuentros en la elite, irse a la B, enfrentar dos veces más al Pelusa y conservar este grato recuerdo:

“Si le podía pegar a Maradona, lo hacía. En una jugada, puso un pie para que me lo llevara puesto y así fue. Lo insulté. Pero nunca me respondió. Con los rivales no se metía. Sí discutía con los árbitros o levantaba a los compañeros. En esa jugada, vino Brusco y me dijo: ¿Cómo le vas a pegar al Diego? Y lo mandé a donde se imaginan”.

“Yo en la semana había declarado que solo comíamos arroz con salchichas y se ve que al Diego le quedó. Vino y me dijo: mirá toda la gente que hay en la cancha y ustedes no cobran. Si hace falta, yo vengo y hacemos un partido para que puedan cobrar. Decile al Luifa que me llame…”.

Una vez en el Nacional B, Binetti apenas jugó durante los dos años que el Pirata se mantuvo en esa divisional. Sin embargo, fue insólitamente titular en la segunda final por el primer ascenso contra Talleres, en la que el lateral estrelló contra el travesaño el último penal de su equipo, previo a que El Lute Oste convirtiese la victoria para los rivales de toda la vida. “Yo no jugaba nunca, tenía fecha para el nacimiento de mi hijo ese día y la tuve que posponer. Rezza no me respetó como jugador. Cuando volvía al centro del campo, El Lute Oste me dijo: menos mal que erraste por que tengo un cagazo bárbaro. Lo peor es que los hinchas de Talleres se fueron cantado Binetti corazón y yo no volví a jugar para Belgrano”.

Entre 1999 y 2003, el lateral formó parte del plantel de Racing de Córdoba que osciló entre el Nacional B y el Argentino A. Con poca continuidad y luego de sufrir horrores por incontables lesiones, a sus 31 años colgó los botines.

Tras un tiempo de incertidumbre, en 2007 el ahora ex jugador encontró una nueva profesión: ser colectivero de la línea 171, lo cual le permite parar la olla al día de hoy y en donde, dicho por él, recibe más puteadas que en su época de jugador. Y ahí, recorriendo las calles de La Docta, se comenta que las manos de Cristian Binetti tienen aún más precisión que en su lejana época de jugador. Nos alegra.

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Coudannes Lionel

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Lionel Coudannes (El Chino)

Producto genuino de las divisiones inferiores de River Plate, el hijo del recordado Jorge Pedro asomó su (ya no tan) blonda cabellera en la Primera de Argentinos Juniors a mediados de la década pasada, aunque, a diferencia de su padre, siempre se mantuvo alejado de las primeras planas.

Nacido en Buenos Aires el 4 de agosto de 1984, en las juveniles del Millonario este volante central había compartido tardes y viajes con tipos que después desarrollaron una carrera interesante, como Javier Mascherano, Juan Pablo Carrizo, Jesús Méndez, Maximiliano López, Rubens Sambueza o Federico Higuaín. También con otros que hicieron lo que pudieron, claro, como Martín Asencio, Matías Argüello, Gastón Spampinato y el japonés Masakatsu Sawa. Así y todo, al cumplir 21 años le dieron las gracias y lo dejaron libre.

Fue Argentinos Juniors el club que lo rescató y Gregorio Pérez el técnico que lo subió al plantel profesional y le dio la chance de ir al banco de suplentes en la última fecha del Apertura 2005, en Santa Fe, ante Colón. Tras el pésimo inicio del Bicho en el Clausura 2006, el uruguayo dio un paso al costado y Adrián Domenech, por aquel entonces al frente de la Reserva, se hizo cargo del primer equipo.

El debut oficial llegaría el 2 de abril de 2006, por la fecha 13, en la victoria por 2 a 0 ante Racing. Esa tarde, acompañó en el mediocampo a Facundo Pérez Castro, el Lobo Cristian Ledesma y Nicolás Gianni. La fórmula se repitió casi como un mantra hasta el final del campeonato, con suerte dispar: 3 victorias, 2 empates y 2 derrotas. La irregularidad siguió siendo una constante del cuadro de La Paternal durante el Apertura 2006, en el que cosechó 5 triunfos, 5 igualdades y 9 caídas. El Chino sumó otras 6 presencias a su currículum, generalmente desde el arranque, aunque sin mucho para destacar.

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Tras varios torneos relegado a la Reserva, aceptó la oferta de Independiente Rivadavia (2008/09) y se fue a buscar la heroica a la B Nacional. El conjunto mendocino tenía a Ariel Ortega y pintaba para ser una de las revelaciones de la temporada. Si bien Coudannes actuó con bastante regularidad (disputó 31 encuentros, con algún que otro incidente), el Burrito estuvo a años luz de su mejor versión y el 11° puesto conseguido marcó el ritmo del fracaso de los Vila Boys (?).

El Chino siguió su carrera en All Boys (28 partidos en la 2009/10), que venía de una campaña discreta y soñaba con pelear arriba. El cuarto lugar en la tabla general le aseguró un cupo en la Promoción ante Rosario Central y el batacazo en el Gigante de Arroyito selló el regreso del team de Floresta a la máxima categoría después de 30 años de espera.

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De vuelta en Argentinos Juniors (2010), el panorama era muy diferente. El Bicho, ya sin Claudio Borghi, pero con Pedro Troglio, se preparaba para buscar el bicampeonato. Parecía que Coudannes no iba a ser tenido en cuenta, sin embargo, Troglio sorprendió y lo llevó al banco de suplentes en las primeras fechas, ante Vélez Sarsfield y Arsenal de Sarandí, aunque no ingresó. Tampoco lo haría en la despedida, ante Tigre, en Victoria. Unos días más tarde, Peter lo incluyó en la lista de prescindibles junto con Carlos Recalde, Federico Domínguez, Guillermo Pereyra, Matías Laba, Julián Fernández y Jonathan Páez.

