Redondo Solari Fernando

Fernando Redondo Solari

Nieto de Jorge y primo de Augusto Solari, el hijo mayor del Principito nació en septiembre de 1994, cuando su padre comenzaba a convertirse en una leyenda del Real Madrid. Fue justamente en la Casa Blanca donde dio sus primeros pasos con la número 5 bajo la suela. De regreso en Argentina, estuvo en las divisiones inferiores de Argentinos Juniors y All Boys, y luego recaló en Tigre.

Cuando parecía que estaba a punto de dar el salto a la máxima categoría, una lesión en los ligamentos cruzados le frenó el envión. Ya recuperado, en el invierno de 2012, el Vasco Rodolfo Arruabarrena lo convocó a su primera pretemporada con los profesionales, a la par de otras promesas del Matador de Victoria, como Cristian Bordacahar, Joaquín Arzura, Alexis Castro, Lucas Janson y Demian Garzo, entre otros.

“Es inevitable la comparación con mi viejo, pero lo llevo bien”, decía ante los medios en sus primeras declaraciones públicas. “Me gusta tener la pelota e intentar jugar, pero también sé que hay que saber marcar. Disfruto cuando tengo la pelota. Ahora estoy jugando de doble cinco adelantado, de enganche, me gusta ir para adelante”, agregaba.

Habitué de la Reserva, tuvieron que pasar varios años para que el heredero viera acción de manera oficial. Mauro Camoranesi lo llevó al banco de suplentes en la primera fecha del Torneo de Transición 2016, justamente ante Argentinos Juniors, pero fue el interino Fabián Castro el que lo hizo debutar, el 21 de marzo, ante Newell’s Old Boys.

Esa noche, Tigre ganaba 3 a 0 y en cuestión de minutos la Lepra consiguió el empate. En ese contexto adverso, Fernando Redondo Solari reemplazó a Ezequiel Cirigliano y disputó sus únicos 18 minutos en la máxima categoría.

Un puñado de meses después, en octubre de 2016, un golpe en un partido de Reserva ante Unión de Santa Fe encendió todas las alarmas. Días más tarde, se confirmó lo peor: se había roto los ligamentos cruzados de la otra rodilla.

Con apenas 22 años y el mandato familiar cumplido, el mayor de los Redondo dijo “no va más”, colgó los botines y comenzó a estudiar Administración de Empresas.

Reichel Martín

Martín Reichel

Delantero que pasó la mayor parte de su vida deportiva en Alemania, alcanzando su plenitud entre los últimos años del Siglo XX y los primeros del Siglo XXI. Disputó varios Mundiales y fue convocado a un Juego Olímpico. En su país, es considerado uno de los mejores de la historia en su posición.

¿Acaso esa descripción corresponde a Martín Reichel? Casi: es el mismo nombre, pero sin tilde: Martin Reichel. Así se llama un laureado jugador de hockey sobre hielo alemán. Su tocayo argentino tuvo menos éxito en el deporte, a pesar de haber recibido la bendición de Gustavo Alfaro.

Este momento se produjo el 17 de junio de 2007, cuando vistiendo la camiseta de Arsenal ingresó por Javier Gandolfi en un duelo ante Estudiantes. Aquel partido, por la última fecha del Torneo Clausura, finalizó empatado. Esta igualdad clasificó a los de Sarandí a la Copa Sudamericana que ganarían unos meses más tarde.

Sin embargo, Reichel, que habitualmente jugaba como marcador de punta, no se pudo colgar esa medalla: fue confinado a la reserva hasta que quedó libre en 2010, año en el que regresó a su Gualeguaychú natal para sumarse a Juventud Unida.

Allí disputó el Torneo Argentino B y formó parte del plantel que consiguió el ascenso en 2013, aunque a esa altura su participación era cada vez menor debido a las lesiones, algo que lo llevó a colgar los botines.

¿Lo más destacado en su paso por el under del interior? Haber participado de una hermosa batalla campal frente a Argentinos de 25 de Mayo, en 2011.

