Cracco Juan Pablo

Juan Pablo Cracco

Soy un ávido y responsable coleccionista. Lo cual, inconcientemente, lleva aparejado una profunda e inexorable tristeza. Y no hablo de lo patético de ver a un hombre en sus treintas esperando con la ilusión de un niño a que llegue una action figure del universo de DC Comics… O de lo lisérgico que suena que llegue a posponer una reunión de trabajo por mirar los extras de una película de los ochenta que completa una deseada antología de blue-rays. Eso no genera tristeza, para nada. Ya que las sensaciones negativas, por supuesto, son siempre desde la perspectiva de la mirada ajena. Y al coleccionista convencido poco le interesan las castradoras máximas que emergen desde los sentidos de los demás.

La verdadera tristeza -rayana a la angustia- que acecha a los coleccionistas, es por una sola cuestión: cuando la colección se está por completar. Ese es el fin, la depresión, la muerte, el acabose, el ragnarök. Por que lo que debería acaecer es la felicidad por la colección completa. Y al coleccionista no le interesa la felicidad, en absoluto. De hecho, el coleccionista se mueve como pez en el agua en la búsqueda de algo que desea interiormente que jamás se materialice. Paradójico. Entre los muñecos de Batman, los Gráficos de los noventa, los vinilos de The Beatles y las películas de Freddy Krueger, una sola pesquisa obsesiona cada uno de mis días: que estén posteados, perfumados e inmortalizados todos los íconos del baldoserísimo Ferrocarril Oeste del Clausura 2000.

Por supuesto, todos recordamos y veneramos a aquel último equipo de Caballito que divisamos en Primera División en nuestras vidas. ¡Si! aquel que dirigieron Palito Brandoni y Juan Domingo Rocchia; luego Rocchia en solitario y finalmente la vieja y desaparecida Subcomisión de Fútbol. Un verdadero canto a La Baldosa. Ojo que había jugadores, digamos, respetables, tales como Martín Vitali, El Bebé Rocha, Cristian Tula, Sergio Rodríguez, Félix Décima, El Pupi Salmerón o el bicampeón con Lanús, Maxi Velázquez.

Pero después había una galería de villanos que se hacían llamar Martín Morello, Nicolás Sartori, Cristian Chaparro, Jorge Vega, Diego Velázquez, El Máquina Giampietri, Nicolás Hernández, El Cuco Lagos, Ariel Groothuis, Diego González, Andrés Grande, Cristian Hudaied, Fernando Sanjunjo, Cristian Ayala o Fabio Landaburu, quienes hicieron, en los últimos años, un verdadero carrusel de emociones con nuestras vidas. Hoy, con una lágrima incrustada en este corazón de coleccionista, le llega el turno a Juan Pablo Cracco.

Lateral izquierdo de la categoría ’80 y oriundo de Río Tercero, nuestro homenajeado hizo su debut como titular en la décimo primera jornada de aquel Clausura 2000, cuando Rocchia decidió quemar a dos de los últimos juveniles que le quedaban por incinerar en la plantilla ¿El otro? El también cordobés Luis Pupi Salmerón. Tras la derrota 0-2 frente a Estudiantes de La Plata, el Diario El Día describió así su debut: “Juan Pablo Cracco hizo todo al revés y El Pincha supo aprovechar su sector. Marcó mal, entregó pésimo y su desprolijidad fue alarmante. Los albirrojos lo volvieron loco toda la tarde y no se fue expulsado de milagro ¡Qué tardecita!”

En total, Juan Pablo Cracco fue titular en 8 encuentros de aquel Ferro terminal, incluido, claro, el encuentro frente a Lanús en el que cayeron por 0-7 perdiendo la categoría y en donde uno no sabía si sorprenderse por lo abultado del resultado o por los extravagante apellidos que usaban la pilcha del Oeste, quienes parecían personajes de una película como El Señor de Los Anillos o una serie como Game Of Thrones: “de las entrañas de la tierra emerge el abominable Groothuis”, “la respuesta la hallaras en la aldea de los Hudaied”, “Le debemos lealtad al Sanjurjo Celestial”, “La salvación de nuestra especie será después que derrotemos al salvaje Cracco de las profundidades”… Y así hasta el final de aquel plantel.

De la vida de Juan Pablo Cracco no se supo mucho más, solo que entre los años 2004 y 2006 usó la camiseta de 9 de Julio de Río Tercero. Y de esta manera, hoy, aquí, con este paradero incierto, casi completamos nuestro álbum favorito de baldoseros.

¿Alguien dijo Roberto Galant, Mario Costas y Agustín De La Canal?

