15º Encuentro Baldosero – Anuncio

El Encuentro Baldosero, esa tradicional cita de los seguidores de En Una Baldosa, ya tiene fecha y lugar para su decimoquinto capítulo. ¿Fuiste a todas las ediciones? ¿fuiste a una y tenés ganas de repetir? ¿nunca fuiste? Tomá, leé.

Para todo aquel que se quiera acercar, el encuentro es el domingo 16 de diciembre, desde las 12.30 h, en el predio del Club Maltería Hudson, ubicado en Avenida Otto Bemberg 5800 (Hudson, Berazategui). También lo pueden encontrar como Calle 55 y 158.

 

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¿Hasta cuándo nos quedamos? Hasta que tengamos ganas (?). La cancha tiene luz artificial, así que no hay drama por eso.

El lugar, que ya fue sede del Encuentro Baldosero de los últimos cuatro años, cuenta con parilla, quincho y una cancha profesional de sintético, para la práctica de eso que intentamos que se parezca al fútbol. La idea, como siempre, es reunirnos para jugar un rato a la pelota y después hacer lo que mejor nos sale: comer, tomar y cagarnos de risa un rato.

Todo aquel que quiera participar del 15º Encuentro Baldosero sólo debe enviar un mail a encuentrobaldosero@gmail.com con el asunto Encuentro y los siguientes datos:


– Nick o usuario de Twitter/Instagram:
– Nombre y apellido:
– Teléfono:

Les pedimos confirmar la participación cuanto antes, para que se nos haga más fácil la organización. También se puede prender todo aquel que no quiera ir a jugar y solamente le interese ir a comer y criticar a los demás (?). La lista, esta vez, la limitamos a 80 personas, así que no duerman.

Fundamental para todo aquel que vaya al encuentro:

– Zapatillas o botines.
– Dinero para pagar comida y bebida (costo a confirmar).
– Buena onda
– Puntualidad, para poder disfrutar de toda la jornada.

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Transporte

Como imaginamos que no todos saben cómo llegar al lugar, un grupo de baldoseros se va a reunir en un punto estratégico (?) de Capital para meter charter (?) especial.

Junto con el mail que recibirá cada uno de los anotados, también tendrán el horario y el punto de encuentro.

Para aquellos que deseen ir por su cuenta en bondi, las líneas desde Capital son: 129 (Ramal C), 195 (Camino Centenario) y 159 (Ramal Pueblo Nuevo o el que va por Autopista-Hudson). Desde Quilmes, 219 (Ramal rojo).

Si eligen viajar en tren, pueden tomarse el Roca. La estación Hudson está a pocas cuadras del predio.

Si desean llegar en auto, también les enviaremos unas instrucciones para que no se pierdan. Está hecho a prueba de boludos, lo probamos (?).

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Yo nunca fui, tengo miedo de no conocer a nadie, ¿puedo ir?

Claro, papá. Acá nadie se conoce con nadie hasta que va a un Encuentro Baldosero. Esa es la idea. Pueden utilizar el hashtag #EncuentroBaldosero para ir haciendose de amiguitos en Twitter.

¿Puedo ir si soy minita?

Obvio, estamos todos muy deconstruídos, por no decir destruídos. 

¡Nos vemos en el Encuentro!

Otras ediciones:

1º Encuentro Baldosero (2005).
2º Encuentro Baldosero: Copa Lorna (2006).
3º Encuentro Baldosero: Copa Presidente Max Higgins (2007).
4º Encuentro Baldosero: Copa Ciudad de Funes (2008).
5º Encuentro Baldosero: Copa de La Fat (2009).
Encuentro Baldosero 6.0: Carlit Cup (2010).
Encuentro Baldosero 6.1: Copa Una hierba en Mar del Plata (2010).
8º Encuentro Baldosero: Copa Mumu ♥ (2011).
9º Encuentro Baldosero: Copa Free Benetti (2012).
10º Encuentro Baldosero: Copa Vamos Manaos (2013).
11º Encuentro Baldosero: Copa Paty sin pan (2014).
12º Encuentro Baldosero: Copa Coca no hay (2015).
13º Encuentro Baldosero: Copa Panther Rosarote (2016). 14º Encuentro Baldosero: Copa Cachaça (2017).