Aquella gresca terminó con más de 20 jugadores sancionados, entre ellos Reichel, a quien le correspondieron 4 fechas de suspensión. Riñas como estas suelen verse en… el hockey sobre hielo. El destino ya estaba escrito: Martín Reichel y Martin Reichel, separados al nacer.

Castagno Dino

Dino Miguel Castagno

El 13 de enero de 2013, Boca Juniors jugaba su primer partido del año. Se trataba de un amistoso ante Racing, en Mar del Plata. En ese momento, la trascendencia del partido era mayor a la de cualquier otro encuentro veraniego. Es que Carlos Bianchi regresaba al Xeneize, iniciando su tercer ciclo. Además, se aprovechaba el revuelo (?) para presentar una polémica camiseta violeta.

Como la pretemporada recién se ponía en marcha, y faltaban pocos días para enfrentar a River, el Virrey mandó a la cancha a una mezcla de los habituales suplentes y algunos juveniles. Entre ellos, aparecía Dino Castagno. Seguramente, hubiese sido menos riesgoso dedicarse a las apuestas online que jugársela con un chico que no estaba en los planes de nadie, pero el DT tenía espalda para tomar estas decisiones.

Defensor oriundo de Pozo del Molle, Córdoba, a los 19 años hizo su estreno no oficial de esta manera, en la caída por 2 a 1 ante La Academia. Luego de disputar esos 90 minutos, el joven compartió su experiencia: “para mí es inesperado. Jugué cuatro partidos en Reserva, nada más”.

Tiago Casasola, Sebastián Palacios, Dino Castagno y Nahuel Zárate. Premteporada de Boca, enero de 2013.
Tiago Casasola, Sebastián Palacios, Castagno y Nahuel Zárate. Pretemporada de Boca, enero de 2013.

¿Por qué fue tan meteórico el ascenso de este chico al plantel de Primera División? ¿El entrenador lo conocía de antes? Bueno, es probable que tuviera referencias previas. Sobre todo, teniendo en cuenta que el representante del jugador era Mauro Bianchi, su hijo. Una pequeña ventaja sobre el resto.

Finalmente, su debut por los puntos se produjo el 26/05/2013, cuando ingresó en lugar de Lucas Viatri en una derrota por 4 a 0 frente a Newell’s.

Recién en el Torneo Final 2014 tuvo su segunda y última oportunidad, siendo parte de los once iniciales que enfrentaron a Gimnasia, en La Plata. Por la 19ª fecha de ese certamen, Boca salió a jugar con Grana, Chiqui Pérez, Bravo, Castagno, Emanuel Insúa y Trípodi (parados); Colazo, Riaño, Cubas, Luciano Acosta y Sanchez Miño (agachados). Insólitamente, el Xenieze ganó y se quedó con un inesperado subcampeonato.

Antes y después, este zaguero solo sumó presentaciones en la Reserva, donde incluso llegó a ser capitán. En 2015, sin lugar en el club, se marchó a Guillermo Brown de Puerto Madryn.

“Me fui con la ilusión de poder sumar la mayor cantidad de minutos y empezar a hacerme un nombre”, comentó Castagno. “Pero tuve la mala fortuna de lesionarme a los 3 meses, sufriendo fue una lesión bastante jodida. A partir de ese momento, estuve prácticamente 2 años sin poder estar presente en un partido oficial”.

En 2017, pasó al Deportivo Español. Allí trataría de, según sus propias palabras, “aprender a convivir con la lesión”. Tuvo continuidad, es cierto. Sin embargo, su estadía en el Gallego terminó con el descenso a la Primera C en 2019.

Tras esa temporada, sorprendentemente se incorporó a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, que disputaba la Primera Nacional. ¿Cómo hizo para pegar el salto? Es que el DT del equipo era Marcelo Herrera, quien había sido ayudante de Carlos Bianchi en Boca. Contacto mata CV.

Tras su paso testimonial por el norte argentino, que por lo menos le sirvió para conocer la Quebrada de Humahuaca, maduró la idea del retiro. “Con el tema de que no había sumado minutos, sumado a que en ese nivel se me iba hacer muy difícil porque mi rodilla no me dejaba demostrar y a la pandemia, estuve a nada de colgar los botines. Y los colgué por un tiempito”.

