DT Error: Carlos Bianchi en Atlético de Madrid (2005/06)

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Luego de un año sin estar al frente de un plantel (su último partido había sido el 1º de julio de 2004, la noche en la que Dios cambió el número de celular y las medallas para el subcampeón quedaron sin dueño), Carlos Bianchi se animó a enfrentar una nueva aventura en tierras europeas. La anterior, en Roma, había sido un trago amargo. Y esta no sería muy diferente.

El argentino fue presentado como la gran esperanza del Atlético de Madrid para volver a disputar competencias internacionales, luego de hacer una Liga mediocre, que lo había dejado en mitad de tabla. “La temporada pasada el Atlético terminó undécimo. Ahora, debe reencontrarse con Europa”, manifestó el Virrey durante su presentación, fijando como objetivo principal terminar entre los equipos españoles que clasificaran a  la Champions League o a la Copa UEFA.

Para eso se requerían refuerzos de categoría, y el DT lo sabía: pidió a Javier Mascherano, al Conejito Saviola y, obviamente, a Juan Román Riquelme, de quien dijo: “Yo con Román hablo constantemente; nos tenemos aprecio mutuo y sé que desearía jugar en Atlético de Madrid.”. Obviamente, no llegó ninguno de los tres. Sin embargo, arribaron nombres destacados como Maxi Rodríguez, Martin Petrov, Mateja Kežman y Luciano Galletti, entre otros. “Pienso que, con este grupo, merecemos figurar entre los mejores”, pareció darse por hecho el entrenador, destacando que “aunque el Real Madrid y el Barcelona son más ricos, el Atlético hizo una buena inversión con los nuevos fichajes”.

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Las expectativas eran altas, la ilusión era grande, pero a la hora de jugar, lo del Colchonero fue bastante opaco. La campaña de Bianchi constó de modificaciones permanentes, chicanas constantes con la prensa y resultados que no estuvieron a la altura de lo que todos pretendían. A continuación, el repaso por algunos momentos destacados (no por lo bueno, precisamente) de su estadía en Madrid:

  • “Me cago en la concha de todos, es la segunda vez que nos roba”. Así se refirió el técnico al colegiado (?) en el partido frente al Athletic Bilbao, al que se le fue la mano con el descuento permitiendo el empate de los vascos.
  • Una constante en la temporada fue que al Atlético le convirtieran goles de cabeza. El 11 de diciembre de 2005, el Alavés (último en ese momento) le empató un partido a pocos minutos para el final de esa manera. Al ser cuestionado por los periodistas, Bianchi encontró la solución: “habrá que fichar a Michael Jordan”, manifestó.
  • En pleno invierno europeo, hubo que visitar al Osasuna. En una cancha que había sufrido una fuerte nevada, los madrileños cayeron sin atenuantes y Carlitos eludió responsabilidades: “con un campo normal podía haber sido otra historia, pero ellos están más acostumbrados”. Como si Pamplona quedara en Finlandia.
  • Por otro lado, es cierto que la fortuna no estuvo de su lado: en el mencionado partido, los cuatro arqueros principales estuvieron ausentes por diferentes motivos y tuvo que atajar Roberto Jiménez, el quinto en la lista, quien habitualmente defendía los colores del el Atlético Aviación, el segundo equipo filial del club.
  • En enero de 2006, otra muestra de que cuando la cosa viene torcida, no hay vuelta que darle: 14 jugadores del plantel fueron afectados por una intoxicación que les causó una gastroenteritis aguda, provocando la postergación del partido frente al Zaragoza, por la Copa del Rey.

Los malos resultados, sumados a declaraciones que no cayeron del todo bien (“En la Argentina, siempre me han entendido. No quiero pensar que el jugador argentino es más inteligente que el de acá”, dijo en una oportunidad), pusieron en jaque a Carlos, quien luego de haberse jugado mencionado encuentro (derrota en casa por los Octavos de Final) fue despedido con silbidos, pañolada y el infaltable gritó “Bianchi, vete ya”.

