Son Decisiones: Racing y Vélez juegan dos partidos el mismo día

¿Puede un equipo disputar dos partidos en un mismo día? Lo que hoy parece impensado en términos de (des)organización, ocurrió el domingo 2 de marzo de 1997 cuando Vélez Sarsfield y Racing Club debieron cumplir sus compromisos por la tercera fecha de la Copa Libertadores y, además, enfrentarse entre sí por la segunda jornada del torneo Clausura.

Con un calendario apretado y ante la negativa de la AFA de posponer el match por el campeonato local (alegando que el año anterior había actuado de igual manera frente a los pedidos de River Plate y San Lorenzo), el Fortín y la Academia tuvieron que hacer malabares para presentar dos planteles competitivos.

Con la mira puesta en el Clausura, donde venía de una goleada 0-5 contra Rosario Central, Racing mandó a los suplentes a Ecuador para enfrentar a El Nacional y reservó a sus mejores hombres para tratar de revertir la mala imagen del debut. Orientados por Alfio Basile, en la altura de Quito salieron a la cancha Walter Cáceres; Héctor González, Sebastián Brusco, José Tiburcio Serrizuela, Sergio Zanetti; Carlos Javier Netto, Pablo Michelini, Néstor Adrián de Vicente; Nicolás Diez, Cristian Centeno y Roberto Saavedra. Cuando faltaba poco menos de media hora para el final del encuentro, Damián Yáñez entró en lugar de Centeno y el Coco se quedó solo en el banco de relevos. Los de Avellaneda fueron a buscar el empate, pero se trajeron una derrota por 2 a 0, con tantos de Simón Ruiz y Cléber Chalá, que los dejó en el fondo del grupo 2.

Un rato más tarde, en casa y bajo la dirección técnica del Panadero Díaz, asomaron Albano Bizzarri; Mauro Navas, Carlos Galván, Claudio Úbeda, Carlos Mac Allister; Claudio Marini, Fernando Quiroz, Gastón Córdoba; Rubén Capria (Javier Lux), Marcelo Delgado y Esteban Fuertes (Martín Vilallonga). En la banca quedaron Gastón Loza, Alexis García y Claudio Graf. Los de Liniers, por su parte, hicieron la inversa. Enviaron a Ecuador lo mejor que tenían y dejaron a los suplentes para que hicieran lo que pudieran. Por eso, en su primer partido del día, la V azulada, paró a Pablo Cavallero; Cecilio Galeano (Rodrigo Marangoni), Diego Trotta, Héctor Banegas, Eduardo Domínguez; Mariano Pasini (Darío Husaín), Carlos Compagnucci, Ariel Ércoli y Daniel Santa Cruz; el Rifle Fernando Pandolfi y el Lobo Carlos Cordone. Al lado del Pampa Jorge, DT ocasional, permanecieron el arquero Martín Bernacchia, Hernán Maldonado y un pibe que prometía: Fabián Cubero. Con goles de Marini y Capria, la Academia conquistó los tres puntos.

Ya caía la tarde cuando Vélez salió nuevamente a escena para enfrentar a Emelec en Guayaquil. Para ese encuentro, Osvaldo Piazza, que había reemplazado a Carlos Bianchi, alineó a José Luis Félix Chilavert; Flavio Zandoná, Sebastián Méndez, Mauricio Pellegrino, Raúl Cardozo; Guillermo Morigi (Marcelo Herrera), Marcelo Gómez, Claudio Husaín, Christian Bassedas; Martín Posse (Omar Asad) y Patricio Camps (Gustavo Franco). En un partidazo, los de Liniers se llevaron la victoria por 3 a 2 con doblete del Pato Camps y uno del Cholito Posse.

En aquella edición de la Libertadores, Racing alcanzó las semifinales, donde fue eliminado por Sporting Cristal de Perú, que ya había dejado en el camino en octavos de final al Fortín y que luego caería en la final ante Cruzeiro de Brasil.

