Balsas Sebastián

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Sebastián Andrés Balsas Bruno (El Torero)

Breve y atípica, la carrera profesional del delantero uruguayo Sebastián Balsas pasó por todos los estadios posibles. Tuvo picos de euforia, caídas pronunciadas, momentos de incertidumbre y hasta ribetes casi trágicos. Todo eso condensado en un lapso de siete años.

Nacido en Montevideo en marzo de 1986, el botija metió sus primeros goles en inferiores con la camiseta de Nacional, el cuadro de sus amores. Sin embargo, en 2001 la economía familiar andaba a los tumbos, al ritmo de la crisis que afectaba a toda la región, obligándolos a bajar la persiana del negocio que tenían y a emigrar a España en busca de nuevas oportunidades y un futuro mejor. En el Viejo Continente, a la par de los estudios, le dio a pelotita en el Club Deportivo Oliver de Zaragoza y hasta casi se va a Inglaterra: “En un momento me quisieron llevar, pero no me animé: pensaba que iba a extrañar mucho a mis padres y a mis hermanos”.

En diciembre de 2005, en un viaje a su tierra natal, Balsas enfrentó en un fútbol 5 a un representante de jugadores, Gustavo Nikitiuk, que le vio condiciones y le ofreció testearlas en clubes del paisito. Primero estuvo un año en la Tercera de Liverpool, donde conoció a Emiliano Alfaro, y luego pasó un semestre en Miramar Misiones, sin chances de debutar.

Cuando estaba por pegar la vuelta a Europa, surgió un interés de parte de Racing de Montevideo (2007 a 2009), que la temporada anterior había descendido a la B. De la mano del baldosero Eduardo Favaro, el Cervecero conquistó el Apertura de punta a punta y Balsas se dio el gusto de jugar profesionalmente por primera vez a los 21 años. En el Clausura, ya con José Puente como DT, el verdiblanco mantuvo el buen nivel y garantizó el ascenso con varias fechas de anticipación.

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En el regreso a Primera, Racing fue la sensación del Uruguayão y por su ubicación en la tabla anual 2008/09 se ganó un lugar en la liguilla, que otorgaba dos plazas para la Libertadores de 2010 y otros dos cupos para la Sudamericana 2009. Los de Sayago terminaron segundos, detrás de Cerro, y se metieron de cabeza en el certamen internacional más importante del continente.

Para ese entonces, Balsas se debatía entre ofertas de Nacional y Peñarol, que buscaban sus goles. El pibe ni lo dudó y firmó con el Bolso. Atrás quedaba una marca de 19 tantos en 51 encuentros con la casaca del Cervecero. En Nacional (2009/10) redondeó 20 presentaciones, la mayoría ingresando desde el banco de suplentes, y convirtió 5 veces (2 a Atenas de San Carlos y… 3 a Racing de Montevideo -que no los gritó, algo que no cayó del todo bien entre los hinchas tricolores-).

Para mediados de 2010, ya había dejado de ser el secreto mejor guardado del fútbol uruguayo y su nombre sonaba en casi todos los clubes de la vecina orilla. Lo buscaron, entre otros, Tigre, Estudiantes de La Plata y hasta River Plate, pero el destino del charrúa estaba en Boedo, Almagro el Bajo Flores.

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“Me encantan los colores de San Lorenzo porque son parecidos a los de Nacional, el club del que soy hincha en Uruguay. Además, me gustó siempre porque acá jugó el ‘Loco’ Abreu, que es hincha de Nacional, es delantero como yo y tuvo un paso muy bueno por San Lorenzo”, relataba en sus primeras entrevistas, vendiendo un poco de humo. “Espero lograr lo mismo que Abreu. Ojalá que, en el futuro, a un uruguayo tengan que preguntarle por mí”.

El arranque de Balsas en San Lorenzo (2010) fue más que prometedor, con un golazo sobre la hora a Racing en el Cilindro en la tercera fecha y otro (más una asistencia a Menseguez) a Boca en La Bombonera, en la quinta. Sin embargo, la campaña del equipo de Ramón Díaz en la segunda mitad del campeonato dejó bastante que desear (terminó 14°) y rápidamente los aplausos pasaron a ser murmullos y silbidos.

Si hay algo que marcó a fuego la corta estadía del yorugua con la camiseta azulgrana fueron los cortocircuitos con el propio Ramón: “Me cuesta entender la decisión del entrenador, sobre todo porque hace seis meses firmé un contrato por cuatro años. Me dolió que no me dejen ir a la pretemporada. Jugué nueve partidos como titular y marqué tres goles -el tercero a Tigre, en la fecha 11-, no creo que sea una mala marca”, declaraba a comienzos de 2011, luego de que le comunicaran que no iba a ser tenido en cuenta, al igual que Fabián Bordagaray, Sebastián Rusculleda, Nelson Benítez, su compatriota Emiliano Alfaro y Diego Rivero.

