Moyano Leonardo

moyano

Leonardo Javier Moyano

Tranquilos, lectores. “Padang” no es ningún adjetivo malicioso: es una palabra que en idioma indonesio se traduce como “campo”. Aunque en este caso la transcripción no es literal, sino que hace referencia a la ciudad de uno equipos que este defensor cordobés defendió en aquel lejano país asiático. Para llevar un poco más de calma a los que siguen exaltados, es necesario agregar que “Semen” significa “Cemento”, por lo que ya debería quedar claro que se trata de una publicidad no subliminal, mentes sucias (?).

Antes de irse a la ciudad sementera cementera, Leo dejó su huella en el equipo del que se declaró hincha: Instituto. Con la Gloria alcanzó a jugar 8 partidos en Primera División (todos por el Clausura 2000, incluida la promoción frente a Almagro que decretó el descenso de los cordobeses) y muchos más en el Nacional B. También tuvo un paso por Sportivo Belgrano de San Francisco (2004), pero dos categorías más abajo.

Fue en aquel momento cuando llegó la propuesta de Indonesia, y se la jugó: el Semen Padang FC (2005/06) y el PSPS Pekanbaru (2007/08) fueron sus primeros clubes. Moyano tuvo una difícil pero rápida adaptación, aunque sin dejar de echar de menos nuestras costumbres: “con un diccionario y escuchando el idioma todos los días se aprende rápido”, contó en su momento. Con respecto al campeonato, sentenció: “hay 5 ó 6 equipos buenos por encima del resto. Los clubes grandes en algunos casos juegan hasta con una cantidad de 50 mil espectadores, los hinchas son muy fanáticos y siguen mucho. Eso sí, se extraña la calentura de un vestuario cuando se pierde un partido, aquí lo toman a la ligera”.

En 2009 volvió a Argentina, para ponerse la camiseta de Guaraní Antonio Franco durante un par de temporadas en el Argentino B, teniendo compañeros que también sabían lo que era jugar en la máxima categoría, como Javier Cappelletti, Sebastián Carrizo y Marcelo Long. A pesar de la experiencia del plantel, las campañas decorosas no alcanzaron para cumplir con el objetivo del ascenso.

Fue así que regresó a su segunda casa, una tierra donde los partidos arreglados y los conflictos religiosos amenazan a cada rato con parar el fútbol. Cuando las canchas no son arrasadas por algún tsunami, claro. Esta vez, su destino fue un equipo de la capital: Jakarta FC (2011/12). “La vida en Indonesia depende mucho de la ciudad en que te toque vivir, el costo de vida no es caro, se vive bien, tranquilo”, comentó. También comparó: “en Jakarta es todo un poco más acelerado, con mucho tráfico. Es muy moderna y diferente a las ciudades que me tocó estar anteriormente”. Y así, entre islas paradisíacas y catástrofes naturales, la carrera de Leonardo Moyano fue llegando a su fin.

Un cordobés afianzado en Indonesia. Bien ahí, culiao.

Cantoro Lucas

Lucas Maximiliano Cantoro (El Torito)

Desde que Carlos Bianchi en el rol de entrenador inauguró su historia moderna, Vélez Sársfield es una institución que navega, cíclicamente, por períodos de lo más desiguales. Primero se forman equipos competitivos; luego crecen juveniles orgullosos; después se ganan títulos de diversas índoles; también se vende por millones de divisas; llegan refuerzos que destacan “lo prolijo del club” y cada acción que involucre su nombre es alabada con bonanza por esos amigos de todos nosotros, conocidos en los bajos fondos como: “los periodistas”.

Concluida esa etapa, claro, llega la otra. La que completa el círculo. Los jugadores de renombre huyen despavoridos, el dinero parece haberse esfumado, se cuestiona la realización de recitales en el estadio, los juveniles son insultados con furia por sus propios plateistas y, en consecuencia, no se logran resultados. La otrora institución modelo ahora es una zona arrasada por una bomba atómica donde solo sobreviven las cucarachas y El Poroto Cubero. Y así una vez… y otra vez… y otra vez… y otra vez… casi, casi como un país bananero; casi, casi como el nuestro.

En uno de esos inexorables contextos -los de desamparado- fue cuando en Primera División asomó su humanidad Lucas Cantoro, un cuarto volante o delantero por afuera de la categoría ’79, quien tuvo escasas chances de participar básicamente por la ausencia abundante y sonante del crudo y vil metálico.

