Ring Ring Balvorín: OLIVER McCALL

 

La historia del boxeo tiene un sinfín de situaciones increíbles, es por eso que los expedientes Ring Ring Balvorín traen a colación una que quizás sea única e irrepetible. Ocurrió hace 20 años en Las Vegas y estando en juego el título mundial pesado vacante del prestigioso Consejo Mundial de Boxeo.

Oliver McCall nació en Chicago y ya de muy pequeño comenzó a frecuentar los gimnasios de boxeo. Como aficionado fue dos veces campeón guantes de oro y los especialistas lo destacaban como un boxeador con futuro promisorio.
Debutó como profesional en 1985 ante el siempre difícil Lou Bailey (?) ganando por nocaut técnico en el primer asalto. En la primera parte de su campaña, alternó muchas victorias y algunas derrotas. Fuera del ring, muchos problemas de alcohol y drogas, algunos arrestos por vandalismo, conducta desordenada y resistencia a la autoridad.

En Septiembre de 1994 le dieron la oportunidad por el título mundial pesado WBC en Wembley ante el ídolo local e invicto Lennox Lewis, ex campeón olímpico, un monstruo. 1-5 abajo en las apuesta, es claro que a Oliver lo llevaron a Reino unido para que ponga la cabeza ante Lewis y sus manejadores, de paso, llevaron una bandera norteamericana bien grande como para envolverlo por si lo tenían que regresar a Chicago en la bodega del avión. En los papeles, no tenía chances. Pero como suele suceder y contra todos los pronósticos, en el segundo round lo cruzó a Lewis y lo puso a dormir por toda la cuenta ante la mirada perpleja de la Reina Isabel.

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En un año, hizo una defensa ante Larry Holmes en el Hilton y volvió a Wembley siendo el campeón para perder con Frank Bruno y quedarse sin el título mundial. Todo muy rápido.

El título quedó vacante en 1997 y Don King rápido de reflejos organizó Lewis Vs. McCall II, la revancha entre los dos ex campeones en el Hilton de Las Vegas. Dos millones rúcula para Lewis, tres millones para Mc Call, televisación en directo de HBO. Negocio redondo.

Oliver en esa época vivía medicado para controlar sus adicciones y visitaba frecuentemente centros de rehabilitación por sus problemas con el alcohol. Había sido arrestado por violencia social y drogas en varias oportunidades en los últimos tiempos.

Los directivos de HBO, ante este panorama, dudaban seriamente de la condición mental de Oliver cuando se enteraron que había sido detenido en un hotel de Nashville por arrojar un árbol de navidad (?). HBO, rápida de reflejos, buscó un reemplazante en Zeljko Mavrovic de Croacia, garantizando que McCall enfrentará al ganador, pero el WBC se negó. Evidentemente algo se veían venir y Oliver cumplió con las expectativas.

La pelea que tenía fecha para el 11 de enero, finalmente se aplazó para el 7 de febrero. Lewis era favorito nuevamente, esta vez 4-1. En el Hilton, 4500 espectadores esperaban la revancha con ansiedad.

La pelea fue dirigida por Mills Lane, una especie de Loco Pablo del boxeo. Los primeros dos asaltos fueron normales, con predominio de Lewis de línea boxística más prolija y precisa. Pero todo se empezó a complicar a partir del tercero.

Cuando finalizó la tercera vuelta, McCall inesperadamente ni se acercó al rincón para que lo atiendera su equipo. De manera inexplicable, solo caminó alrededor del ring ignorando el llamado de su gente que miraba la escena casi con resignación.

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El cuarto round fue increíble, mientras Lewis intentaba boxear ante una bolsa, McCall continuaba sin mirar a su rival y desentendido por completo del combate. Apenas en algunas oportunidades levantaba las manos para evitar los golpes del inglés que quería arrancarle la cabeza.

Promediando la mitad del cuarto round, el árbitro paró la pelea y pidió tiempo para consultarle a McCall si quería seguir o abandonar. Oliver asintió puchereando (?), pero hasta el final de la vuelta solo caminó el ring sacando un solo golpe.