Ahí nomás, la Junta Directiva decidió ponerle fin al ciclo de argentino, que dejó la capital española con el equipo en el 12º puesto y un acumulado de 9 partidos sin ganar (7 empates y 2 derrotas), ubicándose a sólo cuatro puntos de la zona del descenso. Su récord fue de 6 victorias, 8 empates y 7 derrotas. Números suficientes para que el Virrey tomara una sensata decisión: había llegado la hora de dormir la siesta.

DT Error: Carlos Bianchi en la Roma (1996/97)

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Con el antecedente todavía fresco del triunfo con Vélez frente al Milán por la Copa Intercontinental de 1994, el nombre de Carlos Bianchi no era desconocido en Italia. Por eso no fue extraño que Franco Sensi decidiera contratarlo para que repitiera con la Roma los éxitos alcanzados con los de Liniers. Lo que sí causo sorpresa fue el rendimiento del equipo que entrenó el Virrey, que ni siquiera alcanzó a terminar la temporada.

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Además del entrenador, a mediados de 1996 llegaron algunos refuerzos que tendrían suerte dispar: Damiano Tommasi (se transformó en un símbolo del club, jugando 10 años con la misma camiseta), Martin Dahlin (tapado por otros delanteros, sólo jugó un puñado de encuentros y en unos meses se fue con más pena que gloria) y  la gran estafa apuesta: Roberto Trotta. El defensor había llegado por 15 millones de liras y, a pesar de ser un protegido del DT, apenas participó en 6 partidos, dejando el club a comienzos de 1997. Tanto el sueco como el argentino consiguieron su merecido espacio en la versión italiana de En Una Baldosa.

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Pero las malas decisiones del Virrey no sólo pasaron por los refuerzos elegidos: dentro de los elementos con los que contaba decidió apostar por jugadores más experimentados, relegando así a un joven que pasaba de ser una promesa para convertirse en una realidad. Un tal Francesco Totti, quien años después recordó: “Él quería que me cedieran a la Sampdoria y, si me hubiera ido, no habría vuelto a este club, que es mi casa y mi vida. Ese señor no me permitía vivir el sueño que yo quería”. Su antipatía hacia Bianchi fue notoria, al punto que encabezó la oposición interna en el plantel que derivó en el despido del argentino, a siete meses de su arribo.

A portrait of Carlos Bianchi the Trainer of Roma

Carlitos dejó Roma en abril de 1997 con estos números: 31 partidos dirigidos, con 12 victorias, 9 empates y 10 derrotas, válidos por las tres competencias oficiales disputadas. Quedó eliminado en la primera rueda de la Copa Italia (caída 3 a 1 frente al Cesena, en lo que fue su debut al mando del equipo), en 16º de final de la Copa UEFA y la campaña liguera fue mediocre: Bianchi colaboró para el 12º lugar de la Roma, una ubicación que el equipo capitalino no conocía desde 1979 y que al día de hoy no repitió. Al momento de dejar el banco, ni siquiera estaba a salvo de caer en la Serie B, asegurándose la permanencia unas fechas antes del final del campeonato (el equipo terminaría a 4 puntos de la zona roja).

Un año más tarde, el Virrey recuperaría la señal de su celular y comenzaría su idilio con Boca, recobrando la costumbre  de levantar copas en torneos locales e internacionales. Esos festejos y vueltas olímpicas que en Europa no se consiguen.

DT Error: Passarella en el Parma (2001)

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Mítico defensor goleador, el Gran Capitán, único bicampeón del mundo con la Selección, un referente nacional que se ganó el respeto de todos en Italia. ¿Cuándo fue que Daniel Passarella se convirtió en un ser despreciado por buena parte del pueblo futbolero? Quizás la respuesta haya que encontrarla en sus oscuros días como dirigente, esos que marcaron el descenso de River. Pero incluso antes, en su rol de entrenador, ya había dado algunos pasos en falso. Acá, el recuerdo de su breve periplo como DT en el Calcio.

Era noviembre de 2001. El Dániel llevaba varios meses sin dirigir, luego de su renuncia al seleccionado uruguayo. En Italia, mientras tanto, el comunista Renzo Ulivieri dejaba el banco del Parma luego de un arranque irregular en la liga y haber sido eliminado por el Lille en las preliminares de la Champions League. Como contrapunto, los popes parmesanos eligieron un técnico con un perfil de la vereda opuesta, más milico conservador y con disciplina. Ni más ni menos que Passarella.

