Henneberg Carlos

Carlos Hernán Henneberg

El diccionario de la cada vez más bastardeada Real Academia Española define la palabra “negociado” como “negocio ilícito que toma carácter público”. Algo más o menos así fue la llegada entre gallos y medianoche de Carlos Henneberg a Independiente en el invierno de 2013, mientras se armaba para disputar la temporada de la B Nacional.

Nacido en El Alcázar (provincia de Misiones) en junio de 1990 y con pasado en las divisiones inferiores de Crucero del Norte, Boca Juniors, Nueva Chicago y Corinthians de Brasil, algunos años antes este delantero se perfilaba como una de las joyitas de Lanús, a donde había arribado a prueba a fines de 2010.

“Pasé dos años por la pensión de Chicago, y decían que mi comportamiento era pésimo. Yo creo que no fue así. Desde que estuve ahí traté de darle lo mejor al club y crecer futbolísticamente, pero los dirigentes no vieron esa parte. Me ofrecieron el pase, y como no tenía representante decidí quedarme. El año pasado me fue muy bien en Cuarta y mi nuevo representante me ofreció venir a Lanús. Acepté sin pensarlo dos veces”, repetía por aquel entonces.

Enseguida sorprendió por sus goles en Reserva, categoría en la que se consagró campeón al lado de Esteban Andrada, Rodrigo Erramuspe, Fernando Barrientos y Bruno Vides, entre otros. Parecía que la iba a romper… y se terminó rompiendo. En agosto de 2011 se quebró los ligamentos cruzados de la rodilla derecha, justo cuando su nombre sonaba como posible refuerzo de Ferro Carril Oeste.

Recuperado de la lesión, aunque corriendo muy de atrás en la consideración del entrenador Guillermo Barros Schelotto y con la idea de sumar minutos entre los profesionales, a mediados de 2012 pasó a préstamo a Atlanta, como parte del convenio de intercambio de jugadores que el Bohemio mantiene con el Granate. En Villa Crespo no dejó un gran recuerdo. Es que, a la sombra del goleador Andrés Soriano, actuó poco (12 partidos) y apenas convirtió 2 tantos, a Defensores de Belgrano y Villa Dálmine.

Por eso su desembarco en el Rojo de Avellaneda sorprendió a propios y extraños. Su llegada, ajena a un pedido de Miguel Ángel Brindisi, dicen, estaba vinculada al arribo de otro ex Lanús, Cristian Facebook Menéndez. Según medios partidarios, los directivos debieron solicitar avales a una empresa financiera para abonarle a Lanús el préstamo de Menéndez (unos 150 mil dólares en tres cuotas), pero tuvieron que bajarse los pantalones eso tuvo un precio. El propietario de dicha financiera era, además, dueño del pase de Henneberg y acreedor de Independiente por una cifra considerable.

“Me enteré el sábado cuando me lo contó el presidente (Javier Cantero). Lo vi en una prueba y está trabajando con otro grupo y en otro horario. Se evaluará si se queda o no”, repetía un desconcertado Brindisi. Macetero Cantero, por su parte, se lavaba las manos. Henneberg firmó contrato por un año, pero no hubo foto, ni una mísera mención en la web oficial. “Me pidieron que por ahora no hable”, decía el jugador, que ya llevaba un mes entrenándose con los marginados. Pese al silencio, el escándalo no tardó en estallar. Para colmo, algunos hinchas le carpetearon tweets en los que se burlaba de la situación deportiva de su nuevo club. Todo mal.

La salida de Brindisi, que no conoció la victoria en los primeros cinco partidos en Segunda, y la posterior asunción de Omar De Felippe le devolvieron las esperanzas, o algo así. Al menos formó parte del grupo de indultados que volvieron a trabajar con el plantel profesional, un listado que incluía nombres como Hilario Navarro, Ignacio Barcia, Nicolás Villagra, Nicolás Delmonte, Alejandro Muñoz, Christian Ortiz, Franco Franzino y Leonel Buter, aquel juvenil que se rompió todo a los tres minutos de su debut. Buen augurio.

Y así como llegó, se fue. En octubre, tras dos meses a prueba, rescindió, aunque con permiso para continuar entrenando hasta que consiguiera club. La continuidad que no tuvo en la B Nacional ni en la B Metropolitana la encontró en el Federal B con los colores de Ferroviario de Corrientes (2014/15).

A mediados de 2015, un empresario le consiguió un test en México y viajó hasta Cancún para sumarse a los Pioneros (2015/16), de la Liga de Ascenso, equipo con el que disputó 14 partidos y marcó 3 goles. En sus ratos libres, aprovechó para recolectar un poco de sargazo en las playas. Un crack con conciencia ambiental (?)

De regreso en Argentina, tuvo sus 15 minutos de fama cuando enfrentó a Boca Juniors por la Copa Argentina con Atlético Güemes de Santiago del Estero (2016): se comieron cuatro. Tiempo después, conocería las mieles de la asombrosa Liga Regional de Fútbol de Coronel Suárez enfundado en las camisetas de Automoto Club de Tornquist (2017) y Peñarol de Pigüé (2018).

