Viola Ezequiel

Ezequiel Héctor Viola (Equi / Toto)

La noticia nos impactó a todos y enseguida relacionamos a nuestro protagonista con Luis Islas. Y no solo por el apellido (?), sino porque desde la aparición del querido Luichi no veíamos a un arquero adolescente formando parte de un plantel de Primera División. Y con altas chances de jugar, eh. No para cebarle mates a vetustos defensores casi cuarentones o para instalarle aplicaciones a los gerontes del cuerpo técnico. Para atajar, viejo. Esto sucedió con Ezequiel Viola (01/09/1987) de Olimpo de Bahía Blanca durante el Apertura 2004, por una iluminación de Jota Jota López a quien, en esta ocasión, nadie amenazó ni obligó para poner a los juveniles del club sino que lo hizo por convicción propia. Igual, todo terminó en descenso. También.

Con 16 tiernos abriles, el chico Viola se destacó en los amistosos de la pretemporada y era una fija para pelear palmo a palmo contra Nicolás Cambiasso por el puesto que había dejado vacante Jorge Vivaldo tras su inolvidable incursión por Boca TV. La llegada de Julio César Gaona y la inspirada idea del entrenador de no quemarlo con una defensa en la que vegetaban Mauro Laspada, Satanás Páez, El Chispa Cogliandro, Luis Asprilla, José Luis Vallenilla, Diego Trotta y Facundo Imboden lo relegaron hacía el tercer lugar en consideración. Sin embargo, una lesión del portero titular provocó que El Equi, o mejor dicho un apoderado legal, firmase una planilla del fútbol grande de AFA. De más está decir que ya contaba con apesadumbrados 17 años (?).

En las jornadas 5, 6 y 7 de aquel torneo, el juvenil se sentó en el banco de suplentes y vio como el hermano del Cuchu atajaba en dos derrotas (Independiente y Vélez) y en una victoria (Rosario Central); todas por la mínima. El condenado paso errante del equipo bahiense llevaron al arquero durante los siguientes dos años hacia un lugar más seguro, tranquilo y acorde con su edad: las discotecas. Y también a defender la portería del Aurinegro pero solo en la Primera local.

Con casi dos décadas de vida y ansioso por ver algo de acción, El Equi Viola se marchó cedido a préstamo a dos equipos regionales: Olimpo de Tres Arroyos (2007) y Libertad de Bahía Blanca (primer semestre de 2008). Luego tuvo su primer regreso al Carminatti (2008 a 2013) para más de lo mismo: atajar en reserva y en la Liga de la ciudad. Ojo, que igual metió 15 suplencias del binomio Laureano Tombolini – Matías Ibáñez en la Temporada 2011/12 de Primera División.

A mediados de 2013, Mauro Laspada, ahora devenido en entrenador de Juventud Antoniana, se acordó de la ex promesa juvenil y lo llevó a su equipo, donde pudo meter 18 partidos del Argentino A. ¿Y luego? ¿Qué quedaba? Por supuesto, una nueva y de momento cúlmine etapa en Olimpo (2014 a 2016), donde 11 años después de su adolescente incursión por el banco de suplentes, al fin se alinearon los planetas y pudo debutar en Primera División.

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La historia dice que el 12 de septiembre de 2015, por la fecha 24 de aquel inolvidable primer Torneo de 30, Nereo Champagne salió lesionado en el entretiempo del encuentro frente a Sarmiento (1 a 0) y le dio la posibilidad de sacarse las ganas a Viola quien, a sus 28 años y paradójicamente a como comenzó su carrera, en ese momento era el jugador más veterano en debutar en un primer equipo de todos los planteles participantes. Además, claro, se dio el lujo de hacerlo en “La Jornada de los Clásicos”, que desde siempre, lógicamente, empareja al Aurinegro de Bahía con El Verde de Junín ¿o no?

Arsenal (derrota 2 a 1), Godoy Cruz (victoria 1 a 0), Gimnasia de La Plata (empate 2 a 2) y San Lorenzo (triunfo 2 a 1) fueron los siguientes encuentros de Olimpo, los cuales tuvieron a Ezequiel Viola parado en la portería. Por supuesto, aquellos fueron los únicos cinco partidos de nuestro protagonista en Primera División. A mediados de 2016 y aunque todavía le quedaban dos años más de contrato, la dirigencia sorpresivamente le rescindió el vinculo; momento desde el cual el ahora treintañero Equi defiende la valla de Gimnasia y Esgrima de Mendoza, en el Argentino A.

Si tenemos ganas de pensarlo y por tratarse de un arquero, todavía es joven como para revertirla y reaparecer en Primera División. O tal vez en el Nacional B, ¿no? Ya sea en Olimpo de Bahía Blanca o en cualquier otro equipo, claro. Y por supuesto, nosotros nos vamos a tragar todas las palabras escritas y vamos a corresponder con el merecidísimo indulto… O por ahí nos hacemos los boludos. Total, si lo hacemos con la obra de Woody Allen, Roberto Pettinato o Gustavo Cordera, ¿por qué no vamos a mirar para otro costado con lo que suceda con este Viola?

Klimowicz Nicolás

Nicolás Daniel Klimowicz (El Granaderito)

A ver, estimados lectores. Si hablamos de dinastías que han marcado a fuego a ciertos clubes de nuestro fútbol, rápidamente se nos vienen a la cabeza algunas cuantas insignes. Todas cargadas de épica. La primera, sin lugar a dudas, es la de Estudiantes de La Plata, en donde las leyendas Juan Ramón y Juan Sebastián más el baldosero Iani son la fórmula perfecta para entender la particular filosofía Pincha.

