Rovira Gonzalo

Gonzalo Eduardo Rovira

Eterno juvenil, eterna promesa, eternamente en deuda por todo lo que se esperaba de él, y lo poco que pudo rendir. Que le faltaron oportunidades, que tenía una mochila muy pesada, que no manejó bien su carrera. Lo cierto es que nunca alcanzó el estrellato imaginado al irrumpir en la primera de San Lorenzo, con el mortífero antecedente de ser uno de los máximos goleadores de sus divisiones inferiores.

Después de sentarse en el banco de suplentes en los últimos tres partidos del Apertura 2006, y tras una espera que parecía interminable, finalmente el debut le llegó el 24 de septiembre de 2009. Fue frente al Cienciano, por Copa Sudamericana. Y la experiencia no podría haber sido mejor para el joven delantero: marcó un gol y dio dos asistencias en la victoria por 3 a 0, que dejaba a los de Simeone a un paso de los cuartos de final. En el partido de vuelta, el delantero le marcó otra vez al conjunto peruano para sellar la clasificación. A los 21 años, llegaba al punto más alto de su carrera. Nunca más iba a estar cerca del brillo alcanzado esos días.

El buen rendimiento que mostraba cada vez que le tocaba jugar no alcanzaba para convencer al Cholo, por lo que el club decidió darlo a préstamo, lo que motivó las protestas de los hinchas: unos 150 fanáticos realizaron una movilización para mostrar su inconformidad con la salida del jugador, entre otros motivos. Por si esto no quedó claro, es necesario repetirlo en negrita: más de un centenar de personas fue a pedir explicaciones a la sede porque se desprendían de Rovira… ¡¡DE ROVIRA!!

Su destino fue La Serena, de Chile, donde jugó poco y pasó por un susto difícil de olvidar: vivir rodeado de chilenos un terremoto que sacudió al país. “Paraba en un hotel. Estaba durmiendo y se me movió todo. Me desperté y me quedé helado. Me asusté mucho, no tenía manera de comunicarme con mis familiares. Hasta que hablé con mi mamá y me pidió que volviera. Tenía contrato hasta diciembre y lo rescindí”, contó, más aliviado, a la vuelta.

El Apertura 2010 lo tuvo presente en 7 partidos, por lo que su segunda etapa en San Lorenzo solo fue una escala para conocer un nuevo destino: Ecuador. Lamentablemente para los hinchas que se ufanaban (?) con el “¡Qué jugador dejamos ir!”, su rendimiento con la camiseta del Deportivo Quito fue mediocre. Pero si a él le fue mal, al club le fue peor: como le quedaron debiendo plata, Rovira presentó un reclamo que llegó hasta la FIFA, que en 2016 resolvió quitarle puntos al equipo, cooperando así en su descenso a Segunda División.

Como el dueño de su pase seguía siendo el Ciclón, tuvo que regresar al Bajo Flores. Se veía venir otro préstamo, y esta vez el afortunado (?) fue Douglas Haig (2012/13). Allí, ni el Pampa Jorge ni Mostaza Merlo lo tuvieron entre sus delanteros favoritos, por lo que  buscó mejor suerte en Salta, firmando para Gimnasia y Tiro (2013). Sin embargo, pocos meses después y por razones económicos el club decidió prescindir de tres futbolistas: César González, Claudio el falso Beto Acosta y Gonzalo Rovira.

Sus siguientes pasos los dio con las camisetas de Colegiales (2014) y de Textil Mandiyú (2015). Es interesante detenerse en la campaña del equipo correntino durante la primera fase de ese Torneo Federal A: 15 partidos perdidos, 2 empates y una sola victoria. Rovira ni siquiera llegó a completar este tramo del campeonato, ya que en un momento random (?) apareció en una prueba en San José de Oruro, que finalmente decidió contratarlo. La tristeza de los foristas de San Lorenzo al ver el derrotero (?) de su protegido se podía sentir en los cien barrios porteños.

En el equipo boliviano vivió un dejà vu: pocos minutos, bajas actuaciones, salida tumultuosa. Aunque en este caso su partida no fue tan rápida: decidido a no romper su contrato así nomás, Rovira siguió formando parte del plantel aún sin jugar, ocupando así una plaza de extranjero e impidiendo la contratación de alguna figura rutilante (?) del exterior.

Finalmente, en 2016 retornó a Argentina. Con 28 años defendió los colores de Atlético Uruguay de Concepción del Uruguay, en el Torneo Federal B. Allí, al lado de Celso Esquivel y el haitiano Judelin Aveska, disputó los que fueron sus últimos partidos en el fútbol (más o menos) profesional. Se desconoce si los hinchas de este equipo se movilizaron para pedir por su continuidad.

Alcaraz Walter

Walter Oscar Alcaraz (Guadaña / El Negro / Cuco)

¿Ponerse un locutorio? ¿Abrir una cancha de paddle? ¿Apostar al dólar? ¡Nada de eso! Si hubo un negocio de alto riesgo en la década de los noventa, ese fue el de jugador de fútbol profesional medianamente habilidoso. Más aún, si la falta de fortuna hacía enfrentar tu frágil humanidad contra ese temeroso escuadrón suicida llamado Club Atlético Vélez Sársfield.

