Rovira Gonzalo

Gonzalo Eduardo Rovira

Eterno juvenil, eterna promesa, eternamente en deuda por todo lo que se esperaba de él, y lo poco que pudo rendir. Que le faltaron oportunidades, que tenía una mochila muy pesada, que no manejó bien su carrera. Lo cierto es que nunca alcanzó el estrellato imaginado al irrumpir en la primera de San Lorenzo, con el mortífero antecedente de ser uno de los máximos goleadores de sus divisiones inferiores.

Después de sentarse en el banco de suplentes en los últimos tres partidos del Apertura 2006, y tras una espera que parecía interminable, finalmente el debut le llegó el 24 de septiembre de 2009. Fue frente al Cienciano, por Copa Sudamericana. Y la experiencia no podría haber sido mejor para el joven delantero: marcó un gol y dio dos asistencias en la victoria por 3 a 0, que dejaba a los de Simeone a un paso de los cuartos de final. En el partido de vuelta, el delantero le marcó otra vez al conjunto peruano para sellar la clasificación. A los 21 años, llegaba al punto más alto de su carrera. Nunca más iba a estar cerca del brillo alcanzado esos días.

El buen rendimiento que mostraba cada vez que le tocaba jugar no alcanzaba para convencer al Cholo, por lo que el club decidió darlo a préstamo, lo que motivó las protestas de los hinchas: unos 150 fanáticos realizaron una movilización para mostrar su inconformidad con la salida del jugador, entre otros motivos. Por si esto no quedó claro, es necesario repetirlo en negrita: más de un centenar de personas fue a pedir explicaciones a la sede porque se desprendían de Rovira… ¡¡DE ROVIRA!!

Su destino fue La Serena, de Chile, donde jugó poco y pasó por un susto difícil de olvidar: vivir rodeado de chilenos un terremoto que sacudió al país. “Paraba en un hotel. Estaba durmiendo y se me movió todo. Me desperté y me quedé helado. Me asusté mucho, no tenía manera de comunicarme con mis familiares. Hasta que hablé con mi mamá y me pidió que volviera. Tenía contrato hasta diciembre y lo rescindí”, contó, más aliviado, a la vuelta.

El Apertura 2010 lo tuvo presente en 7 partidos, por lo que su segunda etapa en San Lorenzo solo fue una escala para conocer un nuevo destino: Ecuador. Lamentablemente para los hinchas que se ufanaban (?) con el “¡Qué jugador dejamos ir!”, su rendimiento con la camiseta del Deportivo Quito fue mediocre. Pero si a él le fue mal, al club le fue peor: como le quedaron debiendo plata, Rovira presentó un reclamo que llegó hasta la FIFA, que en 2016 resolvió quitarle puntos al equipo, cooperando así en su descenso a Segunda División.

Como el dueño de su pase seguía siendo el Ciclón, tuvo que regresar al Bajo Flores. Se veía venir otro préstamo, y esta vez el afortunado (?) fue Douglas Haig (2012/13). Allí, ni el Pampa Jorge ni Mostaza Merlo lo tuvieron entre sus delanteros favoritos, por lo que  buscó mejor suerte en Salta, firmando para Gimnasia y Tiro (2013). Sin embargo, pocos meses después y por razones económicos el club decidió prescindir de tres futbolistas: César González, Claudio el falso Beto Acosta y Gonzalo Rovira.

Sus siguientes pasos los dio con las camisetas de Colegiales (2014) y de Textil Mandiyú (2015). Es interesante detenerse en la campaña del equipo correntino durante la primera fase de ese Torneo Federal A: 15 partidos perdidos, 2 empates y una sola victoria. Rovira ni siquiera llegó a completar este tramo del campeonato, ya que en un momento random (?) apareció en una prueba en San José de Oruro, que finalmente decidió contratarlo. La tristeza de los foristas de San Lorenzo al ver el derrotero (?) de su protegido se podía sentir en los cien barrios porteños.

