Battaglia Sebastián

Sebastián Alberto Battaglia (Battaglia Junior)

Su aparición en Primera despertó curiosidad e ilusión. Y no era para menos. Después de todo, se trataba de un familiar de uno de los jugadores más importantes de la historia de Boca Juniors. Para colmo, se llamaba (casi) igual y también actuaba en la mitad de la cancha.

Sebastián Alejandro Battaglia (el campeón de todo) y Sebastián Alberto Battaglia son primos segundos, pero, a pesar de que sus familias vivían a escasas 30 cuadras de distancia en su Santa Fe natal, recién se conocieron en Buenos Aires. “Nuestros viejos son primos entre sí. Pero como no se veían muy seguido, dio la casualidad de que a los dos nos pusieron Sebastián”, explicaban al unísono. “Yo había venido a probarme a Boca en 2001. Estaba en la pensión y Seba vino a saludarme, a presentarse. En realidad, lo conocí primero por tele, mirando los partidos, que personalmente”, comentaba Junior en sus primeras entrevistas: “Cuando digo mi nombre todos me preguntan qué parentesco tengo con él. Es lógico. Ganó todo, se hizo un nombre, hasta jugó en la Selección. Yo, en cambio, recién estoy empezando”.

Nacido el 18 de junio de 1987, el juvenil jugaba de volante por izquierda o doble cinco y, dicen aquellos que lo vieron, marcaba diferencias con su habilidad, por la técnica de su zurda y por su constante ida y vuelta. Quizás por eso ya en 2006 había llamado la atención de Pancho Ferraro, que lo convocó al torneo Esperanzas de Toulon con la Sub 20. Si bien la Argentina decepcionó al no alcanzar las semifinales (empató con Portugal, perdió con China y le ganó a República Checa), Battaglia compartió experiencias con Sergio Romero, Gabriel Mercado, Frasquito Moralez, Mauro Zárate, Lautaro Acosta, Hernán Fredes, Mauricio Pedano y Franco Caraccio, entre otros.

Después de quedarse afuera del grupo que viajó al Sudamericano de la categoría en Paraguay en 2007, Miguel Ángel Russo lo llevó a su primera pretemporada con los profesionales. Sin embargo, su debut extraoficial se produjo un año más tarde, ya con Carlos Ischia como entrenador. Fue el 22 de enero, ante Racing en Salta, por el torneo de verano. Esa noche reemplazó al Tano Leandro Gracián a nueve del final.

Sin más oportunidades a la vista, a mediados de año se fue a préstamo al Unión Atlético Maracaibo (2008) de Venezuela, que se preparaba para disputar la Copa Sudamericana. “Me llamó la atención este equipo que enfrentó a Boca en la Libertadores pasada y la principal expectativa que hay es la Copa Sudamericana. Poderla jugar me llena de ilusión”, tiró en su presentación. “Puedo jugar por izquierda en ofensiva, pero también me puedo adaptar en la contención jugando como doble pivote. Eso lo hice cuando estuve en la selección argentina y en Boca compartí esa función con Éver Banega. Me puedo adaptar perfectamente donde el profesor lo desee”, chapeó. El sueño se terminó rápido, en la fase preliminar, cuando los venezolanos, que contaban además con Juan Manuel Herbella, Deivis Barone y Juan Carlos Henao en sus filas, cayeron por 4 a 2 en el global ante el América de Cali.

De nuevo en Boca, el primo por fin pudo sacarse las ganas de debutar por los puntos. Mientras los grandes descansaban en la antesala del clásico, un equipo alternativo viajó a La Plata para enfrentar a Estudiantes (1-0, gol de la Gata Fernández) por la fecha 9 del Clausura 2009: Roberto Abbondanzieri; Julio Barroso, Gastón Sauro, Ezequiel Muñoz y Juan Krupoviesa; Cristian Chávez, Fabián Vargas, Sebastián Alberto Battaglia y Leandro Gracián; Pablo Mouche y Luciano Figueroa. Battaglia Junior actuó durante 75 minutos hasta que fue reemplazado por el Kitu Damián Díaz.

Tras la igualdad ante River, volvió a ser titular en la jornada 11, frente a Rosario Central en Arroyito, ahora acompañando en la mitad de la cancha a Pochi Chávez y Exequiel Benavídez. Ya con el 2-0 en el marcador (tantos de Alexis Danelón e Iván Moreno y Fabianesi) le dejó su lugar a Glaciar Gracián.

La salida del Pelado Ischia y el posterior regreso de Alfio Basile (poco adepto a la idea de poner juveniles) atentaron contra su continuidad y volvió a la Reserva. En el verano de 2010, pasó a préstamo a Quilmes, con el que ascendió a Primera actuando con regularidad.

