Rivas Esteban

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Esteban Hernán Rivas (El Tanque)

La mala campaña de Independiente en el Torneo Apertura 2004 hizo que para las últimas fechas Pedro Damián Monzón, que había agarrado interinamente el fierro caliente tras la salida de Daniel Bertoni (que a su vez había asumido luego del inesperado y envidiable fallecimiento de José Omar Pastoriza), les diera rienda suelta a algunos juveniles que buscaban minutos en la Primera del Rojo. Así, de prepo, fueron metiéndose en el inconsciente popular los nombres de, por ejemplo, Carlos Matheu, David Abraham, Fernando Lorefice, Sergio Agüero y Esteban Rivas, entre otros.

Nacido en San Jorge, provincia de Buenos Aires, el 28 de julio de 1984, Rivas, delantero de profesión, dio sus primeros pasos en el fútbol con la camiseta de Cadetes de Mar del Plata. A Avellaneda llegó de grande, ya con 19 años, tras probar suerte en Nueva Chicago y Chacarita. “En ese momento estaba Oscar Ruggeri de entrenador en la Primera del Rojo. Fue él quien me probó con un Selectivo que había en ese momento y tuve la suerte de quedar”, comentaba tiempo después.

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Lucas Pusineri, el malogrado Lucas Molina y Rivas, la noche de su debut.

Generalmente confundido con otro Rivas con pasado en Independiente (Emanuel, de larga trayectoria en el Calcio italiano), Esteban sumó sus primeros minutos oficiales ante Estudiantes de La Plata, en la antepenúltima fecha de aquel Apertura, cuando le tocó reemplazar al Pocho Insúa. Una semana más tarde, simplemente para marcar tarjeta contra Arsenal de Sarandí, el Moncho lo mandó a la cancha desde el inicio, acompañando al Kun Agüero en el ataque.

La llegada de César Luis Menotti y un puñado de actuaciones pálidas en el verano de 2005 terminaron de sellar su salida prematura del Rojo. Antes de marcharse, disputó otros míseros 5 minutos en la tercera fecha del Clausura, cuando ingresó en lugar del Turu Flores en la derrota por 1 a 0 ante Lanús.

Un semestre en el Querétaro mexicano (2005), al lado de César Carranza y Mauro Gerk, fue el paso previo al Conurba Experience con la casaca de El Porvenir (2006), que venía jugadísimo con el promedio del descenso: “Mi representante, Cristian Bragarnik, y sus socios estaban gerenciando al Porve y me propusieron ir”. ¿Cómo terminó la excursión? Con El Porve en la B Metropolitana, claro que sí. Ojo, lo peor todavía estaba, justamente, por venir.

A la vuelta, Independiente lo dejó libre junto a un “best of” de baldoseros como Roberto Carboni, Maximiliano Ayala, Tomás Charles, Martín Morello, Mauro Fanari y Pablo Torres. Tras un semestre de inactividad, el 2007 lo recibió otra vez en la tierra de los hermanos Weinbaum (?), aunque ahora con los colores de Peñarol, donde se entrenó antes de salir a buscar suerte en el fútbol italiano. ¿La encontró? Por supuesto que no. Y entonces terminó el año defendiendo la camiseta de Alvarado de Mar del Plata (2007/2008), equipo en el que tuvo una destacada actuación y con el que logró el ascenso al Argentino A.

A mediados de 2008, una oferta del Olmedo lo hizo armar las valijas y tomarse el palo a Ecuador. En la tierra de Delfín, mostró destellos de su mejor versión hasta que en 2011 una lesión en los ligamentos lo obligó a pegar la vuelta. De nuevo en casa, pasó por Alumni de Villa María en el Argentino A (2011) y en 2012 regresó a Alvarado de Mar del Plata, una categoría más abajo, aunque no pudo repetir el desempeño de su paso anterior.

Ese mismo año, Ricardo Dabrowski se lo llevó a Paraguay para jugar en Sol de América (2012/13). Si bien Rivas marcó tres tantos en su primer semestre, los resultados no acompañaron: en el Clausura, con el argentino entre los once titulares, el cuadro solense ganó apenas 2 partidos, empató 7 y perdió otros 7. Poco iba a cambiar la mano en la primera mitad de 2013, en la que tuvo menos acción y no convirtió: 2 triunfos, 2 igualdades y 2 derrotas. Todo terminó con Dabrowski eyectado de su cargo y Rivas, lastimosamente, relegado a la Reserva.

Una vez más en el fútbol vernáculo de los sábados, el Tanque se convirtió en uno de los bastiones de América de General Pirán (2013 a 2016), del Torneo Federal B, donde compartió plantel con otros baldoseros deluxe como Leonardo Tambussi, Carlos Junior IschiaGabriel Christovao y el nigeriano Fatai Olushola.

Decidido a incursionar en nuevas experiencias, hace algunas semanas Rivas se transformó en una de las principales esperanzas del Santa Clara (2017), pensando en lo que será la próxima temporada del Federal C, que arranca en febrero.

Desde acá, prometemos acompañarlo en todas y cada una de sus aventuras. Esperamos que no se quede sin nafta.

Antonio Juan Ignacio

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Juan Ignacio Antonio (Iñaki)

Fue la aparición más sorprendente de River Plate en 2006. Apenas un puñado de meses en Reserva le bastaron al delantero Juan Ignacio Antonio para ganarse un lugar de privilegio en la consideración de Daniel Alberto Passarella que, tras un golazo en una práctica en la que le tocó jugar por el Burrito Ortega, no dudó en mandarlo al banco de suplentes en la segunda fecha del Torneo Apertura, ante Newell’s Old Boys, en el Monumental.

