Mal Pase: León al PSV Eindhoven (2004)

A mediados de 2004, Boca Juniors parecía empecinado en abrir mercados poco explorados, como el holandés. A los arribos del mediocampista Sebastián Rusculleda y el delantero Gastón Sangoy al Ajax B, se le sumó la llegada a prueba del defensor central Federico León al PSV Eindhoven.

Con apenas un partido en la Primera del Xeneize (ante Colón de Santa Fe, por la penúltima fecha del Apertura 2003), el juvenil de 19 años apareció acompañado de dos coreanos, An Sang-hyun y Lee Ji-nam. Según el director deportivo Stan Valckx, León era un viejo anhelo del equipo fundado para los empleados de la fábrica de las lamparitas incandescentes. Lastimosamente (?), tras varios días bajo las órdenes de Guus Hiddink, ninguno de los tres pasó el filtro.

De regreso en Argentina y sin lugar en Boca, León actuó largo y tendido en clubes como Almirante Brown y Aldosivi (incluso en Primera) y sumó pasos por Ferro Carril Oeste, Barracas Central y Sarmiento de Resistencia. En el exterior, vistió las camisetas del Elche Ilicitano, Málaga B, ambos de España, y Deportes Iquique de Chile.

¡Gino Clara a Huracán!

Antes de que algún hincha del equipo de Parque Patricios haga una locura al leer semejante título, es necesaria una aclaración: la eterna promesa del Globo no volvió al cuadro porteño. Como si el brote de hantavirus no hubiese sido suficiente para los chubutenses, el ex delantero del Colo Colo ahora juega para Huracán de Comodoro Rivadavia. Allí debutó este domingo (jugó los últimos 10 minutos) frente a la CAI, dirigida por el Cuqui Silvera, donde fue titular René Lima.

Se sabe que Zé Turbo dejó Newell’s y se fue a Nacional de Paraguay. Se sabe que la rompe en los entrenamientos. Se sabe que el Negro Gamboa no lo tuvo en cuenta para los partidos de la fase previa de la Copa Libertadores. Se sabe que los que sí estuvieron fueron el Pichi Erbes y Facundo Parra. A pesar de esto, Nacional ya fue eliminado. Se sabía…

Llegan más noticias desde el país del chipá y el tereré: Marcelo Cañete, quien en su momento fue llamado a ser el sucesor de Juan Román Riquelme, firmó con el Deportivo Capiatá. Hablando de glorias Xeneizes (?), el que tuvo un gran fin de semana fue Matías Marchesini: debutó como DT de Central Larroque con una victoria por 7 a 0 frente a Pueblo Nuevo, por la Copa Gualeguaychú. Cuidate, Alfaro (?).

Quedan pocos jugadores argentinos que hayan debutado en Primera División en el año 2000 o antes y que todavía corran atrás de una pelota. A este pequeño listado habría que ir tachándole un nombre: Martín Belfortti, que se encontraba jugando para el Europa FC de Gibraltar, fue suspendido por 5 años por arreglo de partidos. Tiene 37 años. Triste final de carrera para el ex Argentinos Juniors.

Otro jugador surgido de las inferiores del Bicho que aún trota las canchas es Pablo Barzola (35 años), quien se sumó al Fernando Cáceres FC. Hablando de veteranos, Nicolás Cabrera (34 años), compartirá plantel con Roberto Russo en Fomento Ringuelet, y Adrían Pocho De León (29 años) se sumó a Almafuerte de Las Rosas. El que por ahora no tiene equipo es Cristian Sánchez Prette (33 años), quien había sido inscripto por Cruz del Sur de Bariloche pero fue dado de baja ya que los dirigentes desconfiaron de su estado físico.

Pero no todas son malas noticias en el Under Baldosero: la alegría del mes vino de la mano de Leandro Lázzaro, figura y goleador en la Liga Lobense, donde Provincial derrotó en las finales a EFIN de Navarro, equipo para el que juegan Diego Armando Barrado y Juan Caracoche, ex defensor de Independiente, quien a los 31 años luce de esta manera:

Confirmado: haber vivido en la pensión del Rojo, te arruina la vida.