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El Kaiser llegó para la 10º fecha del torneo, junto a su ayudante Alejandro Sabella. En el plantel, había jugadores como Taffarel, Sensini, Fabio Cannavaro, Benarrivo, Almeyda, Nakata, Di Vaio, Savo Milosevic y el camerunés Mboma. Lindo equipito podía armar Daniel, pero casi que no tuvo tiempo de darle su sello.

Su únicas alegrías, fueron en las competencias menos relevantes. En la Copa UEFA, eliminó al débil Brondby de Dinamarca con un 4 a 1 en el global. Por la Copa Italia, dejó afuera al Messina, de la Segunda División y hasta llegó a dirigir el primer duelo ante el Udinese, por los cuartos de final de una competición que el Parma terminaría ganando meses más tarde.

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El Parma del Káiser debutó con la Juventus de Trezeguet y Del Piero, cayendo por 3 a 1. Después, encadenó derrotas con el Milan, Udinese, Roma y Atalanta. Sí, perdió los 5 partidos que dirigió, dejando al equipo en puestos de descenso, sólo por encima del Venezia.

Rápidos de reflejos, los directivos despidieron a Passarella sólo 42 días después de su llegada. No fuera a ser cosa que el DT se peleara con el Grondona de Italia y el Parma terminase en la B.

DT Error: Pastoriza en el Fluminense (1985)

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¿Un director técnico argentino en Brasil? Raro, poco frecuente, pero hay algunos casos que podemos recordar. Uno de ellos, es el de José Omar Pastoriza al mando del Fluminense. ¿Cuánto duró la experiencia? Apenas un mes…

La década del 80 se partía a la mitad y el Flu estaba desesperado por ganar su primera Libertadores, casi tanto como ahora. Unos años antes, el Flamengo de Zico se había convertido en el primer equipo carioca en levantar el trofeo continental y eso obligaba a los vecinos, que entraron a la Copa después de obtener el Brasileirão de 1984, de la mano de Carlos Alberto Parreira.

En 1985 y después de haber probado con otros 4 técnicos brasileños, los dirigentes tricolores se convencieron de que el salto de calidad lo tenía que dar un entrenador extranjero con experiencia, por eso el 24 de mayo de ese año contrataron al argentino Pastoriza, que venía de consagrarse a nivel sudamericano y mundial con Independiente. Él era el hombre indicado, aunque no se lo demostraron mucho: el propio Pato se tuvo que pagar sus pasajes a Brasil.

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Ya en Río de Janeiro, el DT sacó a relucir el humo de sus míticos asados: “Acá se practica el fútbol que más me agrada, con arte y alegría, sin dejar de ser competitivo y agresivo, buscando el gol”. Además, destacó la grandeza de la institución, a lo que los periodistas locales retrucaron:

– Pero el club está en crisis debido al atraso de los premios, lo que provocó que el equipo quedara afuera de la Copa de Oro…

“Esteeee…desconocía este asunto, los dirigentes no me mencionaron nada. Si los jugadores tuvieran este problema en el futuro, trataremos de arreglarlo de la mejor manera”.

Evidentemente, los popes del Flu no sabían con quién se estaban metiendo. O sí, pero no les importaba (?). Pastoriza había sido una protagonista emblemático de Futbolistas Argentinos Agremiados, encabezando una recordada huelga en 1971, que derivó en aprobación del convenio colectivo de trabajo. Después de eso, se tuvo que retirar en Francia.

Como DT, sus convicciones seguían firmes y las demostraba en cualquier lado, parecía sobrarle nafta (?). Fue así que las cosas no empezaron bien en Brasil.

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Mientras se disputaban las eliminatorias para México ’86, el argentino tenía por delante la preparación del equipo (con Delei y Romerito como figuras) para la primera fase de Libertadores, de julio a agosto de 1985, donde compartiría grupo con Vasco da Gama, Argentinos Juniors y Ferro Carril Oeste. Ni siquiera llegó al primer partido.