En el equipo boliviano vivió un dejà vu: pocos minutos, bajas actuaciones, salida tumultuosa. Aunque en este caso su partida no fue tan rápida: decidido a no romper su contrato así nomás, Rovira siguió formando parte del plantel aún sin jugar, ocupando así una plaza de extranjero e impidiendo la contratación de alguna figura rutilante (?) del exterior.

Finalmente, en 2016 retornó a Argentina. Con 28 años defendió los colores de Atlético Uruguay de Concepción del Uruguay, en el Torneo Federal B. Allí, al lado de Celso Esquivel y el haitiano Judelin Aveska, disputó los que fueron sus últimos partidos en el fútbol (más o menos) profesional. Se desconoce si los hinchas de este equipo se movilizaron para pedir por su continuidad.

Crucero del Norte (2015)

Nacido en 2003 como un desprendimiento de la empresa de colectivos homónima, el club Crucero del Norte partió desde la ciudad misionera de Garupá, iniciando un corto pero agitado viaje que terminó en la plataforma menos imaginada: la Primera División. Acá, el recorrido.

Después poco más de una década de dormitar en el semi-cama de los torneos regionales y el Nacional B, a finales de 2014 el cuadro de Misiones sacó pasaje para la clase ejecutiva del fútbol argentino, gracias a esa insólita repartija de diez ascensos que terminaría de desvirtuar lo que conocimos como torneos cortos.

Su arribo, entonces, se programó para el 2015 y hubo que ocupar los asientos. Fue así como el Colectivero anotó en su planilla los 31 nombres: Diego Torres, Ariel Cólzera, Fabián Monserrat, Claudio Fileppi, Nicolás Olmedo, Julio Barraza, Ernesto Pinti Álvarez, Germán Caffa, Guillermo Datke, Victor Cabaña, Adrian Yaguziezko, Lucas Caballero, Dante Bareyro, Federico Rosso, Marcelo Lamas, Juan Cabrera, Enzo Godoy, Gabriel Chironi, Nico Dematei, Alejandro Martinez, Gabriel Ávalos, Alejandro Pérez, Juan Mendonca, Horacio Ramirez, Maximiliano Oliva, Rodrigo Lerchner, José Dujaut, Fabio Vázquez, Diego Calgaro, Gabriel Tomassini y Dardo Romero. Ya para el segundo tramo, se bajaron Cálgaro, Fileppi y Torres; pero ahí nomás se subieron Adrián Alegre, Pablo Stupiski y el hombre del reloj pulsera, el gran Gumersindo Mendieta.

La ruta, sin embargo, fue más complicada de lo que se imaginaban.  En el debut, Crucero igualó 0 a 0 con Tigre, desperdiciando un penal. De lo que más se habló ese día, fue de la famosa grama bahiana, el césped artificial que se notaba que era mucho más largo y espeso que el de cualquier estadio argentino.

Le costó conseguir su primer triunfo: fue en la fecha 7, ante Temperley. Siguió mordiendo banquina, pegó un volantazo con la ida de Schurrer y puso de chofer a Sebastián Rambert. No le acanzó ni para pagar el peaje.

Al pésimo rodaje, se le sumó el mal clima entre los pasajeros, que comenzaron a viralizar algunas imágenes para quejarse de las pocas comodidades del micro que los trasladaba. Hacer mil kilómetros y perder 4 a 0 con Argentinos Juniors, no era una buena publicidad para Crucero del Norte. Algunos pedían avión. Y el presidente Koropeski, firme en sus ideales, declaraba: “Seguimos siendo colectiveros”.

Ya para septiembre de 2015, la gente se amontonaba en el pasillo y quería tirarse por la ventanilla. En una derrota 3 a 1 ante Lanús, una bandera de prolija confección apareció en la tribuna: “Jugadores. Si siguen yendo al casino de Paraguay, no vamos a ganar”. El mensaje era claro. Las sospechas de la autoría iban hacia el mandamás de la institución, que ya no bancaba el proyecto y mucho menos si los jugadores andaban en la ruleta o en el Casino Epoca casino online. Tenía la excusa perfecta para hacer una limpieza.

