Chaparro Lucas

Lucas Damián Chaparro

Qué montaña rusa de emociones fue la temporada 2011/12 para San Lorenzo de Almagro. Tres entrenadores (Omar Asad, Leonardo Carol Madelón y Ricardo Caruso Lombardi), algunos históricos bancando la parada, decenas de chicos de las divisiones inferiores incendiados a lo bonzo, y una salvación histórica en la Promoción ante Instituto de Córdoba gracias al Richard alcanzapelotas colorado.

Fue en medio de ese contexto de caos que el defensor central Lucas Chaparro asomó la cabecita. Antes, apenas había disputado unos minutos frente a Independiente en la pretemporada de verano 2011, de la mano de Ramón Díaz. Venía de romperla en Reserva y ante la escasez de laterales por izquierda, el Turco Asad lo subió al plantel profesional. Previamente, el DT había probado sin éxito con tipos algo más experimentados como José San Román, Jonathan Ferrari, Jonathan Bottinelli, Gonzalo Bazán y hasta un español, Gonzalo Bozzoni, del que nadie se acuerda.

Nacido el 5 de marzo de 1992, Chaparro era el hermano menor de Leandro, otro juvenil del Ciclón que pintaba bien y que con tan solo un partido oficial en el lomo había sido vendido a un grupo empresario que lo ubicó en el Vasco da Gama y que terminó deambulando por el ascenso portugués, pero esa es otra historia.

Sin demasiados titubeos (ni muchas más opciones), el Turco lo mandó a la cancha en el José Amalfitani ante Vélez Sarsfield por la fecha 8 del Apertura 2011. Esa tarde, el mix del Cuervo combinó a Pablo Migliore; Fernando Meza, Cristian Tula, Jonathan Bottinelli y Chaparro; Julio Ramírez, Enzo Kalinski, Gonzalo Bazán, Gabriel Méndez y Leandro Romagnoli; Emmanuel Gigliotti. En el banco aguardaban su chance Nereo Champagne, Nicolás Bianchi Arce, Giancarlo Carmona, Jonathan Pacheco, Sebastián González, Juan Carlos Menseguez y Juan Manuel Salgueiro. ¿Qué podía salir mal?

Lo que podría haber sido el inicio de una carrera fructífera se convirtió enseguida en una pesadilla. A los 29 minutos del primer tiempo, el tobillo de Chaparro dijo basta: un esguince lo sacó de competencia y en su lugar ingresó el también pibe Pacheco. Al ratito, Augusto Fernández puso el 1 a 0 para el Fortín, pero así y todo, San Lorenzo lo dio vuelta. A los 5 del segundo tiempo Kalinski marcó el 1 a 1 y sobre la hora el uruguayo Salgueiro le dio la victoria al conjunto de Boedo.

Asad no pudo soportar una serie de malos resultados y renunció a fines de noviembre, en las vísperas de un duelo ante Villa Dálmine por los 32vos de la Copa Argentina. Aquella tarde/noche en Catamarca, la dupla técnica interina integrada por el Gallego González y el Pampa Biaggio les dio un voto de confianza a los juveniles y puso a Ezequiel Mastrolía; José San Román, Fernando Meza, Abel Luciatti y Chaparro; Giancarlo Carmona, Leandro Navarro, Salvador Reynoso y Gonzalo Ramírez; César Lamanna y Nahuel Benítez. El Ciclón arranco perdiendo por el gol de Julio Navarro, pero salvó la ropa gracias a Nahuel Benítez y Salvador Reynoso.

Ya con Madelón y Caruso Lombardi, y la soga cada vez más apretada en el cuello, Chaparro no tuvo oportunidades y debió conformarse con actuar en la Reserva de Fernando Kuyumchoglu. Como de costumbre, nada cambiaría con el arribo de Juan Antonio Pizzi en 2012.

Tras quedar libre, la carrera del menor de la dinastía Chaparro se transformó en una sucesión de baches y algunos experimentos sin demasiado éxito. En 2015, por ejemplo, tenía todo arreglado para jugar en Independiente de Chivilcoy, pero terminó siendo una de las revelaciones del SATSAID, sí, el Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos, que disputaba la Primera División de la Liga de Luján y que contaba en su plantel con veteranos de la talla de Cristian Tavio, Ariel Franco y Paolo Frangipane.