Huracán Dinamarca (2015)

Ya había ocurrido en la temporada 1989/90 con Los Andes, pero muchos años después otro equipo argentino volvió a homenajear la camiseta que hiciera famosa Dinamarca en el Mundial de 1986: fue Huracán, en la victoria 3 a 1 ante Cruzeiro por la Copa Libertadores de 2015.

El diseño de TBS presentaba el pecho dividido en dos; la mitad derecha atravesada con finos bastones rojos y blancos, y la otra parte toda roja. Los detalles, claro, eran bien diferentes a la casaca danesa de Hummel, sobre todo el gran chivo de La Nueva Seguros, que le quitaba glamour y le daba humildad del ascenso al atuendo.

Esta prenda también fue escandalosa (?) por su alto valor: $1300, lo que equivalía a 8 meses de cuota de socio. Desde la marca, se defendieron explicando que se trataba de una edición limitada. Como la creatividad de los diseñadores.

[A la inversa] Voy al arco: Molina (1996)

La Selección de España llevaba 21 meses sin perder y el partido frente a Noruega, un amistoso de preparación de cara a la Eurocopa 96, no parecía un riesgo para hacer caer el invicto. El pragmático equipo de Javier Clemente carecía de profundidad para abrir el marcador, aunque llevaba el encuentro sin que su arco corra peligro alguno. Sin embargo, la cosa se iba a complicar cuando el defensor Juanma López sufrió una lesión a falta de un cuarto de hora para el final del partido.

“José, caliente”. La orden del entrenador no dejaba dudas: si el conjunto español no quería terminar con un hombre menos, la única opción disponible era José Francisco Molina, el arquero suplente, ya que no había otro recambio entre los suplentes (lo acompañaba Sergi pero, como estaba lesionado, no había sido inscripto). ¿Otro detalle? No había camiseta con su número, el 13. ¿Solución? Tunear una con el 18. Un par de piques y a la cancha, como mediocampista por izquierda.

Para colmo, este era además el primer partido del portero del Atlético de Madrid con el combinado nacional. Pavada de debut. Según las crónicas de la época, la actuación de Molina no fue para nada mala, y hasta estuvo cerca de anotar, con un derechazo que se fue al lado del palo.

molina

“Cuando Clemente me dijo que me pusiera la camiseta de jugador no me lo creí. No era muy normal, pero cuando vi que iba en serio… pues nada, a lo que saliese”, comentó más tarde. “En la Selección, como se suele decir, se juega de lo que sea. Yo estoy tranquilo, si mañana volviese a pasar esta situación lo volvería a hacer”. Sobre las consignas que recibió del seleccionador, señaló: “Me dijo que me pegara a la izquierda, que hiciese lo que supiera y así lo hice”. Y hasta se refirió a la ocasión fallada: “Sólo hubiera faltado eso. La verdad es que la toqué muy bien y salió fuera por poco. Si lo marco lo que hago es que me voy”.

Binetti Cristian

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Cristian Ariel Binetti (Peter)

Emblemático lateral izquierdo de una época nefasta de Belgrano de Córdoba, quien formó parte de la descensiva retaguardia de “las tres B” junto a Darío Brane y Sebastián Brusco (el único que ahí desentonaba era el querido Marcelo Culo Flores) y recordado por una única cualidad deportiva: sus terribles saques laterales que se convertían casi en centros para provecho de principalmente nadie (?), luego del Luifa Artime y finalmente del Tano Spallina. Uno de los mejores en ese aspecto. Lástima que al fútbol se juega con las piernas. O al menos, eso dicen…

Tras iniciarse y destacarse en General Paz Juniors (1992/93) del Torneo Regional, a mediados de 1993 nuestro protagonista de hoy llegó al Pirata para jugar sin demasiada continuidad, perjudicado por una lesión y tapado por Ariel Cuffaro Russo y César Loza, entre otros. Al menos, fue de la partida en el histórico encuentro frente al Newell´s de Maradona. Tras un año en Instituto (1994/95) del Nacional B, Binetti regresó a Belgrano para lo más jugoso de su carrera: completar los 33 encuentros en la elite, irse a la B, enfrentar dos veces más al Pelusa y conservar este grato recuerdo:

“Si le podía pegar a Maradona, lo hacía. En una jugada, puso un pie para que me lo llevara puesto y así fue. Lo insulté. Pero nunca me respondió. Con los rivales no se metía. Sí discutía con los árbitros o levantaba a los compañeros. En esa jugada, vino Brusco y me dijo: ¿Cómo le vas a pegar al Diego? Y lo mandé a donde se imaginan”.

