Mal Pase: Denílson a Newell’s y River (2007 y 2008)

A mediados de 2007, el nombre de Denílson, campeón mundial con Brasil en Corea/Japón 2002, sonó con fuerza en el mercado de pases del fútbol argentino. Libre tras su salida del Al-Nassr de Arabia Saudita (2006/07), el jugador más caro del mundo en 1997 coqueteó con Newell’s Old Boys y, según medios locales, hasta llegó a reunirse con Eduardo López, el presidente del Leproso, y Hugo Promanzio, un intermediario que en su momento había acercado al defensor Ricardo Rocha y al delantero Mário Jardel.

Caída la chance de sumarse al cuadro rosarino, Héctor Enrique lo ofreció a River Plate, aunque el entrenador Daniel Alberto Passarella desestimó su contratación, y el brasileño terminó en el FC Dallas de Estados Unidos.

Sin embargo, seis meses más tarde, el Millonario buscaba desesperadamente un volante por izquierda y, en medio de la danza de nombres, un agente FIFA volvió a sugerir al paulista. Esta vez, la idea entusiasmó a unos cuantos. El propio José María Aguilar se encargó de confirmarlo: “Hay muchas ofertas en este mercado. Y a River le llegan un montón por día. Ya nos pasó con los técnicos que nos ofrecían permanentemente y a montones, y esto es igual. En ese contexto, un agente FIFA reconocido por River nos ofreció a Denílson”.

La decisión ahora quedaba en manos del nuevo DT, Diego Pablo Simeone, que no parecía muy convencido del pasado reciente de Denílson Show y pidió ver algunos videos para evaluar cómo estaba física y futbolísticamente. Al final, y pese a su intención de jugar en Argentina, el brasileño terminó actuando en buen nivel en el Palmeiras, donde conquistó el campeonato estatal de 2008.

Resaca: el spa cervecero del islandés Aron Gunnarsson

No tenemos ni la más puta idea de si existe el paraíso, pero en caso de que sí, debe ser lo más parecido a Islandia por estos días. Y no es que nos guste la música de Björk (ndr: quien escribe estas líneas preferiría mutilarse un testículo antes que escuchar uno de sus discos), quizás su máxima celebridad. Desde la Eurocopa del año pasado, cuando dieron el batacazo y dejaron en el camino a Inglaterra en los octavos de final, a la reciente clasificación directa para Rusia 2018, su primer Mundial, parecen ser todas buenas noticias.

Hace algunos meses, Árskógssandur, un pueblito remoto en el norte del país, a unos 400 kilómetros de la capital Reykjavík, celebró la apertura de Bjórböðin. Se trata del primer spa cervecero de Islandia, ubicado en un terreno lindero a la fábrica de la birrería Bruggsmiðjan, dueña de la marca Kaldi.

Uno de los accionistas de este emprendimiento, algo bastante común en países como República Checa, es nada más y nada menos que Aron Einar Gunnarsson, el capitán de la selección islandesa de fútbol. Un borrachín divino al que le fallan un par de cables y que juega como mediocampista en el Cardiff City galés.

Bjórböðin cuenta con siete bañeras (con capacidad para una o dos personas) llenas de cerveza, agua, lúpulo y levadura, y dos jacuzzis al aire libre con una vista de la concha de la lora espectacular. Obviamente, no se puede tomar su contenido (creemos que nadie sería capaz de hacerlo). Pero está todo pensado, eh: cada una está equipada con su propia chopera.

Los baños duran 25 minutos e incluyen otros 25 de tratamientos a base de cerveza. Todo esto a partir de los 50 dólares. Según el website del Bjórböðin, bañarse en birra “tiene un efecto extremadamente poderoso entre el cuerpo y la piel. Este tratamiento es a la vez para la limpieza de la piel y muy positivo para la salud”.

Skál!

Etiquetas: Deportivo Español con Bieckert (1984 a 1994)

Fundado el 12 de octubre de 1956, el Club Deportivo Español vivió su momento de gloria en la década del 80, cuando llegó a contar con más de 25 mil socios y regresó a Primera División tras 18 años de ausencia.