Esto fue así hasta que apareció una propuesta de San Martín (Mendoza). “En aquel entonces, pensé por dentro: ‘bueno vamos a intentar’. Total, si no puedo me dirán ‘gracias por todo, pero no te queremos’ y quedará todo ahí. La verdad es que no sé si por el clima o porque era menor la exigencia, pero la rodilla funcionó bastante bien y pude jugar todo el campeonato”, admitió.

Las últimas noticias acerca de su paradero indican que en 2022 se sumó a FADEP (Fundación Amigos por el Deporte). Se trata de una institución presidida por Sebastián Torrico, que juega en la Liga Mendocina. Y que, aparentemente, no pone mucho ímpetu en las revisaciones médicas.

Pereira Daniel

Daniel Horacio Pereira Viana (El Boya)

No había que dejar ningún detalle al azar. Subestimar la situación había sido una mala estrategia en el pasado. Y, para no repetir los errores, era necesario atar todos los cabos sueltos. Por eso, River Plate afrontó la Primera B Nacional 2011/12 con toda la seriedad posible, poniendo lo que había que poner para satisfacer a propios y extraños.

Así lo reconoció Daniel Pereira, por entonces jugador de Patronato, luego de una victoria ante Rosario Central, rival directo del Millonario en la búsqueda del ascenso: “No tengo drama en decirlo, tuvimos incentivación de River. Es así, no hay que ocultarlo, no me da vergüenza ni creo que sea un delito, siempre y cuando sea para ir para adelante”.

Tan dispuesto a correr más de lo normal se mostró el uruguayo que, sabiendo el que River era el próximo rival, remató con un “capaz ahora tenemos incentivación por parte de Central”.

Ante el revuelo mediático que dispararon sus palabras, el jugador intentó aclarar el hecho responsabilizando a la prensa de tergiversar sus dichos. «Me malinterpretaron mal (sic). El incentivo estuvo, pero fue del Patronato para nosotros y dije que esperaba otro, pero de parte de nuestro club”. El tema terminó con el futbolista declarando ante el Tribunal de disciplina de la AFA, que lo suspendió por dos partidos.

Más allá de esta linda anécdota (?), el Boya hizo una digna carrera como un duro volante central uruguayo, de esos que suman más tarjetas amarillas que partidos jugados. Una especie de Arévalo Ríos criado a base de chivitos y yerba Canarias. Bueno, igual que el original.

Nacido en Argentina pero criado del otro lado del río, sus primeras patadas dentro de una cancha las repartió en el ascenso yorugua, entre Villa Teresa, Uruguay Montevideo Football Club y Liverpool. Con este último logró subir a la máxima categoría en 2002, cuando su estilo todavía no había mutado del batallador mediocampista todoterreno al rústico centro-half con licencia para pegar.

Convertido en capitán y referente de los Negriazules, Peñarol (2004) se lo llevó para formar una de las líneas medias más ásperas de su historia junto a Nicolás Rotundo y Fabián Césaro. Tan fuerte metían estos muchachos que en un clásico frente a Nacional los tres fueron expulsados. Y el Carbonero, que ganaba 2 a 0, terminó perdiendo 3 a 2.

Con las valijas hechas, pasó por Chacarita (2006/07), O’Higgins (2007), Deportes Concepción (2008) y Universidad de Concepción (2008/09), previo regreso al Funebrero donde jugó por un año en Primera División. Fue en la temporada 2009/10, cerrando su planilla personal con 22 partidos, 1 gol, 11 tarjetas amarillas, 1 expulsión y la inevitable pérdida de la categoría.

Lo más destacado de Pereira en aquella campaña fue lo que hizo en un partido contra San Lorenzo. Claro que no tuvo nada que ver con sus habilidades dentro del campo de juego: junto a Facundo Parra se peleó con algunos hinchas que se la agarraron con la esposa de Nicolás Tauber luego de varios errores groseros del arquero. La garra charrúa mal entendida.