Con un apellido familiar para El Fortín, ya que su hermano Mauro Roberto había iniciado “la dinastía reversa” para equilibrar la festejada aparición de los Zárate, Lucas Cantoro debutó en la octava fecha del Clausura ’99 beneficiado por que gran parte del plantel había caído intoxicado en Perú, tras jugar contra Universitario por la Copa Libertadores.

En aquella derrota frente a Unión en Santa Fe por 1 a 0, el Vélez de Eduardo Manera formó con -entre otros purretes- De La Fuente, Hernán Maldonado, El Doc Herbella, Esteban Bújan, El Roly Zárate y el paraguayo César Ramírez. Nuestro homenajeado ingresó a los 75 minutos por Juan Falcón y no llegó a compartir la cancha con su brother, quien había sido reemplazado 20 minutos antes por Andrés Montenegro.

Más de un año después, Lucas Cantoro tuvo otra oportunidad cuando fue titular en un empate 0 a 0 con Talleres de Córdoba que le puso los pelos de punta a Futbolistas Argentinos Agremiados ¿por qué razón? Por que el estatuto estipulaba que la mitad de los 16 jugadores por plantel que firmaban la planilla debían tener contrato profesional. Y Vélez sólo había presentado a seis (Chilavert, Cubero, Fede Domínguez, Morigi, Eduardo Domínguez y Rodrigo Marangoni) ¿El resto? Todos amateurs (Dudar, Esteban Buján, Falcón, Obolo, Leyenda, Herbella, Castroman, Ariel Ércoli, Pablo Armesto y, por supuesto, Cantoro).

Por tal razón, durante el resto del torneo Vélez tuvo que limitar el uso de juveniles y Lucas Cantoro vio reducidas sus posibilidades de actuar… era eso o esperar un contrato… y los papeles, en esa época del club, no se los iban a presentar jamás. Así y todo, pudo actuar en algunos minutos de otros tres encuentros hasta que, a mediados de 2001, se le otorgó la carta de libertad de acción.

Tras apenas tres encuentros en Racing de Montevideo (2001), Lucas Cantoro cruzó la mar (?) para encontrar estabilidad laboral, económica y deportiva convirtiéndose en un confiable artillero de la tercera, de la cuarta y de la quinta categoría del Calcio. Y así fue como cambió frenéticamente de camisetas siguiendo la ley del mejor postor: Monza (2002), Isernia (2002/04), Sansovino (2004/05), Foggia (2005/06), Padova (2006/07), Martina (2007), Paganese (2007/08), Cocenza (2008/09), Potenza (2009) y Pisa (2009/10).

Con la llegada de la nueva década recibió un llamado del baldosero Mauricio Giganti -ahora devenido en empresario- y viajó hasta Vietnam para jugar primero en Hanoi ABC (2011) y luego en Hanoi T&T (2011/13). Además, dejó algunas impresiones de su experiencia en aquel país asiático en el libro “Jugar en otro mundo” del autor Federico Cornali.

“Una de las cosas que más aborrezco de Hanoi es la gente durmiendo o echada cuando entrás a cualquier local de venta al público. Pero me acostumbré y lo tomo como algo normal del lugar donde a uno le pagan para hacer lo que ama”.

“Cuando jugamos de visitantes, los hinchas nos tiran piedras y nos quieren golpear. Acá hay mucha corrupción, pasan cosas raras y suelen agarrárselas con los extranjeros. Hay un par de canchas muy jodidas, a las que pocos quieren ir. La semana previa a esos encuentros bravos estamos plagados de lesionados y enfermos. Todo lo contrario sucede cuando jugamos en casa, en Hanoi. A la gente no le importa si ganamos, perdemos o nos pasa por encima un tren. Les da igual, van a la cancha a comer y a divertirse”.

“A mis compañeros vietnamitas, si en el entrenamiento se les pide que hagan abdominales, pueden llegar a completar uno o dos movimientos; luego, se hacen los tontos y se alejan. Además, fuman antes y después del partido, sin esconderse de nadie. También chupan pocas horas antes de cada juego, sin medida. Eso sí, en el partido corren el doble que nosotros, que nos alimentamos a fruta y agua. No me quejo, acá tengo la seguridad económica que no me brindan ni Italia ni la Argentina.”

