Voy al Arco: Gabi (2014)

El Atlético de Madrid tenia un difícil compromiso en su visita al Estadio de los Juegos Mediterráneos: con la punta de la Liga Española en juego, debía enfrentar al Almería, que cumplía una discreta campaña. Pero lo peor para el equipo de Simeone pasaba por su propia portería: el confiable arquero belga Thibaut Courtois era baja por lesión y su lugar lo debía ocupar el inseguro Dani Aranzubía.

Y así fue hasta el minuto 84, cuando el dubitativo guardameta (que no se había mostrado firme en el primer gol del partido) falló al momento de jugar con los pies y le cometió penal a Zongo. O por lo menos eso fue lo que interpretó el colegiado (?), que encima le mostró la tarjeta roja. Con los tres cambios realizados, Gabi ocupó el arco del Aleti y no pudo hacer nada ante el disparo de Verza.

Los minutos restantes solo sirvieron para cumplir con el reglamento: no hubo más ocasiones de gol, para alivio del pobre mediocampista devenido en reemplazante del reemplazante del arquero bueno.

Palermo con nombre y número dorado (2011)

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No fue su partido homenaje. Ni siquiera fue su último partido como profesional. Pero sí fue la última actuación oficial de Martín Palermo en La Bombonera y eso motivó la creación de una camiseta con toque de distinción, incluso fuera de reglamento.

En aquel primer semestre de 2011, el Titán había experimentado miles de sensaciones. Como si hubiese mal asimilado que el Clausura era su torneo despedida, superó su peor racha y estuvo 953 minutos sin convertir. Luego de sacarse la mufa ante Huracán, metió una seguidilla que incluyó un gol en el Superclásico que le daría un empujón más a River en su camino a la B Nacional. En ese momento de recuperación, muchos pensaron que Martín seguiría unos meses más. Pero el final ya tenía fecha.

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En la jornada 18, el Xeneize de Falcioni recibió a Banfield. Terminó 1 a 1. Fue un partido de verdad, por los puntos, pero por momentos pareció un amistoso para homenajear al goleador. Y no sólo por las plaquetas, la capa y el arco de regalo, sino también por la indumentaria.

Gracias a un pedido especial del club a la AFA, la camiseta de Palermo pudo ser diferente al resto de sus compañeros de campo, algo que por reglamento no está contemplado. Fue así que Martín pudo lucir el 9 y el apellido en dorado, distinguiéndose por sobre sus compañeros, que usaron los dorsales en blanco como era habitual en ese entonces.

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Unos días más tarde y sin la casaca especial, por fin llegaría el adiós definitivo del Loco, nada menos que en La Plata, ante el Gimnasia de Guillermo Barros Schelotto. Ese día, Palermo le vio hacer dos goles a Cellay y entendió que había decidido bien, era momento de irse.

Aldosivi 1 – Shangai Shenhua 0 (2013)

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A ver, no hay que ser Sherlock Holmes, Batman, Indiana Jones o un miembro de Los Simuladores para encontrar, en cualquier época del año, un contingente repleto de chinos en Mar del Plata… Y cuando decimos “chinos” nos referimos a esos diminutos y peculiares seres humanos nacidos en el milenario gigante asiático y no a los millares de jóvenes que se aglomeran en las playas del sur para tener una amena conversación con El Creador, entre tantas otras sensaciones…

Todo aquel que, por la razón que fuere, desee hallar chinos en La Ciudad Feliz sabe que la mecánica es muy simple: hay que caminar una medianoche cualquiera hasta el puerto -más específicamente hasta la intersección de la calle 12 de Octubre con la Avenida Martínez de Hoz, ahí donde habitaban los payasos con sus circos– y aguardar a que una bandada de asiáticos con un aroma particular e indefectiblemente calzados con pantuflas aparezcan, súbitamente, en búsqueda de sus tesoros más preciados: cigarrillos de marcas alternativas, señoritas de buena vida y caninos regordetes para cualquier tarde de gula… como hace cualquier trabajador de la pesca cuando se encuentra varado en suelo extranjero. Bueno, salvo por la parte de los caninos.

