Fuera de Stock: Locos por el fútbol

Allá en los dorados años 90, cuando en el cerrado ambiente del fútbol aún había lugar para la diversión en medio de las polémicas y los sesudos análisis periodísticos, surgió un programa de televisión que con holgura consiguió su primer cometido: entretener; pero que además logró llevar a las familias a las canchas, algo que hoy, en épocas de visitantes prohibidos, nos parece de otro planeta. Con ustedes, Locos por el Fútbol.

Por la pantalla de Canal 13 y con la conducción de Matías Martin, el programa arrancó en 1997 y muy pronto cautivó a miles de televidentes con su propuesta simple: fútbol y diversión. Para combinar esos ingredientes, claro, hacía falta una gran producción, porque la movida no se limitaba a un estudio con un par de cámaras. Era un poquito más grande que eso.

Cada fin de semana, Locos por el Fútbol desembarcaba en alguna cancha de la Argentina y desplegaba su arsenal de juegos, que involucraba a los concurrentes y también a la gente que participaba por teléfono. Sólo basándose en el prejuicio, uno desde su casa podía aventurar que un pibe con pinta de crack la colgaría de un ángulo, aunque después su remate terminase pasando a 10 metros del arco. Y por el contrario, uno podía no tenerle fe a un viejo panzón que luego haría desparramar inútilmente al Loco Gatti o al Pato Fillol, los arqueros estrellas del programa.

Claro que algunas veces, el destino era más impredecible aún y podía regalarnos a un futbolista profesional que pasaba por ahí, como Marcelo Reggiardo, para que demostrara por qué había sido jugador de Independiente y San Lorenzo. Bueno, todavía no lo demostró (?).

Los tiros libres con barrera eran difíciles, sí, pero también estaban los penales. Había que convertir 5 de manera consecutiva para llevarse un auto 0 km (oh, sí, los noventa), aunque manejar la presión de la tribuna y las cámaras quizás no era para cualquiera.

Además de Matías Martin, quien en ese programa comenzaría a dar muestras de sus dotes de gran conductor, también se lucía Javier Botía, un gallego que le agregaba comedia al envío, haciendo llevadero todo tipo de juego, así fuera con estudiantes de la secundaria concursando por un viaje a Bariloche.

Con el éxito de la primera temporada, el programa creció y empezó a girar por distintas localidades de todo el país, donde también se presentaba el gran Mario Alberto Kempes, que en el Arquero Fantasma ponía a prueba, desde la mitad de la cancha, a gente con los ojos tapados que esperaba en la línea del arco e intentaban ganarse 10 mil pesos. Un poquito difícil…

Otro juego en el que se destacaba el Matador, consistía en que dos arqueros (ya sin vendas ni nada parecido) trataran de sacarle un penal.  Y aunque ya estaba grande y muchos podían dudar de sus condiciones, Marito metía unos cañonazos que nos hacían acordar del Mundial ’78, sobre todo cuando se abrazaba con Fillol y su inolvidable buzo verde con el 5 en la espalda.

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En 1998, el programa sumó la presencia de Daniela Fernández en la conducción. No sólo eso, también un mono como mascota y un montón de jugadores, algunos retirados y otros en camino de, que se convirtieron en figuras del equipo de Locos Por el Fútbol. ¿Quiénes? El Loco Dalla Líbera, el Chino Tapia, Enrique Hrabina, el Turco García y otros más, que junto a Matías Martin jugaban partidos contra otras estrellas o directamente contra equipos de aficionados locales.

En uno de esos partidos, se produjo una de las jugadas más recordadas de la televisión (por desgracia, no registrada en el archivo), cuando el Moncho Pedro Monzón levantó por el aire a Karina Morales, jugadora de la Selección e integrante del programa, donde habitualmente se desempeñaba pateándole penales a los participantes. ¡Qué dolor!

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La otra gran atracción de Locos por el Fútbol era el juego de preguntas y respuestas, que dio origen al famoso “Caripelas por 200”, que logró instalarse socialmente y que hoy se aplica en cualquier situación, sobre todo cuando se trata de discriminar (?).

En ese juego, donde se le daba valor al conocimiento futbolístico, llegó a ganar el arquero Diego Davobe, entre cientos de participantes anotados. Aunque claro, de vez en cuando eran invitados jugadores de Primera División, que se enfrentaban por equipos y, ante la primera pregunta, ponían en evidencia por qué se dedicaban a la práctica y no a la teoría.

Con el final de aquella entrañable década, también se terminó un programa que supo combinar fútbol y entretenimiento en dosis justas, sin rebasar el vaso. Bastante bien para un domingo al mediodía. Y aunque algunos crean que aún sobrevive en un restaurante, nada más alejado de eso.

Bottinelli: los Topper Antara

Después del Mundial de USA ’94, la empresa argento-brasileña Topper supo que iba a tener que esmerarse en la mercadotecnia para no quedar fatalmente relegada en el olvido o en la falta de prestigio. Para esa época, ya no alcanzaba con vestir a diversos clubes del Cono Sur. Había que captar jugadores de calidad o carisma y sobre ellos había que crear líneas representativas con su correspondiente invasión mediática y todo el circo.

En Brasil la iba a tener difícil, ya que a la firma también la responsabilizaban por haber vestido en mundiales a “La Generación Maldita” del país vecino. En la Argentina, por supuesto, la cosa estaba más fácil, ya que en general era todo camino inexplorado.

