Echenique Lucas

Lucas Daniel Echenique

Arquero integrante de los planteles de Arsenal hasta 2005 sin posibilidades de llegar más lejos que el banco de suplentes en alguna que otra ocasión. La desleal (?) competencia ante nombres como Alejandro Limia, Leonardo Aguirre, Ariel Rocha y Esteban Dreer lo hicieron despedirse de la Primera División antes de mandarse alguno de esos bloopers que se repiten en los especiales de fin de año.

La ansiada cagada (?) llegaría en 2008, cuando ya defendía los colores de Comunicaciones: el portero rival, Albano Anconetani, ejecutó un tiro libre desde su propio campo, la pelota lo superó y se terminó metiendo sin oposición. Años más tarde Augusto Batalla copiaría la jugada en un Superclásico. Así lo recordó el propio Echenique: “Fue un tiro libre desde mitad de cancha. Nosotros ganábamos 2 a 0, ellos descontaron y al final me empató el arquero. Ese día había muchísimo viento, yo le había dicho a Ricardo González que patearan fuerte los tiros libres, que el viento podía complicarlos, y se me terminó metiendo a mí”. Para que gastarse en tantas palabras si está Youtube, ¿no?

En 2009 dejó el Cartero por falta de pago, pero la cosa no iba a mejorar. Sin equipo alguno que requiera de sus servicios, recién un año después iba a poder formar parte de un nuevo plantel: San Miguel le dio un lugar a mediados de 2010. Una nueva oportunidad para afianzarse que no salió como esperaba: sin siquiera llegar a debutar, decidió irse a probar suerte a otro destino. A un lejano y exótico destino: Tailandia.

Lo que comenzó como una aventura de unos meses para conocer las delicias del turismo sexual sudeste asiático, se transformó en una larga estadía en un país que sería su nueva casa por varios años. Su primer equipo fue el Sriracha, donde tuvo revancha de aquella malograda jugada en el ascenso argentino: en un partido en 2011, fue a buscar el empate al área rival, consiguiéndolo con un certero cabezazo. “Fue la primera vez que un arquero extranjero convertía en el país. Además, si perdíamos quedábamos muy comprometidos con el descenso. Pero con el punto pasamos a depender de nosotros para salvarnos, y lo terminamos logrando”.

Con su vida establecida a más de 16 mil kilómetros de distancia de su lugar de nacimiento, las ofertas de otros equipos de aquella nación no tardaron en caer. Y él no tardó en aceptarlas. En las temporadas sucesivas defendió los arcos del Army United, Samut Songkram, Sisaket FC, TTM Chiangmai, Look Phor Khun, Kabinburi FC Rajpracha FC, tanto en la Thai League como en categorías menores. En 2014, cuando formaba parte de la tercera de esas improbables instituciones, repitió la hazaña de empatar un partido sobre la hora, con otro frentazo que tuvo la colaboración del arquero rival.

En lo futbolístico, este sería el cierre de la historia de Lucas Echenique hasta estos días. Pero, más allá de lo que hizo adentro de las canchas, su nombre quedó impregnado en los medios por un caso que nada tuvo que ver con la pelota. Fue en 2012, cuando Gisela Zavala, su pareja, lo acusó de golpeador: “Me golpeó, me tiró al piso y me pateó. Me molió a palos delante de los chicos”, declaró la chica desde Bangkok, adonde había llegado junto a sus hijos para recomponer una relación con altibajos. Después de refugiarse en la embajada argentina, pudieron regresar al país.

Por otro lado, el arquero dio su versión: “Gisela puede decir que le pegué, que la tenía secuestrada o que la quise matar, pero yo voy a pedir que le hagan una pericia psicológica porque tiene un gran problema. A eso hay que sumarle que es una fanática religiosa”. En pocas palabras: Echenique podrá ser golpeador, secuestrador, un inseguro arquero pero nunca una estrella de porno.

Saad Matías

Matías Federico Saad (El Turco)

El oportunismo es una de las virtudes más valoradas que puede tener un delantero. Más allá de la técnica, el cabezazo y la velocidad, el hecho de estar siempre a tiempo en el lugar indicado es la cualidad suprema para los que se dedican al trabajo más lindo del mundo: hacer goles. Claro que para que la cosa sea completa, ese oportunismo hay que tenerlo también en otros aspectos. Algo que le faltó a este santafesino de errante camino.

Última mitad de 2001. Argentina se prende fuego. No hay trabajo, hoy hay oportunidades, no hay plata.  La inestabilidad política, económica y social en su máximo esplendor. La cumbia villera, también (?). Bajo ese intenso panorama, muchos eligen emigrar y buscar un futuro en Europa. Pero un joven vive feliz, al parecer ajeno a todo el caos: Matías Saad. Tiene sus motivos, claro que sí: tras pelearla durante años en las inferiores de Unión de Santa Fe, debuta en Primera División. Fue el 28 de octubre, ante Nueva Chicago, cuando ingresó sobre el final del juego por Guillermo Israelevich. Ese año disputó otro partido, totalizando 23 minutos en el césped. Sus chances en el Tatengue se acabaron ahí, ya que al final de la temporada fue dejado libre.

Mientras muchos compatriotas no querían saber nada con pelearla acá, él se arremangó y empezó a lucharla en el ascenso, pensando que una corta estadía en el Nacional B serviría como trampolín a algo mejor. Y no se equivocó: apenas un semestre en Juventud Antoniana fue el paso previo para llegar al Viejo Continente. La buena vida lo esperaba en un país ejemplar: Suiza. Nada podía salir mal, para colmo el destino era el histórico FC Lugano. Pero el cuento de hadas se transformó en uno de terror: el club presentó la quiebra y Saad tuvo que regresar. ¿Oportunismo? ¿Qué era eso?

