Updateando: El Betocarranceo de Saviolita

– ¿Le habían perdido el rastro a Santiago Biglieri? El año pasado, el ex Lanús había vuelto a experimentar las mieles de la Primera División, con la camiseta de Colón de Santa Fe (sólo jugó poco más de 5 minutos en un partido ante Quilmes), hasta que se borró del mapa completamente…o casi.

Hace unos días nos enteramos de que Saviolita integra las filas de Progresista Guerrico, un equipo de la B de Pergamino. ¿Betocarranceo? No, te pareció.

– Otro que se vuelve a poner los cortos, pero no para el fútbol, es Pedro Iarley. A los 43 años, el ex Boca fimó como refuerzo de Alvorada, de la segunda división gaúcha de futsal.

– Hay algunos baldoseros que nunca le encuentran la vuelta a eso de dejar de ser futbolista y hay otros que, con algo de ingenio o con mucho esfuerzo, pueden continuar robando en otro ámbito (?). Tal es el caso de Leonardo Garaycochea. El ex Racing es personal trainer y lo pueden contratar en este link. Ustedes o sus señoras.

– No importa que haya hecho su partido despedida hace más de un año. El Máquina Giampietri sigue sumando equipos a su historial. Ahora defiende los colores de Balonpié, en la Liga de Pehuajó. En su debut, la rompió y fue fundamental en la victoria 6 a 1 ante Fútbol Club Henderson. ¿Más baldoserismo? Comparte equipo con Antonio Piergüidi y su DT es Guillermo Panaro.

Cereseto Lucio

Lucio Darío Cereseto

Cuando a un equipo le va mal, suelen tomarse dos caminos: se cambia al DT o se renueva el plantel. Si la cosa viene más complicada, estas posibles soluciones se pueden combinar. Aparece un nuevo entrenador que pasa la escoba y trae sus jugadores fetiche. Lo hizo Falcioni con Erviti, Ramón Díaz con Menseguez, y hasta ha pasado en Selección, con los antojos de algunos técnicos, como el de Sabella con Federico Fernández o el de Bauza con Buffarini, por nombrar algunos casos. ¿Qué tiene que ver esto con el relato que viene a continuación? Paciencia, hacia allá vamos.

Lucio Cereseto hizo su presentación en Primera División en la cancha de Juan Agustín García y Boyacá. Igual que Maradona, claro. La diferencia fue que el delantero de Newell’s ganó ese partido (fue 2 a 1 vs. Argentinos Juniors, el 19 de septiembre de 2004) y su equipo terminaría coronándose campeón ese año. Sacá del medio, Dié (?).

Aquella fue su única participación durante ese Torneo Apertura, volviendo a aparecer como moneda de recambio en los próximos certámenes: convirtió su primer gol en mayo de 2005, frente a Almagro, aunque su momento de gloria (o algo parecido) fue en julio, en la última fecha del Clausura. Un infortunio de un compañero (Iván Borghello se lesionó en el calentamiento previo) le permitió jugar frente a Independiente, marcando el gol de la Lepra: el empate 1 a 1 en ese partido le permitió a los de Rosario jugar la Copa Sudamericana.

A pesar de la doble competencia en la temporada siguiente, Cereseto nunca se pudo consolidar y dejó la institución a mediados de 2006. Lo recibió Coronel Bolognesi, pasando unos meses de mucha intensidad: el equipo terminó segundo en el torneo local y fue eliminado en los octavos de final de la Copa Sudamericana. Todo un logro para una humilde institución del interior de Perú. Allí, estuvo en las manos de un técnico argentino, cuya carrera todavía estaba en ciernes. ¿Qué aporta esto? Más paciencia, ya llegamos.

A principios de 2007 volvió al país sin nada asegurado. Se probó unas semanas en Argentinos Juniors y terminó quedando en el club. ¿Por qué le vieron condiciones? No, porque a último momento se cayó el pase del uruguayo Walter Guglielmone, hermanastro de un tal Edinson Cavani. En todo un semestre en el Bicho, solo jugó 6… minutos.

Diciéndole adiós para siempre a la máxima categoría, comenzó su periplo por las canchas de ascenso: Ben Hur (2007/08), Independiente Rivadavia (2008) y San Martín de Tucumán (2009) fueron sus primeras paradas, en el Nacional B. Sólo con el equipo de Rafaela consiguió cierta continuidad, en una campaña que culminó con la pérdida de la categoría.