Por esa razón, los encargados del scouting de estrellas de Topper se sentaron pacientemente durante seis meses, miraron todo lo que pasaba tanto en las canchas como en los diversos medios de comunicación y después tomaron una determinación.

Enzo Francescoli había regresado a la Argentina en julio de 1994. Con su idolatría millonaria a cuestas y el talento intacto, fue campeón y goleador del Apertura de ese año y desparramó elegancia sobre los terrenos de juego. Además, frente a las cámaras se presentaba como un caballero amable, cordial y educado; en contraposición a las máximas figuras de nuestro país, quienes, por aquellos días, estaban totalmente cuestionadas y desprestigiadas por asuntos tales como drogas, pelo largo, señoritas y falta de profesionalismo.

Por supuesto, nada de eso llamó la atención de la gente de Topper. Lo que si lo hizo fue que durante aquel primer semestre de su retorno, Enzo Francescoli había jugado con botines totalmente negros… o sea ¡No tenía patrocinador! Al ver como los peces se subían sólos al bote mientras estaban pescando (?), los empresarios se reunieron con el uruguayo a comienzos de 1995, firmaron los papeles y lo presentaron como la cara exclusiva de la original línea Antara.

La empresa se dedicó, como corresponde, a todos los chivos en los medios gráficos y en la estática de los estadios, además de un esmerado seguimiento de notas: si uno agarra una revista con una entrevista a Francescoli de aquel año, podrá ver como el delantero aparecía vestido con ropa de Topper o la publicidad de la marca aparecía en esas páginas.

Lamentablemente para ellos y pese a que un Francescoli limitado por una lesión de hombro tuvo un gran nivel, River no ganó nada durante esos doce meses. La buena para Topper fue que El Enzo levantó la Copa América con su Selección y -por la sumatoria- el Círculo de Periodistas Deportivos lo distinguió con el Olimpia de Plata en Fútbol de aquel año (que iba para Maradona antes dell 4-6 contra Racing).

¿Y que hizo la orgullosa Topper durante el verano de 1996? Llenó páginas y páginas de diarios y revistas felicitando al papá de Marco y Bruno por la obtención de dicho logro con los benditos botines Antara…

Un hermoso gesto que Francescoli retribuyó ¿Cómo? Estrenando unos flamantes botines Adidas Predator en el primer partido oficial de aquel año: el empate 1 a 1 con San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro por la Copa Libertadores. Es más, la foto del gol apareció en primera plana en todos los medios… por que el populacho debía saberlo con rapidez: ahora Francescoli usaba Predator…

Tras morder el polvo del mate (?), los encargados de Topper aguardaron unos meses y en mayo de 1996 anunciaron como la nueva cara de la línea Antara a Claudio Paul Caniggia, quien venia con el nivel en alza tras arrastrarse por los campos durante el último semestre de 1995.

El Pájaro estrenó los botines en el empate 0 a 0 de la Selección Argentina en Perú por Eliminatorias y Daniel Passarella no lo volvió a convocar más durante su ciclo… Toda la suerte, Topper. Toda…

La empresa si la clavó azarosamente al ángulo durante el superclásico del Clausura ’96, donde El Cani -por única vez en su carrera profesional- convirtió un Hat-Trick para la victoria Xeneize por 4 a 1 y justo la firma había comprado segundos en el entretiempo para lanzar la revolucionaria campaña de “El Pájaro de Topper”. Es más, los tres goles de Caniggia fueron en el segundo tiempo, después del estreno del comercial. Una inolvidable superproducción como nunca se había visto hasta ese momento en nuestro país.

Todavía borrachos de alegría por aquel golazo, los responsables de Topper decidieron rápidamente lanzar la línea de botines “Pájaro TC”, que eran básicamente los Antara pero con un leve cambio en la suela y en el logo. Era un borrón y cuenta nueva, totalmente dedicado a Caniggia y sin vinculación alguna con Enzo Francescoli.

Todo muy lindo pero ¿qué pasó? Después del anuncio de la nueva franquicia, Claudio Paul Caniggia estuvo más de un año inactivo por desavenencias varias con el Cartonero Macri. Y si bien El Hijo del Viento después regresó a Boca, Topper Argentina no volvió a insistir con campañas exclusivas y agresivas en torno a ningún treintañero. Ya habían sido demasiado pajarones…

[Baldosa Olímpica] A saideira

Alfredinho grita, es casi la medianoche y está sentado en una pila de sillas plásticas de su bar, Bip Bip, que reúne artistas locales desde 1968. Alfredinho grita con una voz gastada, lastimada, disfónica. Y no está festejando, está quejándose de algo, como casi siempre. Ahora es por un teléfono que no anda, pero dentro de 5 minutos será por la falta de cambio, por una lapicera que no encuentra o por un cliente que no respeta el silencio. Alfredinho siempre está enojado y eso es lo que lo diferencia de cualquier otro carioca, convirtiéndose en un ejemplar de colección.

La gente de Rio de Janeiro también grita. Y mucho. Levantamiento de voz debe ser el segundo deporte más popular, después del fútbol. Pero, a diferencia de Alfredinho, el resto de los cariocas grita como prueba de alegría, de felicidad, de asombro o simplemente por costumbre.

No hay motivos para estar enojado en esta ciudad. El clima, la playa, la cerveza bien fría, las mujeres lindas, los tipos con buena onda. Podría tratarse de una mirada superficial, típica del turista que sólo conoce lo que ofrece la postal, pero no. El carioca vive de esa manera, relajado, despreocupado. Y eso, incluso, es motivo de burla para brasileños de otras ciudades, como los de San Pablo, que no pueden entender a esta gente que se viste tan mal, que no respeta horarios y que parece estar de vacaciones siempre, incluso cuando está trabajando.