Nacido en Trelew el 5 de enero de 1988, Antonio venía de romperla en las divisiones inferiores de la filial de la Comisión de Actividades Infantiles (CAI) y hasta había llamado la atención de los cazatalentos del Liverpool inglés y el Inter italiano, a los que les dijo que no. También, era una figurita frecuente en las convocatorias de Hugo Tocalli a las selecciones Sub 17 y Sub 20.

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El Millonario lo venía siguiendo desde hacía dos temporadas, pero sus padres se negaban a que el atacante viajara a Buenos Aires hasta que finalizara la secundaria. Bicho raro entre los futbolistas, cuando terminó el colegio se anotó en la Facultad de Derecho, pero tuvo que largar porque los horarios coincidían con los entrenamientos.

“Me gusta bajar a buscar la pelota, no soy un delantero de área y trato de sacrificarme por el equipo, y más por la camiseta de River, que la defiendo a muerte porque desde chico soy hincha fanático”, decía, a modo de carta de presentación, en una entrevista al diario Clarín. El debut del niño mimado del Kaiser, que hasta había sido incluido en aquel polémico convenio con el Locarno suizo, era cuestión de tiempo. Y llegó rápido: en la tercera fecha, contra Racing. Esa tarde, la Academia derrotó a River por 3 a 1 y Antonio reemplazó al Tecla Farías cuando quedaban poco más de veinte minutos.

El juvenil volvió a aparecer a la semana siguiente, cuando ingresó a diez del final en lugar de Ariel Ortega en la victoria por 2 a 0 ante Argentinos Juniors y la otra, versus Arsenal de Sarandí, cuando sobre la hora entró por el Pipita Higuaín. Además, se anotó unos porotos en la eliminación de la Copa Sudamericana en manos del Atlético Paranaense de Brasil.

Algunos problemas físicos (operación de pubalgia y tendinitis en ambas rodillas) lo complicaron en el arranque de 2007 y durante el Clausura apenas fue una vez al banco de suplentes: en la fecha 11, ante Banfield. Reapareció un año después de su debut, en la jornada 7 del Apertura, en una goleada frente a Vélez, cuando le tocó reemplazar a Marco Ruben en el primer tiempo y conformar una inesperada dupla de ataque con Andrés Ríos. Dos semanas más tarde, contra Lanús, se anotaría otros 15 minutos en su currículum, cuando entró en lugar de su ídolo, el Burrito Ortega.

El alejamiento de Daniel Passarella y una seguidilla de lesiones graves prácticamente lo sacaron del mapa futbolístico. En esos tiempos apartado de las canchas, mataba las horas libres como guitarrista de La vieja mimosa, banda de rock que compartía con familiares y amigos.

Ya recuperado, a los tumbos deambuló por la Reserva hasta 2010, ahora con el Kaiser como presidente, cuando Leonardo Rubén Astrada lo sacó del freezer y lo puso un ratito ante Newell’s Old Boys por la fecha 13 del Apertura. También jugó en la jornada siguiente, frente a Atlético Tucumán, antes de que al Jefe le dieran el olivo. Ya con Ángel Cappa como entrenador, fue suplente una vez y, finalmente, a mediados de 2010 quedó libre.

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La resurrección (?) llegaría en el fútbol italiano, de la mano de Filippo Colasanto, un agente FIFA que lo había visto en Reserva y le consiguió un test en el Brescia (2010). Tras casi un mes a prueba en gran nivel, firmó contrato por dos temporadas, aunque apenas disputó un partido por Copa Italia y se marchó cedido al Ascoli (2011) de la Serie B.

En su nuevo club jugó solamente en seis ocasiones, pero fue el héroe de la ciudad gracias a un gol al Frosinone que sirvió para mantener la categoría. Algunas buenas actuaciones en su regreso al Brescia (3 tantos en 20 encuentros en 2011), lo pusieron en la mira de la Sampdoria (2012), donde conocería a Chiquito Romero, Maximiliano López, Mauro Icardi, Fernando Tissone y el uruguayo Bruno Fornaroli y lograría el ascenso a la Serie A.

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Consultado sobre la posibilidad de vestir la maglia azzurra, decía: “Si tengo la suerte de jugar, que sea en la Selección Argentina. Me siento italiano, tengo doble nacionalidad. Pero mi corazón es argentino”. Y agregaba: “Prefiero un amistoso con Argentina que un Mundial con Italia”.

Sin espacio en el plantel principal de la Samp en Primera (8 minutos en 2 partidos), se fue a préstamo al Varese (2013), donde las lesiones atentaron contra su continuidad. Buscó regresar a su mejor versión en Brescia (2013/14), pero ya nada sería igual. En septiembre de 2014 se sumó al Parma en una operación que incluyó el traspaso del argelino Djamel Mesbah a la Sampdoria, sin embargo, inmediatamente fue cedido al FeralpiSalò (2014/15) de la tercera división, donde dijo basta.

Antes de convertirse en un gitano de las categorías más insólitas del Calcio, en octubre de 2015, decidió colgar los botines para volver a su Trelew natal y dedicarse a su otra pasión: la música.

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“Italia ya me dio todo lo que tenía para dar. Me cansé del fútbol. Hablé con mi esposa y mi hijo y voy a dedicarme a la música. Ya agarré mi vieja guitarra y estoy listo para los escenarios. Quiero aprovechar la vida lejos del fútbol. Dos acordes y un micrófono me alcanzan para ser feliz”, decía. Y así va por la vida buscando lo que justamente le faltó a su carrera futbolística: ritmo.

