Barcia Ignacio

Ignacio Miguel Barcia Cabrera

En el segundo semestre de 2010, Independiente se jugó un pleno a ganar la Copa Sudamericana. No le salió mal, al menos en parte, ya que conquistó el título en una recordada definición por penales ante el Goiás brasileño. Sin embargo, pagó el descuido del torneo local con el último puesto en el Apertura, que a la postre (?) sería clave en el descenso consumado en 2013. En ese semestre, el Rojo cosechó miserables 14 puntos, producto de 2 victorias, 8 empates y 9 derrotas.

Para afrontar las últimas fechas de aquel campeonato, el Turco Antonio Mohamed apeló a un rejunte de juveniles, veteranos y relegados. Uno que sumaba sus primeros minutos oficiales era el lateral izquierdo Ignacio Barcia, que en el receso invernal había participado de la pretemporada, bajo el mando de Daniel Garnero. El pibe nacido en Capital Federal el 15 de junio de 1989 ya era todo un histórico del club. “Empecé a jugar a los cinco años, en el baby. Luego, a los ocho, pasé a cancha grande, tras un partido que se realizó entre los chicos del baby y los de cancha de once. Después de ese encuentro, que fue observado por Nito Veiga y Ricardo Bochini, me dijeron que me tenía que presentar en el predio de Wilde para sumarme a los entrenamientos de la categoría superior”, rememoró alguna vez.

Antes del debut, había ido al banco de suplentes en la segunda fecha ante Argentinos Juniors y hasta se había colado en la lista de buena fe de la Sudamericana, gracias a la lesión del paraguayo Cristian Báez. Finalmente, en la jornada 14, salió desde el arranque, con el número 13, en el empate 1 a 1 frente a Olimpo de Bahía Blanca. Esa noche, actuando como zaguero central, conformó una línea de 4 con el ya recuperado Báez, Carlos Matheu y Maximiliano Vélazquez. Matheu había puesto en ventaja al equipo de Avellaneda, que no supo aguantar el resultado y sufrió la igualdad en la última jugada por intermedio de Carlos Salom, que aprovechó una salida espantosa de Hilario Navarro.

Siete días después, reapareció entre los titulares contra Colón de Santa Fe, en un encuentro casi calcado. Otro defensor, esta vez Velázquez con un bombazo, adelantó al Rojo, pero el Bichi Esteban Fuertes lo empató a 15 del final para el Sabalero.

La tendencia de los goles sobre la hora se repitió en la fecha 16, en la derrota por 2 a 1 ante Estudiantes de La Plata, el líder. Aquella vez, Barcia compartió la última línea con Samuel Cáceres y Carlos Matheu. A diferencia de los choques anteriores, Independiente arrancó abajo en el marcador por el tanto de Juan Pablo Pereyra (horror defensivo al margen), pero lo igualó gracias a Nicolás Martínez, el hermano menor del Burrito. A los 85, la Gata Fernández, con un cabezazo bombeado, le dio el triunfo a los dirigidos por Alejandro Sabella. A pesar de la caída, los pibes made in Avellaneda se fueron aplaudidos.

Una semana más tarde, el juvenil se despidió para siempre de la máxima categoría en un olvidable 0 a 0 contra Lanús en La Fortaleza.

Tras la pretemporada de 2011, donde sumó algunos minutos extraoficiales, estaba afianzado en el plantel profesional (qué bien), aunque nunca salió del banco de suplentes (qué mal). Así fue en el duelo postergado del Apertura contra Tigre que se jugó en febrero, en el arranque del Clausura ante Vélez Sarsfield y en dos partidos de la Copa Libertadores, frente a la Liga Deportiva Universitaria de Quito y Godoy Cruz. Además, formó parte del grupo que viajó a Japón para disputar y perder por penales la final de la Copa Suruga Bank con el Júbilo Iwata. Por entonces, sonaba como posible moneda de cambio, junto con Federico Mancuello, para la llegada de Javier Cámpora (goleador del Clausura 2011 con Huracán) a Independiente y también hubo sondeos del Tijuana de México.