Su mala puntería a la hora de caer en un equipo lo llevó al espeluznante Nueva Chicago del Apertura 2003, que terminó último. Por lo menos, con los de Mataderos convirtió su único gol en la máxima categoría (frente a Gimnasia) antes de irse al descenso al año siguiente. Con la camiseta del Torito redondeó 18 partidos y ese solitario grito.

Pero el fútbol da revancha rápido. Y él la tuvo: la temporada 2004/05 lo encontró festejando el histórico ascenso a la A de Tiro Federal, aunque como un actor de reparto: alcanzó a aportar 5 goles durante esa campaña. Claro, el titular en su puesto era un inspirado Tito Ramírez.

Su olfato ¿goleador? le jugó otra mala pasada cuando lo hizo deambular por el Nacional B en equipos que zafaron por poco del descenso: CAI (2005/06), San Martín de Tucumán (2006/07) e Instituto (2007/08). En donde no pudo evitar la pérdida de categoría fue en Almagro (2009), aunque antes vio la chance de irse al exterior. Y esta vez no la dejó pasar.

Allá por 2008 se había desatado en España una crisis económica que tuvo al aumento del desempleo como principal consecuencia. Ante esta situación, muchos de los argentinos que habían emigrado unos años antes decidieron volver a su suelo, favorecidos por la recuperación que se experimentaba de este lado del océano. Una vez más, Matías Saad fue en contra de la corriente, y conoció las canchas de la Segunda División B (la tercera categoría española). Casi un trabajo de lavacopas futbolístico (?). El Pontevedra (2009/10) y el Lucena (2010), le sirvieron de plataforma para, inesperadamente, volver a la Primera División de Argentina.

El recién ascendido All Boys (2010/11) cumplió una digna campaña, aunque el Turco poco tuvo que ver: apenas 2 partidos (en total, 14 minutos) le ratificaron que la decisión de regresar a su patria no había sido la acertada. Y que quedarse en el under español era lo mejor que podía hacer. A partir de ahí, Lucena (2011/12), Cacereño (2012/13), La Roda CF (2013/14), Quintanar Rey (desde 2014 hasta 2018) y Peñarroya (2018) le confirmaron lo que todo número 9 tiene que saber: el oportunismo no solo se debe tener dentro del área.

Perugini Marcelo

Marcelo Fabián Perugini (Pocho)

A pesar de tener nombre de coiffeur (?), este porteño nacido el 17 de enero de 1984 decidió dedicarse al fútbol, haciendo divisiones inferiores en Racing, donde llegó hasta la reserva jugando generalmente como volante central. En 2005 fue dejado libre, sin posibilidades de mostrarse más allá de algún caso puntual, como cuando generó cierta simpatía en Ángel Cappa. “Estaba jugando de 4 en un selectivo y le había causado una muy buena impresión. Pero justo tuve una distensión del ligamento interno y estuve dos meses parado. Además, no me dieron la oportunidad porque arriba tenía a Vitali y a Araujo”, contó Perugini, quien comenzó a dar sus primeros pasos en el deporte rentado justamente en la ciudad de origen del hombre al que le escondieron las pelotas: Bahía Blanca.

Fue Villa Mitre, del Torneo Argentino A, quien le dio la chance de mostrarse. “Un dirigente se comunicó con mi representante y me gustó la propuesta. Me convenía en lo económico y, como necesitaban un 5, sentía que podía tener continuidad”, agregó, sin dudar en compararse con un colega de Selección: “Me gusta mucho Fernando Gago y siento que, salvando las distancias, tengo un juego parecido, pese a que también meto.” Como castigo divino por haber sugerido que el marido de Gisela Dulko tenía un témpano en el pecho, Perugini adquiriría la peor característica del mediocampista: su tendencia a hacer un culto de las lesiones.

Antes de eso, alcanzó a jugar en el Nacional B con el Tricolor, para luego marcharse al otro equipo de la ciudad: Olimpo lo cobijó entre 2006 y 2008. En el Aurinegro fue parte del equipazo que subió a la máxima categoría, por lo que Pocho se anotó su segundo ascenso consecutivo. A pesar de su rol secundario (jugó 17 partidos, solo 4 como titular, no marcó goles y recibió una expulsión) mantuvo su lugar en el plantel que disputaría el Campeonato de Primera División 2007/08, en la que dijo presente 7 veces antes de irse por motivos que no quedaron claros. “Me lesioné la rodilla, me operaron y cuando estaba diez puntos Saporiti hablaba bien de mí, me quería en el equipo. De un día para otro me borró y nunca supe por qué. Luego vino Florit, me hizo jugar y agarré continuidad en los partidos finales”. Esos últimos encuentros de la temporada le sirvieron para dos cosas: ver desde adentro los festejos de River en el último título del Burrito Ortega y ayudar a que Olimpo se vaya al descenso.

Perugini se mantuvo en la A, esta vez con otro equipo que volvía a la élite después de varios años en el under: San Martín de Tucumán (2008/09). Su llegada al Jardín de la República fue un mal augurio cuando el vuelo que lo trasladaba llegó con varias horas de demora. “Esto es una locura”, declaró en el aeropuerto. “Hasta extravié una de las valijas durante el trasbordo que hicimos en Santiago del Estero. Tendría que haber salido a las 14.30. Me dijeron que había una demora y que volviese a las 18; eran las 19 y seguía sin poder embarcar. Me fui a comer porque solamente había desayunado. Al final pude hacerlo. Lo único que me deja contento es el estar acá y no veo la hora de sumarme a la pretemporada”.