Rodríguez Pablo [Actualización 2016]

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Pablo Martín Rodríguez (Maravilla)

Fue actor de reparto en varias selecciones juveniles, pero casi que nadie se dio cuenta. Se marchó a Europa siendo muy joven y logró destacarse en ligas menores, pero pocos se enteraron. Volvió a nuestro país con toda su experiencia al hombro, pero nadie se percató. Se retiró en el anonimato y siguió trabajando en el ambiente. Fue asistente, DT y coordinador, pero siempre lejos del reconocimiento popular. Insistió, insistió e insistió, hasta que un día pudo hacer ruido en el fútbol argentino. ¿Su función? Comentarista en televisión. Con ustedes, Pablo Rodríguez.

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Surgido de la cantera de Argentinos Juniors, comenzó a dar muestras de su talento en la Sub 17 de Mostaza Merlo que disputó el Mundial de Japón en 1993, con valores como Nico Diez y Emiliano Romay. Más tarde, integró las selecciones de Pekerman, acoplándose a esa gran generación que conquistaría el Sudamericano de Chile y el Mundial de Malasia en 1997. Era enganche y tenía habilidad. El tema era que el pibe del Bicho no se llamaba Aimar, ni Cambiasso, ni Riquelme, ni Perezlindo (?). Apenas era Pablo Rodríguez. Y quizás ese nombre tan común haya influido en el perfil bajo que cultivó a lo largo de su carrera.

Con el cuadro de La Paternal debutó en la fecha 15 del Clausura ’96, ante Belgrano, pero tuvo más rodaje recién en la temporada siguiente, donde participó de 23 partidos del Nacional B e incluso jugó la Supercopa. De nuevo en la máxima categoría, siguió actuando de forma salteada, pero al mismo tiempo despertando el interés de equipos europeos.

En 1998, se fue al Crystal Palace de Inglaterra, junto a Cristian Ledesma y Walter del Río, pero después de tres semanas de entrenamientos se tuvo que volver junto al Lobo, porque no hubo acuerdo con el club inglés, que en ese momento trataba de surfear una crisis económica de la mano del joven empresario Marck Goldberg.

De regreso en Argentinos, Rodríguez llegó a completar 13 partidos en la elite e incluso marcó un gol, para ganarle 2 a 1 a Newell’s en el Clausura ’98. Pero un día, lejos de los flashes y las tapas de los diarios, le dijo adiós a nuestro fútbol.

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Fue Francia el país que lo cobijó. Y nada menos que la ciudad de Niza: playa y glamour, de lo mejor de la Costa Azul. Su paso por el OGC Nice (1998 a 2003) fue de menor a mayor, consiguiendo la idolatría con el ascenso a la Ligue 1 en 2002. Fue entonces que se dijo que podía pasar a la Roma de Italia, pero finalmente se quedó un año más en Niza, hasta que nuevamente apareció Pekerman en su vida.

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¿Se acuerdan del Proyecto Grinbank en el Leganés? Bueno, Pablo Rodríguez fue uno de los 16 jugadores argentinos que se pusieron la casaca del cuadro pepinero en la temporada 2003/04, en la segunda división española. Todo bajo la atenta mirada del hombre Peker en su función de mánager y el Cai Aimar como entrenador. La experiencia apenas duró unos meses porque el empresario del rock terminó levantando campamento, pero al menos se dieron el lujo de poner contra las cuerdas a los Galácticos del Real Madrid.

El siguiente destino de Rodríguez fue el Beira-Mar de Portugal. Y miren si le habrá ido mal, que hasta su curiosamente extenso artículo en Wikipedia lo reconoce (?). Sólo disputó poco más de 100 minutos y pudo conocer al Tanque Santiago Silva, quien seguramente le recomendó que probara con otro deporte: el fútbol uruguayo.

En Montevideo Wanderers (2005), el volante argentino tampoco jugó mucho tiempo, pero al menos utilizó la experiencia para aterrizar en Sudamérica y hacer contactos que le servirían a futuro. Mientras tanto, sentía que todavía le quedaba un tirito como jugador en nuestra tierra.

Su no tan esperado retorno a la Argentina se produjo en el Apertura 2005, cuando defendió la divisa de Olimpo de Bahía Blanca, ingresando en 3 partidos: ante San Lorenzo, Arsenal y Vélez. Poco pudo hacer en los minutos que tuvo, fue limpiado por el técnico Labruna y volvió a ser considerado por Madelón en la temporada siguiente, ya con el Aurinegro en la B Nacional. ¿Ahí jugó? Casi nada. Comió banco a morir, pero al menos formó parte del ascenso a Primera (2006/07).

Tras un semestre en el que estuvo fuera de la actividad, fue rescatado por El Porvenir (2008), donde compartió tardes con Leonel Martens, Pablo Alassia y el Bocha Cameroni. ¿Y ahí tuvo continuidad? Sufrió lesiones y apenas jugó 8 encuentros. Estamos hablando de la Primera C. Su Wikipedia ni siquiera lo menciona.

Inexplicablemente (al menos desde lo deportivo), a mediados de ese año saltó 3 categorías y firmó para Colón de Santa Fe (2008/09). El primer torneo se la pasó en Reserva, pero en el segundo se dio el lujo de jugar: 1 partido, tampoco se crean que tanto. Fue en la victoria 3 a 0 ante San Lorenzo, ingresando por el Pony Oyola a los 68 minutos. Esa fue su despedida de las canchas.

Su interés por el fútbol, sin embargo, nunca desapareció. Estudió en la Escuela de Directores Técnicos de Vicente López, donde se recibió junto a Rodolfo Arruabarrena, Anibal Matellán, Paulo Ferrari y Marcelo Gallardo, entre otros. Y fue precisamente el Muñeco el que le dio la chance de integrar su cuerpo técnico en Nacional de Montevideo. No solo fue ayudante, sino que también dirigió la Reserva del Bolso.