Porque, recordemos, agarrabas la pelota en la mitad de la cancha y aparecían, cual zombies sedientos de carne, Carlos Compagnucci y El Negro Marcelo Gómez para hacerte la vida imposible con una caterva de recursos de los cuales el cachetazo era el más leve. Pasabas y se materilizaba Flavio Zandoná dispuesto a convertir a cualquier perejil, probablemente vos, en su nuevo Edmundo. Luego venía -tirando la plancha desde Piguë- Roberto Trotta con sus escupidas y su chamuyo. Chocabas contra las piernas y codos de Víctor Hugo Sotomayor y el tipo salía indemne con su angelado aire de “si yo simplemente soy un pobre científico que busca la cura contra el cáncer”. Y atrás de él, claro, aparecía sonriéndose diabólicamente El Pacha Cardozo, quien, básicamente, no tenía ningún pudor de bailar un malambo sobre tu tibia… ¡Y todavía faltaba enfrentar a José Luis Chilavert, viejo! Con esta mafia en la retaguardia ¿Cómo no iba a llegar a Campeón del Mundo aquel equipo de Carlos Bianchi? Así cualquiera, hermano…

A Dios gracias y por el bien del deporte, los nombres antes mencionados quedaron anclados en el manual de ritos, conjuros y sartilegios del Siglo pasado. Sin embargo, la gente del Fortín volvió a sentir aquel mix de emociones vividas gracias a la sinfónica de Compagnucci, Gómez, Zandoná, Trotta, Sotomayor, Cardozo y Chilavert –no la de volver a ganar torneos continentales, está claro- con sus dosis justas de violencia, lesa humanidad y mala leche, en las escuetas presentaciones de Walter Alcaraz por Primera División.

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A veces zaguero, a veces lateral, siempre “uno que está en el fondo”, Guadaña nació el 7 de abril de 1983 en Lomas de Zamora. Surgido de la cantera velezana, debutó (y como titular) en la jornada 17 del Apertura 2002, cuando el entrenador, Carlos Ischia, decidió dejar de lado su poco productiva línea de tres y probó con cuatro defensores, ubicando a Alcaraz en la posición de lateral izquierdo. ¿Cómo le salió? Re bien, perdieron 2 a 0 con Newell’s y Roberto Nanni se hizo un gol en contra. De regreso al líbero y stopper, El Pelado no quiso quemar al purrete y lo dejó como titular en las dos últimas fechas de aquel campeonato.

Pero claro, estamos hablando de uno de las tan mentados “ciclos de transición” por los que siempre, pero siempre, transita el club de Liniers. Por tal razón, en el Clausura ´03 Alcaraz tuvo su mejor producción en Primera (12 partidos como titular), alternando con Emiliano Dudar, Santiago Ladino, Fabricio Fuentes, El Ruso Uglessich, Maxi Pellegrino y Hernán Pellerano, sin ser ninguno de los mencionados titular indiscutido. Al menos, el bueno de Guadaña nos regaló un gran repertorio de murras, patadas y topetazos.

En la temporada 2003/04 el defensor apenas metió 10 encuentros, siendo lo más destacado un gol en contra en el empate 3 a 3 frente a Boca en La Bombonera (falsamente atribuido al baldosero Carlos Marinelli). Luego sucedió lo inevitable: el regreso de Alcaraz a la Reserva durante un año para ver si aprendía a diferenciar una número cinco de un peroné. El objetivo tardó en concretarse. Por tal razón, nuestro protagonista vio desde la platea al Fortín campeón del Clausura ’05.

Reintegrado al plantel principal, desde mediados de 2005 a finales de 2006 Walter Alcaraz disputó sus últimos 13 encuentros con La V Azulada. Pero, eso sí, repitió su momento de gloria: otro gol en contra en un empate 3 a 3; en esta ocasión frente a Tiro Federal de Rosario. No cualquiera, eh.

La primera fecha del Apertura ’06 marcó su despedida abrupta de Primera División. Esto sucedió cuando visitaron a Newell´s en Rosario y dos entonces ignotos debutantes delanteros paraguayos llamados Santiago Salcedo y Oscar Cardozo se hicieron un festín con la defensa velezana pero, por sobretodo, con un lentísimo y cuadradísimo Walter Alcaraz. Después de aquel 0-3, todos en Vélez le dijeron hasta nunca.

Un préstamo de un año y medio en Chacarita (2007/08) de la B Nacional, pareció ser la mejor opción para todos. Y allí sus violentos recursos y su aura peronista fueron en principio festejados; pero se le volvieron totalmente en contra luego de cometer un penal de lo más insólito, pelotudo e inexplicable en el último minuto de un encuentro frente a Platense. Lo bueno es que allí lo dirigió Pedro Damián Monzón y su suplente era El Chaco Insaurralde… ¡Agarrate las canillas! Con el pase en su poder, Alcaraz se sumó a otro equipo de Segunda: Aldosivi (2008), pero su horrible desempeño sumado a una velocidad digna de quien corre en chancletas por la arena de la playa Bristol obligaron a los dirigentes a rescindirle el contrato a los seis meses.