El 27 de junio, apenas un mes después de haber sido contratado, el Pato renunció a su cargo, acusando la falta de apoyo y dejando en claro que el club estaba mal económicamente. Del otro lado, la dirigencia decía que Pastoriza tenía espíritu sindicalista y que sus formas no habían caído bien entre los futbolistas.

Horas más tarde, Nelsinho Rosa (no confundir con Nelson de la Rosa) se haría cargo del banco y en muy poco tiempo conseguiría la Copa Guanabara y el Campeonato Carioca. ¿Le habían hecho la cama al Pato? Tan cierto, como que se tuvo que pagar el pasaje de vuelta.

DT Error: Cappa en el Tenerife (2000)

Allá por comienzos de 2000, el discurso retórico de Ángel Cappa todavía no había cansado lo suficiente y contaba con bastante crédito, sostenido fundamentalmente por el buen torneo que había hecho con Racing en el Apertura de 1998. Eso fue lo que le permitió dirigir al Atlante de México durante 1999 y volver al fútbol español al año siguiente, donde chocaría con la realidad del fútbol europeo.

El Tenerife conocía bien a Cappa. Había dejado un grato recuerdo como ayudante de Valdano en aquel conjunto que clasificó por primera vez en su historia a la Copa UEFA. Ese fue el principal motivo por el cual lo convocaron en abril de 2000, esperando que el entrenador argentino le diera el empujón necesario a un equipo que hasta la fecha 33 de la segunda división había sido puntero, pero que había aflojado en las últimas jornadas hasta caer a la séptima posición. Quedaban 6 fechas y había que ganar la mayoría de los partidos para retornar a Primera División.

En el plantel, el conjunto de Canarias contaba con varios viejos conocidos: El Mono Navarro Montoya, el Colo Lussenhoff, Pablo Paz, Huguito Morales y Federico Basavilbaso. Material había. Posibilidades numéricas, también.

Peeeeero, ya se imaginarán cómo se dieron las cosas. En su debut en el banco del Tenerife, Cappa perdió 1 a 0 ante el Mérida, de local. A la semana siguiente, cayó 2 a 1 ante el Atlético Madrid B. En la jornada 39, rescató un empate 0 a 0 ante el Leganés, pero a continuación perdería ¡5 a 0 con el Osasuna!

Entonces, Angelito prendió la máquina de humo: “Cuando llegué había un ambiente de desunión espantoso y en esa situación, sin que nadie sea culpable, es imposible ganarle a los camareros de la cafetería de al lado, pero no por la calidad, sino por la situación de hecho. Se vio en el partido que el equipo no tenía respuestas de ninguna naturaleza”.

Y agregó: “El Atlético Madrid B era un equipo con hasta cinco jugadores de Tercera División. No digo que había que ganarle, pero no hubo ningún tipo de respuesta y así se terminó. No hay más. Por más que tuviéramos oportunidades de ascenso todos los días, con eso era imposible. Además, el público mostraba una agresividad irreconciliable con algunos jugadores como Emerson, que jugó muy bien contra el Mérida, y tenía al público en contra; Navarro Montoya hizo una parada buenísima y la gente lo insultó en esa acción. Todo eso conforma una situación irremediable. No había ninguna posibilidad de ascenso, pero no por la matemática, sino porque se necesita un mínimo de unión, de espíritu, de ilusión para poder pelear el objetivo”.

En las últimas dos fechas de la temporada, el Tenerife cosechó una igualdad 0 a 0 ante el Compostela y una caída 2 a 1 ante el Córdoba, redondeando un récord admirable para el DT de bigotes: 6 dirigidos, con 0 victorias, 2 empates y 4 derrotas. Terminó decimocuarto.

Lo mejor de todo es que, una vez finalizado el torneo, se mantuvo en el cargo durante algunas semanas más e incluso llegó a pedir a Nuno Molina de refuerzo. Suficiente para que lo rajaran.

Así fue como terminó la triste experiencia del técnico argentino en el Tenerife, ese club que era su segunda casa. Como dice el dicho, las segundas partes nunca fueron buenas. Y eso que Cappa sabe bocha de segundos.