En fin, su experiencia en el norte fue muy parecida a la anterior: 11 partidos, lesión, encontronazo con el DT, descenso y salida de la institución. “Jugué, hice un gol… Pero después surgieron problemas con el técnico (Carlos Roldán) y quedé marginado. Cuando recuperaba un lugar me afectó una pubialgia y recién pude volver en los partidos finales. No me considero un jugador conflictivo, pero sí uno que dice lo que piensa. Siempre soy respetuoso y no hablo cuando se trata de una razón futbolística. Pero si hay algo raro y me molesta lo voy a decir. Seguramente, en los dos casos, no habré sido del gusto de los técnicos”.

Bajar de golpe dos categorías fue un indicador de que sus mejores días habían pasado. Aunque su regreso a Villa Mitre (2009) para jugar el Torneo Argentino A lo esperanzaba, no pudo remontar su carrera, a la que todavía le faltaban varios tropezones más.

A un incomprobable paso por el Pierikos de Grecia (2011/12) le siguió una pésima temporada en Defensores de Belgrano (2012/13): el equipo terminó anteúltimo, solo un punto arriba del descendido Central Córdoba. Por lo menos, ese año le sirvió para editar un video de 14 minutos donde se lo ve raspando y dando pases a los costados.

En 2013/14 conoció un nuevo torneo, el Argentino B, con el siempre candidato Sarmiento (Resistencia). “Vine para lograr el único objetivo, que es el ascenso, y esperemos lograrlo”, declaró al llegar. ¿Cómo le fue al conjunto chaqueño? Quedó afuera en la primera fase, siendo superados por equipos como Deportivo Fontana y Resistencia Central. Por lo menos no descendió, aunque estuvo cerca: la categoría se sostuvo gracias a una victoria frente a Atlético Laguna Blanca en la última fecha.

Insistente, probó suerte en Bolivia, con el Aurora (2014). No la tuvo: en su quinto partido en el club de Cochabamba sufrió una triple fractura en el pie izquierdo que lo mantuvo unos meses afuera de las canchas. En plena decadencia, acusó un fantasmal paso por Comunicaciones (2015) antes de encontrarse con un técnico que lo quisiera, lo entendiera y lo respetase: Mauro Laspada. El aguerrido ex defensor lo tuvo a su cargo en Sansinera (2016) y Deportivo Roca (2016). Por lo menos, con este DT no se peleó. Y si así hubiese sido, pobre de él.

Civit Martín

Martín Alejandro Civit

El tiempo es un flujo inconstante, increíble y paradójico. O mejor dicho es inconstante, increíble y paradójico lo que hace con todos nosotros mientras estamos sumergidos bajo su tirano rigor unidireccional. En mi caso particular, lo que me genera mayor perplejo y asombro es lo que hizo con algunos de mis sueños o anhelos… Para ser más específico y por haber crecido rodeado de ejemplares de El Gráfico, trasmisiones deportivas y potenciales futbolistas, lo que hizo con uno de mis deseos primarios: el de ser periodista deportivo profesional.

Probablemente, lo que me movilizó en primer término deben haber sido las ganas de entrar a todas las canchas fácil y sin pagar. O el estar cerca y hacerles preguntas a mis héroes de la infancia. El Diego, El Manteca, El Burrito, y muchos, muchos más. Encima, al ser testigo del surgimiento tanto del primer canal especializado como de la fundación del primer diario deportivo, sentía que ser colega de Gonzalo Bonadeo, Fernando Niembro o Marcelo Araujo era la madre de todas las realizaciones personales. No era el único. Muchos de mi generación tenían el mismo sentir, aunque luego se decantaron por un laburo en serio (?).

¿Qué hace un periodista deportivo en la vida real? ¿Jetonea en la tele contra otros colegas, todos al borde de la histeria y del ataque al corazón, por una ínfima jugada en el primer tiempo? ¿Es un nexo para una transacción económica? ¿Es un actor necesario para inflar una transacción económica? ¿Es un tipo que muestra memes? ¿Es un señor que se sabe la formación de Checoslovaquia del 62? ¿Un hombre que habla y se cree palabra autorizada por sobre las demás, pero que en realidad solo fue hábil para estar donde sentía que tenía que estar gracias a nexos políticos y con el poder?

Hoy por hoy, no hay uno solo de aquellos pibes con los que compartía el deseo de la vocación, ya todos convertidos en hombres, al que no le escuche algún: “como le pegaría a Liberman”, “qué asco que me da Martín Arevalo”, “Lo veo a Azzaro y me dan ganas de vomitar” y así sobre casi todos estos sujetos de omnisciente accionar cotidiano. Pero, viejo ¿ustedes no querían ser uno de ellos? Por supuesto, el tiempo y solo el tiempo hizo lo que siempre. Sabiduría.

En mi caso, aún siento que la parte primordial de ser periodista deportivo es la de contar historias. Tampoco se necesita tanto para eso, claro. Y en ello tampoco hay ninguna realización personal. De hecho, ni siquiera soy periodista deportivo. Es más, ahora también los aborrezco. Pero se puede agarrar alguna foto, un par de datos, hacer de cuenta que nunca pasó el tiempo y jugar a que amo una profesión que nunca conocí.