Sin más que hacer en Primera División, el rubio emprendió un derrotero con más pena que gloria por diversas categorías del under nacional. En el Argentino A, por ejemplo, defendió los colores de Deportivo Maipú de Mendoza (7 encuentros en 2011) y, a pedido del Profe Córdoba, de Central Córdoba de Santiago del Estero (12 partidos en 2012).

A mediados de 2012, parecía que tenía todo arreglado para sumarse a Guillermo Brown de Madryn, pero terminó en Deportivo Morón (2012/13), de la B Metropolitana, donde redondeó 29 presencias a lo largo de la temporada, pero no alcanzó para convencer al Gato Daniele de su permanencia.

Tras coquetear con Deportivo Merlo, Atlético Policial de Catamarca (2013/14) le dio asilo en el Argentino B y sería testigo de un hecho insólito: su primer gol oficial, ante Sarmiento de La Banda. Tampoco jugó mucho, eh. Fueron apenas 8 veces, antes de pegar el portazo.

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Las últimas fichas las gastó en la B Metro con Deportivo Armenio (2014), donde arrancó bien, pero terminó mal tras una tonta expulsión ante Villa San Carlos, y Camioneros (2015), en el Federal B, club al que arribó de la mano de Guillermo Calleri, el padre de Jonathan, que lo conocía de All Boys.

A mediados de 2016, se lo vio en una prueba masiva de futbolistas en Fénix, donde se encontró con otros jugadores con pasado en Primera como Cristian Tula, Cristian Álvarez y el colombiano José Ramírez Agudelo.

Actualmente, viste la camiseta de Córdoba en el torneo de fútbol interno de River Plate, que tiene como una de sus principales figuras al periodista y entrepreneur (?) Cecilio Flematti. Todo queda en una baldosa.

Mena Daley

Daley Yesid Mena Palomeque (La Gacela)

Un solo torneo en el fútbol argentino lo convirtió en un ejemplar de colección para aquellos que recordamos futbolistas raros, esos que por alguna característica física logran llamar la atención de entrada, provocando entusiamo puro para luego rebajarlo con actuaciones decepcionantes. ¿Cómo olvidarse de Daley Mena?

Nacido en 1985 en el departamento colombiano de Chocó, no pudo evitar el karma, puso primera, aceleró a fondo y se terminó estrolando en la primera gran curva de su trayectoria.

Siendo un juvenil y sin tener experiencia profesional en su país, se fue a probar a Uruguay y terminó quedando en Danubio, donde le dieron la posibilidad de mostrar sus condiciones. Con La Franja anduvo bien entre 2006 y 2008, ganando el campeonato charrúa y la posibilidad de saltar a una liga más importante.

Pedido por Antonio Mohamed, en el verano de 2009 arribó a Santa Fe para jugar en Colón. ¿Sus características? “Soy de jugar por los costados y en velocidad para asistir a mis compañeros y que lleguen al gol”, declaraba por entonces. Sólo había que sentarse a esperar.

Su debut se produjo en la primera fecha del Clausura, cuando entró en el segundo tiempo ante River para tratar de nivelar un 2 a 0 adverso en el Monumental. Si bien no gravitó, el Sabalero lo terminaría empatando con sendos zapatazos de Capurro y Prediger. Arrancó bien.

Su condición de amuleto pareció afianzarse al partido siguiente, en el Cementerio de los Elefantes. El Turco lo mandó a la cancha en la segunda parte de un match chivo ante Gimnasia de Jujuy. El colombiano entró encendido, se sacó a dos rivales de encima en la primera pelota y levantó a la gente. Para colmo, unos minutos después le cometieron una falta que derivó en el gol del triunfo gracias a un tiro libre del Pony Oyola. Esa noche todos lo ovacionaron, inclusive el Bichi Fuertes, que estaba en el palco y no se fijó en el color de piel (?).

La fórmula se repitió por algunos partidos más. Mena reemplazaba al delantero Fabián Castillo y trataba de hacer lo suyo en 20 ó 30 minutos. Con su tranco largo y atolondrado, corría como un desesperado e intentaba generar peligro, pero pocas veces con efectividad.  En la tribuna comenzaron a mirarlo con desconfianza.

La Gacela también fue titular en 7 partidos de ese torneo, pero ya sin la gracia de sus inicios. Para el tramo final del campeonato, volvió a actuar desdel el banco, para completar sus contundentes estadísticas: 19 partidos y ningún gol. ¿Asistencias? Tampoco.

No pagaba nada su regreso a Danubio y así fue. Entre 2009 y 2011, siguió metiendo piques en las peladas canchas uruguayas, su lugar en el mundo, hasta que le surgió la chance de jugar en México y marchó.

Lo que nunca se esperó El Velocista (así también lo llaman), es que lo recibieran tan afectuosamente. En un partido ante los Rayados de Monterrey, fue víctima de una patada que le originó una fractura de peroné. Por eso pudo jugar tan solo partidos en los Gallos. Mala leche.

En la temporada 2012/13, Daley bajó las pretensiones y se fue ascenso mexicano, quizás para sentirse figura y recuperar cartel. O mejor dicho, cártel, porque se puso la camiseta de Dorados de Sinaloa. Su debacle ya se podía sentir.