Alfredinho sale disparado de la pila de sillas y camina a toda velocidad por la vereda en dirección a un kiosco vecino que tiene un televisor. Juegan las selecciones femeninas de Brasil y China en vóley. Una jugadora local remata y la pelota da en la red. Alfredinho abre sus ojos de sapo y putea, se queja una vez más. Dice que el partido ya está perdido y vuelve a su bar, donde hace varios días pegó un cartel en contra de Temer y Río 2016.

Él, como socialista, no puede estar de acuerdo con la manera en la que este hombre llegó a ocupar el cargo de Presidente, ni con la realización de los Juegos en medio de semejante crisis. Y no es el único, claro. Por eso las marchas y protestas en la previa y durante las competencias, aunque eso no impide que los brasileños sigan viendo deporte por TV. Y también en la cancha.

En el Arena Carioca 1 del Parque Olímpico de Barra de Tijuca, juegan Argentina y Lituania al básquet. Los cariocas ahora gritan, pero no por su país, sino por el rival de los nuestros. Y lo harán en cada deporte donde haya una bandera celeste y blanca.

Un argentino encara a un grupito de verde y amarillo y se agarra los huevos, provocándolos a apenas dos metros de distancia. Ellos no reaccionan violentamente, pero tampoco con originalidad: “Mil gols! Mil gols! Mil gols! Mil gols! Mil gols! Só o Pelé! Só o Pelé! Maradona cheirador!”. Cantan que mil goles sólo hizo Pelé y que Maradona es un drogadicto. Una boludez gigante que surgió en respuesta a otra boludez gigante que fue el “Brasil, decime qué se siente” del 2014. Que Romario y hasta Tulio Maravilha también hayan llegado a las 4 cifras, tira abajo una de las canciones. Que desde Italia hasta hoy Brasil haya ganado de todo, incluso 2 mundiales, sepulta la otra, aunque también es cierto que sólo se trata de un duelo de hinchas, no es más que eso.

Hoy es un día de sol, no se lo vaya a perder, Bolt va a correr, la cerveza también. Las pruebas arrancan a las 9 y pico de la mañana en el estadio Engenhão, ex João Havelange, un viejo enemigo del Diego que acaba de dejar el mundo unas horas antes. No hay clima de funeral, más bien todo lo contrario.

Los puestos de Skol ya tienen largas filas de gente dispuesta a tomar y seguir tomando para completar la colección de 42 vasos, uno por cada disciplina. Unos australianos hacen equilibrio entre las butacas, con una pila de 10 o 12 vasos amarillos. Cuesta emborracharse con una cerveza tan liviana, pero de todas maneras hacen el esfuerzo.

Suena un disparo, no es la policía, a pesar de que está en todos lados mostrando sus armas. Es la largada de la clasificación de los 200 metros. Aquellos tipos que se ven chiquitos, dentro de 10 ó 12 segundos pasarán por acá y serán grandes. Gigantes.

De repente, a un australiano se le cae un vaso. Se agacha para agarrarlo y no desarmar su colección. Para cuando se levanta, Usaín Bolt ya pasó, más adelante mira a cámara y está cagándose de risa con el que salió segundo. Lo esperan para festejar.

David Bipso llevó la antorcha el día previo a la inauguración de los Juegos. No es un deportista olímpico y tampoco lo será. Tiene 44 años y es el dueño del Bar do David, elegido como Mejor Boteco de 2016. Acaba de invitar a Bolt a su local ¿La particularidad? Está ubicado en la favela Chapéu Mangueira del Morro de Babilonia, ahí donde se filmó parte de la película Tropa de élite, protagonizada por Wagner Moura.

Esa favela estuvo dominada por los narcos durante mucho tiempo, pero en 2009 empezó un proceso de pacificación que en la actualidad incluye hoteles, gastronomía….y muchos policías. Demasiados.

Ahora es de noche y no hay tanta cana. El barrio de Lapa es tierra de nadie. O mejor dicho, de los jóvenes. Hay música, hay joda, pero no hay bares para tanta gente. Casi que tampoco alcanzan las calles, todo el mundo afuera. La caipirinha, que en otros lugares está 20 reales, en un puesto callejero te la venden a 7. Y en otro, a 5. Regalado, como cualquier extranjero no demasiado informado caminando entre travestis y pirañas, que algunas veces son las dos cosas.

Quien todavía conserva el celular, alcanza a mirar la hora. Cinco y algo. Es muy tarde. O muy temprano, según cómo se mire. Una combi promete llevarte a tu cama por 5 reales y hay demasiado sueño para no creerle. Leblon, Ipanema, Copacabana, Leme, Botafogo, Flamengo, Catete. Todo parece familiar. Arriba que nos vamos.

Vuelve a salir el sol, siempre después que las nubes. Así como le pasa al brasileño, que encuentra en Neymar la combi salvadora para volver a hablar de fútbol y que no se lo coman las pirañas.

La fiesta final es de ellos, pero estamos invitados. Hay música, hay amigos, hay fútbol, hay gente gritando. Si hasta Alfredinho debe estar contento. Sale una cerveza, otra y otra. Y cuando creés que es la última, llega “A saideira” (la salidera), un fenomenal concepto que oficialmente le pone fin a la noche, aunque muchas veces sea mentira.

