Guzmán Andrés

Andrés Guzmán Shjodt (Tanque)

El futbolista del ascenso profundo nunca la tuvo fácil, y mucho menos durante la última pandemia. A mediados de 2020, con la pelota detenida y sin fecha de regreso, un gran número de jugadores de las categorías más bajas quedaron libres y tuvieron que buscarse otros trabajos, por lo menos de manera provisoria. Esto se transformó en algo habitual para la mayoría, aunque pocos estuvieron tan metidos en el tema del Covid-19 como este centro delantero.

Oriundo de Orense, provincia de Buenos Aires, la peleó en las inferiores de Boca Juniors y de Vélez Sarsfield, club con el que llegó a jugar cuatro partidos en Primera División. Todos fueron por el Clausura 2008, y siempre fue titular a pesar de que en su posición estaban Jonathan Cristaldo, Rin Rin Balvorín y Santiago Silva, a quien por lo menos pudo apoyar en un festejo (?).

Estas fueron las únicas ocasiones en las que tuvo minutos en el Fortín. No obstante, siguió en el club unos años más. Incluso fue parte del plantel que festejó el Clausura 2009, aunque solo jugó en Reserva.

Sin chances en el equipo de Gareca, comenzaría una larga trayectoria por diferentes categorías de nuestro fútbol. Desde entonces, defendió las camisetas de Deportivo Merlo (2010), Defensores de Belgrano (2011), Brown de Adrogué (2012/13), Laferrere (2013), Boca de Río Gallegos (2014), Fénix (2014), Cañuelas (2015), Luján (2016/18), Excursionistas (2018/19) y General Lamadrid (2019/20).

En el medio estas experiencias, comenzó a estudiar kinesiología. Sin imaginarlo, esta profesión lo llevaría a estar en la primera línea de batalla contra el coronavirus.

A pesar de no contar con experiencia en el ámbito de la rehabilitación, no le escapó a las tareas que exigía el momento, ayudando a muchos pacientes a recuperarse de las secuelas causadas por la enfermedad.

Y así, nos dimos cuenta de algo más: cuando salíamos a aplaudir a los médicos, también estábamos aplaudiendo a un ex jugador de Vélez. Que año de mierda fue el 2020…

Cadelago Juan Martín

Juan Martín Cadelago

La importancia de no quemar etapas pareció nunca interesarle a Oscar Ruggeri. Ni cuando hizo debutar al Kun Agüero a los 15 años y 35 días, ni cuando incorporó a este defensor al plantel de San Lorenzo en 2006. En aquel momento, Cadelago era un joven lateral izquierdo jugaba en la Sexta División. Por orden del Cabezón, pasó a entrenarse con los más grandes. Demasiado pronto.

Su debut extraoficial fue en el estreno de Ramón Diaz como DT del Ciclón, el 12 de enero de 2007, en un amistoso frente a Independiente. Esa noche, reemplazó a René Moreno y jugó todo el segundo tiempo.

Sin embargo, nunca pudo vestir la azulgrana por los puntos. La única vez que estuvo cerca de hacerlo fue por la 16ª fecha del Apertura 2006, en una victoria frente a Racing. Ese encuentro había sido postergado y se terminó jugando en febrero del año siguiente. El papá de Michael y Emiliano le dio a Cadelago la chance de sentarse en el banco de suplentes, de donde no salió.

En el mismo semestre, se entrenó en el predio que la AFA posee en Ezeiza, como sparring de la Selección Argentina “local” que estaba al mando del Coco Basile. Además, festejó la obtención del Clausura 2007, aunque no participó de esta conquista. A los 18 años, ya había alcanzado los puntos más altos en su carrera.

De ahí en más, las cosas no salieron tan bien. Aunque era una fija en las pretemporadas del primer equipo, y aparecía como una alternativa en los partidos de preparación, fue confinado a la Reserva hasta que dejó el club en 2010.

Pasó por Italia, para vestir la camiseta del FC Südtirol (2010/11), y Paraguay, donde jugó en Independiente FBC (2011/12). Luego, volvería al país para iniciar su etapa en el fútbol de ascenso.

En 2012/13 jugó la Primera B con el Deportivo Morón. A pesar de que el Gallo contaba con nombres importantes como Alejandro Migliardi, Martín Granero, Lionel Coudannes, Mariano Messera, Wanchope Abila, Damián Akerman o Mariano Martínez, la campaña terminó con un decepcionante 17º puesto. Y Cadelago no se iba a salvar de la limpieza general.