Cuando todo parecía indicar que nada lo iba a mover del ascenso profundo de nuestro país, a mediados de 2018 recibió una oferta del Hamrum Spartans de Malta, donde colecciona tarjetas amarillas (lleva 4 en 6 partidos) al lado del ex Boca Sebastián Nayar.

Caicedo Juan Fernando

Juan Fernando Caicedo Benítez (Sorongo)

La espectacularidad de su apodo lo convirtió en estrella incluso antes de pisar suelo argentino. El anuncio de su contratación fue trending topic en uno de esos intrascendentes partidos de verano que nadie sabe para qué se juegan. Negro, goleador, dueño de un aspecto que metía miedo y con un sobrenombre increíble, el delantero colombiano Juan Fernando Caicedo estaba predestinado a ser el nuevo Palomo Usuriaga. Necesitábamos verlo aterrizar en Ezeiza, entrenando en Domínico, ya.

Nacido en Chigorodó el 13 de julio de 1989, el muchachito era la gran apuesta del Tolo Gallego para un Independiente (2013) que necesitaba goles y estaba con la soga al cuello con el tema de los promedios. De entrada, llamaba la atención por una cualidad física: tiene una pierna más larga que la otra. “No sé cuántos centímetros tengo de más, pero ya me acostumbré. Siempre me han molestado, claro. Me dicen cojo y esas cosas. Pero lo primordial es anotar”, repetía ante los medios. Mal no le iba.

Los antecedentes se prestaban a la ilusión. Había debutado en el ascenso cafetero con los colores de Centauros Villavicencio (2008/09) y enseguida despertó la curiosidad del Cortuluá (2010) de la Primera División, que se lo llevó a préstamo. Sin embargo, pasó sin pena ni gloria y regresó al Centauros (2010). De ahí saltó al Deportes Quindío (2011 a 2012), donde explotó después de recuperarse de una fractura de tibia y peroné ¡que sufrió jugando un picadito con amigos y familiares!, y también de donde se fue mal, alegando cuestiones personales.

En conflicto con el Quindío, dueño de su ficha, entre diciembre de 2012 y enero de 2013 vivió dos meses a todo ritmo. Primero se probó en el Atlético Nacional, que le bajó el pulgar por su problema contractual. Enseguida, fue anunciado como refuerzo de los Gallos Blancos del Querétaro mexicano, que lo descartaron por el mismo motivo. Semanas más tarde, fue presentado y hasta posó con la camiseta del Danubio uruguayo, pero las complicaciones con su pase terminaron anulando el acuerdo. Y así cayó en Avellaneda.

Luego de sumar minutos en el arranque del campeonato ante Newell’s (1-3), Vélez (1-0, Cristian Tula), Racing (2-0, tantos de Leonel Miranda y Jonathan Santana) y Arsenal (0-1), agarró la titularidad en la fecha 5, conformando una olvidable dupla del terror con el heptacampeón de América Luciano Leguizamón: un gol en 4 partidos. Para colmo, lo hizo Claudio Morel Rodríguez. Así desfilaron Godoy Cruz (0-1), Quilmes (0-0), Boca (1-1) y All Boys (0-2).

El morocho no la metía ni de casualidad. A esa altura, los hinchas pedían que Sorongo terminara como el Palomo. Claro que ninguno de sus compañeros de ataque le sacaba ventaja: ni el Tecla Farías ni el propio Leguizamón marcaron en todo el torneo.

El Tolo pegó el portazo luego de un 1-1 con Unión de Santa Fe (tanto del juvenil paraguayo Adrián Fernández), por la jornada 9, y enseguida fue reemplazado por Miguel Ángel Brindisi, que debutó con un cachetazo: 0-2 ante Atlético de Rafaela.

Fue con Miguelito que Sorongo mostró su mejor versión. Frente a Argentinos Juniors (fecha 11), tuvo una de sus mejores tardes: apenas 45 minutos le alcanzaron para aportar lo suyo (velocidad y gambetas) en la victoria por 3 a 1, con goles de Leonel Galeano, el Rolfi Montenegro y Adrián Fernández.

Fernández – Caicedo fue, al menos por un rato, la dupla que ilusionó al Rojo con la permanencia. Arrancaron ante Tigre (2-0, doblete del guaraní), siguieron en el 0-0 contra Lanús, el 3-1 a San Martín de San Juan (los únicos dos goles de Caicedo en Argentina, Fernando Godoy había hecho el primero) y otros dos 0 a 0, frente a Belgrano de Córdoba y Estudiantes de La Plata, en el que el colombiano salió lesionado a los 73 minutos. Ese sería su último partido.

El descenso de Independiente, que a pesar de su falta de capacidad goleadora (hizo 16 en 19 encuentros) estuvo lejos de hacer un mal torneo (terminó 12°), quedó sentenciado dos semanas después, el 15 de junio de 2013, luego de la derrota por 1 a 0 ante San Lorenzo en la penúltima fecha.

Si bien Brindisi le había asegurado a Caicedo que iba a contar con él para la temporada 2013/14 de la B Nacional, Sorongo prefirió tomarse el palo antes de que lo deportaran. De nuevo en su tierra natal, dio asco con la camiseta de otro Independiente, el de Santa Fe (2013/14).