Tras un breve tiempo en el Quormi de Malta (2014), Lucas Cantoro regresó al ascenso profundo de Italia para jugar en Olympia Agnonese (2014/15) y, desde 2015, otra vez en Isernia, donde continúa parando la olla hasta el día de hoy sin que se le cruce por la cabeza retornar a la Argentina. Por que al final, todo en esta vida termina siendo siempre un asunto de guita. What a Wonderful World…

González Jhonnier

Jhonnier González Córdoba

Desapercibido, escondido entre la multitud, siendo un número más, especulando el momento, con carpuza… esa fue la manera que encontró nuestro homenajeado para lograr sus objetivos. Claro que todos ellos –sus alcanzados objetivos- carecieron de brillo, glamour o prestigio alguno. Pero, al menos, este colombiano puede decir, sin ponerse colorado, que todos y cada uno de ellos se cumplieron. De alguna u otra manera…

Nacido el 6 de julio de 1982 en Turbo, Antioquia, Jhonnier González en un zaguero central fuerte, negro y grandote, quien, como gran parte de los aspirantes a jugadores de su generación, creció emocionándose con la explosión de las estrellas cafeteras en nuestras tierras. Esto hizo que, a lo largo de su etapa formativa, intensificase sus deseos de viajar a Las Pampas para emular las heroicas gestas de Jorge Bermúdez, Albeiro Usuriaga o Juan Pablo Ángel.

También, según sus propias palabras, en su lista de objetivos se encontraba vestir la camiseta del América de Cali y participar de las Eliminatorias. Con ese norte como meta comenzó a jugar en el Bajo Cauca (2005/06) del ascenso de su país. Luego pasó por Envigado (2006) y finalmente recaló en Independiente Santa Fe (2007), equipo que adquirió sus derechos federativos.

Debido a las escasas chances que le brindaban en su club y a que ya contaba con 25 extensos pirulos, a mediados de 2007 González aceptó el ofrecimiento de un representante y viajó hasta Santa Fe para someterse en una prueba en Colón. Allí, El Negro Astrada lo vio entrenarse un par de semanas pero no se animó a darle el visto bueno. Sin embargo, fue Hernán Díaz quien le levantó el pulgar ya que la retaguardia del Sabalero solo se había reforzado con El Chino Garcé y se necesitaban algunas variantes.

Durante su único semestre en la Argentina, Jhonnier González fue un turista de lujo y sólo se dedicó a jugar en la Reserva, ya que ni Marcelo Goux ni Omar Merlo ni el ya mencionado Garcé se mancaron durante aquel torneo. En enero de 2008, el técnico le dio las gracias y el defensor se volvió a su patria con la satisfacción del sueño alcanzado.

No jugó, pero al menos no se le hizo difícil conseguir una botellita con agua…

De regreso en Independiente Sante Fe (2008) se encontró con un duro revés: los médicos del conjunto lo obligaron a retirarse del fútbol ya que le habían encontrado un espasmo coronario debido al consumo intenso de grasas y tabaco. Haciendo caso omiso al consejo de los galenos y tras una dieta especial y diversas pruebas de resistencia física, en 2009 regresó a la actividad en Juventud Soacha de la B Colombiana.

Pero no solo eso, su buen rendimiento en aquel equipo lo hicieron retornar a Independiente Santa Fe (2010/11) y hasta el Bolillo Gómez lo hizo jugar en la Selección Colombia contra Perú, en uno de esos emocionantes y entrañables amistosos con jugadores falopa que disputan en la previa a un Mundial dos selecciones que no lograron la clasificación.

Con nivel decadente, a mediados de 2011 González pasó al Atlético Huila, donde se vio envuelto en un conflicto policial cuando su compañero, el ex River Carlos Valencia, le pegó una piña a una dama en una discoteca. Pocas semanas después, tanto él como el arquero suplente, Daiber Betancur, fueron echados del equipo cuando el técnico los encontró bajándose algunas botellas de whisky en la concentración.

Un paso decepcionante por Independiente Medellín (2012) y otro horrible por León de Huanuco de Perú (2013) fueron la antesala a la concepción de otro sueño: su llegada al América de Cali en 2014 para lograr el histórico ascenso a Primera, cuestión que no solo no se logró sino que tuvo en Jhonnier González a uno de los puntos más bajos del equipo. En 2015 se unió al Jaguares de Córdoba y desde mediados de ese año ya no hay noticias sobre su paradero.

Así y todo, Jhonnier González no se despidió del fútbol sin lograr su tercer objetivo personal: jugar las Eliminatorias para una Copa del Mundo. Y esto, claro, lo cumplió cuando junto a otros nueve compatriotas se nacionalizaron ecuatoguineanos ¡¡si, ecuatoguineanos! y por apetecibles 5 mil Euros por encuentro fueron a jugar las Eliminatorias Africanas hacía Brasil 2014.

