Robledo Gonzalo

Gonzalo Sebastián Robledo

Marcador central surgido de las inferiores de Chacarita que, tapado por una gran cantidad de jugadores, tuvo que emigrar en quinta división en busca de oportunidades. Las encontró en Banfield (2006 a 2010, con intermitencias) aunque no le fue nada fácil. Primero porque el Funebrero no quería saber nada con largarlo gratis y segundo porque en el club de la zona sur debería correr desde atrás al incansable Javier Sanguinetti.

Catalogado como uno de los baluartes más interesantes de la cantera del Taladro, Robledo, nacido en Laferrere en enero de 1987, ascendió al plantel profesional de la mano de Carlos Leeb, a mediados de 2006. El Gatito, incluso, lo mandó al banco de suplentes en la primera fecha del torneo Apertura, ante Boca, nada menos que en La Bombonera.

Su debut llegaría en el Clausura del año siguiente y justamente por una lesión del Archu, en el entretiempo del duelo en el Monumental ante River Plate, por la fecha 11. El pibe hizo lo que pudo, pero no consiguió evitar la derrota por 2 a 1. Para colmo, Banfield jugaba con diez hombres casi desde el principio por la expulsión del Pimpo Roberto Salvatierra.

Bajo la dirección de la dupla técnica Hernán Lisi – Pablo Vitamina Sánchez, que había agarrado el fierro caliente tras la salida de Patricio Hernández, Robledo disputó 6 encuentros en aquel campeonato –lo suficiente como para armar un video de cinco minutos-, generalmente reemplazando a los experimentados Sanguinetti y Carlos Galván.

A mediados de 2007, la llegada de Juan Manuel Llop como entrenador, sumada a los arribos de Diego Armando Herner y el paraguayo José Devaca, le hizo perder espacio y apenas fue dos veces al banco de suplentes durante el Apertura. Tras un tiempo largo en Reserva, en enero de 2009 se marchó a préstamo al Oriente Petrolero de Bolivia.

Tan solo 50 minutos de una actuación desastrosa en el clásico ante Blooming por la Copa AeroSur le bastaron a Víctor Hugo Antelo para frenar su contratación y mandarlo de regreso a la zona sur del Gran Buenos Aires. De nuevo en el Taladro, el juvenil formó parte del plantel que se consagró campeón de Tercera en la temporada 2008/09, al lado de Enrique Bologna, Gustavo Toledo, Nahuel Yeri, Facundo Ferreyra y Lautaro Bugatto –asesinado por un policía en 2012-, entre otros.

Tras un paso incomprobable por Sportivo Italiano (2009), tendría su segunda experiencia internacional. En el verano de 2010, River Plate de Puerto Rico se encontraba de pretemporada en Argentina y Robledo se incorporó a prueba para tratar de convencer al DT, Fabián Zermattén. Si bien contó con varias oportunidades para mostrarse, su rendimiento dejó bastante que desear y en el segundo semestre estaba de nuevo en Banfield.

En enero de 2011, Hernán Lisi, aquel que le había dado sus primeras chances en el profesionalismo, asumió la dirección técnica del Unión Comercio, club que el año anterior había ganado el torneo más improbable del mundo, la sagrada Copa Perú, que otorga un cupo en la máxima categoría. Hasta allí llegó Robledo, que rápidamente se ganó un lugar en el once titular.

Lisi fue eyectado de su cargo en la fecha 12 tras perder ante Melgar, con un récord de cuatro victorias, dos empates y seis derrotas. El ex Banfield continuó en la defensa algunos partidos más hasta que, de un día para el otro, dejó de estar entre los convocados. Nunca más lo vimos en una cancha. Todo parece indicar que el fútbol no era lo suyo.

Cigogna Daniel

ciognaquilmes

Daniel José Cigogna Antelo (El Tano)

Tengo un amigo -un muy buen amigo mío- que tiene un incontinente y obsesivo pasatiempo particular: incomodar. Y así, desde el principio de los tiempos, el tipo va saltando de grupo en grupo –tanto familiar, laboral como social- provocando malestar y nerviosismo tanto en catequistas, como en equipos de papi, gerentes de sucursales, padres de novias y hasta en paseadores de perros… Y todo con la impredecible y psicopática habilidad de su negativamente talentosa lengua.