DT Error: Mario Gómez en el Mallorca (1999)

Entrenador amarrete, de esos que cuidan el cero en el arco propio, pero también en el ajeno, Roberto Mario Gómez hizo de su forma de ser un estilo propio que trascendió barreras (basta con seguir la cuenta @mariogomeceando para entender de qué estamos hablando). Así fue cómo llegó al Viejo Continente y, de un día para el otro, se encontró con una gran posibilidad: dirigir a un equipo de la Liga Española. Acá el resumen de su experiencia.

Asistente de Timoteo Griguol, primero, y de Héctor Cúper, segundo (?); el hombre nacido en Mar del Plata también continuó la escuela del subcampeonato, cuando dirigió a Lanús, donde terminó como escolta de Vélez, en el Clausura 1998, con jugadores como Rodrigo Burella, Julián Kmet, el Chango Cravero, Gonzalo Belloso y Gustavo Bartelt.

Al año siguiente, a Mario se le abrió una puerta enorme, cuando Héctor Cúper dejó el Mallorca para irse al Valencia. Las miradas de los dirigentes, primero apuntaron a Griguol (recomendado por el propio Cúper), pero finalmente lo llamaron a Gómez por ser un toque más ofensivo joven que el Viejo. Dirigir en Europa, el sueño de muchos ambiciosos, pasaba ser una realidad para un técnico conformista.

Su llegada a la isla fue en un clima inmejorable, cosa que no suele suceder en el arribo de un DT. Su antecesor, había ubicado al modesto club en el primer plano nacional e internacional. Un tercer puesto en la liga, una Supercopa de España y dos finales perdidas (para no perder la costumbre). Además, el plantel tenía muchos argentinos: Leo Franco, el Mono Burgos, Gustavo Siviero, Juan José Serrizuela, Ariel Ibagaza, el Polo Quinteros, Leo Biagini e Iván Gabrich. Además, había nombres como Vicente Engonga, Jovan Stankovic y Diego Tristán. Mario Gómez sólo tenía que hacer la plancha, pero se terminó hundiendo.

El 11 de agosto de 1999, el técnico argentino debutó al mando del Real Club Deportivo Mallorca, con un rival accesible y un objetivo importante: clasificar a la fase de grupo de la Champions League. Para alcanzar ese fin, solamente había que deshacerse del modesto Molde de Noruega en la fase previa. Tratando de conquistar al nuevo DT, los futbolistas del cuadro español hicieron lo que debían: empatar 0 a 0 como visitante. Gómez se fue más que satisfecho, sabiendo que definía la serie como local.

Diez días más tarde, al Mallorca le tocó vivir un hecho histórico: la inauguración del Estadio de Son Moix, en la primera fecha de la Liga. ¿El rival? Ni más ni menos que el Real Madrid de Roberto Carlos, Redondo y Raúl. Difícil debut, pero inicialmente favorable para el equipo de Don Mario, que se puso 1 a 0 luego de que Burgos le atajara un penal a Fernando Hierro.

Con la ventaja mínima, Don Mario hizo su gracia: primero metió delantero por delantero (Gabrich por el Polo Quinteros), pero después sacó dos volantes (Engonga e Ibagaza) para meter a dos defensores: Nadal y Serrizuela. Sí, agotó los cambios a los 77 minutos. ¿Resultado? Goles de Morientes y Raúl, a los 87 y a los 89 minutos, para el 2 a 1 merengue. Mala suerte, habrán pensado algunos simpatizantes rojinegros, pero todavía faltaba lo peor.

El 25 de agosto de 1999, el Mallorca recibió en su ya inaugurado estadio al Molde noruego, por la vuelta de la serie previa de la Champions League. Sólo había que ganar para entrar de cabeza al mayor torneo continental…pero las cosas no salieron como las habían imaginado.

En un partido realmente muy malo en el que ninguno arriesgaba (empezando por el DT local), el Mallorca se puso en ventaja a los 25 minutos a través de un penal convertido por el serbio Stankovic: 1 a 0 y a sufrir. Pero a sufrir en serio.

