Vestuario Local: Señores

Me pusieron al tanto de que muchos de ustedes extrañaban esta sección (?), así que les traigo un nuevo posteo.

Como el público se renueva, explico una vez más que este espacio trata de estudiar sociologicamente -y a través de la ropa y los accesorios- el comportamiento del hincha argentino moderno. Hoy nos convoca el amo y señor de las plateas del país: el hincha mayor de 50 años.

Cuando atravesás el meridiano del siglo, empezás a reforzar lo que ven tus ojos con la radio, porque sumando los dos equipos hay una cantidad inimiginable de pibes random y tu vista ya no te permite diferenciar cuál es cuál. Lo bueno es que ahora, con ese anacrónico artefacto, sos el que tiene la primicia sobre jugadas polémicas y todos recurren a vos para la versión oficial de los hechos, aunque el relator haya batido cualquiera.

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A esa edad, ya no le das bola al tema dress-code. La cancha es el único lugar al que podes ir vestido sin la censura de tu señora. Además, te toca abandonar las sutilezas a la hora de alentar. Sos inimputable, hermano.

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Con 5 décadas (o más) en el lomo, tus opiniones ganan cierto respeto en ese sector, por más conspiracionales y absurdas que suenen. Sos un tipo que peina canas y eso te eleva, te pone en otro plano muy diferente al de tus compañeros de platea.

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Hay algo que también está bueno a esa altura de la vida. Ya no te esforzás por entrar en esos surreales cánones de belleza que te impone la diminuta camiseta -súper apretada- de esa marca europea que firmó con tu equipo este año. Los hombres de verdad tienen curvas.

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Por último, hay cosas que nunca cambian. Así que seguís llevando la criatura a los partidos, aunque tu hijo ya haya perdido esa condición. Puede que enseguida compruebes que era más divertido cuando el pibe no discutía tus ideas futbolísticas y no volvían a casa peleados después de una derrota insólita.

Ir a la cancha después de los 50 puede ser aún mas intenso que a los 20. Si ya estas ahí, disfrutalo. Si todavía te falta, sabé que lo mejor está por venir.

Especiales: Ariel Lizardía

Ariel Emanuel Lizardía

Hace algunas semanas, cuando el Kun Sergio Agüero marcó para el Manchester City frente al Arsenal por la semifinal de la FA Cup, disputada en el estadio de Wembley, otro nombre tomó por sorpresa la memoria de los enfermos del fútbol. Entre el listado de jugadores argentinos que ya habían convertido goles en ese mítico lugar, como Mario Boyé, Mario Kempes, Daniel Passarella, Julio Ricardo Villa, Claudio García, Darío Franco, Gabriel Batistuta, Lionel Messi o el propio Agüero, se colaba alguien poco conocido, prácticamente un ignoto: Ariel Lizardía, un delantero rosarino nacido el 10 de febrero de 1984 que prometía bastante, pero que se esfumó demasiado rápido.

En julio de 1999, un combinado Sub 15 de la Argentina participó, junto a Francia e Inglaterra, del torneo Tres Naciones, una competición Sub 16 organizada por la Federación Inglesa como parte de su frustrada campaña para quedarse con la sede del Mundial 2006.

Si bien aquel campeonato contemplaba la inclusión de jugadores nacidos a partir del 1 de enero de 1983, Argentina presentó una nómina completamente integrada por pibes de la categoría 1984. Dirigidos por Hugo Tocalli, los que representaron a nuestro país en territorio pirata fueron los arqueros Lucas Molina (Independiente) y Fabio Garibaldi (Ferro); los defensores Lucas Moreta (Newell’s), Mauro Lugo (Racing), Diego Ludueña (Independiente), Raúl Osella, David Reano y Emanuel Acosta (los tres de Boca), los mediocampistas Cristian Vargas (Boca), Gabriel Juárez (San Lorenzo), Hugo Colace (Argentinos Juniors), Maximiliano Capobianco (River) y Paulo Rosales (Newell’s) y los delanteros Maximiliano López (River), Ernesto Sánchez (San Lorenzo), Carlos Tevez (Boca), Noel Ibáñez y Ariel Lizardía (ambos de Newell’s).

La albiceleste debutó frente a Francia el 3 de julio, en el estadio del Kingstonian FC, a 20 kilómetros de Londres, y formó con Molina; Osella, Moreta, Ludueña y Acosta; Vargas, Colace, Lizardía y Capobianco; Tevez y López. Luego ingresaron Lugo, Rosales, Juárez, Sánchez e Ibáñez. Ese día, Argentina ganó a 1 a 0 con un golazo del Apache Tevez, que ya pintaba para cosas grandes.

Veinticuatro horas después, en Wembley, los pibes debían definir el título ante los dueños de casa. Para ese cotejo, Tocalli seleccionó a Molina; Acosta, Moreta, Ludueña y Lugo; Osella, Vargas, Colace y Capobianco; Tevez y Sánchez. Durante la segunda mitad, entraron López, Lizardía, Rosales, Reano e Ibáñez.