Al año siguiente, continuó trabajando en el mismo rubro, ya que fue traficado al Deportivo Cali (2013/14), a pesar de que el entrenador, el Chonto Herrera (dueño de uno de los mejores apodos del mundo), dejó en claro que no lo había pedido. Y lo que generó expectativa al tratarse de la primera experiencia en su país de origen, terminó siendo una decepción: tan solo 80 minutos repartidos en 3 encuentros. Evidentemente, Mena ya no era aquella Gacela a la que no podían parar.

En los últimos tiempos, intentó recuperarse sin suerte en Rocha de Uruguay (2015), Boyacá Chicó (2016) y Unión Comercio de Perú (2016).

Hoy, después de tanto tiempo de vivir en cautiverio, la Gacela está libre. Y lo único que sabe es correr.

Rivas Esteban

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Esteban Hernán Rivas (El Tanque)

La mala campaña de Independiente en el Torneo Apertura 2004 hizo que para las últimas fechas Pedro Damián Monzón, que había agarrado interinamente el fierro caliente tras la salida de Daniel Bertoni (que a su vez había asumido luego del inesperado y envidiable fallecimiento de José Omar Pastoriza), les diera rienda suelta a algunos juveniles que buscaban minutos en la Primera del Rojo. Así, de prepo, fueron metiéndose en el inconsciente popular los nombres de, por ejemplo, Carlos Matheu, David Abraham, Fernando Lorefice, Sergio Agüero y Esteban Rivas, entre otros.

Nacido en San Jorge, provincia de Buenos Aires, el 28 de julio de 1984, Rivas, delantero de profesión, dio sus primeros pasos en el fútbol con la camiseta de Cadetes de Mar del Plata. A Avellaneda llegó de grande, ya con 19 años, tras probar suerte en Nueva Chicago y Chacarita. “En ese momento estaba Oscar Ruggeri de entrenador en la Primera del Rojo. Fue él quien me probó con un Selectivo que había en ese momento y tuve la suerte de quedar”, comentaba tiempo después.

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Lucas Pusineri, el malogrado Lucas Molina y Rivas, la noche de su debut.

Generalmente confundido con otro Rivas con pasado en Independiente (Emanuel, de larga trayectoria en el Calcio italiano), Esteban sumó sus primeros minutos oficiales ante Estudiantes de La Plata, en la antepenúltima fecha de aquel Apertura, cuando le tocó reemplazar al Pocho Insúa. Una semana más tarde, simplemente para marcar tarjeta contra Arsenal de Sarandí, el Moncho lo mandó a la cancha desde el inicio, acompañando al Kun Agüero en el ataque.

La llegada de César Luis Menotti y un puñado de actuaciones pálidas en el verano de 2005 terminaron de sellar su salida prematura del Rojo. Antes de marcharse, disputó otros míseros 5 minutos en la tercera fecha del Clausura, cuando ingresó en lugar del Turu Flores en la derrota por 1 a 0 ante Lanús.

Un semestre en el Querétaro mexicano (2005), al lado de César Carranza y Mauro Gerk, fue el paso previo al Conurba Experience con la casaca de El Porvenir (2006), que venía jugadísimo con el promedio del descenso: “Mi representante, Cristian Bragarnik, y sus socios estaban gerenciando al Porve y me propusieron ir”. ¿Cómo terminó la excursión? Con El Porve en la B Metropolitana, claro que sí. Ojo, lo peor todavía estaba, justamente, por venir.

A la vuelta, Independiente lo dejó libre junto a un “best of” de baldoseros como Roberto Carboni, Maximiliano Ayala, Tomás Charles, Martín Morello, Mauro Fanari y Pablo Torres. Tras un semestre de inactividad, el 2007 lo recibió otra vez en la tierra de los hermanos Weinbaum (?), aunque ahora con los colores de Peñarol, donde se entrenó antes de salir a buscar suerte en el fútbol italiano. ¿La encontró? Por supuesto que no. Y entonces terminó el año defendiendo la camiseta de Alvarado de Mar del Plata (2007/2008), equipo en el que tuvo una destacada actuación y con el que logró el ascenso al Argentino A.

A mediados de 2008, una oferta del Olmedo lo hizo armar las valijas y tomarse el palo a Ecuador. En la tierra de Delfín, mostró destellos de su mejor versión hasta que en 2011 una lesión en los ligamentos lo obligó a pegar la vuelta. De nuevo en casa, pasó por Alumni de Villa María en el Argentino A (2011) y en 2012 regresó a Alvarado de Mar del Plata, una categoría más abajo, aunque no pudo repetir el desempeño de su paso anterior.

Ese mismo año, Ricardo Dabrowski se lo llevó a Paraguay para jugar en Sol de América (2012/13). Si bien Rivas marcó tres tantos en su primer semestre, los resultados no acompañaron: en el Clausura, con el argentino entre los once titulares, el cuadro solense ganó apenas 2 partidos, empató 7 y perdió otros 7. Poco iba a cambiar la mano en la primera mitad de 2013, en la que tuvo menos acción y no convirtió: 2 triunfos, 2 igualdades y 2 derrotas. Todo terminó con Dabrowski eyectado de su cargo y Rivas, lastimosamente, relegado a la Reserva.

Una vez más en el fútbol vernáculo de los sábados, el Tanque se convirtió en uno de los bastiones de América de General Pirán (2013 a 2016), del Torneo Federal B, donde compartió plantel con otros baldoseros deluxe como Leonardo Tambussi, Carlos Junior IschiaGabriel Christovao y el nigeriano Fatai Olushola.

