Huracán (1985/86)

En la actualidad, cuesta imaginarse a los hinchas del Globo jactándose de no conocer las canchas del ascenso. Sin embargo, esto era habitual hasta mediados de la década de los 80’s. En aquella época, los fanáticos de San Lorenzo y Racing, por ejemplo, ya sabían lo que era jugar en la B. Algo que Huracán estaría a punto de vivir en carne propia.

En la imagen, una de las últimas formaciones de los de Parque Patricios antes del primer descenso de su historia. Arriba: Juan Amador Sánchez, Christian Angeletti, Carlos Gay, Rodolfo Raffaelli, Claudio Cabrera y Osvaldo Damiano. Abajo: Claudio Turco Garcia, Daniel Messina, Carlos Mendoza, Juan Tutino y Carlos Torino.

Entre otros, también fueron parte de ese plantel: Héctor Herrero, el Toti Iglesias, López Turitich, Eduardo Papa, Marcelo Bottari, Carlos Taracido, José Luis Zuttión y Ángel Beltrán, quien fallecería ese mismo año a causa de una leucemia.

Sin embargo, sería injusto responsabilizar solamente a estos nombres. Es que, más allá de la mediocre temporada 1985/86 (obtuvo el 13º puesto), el equipo terminó siendo condenado por el pésimo promedio arrastrado de las campañas de 1983 (14º) y 1984 (17º).

Aunque el descenso directo fue evitado gracias a una pésima campaña de Chacarita, los Quemeros no pudieron zafar del Reclasificatorio, un octogonal en donde se enfrentaron con los mejores equipos de la vieja Primera B.

Luego de dejar en el camino a Lanús y a Los Andes, el sorpresivo Sportivo Italiano lo derrotó después de tres finales muy parejas, decretando que el Globo jugaría en el flamante Nacional B. En las instancias definitivas, Huracán utilizó una vestimenta muy particular: camiseta roja y pantalones azules. Sí, se fue al descenso usando los colores de San Lorenzo.

Si bien la atención del mundo futbolero estaba puesta en lo que sucedía en México (al mismo tiempo se estaba jugando el Mundial 86), la caída de un histórico participante de los torneos de Primera División no pasó desapercibida.

Sin dudas, se trató de un hecho histórico para nuestro fútbol: quedó confirmado que los sextos grandes también descienden.

Huracán (2002/03)

No estaba en los planes de nadie. Antes de arrancar la temporada 2002/03 del fútbol argentino, Huracán venía de salir 4º en el torneo y estaba en la mitad de tabla de los equipos comprometidos con el descenso. Con los 99 puntos de las dos temporadas anteriores y un promedio de 1.303, miraba desde arriba a Central, Independiente y Lanús, entre muchos otros. Pero algo falló.

Se fueron figuras como el Rolfi Montenegro, Lucho González y Karin Adippe (?), se retiró el Pelado Moner; y llegaron refuerzos como Pablo Lavallén, Adrián Ávalos, Martín Mazzucco, Gabriel Meta y Cristian Zermattén, que jugaron poco y se fueron enseguida. En el Apertura, el Globo hizo una campaña muy floja de apenas 11 puntos. Sin embargo, todavía estaba afuera de la zona roja, zafaba por poco de la Promoción. Tenía que sumar para no caer.

El verano de 2003 arrancó complicado. ¿Los refuerzos? Darío Cabrol y Darío Gigena. Pero a la escasa jerarquía para la difícil situación futbolística, se sumaron dos mazazos anímicos para el plantel: Primero, se suicidó el arquero Sergio Schulmeister. Y a los pocos días, al delantero Juan Ramón Fleita le detectaron un tumor en los ganglios (Mal de Hodgkin, del cual pudo recuperarse recién un año después). En ese trágico febrero, terminarían llegando dos uruguayos: Carlos Camejo y el arquero Ignacio Bordad.

La cosa venía mal barajada y no cambió mucho el resto del semestre. En las 19 fechas del Clausura 2003 (las primeras 4 dirigidas por Carlos Babington y luego por Jorge Célico), Huracán solo pudo cosechar 6 puntos, producto de 1 victoria (a Banfield), 3 empates y 15 derrotas. Apenas 12 goles a favor y 46 en contra.

¿El clásico con San Lorenzo? Lo perdieron 4 a 0. ¿Con River? Cayeron 6 a 0. Ni siquiera pudo salvarlos Globito, un perrito rescatado al que habían usado de amuleto y que luego terminaron acusando de drapie. En fin, una lágrima que terminó en descenso directo.

