Guede Pablo

Pablo Adrián Guede (Loquita)

Por supuesto, después podemos discutir ampliamente si este es un posteo que merecemos. De lo que vamos a estar todos de acuerdo, sin ningún lugar a argumentación, es que el que usted está leyendo es un texto que necesitamos ¿Y cuáles son las razones para una afirmación tan temeraria? En principio, que en toda la web no se encuentra una mísera foto de nuestro protagonista en su pasaje por la Primera División del fútbol argentino.

La segunda causa, la más importante, es que en todos los escritos sobre su persona se rememora su paso por el Deportivo Español como una apurada y desganada tilde en la lista del supermercado; cuando ahondando sutilmente en su trayectoria uno choca sin cinturón de seguridad sobre una inexorable conclusión: el pintoresco, llamativo y renombrado Pablo Guede halla su génesis en el baldoserismo. Entonces, por carácter transitivo, encuentra en En Una Baldosa su media naranja para recordar aquellos irrepetibles días de la lejana década de los noventa…

Martes 26 de noviembre de 1996. En la milenaria y ancestral Tokio, River Plate caía por 1 a 0 frente a la Juventus de Turín por la tan ansiada Copa Intercontinental. Quiso el destino, cruel hijo de puta, que ese mismo día, tan sólo un par de horas después, su rival de toda la vida, Steaua Bucarest Boca Juniors, jugase en el Bajo Flores frente al Deportivo Español en un devaluado partido que solo servía para conectarle ganchos al hígado al vapuleado técnico Xeneize: Carlos Salvador Bilardo.

En un encuentro soporífero, según destacan las crónicas de la época, Boca se encaminaba a la necesitada victoria gracias a un tanto convertido por el uruguayo Néstor Gabriel Cedrés, para alegría de sus escasos hinchas que se habían acercado hasta la cancha ataviados con la camiseta de Alessandro Del Piero.

Irónicamente, a falta de trece minutos, los locales acabaron con la extasis bostera gracias a un tanto convertido por un ignoto jugador que había ingresado en el entretiempo ¿su nombre? Pablo Adrián Guede, quien, además de marcar su primer gol en la elite, se convirtió en héroe inesperado y ayudó a levantar la golpeada moral riverplatense: “Yo perdí con Juventus y con Del Piero… y a vos te empató Español con un gol de ¡Pablo Guede! ¡Pablo Guede!”, se escuchó al otro día en más de un colegio secundario.

Claro que el susodicho no era precisamente un iniciado. De profesión delantero y nacido el 12 de noviembre de 1974, Pablo Guede había debutado con los Gallegos durante el Apertura ‘92 y a causa de las pocas oportunidades que le brindaba aquel buen equipo del Deportivo Español -donde en el ataque brillaban El Puma Rodríguez, Walter Parodi, Hugo Castillo o Wilson Núñez- aceptó pasar a préstamo a Nueva Chicago del Nacional B durante la temporada 1995/96 para ganar ritmo de competición.

En Mataderos tuvo un buen rendimiento jugando en el ataque junto a Leandro Lázzaro y a, cuando no, Christian El Gomito Gómez. Esto motivó a Oscar Cavallero a pedir su regreso al feudo de Ríos Seoane en junio de 1996, ya que los refuerzos escaseaban y ya se avizoraba, para ellos, una eterna oscuridad.

El Apertura ’96 fue el más productivo de su campaña en Primera, ya que metió 14 encuentros –la mayoría de ellos como suplente- y convirtió su únicos 2 tantos: aquel contra Boca y otro frente Estudiantes en el empate 2 a 2 por la última jornada.

Además, se dio el gusto de compartir plantel con gemas baldoseras como: Arístides Pertot, Diego Corpache, Gustavo Artaza y Gastón Romancikas, entre otros. Claro que también había jugadores de en serio (?) en ese plantel, como: Hernán Meske, El Cabezón Dopazo, El Moncho Fernández y Carlos Odriozola ¿Alguien más para destacar? Si, nada más y nada menos que Jorge Francisco Almirón con quien, en más de una ocasión, Guede practicó fútbol ofensivo… para los ojos.

Durante el Clausura ’97, Pablo Guede tuvo menor participación en su equipo pero, eso si, llegó a las primeras planas cuando fue miembro del “Club de los Seis Jugadores” quienes durante ese torneo incitaron a una huelga general de futbolistas para lograr su libertad de acción del Deportivo Español y que, entre otras cosas, llevaron a la intervención del Presidente Men*m y motivaron a Fernando Miele a echar a Oscar Ruggeri de San Lorenzo. Pablo Guede, además de quedarse con el pase en su poder, supo cosechar para el futuro. Por que hombre precavido vale por dos mil.

Pablo Guede estuvo el último semestre de 1997 en el Xerez de la Segunda de España, donde apenas metió 5 partidos. Luego pasó al Málaga de Segunda B y allí consiguió el ascenso a Segunda siendo suplente como Pablo Trobbiani. La temporada 98/99 fue ratificado en ese equipo y allí logró el ascenso a Primera siendo relevo tanto del entonces brasileño Catanha como del portugués, ex Real Madrid, Edgar. Lamentablemente, él se quedó en la Categoría de Plata para ser suplente de Mariano Armentano en Elche (1999/2000).