La segunda mitad fue similar a la primera, pero con el Molde obligado a hacer el gol de visitante que lo clasificara a la fase de grupos. Y, como era de esperar, eso sucedió. En el minuto 85, un penal de Lund colocó el 1 a 1. Ahí sí, Mario Gómez metió un cambio ofensivo (Tristán por Engonga) para tratar de ganarlo (había sacado a los dos delanteros titulares), pero ya era demasiado tarde. Los noruegos, que habían viajado con sus mujeres a la isla porque lo tomaban como unas mini vacaciones, aguantaron los momentos finales y pasaron a la historia. No lo podían creer.

La gente del Mallorca, enojada, pero sin perder su inocente gen gaita, les gritó “fuera, fuera” (?) a sus jugadores y al entrenador. Algo se había roto y Don Mario lo sabía. Es más, fiel a su costumbre, pensó en arreglarlo (?). “Somos muy pelotudos. El sábado, contra el Real Madrid, perdimos por falta de experiencia, de madurez, pero hoy perdimos por boludos. Fuimos más que tontos. Era un partido que teníamos ganado, que no nos llegaban nunca… y por un error nuestro nos empataron… somos boludos, como decimos en la Argentina. Todos somos boludos: yo, los jugadores, todos…”, se despachó el DT argentino.

Por esos días, comenzó a sonar con más fuerza un temita de Mario que habían pasado por alto al momento de contratarlo: no tenía la licencia para dirigir en España, ya que no cumplía con un requisito fundamental: haber dirigido a equipos de la Primera División argentina durante al menos tres años. Su paso por el Granate no le alcanzaba.

Cuatro días después del llamado Moldazo, el Mallorca visitó al Rayo Vallecano y perdió 2 a 1 sobre el final, otra vez luego de ir en ventaja. Demasiado para la paciencia de los dirigentes, que le soltaron la mano director técnico, aprovechando aquello que exigía la Federación.

“No nos quedará otra solución que contratar a otro técnico” (?), tiró el asesor jurídico del club balear. Y así fue como se terminaron los días de Roberto Mario Gómez en el fútbol español. Cuatro partidos en los que no ahorró en disgustos.

DT Error: Daniel Passarella en el Corinthians brasileño (2005)

Sesenta y dos días. Eso fue lo que resistió Daniel Alberto Passarella al frente del Corinthians brasileño en 2005. Mientras se preparaba para dar el (a)salto más importante de su carrera, el Kaiser agarró la dirección técnica del Timão con cuatro torneos por delante: la recta final del campeonato paulista, la Copa do Brasil, el Brasileirão y la Sudamericana.

Tras el despido de Tite, el conjunto de la capital paulista naufragaba en mitad de tabla y el vestuario estaba partido en dos. Apenas unos días atrás, Carlos Tevez, la figura recién llegada, se había trompeado con Carlos Alberto. Luego de ver desde la tribuna cómo su futuro equipo goleaba al União São João por el Paulistão, Passarella se calzó el buzo de entrenador y puso manos a la obra.

Aquel 9 de marzo, el debut no podría haber sido peor: 0-3 ante el desconocido Cianorte, por la Copa do Brasil. Después del comienzo desalentador, el Kaiser se redimió. Conquistó la confianza de la torcida (fue subcampeón del estadual, a 8 del vencedor, São Paulo) e hilvanó una serie de 11 encuentros sin derrotas, que se quebró en la segunda fecha del Brasileirão, cuando su club cayó ante Botafogo, en lo que sería el inicio de una racha adversa que lo eyectaría de su cargo una semana más tarde.

En el medio, Corinthians quedó eliminado en octavos de la Copa do Brasil por penales ante el Figueirense (había ganado 2-0 en la ida y perdió en la vuelta por idéntico resultado). Se sabe que cuando un dirigente sale a bancar públicamente un proyecto, ese DT tiene los minutos contados. Y Passarella no iba a ser la excepción. Si bien Kia Joorabchian, la cara visible de MSI, el grupo inversor que mandaba en el Timão, le había jurado que seguiría en su puesto, el Gran Capitán no soportó mucho más.