“Yo en la semana había declarado que solo comíamos arroz con salchichas y se ve que al Diego le quedó. Vino y me dijo: mirá toda la gente que hay en la cancha y ustedes no cobran. Si hace falta, yo vengo y hacemos un partido para que puedan cobrar. Decile al Luifa que me llame…”.

Una vez en el Nacional B, Binetti apenas jugó durante los dos años que el Pirata se mantuvo en esa divisional. Sin embargo, fue insólitamente titular en la segunda final por el primer ascenso contra Talleres, en la que el lateral estrelló contra el travesaño el último penal de su equipo, previo a que El Lute Oste convirtiese la victoria para los rivales de toda la vida. “Yo no jugaba nunca, tenía fecha para el nacimiento de mi hijo ese día y la tuve que posponer. Rezza no me respetó como jugador. Cuando volvía al centro del campo, El Lute Oste me dijo: menos mal que erraste por que tengo un cagazo bárbaro. Lo peor es que los hinchas de Talleres se fueron cantado Binetti corazón y yo no volví a jugar para Belgrano”.

Entre 1999 y 2003, el lateral formó parte del plantel de Racing de Córdoba que osciló entre el Nacional B y el Argentino A. Con poca continuidad y luego de sufrir horrores por incontables lesiones, a sus 31 años colgó los botines.

Tras un tiempo de incertidumbre, en 2007 el ahora ex jugador encontró una nueva profesión: ser colectivero de la línea 171, lo cual le permite parar la olla al día de hoy y en donde, dicho por él, recibe más puteadas que en su época de jugador. Y ahí, recorriendo las calles de La Docta, se comenta que las manos de Cristian Binetti tienen aún más precisión que en su lejana época de jugador. Nos alegra.

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Platense con medias rayadas (1971)

platense 1971 medias

A fines de 1969, Roberto Goyeneche grababa “Balada para un loco”, un tango revolucionario que fue visto en su momento como un acto de audacia artística. La canción fue recibida con los brazos abiertos por el público, aunque los tradicionalistas la rechazaron inmediatamente.

Mientras tanto, el equipo del cantante, Platense, también rompía con las usanzas de la época. Fue en 1971, cuando los diseñadores de su indumentaria se acoplaron a los ritos de drogas, locura, hipismo y descontrol (?) imperante. Esto quedaba reflejado en el jugado diseño de las medias, que presentaban unas inéditas líneas verticales marrones y blancas. Gran homenaje al Polaco: por aquellos años, no era el único que andaba piantao, piantao, piantao.

Voy al Arco: Bobby Moore (1972)

Uno de los enfrentamientos más emocionantes de la historia de la Copa de la Liga fue el que protagonizaron West Ham y el Stoke City, por las semifinales de la edición 1971/72. El partido de ida fue para los de Londres por 2 a 1, mientras que su rival se llevó la revancha, al ganar 1 a 0. Se jugó un partido desempata que terminó igualado sin goles, por lo que hubo que disputar otro encuentro, que sería el definitivo. Y, sin dudas, también fue el más atractivo.

Lluvia, barro, niebla, hooligans (?): todos los condimentos que hacían del fútbol inglés un espectáculo único se dieron cita el 26 de enero de 1972, en un abarrotado Old Trafford. Los hechos más destacados se desencadenarían a partir del primer cuarto de hora, cuando Bobby Ferguson, el arquero de los Hammers chocó con un adversario y quedó tendido en el suelo, prácticamente inmóvil. Los médicos del equipo se lo llevaron al vestuario para tratar de revivirlo (?), pero mientras tanto el partido debía continuar.