En enero de 2013, inesperadamente, se pudo divisar a una manada de chinos en otra zona de Mar del Plata. Fue cuando el Shangai Shenhua de la Superliga comearroz (?) se apareció en la cancha de Cadetes de San Martín para jugar un encuentro amistoso frente a Aldosivi, que por aquel entonces se encontraba en la B Nacional.

Ante tamaño acontecimiento de gala –el primer enfrentamiento del club portuario frente a un equipo asiático– Fernando El Teté Quiroz puso en la cancha a lo mejor que tenía a mano, a saber: Pablo Campodónico; Nahuel Roselli, Ricardo Villalba, Darío Cajaravilla y Walter Zunino; Ignacio Malcorra, Mariano Herrón, Hernán Lamberti y Leandro Aguirre; Matías Gigli y Pablo Vázquez.

Por su parte, el Shenhua formó con: Kiu; Lin, Dai Lin, Li Jianbin y Fan Linjiang; Wang, Kaimu, Xu y Son; Sae Kon y Sae. Incomprobable.

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Las crónicas de la época destacan un baile del Tiburón del Puerto sobre sus lejanos visitantes. Sin embargo, en encuentro finalizó apenas 1 a 0 gracias a un tanto de Matías Gigli.

Pese a eso, los asistentes se pudieron deleitar con el colombiano Gio Moreno corriendo con una pelota al costado de la cancha y con la presencia estelar de Rolando Schiavi, quien recientemente había dejado su lugar en Boca para transformarse casi en agregado comercial en la tierra de La Gran Muralla.

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Vale destacar, también, el conservador accionar de los vernáculos, quienes al ver a más de 20 chinos en el mismo lugar actuaron por carácter transitivo y colgaron una bandera que rezaba “Piñón Presente”, seguramente, vinculando el trapo a Sergio El Checho Batista, entonces entrenador del Shangai Shenhua. Porque, para el marplatense, donde hay chinos siempre hay un payaso cerca. Y los marplatenses somos los más tradicionalistas de la Argentina.

13º Encuentro Baldosero – Anuncio oficial (4/12)

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El Encuentro Baldosero, esa tradicional cita de los seguidores de En Una Baldosa, ya tiene fecha y lugar para su décimotercer capítulo. ¿Fuiste a todas las ediciones? ¿fuiste a una y tenés ganas de repetir? ¿nunca fuiste? Tomá, leé.

Para todo aquel que se quiera acercar, el encuentro es el domingo 4 de diciembre, desde las 12.30 h, en el predio del Club Maltería Hudson, ubicado en Avenida Otto Bemberg 5800 (Hudson, Berazategui). También lo pueden encontrar como Calle 55 y 158.

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¿Hasta cuándo nos quedamos? Hasta que tengamos ganas (?). La cancha tiene luz artificial, así que no hay drama por eso.

El lugar, que ya fue sede del Encuentro Baldosero en los últimos dos años, cuenta con parilla, quincho y una cancha profesional de sintético, para la práctica de eso que intentamos que se parezca al fútbol. La idea, como siempre, es reunirnos para jugar un rato a la pelota y después hacer lo que mejor nos sale: comer, tomar y cagarnos de risa un rato.

Todo aquel que quiera participar del 13º Encuentro Baldosero sólo debe enviar un mail a encuentrobaldosero@gmail.com con el asunto Encuentro y los siguientes datos:


– Nick o usuario de Twitter:
– Nombre y apellido:
– Teléfono:

Les pedimos confirmar la participación cuanto antes, para que se nos haga más fácil la organización. También se puede prender todo aquel que no quiera ir a jugar y solamente le interese ir a comer y criticar a los demás (?). La lista, esta vez, la limitamos a 70 personas, así que no duerman.

Fundamental para todo aquel que vaya al encuentro:

– Zapatillas o botines.
– Dinero para pagar comida y bebida (costo a confirmar).
– Buena onda
– Puntualidad, para poder disfrutar de toda la jornada.

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Transporte

Como imaginamos que no todos saben cómo llegar al lugar, un grupo de baldoseros se va a reunir en un punto estratégico (?) de Capital, para meter tren y charter (?) especial.