En el medio, un temita recurrente en aquel plantel del Ciclón: el póker. “Yo le pregunté a Ramón porque no me quería y me dijo que era futbolístico. No creo que me haya mentido. Soy un gran profesional, pero me perjudicó lo que se dijo del póker. Estábamos jugando dos días antes del partido con Estudiantes. Preferí integrarme al grupo jugando con mis compañeros y no estando solo en la habitación. No soy una mal profesional por haber jugado al póker”, repetía acerca de la noche en la que se produjo un quiebre en la relación entre algunos jugadores y el segundo riojano más famoso del país.

Enseguida llegó a ser anunciado como refuerzo del Tenerife, aunque el pase no se concretó por problemas con la documentación. También estuvo varios días a prueba en el Malmö de Suecia, que descartó su contratación, y terminó regresando al paisito para un touch & go en Racing de Montevideo (2011).

A mediados de año se sumó a préstamo al Córdoba español, donde actuó poco y nada y para colmo se llevaba a las patadas con el técnico, Paco Jémez: “Nadie le ha dicho que se busque equipo ni que se vaya. Es jugador del Córdoba siempre que él quiera. Fue él el que vino a hablar conmigo para decirme que tenía una oferta de Argentina”. Es que el uruguayo tenía todo arreglado para sumarse a Argentinos Juniors (2012), de cara al torneo Clausura.

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Al Bicho de La Paternal, donde apenas disputó 8 encuentros, llegó a pedido de Néstor Gorosito -que renunció tras aquel recordado y confuso accidente– y huyó despavorido luego de un violento robo del que fue víctima junto a Sergio Escudero. “Fuimos a sacar dinero a un banco. Al salir nos encañonaron dos tipos y se nos subieron al auto. A Sergio, que iba manejando, lo pasaron para atrás y uno se sentó en el volante conmigo al lado. Me puso la pistola en el estómago y me decía que no me moviera, pero en un momento se me cruzaron los cables y le pegué una piña. Ahí empezamos a forcejear y el que manejaba sacó un cuchillo, me pegó dos puñaladas en la pierna y otra en el brazo, entonces me tiré como haciéndome el desmayado”, relató tiempo después al Diario Olé. Y siguió: “Me di cuenta que soy macho pero hasta la tercera puñalada, ja. El que estaba atrás me puso la pistola en la boca y me dijo que si me movía, me mataba. Fue un momento terrible el que vivimos”.

Decidido a alejarse de Buenos Aires porque “estaba muy perseguido, iba por la calle y sentía que todos me miraban como si tuviera plata en los bolsillos”, y porque tampoco estaba en los planes de Leonardo Rubén Astrada, aceptó la propuesta del empresario de medios Daniel Vila y se sumó a Independiente Rivadavia de Mendoza (2012), que buscaba el ascenso en las vísperas de su centenario. ¿Qué pasó? En plena pretemporada, Balsas se rompió la rodilla. Luego, se acentuaron los problemas: “En el segundo semestre empecé a sufrir problemas en la espalda, ya las últimas semanas perdía la estabilidad porque del dolor que tenía se me dormían las piernas como un acto reflejo. Quería jugar, recuperarme, me infiltré muchísimo…”.

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Con tan solo 26 años, Balsas no podía más físicamente. “Se me terminó el contrato en Mendoza y me fui a España. ¡Fue el peor viaje de mi vida! En el avión no podía estar sentado del dolor que tenía. No bien llegué me hice estudios y los médicos no entendían como podía haber llegado a tener tres hernias, una que era enorme, y haber soportado tanto dolor. Pasa que como quería volver a jugar, me infiltraba y aguantaba. Hasta que no pude más”.

Tras una serie de operaciones que lo dejaron fuera de competencia en 2013, en 2014 se ilusionó con su tercer regreso a Racing de Montevideo buscando la recuperación. Durante el primer semestre se mantuvo entrenando con la Reserva del equipo uruguayo y en agosto se sumó al L’Aquila de la tercera división italiana, pero apenas actuó unos minutos y el cuerpo no dio para más.

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“Álvaro González, que es un gran amigo que en ese momento jugaba en la Lazio, me contactó con un doctor italiano muy importante. Le llevé todos los estudios y le pedí que me dijera la verdad porque ya estaba cansado de toda esa situación. El tipo fue directo: “No podés volver a jugar profesionalmente”, relató. Así fue que a fines de 2014, con apenas 28 años, Balsas colgó los championes de una vez por todas.

Por estos días vive en Zaragoza y, completamente alejado del fútbol, administra un restaurante al mismo tiempo que disfruta del anonimato “salvo cuando viene algún argentino o uruguayo. Cuando me reconocen trato de hacerme el boludo, pero por lo general no puedo, ja”.

