Gracias, decimocuarta edición

Luvia cae lentamente sobre mi (?), cantaba Enrique Iglesias, anticipando la versión 2017 del Encuentro Baldosero, el número 14, uno de los más húmedos de la historia. El Complejo Municipal Club Malteria Hudson fue nuevamente escenario de nuestra gran cita anual.

La cosa arrancó bien temprano en Constitución. Un grupo de más de 20 personas tenía la simple misión de tomarse el tren hasta Hudson, después de varios años de que ese servicio estuviera suspendido. ¡Por fin el Roca nos iba a dejar en el lugar del encuentro! Pero bueno, la suerte de En Una Baldosa: una falla eléctrica interrumpió el servicio y entonces hubo que tomarse el 129. Sí, señor, todos en bondi.

Ya en Maltería, con la lluvia en todo su esplendor y a la espera del parrillero oficial, los enfermos de siempre optaron por ponerse bajo techo jugar a la pelota como si no hubiese mañana. Hasta hubo una definición por penales que amenizó la llegada de las hamburguesas.

Y ya que hablamos de comida, hubo un hecho inédito en los encuentros: sobró. Sí, señor. Los encuentros de la abundancia. Tantos chicos en África con hambruna y acá se dan el lujo de desperdiciar alimentos.

 

El nivel futbolístico, como siempre, estuvo a la altura de la baldoseridad, como pueden observar en este pequeño extracto. Y no es que lo preparamos o elegimos el peor momento del Encuentro. Fue al azar. Tan solo alcanza con grabar con el teléfono durante unos segundos para llevarse un hermoso recuerdo.

Se jugaron varios partidos previos, pero el Staff entró en semifinales (como en la Libertadores de los 70’s), para derrotar fácilmente por 2 a 0 al Forito (hijos nuestro morirán). Ya en la final, la paupérrima labor del árbitro (que en el partido previo había pegado una artera patada a un chico de 15 años, olvidándose de que esto es para pasarla bien y no para hacerse el gracioso), desvirtuó un partido que en el resultado moral lo vio campeón al equipo dueño de casa (?).

Luego llegó el momento de los sorteos, donde entregaron varios elementos de primera necesidad, como remeras, gorras, cachaça made in Brasil y todo tipo de basura que teníamos en casa: ¡Hasta un cassette con los temas de USA ’94!

Sobre el fin de la jornada, un par de cristianos agarraron las hamburguesas que habían sobrado (unas 50) y se las llevaron para amortizar el viaje de vuelta y tal vez el mes entero. Al final, en África no están tan jodidos…

Gracias a todos por estar, nos vemos el año que viene.

Fotos del 14º Encuentro Baldosero:

Álbum de Gizz Bonavita.

Verón Iani

Iani Martín Verón (La Brujita)

No había forma de escaparle al destino. Apenas Iani Martín Verón asomó la cabecita en las infantiles de Estudiantes de La Plata recibió el mismo apodo que su padre Juan Ramón, la Bruja, le había heredado a su hermano mayor Juan Sebastián, la Brujita.

Nacido en La Plata el 21 de junio de 1986, el menor de la dinastía trató de esquivar el mandato familiar y a los 11 años colgó momentáneamente los botines. “De pibe me jodía que me tiraran la pelota y pensaran que tenía que hacer maravillas por portación de apellido”, admitiría después. Empezó a estudiar piano y más tarde intentó con el taekwondo, hasta que a los 15 volvió a la número cinco. Enseguida, estuvo a prueba en el Manchester United: “Estuve un tiempo con los juveniles. Un día entendí mal y caí en la práctica de la Primera. ‘Quedate’. No podía creerlo. Bajé la cabeza y corrí al lado de Seba”. Eso de andar colgado se le iba a hacer una costumbre.

Volante central o por derecha, Iani (Juan, en griego) tuvo que batallar bastante para ganarse un espacio en un plantel superpoblado. De la misma camada que Franco Armani, Leonardo Sánchez, Maximiliano Núñez, Marcos Pirchio y otros talentos desperdiciados como Jonathan Cejas, Juan Carpinello o Franco Bano, apareció en la Reserva a mediados de 2006, al mismo tiempo que la Bruja pegaba la vuelta desde Europa.