Sin chances en Primera, colgado por Ramón Díaz, que tomó el mando tras la salida de Mohamed, y casi que estorbando en Reserva, tuvo que salir a buscar lugar en otra parte. Lo encontró bastante cerca, en la famosa Isla Maciel, con la camiseta de San Telmo (2012/13) en la Primera B Metropolitana. “Fue un error haber ido porque significó bajar dos categorías luego de pasar por la Primera de Independiente. Jugué alrededor de 40 partidos y al final descendimos, así que terminó siendo peor”, reconoció tiempo después.

Con el Rojo viajando a lo largo y a lo ancho del país en la B Nacional, Nacho regresó al club, pero Miguel Ángel Brindisi lo mandó a entrenar con los marginados. Lo rescató Omar De Felippe, pero no tuvo acción y a comienzos de 2014 rescindió su contrato.

Enseguida se sumó a préstamo a la UAI Urquiza (2014), también de la B Metropolitana, donde ni jugó. Su última experiencia como profesional fue en Bahía Blanca, con los colores de Villa Mitre (2014/15) -12 encuentros, una expulsión- en el Federal B. “Estuvimos cerca de ascender. En febrero-marzo de 2015 me volví para acá y los clubes estaban casi todos armados, no había cupos. Me salió para ir a entrenar a Berazategui, pero al final contrataron a otro refuerzo y no se pudo dar. Ahí ya había cerrado todo y quedé parado”, contó hace algunos meses en una entrevista al sitio Doble Amarilla, en la que relató su experiencia actual como empleado de una empresa de limpieza.

“Después de que me quedé sin club, estuve tirando currículums en todos lados. Un día, una conocida mía me dijo que su padre trabajaba en una empresa de limpieza en la que se ganaba poco. Agarré y le dije que sí, porque la verdad estaba desesperado. Al otro día me llamó el padre y me dijo que tenía que ir a firmar el contrato y arrancar a trabajar. En ese momento me salvó, cerré los ojos y fui. Jamás había trabajado en algo como esto, siempre había jugado al fútbol, pero le di para adelante”, contó. “Tenía que conseguir trabajo porque en ningún momento llegué a estar bien económicamente. No podía mantenerme entrenando sin cobrar un peso porque no me daba la billetera, así que necesité salir a trabajar”.

Hoy, alejado por completo del fútbol, sueña con volver a las canchas, aunque sabe que es difícil: “Llegué a Primera, viví mi sueño. Tengo que creérmela un poquito”, dice. Y agrega: “Me encantaría que algún club me dé una oportunidad”.

Malano Santiago

Santiago Malano

Uno de los ítems de nuestro decálogo podría decir: “Si sos goleador histórico de las inferiores, sos baldosero”. Puede haber excepciones, por supuesto, pero en general los que la meten mucho desde pendejos, terminan secándose para toda la cosecha. Y eso le pasó a Malano.

Nacido en la localidad bonaerense de Mercedes, Malanito pronto se convirtió en un referente de los juveniles del Racing Club de Avellaneda, donde formó parte de la categoría 1987 que terminaría ganando el campeonato de Cuarta División en 2004, con figuras como Sergio Romero, Gabriel Mercado, Dardito García, Claudio Yacob, Matías Sánchez, y Maxi Moralez, entre otros.

¿De profesión? Goleador. Sus estadísticas lo convirtieron rápidamente en una necesidad para el plantel de Primera, así que en 2005 tuvo su estreno cuando ingresó por el chileno José Luis Villanueva en una derrota 2 a 1 ante San Lorenzo. No convirtió ese día y tampoco en los otros 3 partidos que disputó ese año.

En el verano de 2006, las cosas pintaron mucho mejor. Convirtió goles en el torneo de verano (uno ante Boca, el día que La Academia usó números dorados en el comienzo de Nike) y además lo convocaron a la Selección sub 20.

Su situación, sin embargo, no cambió demasiado en los partidos por los puntos. En el Clausura de ese año siguió sumando minutos en otros 6 encuentros, pero no pudo marcar.

Menos participación tuvo en el Apertura, donde solo disputó 2 encuentros y tampoco pudo festejar.

Ya en 2007, volvió a convertirle en el verano a Boca, pero pasó otro torneo sin meterla (3 partidos en el Clausura), hasta que finalmente se pudo desquitar en el Apertura, con la camiseta 17 y después de 17 partidos y ninguna flor, hizo el primer gol oficial de su carrera en un 2 a 0 San Martín de San Juan, minutos después de que el Piojo López hubiera abierto el marcador.

