Selección argentina sub 25 (2011)

¿Puede ser baldosero un jugador que pasó por la Selección?, nos preguntamos varias veces. Es raro, pero puede pasar, sobre todo en los últimos tiempos. ¿Puede una Selección entera transformarse en una verdadera Deformación?, es la segunda pregunta que nos tenemos que hacer. Y acá encontramos la respuesta.

La categoría que reunía a los futbolistas de la albiceleste ya era una fantasmeada: ¡Sub 25! ¿Qué? Sí, un tope de edad insólito, para jugadores que ya no eran pibes, pero que tampoco tenían demasiado rodaje en el plano internacional. ¿El rival? Nigeria, pero con todos sus titulares, en plena disputa de las Eliminatorias para la Copa Africana de Naciones. Pintaba para ser parejo, pero no lo fue.

Aquel 1º de junio (sí, el día del baldosero) de 2011, en el estadio Nacional de Abuja, el Checho Batista paró en la cancha a Adrián Gabbarini; Pablo Zabaleta, Ezequiel Garay, Federico Fazio y Emiliano Insúa; Fernando Belluschi, Mario Bolatti, Alberto Tino Costa; Nicolás Gaitán, Mauro Boselli y Diego Perotti.  Muchas apuestas que terminarían saliendo mal.

A los 9 minutos, Ikechukwu Uche (con ayuda de un rebote) puso el sorpresivo 1 a 0 para los locales, pero todo empezó a desbarrancar casi 20 minutos más tarde, cuando el árbitro Ibrahim Chaibou, oriundo de Níger, cobró un penal inexistente para Nigeria. Poco le importó a Nsofor Obinna, que puso el 2 a 0.

Si eso ya era un golpe, ni hablar cuando Uche puso el 3 a 0 antes del cierre de la primera etapa. Los argentinos estaba siendo goleados por los africanos y aún faltaba mucho.

En la segunda mitad, Batista metió a Alejandro Cabral, Nicolás Bertolo, Mateo Musacchio y Franco Jara. ¿En el banco? Quedaron Damián Martínez, Mauro Formica, Marco Ruben, Pablo Piatti y Jonathan Cristaldo.

A los 6 minutos del complemento, Emineke colocó el escandaloso 4 a 0, que se maquillaría con un gol argentino que fue un verdadero aborto. Con el partido liquidado y sin motivaciones por parte de ambos equipos, el árbitro Chaibou extendió sospechosamente el desarrollo, hasta llegar al minuto 98 (sí, ocho minutos de más), cuando aprovechó una aproximación de los nuestros para sancionar una inexistente mano nigeriana y darle un penal a Argentina. Boselli la mandó a guardar y se terminó el match: 4 a 1.

Esa misma semana, se conoció que durante ese amistoso, en varias casas de apuestas habían recibido innumerables jugadas a favor de un quinto gol. El tanto llegó. Las sospechas, también.

El juez, que ya tenía algunos antecedentes oscuros en otros encuentros internacionales, estuvo en el ojo de la tormenta, al punto que la FIFA tuvo que salir a anunciar que lo ubicarían y lo investigarían. Fue todo un acting, porque nunca lo encontraron.

En diciembre de ese 2011, Chaibou anunció su retiro. Mejor suerte que el Checho Batista, que no llegaría a fin de año.

[Baldosa Olímpica] Deformaciones: Colombia (1992)

Una Selección Cafetera que llega como candidata a un torneo y se va con las manos vacías. La misma historia de siempre, repetida en diferentes competencias: Mundial, Copa América y también Juegos Olímpicos. Entre estos últimos, las malas experiencias fueron moneda corriente. Pero, sin dudas, el golpe más fuerte fue el que sufrió en Barcelona ’92.

Es que, luego de una gran actuación en el Preolímpico de Paraguay (donde Argentina fracasó con La Banda del Gol y el Toque), Colombia llegaba con grandes expectativas. La ilusión era tan grande que los hinchas y la prensa daban por segura la obtención de una medalla. Pero el ego y la falta de experiencia para encarar este tipo de competencias, los traicionó a todos: el equipo no pasó de la primera ronda. Una desilusión que se reeditaría con varios de estos jugadores dos años después, en el Mundial 1994.

