J. J. Urquiza celeste, verde y amarilla 2011/12

¿Qué estarían pensando los diseñadores de Paso a Paso Sport cuando hicieron la camiseta suplente de la Asociación Social y Deportiva Justo José de Urquiza para la temporada 2011/12? Históricamente asociado al celeste (con detalles en blanco), J. J. Urquiza no pudo escaparle a la experimentación, tan frecuente en estos tiempos, en su casaca alternativa, tradicionalmente blanca o negra con detalles en celeste.

Lo que nadie imaginaba, claro, era que el celeste estuviera acompañado por ¡el amarillo y el verde! Una combinación a la que no se animó ni el O’Higgins de Chile, que tiene esos colores en su escudo.

Probablemente, semejante espanto encandiló a los rivales y llevó a Jota Jota a ganarse un lugar en el reducido por el segundo ascenso a la B Metropolitana, en el que cayó en cuartos de final ante Dock Sud.

Sin embargo, no se trataba de la primera vez que el amarillo y el verde se unían en la camiseta del club de Caseros. Don Balón ya lo había hecho, con muchísimo más criterio, en la temporada 2003/04, en un clarísimo choreo homenaje a la casaca que Brasil utilizó en la Copa del Mundo de Corea y Japón 2002.

No pares nunca, Máquina

Desde que tuvo su partido despedida, allá por diciembre de 2015 (coincidiendo con un Encuentro Baldosero), el gran Adrián Giampietri no ha parado de sumar equipos a su abundante carrera, convirtiendo aquel retiro en una simple anécdota. ¿Su nuevo desafío? Ferro de Dolores.

Repasemos: a comienzos de 2016 se entrenó en Juventud de Bernal, pero finalmente no participó de la Liga Lujanense. Meses más tarde lo descubrimos en Córdoba, reforzando a Atlético Ticino. El año pasado lo encontramos en la Liga de Pehuajó, defendiendo los colores de Balonpié. ¿Y ahora?

Hace menos de dos semanas, el ex Quilmes anunció su llegada a Ferro de Dolores a través de las redes sociales y a los pocos días lo tiraron a la cancha. En el choque de la semana pasada ante Ever Ready, los de verde se impusieron por 3 a 2 y, según la crónica local: “El Máquina demostró ser de otro nivel, sobre todo cuando Ferro necesitaba que alguien se hiciera cargo de la pelota”.

Ayer, el equipo de Giampietri se impuso 2 a 0 a Independiente de Castelli y la próxima fecha tiene fecha libre. El Máquina ya debe haber arrancado la gira.

Viola Ezequiel

Ezequiel Héctor Viola (Equi / Toto)

La noticia nos impactó a todos y enseguida relacionamos a nuestro protagonista con Luis Islas. Y no solo por el apellido (?), sino porque desde la aparición del querido Luichi no veíamos a un arquero adolescente formando parte de un plantel de Primera División. Y con altas chances de jugar, eh. No para cebarle mates a vetustos defensores casi cuarentones o para instalarle aplicaciones a los gerontes del cuerpo técnico. Para atajar, viejo. Esto sucedió con Ezequiel Viola (01/09/1987) de Olimpo de Bahía Blanca durante el Apertura 2004, por una iluminación de Jota Jota López a quien, en esta ocasión, nadie amenazó ni obligó para poner a los juveniles del club sino que lo hizo por convicción propia. Igual, todo terminó en descenso. También.

Con 16 tiernos abriles, el chico Viola se destacó en los amistosos de la pretemporada y era una fija para pelear palmo a palmo contra Nicolás Cambiasso por el puesto que había dejado vacante Jorge Vivaldo tras su inolvidable incursión por Boca TV. La llegada de Julio César Gaona y la inspirada idea del entrenador de no quemarlo con una defensa en la que vegetaban Mauro Laspada, Satanás Páez, El Chispa Cogliandro, Luis Asprilla, José Luis Vallenilla, Diego Trotta y Facundo Imboden lo relegaron hacía el tercer lugar en consideración. Sin embargo, una lesión del portero titular provocó que El Equi, o mejor dicho un apoderado legal, firmase una planilla del fútbol grande de AFA. De más está decir que ya contaba con apesadumbrados 17 años (?).