Ya en el Clausura 2008, ese que desembocó en la Promoción ante Belgrano, Malano también pudo disputar dos encuentros: ante Tigre (entró por el Choro Navia) y ante Argentinos Juniors (reemplazó al Chanchi Estévez). No hizo goles, para variar.

El cartel de máximo goleador de las inferiores era un peso, por supuesto, pero el mayor condicionante de su etapa en Primera División fue la poca cantidad de minutos en la cancha. Generalmente, lo metían sobre el final para que salvara a un equipo prendido fuego, haciendo el tanto del empate o del triunfo. Y eso nunca sucedía.

Ya para la temporada 2008/09, lo prestaron a Atlético de Rafaela, en la B Nacional, donde tuvo más protagonismo y logró convertir 5 tantos en 30 partidos. Eso le dio chapa en La Legión Mercedina (?), ese selecto grupo de futbolistas nacidos en la ciudad bonaerense, como Lucas y Cristian Biglia, Matías Silvestre, Emanuel Culio y Martín Minadevino, entre otros.

Su regreso a Racing fue entre las sombras. En más, casi nadie lo recuerda, pero jugó un partido, y como titular, en la temporada 2009/10: fue en la derrota 2 a 0 ante Chacarita. ¿El técnico que le dio la confianza? Claudio Vivas.

Después de estar un semestre sin equipo, en 2011 inició el camino del futbolista errante, pasando por Cúcuta de Colombia, para luego aterrizar en Chile. Aunque no de la mejor manera…

A su llegada, le hicieron dos preguntas clave:


¿Tenías alguna referencia del técnico Omar Labruna?

Sí, yo sé que estuvo en Colombia en el Deportivo Cali y le fue muy bien, así que espero poder cumplir con lo que me pida. Además ha hecho un muy buen trabajo en Audax Italiano desde que asumió.

Vienes a reemplazar a un referente de Audax Italiano como lo fue Mauro Olivi, ¿Te pesa eso de alguna manera?

No me lo tengo que tomar como una presión, sino que vengo tratar de dejar mi marca y siempre va a ser un lindo desafío.


La segunda pregunta, lo puso más o menos en contexto. Tenía la difícil y pesada tarea de hacer olvidar a Mauro Olivi (?). La primera, sin embargo, terminó siendo la más importante. Porque ese “lo que me pida”, en referencia al entrenador, dio para múltiples interpretaciones.

En 2013, el Presidente del Sifup (Sindicato del Futbolistas Profesionales), Carlos Soto, acusó a Labruna a cobrarle una comisión al delantero para ponerlo en el equipo.

Luego, Soto tuvo que retractarse al enterarse que el propio jugador le había pedido disculpas al DT, delante de sus compañeros y de la dirigencia del club. Pero el quilombo ya había explotado.

Malano continuó jugando en la Primera B chilena, con las camisetas de Deportes Temuco (2013 a 2015) y Rangers (2015/2016), antes de marchar a la isla de Malta para vestir los colores del Valletta FC (2016 hasta la actualidad), junto a otros argentinos: Leandro Aguirre, Juan Cruz Gil y Federico Falcone (se sumaría también Miguel Alba).

Ahí, en un país con escasas canchas y con un nivel parecido al de una tercera o cuarta división de alguna potencia europea, el ex Racing tuvo la chance de ganar varios títulos locales y disputar fases previas de Champions y Europa League.

Evidentemente, encontró su lugar en el mundo.

Ojeda Lucas

Lucas Ramón Ojeda

Desde que Sergio Agüero dejó el fútbol argentino para triunfar en Europa, los hinchas de Independiente no han hecho otra cosa que desear su regreso, muchas veces alimentados por las sucesivas declaraciones del propio Kun, quien ha deslizado diferentes fechas retorno, siempre con algún horizonte no muy claro.

Las apuestas bonos sobre su vuelta han sido de lo más variadas desde entonces: que el Kun vuelve el año que viene, que en 2018, que después del Mundial, que antes de los 31, que ni bien se termine el contrato con el Manchester City. Y así hasta que quizás, el día que se termine la pandemia menos pensado, termine pegando la vuelta y ganemos un billete en apuestas deportivas Chile. La ilusión está (?).