 

Argachá Adrián

Adrián Argachá

Lateral uruguayo que se dio el lujo de baldosear por triplicado en el fútbol argentino, con el agregado de haber sumado 11 instituciones a su currículum en apenas una década. ¿Qué fue de la vida de Argachá?

Nació en 1986 en la ciudad de Sarandí del Yí, la misma que parió a Juan Ramón Carrasco. Y aunque no compartieron el talento a la hora de tratar la pelota, al menos Adrián incorporó enseguida aquel concepto de la vaca y el pasto: ¿Jugar por abajo? ¡Ni a palos! Aprendió a vender humo.

Formado en las inferiores de Nacional, donde llegó a debutar en 2007, pasó luego por Tacuarembó (2007/08), Wanderers (2008 a 2010) y Defensor Sporting (2010/11), antes de recalar en el fútbol argentino para sumarse al Independiente del Turco Mohamed, que aún gozaba de buen clima por la obtención de la Sudamericana y las otras copas que se le venían.

Lo bueno es que el uruguayo fue medido antes de su debut en Argentina: A mí me gusta mucho Juan Pablo Sorin. Me siento identificado con él y varias veces me dijeron que soy parecido. Él es mi referente, pero de todas formas yo prefiero construir un estilo propio. Otro jugador al que miro mucho es a Abidal, del Barcelona”. Y vaya si lo copió (?).

A nivel internacional, tuvo su estreno en la Copa Suruga Bank, cuando ingresó por Maxi Velázquez en la derrota por penales ante el Jubilo Iwata. Después, el Rojo jugó la Recopa Sudamericana ante Inter de Porto Alegre, pero Argachá fue al banco en ambos encuentros. Sí le tocó jugar como titular, en cambio, en la serie ante la Liga de Quito por la Sudamericana 2011. Y todo terminó en eliminación.

Por el torneo local, el charrúa sumó 12 encuentros en la temporada 2011/12, dejando en claro que por su nivel se parecía a Juampi Sorín, pero en la actualidad. O sea, un homeless.

Para coronar semejante experiencia, luego se iría a Racing…de Montevideo (2012). Y en su país seguiría sumando escudos a su CV, con pasos por River Plate (2013) y Sudamérica (2013 a 2015), para tomar el envión necesario y volver a la Argentina, como si nadie su hubiese percatado de su anterior delito.

A comienzos de 2016, llegó a Córdoba para sumarse al Belgrano del Ruso Zielinski, que necesitaba una alternativa para el puesto que ocupaba Federico Álvarez. La chance por fin le llegaría en la fecha 4, ante Banfield, pero lo expulsaron luego de perder la marca en un lateral y entonces todo se le hizo cuesta arriba. Apenas pudo ser titular en 4 encuentros con el Pirata y al final terminó perdiendo el lugar con el chileno José Rojas.

Ese mismo año, el uruguayo se resignó a jugar en una categoría más acorde a sus desempeños: la B Nacional. Vistió la camiseta de Central Córdoba de Santiago del Estero durante 29 partidos de la temporada 2016/17. ¿Cómo terminó todo? Con un descenso al Federal A.

Sin embargo, cuando todo parecía perdido, una oferta del ascenso español lo llevó a su lugar en el mundo a mediados de 2017. ¿El equipo? El Lorca Fútbol Club, de la Tercera División. Todo lo que vino después, estaba cantadísimo: porque si hay lorca, juega Argarchá. Y los resultados, tardaron 9 meses en llegar.

 

Gallo Germán

Germán Darío Gallo

Del dream team de Carlos Salvador Bilardo a la formación más baldosera de la historia. La temporada 1996/97 de Boca Juniors fue una montaña rusa de emociones, con sus altibajos típicos: un triunfo agónico contra River en el Apertura, un empate con sabor a derrota (aquel 3 a 3 con gol de Celso Ayala sobre la hora) en el Clausura, el debut oficial de Juan Román Riquelme, una caída contra el Deportivo Español en La Bombonera. Perlitas de un año que dejó la sensación de que cada paso adelante eran dos para atrás.