River Plate es otro caso testigo con ese prócer llamado Ramón Díaz y sus baldoseros hijos Emiliano y Michael, los cuales, en conjunto, acaparan 40 años de historia Millonaria junto a otros descendientes políticos del riojano como Fernando Cavenaghi, La Gata Fernández, El Malevo Ferreyra y El Rayo Menseguez; y en donde no hay que obviar, como parte de la parentela, al Viejo Labruna y a su aún no posteado hijo Omar; hoy distanciados como esos hermanos que están 20 años sin hablarse por los dilemas que acarreó la sucesión del terreno del nono muerto. De Vélez Sársfield, con los Asad (Jorge, Omar y Yamil) también tenemos mucho como para ejemplificar. ¿Y en Arsenal con los Grondona? Podemos hacer una enciclopedia.

Como dijimos antes, estamos hablando de dinastías, no de parejas, tríos o cuartetos de hermanos. Sino de diversas generaciones familiares que son sinónimos inequívocos de un club, por alguna razón u otra. Si tenemos ganas de mirar al futuro, y nadie que haya pasado los treinta las tiene, en el horizonte, además de los Moyano en Independiente Mc Allister en Argentinos Juniors, se diversa la caucásica y cordobesa figura de los Klimowicz.

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Nos subimos al Delorean y hacemos algo de historia rápida: Diego Klimowicz, apodado El Granadero, fue un delantero que surgió en el ascenso con la camiseta de Instituto, allá por mediados de los noventa. Alto, potente, con técnica, era un atacante sobre el cual había decisión unánime: le gustaba a todos. Fue transferido a España, en donde jugó en gran nivel en clubes menores, y luego regresó al país para romperla con la camiseta de Lanús.

En El Grana, además de sus goles, marcó un importante hito: en una ocasión su técnico, El Bambino Veira, lo reprimió con un inovidable: “¡Klimowicz! ¡Con el Corazón!” y El Granadero le contestó con un no menos memorable: “¡Entrá a jugar vos, la reconcha de tu hermana!”. Bielsa coqueteó con convocarlo a la Selección. No lo hizo. Pasó a Alemania, en donde hizo historia con Wolfsburgo y también se puso las casacas de Borussia Dortmund y Bochum. La Selección de Polonia quiso nacionalizarlo para que en el Mundial 2002 haga dupla con el nigeriano Olisadebe. El chabón no aceptó. La Selección de Ucrania quiso nacionalizarlo para que en el Mundial 2006 haga dupla con Shevchenko. El chabón no aceptó. En 2011 retornó a Instituto, en donde finalmente se retiró.

La dinastía continúa con Javier Klimowicz, el hermano arquero del Granadero. Nació en 1977 y debutó y ascendió como suplente con La Gloria en 1999. En Primera solo llegó a ser relevo de Roberto Cabrera. Estuvo allí hasta 2001 y luego pasó al Oriente Petrolero de Bolivia. Cuando parecía que su carrera iba a adornar este sitio web, el portero metió en 2004 un pase a Ecuador que hasta lo llevó hasta a ser convocado a la Selección bananera. Aceptó con las dos manos. Se rompió antes de un partido crucial contra Brasil y no clasificó a Sudáfrica 2010. Se retiró en su patria adoptiva en el 2016.

Adelantamos el auto (?) hasta nuestros días y nos referimos al enganche Mateo Klimowicz, el hijo del Granadero, quien ya debutó en la Primera de Instituto y es señalado como la mayor promesa surgida de las entrañas del ascenso desde el surgimiento de Paulo Dybala. Además, es una fija para Jorge Sampaoli como sparring de la Selección Mayor: Pero eso no es todo, en las categorías menores del club cordobés pululan miles de Klimowicz que se las traen: otros hijos, primos, primos segundos, posibles yernos (?). Esto, de seguro, no se termina acá…

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Pero claro, nos olvidamos de algo… Toda familia o dinastía que se precie de tal debe tener, condición sine qua non, un integrante vital: la oveja negra. Y por supuesto, los Klimowicz no son la excepción. Así que, damas y caballeros y porque no lactantes, apuntes sus reflectores hacía el centro del escenario que aquí está con todos nosotros, a la sombra de sus hermanos Diego y Javier y por primera vez en la Argentina (?): el baldosero delantero Nicolás…

Nacido en Córdoba Capital -como marca el linaje- el 22 de abril de 1985, el espectro de su existencia sobrevoló, durante la mitad inicial de la primera década de este siglo, cada transmisión que involucrase a Instituto: “En inferiores, Víctor Hugo, hay otro Klimowicz que la rompe. Es el hermano del Granadero”; “A mi perdóneme, Fabbri, pero pongo todas mis fichas en Nicolás Klimowicz, a quien vimos jugar hoy en Reserva”; “En mi Córdoba hay otro pingazo, el gringuito Klimowicz. La va a descoser, gaucho”. Sin embargo, pese a las predicciones de Román Iutch, Walter Nelson y Elio Rossi, pasaban los años y el pibe seguía sin hacer su presentación en la elite.

Finalmente y como pasa periódicamente, a mediados de 2006 La Gloria descendió. Fue así, claro, como llegó a la última jornada de aquel Clausura. Y para despedirse de Primera División se dispuso que el encuentro culmine, frente a Vélez como locales, lo jugasen los pibes del club más algún que otro “foráneo” que iría a permanecer durante el periplo en el Nacional B. Y allí el prometedor Nico Klimowicz ocupó un lugar en el banco de suplentes.

Cómo bálsamo para su deprimida gente, a los 78 minutos Instituto se puso en ventaja con un tanto del futuro baldosero Marcelo Moreno. Envalentonados con ese placebo, el cuerpo técnico quemó dos cambios con los ingresos de los futuros baldoseros Joaquín Lencinas y Benito Montalvo.