Cuando sonó la campana, otra vez comenzó a deambular por el ring sin acercarse a su rincón, pero esta vez llorando desconsoladamente. El árbitro casi que lo llevó a su rincón y lo obligó a sentarse en el banquito. Nadie entendía nada. Ignoraba las indicaciones, no aceptaba el agua y miraba la nada. Tuvo la misma actitud en el quinto round, solamente que Mills Lane solo aguantó 55 segundos y lo descalificó. Inédito.

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En la conferencia de prensa posterior al combate, McCall argumentó que lo suyo era una estrategia…Estrategia o no, la bolsa del combate le fue retenida y además le aplicaron una multa de 250 mil dólares.

Dos meses después del combate, Oliver McCall fue internado en un psiquiátrico después de una denuncia de su esposa. Fue evaluado por los expertos, que determinaron que estaba mentalmente enfermo. No obstante, su carrera no terminó allí, siguió peleando hasta 2014 ganando la mayoría de sus combates y luchando contra sus adicciones. Eso sí, nunca más volvió a tener una chance mundialista.

“Supongo que peleé más de 300 rounds con Tyson y nunca me derribó”, contó el propio Oliver alguna vez, hablando sobre sus comienzos como sparring de  Mike. Como para no quedar loco.

Ring Ring Balvorín: Una celebridad en el gimnasio

Homenajeando un especial y viejo post llamado Una celebridad en el plantel (I y II), se me ocurrió buscar en el boxeo una temática similar con casos realmente llamativos. En realidad, este post seria la mezcla de varios, porque también rescatamos al que, quizás, sea el apodo más increíble de la historia del deporte a nivel mundial.

Juan Pablo Segundo

Boxeador salteño nacido el día de la primavera de 1986, apodado El eclesiástico o simplemente El Papa. Teniendo en cuenta la fecha de nacimiento y el papado de Wojtyła (1978-2005), Don Segundo sabía muy bien el nombre que le ponía a su heredero. De campaña paupérrima entre 2008 y 2010, año del debut y año del retiro (no espiritual), hizo 12 peleas, todas pérdidas. La mitad antes del límite. Ni siquiera su santísimo nombre y apellido lo pudo salvar. Allí se lo ve en la foto, junto a la del santo padre, levantando ambos pulgares como bendiciendo al lector, con un pantalón que en la pierna izquierda reza su nombre y en la pierna derecha el de un sponsor único y quizás irrepetible, como su onomástico: Peluquería Sinatra.

John Wayne Hibbert

Este ingles nacido en Orsett porta el nombre y apellido del famoso actor norteamericano que no reconoció al Bambino Veira cuando le fue a golpear la puerta del camarín para presentarle al Toscano Rendo. Como si fuera poco, sube al ring con sombrero de vaquero. De récord respetable (más ganadas que perdidas), en su última presentación derrotó al argentino Leonardo González, en Londres.

Brad Pitt

Australiano, de peso crucero, no duerme con Angelina, pero lo apodan Hollywood. Participó en los juegos olímpicos de 2008 y acaba de perder el invicto. Tiene 32 años y pocas peleas. Repasando su récord encuentro que, como no podía ser de otra manera, hay boxeadores argentinos en su palmarés. Bastantes baldoseros, por cierto: En 2011 enfrentó a Eduardo Rojas y ese mismo año a Hugo Sclarandi (hermano de Jorge Sclarandi, también boxeador, una especie de Vitali y Vladimir Klitschko argentinos que merecerán más adelante un post de esta sección) por el título vacante del estado de Victoria (?). A ambos, Brad los despachó por nocaut. Un irrespetuoso.

José Sanmartín

Hombre de Barranquilla, Colombia, lo apodan El General, nada menos. Pinta bien, en su última presentación se apoderó de un título regional, por ahora no salió de Colombia, veremos qué pasa cuando intente cruzar la frontera, tratando de emular al verdadero General, que siempre salió bien parado en tierras vecinas.