En la foto: Martín Ríos; Rodolfo Graieb, Juan Zalazar, Gabriel Lobos y Cristian Fernández; Santiago Hirsig, Daniel Garipe, Pablo Monsalvo, Alejandro Alonso y Darío Cabrol; Darío Gigena.

Como suele ocurrir en estos casos, cuando la caída al Nacional B ya era inminente (se fue en la 15º fecha, goleado 4 a 0 por Boca), fueron quemados un montón de pibes de las inferiores que buscaban la chance de debutar en Primera.

Durante ese torneo, también tuvieron minutos Mariano Andújar, Ramón Pedro Ortíz, Raúl Fernández, Paolo Goltz, Marcelo Kobistyj, Marcelo Da Silva Lima, Cristian Cellay, Miguel González, Diego Funes, Mauro Milano, Diego Cochas, Darío Pranich, Edson Uribe, Sebastián Lipo, Luciano Bracco, Emanuel Villa, Francisco López Rojas, Esteban López, Claudio Guerra e Ismael Villalba.

Así, Huracán descendió por tercera vez en el profesionalismo.

Deformaciones: Temperley (2010/11)

Lo que fue Maradona para la Selección Argentina en 1986. Lo que significó Kempes en el Mundial 1978. Lo que representó Messi en cada título ganado por Argentina el Barcelona. Algún punto de comparación con estos sucesos puede adjudicarse Sebastián Cobelli en lo que fue su corto pero fructífero paso por Temperley. Desde su llegada a mediados de 2010, el delantero se transformó en un jugador tan conflictivo como necesario. Y sino, que lo digan los números.

El primer partido del campeonato 2010/11 marcó lo duro que sería esa temporada para el Gasolero, cuando cayó ante Sarmiento con un insólito gol provocado por un error del arquero Alejandro Medina. Además, en el inicio del torneo el equipo no tenía sponsor, por lo que en el pecho de la camiseta lucía la leyenda “Yo me hice socio del Cele”.

La cosa parecía enderezarse a partir de la 5ª fecha, cuando había que visitar a Los Andes. Fue victoria por 3 a 0 en Lomas de Zamora, con doblete de Cobelli y dedicatoria incluida para un plateista que lo había insultado toda la tarde: “había uno en la platea indignado conmigo… se ve que me habré acostado con su mujer. Le pido que me disculpe porque eso ocurrió en un momento donde estaba soltero y la señora de él golpeó a mi puerta, y le tuve que meter fichas“.

Aquel histórico triunfo terminó siendo un espejismo. El equipo siguió alternando buenos y malos resultados, con el blondo delantero como protagonista. A la hora de jugar, era figura y goleador. Afuera de la cancha, también era noticia. Por ejemplo, en octubre de 2010 infringió una norma del plantel: no hablar con la prensa partidaria, por lo que debió pagar una multa. ¿Efectivo? No, algo peor (?): comida. Se tuvo que poner con 150 empanadas y así poder entrenar a la par de sus compañeros.

Los conflictos de verdad llegaron en el verano. Primero, el marido de Fernanda Vives recibió una jugosa propuesta de Estudiantes de Buenos Aires, pero los dirigentes se negaron a negociar y lo obligaron a cumplir su contrato. A esto se le sumaron los reclamos por el atraso en el pago del aguinaldo y las malas condiciones en las que el equipo llevaba a cabo la pretemporada en Chapadmalal. “Habitaciones sin enchufe, sin baño, donde vive gente subvencionada por el Estado. Por ahorrarse unos pesos ya la estamos pasando muy mal. Obviamente, los dirigentes, después nada podrán exigir. Por ahorrarse unos pesos ya la estamos pasando muy mal. Encima, hasta nos quitan los celulares”, denunció a través de su Facebook. “Esto es Fort Boyard abandonado, parece donde filmaron Tumberos“completó.

El campeonato se reanudó, aunque los directivos ya tenían en la mira a “la manzana podrida.” Por la 25ª fecha, Temperley recibía a Acassuso. El director técnico Ricardo Dabrowski puso a Cobelli de enganche… y en el primer tiempo se fueron 3 a 0 abajo. El Gordo fue remplazado junto al baldosero Ezequiel Andreoli en el entretiempo. Obviamente, el entrenador no se la iba a llevar de arriba: “me llevo una sensación de poco hombre al sacarnos del equipo cuando el culpable es él. Cambió el 60% del equipo, pero no sabe llevar el grupo ni dar una charla técnica. El ex ayudante de campo era el que armaba el equipo”. ¿Qué respondió Dabrowski? “No quiero opinar del tema como hacen otros a través de Facebook porque prefiero hablar cara a cara.”