Y ahora, por supuesto, viene el momento fatídico, el que marcó la carrera, el que canonizó en baldosa a nuestro homenajeado: con Nico dispuesto a ingresar al costado del campo y con la dinastía Klimowicz abrazada y rebosante de alegría en la platea al igual que los Palermo cuando El Loco entró frente a Grecia, el futuro baldosero Franco Turus se convirtió un gol en contra boludísimo a los 94 minutos e impidió que algún Klimowicz jugase algún minuto en Primera División con la camiseta de La Gloria. Porque si nadie aún no se dio cuenta, ni los “granaderos de hoy” ni los “granaderos de ayer” aún lo han hecho…

Nicolás Klimowicz continuó dos años más en Instituto y apenas pudo meter algunos minutos en un partido del Nacional B. Aunque, eso sí, su figura se pudo ver en ciertos cotejos de la Liga local. Finalmente, El Granaderito se retiró ya que se dio cuenta que nunca iba a ser utilizado y que los dirigentes jamás le iban a dar el pase libre para no generar malestar en una de las familias más representativas de La Gloria.

A partir de ese momento, se desconoce el paradero de nuestro homenajeado. Nosotros, preferimos recordarlo con esta última foto. No porque tengamos ganas de verlo, no, para nada. Sino porque ahí al fondo hay una camiseta de lo más grossa con la publicidad de Tru-la-lá… Y si viejo, si de ahí salieron Gary y Jean Carlos, Tru-la-lá es la única dinastía que está bien en este planeta…

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Di Gregorio Matías

Matías Gabriel Di Gregorio (El Tanito)

Exponente de la prestigiosa academia de Pepé “saqué puros jugadores ni siquiera medio pelo, pero se me perdona todo porque toda la vida fui un geronte y porque edifiqué a los arqueros Ustari, Assmann, Gabbarini, Ruso Rodríguez, Dibu Martínez y decí que dos Molina se me fueron al cielo” Santoro, El Tanito Di Gregorio pasó por la Primera de Independiente de Avellaneda como aquel pibe que concurrió durante muchos años a la discoteca pero que sus amigos pueden contar con los dedos de una mano las veces que se tranzaron una mina.

Lateral izquierdo nacido el 4 de junio de 1986, Matías Di Gregorio se benefició por que el antes mencionado Santoro depuró tanto a Juan Eluchans como a Sergio Escudero y le dio la chance de debutar como titular en la última jornada del Clausura ´07, cuando vencieron por 3 a 1 a Gimnasia de Jujuy en La Tacita de Plata y de paso vengaron lo que había ocurrido en la rueda anterior, cuando los norteños se llevaron el triunfo en el último partido oficial disputado en la vieja y querida Doble Visera de Cemento.

Al siguiente torneo y ya con Pedro Troglio como entrenador, El Tanito fue titular en la primera jornada, cuando derrotaron por 5 a 3 a Lanús en un recordado y vertiginoso encuentro que catalogó a los Rojos como serios aspirantes al título. Lamentablemente para él, la llegada de Lucas Mareque desde Portugal lo mandó a convivir con el banco de suplentes y solo pudo disputar otros dos encuentros. Ah, aquel Independiente candidato de Peter se autodestruyó, poco antes del final del campeonato, peor que los sobres de Misión Imposible.

Una lesión y una suspensión por amarillas de Mareque le permitieron a nuestro homenajeado jugar dos partidos del Clausura ’08. En el primero tuvo su momento de gloria cuando convirtió el segundo tanto a Gimnasia de La Plata para la victoria final por 3 a 1. En el segundo de ellos, contra Huracán, se lesionó y tuvo que ser reemplazado en el entretiempo. Ya casi sin chances de mostrarse en el primer equipo, al menos fue una de las figuras de Independiente en aquella siempre presente (?) gira por Canadá.

Su despedida de Primera División se dio en la última fecha del Apertura ’08, cuando otra vez Pepé Santoro se acordó de él y le dio la titularidad en la derrota por 2 a 1 frente a Arsenal como locales (en el estadio de Racing). Esa tarde, Di Gregorio estuvo en la cueva junto a Mariano Viola, Emanuel Bocchino y Ángel Puertas y se fue fuertemente puteado por la poca gente que concurrió al espectáculo, quienes responsabilizaron a quince juveniles del club que poco tenían que ver con aquel decimoctavo puesto final; campaña, claro, que no está tan en el candelero porque en aquel campeonato River Plate salió último (y Boca campeón).

En el verano de 2009, Di Gregorio le convirtió un tanto a River en complicidad con el Indio Vega en Salta, pero no tuvo espacio por los puntos. Luego, pasó a préstamo hacía un lugar en donde su ¿baldosero? padre es recordado casi como una leyenda: Quilmes del Nacional B (2009 a 2011), donde debutó con un gol de tire libre y estaba llamado a emular a su progenitor, al menos desde el afecto.

Por diferentes lesiones, El Tanito solo pudo disputar 14 encuentros en aquella campaña que terminó en ascenso y una vez en Primera y debido a su endeblez física, nuestro homenajeado apenas fue al banco de suplentes en un partido contra Newell’s por el Clausura 2011 (que terminó en descenso para aquel Cervecero de Caruso Lombardi).