Edwin Puto Rodríguez

Este apodo supera todo lo conocido, Rodríguez dice llevarlo desde los 9 años. “La gente me llama así porque yo era un enamorao”. Sin remate. La cadena Telemundo lo puso de estelar en su última velada en los Estados Unidos, no sin antes comunicarle al púgil boricua que no iba a poder utilizar su apodo en esta oportunidad… una putada.

Rodríguez decidió aceptar, era su oportunidad de ingresar a los primeros planos, la chance esperada con solo 21 años. El resultado fue una derrota muy clara por puntos ante Ricardo Meserito Rodríguez. Rápidamente volvió a su Puerto Rico, a la humildad, y a ser el puto del barrio, como a él le gusta.

Seguramente, en otro post que debe ser titulado “como boxeador fui un gran futbolista”, detallaremos algunos nombres homónimos entre el boxeo y el futbol como: Fernando Cáceres, Oscar Ahumada, Sergio Agüero y Alan Sánchez, entre otros.

Ring Ring Balvorín: Ramón Pedro Moyano

Alguna vez aquel prometedor (?) defensor de Boca Juniors llamado Joel Barbosa declaró que en realidad llevaba el apellido de su madre porque su padre biológico no lo había reconocido. Quizás el dato hubiera pasado desapercibido pero no fue así, debido a que Barbosa aseguraba ser vástago de Enrique Nieto, reconocido ex marcador central de River Plate, Belgrano de Córdoba e Instituto, entre otros. Hay cientos de casos de padres e hijos futbolistas, no hace falta nombrarlos, pero este caso no deja de ser particularmente llamativo y curioso.

En el boxeo también la tradición familiar es fuerte, los ejemplos sobran a la hora de repasar el legado de padres a hijos boxeadores: Ali, Frazier, Foreman, Cerdan, Durán, Chavez, Hearns, etc. La lista sería interminable. En Argentina: Coggi, Galíndez y muchísimos otros, pero el deporte de los puños tuvo un caso que supera ampliamente al del Barbosa.

Esta historia nació el día de la primavera de 1972, Bernarda Franco de 17 años dio a luz un bebé al que bautizó Ramón Pedro. El chico se crió con las carencias habituales de los barrios bajos de Santa Fe y ya de chiquito mientras le pegaba a una bolsa de arena improvisada, le anticipaba a su madre su destino de boxeador.

Debutó como profesional en 1995, encuadrado en la categoría mediano. Rostro parco, aindiado, de pelo renegrido y cabellera espesa, hizo parar las rotativas con solo diez peleas profesionales, cuando en una de las primeras entrevistas importantes, suelto de cuerpo y sin pelos en la lengua, declaró: “Mi mama dice que soy hijo de Carlos Monzón”.

Aquí comenzó la historia de Ramón Pedro Monzón Moyano. Hincha de Colon, como Carlitos, entrenaba en el club sabalero (Monzón lo hacía en Unión) buscando su lugar en la historia bajo la atenta mirada de José Lemos. Su representante, Eduardo Palombo, aprovechando el parecido físico de Moyano con el gran campeón mundial, se encargó de mediatizar el tema y busco todos los elementos a mano para emparentar las historias, aprovechando lo que Moyano había contado respecto a la supuesta paternidad de Monzón.

En Abril de 1997 Moyano viajó del barrio San Lorenzo, donde residía, a Buenos Aires para entrenar cinco días bajo las órdenes de Amílcar Brusa en el gimnasio de la FAB. No hace falta decir que Brusa fue el formador de Carlos Monzón y quien lo acompaño durante toda su carrera. Brusa le vio pasta y cuando le consultaron similitudes declaró: “Tiene muchas características del padre”. Palombo daba vueltas carnero e imaginaba que en poco tiempo no iban a contar plata, la iban a pesar.

El fenómeno popular iba creciendo, los sponsor merodeaban con todo tipo de propuestas y asomaba un negocio fenomenal. El 19 de Abril del 97, peleó en Santa Fe, ganándole a Juan Carlos Lettieri por KO 5. Su madre lo fue a ver por primera vez en toda su carrera, infinidad de medios gráficos y televisivos no solo aprovecharon para cubrir la pelea, sino además para hablar con doña Bernarda (de solo 42 años), para que les diera detalle de su affaire (?) con Monzón.