“Desde que vino el Cholo Simeone nos empezaron a llamar bastante seguido para entrenarnos con la Primera. Últimamente me tocó enfrentar a mi hermano. Él me tira un par de indicaciones, sobre todo porque debo mejorar en la marca. Y yo en cambio le tiro patadas”, reconocía en 2007. Y agregaba: “La mayoría me destaca que tengo la pegada parecida a mi hermano y a mi papá”.

Fueron ellos, Ramón y Sebastián, los que le contagiaron el veneno pincharrata. “Me muero por jugar un minuto en la Primera de Estudiantes. Es mi vida, mi ilusión más grande. Y ni hablar si puedo llegar a vivir esa experiencia al lado de Sebastián. Se me pone la piel de gallina. Soy muy autocrítico. Hace unos años no me lo tomaba en serio y era consciente de que me iba a ser difícil llegar. Pero hoy me tengo una confianza enorme. Quiero vivir de esto, crecer como jugador. Mejoré un montón, estoy empezando a sentir el esfuerzo”, admitía Iani, al que más de una vez se lo confundieron a causa de su peinado con Mambrú Angeleri.

Sin chances entre los profesionales, pasó a préstamo a Tristán Suárez (2007/08) en la Primera B Metropolitana y Juventud Unida Universitario de San Luis (2008/09) en el Argentino A. Regresó a la ciudad de las diagonales a mediados de 2009, cuando el conjunto de Alejandro Sabella se preparaba para la disputa del Mundial de Clubes en Emiratos Árabes. Semejante acontecimiento había obligado al León a cumplir sus compromisos del campeonato local en tiempo récord. Por eso, el 25 de noviembre, en medio de las fechas 15 y 16, el cuadro platense enfrentó a Colón de Santa Fe en un encuentro correspondiente a la última jornada.

Esa noche, Pachorra alineó a Damián Albil; Federico Fernández, Agustín Alayes y Marcos Rojo; Clemente Rodríguez, Juan Huerta, Matías Sánchez (84’ Roberto Birge), Raúl Iberbia y Leonardo Jara (45’ Juan Manuel Salgueiro); Maximiliano Núñez y Leandro González (80’ Jerónimo Morales Neumann). En el banco se quedaron César Taborda, Matías Sarulyte, Cristian Gaitán y la novedad: Iani Verón, que vio cómo sobre la hora con un zapatazo Federico Nieto les daba la victoria a los santafesinos.

Parecía, finalmente, la hora del despegue. Incluso, Sabella lo anotó con el número 29 en la pre lista de los que viajarían al Mundial, pero se quedó afuera al igual que Iberbia, Fernández, Jara y Gaitán.

A mediados de 2010, un combinado de suplentes y juveniles, dirigidos por Guillermo Trama, viajó a Inglaterra para disputar la Alex Sabella Cup ante el Sheffield United. Aquella acción derivó en la firma de un convenio de colaboración entre los argentinos, los ingleses y sus filiales alrededor del mundo. Como parte de ese acuerdo, cuatro futbolistas emigrarían en busca de oportunidades en el Viejo Continente. Los elegidos fueron Elian Parrino, Héctor Morales, Diego Auzqui y Verón, el único que no había viajado para ese partido. Finalmente, Pachorra retuvo a Auzqui, con el que contaba para el plantel profesional, pero les dio vía libre a los otros tres.

Parrino, el único con pasaporte comunitario, se sumó al Sheffield, mientras que Morales y Verón pasaron a otro club del mismo dueño (Esplanade Real Estate Ltd., del magnate Kevin McCabe), el Ferencváros de Hungría (2010). A diferencia de Morales, la Brujita actuó a duras penas en la Reserva y enseguida pegó la vuelta.

En 2011 lo esperaba un nuevo desafío: la Copa Libertadores con los colores del Jorge Wilstermann de Bolivia. El Aviador compartía grupo con Internacional de Porto Alegre (el campeón vigente), Jaguares de Chiapas y Emelec, y poco pudo hacer. Con 4 puntos, producto de un triunfo, un empate y cuatro derrotas, quedó eliminado en la primera fase.

Verón reincidió en eso de probar suerte en Europa en el segundo semestre de 2012, cuando se incorporó al Flacăra Făget del ascenso profundo rumano, pero tampoco logró hacer pie y rescindió su contrato en marzo de 2013.