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Recibimos el diploma en la Escuela de Periodismo Deportivo, le damos un beso a mamá y a papá, nos despedimos para siempre de los forros con los que cursamos durante tres años y, ansiosos por complacer a nuestros nuevos jefes, tomamos un nombre al azar para desarrollar nuestra historia.

En este caso, Martín Civit (25/09/1985), un mediocampista surgido en Arsenal de Sarandí que ingresó en un partido contra Vélez (caída 1 a 0) en el Apertura 2005. Apoyamos nuestro texto, que puede poseer severas faltas de ortografía, que total algún gil va a corregir, con alguna imagen tomada de internet. Total, Siglo XXI, papá.

Conocemos algo de fama repentina, un poco de guita, las minas nos miran distinto y, por compromiso, ponemos que Civit jugó 23 minutos contra San Lorenzo (2 a 2) en el Apertura 2006. Nos damos cuenta que nuestro protagonista participó de 23 minutos contra Boca Juniors (derrota 3 a 1) por el Clausura 2008 y que así se despidió de Primera División, pero no le damos mucha bola porque acaecieron los primeros cachetazos: un colega veterano nos dejó en ridículo al aire; nos apretaron por “decir giladas de tal club” y a ciertos protagonistas les parezco un salame. Apechugo y vivo a la defensiva. Esto no puede volver a pasar…

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Apoyamos la historia con otra imagen robada: Civit estuvo durante el último semestre de 2008 en el Alajuelense de Costa Rica, pero lo fueron rápido porque no se adaptó al club. Todo esto me chupa un huevo, porque no me cabe que me bardeen en las redes sociales. La exposición trae un montón de problemas que siempre sentí que iban a ser del otro. No míos.

Hacen referencia maliciosa a mi cara, a mi cuerpo o el de mis familiares. Se meten con mi novia. Con la ropa que usamos. Yo nunca hago eso. Solo hablo de los jugadores en la cancha, nomás. A no ser que anden en la joda. En los boliches, con gatos. Ellos se tienen que preparar para la alta exposición, no yo… Yo apenas soy un simple periodista. Voy a prepararme para devolver siempre la piña, porque esta se ve que es una carrera que no otorga prestigio. Nadie lo tiene ni lo tendrá por unanimidad. Ira.

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Sacamos otra imagen de la web y caemos en cuenta que, tras seis meses en la nada, a mediados de 2009 Martín Civit se fue al Inter Turku de Finlandia y que así metió el ambicionado pase a Europa, al menos por seis meses. Ambición… Ambición… A veces pienso que la ambición me llevó a convertirme en este grotesco que la gente piensa que soy. Ellos no me conocen y hablan. Hubiera sido mejor una radio zonal o un programa partidario. Algo chico y seguro, vender publicidad. Pero no, acá estamos y cualquiera se arroga el derecho a insultarme. Será culpa de mi ambición. ¿Qué? ¿Es malo tenerla?

Martín Civit pasó otros seis meses desocupado y a mitad de 2010 se unió a Comunicaciones de Primera B (2010/12). Después pasó a Talleres de Remedios de Escalada de Primera C (2012/16) y a ahí se retiró. Y hablando de retirarse, estoy pensando severamente irme hacía el lado de las operaciones periodísticas o el de la representación de jugadores. Este sueño infantil no es lo que se creía y cansa. O tal vez me vuelque al periodismo político. Eso tal vez me otorgue más prestigio, libertad o espacios de poder. Irme del estadio puteado por padres e hijos me cansó.

Además, al pasar me entero que a mediados de 2017 Martín Civit regresó al fútbol en Ferrocarril Midland de Primera C. Y yo la verdad ya no tengo ni ganas ni tiempo como para perder con un futbolista cualquiera que es mucho más chico que yo. Y que encima en cada entrevista cuenta con orgullo que es periodista deportivo recibido…

Y el tiempo sigue pasando.

Viola Ezequiel

Ezequiel Héctor Viola (Equi / Toto)

La noticia nos impactó a todos y enseguida relacionamos a nuestro protagonista con Luis Islas. Y no solo por el apellido (?), sino porque desde la aparición del querido Luichi no veíamos a un arquero adolescente formando parte de un plantel de Primera División. Y con altas chances de jugar, eh. No para cebarle mates a vetustos defensores casi cuarentones o para instalarle aplicaciones a los gerontes del cuerpo técnico. Para atajar, viejo. Esto sucedió con Ezequiel Viola (01/09/1987) de Olimpo de Bahía Blanca durante el Apertura 2004, por una iluminación de Jota Jota López a quien, en esta ocasión, nadie amenazó ni obligó para poner a los juveniles del club sino que lo hizo por convicción propia. Igual, todo terminó en descenso. También.

Con 16 tiernos abriles, el chico Viola se destacó en los amistosos de la pretemporada y era una fija para pelear palmo a palmo contra Nicolás Cambiasso por el puesto que había dejado vacante Jorge Vivaldo tras su inolvidable incursión por Boca TV. La llegada de Julio César Gaona y la inspirada idea del entrenador de no quemarlo con una defensa en la que vegetaban Mauro Laspada, Satanás Páez, El Chispa Cogliandro, Luis Asprilla, José Luis Vallenilla, Diego Trotta y Facundo Imboden lo relegaron hacía el tercer lugar en consideración. Sin embargo, una lesión del portero titular provocó que El Equi, o mejor dicho un apoderado legal, firmase una planilla del fútbol grande de AFA. De más está decir que ya contaba con apesadumbrados 17 años (?).

