Boca (1984)

Una formación que resume esa época oscura de Boca Juniors. Un equipo conformado por juveniles quemados antes de tiempo y vestidos con remeras de entrenamiento numeradas con un fibrón. Imposible de olvidar el año 1984.

Fundido económicamente, sin rumbo futbolístico, cambios de entrenador, con resultados catastróficos y varias peleas internas, el Xeneize llegó a esa situación después de haber quedado eliminado del Torneo Nacional y habiendo arrancado de pésima manera el Metropolitano, ya que obtuvo su primer triunfo recién en la novena fecha, ya con el brasileño Dino Sani (el mismísimo que eligió un gol en contra como el mejor de la fecha) sentado en el banco, luego de la partida del Zurdo López.

A todo eso, se le sumó una huelga de profesionales por los pagos atrasados. El conflicto no se resolvió así nomás y entonces tuvieron que poner la cara los pibes de la Cuarta División. El 8 de julio de 1984, en La Bombonera, Boca recibió a Atlanta con los que pudo. En la foto, arriba: Dos Santos, Walter Medina, Franco, Rubén Manfredi, Jorge Latorre y Denny Ramírez. Abajo: Tuta Torres, Gabriel Vales, Fabián Peruchena, Pimpinela Tessone y Roberto Fornés. ¿El DT? Alberto Mario González, Gonzalito.

El local esa tarde salió con su camiseta tradicional, pero como se confundía con la de Atlanta (azul con vivos amarillos), el árbitro obligó el cambio de indumentaria, que brillaba por su ausencia en la utilería. Si no había jugadores, menos camisetas. Fue así como surgieron las remeras blancas y la historia bochornosa que ya todos conocemos.

Con los pobres pibes, que inexorablemente terminarían baldoseando, Boca perdió 2 a 1. Una mancha más en aquel 1984.

Quilmes (1995/96)

Entre los variados experimentos poco exitosos que tuvo Quilmes en su afán por retornar a Primera en los años 90, figura el equipo de la temporada 1995/96. Con algunos jugadores en el atardecer de su carrera, otros que recién arrancaban y algunos que buscaban revancha, el Cervecero arrancó prometiendo, pero hizo una campaña para el olvido, de la mano del DT Julio Ricardo Villa.

En la foto, arriba: Aragón, Sosa, Eduardo Tuzzio, Llop, Carlos Silva y Quatrocchi; Abajo: Mauricio López, Naveda, Franco, Caviglia y Roberto Galarza. Además, formaban parte del plantel otros hombres como Omar Nis, Fernando Navas, Lalo Colombo y Rubén Darío Insúa, entre otros.

Tras una primera ronda en la que quedó 5º, Quilmes se desbarrancó y en la segunda parte terminó 15º. Las cuentas no le dieron en la tabla general y no pudo acceder al reducido por el segundo ascenso, sumando otro fiasco en su haber.

Gracias a QAC Fotos Retro.

Atlético Santa Rosa de La Pampa (1983)

Formaba con 12 jugadores porque así lo hacían muchos en esa época, pero tendría que haber jugado con dos arqueros para evitar el bochorno que fue su participación en el Torneo Nacional de 1983. Con ustedes, el momento de fama de Atlético Santa Rosa de La Pampa en Primera División.

El Albo hizo historia cuando se convirtió, en febrero de ese año, en el primer equipo pampeano en clasificar al Nacional, después de haber ganado el Torneo Regional, donde enfrentó a equipos de Chubut, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz; y a otro pampeano, como Racing de Castex. En la final, venció a San Lorenzo de Río Gallegos y accedió a la máxima categoría. Lo que se venía, pintaba hermoso. Pero no fue tan así.

Atlético Santa Rosa integró la zona C del Nacional 1983, junto a San Lorenzo, Rosario Central y Juventud Antoniana de Salta. Ganarle a aquel Ciclón, era verdaderamente una utopía para los pampeanos (con algunos jugadores de experiencia en el interior, pero sin roce con los de la A), pero al menos quedaba la chance de robarle algunos puntos a los demás. Nada de eso sucedió.

Ante el Cuervo, el Albo perdió apenas 3 a 2 en su estadio, el Mateo Calderón. El tema es que de Buenos Aires se volvió con un adverso 4 a 0. Insignificante si lo comparamos con lo que le pasó frente al Canalla, cayendo 1 a 0 en La Pampa y ¡7 a 1! en Rosario. Para no ser menos, el Santo salteño también le ganó 7 a 1 y 2 a 0.

Resumiendo, Atlético Santa Rosa perdió los 6 partidos que disputó, hizo 4 goles y recibió 24, quedando eliminado rápidamente, pero inscribiendo su nombre en la tabla de clasificación histórica del profesionalismo. Ocupa el puesto 107 entre 109 equipos. Hay dos que se quieren matar (?).

Belgrano de Córdoba (Apertura 1995)

Después de un mediocre Clausura ’95 que concluyó con el 17º lugar en la tabla, siendo el conjunto con más derrotas y menos goles a favor (¡apenas 12!), el Pirata encaró la siguiente temporada sabiendo que tenía que sumar muchos puntos para no tener dramas con el promedio. El intento terminaría en fracaso: Belgrano fue uno de los descendidos esa temporada, junto a un patético Argentinos Juniors.

Las frías estadísticas dirán que este equipo terminó último, siendo el que más derrotas acumuló (10) y menos triunfos se llevó (2). Aunque no estuvo muy efectivo a la hora de anotar (repitió los 12 goles a favor de la campaña pasada), tampoco fue el más goleado (de hecho, recibió un gol en contra menos que Racing, que terminó segundo). Los que peor la pasaron fueron los pacientes fanáticos que cada dos semanas fueron al Chateau Carreras: como local el Pirata jugó 9 partidos y no ganó nunca: empató 5 encuentros y perdió los otros 4. ¿Goles? Apenas 3 a favor y 10 en contra.