Sorpresivamente, la madre de Moyano aseguró que la única relación que tuvo con Monzón fue la de alquilarle una pieza por tres meses a la suegra de éste, negando haber tenido contacto alguno con el maravilloso campeón. “Yo siempre lo cargaba a Ramón y le decía: Sos igual a Carlos, vos sos hijo de él. Pero se lo decía en broma”. Palombo casi se balea en un rincón neutral.

Enterado Moyano de las felices palabras de su madre, se propuso encerrarse con ella en una pieza, para que le contara toda la verdad. La pareja de doña Bernarda, un tal Jorge Gorosito, un hombre con el que convivía hacía apenas un año y al que le faltaba la pierna izquierda (?), se encargó de truncar el encuentro ya que el 23 de abril asesinó de dos puñaladas a doña Bernarda luego de una fuerte discusión y se llevó la verdad para siempre.

Moyano se mudó a San Antonio de Padua y rápidamente voló a Panamá para participar de la velada donde se enfrentaron el Roña Jorga Castro y Roberto Manos de Piedra Durán. Ganó por KO rápidamente. Comenzó un intento de acercamiento a la familia Monzón, sondearon a Mercedes Beatriz García (Pelusa, primera esposa de Carlos), quien no lo atendió aduciendo que Moyano quería aprovecharse del apellido Monzón. En el entorno, viendo que la luz se iba apagando, analizaron la posibilidad de hacer un ADN.

En Febrero del 98, en una exclusiva velada en el Conrad de Montevideo, solo para mil personas, Moyano se enfrentó y venció rápidamente a Darío Galíndez, hijo del recordado campeón Víctor Galíndez, en una pelea que denominaron “Herederos”. Meses después y en el mismo hotel se puso en juego el título FEDELATIN mediano entre Moyano y el ignoto keniata Chris Sande, ganando “Monzón” a los puntos. En primera fila estuvo Susana Giménez, quien no dudó en afirmarle “Sos igualito a tu papá”. Fue quizás el último capítulo de esta novela. La paternidad de Monzón no fue demostrada científicamente.

Algunas victorias en el Uruguay, otra en Nueva Zelanda. Llegaron las derrotas (7 en 9 peleas) y la historia se fue terminando. Moyano se retiró en 2001 (29 años) y volvió para hacer unos mangos en 2006, ganándole a Gustavo Kapusi. Se volvió a retirar y retornó por última vez en 2009, haciendo una pelea en Canadá (destino baldosero por excelencia en los boxeadores profesionales argentinos junto a Sudáfrica y Australia) y perdiendo rápidamente con el invento local.

Nunca más se habló (bien) de Ramón Monzón Moyano, en 2011 tuvo algún problema con la justicia y hoy poco se sabe de la vida de este hombre, de quien no queda muy claro si la madre le aseguró que era el hijo de Carlos Monzón o si su propio deseo lo llevó a adoptar al gran púgil santafesino como su padre.

Se viene Raaaaaaaaaaaaaaaaaaasa (?)

Desde hace algunos años las camisetas del futbol argentino vienen sufriendo una mutación marketinera muy importante, se compite por vender, pero también el desafío es lograr la aceptación del modelo más osado, aunque esté muy distanciado del color histórico o tradicional del club. Es difícil ser preciso, pero quizás uno de los primeros modelos trasgresores fue el de aquella camiseta negra y amarilla de San Lorenzo que no tuvo aceptación.

De chiquitos nos enseñaron que a los nenes y a las nenas se los diferencia claramente por dos colores, celeste y rosa. Con esa premisa (?), vamos por la vida y de vez en cuando nos golpeamos. Cerrando el año, Boca Juniors salió del closet a jugar en La Bombonera, frente a Gimnasia, con una casaca rosa que desató la polémica machista del hincha argentino. Está claro que el rosa carece de aceptación porque se lo asocia con una cuestión femenina. Una profunda puñalada en el pecho para el común del hincha que se pregunta: ¿Habiendo tantos colores, no podrían haber elegido otro?