A comienzos de 2001 pasó al Ejido de Segunda B, donde otra vez logró el ascenso. Una vez en Segunda fue suplente durante los últimos seis meses de 2001 del Tanque Gabriel Bordi. Eso fue demasiado. A principios de 2002 se fue a vivir definitivamente a la Segunda B ibérica para lograr algo de titularidad por primera vez en su vida, vistiendo las camisetas de Motril (2002), Real Jaén (2002-03) y Melilla (2003-06).

Y fue allí, jugando es ese remoto equipo de una isla cercano a las costas de África, cuando Pablo Guede decidió alejarse definitivamente de la práctica activa para comenzar una ascendente carrera como entrenador, de la cual todos sabemos absolutamente todo, dado la cotidianeidad de este personaje.

Entonces, si este personaje parece ser cotidiano… ¿para que cuernos escribimos este posteo? Obvio, boludos: para tributarlo como sacrificio en el tradicional indulto navideño. Con lo caro que van a estar las cosas, es conveniente asegurarse con varios meses de anticipación los regalos…

Arana Ronald

Ronald Arana Céspedes

No es que nosotros fuésemos una manga de enfermitos… no, claro que no… pero en los primeros noventa, cuando era apenas un niño, tanto en mi barrio como en mi escuela el ademán que vemos en la foto de arriba era la respuesta a la infanto-sexual pregunta: “¿Sabés como cojen los marcianos?”. Y a eso se contestaba con una piña en la cara del amiguito que te quería someter o poniéndose dos dedos estirados horizontalmente en la frente, lo cual significaba que se habían invertido los roles y ahora vos lo empezabas a poseer al chistoso… No sé si esta práctica sexual será moneda corriente hoy por hoy entre los púberes, ya que hace mucho tiempo dejé de ser chico y hace todavía más tiempo dejé de tener prácticas sexuales (?).

Lo que si sabemos, con exactitud, es que en el lenguaje boliviano o, mejor dicho, en el idioma de Ronald Raldes, este ademán se traduce como: “¿Quieres ganarte unos billetes fáciles?”, o para ser más puntillosos en: “Ven, compadre, vamos a robarle unos pesos a los gauchos”. Y así, con la mano de uno sobre el hombro del otro, fue como se craneó la llegada de Ronald Arana a Rosario Central a comienzos del año 2006.

Confiable defensor para el medio boliviano y con una dilatada trayectoria que incluía pasos por Destroyers (1996), Oriente Petrolero (1996-97 y 2000-05) y The Strongest (1999), Arana llegó a Arroyito avalado también por su estabilidad en la Selección Boliviana, donde debutó de la mano del Bambino Veira en 1999.

Pero claro, lo que terminó inclinando la balanza a favor de su contratación fue la persuasiva palabra de Ronald Raldes quien, así como llevó a varios Canallas al altiplano (Juan Grabowsky, Germán Leonforte, Marcelo Aguirre, Ramiro Fassi, entre otros) también hizo la gestión inversa posibilitando el inédito hecho de un club argentino con tres jugadores bolivianos al mismo tiempo (el otro era el Máximo Goleador del Mundo, José Alfredo Castillo), de los cuales dos eran Ronaldos (?).

Pero claro, los rosarinos -que no comen vidrio a no ser que venga aderezado con gato- mantuvieron sus reservas y solo incluyeron a Arana en la lista de la Copa Libertadores con el dorsal número 3. ¿Y como les fue? Re bien, Rosario Central se quedó afuera en la Primera Ronda y el boliviano no concurrió nunca ni siquiera al banco de suplentes. Cuando Arana vio que por el Torneo local le daban su dorsal al arquero Jorge Fatura Broun para que atajase como titular en un encuentro frente a Instituto, supo que no le iban a prorrogar el préstamo y se volvió a su patria en el mismo avión que llevó de regreso a José Alfredo Castillo.

El fenecido La Paz Fútbol Club (2006 y 2011), otra vez Oriente Petrolero (2007), Bolivar (2008), Real Mamoré (2009) y Guabirá (2010) -todos de la Primera División bolita– fueron los equipos donde Ronald Arana dejó jirones de calidad. Su última participación fue en la temporada 2011/12 cuando ayudó al Jorge Wilstermann a abandonar el Nacional B del altiplano.

Hoy por hoy, Ronald Arana dirige a la Selección Sub-17 de Bolivia y regentea un salón de eventos en La Paz donde se realizan múltiples actividades -entre ellas cumpleaños infantiles y fiestas de fin de curso- logrando, al estar rodeado de gente de escasa edad, hallar la respuesta a la pregunta que desvela a la humanidad toda: “¿Sabés como cojen los marcianos?”.