Olushola Fatai

OlusholaFatai

Fatai Olamide Olushola

Se los conoce como “Diamantes negros”. Son más de 20 mil y están desperdigados por Europa. Todos tienen ciertos puntos en común: un origen pobre en África, las condiciones para convertirse en el nuevo Samuel Eto’o o Didier Drobga y, generalmente, la mala fortuna de haber caído en las garras de un representante inescrupuloso. Apenas un puñadito logrará su objetivo de destacarse en el fútbol. La gran mayoría quedará a la deriva, sin papeles, techo ni comida.

Oriundo de Lagos, la ciudad más poblada y antigua capital de Nigeria, hincha de River y fanático del Diego, Fatai Olushola dejó su tierra natal en 2009, a los 17 años, cuando un agente argentino que lo había visto en un torneo intercolegial fue a seducirlo con la promesa de llevarlo a probarse al Viejo Continente.

Antes, sin embargo, este delantero debía mostrar sus condiciones en Sudamérica. Y así fue que terminó en una pensión de Ituzaingó, en el gran Buenos Aires, donde la pasó realmente mal. “En esa casa vivíamos casi al aire libre. Teníamos mucho frío y no teníamos nada para comer”, relataba al sitio Sporting Africa.

La primera chance de comprobar que era bueno en serio fue en Banfield. Y quedó. Cuando estaba por firmar el contrato, le dijeron que había surgido un problema y que no iban a ficharlo. Cabizbajo, y sin entender demasiado qué pasaba, agarró sus cosas y siguió peleándola. Tiempo después, cuando ya vestía la 9 de la Cuarta División de Huracán, supo la verdad: su representante había pedido una cantidad de dinero irrisoria, boicoteando su llegada al Taladro.

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Luego, desfiló por un sinfín de clubes: Atlético Paraná, Maronese -foto- (formó parte del plantel que ganó la liga de Neuquén en 2009), Rosario Central y River Plate. “Me fui a probar a River y quedé. Fue algo increíble. Pero cuando ya me estaba ilusionando, me dijeron que me tenía que ir”. Otra vez la persona que manejaba su carrera le había jugado una mala pasada. Al menos, tuvo tiempo para pegar onda con el camerunés Many Essomba y los mellis Rogelio y Ramiro Funes Mori.

A comienzos de 2011, un abogado amigo de Julito Grondona le consiguió una prueba en Arsenal de Sarandí. Anduvo bien en algunas prácticas y lo ficharon para la Cuarta División. Tras una buena secuencia en la Reserva, le llegaría la hora del debut profesional.

El 21 de marzo de 2012, en el estadio Florencio Sola, justamente donde Fatai había dado sus primeros pasos en el fútbol argentino, Arsenal quedó eliminado de los dieciseisavos de final de la Copa Argentina tras caer por 2 a 1 ante Sarmiento de Resistencia (Chaco). Esa tarde, Gustavo Alfaro mandó a la cancha a Catriel Orcellet; Sergio Sena, Danilo Gerlo, Víctor Cuesta, Cristian Trombetta; Diego Torres, Gastón Esmerado, Juan Manuel Cobo y Claudio Mosca; Julián Cardozo y Gustavo Blanco Leschuk. En el entretiempo (con el resultado 0-2 abajo), Darío Benedetto reemplazó a Cobo y enseguida el Bicho Gómez entró en lugar del cantante Diego Torres.

Con el descuento de Mosca, Alfaro se decidió a quemar las naves en busca de la heroica: sacó a Cardozo y metió a Olushola. Enseguida, el negro se hizo cargo del ataque y habilitó a Benedetto, que se perdió el empate solito frente al arquero rival.

“Alfaro me hablaba en inglés para que yo entendiera mejor sus indicaciones. Las veces que entrené con el primer equipo me trató muy bien y me dejó una muy buena impresión”, decía el morocho, que no tuvo más chances en la zona sur del Gran Buenos Aires y se fue practicar con un combinado de jugadores libres, hasta que se sumó a Sarmiento de Ayacucho (2013/14).

Allí, protagonizó un hecho histórico: se convirtió en el primer futbolista africano en marcar un gol en la Copa Argentina. Fue justamente ante América de General Pirán, equipo que le daría asilo desde 2014, en las profundidades del Torneo Federal B, conformando una constelación de baldoseros al lado de Gabriel Christovao, Leonardo Tambussi y Junior Ischia.

Ahí jugaba hasta hace algunos meses, cuando el DT Hugo Tenaglia pasó el escobazo y se lo llevó puesto junto con su compatriota Chukwunonso Evans Ugwunwa, de previo paso por San Lorenzo de la mano de Félix Orode, y Junior Ischia, entre otros.