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Para el Apertura ’11, Di Gregorio consiguió mantenerse en otro equipo de la máxima categoría: Atlético de Rafaela, pero durante ese semestre apenas pudo mostrarse un poco en la Reserva. Durante el año 2012, El Tanito reforzó a Tres de Febrero de Ciudad del Este de la Segunda División de Paraguay y en 2013 regresó a Independiente pero solo para estar colgado. Su último paso por el fútbol más o menos serio fue el semestre que pasó en Naval de Talcahuano de la Segunda de Chile (2014), equipo que fue condenado a bajar a Tercera en los escritorios por adulterar documentación inherente al pago de sus futbolistas. Toda la suerte, Di Gregorio, toda…

En noviembre de 2014, luego de algunos meses inactivo, nuestro homenajeado se sumó al Atlético de Pinto del inframundo español; equipo del cual se desvinculó en los primeros días del 2015. Si, apenas dos meses después de su llegada. Y ese, claro, fue el punto final para su carrera. Sin embargo, el viaje a la Madre Patria no fue tan infructuoso ya que desde ese momento Matías Di Gregorio vive y trabaja en aquel país del Viejo Continente. A lápiz levantado (?), debe ser el jugador de campo descubierto por Pepé Santoro que más tiempo duró en Europa.

 

Rossi Gastón

Gastón Amadeo Rossi (El Tano)

Pegarse una gira en Estados Unidos, el sueño de Ricardo Fort cualquier fisura cualquiera, puede convertirse en una pesadilla. Y no hablamos de la política migratoria de Donald Trump, que mientras transcurría esta historia probablemente ni soñaba con la posibilidad de ser presidente de uno de los países más ricos del planeta.

En el Clausura 2010, mientras Boca Juniors se arrastraba en la cancha, sus dirigentes hacían lo mismo, pero para sumar algunos billetes verdes. Así que ni dudaron en agarrar viaje cuando les ofrecieron ir al norte del continente para enfrentar en poco menos de una semana a Los Ángeles Galaxy, Seattle Sounders y Portland Timbers, tres animadores de la siempre prometedora MLS.

A fines de mayo, mientras en Buenos Aires presentaban a Claudio Borghi como nuevo entrenador, el interino Roberto Pompei hacía lo que podía con los jugadores que habían protagonizado un verdadero papelón durante el último semestre y algunos pibes que sumaban sus primeros minutos, como Nicolás Colazo, Nicolás Blandi, Orlando Gaona Lugo, David Achucarro y Gastón Rossi, nuestro homenajeado del día.

Volante por derecha, nacido en enero de 1990 en General Villegas, pero criado en Tres Algarrobos (provincia de Buenos Aires), Rossi había llegado al Xeneize a los 14 años y se presentaba como una de las promesas más interesantes de las divisiones inferiores, donde se destacó también por bancarse las jodas del Pichi Erbes: “Les tengo pánico a los sapos. Entonces él me los metía en los botines y me los revoleaba en la espalda. Se morían todos de risa menos yo”, relató alguna vez.

En 2009, Alfio Basile, no muy adepto a la idea de promover juveniles, lo había hecho concentrar -con Colazo y Erbes- de cara al duelo ante Estudiantes de La Plata por el Apertura. “Soy un volante con ida y vuelta, con mucho huevo. Cuando hay que jugar, juego; cuando hay que meter, meto. Uno de mis referentes es Seba Battaglia, un guerrero adentro de la cancha y uno de los mejores”, se presentaba. Había que seguirlo de cerca.

Quizás por eso no sorprendió que fuera de la partida en el debut en el Home Depot Center de LA (léase el-ei) frente al Galaxy. Esa tarde, Tito mandó a la cancha a Javier García; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, Breyner Bonilla y Luciano Monzón; Rossi, Jesús Méndez, Cristian Erbes y Matías Giménez; Pablo Mouche y Lucas Viatri. Luego ingresaron Sergio Araujo, Orlando Gaona Lugo, Nicolás Colazo y Nicolás Blandi por Méndez, Mouche, Giménez y Bonilla, respectivamente. En un encuentro muy malo, Boca perdió sobre la hora por una serie de errores defensivos. Nada nuevo.

Unos días después, en la tierra del grunge, volvió a ser titular ante el Seattle Sounders. En un estadio repleto, el conjunto argentino deprimió a unos pocos propios y unos cuantos extraños. La formación fue Javier García; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, Gastón Sauro y Leandro Aguirre; Rossi, Jesús Méndez, Luciano Monzón y Cristian Erbes; Pablo Mouche y Lucas Viatri. Frente a un rival, a priori, más débil que el Galaxy, los de Pompei recibieron un cachetazo: 0-3. Para colmo, con el 0-2 parcial, Rossi pagó los platos rotos. A los 67 minutos le dejó su lugar a Araujo.

Ya para cumplir, en el PGE Park de Portland, Boca salió a la cancha con Josué Ayala; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, David Achucarro y Luciano Monzón; Cristian Erbes, Jesús Méndez, Nicolás Colazo y Matías Giménez; Pablo Mouche y Lucas Viatri. La mano arrancó torcida por el gol de Ryan Pore, pero en el inicio del segundo tiempo los de azul y amarillo supieron darlo vuelta con tantos de Giménez y Blandi.

Pero bueno, una gira por Estados Unidos puede ser una pesadilla. Y Timbers lo ganó gracias a Stephen Keel y Rodrigo López (nada que ver con el ex Vélez y Estudiantes LP) que, sobre la hora y de tiro libre, puso el 3 a 2 final. ¿Rossi? Ingresó a los 51 minutos (entre el empate y el 2-1) y terminó amonestado.

Consciente de que actuar por los puntos iba a ser prácticamente imposible, en el verano de 2011 el Tano se fue a préstamo al Partizan de Serbia junto a otro pibe de las inferiores: Leandro Kuszko. Todo marchaba bien hasta que cuando llegaron les dijeron que primero tenían que pasar una prueba. No estuvieron a la altura y se tuvieron que volver. Al regreso, fue parte del plantel subcampeón de la Copa Libertadores Sub 20. Incluso, marcó el gol del empate parcial en la final ante Universitario de Perú.