A mediados de ese año, tenía todo arreglado para irse a Aldosivi de Mar del Plata, pero finalmente recaló en Atlético Tucumán (2010/11), que hizo agua en su intento de volver rápido a la máxima categoría. El Decano terminó noveno con 51 puntos, a 8 de Belgrano de Córdoba, que disputó la Promoción ante River Plate. En lo personal, Battaglia Junior marcó 3 goles en 20 encuentros.

En 2012 bajó a la B Metropolitana para defender la camiseta de Platense, pero un problema de salud de su hijo lo obligó a postergar temporalmente su carrera profesional y regresar de urgencia a Santa Fe: “Lo operaron del corazón y me tuve que ir con mi esposa a Santa Fe, donde está mi familia; eso fue hace un año y medio, pero gracias a Dios está bien, ahora son controles y chequeos”. Durante ese tiempo, para mantenerse activo, vistió los colores del Atlético Franck (2013) de la Liga Esperancina.

En junio de 2013 estuvo a prueba en el Deportes Tolima de Colombia, pero no convenció y terminó en Ben Hur (2013), en el Argentino B, donde fue dirigido por Carlos y Lautaro Trullet.

En 2014 parecía estar destinado a sacarse la espina de actuar en el fútbol cafetero. Su amigo el Chino Miguel Caneo, toda una deidad por esos pagos, lo recomendó al Boyacá Chicó, que llegó a anunciarlo como refuerzo. Sin embargo, luego de varias semanas de entrenamiento, Ben Hur nunca envío el transfer y el ex Boca tuvo que pegar la vuelta.

De nuevo en nuestro país, deambuló con más pena que gloria por Tiro Federal de Rosario (2014) en el Federal A, Guaraní Antonio Franco (2015) -con el que enfrentó al Xeneize por Copa Argentina- en la B Nacional, y Deportivo Mitre (2016/17) en la Liga Departamental de fútbol San Martín.

Ya nadie lo confunde con el Seba original.

Perna Edgardo

Edgardo Javier Perna

Decidido a priorizar la Copa Libertadores, que se le negaba sistemáticamente desde 1960, San Lorenzo disputó el torneo Clausura 1996 con un mix de suplentes y juveniles que, en muchos casos, sumaban sus primeros minutos en la máxima categoría. La campaña, claramente, fue olvidable: el cuadro de Boedo terminó penúltimo, con 16 puntos, apenas 3 más que Argentinos Juniors.

Luego de la victoria por 3 a 1 ante River Plate en el debut, el Ciclón visitaba a Racing en Avellaneda. Con los titulares en Venezuela para los duelos coperos frente a Minervén y Caracas, San Lorenzo presentó una formación minada de nombres nuevos, orientada por Roberto Mariani, el DT de la Reserva: Gilberto Angelucci; Roberto Lezcano, Héctor Almandoz (el más experimentado), Ariel Graña, Leonardo Giraudo; Andrés Gaitán, Marcelo Ramírez, Claudio Rojas, Diego Figueroa; Edgardo Perna y Rubén Darío Rossi. En el complemento ingresaron Roberto Castellón (por el guatemalteco Rojas) y el Pipa Raúl Estévez (por Perna). Si bien la Cicloneta cumplió, la Academia ganó 1 a 0 con un golazo del Tweety Silvio René Carrario.

El 9 de esa tarde había llegado en el verano de aquel año desde Rosario Central, donde se había destacado en las divisiones inferiores con la categoría ’76, acompañado de Marcelo Ramírez y de la mano del Puma Carlos Morete. El pack también incluía la participación del Chiri Cristian Colusso, que, después de posar con la camiseta azulgrana, terminó en el Sevilla español.

Sin más chances en el Ciclón, el delantero armó el bolsito y apareció en la pretemporada de Boca Juniors (1996) en Necochea, bajo las órdenes de Carlos Salvador Bilardo, que diagramaba el dream team. Allí, acompañó a otros pibes que hacían sus primeras armas: Cristian Rodríguez, Aníbal Samuel Matellán, Fernando Casartelli, Walter Del Río, Rubén Cantero, Pablo Trobbiani y Sergio Diduch.

Tras un paso por Aldosivi de Mar de Plata, a mediados de 1998 se sumó a Gimnasia y Esgrima de Jujuy. En el Lobo tampoco tuvo oportunidades y un semestre más tarde armó las valijas con destino a México.

La última vez que lo vimos en una cancha fue durante la temporada 1999/00, con los colores de Defensa y Justicia, en la B Nacional. Fueron apenas dos partidos, antes de darse cuenta de que el fútbol no era lo suyo y regresar a Santa Fe, donde es dueño de un comercio en Villa Gobernador Gálvez.