Siguió acumulando amonestaciones en San Martín de Tucumán (2010/11), Patronato (2011/12), otra vez Chacarita (2012/13) y San Telmo (2013/14), hasta volver adonde había comenzado todo: en Villa Teresa (2014-16) fue parte del equipo que accedió por primera vez en su historia a Primera División, para luego descender inmediatamente.

Poco tiempo después, el Boya decidió colgar los botines. Al día de hoy, sigue esperando que River le brinde el homenaje que se merece. ¿O creen que ascendieron gracias a los goles de Trezeguet?

Batista Nicolás

Nicolás Batista 

– ¿Qué hi­cis­te en­tre que de­jas­te Ar­gen­ti­nos (1991) y fuis­te a Chi­ca­go (1992)?
– Fue el peor mo­men­to de mi vi­da. Es­tu­ve un año sin ha­cer na­da.

Así respondía el Checho Batista a una de las 100 preguntas realizadas por Diego Borinsky en su sección de la revista El Gráfico. Por ese entonces, su hijo Nicolás, nacido el 27/01/1991, no podía entender que su padre estaba coqueteando con las drogas. Apenas era un bebé que, años después, copiaría a su progenitor. Lo copiaría en cuanto a la profesión elegida, claro.

El destino le enseñó que, si quería jugar al fútbol, su lugar era Argentinos Juniors. Aunque esta no fue su primera opción. “Estuve en Boca y me dejaron libre en infantiles, porque tardaba en crecer. Entonces fui a San Lorenzo, donde hice las inferiores. Alterné con la primera, pero tuve problemas con algunos de los coordinadores, apareció Argentinos y no lo dudé”.

Antes de eso, mientras defendía los colores del Ciclón, viajó a Sudáfrica como sparring de la Selección que disputó el Mundial 2010. Sin embargo, se volvió antes que el resto de la delegación, al sufrir una fractura en la mandíbula. Las lesiones graves iban a ser una constante en su carrera.

Finalmente, el 05/11/2011 llegó el debut en Primera División para Batista. Un lindo regalo para su papá, que unos meses antes había dejado su puesto de DT de la Selección Argentina. “No estaba nervioso”, comentó luego. “Estaba feliz por cumplir un sueño. Pipo Gorosito me sacó todas las presiones: ‘Jugá como sabés’, me dijo”. Esa noche, Racing derrotó al Bicho por 1 a 0.

Siguió en el club hasta 2015, viviendo todo tipo de sensaciones. Se fue al descenso. También ascendió. Tuvo un accidente automovilístico en el que se fracturó una vértebra. Se rompió los ligamentos de la pierna derecha. Y en total, sumó 25 partidos (21 en la máxima categoría, 2 en el Nacional B y 2 por Copa Argentina), con un gol convertido.

Una vez que finalizó su contrato, probó suerte en Brown de Adrogué y en Estudiantes de Buenos Aires. No la tuvo. Y, a los 27 años, colgó los botines.

Desde entonces, comenzó a trabajar del otro lado de la línea de cal. Ejerció como director técnico, y también como ayudante de campo de su padre. El Checho le debía un favor. Es que Nicolás fue uno de los responsables de sacarlo de su período más oscuro. Así lo contó en la entrevista citada al comienzo:

– ¿En qué mo­men­to uno ha­ce el click?
– Ca­da uno tie­ne su click. De­pen­de. El mío fue­ron mis hi­jos.

Soñer Javier

Javier Walter Soñer

A pesar de haber nacido en Curuzú Cuatiá, ciudad chamamecera por excelencia, desde joven decidió dejar de lado el acordeón para dedicarse a la redonda.

Desde joven, la cosa pintaba bien. Con apenas 11 años cumplidos, se probó en All Boys, donde le levantaron el pulgar. De esta manera, comenzaba su vertiginosa vida por la gran ciudad.

Nobleza obliga, hay que reconocer que su llegada a este club fue por pura casualidad. Así lo admitió él mismo. “Vine a Buenos Aires en 2006 y le dije a mi papá de probarme en algún lado. Fuimos a Villa Crespo y pasamos por Atlanta. Conseguimos la prueba, al otro día fuimos en colectivo, pero nos pasamos. Encima me habían dicho que la prueba era a la mañana, pero se hacía a la tarde. Así que nunca me probé ahí. Al otro día, mi papá me propuso ir a conocer la cancha de All Boys. Me probé y me dijeron que había quedado. Recién cuando empecé a jugar en All Boys me enteré de que estaba todo mal con Atlanta”.