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En Los Andes (2009/10), Guadaña se dio el lujo de meter un descenso a Primera B Metropolitana y jugar una temporada completa en esa categoría. Luego, y como una especie de justicia poética, los hermanos Schiavi se sintieron identificados con él y lo llevaron al equipo de su pueblo: Rivadavia de Lincoln (2011), donde disputó el Torneo Argentino A.

Flandria (2011/12, B Metro), Almagro (2012/13, B Metro), Olmedo (2013) y Macará (2014) ambos de la Segunda de Ecuador, Huracán de San Rafael (2014, Argentino B) y un sospechoso y revelador paso testimonial por Platense (2015, B Metro) fueron los equipos donde el defensor continuó su faena. Hoy, por supuesto, nuestro homenajeado está retirado y no sabemos a qué se dedica. Lo que si sabemos, con seguridad, es que miles de jugadores habilidosos respiran aliviados y no huyen cobardemente hacía otro costado como cuando divisaban la robusta, desenfrenada y salvaje silueta del Negro Guadaña. Porque esa fue la inexorable consigna durante algún tiempo… Fuga de Alcaraz.

Giménez Damián

Damián Joel Giménez (El Cebolla)

Rústico lateral izquierdo y en ocasiones descarado volante por la misma franja, quien se convirtió en un emblema no sólo de Banfield -donde es recordado con una sonrisa- sino de todo el fútbol argentino, por el emocional hecho fundamental (?) de tratarse del último bastión del jugador con pelo largo y colita, tan en boga entre mediados de los ochenta y finales de los noventa. Ajeno a su época desde el vamos, en su corta estadía en Primera División El Cebolla Giménez se caracterizó por utilizar la violencia y la vehemencia que caracterizó a los defensores de antaño.

Nacido en Lomas de Zamora el 26 de febrero de 1982, el propio Taladro fue el lugar donde comenzó su carrera de inferiores. Promovido al primer equipo en 1999, jugó en cuentagotas en aquella estadía de Banfield por el Nacional B. Así y todo, Giménez alcanzó la gloria cuando fue titular en la Segunda Final por el ascenso de 2001 frente a Quilmes (4-2) y dio la vuelta olímpica junto a históricos como Christian Lucchetti, Julio Barraza, El Archu Sanguinetti, El Gatito Leeb, Garrafa Sánchez, El Loco González, El Pelado San Martín y El Yagui Forestello. Y también se confundió en un abrazo (?) con infaltables baldoseros como Pablo Del Río, Fabián Santa Cruz o Martín Mazzuco.

Ya en la máxima categoría, El Cebolla debutó como titular en la primera fecha del Apertura ´01 ¿Y cómo le fue? Fenómeno, perdieron 0-5 contra Newell´s como locales y Maxi Rodríguez, quien se movía por su andarivel, marcó tres tantos. El lateral se mantuvo como titular algunos encuentros más acumulando derrotas y derrotas, hasta que la salida del entrenador Mané Ponce, la llegada de Luis Garisto y la recuperación del colombiano Brahaman Sinisterra, lo devolvieron hasta el final de aquella temporada a la Reserva.

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Entre mediados de 2002 y julio de 2005, Giménez metió 37 encuentros ingresando en el 80 % de las ocasiones entre los minutos 85 y 93. Fue en el Clausura ’05, ya con Pelusa Falcioni como director técnico, cuando El Cebolla tuvo su mejor rendimiento: ocho partidos como titular. Y fue precisamente por aquellos días cuando tuvo su jugada inolvidable. Esa que lo inmortaliza en el panteón de la baldoseridad.

Cuartos de Final de la Copa Libertadores 2005, partido de ida. River Plate visitó al Taladro en plena ebullición de la jodita Tuzzio – Ameli. El encuentro finalizó empatado 1 a 1, pero lo que el gran público recuerda, aparte de al Chipi Barijho tocándole las nalgas al Coco, es la violenta patada que El Cebolla Giménez le metió a Javier Mascherano y que ni siquiera fue merecedora de tarjeta amarilla… El Jefecito se revolcó, sufrió y lloró como si las cinco finales perdidas se le hubieran venido todas al pecho al mismo tiempo.

Sin nada más que hacer por el sur y con el pase en su poder, nuestro protagonista enfiló para Rosario y se sumó a Newell’s Old Boys (2005), como una joda del Presidente Eduardo López al entrenador chileno Juvenal Olmos, quien se cansó de pedir a sus compatriotas Gonzalo Fierro, Waldo Ponce y Rafael Olarra pero que se tuvo que conformar con El Cebolla como refuerzo.

De entrada, fue titular como volante por izquierda en la histórica serie perdida frente a Rosario Central por la Copa Sudamericana (relegando al Burrito Ortega, Fernando Belluschi y al Piojo Manso… ¡que ganas!) lo cual definió la suerte tanto de Giménez como del técnico trasandino. Tras diez encuentros plagados de derrotas y suplencias, el jugador abandonó la tierra de Lionel Messi.

