Boca y River con la camiseta de Palmeiras (1948)

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En el verano de 1948, la Federación Paulista de Fútbol aprovechó la presencia de Boca Juniors y River Plate en Brasil para organizar un partido amistoso entre un combinado argentino y los mejores jugadores del Trío de Ferro (Palmeiras, Corinthians y São Paulo) agrupados en un invento que se llamó Selección Paulista.

Al encuentro, que se realizó en el estadio Pacaembu, acudieron miles de personas que nunca supieron que estuvo a punto de suspenderse. ¿El motivo? Los argentinos no se ponían de acuerdo… con la camiseta. Sin un uniforme genérico que satisficiera a los dos, los de Boca se negaban a usar los colores de River y viceversa. Ninguno quería dar el brazo a torcer.

La solución llegó de la mano de Elmo Bovio, delantero argento del Palmeiras que tenía amigos en ambos planteles y que propuso que utilizaran la tradicional casaca del Verdão.

Entonces, Bover salió a la cancha vestido de verde con Obdulio Diano (Boca), José Marante (Boca), Rodolfo De Zorzi (Boca), Norberto Yácono (River), Néstor Rossi (River), José Ramos (River), Mario Boyé (Boca), José Manuel Moreno (River), Alfredo Di Stéfano (River), Ángel Labruna (River) y Gregorio Pin (Boca). Luego, entraron Amadeo Carrizo (River), Alberto Luis Castellani (Boca), Pío Corcuera (Boca), Jaime Sarlanga (Boca) y Félix Loustau (River).

En la vereda de enfrente, los brasileños formaron con Oberdan Cattani, Caieira (Renganeschi), Noronha (Turcão), Rui, Zezé Procópio, Waldemar Fiúme, Cláudio, Pinho, Yeso Amalfi, Servílio (Canhotinho) y Teixeirinha (Remo).

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Más sorpresivo que el shock que significó ver a un conjunto argentino usando la indumentaria de un equipo brasileño fue ver a los once players del combinado nacional con la camiseta de Boca Juniors al inicio del segundo tiempo, incluso aquellos muy identificados con el club de la banda roja, como Ángel Labruna. Al parecer, los nuestros habrían limado asperezas en el vestuario para demostrar que estaban más unidos que los locales.

¿El resultado del encuentro? Un anecdótico 1 a 1 con goles de Pin para los de verde y Servílio para los paulistas.

Guede Pablo

Pablo Adrián Guede (Loquita)

Por supuesto, después podemos discutir ampliamente si este es un posteo que merecemos. De lo que vamos a estar todos de acuerdo, sin ningún lugar a argumentación, es que el que usted está leyendo es un texto que necesitamos ¿Y cuáles son las razones para una afirmación tan temeraria? En principio, que en toda la web no se encuentra una mísera foto de nuestro protagonista en su pasaje por la Primera División del fútbol argentino.

La segunda causa, la más importante, es que en todos los escritos sobre su persona se rememora su paso por el Deportivo Español como una apurada y desganada tilde en la lista del supermercado; cuando ahondando sutilmente en su trayectoria uno choca sin cinturón de seguridad sobre una inexorable conclusión: el pintoresco, llamativo y renombrado Pablo Guede halla su génesis en el baldoserismo. Entonces, por carácter transitivo, encuentra en En Una Baldosa su media naranja para recordar aquellos irrepetibles días de la lejana década de los noventa…

Martes 26 de noviembre de 1996. En la milenaria y ancestral Tokio, River Plate caía por 1 a 0 frente a la Juventus de Turín por la tan ansiada Copa Intercontinental. Quiso el destino, cruel hijo de puta, que ese mismo día, tan sólo un par de horas después, su rival de toda la vida, Steaua Bucarest Boca Juniors, jugase en el Bajo Flores frente al Deportivo Español en un devaluado partido que solo servía para conectarle ganchos al hígado al vapuleado técnico Xeneize: Carlos Salvador Bilardo.

En un encuentro soporífero, según destacan las crónicas de la época, Boca se encaminaba a la necesitada victoria gracias a un tanto convertido por el uruguayo Néstor Gabriel Cedrés, para alegría de sus escasos hinchas que se habían acercado hasta la cancha ataviados con la camiseta de Alessandro Del Piero.