En las jornadas 5, 6 y 7 de aquel torneo, el juvenil se sentó en el banco de suplentes y vio como el hermano del Cuchu atajaba en dos derrotas (Independiente y Vélez) y en una victoria (Rosario Central); todas por la mínima. El condenado paso errante del equipo bahiense llevaron al arquero durante los siguientes dos años hacia un lugar más seguro, tranquilo y acorde con su edad: las discotecas. Y también a defender la portería del Aurinegro pero solo en la Primera local.

Con casi dos décadas de vida y ansioso por ver algo de acción, El Equi Viola se marchó cedido a préstamo a dos equipos regionales: Olimpo de Tres Arroyos (2007) y Libertad de Bahía Blanca (primer semestre de 2008). Luego tuvo su primer regreso al Carminatti (2008 a 2013) para más de lo mismo: atajar en reserva y en la Liga de la ciudad. Ojo, que igual metió 15 suplencias del binomio Laureano Tombolini – Matías Ibáñez en la Temporada 2011/12 de Primera División.

A mediados de 2013, Mauro Laspada, ahora devenido en entrenador de Juventud Antoniana, se acordó de la ex promesa juvenil y lo llevó a su equipo, donde pudo meter 18 partidos del Argentino A. ¿Y luego? ¿Qué quedaba? Por supuesto, una nueva y de momento cúlmine etapa en Olimpo (2014 a 2016), donde 11 años después de su adolescente incursión por el banco de suplentes, al fin se alinearon los planetas y pudo debutar en Primera División.

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La historia dice que el 12 de septiembre de 2015, por la fecha 24 de aquel inolvidable primer Torneo de 30, Nereo Champagne salió lesionado en el entretiempo del encuentro frente a Sarmiento (1 a 0) y le dio la posibilidad de sacarse las ganas a Viola quien, a sus 28 años y paradójicamente a como comenzó su carrera, en ese momento era el jugador más veterano en debutar en un primer equipo de todos los planteles participantes. Además, claro, se dio el lujo de hacerlo en “La Jornada de los Clásicos”, que desde siempre, lógicamente, empareja al Aurinegro de Bahía con El Verde de Junín ¿o no?

Arsenal (derrota 2 a 1), Godoy Cruz (victoria 1 a 0), Gimnasia de La Plata (empate 2 a 2) y San Lorenzo (triunfo 2 a 1) fueron los siguientes encuentros de Olimpo, los cuales tuvieron a Ezequiel Viola parado en la portería. Por supuesto, aquellos fueron los únicos cinco partidos de nuestro protagonista en Primera División. A mediados de 2016 y aunque todavía le quedaban dos años más de contrato, la dirigencia sorpresivamente le rescindió el vinculo; momento desde el cual el ahora treintañero Equi defiende la valla de Gimnasia y Esgrima de Mendoza, en el Argentino A.

Si tenemos ganas de pensarlo y por tratarse de un arquero, todavía es joven como para revertirla y reaparecer en Primera División. O tal vez en el Nacional B, ¿no? Ya sea en Olimpo de Bahía Blanca o en cualquier otro equipo, claro. Y por supuesto, nosotros nos vamos a tragar todas las palabras escritas y vamos a corresponder con el merecidísimo indulto… O por ahí nos hacemos los boludos. Total, si lo hacemos con la obra de Woody Allen, Roberto Pettinato o Gustavo Cordera, ¿por qué no vamos a mirar para otro costado con lo que suceda con este Viola?

Klimowicz Nicolás

Nicolás Daniel Klimowicz (El Granaderito)

A ver, estimados lectores. Si hablamos de dinastías que han marcado a fuego a ciertos clubes de nuestro fútbol, rápidamente se nos vienen a la cabeza algunas cuantas insignes. Todas cargadas de épica. La primera, sin lugar a dudas, es la de Estudiantes de La Plata, en donde las leyendas Juan Ramón y Juan Sebastián más el baldosero Iani son la fórmula perfecta para entender la particular filosofía Pincha.

River Plate es otro caso testigo con ese prócer llamado Ramón Díaz y sus baldoseros hijos Emiliano y Michael, los cuales, en conjunto, acaparan 40 años de historia Millonaria junto a otros descendientes políticos del riojano como Fernando Cavenaghi, La Gata Fernández, El Malevo Ferreyra y El Rayo Menseguez; y en donde no hay que obviar, como parte de la parentela, al Viejo Labruna y a su aún no posteado hijo Omar; hoy distanciados como esos hermanos que están 20 años sin hablarse por los dilemas que acarreó la sucesión del terreno del nono muerto. De Vélez Sársfield, con los Asad (Jorge, Omar y Yamil) también tenemos mucho como para ejemplificar. ¿Y en Arsenal con los Grondona? Podemos hacer una enciclopedia.

Como dijimos antes, estamos hablando de dinastías, no de parejas, tríos o cuartetos de hermanos. Sino de diversas generaciones familiares que son sinónimos inequívocos de un club, por alguna razón u otra. Si tenemos ganas de mirar al futuro, y nadie que haya pasado los treinta las tiene, en el horizonte, además de los Moyano en Independiente Mc Allister en Argentinos Juniors, se diversa la caucásica y cordobesa figura de los Klimowicz.