Desde entonces, el fútbol de los sábados se convirtió en su refugio. Chacarita (2011/12) y Patronato de Paraná (2012 a 2014) le dieron cierta continuidad en la B Nacional, pero no pudieron evitar la caída a la B Metropolitana, donde lo recibió Almirante Brown (2014/15).

Una breve experiencia en Sportivo Patria de Formosa (2016/17) en el Federal A fue el paso previo a pegar la vuelta a casa. Desde 2017 defiende los colores del Club Social y Deportivo (más conocido como Sport) de Tres Algarrobos en la Liga del Oeste, el lugar donde siempre quiso estar.

Altobelli Leonel

Leonel Víctor Altobelli (El Toro / Motoneta / Altoalpedi / La Cooperativa del Fútbol)

Su apellido -solo su apellido, siempre su apellido, todo gracias a su apellido- nos hizo sentir que se trataba de un capocannieri más que confiable y que su estadía en Primera División era más extensa que lo que aconteció en la vida real. El espejismo sobre las virtudes de nuestro homenajeado halla su génesis en Italia; o mejor dicho en la televisación del Mundial de España ’82, cuando el mundo entero se enamoró del trio Marco Tardelli, Paolo Rossi y Alessandro Altobelli. Por supuesto, nuestro querido Fútbol Argentino, que siempre se manejó, se maneja y se manejará con irónico carácter transitivo, tuvo su versión del último tano en ser recientemente mencionado cuando hizo su aparición El Toro Leonel Altobelli.

Chaqueño de Presidencia Roque Sáenz Peña, Motoneta nació el 20 de junio de 1986; apenas tres días después que su homónimo europeo (?) se despidiera para siempre de las Copas del Mundo. Delantero de buen porte pero escasísimo poder de gol, surgió de las divisiones inferiores de Tigre, donde bajo el mando de Caruso Lombardi jugó sus primeros dos encuentros en la temporada 2004/05 de la Primera B Metropolitana. Exiliado un par de temporadas en Sportivo Barracas (2005/07) de la Primera C para ganar algo de experiencia; de vuelta en El Matador de Victoria (2007/09) se encontró con un panorama poco tiempo antes impensado: el regreso del equipo a Primera. Sin embargo, durante el primer semestre Altobelli debió conformarse con vegetar en la Reserva.

Afortunadamente para él, el pase de Leandro Lázzaro a Estudiantes de La Plata le abrió un hueco en el plantel principal. Y además, la poca salud (?) que exhibían el paraguayo Miguel Ángel Cuellar, Guillermo Suárez y Facundo Diz le allanaron el camino para su debut en la máxima categoría. Fue así que por la tercera jornada del Clausura `08, El Toro ingresó por Román Martínez en la derrota por 1-2 frente a Huracán. Y es más, a la semana siguiente fue titular frente a Olimpo y en esa condición se mantuvo durante 5 jornadas. Pero sus pobres desempeños y la sensación que “se escondía en la cancha”, le hicieron perder el puesto contra otro purrete en similares condiciones: Lucas Pratto.

El siguiente torneo –Apertura `08- fue histórico para Tigre y también para Altobelli: el delantero fue mayormente titular en aquel equipo que obtuvo el primer puesto, pero que cayó -al igual que San Lorenzo- frente a Boca en el Triangular Final. Aún hoy, se recuerda aquella ofensiva en la cual la rompió Martín Morel y en donde Leandro Lázzaro y El Chino Luna convertían y obligaban… Por su parte, Altobelli también obligaba, pero a putearlo (?). Así y todo, aportó con escasos dos tantos: el primero de una victoria por 3 a 0 frente a Lanús y el tercero de un triunfo por igual marcador contra Huracán.

Diez encuentros como suplente durante el Clausura ’09 y la sensación que el entrenador, Diego Cagna, le había soltado la mano, daban las claras de ciclo totalmente cumplido. Por tal razón, Altobelli metió el ansiado préstamo a Europa, para jugar en el Albacete de la Segunda de España (2009/2010), donde no solo no marcó goles sino que se lo recuerda como uno de los peores refuerzos de la historia y fue motivo de burla desde el momento mismo de su presentación por sus sugestivos botines rosas ¡Que mentes poco abiertas, che!

Otra vez en Tigre y por pedido de Ricardo Caruso Lombardi, El Toro metió cúlmines 11 encuentros (mayormente como suplente de Pablo Cavallero Caballero, Fernando Telechea y Denis Stracqualursi) durante la temporada 2010/11 y su último gol en Primera: el tercero de una victoria 3 a 1 frente a Huracán. Luego bajó al Nacional B para jugar seis partidos durante un semestre en Independiente Rivadavia de Mendoza (2011), donde no convirtió y llegó a ser el séptimo delantero del plantel.