Irónicamente, a falta de trece minutos, los locales acabaron con la extasis bostera gracias a un tanto convertido por un ignoto jugador que había ingresado en el entretiempo ¿su nombre? Pablo Adrián Guede, quien, además de marcar su primer gol en la elite, se convirtió en héroe inesperado y ayudó a levantar la golpeada moral riverplatense: “Yo perdí con Juventus y con Del Piero… y a vos te empató Español con un gol de ¡Pablo Guede! ¡Pablo Guede!”, se escuchó al otro día en más de un colegio secundario.

Claro que el susodicho no era precisamente un iniciado. De profesión delantero y nacido el 12 de noviembre de 1974, Pablo Guede había debutado con los Gallegos durante el Apertura ‘92 y a causa de las pocas oportunidades que le brindaba aquel buen equipo del Deportivo Español -donde en el ataque brillaban El Puma Rodríguez, Walter Parodi, Hugo Castillo o Wilson Núñez- aceptó pasar a préstamo a Nueva Chicago del Nacional B durante la temporada 1995/96 para ganar ritmo de competición.

En Mataderos tuvo un buen rendimiento jugando en el ataque junto a Leandro Lázzaro y a, cuando no, Christian El Gomito Gómez. Esto motivó a Oscar Cavallero a pedir su regreso al feudo de Ríos Seoane en junio de 1996, ya que los refuerzos escaseaban y ya se avizoraba, para ellos, una eterna oscuridad.

El Apertura ’96 fue el más productivo de su campaña en Primera, ya que metió 14 encuentros –la mayoría de ellos como suplente- y convirtió su únicos 2 tantos: aquel contra Boca y otro frente Estudiantes en el empate 2 a 2 por la última jornada.

Además, se dio el gusto de compartir plantel con gemas baldoseras como: Arístides Pertot, Diego Corpache, Gustavo Artaza y Gastón Romancikas, entre otros. Claro que también había jugadores de en serio (?) en ese plantel, como: Hernán Meske, El Cabezón Dopazo, El Moncho Fernández y Carlos Odriozola ¿Alguien más para destacar? Si, nada más y nada menos que Jorge Francisco Almirón con quien, en más de una ocasión, Guede practicó fútbol ofensivo… para los ojos.

Durante el Clausura ’97, Pablo Guede tuvo menor participación en su equipo pero, eso si, llegó a las primeras planas cuando fue miembro del “Club de los Seis Jugadores” quienes durante ese torneo incitaron a una huelga general de futbolistas para lograr su libertad de acción del Deportivo Español y que, entre otras cosas, llevaron a la intervención del Presidente Men*m y motivaron a Fernando Miele a echar a Oscar Ruggeri de San Lorenzo. Pablo Guede, además de quedarse con el pase en su poder, supo cosechar para el futuro. Por que hombre precavido vale por dos mil.

Pablo Guede estuvo el último semestre de 1997 en el Xerez de la Segunda de España, donde apenas metió 5 partidos. Luego pasó al Málaga de Segunda B y allí consiguió el ascenso a Segunda siendo suplente como Pablo Trobbiani. La temporada 98/99 fue ratificado en ese equipo y allí logró el ascenso a Primera siendo relevo tanto del entonces brasileño Catanha como del portugués, ex Real Madrid, Edgar. Lamentablemente, él se quedó en la Categoría de Plata para ser suplente de Mariano Armentano en Elche (1999/2000).

A comienzos de 2001 pasó al Ejido de Segunda B, donde otra vez logró el ascenso. Una vez en Segunda fue suplente durante los últimos seis meses de 2001 del Tanque Gabriel Bordi. Eso fue demasiado. A principios de 2002 se fue a vivir definitivamente a la Segunda B ibérica para lograr algo de titularidad por primera vez en su vida, vistiendo las camisetas de Motril (2002), Real Jaén (2002-03) y Melilla (2003-06).

Y fue allí, jugando es ese remoto equipo de una isla cercano a las costas de África, cuando Pablo Guede decidió alejarse definitivamente de la práctica activa para comenzar una ascendente carrera como entrenador, de la cual todos sabemos absolutamente todo, dado la cotidianeidad de este personaje.