A mediados de 2018, luego de varios años de ausencia, y siempre de la mano de su hermano mayor, buscó dar el salto a Europa. Primero estuvo en el Juventude Sport Club de Évora y semanas después en el Oliveirense, ambos de Portugal, pero no sumó ni un minuto.

De nuevo en casa, y cuando ya habíamos perdido las esperanzas de verlo actuando en una cancha, fue anunciado como refuerzo de Racing de Castex para disputar la temporada 2019/20 del Torneo Provincial de Fútbol.

Pierce Leonel

Michael Leonel Pierce

¿Jugador de fútbol o ilusionista? Quizás las dos cosas. Este criterioso volante central con nombre de tenista extranjero supo construir una carrera a la que no le falta nada: debut en Primera División, paso por el ascenso, experiencia internacional y, por supuesto, una situación por demás insólita que le da el rango de baldosero premium.

Nacido en 1993 en la localidad bonaerense de Chacabuco, se formó en las divisiones inferiores del Racing Club de Avellaneda y, después de un tiempo en Reserva, finalmente fue subido al plantel de Primera División, donde tuvo un estreno amistoso bastante particular: ingresó en el segundo tiempo del empate 1 a 1 ante Santamarina de Tandil, la noche que Mostaza Merlo se negó a definir por penales, enojado porque el rival se había excedido con los cambios. Lindo para haber apostado en betway y haber acertado ese desenlace inesperado.

Ese mismo año y ya por los porotos, Pierce entró a la cancha oficialmente, pero ahí ya no hubo sorpresas para betway: ese Racing andaba a los tumbos y Pierce fue titular en la derrota 1 a 0 ante Quilmes, en la 16º fecha del Torneo Final. Después del gol del Cervecero, marcado por Gonzalo Ríos, el 5 de marca fue reemplazado por el colombiano Roger Martínez. Solo jugó 80 minutos en La Academia. Además de su debut, fue su despedida.

Fue en ese momento que comenzó el camino del futbolista errante. Primero, pasó a préstamo a All Boys, donde disputó 15 encuentros entre la B Nacional y la Copa Argentina. Además, pudo compartir una cancha con su tocayo con futuro de Selección: Leonel Di Plácido.

Aunque claro, lo que pocos se enteraron durante ese 2015 es que Pierce se hizo un tiempito para ponerse la camiseta de La Nueva Academia de Chacabuco. Y ahí, en su tierra natal, aprovechó para tirar un poco de magia y tapar el recuerdo de las patadas que había tirado en su corta experiencia en Primera.

Según informó un medio zonal, en un partido ante Alumni por el Torneo 4 Ligas, Leonel Pierce firmó la planilla como Juan Gianone. ¿Qué? Sí, jugó con otra identidad, pero la cosa no se detuvo ahí.

Cuando el partido estaba 1 a 1, el ex hombre de Racing tuvo otra gran idea: abandonar la mitad de la cancha para ir al arco, así que se puso el buzo de Campagnuolo de 2001 y atajó. O mejor dicho, intentó atajar. Le metieron dos goles y su equipo perdió 3 a 1. Hola, betway, esta si garpa mucho.

Después de ese episodio que salió a la luz, algunos periodistas informaron que Pierce ya había cambiado su nombre en otros partidos. De no creer.

Ya con su nombre verdadero, en 2016 se fue a Santamarina de Tandil y jugó con continuidad durante 3 años, ganándose la posibilidad de actuar en el extranjero. ¿España? ¿Italia? Nada de eso: la liga rumana. Desde junio de este año defiende los colores del Botosani FC.

¿Nuestro sueño? Que meta un partido como arquero bajo el nombre de Piercescu. Nadie lo notaría.

Asad Jorge

Jorge Asad

De familia típicamente futbolera (es hermano de Julio, Ernesto y Eduardo, y primo de Omar), Jorge Asad no tuvo ni la más remota chance de escaparle al destino. Nacido el 26 de agosto de 1972, conoció los primeros flashes de la fama en 1989 cuando Carlos Pachamé lo convocó a la selección argentina sub 16 que disputaría el Mundial de la categoría en Escocia.