La Selección de Guinea Ecuatorial llegó hasta la segunda ronda y Jhonnier González solo jugó 30 minutos en la derrota 3 a 2 frente a Sierra Leona como visitantes. Además se dio el lujo de ser dirigido por “El Carnicero de Bilbao”, Andoni Goicoetxea… Envidiable e inspirador, ya que todos los sueños se pueden cumplir si se encuentra un flexible y versátil vacío legal.

Ramírez Ricardo [Actualización 2016]

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Ricardo Alberto Ramírez (El Bocha – El Sucesor de Maradona)

Noctámbulo enganche clásico -de esos que emanan talento, desparpajo, apatía, desinterés y lagunismo en dosis equitativas- quien padeció de sus 15 minutos de fama al ser puesto bajo la escrutadora lupa general a causa de la incontinencia verbal de el más grande.

Nacido el 5 de abril de 1973 en Saladillo, este coterráneo del Profesor Lambetain hizo todas las inferiores en Racing Club de Avellaneda hasta su debut en Primera División, en un empate 1 a 1 con San Lorenzo por el Apertura ’93. A partir de ahí, Ramírez sumó algo de experiencia durante los breves procesos de Rodolfo Della Pica, Luis Cubilla y Héctor Martínez, hasta que en enero de 1995 abandonó súbitamente el ostracismo con la llegada de Diego Armando Maradona a la dirección técnica de La Academia.

El Diegote, en uno de los primeros entrenamientos que presenció, se enamoró por la forma en la que El Bocha pisaba la pelota; por eso, cuando la prensa lo consultó por el material que había encontrado en el plantel, disparó sin medir el daño colateral de sus palabras: “Me sorprendió muchísimo el chico Ramírez… Acuerdense lo que les digo: Ricardo Ramírez es mi sucesor” . ¡¿Para qué?!

Imaginando una vida signada por balinazos a periodistas o peleas con Joao Havelange, Ricardo Ramírez fue un insípido títular durante aquel inolvidable Clausura ’95, donde lo más cerca que estuvo de complacer a la dupla Maradona-Fren fue con un tiro en el palo la tarde que El Lagarto Fleita le convirtió un gol de rabona a Chilavert.

Con la ida del Pelusa y la llegada de Marchetta, El Bocha se sacó una carga de mil kilos de los hombros y se conformó con un lugar mucho más cómodo y terrenal: el de suplente del Mago Capria. Lamentablemente, durante el Apertura ’95 se rompió el tobillo después de un choque con El Cabezón Marini y ahí acabaron sus días en Primera División (27 partidos, 1 roja).

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Sin recuperarse jamás de su lesión y tras pasar con un pobre rendimiento por San Martín de San Juan (1997/98), Juventud Antoniana (1998) y Estudiantes de Buenos Aires (1999), Ricardo Ramírez recordó sus efímeros días de fama en el diario Olé:

“Si Diego dijo eso, por algo será. Sé que tengo unas condiciones bárbaras. En esa época imaginaba que Diego iba a volver al fútbol en Racing e iba a jugar de 10 y yo de 8. Por ahí me descarrilé un poco, me gustaba mucho salir. Terminaba de jugar y me iba de joda como cualquiera. Me decían que me quedara a descansar, pero no podía. Era joven…”.

Tras seguir maltratando ese tobillo por Deportivo Italiano (1999/2000) y Berazategui (2002/03), Ricardo Ramírez se retiró del fútbol para convertirse en una de las más grandes leyendas del Futsal defendiendo los colores de Sportivo Barracas primero, y de Banfield después. De hecho, se dice que en el sur del Gran Buenos Aires nunca nadie vio un talento tan grande como el del Bocha sobre esas diminutas canchas.

Al final, ni cuando fue el único que dijo que “la FIFA es una mafia” ó que “El Bocha Ramírez es mi sucesor”, El Pelusa se equivocó… los chicos, los locos, los borrachos y Maradona siempre tienen la razón…

Philippe Jonatan

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Jonatan Javier Philippe (El francés)

Con Martín Palermo y Rodrigo Palacio averiados, Carlos Ischia tenía varios problemas para armar el once titular de Boca Juniors que enfrentaría a Huracán en la cancha de Argentinos Juniors por la cuarta fecha del Torneo Apertura 2008. Esa tarde, sin demasiadas alternativas, el Pelado mandó a la cancha como dupla de ataque a dos juveniles en ascenso: Ricardo Noir y Lucas Viatri. En el banco, esperaba su oportunidad Tomasito Süller Jonatan Philippe, la nueva joyita de la Reserva xeneize, que a sus 20 años ya estaba listo para explotar.