Para colmo, el domingo fue humillado en el clásico ante São Paulo, que lo cacheteó 5 a 1. Apenas 48 horas después, el 10 de mayo, Nesi Cury, el vicepresidente del club brasileño, fue el encargado de anunciarle su salida: “Le agradecí su lucha y su garra, pero le dije que tuvimos que tomar una decisión y que dejaba de ser el técnico”.

El Kaiser se fue de Corinthians con solamente un punto (producto del empate ante Juventude en el debut) en tres jornadas del campeonato nacional. “Cuando llegué a Brasil, el objetivo era armar un plantel para ganar el Brasileirão. Ese era el objetivo principal. La Copa estaba en un segundo plano”, se había excusado el ex presidente de River.

El que asumió el comando fue Márcio Bittencourt, que llevó a los paulistas a lo más alto de la tabla hasta que fue despedido a fines de septiembre por diferencias futbolísticas con los directivos. Finalmente, de la mano de Antônio Lopes, y en un torneo plagado de irregularidades, el Timão gritó campeón.

DT Error: Gustavo Alfaro en el Al-Alhi de Arabia Saudita (2009)

Miren si habrá sido ladri el andar de Gustavo Alfaro por Arabia Saudita, que ni siquiera es mencionado en su elogiosa ficha en Wikipedia. Acá un breve repaso de uno de los tantos casos de técnicos argentinos que se pusieron el turbante a cambio de un buen fajo de petrodólares.

Con 46 años y casi dos décadas sobre el lomo dirigiendo equipos modestos y molestos, allá por el 2009 Gustavo Alfaro decidió que era momento de pegar el salto de calidad. Le había ido bien en equipos chicos como Olimpo, Quilmes y Arsenal, consiguiendo con este último la Copa Sudamericana. En cambio, había decepcionado en San Lorenzo y Rosario Central, dos equipos más populares. La prueba de fuego, entonces, debía ser en uno de los más poderosos.

Tras varios días en los que se lo mencionó como firme reemplazante de Carlos Ischia en el banco de Boca Juniors, en julio de 2009 se supo la noticia: Alfaro iba a dirigir un grande…pero de Arabia Saudita.

El Al-Ahli Saudí Football Club, mejor conocido como el الأهلي السعودي (?) puso un jugoso contrato sobre la mesa y se llevó los sueños de gloria del entrenador rafaelino, que ni lento ni perezoso llamó a sus colaboradores y los mandó para la ciudad de Jeddah, mientras él se quedaba en el país para terminar de arreglar uno papeles.

Fue así como unos días más tarde Alfaro llegó a Arabia y se encontró, además de una cultura totalmente diferente, un plantel lleno de tipos con barba que se llamaban Mohammed (?). ¿Solución? Mandar a contratar a un par de viejos conocidos del ámbito argentino. Uno de los principales refuerzos fue el colombiano Jossimar Mosquera, uno de sus dirigidos en el Arse.

Otro en caer fue el delantero Javier Toledo, goleador con Chacarita en la B Nacional.

Además, se incorporaron Sebastián Rusculleda y el paraguayo Jorge Torales, ex Chaca. Todo mediopelo para la Primera División de nuestro país, pero suficiente para tratar de ser protagonista en el torneo árabe o jugar de titular en Arsenal.

Tras una pretemporada en Alemania, el Al-Alhi del Lechuga debutó en la liga con una victoria 1 a 0 ante el Al-Raed. Parecía que todo iba a ir muy bien en la temporada, pero el experimento no tardaría en dar error. Ya para noviembre de 2009, Alfaro se dio cuenta de que había recaudado lo suficiente y llegó a un acuerdo con la dirigencia para dejar de ser el DT. En su lugar, paradójicamente se lo nombró a Carlos Ischia, pero finalmente llegó el brasileño Sergio Farias.

Pese a que los datos sobre la campaña son escasos y que no existe mucho material sobre este hecho delictivo, acá estamos para recordar eso que el mismo Alfaro prefiere olvidar: aquel tiempo en el que no paró de mirar la hora en Arabia Saudita.