En el boxeo practicado por hombres, como también en otros deportes, el rosa también existe. La diferencia radica en que los boxeadores, como los tenistas, se representan a sí mismos y en todo caso el color es una elección de vida. Uno de los casos más recordados es el de Floyd Mayweather cuando le arrebató el cinturón welter del consejo mundial a nuestro Carlos Tata Baldomir. Esa noche Floyd fue llevado desde el camarín hacia el ring disfrazado de guerrero romano y boxeó con guantes rosas y pantalón al tono. Ganó la pelea ampliamente en las tarjetas como es su costumbre, se consagró como nuevo campeón y luego del combate donó los guantes para que fuesen subastados a favor de la investigación del cáncer de mama. Mayweather, que es un indiscutido y tiene la espalda y el marketing suficiente para ponerse lo que sea y del color que sea, encima te faja.

Otra pelea rosada los tiene de protagonistas a Adrien Broner y Antonio De Marco a fines de 2012. Broner, un imitador de bajo presupuesto de Floyd, no sólo lució guantes rosas sino que además se vistió con pantalones y bata del mismo color para estar en composé. La pelea tuvo lugar en New Jersey por el mundial ligero del consejo en poder de De Marco que también utilizó guantes rosados. Broner le arrebató el título al campeón que no solo perdió, sino que además fue derrotado por un hombre completamente vestido de rosa.

En Argentina no tenemos antecedentes similares en el boxeo rentado masculino. Aquí los colores son más tradicionales y dudo que algún osado vaya a vestirse de rosa para desafiar al crédito local en un tinglado devenido a estadio de box en José C. Paz, Merlo o Berazategui. Lo más cercano es la presencia entre cuerdas del prestigioso árbitro cordobés Brigido Rosa Vaca o la del ya retirado dominicano/riojano (?) José Joaquín Rosa Gómez, alias El evangélico, un boxeador con más de 80 peleas que llegó al país en 1996 y se radicó en La Rioja peleando por más de quince años y logrando buenos resultados a nivel local. Rosa Gómez es vencedor del ex campeón mundial Raúl Pepe Balbi y siempre fue un rival complicado para cualquiera. Su hijo Sansón Rosa Gómez está empezando a dar los primeros pasos en el novel deporte de los puños, veremos en qué termina.

Desde este humilde post rogamos que el equipo xeneize vuelva rápidamente a los colores tradicionales por los cuales es conocido mundialmente y por los cuales estoy escribiendo estas líneas. Ya bastante confusión le trajo al lateral Celeste vestirse de rosa. Y en el boxeo, creo que sería conveniente dejar ese color para las chicas, de hecho Yésica Boop lo suele utilizar en las ceremonias de pesajes previas, como lo hizo antes de su última pelea de este año ante Ana Fernández. ¿Qué opinan?

Ring Ring Balvorín: El Messi del boxeo

En esta oportunidad nos dejamos llevar por una práctica nefasta y muy usual en el mundo del deporte, algo instalado a lo que casi ningún ser mortal se resiste: Las comparaciones boludas.
En el pasado era muy común escuchar que Hugo Porta fue el Maradona del rugby. Actualmente, cuando se habla de Luciana Aymar, se la menciona como la Maradona del hóckey y en el futuro seguramente recordemos al apasionado por la arquitectura, Juan Martin Del Potro, como el Franco Cangele del tenis (?).

En algunos años, cuando Messi ya esté retirado y se haya vuelto a Rosario para administrar sus campos (?), las nuevas generaciones amantes de la Play 4 se encargarán de enterrar el apellido Maradona y hablarán de los Messi del golf, del básquet o del polo, pero lamentablemente no del boxeo, simplemente porque el Messi del boxeo ya existió.

Baby Joe Mesi fue un destacado peso completo blanco de Nueva York, que construyó una historia realmente increíble.

Debutó como profesional en 1997, pero antes tuvo una destacada y sólida carrera amateur que concluyó cuando quedó eliminado en la clasificación para los juegos de Atlanta ’96. Para 2002 Baby Joe era el pesado blanco más promocionado del momento y una de las grandes promesas del boxeo norteamericano.