Es imposible hablar de la época dorada del cuadro de la colectividad española sin mencionar a su presidente más famoso, Francisco Ríos Seoane, el Jesús Gil y Gil de esta parte del mapa, y sin recordar aquella mítica camiseta con el sponsoreo de la cervecería Bieckert, que estampó su marca entre 1984 y 1994.

Amado u odiado, pero jamás indiferente, Ríos Seoane llegó al poder en 1978 y solo lo abandonó en 1996. En el medio, fue una pieza clave para la inauguración del estadio España en febrero de 1981 y su posterior ampliación en 1996. También se hizo conocido por mandar a prender fuego vivo al dirigente opositor Ignacio Torres, ser detenido cuando se quería escapar en lancha a Uruguay o alegar demencia para no terminar sus días en prisión. Situaciones con los que se enfrenta cualquier hijo de puta vecino.

En 1984, con el logo de Bieckert (que en 1986 sería comprada por Ríos Seoane a la alemana Henninger) en el pecho, Español fue una maquinita: le sacó 16 puntos de ventaja a Racing Club y volvió a Primera, donde había actuado por única vez en 1967. Dirigidos por la dupla técnica de Oscar López y Oscar Caballero, en ese equipo brillaron, entre otros, Pedro Catalano, Guillermo Zárate, Norberto D’Angelo, Héctor Clide Díaz, Lorenzo Ojeda, Julio Crespo, Luis Alberto Correa, Fernando Donaires, César Lorea, Luis Moreno y el Puma José Luis Rodríguez.

Al año siguiente, en 1985, los gallegos realizaron la mejor campaña de la historia de un recién ascendido hasta entonces (Rosario Central los superaría luego con el título de la temporada 1986/87): fueron segundos junto a Newell’s Old Boys, detrás de River Plate, hecho que los clasificó a la Liguilla Pre Libertadores, algo que igualarían en 1989, 1990 y 1992.

En la 1988/89, con 68 puntos, Español fue tercero detrás de Independiente y Boca Juniors. También peleó arriba en el Clausura 1992 cuando, al igual que Vélez Sarsfield, terminó a dos unidades de Newell’s. En ese equipo se destacaban el uruguayo Charly Batista, Daniel Ergo, Marcelo Caviglia, Walter Parodi y un jovencito Pablo Michelini.

Ese mismo año, se dio el gusto de participar por primera vez de un certamen internacional, la Copa Conmebol, ocupando la plaza que había sido rechazada por Boca Juniors. Tras eliminar a Vélez Sarsfield en los octavos de final, el Gallego cayó por penales en cuartos ante Olimpia de Paraguay. Repitió en 1993, esta vez por el sexto puesto en la tabla general de la temporada 1992/93, aunque no pudo superar la hazaña. Se quedó afuera en octavos frente al Sportivo Luqueño paraguayo.

En 1994, a través de su empresa Estrella de Galicia, Ríos Seoane vendió Bieckert a la bodega Peñaflor y la marca cedió su espacio para el ingreso de Medicorp, recordada por estampar su logo en la camiseta de España.

Fue el principio del fin.

Voy Al Arco: Harry Kane (2014)

Difícilmente Harry Kane pueda olvidar la noche del 23 de octubre de 2014. En el White Hart Lane de Londres, Tottenham Hotspur goleó 5 a 1 al Asteras Tripolis griego en un duelo clave por la tercera fecha del Grupo C de la Europa League 2014/15 con un hat-trick suyo y un doblete de Erik Lamela (uno de rabona).

El descuento del Asteras llegaría sobre la hora y por intermedio de otro viejo conocido nuestro: Jerónimo Barrales, que la mandó a guardar de tiro libre, ante un improvisado… Harry Kane. ¿Cómo? Sí, el delantero inglés había tomado la posta dos minutos antes, tras la expulsión del francés Hugo Lloris, y no le puso mucha resistencia al remate de ex Banfield y Huracán, que se le coló mansito por debajo del cuerpo ante la incrédula mirada de los espectadores.

Con esa victoria, el Tottenham logró enderezar un camino que había arrancado torcido con dos empates consecutivos (Beşiktaş y Partizan, que completaban el grupo), mientras que el cuadro griego sumaba 4 unidades, producto de un empate ante los turcos y un triunfo frente a los serbios.