Cervetti Rodrigo

Rodrigo Cervetti (Tato)

El domingo 9 de abril de 2006 no fue un día más en la vida ni de River Plate ni de Instituto de Córdoba. Por el lado de los punteros Millonarios, esa tarde hizo su debut profesional Diego Mario Buonanotte, un diminuto joven de 17 años quien ya compartía una gigantografía publicitaria en El Monumental junto a Enzo Francescoli y a quien todos allí señalaban como el continuador de la dinastía de talentosos valores autóctonos, tales como Ariel Ortega, Marcelo Gallardo, Pablo Aimar, Javier Saviola y Andrés D´Alessandro, entre tantos y tantos otros.

En La Gloria, por su parte, el panorama era bastante distinto. Habían descendido de categoría sin jugar un día antes; al entrenador Ariel Cuffaro Russo le habían enseñado la ruta de salida de Córdoba y junto a él a una decena de “porteños”, tales los casos de los dos principales arqueros: Damián Grosso y Gastón Pezzutti.

Con ex arquero Ramón Benito Álvarez como técnico interino, Instituto se presentó en la cancha de River sin moral y con el entonces inexperto Jorge Carranza en la portería. Pero claro, fue tanta la presión (?) que el 1 se lesionó solo y posibilitó el impensado debut del pibe Rodrigo Cervetti (22/04/1985), juvenil a quien se señalaba como un gran proyecto futuro y continuador de la lista de grandes arqueros de La Gloria, tales como… eh… eh… eh… ¿Caranta?

En ese contexto, el asustado Tato se mandó debajo de los tres palos y de entrada recibió la bufonesca bienvenida de Tití Fernández: “Al peluquero de Cervetti ya lo metieron preso, Enrique (Macaya). Quédese tranquilo…”. Encima, no alcanzó a tocar una pelota que El Tecla Farías se la mandó a guardar dos minutos después de penal. Posteriormente, el propio Farías señaló el 3 a 1 final para La Banda.

Habiéndose sacado de encima la ansiedad por el siempre anhelado debut, Cervetti fue suplente de Carranza en las pocas jornadas que restaron de aquel Clausura y luego la siguió peleando a la espera de su oportunidad. Chance que, por supuesto, nunca jamás llegaría. Y no por que se haya ido o por que se haya retirado, eh. No, no.

Continuó en el plantel hasta mediados de 2013 tapado por, entre otros, Ariel De La Fuente, Diego Pozo, Diego Pellegrino, Laureano Tombolini, Julio Chiarini, Matías Vega y siguen las firmas. Entre medio, vale destacar, se sacó las ganas de jugar un poco cuando estuvo un semestre en General Paz Juniors (2010) del Argentino B.

Sarmiento de La Banda (2013/14) del inframundo fue la antesala a su inolvidable momento mainstream; ese que circuló viralmente en los teléfonos nacionales y extranjeros y que también repiqueteó por programas televisivos de toda índole a lo largo y ancho del planeta. ¿Su equipo? Comunicaciones (2014/15) de la Primera B Metropolitana.

Apenas iban cuatro minutos de aquel partido contra Atlanta cuando El Tato hizo su desmoralizante gracia inmortal, que finalizaría con un 0-5 a favor del Bohemio. Tras estar un tiempo colgado, desde principios de 2016 el arquero intenta rehacer su carrera en Unión de Santiago del Estero del Argentino B.

Desde acá, le mandamos nuestros mejores augurios. Si Florencia Peña, Ivana Nadal y Chachi Telesco lograron superar el escarnio de la híperconectividad ¿Por qué no lo va a poder superar Rodrigo Cervetti?

Angulo Juan

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Juan Camilo Angulo Villegas

Para las frías estadísticas, el paso del colombiano Juan Angulo por la Primera División de nuestro país fue inexistente: no jugó ningún partido y ni siquiera fue al banco de suplentes. Su nombre, sin embargo, logró insertarse en buena parte del pueblo futbolero, debido a un confuso episodio en el que salpicó al entrenador Ricardo Caruso Lombardi.

Formado como lateral derecho en las inferiores del América de Cali, le dieron la chance de debutar con los mayores en el Torneo Apertura de 2008, pero no en cualquier momento: ¡en las finales! Los Diablos Rojos caerían ante Boyacá Chicó por penales, pero tendrían revancha unos meses más tarde, con la conquista del Torneo Finalización. Parecía el arranque de una carrera plagada de éxitos, pero nada que ver…

Al año siguiente, el conjunto caleño comenzó a transitar aceleradamente el camino oscuro que lo llevaría al infierno de la Primera B, aunque Angulo se la vio venir y entonces escapó hacia la Argentina en junio de 2010.

Con apenas 21 años, desembarcó en Tigre y se sometió a una de las habituales pruebas de Caruso, que fiel a su estilo incorporaba jugadores de todas partes sin mirarles el currículum.