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Nos subimos al Delorean y hacemos algo de historia rápida: Diego Klimowicz, apodado El Granadero, fue un delantero que surgió en el ascenso con la camiseta de Instituto, allá por mediados de los noventa. Alto, potente, con técnica, era un atacante sobre el cual había decisión unánime: le gustaba a todos. Fue transferido a España, en donde jugó en gran nivel en clubes menores, y luego regresó al país para romperla con la camiseta de Lanús.

En El Grana, además de sus goles, marcó un importante hito: en una ocasión su técnico, El Bambino Veira, lo reprimió con un inovidable: “¡Klimowicz! ¡Con el Corazón!” y El Granadero le contestó con un no menos memorable: “¡Entrá a jugar vos, la reconcha de tu hermana!”. Bielsa coqueteó con convocarlo a la Selección. No lo hizo. Pasó a Alemania, en donde hizo historia con Wolfsburgo y también se puso las casacas de Borussia Dortmund y Bochum. La Selección de Polonia quiso nacionalizarlo para que en el Mundial 2002 haga dupla con el nigeriano Olisadebe. El chabón no aceptó. La Selección de Ucrania quiso nacionalizarlo para que en el Mundial 2006 haga dupla con Shevchenko. El chabón no aceptó. En 2011 retornó a Instituto, en donde finalmente se retiró.

La dinastía continúa con Javier Klimowicz, el hermano arquero del Granadero. Nació en 1977 y debutó y ascendió como suplente con La Gloria en 1999. En Primera solo llegó a ser relevo de Roberto Cabrera. Estuvo allí hasta 2001 y luego pasó al Oriente Petrolero de Bolivia. Cuando parecía que su carrera iba a adornar este sitio web, el portero metió en 2004 un pase a Ecuador que hasta lo llevó hasta a ser convocado a la Selección bananera. Aceptó con las dos manos. Se rompió antes de un partido crucial contra Brasil y no clasificó a Sudáfrica 2010. Se retiró en su patria adoptiva en el 2016.

Adelantamos el auto (?) hasta nuestros días y nos referimos al enganche Mateo Klimowicz, el hijo del Granadero, quien ya debutó en la Primera de Instituto y es señalado como la mayor promesa surgida de las entrañas del ascenso desde el surgimiento de Paulo Dybala. Además, es una fija para Jorge Sampaoli como sparring de la Selección Mayor: Pero eso no es todo, en las categorías menores del club cordobés pululan miles de Klimowicz que se las traen: otros hijos, primos, primos segundos, posibles yernos (?). Esto, de seguro, no se termina acá…

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Pero claro, nos olvidamos de algo… Toda familia o dinastía que se precie de tal debe tener, condición sine qua non, un integrante vital: la oveja negra. Y por supuesto, los Klimowicz no son la excepción. Así que, damas y caballeros y porque no lactantes, apuntes sus reflectores hacía el centro del escenario que aquí está con todos nosotros, a la sombra de sus hermanos Diego y Javier y por primera vez en la Argentina (?): el baldosero delantero Nicolás…

Nacido en Córdoba Capital -como marca el linaje- el 22 de abril de 1985, el espectro de su existencia sobrevoló, durante la mitad inicial de la primera década de este siglo, cada transmisión que involucrase a Instituto: “En inferiores, Víctor Hugo, hay otro Klimowicz que la rompe. Es el hermano del Granadero”; “A mi perdóneme, Fabbri, pero pongo todas mis fichas en Nicolás Klimowicz, a quien vimos jugar hoy en Reserva”; “En mi Córdoba hay otro pingazo, el gringuito Klimowicz. La va a descoser, gaucho”. Sin embargo, pese a las predicciones de Román Iutch, Walter Nelson y Elio Rossi, pasaban los años y el pibe seguía sin hacer su presentación en la elite.

Finalmente y como pasa periódicamente, a mediados de 2006 La Gloria descendió. Fue así, claro, como llegó a la última jornada de aquel Clausura. Y para despedirse de Primera División se dispuso que el encuentro culmine, frente a Vélez como locales, lo jugasen los pibes del club más algún que otro “foráneo” que iría a permanecer durante el periplo en el Nacional B. Y allí el prometedor Nico Klimowicz ocupó un lugar en el banco de suplentes.

Cómo bálsamo para su deprimida gente, a los 78 minutos Instituto se puso en ventaja con un tanto del futuro baldosero Marcelo Moreno. Envalentonados con ese placebo, el cuerpo técnico quemó dos cambios con los ingresos de los futuros baldoseros Joaquín Lencinas y Benito Montalvo.

Y ahora, por supuesto, viene el momento fatídico, el que marcó la carrera, el que canonizó en baldosa a nuestro homenajeado: con Nico dispuesto a ingresar al costado del campo y con la dinastía Klimowicz abrazada y rebosante de alegría en la platea al igual que los Palermo cuando El Loco entró frente a Grecia, el futuro baldosero Franco Turus se convirtió un gol en contra boludísimo a los 94 minutos e impidió que algún Klimowicz jugase algún minuto en Primera División con la camiseta de La Gloria. Porque si nadie aún no se dio cuenta, ni los “granaderos de hoy” ni los “granaderos de ayer” aún lo han hecho…

Nicolás Klimowicz continuó dos años más en Instituto y apenas pudo meter algunos minutos en un partido del Nacional B. Aunque, eso sí, su figura se pudo ver en ciertos cotejos de la Liga local. Finalmente, El Granaderito se retiró ya que se dio cuenta que nunca iba a ser utilizado y que los dirigentes jamás le iban a dar el pase libre para no generar malestar en una de las familias más representativas de La Gloria.