Chapitas: Sócrates

Dicen los que siguieron su trayectoria de cerca que el Doctor apenas fue profesional una sola vez en la vida: en 1982, en las vísperas del Mundial de España, el primero que disputaría con la casaca verdeamarelha.

Antes y después, Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, el hijo de Guiomar y Raimundo, el hermano de Sóstenes, Sófocles, Raimundo filho, Raimar y Raí (que brilló en São Paulo y PSG, y campeón del mundo en 1994), fue una especie de talento desperdiciado. Un jugador de una técnica e inteligencia pocas veces vista, no muy afecto a los entrenamientos, y obsesionado por dos tentaciones que lo persiguieron durante toda su carrera: las mujeres y la cerveza.

Nacido en Belém de Pará, al norte de Brasil, en febrero de 1954, debutó 20 años más tarde, alternando entre volante por derecha y atacante, en Botafogo de Ribeirão Preto (1974 a 1978), en el interior de São Paulo, donde su familia se había mudado durante su infancia debido al empleo de su padre.

Con la camiseta tricolor del Fogão rápidamente empezó a demostrar que la cosa iba en serio, incluso dando ventajas: muchas veces se perdía los entrenamientos porque Seu Raimundo lo había obligado a priorizar sus estudios de Medicina. Más de una vez llegó sobre la hora a un partido y tuvo que hacer un escándalo en la puerta para que lo dejaran pasar.

Ya recibido, en 1978, fue transferido al Corinthians (1978 a 1984), uno de los clubes más populares del país, donde no tardaría en convertirse en ídolo. En el Timão se reencontraría con un viejo conocido, Geraldão, aunque sus días de gloria los vivió al lado de Palhinha y Walter Casagrande, su gran compañero de noches, con el que conformó una dupla tóxica.

Enseguida, en 1979, llegarían sus primeras convocatorias para la selección nacional, dirigida por Cláudio Coutinho. Esa misma temporada, Sócrates conquistaría su primer título importante con la camiseta del Corinthians: el campeonato paulista, eliminando en semifinales al máximo candidato, el Palmeiras de Telê Santana.

En 1982 se preparó físicamente como nunca para el Mundial de España. En la primera fase, Brasil avanzó con puntaje ideal frente a la Unión Soviética, Escocia y Nueva Zelanda, pero en la segunda ronda no pudo hacer pie ante Italia, tras dejar en el camino a la Argentina de un tal Diego Armando Maradona. Cuentan los que lo conocieron que nunca lo vieron tan triste como después de aquella recordada derrota por 3 a 2 ante los tanos.

De regreso en Brasil, sumergido en una cruenta dictadura militar desde 1964, Sócrates se convirtió en uno de los emblemas de la lucha por la democracia, dentro y fuera de la cancha. En el verde césped, de la mano de la Democracia Corinthiana, un movimiento liderado por el sociólogo Adilson Monteiro Alves, Wladimir, Walter Casagrande, Zenon y el propio Sócrates, que generó una verdadera revolución.

Decisiones como la contratación de jugadores o entrenadores, la necesidad de concentrar o no antes de los partidos, o la posibilidad de zafar de una gira si un futbolista recién comenzaba un noviazgo eran discutidas entre todos, plantel y cuerpo técnico. Aquel Corinthians fue reconocido por su valentía, por ejemplo, para salir a la cancha y jugar con camisetas con leyendas como “Día 15 vote” (en referencia a las elecciones para gobernador, senadores y diputados del 15 de noviembre de 1982, las primeras por voto popular en 20 años) o banderas como “Ganar o perder, pero siempre con democracia”. Los resultados deportivos también acompañaron: el Timão fue bicampeón estatal en 1982 y 1983.

En abril de 1984, un acto en el Vale do Anhangabaú, en pleno centro de São Paulo, convocó a más de un millón y medio de personas. Pedían que el Congreso Nacional aprobara una enmienda constitucional que convocaba a elecciones directas para presidente por primera vez desde 1960.

Esa noche, al lado del periodista Osmar Santos y su amigo Casagrande, Sócrates, que tenía una jugosa oferta de la Fiorentina italiana, agarró el micrófono y juró que se quedaría en el país si Brasil volvía a las urnas. Unos días más tarde, aquel traspié lo deprimió y terminó yéndose.