Un tiempo después, habiendo soplado 15 velitas, fue llamado a realizar la pretemporada con los grandes. A los 16, fue al banco de suplentes por primera vez. Y con 17 recién cumplidos, hizo su debut en Primera División, ingresando en una victoria frente a Unión. Esto fue por el Clausura 2012, en el que también tuvo minutos frente a San Lorenzo y Boca. 

Al terminar el torneo, emprendió una gira por Europa. En el viejo continente, se probó en el Sporting Lisboa y en el Manchester City. Además, ese mismo año había sido convocado a una preselección sub 18. Tanta expectativa había en él, que se ganó el apodo de La Joya.

La ilusión de afianzarse cada vez más continuó en 2013, cuando All Boys participó del Torneo de Viareggio, un tradicional campeonato de juveniles. Allí, tuvo como compañeros a Nehuén Paz, Leonel Di Placido y Jonathan Calleri, entre otros.

Ese fue un año de pura actividad en la Reserva. Entre los grandes, apenas actuó un par de minutos en un partido de Copa Argentina frente a Boca, en el que estuvo cerca de convertir.

Con la salida de Pepe Romero y la llegada de Julio Cesar Falcioni, sus chances de seguir mostrándose disminuyeron. Recién con Ricardo Rodríguez como entrenador pudo disputar sus últimos minutos con los de Floresta. Fue el 16/05/2014, en un empate frente a Belgrano.

Buscando despegar, se puso la camiseta de Olimpo. Aunque poco la usó para jugar: solo la lució en un partido de Copa Argentina frente a Atlanta. El Aurinegro cayó en la definición por penales. Para colmo, Soñer no pudo convertir: su remate fue atajado por Mauro Dobler.

Sin embargo, lo peor que le pasó en Bahía Blanca ocurrió unos meses después. En agosto de 2015 tuvo un confuso incidente de tránsito. Soñer indicaba que había sido agredido, mientras que la contraparte indicaba que el futbolista se había dado a la fuga tras un leve accidente.

Su último paso por el fútbol profesional lo dio en Colegiales (entre 2016 y 2018), donde apenas disputó algunos encuentros, en la Primera C. Posteriormente, jugó en el Club Atlético Libertad de Canals, de la liga de esa zona de Córdoba.

¿A qué se dedicó después? Según última reciente publicación en su Facebook, a la construcción en general. Realiza colocación de membranas, cerámicas, plomería, etc. Si desean contactarlo, allí están sus datos.

Aquino Arturo

Arturo David Aquino

Lateral paraguayo de dilatada trayectoria en su país, aunque sin el nivel o el reconocimiento sufiente como para ser convocado alguna vez a su Selección. Su única experiencia internacional la tuvo en el fútbol argentino, donde no la pasó para nada bien. O mejor dicho, para no andar con eufemismos: se terminó cagando de hambre.

Surgió en Olimpia (2004) y pasó también por Tacuary (2005-2006), 3 de Febrero (2006), Sportivo Luqueño (2007/08) y Nacional (2008-2011), antes de tener la gran chance, a sus 28 años, de mostrarse en la vidriera de nuestro país.

Fue Olimpo de Bahía Blanca el club que lo contrató con la intención de armar, como siempre, un rompecabezas de jugadores random para evitar fortuitamente el descenso. En aquel Apertura 2011, el paraguayo compartió la cancha con Laureano Tombolini, el Toti Ríos, Andrés Franzoia, Martín Rolle y Julio Furch, entre otros.

¿Y cómo le fue fue? Mal, como era de esperar. Surcando la banda izquierda, Aquino disputó 10 encuentros. ¿Y saben cuántos ganó? Ninguno. Al menos le quedó el recuerdo de su gol a Tigre. También es cierto que ese Olimpo no le ganaba a nadie y que al año siguiente, ya sin Aquino, terminaría descendiendo una vez más a la segunda división.