Su siguiente empleador fue el ASD Ilvamaddalena 1903, una humilde institución del under italiano ubicada al norte de la isla de Cerdeña. Playas, montañas, pueblos encantadores y una tranquilidad que no se consigue en el Conurbano lo acompañaron hasta que pegó la vuelta en 2015.

La Primera B le dio la bienvenida nuevamente. Esta vez, Fenix lo cobijó hasta su retiro en 2018, acelerado por una dolorosa lesión en las vértebras. Apenas tenía 29 años. Todo le pasó muy rápido. Más que quemar etapas, directamente las incendió.

Calviño Lucas

Lucas Calviño

Protagonizar mediocres campañas, irse al descenso, ser víctimas de malos arbitrajes. Todas estas, y otras menos traumáticas, han sido costumbres a los que los hinchas de Huracán tuvieron que adaptarse en el Siglo XXI. Varios futbolistas fueron protagonistas de estas desagradables situaciones. Lucas Calviño no dejó una sola sin experimentar.

De profesión arquero, fue parte de los planteles de Gimnasia y Esgrima de Mendoza (2003-2005), San Miguel (2005) y Almagro (2006-2008) antes de sumarse a las filas del Globo. Inicialmente, se incorporó a la Reserva, esperando su oportunidad detrás de Alejandro Limia, Gastón Monzón y David González.

Recién el 12 de noviembre de 2010, unos días después de haber cumplido 26 años, hizo su presentación en la máxima categoría, jugando los últimos minutos en una derrota frente a Colón.

En los únicos torneos de Primera División en los que Calviño sumó partidos, Huracán realizó pésimas campanas: fue 18º en el Apertura 2010 y 20º en el Clausura 2011.

En total, el guardameta disputó 7 encuentros (sólo en uno no recibió goles), incluyendo un desempate ante Gimnasia y Esgrima que definía el último descenso directo de aquel año. El Lobo se quedó con la victoria y el Quemero se vio condenado a jugar el Nacional B más competitivo de la historia, aquel que quedó en manos de River Plate.

Durante esa temporada 2011/12, encontró la continuidad que necesitaba, aunque esto no se vio reflejado en grandes actuaciones. Si bien hubo momentos en los que fue el más destacado del equipo, también colaboró para que el Globo pierda puntos de maneras insólitas, como cuando se le escapó una pelota que tenía en sus manos en un encuentro frente Almirante Brown.

Un par de meses después, disputaría sus últimos minutos con la camiseta que más tiempo defendió: fue en una derrota frente a Rosario Central, en la que, tras anotar un gol en contra, se fue expulsado por increpar al árbitro Diego Abal. Recibió 6 fechas de suspensión: la misma cantidad de partidos que quedaban para finalizar el campeonato.

El último semestre de 2012 lo encontraría en Chile, formando parte del Santiago Morning. ¿Lo más interesante que le pasó del otro lado de la cordillera? Ser compañero de un ruso llamado Maxim Molokoedov, que había estado en la cárcel por narcotráfico.

En 2013 volvió al país para sumarse a Defensores de Belgrano (2013). La buena: le sacó el puesto al histórico Carlos Bangert. La mala: de los 13 encuentros que disputó, solo ganó uno, y el Dragón terminó esa temporada de la B Metropolitana en el anteúltimo lugar.

A pesar de sus números negativos, un equipo del Nacional B se animó a contratarlo. Atlético Tucumán (2013/14), en la búsqueda de un suplente confiable para Cristian Lucchetti, cometió ese error. Todo marchaba más o menos bien mientras el Laucha jugara, pero cuando no lo hacía aparecían los problemas.

El mejor ejemplo de esto sucedió el 14 de diciembre de 2014, cuando el Decano enfrentó a Huracán en el desempate por el ascenso. Otra vez, un partido a todo o nada para el Globo. Y otra vez, Calviño como titular por ausencia del habitual arquero. Pero en esta ocasión, en el arco de enfrente.

¿Cómo terminó la historia? Con los de Néstor Apuzzo festejando la vuelta a Primera División gracias a los errores del guardameta rival, que tuvo flojas respuestas en los goles y hasta fue expulsado cuando los cambios estaban agotados. El Pulga Rodríguez terminó ocupando su lugar.