Conoció la B Metropolitana con Deportivo Morón (2010) y Ecuador, con el Olmedo (2010). Volvió al mencionado certamen para jugar en Estudiantes de Buenos Aires (2011), Colegiales (2011/12 y 2013/14) y Los Andes (2013). En el medio, anduvo en por el ascenso mexicano, en el Altamira FC (2012). A esta altura, ¿se acordaría de Cereseto aquel DT que lo dirigió en Perú? Tranquilidad, falta menos para saberlo.

Con el afán de seguir coleccionando camisetas, sumó a su repertorio las de Textil Mandiyú (2014), Aprendices Casildeses (2014/15), Sacachispas (2015), J.J. de Urquiza (2015/16) y Dock Sud (2017). Punto seguido. Por favor, releer el primer párrafo. Relacionarlo con el entrenador que le sacó lo mejor de sí cuando estuvo en Coronel Bolognesi. Ahora sí, llegamos.

Ese DT era Jorge Sampaoli. El nuevo mandamás de la Selección Argentina, un conjunto que pide recambio de nombres. Basta de delanteros que desaprovecharon sus oportunidades. Tampoco hay lugar para los traidores, ni para hacer experimentos. El equipo necesita gente en la que su cuerpo técnico pueda confiar, jugadores conocidos, que se adapten rápido a lo que se pide desde afuera. ¿Por qué no Lucio Cereseto para jugar en el ataque argentino? Total, hemos visto cosas peores.

Bravo Alejandro

Alejandro Bravo

Alejandro Bravo irrumpió en la Primera de Newell’s Old Boys de Rosario en 2002 como uno de los baluartes de la categoría 1981, aquella que compartió con Maximiliano Rodríguez, Guillermo Marino, Mauro Rosales, Luciano Vella y Juan Domingo Sánchez, entre otros. Sus antecedentes invitaban a soñar en grande: con 68 tantos, era uno de los máximos goleadores de las divisiones inferiores del Leproso, apenas por debajo de Lisandro Sacripanti, y seguido de cerca por Maxi Rodríguez (ya afianzado en Primera) e Iván Borghello (que ya había debutado en 2001, pero que estaba estancado en la Reserva).

Debutó oficialmente con Julio Zamora como DT (que había reemplazado al Chocho Juan Manuel Llop tras la derrota frente a Banfield en el estreno), en la cuarta jornada del Clausura 2002, ante Racing en el Parque de la Independencia, cuando le tocó reemplazar a Rosales a veinte del final. Esa fue la táctica que el Negro utilizó en los otros 6 encuentros que el juvenil disputó en ese campeonato (contra Belgrano, Gimnasia LP, Chacarita, Talleres, Huracán y Unión), generalmente ingresando sobre la hora por Rubén Darío Gigena, Elvio Martínez, Cristian Grabinski o Raúl Damiani. ¿Goles? Cero.

Algunos hinchas aún recuerdan con cierto recelo su presencia frente a La T, el día que más jugó (34 minutos), cuando desperdició varias chances claras para marcar. Ojo, no todas fueron pálidas: en el medio, convirtió el tanto del triunfo en el clásico de Reserva ante Rosario Central.

Tapado por la presencia del ascendente Sacripanti, Gigena, Rosales, Mauro Conocchiari y Nicolás Saucedo, Newell’s lo dejó libre a mediados de 2002. Fue así que, junto a otro ex leproso como Diego Bono, se fue al União Desportiva de Leiria de Portugal. Sin embargo, no quedó y terminó en el Tampico Madero (2002/03) del ascenso mexicano. Desde entonces, costó seguirle el rastro.

Casi una década después, lo encontramos en la Liga Interprovincial de Fútbol Dr. Ramón F. Pereyra, defendiendo los colores de Arteaga y Club Atlético Centenario de San José de la Esquina, su pueblo natal. Actualmente, tras haber colgado los botines, es el director técnico de Arteaga.

#13Baldoseros

Cumplimos 13 años. Sí, trece, putos. Hoy queremos que nos cuenten qué carajo es EUB para ustedes. Entre los comentarios, sortearemos un kit de remera y gorra baldosera.