En resumen: el delantero no volvió a jugar en el conjunto del sur del GBA. Y el equipo se fue a pique. Temperley pasó de pelear por un lugar en el reducido a quedar comprometido con los promedios para el siguiente año. Luego de la salida de Cobelli, quedaban 17 partidos para terminar el torneo. Sin su goleador, el Gasolero convirtió solo en 6 encuentros. Las caídas se hicieron habituales. Tanto, que ese equipo quedó en la historia como el que sufrió la mayor cantidad de derrotas en la historia del club: fueron 22 en todo el torneo.

Claro que hubo otros nombres que colaboraron para que esto sucediera. Entre los más célebres, se pueden destacar a Damián Cebolla Giménez, Lucas Alessandria, Leonardo De Bórtoli, Luis López y Lucas Hure. Este último también terminó en conflicto con los dirigentes, que lo marginaron antes del final del torneo. “Estuve viviendo en un garage, ellos me prometieron que me conseguían un departamento para estar mejor. Que no se me valore, me da por las pelotas“, expresó. ¿Qué respondió el presidente? “Más allá de los años que tiene en el fútbol, Hure no ha avanzado en su vida”. Que lindo que la gente se quiera tanto.

Los años han pasado y pese a que Temperley logró volver a tener su momento en Primera División, otras cosas no han cambiado: Cobelli terminó entangado.

Deformaciones: Los Andes (2010/11)

Algo anda mal cuando el arquero es el jugador de menor estatura entre los que posan parados para la foto. Y si además resulta ser uno de los pocos que se destacan en toda una temporada, las señales son claras: ese equipo no funciona. Walter Cubito Cáceres, de él se trata, fue una fija en el arco de Los Andes por varios años, incluyendo el nefasto campeonato de Primera B 2010/11. Claro que el ex Racing no fue el único culpable de esa pésima campaña.

La pretemporada del Milrayitas hacía soñar a sus hinchas con el ascenso: hubo victoria en un amistoso ante San Lorenzo y se sumaron refuerzos como José Luis Pitu Gómez, Roberto Vissio, Pablo Solchaga, Federico El Poeta García y Pablo Alcides Villalba Fretes, un delantero paraguayo con escaso poder de gol. ¿Otros nombres que formarían parte de ese plantel? Marcelo Burzac, Diego Churín, Jonathan Tridente y Alexis Mendoza, un colombiano que se retiraría del fútbol antes de los 30 años para ser ayudante de campo de su padre, un histórico entrenador en el fútbol de su país.

El torneo arrancó muy bien para los de Oscar Blanco: en la primera fecha vencieron con baile a Sportivo Italiano. Pero, inesperadamente (o no), este resultado no se volvería a repetir hasta la segunda rueda. Sí, transcurrieron más de 6 meses para que los de Lomas de Zamora volvieran a sumar de a tres. En el medio, hubo un período de 23 partidos sin triunfos, la peor racha negativa en la historia del club. De ilusionarse con la vuelta al Nacional B, a preocuparse por los promedios.

Ya con Mario Rizzi con el buzo de DT (después de la lógica salida de Cachín Blanco habían pasado sin éxito Néstor Coqui Ferraresi y Ricardo Negro Rodríguez), el equipo consiguió algunas victorias que le dieron aire, pero otro mal momento sobre el final del torneo (no obtuvo triunfos en los últimos 8 partidos) dejaron a Los Andes en el fondo de la tabla y en el 21° lugar sobre 22 conjuntos en los promedios. Como sólo uno descendía directamente, el Milrayitas tuvo que jugar la promoción para evitar la Primera C.

Sin Rizzi en el banco (renunció al final del campeonato y su lugar fue ocupado por Damián Timpani), la historia tuvo final feliz: la permanencia quedó asegurada con un par de victorias ante Central Córdoba. Lo más destacado de estos partidos sucedió al final del encuentro de ida, cuando Cubito Cáceres discutió con un alcanzapelotas, el pibe acusó un golpe y el arquero terminó declarando en una comisaría de Rosario. Poderoso el chiquitín.