Caicedo Juan Fernando

Juan Fernando Caicedo Benítez (Sorongo)

La espectacularidad de su apodo lo convirtió en estrella incluso antes de pisar suelo argentino. El anuncio de su contratación fue trending topic en uno de esos intrascendentes partidos de verano que nadie sabe para qué se juegan. Negro, goleador, dueño de un aspecto que metía miedo y con un sobrenombre increíble, el delantero colombiano Juan Fernando Caicedo estaba predestinado a ser el nuevo Palomo Usuriaga. Necesitábamos verlo aterrizar en Ezeiza, entrenando en Domínico, ya.

Nacido en Chigorodó el 13 de julio de 1989, el muchachito era la gran apuesta del Tolo Gallego para un Independiente (2013) que necesitaba goles y estaba con la soga al cuello con el tema de los promedios. De entrada, llamaba la atención por una cualidad física: tiene una pierna más larga que la otra. “No sé cuántos centímetros tengo de más, pero ya me acostumbré. Siempre me han molestado, claro. Me dicen cojo y esas cosas. Pero lo primordial es anotar”, repetía ante los medios. Mal no le iba.

Los antecedentes se prestaban a la ilusión. Había debutado en el ascenso cafetero con los colores de Centauros Villavicencio (2008/09) y enseguida despertó la curiosidad del Cortuluá (2010) de la Primera División, que se lo llevó a préstamo. Sin embargo, pasó sin pena ni gloria y regresó al Centauros (2010). De ahí saltó al Deportes Quindío (2011 a 2012), donde explotó después de recuperarse de una fractura de tibia y peroné ¡que sufrió jugando un picadito con amigos y familiares!, y también de donde se fue mal, alegando cuestiones personales.

En conflicto con el Quindío, dueño de su ficha, entre diciembre de 2012 y enero de 2013 vivió dos meses a todo ritmo. Primero se probó en el Atlético Nacional, que le bajó el pulgar por su problema contractual. Enseguida, fue anunciado como refuerzo de los Gallos Blancos del Querétaro mexicano, que lo descartaron por el mismo motivo. Semanas más tarde, fue presentado y hasta posó con la camiseta del Danubio uruguayo, pero las complicaciones con su pase terminaron anulando el acuerdo. Y así cayó en Avellaneda.

Luego de sumar minutos en el arranque del campeonato ante Newell’s (1-3), Vélez (1-0, Cristian Tula), Racing (2-0, tantos de Leonel Miranda y Jonathan Santana) y Arsenal (0-1), agarró la titularidad en la fecha 5, conformando una olvidable dupla del terror con el heptacampeón de América Luciano Leguizamón: un gol en 4 partidos. Para colmo, lo hizo Claudio Morel Rodríguez. Así desfilaron Godoy Cruz (0-1), Quilmes (0-0), Boca (1-1) y All Boys (0-2).

El morocho no la metía ni de casualidad. A esa altura, los hinchas pedían que Sorongo terminara como el Palomo. Claro que ninguno de sus compañeros de ataque le sacaba ventaja: ni el Tecla Farías ni el propio Leguizamón marcaron en todo el torneo.

El Tolo pegó el portazo luego de un 1-1 con Unión de Santa Fe (tanto del juvenil paraguayo Adrián Fernández), por la jornada 9, y enseguida fue reemplazado por Miguel Ángel Brindisi, que debutó con un cachetazo: 0-2 ante Atlético de Rafaela.

Fue con Miguelito que Sorongo mostró su mejor versión. Frente a Argentinos Juniors (fecha 11), tuvo una de sus mejores tardes: apenas 45 minutos le alcanzaron para aportar lo suyo (velocidad y gambetas) en la victoria por 3 a 1, con goles de Leonel Galeano, el Rolfi Montenegro y Adrián Fernández.

Fernández – Caicedo fue, al menos por un rato, la dupla que ilusionó al Rojo con la permanencia. Arrancaron ante Tigre (2-0, doblete del guaraní), siguieron en el 0-0 contra Lanús, el 3-1 a San Martín de San Juan (los únicos dos goles de Caicedo en Argentina, Fernando Godoy había hecho el primero) y otros dos 0 a 0, frente a Belgrano de Córdoba y Estudiantes de La Plata, en el que el colombiano salió lesionado a los 73 minutos. Ese sería su último partido.

El descenso de Independiente, que a pesar de su falta de capacidad goleadora (hizo 16 en 19 encuentros) estuvo lejos de hacer un mal torneo (terminó 12°), quedó sentenciado dos semanas después, el 15 de junio de 2013, luego de la derrota por 1 a 0 ante San Lorenzo en la penúltima fecha.