Pasquinelli Fernando

Fernando Adrián Pasquinelli (El Máquina)

Además de ser una de las eternamente postergadas estrellas de las inferiores de Boca Juniors de finales de milenio –de aquellas que el viejo Suplemento partidario del Diario Deportivo Olé nos presentaba semanalmente- éste centrodelantero tiene el privilegio de ser el primer jugador nacional que le vio la cara al modernismo, aunque, por supuesto, tanto él como el resto de la humanidad lo ignorábamos en aquel momento.

Nacido en Cañada de Gómez (Santa Fe) el 13 de marzo de 1980, Fernando Pasquinelli llegó a las inferiores Xeneizes promediando su adolescencia, tras destacarse en algunos equipos de un pueblo que sólo posaba sus reflectores sobre el básquet.

Con Oscar Regenhardt como entrenador y codo a codo con Nicolás Xicoy, El Chori Méndez, Christian Jara Lunghi, Carlos Quiñónez, Marco Bahamonde, Carlos Marinelli y Facundo Bonvín, entre otros, Pasquinelli brilló en aquel recordado Sub-19 bostero que participó en la Milk Cup y que realizó varias giras en buen nivel por el viejo continente. Esto logró que varios agentes y reclutadores posen sus ojos sobre algunas de estas jóvenes figuras quienes, seducidas por la oportunidad, se fueron a Europa a boicotear sus prometedoras carreras.

El Leicester de la Premier League de Inglaterra (2000) ofreció llevarse durante dieciocho meses al pibe a préstamo con opción y El Cartonero Macri, aferrado a aquella vieja ambición de “abrir nuevas fronteras” desde lo económico pero no desde lo emocional, le dio al Máquina Pasquinelli la despedida al instante. Una vez en el Reino Unido, el atacante actuó a la reserva de The Foxes pero no llegó a debutar con el primer equipo ya que Martin O´Neill, el técnico que lo había pedido, fue cesanteado algunas semanas después.

Con la llegada de Peter Taylor, nuestro homenajeado fue enviado de regreso a la Argentina. Apenas habían transcurrido seis meses desde su llegada. Al menos pudo compartir entrenamientos con el arquero Tim Flowers, con el jamaiquino Frank Sinclair y con el quilomberísimo Stan Collymore, entre otros.

Él estuvo allá y le dice “Leicester City” no “Leister”, caretas…

Tras seis meses entrenándose en Boca (2000), Carlos Bianchi se percató de su presencia pero solo para avisarle que no lo iba a llevar a la pretemporada. Por tal razón, el delantero aceptó pasar a préstamo al Motagua de Honduras (2001) junto a sus compañeros Federico Carballo y Gastón El Gula Díaz. Lamentablemente, pocas semanas después los tres jugadores se volvieron rápido al país cuando fueron acusados de golpear a varias mujeres en un bar, entre ellas a la hija de un reconocido diputado catracho. Y todo por no Drinkwater (?).

De regreso en Boca, Pasquinelli fue dejado libre y -con el pase en su poder- estuvo a préstamo en San Telmo (2001/02) y en Temperley (2002) de la Primera B. Luego retornó al Reino Unido, más precisamente a Escocia, beneficiado por que en el país de las polleritas siempre se le presta particular atención a todo aquel que haya pasado por Inglaterra. El Máquina convirtió 4 goles en el Livingston (2003/04) y luego pasó al Abeerden (2004), equipo que le rescindió el vínculo tan solo seis meses después de haberlo contratado.

De vuelta en el país se le abrió la chance de jugar el Nacional B parar Talleres de Córdoba (2005/06) pero en un amistoso frente Nacional de Medellín, Gerardo Bedoya le abrió los ligamentos cruzados de una pierna y Pasquinelli estuvo más de diez meses intentando recuperarse. Volvió recién en 2007 jugando un semestre para Temperley y luego se estuvo entrenando con Platense pero no lo contrataron por un tema presupuestario.

Liga de Portoviejo de la Segunda de Ecuador (2008), además de Sarmiento de Junín (2008/09 y 2010/12), Tristan Suárez (2010) y Barracas Central (2012/13) de la Primera B, fueron los lugares donde Pasquinelli continuó jugando a la pelota. A finales de 2013 El Máquina decidió ponerle punto final a su trayectoria después de seis meses en Primera C con la camiseta de San Telmo. Una lástima el desbarranco final. Al menos, hasta los 25 años de ambos, Fernando Pasquinelli hizo una carrera mucho más impresionante que la de Jamie Vardy…

Moyano Leonardo

moyano

Leonardo Javier Moyano

Tranquilos, lectores. “Padang” no es ningún adjetivo malicioso: es una palabra que en idioma indonesio se traduce como “campo”. Aunque en este caso la transcripción no es literal, sino que hace referencia a la ciudad de uno equipos que este defensor cordobés defendió en aquel lejano país asiático. Para llevar un poco más de calma a los que siguen exaltados, es necesario agregar que “Semen” significa “Cemento”, por lo que ya debería quedar claro que se trata de una publicidad no subliminal, mentes sucias (?).