La historia ya es bastante conocida. El experimento del Doctor terminó antes de lo previsto y de la peor manera. Tras un pálido décimo puesto, el Narigón dijo adiós y las principales figuras (con Juan Sebastián Verón y Cristian González a la cabeza) emigraron rápido. A comienzos de 1997, la llegada de Héctor Rodolfo Veira, que dos años antes había sido campeón con San Lorenzo, renovó las ilusiones, pero el rendimiento no mejoró: Boca finalizó noveno, con 25 puntos.

El 12 de agosto de 1997, por la última fecha del torneo Clausura, en la Tacita de Plata, Gimnasia de Jujuy recibió al Xeneize, que presentó a Sandro Guzmán; Carlos Zapella, Walter Del Río, Aníbal Matellán y Germán Gallo; Raúl Peralta, Diego Cagna, Luis Darío Calvo y Rubén Cantero; Emanuel Ruiz y Pedro González. El partido, un 0 a 0 soporífero, era tan intrascendente que el violador Bambino ni se calentó en viajar. En su lugar estuvo Esteban Pogany, que también les dio minutos a Ariel Rosada, que tuvo que entrar enseguida por Calvo, Gustavo Scolari (por Peralta) y Diego Herrera (por Cantero). En el banco se quedaron el arquero suplente Federico Vilar y un tal Brides, del que no existen registros Germán Britez. Salvo honrosas excepciones, casi todos los jugadores terminaron homenajeados en este sitio. Y sí.

Nacido en febrero de 1977 en Pavón Arriba, provincia de Santa Fe, Germán Gallo se presentaba como un marcador central zurdo (por eso ese día se ubicó en el lateral izquierdo), de buen físico y una técnica aceptable. Eso dicen quienes lo vieron en las divisiones inferiores, claro, porque aquellos noventa minutos en Jujuy fueron los únicos en la máxima categoría. Por lo menos antes de irse iba a darse el gusto de compartir algunos entrenamientos con Diego Armando Maradona, en lo que ya cerca del retiro (el de Gallo, claro) sería recordado como el mejor momento de su carrera.

Lo que siguió, previsible, fue un paso por el ascenso nacional. Primero con los colores de Nueva Chicago (1997/98), donde actuó con cierta regularidad al lado de Ariel Jesús, el hoy presidiario Marcelo Couceiro, Fernando Ávalos, Claudio Benetti, Rodolfo de Paoli, Lucio Filomeno, Leandro Lázzaro, Pablo Talarico, Juan Manuel Sara, Flavio Frangella, Marcelo Elizaga, entre otros. Ese equipo no tenía otro destino que pelear por la permanencia y así fue. Gallo, al menos, le metió un gol a Atlanta en una victoria por 2 a 1 en Mataderos. Algo es algo.

Luego, en la temporada 1999/2000, se incorporó a Arsenal de Sarandí, donde fue dirigido por el Chaucha José María Bianco. Allí conocería a los históricos Hernán Coldeira, Darío Espínola, Alejandro Limia y Carlos Ruiz, y también a Facundo Gareca, Maximiliano Flotta y Dante Ciglic, porque en la vida hay que compensar. El cuadro de Sarandí se metió en la lucha por el segundo ascenso a Primera, pero terminó eliminado en cuartos de final ante Atlético Rafaela.

Ya en la B Metropolitana, Gallo sumó algunos minutos con la camiseta de Argentino de Quilmes (2000/01), antes de sus incomprobables pasos por Tiro Federal de Rosario y el fútbol guatemalteco. Sin mucho más que hacer a nivel profesional, colgó los botines. “Me costó desprenderme del pueblo y de los afectos, no veía la hora de tener días libres para poder regresar”, le contó alguna vez al diario La Capital.

De nuevo en casa, fue elegido como el segundo mejor jugador de la historia de Pavón Arriba, y siguió dándole a la pelotita en la Liga Deportiva del Sur con la casaca del Club General San Martín, donde es ídolo (fue el MVP (?) de 2015) y se mantuvo hasta su retiro en 2016, cuando pasó a ser el técnico del plantel de Primera División.