Junto con el mail que recibirá cada uno de los anotados, también tendrán el horario y el punto de encuentro.

Para aquellos que deseen ir por su cuenta en bondi, las líneas desde Capital son: 129 (Ramal C), 195 (Camino Centenario) y 159 (Ramal Pueblo Nuevo o el que va por Autopista-Hudson). Desde Quilmes, 219 (Ramal rojo).

Si desean llegar en auto, también les enviaremos unas instrucciones para que no se pierdan. Está hecho a prueba de boludos, lo probamos (?).

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Yo nunca fui, tengo miedo de no conocer a nadie, ¿puedo ir?

Claro, papá. Acá nadie se conoce con nadie hasta que va a un Encuentro Baldosero. Esa es la idea. Pueden utilizar el hashtag #EncuentroBaldosero para ir haciendose de amiguitos en Twitter.

¿Puedo ir si soy minita?

Obvio, ma. Está todo piola con el #NiUnaMenos y te vamos a respetar como si fueras nuestra hermana (?).

¡Nos vemos en el Encuentro!

Otras ediciones:

1º Encuentro Baldosero (2005).
2º Encuentro Baldosero: Copa Lorna (2006).
3º Encuentro Baldosero: Copa Presidente Max Higgins (2007).
4º Encuentro Baldosero: Copa Ciudad de Funes (2008).
5º Encuentro Baldosero: Copa de La Fat (2009).
Encuentro Baldosero 6.0: Carlit Cup (2010).
Encuentro Baldosero 6.1: Copa Una hierba en Mar del Plata (2010).
8º Encuentro Baldosero: Copa Mumu ♥ (2011).
9º Encuentro Baldosero: Copa Free Benetti (2012).
10º Encuentro Baldosero: Copa Vamos Manaos (2013).
11º Encuentro Baldosero: Copa Paty sin pan (2014).
12º Encuentro Baldosero: Copa Coca no hay (2015).

Nueva imagen

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“Tiempo de cambio, de lluvia, de sol, tiempo de hacer el amooor” (?), cantaban los de Erreway, banda teen baldosera por excelencia. Y sacando la parte de hacer el amor, el resto lo venimos cumpliendo a rajatabla. Es por eso que nos actualizamos.

El pulgar para abajo es nuestra marca registrada. Lo mismo que los colores. Uno ve eso y ya identifica a la Baldosa. Por eso los mantuvimos, pero dándonos una refrescada, ahora que se viene el verano (?). Y acompañando al logo, también renovamos la web, para que la mariconada sea completa. Todo gracias al gran laburo de Paladar Negro, sitio que recomendamos visitar, si es que ya no lo conocen.

Pronto iremos comunicando otras novedades. Por lo pronto, pueden entretenerse con la línea histórica de En Una Baldosa, para que recuerden lo feos que fuimos alguna vez.

 


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Balsas Sebastián

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Sebastián Andrés Balsas Bruno (El Torero)

Breve y atípica, la carrera profesional del delantero uruguayo Sebastián Balsas pasó por todos los estadios posibles. Tuvo picos de euforia, caídas pronunciadas, momentos de incertidumbre y hasta ribetes casi trágicos. Todo eso condensado en un lapso de siete años.

Nacido en Montevideo en marzo de 1986, el botija metió sus primeros goles en inferiores con la camiseta de Nacional, el cuadro de sus amores. Sin embargo, en 2001 la economía familiar andaba a los tumbos, al ritmo de la crisis que afectaba a toda la región, obligándolos a bajar la persiana del negocio que tenían y a emigrar a España en busca de nuevas oportunidades y un futuro mejor. En el Viejo Continente, a la par de los estudios, le dio a pelotita en el Club Deportivo Oliver de Zaragoza y hasta casi se va a Inglaterra: “En un momento me quisieron llevar, pero no me animé: pensaba que iba a extrañar mucho a mis padres y a mis hermanos”.

En diciembre de 2005, en un viaje a su tierra natal, Balsas enfrentó en un fútbol 5 a un representante de jugadores, Gustavo Nikitiuk, que le vio condiciones y le ofreció testearlas en clubes del paisito. Primero estuvo un año en la Tercera de Liverpool, donde conoció a Emiliano Alfaro, y luego pasó un semestre en Miramar Misiones, sin chances de debutar.