Lo que este amigo mío llama: “La Adrenalina Final”, consiste en hablar abiertamente de sus irrefrenables deseos de homosexualidad. Y puede llegar a suceder que su jefe lo lleve a almorzar como premio por haber vendido una cantidad X de seguros y el tipo -en medio de una charla sobre sueños, metas y objetivos- dispare sin anestesia: “una de las cosas que me motiva a futuro es probar a estar con un tipo… por que ¿a qué hombre no se le pasó eso por la cabeza? Y me encantaría casarme con John Frusciante, el guitarrista de los Chili Peppers, para que me de una buena murra recontra pasados de frula… y tener de amante a Jose Mourinho, claro… así le meto los cuernos a Frusciante en un telo oneroso con un tipo que es lo totalmente opuesto… ¡Ahhhh!”. Vale aclarar que, pese a ser un gran facturador, a mi amigo lo echaron de varios de estos trabajos de oficina por hablar de cosas que solo acontecían en su cabeza, pero igual ¿Quién le quita las carcajadas?

Como sea, la otra vez ví a este flaco en ocasión de un partido de papi contra unos conocidos de él que habían venido a Mar del Plata desde Buenos Aires, no recuerdo bien por que razón. Y después de intentar correr en vano tras la pelota, en el momento de las cervezas, mi amigo empezó con su numerito, seguramente, la única razón que tenía y tiene para interactuar con otros seres humanos.

Y ahí, tras hacernos visualizar como Frusciante lo maniataba y de describir los disfraces que usaría para Mourinho; un porteño colorado, gordo, pelado y con un tatuaje de Motorhead en uno de sus brazos, disparó: “Nooo… Yo haría todo eso pero con El Tano Cigogna. Ese chabón si que estaba bueno ¿Te acordás?”. Y no solo eso, sino que ahí mismo el foráneo arrancó con una catarata de imágenes sórdidas, perversas y masoquistas que hicieron las delicias del improvisado auditorio; incluidas las dos veinteañeras mozas del lugar, quienes se agarraban la panza de tanto reírse.

Por supuesto, para mi amigo todo esto no fue para nada gracioso. Le habían robado el protagonismo y encima con sus propios métodos. Y lo peor de todo: nadie se incomodó. Tras aquello, en medio de una especie de berrinche o soliloquio, el tipo me inquirió con furia como si yo fuese el responsable de su ostracismo mientras esperábamos el colectivo: “¿Cigogna? ¿Sicogna? ¿Ciboña? ¿Ese quien carajo es? ¿Dónde jugó? Y vos… que escribís en esa página de pelotudos ¿No me podés decir quien es ese chabón?”.

Así que acá estoy, en esta página de pelotudos (?), intentando develar quien es esa sexy maquina del deseo, llamada Daniel Cigogna.

Centrodelantero de buen, muy buen, recontra buen físico de la categoría ’82, Cigogna se inició en Quilmes, donde debutó e hizo sus primeros goles, que tampoco fueron tantos, durante la temporada 2002/03 del Nacional B que finalmente terminó con el esperado ascenso para el Cervecero.

Una vez en Primera División, El Tano tuvo su momento de fama cuando le convirtió un tanto a Atlético de Rafaela en el duelo de los recién ascendidos por la primera fecha de aquel Apertura 2003. Con la llegada del Chupa López y del Beto Camps, entre otros, a nuestro homenajeado no le quedó mucho margen para actuar y por tal razón se recluyó un semestre en Universitario de Perú (2004), donde jugó 24 partidos y metió 6 goles, pero falló un penal contra Alianza Lima, que gracias a eso salió campeón.

De regreso en Quilmes (2004), Cigogna solo actuó en un triste empate frente a Racing (0-0) para así despedirse de Primera División con un escueto saldo de nueve partidos y un gol. El primer semestre de 2005 estuvo en Atlético de Rafaela del Nacional B, donde solo jugó 2 encuentros, y finalizó aquel año entrenándose con la Reserva de Quilmes.