Decidido a incursionar en nuevas experiencias, hace algunas semanas Rivas se transformó en una de las principales esperanzas del Santa Clara (2017), pensando en lo que será la próxima temporada del Federal C, que arranca en febrero.

Desde acá, prometemos acompañarlo en todas y cada una de sus aventuras. Esperamos que no se quede sin nafta.

Antonio Juan Ignacio

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Juan Ignacio Antonio (Iñaki)

Fue la aparición más sorprendente de River Plate en 2006. Apenas un puñado de meses en Reserva le bastaron al delantero Juan Ignacio Antonio para ganarse un lugar de privilegio en la consideración de Daniel Alberto Passarella que, tras un golazo en una práctica en la que le tocó jugar por el Burrito Ortega, no dudó en mandarlo al banco de suplentes en la segunda fecha del Torneo Apertura, ante Newell’s Old Boys, en el Monumental.

Nacido en Trelew el 5 de enero de 1988, Antonio venía de romperla en las divisiones inferiores de la filial de la Comisión de Actividades Infantiles (CAI) y hasta había llamado la atención de los cazatalentos del Liverpool inglés y el Inter italiano, a los que les dijo que no. También, era una figurita frecuente en las convocatorias de Hugo Tocalli a las selecciones Sub 17 y Sub 20.

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El Millonario lo venía siguiendo desde hacía dos temporadas, pero sus padres se negaban a que el atacante viajara a Buenos Aires hasta que finalizara la secundaria. Bicho raro entre los futbolistas, cuando terminó el colegio se anotó en la Facultad de Derecho, pero tuvo que largar porque los horarios coincidían con los entrenamientos.

“Me gusta bajar a buscar la pelota, no soy un delantero de área y trato de sacrificarme por el equipo, y más por la camiseta de River, que la defiendo a muerte porque desde chico soy hincha fanático”, decía, a modo de carta de presentación, en una entrevista al diario Clarín. El debut del niño mimado del Kaiser, que hasta había sido incluido en aquel polémico convenio con el Locarno suizo, era cuestión de tiempo. Y llegó rápido: en la tercera fecha, contra Racing. Esa tarde, la Academia derrotó a River por 3 a 1 y Antonio reemplazó al Tecla Farías cuando quedaban poco más de veinte minutos.

El juvenil volvió a aparecer a la semana siguiente, cuando ingresó a diez del final en lugar de Ariel Ortega en la victoria por 2 a 0 ante Argentinos Juniors y la otra, versus Arsenal de Sarandí, cuando sobre la hora entró por el Pipita Higuaín. Además, se anotó unos porotos en la eliminación de la Copa Sudamericana en manos del Atlético Paranaense de Brasil.

Algunos problemas físicos (operación de pubalgia y tendinitis en ambas rodillas) lo complicaron en el arranque de 2007 y durante el Clausura apenas fue una vez al banco de suplentes: en la fecha 11, ante Banfield. Reapareció un año después de su debut, en la jornada 7 del Apertura, en una goleada frente a Vélez, cuando le tocó reemplazar a Marco Ruben en el primer tiempo y conformar una inesperada dupla de ataque con Andrés Ríos. Dos semanas más tarde, contra Lanús, se anotaría otros 15 minutos en su currículum, cuando entró en lugar de su ídolo, el Burrito Ortega.

El alejamiento de Daniel Passarella y una seguidilla de lesiones graves prácticamente lo sacaron del mapa futbolístico. En esos tiempos apartado de las canchas, mataba las horas libres como guitarrista de La vieja mimosa, banda de rock que compartía con familiares y amigos.

Ya recuperado, a los tumbos deambuló por la Reserva hasta 2010, ahora con el Kaiser como presidente, cuando Leonardo Rubén Astrada lo sacó del freezer y lo puso un ratito ante Newell’s Old Boys por la fecha 13 del Apertura. También jugó en la jornada siguiente, frente a Atlético Tucumán, antes de que al Jefe le dieran el olivo. Ya con Ángel Cappa como entrenador, fue suplente una vez y, finalmente, a mediados de 2010 quedó libre.

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La resurrección (?) llegaría en el fútbol italiano, de la mano de Filippo Colasanto, un agente FIFA que lo había visto en Reserva y le consiguió un test en el Brescia (2010). Tras casi un mes a prueba en gran nivel, firmó contrato por dos temporadas, aunque apenas disputó un partido por Copa Italia y se marchó cedido al Ascoli (2011) de la Serie B.

En su nuevo club jugó solamente en seis ocasiones, pero fue el héroe de la ciudad gracias a un gol al Frosinone que sirvió para mantener la categoría. Algunas buenas actuaciones en su regreso al Brescia (3 tantos en 20 encuentros en 2011), lo pusieron en la mira de la Sampdoria (2012), donde conocería a Chiquito Romero, Maximiliano López, Mauro Icardi, Fernando Tissone y el uruguayo Bruno Fornaroli y lograría el ascenso a la Serie A.

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Consultado sobre la posibilidad de vestir la maglia azzurra, decía: “Si tengo la suerte de jugar, que sea en la Selección Argentina. Me siento italiano, tengo doble nacionalidad. Pero mi corazón es argentino”. Y agregaba: “Prefiero un amistoso con Argentina que un Mundial con Italia”.

Sin espacio en el plantel principal de la Samp en Primera (8 minutos en 2 partidos), se fue a préstamo al Varese (2013), donde las lesiones atentaron contra su continuidad. Buscó regresar a su mejor versión en Brescia (2013/14), pero ya nada sería igual. En septiembre de 2014 se sumó al Parma en una operación que incluyó el traspaso del argelino Djamel Mesbah a la Sampdoria, sin embargo, inmediatamente fue cedido al FeralpiSalò (2014/15) de la tercera división, donde dijo basta.