Curiosamente, hasta 2007 Philippe era una de las figuras de la Reserva de… Huracán, donde se había consagrado como el máximo goleador de las divisiones inferiores. Por esos días, el pibe oriundo de Navarro (provincia de Buenos Aires) fue protagonista de una polémica que duró unos cuantos meses.

Todo estalló cuando River Plate fue decidido a llevarse al delantero, que no tenía lugar en el plantel profesional del Quemero. Sin embargo, en Parque Patricios no quisieron saber nada. “Yo creí que el tema se solucionaría porque en Huracán no me tenían en cuenta. Pero me equivoqué porque los clubes no se pusieron de acuerdo”, le contó tiempo después al diario Olé.

Desconcertado y decepcionado con los dirigentes de su equipo, armó las valijas y se fue a Suiza, tentado por el Grasshopper (2007). “Estuve cerca de dos meses entrenando, estaba todo listo para firmar. Era irse por lo económico y la chance de jugar en Primera. Arranqué en un hotel y luego compartí un departamento con un español. La idea era quedarme”.

Cuando estaba por comenzar su experiencia europea, la historia tomó un giro inesperado: apareció Boca Juniors (2007 a 2010). “En realidad lo que más me sorprendió fue que existiera la chance de arreglar la situación con Huracán. No te olvides de que venía de las trabas que le pusieron a River. Yo creí que no había forma. Pero cuando se dio me sentí como el protagonista de un sueño”, decía. Finalmente, el cuadro de la Ribera arregló cederle a Huracán el 20% de los derechos económicos del jugador en caso de una futura venta.

“¿Quién no quiere jugar en Boca? En Suiza iba a ganar muchísimo más dinero, pero decidí jugármela por lo deportivo. Allá iba a jugar en Primera y sé que acá tendré que remarla. Me tengo fe. La voy a pelear”, arremetía Philippe.

El debut oficial llegaría aquella misma tarde del 31 de agosto de 2008 contra el Globo, cuando con la camiseta número 30 reemplazó a Ricardo Noir sobre la hora. Fueron apenas 6 minutos, pero le alcanzaron para dejarle servido, desde el borde del área grande de Boca, el tercer gol a Nicolás Gaitán. “Fue una linda sorpresa. En la semana había leído mi nombre, pero no pensé que iba a ser tan rápido. Es una alegría enorme, porque uno trabaja con la ilusión de llegar”, relataba en la previa.

Tres semanas después, tuvo su estreno como titular por la Copa Sudamericana, ante Liga Deportiva Universitaria de Quito (el campeón de la Libertadores de ese año), en La Bombonera. Esa noche, Boca presentó un combinado de suplentes y juveniles y goleó 4 a 0. Philippe, que usó la casaca 24 y tuvo participación directa en el segundo gol (blooper incluido), salió a 20 del final y redondeó un buen encuentro. Siete días más tarde, el Xeneize sellaría su clasificación a la próxima fase con el 1 a 1 obtenido en Ecuador. El delantero sumó otros 8 minutos a su CV cuando entró por Tito Noir.

Pese a las interesantes actuaciones iniciales, no fueron muchas las oportunidades en los meses siguientes. En el verano de 2009 jugó un rato contra Independiente (entró por Marcos Mondaini) y fue de la partida ante Racing. En el invierno, ya con Alfio Basile como entrenador, viajó a la pretemporada por Europa, donde enfrentó al Lask Linz de Austria (reemplazó a Martín Palermo sobre la hora) y al Aris Salónica de Grecia (le cedió su lugar al Titán a los 15 del complemento).

Sin espacio en los planes de Basile, Abel Alves y Claudio Borghi, luego de que fracasaran los intentos por sumarse a Deportivo Merlo y Peñarol de Uruguay, y harto de esperar en la Reserva, para el segundo semestre de 2010 armó el bolso y volvió a Suiza para encontrar continuidad. ¿Otra vez Grasshopper? ¿El siempre turbio Locarno? No, no, algo un poco más modesto: el SC Kriens, de la segunda división, se lo llevó a préstamo por una temporada. Lo devolvió a los seis meses, claro, pese a convertir 5 goles en 16 partidos.