Entonces, si este personaje parece ser cotidiano… ¿para que cuernos escribimos este posteo? Obvio, boludos: para tributarlo como sacrificio en el tradicional indulto navideño. Con lo caro que van a estar las cosas, es conveniente asegurarse con varios meses de anticipación los regalos…

Banfield con V verde (1960)

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De verde y blanco, pero con infinitos diseños. Así parece ser la historia de las camisetas de Banfield. Desde las más típicas, con bastones verticales o con la banda transversal, pasando por infinidad de combinaciones que incluso cuesta recordar.

Una de esas variantes fue la de 1960, con una V verde sobre el manto blanco. La camiseta estilo Vélez fue usada, por ejemplo, en un partido frente a Temperley. En la foto se puede observar a Anglese y Galván persiguiendo a Diz, aunque la mayor curiosidad la encontramos en el margen izquierdo, con Osvaldo Zubeldía quemando sus últimos cartuchos como jugador. Es más, por ese entonces ya dirigía a Atlanta. Sí, ¡al mismo tiempo!

Años más tarde, el Taladro seguiría innovando: usó una camiseta con franjas horizontales, otra a mitades y algunas con diseños más extravagantes. Eso sí, manteniendo el verde y el blanco en su uniforme titular. Desprolijos, pero con respeto por los colores.

Vestuario Local: Polleras

Como se imaginarán, esta entrada no trata de polleras literalmente.

A esta altura, la mayoría ya sabe de qué va esta sección: agarramos un grupo de hinchas anónimos e invisibles de las canchas del país y reivindicamos su existencia usando a la moda como excusa.

Hoy nos reúne uno de los personajes más odiados para los que nos toca mirar desde afuera, aunque curiosamente a los protagonistas eso poco les preocupa.

Hoy hablamos de “Los pollerudos”, novios abnegados que a veces aman a su novia incluso mas que a al club de sus amores.

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Son fácilmente reconocibles porque: 1) Van aferrados a su pareja como si estuviesen marcando a Jan Koller en un tiro libre. 2) Se esmeran en su higiene un poco más que el promedio (ir a la cancha ahora es una cita). 3) Hay un grado importante de simbiosis entre su ropa y la de su novia (una gran parte abandona la camiseta en pos de lograr esto).

En este caso, este hincha de Ferro también tuvo que abandonar la birra del ritual de la previa – probablemente también la previa- para cambiarla por la sobrevaluada gaseosa del “cocacolero” local.

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Pero si una chica te banca yendo a ver a Defensores de Belgrano ya es algo serio. Es más raro que ver ahora a Rumania en un mundial. Por eso entendemos en este caso el apego y que usen el mismo modelo de anteojos de sol.

Además, ¡eh! Todavía sigue siendo mejor que el que deja de ir a la cancha del todo ni bien se empareja, así que respeto.

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Y si hablamos de simbiosis estilística, no pueden faltar el grupo al que cariñosamente llamaré “los hermanos”. Probablemente ni ustedes me crean que estos chicos no lo son y que sean menos demostrativos que una hinchada alemana sobria no ayuda.

Además de su parentesco físico y la visión disminuida, los une también esa onda estudiante de Filosofía y Letras (tan popular en las tribunas de su amado Ferro).

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Y a pesar de que la creencia popular dice que el apego extremo es sólo los primeros años de relación, estos dos tortolos -con el mismo gusto por los lentes aviadores y color el azul- refutan esa hipótesis.

Créanme, soy una persona que ha visto señores volverse desde la cancha de River hasta el auto estacionado en Puente Saavedra porque la señora no quería tirar algo en el cacheo. El amor no tiene límites.

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A otros sacrificios como dejar la birra, los amigos y arreglarse para ir a la cancha se le suman: donarle tu buzo cuando cae la noche (aunque te estés cagando muriendo de frío vos también), bancarte que diga todo el tiempo que el 7 es churro (pero ojo si se te van los ojos atrás de unas calzas), que grite goles en offside y que te pida que la acompañes al baño en pleno primer tiempo…¡Ah! Y toca pagar todas las consumiciones.

