Aquino Arturo

Arturo David Aquino

Lateral paraguayo de dilatada trayectoria en su país, aunque sin el nivel o el reconocimiento sufiente como para ser convocado alguna vez a su Selección. Su única experiencia internacional la tuvo en el fútbol argentino, donde no la pasó para nada bien. O mejor dicho, para no andar con eufemismos: se terminó cagando de hambre.

Surgió en Olimpia (2004) y pasó también por Tacuary (2005-2006), 3 de Febrero (2006), Sportivo Luqueño (2007/08) y Nacional (2008-2011), antes de tener la gran chance, a sus 28 años, de mostrarse en la vidriera de nuestro país.

Fue Olimpo de Bahía Blanca el club que lo contrató con la intención de armar, como siempre, un rompecabezas de jugadores random para evitar fortuitamente el descenso. En aquel Apertura 2011, el paraguayo compartió la cancha con Laureano Tombolini, el Toti Ríos, Andrés Franzoia, Martín Rolle y Julio Furch, entre otros.

¿Y cómo le fue fue? Mal, como era de esperar. Surcando la banda izquierda, Aquino disputó 10 encuentros. ¿Y saben cuántos ganó? Ninguno. Al menos le quedó el recuerdo de su gol a Tigre. También es cierto que ese Olimpo no le ganaba a nadie y que al año siguiente, ya sin Aquino, terminaría descendiendo una vez más a la segunda división.

Después de esa corta y mala experiencia, volvería a su tierra para seguir actuando en Rubio Ñu (2012), Deportivo Capiatá (2013-2014 y 2016, incluida una atajada en el histórico triunfo en La Bombonera), Guaraní (2015), Sportivo Trinidense (2017-2018) y Atlético Tembetary (2020- ).

Y en este último tiempo, viviendo los momentos finales de su carrera, Aquino no dudó en revelar lo mal que la había pasado en Argentina, en una nota con el diario Crónica: «Me sirvió de mucho en lo futbolístico, pero no me quedé más por ciertas cosas que me pasaron, entre ellas la devaluación del peso argentino, los constantes viajes y también el ambiente que viví en una ocasión en la concentración. No estábamos teniendo buena campaña, veníamos ya sin ganar varios partidos y los hinchas de Olimpo se pusieron furiosos. Estábamos almorzando en la concentración y de repente ingresan varios personajes armados hasta los dientes. Tenían armas de fuego y algunos cuchillos. Era una locura. Nos amenazaron y se llevaron toda nuestra comida. Nos dijeron ‘ustedes no se merecen esta buena comida’. Vinieron y me gritaron en la cara, me dijeron paraguayo hijo de p… Bueno, eso fue lo más leve”.

Lo entendemos totalmente. Si le pareció grave la devaluación de 2011, era obvio que no estaba preparado para un apriete de la barra.

Talleres con camiseta alternativa genérica en un clásico (1996)

Jugar un clásico con camiseta alternativa debería estar tipificado como delito, es algo en lo que podemos llegar a coincidir la mayoría de los futboleros. Si no pensás así, andate de acá (?).

Racing lo ha hecho infinidad de veces jugando ante Independiente, Huracán también lo hizo enfrentando a San Lorenzo, y hasta River usó su camisea tricolor en un clásico de verano ante Boca. No hay cábalas ni excepciones que se admitan. Es un cachetazo al buen uso de la divisa del club.

Ahora bien, sabemos que si hay un cuadro que ha hecho de su indumentaria un pito (?), ese es Talleres de Córdoba. Siempre a la vanguardia, innovando, generando material para esta legendaria sección. Y como de Tallereando vive también el baldosero, honremos el espacio contando la vez que la T usó una casaca alternativa y genérica, para intentar cortar una racha ante su clásico rival.

Nos vamos hasta septiembre de 1996. La T llevaba 14 años sin ganarle un duelo a Belgrano. Las gastadas estaban a la orden del día en La Docta. Y se volvian a ver las caras en la quinta fecha de la B Nacional.