Antes de convertirse en un gitano de las categorías más insólitas del Calcio, en octubre de 2015, decidió colgar los botines para volver a su Trelew natal y dedicarse a su otra pasión: la música.

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“Italia ya me dio todo lo que tenía para dar. Me cansé del fútbol. Hablé con mi esposa y mi hijo y voy a dedicarme a la música. Ya agarré mi vieja guitarra y estoy listo para los escenarios. Quiero aprovechar la vida lejos del fútbol. Dos acordes y un micrófono me alcanzan para ser feliz”, decía. Y así va por la vida buscando lo que justamente le faltó a su carrera futbolística: ritmo.

Rodríguez Pablo [Actualización 2016]

OGCN RODRIGUEZ (PHOTO SERGE HAOUZI)

Pablo Martín Rodríguez (Maravilla)

Fue actor de reparto en varias selecciones juveniles, pero casi que nadie se dio cuenta. Se marchó a Europa siendo muy joven y logró destacarse en ligas menores, pero pocos se enteraron. Volvió a nuestro país con toda su experiencia al hombro, pero nadie se percató. Se retiró en el anonimato y siguió trabajando en el ambiente. Fue asistente, DT y coordinador, pero siempre lejos del reconocimiento popular. Insistió, insistió e insistió, hasta que un día pudo hacer ruido en el fútbol argentino. ¿Su función? Comentarista en televisión. Con ustedes, Pablo Rodríguez.

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Surgido de la cantera de Argentinos Juniors, comenzó a dar muestras de su talento en la Sub 17 de Mostaza Merlo que disputó el Mundial de Japón en 1993, con valores como Nico Diez y Emiliano Romay. Más tarde, integró las selecciones de Pekerman, acoplándose a esa gran generación que conquistaría el Sudamericano de Chile y el Mundial de Malasia en 1997. Era enganche y tenía habilidad. El tema era que el pibe del Bicho no se llamaba Aimar, ni Cambiasso, ni Riquelme, ni Perezlindo (?). Apenas era Pablo Rodríguez. Y quizás ese nombre tan común haya influido en el perfil bajo que cultivó a lo largo de su carrera.

Con el cuadro de La Paternal debutó en la fecha 15 del Clausura ’96, ante Belgrano, pero tuvo más rodaje recién en la temporada siguiente, donde participó de 23 partidos del Nacional B e incluso jugó la Supercopa. De nuevo en la máxima categoría, siguió actuando de forma salteada, pero al mismo tiempo despertando el interés de equipos europeos.

En 1998, se fue al Crystal Palace de Inglaterra, junto a Cristian Ledesma y Walter del Río, pero después de tres semanas de entrenamientos se tuvo que volver junto al Lobo, porque no hubo acuerdo con el club inglés, que en ese momento trataba de surfear una crisis económica de la mano del joven empresario Marck Goldberg.

De regreso en Argentinos, Rodríguez llegó a completar 13 partidos en la elite e incluso marcó un gol, para ganarle 2 a 1 a Newell’s en el Clausura ’98. Pero un día, lejos de los flashes y las tapas de los diarios, le dijo adiós a nuestro fútbol.

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Fue Francia el país que lo cobijó. Y nada menos que la ciudad de Niza: playa y glamour, de lo mejor de la Costa Azul. Su paso por el OGC Nice (1998 a 2003) fue de menor a mayor, consiguiendo la idolatría con el ascenso a la Ligue 1 en 2002. Fue entonces que se dijo que podía pasar a la Roma de Italia, pero finalmente se quedó un año más en Niza, hasta que nuevamente apareció Pekerman en su vida.

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¿Se acuerdan del Proyecto Grinbank en el Leganés? Bueno, Pablo Rodríguez fue uno de los 16 jugadores argentinos que se pusieron la casaca del cuadro pepinero en la temporada 2003/04, en la segunda división española. Todo bajo la atenta mirada del hombre Peker en su función de mánager y el Cai Aimar como entrenador. La experiencia apenas duró unos meses porque el empresario del rock terminó levantando campamento, pero al menos se dieron el lujo de poner contra las cuerdas a los Galácticos del Real Madrid.

El siguiente destino de Rodríguez fue el Beira-Mar de Portugal. Y miren si le habrá ido mal, que hasta su curiosamente extenso artículo en Wikipedia lo reconoce (?). Sólo disputó poco más de 100 minutos y pudo conocer al Tanque Santiago Silva, quien seguramente le recomendó que probara con otro deporte: el fútbol uruguayo.

En Montevideo Wanderers (2005), el volante argentino tampoco jugó mucho tiempo, pero al menos utilizó la experiencia para aterrizar en Sudamérica y hacer contactos que le servirían a futuro. Mientras tanto, sentía que todavía le quedaba un tirito como jugador en nuestra tierra.

Su no tan esperado retorno a la Argentina se produjo en el Apertura 2005, cuando defendió la divisa de Olimpo de Bahía Blanca, ingresando en 3 partidos: ante San Lorenzo, Arsenal y Vélez. Poco pudo hacer en los minutos que tuvo, fue limpiado por el técnico Labruna y volvió a ser considerado por Madelón en la temporada siguiente, ya con el Aurinegro en la B Nacional. ¿Ahí jugó? Casi nada. Comió banco a morir, pero al menos formó parte del ascenso a Primera (2006/07).