Simonetti Franco

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Franco Simonetti

Ni el más pesimista de los hinchas de Independiente se imaginó lo que iba a ocurrir en la fecha 17 del Torneo Clausura 2009, cuando su club tuviera que enfrentarse con Banfield en el estadio Florencia Sola.

Para esa altura, Américo Rubén Gallego encaraba su segundo ciclo al frente del cuadro de Avellaneda y hacía malabares con lo que tenía a mano. Cansado del bajo rendimiento de sus dirigidos, pasó el plumero y en cuestión de semanas se cargó a Lucas Mareque, Ricardo Moreira, Damián Ledesma, Federico Higuaín, Damián Luna, Pepe Moreno, Leandro Depetris y Emanuel Centurión, entre otros.

Amparado en varios jugadores experimentados y algunas promesas de las inferiores, para el duelo de aquella tarde/noche del 12 de junio, el Tolo paró en la cancha a Fabián Assmann; Franco Simonetti, Leandro Gioda, Eduardo Tuzzio y Guillermo Rodríguez; Gastón Machín, Lucas Pusineri, Fernando Godoy y Federico Mancuello; Daniel Montenegro y Darío Gandín. En el transcurso del partido ingresaron Sergio Vittor, Leonel Ríos y Leonel Núñez. Todos futbolistas medianamente reconocidos, que lograron mantenerse un buen rato en Primera o a lo sumo en la segunda división de nuestro país o del exterior. Todos menos uno, claro.

Nacido en Luján el 23 de agosto de 1989, el lateral por derecha Franco Simonetti había arribado al club en 2007 desde San Lorenzo de Luján, con el que debutó en el Argentino C, y tenía en el lomo un puñadito de encuentros en su categoría: la cuarta. Una semana antes del choque ante el Taladro, Gallego quedó fascinado con la actuación del defensor de 19 años en su primer partido con la Reserva y, escaso de recursos, lo subió al plantel profesional, donde compitió mano a mano por un lugar en el once inicial con el paraguayo Diego Gavilán, que había llegado con chapa de figura, pero que estaba muy lejos de su mejor versión.

Todo lo que ocurrió tras el pitazo inicial fue una sucesión de hechos bochornosos que parecía no tener fin. Banfield goleó a Independiente por 5 a 0 con tantos de Santiago Silva por duplicado, Víctor López, Sebastián Fernández y Julio Barraza para el delirio de su gente y para la desesperación de la parcialidad del equipo de Avellaneda, que se la pasó entonando “la más maravillosa música”. Si bien Simonetti no fue ni por asomo el peor de la última línea (solamente tuvo responsabilidad en el cuarto gol), terminó pagando los platos rotos: jamás volvió a vestir la camiseta de los diablos rojos y debió conformarse con alternar entre Cuarta y Reserva hasta que quedó libre a mediados de 2010.

Tras semejante mazazo, Simonetti desapareció sin que nadie se diera cuenta. Recién volvimos a tener noticias suyas varios años más tarde, cuando lo encontramos defendiendo los colores de Gimnasia y Esgrima de Chivilcoy (desde 2013) en el ascenso profundo.

Allí sigue hasta hoy, tratando de olvidar que alguna vez fue actor de reparto en una de las noches más fatídicas de ese letargo que un puñado de temporadas después acabaría en la B Nacional.

Fondacaro Carlos

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Carlos Rubén Fondacaro

A mediados de 2006, antes del receso por el Mundial de Alemania, el Boca de Alfio Basile emprendió una mini gira por Centroamérica donde se enfrentó con potencias como Olimpia de Honduras y FAS de El Salvador. Con buena parte de los titulares en Israel para enfrentar al Maccabi Tel Aviv (en una comitiva paralela encabezada por el Ruso Ribolzi), el Coco tendría la chance de ver en acción a algunos juveniles, poco frecuente durante su ciclo, y otros suplentes sedientos de minutos en cancha. Así, por ejemplo, actuaron Sebastián Rusculleda, Oscar Trejo, Mariano Trípodi y el homenajeado del día, Carlos Fondacaro.

Nacido el 21 de mayo de 1987 en Rosario, este diminuto lateral (apenas 1,65 metro), tanto por izquierda como por derecha y con el tiempo devenido en mediocampista, dio sus primeros pasos en Renato Cesarini, donde jugó hasta los 13 años, cuando se sumó a Alianza Sport. Dos temporadas más tarde le llegó la oportunidad de incorporarse a las divisiones inferiores de Boca Juniors, donde fue haciendo el típico caminito a Primera.

Su estreno extraoficial con la camiseta del Xeneize se dio ante el FAS, cuando reemplazó a Sebastián Battaglia a quince minutos del final. Sin espacio en la consideración de Ricardo La Volpe y Miguel Ángel Russo, reapareció recién dos años después, ya con Carlos Ischia como entrenador. Y esta vez por los porotos.