Todo cambió en el segundo semestre de 2014, cuando se sumó al Atlético Huila, donde quedó segundo en la tabla de pichichis del campeonato (metió 14 en 21 presentaciones), solo detrás del argentino Germán Cano, al que terminaría reemplazando en Independiente Medellín (2015 a 2018).

En el popular DIM tuvo una presentación inolvidable y, a pesar de un inicio irregular, no defraudó. A lo largo de cuatro temporadas, convirtió 47 goles en 180 partidos, conquistó el torneo Apertura de 2016, y se ganó el corazón de los hinchas, que terminaron exigiéndole al técnico su presencia entre los titulares.

Allí se mantuvo hasta hace algunas semanas, cuando se confirmó su traspaso al New England Revolution de la Major League Soccer. ¿Un colombiano metiéndola en Estados Unidos? Nada nuevo.

Nayar Sebastián

Sebastián Ricardo Nayar (el Oso)

¿Cuántas malas decisiones puede tomar un ser humano a lo largo de su vida? ¿Cuántas veces se puede tropezar con la misma piedra? Si se tratara de una categoría de los récords Guinness, lo de Sebastián Nayar sería cosa seria.

Todo empezó en 2008. Mientras se preparaba para el encuentro de vuelta por los cuartos de final de la Copa Libertadores contra el Atlas mexicano, Boca Juniors (tercero en la tabla) trataba de no perderle pisada al líder Estudiantes de La Plata en el torneo local. Por la fecha 15 del Clausura, en La Bombonera, el Xeneize recibía a Racing con un rejunte de suplentes y juveniles.

Aquella tarde de mayo, el Pelado Carlos Ischia mandó a la cancha a Pablo Migliore; el uruguayo Álvaro González, Facundo Roncaglia, Gabriel Paletta y Luis Ibáñez; Pablo Ledesma, Sebastián Nayar, Neri Cardozo y Leandro Gracián; Pablo Mouche y Mauro Boselli. En el banco esperaban su oportunidad Javier García, Juan Forlín, Jonatan Maidana, Cristian Chávez, Exequiel Benavídez, Lucas Viatri y quien terminaría siendo la figura del partido, Ricardo Tito Noir.

Para Sebastián Nayar, un mediocampista central surgido de la categoría ’88 de las divisiones inferiores del club de la Ribera, era su debut absoluto en el primer equipo. Un año antes, en un contexto similar, en medio de las finales de la Libertadores 2007, había ido al banco de suplentes en la última fecha del Clausura, ante Lanús. Frente a la Academia, el juvenil disputó 64 minutos hasta que le dejó su lugar al Pochi Chávez, y mostró algunos destellos interesantes. Siete días más tarde, contra Vélez, reapareció en la banca, pero se quedó con las ganas de entrar.

Pocas semanas después, su nombre volvería a estar entre los titulares. Pero de los diarios. No porque fuera a ser parte de la pretemporada de la Primera de Boca, sino porque apareció en España, dispuesto a firmar contrato con el Recreativo de Huelva (2008/09), en condición de jugador libre.

“Me gustaría haberme quedado y demostrar que puedo ser el número ‘5’ del equipo, pero es una gran oportunidad y los trenes sólo pasan una vez y hay que subirse”, decía por aquel entonces. “En enero tuve una opción de marcharme y Boca no me dejó. Después, llegó una oferta de Holanda (del AZ Alkmaar) y el club me tasó en seis millones de dólares, un precio muy alto para un jugador que sólo ha disputado un partido”, agregaba.

Su contrato había vencido el 30 de junio de 2008 y Boca alegaba ante la FIFA que el chico había firmado una prórroga hasta 2012, a lo que Nayar esgrimía que le habían falsificado la firma. Tras varias idas y vueltas, y antes de la definición del TAS, Recreativo le pagó al Xeneize un millón de dólares para obtener su pase y todos contentos. O casi.

Sin embargo, la experiencia del Oso en el fútbol español estuvo lejos de ser buena. Apenas un año después de su arribo, lo dejaron libre por reiteradas muestras de indisciplina (multas por sobrepeso, por llegar tarde, por enfrentamientos con el entrenador –“es el peor que tuve en mi vida”, dijo sobre Lucas Alcaraz– y compañeros, entre otros). En el medio, disputó 579 minutos diseminados en 14 encuentros y su equipo se fue a la B. Completito.

“Con el antecedente de Oscar Trejo, que se había ido al Mallorca y a la cuarta fecha ya había logrado la habilitación para jugar en España, me animé. Fue un error, porque me estafaron, estuve sin jugar hasta la fecha 14, me falló la gente que me llenó la cabeza, tuve que viajar dos veces a los tribunales del TAS en Suiza, una vez quedé varado solo en Ginebra por la nieve… Fue de terror. Pero uno se da cuenta de eso cuando va creciendo y conoce a la gente. De Boca me llamaban Pedro Pompilio y José Beraldi, para que volviera, pero ya había firmado con Recreativo y no quería más problemas de los que ya tenía”, reconocería varios años más tarde.