Ese día, los Albiazules salieron al estadio Chateau Carreras con su tradicional camiseta a bastones, mientras que los Piratas vistieron el interminable modelo celeste de la marca Le Coq Sportif. Hasta ahí, todo bien (?).

El tema es que después del primer tiempo que terminó 0 a 0, Talleres dejó su casaca titular en el vestuario y retornó al campo de juego con una camiseta alternativa, sin escudo ni publicidad, que en realidad era una genérica del catálogo Olan, el sponsor técnico de los Tallarines.

La prenda, color bermellón (?), ni siquiera sirvió para mantener el empate, porque los dirigidos por Ricardo Gareca terminarían cayendo 2 a 0 ante el conjunto comandado por el Negro Marchetta.

Menos de dos meses más tarde, La T aprendería la lección y jugando todo el partido con su casaca tradicional, rompería el maleficio con un histórico 5 a 0 a favor.

Fuera de stock: el Premio Chamigo

A lo largo de la historia, muchas han sido las marcas que premiaron a los mejores jugadores de los partidos más importantes del fútbol argentino. Sin embargo, ninguna quedó grabada en la memoria del hincha como lo hizo Chamigo, una empresa yerbatera que galardonó a los cracks del ámbito local en la primera mitad de los dorados años 90.

En la última década, hemos visto de todo dentro de una cancha, y no nos referimos solo a jugadores falopa. Los departamentos comerciales y responsables de marketing se han esforzado, de manera absurda en muchos casos, en ser originales a la hora de distinguir a las figuras de la cancha. Desde aquella corona a Armani, pasando por la parrilla a Lautaro Acosta, hasta la famosa bicicleta que le metieron al recordado Morro García. Demasiados artículos, para tan poco engagement (?).

La verdadera relación sentimental entre un chivo y una época, la consiguió Chamigo, una marca de yerba que nunca fue de las más populares en Argentina (sí, sigue existiendo), pero que supo dejar una huella a partir de 1990, cuando decidió apostar por un espacio en Fútbol de Primera, el programa emblema durante más de 20 años. Si el domingo a las 10 de la noche no te sentabas a verlo, prácticamente no podías opinar de la fecha. Así de cruel era el mundo, aunque lo romanticemos con el paso tiempo.

Luego de cada clásico o encuentro clave de cada jornada, el hombre encargado del campo de juego (que podía ser Alejandro Fabbri, Tití Fernández o Elio Rossi, entre otros) le entregaba la estatuilla color oro al futbolista destacado, elegido por Marcelo Araujo y Enrique Macaya Márquez, la dupla encagada de la transmisión.

El premio, que representaba una mano sosteniendo un mate con forma de pelota, y que según su característico separador, reconocía «el esfuerzo, la corrección y la habilidad deportiva», era como un Oscar para nuestro fútbol. Todos lo querían ganar.

Aquel galardón, que por supuesto terminó infinidad de veces en manos de jugadores de Boca y River, pero que más de una vez fue arrebatado por figuras inesperadas como Raúl Peralta (Deportivo Español) o Miguel Ángel Wirtz (Argentinos Juniors), fue perdiendo prestigio hacia mitad de los años 90 e irónicamente siendo homenajeado por el Diario Olé, en 1996, cuando instaló en sus páginas el Premio Chenemigo (virtual, no físico, pero premio al fin) al peor jugador de la cancha.

Es probable que muchos de los que nos leen jamás hayan consumido la yerba en cuestión (sí, otras), pero sin embargo saben muy bien de qué hablamos cuando hablamos de Chamigo. Y eso, se merece un premio. No, graciavó.

Lesman a Junior (2016)

No hace tanto tiempo, el fútbol argentino clase B se vio renovado por la aparición de un futbolista con carasterísticas singulares: 9 de área, corpulento, con buen juego aéreo, colorado y con un alto promedio de gol: 17 tantos en 21 partidos con All Boys. Así la mayoría conoció a Germán Lesman en 2016.