Desde entonces, y después de haberse ofrecido a jugar gratis en el fútbol hondureño, de nuevo en nuestro país y más tatuado que la hija de Marcelo Tinelli, despunta el vicio a nivel amateur junto a sus amigos en los Búhos de Salem.

Todavía sigue tratando de levantar vuelo.

Voy Al Arco: Leonardo Massoni (2014)

Insólito lo que pasó durante la definición por penales en este partido correspondiente a la segunda ronda de la Copa Italia 2014/15 entre Modena y Monza.

Con la serie igualada en uno (pueden adelantar el video de arriba hasta el minuto 1:45), Andrea Beduschi tenía la chance de poner en ventaja al Monza. El tano, al mejor estilo Abreu, no tuvo mejor idea que picarla y gritarle el gol en la jeta al arquero rival. Terminó expulsado. Eso sí, 2 a 1 arriba.

Enseguida, el ghanés Boadu Maxwell Acosty lo empató para el Modena. Sergio Viotti, el uno del Monza, reclamó con el juez de línea y fue amonestado. Hasta ahí, nada raro. Unos minutos más tarde, luego de que Monza errara su tercera ejecución en los pies de Marco Perini, el uruguayo Pablo Granoche adelantó al Modena. Viotti se cabreó y reventó la bocha a la tribuna donde estaban los modenenses. Amarilla más amarilla es roja y se tuvo que ir a las duchas en plena definición.

Con la serie 3 a 2 para Modena, la responsabilidad recayó en el defensor Leonardo Massoni por duplicado. Primero, tendría la oportunidad de igualar parcialmente para Monza. ¿Qué hizo? La mandó a las nubes. Después, ahora como arquero, fue en busca de la redención. Y le salió bien porque se quedó con el disparo de Alessandro Gatto.

La fiesta no fue completa solo porque Igor Radrezza falló la quinta ejecución del Monza, dándole la clasificación al Modena, que terminaría eliminado en la cuarta ronda frente al Cagliari.

Mal Pase: Centurión al Anzhi (2013)

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Llevaba apenas un semestre en Primera División y podía convertirse en la venta récord de la historia de Racing. A comienzos de 2013, Ricardo Centurión era la nueva joya del fútbol argentino. Por eso lo vinieron a buscar de Rusia, una plaza poco habitual, pero muy atractiva en cuanto a lo económico.

El Anzhi Majachkalá, un equipo de la República de Daguestán que participa de la Premier rusa, venía pisando fuerte de la mano del multimillonario Suleimán Kerímov y quería otro lujo: había contratado a Roberto Carlos en 2011 y en ese 2013 contaba con Guus Hiddink en el banco y Samuel Eto’o en la delantera. Sólo por nombrar algunos.

El Wachiturro, por entonces, venía de una actuación decepcionante con la Selección sub 20, quedando afuera en la primera ronda del Sudamericano. Eso no detuvo el interés de los rusos, que hicieron una oferta de casi 8 millones de euros y entonces en Racing lo entregaron con moño. Acá tenés tu pasaje y nos vimos (?).

Así fue como Ricardo, que venía de estar en bermudas y ojotas, tuvo que abrigarse para caer en el crudo invierno europeo. ¿La intención? Cerrar el pase y volver a Racing para jugar un torneo más. Las cosas, sin embargo, no fueron tan sencillas.

En la revisión médica, los del Anzhi descubrieron una malformación en uno de sus tobillos y entonces cambiaron las condiciones: el jugador debía quedarse para someterse a una operación, rehabilitarse en el club y, por supuesto, no volver a la Argentina. Los rusos querían eso o nada. Más o menos como un secuestro extorsivo.

Unos días más tarde, Centurión volvió al país con la excusa de venir a arreglar unas cosas y regresar al Anzhi para operarse, pero eso nunca sucedió.

La transferencia se cayó y después de un torneo con altibajos, que terminó con Ricky puteándose por Facebook con los hinchas, se fue a préstamos al Genoa de Italia.

Trapasso: Las banderas de River para El Tolo

A todos los futboleros nos sucede, con seguridad, que hay ciertos ídolos, personajes, costumbres y/o instalaciones de nuestro club o selección, sobre los cuales no sentimos ningún afecto, cariño, empatía, reconocimiento o consideración ¿Y por qué razón? Lo primero que podríamos argumentar es que C´Est La Vie… Y, probablemente, esa sea la más valedera justificación.