La carrera del Doctor tras su salida del Timão estuvo plagada de controversias y polémicas. Además, su estilo de vida agitado ya empezaba a pasarle factura. Apenas resistió un año en la Fiorentina (1984/85), donde conoció a Daniel Alberto Passarella (con el que, obviamente, no se llevaba muy bien), antes de volver a casa.

Tenía todo arreglado para jugar en Ponte Preta, bancado por el mediático Luciano do Valle (una especie de Marcelo Tinelli de la época), e incluso llegó a posar con la casaca de la Macaca para la tapa de la revista Placar. Sin embargo, la plata no apareció y terminó en Flamengo (1985 a 1987), otra vez al lado de uno de sus ídolos, Zico.

“No quiero ningún partido homenaje. Sólo puedo asegurar que voy a retirarme interrumpiendo un entrenamiento en la Gávea. Voy a poner un barril de cerveza en la mitad de la cancha para que todo el mundo brinde en mi despedida”, decía en aquella época. Las lesiones se hicieron una constante y la idea del retiro empezaba a sobrevolar la cabeza del Doctor, que aun así defendió una vez más la verdeamarelha en la Copa del Mundo de México 1986, donde Brasil se quedó afuera por penales ante Francia en cuartos de final. Sócrates, al igual que Julio César, erró su ejecución desde los doce pasos.

Recuperado de una lesión que lo tuvo alejado durante buena parte de 1987 y con algo de magia todavía para regalar, Magrão cumplió el sueño del pibe cuando se sumó al club de sus amores, Santos (1988/89), aunque disputó mayoritariamente partidos amistosos en giras por el exterior que traían billetes frescos a las necesitadas arcas del club de la Vila Belmiro.

Los últimos trotes del crack fueron en el mismo lugar donde empezó todo, en Ribeirão Preto, con la camiseta del Botafogo (1989), que enseguida lo anunció como DT, en 1990.

Tras un impasse en el que aprovechó para dedicarse a la medicina, instalar un moderno complejo médico en Ribeirão Preto e incluso coquetear con la política, en 1994 regresó al fútbol, aunque en un nuevo rol. La rebautizada cadena deportiva de cable SporTV, del grupo Globo, lo contrató como comentarista para los partidos del campeonato local. Pero Sócrates nunca se destacó por su profesionalismo y tampoco encajaba con el establishment. Llegaba a la cancha sobre la hora, generalmente en un estado etílico indisimulable y sus acotaciones estaban exentas de cualquier tipo de imparcialidad, especialmente cuando le tocaba cubrir al Corinthians. Duró poco.

En 1996, la Liga Deportiva Universitaria de Quito le dio una nueva oportunidad como técnico. Sócrates intentó instaurar un sistema similar al de la Democracia Corinthiana, pero resistió apenas un puñado de encuentros. Su última experiencia como entrenador fue de la mano de un viejo conocido de la selección, Leandro, mítico defensor del Flamengo, que a fines de los noventa gerenciaba al Cabofriense de Río de Janeiro. Y otra vez la misma historia.

Durante su última década, el Doctor bancó públicamente a Luis Inácio Lula da Silva y otros políticos del Partido dos Trabalhadores (PT), volvió al fútbol por un rato con la camiseta del Garfoth Town (2004) de la octava división inglesa, tuvo cierta actividad en diversos medios de comunicación alternativos y, principalmente, acentuó su problema con el alcohol.

Recién a mediados de 2011, tras varias internaciones, reconoció su enfermedad. Destrozado por el vicio, en los últimos tiempos había reemplazado la cerveza, su eterna compañera, por el vino. Aunque, claro, se bajaba una botella.

“Quiero morir un domingo y con Corinthians campeón”. Puta casualidad del destino, Sócrates murió en la madrugada del domingo 4 de diciembre de 2011, víctima de una cirrosis hepática tan anunciada que no sorprendió a nadie. Esa tarde, por la última fecha del Brasileirão, Corinthians enfrentaba a su clásico rival, Palmeiras, y apenas necesitaba un punto para consagrarse.