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En 2013, Pablito se hizo cargo de Cerro en el rol de coordinador, pero no tardaría demasiado en lanzar su carrera solista (?) como DT. Al año siguiente se puso el buzo y comenzó a laburar con Patota Morquio y Rubén Umpiérrez como colaboradores. Y les fue bien, porque terminaron zafando del descenso, el objetivo principal.

Ya para 2015, Rodríguez tenía como meta agarrar la Primera de Argentinos Juniors, pero el universo es tan impredecible, que nos daría a Maravilla (también apodado El Bomba) en un nuevo rol, el de comentarista de partidos en televisión. Y ahí sí, llegaría su explosión.

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De repente, las aburguesadas transmisiones se vieron sacudidas por una voz nueva, con conceptos diferentes (muchas veces, inentendibles) y condimentados con algunos furcios típicos de la inexperiencia o los nervios de la ocasión. Eso sí, siempre bien alejado del estereotipo.

Con frases como “El riesgo es el requisito básico del éxito” o “construir es mas difícil que destruir, pero es mejor haberlo intentado”, se fue ganando la atención de los futboleros, que al enterarse del cercano final de Fútbol para Todos, al menos tendrán un motivo para no extrañarlo.

Especiales: los cameruneses de River

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Alexandre Many Essomba y Jules Ismael Djoudjou Kamga

Oriundos de Camerún, Alexandre Many Essomba y Jules Ismael Djoudjou Kamga, delantero y arquero respectivamente, llegaron a nuestro país a fines de la segunda mitad de la década pasada con la ilusión de ganarse un lugar en las divisiones inferiores de River Plate. No iba a ser fácil, claro.

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Alexandre Many Essomba

En 2008, el excéntrico Many Essomba, de apenas 17 años, se convirtió en el primer camerunés en firmar contrato con el Millonario. Atrás quedaban los inicios en su tierra natal con los colores del Black Panthers y Canon Yaoundé.

Carismático, fanático del asado y de Pasión de sábado, el morocho no tardó mucho en pegar buena onda dentro del plantel de la quinta categoría de River Plate, aquella que compartía con los mellizos Rogelio y Ramiro Funes Mori y el Chino Diego Ortega, entre otros. Cuenta la leyenda que en su primer partido amistoso en Argentina, ante Estudiantes de La Plata, jugó tan bien que hasta los rivales fueron a felicitarlo: “En Camerún, fútbol ser rápido. Acá mucha técnica”, repetía Many.

Sin embargo, el camerunés no pasó de un puñadito de actuaciones en inferiores y Reserva y, a mediados de 2011, con el descenso ya consumado, debió marcharse en busca de nuevas oportunidades. Pareció encontrarlas en el Mérida FC de la segunda división mexicana, donde arribó de la mano de Ricardo Valiño, que lo había dirigido en River. “Vengo a meter goles, a ganarme el puesto. Y quiero que olviden a Biyik”, decía en referencia a François Omam-Biyik, aquel del gol a Argentina en Italia 1990, que había pasado por México a fines de los noventa.

Pero Essomba no pudo afianzarse y se marchó antes del final del campeonato, tras apenas siete presentaciones: “Las cosas no se dieron acá en México, ha sido una lástima, pero por ahora no quiero jugar más futbol. He jugado por espacio de dos años y por ahora tengo pensado irme a Francia con mi familia y allí seguir con mis estudios. Lo que voy a hacer con el futbol todavía no lo tengo decidido”.

De a poco, más cerca de los suyos, el delantero se reencontró con la número 5, aunque ya bien lejos de los primeros planos. De los segundos y terceros también, eh. En su tierra natal lo hizo en el Dragon Club de Yaoundé (2012/13), mientras que entre 2013 y 2015 defendió la camiseta del Avenir Foot Lozère y desde ese año, con un look bastante cambiado, hace lo propio en el Olympique d’Alès en Cévennes, ambos de la quinta división francesa.

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Jules Ismael Djoudjou Kamga

Casi dos metros de altura, 93 kilos y calzado número 47. La carta de presentación del arquero Jules Ismael Djoudjou Kamga, a priori, imponía respeto. Nacido en Duala en diciembre de 1990, había llegado a prueba en 2009, pero terminó fichando un año después y las oportunidades no tardaron en aparecer. En abril de 2010 debutó como titular en Cuarta (relegando a Rodrigo Rey y Rodrigo Cardozo) ante Almirante Brown y si bien el partido terminó empatado 1 a 1, el morocho no tuvo responsabilidad en el gol.

Fan de Thomas N’Kono, Djoudjou Kamga era, según el entrenador César Laraignée, uno de los proyectos más interesantes de la cantera millonaria. Por eso probablemente no llamó la atención que pocos meses más tarde tuviera su primera chance en Reserva, en pleno estadio Monumental, ante Olimpo. Aquella tarde, el camerunés dejó atrás a Gonzalo Marinelli y Leandro Chichizola, los arqueros que alternaban el puesto en Tercera, que ni siquiera fueron al banco de suplentes.

El moreno quedó en el ojo de la tormenta porque tuvo responsabilidad en los dos goles del conjunto de Bahía Blanca (el encuentro terminó 2 a 2) y principalmente porque en el Mundo River había quienes aseguraban que sumaba cada vez más minutos porque estaba vinculado al representante Alejo Esmoris, yerno de Ubaldo Fillol, que se desempeñaba como coordinador de goleros y ayudante de campo de Juan José López, el DT de la Primera. El que estalló de bronca fue Chichizola, que pegó el portazo, dejó de ir a los entrenamientos y hasta amenazó con irse del club con el pase libre.