Blanes Jonathan

Jonathan Blanes Núñez

Mediocampista ofensivo -a veces delantero- uruguayo que, tras un muy buen rendimiento en Racing de Montevideo, donde actuó entre 2007 y 2009 al lado de Sebastián Balsas, despertó el interés de un gigante del paisito como Peñarol. Sin embargo, esa temporada se sumó a Atlético Tucumán, que venía de ascender a Primera de la mano del Chulo Héctor Judas el traidor Rivoira y tenía como objetivo mantener la categoría.

En el Apertura, pese a un inicio desastroso que derivó en la salida del entrenador, el Decano ganó los últimos cuatro en condición de local y terminó decimotercero con 22 puntos, incluso por encima de River Plate, Racing Club y el subcampeón del Clausura 2009, Huracán. Perjudicado por la presencia de los jugadores de la selección argentina Luis Miguel Rodríguez y Juan Pablo Pereyra, el paraguayo Fabio Escobar, Emmanuel Gigliotti y hasta Pablo Calandria, Blanes solamente disputó 3 encuentros durante su primer semestre.

Debutó el 12 de septiembre, por la cuarta fecha, en la victoria por 2 a 0 ante Boca Juniors en el estadio Monumental José Fierro. Bah, debutó es un decir, porque entró sobre la hora por la Pulguita y apenas pudo tocar la pelota. Casi un mes después, por la octava jornada, reapareció frente a Banfield, en el Florencio Sola, cuando a ocho del final reemplazó a César Montiglio. Ya en la última fecha, Osvaldo Chiche Sosa lo puso de titular contra Gimnasia y Esgrima La Plata. Esa tarde (triunfo 1-0, con tanto del Puma Gigliotti) jugó 57 minutos hasta que el Capé Claudio Sarría tomó su lugar.

Todo lo bueno que había hecho el cuadro tucumano en sus primeros seis meses en la máxima categoría se fue por la borda en el Clausura 2010. Después de ocho sin ganar, Sosa fue despedido y Roberto Mario Carlos Gómez agarró el fierro caliente. Blanes tuvo minutos en 2 partidos: en la fecha 15, en la única victoria del campeonato, ante Chacarita por 2 a 1, cuando ingresó por el paraguayo Claudio Vargas y puso el 2 a 0 parcial, y en la 17, cuando actuó desde el arranque contra Colón en el Cementerio de los Elefantes. El Deca terminó último y descendió junto al Funebrero.

En la temporada 2010/11, se marchó a préstamo a Liverpool, que lo buscaba desde el verano pasado y que tenía de 9 a Nico Guevara. Con el equipo de la Cuchilla, disputó la primera fase de la Copa Libertadores 2011, donde fue eliminado por Grêmio de Porto Alegre. De nuevo en Atlético Tucumán (2011), Jorge Solari le comunicó que no lo tendría en cuenta al igual que a Enzo Maidana, el héroe baldosero Martín Granero, Omar Gallardo y Juan José Jambao Martínez, y ni lo incluyó en la lista de buena fe para la B Nacional. La suerte no cambió tras el arribo del Chocho Juan Manuel Llop y el yorugua tuvo que emigrar.

Entre 2012 y 2014, otra vez en el paisito, mostró su mejor versión en Juventud de Las Piedras. No solo con goles, sino también con los puños, como partícipe necesario de una hermosa gresca ante Montevideo Wanderers que terminó con tan solo (?) 16 expulsados. Larai larai.

Quizás por eso no sorprendió a nadie que, a mediados de 2014, River de Montevideo se interesara en su pase. Sin embargo, en un partido amistoso previo al inicio del campeonato sufrió una lesión en los ligamentos cruzados posteriores de la que nunca pudo recuperarse. Tres años y dos operaciones más tarde, con apenas 30 pirulos, colgó los botines.

 

Ospina Luciano

Luciano Alejandro Ospina Londoño

Defensor colombiano que siendo muy joven tuvo en sus pies la pesada responsabilidad de mantener a Huracán en Primera División. Si la empresa ya era difícil desde el vamos, imagínense la situación con el Globo auspiciado por La Nueva Seguros. Ya saben cómo terminó la historia.

Nacido en febrero de 1991 en Medellín, Ospina se formó en la cantera de Envigado FC, pero se hizo conocido en su país entre 2010 y 2011, cuando vistió la casaca de la selección juvenil de Colombia en el Esperanzas de Toulon, el Sudamericano y Mundial Sub 20. Para ese entonces, ya era jugador de Huracán.