Su siguiente destino, en la misma categoría, fue Central Córdoba (Santiago del Estero). El objetivo del Ferroviario estaba muy claro: no descender. Esta meta se cumplió en 2015 y 2016, pero no en 2017. Otra frustración para el arquero.

Sus últimas atajadas fueron defendiendo las camisetas del Deportivo Español (2017) y Almagro (2018-2019), donde se retiró debido a una lesión crónica en el codo.

Una vez colgados los guantes, comenzó su carrera como entrenador de arqueros. Desde este nuevo puesto, buscará que sus éxitos sean mayores que los que consiguió como futbolista. La vara está bajísima.

Cigno Luciano

Luciano Leonel Cigno (Lucho)

Del barrio de Liniers a playas paradisiacas. De compartir vestuario con Barovero, Cubero, Otamendi, y el Roly Zárate, a hacerlo con completos desconocidos. De viajar amontonado en el Sarmiento a despreocuparse si la puerta no se cerró con llave. La vida del futbolista es imposible de predecir. Y el caso de este mediocampista, sirve de ejemplo.

Surgido de las inferiores de Vélez Sarsfield, hizo su debut en la última jornada del Apertura 2008, en la derrota por 3 a 0 ante Huracán. Para su segundo y último partido en el Fortín tuvo que esperar casi un año y medio: fue en la victoria ante Tigre por el Clausura 2010.

Sin más oportunidades en el club que lo vio desarrollarse, fue prestado al AC Bellinzona de Suiza (2011), aunque no llegó a jugar por problemas con su visa. Esa fue su primera vez en un sitio poco habitual para un futbolista argentino, algo a lo que se acostumbraría en el futuro.

En 2012, fue cedido a Almagro por un semestre. Volvió a Vélez, no fue tenido en cuenta y retornó al Tricolor, donde se quedó durante todo 2013. No obstante, la vida se empeñaba en llevarlo a lugares donde le costara encontrar compatriotas. Fue así que viajó a Panamá.

A pesar de que realizó la pretemporada en el país centroamericano, algo falló: «No me cumplieron con lo que me habían prometido y volví a Argentina”, comentó. Tras este inconveniente, se incorporó a Dock Sud (2014/15).

La búsqueda de un nuevo lugar lejano para desarrollar su profesión se concretó en la siguiente temporada, cuando lo cobijó la Segunda División de Israel. ¿Su nuevo equipo? El Maccabi Ahi Nazareth. ¿Su día de gloria? El 30 de noviembre de 2015, cuando le convirtió al Hapoel Nazareth para ganar el clásico de la ciudad y sentirse más popular que Jesús (?).

Al año siguiente, cumpliría su sueño: jugar al lado su hermano Fernando, un volante central que la venía peleando en el ascenso pero que, a diferencia de Luciano, nunca pudo hacerlo en Primera División (fue parte del plantel de Nueva Chicago en 2006 pero solo jugó en Reserva).

Los Cigno lograron reunirse en Tarija, gracias al interés de Ciclón (2016/17). Allí aprovecharon para fotografiarse junto al Burrito Ortega, presente en un amistoso por el bicentenario de la ciudad.

A su experiencia por las canchas del ascenso boliviano le siguieron pasos por Sacachispas (207/18) y El Porvenir (2018/19), antes de emprender un nuevo viaje. Esta vez, con un rumbo mucho más original.

Antigua y Barbuda, una pequeña nación caribeña, le abrió las puertas para que los hermanos se reencontraran y se convirtieran en los primeros argentinos en jugar en ese país, un récord para nada despreciable (?). El Old Road FC (2019/20) tuvo el honor de recibirlos.

A pesar de que la vara de encontrar lugares insólitos para continuar sus carreras estaba altísima, Luciano y Fernando hallaron otra isla en donde pudieron seguir con lo suyo. Esta vez fue unos kilómetros más al sur, en Barbados. Allí usaron por unos meses la camiseta del Empire Club, hasta que la llegada del COVID-19 le puso fin a sus peripecias.

En mayo de 2020 quedaron «atrapados» por el cierre de las fronteras aéreas mundiales, y fueron devueltos a su país gracias a la intervención de la Embajada Argentina. “Se logró hacer una gestión con una empresa de cruceros que tenía tripulantes argentinos que iban a ser repatriados, y pudimos volver en ese vuelo”, comentó Lucho una vez que la aventura había terminado.