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Para ser sinceros, los colombianos tenían nombres de sobra: Miguel Calero, Faryd Mondragón, Jorge Bermúdez, Faustino Asprilla y Víctor Aristizábal eran algunas de las figuras del equipo. Grandes jugadores, pero faltos de humildad. Así lo reconoció Iván René Valenciano: “Teníamos el ego por encima. Llegamos agrandados, nos sentíamos las estrellas y eso nos jugó una mala pasada. Faustino y yo ya estábamos vendidos a Europa, creíamos que ya teníamos la medalla de oro colgada en el cuello”.

La presentación del conjunto sudamericano no pudo ser peor: derrota 4 a 0 frente a España. “Nos sorprendió todo”, explicó el delantero. “Nosotros nos creíamos los mejores, pero no sabíamos que España tenía a Guardiola, Luis Enrique, Kiko, Abelardo… No sabíamos ni cómo jugaban ellos, solo creíamos en lo nuestro, y cuando nos encontramos con otra realidad en la cancha, ya era tarde”.

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Los próximos rivales, Qatar y Egipto, daban margen para la recuperación. Pero otra vez, la soberbia les dio un cachetazo: fue empate frente a los asiáticos y derrota contra los africanos. “En el partido contra Egipto nosotros estábamos completos y ellos solo tenían siete jugadores porque los había dejado el transporte. Empezamos a jugar y les íbamos ganando 2 a 0. Fueron llegando poco a poco, parecía un partido de barrio, y nos ganaron 4 a 3”, contó Iván René. De esta manera, Colombia terminó última en su grupo.

Entre las causas del revés, los futbolistas admitieron que la concentración era inadecuada. Esto, combinado con la ausencia de un método nutricional, formó un coctel explosivo. La Villa Olímpica fue el hospedaje elegido, a diferencia de otras escuadras que planificaron mejor la preparación y se concentraron en lugares más apartados. “Lo de nosotros no era una verdadera concentración. Era muy difícil controlarnos en ese lugar, donde había hasta discoteca”, consideró el mediocampista Víctor Pacheco.

Además, los jugadores que en condiciones normales peleaban con la balanza tuvieron demasiadas tentaciones y constantemente se escapaban de la habitación. “Había 10 restaurantes, siempre alguno abierto. A los pocos días ya estábamos todos pasados de kilos. Mucha distracción para unos muchachos que no éramos tan profesionales”, confesó Valenciano, uno de los más glotones.

La maldición de Barcelona (?) dejó secuelas no sólo en el ámbito deportivo: varios jugadores del plantel perdieron la vida antes que el fútbol cafetero consiga participar de otros JJOO. Omar Cañas fue asesinado por sicarios en 1993, mientras que Jairo Zulbarán encontró el mismo destino en 2002. Ese mismo año, Herman Gaviria falleció  luego de que un rayo cayera a metros suyo. El último en despedirse de este mundo fue Miguel Calero, quien en 2012 sufrió un infarto cerebral.

Fracasos futbolísticos y muertes violentas: dos costumbres colombianas que parecen inseparables.

[Go home] Deformaciones: Team America (1983)

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La norteamericanidad al palo. En una simple oración, así se puede explicar este invento en forma de equipo al que le sobraban condimentos yanquis: su indumentaria, sus integrantes, su lugar de pertenencia, su visión del espectáculo. Todo, menos su deporte: en lugar de dedicarse al béisbol o al football, optaron por el soccer. Tuvieron sus razones, claro. Aunque también sobraron los motivos para que así como surgieron de un momento para el otro, desaparezcan con la misma rapidez.

Hacia 1983, la NALS se caía a pedazos por la falta de sponsors e interés del público, y la creación del Team América suponía volver al furor causado por la redonda en los 70’s. Así como la popularidad se había alcanzado con la llegada de grandes figuras extranjeras, esta vez la cosa sería inversa: una franquicia rebosante de patriotismo haría revivir la pasión de la gente. Por otro lado, ante la proximidad de los Juegos Olímpicos a disputarse en Los Ángeles, en 1984, la Federación también dio el visto bueno, ya que el equipo estaría conformado en su totalidad por jugadores estadounidenses, con el objetivo de armar la base del plantel que iría por una medalla (¡ja!) al año siguiente.