A partir de ese momento, se desconoce el paradero de nuestro homenajeado. Nosotros, preferimos recordarlo con esta última foto. No porque tengamos ganas de verlo, no, para nada. Sino porque ahí al fondo hay una camiseta de lo más grossa con la publicidad de Tru-la-lá… Y si viejo, si de ahí salieron Gary y Jean Carlos, Tru-la-lá es la única dinastía que está bien en este planeta…

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Di Gregorio Matías

Matías Gabriel Di Gregorio (El Tanito)

Exponente de la prestigiosa academia de Pepé “saqué puros jugadores ni siquiera medio pelo, pero se me perdona todo porque toda la vida fui un geronte y porque edifiqué a los arqueros Ustari, Assmann, Gabbarini, Ruso Rodríguez, Dibu Martínez y decí que dos Molina se me fueron al cielo” Santoro, El Tanito Di Gregorio pasó por la Primera de Independiente de Avellaneda como aquel pibe que concurrió durante muchos años a la discoteca pero que sus amigos pueden contar con los dedos de una mano las veces que se tranzaron una mina.

Lateral izquierdo nacido el 4 de junio de 1986, Matías Di Gregorio se benefició por que el antes mencionado Santoro depuró tanto a Juan Eluchans como a Sergio Escudero y le dio la chance de debutar como titular en la última jornada del Clausura ´07, cuando vencieron por 3 a 1 a Gimnasia de Jujuy en La Tacita de Plata y de paso vengaron lo que había ocurrido en la rueda anterior, cuando los norteños se llevaron el triunfo en el último partido oficial disputado en la vieja y querida Doble Visera de Cemento.

Al siguiente torneo y ya con Pedro Troglio como entrenador, El Tanito fue titular en la primera jornada, cuando derrotaron por 5 a 3 a Lanús en un recordado y vertiginoso encuentro que catalogó a los Rojos como serios aspirantes al título. Lamentablemente para él, la llegada de Lucas Mareque desde Portugal lo mandó a convivir con el banco de suplentes y solo pudo disputar otros dos encuentros. Ah, aquel Independiente candidato de Peter se autodestruyó, poco antes del final del campeonato, peor que los sobres de Misión Imposible.

Una lesión y una suspensión por amarillas de Mareque le permitieron a nuestro homenajeado jugar dos partidos del Clausura ’08. En el primero tuvo su momento de gloria cuando convirtió el segundo tanto a Gimnasia de La Plata para la victoria final por 3 a 1. En el segundo de ellos, contra Huracán, se lesionó y tuvo que ser reemplazado en el entretiempo. Ya casi sin chances de mostrarse en el primer equipo, al menos fue una de las figuras de Independiente en aquella siempre presente (?) gira por Canadá.

Su despedida de Primera División se dio en la última fecha del Apertura ’08, cuando otra vez Pepé Santoro se acordó de él y le dio la titularidad en la derrota por 2 a 1 frente a Arsenal como locales (en el estadio de Racing). Esa tarde, Di Gregorio estuvo en la cueva junto a Mariano Viola, Emanuel Bocchino y Ángel Puertas y se fue fuertemente puteado por la poca gente que concurrió al espectáculo, quienes responsabilizaron a quince juveniles del club que poco tenían que ver con aquel decimoctavo puesto final; campaña, claro, que no está tan en el candelero porque en aquel campeonato River Plate salió último (y Boca campeón).

En el verano de 2009, Di Gregorio le convirtió un tanto a River en complicidad con el Indio Vega en Salta, pero no tuvo espacio por los puntos. Luego, pasó a préstamo hacía un lugar en donde su ¿baldosero? padre es recordado casi como una leyenda: Quilmes del Nacional B (2009 a 2011), donde debutó con un gol de tire libre y estaba llamado a emular a su progenitor, al menos desde el afecto.

Por diferentes lesiones, El Tanito solo pudo disputar 14 encuentros en aquella campaña que terminó en ascenso y una vez en Primera y debido a su endeblez física, nuestro homenajeado apenas fue al banco de suplentes en un partido contra Newell’s por el Clausura 2011 (que terminó en descenso para aquel Cervecero de Caruso Lombardi).

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Para el Apertura ’11, Di Gregorio consiguió mantenerse en otro equipo de la máxima categoría: Atlético de Rafaela, pero durante ese semestre apenas pudo mostrarse un poco en la Reserva. Durante el año 2012, El Tanito reforzó a Tres de Febrero de Ciudad del Este de la Segunda División de Paraguay y en 2013 regresó a Independiente pero solo para estar colgado. Su último paso por el fútbol más o menos serio fue el semestre que pasó en Naval de Talcahuano de la Segunda de Chile (2014), equipo que fue condenado a bajar a Tercera en los escritorios por adulterar documentación inherente al pago de sus futbolistas. Toda la suerte, Di Gregorio, toda…

En noviembre de 2014, luego de algunos meses inactivo, nuestro homenajeado se sumó al Atlético de Pinto del inframundo español; equipo del cual se desvinculó en los primeros días del 2015. Si, apenas dos meses después de su llegada. Y ese, claro, fue el punto final para su carrera. Sin embargo, el viaje a la Madre Patria no fue tan infructuoso ya que desde ese momento Matías Di Gregorio vive y trabaja en aquel país del Viejo Continente. A lápiz levantado (?), debe ser el jugador de campo descubierto por Pepé Santoro que más tiempo duró en Europa.