Acosta Claudio

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Claudio Germán Acosta (El Betito)

Una de las máximas muestras de nuestra fragilidad y endebles emocional acontece, años más, años menos, finalizando la adolescencia. No a todos los dueños de los ojos que leen estas palabras les ocurrió, claro, pero a muchos de nosotros –vacuos y desprolijos- si nos sucedió. Y esa insania sensorial se manifiesta, sí y solo sí, con un único e inexorable desencadenante: el abandono de nuestra amada e idolatrada primera novia…

Llanto, noches de insomnio, angustia, dolor, pánico y la sensación que el mundo tal como lo conocíamos ha llegado a su fin es lo que acompaña los días venideros al fatídico acto ¿y saben que? Eso está más que bien. Es una reacción sana y normal. La locura y el sinsentido vienen después, cuando en teoría se han recuperado el orgullo más la autoestima, y es en las horas que se busca una media naranja con las mismas características -calcadas, idénticas, semejantes- a la maldita que nos dio el puntapié. Esa emoción la conoce mejor que nadie la gente de San Lorenzo, tras aquel traumático Apocalipsis llamado “El Retiro del Beto Alberto Federico Acosta”.

Roberto Cornejo, Alfredo Guevara, El Latigo Peirone, Matías Urbano, Juan Manuel Olivera, Germán Casigol Herrera, Leonardo Fabio Moreno, Leonardo Ulloa, Jorge Drovandi, Edilio Cardoso, Joaquín Botero Vaca y Roberto Malingas Jiménez fueron algunos de los nombres con los cuales se intentó reencarnar a aquel viejo amor del pasado. Sin embargo, la gente Cuerva sólo sintió el bálsamo del revanchismo cuando se insinuó por Primera División el salteño Claudio Germán Acosta.

Categoría 1988, nacido en El Quebrachal y con un pasado ínfimo por la Selección Sub-17, El Betito apareció en el Torneo de Verano de 2006, teniendo su noche de gloria en la victoria 4 a 0 sobre Independiente en Salta donde, además de ser vitoreado por ser local, convirtió el tercer tanto de su equipo y fue una amenaza constante sobre el arco que ¿defendía? Bernardo Leyenda. Además, Acosta usó la camiseta número 10 de San Lorenzo. Romance en puerta… de emergencia.

Considerado la mayor promesa a futuro de San Lorenzo y un aspirante a ídolo solo por ser delantero y por portación de apellido, Claudio Acosta arrancó el Clausura 2006 como titular acompañando en el ataque a José Saturnino Cardozo. La sociedad solo duró hasta la segunda fecha, cuando nuestro homenajeado sufrió un desgarro que lo dejó afuera de las canchas hasta el siguiente torneo.

En el Apertura 2006, El Betito tuvo su mejor producción disputando 8 cotejos (mitad suplente, mitad titular) jugando como ¡volante por izquierda! para intentar abastecer a Ezequiel Lavezzi y a Andrés Silvera. Al menos, pudo verle la espalda a Ariel Ortega cuando le picó la pelota al Chino Saja. Pero claro, la cosa no prosperó, el romance no se materializó y durante los siguientes 30 meses, Claudio Acosta apenas disputó cinco encuentros sin nunca jamás poder batir a un arquero de manera oficial. ¿La mala? La dirigencia lo invitó a buscarse un nuevo destino ¿La buena? No tuvo que estresarse para organizar un partido autohomenaje donde El Pipa Estévez se vista de pajarraco…

Argentino A en Juventud Antoniana (2009/10 – 2011/12 – 2013), Gimnasia y Tiro (2013/14) y Sportivo Patria de Formosa (2014/15), y Primera B Metropolitana en Almagro (2010/11) y en Colegiales (2012) fueron los destinos donde El Betito siguió ostentando su escaso poder de gol. Hoy, a sus 29 años, Claudio Acosta defiende la divisa de Desamparados de San Juan y rememora aquel romance trunco con la gente de San Lorenzo por ser victima de la urgente y desesperante suplantación de romántica identidad. Y si, él solo fue apenas un chape (?) de verano…

Y vos… ¿Todavía recordas la sonrisa de tu primera novia?

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Shaffer José

José Alberto Shaffer

“Si el padre es baldosero, el hijo es baldosero”, sería la adaptación de la célebre máxima de Néstor Raúl Gorosito. Letras más, letras menos, José Alberto Shaffer es el hijo de José Antonio Schaffer, oportunamente homenajeado en este sitio.