Si bien no actuó ni un minuto, compartió plantel con jugadores posteriormente reconocidos como Roberto Abbondanzieri, Leonardo Díaz, Luis Medero, Claudio París, Pablo Lavallén o Diego Castagno Suárez y también, claro, con íconos baldoseros como Walter Paz, Fernando López, Néstor Holweger, Gabriel Flores, José María Castro, Leonardo Selenzo y Gabriel D’Ascanio, entre otros. Tras una dubitativa primera ronda (empates 0-0 contra China y Nigeria, y una victoria por 4 a 1 ante Canadá), el conjunto nacional quedó eliminado en octavos de final luego de caer por 2 a 1 frente al Portugal de un tal Luis Figo.

Superada la frustración de la experiencia mundialista, Asad continuaría batallando en el sector derecho del mediocampo en las divisiones inferiores de San Lorenzo, club con el que debutó oficialmente en Primera el 30 de septiembre de 1991, en un 0 a 0 ante Quilmes, por la fecha 5 del torneo Apertura. Esa tarde, el cuadro azulgrana formó con Rubén Ruiz Díaz; Daniel Riquelme, Alejandro Simionato, Gustavo Carrasco y Alejandro Montenegro; Jorge Asad (Marcelo Zampini), Fabián Carrizo, José Daniel Ponce y Jorge Rinaldi (Diego Monarriz); Rubén Rossi y Daniel Leani. En el banco se quedaron esperando su oportunidad César Labarre, Gabriel Rodríguez y el Pirata Adrián Czornomaz.

Una semana más tarde, volvió a ser titular en la derrota por 1 a 0 ante Unión de Santa Fe, compartiendo la mitad de la cancha con Fabián Carrizo, el Bocha Ponce y Roberto García, y reapareció la fecha siguiente en la victoria por 1 a 0 frente a Rosario Central, al lado de Ponce, García y Monarriz.

En 1992, mientras los titulares ponían todos sus esfuerzos en la Copa Libertadores, donde el Ciclón quedó eliminado en cuartos de final contra Newell’s, un combinado de suplentes y juveniles salió a ponerle el pecho al torneo Clausura sin demasiado éxito (terminó penúltimo, apenas por encima del descendido Quilmes). En ese contexto, Asad fue suplente en la caída por 3 a 2 ante Vélez Sarsfield y titular en la derrota por 1 a 0 frente a Ferro Carril Oeste. Esa tarde, dirigido por Juan Carlos Carotti, y en compañía de Juan José Cardinal, Gustavo Matosas y Gabriel Rodríguez en el mediocampo, el menor de la dinastía le dijo adiós para siempre a la máxima categoría.

Lejos de los primeros planos, continuó su carrera en el ascenso, pasando por Estudiantes de Buenos Aires (1993/94) y Colegiales (1994/95), donde fue dirigido por su hermano mayor Julio. Nunca más volvimos a escuchar su nombre.

Roffés Guillermo

Guillermo Ezequiel Roffés

Después de perder el torneo Clausura 2009 a manos de Gabriel Brazenas Vélez Sarsfield, el Huracán de Ángel Cappa se desmanteló. Vio partir a sus principales figuras, con Javier Pastore y Matías Defederico a la cabeza, y contrató a Federico Laurito, Nicolás Trecco, Rodrigo Malbernat, Juan Carlos Carrizo, Lucas Trecarichi y al uruguayo Diego Rodríguez Da Luz. ¿Qué podía salir mal?

Con apenas 10 puntos en 15 partidos del Apertura, y tras haber caído por 2 a 0 en el clásico ante San Lorenzo, don Ángel presentó la renuncia no sin antes pasar vergüenza una vez más: ¡lo hizo a través de su blog!

El que tuvo que salir a hacerse cargo del fierro caliente fue Héctor Jesús Martínez, que hasta entonces dirigía en las divisiones inferiores. El 27 de noviembre, en su estreno ante Independiente (derrota por 2 a 0), el Negro mandó a la cancha a Gastón Monzón, Pablo Jerez, Ezequiel Filipetto, Gastón Esmerado, Kevin Cura, Patricio Toranzo, Leandro Díaz, Mario Bolatti, Gonzalo García, Alan Sánchez y Federico Laurito. En el banco quedaron el arquero Lucas Calviño, los defensores Gerardo Maidana y Rodrigo Lemos, los mediocampistas Robert Sales (entró por Jerez sobre la hora) y Cristian Ortiz, y los delanteros Luciano Nieto (que reemplazó a Dardito García) y nuestro homenajeado del día, Guillermo Roffés, que ingresó por Laurito cuando quedaban algo más de 20 minutos.