El Richard levantó el pulgar y entonces el colombiano se quedó en Victoria. No sólo  él, claro, en ese mercado de pases también llegaron Denis Stracqualursi, Fernando Telechea, Pablo Caballero, Cristian Trombetta, Renzo Vera, Gastón Díaz, Mariano Echeverría, Esteban González, Diego Morales, Daniel Mustafá, Lucas Simón, Pablo De Miranda, Pablo Cáceres y Horacio Anzorena; sumándose a los regresos de Román Martínez, Juan Carlos Blengio, Leonel Altobelli y Martín Galmarini. Sí, 19 futbolistas nuevos.

Con semejante plantel, a Angulo le tiraron la casaca 16, pero nunca la pudo usar. Apenas si deambuló por Reserva, esperando una oportunidad que no le llegaría. Y mucho menos después del escándalo que se desataría en diciembre de aquel 2010.

Cansado de no jugar, el lateral denunció ante los medios que Caruso lo había chantajeado: “La verdad, le pidió dinero a mi representante. Eso es como mucho; él fue el que me trajo, el que me vio condiciones. No me gustó. Estoy muy molesto, nunca se lo manifesté a él para evitar problemas. Es la primera vez que me sucede esto, desde que me di cuenta he estado incómodo. Yo siempre me quise ganar un puesto como lateral y al ver que colocaba otros jugadores, entonces le preguntaba qué pasa. Y por ahí me contestó eso y sabía por dónde venía el caso”.

La acusación era grave, pero al mismo tiempo se sumaba a algo que siempre se había mencionado sobre el entrenador, pero nunca con pruebas sobre la mesa. Entonces Ricardo primero amagó con renunciar y después se enojó: “Por un lado, Angulo no jugaba porque vivía lesionado. Y por otro, si tuviera que darme diez pesos no podría venir a entrenar porque no le alcanzaría la plata”. Y agregó: “Hacen una transa para ensuciarme. Me cago en Angulo, lo traje porque me gustaba y punto. Que me dejen de hinchar las pelotas. Tengo hijos y me están acusando por lo que dijo un colombiano…El representante de Angulo es un gángster, le digo algo y me pega tres tiros”. Y como si fuera poco: “Fueron a buscar a Angulo para que me mande preso por algo que nunca pasó. Si el representante le roba la plata al jugador, que se haga cargo de que se la roba. Y, por otra parte, si lo llego a ver a Angulo, le va a quedar chica la Panamericana, porque es un buen pibe pero es un estúpido. ¿Quién carajo es para acusarme? ¡No lo conocen ni los familiares!”.

Luego, menos tenso, el DT hizo su show:

¿Cómo terminó la historia? Con una rectificación del colombiano y un adiós de la dirigencia de Tigre a Caruso, quien había elevado su perfil polémico más de lo normal.

Angulo probaría suerte en el Shanghái Shenhua de China (2011/12) y Bahía de Brasil (2013), para finalmente volver a su país, donde jugó para Cúcuta (2013 y 2014) e Independiente Medellín (2015).

Desde comienzos de 2016, viste nuevamente la camiseta escarlata del América de Cali. En la B, sí, porque a los Diablos Rojos no los salvó ningún Caruso.

Pezzarossi Dwight [Actualización 2016]

Dwight Anthony Pezzarossi García (El Portaaviones)

Su increíble nombre y origen sumados a un apodo genial le aseguraron un lugar destacado en el sitio. Y su rabiosa actualidad más las pintorescas noticias que supimos de él en el camino, lo elevan, sin dudas, al indiscutido rol de estandarte.

Nacido el 19 de septiembre de 1979 en la Ciudad de Guatemala, El Portaaviones Dwight Pezzarossi llegó a Argentinos Juniors a mediados de 2000 desde el popular Comunicaciones de su país, donde había debutado en 1995. Además y como es de esperar para cada jugador que llega a la Argentina desde Centroamérica, formaba parte del elenco estable de su seleccionado.

Con esos antecedentes, este centrodelantero se sumó al Bicho de La Paternal junto a una cofradía de baldoseros foráneos (los arqueros uruguayos Siboldi y Aurrecochea, el colombiano Luis García y el brasileño Eder Ferreira) y escuchó los aflautados deseos de su poco experimentado entrenador, El Colorado Carlos Javier Mac Allister: salvarse del descenso, hacer una buena campaña, que no le dijesen Corky y convertirse en Ministro de Deportes de La Nación. Pezzarossi tomó nota de esto y después se dedicó a realizar la labor para la cual lo habían contratado: baldosear…

La tardía presentación del Portaaviones se dio recién en la séptima jornada, cuando ingresó algunos minutos por El Cabezón Fernando Sánchez en un empate 1 -1 con Belgrano. Luego fue titular en una igualdad con Almagro (0-0); ingresó en un empate con Huracán (1-1); formó parte de los once que participaron de una reanudación de partido frente a Racing (fue parda 0-0 y encima lo cambiaron a mediados de este mini-encuentro) y fue estigmatizado cuando no fue reemplazado en un partido que Argentinos le ganaba 2 a 0 al River de Los Cuatro Fantásticos con dos jugadores de más y que, como no podía ser de otra manera, terminó empatado en dos tantos.