Producto genuino de las divisiones inferiores de Racing Club de Avellaneda, Shaffer Junior debutó oficialmente en Primera de la mano de Diego Pablo Simeone, el 25 de febrero de 2006, ante Independiente, por la fecha 6 del Clausura. Ese día, en su puesto natural de lateral por izquierda, le tocó compartir la última línea junto con Diego Menghi (luego Julio Barroso), Gustavo Cabral y Claudio Úbeda, y bailar con la más fea. Con un doblete del Kun Agüero, el Rojo se quedó con la victoria por 2 a 0.

Un puñado de días después, el Cholo le ratificó la confianza: fue 0-3 ante Olimpo de Bahía Blanca. También reapareció contra Boca, por la octava jornada, en el Estadio Único (el Cilindro estaba clausurado por incidentes en el clásico) y la suerte no iba a cambiar. Otro 0-3, otro cachetazo. La despedida de su primera etapa en la Academia se dio en la fecha 9, frente a Rosario Central, en Arroyito. Esa tarde compartió la defensa con Barroso, Cabral y Menghi, y por primera vez pudo sumar un punto: fue 1 a 1, con goles de Marco Ruben para el Canalla y Lucas Valdemarín para los de celeste y blanco.

Con el arribo de Mostaza Merlo no sería titular, aunque sí se mostraba como una de las primeras opciones de recambio. No obstante, una propuesta del fútbol europeo le hizo repensar los planes: “Merlo me dijo que hiciera lo que quería. No me quiso cortar la posibilidad de probar algo distinto en mi carrera y me aclaró que, cuando finalizara mi contrato, tenía las puertas abiertas para volver a Racing”. Así fue que armó las valijas y se fue a Suecia. Lo esperaba el IFK Göteborg (2006/07), uno de los clubes más tradicionales de ese país, pero no la iba a pasar nada bien. “Ricardo Prunes, que era mi representante, me abandonó y me dejó tirado sin un mango. Me dijo que en el IFK iba a ganar cierto dinero y en verdad era muchísimo menos. Yo mismo me tuve que pagar el alquiler de la casa, pagarle los pasajes a mi señora y hasta hacerme cargo del nacimiento de mi hija. Ni siquiera me llamaron para ver si necesitaba algo. Allá vivía con lo justo, no me alcanzaba la plata. Suecia es un lindo país y al principio era feliz, pero me quise volver a Racing”, contaba en una entrevista al diario Olé.

De regreso en Avellaneda, no fue tenido en cuenta por Gustavo Alf Costas ni por su reemplazante, Miguel Ángel Micó, que lo conocía de las inferiores. La llegada del Chocho Juan Manuel Llop, en abril de 2008, lo sacó del ostracismo y lo puso de nuevo en el mapa. Primero fue al banco de suplentes contra Arsenal, Lanús y Tigre, hasta que le tocó entrar frente a Rosario Central, en la fecha 13, por la lesión de Gonzalo Dardito García a los seis minutos. “Pensé que iba a jugar mal por la inactividad, pero terminé conforme y mis compañeros me felicitaron. Lástima que perdimos, porque el centro del gol de Sava no lo tiré yo, lo tiró Dios”, decía luego del 2-3 en Arroyito, ya en su nueva fase mística.

“Pedí un milagro y se concretó. Cuando volví del extranjero hasta pensé en dejar al fútbol. Estaba mal porque el técnico (Micó) ni me dirigía la palabra. Tuve problemas. Estaba enojado con todo el mundo, me la agarraba con mi familia y sufría. Gracias a la iglesia conocí a Dios y le pedí volver a vivir, volver a jugar a la pelota. Yo pensaba que era imposible, no me sentía útil y ahora soy otra persona”, relataba en mayo de 2008, en la hora más brava de la Academia en la última década.

A partir de ahí no salió más. Apenas lo hizo por obligación, para cumplir la fecha de suspensión que le dieron después del partido con Boca, y en la última jornada, ante Colón de Santa Fe, cuando, tras la expulsión de Menghi, Llop se decidió a buscar la heroica y mandó a la cancha al Chanchi Estévez en lugar del lateral por izquierda. En el Cementerio de los Elefantes, Racing necesitaba ganar sí o sí para asegurarse la permanencia y evitar la Promoción. Pero Racing es Racing, y perdió sobre la hora con gol del Pirulo Rivarola.