En las jornadas 5, 6 y 7 de aquel torneo, el juvenil se sentó en el banco de suplentes y vio como el hermano del Cuchu atajaba en dos derrotas (Independiente y Vélez) y en una victoria (Rosario Central); todas por la mínima. El condenado paso errante del equipo bahiense llevaron al arquero durante los siguientes dos años hacia un lugar más seguro, tranquilo y acorde con su edad: las discotecas. Y también a defender la portería del Aurinegro pero solo en la Primera local.

Con casi dos décadas de vida y ansioso por ver algo de acción, El Equi Viola se marchó cedido a préstamo a dos equipos regionales: Olimpo de Tres Arroyos (2007) y Libertad de Bahía Blanca (primer semestre de 2008). Luego tuvo su primer regreso al Carminatti (2008 a 2013) para más de lo mismo: atajar en reserva y en la Liga de la ciudad. Ojo, que igual metió 15 suplencias del binomio Laureano Tombolini – Matías Ibáñez en la Temporada 2011/12 de Primera División.

A mediados de 2013, Mauro Laspada, ahora devenido en entrenador de Juventud Antoniana, se acordó de la ex promesa juvenil y lo llevó a su equipo, donde pudo meter 18 partidos del Argentino A. ¿Y luego? ¿Qué quedaba? Por supuesto, una nueva y de momento cúlmine etapa en Olimpo (2014 a 2016), donde 11 años después de su adolescente incursión por el banco de suplentes, al fin se alinearon los planetas y pudo debutar en Primera División.

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La historia dice que el 12 de septiembre de 2015, por la fecha 24 de aquel inolvidable primer Torneo de 30, Nereo Champagne salió lesionado en el entretiempo del encuentro frente a Sarmiento (1 a 0) y le dio la posibilidad de sacarse las ganas a Viola quien, a sus 28 años y paradójicamente a como comenzó su carrera, en ese momento era el jugador más veterano en debutar en un primer equipo de todos los planteles participantes. Además, claro, se dio el lujo de hacerlo en “La Jornada de los Clásicos”, que desde siempre, lógicamente, empareja al Aurinegro de Bahía con El Verde de Junín ¿o no?

Arsenal (derrota 2 a 1), Godoy Cruz (victoria 1 a 0), Gimnasia de La Plata (empate 2 a 2) y San Lorenzo (triunfo 2 a 1) fueron los siguientes encuentros de Olimpo, los cuales tuvieron a Ezequiel Viola parado en la portería. Por supuesto, aquellos fueron los únicos cinco partidos de nuestro protagonista en Primera División. A mediados de 2016 y aunque todavía le quedaban dos años más de contrato, la dirigencia sorpresivamente le rescindió el vinculo; momento desde el cual el ahora treintañero Equi defiende la valla de Gimnasia y Esgrima de Mendoza, en el Argentino A.

Si tenemos ganas de pensarlo y por tratarse de un arquero, todavía es joven como para revertirla y reaparecer en Primera División. O tal vez en el Nacional B, ¿no? Ya sea en Olimpo de Bahía Blanca o en cualquier otro equipo, claro. Y por supuesto, nosotros nos vamos a tragar todas las palabras escritas y vamos a corresponder con el merecidísimo indulto… O por ahí nos hacemos los boludos. Total, si lo hacemos con la obra de Woody Allen, Roberto Pettinato o Gustavo Cordera, ¿por qué no vamos a mirar para otro costado con lo que suceda con este Viola?

Segurola y Habana: Cufré vs. Mertesacker (2006)

Alemania y Argentina protagonizaron un partido inolvidable por los cuartos de final del Mundial 2006. El gol de Ayala, la lesión de Abbondanzieri, el empate de Klose, los cambios de Pekerman, el papelito de Lehmann, el penal de Cambiasso: todos son hechos que, en mayor o menor medida, permanecen en nuestra memoria. Sin embargo, pocos registros tenemos del escándalo luego del encuentro. Y no se le puede echar la culpa a la derrota: mientras que el sobrio festejo del arquero Jens Lehmann luego de desviar el remate del Cuchu es (lamentablemente) inolvidable, la tangana en pleno campo de juego una vez consumada la eliminación fue (injustamente) olvidada. Y eso que ahí ganamos (?).