Por culpa de la pandemia, los hermanos estuvieron varios meses inactivos hasta que en agosto de 2021 se sumaron al Union Sportive et Culturelle de Bananier, de Guadalupe, otra isla del Caribe. ¿Terminará acá esta historia? Difícil: al Cigno Team aún le quedan muchos países exóticos por visitar.

Especiales: baldoseando en Francia

Ante la llegada de Lionel Messi al PSG, los medios han aprovechado para llenar páginas evocando a otros argentinos que jugaron en la tierra del croissant y la baguette. Y En Una Baldosa, obviamente, no iba a ser la excepción. Aunque en este caso, no se encontrarán apellidos inolvidables como Bianchi, Heinze, Pastore o Lavezzi. Los que no tuvieron un paso trascendente por el fútbol francés, también merecen su mención.

Los que saben cuánto pesa

Haber vestido la camiseta de la Selección Argentina nunca aseguró el éxito en el viejo continente. Y hay varios campeones del mundo que pueden dar fe de esto. En total, fueron 8 los que pasaron por Francia antes o después de alcanzar la gloria con la albiceleste.

Algunos lograron establecerse varios años, como Alberto Tarantini (Bastia y Toulouse) y José Luis Cuciuffo (Nîmes Olympique). Otros, alcanzaron cierta continuidad, como el Tata Brown (Stade Brest), Julio Olarticoechea (Nantes) y el Chino Tapia (Stade Brest). Sin embargo, también existieron casos de pasos efímeros.

El Beto Alonso, por ejemplo, llegó con gran ilusión al Olympique de Marsella en 1976. No obstante, por culpa de las lesiones, jugó poco y decidió regresar para no perderse la oportunidad de formar parte del equipo que se quedaría con el Mundial 1978.

Uno de sus compañeros en el mediocampo de aquel conjunto de Menotti era Osvaldo Ardiles, que en 1982 fue prestado por el Tottenham al PSG. Con la Guerra de Malvinas recién finalizada, tuvo una breve estadía en el club parisino, donde mostró un flojo rendimiento. “Mentalmente estaba destruido”, reconoció el Pitón. “El país en donde había nacido estaba en guerra contra el que me había adoptado. Muy difícil estar en el medio”

Un párrafo aparte merece Jorge Burruchaga. Si bien fue el que más jugó (entre 1985 y 1993 lo hizo para Nantes y Valenciennes), su final fue abrupto, al ser acusado de “corrupción pasiva” (o sea, de ir para atrás). Burru recibió una sanción de dos años de inhabilitación, luego reducida a 18 meses. Peor la pasó el presidente de su club, que terminó preso.

¿Atajar? ¿Para qué?

Son arqueros que tienen varias similitudes. Íconos de la Selección, fueron subcampeones del mundo, nunca se pudieron afianzar en el arco de un club y ambos vivieron en suelo galo.

Sergio Goycochea lo hizo en el segundo semestre de 1991. Llegó para sustituir a Bernard Lama en el Stade Brest, pero solo pudo disputar 11 partidos, ya que la institución fue sancionada por sus deudas, decretándose su descenso administrativo. Y Goyco retornó a Sudamérica, para jugar en Cerro Porteño.

Así y todo, tuvo más participación que Sergio Romero, quien formó parte del Mónaco en 2013/14. Chiquito se puso los guantes en sólo 9 encuentros, siendo suplente la mayor parte de la temporada. Una constante en su carrera.

Exportación de baldoseros

¿Qué tienen en común Sergio Comba, Juan Manuel Barrientos y Gino Pádula? Todos ellos contaron con una breve experiencia en la Primera División del fútbol argentino, y apenas tuvieron oportunidades en Francia.

Entre los que engrosan las páginas de En Una Baldosa y su filial francesa (?), también se pueden sumar Andrés Grande (Bastia y FC Gueugnon), Pablo Calandria (Olympique de Marsella y Lens), Emiliano Romay (Niza) y Mariano Córsico (LB Châteauroux), entre otros. Si no se consolidaron acá… ¿por qué tendrían que haberlo hecho allá?

Andá a chequearlo…

Aunque se afianzaron en nuestras canchas, a duras penas alcanzaron a jugar algún que otro partido en los estadios franceses. Para nosotros, y para ellos, también existieron pasos totalmente incomprobables por la Ligue 1.