Superado el trauma de tener que revalidar la categoría contra Belgrano de Córdoba, Shaffer fue titular absoluto durante todo el Apertura 2008, generalmente compartiendo la última línea con Franco Sosa, Gabriel Mercado, Franco Peppino y Marcos Cáceres. Sin embargo, la relación con Llop comenzó a tensarse. Los malos resultados en el arranque del Clausura 2009 se devoraron al Chocho, que renunció tras caer en el clásico ante Independiente por 2 a 0. Ahora con Ricardo Caruso Lombardi como entrenador, el defensor cordobés continuaría en buen nivel, aunque no por mucho tiempo más en Avellaneda.

Una oferta de casi dos millones de euros lo hizo regresar a Europa, esta vez para vestir la camiseta del Benfica de Portugal (2009), donde conocería a Javier Saviola, Pablo Aimar, Ángel Di María, el paraguayo Tacuara Cardozo y los brasileños Luisão, David Luiz, Ramires y Keirrison, entre otros. Sin muchas chances en tierras lusitanas por el buen rendimiento de los locales Fábio Coentrão y César Peixoto (apenas disputó 6 partidos, 4 por la Primeira Liga y 2 por copas internacionales), a comienzos de 2010 pasó a préstamo a Banfield.

Con el Taladro pisando fuerte en la primera fase de la Libertadores, y ante las eventuales ausencias del dueño del puesto, Marcelo Bustamante, Shaffer se convirtió en una figurita frecuente en el Clausura, compartiendo tanto la línea de cuatro suplente con Santiago Ladino, Mauro dos Santos y Favio Segovia (a veces Gustavo Toledo y Alejandro Delfino), como ocasionalmente la titular, al lado de Julio Barraza, Jonatan Maidana y Víctor López.

A mitad de año lo esperaba un nueva desafío: aceptó bajar de categoría y se sumó a Rosario Central (2010/11), que venía de descender y soñaba con pegar la vuelta rápido. Allí, además, se reencontraría con un viejo conocido: Reinaldo Carlos Merlo. “Yo creo que va a venir a Central. A mí Shaffer me llamó porque lo conozco de Racing. No soy empresario, por ahora soy entrenador, y las gestiones las hacen el manager, Gonzalo Belloso, y el presidente, pero lo necesitamos por las dudas de que no podamos contar con Diego Braghieri o Guillermo Burdisso”, decía Mostaza. El pase estuvo a punto de caerse por algunas diferencias económicas entre los dirigentes canallas y los del Benfica, pero finalmente se hizo. Sin embargo, Shaffer jugó poco, mal, y acumuló críticas de todos lados.

De nuevo en Portugal, se incorporó a préstamo al União Desportiva de Leiria (2011/12), donde disputó 15 encuentros y convirtió dos goles -los únicos de su carrera-, uno fue un bombazo tremendo contra el Beira-Mar, que estuvo entre los mejores del campeonato.

Tras rescindir su contrato con el Benfica (le restaban todavía doce meses), estuvo casi un año inactivo hasta que a mediados de 2013 llegó a Talleres de Córdoba. “Estoy disfrutando de nuevo de estar en un club después de mucho tiempo. Estoy feliz por eso. Aprovecharé la pretemporada. Mi negociación se complicó un poco, pero ahora solamente pienso en dejarle todo a Talleres, como lo hizo mi viejo. Él hizo mucha fuerza por estar. Yo también la hice”, decía el Peladito.

Ese año la T había vuelto a la B Nacional tras un par de temporadas en el Argentino A y, a priori, era uno de los principales candidatos para regresar a Primera. Sin embargo, descendió de nuevo. En el medio, Shaffer, que había arrancado como titular, terminó perdiendo el puesto con Elías Bazzi y fue uno de los más apuntados por la barrabrava por bajo rendimiento.

En 2014 volvió a emigrar, ahora a Chile, para actuar en Unión La Calera. “Mi paso por Chile fue muy bueno. Hicimos un gran campeonato. Cuando llegué, el club estaba en la zona de descenso y terminamos jugando la Liguilla para entrar a la Sudamericana. La verdad, nos fue muy bien a todos”, contaba. De todos modos, algunos cortocircuitos con su representante lo terminaron marginando: “El representante que me llevó era el agente del entrenador. Tuve un problema con él y por eso mismo decidieron dejarme afuera. La gente quería que me quede. Estoy agradecido a los hinchas de La Calera, porque me brindaron todo su cariño”.

Otra vez en Argentina, a fines de 2015 estuvo entrenándose con la Reserva de Racing en el predio Tita Mattiussi, con la esperanza de quedarse: “Es lo que más deseo. De todas maneras, no soy yo quien tomará la decisión. Por el momento, le agradezco al club que me abrió las puertas para poder entrenar, y me quedo con la imagen de haber dejado a Racing en Primera División”.