Tras aquello, El Cebolla apareció en Italia para jugar en el Pescara (2006) de la Serie B, donde fue dirigido por un tal Maurizio Sarri, quien lo utilizó en apenas 12 ocasiones. Luego regresó en el país para disputar el Clausura ´07 en Nueva Chicago, despedirse de Primera División y meter un descenso junto al Mono, El Negro Martínez, El Turco Hanuch y Lucio Filomeno, entre otros.

Chornomorets Odessa de Ucrania (2007/09), Alki Larnaca de Chipre (2009/2010), Temperley (2010/11), Leandro N. Alem (2011/12), Atlético Chascomús (2012), Villa San Carlos (2012/14), Textil Mandiyú (2014) y Cerro Largo de la Segunda División de Uruguay (2015/17), fueron los lugares donde Damián Giménez pasó ese precioso rango de vida que va desde los 25 a los 35 años, oscilando por casi todas las categorías que puede conocer un ser humano.

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Ya sin su entrañable cabellera desalineada, claro, pero con la misma pierna fuerte de toda la vida. O todavía más. Es que, se sabe, la cebolla pelada siempre arranca el doble de lágrimas…

 

Russo Roberto

Roberto Emilio Russo

Sus escasas imágenes con la camiseta del Rojo son a los pies de Ricardo Centurión, tratando inútilmente de sacarle la pelota en aquel tempranero clásico que ganó Racing en 2012, con dos goles (los únicos en La Academia) de José Sand. Eso resume la carrera de Roberto Russo.

Nacido en 1982, fue en La Plata donde hizo inferiores: primero en el Club Gonnet y después en Estudiantes (2003), donde llegó hasta Reserva y lo dejaron libre. La peleó en La Plata FC (2004 a 2007), después en Cambaceres (2007/08), Deportivo Morón (2008/09) y Nueva Chicago (2009/10). Esos días en el Argentino y en la Primera B lo hicieron conocido en el under y entonces le llegó la chance de mostrarse en la máxima categoría.

Con la camiseta número 3, pero habitualmente actuando como lateral por derecha, Russo completó 2 años con los colores de Godoy Cruz Antonio Tomba, en los que incluso metió participaciones en Sudamericana y Libertadores. En total, jugó 53 partidos y metió 1 gol (a Boca, generando otro oasis en la cabeza de Marcelo Araujo). Eso despertó el interés de un grande.

Fue el Independiente de Cristian Díaz el que lo incorporó a comienzos de la temporada 2012/13, en un combo digno de Cocoon que le pondría la guillotina a su futuro: Luciano Leguizamón, Claudio Morel Rodríguez, Cristian Tula, Jonathan Santana, Víctor Zapata y Paulo Rosales, entre otros.

Su debut oficial sería el 19 de agosto de 2012, por la 3º fecha del Torneo Inicial. ¿El rival? Racing. ¿El estadio? El Cilindro de Avellaneda. Situación inmejorable para romperla y ganarse a la gente. O todo lo contrario…

Ese día, a Russo le pasaron todas. En el primer tiempo, se resbaló adentro del área y permitió el primer gol de Sand. En el segundo, se convirtió, sin saberlo, en la primera gran victima (futbolística) de Ricardo Centurión. El Caco lo bailó (a él y varios de sus compañeros) sobre el margen izquierdo de la cancha, dejándolo en ridículo más de una vez. Si hasta le tiró un tackle para intentar frenarlo. Nada le alcanzó.

Después de semejante actuación, no se esperaba nada de él en el Rojo. Volvió a ser titular unos días más tarde, en aquel recordado 3 a 3 en La Bombonera que eliminó a Boca de la Sudamericana. Y cerró esa semana jugando desde el arranque en la derrota 2 a 0 ante Arsenal, con un gol en contra de Tuzzio. Fueron sus únicos 3 partidos en Independiente. Y todo en apenas 7 días.

Luego de haber perdido el puesto con Vallés y de que le anunciaran que no sería tenido en cuenta, a fines de 2012 Russo pensó bien una idea que venía elaborando y declaró: “Brindemos por Independiente, porque lo va a necesitar” (?). Por supuesto que se tuvo que buscar club.

Después de pasar 6 meses a préstamo en Nueva Chicago (2013) y ya con el Rojo en la B Nacional, el lateral rescindió para el segundo semestre y se fue a jugar a otro equipo de la misma categoría: Villa San Carlos (2013). Sin embargo, ahí tampoco obtendría continuidad. Apenas disputó 6 partidos, pero al menos conoció a Gino Clara.

Su peor momento, de todas maneras, lo pasaría en 2014 y no por haber jugado en Guaraní Anotonio Franco. Ese año fue denunciado por abuso sexual y robo, aunque luego los medios aclararon que se trataba de un error. El propio jugador publicó en Facebook:

Hola a todos! Para los que no saben les comento que los medios de comunicación me están incriminando por un hecho de abuso y robo… y por todos lados sale mi carita con algún titulo violento y desagradable…
Una tal Vanesa Caamaño dijo que un tal Roberto Emiliano Russo abuso de ella el domingo por la noche en la zona de caballito.
Ante mi aparición en los medios decidi junto a mis abogados realizar un descargo de manera inmediata y voluntaria (ya que no tuve notificación de la justicia) corroborando que no soy la persona relacionada con el suceso.
Yo soy Roberto EMILIO Russo, mi auto no es el que esta mina declaro, mi celular tampoco, asi con mi Facebook y mi domicilio y el domingo por la noche estuve en el cumpleaños de mi amigo Guido Rancez en La Plata.
Ahora en que sociedad de mierda vivimos… una falsa denuncia o datos insolitos en un segundo involucran a mi persona con actos delictivos. Los argentinos somos jodidos hagámonos cargo. Todos consumimos la mierda de los medios y encima la creemos. BASTA!
Pero hay algo que me deja tranquilo… se que soy un buen tipo… mi celular exploto de mensajes, mas de 90 ventanas abiertas de whatsapp con apoyo incondicional… llamados y mensajes de texto sin parar…. Gracias gracias y gracias… gracias a mi familia que estuvo como pudo cerca mio… gracias a mi ex novia y abogada carlita balicchia (no esta de mas decir estas en lo mas profundo de mi alma) por ser mi seguridad en este momento… gracias a mis amigos y gracias a todos los que se preocuparon por mi…
Los quiero y voy a dar pelea… no me van a ganar.
Saludos

Después de ese episodio, era de esperar que terminase en Olmos. Aunque no en el penal, sino en Unidos de Olmos, un modesto equipo de la Liga Amateur Platense.

Laumann Roberto

Roberto Alejandro Laumann (Carucha)

Algún domingo remoto de mediados de 2002. Tarde, oscuridad, lluvia. Con poco ánimo y estima, me debatí entre las únicas tres opciones que me seducían desde el horizonte: pegarme un corchazo por la suerte –mala, poca, chota– que corrió la Selección Argentina en el recientemente fenecido Mundial de Japón / Corea; ahorcarme por tener que trabajar durante diez horas un feriado en un renombrado supermercado marplatense luego de habérmela puesto en la pera en un boliche o cortarme las venas por lo que habían hecho con ese fraternal amigo semanal de la juventud llamado El Gráfico, ahora devenido en olvidable publicación mensual.

Tras mucho analizarlo, decidí descartar la pistola, la soga y la navaja, y finalmente compré la revista, número en el cual aparecía en portada la reciente gran aparición de nuestro fútbol –Andrés D’Alessandro- y que, oh sorpresa, contenía de regalo una guía del Torneo Apertura 2002, próximo a comenzar. Vale aclarar que, en ese momento, me encontraba sumergido en una profunda depresión post Mundial, sensación en donde uno no sabe qué jugador sigue en su club, ni quien se fue al exterior, ni a qué equipo. Así que la guía venía como anillo al dedo.

Subí al colectivo con El Gráfico debajo del brazo y me dirigí hasta los asientos del fondo para desparramarme con mayor comodidad, no sin antes escuchar a dos jovencitas piropearme y verlas hacerme ojitos y tirarme sonrisitas… porque podría haber estado ojeroso y de resaca, pero siempre fui un diablillo (?).

Y ahí me dispuse a analizar, con detenimiento, a la guía y, por supuesto, también a las dos pibas: “de las dos, la morocha está mejor, lejos”. Último Top de Boca: Carlos Tévez; El que se viene: César González. “Como me enloquece cuando las minas se hacen rodete, puta madre”. Último Top de Colón: Hugo Ibarra; El que se viene: Marcelo Long. “Mirá como me mira y se sonríe. ¿Le digo algo ahora o espero a llegar al puerto?”. Último Top de Independiente: Gabriel Milito; El que se viene: Emanuel Rivas. “La rubia está también… No te digo que me pongo de novio, pero le acabo adentro y después me borro (?)”. Último Top de Newell’s: Maxi Rodríguez; El que se viene: Gustavo Rodas.

Lo que siguió fue oscuridad, completa, hasta que de golpe escucho: “¡Uh, sale con baba!” y como un acto reflejo me desperté y tragué mi saliva ante la cara de asco y condescendencia de las dos flacas, quienes ya se disponían a bajarse del colectivo.

Lamentándome por una impensada oportunidad perdida, me dispuse a continuar con lo único que podría sacarme la bronca e impedir que me duerma otra vez y termine bajándome en Miramar: La Guía del Apertura. Cuando agaché la mirada, vi, como un recordatorio eterno, una espesa y grumosa mancha de baba sobre un nombre: Roberto Laumann. Y a esa persona no la pude olvidar jamás. Pero, ¿dé quien se trataba?

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Lateral derecho o zaguero central nacido en 1979, Laumann debutó en la primera fecha del Apertura ’02, cuando Olimpo regresó a Primera División y fue derrotado por el debutante absoluto Arsenal con un gol del Tano Piersimone. Por algunas lesiones y la llegada de Dario Marra, nuestro protagonista no volvió a jugar ni a ir al banco durante el resto del torneo. Reapareció en el Clausura ’03, donde sólo jugó en una derrota por 0-3 frente a Nueva Chicago, en Bahía Blanca.

El siguiente torneo –Apertura ‘03- fue el más productivo para el defensor: 2 partidos. El encuentro completo frente a Lanús (2-2) y 18 minutos frente a Nueva Chicago (1-1). Se despidió con una derrota por la mínima contra Arsenal por el Clausura ’04 con gol, otra vez, del Tano Mauricio Piersimone. Carrera capicúa (?).