Una derrota por la mínima frente a Vélez Sársfield, la tarde que se anunció la venta de José Luis Chilavert a Francia, marcó el final de los días de Dwight Pezzarossi en la Argentina, dejando un total de 6 encuentos en los cuales se mostró como un verdadero “delantero-mueble” con escasa movilidad, quien nunca logró quedar en posición de gol por más que compartió cancha -a la vez- con tres grandes asisitidores de izquierda como El Pocho Insúa, El Zurdo Zermatten y Diego Rabona Bustos. Tampoco milagros…

Tras esto, El Portaaviones cruzó la Cordillera para jugar en Palestino (2001) y en Santiago Wanderers (2002), donde tuvo una correcta labor al tratarse de un fútbol más parecido al que se practica en su país. Luego metió una buena campaña en el Racing de Ferrol (2002/03) de la Segunda División española, que quedó opacada por una lesión que lo tuvo de baja durante tres meses. Regresó a Comunicaciones (2003/05) y entremedio superó una prueba en el Bolton Wanderers (2004) de la Premier League. No fue ni al banco de suplentes pero al menos conoció al Jay-Jay Okocha, a Mario Jardel y a Youri Djorkaeff. Grosso…

Cuando todo hacía presuponer que Pezzarossi ya no volvería a salir de su país, el Racing de Ferrol volvió a contratarlo en el mercado de invierno de la temporada 2005/06 y mal no le fue, ya que jugó 10 partidos y marcó tres goles. En julio de ese mismo año pasó al Numancia -también de la División de Plata- pero participó en apenas 21 minutos y fue dado de baja a los seis meses. En 2007 regresó a Guatemala para vestir la camiseta de Deportivo Marquense (2007/08) y de, como no podía ser de otra manera, Comunicaciones (2008/2011).

Un paso por Deportes La Serena de Chile (2011/12) fue su última excursión por el extranjero. El Portaaviones Pezzarossi se retiró a mediados de 2013 con la camiseta de Comunicaciones, no sin antes intentar, en vano, clasificar a su Selección al Mundial de Brasil 2014. Por que el tipo ya estaba viejo pero a ambicioso no le iba a ganar nadie.

Y hablando de ambición, Dwight Pezzarossi sorprendió al planeta entero cuando, en septiembre de 2014, fue nombrado como Ministro de Deportes… ¡y Cultura! de su país por el entonces Presidente Otto Pérez Molina, en una decisión que causó gracia, estupor e indignación en la población entera ya que, entre otras cosas, El Portaaviones manifestó no saber quien fue el diseñador del Teatro Nacional; que sus gustos culturales pasaban por Bon Jovi y Ace Of Base y además declaró como vándalos a perseguir a los skaters. Eso si, hizo spots navideños de lo más sabrosos…

Criticado desde todos los wines por sus medidas de índole irrisorio, Dwight Pezzarossi renunció a su cartera en septiembre de 2015, luego que el Presidente Pérez Molina fuera incitado a dejar su cargo por casos múltiples de corrupción. El Portaaviones lo hizo con una sentida carta dirigida hacía la población y hacía el Presidente Interino Alejandro Maldonado Aguirre. Sin embargo, rápidamente se viralizó una misiva que, aunque apócrifa, manifestaba el verdadero sentir de los guatemaltecos…

Pero eso no es todo, cuando el planeta Tierra se encontraba mirando la Apertura de la Copa América Centenario, una noticia sacudió a todos: la muerte de Muhammad Alí El Portaaviones Dwight Pezzarossi había sido encarcelado al ser acusado por asociación ilicita y por cohecho pasivo, al integrar una red que desviaba fondos públicos en beneficio de empresarios allegados al poder… ¿Dónde escuché algo parecido?

Esas son, hasta el día de hoy, las últimas novedades que tuvimos de Dwight Pezzarossi. Aunque, por supuesto, nos animamos a afirmar que habrán muchas más. Por lo pronto, esperamos que al recordado Portaaviones no le estén introduciendo un Mirage…

Ortega Diego

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Diego Marcelo Ortega (El Chino)

Los que lo vieron jugar en Reserva o los que tuvieron la oportunidad de compartir un rato de cancha con él lo recuerdan como uno de los mejores de su camada, la 91 de River Plate. Tenía condiciones y, para colmo, un apellido ilustre. Pero, como decía Tu Sam, puede fallar: apareció en el peor momento institucional/deportivo del Millonario y tuvo la desgracia de desperdiciarse a la par de varios de sus compañeros, absorbidos por la necesidad imperiosa de pelearle cada milésima al promedio del descenso.