Echenique Lucas

Lucas Daniel Echenique

Arquero integrante de los planteles de Arsenal hasta 2005 sin posibilidades de llegar más lejos que el banco de suplentes en alguna que otra ocasión. La desleal (?) competencia ante nombres como Alejandro Limia, Leonardo Aguirre, Ariel Rocha y Esteban Dreer lo hicieron despedirse de la Primera División antes de mandarse alguno de esos bloopers que se repiten en los especiales de fin de año.

La ansiada cagada (?) llegaría en 2008, cuando ya defendía los colores de Comunicaciones: el portero rival, Albano Anconetani, ejecutó un tiro libre desde su propio campo, la pelota lo superó y se terminó metiendo sin oposición. Años más tarde Augusto Batalla copiaría la jugada en un Superclásico. Así lo recordó el propio Echenique: “Fue un tiro libre desde mitad de cancha. Nosotros ganábamos 2 a 0, ellos descontaron y al final me empató el arquero. Ese día había muchísimo viento, yo le había dicho a Ricardo González que patearan fuerte los tiros libres, que el viento podía complicarlos, y se me terminó metiendo a mí”. Para que gastarse en tantas palabras si está Youtube, ¿no?

En 2009 dejó el Cartero por falta de pago, pero la cosa no iba a mejorar. Sin equipo alguno que requiera de sus servicios, recién un año después iba a poder formar parte de un nuevo plantel: San Miguel le dio un lugar a mediados de 2010. Una nueva oportunidad para afianzarse que no salió como esperaba: sin siquiera llegar a debutar, decidió irse a probar suerte a otro destino. A un lejano y exótico destino: Tailandia.

Lo que comenzó como una aventura de unos meses para conocer las delicias del turismo sexual sudeste asiático, se transformó en una larga estadía en un país que sería su nueva casa por varios años. Su primer equipo fue el Sriracha, donde tuvo revancha de aquella malograda jugada en el ascenso argentino: en un partido en 2011, fue a buscar el empate al área rival, consiguiéndolo con un certero cabezazo. “Fue la primera vez que un arquero extranjero convertía en el país. Además, si perdíamos quedábamos muy comprometidos con el descenso. Pero con el punto pasamos a depender de nosotros para salvarnos, y lo terminamos logrando”.

Con su vida establecida a más de 16 mil kilómetros de distancia de su lugar de nacimiento, las ofertas de otros equipos de aquella nación no tardaron en caer. Y él no tardó en aceptarlas. En las temporadas sucesivas defendió los arcos del Army United, Samut Songkram, Sisaket FC, TTM Chiangmai, Look Phor Khun, Kabinburi FC Rajpracha FC, tanto en la Thai League como en categorías menores. En 2014, cuando formaba parte de la tercera de esas improbables instituciones, repitió la hazaña de empatar un partido sobre la hora, con otro frentazo que tuvo la colaboración del arquero rival.

En lo futbolístico, este sería el cierre de la historia de Lucas Echenique hasta estos días. Pero, más allá de lo que hizo adentro de las canchas, su nombre quedó impregnado en los medios por un caso que nada tuvo que ver con la pelota. Fue en 2012, cuando Gisela Zavala, su pareja, lo acusó de golpeador: “Me golpeó, me tiró al piso y me pateó. Me molió a palos delante de los chicos”, declaró la chica desde Bangkok, adonde había llegado junto a sus hijos para recomponer una relación con altibajos. Después de refugiarse en la embajada argentina, pudieron regresar al país.

Por otro lado, el arquero dio su versión: “Gisela puede decir que le pegué, que la tenía secuestrada o que la quise matar, pero yo voy a pedir que le hagan una pericia psicológica porque tiene un gran problema. A eso hay que sumarle que es una fanática religiosa”. En pocas palabras: Echenique podrá ser golpeador, secuestrador, un inseguro arquero pero nunca una estrella de porno.