Cuando estaba por pegar la vuelta a Europa, surgió un interés de parte de Racing de Montevideo (2007 a 2009), que la temporada anterior había descendido a la B. De la mano del baldosero Eduardo Favaro, el Cervecero conquistó el Apertura de punta a punta y Balsas se dio el gusto de jugar profesionalmente por primera vez a los 21 años. En el Clausura, ya con José Puente como DT, el verdiblanco mantuvo el buen nivel y garantizó el ascenso con varias fechas de anticipación.

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En el regreso a Primera, Racing fue la sensación del Uruguayão y por su ubicación en la tabla anual 2008/09 se ganó un lugar en la liguilla, que otorgaba dos plazas para la Libertadores de 2010 y otros dos cupos para la Sudamericana 2009. Los de Sayago terminaron segundos, detrás de Cerro, y se metieron de cabeza en el certamen internacional más importante del continente.

Para ese entonces, Balsas se debatía entre ofertas de Nacional y Peñarol, que buscaban sus goles. El pibe ni lo dudó y firmó con el Bolso. Atrás quedaba una marca de 19 tantos en 51 encuentros con la casaca del Cervecero. En Nacional (2009/10) redondeó 20 presentaciones, la mayoría ingresando desde el banco de suplentes, y convirtió 5 veces (2 a Atenas de San Carlos y… 3 a Racing de Montevideo -que no los gritó, algo que no cayó del todo bien entre los hinchas tricolores-).

Para mediados de 2010, ya había dejado de ser el secreto mejor guardado del fútbol uruguayo y su nombre sonaba en casi todos los clubes de la vecina orilla. Lo buscaron, entre otros, Tigre, Estudiantes de La Plata y hasta River Plate, pero el destino del charrúa estaba en Boedo, Almagro el Bajo Flores.

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“Me encantan los colores de San Lorenzo porque son parecidos a los de Nacional, el club del que soy hincha en Uruguay. Además, me gustó siempre porque acá jugó el ‘Loco’ Abreu, que es hincha de Nacional, es delantero como yo y tuvo un paso muy bueno por San Lorenzo”, relataba en sus primeras entrevistas, vendiendo un poco de humo. “Espero lograr lo mismo que Abreu. Ojalá que, en el futuro, a un uruguayo tengan que preguntarle por mí”.

El arranque de Balsas en San Lorenzo (2010) fue más que prometedor, con un golazo sobre la hora a Racing en el Cilindro en la tercera fecha y otro (más una asistencia a Menseguez) a Boca en La Bombonera, en la quinta. Sin embargo, la campaña del equipo de Ramón Díaz en la segunda mitad del campeonato dejó bastante que desear (terminó 14°) y rápidamente los aplausos pasaron a ser murmullos y silbidos.

Si hay algo que marcó a fuego la corta estadía del yorugua con la camiseta azulgrana fueron los cortocircuitos con el propio Ramón: “Me cuesta entender la decisión del entrenador, sobre todo porque hace seis meses firmé un contrato por cuatro años. Me dolió que no me dejen ir a la pretemporada. Jugué nueve partidos como titular y marqué tres goles -el tercero a Tigre, en la fecha 11-, no creo que sea una mala marca”, declaraba a comienzos de 2011, luego de que le comunicaran que no iba a ser tenido en cuenta, al igual que Fabián Bordagaray, Sebastián Rusculleda, Nelson Benítez, su compatriota Emiliano Alfaro y Diego Rivero.

En el medio, un temita recurrente en aquel plantel del Ciclón: el póker. “Yo le pregunté a Ramón porque no me quería y me dijo que era futbolístico. No creo que me haya mentido. Soy un gran profesional, pero me perjudicó lo que se dijo del póker. Estábamos jugando dos días antes del partido con Estudiantes. Preferí integrarme al grupo jugando con mis compañeros y no estando solo en la habitación. No soy una mal profesional por haber jugado al póker”, repetía acerca de la noche en la que se produjo un quiebre en la relación entre algunos jugadores y el segundo riojano más famoso del país.