Tras un semestre en el que estuvo fuera de la actividad, fue rescatado por El Porvenir (2008), donde compartió tardes con Leonel Martens, Pablo Alassia y el Bocha Cameroni. ¿Y ahí tuvo continuidad? Sufrió lesiones y apenas jugó 8 encuentros. Estamos hablando de la Primera C. Su Wikipedia ni siquiera lo menciona.

Inexplicablemente (al menos desde lo deportivo), a mediados de ese año saltó 3 categorías y firmó para Colón de Santa Fe (2008/09). El primer torneo se la pasó en Reserva, pero en el segundo se dio el lujo de jugar: 1 partido, tampoco se crean que tanto. Fue en la victoria 3 a 0 ante San Lorenzo, ingresando por el Pony Oyola a los 68 minutos. Esa fue su despedida de las canchas.

Su interés por el fútbol, sin embargo, nunca desapareció. Estudió en la Escuela de Directores Técnicos de Vicente López, donde se recibió junto a Rodolfo Arruabarrena, Anibal Matellán, Paulo Ferrari y Marcelo Gallardo, entre otros. Y fue precisamente el Muñeco el que le dio la chance de integrar su cuerpo técnico en Nacional de Montevideo. No solo fue ayudante, sino que también dirigió la Reserva del Bolso.

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En 2013, Pablito se hizo cargo de Cerro en el rol de coordinador, pero no tardaría demasiado en lanzar su carrera solista (?) como DT. Al año siguiente se puso el buzo y comenzó a laburar con Patota Morquio y Rubén Umpiérrez como colaboradores. Y les fue bien, porque terminaron zafando del descenso, el objetivo principal.

Ya para 2015, Rodríguez tenía como meta agarrar la Primera de Argentinos Juniors, pero el universo es tan impredecible, que nos daría a Maravilla (también apodado El Bomba) en un nuevo rol, el de comentarista de partidos en televisión. Y ahí sí, llegaría su explosión.

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De repente, las aburguesadas transmisiones se vieron sacudidas por una voz nueva, con conceptos diferentes (muchas veces, inentendibles) y condimentados con algunos furcios típicos de la inexperiencia o los nervios de la ocasión. Eso sí, siempre bien alejado del estereotipo.

Con frases como “El riesgo es el requisito básico del éxito” o “construir es mas difícil que destruir, pero es mejor haberlo intentado”, se fue ganando la atención de los futboleros, que al enterarse del cercano final de Fútbol para Todos, al menos tendrán un motivo para no extrañarlo.

Especiales: los cameruneses de River

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Alexandre Many Essomba y Jules Ismael Djoudjou Kamga

Oriundos de Camerún, Alexandre Many Essomba y Jules Ismael Djoudjou Kamga, delantero y arquero respectivamente, llegaron a nuestro país a fines de la segunda mitad de la década pasada con la ilusión de ganarse un lugar en las divisiones inferiores de River Plate. No iba a ser fácil, claro.

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Alexandre Many Essomba

En 2008, el excéntrico Many Essomba, de apenas 17 años, se convirtió en el primer camerunés en firmar contrato con el Millonario. Atrás quedaban los inicios en su tierra natal con los colores del Black Panthers y Canon Yaoundé.

Carismático, fanático del asado y de Pasión de sábado, el morocho no tardó mucho en pegar buena onda dentro del plantel de la quinta categoría de River Plate, aquella que compartía con los mellizos Rogelio y Ramiro Funes Mori y el Chino Diego Ortega, entre otros. Cuenta la leyenda que en su primer partido amistoso en Argentina, ante Estudiantes de La Plata, jugó tan bien que hasta los rivales fueron a felicitarlo: “En Camerún, fútbol ser rápido. Acá mucha técnica”, repetía Many.

Sin embargo, el camerunés no pasó de un puñadito de actuaciones en inferiores y Reserva y, a mediados de 2011, con el descenso ya consumado, debió marcharse en busca de nuevas oportunidades. Pareció encontrarlas en el Mérida FC de la segunda división mexicana, donde arribó de la mano de Ricardo Valiño, que lo había dirigido en River. “Vengo a meter goles, a ganarme el puesto. Y quiero que olviden a Biyik”, decía en referencia a François Omam-Biyik, aquel del gol a Argentina en Italia 1990, que había pasado por México a fines de los noventa.

Pero Essomba no pudo afianzarse y se marchó antes del final del campeonato, tras apenas siete presentaciones: “Las cosas no se dieron acá en México, ha sido una lástima, pero por ahora no quiero jugar más futbol. He jugado por espacio de dos años y por ahora tengo pensado irme a Francia con mi familia y allí seguir con mis estudios. Lo que voy a hacer con el futbol todavía no lo tengo decidido”.

De a poco, más cerca de los suyos, el delantero se reencontró con la número 5, aunque ya bien lejos de los primeros planos. De los segundos y terceros también, eh. En su tierra natal lo hizo en el Dragon Club de Yaoundé (2012/13), mientras que entre 2013 y 2015 defendió la camiseta del Avenir Foot Lozère y desde ese año, con un look bastante cambiado, hace lo propio en el Olympique d’Alès en Cévennes, ambos de la quinta división francesa.

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Jules Ismael Djoudjou Kamga

Casi dos metros de altura, 93 kilos y calzado número 47. La carta de presentación del arquero Jules Ismael Djoudjou Kamga, a priori, imponía respeto. Nacido en Duala en diciembre de 1990, había llegado a prueba en 2009, pero terminó fichando un año después y las oportunidades no tardaron en aparecer. En abril de 2010 debutó como titular en Cuarta (relegando a Rodrigo Rey y Rodrigo Cardozo) ante Almirante Brown y si bien el partido terminó empatado 1 a 1, el morocho no tuvo responsabilidad en el gol.