Los ingleses se pusieron en ventaja, pero enseguida Argentina lo empató gracias a una buena combinación entre Rosales y Lizardía, que la mandó a guardar, convirtiéndose en el último jugador de la selección argentina en marcar en el viejo Wembley (el Bati lo hizo meses después, pero con la camiseta de la Fiorentina ante el Arsenal por la Champions League). Promediando el complemento, Inglaterra se volvió a adelantar por intermedio de Michael Chopra. El resultado no cambiaría y los nuestros, perjudicados por un pésimo arbitraje que obvió dos penales claros, se quedarían con el subcampeonato.

Con el tiempo, varios de esos futbolistas llegarían a actuar en la Primera División de sus respectivos clubes. Algunos con éxito (como Carlos Tevez), otros con más suerte que condiciones (como Maxi López), otros brevemente por diversos motivos (como Reano, Moreta, Ludueña o Colace) y algunos cuantos se quedaron en el camino (como Ibáñez, uno de los máximos goleadores de las juveniles de la Lepra, detrás de Lisandro Sacripanti).

¿Pero qué pasó con Ariel Lizardía, el 10 de aquel seleccionado? Surgido de las divisiones inferiores de Newell’s Old Boys de Rosario (donde según registros del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol -CIHF- convirtió 19 goles en 78 encuentros entre novena y sexta), había arrancado como volante por izquierda: “Pero como era muy potente, en Sexta me pusieron de delantero”.

Después de que lo vieran en el Tres Naciones, estuvo cerca de quedarse en Europa: “Acepté una oferta de mi representante para ir a jugar a Italia, al Venezia. Estuve entrenándome una pretemporada con el equipo de Reserva, pero todo salió mal. Lo manejó mal el representante, me llevaron sin tener la ciudadanía y tuve problemas con los papeles. Lo que pasa es que ni mi viejo ni yo sabíamos de todos esos temas extrafutbolísticos”, contó muchos años después, ya alejado de la actividad, en una entrevista al diario Clarín.

“Después estuve cerca de firmar con The Strongest, pero tampoco tuve suerte. Tuve un bajón anímico y al final, volví a mi pueblo, Santo Tomé, y seguí jugando en los clubes de acá. Y ahora hago trabajos sanitarios y de gas con mi viejo, que es constructor. El fútbol quedó atrás ya hace años. Sigo en actividad ayudando a un amigo que tiene un club y estoy entrenando a los más chicos. Pero ahora sólo es un entretenimiento”.

Victoriano Arenas homenaje a Sandro (2010)

No han sido tantos los equipos que homenajearon a artistas populares en sus camisetas. Belgrano de Córdoba con Rodrigo Bueno (2001) y Riestra con Carlos Gardel (2003) son dos de los casos más conocidos, pero hubo otros que también llamaron la atención. Para empezar, el tributo de Victoriano Arenas a Sandro.

Las referencias futboleras de Roberto Sánchez son escasas, por no decir nulas. De grande vivió en Banfield, pero no era hincha fanático del Taladro. Bueno, supuestamente festejó el título de 2009 desde el hospital, pero andá a chequearlo a LCDTM (?).

Su conexión con los clubes habría que encontrarla en sus inicios como cantante en Valentín Alsina, en el sur del Gran Buenos Aires. Y es ahí donde surge la figura del CAVA. El mito dice que el debut de Sandro y Los de Fuego fue en los famosos carnavales de barrio de Victoriano. De ahí a ser una estrella en muy poco tiempo.

En 2010, el Gitano murió, dejando miles de nenas viudas anécdotas y un fuerte sentimiento de pertenencia, tal es así que el club, a través de la marca For Export, decidió homenajear al cantante y al Puente Alsina en el pecho de su camiseta, bajo la leyenda “CAVA de América”.

¿Sandro? De Victoriano.

Updateando: El Betocarranceo de Saviolita

– ¿Le habían perdido el rastro a Santiago Biglieri? El año pasado, el ex Lanús había vuelto a experimentar las mieles de la Primera División, con la camiseta de Colón de Santa Fe (sólo jugó poco más de 5 minutos en un partido ante Quilmes), hasta que se borró del mapa completamente…o casi.

Hace unos días nos enteramos de que Saviolita integra las filas de Progresista Guerrico, un equipo de la B de Pergamino. ¿Betocarranceo? No, te pareció.

– Otro que se vuelve a poner los cortos, pero no para el fútbol, es Pedro Iarley. A los 43 años, el ex Boca fimó como refuerzo de Alvorada, de la segunda división gaúcha de futsal.

– Hay algunos baldoseros que nunca le encuentran la vuelta a eso de dejar de ser futbolista y hay otros que, con algo de ingenio o con mucho esfuerzo, pueden continuar robando en otro ámbito (?). Tal es el caso de Leonardo Garaycochea. El ex Racing es personal trainer y lo pueden contratar en este link. Ustedes o sus señoras.