A comienzos de 2010 se sumó al Deportivo Cali de Colombia a préstamo por una temporada. “Hemos decidido que las bonificaciones que recibirá el jugador en junio y diciembre estarán sujetas a su buen comportamiento en el equipo. Sebastián es un jugador muy joven, y si lo sabemos llevar en el Cali, podremos disfrutarlo largo tiempo”, se ilusionaba Ernesto Roa, directivo del cuadro caleño que impulsaba su fichaje.

En su debut, en un amistoso a beneficio de las víctimas del terremoto en Haití ante el América de Cali, Nayar se lesionó la rodilla y tuvo que ser operado, por lo que perdió terreno en la consideración del técnico Jorge Luis Bernal. En mayo, con apenas un puñado de minutos oficiales, quedó libre, en medio de otro escándalo. “El pago de la prima (unos 100 mil dólares) se debía hacer por mi comportamiento y mi peso, pero yo estoy bien de peso y no he tenido problemas de indisciplina”, argumentaba el argentino, que además denunciaba una persecución en su contra.

Los que no estaban muy de acuerdo eran los dirigentes: “Yo estoy ajustado a lo que dice el contrato, que la prima es por rendimiento y él está lesionado. No tengo reportes de indisciplina sobre Nayar, pero sé que un día lo fueron a visitar a la una de la mañana y no estaba en su casa”, arremetía Fernando Marín, el vicepresidente del club. El que terminó pagando los platos rotos fue Ernesto Roa, que en 2012 fue suspendido por cinco años por supuestas irregularidades en las contrataciones de Nayar y Gonzalo Cabrera, otro argentino ex Boca que pasó con más pena que gloria.

En septiembre el Oso llegó a México con la difícil misión de reemplazar a Santiago Solari en el Atlante (2010). “En Cancún hace mucho calor. Vengo de jugar en climas extremos, en Huelva y Cali, pero aquí hay mucha humedad y eso lo hace todo más pesado, aunque estoy seguro de que me voy a acostumbrar”, tiró en su presentación. Otra vez su condición física le jugó una mala pasada y en diciembre rescindió su vínculo, sin haber debutado oficialmente y con tan solo 3 encuentros con la Sub 20.

De nuevo en Argentina, enfiló para Mar del Plata y se incorporó a Aldosivi (2011) para disputar la B Nacional. Fueron apenas 11 partidos antes de repetir la historia de siempre. Después de trenzarse a golpes con sus compañeros Laureano Tello y Martín Cabrera en un entrenamiento, se marchó del Tiburón.

Otra vez en España, para estar cerca de su esposa y su hijo, apareció actuando ¡en un equipo formado por bomberos! que participaba en un campeonato aficionado de Huelva. No era la primera vez que hacía algo de ese estilo, claro. En 2009, tras su salida del Recreativo, había estado entrenando con el Ayamonte de la tercera división.

Tuvo que pasar bastante tiempo para volver a verlo en una cancha profesional. En octubre de 2012 se sumó al Orihuela de la Segunda B (el equivalente a nuestra querida B Metropolitana) y no le quedó otra que sincerarse: “Necesitaba regresar al fútbol español y Orihuela es el único club que me ha dado la oportunidad. Voy a intentar no defraudar aportando todo lo que sé en el terreno de juego para tratar de llevar a este equipo al ascenso”. ¿Cómo le fue? Pésimo. Disputó solamente 7 encuentros y le dieron el olivo. Por lo menos ya no estaba ahí cuando se fueron al descenso.

En enero de 2013 apareció en el San Roque de Lepe, donde se puso reflexivo y analizó por primera vez su escandalosa salida de Argentina. “Irme de Boca fue el peor error de mi vida… Si sabía lo que iba a vivir estos cinco años, no hubiese tomado esa decisión ni loco”, confesaba. “Con Boca siempre había chocado por temas de dinero. Cobraba 1000 pesos, más los 400 por partido ganado en Reserva, y vivía en un monoambiente con mi hermano. Cuando le pedí al club que me ayudara para pasar a algo más grande me dieron la espalda. Encima me robaron el auto que me había dado mi representante. Y exploté contra Boca, contra el país, contra todo… Era un pibe inmaduro. Y mal asesorado”, reconoció.

Tras varias temporadas dando vueltas como un gitano, pareció encontrar su lugar en el mundo en el fútbol griego. Con el Kerkyra (2013 a 2015) obtuvo el ascenso a Primera y repitió con el Larisa (2015/16), donde su temperamento le volvió a jugar en contra. Se despidió en 2016, luego de apenas 13 minutos con la camiseta del Panegialios.

Los últimos años estuvo nuevamente haciendo y deshaciendo valijas a lo loco en ligas europeas de bajísimo perfil. El 2017 lo dividió entre el Floriana de Malta, donde se reencontró con el ex Boca Enzo Ruiz y fue campeón de la Copa Maltesa, y el Lincoln Red Imps de la imponente liga ¡de Gibraltar! En 2018 regresó a Malta para ponerse otra vez la casaca del Floriana y desde julio defiende los colores del siempre candidato Hamrun Spartans.

Gutiérrez Fernando

Fernando Ezequiel Gutiérrez (Guti)

“Por suerte se fue”. Corto, directo y cruel, el mensaje de Leonardo Carol Madelón no tenía otro destinatario que Fernando Ezequiel Gutiérrez, un mediocampista por derecha que había debutado en la Primera de San Lorenzo a fines de 2010, de la mano de Ramón Díaz. Por entonces, corrían los primeros días de un 2012 que encontraba al Ciclón con la soga al cuello, muy comprometido con el promedio.