Antes del inicio del partido, los jugadores del Timão y sus miles de hinchas lo homenajearon con el brazo derecho en alto y el puño cerrado, aquel festejo que repitió tantas veces en el Parque São Jorge, en el Pacaembu y otro montón de estadios a lo largo y a lo ancho de Brasil. Con el 0 a 0 definitivo, Corinthians conquistó su quinto título a nivel nacional.

Mal Pase: Cascini a River y Betis (2001)

A mediados de 2001, Raúl Alfredo Cascini venía de un paso con más pena que gloria por el Toulouse francés, con el que descendió a la Ligue 2. Lleno de deudas, el club galo fue condenado a disputar la temporada 2001/02 en el Championnat National, la tercera categoría, y todos sus jugadores quedaron libres.

Con el pase en su poder, estaba todo dado para que el Mosquito cumpliera un viejo sueño: vestir la camiseta de River Plate. “Puede ser que se cumpla un anhelo de Ramón Díaz, pero ahora el que eligió fui yo. En ese momento (estaba en Independiente y el riojano lo había pedido) me prohibieron venir a River. Hasta el día de hoy tengo una oferta de España, pero River me seduce mucho y tengo la posibilidad de sacarme las ganas de venir. Resigné plata por venir a jugar a River”, decía ante los medios.

Si bien el Millonario ya tenía varias alternativas para su posición en la mitad de la cancha (Leonardo Astrada, el Lobo Ledesma, Guillermo Pereyra y el Cuchu Cambiasso), Cascini se veía con chances y hasta se animaba a chicanear al eterno rival: “Contra Boca me fue bien. Con Estudiantes le gané las dos veces que jugamos y con Independiente le ganamos bastante. No sé si lo tengo de hijo, pero hay algo especial; me gusta mucho jugar contra Boca”.

Sin embargo, cuando estaba casi todo abrochado surgieron los problemas. Primero, Independiente pidió su inhabilitación por una deuda de 500 mil dólares que tenía el Toulouse. Después, algunos directivos de River le bajaron el pulgar. Y así empezó a tomar fuerza la oferta del Betis español, que había vuelto a Primera tras una temporada en el ascenso. “Lo de Cascini se cayó porque el Betis actuó rápido. A nosotros nos faltaba la aprobación de la Comisión Directiva. Y la situación de Cascini, como la del Turu Flores, Matías Lequi y Sebastián Cobelli, recién se iba a tomar el lunes a las 18, cuando se reúna el bloque oficialista”, decía Rodolfo Fito Cuiña, integrante del Consejo de Fútbol del cuadro de Núñez.

“Quedan horas para definir todo. No me interesa presionar, quiero quedarme en River pero en España me esperan. Tengo pasaje para mañana, ojalá no deba usarlo… Claro, no quiero quedarme sin club, hay posibilidades que no hay que dejar pasar”, comentaba el Mosquito, que se moría por ponerse la banda: “Pasé la revisión médica perfecto. Me operaron hace tres años y desde entonces jugué 150 partidos. Lo que pasa que en el ambiente del fútbol siempre hay gente que dice mentiras porque quiere voltear a un jugador para colocar a otro suyo… Me quedé con ganas de ir a River hace dos años. Si a un jugador le mostrás esa camiseta y otra, elige la de River”.

Finalmente, Carola Cascini no se subió al avión. “Es una decisión que tiene que tomar él. No viajó a Sevilla y está pensando esperar hasta el lunes para ver lo que definen los dirigentes de River. Aunque tampoco hay que descartar que en el fin de semana decida irse”, esgrimía su representante, Daniel Comba.

Cuatro días después de esa declaración, el mediocampista firmó su incorporación a préstamo por un año… a Estudiantes de La Plata, donde había actuado en la temporada 1995/96. “La culpa es mía. River está viviendo un clima político difícil, y eso me perjudicó. Yo tenía todo arreglado con el Betis, pero un dirigente me aseguró que el pase se haría. Ahora tengo el contrato en mi casa. A mí me usaron, y nadie me dio una explicación. Igualmente, le estoy agradecido al cuerpo técnico, porque no tuvo nada que ver y siempre me trató muy bien”, aseguraba.

Un año más tarde, terminó jugando en Boca Juniors (2002 a 2005), donde ganó cuatro títulos, uno local y tres internacionales, incluida la Intercontinental 2003.