En el conjunto de Parque Patricios debutó en la 17º fecha del Apertura 2010, siendo titular en la derrota 3 a 1 ante Tigre, en Victoria. Unas semanas más tarde, jugaría su segundo partido, cuando ingresó por Carlos Quintana en la victoria 1 a 0 ante Independiente con gol de Guillermo Roffes, otro baldosero.

En 2011, el central antioqueño tuvo más chances, aunque no en mejor contexto. El desbarranque del Globo era evidente en todos los planos y la verdadera quema era la de los pibes en la cancha. Casi todos los que se ponían la camiseta blanca terminaban incendiados. La cosa estaba fulera y la gente no tenía paciencia.

Fue así que Ospina sumó minutos en otros 7 partidos, algunos como titular, formando zaga con Facundo Quiroga. Y en la previa de uno de esos encuentros, mostró signos de inmadurez. ¿Cómo? Hablando de más ante los medios.

Martín Palermo estaba sumergido en su peor racha personal, con 869 minutos sin convertir. La situación era desesperante para un goleador de su talla, así que a un periodista de Olé se le ocurrió preguntarle al colombiano, que inocentemente se prestó al juego:

¿Es bueno que Palermo venga sin marcar?

-Nunca se sabe. Me preocupa mucho que Palermo nos haga un gol justamente a nosotros y corte el mal momento que arrastra. La idea es mantener el arco en cero. Ojalá que él siga con la malaria y no convierta este domingo.

Por supuesto que Marteeeeeeeen (?) se sacó la mufa haciendo el 3 a 0 ante el Globo, con asistencia de Mouche. ¿Ospina? Se quedó calladito hasta el final del torneo (sólo volvería a jugar en la derrota 3 a 0 con San Lorenzo), pero aún faltaba lo peor.

Tras caer 5 a 1 con Independiente y recibir una ayuda de Cellay, Huracán tuvo que jugar un desempate con Gimnasia y Esgrima La Plata. ¿El que ganaba? Jugaba la Promoción con San Martín de San Juan. ¿El que perdía? Se iba a la B. Y Ospina fue fundamental en la división de bienes.

A los 15 minutos del primer tiempo, el defensor cafetero intentó rechazar una pelota, pero terminó dándole un pase gol a Lucas Castro, que puso el 1 a 0 para el Lobo y derrumbó anímicamente a los de la Quema. Huracán perdió 2 a 0, descendió y lo peor de todo, hicieron llorar al Roly Zárate (?).

Si bien siguió perteneciendo al plantel en la B Nacional, Ospina ya no fue tenido en cuenta y a comienzos de 2012 fue cedido al América de Cali. En la misma condición pasó por Envigado FC (2013) y UTA Arad de Rumania (2013).

Una vez desvinculado de Huracán, pasó por equipos de su tierra: Deportivo Rionegro (2014), Boyacá Chicó (2015), Fortaleza (2015/16) y Alianza Petrolera (desde 2017).  Y a pesar de que no pudo remontar su carrera, aún se mantiene en Primera, quizás porque cambió de sponsor.

Villagra Gustavo

Gustavo Rubén Villagra

Con el título de la temporada 1990/91 en el bolsillo y la mente puesta en la Libertadores 1992, Newell’s Old Boys de Rosario afrontó el Apertura 1991 en medio de una nebulosa. Con apenas 3 triunfos, 9 empates y 7 derrotas, y sumando 15 puntos, la Lepra terminó antepenúltima.

Durante ese torneo, Marcelo Alberto Bielsa aprovechó para darles minutos a varios juveniles que venían reclamando oportunidades: Luis Romero, Miguel Ángel D’Agostino, Miguel Ángel Fullana, Gustavo Raggio, Rubén Bihurriet, Cristian Roldán, Aldo Soria, Fernando Calcaterra, Roberto Cerino, Iván Gabrich, Cristian Ruffini y siguen las firmas.

Otro que tuvo su chance en aquel campeonato fue el mediocampista jujeño de la categoría ‘70 Gustavo Villagra. Luego de ir al banco de suplentes en el estreno ante Unión de Santa Fe, debutó en la fecha 8, contra Ferro Carril Oeste, en el Parque Independencia. Esa tarde, se paró en la mitad de la cancha al lado del Tata Gerardo Martino, el Larry Julio César Saldaña y el ya mencionado Roldán.

Enseguida, Villagra se convirtió en una especie de rueda de auxilio para el Loco, que generalmente lo hacía ingresar sobre el final de los segundos tiempos para ganar recuperar algo de aire. En total, fueron 8 partidos.

Al año siguiente, Bielsa lo incluyó en la lista de buena fe de la Copa Libertadores y, con la Lepra clasificada para los octavos de final, hasta lo hizo jugar de titular frente a Colo Colo en Chile. Desde el banco, también fue testigo de una tarde inolvidable, en la que Newell’s, con suplentes y juveniles, le ganó el clásico a Rosario Central, con gol del Pájaro Domizi.