Lo que muchos han olvidado, y lógicamente después de 14 años, es la última actuación del delantero con la camiseta roja. Y es ahí donde se mezcla su historia con la del baldosero homenajeado en el día de hoy.

En mayo de 2006, Agüero ya había dado muchas credenciales de sus condiciones, con apenas 17 años. Su venta al Atlético Madrid era un hecho y su representante no quería exponerlo en los últimos partidos del Clausura para no embarrar las cosas. Sin embargo, Agüero sí quería despedirse de su gente y por eso disputó los 8 minutos pendientes de un partido ante que había sido suspendido unos meses antes por agresión de los plateístas al Gatito Leeb. Independiente no puedo evitar la derrota 2 a 1 y quedó con pocas chances de entrar a las copas. Ese fue su adiós en la Doble Visera, pero aún faltaba su última función.

Unos días más tarde, el equipo de Falcioni visitó Rosario para enfrentar a Central, con esta formación: Ustari; Pautasso, Méndez, Abraham y Lorgio Álvarez; Machín, Herrón, Biglia y Armenteros; Agüero y Lucas Ojeda. Sí, el último compañero de ataque del Kun en el Rojo fue un pibe formoseño de 20 años, que había debutado un par de semanas antes.

Poco pudieron hacer juntos. El Rojo fue peloteado por Central, que ganó 2 a 0 y dejó a los de Avellaneda sin clasificación a la Sudamericana. ¿Sería acaso ese encuentro una especie de traspaso de mando entre las jóvenes promesas? Mmh, esperemos, pero apostaríamos que no (?).

Ya más o menos conocemos lo que fue la carrera del autor de la frase “cuando nos estemos más, nos van a extrañar”, pero lo que nos interesa es saber qué fue de la vida de su dupla aquel día.

A sus únicos 3 partidos en ese torneo (había jugado algunos minutos ante Olimpo y Boca), le sumó otro frente a Colón en el Apertura de ese mismo año, que sería el último en su paso por Independiente, ya que después se lesionó y no fue tenido en cuenta. Así, le diría adiós a la máxima categoría.

A partir de ahí, su derrotero incluyó paradas en Tigre (solo jugó amistosos), San Martín de Tucumán (2007), Atlanta (2008), Gimnasia y Esgrima de Entre Ríos (2008/09 y 2013); algunos años en Chile con pasos por Rangers (2009 y 2012), O’Higgins (2010), Iquique (2011) y Magallanes (2015); Universitario de Sucre (2016) en Bolivia; y un retorno a su Formosa para actuar en Sol de América (2016), Defensores de Formosa (2019) e Independiente de Fontana (2017, 2018 y 2020), donde volvió a vertir la camiseta roja.

Y el Kun, ¿para cuándo?

Sales Benítez Robert

Robert Sales Benítez

Ninguna política migratoria abrió tantas puertas como aquellos goles del paraguayo Derlis Soto que amargaron a River Plate en los tempranos 2000. Uno de los guaraníes que intentó aprovechar ese freepass fue Robert Sales Benítez, un mediocampista ofensivo categoría ’90 que aterrizó en Huracán proveniente de las divisiones inferiores de Cerro Porteño y que había iniciado el vuelo en Nacional de Asunción.

Tras un puñado de meses en Reserva, en noviembre de 2009, Héctor Jesús Martínez, DT interino del Globo, decidió que era el momento de mandarle un mensaje claro a la dirigencia y puso en el banco de suplentes del duelo ante Independiente, válido por la fecha 16 del torneo Apertura, a cuatro chicos de las juveniles: Gerardo Maidana, Rodrigo Lemos, Guillermo Roffés y nuestro homenajeado del día.

Con el 0-1 en contra y decidido a buscar el empate, cuando faltaban apenas 10 minutos para el final del partido, Martínez dispuso el ingreso de Sales Benítez en lugar del defensor Pablo Jerez, en lo que sería su debut y despedida en la máxima categoría. Para colmo, el paragua fue testigo privilegiado de cómo el Chipi Darío Gandín marcaba el 2 a 0 definitivo.

El oriundo de Coronel Oviedo, capital del departamento de Caaguazú, volvería a tomar por asalto las primeras planas de los diarios a mediados de 2010, cuando la siempre astuta dirigencia quemera se aseguró el fichaje del delantero venezolano Yonathan Del Valle sin darse cuenta de que superaba el límite de jugadores extranjeros (además del guaraní, ya contaba en su plantilla con el colombiano Harrison Otálvaro y los uruguayos Diego Rodríguez y Agustín Peña).