Algunos pollerudos destacados son: David Beckham, el “Poroto” Cubero y los señores Wanda Nara.

Sin embargo, todos somos susceptibles a enamorarnos por lo que todos potencialmente podemos ser -chicos y chicas- protagonistas de un post como este.

Antes de enojarte con un amigo, reflexioná. Mañana el pollerudo podés ser vos.

DT Error: Carlos Bianchi en Atlético de Madrid (2005/06)

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Luego de un año sin estar al frente de un plantel (su último partido había sido el 1º de julio de 2004, la noche en la que Dios cambió el número de celular y las medallas para el subcampeón quedaron sin dueño), Carlos Bianchi se animó a enfrentar una nueva aventura en tierras europeas. La anterior, en Roma, había sido un trago amargo. Y esta no sería muy diferente.

El argentino fue presentado como la gran esperanza del Atlético de Madrid para volver a disputar competencias internacionales, luego de hacer una Liga mediocre, que lo había dejado en mitad de tabla. “La temporada pasada el Atlético terminó undécimo. Ahora, debe reencontrarse con Europa”, manifestó el Virrey durante su presentación, fijando como objetivo principal terminar entre los equipos españoles que clasificaran a  la Champions League o a la Copa UEFA.

Para eso se requerían refuerzos de categoría, y el DT lo sabía: pidió a Javier Mascherano, al Conejito Saviola y, obviamente, a Juan Román Riquelme, de quien dijo: “Yo con Román hablo constantemente; nos tenemos aprecio mutuo y sé que desearía jugar en Atlético de Madrid.”. Obviamente, no llegó ninguno de los tres. Sin embargo, arribaron nombres destacados como Maxi Rodríguez, Martin Petrov, Mateja Kežman y Luciano Galletti, entre otros. “Pienso que, con este grupo, merecemos figurar entre los mejores”, pareció darse por hecho el entrenador, destacando que “aunque el Real Madrid y el Barcelona son más ricos, el Atlético hizo una buena inversión con los nuevos fichajes”.

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Las expectativas eran altas, la ilusión era grande, pero a la hora de jugar, lo del Colchonero fue bastante opaco. La campaña de Bianchi constó de modificaciones permanentes, chicanas constantes con la prensa y resultados que no estuvieron a la altura de lo que todos pretendían. A continuación, el repaso por algunos momentos destacados (no por lo bueno, precisamente) de su estadía en Madrid:

  • “Me cago en la concha de todos, es la segunda vez que nos roba”. Así se refirió el técnico al colegiado (?) en el partido frente al Athletic Bilbao, al que se le fue la mano con el descuento permitiendo el empate de los vascos.
  • Una constante en la temporada fue que al Atlético le convirtieran goles de cabeza. El 11 de diciembre de 2005, el Alavés (último en ese momento) le empató un partido a pocos minutos para el final de esa manera. Al ser cuestionado por los periodistas, Bianchi encontró la solución: “habrá que fichar a Michael Jordan”, manifestó.
  • En pleno invierno europeo, hubo que visitar al Osasuna. En una cancha que había sufrido una fuerte nevada, los madrileños cayeron sin atenuantes y Carlitos eludió responsabilidades: “con un campo normal podía haber sido otra historia, pero ellos están más acostumbrados”. Como si Pamplona quedara en Finlandia.
  • Por otro lado, es cierto que la fortuna no estuvo de su lado: en el mencionado partido, los cuatro arqueros principales estuvieron ausentes por diferentes motivos y tuvo que atajar Roberto Jiménez, el quinto en la lista, quien habitualmente defendía los colores del el Atlético Aviación, el segundo equipo filial del club.
  • En enero de 2006, otra muestra de que cuando la cosa viene torcida, no hay vuelta que darle: 14 jugadores del plantel fueron afectados por una intoxicación que les causó una gastroenteritis aguda, provocando la postergación del partido frente al Zaragoza, por la Copa del Rey.

Los malos resultados, sumados a declaraciones que no cayeron del todo bien (“En la Argentina, siempre me han entendido. No quiero pensar que el jugador argentino es más inteligente que el de acá”, dijo en una oportunidad), pusieron en jaque a Carlos, quien luego de haberse jugado mencionado encuentro (derrota en casa por los Octavos de Final) fue despedido con silbidos, pañolada y el infaltable gritó “Bianchi, vete ya”.