Se baja la persiana. El cielo llora por el final de los Juegos, dicen en Rio. Pese a la invitación, Bolt nunca llega a Babilonia. Y seguramente no por miedo a los favelados, sino a los policías. Ya se sabe cómo disparan cuando ven a un negro corriendo.

[Baldosa Olímpica] El oro en casa

A minutos de la definición por el oro entre los seleccionados olímpicos de Brasil y Alemania, sabiendo el deseo generalizado del hincha argentino, surge la pregunta: ¿Cómo les fue a los locales a lo largo de la historia? Este breve repaso revelará el misterio.

Los comienzos

El fútbol es parte de los Juegos Olímpicos desde antes que existiera el campeonato oficial. En Juegos de la Segunda Olimpíada, los de París 1900, se disputaron dos encuentros de exhibición entre el Club Français de París y sus rivales: Upton Park y un combinado de estudiantes belgas. Lo mismo sucedió en los Juegos de St.Louis 1904, donde se presentó a disputar unos encuentros de exhibición el Galt Football Club de Canadá, que jugó contra el Christian Brothers College (7-0) y el St. Rose of St. Louis (4-0). Ambos triunfos tuvieron una gran repercusión, sobre todo en Canadá, y eso les valió una medalla de parte del Comité Olímpico a cada jugador. Opinólogos creen que el Galt fue campeón olímpico, pero muy lejos están, esos encuentros que tuvieron una duración de 30 minutos por tiempo, de ser encuentros oficiales regidos por la FIFA.

Fue en Londres 1908 donde debutaron los campeonatos Olímpicos de Fútbol, gracias a que el presidente de la FIFA, Daniel Burley Woolfall, fue el encargado de organizar la competencia junto al Comité Olímpico Internacional. No fue fácil armar el campeonato, ya que las dificultades de traslado de las delegaciones era caro y los gastos corrían por las federaciones, pero aquellas más cercanas a la isla, se hicieron presentes. Dos grandes potencias futbolísticas de Europa Central, Hungría y Bohemia, recibieron la negativa de viaje de parte del Imperio Austro-húngaro, dicen, por cierta envidia de éxito deportivo.

Los británicos, primeros locales de la historia, se quedaron con la medalla de oro y repitieron en Estocolmo 1912 con comodidad, por lo que la cuenta de locales da uno y uno. Suecia terminó perdiendo con Holanda por la medalla de bronce, tal como había sucedido en Londres. Parejo por ahora.

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Época de entreguerras

Amberes 1920 mostró un torneo cargado de novedades y le dejó, de manera muy polémica, la medalla dorada al local. Bélgica se cargó el primer Campeonato Mundial Amateur de Fútbol, en la última competencia donde los europeos hicieron capote. A partir de París 1924 aparecieron (aparecimos) los sudamericanos en la élite del fútbol mundial y comenzó una trapeada tal, que todavía les duele.

Uruguay se quedó con los oros de 1924 y 1928 (París y Amsterdam). La concurrencia a París fue realmente inesperada, ya que 23 seleccionados se hicieron parte del torneo, en el cual los campeones no tuvieron un rival digno hasta la semifinal, donde le ganaron por 2 a 1 a Holanda. En su recorrido le hicieron 7 a Yugoslavia en la Pre, 3 a Estados Unidos en octavos, 5 a Francia (y aca mancaron la campaña del local), luego Holanda y cerraron con un contundente 3 a 0 a Suiza.

En 1928 la cosa fue más o menos igual, pero con el agregado de Argentina, que estaba a la par y le disputó el oro hasta el último minuto del partido de desempate. Holanda, que hizo las veces de local y fue semifinalista de todas las ediciones anteriores, tuvo la suerte de debutar contra los celestes. 0-2 y a colgarse de un tulipán.

La ausencia de fútbol en 1932 hizo que el COI perdiera un billete importante y se tuvo que bajar un cachito las calzas ante la FIFA. Fue así que el deporte rey volvió con todo para los juegos hitlerianos de 1936, que consagraron campeones a Italia por primera vez. Hitler, que rajó a los peruanos porque eran negros e inferiores, se tuvo que conformar con la eliminación temprana de su seleccionado (Cuartos de Final), pero se la bancó porque los noruegos eran más arios que él.

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La guerra fría

Londres, más o menos recuperada de los bombardeos y la destrucción total, fue sede de los Juegos de las XIV Olimpíadas en 1948. El fútbol también volvió para la alegría infinita de los sobrevivientes de semejante masacre mundial, aunque la ausencia de Sudamérica hizo que fuera menos “mundial”. Sí fueron representantes de Asia (India, Afganistán, China, Corea unificada), de Norteamérica (Estados Unidos y México) y de Africa (Egipto). El oro fue para Suecia, que en ese entonces no conocía al profesionalismo en su fútbol y contaba con tres jugadores que marcarían historia tras aquella competencia: el trio GreNoLi, conformado por Gunnar Gren, Gunnar Nordahl y Nils Liedholm. Tras ganar el oro en tierras británicas (a todo esto, Gran Bretaña perdió por el bronce contra Yugoslavia), los suecos brillaron más que sus preseas en el fútbol italiano.

1952

En 1952 los juegos se volvieron a disputar en una ciudad europea, Helsinki, y fueron donde comenzó a marcarse la tendencia del dominio de la Europa comunista en la competencia. La sutil diferencia entre amateurismo y profesionalismo, cosa que a pocos le resulta fácil comprender, se hacía presente en el olimpismo. Hungría se quedó con el oro, participando con una selección que era imbatible. Pero claro, como sus jugadores no eran profesionales, la restricción del COI se la pasaban por la hipocresía: ningún jugador cobraba dinero alguno por jugar al fútbol, pero todos recibían jugosos sueldos del estado, muchos con altos rangos en la milicia y la policía.