Antes de irse a la ciudad sementera cementera, Leo dejó su huella en el equipo del que se declaró hincha: Instituto. Con la Gloria alcanzó a jugar 8 partidos en Primera División (todos por el Clausura 2000, incluida la promoción frente a Almagro que decretó el descenso de los cordobeses) y muchos más en el Nacional B. También tuvo un paso por Sportivo Belgrano de San Francisco (2004), pero dos categorías más abajo.

Fue en aquel momento cuando llegó la propuesta de Indonesia, y se la jugó: el Semen Padang FC (2005/06) y el PSPS Pekanbaru (2007/08) fueron sus primeros clubes. Moyano tuvo una difícil pero rápida adaptación, aunque sin dejar de echar de menos nuestras costumbres: “con un diccionario y escuchando el idioma todos los días se aprende rápido”, contó en su momento. Con respecto al campeonato, sentenció: “hay 5 ó 6 equipos buenos por encima del resto. Los clubes grandes en algunos casos juegan hasta con una cantidad de 50 mil espectadores, los hinchas son muy fanáticos y siguen mucho. Eso sí, se extraña la calentura de un vestuario cuando se pierde un partido, aquí lo toman a la ligera”.

En 2009 volvió a Argentina, para ponerse la camiseta de Guaraní Antonio Franco durante un par de temporadas en el Argentino B, teniendo compañeros que también sabían lo que era jugar en la máxima categoría, como Javier Cappelletti, Sebastián Carrizo y Marcelo Long. A pesar de la experiencia del plantel, las campañas decorosas no alcanzaron para cumplir con el objetivo del ascenso.

Fue así que regresó a su segunda casa, una tierra donde los partidos arreglados y los conflictos religiosos amenazan a cada rato con parar el fútbol. Cuando las canchas no son arrasadas por algún tsunami, claro. Esta vez, su destino fue un equipo de la capital: Jakarta FC (2011/12). “La vida en Indonesia depende mucho de la ciudad en que te toque vivir, el costo de vida no es caro, se vive bien, tranquilo”, comentó. También comparó: “en Jakarta es todo un poco más acelerado, con mucho tráfico. Es muy moderna y diferente a las ciudades que me tocó estar anteriormente”. Y así, entre islas paradisíacas y catástrofes naturales, la carrera de Leonardo Moyano fue llegando a su fin.

Un cordobés afianzado en Indonesia. Bien ahí, culiao.

Cantoro Lucas

Lucas Maximiliano Cantoro (El Torito)

Desde que Carlos Bianchi en el rol de entrenador inauguró su historia moderna, Vélez Sársfield es una institución que navega, cíclicamente, por períodos de lo más desiguales. Primero se forman equipos competitivos; luego crecen juveniles orgullosos; después se ganan títulos de diversas índoles; también se vende por millones de divisas; llegan refuerzos que destacan “lo prolijo del club” y cada acción que involucre su nombre es alabada con bonanza por esos amigos de todos nosotros, conocidos en los bajos fondos como: “los periodistas”.

Concluida esa etapa, claro, llega la otra. La que completa el círculo. Los jugadores de renombre huyen despavoridos, el dinero parece haberse esfumado, se cuestiona la realización de recitales en el estadio, los juveniles son insultados con furia por sus propios plateistas y, en consecuencia, no se logran resultados. La otrora institución modelo ahora es una zona arrasada por una bomba atómica donde solo sobreviven las cucarachas y El Poroto Cubero. Y así una vez… y otra vez… y otra vez… y otra vez… casi, casi como un país bananero; casi, casi como el nuestro.

En uno de esos inexorables contextos -los de desamparado- fue cuando en Primera División asomó su humanidad Lucas Cantoro, un cuarto volante o delantero por afuera de la categoría ’79, quien tuvo escasas chances de participar básicamente por la ausencia abundante y sonante del crudo y vil metálico.

Con un apellido familiar para El Fortín, ya que su hermano Mauro Roberto había iniciado “la dinastía reversa” para equilibrar la festejada aparición de los Zárate, Lucas Cantoro debutó en la octava fecha del Clausura ’99 beneficiado por que gran parte del plantel había caído intoxicado en Perú, tras jugar contra Universitario por la Copa Libertadores.

En aquella derrota frente a Unión en Santa Fe por 1 a 0, el Vélez de Eduardo Manera formó con -entre otros purretes- De La Fuente, Hernán Maldonado, El Doc Herbella, Esteban Bújan, El Roly Zárate y el paraguayo César Ramírez. Nuestro homenajeado ingresó a los 75 minutos por Juan Falcón y no llegó a compartir la cancha con su brother, quien había sido reemplazado 20 minutos antes por Andrés Montenegro.

Más de un año después, Lucas Cantoro tuvo otra oportunidad cuando fue titular en un empate 0 a 0 con Talleres de Córdoba que le puso los pelos de punta a Futbolistas Argentinos Agremiados ¿por qué razón? Por que el estatuto estipulaba que la mitad de los 16 jugadores por plantel que firmaban la planilla debían tener contrato profesional. Y Vélez sólo había presentado a seis (Chilavert, Cubero, Fede Domínguez, Morigi, Eduardo Domínguez y Rodrigo Marangoni) ¿El resto? Todos amateurs (Dudar, Esteban Buján, Falcón, Obolo, Leyenda, Herbella, Castroman, Ariel Ércoli, Pablo Armesto y, por supuesto, Cantoro).