Luego vendrían varios alfajores de fruta y café recalentado, para agarrar una curva demasiado cerrada y terminar descarrilando: River, Boca, Independiente y Racing. Todos en fechas consecutivas. Y todos con una derrota. La última, ante el Xeneize, terminaría marcando el anunciado descenso por la escalera. Allá afuera, lo esperaría Aldosivi para darle los bolsos y decirle adiós.

En las despedidas, suele haber congoja. Y la lágrima acá fue la campaña: 30 partidos jugados, 3 victorias, 5 empates y 22 derrotas. Último en la tabla, con 21 goles a favor y 55 en contra.

¡Buen viaje, Crucero! Volvé cuando quieras.

[ESTRENO] Los Mercurial 360

El 2018 trae varias novedades para los futboleros amantes de la indumentaria deportiva y el primero en pisar fuerte es Nike, que presentó en Inglaterra la nueva generación de Mercurial, un botín creado especialmente para los jugadores más rápidos del mundo. Las dos versiones, los Mercurial Superfly 360 y los Mercurial Vapor 360, estarán disponibles en Argentina a partir de marzo.

Velocidad, la clave

Durante 20 años, Nike ha diseñado botines para los jugadores más rápidos, presentando innovaciones experimentales y revolucionarias. Los Mercurial 360 continúan esa tradición, basándose en tres factores fundamentales: el calce, la tracción y la sensación al pie, que mejora el rendimiento.

La apariencia

Para el 20° aniversario, los Mercurial adoptan una estética limpia, con una pequeña Swoosh en la puntera y una “M” en el talón. “Los jugadores Mercurial tienden a ser muy veloces, así que esa “M” es lo último que los defensores verán cuando el jugador Mercurial pase volando por su lado” (?), dice Jeongwoo Lee, Director de Diseño Denior de Nike Football.

Tanto las versiones de Superfly y Vapor de Mercurial 360 tienen una cobertura interna de una sola pieza, suave, que es parte del esfuerzo por reducir la cantidad de componentes del botín. Se impone el minimalismo.

Si sos seguidores de En Una Baldosa, estate atento porque el 8 de marzo se presentan los Mercurial 360 en Argentina y vamos a tener una sorpresa.

Mal Pase: Manicero al Emelec (2008)

A la deriva. Así estaba el delantero Diego Manicero a mediados de 2008 tras un semestre con poca actividad: apenas 6 encuentros (ninguno completo) con la camiseta de Racing, en una temporada olvidable que culminaría con la Academia defendiendo su lugar en la máxima categoría ante Belgrano de Córdoba en la Promoción.

A Avellaneda había llegado a préstamo desde Lanús, de la mano de Miguel Ángel Micó, a quien conocía de su estadía en el Granate. “No me dejó mucho mi paso por Racing. La verdad es que no me fue como yo quería. Había tenido un diálogo con Miguel y me había dicho que me iba a dar más oportunidades, pero después no se dio. Es cierto que tampoco acompañaron los resultados como para que se pudiera tener una chance”, se sinceró el atacante.

De nuevo en Lanús, también se le cerraron las puertas. Así surgió la posibilidad de incorporarse al Emelec de Ecuador, que venía a los tumbos en el campeonato local y necesitaba un goleador. Caída la chance del peruano Juan Diego Gonzales-Vigil, Manicero tenía todos los números y hasta llegó a ser anunciado por la prensa.

Sin embargo, el pase no se concretó y el delantero terminó actuando en Belgrano de Córdoba (2008/09), donde tan solo jugó 6 partidos… y no convirtió goles.