Ya lejos de Núñez, Djoudjou Kamga siguió su camino en el fútbol de ascenso belga, donde defendió los tres palos del Royal Excel Mouscron, Royal Géants Athois y Royal Francs-Borains, donde se desempeña actualmente.

Balsas Sebastián

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Sebastián Andrés Balsas Bruno (El Torero)

Breve y atípica, la carrera profesional del delantero uruguayo Sebastián Balsas pasó por todos los estadios posibles. Tuvo picos de euforia, caídas pronunciadas, momentos de incertidumbre y hasta ribetes casi trágicos. Todo eso condensado en un lapso de siete años.

Nacido en Montevideo en marzo de 1986, el botija metió sus primeros goles en inferiores con la camiseta de Nacional, el cuadro de sus amores. Sin embargo, en 2001 la economía familiar andaba a los tumbos, al ritmo de la crisis que afectaba a toda la región, obligándolos a bajar la persiana del negocio que tenían y a emigrar a España en busca de nuevas oportunidades y un futuro mejor. En el Viejo Continente, a la par de los estudios, le dio a pelotita en el Club Deportivo Oliver de Zaragoza y hasta casi se va a Inglaterra: “En un momento me quisieron llevar, pero no me animé: pensaba que iba a extrañar mucho a mis padres y a mis hermanos”.

En diciembre de 2005, en un viaje a su tierra natal, Balsas enfrentó en un fútbol 5 a un representante de jugadores, Gustavo Nikitiuk, que le vio condiciones y le ofreció testearlas en clubes del paisito. Primero estuvo un año en la Tercera de Liverpool, donde conoció a Emiliano Alfaro, y luego pasó un semestre en Miramar Misiones, sin chances de debutar.

Cuando estaba por pegar la vuelta a Europa, surgió un interés de parte de Racing de Montevideo (2007 a 2009), que la temporada anterior había descendido a la B. De la mano del baldosero Eduardo Favaro, el Cervecero conquistó el Apertura de punta a punta y Balsas se dio el gusto de jugar profesionalmente por primera vez a los 21 años. En el Clausura, ya con José Puente como DT, el verdiblanco mantuvo el buen nivel y garantizó el ascenso con varias fechas de anticipación.

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En el regreso a Primera, Racing fue la sensación del Uruguayão y por su ubicación en la tabla anual 2008/09 se ganó un lugar en la liguilla, que otorgaba dos plazas para la Libertadores de 2010 y otros dos cupos para la Sudamericana 2009. Los de Sayago terminaron segundos, detrás de Cerro, y se metieron de cabeza en el certamen internacional más importante del continente.

Para ese entonces, Balsas se debatía entre ofertas de Nacional y Peñarol, que buscaban sus goles. El pibe ni lo dudó y firmó con el Bolso. Atrás quedaba una marca de 19 tantos en 51 encuentros con la casaca del Cervecero. En Nacional (2009/10) redondeó 20 presentaciones, la mayoría ingresando desde el banco de suplentes, y convirtió 5 veces (2 a Atenas de San Carlos y… 3 a Racing de Montevideo -que no los gritó, algo que no cayó del todo bien entre los hinchas tricolores-).

Para mediados de 2010, ya había dejado de ser el secreto mejor guardado del fútbol uruguayo y su nombre sonaba en casi todos los clubes de la vecina orilla. Lo buscaron, entre otros, Tigre, Estudiantes de La Plata y hasta River Plate, pero el destino del charrúa estaba en Boedo, Almagro el Bajo Flores.

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“Me encantan los colores de San Lorenzo porque son parecidos a los de Nacional, el club del que soy hincha en Uruguay. Además, me gustó siempre porque acá jugó el ‘Loco’ Abreu, que es hincha de Nacional, es delantero como yo y tuvo un paso muy bueno por San Lorenzo”, relataba en sus primeras entrevistas, vendiendo un poco de humo. “Espero lograr lo mismo que Abreu. Ojalá que, en el futuro, a un uruguayo tengan que preguntarle por mí”.

El arranque de Balsas en San Lorenzo (2010) fue más que prometedor, con un golazo sobre la hora a Racing en el Cilindro en la tercera fecha y otro (más una asistencia a Menseguez) a Boca en La Bombonera, en la quinta. Sin embargo, la campaña del equipo de Ramón Díaz en la segunda mitad del campeonato dejó bastante que desear (terminó 14°) y rápidamente los aplausos pasaron a ser murmullos y silbidos.

Si hay algo que marcó a fuego la corta estadía del yorugua con la camiseta azulgrana fueron los cortocircuitos con el propio Ramón: “Me cuesta entender la decisión del entrenador, sobre todo porque hace seis meses firmé un contrato por cuatro años. Me dolió que no me dejen ir a la pretemporada. Jugué nueve partidos como titular y marqué tres goles -el tercero a Tigre, en la fecha 11-, no creo que sea una mala marca”, declaraba a comienzos de 2011, luego de que le comunicaran que no iba a ser tenido en cuenta, al igual que Fabián Bordagaray, Sebastián Rusculleda, Nelson Benítez, su compatriota Emiliano Alfaro y Diego Rivero.

En el medio, un temita recurrente en aquel plantel del Ciclón: el póker. “Yo le pregunté a Ramón porque no me quería y me dijo que era futbolístico. No creo que me haya mentido. Soy un gran profesional, pero me perjudicó lo que se dijo del póker. Estábamos jugando dos días antes del partido con Estudiantes. Preferí integrarme al grupo jugando con mis compañeros y no estando solo en la habitación. No soy una mal profesional por haber jugado al póker”, repetía acerca de la noche en la que se produjo un quiebre en la relación entre algunos jugadores y el segundo riojano más famoso del país.