Aurora de Bolivia (2006), Los Andes (2006), Estudiantes de Caseros (2007), Sarmiento de Junín (2007/08), Talleres de Remedios de Escalada (2008), Olimpia de Honduras (2009), Central Córdoba (2010), Deportivo Español (2010/11), Excursionistas (2012), Berazategui (2012/13) y Sacachispas (2013) fueron los equipos donde siguió jugando sin jamás poder ratificar su ya lejano rótulo de promesa y sometiendo a pocos arqueros, aunque a muchos, seguramente, les hubiera encantado que El Tano lo hiciese con pasión y furia (?) Con tan solo 31 años, Daniel Cigogna colgó los botines y dejó de deambular.

Pero claro, ya sin la pelota, Daniel Cigogna le sacó provecho a los dotes que le brindó la naturaleza e inició una carrera como modelo publicitario para alegría de la platea femenina y de la libido, por que no, de algún porteño colorado, gordo, pelado y con un tatuaje de Motorhead… ¡Ahhh! ¡Hermoso y sensual Cigogna! ¡Tu si que sacas mi lado salvaje!

Entonces, si te metés a la página de la empresa Entremodelos, podés contratar al ex portentoso delantero Daniel Cigogna para una hirviente y personalizada sesión de fotos…”desnudo”, “ropa interior”, “traje de baño”, “tallas grandes”, “show room”, “body painting”, “partes del cuerpo” y “azafato” son algunas de las especializaciones publicitarias a las que el hermoso Tano está dispuesto a acceder… ¡Morite, John Frusciante! ¡No vuelvas más, Jose Mourinho!

Hoy, El Tano Cigogna trabaja en las inferiores de Quilmes además de ser el tercer nombre de una particular lista de anhelos que viven dentro de la pisquis de un muy querido amigo mío…

Verón Mauricio

Mauricio Rodrigo Verón (La Bruja)

Y ya que venimos de planteles suprabaldoseros por completar, no podemos obviar al increíble Belgrano de Córdoba de principios de milenio. En contraposición al querido Ferro que se fue al descenso -donde hubo especimenes de todo tipo, calaña y exotismo- por El Pirata desfiló una caterva de jugadores quienes, luego de su efímero y remoto paso por Primera División, se convirtieron en futbolistas de “tierra adentro”. Y cuando decimos “adentro” es bien adentro. En lo profundo, lo postergado, lo rayano a lo amateur… ese es el caso de Mauricio Verón.

Volante central de esos que se pelan las rodillas con la única función de recuperar la pelota y pasársela a un ser humano que luciese la misma camiseta, nuestro homenajeado nació en San Lorenzo (Santa Fe) el 2 de julio de 1979. Iniciado en las canchas de Primera B con Argentino de Quilmes (1998/99), a mediados de 1999 llegó a Belgrano pero recién pudo debutar al año siguiente, cuando Mostaza Merlo lo utilizó durante 17 encuentros del Clausura siendo, mayormente, relevo de Teté González, y de José Luis y de Javier Villarreal.

Al siguiente torneo, La Pepona Biasutto lo mandó a la cancha en sólo 5 partidos y parecía que Verón no tenía nada más para brindar en la elite. Sin embargo, en 2001 llegó al banco Pirata Gustavo Alfaro, quien en la pretemporada ratificó al volante central como dueño indiscutido del puesto. La aventura de Mauricio Verón saliendo al campo entre los once duró lo que tenía que durar: hasta la segunda fecha, cuando se fue lesionado a los 37 minutos en la victoria 1 a 0 sobre Talleres en el clásico, con aquel inolvidable zapatazo de Julio López.

Un año y medio después, cuando Verón se recuperó de su lesión, Belgrano ya se había ido al Nacional B con su correspondiente y -por aquellos años- habitual depuración. El volante se exilió en Quilmes (2002/03) de esa categoría y fue actor de reparto en el equipo que logró el histórico ascenso a Primera. Aquel año lo finalizó en Argentino de Rosario de la Primera C, para luego iniciar un inestable raid al que vamos a denominar: “Deep Web”, mientras más profundo se escarba, más indicios hay sobre su paradero…

Tigre (2004), otra vez Argentino de Rosario (2005), Central Córdoba (2005/06), Independiente de La Rioja (2006/07), Atlético Tucumán (2007/09), Racing de Córdoba (2009/10), 9 de Julio de Morteros (2010), Sportivo Las Parejas (2011), Sarmiento de La Banda (2011/12), Atlético Regina (2013/14), Concepción FC (2014/15) y Tiro Federal de Morteros (2015) fueron sus siguientes destinos, conociendo más categorías que las que puede soportar un ser humano normal en esta existencia.