Si bien Brindisi le había asegurado a Caicedo que iba a contar con él para la temporada 2013/14 de la B Nacional, Sorongo prefirió tomarse el palo antes de que lo deportaran. De nuevo en su tierra natal, dio asco con la camiseta de otro Independiente, el de Santa Fe (2013/14).

Todo cambió en el segundo semestre de 2014, cuando se sumó al Atlético Huila, donde quedó segundo en la tabla de pichichis del campeonato (metió 14 en 21 presentaciones), solo detrás del argentino Germán Cano, al que terminaría reemplazando en Independiente Medellín (2015 a 2018).

En el popular DIM tuvo una presentación inolvidable y, a pesar de un inicio irregular, no defraudó. A lo largo de cuatro temporadas, convirtió 47 goles en 180 partidos, conquistó el torneo Apertura de 2016, y se ganó el corazón de los hinchas, que terminaron exigiéndole al técnico su presencia entre los titulares.

Allí se mantuvo hasta hace algunas semanas, cuando se confirmó su traspaso al New England Revolution de la Major League Soccer. ¿Un colombiano metiéndola en Estados Unidos? Nada nuevo.

Nayar Sebastián

Sebastián Ricardo Nayar (el Oso)

¿Cuántas malas decisiones puede tomar un ser humano a lo largo de su vida? ¿Cuántas veces se puede tropezar con la misma piedra? Si se tratara de una categoría de los récords Guinness, lo de Sebastián Nayar sería cosa seria.

Todo empezó en 2008. Mientras se preparaba para el encuentro de vuelta por los cuartos de final de la Copa Libertadores contra el Atlas mexicano, Boca Juniors (tercero en la tabla) trataba de no perderle pisada al líder Estudiantes de La Plata en el torneo local. Por la fecha 15 del Clausura, en La Bombonera, el Xeneize recibía a Racing con un rejunte de suplentes y juveniles.

Aquella tarde de mayo, el Pelado Carlos Ischia mandó a la cancha a Pablo Migliore; el uruguayo Álvaro González, Facundo Roncaglia, Gabriel Paletta y Luis Ibáñez; Pablo Ledesma, Sebastián Nayar, Neri Cardozo y Leandro Gracián; Pablo Mouche y Mauro Boselli. En el banco esperaban su oportunidad Javier García, Juan Forlín, Jonatan Maidana, Cristian Chávez, Exequiel Benavídez, Lucas Viatri y quien terminaría siendo la figura del partido, Ricardo Tito Noir.

Para Sebastián Nayar, un mediocampista central surgido de la categoría ’88 de las divisiones inferiores del club de la Ribera, era su debut absoluto en el primer equipo. Un año antes, en un contexto similar, en medio de las finales de la Libertadores 2007, había ido al banco de suplentes en la última fecha del Clausura, ante Lanús. Frente a la Academia, el juvenil disputó 64 minutos hasta que le dejó su lugar al Pochi Chávez, y mostró algunos destellos interesantes. Siete días más tarde, contra Vélez, reapareció en la banca, pero se quedó con las ganas de entrar.

Pocas semanas después, su nombre volvería a estar entre los titulares. Pero de los diarios. No porque fuera a ser parte de la pretemporada de la Primera de Boca, sino porque apareció en España, dispuesto a firmar contrato con el Recreativo de Huelva (2008/09), en condición de jugador libre.

“Me gustaría haberme quedado y demostrar que puedo ser el número ‘5’ del equipo, pero es una gran oportunidad y los trenes sólo pasan una vez y hay que subirse”, decía por aquel entonces. “En enero tuve una opción de marcharme y Boca no me dejó. Después, llegó una oferta de Holanda (del AZ Alkmaar) y el club me tasó en seis millones de dólares, un precio muy alto para un jugador que sólo ha disputado un partido”, agregaba.

Su contrato había vencido el 30 de junio de 2008 y Boca alegaba ante la FIFA que el chico había firmado una prórroga hasta 2012, a lo que Nayar esgrimía que le habían falsificado la firma. Tras varias idas y vueltas, y antes de la definición del TAS, Recreativo le pagó al Xeneize un millón de dólares para obtener su pase y todos contentos. O casi.