Mesi era un boxeador técnicamente destacado para la categoría, bailoteaba cómodamente, bajaba los brazos, tiraba el gancho al cuerpo y a la cabeza con potencia, contragolpeaba con precisión y se adaptaba fácilmente a la pelea que le ofrecía el rival de turno. Todo era color de la camiseta suplente de Boca rosa y la chance por el campeonato mundial estaba al alcance de la mano para el invicto neoyorquino.

Hacia fines de 2003, Mesi se enfrentó a Monte Barrett y ganó por puntos de forma muy ajustada, luego de ir al piso en el séptimo capitulo. Fue el aviso previo de lo que vendría. En marzo de 2004 llegó la pelea que a simple vista era la que lo iba a catapultar al combate por el campeonato pesado. ¿Su rival? Un ex campeón mundial crucero oriundo de Kazajistán, llamado Vassilly Jirov.

Hasta el séptimo asalto fue un paseo de Mesi, pero en el octavo Jirov metió un golpe en la nuca que no fue sancionado y Mesi no se recuperó a partir de entonces. Jirov se lo llevó por delante aprovechando el estado del norteamericano y lo puso en la lona tres veces (una en el 9º y dos en el 10º), llevándose La Pulga (?) golpes muy duros en la cabeza.

Mesi ganó la pelea ajustadamente gracias a lo hecho hasta el séptimo round. Los exámenes posteriores a la pelea diagnosticaron que sufrió dos hematomas subdurales (se comprobó que ambos se produjeron durante la pelea), le fue suspendida la licencia y su carrera se terminó.

Después de dos años de un sinnúmero de reconocimientos médicos y de batallas judiciales, Joe aprovechó cada una de las licencias otorgadas y en contra del consejo de la mayoría de sus amigos, volvió en 2006 e hizo 7 peleas más, siempre con rivales que eran una garantía de malos y que no significaron un peligro para su salud.

Mesi se retiró en 2007 con una foja de 36 peleas, 36 victorias, 29 por nocaut. Invicto y con uno de los mejores récords de la categoría pesado de todos los tiempos.

Ganador absoluto sobre el ring, sufrió su primera derrota fuera de los cuadriláteros en 2008, cuando se postuló como candidato a senador del distrito 61° de Nueva York, en manos de Mike Ranzenhofer, pese a ganar las primarias.

Inteligente y de muy buena labia, con 40 años es actualmente gerente en St. Jude Medical, una empresa dedicada a mejorar la calidad de vida de personas con dolor crónico.

El Mesi del boxeo pudo hacer historia en el deporte, aunque indudablemente a su apellido le faltó una s para ser estrella.

Ring Ring Balvorín: Fan Man

En un deporte donde lo extraño es a veces normal, esto es, quizás, lo más extraño jamás visto.
Las Vegas, 6 de noviembre de 1993, la ciudad totalmente convulsionada. Por la noche, en el mítico Caesars Palace, se disputará la revancha por el título mundial de los pesados entre el actual campeón e invicto, Riddick Big Dady Bowe, 34 peleas, todas ganadas, frente al retador y ex campeón Evander The Real Deal Holyfield, 29 peleas ganadas, solo una perdida, justamente ante Bowe un año antes, cuando resignó los cinturones que le había arrebatado a James Buster Douglas, verdugo de Mike Tyson.

Es bueno recordar que en la década del ochenta y principios de los noventa, las megas veladas boxísticas en Las Vegas se diputaban en su mayoría en el Hilton o en el Caesars Palace y al aire libre, en sus amplios y majestuosos terrenos.

Ya estaban en combate, corría el séptimo asalto de una pelea pareja en una noche fría y despejada, por un lado Bowe queriendo dejar en claro que era el campeón, por el otro Holyfield tratando de demostrar que había perdido los cinturones, producto de una mala noche y estaba dispuesto a recuperarlos.

El tercer hombre sobre el cuadrado era Mills Lane, aquel diminuto pelado que redoblaba el esfuerzo cada vez que debía separar a las dos moles de casi dos metros de altura. Pero al ring le faltaba un protagonista: James Miller.