Ya lejos de su ciudad adoptiva, y tras un supuesto paso por Coquimbo de Chile, a mediados de 1995 llegó a México para sumarse al Inter de Tijuana, de la segunda división, que desaparecería poco tiempo después.

Su lugar en el mundo lo encontraría en Estados Unidos, donde arribó a comienzos de 1996, contratado por el Rochester Raging Rhinos, de la A-League (la segunda en importancia del país del norte, detrás de la recién nacida MLS), que enseguida lo prestó al Montreal Impact (1996) canadiense, de la misma categoría, donde apenas jugó un partido. Sin embargo, Villagra regresó al equipo neoyorquino para los playoffs, en los que Rochester enfrentó y eliminó en las semifinales… a Montreal. Luego, cayó en la final ante Seattle Sounders.

Después de haber sido cortado en 1998, se incorporó al Staten Island Vipers (1999), que alcanzó las semifinales de la conferencia este y dejó de existir al final de esa temporada. Ya en el ocaso de su carrera, quemó sus últimos cartuchos en 2000 con la camiseta de los intrascendentes Connecticut Wolves.

Desde 2001, trabaja junto al ex jugador Mickey Kydes en el desarrollo del fútbol infantil en Estados Unidos.

De Souza Diego

Diego Alejandro de Souza Carballo (El Ojo)

Típico jugador con fórmula única, de esos que solo funcionan con una camiseta, con un solo entrenador o en una sola cancha; De esos que se destacan bajo determinadas condiciones y que, ante la más mínima variable que altere el escenacio ideal, pierden identidad, se diluyen, desaparecen y se convierten en futbolistas fantasmas.

Nacido futbolísticamente en Defensor Sporting (2003 a 2010), el charrúa Diego de Souza hizo un máster con la camiseta violeta. Durante casi una década, se mostró como un volante virtuoso, elegante e incisivo, pero además metió buenas campañas y un título, el campeonato uruguayo de la temporada 2007/08. Hasta que le tocó marchar.

Fue en 2011 que, con muy buenas referencias, cayó al fútbol argentino para ilusionar a los hinchas de Banfield. ¿Para tanto? Sí, el club había había apostado fuerte con la intención de que De Souza se pusiera la ropa de la figura que se iba, un tal Walter Erviti.

A su favor, tenía la nacionalidad. La dupla campeona Papelito Fernández – Santiago Silva había levantado el concepto de los uruguayos en el Taladro, luego de casos no muy felices como los de Ignacio La Luz y Yari Silvera. Había esperanza. Se transformaría en odio.

De entrada, De Souza se vendió un poco: Soy un volante ofensivo, me gusta pisar el área y aportarle juego al equipo”. Y agregó: “Mi objetivo es seguir creciendo futbolísticamente y aspirar a ser campeón”. Un pequeño error de cálculo.

Fue titular en casi todo el Clausura 2011, metiendo 15 partidos al lado de hombres como Marcelo Quinteros, el Mencho Bustos, Marcelo Carrusca y Jonatan Gómez, el Messi pobre. ¿Su rendimiento? Debajo de lo esperado, pero aún había paciencia entre los hinchas.

La cosa empezó a doblarse en el segundo semestre, en el que el uruguayo se jodió los meniscos y apenas pisó la cancha en 6 oportunidades, junto a especímenes como Juan Eluchans, Maxi Laso y Ezequiel “Dame dos de Lanús” Carboni. Aún faltaba lo peor.

El Clausura 2012 nunca se borrará de las zabecas de Banfield. El equipo del Sur hizo lo posible y más para irse al descenso de foma inesperada, cosechando apenas 11 puntos y salvando a otro club que estaba jugadísimo, ni más ni menos que San Lorenzo de Almagro.

En ese torneo, De Souza disputó 11 encuentros y apenas hizo un gol, en su último partido en la cancha, una derrota 3 a 1 ante Belgrano. Para la última fecha, el charrúa se quedó sentadito en el banco, viendo como sus compañeros perdían 3 a 0 con Colón, de local, haciendo realidad algo increíble: irse al descenso con un promedio que incluía una campaña de campeón. Insólito.

Todo lo que vino después, fueron datos y números que ratificarían su baldoseridad. Retornó a su país para jugar en Wanderers (2012/13) y ponerse la camiseta de Chelsea Cerro Largo (2013/14, 2015 y 2016); se fue a probar suerte a Guatemala con la camiseta de Deportivo Municipal (2014), se comió 7 con Pachuca, duró apenas unos meses y terminó recurriendo a la FIFA para poder cobrar.