Saad Matías

Matías Federico Saad (El Turco)

El oportunismo es una de las virtudes más valoradas que puede tener un delantero. Más allá de la técnica, el cabezazo y la velocidad, el hecho de estar siempre a tiempo en el lugar indicado es la cualidad suprema para los que se dedican al trabajo más lindo del mundo: hacer goles. Claro que para que la cosa sea completa, ese oportunismo hay que tenerlo también en otros aspectos. Algo que le faltó a este santafesino de errante camino.

Última mitad de 2001. Argentina se prende fuego. No hay trabajo, hoy hay oportunidades, no hay plata.  La inestabilidad política, económica y social en su máximo esplendor. La cumbia villera, también (?). Bajo ese intenso panorama, muchos eligen emigrar y buscar un futuro en Europa. Pero un joven vive feliz, al parecer ajeno a todo el caos: Matías Saad. Tiene sus motivos, claro que sí: tras pelearla durante años en las inferiores de Unión de Santa Fe, debuta en Primera División. Fue el 28 de octubre, ante Nueva Chicago, cuando ingresó sobre el final del juego por Guillermo Israelevich. Ese año disputó otro partido, totalizando 23 minutos en el césped. Sus chances en el Tatengue se acabaron ahí, ya que al final de la temporada fue dejado libre.

Mientras muchos compatriotas no querían saber nada con pelearla acá, él se arremangó y empezó a lucharla en el ascenso, pensando que una corta estadía en el Nacional B serviría como trampolín a algo mejor. Y no se equivocó: apenas un semestre en Juventud Antoniana fue el paso previo para llegar al Viejo Continente. La buena vida lo esperaba en un país ejemplar: Suiza. Nada podía salir mal, para colmo el destino era el histórico FC Lugano. Pero el cuento de hadas se transformó en uno de terror: el club presentó la quiebra y Saad tuvo que regresar. ¿Oportunismo? ¿Qué era eso?

Su mala puntería a la hora de caer en un equipo lo llevó al espeluznante Nueva Chicago del Apertura 2003, que terminó último. Por lo menos, con los de Mataderos convirtió su único gol en la máxima categoría (frente a Gimnasia) antes de irse al descenso al año siguiente. Con la camiseta del Torito redondeó 18 partidos y ese solitario grito.

Pero el fútbol da revancha rápido. Y él la tuvo: la temporada 2004/05 lo encontró festejando el histórico ascenso a la A de Tiro Federal, aunque como un actor de reparto: alcanzó a aportar 5 goles durante esa campaña. Claro, el titular en su puesto era un inspirado Tito Ramírez.

Su olfato ¿goleador? le jugó otra mala pasada cuando lo hizo deambular por el Nacional B en equipos que zafaron por poco del descenso: CAI (2005/06), San Martín de Tucumán (2006/07) e Instituto (2007/08). En donde no pudo evitar la pérdida de categoría fue en Almagro (2009), aunque antes vio la chance de irse al exterior. Y esta vez no la dejó pasar.

Allá por 2008 se había desatado en España una crisis económica que tuvo al aumento del desempleo como principal consecuencia. Ante esta situación, muchos de los argentinos que habían emigrado unos años antes decidieron volver a su suelo, favorecidos por la recuperación que se experimentaba de este lado del océano. Una vez más, Matías Saad fue en contra de la corriente, y conoció las canchas de la Segunda División B (la tercera categoría española). Casi un trabajo de lavacopas futbolístico (?). El Pontevedra (2009/10) y el Lucena (2010), le sirvieron de plataforma para, inesperadamente, volver a la Primera División de Argentina.

El recién ascendido All Boys (2010/11) cumplió una digna campaña, aunque el Turco poco tuvo que ver: apenas 2 partidos (en total, 14 minutos) le ratificaron que la decisión de regresar a su patria no había sido la acertada. Y que quedarse en el under español era lo mejor que podía hacer. A partir de ahí, Lucena (2011/12), Cacereño (2012/13), La Roda CF (2013/14), Quintanar Rey (desde 2014 hasta 2018) y Peñarroya (2018) le confirmaron lo que todo número 9 tiene que saber: el oportunismo no solo se debe tener dentro del área.