Enseguida llegó a ser anunciado como refuerzo del Tenerife, aunque el pase no se concretó por problemas con la documentación. También estuvo varios días a prueba en el Malmö de Suecia, que descartó su contratación, y terminó regresando al paisito para un touch & go en Racing de Montevideo (2011).

A mediados de año se sumó a préstamo al Córdoba español, donde actuó poco y nada y para colmo se llevaba a las patadas con el técnico, Paco Jémez: “Nadie le ha dicho que se busque equipo ni que se vaya. Es jugador del Córdoba siempre que él quiera. Fue él el que vino a hablar conmigo para decirme que tenía una oferta de Argentina”. Es que el uruguayo tenía todo arreglado para sumarse a Argentinos Juniors (2012), de cara al torneo Clausura.

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Al Bicho de La Paternal, donde apenas disputó 8 encuentros, llegó a pedido de Néstor Gorosito -que renunció tras aquel recordado y confuso accidente– y huyó despavorido luego de un violento robo del que fue víctima junto a Sergio Escudero. “Fuimos a sacar dinero a un banco. Al salir nos encañonaron dos tipos y se nos subieron al auto. A Sergio, que iba manejando, lo pasaron para atrás y uno se sentó en el volante conmigo al lado. Me puso la pistola en el estómago y me decía que no me moviera, pero en un momento se me cruzaron los cables y le pegué una piña. Ahí empezamos a forcejear y el que manejaba sacó un cuchillo, me pegó dos puñaladas en la pierna y otra en el brazo, entonces me tiré como haciéndome el desmayado”, relató tiempo después al Diario Olé. Y siguió: “Me di cuenta que soy macho pero hasta la tercera puñalada, ja. El que estaba atrás me puso la pistola en la boca y me dijo que si me movía, me mataba. Fue un momento terrible el que vivimos”.

Decidido a alejarse de Buenos Aires porque “estaba muy perseguido, iba por la calle y sentía que todos me miraban como si tuviera plata en los bolsillos”, y porque tampoco estaba en los planes de Leonardo Rubén Astrada, aceptó la propuesta del empresario de medios Daniel Vila y se sumó a Independiente Rivadavia de Mendoza (2012), que buscaba el ascenso en las vísperas de su centenario. ¿Qué pasó? En plena pretemporada, Balsas se rompió la rodilla. Luego, se acentuaron los problemas: “En el segundo semestre empecé a sufrir problemas en la espalda, ya las últimas semanas perdía la estabilidad porque del dolor que tenía se me dormían las piernas como un acto reflejo. Quería jugar, recuperarme, me infiltré muchísimo…”.

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Con tan solo 26 años, Balsas no podía más físicamente. “Se me terminó el contrato en Mendoza y me fui a España. ¡Fue el peor viaje de mi vida! En el avión no podía estar sentado del dolor que tenía. No bien llegué me hice estudios y los médicos no entendían como podía haber llegado a tener tres hernias, una que era enorme, y haber soportado tanto dolor. Pasa que como quería volver a jugar, me infiltraba y aguantaba. Hasta que no pude más”.

Tras una serie de operaciones que lo dejaron fuera de competencia en 2013, en 2014 se ilusionó con su tercer regreso a Racing de Montevideo buscando la recuperación. Durante el primer semestre se mantuvo entrenando con la Reserva del equipo uruguayo y en agosto se sumó al L’Aquila de la tercera división italiana, pero apenas actuó unos minutos y el cuerpo no dio para más.

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“Álvaro González, que es un gran amigo que en ese momento jugaba en la Lazio, me contactó con un doctor italiano muy importante. Le llevé todos los estudios y le pedí que me dijera la verdad porque ya estaba cansado de toda esa situación. El tipo fue directo: “No podés volver a jugar profesionalmente”, relató. Así fue que a fines de 2014, con apenas 28 años, Balsas colgó los championes de una vez por todas.

Por estos días vive en Zaragoza y, completamente alejado del fútbol, administra un restaurante al mismo tiempo que disfruta del anonimato “salvo cuando viene algún argentino o uruguayo. Cuando me reconocen trato de hacerme el boludo, pero por lo general no puedo, ja”.

Simonetti Franco

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Franco Simonetti

Ni el más pesimista de los hinchas de Independiente se imaginó lo que iba a ocurrir en la fecha 17 del Torneo Clausura 2009, cuando su club tuviera que enfrentarse con Banfield en el estadio Florencia Sola.

Para esa altura, Américo Rubén Gallego encaraba su segundo ciclo al frente del cuadro de Avellaneda y hacía malabares con lo que tenía a mano. Cansado del bajo rendimiento de sus dirigidos, pasó el plumero y en cuestión de semanas se cargó a Lucas Mareque, Ricardo Moreira, Damián Ledesma, Federico Higuaín, Damián Luna, Pepe Moreno, Leandro Depetris y Emanuel Centurión, entre otros.

Amparado en varios jugadores experimentados y algunas promesas de las inferiores, para el duelo de aquella tarde/noche del 12 de junio, el Tolo paró en la cancha a Fabián Assmann; Franco Simonetti, Leandro Gioda, Eduardo Tuzzio y Guillermo Rodríguez; Gastón Machín, Lucas Pusineri, Fernando Godoy y Federico Mancuello; Daniel Montenegro y Darío Gandín. En el transcurso del partido ingresaron Sergio Vittor, Leonel Ríos y Leonel Núñez. Todos futbolistas medianamente reconocidos, que lograron mantenerse un buen rato en Primera o a lo sumo en la segunda división de nuestro país o del exterior. Todos menos uno, claro.