Sin embargo, la experiencia del Oso en el fútbol español estuvo lejos de ser buena. Apenas un año después de su arribo, lo dejaron libre por reiteradas muestras de indisciplina (multas por sobrepeso, por llegar tarde, por enfrentamientos con el entrenador –“es el peor que tuve en mi vida”, dijo sobre Lucas Alcaraz– y compañeros, entre otros). En el medio, disputó 579 minutos diseminados en 14 encuentros y su equipo se fue a la B. Completito.

“Con el antecedente de Oscar Trejo, que se había ido al Mallorca y a la cuarta fecha ya había logrado la habilitación para jugar en España, me animé. Fue un error, porque me estafaron, estuve sin jugar hasta la fecha 14, me falló la gente que me llenó la cabeza, tuve que viajar dos veces a los tribunales del TAS en Suiza, una vez quedé varado solo en Ginebra por la nieve… Fue de terror. Pero uno se da cuenta de eso cuando va creciendo y conoce a la gente. De Boca me llamaban Pedro Pompilio y José Beraldi, para que volviera, pero ya había firmado con Recreativo y no quería más problemas de los que ya tenía”, reconocería varios años más tarde.

A comienzos de 2010 se sumó al Deportivo Cali de Colombia a préstamo por una temporada. “Hemos decidido que las bonificaciones que recibirá el jugador en junio y diciembre estarán sujetas a su buen comportamiento en el equipo. Sebastián es un jugador muy joven, y si lo sabemos llevar en el Cali, podremos disfrutarlo largo tiempo”, se ilusionaba Ernesto Roa, directivo del cuadro caleño que impulsaba su fichaje.

En su debut, en un amistoso a beneficio de las víctimas del terremoto en Haití ante el América de Cali, Nayar se lesionó la rodilla y tuvo que ser operado, por lo que perdió terreno en la consideración del técnico Jorge Luis Bernal. En mayo, con apenas un puñado de minutos oficiales, quedó libre, en medio de otro escándalo. “El pago de la prima (unos 100 mil dólares) se debía hacer por mi comportamiento y mi peso, pero yo estoy bien de peso y no he tenido problemas de indisciplina”, argumentaba el argentino, que además denunciaba una persecución en su contra.

Los que no estaban muy de acuerdo eran los dirigentes: “Yo estoy ajustado a lo que dice el contrato, que la prima es por rendimiento y él está lesionado. No tengo reportes de indisciplina sobre Nayar, pero sé que un día lo fueron a visitar a la una de la mañana y no estaba en su casa”, arremetía Fernando Marín, el vicepresidente del club. El que terminó pagando los platos rotos fue Ernesto Roa, que en 2012 fue suspendido por cinco años por supuestas irregularidades en las contrataciones de Nayar y Gonzalo Cabrera, otro argentino ex Boca que pasó con más pena que gloria.

En septiembre el Oso llegó a México con la difícil misión de reemplazar a Santiago Solari en el Atlante (2010). “En Cancún hace mucho calor. Vengo de jugar en climas extremos, en Huelva y Cali, pero aquí hay mucha humedad y eso lo hace todo más pesado, aunque estoy seguro de que me voy a acostumbrar”, tiró en su presentación. Otra vez su condición física le jugó una mala pasada y en diciembre rescindió su vínculo, sin haber debutado oficialmente y con tan solo 3 encuentros con la Sub 20.

De nuevo en Argentina, enfiló para Mar del Plata y se incorporó a Aldosivi (2011) para disputar la B Nacional. Fueron apenas 11 partidos antes de repetir la historia de siempre. Después de trenzarse a golpes con sus compañeros Laureano Tello y Martín Cabrera en un entrenamiento, se marchó del Tiburón.

Otra vez en España, para estar cerca de su esposa y su hijo, apareció actuando ¡en un equipo formado por bomberos! que participaba en un campeonato aficionado de Huelva. No era la primera vez que hacía algo de ese estilo, claro. En 2009, tras su salida del Recreativo, había estado entrenando con el Ayamonte de la tercera división.

Tuvo que pasar bastante tiempo para volver a verlo en una cancha profesional. En octubre de 2012 se sumó al Orihuela de la Segunda B (el equivalente a nuestra querida B Metropolitana) y no le quedó otra que sincerarse: “Necesitaba regresar al fútbol español y Orihuela es el único club que me ha dado la oportunidad. Voy a intentar no defraudar aportando todo lo que sé en el terreno de juego para tratar de llevar a este equipo al ascenso”. ¿Cómo le fue? Pésimo. Disputó solamente 7 encuentros y le dieron el olivo. Por lo menos ya no estaba ahí cuando se fueron al descenso.