Alcaraz Walter

Walter Oscar Alcaraz (Guadaña / El Negro / Cuco)

¿Ponerse un locutorio? ¿Abrir una cancha de paddle? ¿Apostar al dólar? ¡Nada de eso! Si hubo un negocio de alto riesgo en la década de los noventa, ese fue el de jugador de fútbol profesional medianamente habilidoso. Más aún, si la falta de fortuna hacía enfrentar tu frágil humanidad contra ese temeroso escuadrón suicida llamado Club Atlético Vélez Sársfield.

Porque, recordemos, agarrabas la pelota en la mitad de la cancha y aparecían, cual zombies sedientos de carne, Carlos Compagnucci y El Negro Marcelo Gómez para hacerte la vida imposible con una caterva de recursos de los cuales el cachetazo era el más leve. Pasabas y se materilizaba Flavio Zandoná dispuesto a convertir a cualquier perejil, probablemente vos, en su nuevo Edmundo. Luego venía -tirando la plancha desde Piguë- Roberto Trotta con sus escupidas y su chamuyo. Chocabas contra las piernas y codos de Víctor Hugo Sotomayor y el tipo salía indemne con su angelado aire de “si yo simplemente soy un pobre científico que busca la cura contra el cáncer”. Y atrás de él, claro, aparecía sonriéndose diabólicamente El Pacha Cardozo, quien, básicamente, no tenía ningún pudor de bailar un malambo sobre tu tibia… ¡Y todavía faltaba enfrentar a José Luis Chilavert, viejo! Con esta mafia en la retaguardia ¿Cómo no iba a llegar a Campeón del Mundo aquel equipo de Carlos Bianchi? Así cualquiera, hermano…

A Dios gracias y por el bien del deporte, los nombres antes mencionados quedaron anclados en el manual de ritos, conjuros y sartilegios del Siglo pasado. Sin embargo, la gente del Fortín volvió a sentir aquel mix de emociones vividas gracias a la sinfónica de Compagnucci, Gómez, Zandoná, Trotta, Sotomayor, Cardozo y Chilavert –no la de volver a ganar torneos continentales, está claro- con sus dosis justas de violencia, lesa humanidad y mala leche, en las escuetas presentaciones de Walter Alcaraz por Primera División.

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A veces zaguero, a veces lateral, siempre “uno que está en el fondo”, Guadaña nació el 7 de abril de 1983 en Lomas de Zamora. Surgido de la cantera velezana, debutó (y como titular) en la jornada 17 del Apertura 2002, cuando el entrenador, Carlos Ischia, decidió dejar de lado su poco productiva línea de tres y probó con cuatro defensores, ubicando a Alcaraz en la posición de lateral izquierdo. ¿Cómo le salió? Re bien, perdieron 2 a 0 con Newell’s y Roberto Nanni se hizo un gol en contra. De regreso al líbero y stopper, El Pelado no quiso quemar al purrete y lo dejó como titular en las dos últimas fechas de aquel campeonato.

Pero claro, estamos hablando de uno de las tan mentados “ciclos de transición” por los que siempre, pero siempre, transita el club de Liniers. Por tal razón, en el Clausura ´03 Alcaraz tuvo su mejor producción en Primera (12 partidos como titular), alternando con Emiliano Dudar, Santiago Ladino, Fabricio Fuentes, El Ruso Uglessich, Maxi Pellegrino y Hernán Pellerano, sin ser ninguno de los mencionados titular indiscutido. Al menos, el bueno de Guadaña nos regaló un gran repertorio de murras, patadas y topetazos.

En la temporada 2003/04 el defensor apenas metió 10 encuentros, siendo lo más destacado un gol en contra en el empate 3 a 3 frente a Boca en La Bombonera (falsamente atribuido al baldosero Carlos Marinelli). Luego sucedió lo inevitable: el regreso de Alcaraz a la Reserva durante un año para ver si aprendía a diferenciar una número cinco de un peroné. El objetivo tardó en concretarse. Por tal razón, nuestro protagonista vio desde la platea al Fortín campeón del Clausura ’05.