“Llevé al banco a cuatro chicos (Maidana, Lemos, Sales y Roffés) que no habían debutado para darle un mensaje al club. Los suplentes deben ser de las Inferiores, y Huracán debe incorporar titulares. Tenemos buen material, pero sin rodaje no va a salir nunca”, esgrimía Martínez, que aprovechó para tirarle más tierra al chantapufi de Cappa: “No es mi intención hablar mal de los que estaban antes, pero hay que resaltar que en el segundo tiempo el equipo se cayó físicamente. Habíamos hecho un buen primer tiempo, pero en la segunda parte no encontramos respuesta física. Por más intenciones que tengamos, si no te da el cuerpo, es imposible”.

Nacido en Córdoba el 5 de marzo de 1991, Roffés empezaba a dar sus primeros pasos en el cuadro de Parque Patricios, aunque, claro, eso implicaba darse algunos porrazos. Una semana después del debut, jugó los 90 minutos en la caída ante Banfield por 1 a 0 y hasta entró un ratito contra Boca en la penúltima fecha, en un heroico 0-0 en el Ducó.

Ya con Héctor Rivoira como entrenador, en el verano de 2010 viajó a Brasil junto a un grupo de suplentes y juveniles para participar del amistoso contra Corinthians por la venta de Defederico. Poco pudo hacer para evitar la goleada del Timão por 3 a 0, con tantos de Souza, Morais y Dentinho.

Sin espacio en la consideración del Chulo, reapareció en la segunda mitad del año, bajo las órdenes de Miguel Ángel Brindisi. En el último tramo del Apertura, fue titular ante Tigre (derrota por 3 a 1) e Independiente (triunfo por 1 a 0), partido en el que compartiría el ataque junto al hoy tristemente célebre Nahuel Oviedo y en el que marcó su único gol en Primera. Se despidió en el Clausura 2011, con Roberto Tito Pompei como DT, cuando actuó unos minutos frente a Boca Juniors (ingresó por el Roly Zárate) y Olimpo de Bahía Blanca (reemplazó a Claudio Guerra).

Una lesión en los meniscos de su pierna derecha lo dejó fuera de competencia en el segundo semestre de 2011. Ya recuperado, a fines de ese año Diego Cocca lo incluyó en una lista de jugadores prescindibles que contenía a baldoseros de la talla de Kevin Cura, Luciano Ospina, Nicolás Vélez, Federico Ortiz López, Leonardo Villán, Ezequiel Filippetto, Nicolás Aguirre, Nicolás Dertinopulos, Ezequiel Llesona, Fernando Pagés, Julián Bottaro, Emiliano Lencina, Julio Aguilar, Matías Quiroga y Muriel Orlando.

Su último momento de fama pasajera lo tuvo a comienzos de 2012, cuando lo esperaban para entrenar con el selectivo del Globo, pero se borró sin avisar y apareció varias semanas más tarde. Un puñado de meses después rescindió su contrato.

De nuevo en Córdoba, tras un brevísimo paso por General Paz Juniors (2014/15) en el Federal B, nunca más tuvimos noticias suyas.

Depetris Leandro

Leandro Depetris

Fue Messi antes de Messi. Cuando todavía no teníamos ni idea de la existencia de La Pulga, ni de su historia de superación a base de tratamientos con inyecciones, otro pibito que jugaba de enganche en las infantiles de Newell’s Old Boys parecía estar destinado a comerse el mundo.

Nacido el 24 de enero de 1988 (seis meses después que el 10 del Barcelona) en Rafaela, Leandro Depetris apenas superaba el metro treinta cuando su zurda encandilaba a propios y extraños en Atlético Brown de San Vicente, el club donde dio sus primeros pasos. “Yo quiero ser jugador de fútbol. Quiero ser como Maradona”, repetía ante los medios el chico de la tapa a fines de 1999. A decir verdad, no anduvo muy lejos de Sergio Maradona, con quien coincidió en el Leproso.

A partir de enero de 2000, cuando cumpliera los 12 años, Leo se sumaría al equipo de Silvio Berlusconi, el multicampeón Milan. Poco tiempo atrás, un video con jugadas suyas había llamado la atención de Franco Baresi, histórico defensor del cuadro rossonero. “Sólo hay una relación de privilegio con el Milan por dos años y consiste en que Leandro va a viajar entre dos y cinco veces por año a Italia. Es un niño que quiere jugar y yo quiero preservar su integridad física y mental. Por eso no puedo tolerar que se lo compare con profesionales”, aclaraba su madre.