Diego Marcelo Ortega nació en Villa Jardín, una de las zonas más picantes de Lanús, el 5 de septiembre de 1991 y desde los 9 años fue haciendo el típico caminito a Primera, siempre con la camiseta de la banda roja, actuando generalmente como enganche o doble cinco.

En 2008, cuando jugaba en las divisiones inferiores del cuadro de Núñez, fue sparring de la selección argentina que dirigía Alfio Basile. En una práctica, el Coco lo mandó a la cancha junto con Agustín Orion; Pablo Zabaleta, Fabricio Coloccini, Daniel Díaz y Luciano Fabián Monzón; Leandro Somoza, el Cuchu Cambiasso y Pablo Barrientos; Francisco Grahl (un pibe de Almirante Brown que luego pasó por Boca y ahora está en Atlético Tucumán) y Ángel Di María.

A comienzos de 2010, tras un puñado de campañas en Reserva, Leonardo Rubén Astrada lo citó a la pretemporada. Por aquel entonces, el Chino se inspiraba en Ariel Arnaldo Ortega, que volvía al club de sus amores para aprovechar su último rato de curda cuerda. “Mi sueño es jugar en la Primera, al lado de Ariel. Es mi proyecto”, decía el chico que no llegaba al metro setenta. “Tuve la oportunidad de tirar algunas paredes, je. El me gritaba ‘Negro, Negro’, nada más. Después no pude hablarle. Es que me da vergüenza. Hace muchos años sólo le pedí un autógrafo. Nunca me dio para animarme a una camiseta. Que él haya vuelto al club me genera más ganas para jugar”.

Quiso el destino que tras el debut con derrota ante Racing, Astrada hiciera varios cambios para enfrentar a Independiente, por la segunda fecha del torneo de verano, en Salta. Esa noche, como partenaires del Burrito, salieron a la cancha un montón de purretes que sumaban sus primeros minutos entre los grandes. Quiso el destino también, bastante puto a veces, que el encargado de reemplazar a Ortega promediando la etapa final fuera, sí, Orteguita, en su único partido con la casaca del Millonario. Encima, sesenta segundos después de su ingreso, Ignacio Piatti marcó el 3 a 2 definitivo para el Rojo. Unos días más tarde, el pibito vio desde el banco de suplentes cómo River vencía a Boca por penales.

Desde entonces y hasta su despedida, fue marginado por Astrada, Ángel Cappa, Juan José López y Matías Almeyda, limitando su participación a algunas prácticas junto con otros juveniles que tampoco pudieron hacerse un hueco en esa época de mierda, como Sebastián Silguero, Santiago Gallucci Otero, Facundo Quignon, el camerunés Many Essomba o el propio Gustavo Bou.

Ya consumado el descenso, le dieron vía libre. Pedido por Cacho Sialle, pasó a préstamo a Guillermo Brown de Puerto Madryn (2011), que la temporada anterior había conquistado el ascenso a la B Nacional y que justamente sería uno de los verdugos de River en ese viaje a tierras desconocidas, quedándose sobre la hora con un empate histórico en pleno estadio Monumental. Ojo, Ortega no llegó a verlo: fue parte del escobazo que pasó Dalcio Giovagnoli tras un primer semestre para el olvido.

De nuevo en Núñez y con las acciones en baja, los dirigentes se encargaron de buscarle un club acorde a su nivel. Tampoco se esmeraron mucho, eh. Abrieron su navegador amigo, tipearon “destinos exóticos”, clickearon en “Me siento con suerte” y el bueno de Orteguita terminó el 2012 a 11 mil kilómetros de distancia, defendiendo los colores del Sliema Wanderers de… ¡Malta!

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Allí, donde alguna vez brilló César Paiber, llegó acompañado de dos argentinos (Ariel Laudisi y Matías Muchardi) y otros nueve ladris colegas y, después de algunas pruebas, disputó apenas dos partidos oficiales antes de pegar la vuelta. La última vez que escuchamos su nombre fue a mediados de 2013, cuando el Boyacá Chicó, que ya se había asegurado al Tigre Jairo Castillo, intentó llevarlo a Colombia.

Parecía que estaba todo arreglado, pero a último momento surgió la posibilidad de contratar a otro jugador y lo anunciaron… a través de Facebook.

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Desde entonces, nunca más lo vimos pasar por nuestro timeline.

Guede Pablo

Pablo Adrián Guede (Loquita)

Por supuesto, después podemos discutir ampliamente si este es un posteo que merecemos. De lo que vamos a estar todos de acuerdo, sin ningún lugar a argumentación, es que el que usted está leyendo es un texto que necesitamos ¿Y cuáles son las razones para una afirmación tan temeraria? En principio, que en toda la web no se encuentra una mísera foto de nuestro protagonista en su pasaje por la Primera División del fútbol argentino.