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Fue ahí cuando Pedro Troglio lo rescató y lo llevó a Gimnasia de La Plata (2012) para jugar el último tramo del histórico “Torneo de Segunda de los Seis Campeones” (Chacarita, Ferro, Huracán, Quilmes, River Plate y Rosario Central). Por supuesto, El Lobo no ascendió, pero allí el querido Peter lo bautizó como: “La Cooperativa del Fútbol” porque El Toro era el que más se sacrificaba en un lugar donde ni él ni sus compañeros marcaban tantos. Una Genialidad. Solo en El Mensana…

Almirante Brown (Nacional B 2012/13, un gol), un semestre entrenándose solo en Tigre (2013), Buriram United de Tailandia (2014), Deportivo Morón (2014/15, Primera B), Cobreloa de la Segunda de Chile (2016), Atlanta (2016/17, Primera B) y Barracas Central (2017, Primera B) fueron los lugares donde Leonel Altobelli continuó exhibiendo su horrendo poder de gol. Desde principio de 2018, El Toro es el atacante estrella del Othellos Athienou de Chipre. Si no la mete ahí, hermano…

Mientras esperamos novedades, nos despedimos con la primera entrevista que La Cooperativa del Fútbol brindó en su carrera. Esta gema pertenece al Diario Clarín en su edición del 30 de octubre de 2008 (Si, 30/10, el día del fútbol). A confesión de parte, relevo de pruebas…

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Rovira Gonzalo

Gonzalo Eduardo Rovira

Eterno juvenil, eterna promesa, eternamente en deuda por todo lo que se esperaba de él, y lo poco que pudo rendir. Que le faltaron oportunidades, que tenía una mochila muy pesada, que no manejó bien su carrera. Lo cierto es que nunca alcanzó el estrellato imaginado al irrumpir en la primera de San Lorenzo, con el mortífero antecedente de ser uno de los máximos goleadores de sus divisiones inferiores.

Después de sentarse en el banco de suplentes en los últimos tres partidos del Apertura 2006, y tras una espera que parecía interminable, finalmente el debut le llegó el 24 de septiembre de 2009. Fue frente al Cienciano, por Copa Sudamericana. Y la experiencia no podría haber sido mejor para el joven delantero: marcó un gol y dio dos asistencias en la victoria por 3 a 0, que dejaba a los de Simeone a un paso de los cuartos de final. En el partido de vuelta, el delantero le marcó otra vez al conjunto peruano para sellar la clasificación. A los 21 años, llegaba al punto más alto de su carrera. Nunca más iba a estar cerca del brillo alcanzado esos días.

El buen rendimiento que mostraba cada vez que le tocaba jugar no alcanzaba para convencer al Cholo, por lo que el club decidió darlo a préstamo, lo que motivó las protestas de los hinchas: unos 150 fanáticos realizaron una movilización para mostrar su inconformidad con la salida del jugador, entre otros motivos. Por si esto no quedó claro, es necesario repetirlo en negrita: más de un centenar de personas fue a pedir explicaciones a la sede porque se desprendían de Rovira… ¡¡DE ROVIRA!!

Su destino fue La Serena, de Chile, donde jugó poco y pasó por un susto difícil de olvidar: vivir rodeado de chilenos un terremoto que sacudió al país. “Paraba en un hotel. Estaba durmiendo y se me movió todo. Me desperté y me quedé helado. Me asusté mucho, no tenía manera de comunicarme con mis familiares. Hasta que hablé con mi mamá y me pidió que volviera. Tenía contrato hasta diciembre y lo rescindí”, contó, más aliviado, a la vuelta.

El Apertura 2010 lo tuvo presente en 7 partidos, por lo que su segunda etapa en San Lorenzo solo fue una escala para conocer un nuevo destino: Ecuador. Lamentablemente para los hinchas que se ufanaban (?) con el “¡Qué jugador dejamos ir!”, su rendimiento con la camiseta del Deportivo Quito fue mediocre. Pero si a él le fue mal, al club le fue peor: como le quedaron debiendo plata, Rovira presentó un reclamo que llegó hasta la FIFA, que en 2016 resolvió quitarle puntos al equipo, cooperando así en su descenso a Segunda División.

Como el dueño de su pase seguía siendo el Ciclón, tuvo que regresar al Bajo Flores. Se veía venir otro préstamo, y esta vez el afortunado (?) fue Douglas Haig (2012/13). Allí, ni el Pampa Jorge ni Mostaza Merlo lo tuvieron entre sus delanteros favoritos, por lo que  buscó mejor suerte en Salta, firmando para Gimnasia y Tiro (2013). Sin embargo, pocos meses después y por razones económicos el club decidió prescindir de tres futbolistas: César González, Claudio el falso Beto Acosta y Gonzalo Rovira.

Sus siguientes pasos los dio con las camisetas de Colegiales (2014) y de Textil Mandiyú (2015). Es interesante detenerse en la campaña del equipo correntino durante la primera fase de ese Torneo Federal A: 15 partidos perdidos, 2 empates y una sola victoria. Rovira ni siquiera llegó a completar este tramo del campeonato, ya que en un momento random (?) apareció en una prueba en San José de Oruro, que finalmente decidió contratarlo. La tristeza de los foristas de San Lorenzo al ver el derrotero (?) de su protegido se podía sentir en los cien barrios porteños.

En el equipo boliviano vivió un dejà vu: pocos minutos, bajas actuaciones, salida tumultuosa. Aunque en este caso su partida no fue tan rápida: decidido a no romper su contrato así nomás, Rovira siguió formando parte del plantel aún sin jugar, ocupando así una plaza de extranjero e impidiendo la contratación de alguna figura rutilante (?) del exterior.

Finalmente, en 2016 retornó a Argentina. Con 28 años defendió los colores de Atlético Uruguay de Concepción del Uruguay, en el Torneo Federal B. Allí, al lado de Celso Esquivel y el haitiano Judelin Aveska, disputó los que fueron sus últimos partidos en el fútbol (más o menos) profesional. Se desconoce si los hinchas de este equipo se movilizaron para pedir por su continuidad.

Alcaraz Walter

Walter Oscar Alcaraz (Guadaña / El Negro / Cuco)

¿Ponerse un locutorio? ¿Abrir una cancha de paddle? ¿Apostar al dólar? ¡Nada de eso! Si hubo un negocio de alto riesgo en la década de los noventa, ese fue el de jugador de fútbol profesional medianamente habilidoso. Más aún, si la falta de fortuna hacía enfrentar tu frágil humanidad contra ese temeroso escuadrón suicida llamado Club Atlético Vélez Sársfield.