Algunos meses antes, el chico había rebotado en su intento de incorporarse a River o Boca: “Celestino -el padre- veía que el chico era distinto y pretendía un plan de alimentación y ejercicios para el crecimiento. Y en ningún lado le dieron bolilla. Yo los acompañé a Buenos Aires cuando fueron a Boca. Primero lo mandaron a practicar a Parque con Ramón Maddoni y después al Sarmiento, donde Jorge Bernardo Griffa estaba viendo chicos. Pero como no lo pusieron ni un minuto, Leandro no quiso ir más. Y en River tampoco se preocuparon demasiado”, comentaba un allegado a la familia.

Ya en el Viejo Continente, todo parecía marchar sobre ruedas: “En la primera práctica jugué con pibes dos o tres años mayores que yo y metí un gol. Y eso que eran grandotes de físico ellos. Al otro día, con los de mi edad, estuve más suelto y di los cuatro pases de gol. Baresi me felicitó”, relataba el nene, que estaba viviendo un cuento de hadas: “La primera vez que jugué en el San Siro, en un preliminar de Milan contra Juventus, había 70 mil personas. La rompí. A los 11 años con la pelota pensaba mucho más rápido que un chico a esa edad. Simplemente ellos no lo podían hacer”.

Entre los 11 y los 14, Depetris viajó a Milan por lo menos tres veces al año. En ese lapso, entrenaba con las juveniles y participaba de algún torneo amistoso, en el que generalmente era figura. Pero en 2002, cuando se suponía que ya estaría listo para quedarse definitivamente en Italia, algo falló. “Hemos hecho todo mal, las decisiones de mi padre fueron equivocadas. Irme a Italia solo de muy chico fue malo. Nunca tuve problemas de alcohol, drogas o mal comportamiento, estoy lejos de ser un (Ricardo) Centurión. A lo mejor necesitaba un acompañamiento psicológico o de mis padres y cometimos errores”, reconoció hace algunos años en una entrevista con el medio Goal.

El Milan lo prestó a las divisiones inferiores de River Plate, donde estuvo entre 2002 y 2005. Quizás un tiempo cerca de casa podía hacerle recuperar el rumbo. Pero para esa época ya no era el mismo de antes. Ganó musculatura, pero perdió en velocidad, explosión y agilidad. Pasó a jugar por la izquierda y le dejó el puesto de enganche a otro pibe que prometía: un tal Diego Buonanotte. La presión empezaba a pegarle un baile. Así y todo, pudo colarse en alguna convocatoria al sub 17 de Argentina.

Ya desvinculado del Milan, recaló en el Brescia (2005 a 2008) de Luigi Di Biagio, el eslovaco Marek Hamšík y el Flaco Delorte (con quien compartía representante), que por aquel entonces disputaba la Serie B del Calcio, aunque solo podría actuar una vez que cumpliera los 18. Debutó oficialmente en la última fecha de la temporada 2005/06, en la derrota por 4 a 2 ante el Crotone, y convirtió un gol. Sin embargo, con la camiseta albiazul disputó solamente 24 partidos en 3 años, casi siempre entrando como suplente.

A los 20 y con un poco de experiencia en suelo europeo, era hora de probar suerte en casa. Esta vez lo esperaba el cuadro de sus amores, Independiente (2008/09). “Fueron clave el gran interés y el esfuerzo de Julio Comparada”, dijo en su presentación. Y agregó: “Borghi me dijo que está armando un equipo muy ofensivo, donde nos vamos a divertir mucho”.

El fútbol de los comandados por el Bichi resultó ofensivo para los ojos de sus propios hinchas (terminaría 18°) y el DT sucumbió a la mitad del torneo, después de tres derrotas consecutivas (Newell’s, Lanús y Huracán). Depetris, castigado por las lesiones, apenas actuó en Reserva.

Sin previo aviso, de la mano de Miguel Ángel Pepé Santoro, tuvo su bautismo de fuego el 23 de enero 2009, cuando fue titular en Salta ante San Lorenzo (1-0, golazo del Rolfi Montenegro) por el Pentagonal de verano. Esa noche compartió el mediocampo con Hernán Fredes, Sergio Vittor y Lucas Pusineri, y se fue reemplazado por Matías Di Gregorio cerca del final.