Mientras ambos púgiles estaban en el lado opuesto del ring, Miller apareció como una ráfaga sobre la esquina de Bowe intentando aterrizar sobre el ring con un paracaídas propulsado por una hélice a motor que colgaba de su espalda.
La mujer de Bowe, que se encontraba en primera fila, al ver la escena se desmayó automáticamente, suponiendo que se trataba de un atentado.

El paracaídas de Miller quedó enredado en las luces del cuadrilátero y él quedó colgado, casi enroscado entre las cuerdas del ring. Los aficionados y parte del sequito que acompañaba a Bowe tardaron un suspiro en bajarlo a golpes hasta dejarlo inconsciente. Mientras lo llevaban al hospital y el público cortaba en pedacitos el paracaídas para llevarse un suvenir, Holyfield y Bowe yacían perplejos sobre el ring, esperando la decisión de seguir o no con la pelea. El combate finalmente continuó casi veinticinco minutos después del fallido aterrizaje de Miller y finalmente Holyfield recuperó el campeonato ganando en fallo mayoritario.

Bowe, a quien seguramente le vamos a dedicar un capítulo especial próximamente, declaró que todo se trató de una conspiración en su contra, alegando que durante el tiempo que estuvo suspendido el combate se enfrió, mientras que Holyfield se cubrió todo el tiempo con una manta. “¿De dónde salió una manta?”.

James Miller una vez que salió del hospital fue llevado detenido y puesto en libertad a las pocas horas luego de pagar una fianza de 200 dólares. La televisión mostró imágenes captadas por cámaras de seguridad donde se veía a Miller saltando desde la terraza de un edificio, luego se supo que estuvo sobrevolando el Caesars alrededor de diez minutos antes de intentar aterrizar sobre el ring.

¿Cómo hizo este hombre para llegar a la terraza de un edificio en una ciudad como Las Vegas sin ser visto por nadie con semejante hélice? En fin.

No fue su última andanza. En enero de 1994 irrumpió en el Coliseum de Los Angeles, durante un partido de futbol americano entre Denver Broncos y Los Ángeles Raiders; y en febrero del mismo año pasó 7 días preso por descender en el campo de juego durante un partido de la Premier League entre Bolton y Arsenal (ese mismo año le surgirían imitadores en un Bolivia-Perú). No obstante, redobló la apuesta y una semana después cayó sobre el techo del palacio de Buckingham. Luego de pagar 1500 dólares de multa, fue expulsado de por vida de Gran Bretaña.

Aquel episodio llamó tanto la atención que fue parodiado en un capítulo de Los Simpson en el que Homero hace de boxeador.

¿Qué fue de Fan Man? Se suicidó, allá por el 2002, en el desierto de Alaska.

Ring Ring Balvorín: Laciar Vs. Maradona

Santos Falucho Laciar es una gloria del boxeo argentino. Ganador del Olimpia de oro en tres años consecutivos, el cordobés de Huinca Renanco también fue tres veces campeón mundial de boxeo en épocas de pocos campeones y escasas entidades que repartieran cinturones. Hizo nada menos que dieciséis peleas de campeonato mundial, sus tres títulos los ganó en el exterior y además fue el primer boxeador argentino en consagrarse mundialmente en dos categorías diferentes (mosca y súper mosca). Un fenómeno.

El sábado 28 de marzo de 1981, Laciar tuvo su primera oportunidad mundialista en Soweto, Sudáfrica, ante el campeón Peter Moleko Mathebula, primer boxeador sudafricano de raza negra en alcanzar un título mundial. Soweto no era un lugar amigable, la pelea se disputó a las 16:45 de Sudáfrica (11:45 de Argentina) en el Orlando Stadium, ubicado en un barrio poblado exclusivamente por personas de raza negra. El horario no fue casual, la pelea se hizo por la tarde para que los blancos pudieran concurrir, ya que de noche no podían transitar por las calles.

Laciar, contra todos los pronósticos, se consagró campeón mundial mosca al vencer a Mathebula por nocaut técnico en siete asaltos, en un escenario completamente adverso en todo sentido.