Porque, recordemos, agarrabas la pelota en la mitad de la cancha y aparecían, cual zombies sedientos de carne, Carlos Compagnucci y El Negro Marcelo Gómez para hacerte la vida imposible con una caterva de recursos de los cuales el cachetazo era el más leve. Pasabas y se materilizaba Flavio Zandoná dispuesto a convertir a cualquier perejil, probablemente vos, en su nuevo Edmundo. Luego venía -tirando la plancha desde Piguë- Roberto Trotta con sus escupidas y su chamuyo. Chocabas contra las piernas y codos de Víctor Hugo Sotomayor y el tipo salía indemne con su angelado aire de “si yo simplemente soy un pobre científico que busca la cura contra el cáncer”. Y atrás de él, claro, aparecía sonriéndose diabólicamente El Pacha Cardozo, quien, básicamente, no tenía ningún pudor de bailar un malambo sobre tu tibia… ¡Y todavía faltaba enfrentar a José Luis Chilavert, viejo! Con esta mafia en la retaguardia ¿Cómo no iba a llegar a Campeón del Mundo aquel equipo de Carlos Bianchi? Así cualquiera, hermano…

A Dios gracias y por el bien del deporte, los nombres antes mencionados quedaron anclados en el manual de ritos, conjuros y sartilegios del Siglo pasado. Sin embargo, la gente del Fortín volvió a sentir aquel mix de emociones vividas gracias a la sinfónica de Compagnucci, Gómez, Zandoná, Trotta, Sotomayor, Cardozo y Chilavert –no la de volver a ganar torneos continentales, está claro- con sus dosis justas de violencia, lesa humanidad y mala leche, en las escuetas presentaciones de Walter Alcaraz por Primera División.

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A veces zaguero, a veces lateral, siempre “uno que está en el fondo”, Guadaña nació el 7 de abril de 1983 en Lomas de Zamora. Surgido de la cantera velezana, debutó (y como titular) en la jornada 17 del Apertura 2002, cuando el entrenador, Carlos Ischia, decidió dejar de lado su poco productiva línea de tres y probó con cuatro defensores, ubicando a Alcaraz en la posición de lateral izquierdo. ¿Cómo le salió? Re bien, perdieron 2 a 0 con Newell’s y Roberto Nanni se hizo un gol en contra. De regreso al líbero y stopper, El Pelado no quiso quemar al purrete y lo dejó como titular en las dos últimas fechas de aquel campeonato.

Pero claro, estamos hablando de uno de las tan mentados “ciclos de transición” por los que siempre, pero siempre, transita el club de Liniers. Por tal razón, en el Clausura ´03 Alcaraz tuvo su mejor producción en Primera (12 partidos como titular), alternando con Emiliano Dudar, Santiago Ladino, Fabricio Fuentes, El Ruso Uglessich, Maxi Pellegrino y Hernán Pellerano, sin ser ninguno de los mencionados titular indiscutido. Al menos, el bueno de Guadaña nos regaló un gran repertorio de murras, patadas y topetazos.

En la temporada 2003/04 el defensor apenas metió 10 encuentros, siendo lo más destacado un gol en contra en el empate 3 a 3 frente a Boca en La Bombonera (falsamente atribuido al baldosero Carlos Marinelli). Luego sucedió lo inevitable: el regreso de Alcaraz a la Reserva durante un año para ver si aprendía a diferenciar una número cinco de un peroné. El objetivo tardó en concretarse. Por tal razón, nuestro protagonista vio desde la platea al Fortín campeón del Clausura ’05.

Reintegrado al plantel principal, desde mediados de 2005 a finales de 2006 Walter Alcaraz disputó sus últimos 13 encuentros con La V Azulada. Pero, eso sí, repitió su momento de gloria: otro gol en contra en un empate 3 a 3; en esta ocasión frente a Tiro Federal de Rosario. No cualquiera, eh.

La primera fecha del Apertura ’06 marcó su despedida abrupta de Primera División. Esto sucedió cuando visitaron a Newell´s en Rosario y dos entonces ignotos debutantes delanteros paraguayos llamados Santiago Salcedo y Oscar Cardozo se hicieron un festín con la defensa velezana pero, por sobretodo, con un lentísimo y cuadradísimo Walter Alcaraz. Después de aquel 0-3, todos en Vélez le dijeron hasta nunca.

Un préstamo de un año y medio en Chacarita (2007/08) de la B Nacional, pareció ser la mejor opción para todos. Y allí sus violentos recursos y su aura peronista fueron en principio festejados; pero se le volvieron totalmente en contra luego de cometer un penal de lo más insólito, pelotudo e inexplicable en el último minuto de un encuentro frente a Platense. Lo bueno es que allí lo dirigió Pedro Damián Monzón y su suplente era El Chaco Insaurralde… ¡Agarrate las canillas! Con el pase en su poder, Alcaraz se sumó a otro equipo de Segunda: Aldosivi (2008), pero su horrible desempeño sumado a una velocidad digna de quien corre en chancletas por la arena de la playa Bristol obligaron a los dirigentes a rescindirle el contrato a los seis meses.

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En Los Andes (2009/10), Guadaña se dio el lujo de meter un descenso a Primera B Metropolitana y jugar una temporada completa en esa categoría. Luego, y como una especie de justicia poética, los hermanos Schiavi se sintieron identificados con él y lo llevaron al equipo de su pueblo: Rivadavia de Lincoln (2011), donde disputó el Torneo Argentino A.