En el inicio del Clausura fue al banco de suplentes frente a Vélez Sarsfield y recién pudo tener su estreno oficial en la fecha 14, contra Estudiantes de La Plata, pero el contexto era catastrófico. Independiente perdía 4 a 0 cuando el Tolo Gallego lo mandó a la cancha en lugar de Hernán Fredes durante la última media hora de un encuentro que finalizó 5 a 1. Nunca más. Una fecha antes del cierre del campeonato, el Tolo lo borró junto con Lucas Mareque, Federico Higuaín, Damián Ledesma, Ricardo Moreira, Nicolás Mazzola, Emanuel Centurión, José Moreno, Damián Luna y el juvenil Héctor Echagüe. Méritos suficientes como para que no se le escapara el bi como baldosero del año.

De nuevo en Italia, siguió tratando de hacer pie sin demasiado éxito. Primero jugó 7 partidos en el Gallipoli (2009/10) de la Serie B, un equipo que terminó la primera rueda en mitad de tabla, pero que en la segunda se fue al descenso y quebró. Luego siguió en el Chioggia Sottomarina (2010), que tampoco pudo escaparle a la bancarrota, y acabó su periplo en el Sanremese Calcio (2010/11), ¡descendido y fundido!

Con menos cartel que tres años antes, a comienzos de 2011 volvió a Argentina y estuvo entrenando en Atlético de Rafaela, que buscaba el ascenso en la B Nacional, pero Carlos Trullet le bajó el pulgar. Tampoco pudo pasar el test en Libertad de Sunchales ni en el Quilmes de Ricardo Caruso Lombardi. Toda una señal. Finalmente, el club que le abrió las puertas fue Sportivo Belgrano de San Francisco (2011/12), con el que actuó solamente 3 veces en el Argentino A.

La continuidad que no pudo encontrar en su país natal la halló en su tierra putativa (?) con las camisetas del Delta Porto Tolle (2012 a 2013) y la Triestina (2014), ambos del ascenso profundo.

En 2014, mientras Messi alcanzaba la final en el Mundial de Brasil, Depetris regresaba una vez más a Argentina para jugar un semestre en el Federal A con Alvarado de Mar del Plata.

Desde entonces, deambuló con más pena que gloria por Tiro Federal de Rosario (2015/16) -terminó siendo suplente en un plantel que descendió al Federal B-, Sportivo Patria de Formosa (2016), y Trebolense (2017/18), de la Liga Departamental de fútbol San Martín.

“Vine a Trebolense porque siempre estuvo en mi mente y gran parte de mi familia es de esta ciudad. Mi papá nació acá y mi primo es fanático y ama estos colores. Llegó todo antes de lo que imaginé”, tiró en su presentación, sin ponerse colorado.

Ya con 31 años y en su ocaso futbolístico, a comienzos de 2019 volvió al Club Atlético Brown de San Vicente, de la Primera A de Rafaela. Sí, ahí donde comenzó todo. “Messi hizo lo que yo tendría que haber hecho. Él se quedó en Barcelona y apostó a eso, se la jugó. Yo no fui. Eso no quiere decir que si hubiera hecho eso iba a estar a esa altura, eh”, reflexiona el jugador que podría haber sido y no fue.

¿Quién le quita lo baldoseado?

Henneberg Carlos

Carlos Hernán Henneberg

El diccionario de la cada vez más bastardeada Real Academia Española define la palabra “negociado” como “negocio ilícito que toma carácter público”. Algo más o menos así fue la llegada entre gallos y medianoche de Carlos Henneberg a Independiente en el invierno de 2013, mientras se armaba para disputar la temporada de la B Nacional.

Nacido en El Alcázar (provincia de Misiones) en junio de 1990 y con pasado en las divisiones inferiores de Crucero del Norte, Boca Juniors, Nueva Chicago y Corinthians de Brasil, algunos años antes este delantero se perfilaba como una de las joyitas de Lanús, a donde había arribado a prueba a fines de 2010.

“Pasé dos años por la pensión de Chicago, y decían que mi comportamiento era pésimo. Yo creo que no fue así. Desde que estuve ahí traté de darle lo mejor al club y crecer futbolísticamente, pero los dirigentes no vieron esa parte. Me ofrecieron el pase, y como no tenía representante decidí quedarme. El año pasado me fue muy bien en Cuarta y mi nuevo representante me ofreció venir a Lanús. Acepté sin pensarlo dos veces”, repetía por aquel entonces.