No hubo rival para los húngaros, que salvo un ajustado 2-1 ante Rumania, y el 2-0 en la final contra Yugoslavia, hicieron 16 goles en los otros tres partidos. Finlandia, como local, tuvo una digna derrota 3-4 contra Austria (estuvieron 3 a 2 arriba, pero los otros eran buenos) y se quedaron afuera en octavos de final.

Por primera vez los Juegos Olímpicos iban al hemisferio donde el agua del inodoro gira en la dirección opuesta al hemisferio norte. Melbourne 1956 iba a ser arrasado por los húngaros, no había duda casi. Podían encontrar oposición seria contra Yugoslavia o la Unión Soviética, pero la URSS invadió unos meses antes Budapest y a la mierda con la mejor selección del mundo. Con Lev Yashin como figura descollante, los soviéticos se quedaron con el oro derrotando a Yugoslavia. Australia hizo lo que pueden hacer 6 canguros, 3 koalas y 2 cocodrilos; les ganaron 2 a 0 a Japón y perdieron el de cuartos contra India.

La década del 60 mostró un orden diferente en la competencia, se dejaba de lado el sistema de eliminación directa y sólo 16 equipos, divididos en cuatro grupos, iban a jugar la primera fase de la competencia. Roma 1960 le dio por fin el oro a Yugoslavia, que venía levantando plata de manera consecutiva desde Londres 48. En la semifinal, los yugoslavos dejaron afuera a los locales, que luego de un empate en 1, definieron el pase a la final con una moneda. Italia perdió el partido por el bronce ante Hungría, que volvía a ser protagonista de los campeonatos olímpicos.

Los húngaros tienen el récord de tricampeones olímpicos, tras ganar los torneos de Tokio 1964 (2-1 a Checoslovaquia) y de México DF 1968 (4-1 a Bulgaria). Su jugador estrella, Dezso Novak, pasó a ser el único jugador con 3 medallas en su cuenta, dos de ellas doradas. Las campañas locales fueron muy disímiles. Los japoneses se clasificaron después de empatar con Argentina y con Ghana (Italia renunció a último momento). En cuartos fueron apabullados por Checoslovaquia (4-0) y en el torneo por el quinto puesto se comieron 6 de parte de Yugoslavia. En cambio, México fue semifinalista en su competencia, cayendo allí ante Bulgaria. En el partido por el bronce se encontraron con una sorprendente selección japonesa, que en cuatro años aprendió algo y les fumó la presea a los locales.

Los setenta, los ochenta y los boicots

Munich, República Federal de Alemania. Occidente sigue organizando los Juegos Olímpicos pero Europa Oriental domina. Son los momentos más álgidos de la Guerra Fría, la amenaza del reparto de átomos está más latente que nunca. Los enfrentamientos entre musulmanes radicalizados e israelíes comienzan a extenderse de los límites de medio oriente. Un atentado terrible en los Juegos Olímpicos deja un saldo total de 17 muertos. Once de ellos, atletas israelíes.

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El COI era dirigido por uno de los hijos de puta más grandes de la historia del deporte, Avery Brundage, que en el discurso de conmemoración por las víctimas, remarcó que “los juegos deben continuar” y siguió con la competencia. El fútbol seguía siendo dominado por profesionales disfrazados de amateurs y Polonia, con Gadocha, Deyna y Lubanski, se quedó con el oro. La Alemania de occidente fue eliminada por la hermana oriental, en lo que sería un adelanto del Mundial 74.

Cuatro años más tarde, en Montreal, Alemania Democrática consiguió su mayor título a nivel futbolístico, superando a Polonia (que ya contaba con Lato, Deyna, Szarmach, Zmuda y Tomaszewski), por tres tantos contra uno. La débil Canadá, local de la competencia, sólo cosechó derrotas.

Si de un organizador se esperaba que consiguiera la medalla dorada, cosa que no se daba desde 1920, la Unión Soviética se llevaba todas las fichas. Pero los rusos chocaron contra Alemania Democrática en semifinales de Moscú 1980 y se tuvieron que conformar con el bronce. Los alemanes orientales, que parecían indestructibles, perdieron la final ante Checoslovaquia, que empezaba a mostrar nombres importantes como Frantisek Stambarch, Jindrich Svoboda y Werner Licka.

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Para devolver el boicot occidental a los Juegos de Moscú, el bloque oriental decidió no ir a Los Angeles 1984, aunque la hicieron un poquito mejor, anunciando su retiro un par de meses antes de la competencia. El más perjudicado en todo este asunto fue Mc Donald’s, que se tuvo que poner con bocha de hamburguesas tras un intento de promoción cuasi fraudulenta. Francia le ganó a Brasil 2 a 0 en la final y del local poco se esperaba, así que no defraudaron y se quedaron afuera en la Primera Ronda. Como también se quedó afuera Corea, de los Juegos de Seúl 1988, que les dieron el oro por segunda vez a la Unión Soviética y la segunda plata a Brasil.

La era sub 23

Lo que nadie pudo lograr en 72 años, lo hizo España de manera agónica en los Juegos de Barcelona 1992. Con toda la carne al asador (o el pulpo al disco) los locales convocaron juveniles de alto nivel.  A esta altura las modificaciones reglamentarias permitían un sub 23 puro y entre los españoles estaban Quico, Pep Guardiola, Ferrer y Luis Enrique.