Ojo, algo parecido tuvo que hacer Defensor Sporting para que Banfield saldara la deuda por De Souza. Sí, aquel chiste de traer un reemplazo de Erviti salió más caro de lo esperado.

Después de estar casi un año inactivo, desde 2017 defiende los colores de El Tanque Sisley.

Cellerino Gastón

Gastón Andrés Javier Cellerino (El Dura)

Un año acá, otro año allá. Un poquito en América, un toque en Europa, una experiencia en Asia. Una típica carrera de Football Manager. Eso que muchos de nosotros hicimos en más de una ocasión con una PC, pero trasladado la vida real, donde no se pueden guardar partidas ni apagar el CPU. Eso fue lo que hizo y sigue haciendo Gastón Cellerino, el protagonista de esta historia.

Nació en Viedma, capital de Río Negro, el 26 de junio de 1986. Se probó en River y en Boca, pero debutó con la camiseta de Deportivo Patagones, donde hizo inferiores.  Su salto al fútbol grande, sin embargo, sería de a poco y en el exterior. Ese inicio marcaría el resto de su trayectoria.

A comienzos de 2007, Cellerino recaló en Perú para ponerse la camiseta de la Universidad de San Martín de Porres. Y lo que parecía un destino incierto, terminó siendo un buen punto de partida. Allí conoció a otro argentino, el ex Boca Enzo Gutiérrez, con el que conseguiría levantar el trofeo de Campeón de Primera División.

En el segundo semestre de aquel 2007, al delantero rionegrino le tocaría la chance de probarse en Peñarol de Montevideo. En lo futbolístico, Cellerino pasó la prueba, pero quedó debiendo en lo otro. Le faltó algo. ¿Cómo decirlo? Un plus. Bueno, según el mismo jugador, no puso lo que tenía que poner y entonces no pudo jugar ni un minuto con la camiseta del Manya.

Pero si esa fue una mala experiencia, qué decir de lo que le pasó meses más tarde, cuando vivió una tenebrosa situación en México, mientras entrenaba en los Alacranes de Durango. “Todo el mundo al que se lo cuento se caga de risa, pero yo estuve ahí y sé lo que pasó. Era una residencia de tres pisos que tenía 20 habitaciones y 15 baños. Al principio estábamos bien, pero por las noches empezamos a sentir ruidos, chicos que corrían en la planta baja. Una noche me golpearon la puerta y no sabía qué hacer, me quedé encerrado. Al día siguiente le pregunté a mi compañero si había sido él y me dijo que no, que a él le pasó lo mismo. Yo tenía la habitación en el primer piso y cuando escuchaba ruidos no me animaba a salir. Bajar por la escalera era de terror. Pasé dos noches sin dormir y en un entrenamiento me desmayé de lo cansado que estaba. Mis compañeros me preguntaron qué me pasaba y les conté. Ellos se volvieron locos y les exigieron a los dirigentes que nos cambien de casa. El lugar en el que estábamos viviendo había sido un orfanato y lo cerraron porque varios chicos habían muerto ahogados en los baños”, declaró en una nota de La Nación.

Obviamente, salió corriendo de ahí y gracias a la recomendación de su amigo Enzo Gutiérrez terminó en Chile, donde la rompería con los colores del Rangers de Talca (2008). No solo hizo muchos goles, sino que además uno en particular, de chilena ante Palestino, mereció el aplauso del árbitro Carlos Chandía.

Ya en 2009, empezó a ser requerido por varios equipos europeos. Incluso tuvo un Mal Pase a la Lazio, pero después de sacar cuentas arreglaría con el Livorno (2008 a 2013), de la segunda división de Italia. Si bien el equipo terminaría ascendiendo en la primera temporada, Cellerino tuvo escasa participación, así que lo pusieron en la lista de jugadores a prestar.

Fue entonces que se fue al Celta de Vigo (2009/2010), de la segunda española. ¿Le fue bien ahí? No, solo hizo un gol y lo recuerdan de mala manera por su pesadez en la cancha. Su hit lo marcaría en un partido ante el Real Unión, cuando no saludó a un compañero en un cambio del segundo tiempo. Le harían la cruz.

Curiosamente, en su período en Vigo despertó el interés de Sabella. ¿Del DT de la Selección? No, de Sabella Vidal Iglesias, su novia española, con la que se terminaría casando en Viedma.

Tras la cesión, volvió a Livorno, pero de nuevo viviría la indiferencia del entrenador. Fue entonces que, meses más tarde, le llegaría la posibilidad de jugar en el fútbol argentino. Más específicamente en el Racing del Cholo Simeone.