Enseguida sorprendió por sus goles en Reserva, categoría en la que se consagró campeón al lado de Esteban Andrada, Rodrigo Erramuspe, Fernando Barrientos y Bruno Vides, entre otros. Parecía que la iba a romper… y se terminó rompiendo. En agosto de 2011 se quebró los ligamentos cruzados de la rodilla derecha, justo cuando su nombre sonaba como posible refuerzo de Ferro Carril Oeste.

Recuperado de la lesión, aunque corriendo muy de atrás en la consideración del entrenador Guillermo Barros Schelotto y con la idea de sumar minutos entre los profesionales, a mediados de 2012 pasó a préstamo a Atlanta, como parte del convenio de intercambio de jugadores que el Bohemio mantiene con el Granate. En Villa Crespo no dejó un gran recuerdo. Es que, a la sombra del goleador Andrés Soriano, actuó poco (12 partidos) y apenas convirtió 2 tantos, a Defensores de Belgrano y Villa Dálmine.

Por eso su desembarco en el Rojo de Avellaneda sorprendió a propios y extraños. Su llegada, ajena a un pedido de Miguel Ángel Brindisi, dicen, estaba vinculada al arribo de otro ex Lanús, Cristian Facebook Menéndez. Según medios partidarios, los directivos debieron solicitar avales a una empresa financiera para abonarle a Lanús el préstamo de Menéndez (unos 150 mil dólares en tres cuotas), pero tuvieron que bajarse los pantalones eso tuvo un precio. El propietario de dicha financiera era, además, dueño del pase de Henneberg y acreedor de Independiente por una cifra considerable.

“Me enteré el sábado cuando me lo contó el presidente (Javier Cantero). Lo vi en una prueba y está trabajando con otro grupo y en otro horario. Se evaluará si se queda o no”, repetía un desconcertado Brindisi. Macetero Cantero, por su parte, se lavaba las manos. Henneberg firmó contrato por un año, pero no hubo foto, ni una mísera mención en la web oficial. “Me pidieron que por ahora no hable”, decía el jugador, que ya llevaba un mes entrenándose con los marginados. Pese al silencio, el escándalo no tardó en estallar. Para colmo, algunos hinchas le carpetearon tweets en los que se burlaba de la situación deportiva de su nuevo club. Todo mal.

La salida de Brindisi, que no conoció la victoria en los primeros cinco partidos en Segunda, y la posterior asunción de Omar De Felippe le devolvieron las esperanzas, o algo así. Al menos formó parte del grupo de indultados que volvieron a trabajar con el plantel profesional, un listado que incluía nombres como Hilario Navarro, Ignacio Barcia, Nicolás Villagra, Nicolás Delmonte, Alejandro Muñoz, Christian Ortiz, Franco Franzino y Leonel Buter, aquel juvenil que se rompió todo a los tres minutos de su debut. Buen augurio.

Y así como llegó, se fue. En octubre, tras dos meses a prueba, rescindió, aunque con permiso para continuar entrenando hasta que consiguiera club. La continuidad que no tuvo en la B Nacional ni en la B Metropolitana la encontró en el Federal B con los colores de Ferroviario de Corrientes (2014/15).

A mediados de 2015, un empresario le consiguió un test en México y viajó hasta Cancún para sumarse a los Pioneros (2015/16), de la Liga de Ascenso, equipo con el que disputó 14 partidos y marcó 3 goles. En sus ratos libres, aprovechó para recolectar un poco de sargazo en las playas. Un crack con conciencia ambiental (?)

De regreso en Argentina, tuvo sus 15 minutos de fama cuando enfrentó a Boca Juniors por la Copa Argentina con Atlético Güemes de Santiago del Estero (2016): se comieron cuatro. Tiempo después, conocería las mieles de la asombrosa Liga Regional de Fútbol de Coronel Suárez enfundado en las camisetas de Automoto Club de Tornquist (2017) y Peñarol de Pigüé (2018).

Cuando todo parecía indicar que nada lo iba a mover del ascenso profundo de nuestro país, a mediados de 2018 recibió una oferta del Hamrum Spartans de Malta, donde colecciona tarjetas amarillas (lleva 4 en 6 partidos) al lado del ex Boca Sebastián Nayar.