¿Y que siguió a todo eso para Carucha Laumann? Ascenso profundo y regional con las camisetas, por ejemplo, de Villa Mitre y Unión de Bahía Blanca o de Unión de Tornquist. Demasiado poco para quien fue sindicado como La promesa a seguir de Olimpo por la prestigiosa revista El Gráfico. Una promisoria carrera que se diluyó como una asquerosa mancha de saliva en una página…

Rosano Sebastián

Sebastián Rosano Escobar

Nacido en 1987 en la ciudad uruguaya de Rivera, al límite con Brasil, Sebastián Rosano se destacó tanto en su tierra, que llegó a cruzar la fontera para jugar en la selección brasileña….de básquet. Eso podría resumir la carrera de un tipo con algo de talento en las manos, que finalmente se dedicó a tocar la pelota con los pies. Baldoserísimo.

“A los 15 años fui convocado y me entrené durante un mes. Ahí viajé mucho y jugué amistosos. Era un base más bien armador, pero con buen tiro de tres puntos. A veces aprovechaba la velocidad y corría la cancha, pero me gustaba más dar juego. Y en el fútbol era delantero, me destacaba arriba. Me iba bien en los dos deportes, pero en un momento tuve que elegir. Me dijeron que me había venido a buscar Wanderers de Montevideo. Le pregunté a mi viejo y él me dijo que sería feliz si jugaba al fútbol. Y bueno, le hice caso”, contó al Diario Olé en su llegada a Racing, allá por el 2009.

Venía de jugar un par de años en la Primera de Wanderers, ya como volante por derecha, y había tenido un frustrante paso por el Cagliari de Italia (2008), cuando le surgió la chance del fútbol argentino, para vestir los colores de Tigre. En el Matador disputó 29 partidos en la temporada 2008/09 y le hizo un gol a Banfield en una victoria 3 a 0 en el Florencio Sola. Suficiente para dar el siguiente paso en el mundo del delito deportivo.

En julio de 2009, Ricardo Caruso Lombardi armaba su Racing, después de haberlo salvado del descenso. ¿Dinero para incorporaciones? Poco. ¿Licencias? Todas. Eso le permitía jugar a lo que más le gusta: un tetris de ex dirigidos, futbolistas de descarte, talentos escondidos y resultados de pruebas multitudinarias. Así llegó el uruguayo a La Academia, para el Apertura 2009.

Lo que vino después fue un nuevo episodio de ese gran combo que es Caruso: su Frankenstein armado desde cero se empezó a descoser y tuvo que irse después de una derrota 2 a 1 ante Boca, dejando el bestiario en el vestuario: De Olivera, Santillo, Dobler, Tavio, Brítez Ojeda, Pablo Monsalvo, Damián Ledesma, Javier Velázquez y Damián Steinert, entre otros.

En ese torneo, el charrúa sólo disputó 7 partidos, pero su situación cambiaría en 2010, cuando Claudio Vivas le dio la camiseta número 10 (Sí, la de Ruben Paz) para el torneo de verano. Por supuesto que Rosano no estuvo a la altura y  Vivas no lo puso nunca en el torneo Clausura.

Recién con la llegada de Miguel Ángel Russo, el uruguayo pudo tener minutos e incluso fue titular varias veces. ¿Cuál era su gracia? Una inusitada fuerza de brazos para sacar los laterales, que podían convertirse en un pase gol. Claro que eso nunca sucedía, porque Rosano nunca le acertaba a los compañeros. En un partido ante Newell’s, en el Cilindro, toda la parcialidad local le pidió al DT que lo sacara. Y al minuto 75, Miguelito lo sacó. Son decisiones.

Tras su periplo por Argentina, decidió reiniciarse en Montevideo Wanderers (2010/11), lo que le permitió desembarcar en Peñarol (2011/12) y vender un poco de humo: “Mi señora es de Nacional, pero si no grita los goles de Peñarol, no come”.  Se habrá cagado de hambre (?).

¿Sus hits? Un tanto a Nacional, en un clásico que terminaría siendo derrota 2 a 1 sobre el final. Y un piedrazo que ligó de la gente de Godoy Cuz Antonio Tomba. Listo.

Lo que vino después, era esperable: un paso por Olimpia, ¿de Paraguay? No, de Honduras (2012/13). Otro paso por Juventud, ¿de Turín? (?). No, Las Piedras (2014/15). Y su vuelta a Peñarol, ¿de Montevideo? No, de Rivera (2016/17).

En 2017, también vistió la camiseta de Tacuarembó Fútbol Club, pero terminó el año levantando una copa en el aurinegro de su pueblo. Y lo más increíble, no fue jugando al básquet.

Malbernat Rodrigo

Rodrigo Malbernat (Roro – El Gordo – El Facha)

Volante central o por izquierda con un vistoso y prolijo dominio del balón y además poseedor de un apellido ligado a la más profunda alcurnia pincharrata, nuestro protagonista de hoy es sobrino del histórico Oscar Cacho Malbernat, quien fuera capitán de Estudiantes de La Plata en aquellos sanguinarios y gloriosos días de la lejana década de los sesenta.