Por tal razón, durante el resto del torneo Vélez tuvo que limitar el uso de juveniles y Lucas Cantoro vio reducidas sus posibilidades de actuar… era eso o esperar un contrato… y los papeles, en esa época del club, no se los iban a presentar jamás. Así y todo, pudo actuar en algunos minutos de otros tres encuentros hasta que, a mediados de 2001, se le otorgó la carta de libertad de acción.

Tras apenas tres encuentros en Racing de Montevideo (2001), Lucas Cantoro cruzó la mar (?) para encontrar estabilidad laboral, económica y deportiva convirtiéndose en un confiable artillero de la tercera, de la cuarta y de la quinta categoría del Calcio. Y así fue como cambió frenéticamente de camisetas siguiendo la ley del mejor postor: Monza (2002), Isernia (2002/04), Sansovino (2004/05), Foggia (2005/06), Padova (2006/07), Martina (2007), Paganese (2007/08), Cocenza (2008/09), Potenza (2009) y Pisa (2009/10).

Con la llegada de la nueva década recibió un llamado del baldosero Mauricio Giganti -ahora devenido en empresario- y viajó hasta Vietnam para jugar primero en Hanoi ABC (2011) y luego en Hanoi T&T (2011/13). Además, dejó algunas impresiones de su experiencia en aquel país asiático en el libro “Jugar en otro mundo” del autor Federico Cornali.

“Una de las cosas que más aborrezco de Hanoi es la gente durmiendo o echada cuando entrás a cualquier local de venta al público. Pero me acostumbré y lo tomo como algo normal del lugar donde a uno le pagan para hacer lo que ama”.

“Cuando jugamos de visitantes, los hinchas nos tiran piedras y nos quieren golpear. Acá hay mucha corrupción, pasan cosas raras y suelen agarrárselas con los extranjeros. Hay un par de canchas muy jodidas, a las que pocos quieren ir. La semana previa a esos encuentros bravos estamos plagados de lesionados y enfermos. Todo lo contrario sucede cuando jugamos en casa, en Hanoi. A la gente no le importa si ganamos, perdemos o nos pasa por encima un tren. Les da igual, van a la cancha a comer y a divertirse”.

“A mis compañeros vietnamitas, si en el entrenamiento se les pide que hagan abdominales, pueden llegar a completar uno o dos movimientos; luego, se hacen los tontos y se alejan. Además, fuman antes y después del partido, sin esconderse de nadie. También chupan pocas horas antes de cada juego, sin medida. Eso sí, en el partido corren el doble que nosotros, que nos alimentamos a fruta y agua. No me quejo, acá tengo la seguridad económica que no me brindan ni Italia ni la Argentina.”

Tras un breve tiempo en el Quormi de Malta (2014), Lucas Cantoro regresó al ascenso profundo de Italia para jugar en Olympia Agnonese (2014/15) y, desde 2015, otra vez en Isernia, donde continúa parando la olla hasta el día de hoy sin que se le cruce por la cabeza retornar a la Argentina. Por que al final, todo en esta vida termina siendo siempre un asunto de guita. What a Wonderful World…

González Jhonnier

Jhonnier González Córdoba

Desapercibido, escondido entre la multitud, siendo un número más, especulando el momento, con carpuza… esa fue la manera que encontró nuestro homenajeado para lograr sus objetivos. Claro que todos ellos –sus alcanzados objetivos- carecieron de brillo, glamour o prestigio alguno. Pero, al menos, este colombiano puede decir, sin ponerse colorado, que todos y cada uno de ellos se cumplieron. De alguna u otra manera…

Nacido el 6 de julio de 1982 en Turbo, Antioquia, Jhonnier González en un zaguero central fuerte, negro y grandote, quien, como gran parte de los aspirantes a jugadores de su generación, creció emocionándose con la explosión de las estrellas cafeteras en nuestras tierras. Esto hizo que, a lo largo de su etapa formativa, intensificase sus deseos de viajar a Las Pampas para emular las heroicas gestas de Jorge Bermúdez, Albeiro Usuriaga o Juan Pablo Ángel.

También, según sus propias palabras, en su lista de objetivos se encontraba vestir la camiseta del América de Cali y participar de las Eliminatorias. Con ese norte como meta comenzó a jugar en el Bajo Cauca (2005/06) del ascenso de su país. Luego pasó por Envigado (2006) y finalmente recaló en Independiente Santa Fe (2007), equipo que adquirió sus derechos federativos.

Debido a las escasas chances que le brindaban en su club y a que ya contaba con 25 extensos pirulos, a mediados de 2007 González aceptó el ofrecimiento de un representante y viajó hasta Santa Fe para someterse en una prueba en Colón. Allí, El Negro Astrada lo vio entrenarse un par de semanas pero no se animó a darle el visto bueno. Sin embargo, fue Hernán Díaz quien le levantó el pulgar ya que la retaguardia del Sabalero solo se había reforzado con El Chino Garcé y se necesitaban algunas variantes.