Flandria (2011/12, B Metro), Almagro (2012/13, B Metro), Olmedo (2013) y Macará (2014) ambos de la Segunda de Ecuador, Huracán de San Rafael (2014, Argentino B) y un sospechoso y revelador paso testimonial por Platense (2015, B Metro) fueron los equipos donde el defensor continuó su faena. Hoy, por supuesto, nuestro homenajeado está retirado y no sabemos a qué se dedica. Lo que si sabemos, con seguridad, es que miles de jugadores habilidosos respiran aliviados y no huyen cobardemente hacía otro costado como cuando divisaban la robusta, desenfrenada y salvaje silueta del Negro Guadaña. Porque esa fue la inexorable consigna durante algún tiempo… Fuga de Alcaraz.

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Damián Joel Giménez (El Cebolla)

Rústico lateral izquierdo y en ocasiones descarado volante por la misma franja, quien se convirtió en un emblema no sólo de Banfield -donde es recordado con una sonrisa- sino de todo el fútbol argentino, por el emocional hecho fundamental (?) de tratarse del último bastión del jugador con pelo largo y colita, tan en boga entre mediados de los ochenta y finales de los noventa. Ajeno a su época desde el vamos, en su corta estadía en Primera División El Cebolla Giménez se caracterizó por utilizar la violencia y la vehemencia que caracterizó a los defensores de antaño.

Nacido en Lomas de Zamora el 26 de febrero de 1982, el propio Taladro fue el lugar donde comenzó su carrera de inferiores. Promovido al primer equipo en 1999, jugó en cuentagotas en aquella estadía de Banfield por el Nacional B. Así y todo, Giménez alcanzó la gloria cuando fue titular en la Segunda Final por el ascenso de 2001 frente a Quilmes (4-2) y dio la vuelta olímpica junto a históricos como Christian Lucchetti, Julio Barraza, El Archu Sanguinetti, El Gatito Leeb, Garrafa Sánchez, El Loco González, El Pelado San Martín y El Yagui Forestello. Y también se confundió en un abrazo (?) con infaltables baldoseros como Pablo Del Río, Fabián Santa Cruz o Martín Mazzuco.

Ya en la máxima categoría, El Cebolla debutó como titular en la primera fecha del Apertura ´01 ¿Y cómo le fue? Fenómeno, perdieron 0-5 contra Newell´s como locales y Maxi Rodríguez, quien se movía por su andarivel, marcó tres tantos. El lateral se mantuvo como titular algunos encuentros más acumulando derrotas y derrotas, hasta que la salida del entrenador Mané Ponce, la llegada de Luis Garisto y la recuperación del colombiano Brahaman Sinisterra, lo devolvieron hasta el final de aquella temporada a la Reserva.

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Entre mediados de 2002 y julio de 2005, Giménez metió 37 encuentros ingresando en el 80 % de las ocasiones entre los minutos 85 y 93. Fue en el Clausura ’05, ya con Pelusa Falcioni como director técnico, cuando El Cebolla tuvo su mejor rendimiento: ocho partidos como titular. Y fue precisamente por aquellos días cuando tuvo su jugada inolvidable. Esa que lo inmortaliza en el panteón de la baldoseridad.

Cuartos de Final de la Copa Libertadores 2005, partido de ida. River Plate visitó al Taladro en plena ebullición de la jodita Tuzzio – Ameli. El encuentro finalizó empatado 1 a 1, pero lo que el gran público recuerda, aparte de al Chipi Barijho tocándole las nalgas al Coco, es la violenta patada que El Cebolla Giménez le metió a Javier Mascherano y que ni siquiera fue merecedora de tarjeta amarilla… El Jefecito se revolcó, sufrió y lloró como si las cinco finales perdidas se le hubieran venido todas al pecho al mismo tiempo.

Sin nada más que hacer por el sur y con el pase en su poder, nuestro protagonista enfiló para Rosario y se sumó a Newell’s Old Boys (2005), como una joda del Presidente Eduardo López al entrenador chileno Juvenal Olmos, quien se cansó de pedir a sus compatriotas Gonzalo Fierro, Waldo Ponce y Rafael Olarra pero que se tuvo que conformar con El Cebolla como refuerzo.

De entrada, fue titular como volante por izquierda en la histórica serie perdida frente a Rosario Central por la Copa Sudamericana (relegando al Burrito Ortega, Fernando Belluschi y al Piojo Manso… ¡que ganas!) lo cual definió la suerte tanto de Giménez como del técnico trasandino. Tras diez encuentros plagados de derrotas y suplencias, el jugador abandonó la tierra de Lionel Messi.

Tras aquello, El Cebolla apareció en Italia para jugar en el Pescara (2006) de la Serie B, donde fue dirigido por un tal Maurizio Sarri, quien lo utilizó en apenas 12 ocasiones. Luego regresó en el país para disputar el Clausura ´07 en Nueva Chicago, despedirse de Primera División y meter un descenso junto al Mono, El Negro Martínez, El Turco Hanuch y Lucio Filomeno, entre otros.

Chornomorets Odessa de Ucrania (2007/09), Alki Larnaca de Chipre (2009/2010), Temperley (2010/11), Leandro N. Alem (2011/12), Atlético Chascomús (2012), Villa San Carlos (2012/14), Textil Mandiyú (2014) y Cerro Largo de la Segunda División de Uruguay (2015/17), fueron los lugares donde Damián Giménez pasó ese precioso rango de vida que va desde los 25 a los 35 años, oscilando por casi todas las categorías que puede conocer un ser humano.

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Ya sin su entrañable cabellera desalineada, claro, pero con la misma pierna fuerte de toda la vida. O todavía más. Es que, se sabe, la cebolla pelada siempre arranca el doble de lágrimas…