Fan de Thomas N’Kono, Djoudjou Kamga era, según el entrenador César Laraignée, uno de los proyectos más interesantes de la cantera millonaria. Por eso probablemente no llamó la atención que pocos meses más tarde tuviera su primera chance en Reserva, en pleno estadio Monumental, ante Olimpo. Aquella tarde, el camerunés dejó atrás a Gonzalo Marinelli y Leandro Chichizola, los arqueros que alternaban el puesto en Tercera, que ni siquiera fueron al banco de suplentes.

El moreno quedó en el ojo de la tormenta porque tuvo responsabilidad en los dos goles del conjunto de Bahía Blanca (el encuentro terminó 2 a 2) y principalmente porque en el Mundo River había quienes aseguraban que sumaba cada vez más minutos porque estaba vinculado al representante Alejo Esmoris, yerno de Ubaldo Fillol, que se desempeñaba como coordinador de goleros y ayudante de campo de Juan José López, el DT de la Primera. El que estalló de bronca fue Chichizola, que pegó el portazo, dejó de ir a los entrenamientos y hasta amenazó con irse del club con el pase libre.

Ya lejos de Núñez, Djoudjou Kamga siguió su camino en el fútbol de ascenso belga, donde defendió los tres palos del Royal Excel Mouscron, Royal Géants Athois y Royal Francs-Borains, donde se desempeña actualmente.

Balsas Sebastián

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Sebastián Andrés Balsas Bruno (El Torero)

Breve y atípica, la carrera profesional del delantero uruguayo Sebastián Balsas pasó por todos los estadios posibles. Tuvo picos de euforia, caídas pronunciadas, momentos de incertidumbre y hasta ribetes casi trágicos. Todo eso condensado en un lapso de siete años.

Nacido en Montevideo en marzo de 1986, el botija metió sus primeros goles en inferiores con la camiseta de Nacional, el cuadro de sus amores. Sin embargo, en 2001 la economía familiar andaba a los tumbos, al ritmo de la crisis que afectaba a toda la región, obligándolos a bajar la persiana del negocio que tenían y a emigrar a España en busca de nuevas oportunidades y un futuro mejor. En el Viejo Continente, a la par de los estudios, le dio a pelotita en el Club Deportivo Oliver de Zaragoza y hasta casi se va a Inglaterra: “En un momento me quisieron llevar, pero no me animé: pensaba que iba a extrañar mucho a mis padres y a mis hermanos”.

En diciembre de 2005, en un viaje a su tierra natal, Balsas enfrentó en un fútbol 5 a un representante de jugadores, Gustavo Nikitiuk, que le vio condiciones y le ofreció testearlas en clubes del paisito. Primero estuvo un año en la Tercera de Liverpool, donde conoció a Emiliano Alfaro, y luego pasó un semestre en Miramar Misiones, sin chances de debutar.

Cuando estaba por pegar la vuelta a Europa, surgió un interés de parte de Racing de Montevideo (2007 a 2009), que la temporada anterior había descendido a la B. De la mano del baldosero Eduardo Favaro, el Cervecero conquistó el Apertura de punta a punta y Balsas se dio el gusto de jugar profesionalmente por primera vez a los 21 años. En el Clausura, ya con José Puente como DT, el verdiblanco mantuvo el buen nivel y garantizó el ascenso con varias fechas de anticipación.

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En el regreso a Primera, Racing fue la sensación del Uruguayão y por su ubicación en la tabla anual 2008/09 se ganó un lugar en la liguilla, que otorgaba dos plazas para la Libertadores de 2010 y otros dos cupos para la Sudamericana 2009. Los de Sayago terminaron segundos, detrás de Cerro, y se metieron de cabeza en el certamen internacional más importante del continente.

Para ese entonces, Balsas se debatía entre ofertas de Nacional y Peñarol, que buscaban sus goles. El pibe ni lo dudó y firmó con el Bolso. Atrás quedaba una marca de 19 tantos en 51 encuentros con la casaca del Cervecero. En Nacional (2009/10) redondeó 20 presentaciones, la mayoría ingresando desde el banco de suplentes, y convirtió 5 veces (2 a Atenas de San Carlos y… 3 a Racing de Montevideo -que no los gritó, algo que no cayó del todo bien entre los hinchas tricolores-).

Para mediados de 2010, ya había dejado de ser el secreto mejor guardado del fútbol uruguayo y su nombre sonaba en casi todos los clubes de la vecina orilla. Lo buscaron, entre otros, Tigre, Estudiantes de La Plata y hasta River Plate, pero el destino del charrúa estaba en Boedo, Almagro el Bajo Flores.

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“Me encantan los colores de San Lorenzo porque son parecidos a los de Nacional, el club del que soy hincha en Uruguay. Además, me gustó siempre porque acá jugó el ‘Loco’ Abreu, que es hincha de Nacional, es delantero como yo y tuvo un paso muy bueno por San Lorenzo”, relataba en sus primeras entrevistas, vendiendo un poco de humo. “Espero lograr lo mismo que Abreu. Ojalá que, en el futuro, a un uruguayo tengan que preguntarle por mí”.

El arranque de Balsas en San Lorenzo (2010) fue más que prometedor, con un golazo sobre la hora a Racing en el Cilindro en la tercera fecha y otro (más una asistencia a Menseguez) a Boca en La Bombonera, en la quinta. Sin embargo, la campaña del equipo de Ramón Díaz en la segunda mitad del campeonato dejó bastante que desear (terminó 14°) y rápidamente los aplausos pasaron a ser murmullos y silbidos.