Durante su único semestre en la Argentina, Jhonnier González fue un turista de lujo y sólo se dedicó a jugar en la Reserva, ya que ni Marcelo Goux ni Omar Merlo ni el ya mencionado Garcé se mancaron durante aquel torneo. En enero de 2008, el técnico le dio las gracias y el defensor se volvió a su patria con la satisfacción del sueño alcanzado.

No jugó, pero al menos no se le hizo difícil conseguir una botellita con agua…

De regreso en Independiente Sante Fe (2008) se encontró con un duro revés: los médicos del conjunto lo obligaron a retirarse del fútbol ya que le habían encontrado un espasmo coronario debido al consumo intenso de grasas y tabaco. Haciendo caso omiso al consejo de los galenos y tras una dieta especial y diversas pruebas de resistencia física, en 2009 regresó a la actividad en Juventud Soacha de la B Colombiana.

Pero no solo eso, su buen rendimiento en aquel equipo lo hicieron retornar a Independiente Santa Fe (2010/11) y hasta el Bolillo Gómez lo hizo jugar en la Selección Colombia contra Perú, en uno de esos emocionantes y entrañables amistosos con jugadores falopa que disputan en la previa a un Mundial dos selecciones que no lograron la clasificación.

Con nivel decadente, a mediados de 2011 González pasó al Atlético Huila, donde se vio envuelto en un conflicto policial cuando su compañero, el ex River Carlos Valencia, le pegó una piña a una dama en una discoteca. Pocas semanas después, tanto él como el arquero suplente, Daiber Betancur, fueron echados del equipo cuando el técnico los encontró bajándose algunas botellas de whisky en la concentración.

Un paso decepcionante por Independiente Medellín (2012) y otro horrible por León de Huanuco de Perú (2013) fueron la antesala a la concepción de otro sueño: su llegada al América de Cali en 2014 para lograr el histórico ascenso a Primera, cuestión que no solo no se logró sino que tuvo en Jhonnier González a uno de los puntos más bajos del equipo. En 2015 se unió al Jaguares de Córdoba y desde mediados de ese año ya no hay noticias sobre su paradero.

Así y todo, Jhonnier González no se despidió del fútbol sin lograr su tercer objetivo personal: jugar las Eliminatorias para una Copa del Mundo. Y esto, claro, lo cumplió cuando junto a otros nueve compatriotas se nacionalizaron ecuatoguineanos ¡¡si, ecuatoguineanos! y por apetecibles 5 mil Euros por encuentro fueron a jugar las Eliminatorias Africanas hacía Brasil 2014.

La Selección de Guinea Ecuatorial llegó hasta la segunda ronda y Jhonnier González solo jugó 30 minutos en la derrota 3 a 2 frente a Sierra Leona como visitantes. Además se dio el lujo de ser dirigido por “El Carnicero de Bilbao”, Andoni Goicoetxea… Envidiable e inspirador, ya que todos los sueños se pueden cumplir si se encuentra un flexible y versátil vacío legal.

Ramírez Ricardo [Actualización 2016]

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Ricardo Alberto Ramírez (El Bocha – El Sucesor de Maradona)

Noctámbulo enganche clásico -de esos que emanan talento, desparpajo, apatía, desinterés y lagunismo en dosis equitativas- quien padeció de sus 15 minutos de fama al ser puesto bajo la escrutadora lupa general a causa de la incontinencia verbal de el más grande.

Nacido el 5 de abril de 1973 en Saladillo, este coterráneo del Profesor Lambetain hizo todas las inferiores en Racing Club de Avellaneda hasta su debut en Primera División, en un empate 1 a 1 con San Lorenzo por el Apertura ’93. A partir de ahí, Ramírez sumó algo de experiencia durante los breves procesos de Rodolfo Della Pica, Luis Cubilla y Héctor Martínez, hasta que en enero de 1995 abandonó súbitamente el ostracismo con la llegada de Diego Armando Maradona a la dirección técnica de La Academia.

El Diegote, en uno de los primeros entrenamientos que presenció, se enamoró por la forma en la que El Bocha pisaba la pelota; por eso, cuando la prensa lo consultó por el material que había encontrado en el plantel, disparó sin medir el daño colateral de sus palabras: “Me sorprendió muchísimo el chico Ramírez… Acuerdense lo que les digo: Ricardo Ramírez es mi sucesor” . ¡¿Para qué?!

Imaginando una vida signada por balinazos a periodistas o peleas con Joao Havelange, Ricardo Ramírez fue un insípido títular durante aquel inolvidable Clausura ’95, donde lo más cerca que estuvo de complacer a la dupla Maradona-Fren fue con un tiro en el palo la tarde que El Lagarto Fleita le convirtió un gol de rabona a Chilavert.