Perugini Marcelo

Marcelo Fabián Perugini (Pocho)

A pesar de tener nombre de coiffeur (?), este porteño nacido el 17 de enero de 1984 decidió dedicarse al fútbol, haciendo divisiones inferiores en Racing, donde llegó hasta la reserva jugando generalmente como volante central. En 2005 fue dejado libre, sin posibilidades de mostrarse más allá de algún caso puntual, como cuando generó cierta simpatía en Ángel Cappa. “Estaba jugando de 4 en un selectivo y le había causado una muy buena impresión. Pero justo tuve una distensión del ligamento interno y estuve dos meses parado. Además, no me dieron la oportunidad porque arriba tenía a Vitali y a Araujo”, contó Perugini, quien comenzó a dar sus primeros pasos en el deporte rentado justamente en la ciudad de origen del hombre al que le escondieron las pelotas: Bahía Blanca.

Fue Villa Mitre, del Torneo Argentino A, quien le dio la chance de mostrarse. “Un dirigente se comunicó con mi representante y me gustó la propuesta. Me convenía en lo económico y, como necesitaban un 5, sentía que podía tener continuidad”, agregó, sin dudar en compararse con un colega de Selección: “Me gusta mucho Fernando Gago y siento que, salvando las distancias, tengo un juego parecido, pese a que también meto.” Como castigo divino por haber sugerido que el marido de Gisela Dulko tenía un témpano en el pecho, Perugini adquiriría la peor característica del mediocampista: su tendencia a hacer un culto de las lesiones.

Antes de eso, alcanzó a jugar en el Nacional B con el Tricolor, para luego marcharse al otro equipo de la ciudad: Olimpo lo cobijó entre 2006 y 2008. En el Aurinegro fue parte del equipazo que subió a la máxima categoría, por lo que Pocho se anotó su segundo ascenso consecutivo. A pesar de su rol secundario (jugó 17 partidos, solo 4 como titular, no marcó goles y recibió una expulsión) mantuvo su lugar en el plantel que disputaría el Campeonato de Primera División 2007/08, en la que dijo presente 7 veces antes de irse por motivos que no quedaron claros. “Me lesioné la rodilla, me operaron y cuando estaba diez puntos Saporiti hablaba bien de mí, me quería en el equipo. De un día para otro me borró y nunca supe por qué. Luego vino Florit, me hizo jugar y agarré continuidad en los partidos finales”. Esos últimos encuentros de la temporada le sirvieron para dos cosas: ver desde adentro los festejos de River en el último título del Burrito Ortega y ayudar a que Olimpo se vaya al descenso.

Perugini se mantuvo en la A, esta vez con otro equipo que volvía a la élite después de varios años en el under: San Martín de Tucumán (2008/09). Su llegada al Jardín de la República fue un mal augurio cuando el vuelo que lo trasladaba llegó con varias horas de demora. “Esto es una locura”, declaró en el aeropuerto. “Hasta extravié una de las valijas durante el trasbordo que hicimos en Santiago del Estero. Tendría que haber salido a las 14.30. Me dijeron que había una demora y que volviese a las 18; eran las 19 y seguía sin poder embarcar. Me fui a comer porque solamente había desayunado. Al final pude hacerlo. Lo único que me deja contento es el estar acá y no veo la hora de sumarme a la pretemporada”.

En fin, su experiencia en el norte fue muy parecida a la anterior: 11 partidos, lesión, encontronazo con el DT, descenso y salida de la institución. “Jugué, hice un gol… Pero después surgieron problemas con el técnico (Carlos Roldán) y quedé marginado. Cuando recuperaba un lugar me afectó una pubialgia y recién pude volver en los partidos finales. No me considero un jugador conflictivo, pero sí uno que dice lo que piensa. Siempre soy respetuoso y no hablo cuando se trata de una razón futbolística. Pero si hay algo raro y me molesta lo voy a decir. Seguramente, en los dos casos, no habré sido del gusto de los técnicos”.

Bajar de golpe dos categorías fue un indicador de que sus mejores días habían pasado. Aunque su regreso a Villa Mitre (2009) para jugar el Torneo Argentino A lo esperanzaba, no pudo remontar su carrera, a la que todavía le faltaban varios tropezones más.