 

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Gastón Amadeo Rossi (El Tano)

Pegarse una gira en Estados Unidos, el sueño de Ricardo Fort cualquier fisura cualquiera, puede convertirse en una pesadilla. Y no hablamos de la política migratoria de Donald Trump, que mientras transcurría esta historia probablemente ni soñaba con la posibilidad de ser presidente de uno de los países más ricos del planeta.

En el Clausura 2010, mientras Boca Juniors se arrastraba en la cancha, sus dirigentes hacían lo mismo, pero para sumar algunos billetes verdes. Así que ni dudaron en agarrar viaje cuando les ofrecieron ir al norte del continente para enfrentar en poco menos de una semana a Los Ángeles Galaxy, Seattle Sounders y Portland Timbers, tres animadores de la siempre prometedora MLS.

A fines de mayo, mientras en Buenos Aires presentaban a Claudio Borghi como nuevo entrenador, el interino Roberto Pompei hacía lo que podía con los jugadores que habían protagonizado un verdadero papelón durante el último semestre y algunos pibes que sumaban sus primeros minutos, como Nicolás Colazo, Nicolás Blandi, Orlando Gaona Lugo, David Achucarro y Gastón Rossi, nuestro homenajeado del día.

Volante por derecha, nacido en enero de 1990 en General Villegas, pero criado en Tres Algarrobos (provincia de Buenos Aires), Rossi había llegado al Xeneize a los 14 años y se presentaba como una de las promesas más interesantes de las divisiones inferiores, donde se destacó también por bancarse las jodas del Pichi Erbes: “Les tengo pánico a los sapos. Entonces él me los metía en los botines y me los revoleaba en la espalda. Se morían todos de risa menos yo”, relató alguna vez.

En 2009, Alfio Basile, no muy adepto a la idea de promover juveniles, lo había hecho concentrar -con Colazo y Erbes- de cara al duelo ante Estudiantes de La Plata por el Apertura. “Soy un volante con ida y vuelta, con mucho huevo. Cuando hay que jugar, juego; cuando hay que meter, meto. Uno de mis referentes es Seba Battaglia, un guerrero adentro de la cancha y uno de los mejores”, se presentaba. Había que seguirlo de cerca.

Quizás por eso no sorprendió que fuera de la partida en el debut en el Home Depot Center de LA (léase el-ei) frente al Galaxy. Esa tarde, Tito mandó a la cancha a Javier García; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, Breyner Bonilla y Luciano Monzón; Rossi, Jesús Méndez, Cristian Erbes y Matías Giménez; Pablo Mouche y Lucas Viatri. Luego ingresaron Sergio Araujo, Orlando Gaona Lugo, Nicolás Colazo y Nicolás Blandi por Méndez, Mouche, Giménez y Bonilla, respectivamente. En un encuentro muy malo, Boca perdió sobre la hora por una serie de errores defensivos. Nada nuevo.

Unos días después, en la tierra del grunge, volvió a ser titular ante el Seattle Sounders. En un estadio repleto, el conjunto argentino deprimió a unos pocos propios y unos cuantos extraños. La formación fue Javier García; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, Gastón Sauro y Leandro Aguirre; Rossi, Jesús Méndez, Luciano Monzón y Cristian Erbes; Pablo Mouche y Lucas Viatri. Frente a un rival, a priori, más débil que el Galaxy, los de Pompei recibieron un cachetazo: 0-3. Para colmo, con el 0-2 parcial, Rossi pagó los platos rotos. A los 67 minutos le dejó su lugar a Araujo.

Ya para cumplir, en el PGE Park de Portland, Boca salió a la cancha con Josué Ayala; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, David Achucarro y Luciano Monzón; Cristian Erbes, Jesús Méndez, Nicolás Colazo y Matías Giménez; Pablo Mouche y Lucas Viatri. La mano arrancó torcida por el gol de Ryan Pore, pero en el inicio del segundo tiempo los de azul y amarillo supieron darlo vuelta con tantos de Giménez y Blandi.

Pero bueno, una gira por Estados Unidos puede ser una pesadilla. Y Timbers lo ganó gracias a Stephen Keel y Rodrigo López (nada que ver con el ex Vélez y Estudiantes LP) que, sobre la hora y de tiro libre, puso el 3 a 2 final. ¿Rossi? Ingresó a los 51 minutos (entre el empate y el 2-1) y terminó amonestado.

Consciente de que actuar por los puntos iba a ser prácticamente imposible, en el verano de 2011 el Tano se fue a préstamo al Partizan de Serbia junto a otro pibe de las inferiores: Leandro Kuszko. Todo marchaba bien hasta que cuando llegaron les dijeron que primero tenían que pasar una prueba. No estuvieron a la altura y se tuvieron que volver. Al regreso, fue parte del plantel subcampeón de la Copa Libertadores Sub 20. Incluso, marcó el gol del empate parcial en la final ante Universitario de Perú.

Desde entonces, el fútbol de los sábados se convirtió en su refugio. Chacarita (2011/12) y Patronato de Paraná (2012 a 2014) le dieron cierta continuidad en la B Nacional, pero no pudieron evitar la caída a la B Metropolitana, donde lo recibió Almirante Brown (2014/15).

Una breve experiencia en Sportivo Patria de Formosa (2016/17) en el Federal A fue el paso previo a pegar la vuelta a casa. Desde 2017 defiende los colores del Club Social y Deportivo (más conocido como Sport) de Tres Algarrobos en la Liga del Oeste, el lugar donde siempre quiso estar.