A pesar de la expectativa, varios de los futbolistas de la Selección se negaron a dejar sus clubes para ingresar en la nueva franquicia, así que la nómina se completó con jóvenes procedentes de ligas menores, universitarias e incluso del campeonato de fútbol indoor. Ricky Davids, una de las figuras de la época, fue una de las voces que se alzó en contra del proyecto: “¿Estamos realmente haciendo algo para ayudar al jugador estadounidense, o estamos haciendo algo para ayudar a la liga a añadir otro equipo?”.

En cuanto a la dirección técnica, el designado para el puesto fue el griego Alketas Panagoulias, que complementaba su función con la de entrenador del conjunto nacional. Al asumir, derrochó optimismo: “Creo que Estados Unidos es, en este momento, un gigante dormido en el fútbol internacional. Pronto vamos a lograr una posición más fuerte en el plano mundial.” USA Positive (?).

Para demostrar el compromiso hacia deporte nacional, los muchachos visitaron al presidente Ronald Reagan, posaron frente al Capitolio y fueron locales en el Robert Kennedy Memorial Stadium, de Washington D.C. Estadio que les quedó gigantesco, ya que la media por partido fue de 11.000 espectadores, cuando la capacidad total era cinco vences mayor. La mejor concurrencia en su cancha se dio frente a Ft. Lauderdale Strikers, cuando asistieron más de 50.000 personas. Obviamente, el interés del público no pasaba por ver muchas patadas, pocas anotaciones y empates: al término del encuentro tocaban los Beach Boys, y con la entrada al juego te quedabas a ver el recital. Un golazo.

En cuanto a lo futbolístico, la campaña fue de mayor a menor. Luego de un gran arranque en las primeras fechas (incluyendo una victoria frente al Cosmos con este insólito gol en contra de Franz Beckenbauer), el equipo se derrumbó, cosechando 15 derrotas en los últimos 17 partidos. Obviamente, finalizaron en el lugar más bajo de la tabla. Aunque se dieron el gusto de terminar invictos en los juegos amistosos, al cosechar igualdades frente al Wattford (Inglaterra), Dynamo Minsk (USSR) y Juventus (Italia). Como curiosidad, se puede destacar que el partido frente a los ingleses fue disputado en… ¡Jamaica!

A esta altura, el objetivo principal, potenciar a la Selección, había quedado totalmente de lado: durante 1983 el equipo nacional apenas jugó un partido (victoria 2 a 0 frente a Haití) y al momento de la gran cita en Los Ángeles el Team América la había racingueado toda (?): ya no existía. La disolución llegó al concluir la amarga temporada, entre los pésimos resultados y el desinterés del público. Mientras tanto, la NALS seguiría, a los tumbos, un año más. Al fin y al cabo, estaban en Estados Unidos. Y el show debía continuar.

Deformaciones: Textil Mandiyú (2014)

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¿En qué te has transformado, Mandiyú? ¡¿En qué te han transformado?! Ese tipo de preguntas podrían haberse escuchado tranquilamente en el programa Corrientes Debate (?), pero no. Tan sólo forman parte de una sensación generalizada que trasciende las fronteras de la provincia, porque buena parte de la población futbolera no entiende qué fue lo que pasó con aquel viejo equipo que hace poco más de dos décadas participaba de los torneos de Primera División.

Allá por 1995, el Mandiyú de Goycochea, Marinilli, Umpiérrez, Alvarenga y los hermanos Bernuncio, descendió a la Primera B Nacional, después de 7 años en los que hizo un digno papel y no hablamos de Maradona, que también tuvo su ciclo como entrenador.

Fundida económicamente y sin dirigentes que se hicieran cargo, la institución rechazó su lugar en el Nacional B y fue desafiliada de la Liga Correntina. Su plaza en la segunda categoría fue tomada por Huracán Corrientes, que en apenas un año subiría a Primera (y bajaría al toque, claro) con Zaccanti haciendo su clásica pose.

¿Y qué pasó con Mandiyú? Estuvo muerto durante 16 años. Recién en 2011, el club pudo volver a jugar en la Primera B de la liga local, escalando categorías hasta llegar, como máximo, al Torneo Argentino B. En 2016, quedó afuera de primera fase de playoff del Federal C. Pero atención, porque esa es sólo una parte de la historia.