En enero de 2013 apareció en el San Roque de Lepe, donde se puso reflexivo y analizó por primera vez su escandalosa salida de Argentina. “Irme de Boca fue el peor error de mi vida… Si sabía lo que iba a vivir estos cinco años, no hubiese tomado esa decisión ni loco”, confesaba. “Con Boca siempre había chocado por temas de dinero. Cobraba 1000 pesos, más los 400 por partido ganado en Reserva, y vivía en un monoambiente con mi hermano. Cuando le pedí al club que me ayudara para pasar a algo más grande me dieron la espalda. Encima me robaron el auto que me había dado mi representante. Y exploté contra Boca, contra el país, contra todo… Era un pibe inmaduro. Y mal asesorado”, reconoció.

Tras varias temporadas dando vueltas como un gitano, pareció encontrar su lugar en el mundo en el fútbol griego. Con el Kerkyra (2013 a 2015) obtuvo el ascenso a Primera y repitió con el Larisa (2015/16), donde su temperamento le volvió a jugar en contra. Se despidió en 2016, luego de apenas 13 minutos con la camiseta del Panegialios.

Los últimos años estuvo nuevamente haciendo y deshaciendo valijas a lo loco en ligas europeas de bajísimo perfil. El 2017 lo dividió entre el Floriana de Malta, donde se reencontró con el ex Boca Enzo Ruiz y fue campeón de la Copa Maltesa, y el Lincoln Red Imps de la imponente liga ¡de Gibraltar! En 2018 regresó a Malta para ponerse otra vez la casaca del Floriana y desde julio defiende los colores del siempre candidato Hamrun Spartans.

Sara atajando con la 2 del Cata Díaz (2016)

Ver a un arquero atajando con una camiseta de jugador de campo es una moda que nació en los 90, con el mexicano Jorge Campos, y que se instaló en los 2000, sobre todo en el fútbol argentino, con referentes como Franco Costanzo en River o Cristian Lucchetti en Banfield.

Años más tarde, aquella tendencia retornó de manera accidental y con un agregado que transformó el caso en algo muy especial.

El 27 de enero de 2016, Boca y Estudiantes se enfrentaron en Mar del Plata en uno de los tantos amistosos de verano. El Xeneize salió a la cancha vestido de amarillo, mientras que el Pincha se puso camiseta y pantalones negros, con medias rojas. Hasta ahí todo bien, salvo por el detalle de que la indumentaria negra se confundía con la ropa de Guillermo Sara, el arquero boquense, que estaba de All Black (?). Y ahí hubo que improvisar.

El árbitro advirtió la similitud en las prendas y ordenó al ex Rafaela a cambiarse el buzo, pero los utileros solo le habían preparado otra casaca amarilla con el 1, igual que la del resto de sus compañeros. Seguían en la misma.

Fue entonces cuando tuvieron una idea brillante (?): ponerle a Sara una camiseta titular. ¡Buenísimo! Pero, ¿y el dorsal? No había casaca azul y oro con el 1 en la espalda, así que le dieron ¡la 2 del Cata Díaz! Aunque taparon con cinta el nombre. ¿Fibronazo, sos vos?

Con Sara en el arco, pero usando la camiseta de un compañero que ni siquiera estaba entre los convocados, Boca perdió 2 a 0 y sumó un lindo capítulo a la historia de su indumentaria.

Gutiérrez Fernando

Fernando Ezequiel Gutiérrez (Guti)

“Por suerte se fue”. Corto, directo y cruel, el mensaje de Leonardo Carol Madelón no tenía otro destinatario que Fernando Ezequiel Gutiérrez, un mediocampista por derecha que había debutado en la Primera de San Lorenzo a fines de 2010, de la mano de Ramón Díaz. Por entonces, corrían los primeros días de un 2012 que encontraba al Ciclón con la soga al cuello, muy comprometido con el promedio.

Surgido de la categoría ’89 de las divisiones inferiores de Boca Juniors, donde llegó hasta la Reserva, Gutiérrez se había convertido en una especie de rueda de auxilio durante los meses anteriores. Luego del estreno en la fecha 19 del torneo Apertura 2010, ante Banfield, donde jugó 77 minutos hasta que fue reemplazado por José San Román, había tenido que esperar bastante para encontrar nuevas oportunidades.
 