Al parecer, la cosa se picó en la definición por penales. Según los futbolistas alemanes, sus colegas argentinos intentaron desconcentrarlos con insultos. “Pero no los entendimos porque hablaban en español”, dijo Michael Ballack (inserte emoticón de hombre encogiéndose de hombros).

Claro que el capitán no pudo negar una provocación de su compañero Tim Borowski una vez que todo había terminado. “Boro puso un dedo sobre la boca y luego se fue. Eso les molestó un poco”. La mecha se había encendido. Para colmo, otro gestito de Torsten Frings le puso más pimienta a la situación. Y se pudrió todo.

Empujones, insultos, invitaciones a pelear y algún que otro golpe volaron en medio del tumulto, en el que estuvieron involucrados los planteles, cuerpos técnicos y algunos allegados. Mientras que los sudamericanos repartían a diestra y siniestra, los alemanes se dividían entre los que festejaban, los que cargaban y los que recibían (?). Alguno que otro respondió a las agresiones, aunque la mayoría sabía que eso le podía costar una suspensión de cara a los próximos juegos.

La imagen icónica de este enfrentamiento fue el hermoso planchazo de Leandro Cufré a Per Mertesacker: en la zona baja, aplicando con presión todos los tapones de su botín derecho, lejos de cualquier defensa que pudiera intentar su adversario, acompañada de un recio gesto que hacía más dura la entrada. Un poema. Sin dudas, lo mejor que hizo el defensor durante su breve paso por la Selección Argentina. Además, entró en los libros de los récords, al ser el primer futbolista expulsado una vez terminado el partido en una Copa del Mundo.

“Fue sucio lo que hizo, pero fue sancionado. Y para mí el tema quedó zanjado. No tiene ninguna importancia dónde me pateó”, dijo el alemán. Mientras tanto, el argentino no realizó declaraciones sobre lo sucedido, hasta que unos años después fue contratado por el Herta Berlin y no pudo esquivar el tema ante la prensa local. “Hay que ver todo el contexto de ese momento. Personalmente, unas semanas antes de que mi padre muriera, ya estaba con la Selección en Alemania. Así que estaba emocionalmente en una situación excepcional. No quiero justificar lo que hice con eso, fue un gran error, pero ya lo he pagado”.

Con esto, las dudas acerca de su brutal accionar parecieron quedar disipadas. Aunque todavía hay una pregunta que nadie pudo responder: ¿qué hacía Cufré jugando un Mundial?

Klimowicz Nicolás

Nicolás Daniel Klimowicz (El Granaderito)

A ver, estimados lectores. Si hablamos de dinastías que han marcado a fuego a ciertos clubes de nuestro fútbol, rápidamente se nos vienen a la cabeza algunas cuantas insignes. Todas cargadas de épica. La primera, sin lugar a dudas, es la de Estudiantes de La Plata, en donde las leyendas Juan Ramón y Juan Sebastián más el baldosero Iani son la fórmula perfecta para entender la particular filosofía Pincha.

River Plate es otro caso testigo con ese prócer llamado Ramón Díaz y sus baldoseros hijos Emiliano y Michael, los cuales, en conjunto, acaparan 40 años de historia Millonaria junto a otros descendientes políticos del riojano como Fernando Cavenaghi, La Gata Fernández, El Malevo Ferreyra y El Rayo Menseguez; y en donde no hay que obviar, como parte de la parentela, al Viejo Labruna y a su aún no posteado hijo Omar; hoy distanciados como esos hermanos que están 20 años sin hablarse por los dilemas que acarreó la sucesión del terreno del nono muerto. De Vélez Sársfield, con los Asad (Jorge, Omar y Yamil) también tenemos mucho como para ejemplificar. ¿Y en Arsenal con los Grondona? Podemos hacer una enciclopedia.