Con la mira puesta en el Torneo Apertura, para el debut en la Sudamericana ante la Liga Deportiva Universitaria de Quito, por los octavos de final, el Pelado dispuso un mix entre reservas y juveniles. Esa noche, Fondacaro actuó como lateral por izquierda acompañando en la última línea a Julio Barroso, Juan Forlín y Ezequiel Muñoz y Boca goleó 4 a 0, prácticamente sellando su pasaporte a la próxima fase.

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El rosarino volvió a ser de la partida en el encuentro de vuelta ante los ecuatorianos (1 a 1 en Quito) y en la ida ante Internacional de Porto Alegre (0-2 en Brasil) por los cuartos de final del certamen internacional. Luego, aportó su granito de arena para la obtención del torneo local, cuando ingresó unos minutos ante Rosario Central y San Lorenzo.

Algunas chances en el verano de 2009 hicieron creer que las oportunidades abundarían a lo largo de aquel año, pero no. Apenas fue titular ante Newell’s Old Boys -actuando como volante por derecha- y entró un rato en la goleada ante San Martín de Tucumán. Ya con Abel Alves como entrenador, se despidió en la última fecha, al término del primer tiempo ante Colón de Santa Fe.

La vuelta de Alfio Basile al banquillo azul y oro a mediados de 2009 sentenció el final de los días de Fondacaro como jugador de Boca. Primero, a pedido de Diego Cagna, pasó a préstamo a Tigre (2009/10), donde alternó buenas y malas. En medio de una pésima campaña (el Matador terminó el Apertura último cómodo, con 8 unidades), Fondacaro se mostró como lo mejorcito de una defensa endeble y hasta se anotó en el marcador en la victoria ante Godoy Cruz por 2 a 0.

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La llegada de Ricardo Caruso Lombardi, en el verano de 2010, le quitó algo de protagonismo, aunque aportó un gol en el triunfo por 3 a 1 ante Atlético Tucumán. En total, con la camiseta azul y roja disputó 16 partidos y convirtió dos veces.

Justamente una de sus víctimas, el cuadro tucumano, sería su próximo destino. El Decano venía de descender y se armó como para volver rápido. Fondacaro era uno de los pilares del plantel dirigido por Quique Hrabina que terminó la primera etapa como único líder. Peeero…

La segunda parte del campeonato 2010/11 fue devastadora. Atlético Tucumán perdió el liderazgo y hasta su ubicación en los puestos de Promoción. Hrabina sucumbió ante los malos resultados y, para colmo, ante Patronato, el lateral/volante sufrió una fractura del peroné que le afectó los ligamentos del tobillo del pie izquierdo y lo dejó fuera de competencia por el resto del torneo. El Deca terminó deambulando en la mitad de tabla. Durante la buena racha, Fonda hasta se animó a una producción de fotos retro con el ex CASLA Cristian Chávez.

El decimoquinto puesto en la temporada 2011/12 le puso un punto final a la estadía del rosarino en suelo tucumano, aunque antes se dio algún que otro gusto, como el gol que le marcó a River Plate, el 1 a 0 parcial de un encuentro que terminó en derrota por 4 a 2.

Enseguida lo esperaba Patronato de Paraná (2012/13), cuya única misión en el mundo era incomodar a los grandes de la categoría y lo logró con un dignísimo séptimo puesto, aunque a 10 unidades de Olimpo, que se quedó con el último ascenso. En lo personal, Fondacaro no contó con muchas oportunidades por parte de la dupla Luis Medero y Claudio Marini y recién hilvanó algunas presentaciones consecutivas, en un nivel olvidable, de la mano de Diego Osella.

Sin mucho más que hacer en el fútbol de los sábados, había llegado la hora de probar suerte en el exterior. Primero defendió los colores del Iraklis griego (2013) y luego pasó un año en el Jaro de Finlandia (2014).

Ya definitivamente reconvertido en mediocampista de creación, en 2015 pegó la vuelta al país para jugar en su ciudad natal. ¿Rosario Central? ¿Newell’s Old Boys? ¿Central Córdoba? No, Tiro Federal en el pantanoso Torneo Federal A al lado del histórico Diego Chitzoff y del baldosero Leandro Depetris. Semejante aventura en el Barrio Ludueña no podía terminar en otro lugar que no fuera el Federal B.

Sin embargo, en lo personal el rendimiento de Fondacaro estuvo por encima de la media (con una vara muy baja, claro) y por eso llamó la atención de Independiente, pensando en lo que vendría en 2016. ¿Cómo? Sí, Independiente de Neuquén lo sumó como uno de sus principales refuerzos para el Federal A, donde redondeó una buena primera etapa y quedó eliminado en la segunda fase ante Libertad de Sunchales.