River juvenil con refuerzos (1983)

En 1983, las selecciones juveniles argentinas andaban a los tumbos (y a las piñas) por el mundo, y aún así recibieron una invitación para participar en un cuadrangular en Corea del Sur, junto a la selección local, la mexicana y Flamengo de Brasil.

Por cuestiones organizativas, la AFA no pudo enviar un combinado para ese compromiso, entonces fue que el presidente de River, Rafael Aragón Cabrera, ofreció enviar una grupo de juveniles del Millonario, pero reforzado con algunos pibes que ya venían teniendo rodaje en Primera División, incluso en otros clubes.

Arriba: Alejandro Montenegro, Esteban Ricardo Solabarrieta (Kimberley), Jorge Cacho Borelli (Platense), Adrián Rodriguez, Carlos Nicosia y Oscar Olivera (Independiente).
Abajo: Héctor Enrique (recién llegado de Lanús), Roberto Oscar Zarate (All Boys), Daniel Messina, Néstor De Vicente y Pipo Gorosito.

Lejos de sacar ventaja con tantos pibes que se consagrarían años más tarde, la actuación de conjunto de Núñez en Seúl dejó mucho que desear. En su debut, el representante argentino cayó 1 a 0 con México. En la segunda fecha, jugó ante los locales y cayó por el mismo marcador. Lo peor, sin dudas, ocurrió en la última jornada, cuando River perdió 3 a 0 ante Flamengo.

Dacko, Cochela, Enrique, Medina, Solaberrieta, Borelli, Olivera, Gorosito, Rodríguez ,Zarate, Montenegro, Trillo, Dalla Libera, Karabín, De Vicente, Nigro, Nicosia.

Los de la banda (aunque sin banda, con una camiseta que pide placard a gritos), terminaron el torneo con 0 puntos y 0 goles a favor. El campeón fue el Flamengo, que en la final se impuso por 1 a 0 ante Corea.

 

Ale_Carro

Crucero del Norte (2015)

Nacido en 2003 como un desprendimiento de la empresa de colectivos homónima, el club Crucero del Norte partió desde la ciudad misionera de Garupá, iniciando un corto pero agitado viaje que terminó en la plataforma menos imaginada: la Primera División. Acá, el recorrido.

Después poco más de una década de dormitar en el semi-cama de los torneos regionales y el Nacional B, a finales de 2014 el cuadro de Misiones sacó pasaje para la clase ejecutiva del fútbol argentino, gracias a esa insólita repartija de diez ascensos que terminaría de desvirtuar lo que conocimos como torneos cortos.

Su arribo, entonces, se programó para el 2015 y hubo que ocupar los asientos. Fue así como el Colectivero anotó en su planilla los 31 nombres: Diego Torres, Ariel Cólzera, Fabián Monserrat, Claudio Fileppi, Nicolás Olmedo, Julio Barraza, Ernesto Pinti Álvarez, Germán Caffa, Guillermo Datke, Victor Cabaña, Adrian Yaguziezko, Lucas Caballero, Dante Bareyro, Federico Rosso, Marcelo Lamas, Juan Cabrera, Enzo Godoy, Gabriel Chironi, Nico Dematei, Alejandro Martinez, Gabriel Ávalos, Alejandro Pérez, Juan Mendonca, Horacio Ramirez, Maximiliano Oliva, Rodrigo Lerchner, José Dujaut, Fabio Vázquez, Diego Calgaro, Gabriel Tomassini y Dardo Romero. Ya para el segundo tramo, se bajaron Cálgaro, Fileppi y Torres; pero ahí nomás se subieron Adrián Alegre, Pablo Stupiski y el hombre del reloj pulsera, el gran Gumersindo Mendieta.

La ruta, sin embargo, fue más complicada de lo que se imaginaban.  En el debut, Crucero igualó 0 a 0 con Tigre, desperdiciando un penal. De lo que más se habló ese día, fue de la famosa grama bahiana, el césped artificial que se notaba que era mucho más largo y espeso que el de cualquier estadio argentino.

Le costó conseguir su primer triunfo: fue en la fecha 7, ante Temperley. Siguió mordiendo banquina, pegó un volantazo con la ida de Schurrer y puso de chofer a Sebastián Rambert. No le acanzó ni para pagar el peaje.