Surgido de la categoría ’89 de las divisiones inferiores de Boca Juniors, donde llegó hasta la Reserva, Gutiérrez se había convertido en una especie de rueda de auxilio durante los meses anteriores. Luego del estreno en la fecha 19 del torneo Apertura 2010, ante Banfield, donde jugó 77 minutos hasta que fue reemplazado por José San Román, había tenido que esperar bastante para encontrar nuevas oportunidades.
 
 
Fue el Turco Asad el encargado de recuperarlo en el Apertura 2011: primero lo mandó al banco de suplentes y le dio minutos contra Racing (¡como lateral por izquierda!) y Banfield. El pibe respondió con buenas actuaciones y enseguida se ganó la titularidad, que mantuvo con Madelón en la recta final del campeonato. En total, en aquel torneo redondeó 10 presencias y no marcó goles.

De cara al 2012, Gutiérrez iba a ser uno de los pilares de San Lorenzo tras una depuración de plantel. Todos lo esperaban para arrancar la pretemporada, pero nunca se presentó. Recién apareció un puñado de días después ¡en México!, cuando firmó contrato para defender los colores de Estudiantes Tecos. Y así comenzó el fuego cruzado entre Buenos Aires y Guadalajara.

“Nosotros no tenemos ninguna noticia, nos estamos enterando ahora igual que los medios. Sabíamos que había un problema desde el momento que no vino a la pretemporada, pero llamamos a él y a su representante y no nos atienden”, decía el vice del Ciclón, Jorge Aldrey. Desde México, el jugador acusaba a Madelón de haberle dicho que le iba a “cortar la carrera”: “Me llamó Madelón y me preguntó si me iba a presentar a entrenar y yo le dije que no. Entonces, él me dijo que me iban a cortar la carrera, y eso para mí no le correspondía al técnico, sino a los dirigentes, así que ahora estoy tranquilo y voy a dar lo mejor para Tecos”, argumentaba el juvenil.

“Yo siento que hice las cosas bien, yo le demostré al club que le podía dar de todo, y después con el mes que tuvieron para renovarme no me sentí tan importante y es más, ellos siempre estuvieron comunicados con mi representante y no se movieron lo suficiente para que yo me quedara en el club”, repetía. En lugar de intentar calmar las aguas, Madelón le echaba más leña al fuego: “No amenacé al chico que se fue sin decir nada. Lo llamé para que se entrene con nosotros. Gestionamos que él renueve contrato, estuvimos un mes viendo el tema con su representante, pero, de un momento a otro, no vino más”. Pocas horas después, el DT cerraría el tema de la forma más hiriente: “Por suerte se fue porque tener a una persona así, que te puede abandonar en cualquier momento, puede ser catastrófico para nosotros. El de arriba lo puso en el camino para que se vaya, porque podía fallar en otro momento que hubiera sido irreversible. Por suerte no está”.

¿Cómo le fue a Guti en Tecos? Mal, por supuesto. Jugó poco y encima descendió. Para colmo, lo sancionaron por participar de un picadito con amigos cuando estaba volviendo de una lesión y lo mandaron a entrenar con la sub 20. Era la continuidad de una serie de actos de indisciplina que lo iban a perseguir por el resto de su carrera.

De regreso en Argentina, logró repuntar con los colores de Olimpo de Bahía Blanca en la B Nacional (2012/13). En el sur, fue titular indiscutido y uno de los puntos altos del equipo que obtuvo el ascenso a Primera de la mano de Walter Perazzo.
 

Sin embargo, ante la chance de mostrar su clase en el fútbol de los domingos de nuestro país, eligió emigrar. Su rendimiento en el cuadro bahiense le abrió nuevamente las puertas del mercado internacional y cruzó la cordillera para unirse al O’Higgins (2013/14), dirigido por Eduardo Berizzo. Allí se consagraría campeón del torneo Apertura 2013 y volvería a ser noticia por cuestiones ajenas a su juego. En marzo de 2014, junto a su compatriota Alejandro López, llegó tarde a un entrenamiento (algunos dijeron que en estado de ebriedad) y al Toto no le quedó otra que separarlo del plantel.

Desde entonces, ya con el mote de “pendenciero” bien ganado, trató de hacer pie en el ascenso local, sin demasiado éxito. Primero vistió las camisetas de Patronato (2014) y Los Andes (2015) en la B Nacional y en 2017 bajó hasta el Federal B para sumarse a Deportivo Achirense.

El primer semestre del último año lo encontró haciendo de las suyas en Municipal Limeño (2018) de El Salvador. ¿De fútbol? Poco y nada. ¿Termeadas? Y, alguna que otra…

Casalinuovo Damián

Damián Leandro Casalinuovo

Dicen que las cosas aparecen cuando no se buscan, y el caso de este delantero podría valer como ejemplo: sin insistir con ser futbolista profesional, pudo dedicarse a un trabajo envidiado por millones de personas. Como si fuera poco, aunque apenas pisó los campos de juegos de nuestro país, llegó a jugar en Europa… ¡y hasta en la Selección Argentina!