Sin otro guardameta a disposición, el que se hizo cargo de la situación fue Bobby Moore, que se las vio complicadas cuando tuvo que enfrentarse a un penal. Y para aumentar su gesta en una noche que tenía olor a épica (?), el histórico capitán desvió el remate… aunque le dejó el rebote servido al mismo hombre que había ejecutado, y el partido quedó 1 a 0. Un rato más tarde, a Ferguson le hizo efecto el café veloz que le administraron en los vestuarios y volvió al arco, retornando Moore a su lugar en la defensa.

Mas tarde, el West Ham lo dio vuelta, pero el Stoke lo empató, se puso 3 a 2 y terminó llevándose una tremenda victoria, que le daría la oportunidad de conquistar su primer título importante tras más de 100 años de historia.

Fuera de stock: Loma Negra en Primera

La excursión del Club Social y Deportivo Loma Negra por la máxima categoría del fútbol argentino fue breve, pero estableció un hito que todavía nadie pudo superar: con 39 puntos en 28 partidos jugados, es el equipo con mejor relación entre puntaje y encuentros disputados en el profesionalismo (69,64% de efectividad).

Lo que había nacido el 31 de mayo de 1929 con la simple excusa de que los empleados de la cementera compartieran un rato de distracción en grupo durante su tiempo libre sin necesidad de trasladarse hasta la ciudad de Olavarría (a 15 kilómetros de Loma Negra), tomó un impulso superior a comienzos de la década del ochenta, cuando su dueña, la multimillonaria María Amalia Sara Lacroze Reyes de Fortabat, asesorada por el coronel retirado Luis Prémoli y Valentín Suárez (ex hombre fuerte de la AFA), se decidió a invertir pesado para llevarlo a Primera.

“A mí siempre me gustó mucho el fútbol. Este equipo pertenecía a Loma Negra y había llegado a clasificarse varios años para el regional. Y cuando este año me hablaron de comprar algunos jugadores, los compramos y me fue entusiasmando. Ellos hicieron que me entusiasmase porque realmente cada uno de ellos, tomados individualmente, son seres simpáticos, nobles, serios, que tienen una vida familiar muy bien organizada, son cariñosos. Cuando yo los veo salir, los llamo “mis chicos””, comentaba Amalita en una entrevista en 1981.

Gracias al aporte económico de La dama del cemento, y bajo la supervisión del Profesor Jorge Habegger, una especie de manager, llegaron jugadores como Luis Barbieri y Jorge Vázquez (Atlanta), Carlos Squeo (Racing), Carlos Carrió (Gimnasia LP), Ricardo Lazbal (River), Mario Husillos (Boca), Osvaldo Mazo (Colón), Félix Orte (Rosario Central) y Osvaldo Gutiérrez (Vélez), entre otros, algunos ya en el ocaso de su carrera y otros con bastante hilo en el carretel. Así, Loma Negra consiguió el ascenso del torneo Regional al Nacional.

“En un primer momento llegamos ocho jugadores. En 1980, Loma Negra ganó el torneo local con jugadores locales. Después vinimos nosotros para el Regional, que al final ganamos y llegamos al Nacional. Teníamos muy buen sueldo, pero con expectativa de saber hasta dónde llegaba esto. Con el tiempo se vio que era todo muy bueno y todos querían venir. Jugadores que habían pasado por la Selección, como Pedro Magallanes o el Pampa Orte. Es decir, todos jugadores de primer nivel. Teníamos buen equipo, buenos sueldos, una ciudad que nos atendió muy bien y varias otras circunstancias más que pusieron a Loma Negra a la par de los grandes del país”, relataba el propio Husillos, que había surgido de las inferiores del Xeneize, pero venía del Real Madrid Castilla español.

El interés de Fortabat por el andar del cuadro de Olavarría se disparó y se convirtió en la hincha número uno, al punto que el plantel le decía, cariñosamente, “la tía” y era moneda frecuente verla llegar en helicóptero a los partidos, donde fuera que se jugaran. Incluso, en un inusitado rol protector, más de una vez amenazó con retirar a su equipo si los rivales no dejaban de pegarles a sus muchachos.