Después de esa corta y mala experiencia, volvería a su tierra para seguir actuando en Rubio Ñu (2012), Deportivo Capiatá (2013-2014 y 2016, incluida una atajada en el histórico triunfo en La Bombonera), Guaraní (2015), Sportivo Trinidense (2017-2018) y Atlético Tembetary (2020- ).

Y en este último tiempo, viviendo los momentos finales de su carrera, Aquino no dudó en revelar lo mal que la había pasado en Argentina, en una nota con el diario Crónica: «Me sirvió de mucho en lo futbolístico, pero no me quedé más por ciertas cosas que me pasaron, entre ellas la devaluación del peso argentino, los constantes viajes y también el ambiente que viví en una ocasión en la concentración. No estábamos teniendo buena campaña, veníamos ya sin ganar varios partidos y los hinchas de Olimpo se pusieron furiosos. Estábamos almorzando en la concentración y de repente ingresan varios personajes armados hasta los dientes. Tenían armas de fuego y algunos cuchillos. Era una locura. Nos amenazaron y se llevaron toda nuestra comida. Nos dijeron ‘ustedes no se merecen esta buena comida’. Vinieron y me gritaron en la cara, me dijeron paraguayo hijo de p… Bueno, eso fue lo más leve”.

Lo entendemos totalmente. Si le pareció grave la devaluación de 2011, era obvio que no estaba preparado para un apriete de la barra.

Alarcón Alberto

Alberto Ricardo Alarcón (Beto)

El Chino Luna deja la cancha envuelto en una ovación, luego de una actuación inolvidable. No era para menos: le había anotado un hattrick a Boca, en el duelo por el Apertura 2010. Mientras desde las tribunas miles de hinchas corean su apodo, un compañero es el primero en felicitarlo antes de reemplazarlo. De esta manera, Alberto Alarcón hacía su aparición en Primera División.

Surgido de las inferiores de Tigre, la realidad es que nunca tuvo oportunidades en ese club. Ni siquiera en el ascenso: aunque formó parte del plantel que regresó a la máxima categoría en 2007, no jugó ningún partido durante aquella campaña (solo fue un par de veces al banco de suplentes).

Por eso, en 2007/08 fue prestado a Defensores de Belgrano. Tras un año en la B Metropolitana regresó a Victoria, donde solo tuvo apariciones en Reserva hasta aquel debut frente al Xeneize. En ese mismo torneo, también jugó un rato frente a Atlético Tucumán. Y eso fue todo. En total, apenas disputó 16 minutos con el Matador.

Con el pase en su poder, recaló en Colegiales (2010/11) y Racing de Olavarría (2011) antes de dar el salto al exterior. Y saltó bastante alto: llegó a más de 4000 metros sobre el nivel del mar, para jugar en el Real Potosí (2012). El gran objetivo de ese equipo era superar la primera fase de la Copa Libertadores. Una tarea casi imposible: enfrente estaba el Flamengo de Ronaldinho.

Alarcón, recio defensor central, se fue lógicamente derrotado… aunque con una pequeña victoria: se llevó la camiseta de Dinho. “Dentro de la cancha es un tipo bárbaro, se portó como un caballero. Cuando jugamos la revancha en Brasil llevó varias porque en Bolivia se la habíamos pedido todos”, contó un tiempo después.

Además, agregó que “en el partido de ida me hizo un caño impresionante. Yo le decía que me iban a cargar mis amigos y se cagaba de risa. ‘La próxima cerrá las piernas’, me respondió. Al rato me hizo esa viborita que patentó él, y ahí lo tuve que bajar porque se me iba”. Para que no queden dudas, las imágenes lo certifican.

Unos meses más tarde, regresó al país para nunca más irse. Vistió nuevamente la camiseta de Racing de Olavarría (2012/13), y luego pasó por UAI Urquiza (2013/14), Alvarado (2014) y Ferrocarril Sud de Tandil (2015 a 2017), donde finalizó una carrera que tuvo su pico más alto en una patada a R10. Tranquilo, Beto. Seguramente no sos el único.