Como dijimos antes, estamos hablando de dinastías, no de parejas, tríos o cuartetos de hermanos. Sino de diversas generaciones familiares que son sinónimos inequívocos de un club, por alguna razón u otra. Si tenemos ganas de mirar al futuro, y nadie que haya pasado los treinta las tiene, en el horizonte, además de los Moyano en Independiente Mc Allister en Argentinos Juniors, se diversa la caucásica y cordobesa figura de los Klimowicz.

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Nos subimos al Delorean y hacemos algo de historia rápida: Diego Klimowicz, apodado El Granadero, fue un delantero que surgió en el ascenso con la camiseta de Instituto, allá por mediados de los noventa. Alto, potente, con técnica, era un atacante sobre el cual había decisión unánime: le gustaba a todos. Fue transferido a España, en donde jugó en gran nivel en clubes menores, y luego regresó al país para romperla con la camiseta de Lanús.

En El Grana, además de sus goles, marcó un importante hito: en una ocasión su técnico, El Bambino Veira, lo reprimió con un inovidable: “¡Klimowicz! ¡Con el Corazón!” y El Granadero le contestó con un no menos memorable: “¡Entrá a jugar vos, la reconcha de tu hermana!”. Bielsa coqueteó con convocarlo a la Selección. No lo hizo. Pasó a Alemania, en donde hizo historia con Wolfsburgo y también se puso las casacas de Borussia Dortmund y Bochum. La Selección de Polonia quiso nacionalizarlo para que en el Mundial 2002 haga dupla con el nigeriano Olisadebe. El chabón no aceptó. La Selección de Ucrania quiso nacionalizarlo para que en el Mundial 2006 haga dupla con Shevchenko. El chabón no aceptó. En 2011 retornó a Instituto, en donde finalmente se retiró.

La dinastía continúa con Javier Klimowicz, el hermano arquero del Granadero. Nació en 1977 y debutó y ascendió como suplente con La Gloria en 1999. En Primera solo llegó a ser relevo de Roberto Cabrera. Estuvo allí hasta 2001 y luego pasó al Oriente Petrolero de Bolivia. Cuando parecía que su carrera iba a adornar este sitio web, el portero metió en 2004 un pase a Ecuador que hasta lo llevó hasta a ser convocado a la Selección bananera. Aceptó con las dos manos. Se rompió antes de un partido crucial contra Brasil y no clasificó a Sudáfrica 2010. Se retiró en su patria adoptiva en el 2016.

Adelantamos el auto (?) hasta nuestros días y nos referimos al enganche Mateo Klimowicz, el hijo del Granadero, quien ya debutó en la Primera de Instituto y es señalado como la mayor promesa surgida de las entrañas del ascenso desde el surgimiento de Paulo Dybala. Además, es una fija para Jorge Sampaoli como sparring de la Selección Mayor: Pero eso no es todo, en las categorías menores del club cordobés pululan miles de Klimowicz que se las traen: otros hijos, primos, primos segundos, posibles yernos (?). Esto, de seguro, no se termina acá…

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Pero claro, nos olvidamos de algo… Toda familia o dinastía que se precie de tal debe tener, condición sine qua non, un integrante vital: la oveja negra. Y por supuesto, los Klimowicz no son la excepción. Así que, damas y caballeros y porque no lactantes, apuntes sus reflectores hacía el centro del escenario que aquí está con todos nosotros, a la sombra de sus hermanos Diego y Javier y por primera vez en la Argentina (?): el baldosero delantero Nicolás…

Nacido en Córdoba Capital -como marca el linaje- el 22 de abril de 1985, el espectro de su existencia sobrevoló, durante la mitad inicial de la primera década de este siglo, cada transmisión que involucrase a Instituto: “En inferiores, Víctor Hugo, hay otro Klimowicz que la rompe. Es el hermano del Granadero”; “A mi perdóneme, Fabbri, pero pongo todas mis fichas en Nicolás Klimowicz, a quien vimos jugar hoy en Reserva”; “En mi Córdoba hay otro pingazo, el gringuito Klimowicz. La va a descoser, gaucho”. Sin embargo, pese a las predicciones de Román Iutch, Walter Nelson y Elio Rossi, pasaban los años y el pibe seguía sin hacer su presentación en la elite.