A un incomprobable paso por el Pierikos de Grecia (2011/12) le siguió una pésima temporada en Defensores de Belgrano (2012/13): el equipo terminó anteúltimo, solo un punto arriba del descendido Central Córdoba. Por lo menos, ese año le sirvió para editar un video de 14 minutos donde se lo ve raspando y dando pases a los costados.

En 2013/14 conoció un nuevo torneo, el Argentino B, con el siempre candidato Sarmiento (Resistencia). “Vine para lograr el único objetivo, que es el ascenso, y esperemos lograrlo”, declaró al llegar. ¿Cómo le fue al conjunto chaqueño? Quedó afuera en la primera fase, siendo superados por equipos como Deportivo Fontana y Resistencia Central. Por lo menos no descendió, aunque estuvo cerca: la categoría se sostuvo gracias a una victoria frente a Atlético Laguna Blanca en la última fecha.

Insistente, probó suerte en Bolivia, con el Aurora (2014). No la tuvo: en su quinto partido en el club de Cochabamba sufrió una triple fractura en el pie izquierdo que lo mantuvo unos meses afuera de las canchas. En plena decadencia, acusó un fantasmal paso por Comunicaciones (2015) antes de encontrarse con un técnico que lo quisiera, lo entendiera y lo respetase: Mauro Laspada. El aguerrido ex defensor lo tuvo a su cargo en Sansinera (2016) y Deportivo Roca (2016). Por lo menos, con este DT no se peleó. Y si así hubiese sido, pobre de él.

Civit Martín

Martín Alejandro Civit

El tiempo es un flujo inconstante, increíble y paradójico. O mejor dicho es inconstante, increíble y paradójico lo que hace con todos nosotros mientras estamos sumergidos bajo su tirano rigor unidireccional. En mi caso particular, lo que me genera mayor perplejo y asombro es lo que hizo con algunos de mis sueños o anhelos… Para ser más específico y por haber crecido rodeado de ejemplares de El Gráfico, trasmisiones deportivas y potenciales futbolistas, lo que hizo con uno de mis deseos primarios: el de ser periodista deportivo profesional.

Probablemente, lo que me movilizó en primer término deben haber sido las ganas de entrar a todas las canchas fácil y sin pagar. O el estar cerca y hacerles preguntas a mis héroes de la infancia. El Diego, El Manteca, El Burrito, y muchos, muchos más. Encima, al ser testigo del surgimiento tanto del primer canal especializado como de la fundación del primer diario deportivo, sentía que ser colega de Gonzalo Bonadeo, Fernando Niembro o Marcelo Araujo era la madre de todas las realizaciones personales. No era el único. Muchos de mi generación tenían el mismo sentir, aunque luego se decantaron por un laburo en serio (?).

¿Qué hace un periodista deportivo en la vida real? ¿Jetonea en la tele contra otros colegas, todos al borde de la histeria y del ataque al corazón, por una ínfima jugada en el primer tiempo? ¿Es un nexo para una transacción económica? ¿Es un actor necesario para inflar una transacción económica? ¿Es un tipo que muestra memes? ¿Es un señor que se sabe la formación de Checoslovaquia del 62? ¿Un hombre que habla y se cree palabra autorizada por sobre las demás, pero que en realidad solo fue hábil para estar donde sentía que tenía que estar gracias a nexos políticos y con el poder?

Hoy por hoy, no hay uno solo de aquellos pibes con los que compartía el deseo de la vocación, ya todos convertidos en hombres, al que no le escuche algún: “como le pegaría a Liberman”, “qué asco que me da Martín Arevalo”, “Lo veo a Azzaro y me dan ganas de vomitar” y así sobre casi todos estos sujetos de omnisciente accionar cotidiano. Pero, viejo ¿ustedes no querían ser uno de ellos? Por supuesto, el tiempo y solo el tiempo hizo lo que siempre. Sabiduría.