Claro que otro empujoncito para su popularidad, se lo dio su apodo: «El Rooney argentino», gracias su parecido físico con el delantero inglés. De yapa, su compañero Ricardo Blanco le hacía la segunda haciéndose pasar por el Pocho Lavezzi.

Ese buen año de Lesman (fue goleador de la B Nacional), que venía de romperla en Defensores de Villa Ramallo y antes había pasado sin tanta fortuna por Colón, Rangers de Chile y varios equipos de nuestro ascenso, le valió el interés de clubes de Argentina y del exterior, algo que All Boys finalmente no pudo capitalizar porque el futbolista reclamó su libertad de acción por falta de pago.

Tras ausentarse de los entrenamientos en Floresta por motivos más que entendibles, el jugador empezó a ser mencionado por los medios colombianos como refuerzo de Millonarios, primero; y por último de Junior de Barranquilla. Incluso su representante, Luciano Krikorián, lo dio por hecho: «La gente de Junior hizo un ofrecimiento, nosotros hicimos una contra propuesta y parece que se va a cerrar. Estoy esperando el ok, que me digan que está todo perfecto. El jugador quiere ir.  El negocio está para cerrarse ya. Es más, yo creería que ya está hecho».

Luego de varias idas y vueltas, que incluyeron una operación por una hernia, el hombre nacido en Esperanza (Santa Fe) le dijo adiós a All Boys y se sumó a Huracán, donde jugó 3 partidos y no hizo goles, algo parecido a lo que le sucedió en 2017 en Instituto, donde disputó 4 encuentros y no la metió.

Después de haberse sacado la mufa en Brown de Adrogué, actualmente defiende la camiseta de Villa Dálmine. Y sigue siendo el Rooney argentino.

Ferro 0-Daewoo Royals 2 (1994)

Las bellas imágenes de Cachito, rescatadas por La Ferropedia, nos muestran un maravilloso choque noventoso, cuando la dolarización de la economía argentina permitía que vinieran bandas y artistas internacionales de renombre, pero también equipos falopa de cualquier parte del mundo.

El equipo coreano, ganador de la Champions de Asia en 1986 y perteneciente a la empresa automotriz (entre otros rubros) Daewoo, viajó a nuestro país en el verano de 1994 para realizar una pretemporada que incluía una serie de amistosos, entre ellos uno ante Racing, en Mar del Plata.

Pero los porteños también tuvieron la suerte de ver al conjunto de Corea del Sur, cuando visitó Caballito para enfrentar a Ferro Carril Oeste de Burgos, Garré, Mandrini, Pobersnik y Sava, entre otros.

En la velada del 8 de febrero de 1994, los coreanos salieron a la cancha con un atuendo azul cerceta (?), prácticamente verde, para jugar contra los locales, que obviamente estaban tradicionalmente vestidos…de verdolagas.

¿Y las camisetas alternativas? Aquella noch, las blancas fueron destinadas a los músicos que tocaron para entretener a los presentes. Ganó el Daewoo Royals 2 a 0. Y sí, Ferrito fue una banda.

Chacarita con rayas horizontales (2009/2010)

«Caramba, ingeniero, se nos ha venido con la camiseta de Chacarita”, escribió alguna vez el Negro Fontanarrosa, aludiendo a la principal característica de la clásica casaca del Funebrero: no podría ser confundida jamás con una remera o con una camisa de vestir.

Los bastones negros y rojos separados por delgadas líneas blancas son la identidad de Chacarita. La ves a una cuadra de distancia y no tenés dudas: esa que viene allá es una camiseta de Chaca. Salvo que a alguien se le ocurra darla vuelta…

A fines de 2009, la empresa TBS jugó con el diseño, poniendo los bastones de forma horizontal, al mejor estilo equipo de rugby. Algo que a la distancia puede parecer simple, pero que significaba una arriesgada movida en cuanto a lo visual para el equipo que meses antes había vuelto a Primera División.