Rodrigo Malbernat (Avellaneda, 06/08/1985) también logró vestir la casaca de El León, aunque solo en Cuarta División y en Reserva, previo paso por las infantiles de Independiente y de River Plate. Es más, llegó a entrenar, esporádicamente, con el primer equipo en épocas de Jorge Burruchaga y de Mostaza Merlo. Y ahí, en una de sus primeras entrevistas, declaraba muy suelto de cuerpo: “Si bien me inicié en dos equipos con una filosofía distinta, más acorde con mi juego, ya me pude adaptar a la forma de ser de Estudiantes”. Porque, claro, jamás hay que renegar de las raíces…

Pero claro, un día llegó El Cholo Simeone, quien desconfía de los pibes líricos como todo hombre de bien (?) y le bajó el pulgar sin remordimientos. Sin nada más por hacer en la Ciudad de Las Diagonales, El Roro bajó hasta la Primera B Metro para jugar un partido en Deportivo Morón (2006/07) y siete encuentros en dos temporadas en Acasusso (2007/09). Todo eso, claro, aderezado por las lesiones. Ya que estamos hablando de un jugador bastante “golpeable”, como diríamos en la cárcel el barrio.

Con el pase en su poder y cuando todo hacía presuponer que jamás veríamos su estética figura en Primera División, un buen día de mediados de 2009 El Gordo se apareció en una prueba en el Huracán de Ángel Cappa, quien seguía profundamente dolido tras haber perdido pocos días atrás el Clausura 2009 frente al poderoso Brazenas Sársfield. Cuando lo vio jugar, El Bigotón se relamió: “Este pibe tiene sangre bilardista y juega al Tiki-Tiki… Si lo hago afianzarse en Primera, me anoto un poroto y consigo un converso que no logró ni el propio Torquemada…”. Peroooo…

Por supuesto y por más ganas de jugar al ras del piso que tuviesen, fue muy violento pasar de un mediocampo donde brillaban Bolatti, Toranzo, Pastore, El Maestrico González o Matías De Federico a otro donde hacían lo que podían Lucas Trecarichi, Alan Sánchez, Luciano De Bruno o el uruguayo Diego Rodríguez Da Luz. El Roro Malbernat no pudo ser menos que esto y fue manyado por uno de los peores Globos que se recuerde en mucho tiempo. Y eso es decir demasiado, eh.

Debutó en la sexta jornada de aquel Apertura 2009, ingresando por Nicolás Trecco para jugar los últimos siete minutos en la derrota 0-2 frente a Vélez. Luego metió minutos basura frente a Racing (3-1), Tigre (2-2), River (0-0) y Colón (0-3, con triplete del hasta hace poco quemero, Federico Nieto), para despedirse de Primera División nada más y nada menos que siendo titular en el clásico frente a San Lorenzo. Malbernat fue reemplazado en el entretiempo y no pudo ver desde dentro del campo de juego la histórica asistencia del nigeriano Félix Orode al Chaco Torres para el 2 a 0 definitivo de Los Cuervos. Eso fue demasiado…

Tras una lesión que lo mantuvo alejado de las canchas, a mediados de 2010 Rodrigo Malbernat rescindió con Huracán y se transformó en un enigmático paria que pasó por diversas instituciones y categorías, ostentando un promedio de apenas diez encuentros por año y firmando con algunos clubes sin nunca jamás debutar.

Juventud Unida de San Luis (2010/12), San Martín de Tucumán (2012/13) y Deportivo Maipú (2013/14) del Argentino A; luego Independiente Rivadavia (2014) y All Boys (2015) del Nacional B; y más adelante Talleres de Remedios de Escalada (2016/17) de la Primera B Metropolitana, figuran en su abundante curriculum.

Desde mediados de 2017, El Roro defiende la camiseta de El Porvenir de Primera C, junto al baldosero deluxe José Shaffer y al aspirante a Under Ladrón inglés -formado en la Academia Beckham- David Olaoye… así que, por supuesto, vamos a tener un ojo apuntando pa’ Gerli. Como siempre, viejo. Como hice yo mismo esta noche…

Verón Iani

Iani Martín Verón (La Brujita)

No había forma de escaparle al destino. Apenas Iani Martín Verón asomó la cabecita en las infantiles de Estudiantes de La Plata recibió el mismo apodo que su padre Juan Ramón, la Bruja, le había heredado a su hermano mayor Juan Sebastián, la Brujita.

Nacido en La Plata el 21 de junio de 1986, el menor de la dinastía trató de esquivar el mandato familiar y a los 11 años colgó momentáneamente los botines. “De pibe me jodía que me tiraran la pelota y pensaran que tenía que hacer maravillas por portación de apellido”, admitiría después. Empezó a estudiar piano y más tarde intentó con el taekwondo, hasta que a los 15 volvió a la número cinco. Enseguida, estuvo a prueba en el Manchester United: “Estuve un tiempo con los juveniles. Un día entendí mal y caí en la práctica de la Primera. ‘Quedate’. No podía creerlo. Bajé la cabeza y corrí al lado de Seba”. Eso de andar colgado se le iba a hacer una costumbre.