– No importa que haya hecho su partido despedida hace más de un año. El Máquina Giampietri sigue sumando equipos a su historial. Ahora defiende los colores de Balonpié, en la Liga de Pehuajó. En su debut, la rompió y fue fundamental en la victoria 6 a 1 ante Fútbol Club Henderson. ¿Más baldoserismo? Comparte equipo con Antonio Piergüidi y su DT es Guillermo Panaro.

Cereseto Lucio

Lucio Darío Cereseto

Cuando a un equipo le va mal, suelen tomarse dos caminos: se cambia al DT o se renueva el plantel. Si la cosa viene más complicada, estas posibles soluciones se pueden combinar. Aparece un nuevo entrenador que pasa la escoba y trae sus jugadores fetiche. Lo hizo Falcioni con Erviti, Ramón Díaz con Menseguez, y hasta ha pasado en Selección, con los antojos de algunos técnicos, como el de Sabella con Federico Fernández o el de Bauza con Buffarini, por nombrar algunos casos. ¿Qué tiene que ver esto con el relato que viene a continuación? Paciencia, hacia allá vamos.

Lucio Cereseto hizo su presentación en Primera División en la cancha de Juan Agustín García y Boyacá. Igual que Maradona, claro. La diferencia fue que el delantero de Newell’s ganó ese partido (fue 2 a 1 vs. Argentinos Juniors, el 19 de septiembre de 2004) y su equipo terminaría coronándose campeón ese año. Sacá del medio, Dié (?).

Aquella fue su única participación durante ese Torneo Apertura, volviendo a aparecer como moneda de recambio en los próximos certámenes: convirtió su primer gol en mayo de 2005, frente a Almagro, aunque su momento de gloria (o algo parecido) fue en julio, en la última fecha del Clausura. Un infortunio de un compañero (Iván Borghello se lesionó en el calentamiento previo) le permitió jugar frente a Independiente, marcando el gol de la Lepra: el empate 1 a 1 en ese partido le permitió a los de Rosario jugar la Copa Sudamericana.

A pesar de la doble competencia en la temporada siguiente, Cereseto nunca se pudo consolidar y dejó la institución a mediados de 2006. Lo recibió Coronel Bolognesi, pasando unos meses de mucha intensidad: el equipo terminó segundo en el torneo local y fue eliminado en los octavos de final de la Copa Sudamericana. Todo un logro para una humilde institución del interior de Perú. Allí, estuvo en las manos de un técnico argentino, cuya carrera todavía estaba en ciernes. ¿Qué aporta esto? Más paciencia, ya llegamos.

A principios de 2007 volvió al país sin nada asegurado. Se probó unas semanas en Argentinos Juniors y terminó quedando en el club. ¿Por qué le vieron condiciones? No, porque a último momento se cayó el pase del uruguayo Walter Guglielmone, hermanastro de un tal Edinson Cavani. En todo un semestre en el Bicho, solo jugó 6… minutos.

Diciéndole adiós para siempre a la máxima categoría, comenzó su periplo por las canchas de ascenso: Ben Hur (2007/08), Independiente Rivadavia (2008) y San Martín de Tucumán (2009) fueron sus primeras paradas, en el Nacional B. Sólo con el equipo de Rafaela consiguió cierta continuidad, en una campaña que culminó con la pérdida de la categoría.

Conoció la B Metropolitana con Deportivo Morón (2010) y Ecuador, con el Olmedo (2010). Volvió al mencionado certamen para jugar en Estudiantes de Buenos Aires (2011), Colegiales (2011/12 y 2013/14) y Los Andes (2013). En el medio, anduvo en por el ascenso mexicano, en el Altamira FC (2012). A esta altura, ¿se acordaría de Cereseto aquel DT que lo dirigió en Perú? Tranquilidad, falta menos para saberlo.

Con el afán de seguir coleccionando camisetas, sumó a su repertorio las de Textil Mandiyú (2014), Aprendices Casildeses (2014/15), Sacachispas (2015), J.J. de Urquiza (2015/16) y Dock Sud (2017). Punto seguido. Por favor, releer el primer párrafo. Relacionarlo con el entrenador que le sacó lo mejor de sí cuando estuvo en Coronel Bolognesi. Ahora sí, llegamos.

Ese DT era Jorge Sampaoli. El nuevo mandamás de la Selección Argentina, un conjunto que pide recambio de nombres. Basta de delanteros que desaprovecharon sus oportunidades. Tampoco hay lugar para los traidores, ni para hacer experimentos. El equipo necesita gente en la que su cuerpo técnico pueda confiar, jugadores conocidos, que se adapten rápido a lo que se pide desde afuera. ¿Por qué no Lucio Cereseto para jugar en el ataque argentino? Total, hemos visto cosas peores.