Mal Pase: Roselli a Boca (2009)

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Los vaivenes de las negociaciones por la renovación del contrato de Hugo Benjamín Ibarra hicieron que, a medidos de 2009, los dirigentes de Boca Juniors tuvieran que salir como locos a rastrear un posible reemplazante para el lateral derecho. El apuntado fue Nahuel Roselli, que llevaba varias temporadas destacándose en Aldosivi de Mar del Plata. La intención era buscar un jugador joven sin demasiado cartel y potenciarlo, algo similar a lo que el club de la Ribera había hecho a principios del milenio con Clemente Rodríguez, que había llegado desde Los Andes.

“No sé nada, no me quiero ilusionar porque si se cae yo quiero seguir a muerte en Aldosivi. Veremos qué pasa estos días”, decía el defensor de 23 años, que, sin embargo, se moría por pasar a Boca: “Sería un gran sueño cumplido. Hugo Ibarra es un futbolista que admiro y ya es un orgullo que se mencione como una posibilidad para pelear ese puesto en Boca”.

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La falta de acuerdo entre los dirigentes del Xeneize y el Tiburón, la continuidad del Negro Ibarra y el arribo del juvenil uruguayo Adrián Gunino llevaron al fracaso las tratativas y Roselli terminó a préstamo en Newell’s Old Boys, donde jugó apenas doce meses. Tras esa experiencia trunca en Rosario, el lateral se convirtió en una golondrina del ascenso, registrando breves pasos por Quilmes, nuevamente Aldosivi, Atlético Tucumán, Temperley, Talleres de Córdoba y, luego de haber anunciado su retiro del fútbol profesional, Banfield de Mar del Plata, donde se desempeña actualmente en el Federal C.

Mal Pase: Orión al Nápoli (2008)

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La pelota está en el aire. Agustín Orión hace jueguitos como si estuviera con un globo en un cumpleaños. Pero no, está en el área grande, su área grande. Y no es un cumple, es un partido de Cuartos de final de la Copa Libertadores, la gran obsesión de San Lorenzo. De repente, llega Claudio Bieler y pincha el globo. Liga de Quito se queda con la llave y más tarde con la copa. ¿Orión? Con el odio de todo el pueblo azulgrana, que nunca le perdonó la fatídica jugada ni la pelea por los premios en la previa de esa serie.

Unos meses antes de aquel episodio, el arquero había tenido una gran chance de irse. El Nápoli de Italia vino con una oferta contundente: 4.200.000 euros y un contrato muy jugoso. “Me voy, ya fue”, dijo el 1. Pero las cosas no fueron sencillas. Ramón Díaz, técnico del Ciclón, le pidió que se quedara, recordándole que él le había dado la titularidad (por encima de Saja) y que lo necesitaba para el primer semestre del año. A Orión nada de eso le importó. Entonces el DT habló con los dirigentes para que rechazaran la oferta.

Después de horas de incertidumbre, los tanos (que estaban desesperados por un arquero), terminaron contratando a Nicolás Navarro, que venía prometiendo en Argentinos Juniors, pero que evidentemente la ligó de rebote.

La calentura de Orión no tardó en manifestarse. Por ejemplo, en el cruce ante Radamel Falcao en Mar del Plata, cuando el conflicto por su frustrada transferencia aún estaba en carne viva. Aunque claro, su enojo real era con los dirigentes.

“Tinelli no me atendió el teléfono. Incluso Le dejé mensajes. Yo estuve junto con él y Rafael Savino en Ideas del Sur en el momento que firmé mi contrato y cuando se cayó mi pase al Napoli traté de llamarlo, pero no hubo caso. Quizás tengo mal el teléfono…”.

Pasan los meses. La pelota está en el aire. No es un globo, pero se pincha como el pase al Nápoli. San Lorenzo queda afuera. Orión se pelea con Ramón Díaz. Los hinchas lo acusan de mercenario. Navarro jugó 2 años en Italia.

Mal Pase: Batistuta al Flamengo (1999)

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Cuando a fines de los noventa la empresa suiza International Sport and Leisure (ISL) desembarcó en Flamengo prometió billetes a mansalva y un súper plantel de estrellas que estuviera a la altura del que había puesto al rubronegro en la cima del mundo en 1981, con Zico a la cabeza.