El verano de 2011 lo encontró nuevamente en la Argentina. En Caballito lo aguardaba un desafío: la 9 de Ferro Carril Oeste. “Soy un 9 al que le gusta estar pendiente del gol. Puedo jugar por afuera o por adentro, aunque no soy un habilidoso. También puedo tirar buenos centros y tengo buen cabezazo”, decía a su llegada. “Tenía muchas ganas de volver a la Argentina y de jugar en un grande. Ferro va a luchar por el ascenso y tiene grandes jugadores”. ¿Cómo le fue? No hace falta más que mirar la tabla de posiciones. El Verdolaga terminó 14°, a 12 puntos del último equipo que clasificó a la Promoción, Belgrano de Córdoba. En lo personal, Philippe marcó 3 tantos en 15 encuentros y no dejó un grato recuerdo.

A mediados de 2011 volvería a tratar de conquistar el fútbol internacional. Sportivo Luqueño lo contrató por un año con la intención de pelear bien arriba en el campeonato paraguayo. ¿Y? Terminó último cómodo. Encima fue separado del plantel por ir a un recital del DJ Pendrive David Guetta y faltar al entrenamiento del día siguiente. “No apareció en la práctica del viernes, entonces yo estuve haciendo mis averiguaciones. Pregunté y me dijeron que estuvo el jueves en un concierto en Rakiura”, lo quemó el entrenador Daniel Raschle. Antes de eso, había hecho un gol en 15 presentaciones. No ameritaba el indulto.

 

Desvinculado de Boca y con el pase en su poder, se marchó al América de Cali (2012), que empezaba a transitar la serie de fracasos en busca de su regreso a la Primera División luego del descenso en 2011. Sin embargo, en Colombia tampoco pudo despegar: un tanto en 9 partidos y muchos insultos.

Cuando parecía que le habíamos perdido el rastro, después de varios meses de inactividad e intensa búsqueda, lo ubicamos en Argentinos de 25 de Mayo (2013) en el Torneo Argentino B. ¿Podía caer más bajo? Era cuestión de tiempo. Y en marzo de 2014 lo encontramos debutando en la Liga Lobense con los colores del siempre candidato Sarmiento de Roque Pérez.

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A mediados de 2014 tenía casi todo arreglado para incorporarse a Fénix, pero finalmente arribó a Brown de Adrogué, de la mano del Flaco Pablo Vicó, que buscaba la vuelta a la B Nacional. Tras un semestre con pocas oportunidades (apenas jugó 7 veces en el Tricolor), a comienzos de 2015 se unió al Alianza Fútbol Club de El Salvador, donde llegó acompañado por Jorge Drovandi y Matías Córdoba y por fin la rompió: marcó 16 goles en 41 encuentros y fue vital para que su equipo conquistara el título después de cuatro temporadas de sequía.

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Su buen rendimiento en el competitivo fútbol salvadoreño hizo que a comienzos de este año tuviera ofrecimientos de todos lados. Hubo propuestas de Argentina, Perú, Kuwait, Chipre y hasta un acuerdo de palabra para sumarse a la Universidad de San Carlos de Guatemala. Puro humo. En las últimas semanas, incluso, sonó con fuerza en el PSM Makassar de Indonesia que, desconfiados de los videos de YouTube, quisieron probarlo en vivo y en directo.

Por eso hace algunos días, mientras lo buscábamos en alguna liga hipster del sudeste asiático, nos sorprendimos cuando lo encontramos nuevamente con la camiseta de Sarmiento de Roque Pérez, en la Liga Lobense, a pocos kilómetros de su tierra natal.

Pellejero Diego

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Diego Darío Pellejero

Allá por 1991, el gran Cosme Julián Ubaldo Zaccanti seguramente no tenía las mismas preocupaciones que lo asaltarían dos décadas después. La pequeña Florencia aún no conocía ni el jardín de infantes, por lo que el recio marcador de punta no imaginaba que los hombres vivirían preguntando sobre su hija. Sin embargo, en aquel año, ya había alguien que andaba atrás de Zaccanti. De la nena no, mal pensados. Del padre.

Diego Pellejero apenas jugó tres partidos en Primera División, todos en Racing y con un patrón en común: siempre ingresó a pocos minutos del final del partido en reemplazo del mencionado lateral derecho. Fue por el Torneo Apertura, en los encuentros frente a Argentinos, Platense y Vélez totalizando no más de 25 minutos en cancha. En este último, Zaccanti se fue retirado en medio de una ovación al haber convertido los dos goles en la victoria de la Academia. Ovación que se repetiría cuando su angelical niñita pegara el estirón.