Para ese entonces, El Dura no estaba para nada activo, pero le tocó hacer la presentación oficial junto a otro refuerzo: el futuro instagramer Brian Sarmiento. En el Apertura 2011, Cellerino fue al banco en un puñado de encuentros, pero solo ingresó en dos: en el empate 0 a 0 ante San Martín de San Juan y en la derrota 3 a 2 frente a Belgrano de Córdoba. Racing fue subcampeón del Boca de Falcioni.

Habían pasado varios años y Cellerino no podía agarrar continuidad. Fue en ese momento que le surgió la chance de regresar a Chile para defender otra divisa: la de Unión La Calera (2012). ¿Cómo le fue ahí? Bastante bien, pero todo se vio opacado por un pequeño incidente, un detalle, un desliz. Una terrible patada al pecho, bah.

El 14 de noviembre de 2012, el argentino saltó a la fama cuando le aplicó una certera patada voladora a Mauricio Viana, el arquero de Santiago Wanderers que lo había puteado. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y Cellerino se comió 7 fechas de suspensión. No solo eso, además fue detenido tras el partido en el estadio Playa Ancha de Valparaíso.

Después de haber pasado unas horas en la comisaría, el atacante declaró: “Uno reacciona en caliente cuando insultan a tus familiares. El no tendría que haberme dicho nada. Yo salí tranquilo después de la expulsión y me fue a insultar de la nada”. El famoso conmiviejanotemetá.

Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Tras un breve regreso a Livorno, donde solo disputó 3 partidos y no convirtió, a mediados de 2013 le ofrecieron volver a Chile…¡para jugar en Santiago Wanderers! Lo primero que tuvo que hacer ni bien llegó a los Caturros, fue saludar a Mauricio Viana, un enemigo que ahora pasaba a ser compañero.

Con la camiseta verde volvió a mostrar que Chile era el lugar donde mejor rendía. Marcó 17 goles en dos temporadas, hasta que le surgió la chance de cumplir el sueño americano.

En 2015, se fue a Estados Unidos para jugar en el New York Cosmos, una versión aggiornada del viejo equipo de Pelé y Beckenbauer, pero con Raúl, Marcos Senna y el ex Independiente Samuel Cáceres. ¿El torneo? La NASL, la segunda liga en importancia de los gringos.

Cellerino apenas hizo un gol en la fase regular, pero sería clave en la definición, metiendo un gol en semis y un triplete en la final ante el Ottawa Fury. No solo fue campeón, sino que se llevó el MVP del último partido, opacando al español Raúl, que ese día se despedía del fútbol. Bueno, Senna también se retiraba, pobre (?).

Cuando muchos lo esperaban por estos pagos o de nuevo en Chile, en enero de 2016 el impredecible Dura arregló con el Bolívar de Bolivia. ¿Goles? Sumó 14 en 39 partidos, pero se lo recuerda especialmente por el que le marcó a Racing en la Copa Libertadores. El tema es que ese mismo año se fue expulsado en un partido clave de la liga local y no pudo jugar el choque decisivo ante el The Strongest, que saldría campeón. Se tuvo que ir.

Para el 2017 aparecía la Universidad de Concepción en su horizonte, pero inesperadamente terminó en el Felda United, de la Superliga Malasia. Ahí tuvo de compañero al ex Argentinos Lucas Cano, pero la experiencia no fue buena.

Hace pocas horas, mientras armábamos este post, se sumó al Deportivo Pasto de Colombia, confirmando que su carrera es una partida de Football Manager. ¿Quién no lo hizo? Un año acá, otro año allá. Goles y más goles, hasta que nos olvidamos de guardar la partida y tenemos que empezar de cero. Eso sí es una patada al pecho.

Lázaro Ezequiel

Ezequiel Alejandro Lázaro

Esa construcción de carácter recreativo que consiste en una rampa que permite deslizarse hasta llegar al suelo o al agua bien podría definirse como tobogán. Aunque, en el ámbito futbolístico, también se podría utilizar el nombre y apellido de este mediocampista ofensivo como sinónimo. La típica promesa que quedó en la nada, una carrera que fue de mayor a menor. En definitiva, el Lázaro que no se pudo levantar y andar.

Más cordobés que la tonada de Chichilo Viale, su debut en Primera División fue con la camiseta de Talleres, en 2002. El destino no le había dado el mejor momento y lugar: por aquellos años, la T peleaba por permanecer en la máxima categoría, algo que perdería un tiempo después. Sin embargo, su actualidad no era tan traumática como la de su club, ya que era un habitué de las convocatorias para las selecciones juveniles. De esta manera, llegó a disputar los Juegos Panamericanos 2003, donde se colgó la medalla de oro junto a Jonathan Bottinelli,  Franco Cángele, Hugo Colace, Osmar Ferreyra, Maximiliano López y Jesús Méndez, entre otros. “Los brasileños estaban enfermos. Les dieron la medalla de plata y se la guardaron en el bolsillo”, recordó con picardía, a la vuelta del viaje.