Este es el caso de Daniel Montenegro. En 1999, el Olympique de Marsella lo adquirió por 6.000.000 de dólares. Una cifra enorme para lo poco que jugó: apenas 9 encuentros. “Cuando llegué fue todo bien. Jugué un par de partidos y hasta convertí un gol. Pero después de las vacaciones echaron al técnico y al que vino parece que no lo convencí porque a veces ni siquiera concentraba”, relató el ex mediocampista.

Y si se menciona al Rolfi, también hay que hablar de Juan Krupoviesa, su némesis (?). Curiosamente, el tucumano también tuvo un paso discreto por el mismo club: en 2008 vivió durante un semestre su única experiencia en el exterior, aunque solo disputó 8 cotejos. “Al principio era titular, pero después llegó un africano y se decidieron más por él porque era jugador del club. Igual a mí me sirvió, sobre todo por lo económico”, contó sin ponerse colorado.

Entre fines del Siglo XX y principios del XXI, se siguieron sumando compatriotas al país de Brigitte Bardot. Entre los que no alcanzaron a jugar una decena de partidos se encuentran Darío Cabrol (Toulouse, 2000), Mariano Herrón (Montpellier, 2000), Sebastián Chirola Romero (Toulouse, 2001), Hernán Medina (Lorient, 2001/02), Gabriel Loeschbor (Rennes, 2002/03), Juan Esnaider (Ajaccio, 2003) y Nacho Piatti (Saint Ettiene, 2006).

En tiempos más cercanos, nuevos nombres se sumaron a la costumbre de pasar fugazmente por aquel suelo, como Hugo Colace (Auxerre, 2012) o Nicolás Gaitán (Lille, 2020).

Pero lo más destacado fue lo del Metz, que tras haber contratado a dos delanteros argentinos que se fueron del club sin anotar un solo gol (Federico Andrada en 2014/15 y Juan Cruz Kaprof en 2015/16), insistió con Brian Fernández (2017). El ex jugador de Racing disputó 7 encuentros, siempre entrando en el segundo tiempo (todas fueron derrotas). Tampoco convirtió, pero al menos se dio el mismo lujo que Di María, Paredes e Icardi: compartir el campo de juego con Neymar.

Porcari Matías

Matías Sebastián Porcari

Prometedor enganche que, a pesar de haber ilusionado con sus condiciones técnicas, no pudo soportar el peso de ser el generador de fútbol de Belgrano. Ni de otros conjuntos.

Corría la temporada 2003/04 del Nacional B cuándo, con solo 18 años, tuvo una rutilante aparición en el Pirata, le otorgaron la responsabilidad de ser la manija del equipo y el entrenador Marcelo Bonetto declaró que iban a ser «Porcari y 10 más», como para que al pibe le quedara claro que la posibilidad del ascenso dependía pura y exclusivamente de él.

El joven oriundo de Oncativo no aguantó la presión y se fue desinflando hasta despedirse del club en 2007, dejando la sensación de que podría haber sido mucho más de lo que fue.

Antes de eso, se dio el lujo de anotar su único gol en Primera División, en un 3 a 0 sobre Vélez Sarsfield. Fue la misma tarde en la que el Gato Sessa le pidió a un alcanzapelotas que juntara cinco palos verdes para poder conversar con él.

Luego de un préstamo en la CAI (2007/08), cruzó el Río de la Plata para jugar en Fénix, donde tuvo dos etapas (2008/09 y desde 2010 hasta 2012), teniendo además un paso por Danubio (2009/10). Sus habituales cambios de colores recién estaban arrancando.

A principios de 2012 viajó hasta Hungría y se puso la camiseta del Budapest Honvéd, uno de los cuadros más populares de ese país. Sin embargo, casi todas sus apariciones fueron en el equipo filial.

En 2013 volvió a Montevideo, donde tuvo un breve paso por Progreso antes de tener una nueva chance en el este europeo. Esta vez, el destino fue Serbia. ¿Quién lo eligió? El FK Radnički 1923. En su nuevo club jugó apenas 4 partidos y fue dejado en libertad de acción antes de que terminara el semestre.

Tras una prueba no superada en el S.P.A.L. (Italia), Porcari regresó a Uruguay. Esta vez, se puso la camiseta de Juventud de Las Piedras (2014). Allí sufrió una luxación de clavícula que le hizo conocer las bondades de la medicina uruguaya (?).