En un puñado de días, Sales Benítez pasó por todos los escenarios posibles: desde nacionalizarse argentino (dicen que no aceptó) hasta irse a préstamo a otro club y así liberar el cupo que tomaría Del Valle. ¿Quién lo vino a buscar? Olimpia. “Viene para hacer algunas pruebas, pero probablemente se quede”, repetía ante los medios el presidente del Decano, Eduardo Delmás. El paragua viajó a Asunción, pero no logró pasar el filtro y tuvo que regresar a Buenos Aires.

El que terminó pagando los platos rotos fue el pobre Del Valle, que debió rescindir contrato sin siquiera haber debutado oficialmente y volvió al Deportivo Táchira, no sin antes llevarse unos billetes a modo de resarcimiento. Tiempo después, el venezolano desarrolló una interesante carrera en ligas menores de Europa, que lo llevó a representar a la Vinotinto en la Copa América Centenario 2016.

¿Y el protagonista de esta historia? Lejos de Parque Patricios y de nuevo en su tierra natal, pasó con más pena que gloria por Independiente de Campo Grande (2011) durante su primera excursión por la A, y luego se dedicó a despuntar el vicio en la siempre competitiva Liga Caaguazú de Fútbol con los colores de Atlético Caaguazú y 19 de marzo.

Chaparro Lucas

Lucas Damián Chaparro

Qué montaña rusa de emociones fue la temporada 2011/12 para San Lorenzo de Almagro. Tres entrenadores (Omar Asad, Leonardo Carol Madelón y Ricardo Caruso Lombardi), algunos históricos bancando la parada, decenas de chicos de las divisiones inferiores incendiados a lo bonzo, y una salvación histórica en la Promoción ante Instituto de Córdoba gracias al Richard alcanzapelotas colorado.

Fue en medio de ese contexto de caos que el defensor central Lucas Chaparro asomó la cabecita. Antes, apenas había disputado unos minutos frente a Independiente en la pretemporada de verano 2011, de la mano de Ramón Díaz. Venía de romperla en Reserva y ante la escasez de laterales por izquierda, el Turco Asad lo subió al plantel profesional. Previamente, el DT había probado sin éxito con tipos algo más experimentados como José San Román, Jonathan Ferrari, Jonathan Bottinelli, Gonzalo Bazán y hasta un español, Gonzalo Bozzoni, del que nadie se acuerda.

Nacido el 5 de marzo de 1992, Chaparro era el hermano menor de Leandro, otro juvenil del Ciclón que pintaba bien y que con tan solo un partido oficial en el lomo había sido vendido a un grupo empresario que lo ubicó en el Vasco da Gama y que terminó deambulando por el ascenso portugués, pero esa es otra historia.

Sin demasiados titubeos (ni muchas más opciones), el Turco lo mandó a la cancha en el José Amalfitani ante Vélez Sarsfield por la fecha 8 del Apertura 2011. Esa tarde, el mix del Cuervo combinó a Pablo Migliore; Fernando Meza, Cristian Tula, Jonathan Bottinelli y Chaparro; Julio Ramírez, Enzo Kalinski, Gonzalo Bazán, Gabriel Méndez y Leandro Romagnoli; Emmanuel Gigliotti. En el banco aguardaban su chance Nereo Champagne, Nicolás Bianchi Arce, Giancarlo Carmona, Jonathan Pacheco, Sebastián González, Juan Carlos Menseguez y Juan Manuel Salgueiro. ¿Qué podía salir mal?

Lo que podría haber sido el inicio de una carrera fructífera se convirtió enseguida en una pesadilla. A los 29 minutos del primer tiempo, el tobillo de Chaparro dijo basta: un esguince lo sacó de competencia y en su lugar ingresó el también pibe Pacheco. Al ratito, Augusto Fernández puso el 1 a 0 para el Fortín, pero así y todo, San Lorenzo lo dio vuelta. A los 5 del segundo tiempo Kalinski marcó el 1 a 1 y sobre la hora el uruguayo Salgueiro le dio la victoria al conjunto de Boedo.