Una historia así de rara tiene que tener un origen poco convencional. Y el Country Banco Provincia cumple con los requisitos (?). Allí vivía Casalinuovo, quien jugaba en una liga local donde también se prendían ex jugadores. Recién a los 16 años saltó a las inferiores de Vélez Sarsfield. “Me costó mucho, tuve que cambiar mi forma de juego”, contó a El Gráfico. Y agregó: “Tuve la chance de comenzar a los 12 años, pero mi familia decidió que lo mejor era que termine los estudios. No me arrepiento, porque no dejé de hacer cosas típicas de los adolescentes, como mi viaje de egresados y las vacaciones con amigos”.

Si la precuela (?) ya había escapado de lo habitual, el debut en Primera División continuaría con esa tónica: “Fue muy raro porque ni siquiera estaba en el plantel. Yo estaba en la Cuarta, había un interinato porque había renunciado La Volpe. Entonces, el viernes se acercó Pedro Larraquy y me dijo que había un puesto de delantero vacante para el partido del domingo y que iba a concentrar. No me lo imaginaba. Llegué al banco y vi que era el primer delantero suplente”. Con 20 años cumplidos, ingresó por Fernandes Francou en una derrota frente a Huracán, por la 19° fecha del Apertura 2007. “Recién cuando estuve de vacaciones, con mis amigos, comencé a caer de lo que había pasado. Se había dado todo muy rápido”.

Su segundo y último partido con los de Liniers lo jugaría exactamente una rueda más tarde: última jornada del Clausura 2008, otra vez contra el Globo, y un puñado de minutos para despedirse de la máxima categoría. La temporada 2008/09 lo encontró haciendo lo que podía en el Nacional B, donde formó parte de un flojísimo equipo de Platense que estuvo cerca del descenso.

Los vaivenes que provoca una vida laboral tan inestable como la del futbolista, lo mandaron directamente desde el Calamar a una liga de mediano nivel europea, pero europea al fin. Firmó contrato con el Dundee United de Escocia, aunque rápidamente fue descartado porque se dislocó el hombro. Necesitado de minutos, recaló gracias a un préstamo de emergencia (una particular modalidad de traspasos de jugadores en el fútbol británico) en el Raith Rovers, donde debutó en el clásico frente al Dunfermline Athletic, anotando un gol con la mano, lo que le valió críticas del periodismo. “No estoy orgulloso, por supuesto, pero estas cosas suceden. Soy un jugador joven, mi carrera recién está empezando y ser llamado un tramposo tan pronto no es bueno”, se defendió en ese momento.

De vuelta en el Dundee United, se hizo acreedor (?) de una buena racha en la que toda pelota que tocaba, terminaba en gol. Esto no fue suficiente para asegurad su continuidad en el club, ya que luego pasó por el Hamilton Academical y volvió al Raith Rovers hasta que, debido a una recurrente lesión en la espalda, optó por dejar el fútbol, volver a Argentina y comenzar a trabajar como contador. La decisión de no ponerse más los botines no tendría marcha atrás… pero a la pelota no la iba a dejar tan fácil.

De regreso en el país, tuvo otra oportunidad inesperada: volver al deporte de manera más o menos competitiva. Pero esta vez, sobre la arena. Y en el fútbol playa no le fue tan mal: llegó a representar a la Selección Argentina en la Copa América 2016.

El equipo quedó afuera en primera ronda, pero eso es lo de menos. De los intercountries, a ponerse la misma camiseta que usaron Batistuta, Crespo o Higuaín. Si la vida está hecha de sorpresas, Damián Casalinuovo vino adentro de un huevo Kinder.

Argachá Adrián

Adrián Argachá

Lateral uruguayo que se dio el lujo de baldosear por triplicado en el fútbol argentino, con el agregado de haber sumado 11 instituciones a su currículum en apenas una década. ¿Qué fue de la vida de Argachá?

Nació en 1986 en la ciudad de Sarandí del Yí, la misma que parió a Juan Ramón Carrasco. Y aunque no compartieron el talento a la hora de tratar la pelota, al menos Adrián incorporó enseguida aquel concepto de la vaca y el pasto: ¿Jugar por abajo? ¡Ni a palos! Aprendió a vender humo.

Formado en las inferiores de Nacional, donde llegó a debutar en 2007, pasó luego por Tacuarembó (2007/08), Wanderers (2008 a 2010) y Defensor Sporting (2010/11), antes de recalar en el fútbol argentino para sumarse al Independiente del Turco Mohamed, que aún gozaba de buen clima por la obtención de la Sudamericana y las otras copas que se le venían.

Lo bueno es que el uruguayo fue medido antes de su debut en Argentina: A mí me gusta mucho Juan Pablo Sorin. Me siento identificado con él y varias veces me dijeron que soy parecido. Él es mi referente, pero de todas formas yo prefiero construir un estilo propio. Otro jugador al que miro mucho es a Abidal, del Barcelona”. Y vaya si lo copió (?).