Nacido en Luján el 23 de agosto de 1989, el lateral por derecha Franco Simonetti había arribado al club en 2007 desde San Lorenzo de Luján, con el que debutó en el Argentino C, y tenía en el lomo un puñadito de encuentros en su categoría: la cuarta. Una semana antes del choque ante el Taladro, Gallego quedó fascinado con la actuación del defensor de 19 años en su primer partido con la Reserva y, escaso de recursos, lo subió al plantel profesional, donde compitió mano a mano por un lugar en el once inicial con el paraguayo Diego Gavilán, que había llegado con chapa de figura, pero que estaba muy lejos de su mejor versión.

Todo lo que ocurrió tras el pitazo inicial fue una sucesión de hechos bochornosos que parecía no tener fin. Banfield goleó a Independiente por 5 a 0 con tantos de Santiago Silva por duplicado, Víctor López, Sebastián Fernández y Julio Barraza para el delirio de su gente y para la desesperación de la parcialidad del equipo de Avellaneda, que se la pasó entonando “la más maravillosa música”. Si bien Simonetti no fue ni por asomo el peor de la última línea (solamente tuvo responsabilidad en el cuarto gol), terminó pagando los platos rotos: jamás volvió a vestir la camiseta de los diablos rojos y debió conformarse con alternar entre Cuarta y Reserva hasta que quedó libre a mediados de 2010.

Tras semejante mazazo, Simonetti desapareció sin que nadie se diera cuenta. Recién volvimos a tener noticias suyas varios años más tarde, cuando lo encontramos defendiendo los colores de Gimnasia y Esgrima de Chivilcoy (desde 2013) en el ascenso profundo.

Allí sigue hasta hoy, tratando de olvidar que alguna vez fue actor de reparto en una de las noches más fatídicas de ese letargo que un puñado de temporadas después acabaría en la B Nacional.

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Carlos Rubén Fondacaro

A mediados de 2006, antes del receso por el Mundial de Alemania, el Boca de Alfio Basile emprendió una mini gira por Centroamérica donde se enfrentó con potencias como Olimpia de Honduras y FAS de El Salvador. Con buena parte de los titulares en Israel para enfrentar al Maccabi Tel Aviv (en una comitiva paralela encabezada por el Ruso Ribolzi), el Coco tendría la chance de ver en acción a algunos juveniles, poco frecuente durante su ciclo, y otros suplentes sedientos de minutos en cancha. Así, por ejemplo, actuaron Sebastián Rusculleda, Oscar Trejo, Mariano Trípodi y el homenajeado del día, Carlos Fondacaro.

Nacido el 21 de mayo de 1987 en Rosario, este diminuto lateral (apenas 1,65 metro), tanto por izquierda como por derecha y con el tiempo devenido en mediocampista, dio sus primeros pasos en Renato Cesarini, donde jugó hasta los 13 años, cuando se sumó a Alianza Sport. Dos temporadas más tarde le llegó la oportunidad de incorporarse a las divisiones inferiores de Boca Juniors, donde fue haciendo el típico caminito a Primera.

Su estreno extraoficial con la camiseta del Xeneize se dio ante el FAS, cuando reemplazó a Sebastián Battaglia a quince minutos del final. Sin espacio en la consideración de Ricardo La Volpe y Miguel Ángel Russo, reapareció recién dos años después, ya con Carlos Ischia como entrenador. Y esta vez por los porotos.

Con la mira puesta en el Torneo Apertura, para el debut en la Sudamericana ante la Liga Deportiva Universitaria de Quito, por los octavos de final, el Pelado dispuso un mix entre reservas y juveniles. Esa noche, Fondacaro actuó como lateral por izquierda acompañando en la última línea a Julio Barroso, Juan Forlín y Ezequiel Muñoz y Boca goleó 4 a 0, prácticamente sellando su pasaporte a la próxima fase.

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El rosarino volvió a ser de la partida en el encuentro de vuelta ante los ecuatorianos (1 a 1 en Quito) y en la ida ante Internacional de Porto Alegre (0-2 en Brasil) por los cuartos de final del certamen internacional. Luego, aportó su granito de arena para la obtención del torneo local, cuando ingresó unos minutos ante Rosario Central y San Lorenzo.

Algunas chances en el verano de 2009 hicieron creer que las oportunidades abundarían a lo largo de aquel año, pero no. Apenas fue titular ante Newell’s Old Boys -actuando como volante por derecha- y entró un rato en la goleada ante San Martín de Tucumán. Ya con Abel Alves como entrenador, se despidió en la última fecha, al término del primer tiempo ante Colón de Santa Fe.

La vuelta de Alfio Basile al banquillo azul y oro a mediados de 2009 sentenció el final de los días de Fondacaro como jugador de Boca. Primero, a pedido de Diego Cagna, pasó a préstamo a Tigre (2009/10), donde alternó buenas y malas. En medio de una pésima campaña (el Matador terminó el Apertura último cómodo, con 8 unidades), Fondacaro se mostró como lo mejorcito de una defensa endeble y hasta se anotó en el marcador en la victoria ante Godoy Cruz por 2 a 0.

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La llegada de Ricardo Caruso Lombardi, en el verano de 2010, le quitó algo de protagonismo, aunque aportó un gol en el triunfo por 3 a 1 ante Atlético Tucumán. En total, con la camiseta azul y roja disputó 16 partidos y convirtió dos veces.