Inesperadamente, en 2015 tuvo una nueva oportunidad en Primera División, al sumarse al plantel de Olimpo. Junto a Joel Amoroso, fue uno de los primeros refuerzos que tuvo el conjunto de Bahía Blanca. Alfredo Dagna, su presidente, los recibió declarando ante un medio partidario: “son dos jugadores que vienen a sumar. Ahora nos meteremos de lleno en los de más renombre.”

¿Y qué dijo el futbolista? «Cuando salió el fixture, lo primero que hice fue fijarme cuando enfrentábamos a Boca, River y Belgrano». Porcari sumó 6 minutos contra el Xeneize, se quedó entre los suplentes en el encuentro frente al Millonario y no estuvo entre los convocados ante su ex equipo. En total, fue parte de 11 partidos con el Aurinegro. Un paso con más pena que gloria.

En 2016 vivió su última experiencia en el exterior, al usar los colores de los Potros de Barinas, en la Segunda División de Venezuela. Y así, a los 30 años, le puso fin a su carrera profesional. “El entorno del fútbol me cansó. Tomé la determinación de salir de ese ambiente”, comentó unos años después.

Sin embargo, al año siguiente el Pulga Ríos lo convenció para que siguiera despuntando el vicio en 9 de Julio (Río Tercero), jugando la liga local y el Regional Amateur.

En un ambiente más relajado, aprovechó para estudiar Marketing y reflexionar sobre su paso por Belgrano. “Ojalá hubiera tenido a los 20 años la cabeza que tengo hoy. En mi caso, parecía que ya estaba quemado, que ya me habían dado mil chances, que ya no podía mejorar. Cuando lo normal es que a esa edad un chico recién se esté afianzando en Primera”.

Además, destacó los beneficios de jugar sin dinero de por medio. “Eso hace que se disfrute de muchos rituales, como comer un asado”, indicó. “Un asado comprado, hecho con sacrificio. No es ir a un restorán y que te den todo servido. Acá te lo ganás».

Buen provecho, Matías. Vos te lo ganaste

Villafañe Santiago

Santiago Hernán Villafañe

Lateral derecho que antes de cumplir 20 años ya había ganado la Copa Libertadores y jugaba en el Real Madrid. Sí, esto es tan cierto como la necesidad de leer aquí para tener los mejores consejos en apuestas. Justamente, esta palabra se puede aplicar a los inicios de la carrera de Villafañe: pintaba bien, era tentador ponerle una fichita.

Nacido en Mar del Plata el 19 de mayo de 1988, se incorporó en 2001 a las inferiores de Boca Juniors junto a su hermano mellizo Nicolás. Sin embargo, Santiago sería el único que jugaría en la Primera del Xenieze.

Esto ocurrió en 2007, cuando disputó 4 partidos del Torneo Clausura. Al mismo tiempo, los de Miguel Ángel Russo se adueñaban de la competencia sudamericana más codiciada. Aunque el aún juvenil defensor no había disputado ni un minuto de aquel certamen, festejó igual. ¿Vale? Recontra vale.

Con Hugo Ibarra y Clemente Rodríguez como alternativa en su puesto, las posibilidades de ganarse minutos entre los grandes no eran muchas. Entonces, Villafañe hizo lo que haría cualquiera: irse al Real Madrid.

Lo acompañó Juan Forlín, que jugó poco por conflictos con su pasaporte. Obviamente, no compartieron vestuario con Raúl, Robinho o Sergio Ramos; sino que se limitaron a jugar en el equipo filial, en la Segunda División B.

Tras un par de años en el Castilla, regresó a Boca para ganar un nuevo título. ¿Otra Libertadores? ¿Un torneo local? No, ni cerca. Fue campeón con la Reserva al lado de Josué Ayala, Enzo Ruiz, Guillermo Pol Fernandez, Jonatan Philippe y Nicolás Blandi, entre otros. En aquella temporada 2009/10 disputó sus últimos 3 encuentros con la azul y oro. Desde ese momento, se dedicó a sumar experiencia en distintas ligas y categorías.

En 2011 tuvo un corto paso por el FC Utrecht (Holanda), al que le siguieron unos meses en Independiente Rivadavia (2012). Jugó la Europa League con el FC Midtjylland (2012/13) y fue cedido un semestre al Lyngby BK (2013), ambos de Dinamarca.

Tras volver a su anterior club, entre 2014 y 2015 jugó en el ascenso de Grecia. Esto lo hizo con tres instituciones diferentes: el AOT Alimos, el Panthrakikos FC y el OFI Creta.