En diciembre de 1998, un grupo de hinchas algodoneros fundaron otro club para rendirle tributo al ya desaparecido Mandiyú. Le pusieron Deportivo Textil, aunque luego se le agregó el Mandiyú. ¿La camiseta? Verde con vivos blancos, como el original.

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Todo se hizo más confuso cuando, en 2012, se tuvieron que enfrentar por primera vez en la Liga Correntina. Deportivo se impuso 1 a 0 sobre Textil, iniciando el clásico de los Mandiyúes. Una cosa de locos.

Ahora que ya todos sabemos quién es Textil Mandiyú, es buen momento para recordar lo que pasó en 2014, con uno de los rejuntados más baldoseros y escandalosos que se hayan visto en los torneos de ascenso.

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Todo comenzó cuando el Presidente del club, Jorge Abib, quiso armar un plantel súper competitivo, o al menos con nombre de peso, para afrontar el Torneo de Transición del Federal A que otorgaba 7 lugares en la B Nacional de 2015. A través de un grupo empresario, llegó el experimentado entrenador Oscar Cachín Blanco junto a su ayudante Daniel La Chanchita Albornós, y con ellos más de 20 refuerzos, algunos estelares. ¿Quiénes? Rodrigo Mannara, Damián Cebolla Giménez y Matías Villavicencio, entre los más conocidos, pero también otros como los arqueros Marcos Argüello, Cristian Mazzón y Emanuel Guirado; los defensores Nicolás Demaldé, Franco Turus, Nicolás González, Ariel Martínez y Patricio Grgona; los volantes Jonathan Belforte, Federico Iñiguez, Pablo Retamar, Carlos Sotelo, Jorge Alejandro Fernández, Braian Romero y el interminable Gustavo Britos; los delanteros Facundo Pumpido, Cristian Girard y Marcos Báez. Además, ya estaba el brasileño Erivaldo De Souza (que había rebotado en una prueba en Boca Juniors), asomaba la promesa Aldo Araujo y había regresado el colombiano Ariel Ramírez Riasco.

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Durante la primera semana, el panorama ya era desolador. A los jugadores los hacían correr por la costanera. Tenían palmeras, heladerita (?), todo, pero no una cancha para hacer fútbol. Para peor, habían conseguido unos amistosos en ciudades vecinas, pero no había bondi para viajar. Y eso que los que ponían la plata para el proyecto eran capos de empresas de transporte. Insólito.

Los primeros en bajarse fueron Braian Romero y Facundo Pumpido, dos que el DT había rescatado de Acassuso. No arreglaron el contrato y se fueron de Corrientes. Y bien que hicieron: uno pasó al año siguiente a Colón de Santa Fe y el otro en el Racing de Santander, tras un préstamo en San Martín de San Juan. Pero el resto de los refuerzos, se quedaron a pelearla.

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El debut de Los Galácticos de Algodón se produjo ante Atlético Paraná, en Entre Ríos. Y no pudo haber sido peor: después de haber salido como unas fieras enjauladas al campo de juego, tuvieron que volver al vestuario porque… ¡se habían olvidado de firmar la planilla! ¿Falta de experiencia? Imposible. Entre los 11 titulares sumaban 340 años. Sí, sí, casi 31 años el promedio de edad.

Pese a las mil batallas en el lomo, ese día fueron cagados a pelotazos y perdieron 1 a 0. La sacaron barata.

Las cosas no mejorarían con el tiempo. Tras caer 1 a 0 ante Juventus Unida y empatar 0 a 0 con Gimnasia de Concepción del Uruguay, recién en la cuarta fecha los correntinos se desvirgarían en el arco de enfrente, en la victoria 2 a 0 contra Sol de América. Pero fue sólo un espejismo en medio del desierto.

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Luego llegaron más resultados adversos que complicaron una campaña que, si bien tuvo momentos de recuperación, lejos quedó de aquel horizonte de ascenso. Y eso repercutió de la peor manera.

A finales de octubre de 2014, los futbolistas fueron apurados por los barras, que llegaron a golpearlos y les dejaron un mensaje: “Hay que ganar. Dejen la joda”. Hasta ahí, parecía la típica apretada a la que estamos acostumbrados. Pero había algo más detrás de todo eso.