La segunda causa, la más importante, es que en todos los escritos sobre su persona se rememora su paso por el Deportivo Español como una apurada y desganada tilde en la lista del supermercado; cuando ahondando sutilmente en su trayectoria uno choca sin cinturón de seguridad sobre una inexorable conclusión: el pintoresco, llamativo y renombrado Pablo Guede halla su génesis en el baldoserismo. Entonces, por carácter transitivo, encuentra en En Una Baldosa su media naranja para recordar aquellos irrepetibles días de la lejana década de los noventa…

Martes 26 de noviembre de 1996. En la milenaria y ancestral Tokio, River Plate caía por 1 a 0 frente a la Juventus de Turín por la tan ansiada Copa Intercontinental. Quiso el destino, cruel hijo de puta, que ese mismo día, tan sólo un par de horas después, su rival de toda la vida, Steaua Bucarest Boca Juniors, jugase en el Bajo Flores frente al Deportivo Español en un devaluado partido que solo servía para conectarle ganchos al hígado al vapuleado técnico Xeneize: Carlos Salvador Bilardo.

En un encuentro soporífero, según destacan las crónicas de la época, Boca se encaminaba a la necesitada victoria gracias a un tanto convertido por el uruguayo Néstor Gabriel Cedrés, para alegría de sus escasos hinchas que se habían acercado hasta la cancha ataviados con la camiseta de Alessandro Del Piero.

Irónicamente, a falta de trece minutos, los locales acabaron con la extasis bostera gracias a un tanto convertido por un ignoto jugador que había ingresado en el entretiempo ¿su nombre? Pablo Adrián Guede, quien, además de marcar su primer gol en la elite, se convirtió en héroe inesperado y ayudó a levantar la golpeada moral riverplatense: “Yo perdí con Juventus y con Del Piero… y a vos te empató Español con un gol de ¡Pablo Guede! ¡Pablo Guede!”, se escuchó al otro día en más de un colegio secundario.

Claro que el susodicho no era precisamente un iniciado. De profesión delantero y nacido el 12 de noviembre de 1974, Pablo Guede había debutado con los Gallegos durante el Apertura ‘92 y a causa de las pocas oportunidades que le brindaba aquel buen equipo del Deportivo Español -donde en el ataque brillaban El Puma Rodríguez, Walter Parodi, Hugo Castillo o Wilson Núñez- aceptó pasar a préstamo a Nueva Chicago del Nacional B durante la temporada 1995/96 para ganar ritmo de competición.

En Mataderos tuvo un buen rendimiento jugando en el ataque junto a Leandro Lázzaro y a, cuando no, Christian El Gomito Gómez. Esto motivó a Oscar Cavallero a pedir su regreso al feudo de Ríos Seoane en junio de 1996, ya que los refuerzos escaseaban y ya se avizoraba, para ellos, una eterna oscuridad.

El Apertura ’96 fue el más productivo de su campaña en Primera, ya que metió 14 encuentros –la mayoría de ellos como suplente- y convirtió su únicos 2 tantos: aquel contra Boca y otro frente Estudiantes en el empate 2 a 2 por la última jornada.

Además, se dio el gusto de compartir plantel con gemas baldoseras como: Arístides Pertot, Diego Corpache, Gustavo Artaza y Gastón Romancikas, entre otros. Claro que también había jugadores de en serio (?) en ese plantel, como: Hernán Meske, El Cabezón Dopazo, El Moncho Fernández y Carlos Odriozola ¿Alguien más para destacar? Si, nada más y nada menos que Jorge Francisco Almirón con quien, en más de una ocasión, Guede practicó fútbol ofensivo… para los ojos.

Durante el Clausura ’97, Pablo Guede tuvo menor participación en su equipo pero, eso si, llegó a las primeras planas cuando fue miembro del “Club de los Seis Jugadores” quienes durante ese torneo incitaron a una huelga general de futbolistas para lograr su libertad de acción del Deportivo Español y que, entre otras cosas, llevaron a la intervención del Presidente Men*m y motivaron a Fernando Miele a echar a Oscar Ruggeri de San Lorenzo. Pablo Guede, además de quedarse con el pase en su poder, supo cosechar para el futuro. Por que hombre precavido vale por dos mil.

Pablo Guede estuvo el último semestre de 1997 en el Xerez de la Segunda de España, donde apenas metió 5 partidos. Luego pasó al Málaga de Segunda B y allí consiguió el ascenso a Segunda siendo suplente como Pablo Trobbiani. La temporada 98/99 fue ratificado en ese equipo y allí logró el ascenso a Primera siendo relevo tanto del entonces brasileño Catanha como del portugués, ex Real Madrid, Edgar. Lamentablemente, él se quedó en la Categoría de Plata para ser suplente de Mariano Armentano en Elche (1999/2000).