Dirigidos por Norberto Desanzo, en el Regional la Loma había dejado en el camino a conjuntos como Olimpo de Bahía Blanca, Huracán de Tres Arroyos, Santamarina de Tandil, Douglas Haig de Pergamino, Deportivo Roca de Río Negro, San Martín de San Juan y, en la gran final, a la Asociación Mutual Club Atlético y Biblioteca Mitre de General Baldissera, de Córdoba, con un contundente 6 a 1.

En 1981, el destino ubicó a Loma Negra en el grupo B del Nacional, con Ferro Carril Oeste, River Plate, Talleres de Córdoba, Guaraní Antonio Franco, San Martín de Tucumán y Sarmiento de Junín. Solamente dos equipos avanzarían a la segunda fase. Los de Olavarría hicieron un campañón, con 7 victorias, 5 empates y apenas 2 derrotas, alcanzando el tercer puesto, detrás del Verdolaga y los de Núñez, con el mismo puntaje que el Millonario, aunque perjudicados por la diferencia de gol (+14 contra +5).

En 1982, Loma Negra no jugó en Primera (el clasificatorio regional se disputó a fines del ’81, en simultáneo con el Nacional, y se quedó afuera), pero se enfrentó en un histórico partido amistoso a la Unión Soviética (que arrastraba un largo invicto de casi tres años), con victoria para el Celeste por 1 a 0, por el que Fortabat desembolsó 30 mil dólares, del que habló todo el país y que ya recordamos en este sitio.

Cuenta la leyenda que, en caso de triunfar, la Jefa les había prometido viajar al Mundial de España 1982, algo que fue desmentido por el tesorero Juan Alberto Salerno en el libro “Amalita, la biografía”, de las periodistas Soledad Vallejos y Marina Abiuso. Lo que sí reconoció Salerno fue otro rumor de la época: el interés de Amalita por llevar a sus muchachos a las Islas Malvinas para que jugaran al fútbol.

En el segundo semestre, el equipo completo de Loma Negra, con todas sus figuras, representó a la Liga de Fútbol de Olavarría en la Copa Beccar Varela, un campeonato interligas en el que superó en la final a Concepción del Uruguay.

Tras vencer el Regional con holgura, la Loma regresó al fútbol grande en 1983, cuando le tocó compartir el grupo G del Nacional con River Plate, Nueva Chicago y Andino de La Rioja. Y esta vez tampoco decepcionó. En sus 6 presentaciones, ganó 3, empató 2 y apenas perdió 1, y junto al Torito de Mataderos y la Banda avanzó a la segunda fase.

En la siguiente etapa, dividida en ocho zonas con un interzonal, todos contra todos en dos ruedas, integró el grupo G con Argentinos Juniors y Juventud Antoniana de Salta y debió enfrentarse a los participantes del grupo H: Racing de Córdoba, Newell’s Old Boys y Renato Cesarini. Loma Negra sorprendió nuevamente, quedándose con 4 de los 6 encuentros y empatando los 2 restantes.

Ya en octavos de final, lo esperaba Racing de Avellaneda, el equipo del corazón de Amalita, que atravesaba un momento complicado institucional y deportivamente. El Celeste contaba con el goleador del campeonato, Mario Husillos, y ganó el primer chico por 2 a 1. En la revancha, en cancha de Huracán, la Academia apeló a su orgullo herido y se impuso por 4 a 0.

Ante la frustración de no haber podido llegar más lejos, la presión de los principales cuadros del país por llevarse a sus jugadores y el desinterés de la cementera en continuar poniendo plata, el plantel se fue desmantelando a lo largo del segundo semestre de 1983. Fue el final del capricho de unos millonarios y del sueño de un pueblo que vio al club del barrio plantarse de igual a igual contra los gigantes de Buenos Aires. Desde entonces y hasta ahora, ya sin apoyo monetario, Loma Negra siguió compitiendo a nivel amateur, con algunas interrupciones.