A nivel internacional, tuvo su estreno en la Copa Suruga Bank, cuando ingresó por Maxi Velázquez en la derrota por penales ante el Jubilo Iwata. Después, el Rojo jugó la Recopa Sudamericana ante Inter de Porto Alegre, pero Argachá fue al banco en ambos encuentros. Sí le tocó jugar como titular, en cambio, en la serie ante la Liga de Quito por la Sudamericana 2011. Y todo terminó en eliminación.

Por el torneo local, el charrúa sumó 12 encuentros en la temporada 2011/12, dejando en claro que por su nivel se parecía a Juampi Sorín, pero en la actualidad. O sea, un homeless.

Para coronar semejante experiencia, luego se iría a Racing…de Montevideo (2012). Y en su país seguiría sumando escudos a su CV, con pasos por River Plate (2013) y Sudamérica (2013 a 2015), para tomar el envión necesario y volver a la Argentina, como si nadie su hubiese percatado de su anterior delito.

A comienzos de 2016, llegó a Córdoba para sumarse al Belgrano del Ruso Zielinski, que necesitaba una alternativa para el puesto que ocupaba Federico Álvarez. La chance por fin le llegaría en la fecha 4, ante Banfield, pero lo expulsaron luego de perder la marca en un lateral y entonces todo se le hizo cuesta arriba. Apenas pudo ser titular en 4 encuentros con el Pirata y al final terminó perdiendo el lugar con el chileno José Rojas.

Ese mismo año, el uruguayo se resignó a jugar en una categoría más acorde a sus desempeños: la B Nacional. Vistió la camiseta de Central Córdoba de Santiago del Estero durante 29 partidos de la temporada 2016/17. ¿Cómo terminó todo? Con un descenso al Federal A.

Sin embargo, cuando todo parecía perdido, una oferta del ascenso español lo llevó a su lugar en el mundo a mediados de 2017. ¿El equipo? El Lorca Fútbol Club, de la Tercera División. Todo lo que vino después, estaba cantadísimo: porque si hay lorca, juega Argarchá. Y los resultados, tardaron 9 meses en llegar.

 

Gallo Germán

Germán Darío Gallo

Del dream team de Carlos Salvador Bilardo a la formación más baldosera de la historia. La temporada 1996/97 de Boca Juniors fue una montaña rusa de emociones, con sus altibajos típicos: un triunfo agónico contra River en el Apertura, un empate con sabor a derrota (aquel 3 a 3 con gol de Celso Ayala sobre la hora) en el Clausura, el debut oficial de Juan Román Riquelme, una caída contra el Deportivo Español en La Bombonera. Perlitas de un año que dejó la sensación de que cada paso adelante eran dos para atrás.

La historia ya es bastante conocida. El experimento del Doctor terminó antes de lo previsto y de la peor manera. Tras un pálido décimo puesto, el Narigón dijo adiós y las principales figuras (con Juan Sebastián Verón y Cristian González a la cabeza) emigraron rápido. A comienzos de 1997, la llegada de Héctor Rodolfo Veira, que dos años antes había sido campeón con San Lorenzo, renovó las ilusiones, pero el rendimiento no mejoró: Boca finalizó noveno, con 25 puntos.

El 12 de agosto de 1997, por la última fecha del torneo Clausura, en la Tacita de Plata, Gimnasia de Jujuy recibió al Xeneize, que presentó a Sandro Guzmán; Carlos Zapella, Walter Del Río, Aníbal Matellán y Germán Gallo; Raúl Peralta, Diego Cagna, Luis Darío Calvo y Rubén Cantero; Emanuel Ruiz y Pedro González. El partido, un 0 a 0 soporífero, era tan intrascendente que el violador Bambino ni se calentó en viajar. En su lugar estuvo Esteban Pogany, que también les dio minutos a Ariel Rosada, que tuvo que entrar enseguida por Calvo, Gustavo Scolari (por Peralta) y Diego Herrera (por Cantero). En el banco se quedaron el arquero suplente Federico Vilar y un tal Brides, del que no existen registros Germán Britez. Salvo honrosas excepciones, casi todos los jugadores terminaron homenajeados en este sitio. Y sí.

Nacido en febrero de 1977 en Pavón Arriba, provincia de Santa Fe, Germán Gallo se presentaba como un marcador central zurdo (por eso ese día se ubicó en el lateral izquierdo), de buen físico y una técnica aceptable. Eso dicen quienes lo vieron en las divisiones inferiores, claro, porque aquellos noventa minutos en Jujuy fueron los únicos en la máxima categoría. Por lo menos antes de irse iba a darse el gusto de compartir algunos entrenamientos con Diego Armando Maradona, en lo que ya cerca del retiro (el de Gallo, claro) sería recordado como el mejor momento de su carrera.

Lo que siguió, previsible, fue un paso por el ascenso nacional. Primero con los colores de Nueva Chicago (1997/98), donde actuó con cierta regularidad al lado de Ariel Jesús, el hoy presidiario Marcelo Couceiro, Fernando Ávalos, Claudio Benetti, Rodolfo de Paoli, Lucio Filomeno, Leandro Lázzaro, Pablo Talarico, Juan Manuel Sara, Flavio Frangella, Marcelo Elizaga, entre otros. Ese equipo no tenía otro destino que pelear por la permanencia y así fue. Gallo, al menos, le metió un gol a Atlanta en una victoria por 2 a 1 en Mataderos. Algo es algo.