El que no volvió a escuchar semejante cantidad de aplausos y vítores (?) fue Pellejero, destinado al ostracismo. Sus próximos registros futboleros fueron varios escalones más abajo, mientras la púber Florencia cursaba la escuela primaria, jugando para San Martín de Burzaco y para Barracas Central en la Primera C. Incluso en You Tube hay registros de un gol suyo para los del sur del GBA.

Finalmente, llegó el retiro y más tarde el momento del Fútbol Senior, acompañando a figuras como el Turco García, Walter Viqueira, el Lagarto Fleita, el Chelo Delgado o Pepe Basualdo. Pero a quién le puede importar todo esto: la hija de Cosme ya había crecido. Así que chau En Una Baldosa, hola Notiblog (?).

Viola Mariano

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Mariano Gabriel Viola

¿Defensor? ¿volante? ¿futbolista? que integró uno de los equipos de Independiente más baldoseros de los últimos 15 años. Fue en el verano de 2005, en Salta y ante Boca Juniors, cuando Norberto Outes y Osvaldo Ingrao, en reemplazo de César Luis Menotti, lo tiraron a la cancha junto con C*rl*s F*rn*nd* N*v*rr* M*nt*y*, Leandro Pereyra, Leonardo Mussin, Rubén Salina, Martín Morello, Fernando Lorefice, Martín Fabro, Hernán Losada, Esteban Rivas e Ismael Sosa.

Esa noche, y pese al buen desempeño del Mono, el Xeneize, que contaba con el debut del Bombón Baiano, ganó 2 a 0 (tantos de Rodrigo Palacio y Luis Miguel Escalada) y a Viola le tocó bailar con la más fea por las embestidas del inoxidable brasileño, de Matías Donnet y, fundamentalmente, del Chelo Delgado.

Pasaron casi 4 años para que este lateral derecho categoría 1987, oriundo de San Nicolás, aplicado para la marca y con buena proyección (según sus propias palabras, claro) tuviera otra oportunidad. Esta vez por los puntos. En el medio, había sido marginado del plantel profesional tras actuar largo y tendido en Reserva.

Cuando todo parecía perdido, Rubén Tanucci y Pepé Santoro lo sacaron del letargo y le devolvieron la confianza. “Tanucci será uno de los responsables si es que me toca jugar porque él me dio la posibilidad de, cuando estaba separado del grupo, jugar con la reserva. El Tano influyó mucho como Pepé y esto es algo que todavía no caigo. Como todos dicen, no hay que dejar que pase el tren y, si bien soy un pibe, ya tengo veintiún años y estoy esperando este momento desde hace mucho. Lo que menos quiero es dejarlo pasar, el domingo hay que ganar cueste lo que cueste y dejar una buena imagen a la gente”, decía en la previa de su estreno oficial.

El panorama del Rojo era bastante oscuro: peleaba con Rosario Central y River Plate para no terminar último en el Apertura 2008. Para colmo, por la penúltima fecha visitaba en el Nuevo Gasómetro a San Lorenzo, que luchaba cabeza a cabeza con Boca y Tigre por el título. El Ciclón fue demasiado para la defensa compuesta por Viola, un robusto Ángel Puertas, Juan Caracoche y Lucas Mareque y se quedó con los tres puntos con un 4 a 1 contundente.

Pese al cachetazo, Viola volvería a ser titular en la última jornada, en cancha de Racing ante Arsenal de Sarandí, en otra derrota por 2 a 1. Aún así, Pepé, que bramaba desesperado por refuerzos, lo llevó a la pretemporada de 2009, en la que alternó malas con cagadones, como el que terminó en el empate de River en Mendoza.

Ya sin Santoro y con el Tolo Gallego sentado en el banco de suplentes, Viola comenzaría a despedirse del conjunto de Avellaneda. En la fecha 11 del Clausura 2009 jugó ante Argentinos Juniors (empate 1 a 1), reapareció una semana más tarde ante Tigre en la victoria por 4 a 1 y cerró su ciclo en la jornada 14 ante Estudiantes de La Plata con un 1-5 en contra en el Tomás Adolfo Ducó. Ya había sido suficiente.

A mediados de 2010 se sumó a un Tiro Federal de Rosario que venía complicado con el promedio del descenso en la B Nacional. Un año después, el décimo noveno lugar con 37 puntos lo obligó a jugar la siguiente temporada en el Torneo Argentino A.