Al pésimo rodaje, se le sumó el mal clima entre los pasajeros, que comenzaron a viralizar algunas imágenes para quejarse de las pocas comodidades del micro que los trasladaba. Hacer mil kilómetros y perder 4 a 0 con Argentinos Juniors, no era una buena publicidad para Crucero del Norte. Algunos pedían avión. Y el presidente Koropeski, firme en sus ideales, declaraba: “Seguimos siendo colectiveros”.

Ya para septiembre de 2015, la gente se amontonaba en el pasillo y quería tirarse por la ventanilla. En una derrota 3 a 1 ante Lanús, una bandera de prolija confección apareció en la tribuna: “Jugadores. Si siguen yendo al casino de Paraguay, no vamos a ganar”. El mensaje era claro. Las sospechas de la autoría iban hacia el mandamás de la institución, que ya no bancaba el proyecto y mucho menos si los jugadores andaban en la ruleta o en el Casino Epoca casino online. Tenía la excusa perfecta para hacer una limpieza.

Luego vendrían varios alfajores de fruta y café recalentado, para agarrar una curva demasiado cerrada y terminar descarrilando: River, Boca, Independiente y Racing. Todos en fechas consecutivas. Y todos con una derrota. La última, ante el Xeneize, terminaría marcando el anunciado descenso por la escalera. Allá afuera, lo esperaría Aldosivi para darle los bolsos y decirle adiós.

En las despedidas, suele haber congoja. Y la lágrima acá fue la campaña: 30 partidos jugados, 3 victorias, 5 empates y 22 derrotas. Último en la tabla, con 21 goles a favor y 55 en contra.

¡Buen viaje, Crucero! Volvé cuando quieras.

Selección argentina sub 25 (2011)

¿Puede ser baldosero un jugador que pasó por la Selección?, nos preguntamos varias veces. Es raro, pero puede pasar, sobre todo en los últimos tiempos. ¿Puede una Selección entera transformarse en una verdadera Deformación?, es la segunda pregunta que nos tenemos que hacer. Y acá encontramos la respuesta.

La categoría que reunía a los futbolistas de la albiceleste ya era una fantasmeada: ¡Sub 25! ¿Qué? Sí, un tope de edad insólito, para jugadores que ya no eran pibes, pero que tampoco tenían demasiado rodaje en el plano internacional. ¿El rival? Nigeria, pero con todos sus titulares, en plena disputa de las Eliminatorias para la Copa Africana de Naciones. Pintaba para ser parejo, pero no lo fue.

Aquel 1º de junio (sí, el día del baldosero) de 2011, en el estadio Nacional de Abuja, el Checho Batista paró en la cancha a Adrián Gabbarini; Pablo Zabaleta, Ezequiel Garay, Federico Fazio y Emiliano Insúa; Fernando Belluschi, Mario Bolatti, Alberto Tino Costa; Nicolás Gaitán, Mauro Boselli y Diego Perotti.  Muchas apuestas que terminarían saliendo mal.

A los 9 minutos, Ikechukwu Uche (con ayuda de un rebote) puso el sorpresivo 1 a 0 para los locales, pero todo empezó a desbarrancar casi 20 minutos más tarde, cuando el árbitro Ibrahim Chaibou, oriundo de Níger, cobró un penal inexistente para Nigeria. Poco le importó a Nsofor Obinna, que puso el 2 a 0.

Si eso ya era un golpe, ni hablar cuando Uche puso el 3 a 0 antes del cierre de la primera etapa. Los argentinos estaba siendo goleados por los africanos y aún faltaba mucho.

En la segunda mitad, Batista metió a Alejandro Cabral, Nicolás Bertolo, Mateo Musacchio y Franco Jara. ¿En el banco? Quedaron Damián Martínez, Mauro Formica, Marco Ruben, Pablo Piatti y Jonathan Cristaldo.

A los 6 minutos del complemento, Emineke colocó el escandaloso 4 a 0, que se maquillaría con un gol argentino que fue un verdadero aborto. Con el partido liquidado y sin motivaciones por parte de ambos equipos, el árbitro Chaibou extendió sospechosamente el desarrollo, hasta llegar al minuto 98 (sí, ocho minutos de más), cuando aprovechó una aproximación de los nuestros para sancionar una inexistente mano nigeriana y darle un penal a Argentina. Boselli la mandó a guardar y se terminó el match: 4 a 1.

Esa misma semana, se conoció que durante ese amistoso, en varias casas de apuestas habían recibido innumerables jugadas a favor de un quinto gol. El tanto llegó. Las sospechas, también.