Mientras tanto en Buenos Aires, el Boca de Marzolini seguramente concentraba en La Candela, esperando su enfrentamiento con el Newell’s de Juan Carlos Montes por la octava fecha del campeonato de primera división. En esa concentración plagada de figuras, imagino a Maradona comiéndose las uñas en soledad, prendido a la pantalla de Canal 11 (en blanco y negro), que ese sábado por la mañana, junto con radio Rivadavia, fueron los únicos medios que trajeron al país las incidencias del combate de Laciar en la lejana Soweto.

El Domingo, en La Bombonera, Boca y Newell’s jugaron un partidazo y empataron 2 a 2. Se puso en ventaja el xeneize con un gol de Brindisi; lo empató Yazalde de penal, y lo dio vuelta Cucurucho Santamaría. Finalmente Diego puso el empate de penal, faltando quince para el final.

La memoria de los argentinos suele fallar bastante, sobre todo cuando el protagonista principal de la historia exitosa ya no está en el candelero. Laciar, luego del retiro en 1990 y con una carrera profesional de más de cien peleas, volvió a la tranquilidad de Villa Carlos Paz y pasó casi al olvido, salvo para alguien que se ocupó de ser el invitado estelar de un particular homenaje.

El 4 de Abril de 1996, en Villa Carlos Paz y quince años después de la conquista en Sudáfrica, Laciar volvió a subir a un ring para hacer una exhibición de tres rounds con Diego Maradona. Hubo conferencia de prensa y pesaje como para darle un tono más profesional al asunto. Diego, luego de hacer mención de su admiración por Falucho y por el boxeo, fue sacado de tema y terminó hablando de Lanús, de Boca y de Passarella.

Para la pelea, Maradona subió vestido íntegramente con los colores de Boca. En aquella época estaba en pleno apogeo la indumentaria PUMA 10, una línea deportiva que había lanzado la empresa alemana relacionada directamente con Maradona. Guantes negros de muchas onzas como para que los golpes no fueran piñas, sino almohadazos; cabezal, gesto fiero y desafiante. Laciar con pantalón blanco y celeste, guantes celestes enormes y cabezal, con ese semblante bonachón que lo caracterizo siempre.

Diego sobre el ring mostró buenas condiciones, se notaba que sabía lo que estaba haciendo, disfrutó del homenaje a su manera y cruzó guantes con Laciar ante la atenta mirada del árbitro de la contienda, Miguel Torres del Sel (?). Una vez terminada la pelea, Diego dijo sobre Laciar : “Un capo, se aguantó todo lo que le tiré”. Sólo a Maradona se le puede ocurrir.

Declarado admirador de Monzón, tiene varias historias con el boxeo que valen la pena contar. Pero sobre todo es justo destacar aquel gesto para con Laciar, un campeón al que, según el Diez, le faltaba un merecido reconocimiento a su trayectoria. Son las cosas que hacen a Diego Maradona único e irrepetible.

Ring Ring Balvorín: ¿De qué cuadro sos?

El fútbol y el boxeo van de la mano en muchos aspectos, uno de ellos tiene que ver con distintas circunstancias que llevan a un boxeador profesional a vestir sobre el ring los colores del club de sus amores. Algunos casos (la mayoría) tienen que ver con una iniciativa propia, sin segundas lecturas. En las peleas preliminares, donde los boxeadores son mucho menos conocidos, subir al ring con una camiseta puede volcar la preferencia del aficionado, según su gusto futbolístico.

Para los boxeadores de primera línea, la camiseta, el pantalón, las medias y las botas haciendo juego, representan generalmente el fanatismo; en una menor porción el agradecimiento a un club determinado (por el uso de sus instalaciones para la preparación, por ejemplo) y en una ínfima parte a un vínculo comercial.

Algunas décadas atrás, Horacio Accavallo, campeón mundial mosca, subía al ring con una bata con el escudo de Racing Club y el boxeador más importante de la historia del boxeo argentino, Carlos Monzón, era un reconocido hincha de Colón de Santa Fe que, sin embargo, en sus comienzos entrenaba en Unión, el clásico rival.

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