Durante el primer semestre de 2016, vistió los colores de Gimnasia y Esgrima de Mendoza en la B Nacional, pero apenas jugó 5 partidos y quedó libre. Desde comienzos de este año, integra el plantel de El Porvenir, que deambula por la mitad de la tabla en la Primera C.

Burzac Marcelo

Raúl Marcelo Burzac

Nacido en San Miguel de Tucumán el 14 de febrero de 1988, Marcelo Burzac había arribado a Buenos Aires a los 15 años para probar suerte en las divisiones inferiores de Platense. Una temporada más tarde, sin embargo, ya emergía como una de las promesas más interesantes de las juveniles de River Plate.

“Vine a una prueba y quedé. En ese momento jugaba de volante central, pero después me pusieron de enganche porque tenía poca marca”, reconocía el pibito, al que enseguida apodaron Riquelme por su forma de jugar: “Varios me dijeron eso porque me gusta tocar tranquilo y distribuir la pelota”, repetía.

De la mano de Gabriel Rodríguez y Ricardo Valiño, fue sumando minutos en su categoría y generando expectativa entre los hinchas, que con frecuencia escuchaban su nombre en los pasillos del Monumental. En 2006, Jorge Vitrola Ghiso lo subió al plantel de Reserva, donde rápidamente Daniel Alberto Passarella le puso los ojos encima. En su primer entrenamiento con la Tercera, terminó toqueteando (?) con los profesionales: “No lo podía creer. Fue el primer día que vine a practicar con la Reserva y terminé jugando con todos los de Primera”.

No era una casualidad. Apenas un puñado de días antes, Rodríguez, coordinador de las inferiores del club, había destacado sus condiciones, aunque le había echado en cara su temperamento algo volátil: “Burzac me parece un crack. Es un tucumano vago, cabeza de pájaro. No sabía si seguir, lo llamé y lo convencí. Por suerte está con nosotros”.

Un año más tarde, el Kaiser lo llevó a la pretemporada de Primera con otros juveniles que venían pidiendo pista, como el Cebolla Sebastián Sciorilli, Emmanuel Martínez y Juan Ignacio Antonio.

Con el Millonario ya eliminado de la Copa Libertadores (colista en el grupo de Colo Colo, Caracas y Liga de Quito), y deambulando por la mitad de la tabla en el torneo local, Passarella aprovechó las últimas fechas del Clausura 2007 para darles minutos a los chicos.

Tras calentar el banco ante Newell’s Old Boys, San Lorenzo y Estudiantes de La Plata, Burzac debutó oficialmente frente a Gimnasia y Esgrima La Plata, en la jornada 16, en el estadio Único. Ese día, a tres del final, reemplazó a Fernando Belluschi. “Me pone contento el debut de Burzac. Tiene grandes condiciones y mucho futuro, pero todo depende de él”, decía el DT. Si bien el tucumano volvería a aparecer entre los suplentes contra Godoy Cruz, Nueva Chicago y Vélez Sarsfield, no tendría más chances.

A mediados de año, viajó a Corea del Sur, donde el cuadro de Núñez enfrentó al Reading inglés, al Shimizu S-Pulse japonés y al Lyon francés en el marco de la Copa de la Paz, organizada por la Iglesia de la Unificación, también conocida como secta Moon, liderada por el reverendo Sun Myung Moon.

Sin acción en el Apertura ’07 (fue al banco ante Racing y Argentinos Juniors), regresó a la Reserva hasta que Diego Simeone lo rescató y lo llevó a la pretemporada de 2008, junto a Mateo Musacchio, Maximiliano Oliva, Emmanuel Martínez, Gastón Gauna, Sebastián Sciorilli, Damián Lizio y Andrés Ríos. Incluso, lo puso un ratito frente a Independiente y Racing, reemplazando a Diego Buonanotte, a quien había desplazado el año anterior.

Si bien fue parte del plantel campeón del Clausura 2008, no sumó ni un segundo en cancha y pegó la vuelta a Tercera. En abril de 2009, River, a través de su filial de Puerto Rico, fue invitado a participar de un torneo en República Dominicana que haría las veces de scouting para clubes de México y Estados Unidos. Allí, con los colores de River Plate Ponce, y junto a otros jugadores descartables como Leandro Benegas, Diego Bogado, Lucas Sánchez y el paraguayo Emmanuel Gamarra Fernández, se consagró campeón. Sin embargo, sin ofertas de Norteamérica, se mantuvo en Reserva hasta mediados de año, cuando lo dejaron libre.