Dos semanas más tarde, Textil Mandiyú todavía mantenía las chances de ascenso. Jugaba la última fecha como local y estaba entre los clasificados a la segunda fase. ¿Su rival? Sarmiento de Resistencia, el último de la tabla. Sólo había que ganarle para seguir avanzando, pero ocurriría algo impensado. Los chaqueños golearon 4 a 1, dejando afuera de todo a los correntinos y desatando el escándalo.

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Pocos dias más tarde de aquel partido, un grupo de 30 personas entraron en plena madrugada al edificio donde vivían 15 de los futbolistas, para golpear puertas, revisar bolsos, amenazar, llevarse pagarés y sustraer pertenencias de cada uno de ellos. ¿La intención? Que no cobraran el mes de noviembre, porque no habían ascendido.

Algunos, totalmente asustados y sin entender lo que estaba pasando, llegaron a tirarse por los balcones. Otros, un poco más despabilados, se percataron de algo tremendo: el que acompañaba a estos barras no era otro que el mismo Jorge Abib, el Presidente del club. Esto fue denunciado en la Comisaría por el delantero Gustavo Britos, a quien le habían robado la billetera.

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Rodrigo Mannara, mientras tanto, decía: “si el Presidente se maneja así estamos muy mal, nos dijo que querían los documentos, no pueden pasar esas cosas, que el presidente vaya a apretar a los jugadores es algo que nunca vi, nunca me pasó esto. Me voy muy triste, me voy para Buenos Aires porque quiero estar con mi familia, con Abib nunca tuvimos trato, pero ayer estaba muy desconocido, la verdad me duele, llamamos a la Policía, vinieron y a los seis minutos se fueron, acá no hay ninguna interna en el plantel, estamos mas unidos que nunca”.

“Jorge Abib fue el peor presidente que tuve, no teníamos agua para tomar, no comíamos bien, entrenábamos mal, no teníamos colchón para dormir, éste equipo tiene que cambiar primero de Presidente, comíamos pero quedábamos con hambre, él definía que era lo que comíamos, él era todo, técnico, médico, nutricionista pero me voy, me cansé, con los chicos que somos de Buenos Aires nos vamos”.

El Presidente, mientras tanto acusó a los jugadores de borrachos, aclaró que Grgona había sido su mediador en esa nefasta noche y hasta dijo que Damián Giménez “le robaba comida a la cocinera” (?).

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Fue así que todos cargaron sus cosas (frutillas incluídas), se volvieron a sus casas y nunca más se pusieron la camiseta de Textil Mandiyú. Y mucho menos la del viejo y querido Deportivo Mandiyú, que no tardó en despegarse del asunto…

 

 

 

River Plate (Verano 2010)

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Faltaba todavía un año y medio para el descenso, pero en el torneo de verano de 2010 River Plate ya empezaba a dar muestras de que todo se le haría cuesta arriba. El flojo desempeño en el Apertura 2009 (terminó 14°), a decir verdad, tampoco invitaba a soñar demasiado.

Tras la derrota en el debut ante Racing, y de cara a la segunda presentación ante Independiente, el técnico Leonardo Rubén Astrada cambiaría algunas piezas, cumpliéndoles a varias promesas de las divisiones inferiores, y unos cuantos baldoseros, el sueño de compartir un rato de cancha con el Burrito Ortega.

De esta manera, el Millonario saltó al césped del estadio Padre Martearena de Salta con un equipo alternativo conformado por Juan Ojeda, Cristian Villagra, Germán Pezzella, Maximiliano Coronel, Lucas Orban, Rodrigo Rojas, Fabio Giménez, Erik Lamela, Mauro Díaz, Ariel Ortega y Andrés Ríos. Luego, en el transcurso del partido, ingresaron los juveniles Gustavo Bou, Gastón Villarreal y Diego Ortega, que nada tenía que ver con el jujeño.

En un encuentro de cinco goles, Walter Acevedo adelantó al Rojo, pero enseguida Gustavo Bou, tras una floja respuesta del Ruso Rodríguez, lo empató para River. Sobre el final del primer tiempo, Ariel Ortega, luego de una buena jugada de Bou, puso en ventaja al Millo, pero, en la segunda mitad, un doblete de Ignacio Piatti sería el encargado de darle la victoria (y el título de aquel triangular estival) al Independiente del Tolo Gallego por 3 a 2.