El juez, que ya tenía algunos antecedentes oscuros en otros encuentros internacionales, estuvo en el ojo de la tormenta, al punto que la FIFA tuvo que salir a anunciar que lo ubicarían y lo investigarían. Fue todo un acting, porque nunca lo encontraron.

En diciembre de ese 2011, Chaibou anunció su retiro. Mejor suerte que el Checho Batista, que no llegaría a fin de año.

[Baldosa Olímpica] Deformaciones: Colombia (1992)

Una Selección Cafetera que llega como candidata a un torneo y se va con las manos vacías. La misma historia de siempre, repetida en diferentes competencias: Mundial, Copa América y también Juegos Olímpicos. Entre estos últimos, las malas experiencias fueron moneda corriente. Pero, sin dudas, el golpe más fuerte fue el que sufrió en Barcelona ’92.

Es que, luego de una gran actuación en el Preolímpico de Paraguay (donde Argentina fracasó con La Banda del Gol y el Toque), Colombia llegaba con grandes expectativas. La ilusión era tan grande que los hinchas y la prensa daban por segura la obtención de una medalla. Pero el ego y la falta de experiencia para encarar este tipo de competencias, los traicionó a todos: el equipo no pasó de la primera ronda. Una desilusión que se reeditaría con varios de estos jugadores dos años después, en el Mundial 1994.

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Para ser sinceros, los colombianos tenían nombres de sobra: Miguel Calero, Faryd Mondragón, Jorge Bermúdez, Faustino Asprilla y Víctor Aristizábal eran algunas de las figuras del equipo. Grandes jugadores, pero faltos de humildad. Así lo reconoció Iván René Valenciano: “Teníamos el ego por encima. Llegamos agrandados, nos sentíamos las estrellas y eso nos jugó una mala pasada. Faustino y yo ya estábamos vendidos a Europa, creíamos que ya teníamos la medalla de oro colgada en el cuello”.

La presentación del conjunto sudamericano no pudo ser peor: derrota 4 a 0 frente a España. “Nos sorprendió todo”, explicó el delantero. “Nosotros nos creíamos los mejores, pero no sabíamos que España tenía a Guardiola, Luis Enrique, Kiko, Abelardo… No sabíamos ni cómo jugaban ellos, solo creíamos en lo nuestro, y cuando nos encontramos con otra realidad en la cancha, ya era tarde”.

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Los próximos rivales, Qatar y Egipto, daban margen para la recuperación. Pero otra vez, la soberbia les dio un cachetazo: fue empate frente a los asiáticos y derrota contra los africanos. “En el partido contra Egipto nosotros estábamos completos y ellos solo tenían siete jugadores porque los había dejado el transporte. Empezamos a jugar y les íbamos ganando 2 a 0. Fueron llegando poco a poco, parecía un partido de barrio, y nos ganaron 4 a 3”, contó Iván René. De esta manera, Colombia terminó última en su grupo.

Entre las causas del revés, los futbolistas admitieron que la concentración era inadecuada. Esto, combinado con la ausencia de un método nutricional, formó un coctel explosivo. La Villa Olímpica fue el hospedaje elegido, a diferencia de otras escuadras que planificaron mejor la preparación y se concentraron en lugares más apartados. “Lo de nosotros no era una verdadera concentración. Era muy difícil controlarnos en ese lugar, donde había hasta discoteca”, consideró el mediocampista Víctor Pacheco.

Además, los jugadores que en condiciones normales peleaban con la balanza tuvieron demasiadas tentaciones y constantemente se escapaban de la habitación. “Había 10 restaurantes, siempre alguno abierto. A los pocos días ya estábamos todos pasados de kilos. Mucha distracción para unos muchachos que no éramos tan profesionales”, confesó Valenciano, uno de los más glotones.

La maldición de Barcelona (?) dejó secuelas no sólo en el ámbito deportivo: varios jugadores del plantel perdieron la vida antes que el fútbol cafetero consiga participar de otros JJOO. Omar Cañas fue asesinado por sicarios en 1993, mientras que Jairo Zulbarán encontró el mismo destino en 2002. Ese mismo año, Herman Gaviria falleció  luego de que un rayo cayera a metros suyo. El último en despedirse de este mundo fue Miguel Calero, quien en 2012 sufrió un infarto cerebral.

Fracasos futbolísticos y muertes violentas: dos costumbres colombianas que parecen inseparables.