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Cuatro años más tarde, en Atlanta, Nigeria le ganaba la final a la Argentina de Daniel Passarella y Estados Unidos, otra vez local, arafue de una. Allí se hicieron conocidos Amunike, Babangida, Jay Jay Okocha, Amokachi, Kanu y otros.

Sydney 2000, además de contar con la ausencia del Dream Team de Pekerman (Aimar, Riquelme, Saviola), que perdió la clasificación con Chile, hizo temblar a sudamericanos y europeos con otro triunfo africano. Esta vez Camerún, que contaba con Eto’o, Geremi, Mboma, Etame y Kameni, se quedó con la medalla dorada. Australia, el peor organizador, hizo cero punto.

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A las ya conocídisimas historias del bicampeonato dorado argentino de Atenas 2004 y Beijing 2008, y todos sus records, se sumó la de México, que de manera sorprendente se quedó con el oro en Londres 2012, con los brasileños otra vez sumergidos en la plata y los locales eliminados en cuartos por penales.

Rio de Janeiro tiene al local, que quiere esta medalla con muchas ganas, en la final. Nunca un local que llegó a la final se quedó con la medalla de plata. Tanto Gran Bretaña, como Bélgica y España, hicieron lo que tenían que hacer. Lo que tiene que hacer Brasil.

Eduardo Cantaro

[Baldosa Olímpica] Selecciones baldoseras

El torneo Olímpico de Fútbol le dio lugar a muchos seleccionados que, ni por asomo, se arrimaron a una Copa Mundial de FIFA. Algunas selecciones, baldoseras eternas, han logrado dignas representaciones; otras, por siempre goleadas, son las delicias de todos. Unas y otras son comunmente llamadas “Selecciones de mierda” y aquí el listado:

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Luxemburgo

“Si se juntan con Gimnasia, son 200 años sin salir campeón”. Luxemburgo existe desde siempre y nunca se clasificó a ningún lado. Pero el fútbol olímpico le dio la chance de meter seis (6) participaciones y allí conoció las mieles de los triunfos: 6-0 a Afganistán en Londres 1948 y 5-3 a Gran Bretaña en 1952. Fuera de joda, ganarles a los ingleses fue lo mejor que les pasó en la vida y fueron héroes. La peor derrota, un 0-9 contra Alemania en 1936, pero seguro fue porque Hitler compró a todos.

Tailandia

Casi número puesto para la Copa Mundial de Rusia 2018, los tailandeses ya tienen cierta experiencia en esto de torneos internacionales. O al menos la tuvieron hasta hace 50 años con su generación de plomo. Cuatro partidos, cuatro goleadas. La más fuerte, un 0-9 contra Gran Bretaña. Pero además se fumaron un 0-8 con Checoslovaquia; un 0-7 de Bulgaria y golearon 1 a 4 a Guatemala.

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Qatar

Si Qatar no se clasifica a Rusia 2018 se va a convertir en la primera selección que juega un Mundial solamente porque es local. Aunque para ser un poco justos, siempre se quedaron ahí de clasificarse. Lo más cerca que estuvieron fue en el repechaje contra Trinidad y Tobago para Alemania 2006. En cuanto a la trayectoria olímpica no fue tan mala, ni fueron goleados (de hecho en Barcelona ’92 llegaron a cuartos de final), pero no deja de ser una de las selecciones pedorras mundiales. Y sí, Qatar con Q; al que no le guste, que le raspe el escroto a la RAE.

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Afganistán

El récord afgano es de un partido, una goleada en contra y una desparición por más de 50 años de cualquier competencia, amistoso o entrenamiento. Después de aquel 0-6 ante Luxemburgo en Londres 1948 (único partido que no se jugó en Londres), Afganistán decidió que el fútbol no era para ellos. Después del sueño americano de los 60, la invasión soviética de los 70, los talibanes en los 90 y la venganza final de USA en los 2000, volvieron en 2004 para mantenerse 12 años jugando. No es poco.

Sudán

Resulta que ahora también hay un Sudán del Sur. Pero en este caso hablamos del Sudán original, el unificado a la fuerza. Ese país donde vas caminando por las calles de arena, vienen unos bereberes a caballo y te cagan a escopetazos porque alguien quiere poner un oasis o algo así. Entre tanta arena, de tanto en tanto han sabido juntar once matungos para competir. En Munich 1972 no la pasaron taaaan tan mal: tres derrotas, y la peor, un 0-2 ante el equipo de abajo.

Birmania

Tranquilo lector necesitado de google, Birmania, o Burma, hoy es más conocida como Myanmar o bien, Burma o Birmania. Para no ahondar en la etimología histórico política, ideológica y religiosa de este estado del sudeste de Asia, recalamos en su única participación, que se produjo en la trágica Munich 72. Ya eliminados tras perder 1 a 0 contra la mítica URSS y el chichilocueteado México, se volvieron a su dictadura con un contundente 2-0 ante el equipo de arriba, salvándose así, de ser ejecutados. Cosa incomprobable porque nadie los amenazó ¿O sí? Andá a saber.