Deformaciones: San Lorenzo (Invierno 2012)

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Después de haber zafado del descenso angustiosamente, gracias a una gran colaboración de Banfield, San Lorenzo de Almagro tuvo que trabajar mucho para levantarse futbolísticamente. Ganar nuevamente un título local, a esa altura, parecía una utopía. Y ni hablar de la Copa Libertadores.

A fines de julio de 2012, el Ciclón de Caruso Lombardi enfrentó a Huracán, en el llamado Clásico de Invierno, que no hizo otra cosa que seguir sumando frío. No sólo por las despobladas tribunas del estadio Tomás Adolfo Ducó, sino por los futbolistas que fueron utilizados para disputar ese encuentro amistoso.

Atentos a la formación del Cuervo: Matías Ibáñez; Damián Martínez, Pablo Alvarado, Nicolás Bianchi Arce y José Luis Palomino; Julio Buffarini, Emiliano Tellechea, Salvador Reynoso y Augusto Álvarez; Fabián Bordagaray y Julio Furch. En el segundo tiempo, además, entraron otros jugadores como el flamante refuerzo Franco Jara, que comenzaría una hermosa relación (?) con la hinchada de San Lorenzo.

Si esa fue la alineación del visitante, imagínense la del local, que por esos días actuaba en la B Nacional. El partido terminó 0 a 0 y no hubo ni expulsados, dándole la razón a los que se quedaron en sus casas.

Boca (1984)

Una formación que resume esa época oscura de Boca Juniors. Un equipo conformado por juveniles quemados antes de tiempo y vestidos con remeras de entrenamiento numeradas con un fibrón. Imposible de olvidar el año 1984.

Fundido económicamente, sin rumbo futbolístico, cambios de entrenador, con resultados catastróficos y varias peleas internas, el Xeneize llegó a esa situación después de haber quedado eliminado del Torneo Nacional y habiendo arrancado de pésima manera el Metropolitano, ya que obtuvo su primer triunfo recién en la novena fecha, ya con el brasileño Dino Sani (el mismísimo que eligió un gol en contra como el mejor de la fecha) sentado en el banco, luego de la partida del Zurdo López.

A todo eso, se le sumó una huelga de profesionales por los pagos atrasados. El conflicto no se resolvió así nomás y entonces tuvieron que poner la cara los pibes de la Cuarta División. El 8 de julio de 1984, en La Bombonera, Boca recibió a Atlanta con los que pudo. En la foto, arriba: Dos Santos, Walter Medina, Franco, Rubén Manfredi, Jorge Latorre y Denny Ramírez. Abajo: Tuta Torres, Gabriel Vales, Fabián Peruchena, Pimpinela Tessone y Roberto Fornés. ¿El DT? Alberto Mario González, Gonzalito.

El local esa tarde salió con su camiseta tradicional, pero como se confundía con la de Atlanta (azul con vivos amarillos), el árbitro obligó el cambio de indumentaria, que brillaba por su ausencia en la utilería. Si no había jugadores, menos camisetas. Fue así como surgieron las remeras blancas y la historia bochornosa que ya todos conocemos.

Con los pobres pibes, que inexorablemente terminarían baldoseando, Boca perdió 2 a 1. Una mancha más en aquel 1984.

Quilmes (1995/96)

Entre los variados experimentos poco exitosos que tuvo Quilmes en su afán por retornar a Primera en los años 90, figura el equipo de la temporada 1995/96. Con algunos jugadores en el atardecer de su carrera, otros que recién arrancaban y algunos que buscaban revancha, el Cervecero arrancó prometiendo, pero hizo una campaña para el olvido, de la mano del DT Julio Ricardo Villa.

En la foto, arriba: Aragón, Sosa, Eduardo Tuzzio, Llop, Carlos Silva y Quatrocchi; Abajo: Mauricio López, Naveda, Franco, Caviglia y Roberto Galarza. Además, formaban parte del plantel otros hombres como Omar Nis, Fernando Navas, Lalo Colombo y Rubén Darío Insúa, entre otros.

Tras una primera ronda en la que quedó 5º, Quilmes se desbarrancó y en la segunda parte terminó 15º. Las cuentas no le dieron en la tabla general y no pudo acceder al reducido por el segundo ascenso, sumando otro fiasco en su haber.

Gracias a QAC Fotos Retro.