Ahí nomás, la Junta Directiva decidió ponerle fin al ciclo de argentino, que dejó la capital española con el equipo en el 12º puesto y un acumulado de 9 partidos sin ganar (7 empates y 2 derrotas), ubicándose a sólo cuatro puntos de la zona del descenso. Su récord fue de 6 victorias, 8 empates y 7 derrotas. Números suficientes para que el Virrey tomara una sensata decisión: había llegado la hora de dormir la siesta.

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Ronald Arana Céspedes

No es que nosotros fuésemos una manga de enfermitos… no, claro que no… pero en los primeros noventa, cuando era apenas un niño, tanto en mi barrio como en mi escuela el ademán que vemos en la foto de arriba era la respuesta a la infanto-sexual pregunta: “¿Sabés como cojen los marcianos?”. Y a eso se contestaba con una piña en la cara del amiguito que te quería someter o poniéndose dos dedos estirados horizontalmente en la frente, lo cual significaba que se habían invertido los roles y ahora vos lo empezabas a poseer al chistoso… No sé si esta práctica sexual será moneda corriente hoy por hoy entre los púberes, ya que hace mucho tiempo dejé de ser chico y hace todavía más tiempo dejé de tener prácticas sexuales (?).

Lo que si sabemos, con exactitud, es que en el lenguaje boliviano o, mejor dicho, en el idioma de Ronald Raldes, este ademán se traduce como: “¿Quieres ganarte unos billetes fáciles?”, o para ser más puntillosos en: “Ven, compadre, vamos a robarle unos pesos a los gauchos”. Y así, con la mano de uno sobre el hombro del otro, fue como se craneó la llegada de Ronald Arana a Rosario Central a comienzos del año 2006.

Confiable defensor para el medio boliviano y con una dilatada trayectoria que incluía pasos por Destroyers (1996), Oriente Petrolero (1996-97 y 2000-05) y The Strongest (1999), Arana llegó a Arroyito avalado también por su estabilidad en la Selección Boliviana, donde debutó de la mano del Bambino Veira en 1999.

Pero claro, lo que terminó inclinando la balanza a favor de su contratación fue la persuasiva palabra de Ronald Raldes quien, así como llevó a varios Canallas al altiplano (Juan Grabowsky, Germán Leonforte, Marcelo Aguirre, Ramiro Fassi, entre otros) también hizo la gestión inversa posibilitando el inédito hecho de un club argentino con tres jugadores bolivianos al mismo tiempo (el otro era el Máximo Goleador del Mundo, José Alfredo Castillo), de los cuales dos eran Ronaldos (?).

Pero claro, los rosarinos -que no comen vidrio a no ser que venga aderezado con gato- mantuvieron sus reservas y solo incluyeron a Arana en la lista de la Copa Libertadores con el dorsal número 3. ¿Y como les fue? Re bien, Rosario Central se quedó afuera en la Primera Ronda y el boliviano no concurrió nunca ni siquiera al banco de suplentes. Cuando Arana vio que por el Torneo local le daban su dorsal al arquero Jorge Fatura Broun para que atajase como titular en un encuentro frente a Instituto, supo que no le iban a prorrogar el préstamo y se volvió a su patria en el mismo avión que llevó de regreso a José Alfredo Castillo.

El fenecido La Paz Fútbol Club (2006 y 2011), otra vez Oriente Petrolero (2007), Bolivar (2008), Real Mamoré (2009) y Guabirá (2010) -todos de la Primera División bolita– fueron los equipos donde Ronald Arana dejó jirones de calidad. Su última participación fue en la temporada 2011/12 cuando ayudó al Jorge Wilstermann a abandonar el Nacional B del altiplano.

Hoy por hoy, Ronald Arana dirige a la Selección Sub-17 de Bolivia y regentea un salón de eventos en La Paz donde se realizan múltiples actividades -entre ellas cumpleaños infantiles y fiestas de fin de curso- logrando, al estar rodeado de gente de escasa edad, hallar la respuesta a la pregunta que desvela a la humanidad toda: “¿Sabés como cojen los marcianos?”.