Si hay algo que marcó a fuego la corta estadía del yorugua con la camiseta azulgrana fueron los cortocircuitos con el propio Ramón: “Me cuesta entender la decisión del entrenador, sobre todo porque hace seis meses firmé un contrato por cuatro años. Me dolió que no me dejen ir a la pretemporada. Jugué nueve partidos como titular y marqué tres goles -el tercero a Tigre, en la fecha 11-, no creo que sea una mala marca”, declaraba a comienzos de 2011, luego de que le comunicaran que no iba a ser tenido en cuenta, al igual que Fabián Bordagaray, Sebastián Rusculleda, Nelson Benítez, su compatriota Emiliano Alfaro y Diego Rivero.

En el medio, un temita recurrente en aquel plantel del Ciclón: el póker. “Yo le pregunté a Ramón porque no me quería y me dijo que era futbolístico. No creo que me haya mentido. Soy un gran profesional, pero me perjudicó lo que se dijo del póker. Estábamos jugando dos días antes del partido con Estudiantes. Preferí integrarme al grupo jugando con mis compañeros y no estando solo en la habitación. No soy una mal profesional por haber jugado al póker”, repetía acerca de la noche en la que se produjo un quiebre en la relación entre algunos jugadores y el segundo riojano más famoso del país.

Enseguida llegó a ser anunciado como refuerzo del Tenerife, aunque el pase no se concretó por problemas con la documentación. También estuvo varios días a prueba en el Malmö de Suecia, que descartó su contratación, y terminó regresando al paisito para un touch & go en Racing de Montevideo (2011).

A mediados de año se sumó a préstamo al Córdoba español, donde actuó poco y nada y para colmo se llevaba a las patadas con el técnico, Paco Jémez: “Nadie le ha dicho que se busque equipo ni que se vaya. Es jugador del Córdoba siempre que él quiera. Fue él el que vino a hablar conmigo para decirme que tenía una oferta de Argentina”. Es que el uruguayo tenía todo arreglado para sumarse a Argentinos Juniors (2012), de cara al torneo Clausura.

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Al Bicho de La Paternal, donde apenas disputó 8 encuentros, llegó a pedido de Néstor Gorosito -que renunció tras aquel recordado y confuso accidente– y huyó despavorido luego de un violento robo del que fue víctima junto a Sergio Escudero. “Fuimos a sacar dinero a un banco. Al salir nos encañonaron dos tipos y se nos subieron al auto. A Sergio, que iba manejando, lo pasaron para atrás y uno se sentó en el volante conmigo al lado. Me puso la pistola en el estómago y me decía que no me moviera, pero en un momento se me cruzaron los cables y le pegué una piña. Ahí empezamos a forcejear y el que manejaba sacó un cuchillo, me pegó dos puñaladas en la pierna y otra en el brazo, entonces me tiré como haciéndome el desmayado”, relató tiempo después al Diario Olé. Y siguió: “Me di cuenta que soy macho pero hasta la tercera puñalada, ja. El que estaba atrás me puso la pistola en la boca y me dijo que si me movía, me mataba. Fue un momento terrible el que vivimos”.

Decidido a alejarse de Buenos Aires porque “estaba muy perseguido, iba por la calle y sentía que todos me miraban como si tuviera plata en los bolsillos”, y porque tampoco estaba en los planes de Leonardo Rubén Astrada, aceptó la propuesta del empresario de medios Daniel Vila y se sumó a Independiente Rivadavia de Mendoza (2012), que buscaba el ascenso en las vísperas de su centenario. ¿Qué pasó? En plena pretemporada, Balsas se rompió la rodilla. Luego, se acentuaron los problemas: “En el segundo semestre empecé a sufrir problemas en la espalda, ya las últimas semanas perdía la estabilidad porque del dolor que tenía se me dormían las piernas como un acto reflejo. Quería jugar, recuperarme, me infiltré muchísimo…”.

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Con tan solo 26 años, Balsas no podía más físicamente. “Se me terminó el contrato en Mendoza y me fui a España. ¡Fue el peor viaje de mi vida! En el avión no podía estar sentado del dolor que tenía. No bien llegué me hice estudios y los médicos no entendían como podía haber llegado a tener tres hernias, una que era enorme, y haber soportado tanto dolor. Pasa que como quería volver a jugar, me infiltraba y aguantaba. Hasta que no pude más”.

Tras una serie de operaciones que lo dejaron fuera de competencia en 2013, en 2014 se ilusionó con su tercer regreso a Racing de Montevideo buscando la recuperación. Durante el primer semestre se mantuvo entrenando con la Reserva del equipo uruguayo y en agosto se sumó al L’Aquila de la tercera división italiana, pero apenas actuó unos minutos y el cuerpo no dio para más.

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“Álvaro González, que es un gran amigo que en ese momento jugaba en la Lazio, me contactó con un doctor italiano muy importante. Le llevé todos los estudios y le pedí que me dijera la verdad porque ya estaba cansado de toda esa situación. El tipo fue directo: “No podés volver a jugar profesionalmente”, relató. Así fue que a fines de 2014, con apenas 28 años, Balsas colgó los championes de una vez por todas.

Por estos días vive en Zaragoza y, completamente alejado del fútbol, administra un restaurante al mismo tiempo que disfruta del anonimato “salvo cuando viene algún argentino o uruguayo. Cuando me reconocen trato de hacerme el boludo, pero por lo general no puedo, ja”.