Sonaban como posibles refuerzos, entre otros, el Fenómeno Ronaldo, Alex, Freddy Rincón, Clarence Seedorf, Carlos Gamarra y Gabriel Batistuta. De todos esos, los únicos que vistieron la camiseta del conjunto carioca fueron el paraguayo y Alex. En cambio, llegaron tipos sin demasiado cartel como Caté, Tuta, Lúcio Bala, Dejan Petković o el Camello Jorge Soto.

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Lo del Bati, que pocos meses después pasaría a la Roma, fue una venta de humo que hasta ilustró, Photoshop mediante, la tapa de Lance!, el Olé brasileño, que anunciaba en letras catástrofe “BATI NO FLA”. Catastrófica fue la sociedad entre ISL y Flamengo, que se terminó abruptamente en 2001, tras el anuncio de la quiebra de la compañía suiza, que salpicaba a la FIFA. É brincadeira.

Mal Pase: Maradona al Corinthians (1993)

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No existe brasileño que no haya soñado alguna vez con Diego Armando Maradona. Para mal, después de esa habilitación celestial al Cani en Italia 1990, o para bien, con la ilusión de verlo vistiendo la casaca de su equipo en algún partido del Brasileirão. En 1993, tras el fracaso de Palmeiras la temporada anterior, fue otro gigante paulista, Corinthians, el que tuvo la puerta entreabierta para intentar alguna aproximación con el Diez.

En agosto de ese año, Mário Sérgio (recientemente fallecido en el accidente de la delegación del Chapecoense) se había hecho cargo de la dirección técnica del Timão y no perdía las esperanzas de tener en su plantel al Diegote, a quien había conocido durante su brevísimo paso por Rosario Central a fines de los setenta.

“Primero tengo que decidir lo más importante, que es volver a jugar. Después, tengo un compromiso con un amigo, que lo saben todos, que es el Bambino Veira. Y si esto no se da, bueno, tendré la posibilidad, si es que me decido a jugar, de Corinthians”, decía Maradona ante los micrófonos de la Rede Bandeirantes, en Montevideo, mientras se sometía a un tratamiento intensivo para bajar de peso tras su salida del Sevilla español.

Si bien algunas diferencias con Fernando Miele lo alejaron de Boedo del Bajo Flores cuando todo parecía arreglado, el destino del Diego tampoco estuvo en São Paulo, sino en Rosario, donde defendió los colores del club de sus amores: Newell’s Old Boys.

Casi una década después de haberse retirado de la actividad, en 2006, el más grande de todos los tiempos pudo cumplir su viejo anhelo de vestir la camiseta de la Canarinha en una publicidad de gaseosa. ¡Caramba, que pesadelo!

Gracias Rashid Ali García

Mal Pase: José Luis Chilavert y Ricardo Rocha a Boca (1997)

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“Si traemos a Ricardo Rocha, a los mellizos Barros Schelotto, a José Luis Chilavert y a Martín Palermo tendremos un gran plantel”. Lo dijo Diego Armando Maradona a mediados de 1997, mientras se preparaba con Ben Johnson para su enésima vuelta al fútbol, tras un año inactivo para recuperarse de su adicción a las drogas. El Diegote quemaba su último cartucho con la camiseta del xeneize y quería irse a lo grande, con un título, ese que se le negaba al cuadro azul y oro desde 1992. Para eso necesitaba armar un dream team (de verdad, no como el de Bilardo de 1996) que estuviera a la altura del River multicampeón de Ramón Díaz. Poco le importaba tener que compartir equipo con uno de sus enemigos públicos: José Luis Félix Chilavert González.

“Si queremos un gran equipo debemos traer al Mono Navarro Montoya. Si él no viene porque está jugando en España, hay que conseguir a Chilavert. Él puede ser el arquero de Boca, más allá de que tengamos cosas que hablar. Por Chilavert hay que romper el chanchito”, repetía Diego, en un claro mensaje al cartonero Báez a Mauricio Macri. “Quiero que venga el paraguayo. No quiero que cambie lo que opina de mí. Que tenga en claro que viene a darle una mano a Boca. No lo quiero para que sea mi amigo”, aseguraba el Diez, que contaba con el aval del entrenador, Héctor Rodolfo Veira.