Reintegrado al plantel principal, desde mediados de 2005 a finales de 2006 Walter Alcaraz disputó sus últimos 13 encuentros con La V Azulada. Pero, eso sí, repitió su momento de gloria: otro gol en contra en un empate 3 a 3; en esta ocasión frente a Tiro Federal de Rosario. No cualquiera, eh.

La primera fecha del Apertura ’06 marcó su despedida abrupta de Primera División. Esto sucedió cuando visitaron a Newell´s en Rosario y dos entonces ignotos debutantes delanteros paraguayos llamados Santiago Salcedo y Oscar Cardozo se hicieron un festín con la defensa velezana pero, por sobretodo, con un lentísimo y cuadradísimo Walter Alcaraz. Después de aquel 0-3, todos en Vélez le dijeron hasta nunca.

Un préstamo de un año y medio en Chacarita (2007/08) de la B Nacional, pareció ser la mejor opción para todos. Y allí sus violentos recursos y su aura peronista fueron en principio festejados; pero se le volvieron totalmente en contra luego de cometer un penal de lo más insólito, pelotudo e inexplicable en el último minuto de un encuentro frente a Platense. Lo bueno es que allí lo dirigió Pedro Damián Monzón y su suplente era El Chaco Insaurralde… ¡Agarrate las canillas! Con el pase en su poder, Alcaraz se sumó a otro equipo de Segunda: Aldosivi (2008), pero su horrible desempeño sumado a una velocidad digna de quien corre en chancletas por la arena de la playa Bristol obligaron a los dirigentes a rescindirle el contrato a los seis meses.

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En Los Andes (2009/10), Guadaña se dio el lujo de meter un descenso a Primera B Metropolitana y jugar una temporada completa en esa categoría. Luego, y como una especie de justicia poética, los hermanos Schiavi se sintieron identificados con él y lo llevaron al equipo de su pueblo: Rivadavia de Lincoln (2011), donde disputó el Torneo Argentino A.

Flandria (2011/12, B Metro), Almagro (2012/13, B Metro), Olmedo (2013) y Macará (2014) ambos de la Segunda de Ecuador, Huracán de San Rafael (2014, Argentino B) y un sospechoso y revelador paso testimonial por Platense (2015, B Metro) fueron los equipos donde el defensor continuó su faena. Hoy, por supuesto, nuestro homenajeado está retirado y no sabemos a qué se dedica. Lo que si sabemos, con seguridad, es que miles de jugadores habilidosos respiran aliviados y no huyen cobardemente hacía otro costado como cuando divisaban la robusta, desenfrenada y salvaje silueta del Negro Guadaña. Porque esa fue la inexorable consigna durante algún tiempo… Fuga de Alcaraz.

San Miguel con pecheras (2016)

Si un equipo de camiseta verde y blanca se enfrenta a otro de camiseta verde y blanca, uno de los dos debería usar una prenda alternativa. Esta norma, basada tanto en el reglamento como en el sentido común, se puede romper si el partido es válido por un torneo de ascenso, la dimensión donde todo es posible.

Para disputar su encuentro por la 7º fecha del campeonato de la Primera C, tanto San Miguel como Laferrere solo contaban con su clásico atuendo, de colores y diseño similares. Lo que en un país de verdad (?) hubiese sido tomado como un bochorno, en Argentina no pasó de una situación curiosa. Y de rápida solución: el local se vistió con unas pecheras rojas, apenas cortadas por la marca que lo vestía, sin escudo ni números (para diferenciar a los jugadores alcanzaba con los del pantalón).

De esta manera, el Trueno Verde jugó los 90 minutos, en los que consiguió un triunfo valioso. Para horror de los cabuleros, las pecheras no volvieron a aparecer como vestimenta de juego. No fueron necesarias: en esa misma campaña, los de Los Polvorines obtendrían el ascenso a la Primera B Metropolitana, ya vistiendo sus colores habituales.