Con el descenso al Nacional B consumado, continuó jugando con los colores albiazules hasta 2006, cuando, agobiado por las deudas, el club tuvo que desprenderse de una de sus máximas promesas. Su próximo destino fue Atlético Rafaela (2006/07). “La experiencia allí fue muy buena. Quedé marginado porque tuve diferencias con uno de los integrantes del plantel y también con el técnico (Juan Amador Sánchez).” Habilidoso pero díscolo, volvió a su provincia para jugar en el club de su corazón: Instituto (2008/10). Con un arranque que hizo ilusionar a los hinchas de la Gloria, la magia de su zurda se fue apagando con el correr de las fechas, hasta que dos expulsiones consecutivas sobre el final del campeonato lo pusieron en el centro de las críticas. El ansiado ascenso no se consiguió y hubo que remarla de vuelta.

En la siguiente temporada sus altibajos fueron más constantes. “Me lesioné antes de comenzar la pretemporada y eso me trajo graves consecuencias a la hora de empezar el torneo”, fue la excusa que empleó cuando las cosas no le salían bien. Con la llegada de Claudio Vivas al banco, su titularidad pasó a estar en duda. Y el jugador no lo pensó: armó el bolso y partió rumbo a Buenos Aires, para sumarse a Chacarita (2010), un club que tampoco le aseguraba estar desde el once inicial. Pero bueno, ya fue (?).

Tras un semestre de escasa participación en el Funebrero, intentó retornar a Instituto, aunque sus aires de divo no lo ayudaron: “Yo no tengo que pedirle perdón a nadie y tampoco voy a pedir una oportunidad. Me voy a presentar a entrenar, porque soy jugador del club.” Con el pulgar para abajo por parte del ex ayudante de Bielsa, no le quedó otra que emigrar.

La primera parte de 2011 lo encontró en Chile, donde jugó para el Ñublense. No le fue bien y así lo reconoció cuando dejó el club a los pocos meses: “La gente se esperaba mucho más de mí, y yo los entiendo porque siempre a un argentino, a un extranjero, le piden mucho más. Lamentablemente no les pude brindar lo que yo sé, todo el fútbol que puedo darle a un equipo, así que me voy con esa deuda pendiente. Le digo a la gente que me disculpe, que me hubiera gustado darle un poco más”. Aunque lo peor lo vivió afuera de las canchas, con la presencia del máximo enemigo de ese país: los terremotos. “Estaba viajando con el equipo y hubo un temblor de como 7 grados. Mi señora estaba en casa. Los teléfonos se bloquearon y no podía hablar. ¡Una desesperación! ¡No sabés como se movía el hotel! No dormí del cagazo, es una cosa de locos. Hay gente que está acostumbrada. Todos cargaban nafta y se iban a los cerros. Pero para uno es tremendo”.

Un viejo conocido, Jorge Ghiso, se lo llevó a Independiente Rivadavia (2011). Jugó poco y solo se destacó por su participación fundamental ante Aldosivi, por la Copa Argentina: erró un penal en la definición desde los 11 metros y su equipo quedó eliminado.

A todo esto, su pase seguía perteneciendo a Instituto, adonde retornaba en el inicio de cada pretemporada aunque no pudiera formar parte del plantel. “Intenté hablar con Franco y no me contestó. Su hermano Hernán tampoco. Dijeron que no me iba a tener en cuenta”, dijo a principios de 2012. Así, tuvo que aceptar la oferta de Alumni de Villa María, que participaba del Torneo Argentino A. Solo un semestre le tomó bajar otra categoría: los últimos meses del año los pasó en General Paz Juniors, jugando el Torneo Argentino B y con Rodolfo Graieb como entrenador.

Sin chances reales de volver a la Gloria, quedó libre y, tras no quedar en una prueba en el Racing cordobés (el DT Luis Islas), se fue a Santiago del Estero para jugar en Atlético Mitre (2013-14). Reapareció en 2016: luego de meter un mal pase a Central Norte, se incorporó a Sportivo 9 de Julio de Río Tercero para jugar el Federal C. A pesar de quedar eliminado en su zona (el equipo jugó 4 partidos sin ganar ninguno, terminando último en su zona) siguió despuntando el vicio en la Liga Regional Riotercerense, con mejor suerte: fue campeón del Torneo Apertura. Y de esta manera, su deslizamiento por el tobogán del fútbol llegó, en teoría, a su fin.