Luego, en la temporada 1999/2000, se incorporó a Arsenal de Sarandí, donde fue dirigido por el Chaucha José María Bianco. Allí conocería a los históricos Hernán Coldeira, Darío Espínola, Alejandro Limia y Carlos Ruiz, y también a Facundo Gareca, Maximiliano Flotta y Dante Ciglic, porque en la vida hay que compensar. El cuadro de Sarandí se metió en la lucha por el segundo ascenso a Primera, pero terminó eliminado en cuartos de final ante Atlético Rafaela.

Ya en la B Metropolitana, Gallo sumó algunos minutos con la camiseta de Argentino de Quilmes (2000/01), antes de sus incomprobables pasos por Tiro Federal de Rosario y el fútbol guatemalteco. Sin mucho más que hacer a nivel profesional, colgó los botines. “Me costó desprenderme del pueblo y de los afectos, no veía la hora de tener días libres para poder regresar”, le contó alguna vez al diario La Capital.

De nuevo en casa, fue elegido como el segundo mejor jugador de la historia de Pavón Arriba, y siguió dándole a la pelotita en la Liga Deportiva del Sur con la casaca del Club General San Martín, donde es ídolo (fue el MVP (?) de 2015) y se mantuvo hasta su retiro en 2016, cuando pasó a ser el técnico del plantel de Primera División.

Echenique Lucas

Lucas Daniel Echenique

Arquero integrante de los planteles de Arsenal hasta 2005 sin posibilidades de llegar más lejos que el banco de suplentes en alguna que otra ocasión. La desleal (?) competencia ante nombres como Alejandro Limia, Leonardo Aguirre, Ariel Rocha y Esteban Dreer lo hicieron despedirse de la Primera División antes de mandarse alguno de esos bloopers que se repiten en los especiales de fin de año.

La ansiada cagada (?) llegaría en 2008, cuando ya defendía los colores de Comunicaciones: el portero rival, Albano Anconetani, ejecutó un tiro libre desde su propio campo, la pelota lo superó y se terminó metiendo sin oposición. Años más tarde Augusto Batalla copiaría la jugada en un Superclásico. Así lo recordó el propio Echenique: “Fue un tiro libre desde mitad de cancha. Nosotros ganábamos 2 a 0, ellos descontaron y al final me empató el arquero. Ese día había muchísimo viento, yo le había dicho a Ricardo González que patearan fuerte los tiros libres, que el viento podía complicarlos, y se me terminó metiendo a mí”. Para que gastarse en tantas palabras si está Youtube, ¿no?

En 2009 dejó el Cartero por falta de pago, pero la cosa no iba a mejorar. Sin equipo alguno que requiera de sus servicios, recién un año después iba a poder formar parte de un nuevo plantel: San Miguel le dio un lugar a mediados de 2010. Una nueva oportunidad para afianzarse que no salió como esperaba: sin siquiera llegar a debutar, decidió irse a probar suerte a otro destino. A un lejano y exótico destino: Tailandia.

Lo que comenzó como una aventura de unos meses para conocer las delicias del turismo sexual sudeste asiático, se transformó en una larga estadía en un país que sería su nueva casa por varios años. Su primer equipo fue el Sriracha, donde tuvo revancha de aquella malograda jugada en el ascenso argentino: en un partido en 2011, fue a buscar el empate al área rival, consiguiéndolo con un certero cabezazo. “Fue la primera vez que un arquero extranjero convertía en el país. Además, si perdíamos quedábamos muy comprometidos con el descenso. Pero con el punto pasamos a depender de nosotros para salvarnos, y lo terminamos logrando”.

Con su vida establecida a más de 16 mil kilómetros de distancia de su lugar de nacimiento, las ofertas de otros equipos de aquella nación no tardaron en caer. Y él no tardó en aceptarlas. En las temporadas sucesivas defendió los arcos del Army United, Samut Songkram, Sisaket FC, TTM Chiangmai, Look Phor Khun, Kabinburi FC Rajpracha FC, tanto en la Thai League como en categorías menores. En 2014, cuando formaba parte de la tercera de esas improbables instituciones, repitió la hazaña de empatar un partido sobre la hora, con otro frentazo que tuvo la colaboración del arquero rival.

En lo futbolístico, este sería el cierre de la historia de Lucas Echenique hasta estos días. Pero, más allá de lo que hizo adentro de las canchas, su nombre quedó impregnado en los medios por un caso que nada tuvo que ver con la pelota. Fue en 2012, cuando Gisela Zavala, su pareja, lo acusó de golpeador: “Me golpeó, me tiró al piso y me pateó. Me molió a palos delante de los chicos”, declaró la chica desde Bangkok, adonde había llegado junto a sus hijos para recomponer una relación con altibajos. Después de refugiarse en la embajada argentina, pudieron regresar al país.

Por otro lado, el arquero dio su versión: “Gisela puede decir que le pegué, que la tenía secuestrada o que la quise matar, pero yo voy a pedir que le hagan una pericia psicológica porque tiene un gran problema. A eso hay que sumarle que es una fanática religiosa”. En pocas palabras: Echenique podrá ser golpeador, secuestrador, un inseguro arquero pero nunca una estrella de porno.