Volante central o por derecha, Iani (Juan, en griego) tuvo que batallar bastante para ganarse un espacio en un plantel superpoblado. De la misma camada que Franco Armani, Leonardo Sánchez, Maximiliano Núñez, Marcos Pirchio y otros talentos desperdiciados como Jonathan Cejas, Juan Carpinello o Franco Bano, apareció en la Reserva a mediados de 2006, al mismo tiempo que la Bruja pegaba la vuelta desde Europa.

“Desde que vino el Cholo Simeone nos empezaron a llamar bastante seguido para entrenarnos con la Primera. Últimamente me tocó enfrentar a mi hermano. Él me tira un par de indicaciones, sobre todo porque debo mejorar en la marca. Y yo en cambio le tiro patadas”, reconocía en 2007. Y agregaba: “La mayoría me destaca que tengo la pegada parecida a mi hermano y a mi papá”.

Fueron ellos, Ramón y Sebastián, los que le contagiaron el veneno pincharrata. “Me muero por jugar un minuto en la Primera de Estudiantes. Es mi vida, mi ilusión más grande. Y ni hablar si puedo llegar a vivir esa experiencia al lado de Sebastián. Se me pone la piel de gallina. Soy muy autocrítico. Hace unos años no me lo tomaba en serio y era consciente de que me iba a ser difícil llegar. Pero hoy me tengo una confianza enorme. Quiero vivir de esto, crecer como jugador. Mejoré un montón, estoy empezando a sentir el esfuerzo”, admitía Iani, al que más de una vez se lo confundieron a causa de su peinado con Mambrú Angeleri.

Sin chances entre los profesionales, pasó a préstamo a Tristán Suárez (2007/08) en la Primera B Metropolitana y Juventud Unida Universitario de San Luis (2008/09) en el Argentino A. Regresó a la ciudad de las diagonales a mediados de 2009, cuando el conjunto de Alejandro Sabella se preparaba para la disputa del Mundial de Clubes en Emiratos Árabes. Semejante acontecimiento había obligado al León a cumplir sus compromisos del campeonato local en tiempo récord. Por eso, el 25 de noviembre, en medio de las fechas 15 y 16, el cuadro platense enfrentó a Colón de Santa Fe en un encuentro correspondiente a la última jornada.

Esa noche, Pachorra alineó a Damián Albil; Federico Fernández, Agustín Alayes y Marcos Rojo; Clemente Rodríguez, Juan Huerta, Matías Sánchez (84’ Roberto Birge), Raúl Iberbia y Leonardo Jara (45’ Juan Manuel Salgueiro); Maximiliano Núñez y Leandro González (80’ Jerónimo Morales Neumann). En el banco se quedaron César Taborda, Matías Sarulyte, Cristian Gaitán y la novedad: Iani Verón, que vio cómo sobre la hora con un zapatazo Federico Nieto les daba la victoria a los santafesinos.

Parecía, finalmente, la hora del despegue. Incluso, Sabella lo anotó con el número 29 en la pre lista de los que viajarían al Mundial, pero se quedó afuera al igual que Iberbia, Fernández, Jara y Gaitán.

A mediados de 2010, un combinado de suplentes y juveniles, dirigidos por Guillermo Trama, viajó a Inglaterra para disputar la Alex Sabella Cup ante el Sheffield United. Aquella acción derivó en la firma de un convenio de colaboración entre los argentinos, los ingleses y sus filiales alrededor del mundo. Como parte de ese acuerdo, cuatro futbolistas emigrarían en busca de oportunidades en el Viejo Continente. Los elegidos fueron Elian Parrino, Héctor Morales, Diego Auzqui y Verón, el único que no había viajado para ese partido. Finalmente, Pachorra retuvo a Auzqui, con el que contaba para el plantel profesional, pero les dio vía libre a los otros tres.

Parrino, el único con pasaporte comunitario, se sumó al Sheffield, mientras que Morales y Verón pasaron a otro club del mismo dueño (Esplanade Real Estate Ltd., del magnate Kevin McCabe), el Ferencváros de Hungría (2010). A diferencia de Morales, la Brujita actuó a duras penas en la Reserva y enseguida pegó la vuelta.

En 2011 lo esperaba un nuevo desafío: la Copa Libertadores con los colores del Jorge Wilstermann de Bolivia. El Aviador compartía grupo con Internacional de Porto Alegre (el campeón vigente), Jaguares de Chiapas y Emelec, y poco pudo hacer. Con 4 puntos, producto de un triunfo, un empate y cuatro derrotas, quedó eliminado en la primera fase.

Verón reincidió en eso de probar suerte en Europa en el segundo semestre de 2012, cuando se incorporó al Flacăra Făget del ascenso profundo rumano, pero tampoco logró hacer pie y rescindió su contrato en marzo de 2013.

Desde entonces, y después de haberse ofrecido a jugar gratis en el fútbol hondureño, de nuevo en nuestro país y más tatuado que la hija de Marcelo Tinelli, despunta el vicio a nivel amateur junto a sus amigos en los Búhos de Salem.

Todavía sigue tratando de levantar vuelo.