A mediados de 2016, Mauricio Verón sigue defendiendo los colores de Concepción FC de Tucumán, compartiendo equipo con la promesa baldosera ex Boca Juniors, Alejandro Alfonso. Nada nuevo bajo el puente. No será la primera ni la última vez que vemos un Verón entradísimo en años insistiendo con correr detrás de una número cinco…

Maidana Matías

Matías David Maidana (El Maidana Trucho)

Estaba predestinado a marcar una época en la zaga de Boca Juniors. A ser un referente, a despertar idolatría. Allá por mediados de 2007, el futuro ícono riverplatense, Jonathan Ramón Maidana, embelesaba al pueblo Xeneize con su prestancia, seriedad y sobresalientes condiciones. A tal punto que la alegre dirigencia del Club de La Ribera decidió tirar unos maletines al viento y trajo desde Los Andes al hermano menor del susodicho; todo para darle una alegría al central y por aquella vieja máxima de mantener a la famigia unita…

Matías Maidana, a él nos estamos refiriendo, nació el 9 de marzo de 1987 en Adrogué y se inició en El Milrayitas, al igual que su famoso y talentoso familiar. Iniciado como delantero, fue corrido cada vez más atrás en el campo de juego hasta que terminó fermentando como lateral derecho, como casi todo hermano muerto (?). Tras un puñado de encuentros en Los Andes de la mano de Mario Rizzi, se sumó a la pretemporada de Boca Juniors en La Posada de Los Pájaros antes la incredulidad de todos, incluido el propio jugador.

“No lo puedo creer. Voy a jugar en el club más grande del país y encima con mi hermano mayor. Todavía no caigo. Somos distintos. Yo por ahí soy más técnico y Jony es muy profesional y serio. Juega concentrado y jamás se descontrola. Él vive para el fútbol”, se atajaba en su primera entrevista. Todo muy lindo, realmente, pero tras un par de prácticas con el primer equipo, Miguelo Russo lo mandó a vivir a la reserva.

Sin embargo, y ya con Carlos Ischia en el timón del equipo, El Negro Ibarra se lesionó durante el inicio del Torneo de Verano de 2008 y eso le abrió la chance a Matías Maidana de jugar sus únicos 90 minutos en un abominable empate 0 a 0 frente a Racing en Salta. Ah, esa noche también debutaron con la Azul y Oro, Exequiel Benavídez y El Seba Battaglia Trucho. Todo dicho.

A mediados de 2008, con la venta de Jonathan al Metalist de Ucrania, a nadie en Boca ya le interesó la buena o mala fortuna de Matías, quien regresó a Los Andes (2008/09) del Nacional B para descender de categoría junto a Cubito Cáceres, Walter Alcaraz y El Piquetero Arce, entre otros. En 2010 jugó un semestre en Deportivo Armenio de Primera B y en 2011 pasó por el Linense del under Brasilero. En el último semestre de 2012 estuvo en Tristan Suárez y luego metió cuatro años en Berazategui  (2012/16) de la Primera C.

Sin embargo, Matías Maidana, quien desde mediados de 2016 es el refuerzo estelar de Cañuelas, sí dejó su marca imborrable en el fútbol grande de los domingos: esa cicatriz que vemos en la ceja de Jonathan Maidana cada vez que le hacen una entrevista, se la hizo su hermanito de un piedrazo por que, de chicos, no le quiso prestar los juguetes.

Y eso es todo lo que la posteridad va a recordar de Matías David Maidana…

Cracco Juan Pablo

Juan Pablo Cracco

Soy un ávido y responsable coleccionista. Lo cual, inconcientemente, lleva aparejado una profunda e inexorable tristeza. Y no hablo de lo patético de ver a un hombre en sus treintas esperando con la ilusión de un niño a que llegue una action figure del universo de DC Comics… O de lo lisérgico que suena que llegue a posponer una reunión de trabajo por mirar los extras de una película de los ochenta que completa una deseada antología de blue-rays. Eso no genera tristeza, para nada. Ya que las sensaciones negativas, por supuesto, son siempre desde la perspectiva de la mirada ajena. Y al coleccionista convencido poco le interesan las castradoras máximas que emergen desde los sentidos de los demás.