En 2016, tuvo una última oportunidad en la máxima categoría del fútbol argentino, cuando firmó contrato con Colón. Su paso por el Sabalero fue muy breve: apenas disputó 7 partidos antes de continuar con sus viajes por Europa.

A mediados de aquel año, se sumaría al RNK Split. «Nunca pensé que jugaría en Croacia. Sin embargo, me hablaron muy bien de la liga y del club. Es un equipo joven, con perspectiva, así que decidí venir», declaró al llegar.

¿Cómo terminó esta historia? Con el mismo futbolista contando unos meses después que «por problemas económicos del club, me tuve que ir y hacer la denuncia en la FIFA. Lamentablemente en muchos sitios de Europa del Este pasan estas cosas». Sin embargo, no se fue de la región: siguió sumando vivencias en el PFC Montana de Bulgaria (2017), el Ruch Chorzów de Polonia (2017/18) y el Thesprotos FC de Grecia (2019).

En aquella época, sufrió una enorme pérdida personal: el fallecimiento de su hijo de tres meses, lo que lo alejó un tiempo de las canchas.

En 2020, se produjo su último regreso al país. Desde entonces defiende los colores de J. J. Urquiza, en la Primera B Metropolitana. Allí, puede contarles a sus compañeros que defendió las camisetas de dos de los clubes más populares del mundo. Y no va a estar mintiendo.

Ojeda Juan Carlos

Juan Carlos Ojeda

Convertir un gol en el debut. No son muchos los futbolistas que pueden darse este lujo. En el Siglo XXI se pueden mencionar a Mariano Chirumbolo, Maximiliano Flotta, Gonzalo Rovira, Juan Carlos Toja, Jerónimo Morales Neumann y Milton Galiana, entre otros. Todos tuvieron algo en común: una carrera que pintaba para mucho más de lo que terminaría siendo. El caso de Juan Carlos Ojeda no escapa a este patrón.

Mediocampista creativo, zurdo, con una interesante pegada y buen recorrido, realizó las divisiones inferiores en Estudiantes, pero su presentación la hizo jugando para Argentinos Juniors, en el Clausura 2009.

Claudio Vivas lo mandó a la cancha por primera vez el 22 de febrero y el pibe respondió con un gol, en lo que sería empate frente a San Martín de Tucumán. El DT lo conocía por su paso por el Pincha, donde había sido coordinador del fútbol amateur.

Sin embargo, apenas totalizó 3 partidos con la camiseta del Bicho antes de regresar a La Plata, a la espera de nuevas oportunidades…que nunca tendría.

Tras un breve paso por Central Córdoba de Santiago del Estero (2010), hizo el ckeck in para vivir su gran experiencia internacional: fue cuando llegó a Jorge Wilstermann de Bolivia para jugar la Copa Libertadores… y el Nacional B. Es que, como le sucedió a Tigre en 2020, el equipo boliviano había clasificado por un lado y descendido por el otro (?). De esta manera, Ojeda enfrentaba a Inter de Porto Alegre, Chiapas y Emelec por TV en vivo para todo el continente, mientras que los fines de semana chocaba con rivales tales como Universidad Cruceña o Club Vaca Díez.

Luego del lógicamente flojo papel del equipo en el torneo continental (1 ganado, 1 empatado y 4 derrotas), el Aviador se concentró en la búsqueda del ascenso, objetivo que conseguiría el 28 de mayo de 2012. Esa fue la noche de gloria de Juan Carlos Ojeda: marcó el gol del triunfo en el partido definitorio ante Guabirá, poniéndole fin al calvario de uno de los equipos más importantes del país. Fue el 28-M, la resurrección (?).

Sin embargo, al igual que Trezeguet después de haber sido héroe frente a Almirante Brown, los mejores días de Ojeda ya habían pasado. Lesiones y problemas personales fueron machacando su carrera. Se sabe que probó suerte en Australia y que volvió al ascenso boliviano para jugar en el Municipal Tiquipaya (2013/14). También que Aurora, del mismo país, preguntó por él en 2015, pero no lo contrató porque tenía el cupo de extranjeros completo.

Triste final para una trayectoria que fue de mayor a menor. De un debut con gol, a desaparecer del mapa futbolístico en pocos años. Moraleja: nunca hay que mostrar lo mejor en la primera vez. Sirve para el fútbol, sirve para la vida.