También, puede haber ocurrido que nos hayan ofendido ciertas actitudes del protagonista en cuestión -tanto ínfimas como supremas o ambas- que logran ponernos histéricas, soporíferas e irritables, como hace una candente adolescente con el pibe que la desvirgó (?).

Ya expuesto el asunto, solo resta preguntarles a ustedes, hinchas de River Plate ¿Qué onda papi (?) con el Tolo Gallego?

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Américo Rúben Gallego llegó a River Plate en 1981, procedente de Newell´s Old Boys y con la medalla de campeón del mundo colgando del cuello. Mediocampista central aguerrido, vivo y kapanga del vestuario; con su nivel futbolístico mandó al banco a un prócer e hijo pródigo de la casa como Reinaldo Carlos Merlo. Además, ganó dos títulos domésticos y fue el primer capitán Millonario en levantar las copas Libertadores, Intercontinental e Interamericana… méritos suficientes como para ser amado por el resto de sus días ¿no?

Pero la cosa no terminó ahí. Una vez retirado de la actividad en 1988 y tras un breve paso como entrenador por las divisiones inferiores de La Banda, fue el primera guitarra del cuerpo técnico de Daniel Passarella (el bajo lo tocaba Alejandro Sabella) en el exitoso primer ciclo del Kaiser al frente de River Plate (1989/94). El Tolo, puertas adentro, ejercía como un balanceante personaje de comedia, entre lo libertario de Pachorra y lo milico del otrora Gran Capitán.

La gloria como director técnico le llegó a Gallego luego de ganar en forma invicta el Apertura ’94; torneo en el que dirigió al equipo en solitario por que sus compañeros de formula ya habían agarrado el timón de la Selección Argentina. Tras renunciar a la institución para acompañar a Daniel Alberto en el combinado nacional, llegaron las primeras miradas de reojo por parte del pueblo Millonario. Bah, en realidad eso y haber avalado la llegada del Inglés Carlos Lord Voldemort Babington al frente del primer equipo. No era para menos.

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Tras cuatro tumultuosos años coronados con el cabezazo de Ortega a Van der Sar y luego de un chaplinesco Mal Pase con el Betis de España, en febrero de 2000 Américo Gallego regresó al mando del primer equipo de River Plate de una manera sorpresiva y con demasiada baranda a opereta.

¿Por qué razones? Porque el entonces actual campeón Ramón Díaz fue “renunciado” 48 horas antes del arranque del Clausura; porque el exiliado en Colón de Santa Fe por el riojano, Hernán Díaz, ya había regresado a Capital luego de una sugerente tapa de la extinta revista Mística de Olé y porque el propio Tolo ya había realizado una entrevista con sesión de fotos para El Gráfico. Dolidos por un incondicional amor hacía El Pelado Díaz, ciertos hinchas de River tomaron nota de estas “sutilezas” y esperaron el momento oportuno para facturarlo. Tanto a la Comisión Directiva como al viejo nuevo entrenador.

La cosa, como era de esperar, se le pudrió al Tolo en mayo de 2000. Con buen paso e invicto en el torneo local y luego de ganarle por 2 a 1 a Boca Juniors el partido de ida de los Cuartos de Final de la Copa Libertadores, Gallego prosiguió hasta el hartazgo con un discurso soberbio, ególatra y narcisista, en principio destinado a generar el malestar en los rivales. Pero que se le volvió totalmente en contra cuando manifestó: “para estar en la bandera de Angelito y Ramón hay que satisfacer a los hinchas de otra manera”, dando a entender, quizás, que había que poner un diezmo (?) para que tu caripela sea inmortalizada con aerosol. ¿A vos te parece?

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A eso, en desmedro del Tolo, le prosiguió a los pocos días la hiriente eliminación de la Copa Libertadores por 3 a 0 frente a Boca (con la frase “si ellos ponen a Palermo yo lo pongo a Enzo” y el posterior muletazo del Loco, incluidos) y 96 horas después la pérdida del invicto por el torneo local con un tremendo e inolvidable zapatazo del peruano Juan José Jayo de Unión de Santa Fe que enmudeció al Monumental.