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Del otro lado, Chila también dejaba de lado sus diferencias y, desesperado por ponerse el buzo de Boca, hasta le tiraba flores a Maradona: “(Diego) se convirtió en un grande de verdad, que quiere lo mejor para Boca y se está poniendo mejor que diez puntos. Sentándonos a hablar podríamos entendernos. Somos personas adultas”. Sin embargo, la oferta económica no alcanzó: el Fortín pedía cuatro millones de dólares limpios y desde la Ribera llegaron a ofrecer tres (y, ante la negativa del Manteca Martínez y Sebastián Rambert, hasta se habló de incluir a algún juvenil en el negocio: César La Paglia, Pablo Islas o un tal Juan Román Riquelme). La respuesta de Raúl Gámez, mandamás de los de Liniers, fue tajante: “No”.

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Más allá del paragua, otro que dejaba loco al Die era el defensor central brasileño Ricardo Rocha, que a sus 35 años, y tras un 1996 flojo entre Olaria y Fluminense, había tenido un muy buen Torneo Clausura ‘97 con la camiseta de Newell’s Old Boys de Rosario, que había pagado medio millón de dólares para quedarse con su pase. Es más, el mejor de todos los tiempos hasta se animaba a dar su once titular: “Debería ser Chilavert; Solano, Rocha o Traverso, Fabbri, Arruabarrena o Pineda; Toresani, Berti, Gustavo Barros Schelotto -es la salida que necesitamos, a Riquelme todavía le falta un poco-, yo; Caniggia y Palermo.

Durante varias semanas, los dirigentes de Boca, con Mauricio Macri a la cabeza, negociaron con Eduardo López para cumplir los últimos caprichos del Diego. “Rocha no se va de Rosario. Es intransferible. Si por ejemplo viene alguien con dos millones de dólares, no le alcanzan ni para empezar a hablar”, repetía el presidente leproso.

Según Luis Conde, el vice bostero, el pase llegó a estar abrochado en un 90 por ciento, aunque al final el pernambucano optó por quedarse en Rosario: “Diego me quiso en Boca. Me llamó y todo, pero no podía traicionar a la hinchada de Newell’s por el cariño que me tenían”, esgrimió el brasileño, que se retiró en 1998, tras un semestre deslucido en Flamengo, al lado de uno de sus grandes amigos: el Chapulín Romário.

Finalmente, sin José Luis Chilavert ni Ricardo Rocha, los que pintaron por La Bombonera fueron Óscar Córdoba y Jorge Bermúdez. Cansado de tantas vueltas extradeportivas, Maradona se retiró del fútbol en el entretiempo del clásico ante River del Torneo Apertura 1997, aquel que el xeneize perdió por un punto (45 a 44) a manos de su eterno rival. Un año más tarde, tras la llegada de Carlos Bianchi a la dirección técnica del club, los colombianos más el mellizo Guillermo y Martín Palermo se convirtieron en la columna vertebral de uno de los ciclos más exitosos de la historia de Boca. El resto es historia conocida.

Mal Pase: Ortega al Al Ain (2008)

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Momentos agridulces para Ariel Ortega, allá por el 2008. Aún conservaba su categoría y podía plasmarla de vez en cuando con la camiseta de River Plate, pero sus faltas de profesionalismo y el hecho de no tener los minutos de juego que se merecía como ídolo, lo hacían chocar con el Cholo Simeone, su entrenador. Sin embargo, no era contra lo único que chocaba el Burrito.

Después de haber dado la vuelta olímpica en el Torneo Clausura, el destino del jujeño comenzó a ser una incógnita que encontró su desenlace de una manera poco decorosa. El 1º de agosto de aquel año, Ortega fue noticia por habérsela puesto contra un surtidor de nafta. Y lo curioso además, es que ahí había una cámara registrando todo. ¿Casualidad o mala leche?

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Ese hit extrafutbolístico sirvió de excusa para que el DT millonario justificara decisiones pasadas…y futuras. La dirigencia encontró el motivo para deshacerse temporalmente del jugador, con la supuesta intención de ayudarlo a superar su problema con el alcohol. Las soluciones eran dos. Una, que se quedara haciendo una rehabilitación al mismo tiempo que cobraba su sueldo, pero sin jugar. La otra, que se fuera a algún lugar. En lo posible, bien lejos.

Fue así como, tres días más tarde, se anunció que Ortega se iría a préstamo al Al Ain de Emiratos Árabes Unidos, por 10 meses. Dos millones de dólares de contrato para el futbolista y medio palo verde para el club de Núñez. Les cerraba a todos, incluso a Ariel, que no quería tratarse y prefería perderse en el desierto. Parecía un golazo, pero el Burrito siempre hizo una finta de más.