A comienzos de 2001 pasó al Ejido de Segunda B, donde otra vez logró el ascenso. Una vez en Segunda fue suplente durante los últimos seis meses de 2001 del Tanque Gabriel Bordi. Eso fue demasiado. A principios de 2002 se fue a vivir definitivamente a la Segunda B ibérica para lograr algo de titularidad por primera vez en su vida, vistiendo las camisetas de Motril (2002), Real Jaén (2002-03) y Melilla (2003-06).

Y fue allí, jugando es ese remoto equipo de una isla cercano a las costas de África, cuando Pablo Guede decidió alejarse definitivamente de la práctica activa para comenzar una ascendente carrera como entrenador, de la cual todos sabemos absolutamente todo, dado la cotidianeidad de este personaje.

Entonces, si este personaje parece ser cotidiano… ¿para que cuernos escribimos este posteo? Obvio, boludos: para tributarlo como sacrificio en el tradicional indulto navideño. Con lo caro que van a estar las cosas, es conveniente asegurarse con varios meses de anticipación los regalos…

Arana Ronald

Ronald Arana Céspedes

No es que nosotros fuésemos una manga de enfermitos… no, claro que no… pero en los primeros noventa, cuando era apenas un niño, tanto en mi barrio como en mi escuela el ademán que vemos en la foto de arriba era la respuesta a la infanto-sexual pregunta: “¿Sabés como cojen los marcianos?”. Y a eso se contestaba con una piña en la cara del amiguito que te quería someter o poniéndose dos dedos estirados horizontalmente en la frente, lo cual significaba que se habían invertido los roles y ahora vos lo empezabas a poseer al chistoso… No sé si esta práctica sexual será moneda corriente hoy por hoy entre los púberes, ya que hace mucho tiempo dejé de ser chico y hace todavía más tiempo dejé de tener prácticas sexuales (?).

Lo que si sabemos, con exactitud, es que en el lenguaje boliviano o, mejor dicho, en el idioma de Ronald Raldes, este ademán se traduce como: “¿Quieres ganarte unos billetes fáciles?”, o para ser más puntillosos en: “Ven, compadre, vamos a robarle unos pesos a los gauchos”. Y así, con la mano de uno sobre el hombro del otro, fue como se craneó la llegada de Ronald Arana a Rosario Central a comienzos del año 2006.

Confiable defensor para el medio boliviano y con una dilatada trayectoria que incluía pasos por Destroyers (1996), Oriente Petrolero (1996-97 y 2000-05) y The Strongest (1999), Arana llegó a Arroyito avalado también por su estabilidad en la Selección Boliviana, donde debutó de la mano del Bambino Veira en 1999.

Pero claro, lo que terminó inclinando la balanza a favor de su contratación fue la persuasiva palabra de Ronald Raldes quien, así como llevó a varios Canallas al altiplano (Juan Grabowsky, Germán Leonforte, Marcelo Aguirre, Ramiro Fassi, entre otros) también hizo la gestión inversa posibilitando el inédito hecho de un club argentino con tres jugadores bolivianos al mismo tiempo (el otro era el Máximo Goleador del Mundo, José Alfredo Castillo), de los cuales dos eran Ronaldos (?).

Pero claro, los rosarinos -que no comen vidrio a no ser que venga aderezado con gato- mantuvieron sus reservas y solo incluyeron a Arana en la lista de la Copa Libertadores con el dorsal número 3. ¿Y como les fue? Re bien, Rosario Central se quedó afuera en la Primera Ronda y el boliviano no concurrió nunca ni siquiera al banco de suplentes. Cuando Arana vio que por el Torneo local le daban su dorsal al arquero Jorge Fatura Broun para que atajase como titular en un encuentro frente a Instituto, supo que no le iban a prorrogar el préstamo y se volvió a su patria en el mismo avión que llevó de regreso a José Alfredo Castillo.

El fenecido La Paz Fútbol Club (2006 y 2011), otra vez Oriente Petrolero (2007), Bolivar (2008), Real Mamoré (2009) y Guabirá (2010) -todos de la Primera División bolita– fueron los equipos donde Ronald Arana dejó jirones de calidad. Su última participación fue en la temporada 2011/12 cuando ayudó al Jorge Wilstermann a abandonar el Nacional B del altiplano.

Hoy por hoy, Ronald Arana dirige a la Selección Sub-17 de Bolivia y regentea un salón de eventos en La Paz donde se realizan múltiples actividades -entre ellas cumpleaños infantiles y fiestas de fin de curso- logrando, al estar rodeado de gente de escasa edad, hallar la respuesta a la pregunta que desvela a la humanidad toda: “¿Sabés como cojen los marcianos?”.