La verdadera tristeza -rayana a la angustia- que acecha a los coleccionistas, es por una sola cuestión: cuando la colección se está por completar. Ese es el fin, la depresión, la muerte, el acabose, el ragnarök. Por que lo que debería acaecer es la felicidad por la colección completa. Y al coleccionista no le interesa la felicidad, en absoluto. De hecho, el coleccionista se mueve como pez en el agua en la búsqueda de algo que desea interiormente que jamás se materialice. Paradójico. Entre los muñecos de Batman, los Gráficos de los noventa, los vinilos de The Beatles y las películas de Freddy Krueger, una sola pesquisa obsesiona cada uno de mis días: que estén posteados, perfumados e inmortalizados todos los íconos del baldoserísimo Ferrocarril Oeste del Clausura 2000.

Por supuesto, todos recordamos y veneramos a aquel último equipo de Caballito que divisamos en Primera División en nuestras vidas. ¡Si! aquel que dirigieron Palito Brandoni y Juan Domingo Rocchia; luego Rocchia en solitario y finalmente la vieja y desaparecida Subcomisión de Fútbol. Un verdadero canto a La Baldosa. Ojo que había jugadores, digamos, respetables, tales como Martín Vitali, El Bebé Rocha, Cristian Tula, Sergio Rodríguez, Félix Décima, El Pupi Salmerón o el bicampeón con Lanús, Maxi Velázquez.

Pero después había una galería de villanos que se hacían llamar Martín Morello, Nicolás Sartori, Cristian Chaparro, Jorge Vega, Diego Velázquez, El Máquina Giampietri, Nicolás Hernández, El Cuco Lagos, Ariel Groothuis, Diego González, Andrés Grande, Cristian Hudaied, Fernando Sanjunjo, Cristian Ayala o Fabio Landaburu, quienes hicieron, en los últimos años, un verdadero carrusel de emociones con nuestras vidas. Hoy, con una lágrima incrustada en este corazón de coleccionista, le llega el turno a Juan Pablo Cracco.

Lateral izquierdo de la categoría ’80 y oriundo de Río Tercero, nuestro homenajeado hizo su debut como titular en la décimo primera jornada de aquel Clausura 2000, cuando Rocchia decidió quemar a dos de los últimos juveniles que le quedaban por incinerar en la plantilla ¿El otro? El también cordobés Luis Pupi Salmerón. Tras la derrota 0-2 frente a Estudiantes de La Plata, el Diario El Día describió así su debut: “Juan Pablo Cracco hizo todo al revés y El Pincha supo aprovechar su sector. Marcó mal, entregó pésimo y su desprolijidad fue alarmante. Los albirrojos lo volvieron loco toda la tarde y no se fue expulsado de milagro ¡Qué tardecita!”

En total, Juan Pablo Cracco fue titular en 8 encuentros de aquel Ferro terminal, incluido, claro, el encuentro frente a Lanús en el que cayeron por 0-7 perdiendo la categoría y en donde uno no sabía si sorprenderse por lo abultado del resultado o por los extravagante apellidos que usaban la pilcha del Oeste, quienes parecían personajes de una película como El Señor de Los Anillos o una serie como Game Of Thrones: “de las entrañas de la tierra emerge el abominable Groothuis”, “la respuesta la hallaras en la aldea de los Hudaied”, “Le debemos lealtad al Sanjurjo Celestial”, “La salvación de nuestra especie será después que derrotemos al salvaje Cracco de las profundidades”… Y así hasta el final de aquel plantel.

De la vida de Juan Pablo Cracco no se supo mucho más, solo que entre los años 2004 y 2006 usó la camiseta de 9 de Julio de Río Tercero. Y de esta manera, hoy, aquí, con este paradero incierto, casi completamos nuestro álbum favorito de baldoseros.

¿Alguien dijo Roberto Galant, Mario Costas y Agustín De La Canal?