Con la ida del Pelusa y la llegada de Marchetta, El Bocha se sacó una carga de mil kilos de los hombros y se conformó con un lugar mucho más cómodo y terrenal: el de suplente del Mago Capria. Lamentablemente, durante el Apertura ’95 se rompió el tobillo después de un choque con El Cabezón Marini y ahí acabaron sus días en Primera División (27 partidos, 1 roja).

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Sin recuperarse jamás de su lesión y tras pasar con un pobre rendimiento por San Martín de San Juan (1997/98), Juventud Antoniana (1998) y Estudiantes de Buenos Aires (1999), Ricardo Ramírez recordó sus efímeros días de fama en el diario Olé:

“Si Diego dijo eso, por algo será. Sé que tengo unas condiciones bárbaras. En esa época imaginaba que Diego iba a volver al fútbol en Racing e iba a jugar de 10 y yo de 8. Por ahí me descarrilé un poco, me gustaba mucho salir. Terminaba de jugar y me iba de joda como cualquiera. Me decían que me quedara a descansar, pero no podía. Era joven…”.

Tras seguir maltratando ese tobillo por Deportivo Italiano (1999/2000) y Berazategui (2002/03), Ricardo Ramírez se retiró del fútbol para convertirse en una de las más grandes leyendas del Futsal defendiendo los colores de Sportivo Barracas primero, y de Banfield después. De hecho, se dice que en el sur del Gran Buenos Aires nunca nadie vio un talento tan grande como el del Bocha sobre esas diminutas canchas.

Al final, ni cuando fue el único que dijo que “la FIFA es una mafia” ó que “El Bocha Ramírez es mi sucesor”, El Pelusa se equivocó… los chicos, los locos, los borrachos y Maradona siempre tienen la razón…

Philippe Jonatan

PhilippeJonatan

Jonatan Javier Philippe (El francés)

Con Martín Palermo y Rodrigo Palacio averiados, Carlos Ischia tenía varios problemas para armar el once titular de Boca Juniors que enfrentaría a Huracán en la cancha de Argentinos Juniors por la cuarta fecha del Torneo Apertura 2008. Esa tarde, sin demasiadas alternativas, el Pelado mandó a la cancha como dupla de ataque a dos juveniles en ascenso: Ricardo Noir y Lucas Viatri. En el banco, esperaba su oportunidad Tomasito Süller Jonatan Philippe, la nueva joyita de la Reserva xeneize, que a sus 20 años ya estaba listo para explotar.

Curiosamente, hasta 2007 Philippe era una de las figuras de la Reserva de… Huracán, donde se había consagrado como el máximo goleador de las divisiones inferiores. Por esos días, el pibe oriundo de Navarro (provincia de Buenos Aires) fue protagonista de una polémica que duró unos cuantos meses.

Todo estalló cuando River Plate fue decidido a llevarse al delantero, que no tenía lugar en el plantel profesional del Quemero. Sin embargo, en Parque Patricios no quisieron saber nada. “Yo creí que el tema se solucionaría porque en Huracán no me tenían en cuenta. Pero me equivoqué porque los clubes no se pusieron de acuerdo”, le contó tiempo después al diario Olé.

Desconcertado y decepcionado con los dirigentes de su equipo, armó las valijas y se fue a Suiza, tentado por el Grasshopper (2007). “Estuve cerca de dos meses entrenando, estaba todo listo para firmar. Era irse por lo económico y la chance de jugar en Primera. Arranqué en un hotel y luego compartí un departamento con un español. La idea era quedarme”.

Cuando estaba por comenzar su experiencia europea, la historia tomó un giro inesperado: apareció Boca Juniors (2007 a 2010). “En realidad lo que más me sorprendió fue que existiera la chance de arreglar la situación con Huracán. No te olvides de que venía de las trabas que le pusieron a River. Yo creí que no había forma. Pero cuando se dio me sentí como el protagonista de un sueño”, decía. Finalmente, el cuadro de la Ribera arregló cederle a Huracán el 20% de los derechos económicos del jugador en caso de una futura venta.

“¿Quién no quiere jugar en Boca? En Suiza iba a ganar muchísimo más dinero, pero decidí jugármela por lo deportivo. Allá iba a jugar en Primera y sé que acá tendré que remarla. Me tengo fe. La voy a pelear”, arremetía Philippe.

El debut oficial llegaría aquella misma tarde del 31 de agosto de 2008 contra el Globo, cuando con la camiseta número 30 reemplazó a Ricardo Noir sobre la hora. Fueron apenas 6 minutos, pero le alcanzaron para dejarle servido, desde el borde del área grande de Boca, el tercer gol a Nicolás Gaitán. “Fue una linda sorpresa. En la semana había leído mi nombre, pero no pensé que iba a ser tan rápido. Es una alegría enorme, porque uno trabaja con la ilusión de llegar”, relataba en la previa.