 
Fue el Turco Asad el encargado de recuperarlo en el Apertura 2011: primero lo mandó al banco de suplentes y le dio minutos contra Racing (¡como lateral por izquierda!) y Banfield. El pibe respondió con buenas actuaciones y enseguida se ganó la titularidad, que mantuvo con Madelón en la recta final del campeonato. En total, en aquel torneo redondeó 10 presencias y no marcó goles.

De cara al 2012, Gutiérrez iba a ser uno de los pilares de San Lorenzo tras una depuración de plantel. Todos lo esperaban para arrancar la pretemporada, pero nunca se presentó. Recién apareció un puñado de días después ¡en México!, cuando firmó contrato para defender los colores de Estudiantes Tecos. Y así comenzó el fuego cruzado entre Buenos Aires y Guadalajara.

“Nosotros no tenemos ninguna noticia, nos estamos enterando ahora igual que los medios. Sabíamos que había un problema desde el momento que no vino a la pretemporada, pero llamamos a él y a su representante y no nos atienden”, decía el vice del Ciclón, Jorge Aldrey. Desde México, el jugador acusaba a Madelón de haberle dicho que le iba a “cortar la carrera”: “Me llamó Madelón y me preguntó si me iba a presentar a entrenar y yo le dije que no. Entonces, él me dijo que me iban a cortar la carrera, y eso para mí no le correspondía al técnico, sino a los dirigentes, así que ahora estoy tranquilo y voy a dar lo mejor para Tecos”, argumentaba el juvenil.

“Yo siento que hice las cosas bien, yo le demostré al club que le podía dar de todo, y después con el mes que tuvieron para renovarme no me sentí tan importante y es más, ellos siempre estuvieron comunicados con mi representante y no se movieron lo suficiente para que yo me quedara en el club”, repetía. En lugar de intentar calmar las aguas, Madelón le echaba más leña al fuego: “No amenacé al chico que se fue sin decir nada. Lo llamé para que se entrene con nosotros. Gestionamos que él renueve contrato, estuvimos un mes viendo el tema con su representante, pero, de un momento a otro, no vino más”. Pocas horas después, el DT cerraría el tema de la forma más hiriente: “Por suerte se fue porque tener a una persona así, que te puede abandonar en cualquier momento, puede ser catastrófico para nosotros. El de arriba lo puso en el camino para que se vaya, porque podía fallar en otro momento que hubiera sido irreversible. Por suerte no está”.

¿Cómo le fue a Guti en Tecos? Mal, por supuesto. Jugó poco y encima descendió. Para colmo, lo sancionaron por participar de un picadito con amigos cuando estaba volviendo de una lesión y lo mandaron a entrenar con la sub 20. Era la continuidad de una serie de actos de indisciplina que lo iban a perseguir por el resto de su carrera.

De regreso en Argentina, logró repuntar con los colores de Olimpo de Bahía Blanca en la B Nacional (2012/13). En el sur, fue titular indiscutido y uno de los puntos altos del equipo que obtuvo el ascenso a Primera de la mano de Walter Perazzo.
 

Sin embargo, ante la chance de mostrar su clase en el fútbol de los domingos de nuestro país, eligió emigrar. Su rendimiento en el cuadro bahiense le abrió nuevamente las puertas del mercado internacional y cruzó la cordillera para unirse al O’Higgins (2013/14), dirigido por Eduardo Berizzo. Allí se consagraría campeón del torneo Apertura 2013 y volvería a ser noticia por cuestiones ajenas a su juego. En marzo de 2014, junto a su compatriota Alejandro López, llegó tarde a un entrenamiento (algunos dijeron que en estado de ebriedad) y al Toto no le quedó otra que separarlo del plantel.

Desde entonces, ya con el mote de “pendenciero” bien ganado, trató de hacer pie en el ascenso local, sin demasiado éxito. Primero vistió las camisetas de Patronato (2014) y Los Andes (2015) en la B Nacional y en 2017 bajó hasta el Federal B para sumarse a Deportivo Achirense.

El primer semestre del último año lo encontró haciendo de las suyas en Municipal Limeño (2018) de El Salvador. ¿De fútbol? Poco y nada. ¿Termeadas? Y, alguna que otra…