Especiales: Pedro Wolff

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Pedro Wolff

No le dio la nafta. Al igual que su hermano Juan Cruz, el hijo menor del popular Quique también se quedó a mitad de camino, sin poder darse el gusto de robar con el apellido. Al menos dentro de la cancha, claro. Quizás le jugaba en contra la falta de una posición fija en el verde césped. Según su currículum, podía actuar como volante, carrilero o lateral por ambas bandas, algo completamente incomprobable.

Los antecedentes tampoco ayudaban demasiado, ojo. Apenas había estado una temporada en la séptima de River Plate y luego integró los planteles de cuarta y tercera de la categoría 1981 de Racing Club, donde fue dirigido por el Pampa Alberto Jorge y Carlos Bartolo Álvarez. Sin embargo, la Academia lo dejó libre a comienzos de 2001.

Por eso cuando en el verano de 2002 Pedro Wolff apareció con su bolsito en el entrenamiento de Huracán nadie esperaba nada. El equipo de Miguel Ángel Brindisi venía de terminar penúltimo en el Apertura y aceptaba a prueba a cualquier matungo que supiera atarse los cordones de manera correcta. Aunque, claro, Wolff Jr. llegaba con un ayudín extra. “Estaba de vacaciones en Pinamar y mi papá le preguntó a Brindisi si podía hacer la pretemporada con ellos. Miguel dijo que sí y acá estoy”, relataba el pibe, mientras la Argentina se prendía fuego al ritmo del corralito, la devaluación y los cacerolazos.

“El año pasado me entrené con el equipo de libres de Carlos Barisio y ahora me quiero poner a punto físicamente porque voy a ir a probarme a España”, comentaba Pedro, que finalmente se pasó el año entero entrenando en Parque Patricios, y pese a la buena campaña en el Clausura jamás pudo vestir oficialmente la casaca del Quemero.

El último intento por pegarla en el fútbol lo tuvo en enero de 2004, cuando marchó al Viejo Continente con su padre para un test en Las Palmas de España, pero las cosas no salieron como estaban planeadas. “No le facilitaron la ropa para entrenarse, los botines los tuvimos que buscar por nuestra cuenta y da la impresión de que como Pedro no viene de la mano de gente con la que se puede sacar dinero, no interesa”, declaró un enojado Enrique Ernesto. Y agregó: “Vinimos porque nos llamaron, ya que en caso contrario nos hubiésemos quedado en Buenos Aires. Aquí no han tenido la gentileza de observar a Pedro y estoy decepcionado, porque creo que no nos merecíamos este trato”.

Al final, el menor de los Wolff colgó los botines y se puso a laburar… en la productora uVe Doble, al lado de sus hermanos Juan Cruz, Carolina y Valeria. En la actualidad es co-conductor de Simplemente Fútbol y forma parte del staff de comentaristas de la cadena ESPN, siempre bajo la atenta mirada del viejo Quique.

¡No hay nada más lindo que la familia unida!

Robledo Gonzalo

Gonzalo Sebastián Robledo

Marcador central surgido de las inferiores de Chacarita que, tapado por una gran cantidad de jugadores, tuvo que emigrar en quinta división en busca de oportunidades. Las encontró en Banfield (2006 a 2010, con intermitencias) aunque no le fue nada fácil. Primero porque el Funebrero no quería saber nada con largarlo gratis y segundo porque en el club de la zona sur debería correr desde atrás al incansable Javier Sanguinetti.

Catalogado como uno de los baluartes más interesantes de la cantera del Taladro, Robledo, nacido en Laferrere en enero de 1987, ascendió al plantel profesional de la mano de Carlos Leeb, a mediados de 2006. El Gatito, incluso, lo mandó al banco de suplentes en la primera fecha del torneo Apertura, ante Boca, nada menos que en La Bombonera.

Su debut llegaría en el Clausura del año siguiente y justamente por una lesión del Archu, en el entretiempo del duelo en el Monumental ante River Plate, por la fecha 11. El pibe hizo lo que pudo, pero no consiguió evitar la derrota por 2 a 1. Para colmo, Banfield jugaba con diez hombres casi desde el principio por la expulsión del Pimpo Roberto Salvatierra.

Bajo la dirección de la dupla técnica Hernán Lisi – Pablo Vitamina Sánchez, que había agarrado el fierro caliente tras la salida de Patricio Hernández, Robledo disputó 6 encuentros en aquel campeonato –lo suficiente como para armar un video de cinco minutos-, generalmente reemplazando a los experimentados Sanguinetti y Carlos Galván.

A mediados de 2007, la llegada de Juan Manuel Llop como entrenador, sumada a los arribos de Diego Armando Herner y el paraguayo José Devaca, le hizo perder espacio y apenas fue dos veces al banco de suplentes durante el Apertura. Tras un tiempo largo en Reserva, en enero de 2009 se marchó a préstamo al Oriente Petrolero de Bolivia.