Olushola Fatai

OlusholaFatai

Fatai Olamide Olushola

Se los conoce como “Diamantes negros”. Son más de 20 mil y están desperdigados por Europa. Todos tienen ciertos puntos en común: un origen pobre en África, las condiciones para convertirse en el nuevo Samuel Eto’o o Didier Drobga y, generalmente, la mala fortuna de haber caído en las garras de un representante inescrupuloso. Apenas un puñadito logrará su objetivo de destacarse en el fútbol. La gran mayoría quedará a la deriva, sin papeles, techo ni comida.

Oriundo de Lagos, la ciudad más poblada y antigua capital de Nigeria, hincha de River y fanático del Diego, Fatai Olushola dejó su tierra natal en 2009, a los 17 años, cuando un agente argentino que lo había visto en un torneo intercolegial fue a seducirlo con la promesa de llevarlo a probarse al Viejo Continente.

Antes, sin embargo, este delantero debía mostrar sus condiciones en Sudamérica. Y así fue que terminó en una pensión de Ituzaingó, en el gran Buenos Aires, donde la pasó realmente mal. “En esa casa vivíamos casi al aire libre. Teníamos mucho frío y no teníamos nada para comer”, relataba al sitio Sporting Africa.

La primera chance de comprobar que era bueno en serio fue en Banfield. Y quedó. Cuando estaba por firmar el contrato, le dijeron que había surgido un problema y que no iban a ficharlo. Cabizbajo, y sin entender demasiado qué pasaba, agarró sus cosas y siguió peleándola. Tiempo después, cuando ya vestía la 9 de la Cuarta División de Huracán, supo la verdad: su representante había pedido una cantidad de dinero irrisoria, boicoteando su llegada al Taladro.

Olu

Luego, desfiló por un sinfín de clubes: Atlético Paraná, Maronese -foto- (formó parte del plantel que ganó la liga de Neuquén en 2009), Rosario Central y River Plate. “Me fui a probar a River y quedé. Fue algo increíble. Pero cuando ya me estaba ilusionando, me dijeron que me tenía que ir”. Otra vez la persona que manejaba su carrera le había jugado una mala pasada. Al menos, tuvo tiempo para pegar onda con el camerunés Many Essomba y los mellis Rogelio y Ramiro Funes Mori.

A comienzos de 2011, un abogado amigo de Julito Grondona le consiguió una prueba en Arsenal de Sarandí. Anduvo bien en algunas prácticas y lo ficharon para la Cuarta División. Tras una buena secuencia en la Reserva, le llegaría la hora del debut profesional.

El 21 de marzo de 2012, en el estadio Florencio Sola, justamente donde Fatai había dado sus primeros pasos en el fútbol argentino, Arsenal quedó eliminado de los dieciseisavos de final de la Copa Argentina tras caer por 2 a 1 ante Sarmiento de Resistencia (Chaco). Esa tarde, Gustavo Alfaro mandó a la cancha a Catriel Orcellet; Sergio Sena, Danilo Gerlo, Víctor Cuesta, Cristian Trombetta; Diego Torres, Gastón Esmerado, Juan Manuel Cobo y Claudio Mosca; Julián Cardozo y Gustavo Blanco Leschuk. En el entretiempo (con el resultado 0-2 abajo), Darío Benedetto reemplazó a Cobo y enseguida el Bicho Gómez entró en lugar del cantante Diego Torres.

Con el descuento de Mosca, Alfaro se decidió a quemar las naves en busca de la heroica: sacó a Cardozo y metió a Olushola. Enseguida, el negro se hizo cargo del ataque y habilitó a Benedetto, que se perdió el empate solito frente al arquero rival.

“Alfaro me hablaba en inglés para que yo entendiera mejor sus indicaciones. Las veces que entrené con el primer equipo me trató muy bien y me dejó una muy buena impresión”, decía el morocho, que no tuvo más chances en la zona sur del Gran Buenos Aires y se fue practicar con un combinado de jugadores libres, hasta que se sumó a Sarmiento de Ayacucho (2013/14).

Allí, protagonizó un hecho histórico: se convirtió en el primer futbolista africano en marcar un gol en la Copa Argentina. Fue justamente ante América de General Pirán, equipo que le daría asilo desde 2014, en las profundidades del Torneo Federal B, conformando una constelación de baldoseros al lado de Gabriel Christovao, Leonardo Tambussi y Junior Ischia.