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Sin embargo, Viola se quedaría en la segunda categoría del fútbol nacional. Osvaldo Ingrao se había hecho cargo del recientemente descendido Gimnasia y Esgrima La Plata (2011/12) y lo pidió ante la imposibilidad de contratar al paraguayo Víctor Ayala.

El ciclo de Ingrao al frente del Lobo platense se terminó demasiado rápido, tras nueve partidos (dos victorias, dos empates y cinco derrotas -cuatro consecutivas-) y Viola pasó de ser la primera alternativa a Milton Casco a ni siquiera figurar entre los convocados. Con la llegada de Pedro Troglio, el ex Independiente tuvo que batallar bastante para tener oportunidades y fue uno de los primeros en abandonar el barco tras el magro noveno puesto de aquella temporada.

Lejos de los flashes del fútbol televisado, en los últimos años se lo vio defendiendo los colores de Belgrano de Arequito (2013/14), 9 de Julio de Arequito (2014) y Atlético Pujato (desde 2015) en la siempre pintoresca Liga Casildense.

Fernández José Antonio

José Antonio Fernádez (El Pequeño Chilavert)

Oscilando entre un charlatán de feria con un genio incomprendido y estando ante la impensada posibilidad de su vida, el entrañable Profesor Daniel Córdoba tuvo un, llamémosle, llamativo criterio para armar el plantel de Estudiantes de La Plata de cara al Apertura ’97.

Terminado el romance inicial con la parcialidad Pincharrata y tras sufrir algunas ventas que el propio entrenador atribuía al valor agregado de su gestión, El Profe se las tuvo que arreglar con algunos refuerzos que “estaban rotos y de vuelta” como El Negro Villarreal y El Beto Carranza; muchos pibes de inferiores a los que les faltaban un par de vueltas de horno y algunos juveniles a quienes había hallado en las largas horas dedicadas a mirar por televisión los torneos juveniles internacionales de aquel año. Y así Córdoba se encontró con los jóvenes paraguayos Raúl Basilio Román y José Antonio Fernández, de quien hablaremos en esta ocasión.

Nacido el 23 de enero de 1979 en Asunción, este arquero fue comparado desde sus comienzos con el legendario José Luís Félix Chilavert por su dominio del área, por detener y patear penales, y por el hecho de haber debutado con tan solo 15 años en la primera de Nacional de su país. Estas condiciones le valieron el lugar de suplente de Justo Villar en la lista de la Sub-20 paraguaya que viajó a Chile para disputar el Sudamericano en el verano de 1997.

Una oportuna lesión de Villar promediando la Primera Fase le otorgó a Fernández la chance de atajar durante el resto del torneo, en el que Paraguay consiguió un lugar en el Mundial de Malasia ’97. Y no solo eso, El Pequeño Chilavert además fue incluido en el equipo ideal de dicho certamen junto a, entre otros, el chileno Pablo Contreras, los uruguayos Martín Rivas y Nicolás Olivera, el venezolano Daniel Noriega y los argentinos Aimar, Riquelme y Samuel.

Sin embargo, aquella gran actuación no alcanzó y Fernández volvió a ser suplente en la Copa del Mundo. Comprensible si se tiene en cuenta que Villar era dos años mayor y que El Pequeño Chilavert se vislumbraba como el titular para la siguiente generación. Después de Malasia, donde su equipo llegó a Cuartos de Final, el arquero se mudó a La Plata para tener, durante un año, una feroz competencia con Sebastián Andersen, Diego Ezquerra y Nicolás Tauber por atajar en los preliminares.

A mediados de 1998 se venció el préstamo que vinculaba a Fernández con Estudiantes y el club, a instancias de Patricio Hernández, decidió no hacer uso ni de su opción ni la de Raúl Basilio Román. De regreso en su país se unió a Sportivo Trinitense (1998/2003) que, si bien era un equipo del ascenso, al menos le aseguraba titularidad. Entremedio atajó en el Sudamericano Sub-20 de Mar del Plata, pero se perdió el Mundial de Nigeria ’99 por lesión.

En enero de 2003, José Antonio Fernández fue asesinado a puñaladas por una pandilla de cinco individuos que lo habían reconocido y que habían comenzado a increparlo “por diversión”. Tenía 23 años y contaba como un tesoro los años compartidos junto a Hernán Florentín, Derlis Florentín, Julio González y Salvador Cabañas. Lastimosamente…