Tan solo 50 minutos de una actuación desastrosa en el clásico ante Blooming por la Copa AeroSur le bastaron a Víctor Hugo Antelo para frenar su contratación y mandarlo de regreso a la zona sur del Gran Buenos Aires. De nuevo en el Taladro, el juvenil formó parte del plantel que se consagró campeón de Tercera en la temporada 2008/09, al lado de Enrique Bologna, Gustavo Toledo, Nahuel Yeri, Facundo Ferreyra y Lautaro Bugatto –asesinado por un policía en 2012-, entre otros.

Tras un paso incomprobable por Sportivo Italiano (2009), tendría su segunda experiencia internacional. En el verano de 2010, River Plate de Puerto Rico se encontraba de pretemporada en Argentina y Robledo se incorporó a prueba para tratar de convencer al DT, Fabián Zermattén. Si bien contó con varias oportunidades para mostrarse, su rendimiento dejó bastante que desear y en el segundo semestre estaba de nuevo en Banfield.

En enero de 2011, Hernán Lisi, aquel que le había dado sus primeras chances en el profesionalismo, asumió la dirección técnica del Unión Comercio, club que el año anterior había ganado el torneo más improbable del mundo, la sagrada Copa Perú, que otorga un cupo en la máxima categoría. Hasta allí llegó Robledo, que rápidamente se ganó un lugar en el once titular.

Lisi fue eyectado de su cargo en la fecha 12 tras perder ante Melgar, con un récord de cuatro victorias, dos empates y seis derrotas. El ex Banfield continuó en la defensa algunos partidos más hasta que, de un día para el otro, dejó de estar entre los convocados. Nunca más lo vimos en una cancha. Todo parece indicar que el fútbol no era lo suyo.

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Daniel José Cigogna Antelo (El Tano)

Tengo un amigo -un muy buen amigo mío- que tiene un incontinente y obsesivo pasatiempo particular: incomodar. Y así, desde el principio de los tiempos, el tipo va saltando de grupo en grupo –tanto familiar, laboral como social- provocando malestar y nerviosismo tanto en catequistas, como en equipos de papi, gerentes de sucursales, padres de novias y hasta en paseadores de perros… Y todo con la impredecible y psicopática habilidad de su negativamente talentosa lengua.

Lo que este amigo mío llama: “La Adrenalina Final”, consiste en hablar abiertamente de sus irrefrenables deseos de homosexualidad. Y puede llegar a suceder que su jefe lo lleve a almorzar como premio por haber vendido una cantidad X de seguros y el tipo -en medio de una charla sobre sueños, metas y objetivos- dispare sin anestesia: “una de las cosas que me motiva a futuro es probar a estar con un tipo… por que ¿a qué hombre no se le pasó eso por la cabeza? Y me encantaría casarme con John Frusciante, el guitarrista de los Chili Peppers, para que me de una buena murra recontra pasados de frula… y tener de amante a Jose Mourinho, claro… así le meto los cuernos a Frusciante en un telo oneroso con un tipo que es lo totalmente opuesto… ¡Ahhhh!”. Vale aclarar que, pese a ser un gran facturador, a mi amigo lo echaron de varios de estos trabajos de oficina por hablar de cosas que solo acontecían en su cabeza, pero igual ¿Quién le quita las carcajadas?

Como sea, la otra vez ví a este flaco en ocasión de un partido de papi contra unos conocidos de él que habían venido a Mar del Plata desde Buenos Aires, no recuerdo bien por que razón. Y después de intentar correr en vano tras la pelota, en el momento de las cervezas, mi amigo empezó con su numerito, seguramente, la única razón que tenía y tiene para interactuar con otros seres humanos.

Y ahí, tras hacernos visualizar como Frusciante lo maniataba y de describir los disfraces que usaría para Mourinho; un porteño colorado, gordo, pelado y con un tatuaje de Motorhead en uno de sus brazos, disparó: “Nooo… Yo haría todo eso pero con El Tano Cigogna. Ese chabón si que estaba bueno ¿Te acordás?”. Y no solo eso, sino que ahí mismo el foráneo arrancó con una catarata de imágenes sórdidas, perversas y masoquistas que hicieron las delicias del improvisado auditorio; incluidas las dos veinteañeras mozas del lugar, quienes se agarraban la panza de tanto reírse.

Por supuesto, para mi amigo todo esto no fue para nada gracioso. Le habían robado el protagonismo y encima con sus propios métodos. Y lo peor de todo: nadie se incomodó. Tras aquello, en medio de una especie de berrinche o soliloquio, el tipo me inquirió con furia como si yo fuese el responsable de su ostracismo mientras esperábamos el colectivo: “¿Cigogna? ¿Sicogna? ¿Ciboña? ¿Ese quien carajo es? ¿Dónde jugó? Y vos… que escribís en esa página de pelotudos ¿No me podés decir quien es ese chabón?”.