Enseguida llegó a ser anunciado como refuerzo del Tenerife, aunque el pase no se concretó por problemas con la documentación. También estuvo varios días a prueba en el Malmö de Suecia, que descartó su contratación, y terminó regresando al paisito para un touch & go en Racing de Montevideo (2011).

A mediados de año se sumó a préstamo al Córdoba español, donde actuó poco y nada y para colmo se llevaba a las patadas con el técnico, Paco Jémez: “Nadie le ha dicho que se busque equipo ni que se vaya. Es jugador del Córdoba siempre que él quiera. Fue él el que vino a hablar conmigo para decirme que tenía una oferta de Argentina”. Es que el uruguayo tenía todo arreglado para sumarse a Argentinos Juniors (2012), de cara al torneo Clausura.

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Al Bicho de La Paternal, donde apenas disputó 8 encuentros, llegó a pedido de Néstor Gorosito -que renunció tras aquel recordado y confuso accidente– y huyó despavorido luego de un violento robo del que fue víctima junto a Sergio Escudero. “Fuimos a sacar dinero a un banco. Al salir nos encañonaron dos tipos y se nos subieron al auto. A Sergio, que iba manejando, lo pasaron para atrás y uno se sentó en el volante conmigo al lado. Me puso la pistola en el estómago y me decía que no me moviera, pero en un momento se me cruzaron los cables y le pegué una piña. Ahí empezamos a forcejear y el que manejaba sacó un cuchillo, me pegó dos puñaladas en la pierna y otra en el brazo, entonces me tiré como haciéndome el desmayado”, relató tiempo después al Diario Olé. Y siguió: “Me di cuenta que soy macho pero hasta la tercera puñalada, ja. El que estaba atrás me puso la pistola en la boca y me dijo que si me movía, me mataba. Fue un momento terrible el que vivimos”.

Decidido a alejarse de Buenos Aires porque “estaba muy perseguido, iba por la calle y sentía que todos me miraban como si tuviera plata en los bolsillos”, y porque tampoco estaba en los planes de Leonardo Rubén Astrada, aceptó la propuesta del empresario de medios Daniel Vila y se sumó a Independiente Rivadavia de Mendoza (2012), que buscaba el ascenso en las vísperas de su centenario. ¿Qué pasó? En plena pretemporada, Balsas se rompió la rodilla. Luego, se acentuaron los problemas: “En el segundo semestre empecé a sufrir problemas en la espalda, ya las últimas semanas perdía la estabilidad porque del dolor que tenía se me dormían las piernas como un acto reflejo. Quería jugar, recuperarme, me infiltré muchísimo…”.

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Con tan solo 26 años, Balsas no podía más físicamente. “Se me terminó el contrato en Mendoza y me fui a España. ¡Fue el peor viaje de mi vida! En el avión no podía estar sentado del dolor que tenía. No bien llegué me hice estudios y los médicos no entendían como podía haber llegado a tener tres hernias, una que era enorme, y haber soportado tanto dolor. Pasa que como quería volver a jugar, me infiltraba y aguantaba. Hasta que no pude más”.

Tras una serie de operaciones que lo dejaron fuera de competencia en 2013, en 2014 se ilusionó con su tercer regreso a Racing de Montevideo buscando la recuperación. Durante el primer semestre se mantuvo entrenando con la Reserva del equipo uruguayo y en agosto se sumó al L’Aquila de la tercera división italiana, pero apenas actuó unos minutos y el cuerpo no dio para más.

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“Álvaro González, que es un gran amigo que en ese momento jugaba en la Lazio, me contactó con un doctor italiano muy importante. Le llevé todos los estudios y le pedí que me dijera la verdad porque ya estaba cansado de toda esa situación. El tipo fue directo: “No podés volver a jugar profesionalmente”, relató. Así fue que a fines de 2014, con apenas 28 años, Balsas colgó los championes de una vez por todas.

Por estos días vive en Zaragoza y, completamente alejado del fútbol, administra un restaurante al mismo tiempo que disfruta del anonimato “salvo cuando viene algún argentino o uruguayo. Cuando me reconocen trato de hacerme el boludo, pero por lo general no puedo, ja”.