Finalmente y como pasa periódicamente, a mediados de 2006 La Gloria descendió. Fue así, claro, como llegó a la última jornada de aquel Clausura. Y para despedirse de Primera División se dispuso que el encuentro culmine, frente a Vélez como locales, lo jugasen los pibes del club más algún que otro “foráneo” que iría a permanecer durante el periplo en el Nacional B. Y allí el prometedor Nico Klimowicz ocupó un lugar en el banco de suplentes.

Cómo bálsamo para su deprimida gente, a los 78 minutos Instituto se puso en ventaja con un tanto del futuro baldosero Marcelo Moreno. Envalentonados con ese placebo, el cuerpo técnico quemó dos cambios con los ingresos de los futuros baldoseros Joaquín Lencinas y Benito Montalvo.

Y ahora, por supuesto, viene el momento fatídico, el que marcó la carrera, el que canonizó en baldosa a nuestro homenajeado: con Nico dispuesto a ingresar al costado del campo y con la dinastía Klimowicz abrazada y rebosante de alegría en la platea al igual que los Palermo cuando El Loco entró frente a Grecia, el futuro baldosero Franco Turus se convirtió un gol en contra boludísimo a los 94 minutos e impidió que algún Klimowicz jugase algún minuto en Primera División con la camiseta de La Gloria. Porque si nadie aún no se dio cuenta, ni los “granaderos de hoy” ni los “granaderos de ayer” aún lo han hecho…

Nicolás Klimowicz continuó dos años más en Instituto y apenas pudo meter algunos minutos en un partido del Nacional B. Aunque, eso sí, su figura se pudo ver en ciertos cotejos de la Liga local. Finalmente, El Granaderito se retiró ya que se dio cuenta que nunca iba a ser utilizado y que los dirigentes jamás le iban a dar el pase libre para no generar malestar en una de las familias más representativas de La Gloria.

A partir de ese momento, se desconoce el paradero de nuestro homenajeado. Nosotros, preferimos recordarlo con esta última foto. No porque tengamos ganas de verlo, no, para nada. Sino porque ahí al fondo hay una camiseta de lo más grossa con la publicidad de Tru-la-lá… Y si viejo, si de ahí salieron Gary y Jean Carlos, Tru-la-lá es la única dinastía que está bien en este planeta…

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Mal Pase: Mascia a Quilmes (2016)

Escaparle al descenso como siempre era el gran objetivo de Quilmes al inicio de la temporada 2016/17. Para esa misión, Alfredo Grelak contaba con los goles del uruguayo Juan Cruz Mascia. Sin espacio en Nacional de Montevideo, el jugador era uno de los fetiches del DT, que ya llevaba varios meses buscando su contratación. Parecía que esta vez iba a darse el gusto.

A fines de agosto, Mascia cruzó el Río de la Plata para firmar el contrato que lo uniría a préstamo por un año al Cervecero y hasta fue presentado en las redes sociales del club. Sin embargo, surgió un imprevisto que obligó a cambiar los planes.

El pase del futbolista estaba dividido en tres partes: 45% Nacional, 30% un grupo de representantes -incluido el baldosero Gerardo Rabajda– y 25% Miramar Misiones, donde hizo las divisiones inferiores. “Los Forlán le trancaron el préstamo de Mascia. Ayer Juan Cruz llamó al presidente para agradecerle por todo lo que había hecho Nacional para que pueda salir el pase, pero el mismo se lo trancaron los representantes. Tiene contrato con Nacional hasta junio del año que viene”, argumentaban los dirigentes del Bolso.

Sin llegar a un acuerdo y tras un par de días a la deriva (solo participó de dos entrenamientos) en la zona sur del Gran Buenos Aires, a Mascia no le quedó otra que tomarse el buque y regresar a Nacional.