Así que acá estoy, en esta página de pelotudos (?), intentando develar quien es esa sexy maquina del deseo, llamada Daniel Cigogna.

Centrodelantero de buen, muy buen, recontra buen físico de la categoría ’82, Cigogna se inició en Quilmes, donde debutó e hizo sus primeros goles, que tampoco fueron tantos, durante la temporada 2002/03 del Nacional B que finalmente terminó con el esperado ascenso para el Cervecero.

Una vez en Primera División, El Tano tuvo su momento de fama cuando le convirtió un tanto a Atlético de Rafaela en el duelo de los recién ascendidos por la primera fecha de aquel Apertura 2003. Con la llegada del Chupa López y del Beto Camps, entre otros, a nuestro homenajeado no le quedó mucho margen para actuar y por tal razón se recluyó un semestre en Universitario de Perú (2004), donde jugó 24 partidos y metió 6 goles, pero falló un penal contra Alianza Lima, que gracias a eso salió campeón.

De regreso en Quilmes (2004), Cigogna solo actuó en un triste empate frente a Racing (0-0) para así despedirse de Primera División con un escueto saldo de nueve partidos y un gol. El primer semestre de 2005 estuvo en Atlético de Rafaela del Nacional B, donde solo jugó 2 encuentros, y finalizó aquel año entrenándose con la Reserva de Quilmes.

Aurora de Bolivia (2006), Los Andes (2006), Estudiantes de Caseros (2007), Sarmiento de Junín (2007/08), Talleres de Remedios de Escalada (2008), Olimpia de Honduras (2009), Central Córdoba (2010), Deportivo Español (2010/11), Excursionistas (2012), Berazategui (2012/13) y Sacachispas (2013) fueron los equipos donde siguió jugando sin jamás poder ratificar su ya lejano rótulo de promesa y sometiendo a pocos arqueros, aunque a muchos, seguramente, les hubiera encantado que El Tano lo hiciese con pasión y furia (?) Con tan solo 31 años, Daniel Cigogna colgó los botines y dejó de deambular.

Pero claro, ya sin la pelota, Daniel Cigogna le sacó provecho a los dotes que le brindó la naturaleza e inició una carrera como modelo publicitario para alegría de la platea femenina y de la libido, por que no, de algún porteño colorado, gordo, pelado y con un tatuaje de Motorhead… ¡Ahhh! ¡Hermoso y sensual Cigogna! ¡Tu si que sacas mi lado salvaje!

Entonces, si te metés a la página de la empresa Entremodelos, podés contratar al ex portentoso delantero Daniel Cigogna para una hirviente y personalizada sesión de fotos…”desnudo”, “ropa interior”, “traje de baño”, “tallas grandes”, “show room”, “body painting”, “partes del cuerpo” y “azafato” son algunas de las especializaciones publicitarias a las que el hermoso Tano está dispuesto a acceder… ¡Morite, John Frusciante! ¡No vuelvas más, Jose Mourinho!

Hoy, El Tano Cigogna trabaja en las inferiores de Quilmes además de ser el tercer nombre de una particular lista de anhelos que viven dentro de la pisquis de un muy querido amigo mío…

Verón Mauricio

Mauricio Rodrigo Verón (La Bruja)

Y ya que venimos de planteles suprabaldoseros por completar, no podemos obviar al increíble Belgrano de Córdoba de principios de milenio. En contraposición al querido Ferro que se fue al descenso -donde hubo especimenes de todo tipo, calaña y exotismo- por El Pirata desfiló una caterva de jugadores quienes, luego de su efímero y remoto paso por Primera División, se convirtieron en futbolistas de “tierra adentro”. Y cuando decimos “adentro” es bien adentro. En lo profundo, lo postergado, lo rayano a lo amateur… ese es el caso de Mauricio Verón.

Volante central de esos que se pelan las rodillas con la única función de recuperar la pelota y pasársela a un ser humano que luciese la misma camiseta, nuestro homenajeado nació en San Lorenzo (Santa Fe) el 2 de julio de 1979. Iniciado en las canchas de Primera B con Argentino de Quilmes (1998/99), a mediados de 1999 llegó a Belgrano pero recién pudo debutar al año siguiente, cuando Mostaza Merlo lo utilizó durante 17 encuentros del Clausura siendo, mayormente, relevo de Teté González, y de José Luis y de Javier Villarreal.

Al siguiente torneo, La Pepona Biasutto lo mandó a la cancha en sólo 5 partidos y parecía que Verón no tenía nada más para brindar en la elite. Sin embargo, en 2001 llegó al banco Pirata Gustavo Alfaro, quien en la pretemporada ratificó al volante central como dueño indiscutido del puesto. La aventura de Mauricio Verón saliendo al campo entre los once duró lo que tenía que durar: hasta la segunda fecha, cuando se fue lesionado a los 37 minutos en la victoria 1 a 0 sobre Talleres en el clásico, con aquel inolvidable zapatazo de Julio López.