Ahí jugaba hasta hace algunos meses, cuando el DT Hugo Tenaglia pasó el escobazo y se lo llevó puesto junto con su compatriota Chukwunonso Evans Ugwunwa, de previo paso por San Lorenzo de la mano de Félix Orode, y Junior Ischia, entre otros.

Cervetti Rodrigo

Rodrigo Cervetti (Tato)

El domingo 9 de abril de 2006 no fue un día más en la vida ni de River Plate ni de Instituto de Córdoba. Por el lado de los punteros Millonarios, esa tarde hizo su debut profesional Diego Mario Buonanotte, un diminuto joven de 17 años quien ya compartía una gigantografía publicitaria en El Monumental junto a Enzo Francescoli y a quien todos allí señalaban como el continuador de la dinastía de talentosos valores autóctonos, tales como Ariel Ortega, Marcelo Gallardo, Pablo Aimar, Javier Saviola y Andrés D´Alessandro, entre tantos y tantos otros.

En La Gloria, por su parte, el panorama era bastante distinto. Habían descendido de categoría sin jugar un día antes; al entrenador Ariel Cuffaro Russo le habían enseñado la ruta de salida de Córdoba y junto a él a una decena de “porteños”, tales los casos de los dos principales arqueros: Damián Grosso y Gastón Pezzutti.

Con ex arquero Ramón Benito Álvarez como técnico interino, Instituto se presentó en la cancha de River sin moral y con el entonces inexperto Jorge Carranza en la portería. Pero claro, fue tanta la presión (?) que el 1 se lesionó solo y posibilitó el impensado debut del pibe Rodrigo Cervetti (22/04/1985), juvenil a quien se señalaba como un gran proyecto futuro y continuador de la lista de grandes arqueros de La Gloria, tales como… eh… eh… eh… ¿Caranta?

En ese contexto, el asustado Tato se mandó debajo de los tres palos y de entrada recibió la bufonesca bienvenida de Tití Fernández: “Al peluquero de Cervetti ya lo metieron preso, Enrique (Macaya). Quédese tranquilo…”. Encima, no alcanzó a tocar una pelota que El Tecla Farías se la mandó a guardar dos minutos después de penal. Posteriormente, el propio Farías señaló el 3 a 1 final para La Banda.

Habiéndose sacado de encima la ansiedad por el siempre anhelado debut, Cervetti fue suplente de Carranza en las pocas jornadas que restaron de aquel Clausura y luego la siguió peleando a la espera de su oportunidad. Chance que, por supuesto, nunca jamás llegaría. Y no por que se haya ido o por que se haya retirado, eh. No, no.

Continuó en el plantel hasta mediados de 2013 tapado por, entre otros, Ariel De La Fuente, Diego Pozo, Diego Pellegrino, Laureano Tombolini, Julio Chiarini, Matías Vega y siguen las firmas. Entre medio, vale destacar, se sacó las ganas de jugar un poco cuando estuvo un semestre en General Paz Juniors (2010) del Argentino B.

Sarmiento de La Banda (2013/14) del inframundo fue la antesala a su inolvidable momento mainstream; ese que circuló viralmente en los teléfonos nacionales y extranjeros y que también repiqueteó por programas televisivos de toda índole a lo largo y ancho del planeta. ¿Su equipo? Comunicaciones (2014/15) de la Primera B Metropolitana.

Apenas iban cuatro minutos de aquel partido contra Atlanta cuando El Tato hizo su desmoralizante gracia inmortal, que finalizaría con un 0-5 a favor del Bohemio. Tras estar un tiempo colgado, desde principios de 2016 el arquero intenta rehacer su carrera en Unión de Santiago del Estero del Argentino B.

Desde acá, le mandamos nuestros mejores augurios. Si Florencia Peña, Ivana Nadal y Chachi Telesco lograron superar el escarnio de la híperconectividad ¿Por qué no lo va a poder superar Rodrigo Cervetti?

Angulo Juan

angulojuancamilo

Juan Camilo Angulo Villegas

Para las frías estadísticas, el paso del colombiano Juan Angulo por la Primera División de nuestro país fue inexistente: no jugó ningún partido y ni siquiera fue al banco de suplentes. Su nombre, sin embargo, logró insertarse en buena parte del pueblo futbolero, debido a un confuso episodio en el que salpicó al entrenador Ricardo Caruso Lombardi.