Justamente una de sus víctimas, el cuadro tucumano, sería su próximo destino. El Decano venía de descender y se armó como para volver rápido. Fondacaro era uno de los pilares del plantel dirigido por Quique Hrabina que terminó la primera etapa como único líder. Peeero…

La segunda parte del campeonato 2010/11 fue devastadora. Atlético Tucumán perdió el liderazgo y hasta su ubicación en los puestos de Promoción. Hrabina sucumbió ante los malos resultados y, para colmo, ante Patronato, el lateral/volante sufrió una fractura del peroné que le afectó los ligamentos del tobillo del pie izquierdo y lo dejó fuera de competencia por el resto del torneo. El Deca terminó deambulando en la mitad de tabla. Durante la buena racha, Fonda hasta se animó a una producción de fotos retro con el ex CASLA Cristian Chávez.

El decimoquinto puesto en la temporada 2011/12 le puso un punto final a la estadía del rosarino en suelo tucumano, aunque antes se dio algún que otro gusto, como el gol que le marcó a River Plate, el 1 a 0 parcial de un encuentro que terminó en derrota por 4 a 2.

Enseguida lo esperaba Patronato de Paraná (2012/13), cuya única misión en el mundo era incomodar a los grandes de la categoría y lo logró con un dignísimo séptimo puesto, aunque a 10 unidades de Olimpo, que se quedó con el último ascenso. En lo personal, Fondacaro no contó con muchas oportunidades por parte de la dupla Luis Medero y Claudio Marini y recién hilvanó algunas presentaciones consecutivas, en un nivel olvidable, de la mano de Diego Osella.

Sin mucho más que hacer en el fútbol de los sábados, había llegado la hora de probar suerte en el exterior. Primero defendió los colores del Iraklis griego (2013) y luego pasó un año en el Jaro de Finlandia (2014).

Ya definitivamente reconvertido en mediocampista de creación, en 2015 pegó la vuelta al país para jugar en su ciudad natal. ¿Rosario Central? ¿Newell’s Old Boys? ¿Central Córdoba? No, Tiro Federal en el pantanoso Torneo Federal A al lado del histórico Diego Chitzoff y del baldosero Leandro Depetris. Semejante aventura en el Barrio Ludueña no podía terminar en otro lugar que no fuera el Federal B.

Sin embargo, en lo personal el rendimiento de Fondacaro estuvo por encima de la media (con una vara muy baja, claro) y por eso llamó la atención de Independiente, pensando en lo que vendría en 2016. ¿Cómo? Sí, Independiente de Neuquén lo sumó como uno de sus principales refuerzos para el Federal A, donde redondeó una buena primera etapa y quedó eliminado en la segunda fase ante Libertad de Sunchales.

Especiales: Pedro Wolff

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Pedro Wolff

No le dio la nafta. Al igual que su hermano Juan Cruz, el hijo menor del popular Quique también se quedó a mitad de camino, sin poder darse el gusto de robar con el apellido. Al menos dentro de la cancha, claro. Quizás le jugaba en contra la falta de una posición fija en el verde césped. Según su currículum, podía actuar como volante, carrilero o lateral por ambas bandas, algo completamente incomprobable.

Los antecedentes tampoco ayudaban demasiado, ojo. Apenas había estado una temporada en la séptima de River Plate y luego integró los planteles de cuarta y tercera de la categoría 1981 de Racing Club, donde fue dirigido por el Pampa Alberto Jorge y Carlos Bartolo Álvarez. Sin embargo, la Academia lo dejó libre a comienzos de 2001.

Por eso cuando en el verano de 2002 Pedro Wolff apareció con su bolsito en el entrenamiento de Huracán nadie esperaba nada. El equipo de Miguel Ángel Brindisi venía de terminar penúltimo en el Apertura y aceptaba a prueba a cualquier matungo que supiera atarse los cordones de manera correcta. Aunque, claro, Wolff Jr. llegaba con un ayudín extra. “Estaba de vacaciones en Pinamar y mi papá le preguntó a Brindisi si podía hacer la pretemporada con ellos. Miguel dijo que sí y acá estoy”, relataba el pibe, mientras la Argentina se prendía fuego al ritmo del corralito, la devaluación y los cacerolazos.

“El año pasado me entrené con el equipo de libres de Carlos Barisio y ahora me quiero poner a punto físicamente porque voy a ir a probarme a España”, comentaba Pedro, que finalmente se pasó el año entero entrenando en Parque Patricios, y pese a la buena campaña en el Clausura jamás pudo vestir oficialmente la casaca del Quemero.

El último intento por pegarla en el fútbol lo tuvo en enero de 2004, cuando marchó al Viejo Continente con su padre para un test en Las Palmas de España, pero las cosas no salieron como estaban planeadas. “No le facilitaron la ropa para entrenarse, los botines los tuvimos que buscar por nuestra cuenta y da la impresión de que como Pedro no viene de la mano de gente con la que se puede sacar dinero, no interesa”, declaró un enojado Enrique Ernesto. Y agregó: “Vinimos porque nos llamaron, ya que en caso contrario nos hubiésemos quedado en Buenos Aires. Aquí no han tenido la gentileza de observar a Pedro y estoy decepcionado, porque creo que no nos merecíamos este trato”.

Al final, el menor de los Wolff colgó los botines y se puso a laburar… en la productora uVe Doble, al lado de sus hermanos Juan Cruz, Carolina y Valeria. En la actualidad es co-conductor de Simplemente Fútbol y forma parte del staff de comentaristas de la cadena ESPN, siempre bajo la atenta mirada del viejo Quique.

¡No hay nada más lindo que la familia unida!