Un año y medio después, cuando Verón se recuperó de su lesión, Belgrano ya se había ido al Nacional B con su correspondiente y -por aquellos años- habitual depuración. El volante se exilió en Quilmes (2002/03) de esa categoría y fue actor de reparto en el equipo que logró el histórico ascenso a Primera. Aquel año lo finalizó en Argentino de Rosario de la Primera C, para luego iniciar un inestable raid al que vamos a denominar: “Deep Web”, mientras más profundo se escarba, más indicios hay sobre su paradero…

Tigre (2004), otra vez Argentino de Rosario (2005), Central Córdoba (2005/06), Independiente de La Rioja (2006/07), Atlético Tucumán (2007/09), Racing de Córdoba (2009/10), 9 de Julio de Morteros (2010), Sportivo Las Parejas (2011), Sarmiento de La Banda (2011/12), Atlético Regina (2013/14), Concepción FC (2014/15) y Tiro Federal de Morteros (2015) fueron sus siguientes destinos, conociendo más categorías que las que puede soportar un ser humano normal en esta existencia.

A mediados de 2016, Mauricio Verón sigue defendiendo los colores de Concepción FC de Tucumán, compartiendo equipo con la promesa baldosera ex Boca Juniors, Alejandro Alfonso. Nada nuevo bajo el puente. No será la primera ni la última vez que vemos un Verón entradísimo en años insistiendo con correr detrás de una número cinco…

Maidana Matías

Matías David Maidana (El Maidana Trucho)

Estaba predestinado a marcar una época en la zaga de Boca Juniors. A ser un referente, a despertar idolatría. Allá por mediados de 2007, el futuro ícono riverplatense, Jonathan Ramón Maidana, embelesaba al pueblo Xeneize con su prestancia, seriedad y sobresalientes condiciones. A tal punto que la alegre dirigencia del Club de La Ribera decidió tirar unos maletines al viento y trajo desde Los Andes al hermano menor del susodicho; todo para darle una alegría al central y por aquella vieja máxima de mantener a la famigia unita…

Matías Maidana, a él nos estamos refiriendo, nació el 9 de marzo de 1987 en Adrogué y se inició en El Milrayitas, al igual que su famoso y talentoso familiar. Iniciado como delantero, fue corrido cada vez más atrás en el campo de juego hasta que terminó fermentando como lateral derecho, como casi todo hermano muerto (?). Tras un puñado de encuentros en Los Andes de la mano de Mario Rizzi, se sumó a la pretemporada de Boca Juniors en La Posada de Los Pájaros antes la incredulidad de todos, incluido el propio jugador.

“No lo puedo creer. Voy a jugar en el club más grande del país y encima con mi hermano mayor. Todavía no caigo. Somos distintos. Yo por ahí soy más técnico y Jony es muy profesional y serio. Juega concentrado y jamás se descontrola. Él vive para el fútbol”, se atajaba en su primera entrevista. Todo muy lindo, realmente, pero tras un par de prácticas con el primer equipo, Miguelo Russo lo mandó a vivir a la reserva.

Sin embargo, y ya con Carlos Ischia en el timón del equipo, El Negro Ibarra se lesionó durante el inicio del Torneo de Verano de 2008 y eso le abrió la chance a Matías Maidana de jugar sus únicos 90 minutos en un abominable empate 0 a 0 frente a Racing en Salta. Ah, esa noche también debutaron con la Azul y Oro, Exequiel Benavídez y El Seba Battaglia Trucho. Todo dicho.

A mediados de 2008, con la venta de Jonathan al Metalist de Ucrania, a nadie en Boca ya le interesó la buena o mala fortuna de Matías, quien regresó a Los Andes (2008/09) del Nacional B para descender de categoría junto a Cubito Cáceres, Walter Alcaraz y El Piquetero Arce, entre otros. En 2010 jugó un semestre en Deportivo Armenio de Primera B y en 2011 pasó por el Linense del under Brasilero. En el último semestre de 2012 estuvo en Tristan Suárez y luego metió cuatro años en Berazategui  (2012/16) de la Primera C.

Sin embargo, Matías Maidana, quien desde mediados de 2016 es el refuerzo estelar de Cañuelas, sí dejó su marca imborrable en el fútbol grande de los domingos: esa cicatriz que vemos en la ceja de Jonathan Maidana cada vez que le hacen una entrevista, se la hizo su hermanito de un piedrazo por que, de chicos, no le quiso prestar los juguetes.

Y eso es todo lo que la posteridad va a recordar de Matías David Maidana…