Más allá de aquellos resultados deportivos, el espectador neutral, si es que existe, sintió que algo se quebró para siempre entre Américo Rubén Gallego y la gente de River Plate. Los Millonarios, o gran parte de su gente, argumentaron que el entrenador no respetó la lírica historia futbolística de la entidad y que por eso el rival de toda la vida había llegado a Tokio. Por su parte, el entrenador no dudaba en echar las culpas de todo malestar a jugadores del plantel que no habían superado los 22 años, lo cual irritaba aún más a los hinchas de La Banda. ¿Qué es primero? ¿El descenso huevo o La Gallina? Es más, ganaron el Clausura 2000 con el trinomio Aimar/Ángel/Saviola y, al parecer, nadie, pero nadie, lo celebró.

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¿Y qué le siguió a todo eso? El histórico River Plate de Los Cuatro Fantásticos que perdió, insólitamente y como local, el torneo vernáculo frente a Boca por culpa del paraguayo Derlis Soto de Huracán. Un casi paro cardíaco que sufrió el entrenador en el Torneo de Verano de Mar del Plata 2001, cuando tanto hinchas de San Lorenzo como de River cantaron “se desmaya / El Tolo se desmaya” al ritmo de “It´s a Heartchade” de Bonnie Tyler. Y dos dolorosas orteadas por 3 a 0: la que los eliminó de la Copa Libertadores de 2001 frente al Cruz Azul de México y la que sufrieron frente a Boca en La Bombonera por el Clausura 2001, la tarde que nació El Topo Giggio.

Todo eso, amén de haber perdido dicho torneo con el paraguayo Derlis Soto de Huracán otra vez como verdugo y de haber soportado Gallego la humillación de que le saquen a medio cuerpo técnico y que las órdenes las diera el recién llegado Patricio Hernández mientras al Tolo lo exhibían, medio gagá, como a Juan Pablo II en su última etapa.

En medio de todo eso, muchas banderas en el estadio (además de la que ilustra este post) y tapas de periódicos que despotricaban contra el entrenador desde la misma interna del club. Una idolatría que debería ser incuestionable y que, sin embargo, Américo Rubén Gallego perdió por haberse ido de boca ¿De boca? No, muchachos, de Boca era Passarella y le contaba a la abuela como iba a matar a esas gallinas de mierda…

 

Etiquetas: Celtic y Rangers, la década tomada

¿Qué mejor manera de asegurarse la presencia en la foto del campeón de la liga escocesa que auspiciando en simultáneo las casacas del Celtic y el Rangers? Algo así deben haber pensado los capos de Marketing de las cervecerías Carling y Tennent’s, con católicos y protestantes dividiéndose la fiestita ininterrumpidamente desde hace más de 30 años (el último intruso fue el Aberdeen en 1985). Protagonistas desde 1888 del clásico de Old Firm, albiverdes y azules nos regalaron desde entonces algunas de las escenas más violentas del fútbol mundial.

Después de haber tomado caminos distintos en 1987, cuando Rangers abandonó CR Smith (sponsor de ambos desde 1984) para estampar la marca de la cervecería McEwan’s, los dos clubes más grandes de Escocia volvieron a coincidir en 1999, gracias a la compañía de televisión por cable irlandesa NTL. En 2003, la canadiense Carling vino por todo y se aseguró el espacio con un acuerdo que terminó extendiéndose hasta 2010. Y la profecía, como era de esperarse, no falló. Celtic fue campeón en 2004, 2006, 2007 y 2008, mientras que Rangers lo hizo en 2005, 2009 y 2010.

En 2010 la escocesa Tennent’s, aquella de los Tennent’s Sixes entre mediados de los ochenta y comienzos de los noventa, decidió que era hora de volver a invertir pesado y firmó un contrato hasta 2013 con ambos equipos, que se mantuvo incluso cuando Rangers perdió la categoría en 2012 por sus deudas con el fisco.

En 2013, ya con los ositos de peluche (así les dicen a los azules, posta) iniciando su arduo camino de regreso a Primera desde las profundidades del under, Rangers anunció un acuerdo con Blackthorn, una empresa productora de sidra. Enseguida, los albiverdes hicieron lo propio con Magners Cider, otra marca de la misma compañía.

Hoy, de nuevo en la elite del fútbol escocés, los dos cuadros son auspiciados por casas de apuestas online. Porque podrán pasar los años, pero llevarse puesto a alguno siempre será una fija.