Eso sí, para cuidarse el culo (?), también hicieron una tradicional, cosa de tener la horizontal solo como una de las alternativas. De hecho, el curioso modelo se vio muy poco durante la temporada (ante Vélez en el Apertura 2009 y ante Rosario Central en el Clausura 2010).

Después de aquella experimentación, el conjunto de San Martín tuvo otros modelos extravagantes y abarrotados de sponsors, pero nunca más con las rayas acostadas.

Navarro Montoya a Colo Colo (2000/2001)

Hay palabras o nombres que, combinadas o en conjunto, remiten inexorablemente a una imagen. Decir «Navarro Montoya» y «Colo Colo«, es pensar inmediatamente a aquel episodio del perro Ron en la Copa Libertadores de 1991, cuando el Mono terminó con el culo mordido. Pero aunque haya pasado desapercibido por estos lares, hubo un segundo capítulo entre el arquero y el club. Acá, la historia.

Nueve años después de aquella batalla copera, el colombiano nacionalizado argentino regresó al Estadio Monumental, invitado a último momento por el chileno Ivo Basay, que se despedía del fútbol. Las ausencias de Claudio Arbiza y Marcelo Ramírez, los dos porteros del Cacique, propiciaron que el Mono terminase atajando para el equipo donde había sufrido uno de los reveses más grandes de su carrera.

Esa noche, el ex Boca formó parte del 11 habitual del Colo Colo y enfrentó a figuras de la talla de Superman Vargas, Oscar Ruggeri, el Colorado Mac Allister, el Diablo Etcheverry, Enzo Francéscoli y el Patito Aguilera, entre otros.

Por esas horas, también, se mencionaba que Navarro Montoya podía terminar atajando oficialmente en el Albo al año siguiente, posibilidad que el propio arquero no descartó ante las cámaras, ya que estaba con el pase en su poder luego de su experiencia española.

Finalmente, en 2001 el Mono recaló en Chile, pero firmó con Deportes Concepción.

Newell’s 2 – Argentina 2 (1977)

Los torneos de verano de Mar del Plata, a esa altura, ya eran una tradición. No se jugaba en el estadio José María Minella, todavía faltaba para eso. El escenario para esos enfrentamientos entre los grandes, pero también entre otros clubes locales y combinados internacionales, era el estadio General San Martín, luego demolido. Ahí, en ese mismo lugar donde hoy funciona un supermercado, la selección argentina disputó la Copa de Oro.

Fue la única vez que el seleccionado nacional participó de un torneo de esas características en nuestro país. El equipo de Menotti se preparaba para el Mundial del año siguiente y necesitaba competencia. ¿Los rivales? Aldosivi, River, Boca y Newell’s.

El debut albiceleste (ese día vestido de blanco) se produjo el 30 de enero de 1977, ante los rosarinos. Esa noche, Argentina alineó a Gatti; Tarantini, Olguín, Killer y Carrascosa; Ardiles (Ludueña), Gallego y Villa; Felman (Alderete), Bravo y Bertoni.

Por su parte, los leprosos entrenados por José Yudica formaron con Carrasco; Rebottaro, Pavoni, Sperandío y Aguerópolis; Giusti, Berta y Bulleri; Montes, Moyano e Irigoyen.

Sin embargo, el partido no terminaría ese día. A los 27 minutos, cuando iban 0 a 0, un apagón obligó al árbitro a suspender el juego, que se reanudaría al día siguiente, en la misma cancha. ¿El resultado final? Empate 2 a 2, con goles de Moyano e Irigoyen para el rojinegro, mientras que Villa y Bertoni marcarían para Argentina.

Días más tarde, la Selección seguiría su camino en el torneo: victoria 1 a 0 frente a Aldosivi, empate 2 a 2 con River y triunfo 1 a 0 ante Boca, para quedarse con el trofeo.