1972 Malasia Alemania

Malasia

Munich ’72 le dio la chance a muchos de figurar, aunque sea una vez, en los anales(?) del fútbol internacional. Los malayos se encontraron en un grupo jodido, donde fueron empernados sin piedad por los locales 0-3, y por Marruecos, que les mandaron 6 panchos sin mostaza. Para el júbilo malayo, en el grupo había un equipo aún peor que ellos: Estados Unidos. Aprovechando lo que parecía un conjunto conformado por gorditos comedores de pizzas de hamburguesas, y alentados por sexies Soccer Moms, los asiáticos se despacharon con un 3 a 0 que no le importó absolutamente a nadie.

Curaçao

Antes Curaçao, luego Antillas Holandesas y ahora Curaçao, es un paradisíaco estado enclavado en el Mar Caribe y que tiene un toquecito de fuerza futbolística extra, en comparación a sus vecinos isleños. Aun así, ni de casualidad se meten en una competencia grosa, salvo que sea con inscripción abierta y sin eliminatorias, como los juegos de Helsinki 1952, donde entraron directamente en los octavos de final. Allí los caribeños perdieron 1-2 ante Turquía, que ni por asomo tenía un equipo como el actual, que es malo. Las crónicas del partido aseguran que el arquero turco fue la figura, así que, derrota digna.

siria

Siria

Moscú 1980 tuvo muchas invitaciones para reemplazar a los equipos que se sumaron al boicot impuesto por el Demonio Imperial, los señores de Estados Unidos de América. Así entró Siria en lugar de Irán y se comió 3 goles de parte de Argelia y 5 de la Alemania zurda y envidiosa. La medalla de lata se la ganaron empatando 0 a 0 con España, que tenía un arquero que se llamaba Paco.

venezuela1980

Venezuela

¡Apa! No la tenías a la Cenicienta en una competencia grosa. Venezuela tuvo un cierre magnífico, ganándole a Zambia por 2 a 1. Antes de ese gran triunfo perdieron 0-4 con la URSS y 1-2 el clásico de la revolución con Cuba. ¿Dónde, cuándo y por qué? En Moscú 1980 y reemplazando a la Argentina, que pensaba ir con Diego Armando Maradona. Pero los milicos del orto se plegaron al boicot yankee y uno de los mejores seleccionados juveniles de la historia, se quedó sin su medalla.

Fiji

Los nuevitos en la competencia se acaban de volver con 23 goles en el fondo del ojillo. Queda a su favor el peludo que le dieron a México, antes de darse cuenta que eran fijianos.

Formosa

Aca sí te re cabió la googleada. La provincia participó en un Torneo Olímpico de Fútbol, jugó 3 partidos y perdió los 3. Encima les tocó Gran Bretaña, Brasil e Italia, por lo que los formoseños se volvieron con 12 goles en la canasta. Ojo, les hicieron uno a los tanos y dos a los ingleses.

India

Los indios se llevan un párrafo extra en la historia del fútbol olímpico, con la historia de sus jugadores descalzos que ya hemos recordado en esta sección.

Otros

Gabón, Guinea y Mali todavía no jugaron un mundial, pero en cualquier momento lo hacen. Como Ghana, que ganó la medalla de bronce en 1968 y recién apareció en la Copa Mundial de Alemania. Entre nosotros, es cosa de subsaharianos. El que mejor falsifica los DNI, se clasifica.

Eduardo Cantaro.

[Baldosa Olímpica] Mal Pase: Julio Velasco al Milan (1996)

Ya que estamos bien al pedo (?), hagamos el siguiente pasatiempo. Pensemos en las palabras: “Director + Técnico + Argentino + Prestigioso + Unánimemente + Incuestionable” y esperemos que nuestro cerebro envíe una orden en forma de nombre propio hacia nuestras cuerdas vocales, en primer término…

¿Sale alguno? ¡Ni en joda! Alguno va a argumentar que Bilardo es un esquizo, Menotti un chamuyero, Basile un choborra, Bielsa un enfermo, Pekerman un autista, Bianchi un abuelito y el resto unas mentiras… epíteto más, epíteto menos, tal el grado de inteligencia y tolerancia que gustamos manejar los futboleros. Al menos, los de estas tierras…

Sin embargo, existió y existe un Director Técnico Argentino Prestigioso Unánimemente Incuestionable, quien estuvo durante años escondido del gran público ya que trabajaba en un deporte mayormente periférico y por que -dato no menor- sus primeras demostraciones de capacidad en la Argentina las hizo hace aproximadamente 35 años, mucho antes de las trasmisiones de calidad, los canales deportivos, las redes sociales y el gusto por otra disciplina que no sea el fútbol ¿Su nombre? Julio Velasco, de profesión entrenador legendario de vóley…

velascoitalia

Resulta que el fulano éste (?), nacido en La Plata en 1952, fue entrenador de Ferrocarril Oeste entre 1979 y 1982 (ganó las cuatro ligas que disputó), estuvo como segundo entrenador de la Selección Argentina (1981/83) y luego se marchó a dirigir clubes de Italia, donde no solo duró mucho más tiempo que Menotti, Bianchi y Passarella, sino que además ganó sucesivas ligas y copas.