Asad no pudo soportar una serie de malos resultados y renunció a fines de noviembre, en las vísperas de un duelo ante Villa Dálmine por los 32vos de la Copa Argentina. Aquella tarde/noche en Catamarca, la dupla técnica interina integrada por el Gallego González y el Pampa Biaggio les dio un voto de confianza a los juveniles y puso a Ezequiel Mastrolía; José San Román, Fernando Meza, Abel Luciatti y Chaparro; Giancarlo Carmona, Leandro Navarro, Salvador Reynoso y Gonzalo Ramírez; César Lamanna y Nahuel Benítez. El Ciclón arranco perdiendo por el gol de Julio Navarro, pero salvó la ropa gracias a Nahuel Benítez y Salvador Reynoso.

Ya con Madelón y Caruso Lombardi, y la soga cada vez más apretada en el cuello, Chaparro no tuvo oportunidades y debió conformarse con actuar en la Reserva de Fernando Kuyumchoglu. Como de costumbre, nada cambiaría con el arribo de Juan Antonio Pizzi en 2012.

Tras quedar libre, la carrera del menor de la dinastía Chaparro se transformó en una sucesión de baches y algunos experimentos sin demasiado éxito. En 2015, por ejemplo, tenía todo arreglado para jugar en Independiente de Chivilcoy, pero terminó siendo una de las revelaciones del SATSAID, sí, el Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos, que disputaba la Primera División de la Liga de Luján y que contaba en su plantel con veteranos de la talla de Cristian Tavio, Ariel Franco y Paolo Frangipane.

A mediados de 2018, luego de varios años de ausencia, y siempre de la mano de su hermano mayor, buscó dar el salto a Europa. Primero estuvo en el Juventude Sport Club de Évora y semanas después en el Oliveirense, ambos de Portugal, pero no sumó ni un minuto.

De nuevo en casa, y cuando ya habíamos perdido las esperanzas de verlo actuando en una cancha, fue anunciado como refuerzo de Racing de Castex para disputar la temporada 2019/20 del Torneo Provincial de Fútbol.

Pierce Leonel

Michael Leonel Pierce

¿Jugador de fútbol o ilusionista? Quizás las dos cosas. Este criterioso volante central con nombre de tenista extranjero supo construir una carrera a la que no le falta nada: debut en Primera División, paso por el ascenso, experiencia internacional y, por supuesto, una situación por demás insólita que le da el rango de baldosero premium.

Nacido en 1993 en la localidad bonaerense de Chacabuco, se formó en las divisiones inferiores del Racing Club de Avellaneda y, después de un tiempo en Reserva, finalmente fue subido al plantel de Primera División, donde tuvo un estreno amistoso bastante particular: ingresó en el segundo tiempo del empate 1 a 1 ante Santamarina de Tandil, la noche que Mostaza Merlo se negó a definir por penales, enojado porque el rival se había excedido con los cambios. Lindo para haber apostado en betway y haber acertado ese desenlace inesperado.

Ese mismo año y ya por los porotos, Pierce entró a la cancha oficialmente, pero ahí ya no hubo sorpresas para betway: ese Racing andaba a los tumbos y Pierce fue titular en la derrota 1 a 0 ante Quilmes, en la 16º fecha del Torneo Final. Después del gol del Cervecero, marcado por Gonzalo Ríos, el 5 de marca fue reemplazado por el colombiano Roger Martínez. Solo jugó 80 minutos en La Academia. Además de su debut, fue su despedida.

Fue en ese momento que comenzó el camino del futbolista errante. Primero, pasó a préstamo a All Boys, donde disputó 15 encuentros entre la B Nacional y la Copa Argentina. Además, pudo compartir una cancha con su tocayo con futuro de Selección: Leonel Di Plácido.

Aunque claro, lo que pocos se enteraron durante ese 2015 es que Pierce se hizo un tiempito para ponerse la camiseta de La Nueva Academia de Chacabuco. Y ahí, en su tierra natal, aprovechó para tirar un poco de magia y tapar el recuerdo de las patadas que había tirado en su corta experiencia en Primera.

Según informó un medio zonal, en un partido ante Alumni por el Torneo 4 Ligas, Leonel Pierce firmó la planilla como Juan Gianone. ¿Qué? Sí, jugó con otra identidad, pero la cosa no se detuvo ahí.