Formado como lateral derecho en las inferiores del América de Cali, le dieron la chance de debutar con los mayores en el Torneo Apertura de 2008, pero no en cualquier momento: ¡en las finales! Los Diablos Rojos caerían ante Boyacá Chicó por penales, pero tendrían revancha unos meses más tarde, con la conquista del Torneo Finalización. Parecía el arranque de una carrera plagada de éxitos, pero nada que ver…

Al año siguiente, el conjunto caleño comenzó a transitar aceleradamente el camino oscuro que lo llevaría al infierno de la Primera B, aunque Angulo se la vio venir y entonces escapó hacia la Argentina en junio de 2010.

Con apenas 21 años, desembarcó en Tigre y se sometió a una de las habituales pruebas de Caruso, que fiel a su estilo incorporaba jugadores de todas partes sin mirarles el currículum.

El Richard levantó el pulgar y entonces el colombiano se quedó en Victoria. No sólo  él, claro, en ese mercado de pases también llegaron Denis Stracqualursi, Fernando Telechea, Pablo Caballero, Cristian Trombetta, Renzo Vera, Gastón Díaz, Mariano Echeverría, Esteban González, Diego Morales, Daniel Mustafá, Lucas Simón, Pablo De Miranda, Pablo Cáceres y Horacio Anzorena; sumándose a los regresos de Román Martínez, Juan Carlos Blengio, Leonel Altobelli y Martín Galmarini. Sí, 19 futbolistas nuevos.

Con semejante plantel, a Angulo le tiraron la casaca 16, pero nunca la pudo usar. Apenas si deambuló por Reserva, esperando una oportunidad que no le llegaría. Y mucho menos después del escándalo que se desataría en diciembre de aquel 2010.

Cansado de no jugar, el lateral denunció ante los medios que Caruso lo había chantajeado: “La verdad, le pidió dinero a mi representante. Eso es como mucho; él fue el que me trajo, el que me vio condiciones. No me gustó. Estoy muy molesto, nunca se lo manifesté a él para evitar problemas. Es la primera vez que me sucede esto, desde que me di cuenta he estado incómodo. Yo siempre me quise ganar un puesto como lateral y al ver que colocaba otros jugadores, entonces le preguntaba qué pasa. Y por ahí me contestó eso y sabía por dónde venía el caso”.

La acusación era grave, pero al mismo tiempo se sumaba a algo que siempre se había mencionado sobre el entrenador, pero nunca con pruebas sobre la mesa. Entonces Ricardo primero amagó con renunciar y después se enojó: “Por un lado, Angulo no jugaba porque vivía lesionado. Y por otro, si tuviera que darme diez pesos no podría venir a entrenar porque no le alcanzaría la plata”. Y agregó: “Hacen una transa para ensuciarme. Me cago en Angulo, lo traje porque me gustaba y punto. Que me dejen de hinchar las pelotas. Tengo hijos y me están acusando por lo que dijo un colombiano…El representante de Angulo es un gángster, le digo algo y me pega tres tiros”. Y como si fuera poco: “Fueron a buscar a Angulo para que me mande preso por algo que nunca pasó. Si el representante le roba la plata al jugador, que se haga cargo de que se la roba. Y, por otra parte, si lo llego a ver a Angulo, le va a quedar chica la Panamericana, porque es un buen pibe pero es un estúpido. ¿Quién carajo es para acusarme? ¡No lo conocen ni los familiares!”.

Luego, menos tenso, el DT hizo su show:

¿Cómo terminó la historia? Con una rectificación del colombiano y un adiós de la dirigencia de Tigre a Caruso, quien había elevado su perfil polémico más de lo normal.

Angulo probaría suerte en el Shanghái Shenhua de China (2011/12) y Bahía de Brasil (2013), para finalmente volver a su país, donde jugó para Cúcuta (2013 y 2014) e Independiente Medellín (2015).

Desde comienzos de 2016, viste nuevamente la camiseta escarlata del América de Cali. En la B, sí, porque a los Diablos Rojos no los salvó ningún Caruso.