Estos éxitos deportivos sumados a un gran carisma personal, a su probada inteligencia, a una inquebrantable ética de trabajo y al lograr que uno vea al mundo como un lugar bello con tan solo decirte tres palabras (?) lo depositaron como cabeza de la archicompetitiva selección italiana, con la cual fue Medalla de Plata en Atlanta  ’96 y donde además ganó los Mundiales de 1990 y 1994, como para que Bilardo lo invite a su exclusiva mesa con Victorio Pozzo y Franz Beckenbauer…

Fue en ese momento -mediados de 1996- cuando ese señor que descubrió la joda de viejo, llamado Silvio Berlusconi, se vio en la encrucijada por la partida de Fabio Capello como entrenador de fútbol del AC Milan y no estaba convencido sobre el sucesor que le ofrecía el resto de la junta directa: El Maestro Oscar Washington Tabárez. Y ahí  en un yacuzzi con un par de gemelas suecas al Cavalieri se le ocurrió la extravagancia…

“Para suceder a Capello no hay nadie mejor que Julio Velasco… Él es el elegido. Es el mejor italiano (sic) para tal puesto. Y seguirá mejor que nadie con la filosofía que comenzó Arrigo Sacchi”. Por supuesto, la prensa futbolera se indignó de mala manera y lo consideró, entre otras cosas, “una broma de mal gusto”, tal el caso de La Gazzetta Dello Sport.

Pero además, Cesare Maldini, un símbolo del Milan quien siempre había aspirado a tal puesto sin conseguirlo hasta ese momento, puso su mejor cara de póker ante la insólita idea y murmuró: “Velasco es un gran personaje, pero los entrenadores de fútbol no se inventan. No basta ser un ganador para vencer en todas las disciplinas deportivas”.

Finalmente y luego de un par de semanas de rumores, fue el propio Julio Velasco quien tumbó la idea de dirigir a Roberto Baggio, Baresi, Maldini, Boban, Albertini, Weah, Desailly y Davids, entre otros, y de paso tranquilizó a los más puristas de la península: “Tengo otro concepto de las cosas. Berlusconi piensa que alguien capaz y con carisma -como él o como yo- puesto en determinadas condiciones, funciona. Yo creo en la especialización: si no sabés del asunto, el carisma se diluye”.

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Ahí fue cuando murió el sueño que teníamos de ver a un argento dirigiendo por primera vez en la historia al AC Milan. Pese a eso, Julio Velasco se vincularía más adelante al fútbol siendo Director Deportivo del Inter y de la Lazio, donde ganaría varios títulos de fútbol. Después volvió al voley, claro, y nunca jamás se cayó su halo.

Sólo podemos concluir que debe ser muy lindo ser un Director Técnico Argentino Prestigioso Unánimemente Incuestionable… pero debe ser mucho más lindo llamarse Silvio Berlusconi.

[Baldosa Olímpica] Fuera de Stock: el Estadio Dongdaemun de Seúl ’88

Fue sede de los Juegos Olímpicos de Seúl ’88, recibiendo grandes partidos como Argentina – Brasil. Después se convirtió en un estacionamiento y hasta en una feria. Conozcamos la historia del Estadio Dongdaemun de Seúl.

Tanto los Mundiales de fútbol como los Juegos Olímpicos, representan grandes oportunidades de negocios para aquellos que tienen un vínculo con los gobiernos de turno, ni hablar para los que están adentro. De esa manera es como surgen construcciones y remodelaciones de todo tipo, que son útiles a los inmediatos fines deportivos, prometiendo una futura función social que pocas veces se concreta. “Lo importante es que a la ciudad le van a quedar un montón de obras”. ¿Cuántas veces escuchamos eso?

Así nacen los famosos elefantes blancos, estadios que al poco tiempo son abandonados y quedan como prueba de la corrupción. Pero ojo, porque también están aquellos escenarios que cumplen con las expectativas, instalándose y relegando a otros estadios cercanos, que por menor capacidad, por mayor antigüedad o simplemente por desidia, terminan tapados de yuyos…en el mejor de los casos.

Inaugurado en 1926 bajo el nombre de Estadio Gyeongseong, el viejo estadio de Seúl cambió su nombre a Dongdaemun en 1945, con la liberación coreana.  A lo largo de su historia, albergó competencias de fútbol y otras disciplinas, sufriendo algunas remodelaciones que llevaron su capacidad a poco menos de 30 mil espectadores, superando al Hyochang, que llegaba a 18 mil.

Cuando Seúl pensó en organizar los Juegos de Asia de 1986, se dieron cuenta de que ambos estadios quedaban chicos y había que construir uno moderno, que estuviera a la altura del acontecimiento. Fue ahí que comenzó a eregirse el gigante Estadio Olímpico, con capacidad para casi 100 mil personas, transformándose luego en el reducto principal de los Juegos de 1988.

A pesar de haber perdido protagonismo, el Dongdaemun fue utilizado en la cita olímpica, con partidos como Irak – Italia, Australia – Brasil, Australia – Nigeria, y el choque de cuartos de final entre Argentina y Brasil, con victoria de la Canarinha por 1 a 0, con gol de Geovani Silva, con colaboración de Luisito Islas.

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Después de aquel duelo, el Dongdaemun siguió siendo utilizado por 3 equipos de la K-League: el Ilhwa Chunma, el LG Cheetahs y el Yukong Kokkiri, pero luego  la reorganización del fútbol de Corea del Sur terminó reduciendo su uso a algunos partidos amistosos. El final era inevitable.

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Habiendo agonizado durante toda la década del 90, en 2003 cerró sus puertas para los acontecimientos deportivos y entonces empezó su etapa más triste, convirtiéndose primero en estacionamiento del estadio de béisbol que quedaba enfrente (también cerró en 2007) y luego en una feria con puestos de ropa y comida. Y seguramente habría alguno ofreciendo escribirte el nombre en un grano de arroz (?).

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Luego de la demolición de la cancha de béisbol, llegó el turno de la cancha de fútbol. Dongdaemun hoy es un centro de compras y entretenimientos. La Corea libre que tanto soñaron (?).