En el verano de 2010 armó las valijas y se fue a Bolivia para sumarse al La Paz FC, pero un puñado de semanas después el técnico, el bigotón Sergio Apaza, le bajó el pulgar y tuvo que marcharse.

Desde entonces, se convirtió en un gitano del fútbol de los sábados a nivel nacional. Muy lejos del éxito que le auguraban en sus inicios, deambuló de acá para allá con altibajos por Jorge Newbery de Tucumán (2010), Almagro (2010), Los Andes (2011), Colegiales (2011/12), San Jorge de Tucumán (2012/13), Sportivo Italiano (2013/14), Fénix (2015), General Lamadrid (2015, donde fue agredido por la barra brava), San Miguel (2016) y Sportivo Barracas (desde 2016).

Binetti Cristian

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Cristian Ariel Binetti (Peter)

Emblemático lateral izquierdo de una época nefasta de Belgrano de Córdoba, quien formó parte de la descensiva retaguardia de “las tres B” junto a Darío Brane y Sebastián Brusco (el único que ahí desentonaba era el querido Marcelo Culo Flores) y recordado por una única cualidad deportiva: sus terribles saques laterales que se convertían casi en centros para provecho de principalmente nadie (?), luego del Luifa Artime y finalmente del Tano Spallina. Uno de los mejores en ese aspecto. Lástima que al fútbol se juega con las piernas. O al menos, eso dicen…

Tras iniciarse y destacarse en General Paz Juniors (1992/93) del Torneo Regional, a mediados de 1993 nuestro protagonista de hoy llegó al Pirata para jugar sin demasiada continuidad, perjudicado por una lesión y tapado por Ariel Cuffaro Russo y César Loza, entre otros. Al menos, fue de la partida en el histórico encuentro frente al Newell´s de Maradona. Tras un año en Instituto (1994/95) del Nacional B, Binetti regresó a Belgrano para lo más jugoso de su carrera: completar los 33 encuentros en la elite, irse a la B, enfrentar dos veces más al Pelusa y conservar este grato recuerdo:

“Si le podía pegar a Maradona, lo hacía. En una jugada, puso un pie para que me lo llevara puesto y así fue. Lo insulté. Pero nunca me respondió. Con los rivales no se metía. Sí discutía con los árbitros o levantaba a los compañeros. En esa jugada, vino Brusco y me dijo: ¿Cómo le vas a pegar al Diego? Y lo mandé a donde se imaginan”.

“Yo en la semana había declarado que solo comíamos arroz con salchichas y se ve que al Diego le quedó. Vino y me dijo: mirá toda la gente que hay en la cancha y ustedes no cobran. Si hace falta, yo vengo y hacemos un partido para que puedan cobrar. Decile al Luifa que me llame…”.

Una vez en el Nacional B, Binetti apenas jugó durante los dos años que el Pirata se mantuvo en esa divisional. Sin embargo, fue insólitamente titular en la segunda final por el primer ascenso contra Talleres, en la que el lateral estrelló contra el travesaño el último penal de su equipo, previo a que El Lute Oste convirtiese la victoria para los rivales de toda la vida. “Yo no jugaba nunca, tenía fecha para el nacimiento de mi hijo ese día y la tuve que posponer. Rezza no me respetó como jugador. Cuando volvía al centro del campo, El Lute Oste me dijo: menos mal que erraste por que tengo un cagazo bárbaro. Lo peor es que los hinchas de Talleres se fueron cantado Binetti corazón y yo no volví a jugar para Belgrano”.

Entre 1999 y 2003, el lateral formó parte del plantel de Racing de Córdoba que osciló entre el Nacional B y el Argentino A. Con poca continuidad y luego de sufrir horrores por incontables lesiones, a sus 31 años colgó los botines.

Tras un tiempo de incertidumbre, en 2007 el ahora ex jugador encontró una nueva profesión: ser colectivero de la línea 171, lo cual le permite parar la olla al día de hoy y en donde, dicho por él, recibe más puteadas que en su época de jugador. Y ahí, recorriendo las calles de La Docta, se comenta que las manos de Cristian Binetti tienen aún más precisión que en su lejana época de jugador. Nos alegra.

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