Tres semanas después, tuvo su estreno como titular por la Copa Sudamericana, ante Liga Deportiva Universitaria de Quito (el campeón de la Libertadores de ese año), en La Bombonera. Esa noche, Boca presentó un combinado de suplentes y juveniles y goleó 4 a 0. Philippe, que usó la casaca 24 y tuvo participación directa en el segundo gol (blooper incluido), salió a 20 del final y redondeó un buen encuentro. Siete días más tarde, el Xeneize sellaría su clasificación a la próxima fase con el 1 a 1 obtenido en Ecuador. El delantero sumó otros 8 minutos a su CV cuando entró por Tito Noir.

Pese a las interesantes actuaciones iniciales, no fueron muchas las oportunidades en los meses siguientes. En el verano de 2009 jugó un rato contra Independiente (entró por Marcos Mondaini) y fue de la partida ante Racing. En el invierno, ya con Alfio Basile como entrenador, viajó a la pretemporada por Europa, donde enfrentó al Lask Linz de Austria (reemplazó a Martín Palermo sobre la hora) y al Aris Salónica de Grecia (le cedió su lugar al Titán a los 15 del complemento).

Sin espacio en los planes de Basile, Abel Alves y Claudio Borghi, luego de que fracasaran los intentos por sumarse a Deportivo Merlo y Peñarol de Uruguay, y harto de esperar en la Reserva, para el segundo semestre de 2010 armó el bolso y volvió a Suiza para encontrar continuidad. ¿Otra vez Grasshopper? ¿El siempre turbio Locarno? No, no, algo un poco más modesto: el SC Kriens, de la segunda división, se lo llevó a préstamo por una temporada. Lo devolvió a los seis meses, claro, pese a convertir 5 goles en 16 partidos.

El verano de 2011 lo encontró nuevamente en la Argentina. En Caballito lo aguardaba un desafío: la 9 de Ferro Carril Oeste. “Soy un 9 al que le gusta estar pendiente del gol. Puedo jugar por afuera o por adentro, aunque no soy un habilidoso. También puedo tirar buenos centros y tengo buen cabezazo”, decía a su llegada. “Tenía muchas ganas de volver a la Argentina y de jugar en un grande. Ferro va a luchar por el ascenso y tiene grandes jugadores”. ¿Cómo le fue? No hace falta más que mirar la tabla de posiciones. El Verdolaga terminó 14°, a 12 puntos del último equipo que clasificó a la Promoción, Belgrano de Córdoba. En lo personal, Philippe marcó 3 tantos en 15 encuentros y no dejó un grato recuerdo.

A mediados de 2011 volvería a tratar de conquistar el fútbol internacional. Sportivo Luqueño lo contrató por un año con la intención de pelear bien arriba en el campeonato paraguayo. ¿Y? Terminó último cómodo. Encima fue separado del plantel por ir a un recital del DJ Pendrive David Guetta y faltar al entrenamiento del día siguiente. “No apareció en la práctica del viernes, entonces yo estuve haciendo mis averiguaciones. Pregunté y me dijeron que estuvo el jueves en un concierto en Rakiura”, lo quemó el entrenador Daniel Raschle. Antes de eso, había hecho un gol en 15 presentaciones. No ameritaba el indulto.

 

Desvinculado de Boca y con el pase en su poder, se marchó al América de Cali (2012), que empezaba a transitar la serie de fracasos en busca de su regreso a la Primera División luego del descenso en 2011. Sin embargo, en Colombia tampoco pudo despegar: un tanto en 9 partidos y muchos insultos.

Cuando parecía que le habíamos perdido el rastro, después de varios meses de inactividad e intensa búsqueda, lo ubicamos en Argentinos de 25 de Mayo (2013) en el Torneo Argentino B. ¿Podía caer más bajo? Era cuestión de tiempo. Y en marzo de 2014 lo encontramos debutando en la Liga Lobense con los colores del siempre candidato Sarmiento de Roque Pérez.

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A mediados de 2014 tenía casi todo arreglado para incorporarse a Fénix, pero finalmente arribó a Brown de Adrogué, de la mano del Flaco Pablo Vicó, que buscaba la vuelta a la B Nacional. Tras un semestre con pocas oportunidades (apenas jugó 7 veces en el Tricolor), a comienzos de 2015 se unió al Alianza Fútbol Club de El Salvador, donde llegó acompañado por Jorge Drovandi y Matías Córdoba y por fin la rompió: marcó 16 goles en 41 encuentros y fue vital para que su equipo conquistara el título después de cuatro temporadas de sequía.

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Su buen rendimiento en el competitivo fútbol salvadoreño hizo que a comienzos de este año tuviera ofrecimientos de todos lados. Hubo propuestas de Argentina, Perú, Kuwait, Chipre y hasta un acuerdo de palabra para sumarse a la Universidad de San Carlos de Guatemala. Puro humo. En las últimas semanas, incluso, sonó con fuerza en el PSM Makassar de Indonesia que, desconfiados de los videos de YouTube, quisieron probarlo en vivo y en directo.

Por eso hace algunos días, mientras lo buscábamos en alguna liga hipster del sudeste asiático, nos sorprendimos cuando lo encontramos nuevamente con la camiseta de Sarmiento de Roque Pérez, en la Liga Lobense, a pocos kilómetros de su tierra natal.