Cuando el partido estaba 1 a 1, el ex hombre de Racing tuvo otra gran idea: abandonar la mitad de la cancha para ir al arco, así que se puso el buzo de Campagnuolo de 2001 y atajó. O mejor dicho, intentó atajar. Le metieron dos goles y su equipo perdió 3 a 1. Hola, betway, esta si garpa mucho.

Después de ese episodio que salió a la luz, algunos periodistas informaron que Pierce ya había cambiado su nombre en otros partidos. De no creer.

Ya con su nombre verdadero, en 2016 se fue a Santamarina de Tandil y jugó con continuidad durante 3 años, ganándose la posibilidad de actuar en el extranjero. ¿España? ¿Italia? Nada de eso: la liga rumana. Desde junio de este año defiende los colores del Botosani FC.

¿Nuestro sueño? Que meta un partido como arquero bajo el nombre de Piercescu. Nadie lo notaría.

Asad Jorge

Jorge Asad

De familia típicamente futbolera (es hermano de Julio, Ernesto y Eduardo, y primo de Omar), Jorge Asad no tuvo ni la más remota chance de escaparle al destino. Nacido el 26 de agosto de 1972, conoció los primeros flashes de la fama en 1989 cuando Carlos Pachamé lo convocó a la selección argentina sub 16 que disputaría el Mundial de la categoría en Escocia.

Si bien no actuó ni un minuto, compartió plantel con jugadores posteriormente reconocidos como Roberto Abbondanzieri, Leonardo Díaz, Luis Medero, Claudio París, Pablo Lavallén o Diego Castagno Suárez y también, claro, con íconos baldoseros como Walter Paz, Fernando López, Néstor Holweger, Gabriel Flores, José María Castro, Leonardo Selenzo y Gabriel D’Ascanio, entre otros. Tras una dubitativa primera ronda (empates 0-0 contra China y Nigeria, y una victoria por 4 a 1 ante Canadá), el conjunto nacional quedó eliminado en octavos de final luego de caer por 2 a 1 frente al Portugal de un tal Luis Figo.

Superada la frustración de la experiencia mundialista, Asad continuaría batallando en el sector derecho del mediocampo en las divisiones inferiores de San Lorenzo, club con el que debutó oficialmente en Primera el 30 de septiembre de 1991, en un 0 a 0 ante Quilmes, por la fecha 5 del torneo Apertura. Esa tarde, el cuadro azulgrana formó con Rubén Ruiz Díaz; Daniel Riquelme, Alejandro Simionato, Gustavo Carrasco y Alejandro Montenegro; Jorge Asad (Marcelo Zampini), Fabián Carrizo, José Daniel Ponce y Jorge Rinaldi (Diego Monarriz); Rubén Rossi y Daniel Leani. En el banco se quedaron esperando su oportunidad César Labarre, Gabriel Rodríguez y el Pirata Adrián Czornomaz.

Una semana más tarde, volvió a ser titular en la derrota por 1 a 0 ante Unión de Santa Fe, compartiendo la mitad de la cancha con Fabián Carrizo, el Bocha Ponce y Roberto García, y reapareció la fecha siguiente en la victoria por 1 a 0 frente a Rosario Central, al lado de Ponce, García y Monarriz.

En 1992, mientras los titulares ponían todos sus esfuerzos en la Copa Libertadores, donde el Ciclón quedó eliminado en cuartos de final contra Newell’s, un combinado de suplentes y juveniles salió a ponerle el pecho al torneo Clausura sin demasiado éxito (terminó penúltimo, apenas por encima del descendido Quilmes). En ese contexto, Asad fue suplente en la caída por 3 a 2 ante Vélez Sarsfield y titular en la derrota por 1 a 0 frente a Ferro Carril Oeste. Esa tarde, dirigido por Juan Carlos Carotti, y en compañía de Juan José Cardinal, Gustavo Matosas y Gabriel Rodríguez en el mediocampo, el menor de la dinastía le dijo adiós para siempre a la máxima categoría.

Lejos de los primeros planos, continuó su carrera en el ascenso, pasando por Estudiantes de Buenos Aires (1993/94) y Colegiales (1994/95), donde fue dirigido por su hermano mayor Julio. Nunca más volvimos a escuchar su nombre.