En mi caso, aún siento que la parte primordial de ser periodista deportivo es la de contar historias. Tampoco se necesita tanto para eso, claro. Y en ello tampoco hay ninguna realización personal. De hecho, ni siquiera soy periodista deportivo. Es más, ahora también los aborrezco. Pero se puede agarrar alguna foto, un par de datos, hacer de cuenta que nunca pasó el tiempo y jugar a que amo una profesión que nunca conocí.

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Recibimos el diploma en la Escuela de Periodismo Deportivo, le damos un beso a mamá y a papá, nos despedimos para siempre de los forros con los que cursamos durante tres años y, ansiosos por complacer a nuestros nuevos jefes, tomamos un nombre al azar para desarrollar nuestra historia.

En este caso, Martín Civit (25/09/1985), un mediocampista surgido en Arsenal de Sarandí que ingresó en un partido contra Vélez (caída 1 a 0) en el Apertura 2005. Apoyamos nuestro texto, que puede poseer severas faltas de ortografía, que total algún gil va a corregir, con alguna imagen tomada de internet. Total, Siglo XXI, papá.

Conocemos algo de fama repentina, un poco de guita, las minas nos miran distinto y, por compromiso, ponemos que Civit jugó 23 minutos contra San Lorenzo (2 a 2) en el Apertura 2006. Nos damos cuenta que nuestro protagonista participó de 23 minutos contra Boca Juniors (derrota 3 a 1) por el Clausura 2008 y que así se despidió de Primera División, pero no le damos mucha bola porque acaecieron los primeros cachetazos: un colega veterano nos dejó en ridículo al aire; nos apretaron por “decir giladas de tal club” y a ciertos protagonistas les parezco un salame. Apechugo y vivo a la defensiva. Esto no puede volver a pasar…

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Apoyamos la historia con otra imagen robada: Civit estuvo durante el último semestre de 2008 en el Alajuelense de Costa Rica, pero lo fueron rápido porque no se adaptó al club. Todo esto me chupa un huevo, porque no me cabe que me bardeen en las redes sociales. La exposición trae un montón de problemas que siempre sentí que iban a ser del otro. No míos.

Hacen referencia maliciosa a mi cara, a mi cuerpo o el de mis familiares. Se meten con mi novia. Con la ropa que usamos. Yo nunca hago eso. Solo hablo de los jugadores en la cancha, nomás. A no ser que anden en la joda. En los boliches, con gatos. Ellos se tienen que preparar para la alta exposición, no yo… Yo apenas soy un simple periodista. Voy a prepararme para devolver siempre la piña, porque esta se ve que es una carrera que no otorga prestigio. Nadie lo tiene ni lo tendrá por unanimidad. Ira.

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Sacamos otra imagen de la web y caemos en cuenta que, tras seis meses en la nada, a mediados de 2009 Martín Civit se fue al Inter Turku de Finlandia y que así metió el ambicionado pase a Europa, al menos por seis meses. Ambición… Ambición… A veces pienso que la ambición me llevó a convertirme en este grotesco que la gente piensa que soy. Ellos no me conocen y hablan. Hubiera sido mejor una radio zonal o un programa partidario. Algo chico y seguro, vender publicidad. Pero no, acá estamos y cualquiera se arroga el derecho a insultarme. Será culpa de mi ambición. ¿Qué? ¿Es malo tenerla?

Martín Civit pasó otros seis meses desocupado y a mitad de 2010 se unió a Comunicaciones de Primera B (2010/12). Después pasó a Talleres de Remedios de Escalada de Primera C (2012/16) y a ahí se retiró. Y hablando de retirarse, estoy pensando severamente irme hacía el lado de las operaciones periodísticas o el de la representación de jugadores. Este sueño infantil no es lo que se creía y cansa. O tal vez me vuelque al periodismo político. Eso tal vez me otorgue más prestigio, libertad o espacios de poder. Irme del estadio puteado por padres e hijos me cansó.

Además, al pasar me entero que a mediados de 2017 Martín Civit regresó al fútbol en Ferrocarril Midland de Primera C. Y yo la verdad ya no tengo ni ganas ni tiempo como para perder con un futbolista cualquiera que es mucho más chico que yo. Y que encima en cada entrevista cuenta con orgullo que es periodista deportivo recibido…

Y el tiempo sigue pasando.