No pasaron ni 48 horas hasta que el mismo jugador cambió de idea, gracias a un plan seductor de Independiente Rivadavia de Mendoza, que le ofrecía la 10 y todas las facilidades para que se sintiera a gusto. Y lo curioso no era que la oferta viniera de la tierra del buen vino, sino que detrás de todo eso estaba Daniel Vila, el dueño del canal que días antes lo había escrachado en la estación de servicio. ¿Casualidad o mala leche?

Mal Pase: Maradona al Flamengo (1991)

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“Maradona, Flamengo te ama. Hoy y siempre”. El trapo azul y amarillo con el que los jugadores del rubronegro entraron el 8 de mayo de 1991 a La Bombonera, para enfrentar a Boca Juniors por los cuartos de final de la Copa Libertadores, escondía dobles intenciones. Por un lado, buscaban meterse en el bolsillo a La 12, famosa por su hostilidad hacia los visitantes. Por el otro, era un mensaje directo a Diego Armando Maradona, viejo anhelo de la dirigencia del cuadro más popular de Brasil.

El primer objetivo prácticamente se cumplió. Cuando Gilmar, Wilson Gottardo, el veterano Júnior, Zinho, Gaúcho y compañía llegaron al círculo central, cambiaron los silbidos de la previa por tibios aplausos, acompañados de un “Olé, olé, olé, olé, Diego, Diego” que bien podría confundirse con un “Olé, olé, olé, olé, Mengo, Mengo”, típico grito de aliento al conjunto carioca. La bandera, incluso, esa misma noche y durante buena parte de los meses siguientes, se colgó en el lugar donde se ubica La 12.

No se trataba de algo improvisado, claro. La idea había partido del departamento de Marketing del Flamengo, siempre un paso adelante en estas cuestiones, que pretendía que sus muchachos sintieran lo menos posible el desprecio de los argentinos en un duelo en el que se jugaban la continuidad en la Libertadores. También era un guiño para Maradona, que estaba viviendo días complicados tras la sanción de 15 meses por doping positivo y su posterior detención en el confuso episodio del departamento de la calle Franklin en Caballito.

Algún tiempo antes de esa serie de malas noticias, dirigentes del Mengão se habían contactado con Marcos Franchi, por aquel entonces representante del Diez, para que el astro jugara por lo menos un año en Río de Janeiro, previo a su regreso al club de sus amores. Sin embargo, los problemas extra futbolísticos de Diego atentaron una vez más contra la continuidad del negocio y así nos perdimos la chance de ver al mejor de todos con la mítica Camisa 10 da Gávea que consagró a Zico.

Gracias Imborrable Boca

Mal Pase: Severino al DIM (2010)

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Su gran capacidad goleadora (máximo anotador de la D en 2005) y su participación en el reality “Atlas, la otra pasión”, lo llevaron a ser un jugador identificable del mundo del ascenso, aún para los que no siguen el under nacional. ¿Quién no conoce a Wilson Severino? ¡Si hasta a Colombia llegó su fama!

Corría el año 2010 cuando al Negro le ofrecieron ir a probarse al Deportivo Independiente Medellín. Parecía una locura que un jugador de una quinta división pasara a una Primera de un salto, pero todo era posible en el universo del programa que iba por su séptima temporada y necesitaba generar contenidos nuevos para no aburrir.

Fue así que Severino, con 30 años recién cumplidos, aprovechó sus vacaciones de empleado ferroviario y viajó a Colombia para medir sus condiciones durante 10 días en el ámbito internacional. El DIM, que en ese entonces era dirigido por Leonel Álvarez, participaba de la Copa Libertadores y ya tenía armado su plantel, pero aún así le dio lugar al argentino.

Algo que de entrada emocionó al goleador, fue el hecho de compartir entrenamientos con Choronta Restrepo, ídolo del DIM y dueño de uno de los mejores apodos de la historia. Pero ojo, porque también valoraba a su reconocido DT.

“Un visto bueno de Leonel sería lo máximo, pero si no quedo acá esta experiencia no me la quitará nadie y se la contaré a todos mis amigos y compañeros del Atlas”, repetía Wilson, con humildad y sabiendo que él era una pieza más en la movida marketinera del programa.

Los días de evaluación terminaron de acuerdo a lo imaginado. Le dieron las gracias por todo, pero no lo aprobaron. Wilson armó el bolso y volvió a la Argentina para seguir trabajando en el ferrocarril. Hace 10 años que tanto él como Atlas viven cosas inimaginables, pero nunca se fueron de la D.