En su peor performance desde el regreso a Primera División en 1991, los de la Docta presentaron formaciones como la de la imagen, el día de la derrota 2-0 frente a Velez Sarsfield. Esa tarde, Belgrano alineó a Labarre; Ávalos, Brusco, Iribarren, Marcelo Flores; Cattáneo, Lencina, Mercado, Tosello; Cesar Leo Torres y Spallina. Otros jugadores de ese plantel fueron Laciar, Brane, Boujón, Artime, Bocco, Andrés Orellano, Santoni, Bessone, Binetti, Supichiatti, Baralle, Monarriz y un joven Juan Carlos Olave, que, aunque no jugó ningún encuentro, supo calentar el banco de suplentes en la mayoría de los partidos.

¿Y a quien culpar de semejante debacle? Fácil, al DT (?). Jorge Guyón fue el entrenador las primeras 11 fechas del Apertura ‘95. El resto del torneo, el plantel estuvo en manos de Enrique Nieto. Dos hombres de la casa que no pudieron torcer el rumbo. Lo curioso es que ambos técnicos habían trabajado como dupla en el Clausura anterior. Mejor malos conocidos que buenos por conocer, pensaron los dirigentes. Y así les fue.

Huracán Corrientes (1998/99)

El estelar plantel de Huracán Corrientes que jugó en Primera División y se fue al descenso en la temporada 1996/97, tuvo una continuación no menos frustrante que, en apenas dos años, terminó con el club correntino en el Torneo Argentino A.

Su regreso a la B Nacional, en la temporada 1997/98, fue un duro cachetazo, ya que terminó 11º en la Zona Interior, que contaba con 16 equipos. De ascender ni hablar, pero al menos ese año evitaría la pérdida de la categoría.

Al año siguiente, las cosas no mejorarían. Huracán Corrientes sumó varios puntos, pero no los necesarios para escaparle a la zona roja del promedio. Con 29 puntos en 30 partidos, el Azulgrana quedó penúltimo y tuvo que pelear la permanencia junto a Douglas Haig de Pergamino y otros dos equipos que venían del Argentino A: General Paz Juniors de Córdoba y Villa Mitre. ¿Los correntinos? Descendieron tras perder en semifinales con los bahienses, que a la postre serían los únicos ascendidos del interior.

En la foto, arriba: Roberto Lugo, Walter Marí Gauto, Julio Marinilli, Mauro Sánchez, Luis Salinas y Marcos Toledo. Abajo: Pablo Sixto Suárez, Lucas Allende, Ricardo Rentera, Miguel Benítez y Juan Cobi.

Fue sólo el comienzo de un tobogán que terminaría, en pocos años, con el Globo jugando solamente en su liga de origen.

Gracias a Fútbol Correntino.

San Lorenzo (Clausura 1992)

Si bien el Cuervo hizo una buena campaña en la Copa Libertadores de 1992, llegando a cuartos de final, tuvo una pobre actuación en el torneo doméstico. Su flojo desempeño (terminó anteúltimo) se puede explicar por la falta de recambio (ojo: cantidad no es lo mismo que calidad) y los conflictos por los premios de la Libertadores con el presidente Miele, sumado al enorme número de pibes que fueron utilizados de apuro, mientras los grandes jugaban la Copa.

Repasemos algunos juveniles de la siempre prolífera cantera de San Lorenzo que supieron vestir la azulgrana aquel semestre: Rubén Rossi, Gabriel FloresOsvaldo Nartallo, Fernando Regules, Gerardo Marcos Rodríguez, Jorge Galeano, Leonardo Ricatti, Jorge Asad, Pablo Di Marco, Walter Sanfillippo, Adrián Manuel González. El semillero del mundo… baldosero.

En la imagen, la formación de San Lorenzo que visitó a Independiente por la 18ª fecha. Arriba: Carrizo, Ballarino, Labarre, Zandoná y Simionato. Abajo: Roa, Cardinal, Gorosito, Gabriel Rodríguez, Totó García y Escudero. También fueron parte de ese plantel hombres más experimentados como Jorge Rinaldi, el Beto Acosta, Gustavo Matosas, Daniel Riquelme, Rubén Ruiz Díaz, Hugo Ovelar, Manuel Santos Aguilar, Jorge Nardozza, Fabian Alberto Castro, Diego Monarriz, Gustavo Gabriel González, José Gustavo Coronel, Claudio Zacarías, José Ponce, Alejandro Montenegro y Gustavo Carrasco. En total, casi 40 futbolistas de todo tipo que se las ingeniaron para tener al menos un minuto en la cancha.

El Nano Arean arrancó conduciendo al equipo las primeras 7 fechas, Juan Carlos Carotti se hizo cargo del plantel por 10 jornadas y el último par de partidos estuvo en manos de Ricardo Calabria. San Lorenzo terminó sólo por encima del descendido Quilmes, con 12 puntos (ganó 3 partidos, empató 6 y perdió 10), 11 goles a favor (fue el que menos convirtió) y 25 en contra. Además, el Ciclón quedó afuera en primera ronda de la Liguilla Pre Libertadores que se jugó al término del Clausura. Después de eso, pasaron la escoba y hubo renovación total.

Instituto (Apertura 2004)

La depuración del plantel que hizo Instituto, luego de conseguir el ascenso a Primera División en 2004,  no tuvo buenos resultados a corto plazo. Con la intención de armar un equipo competitivo, La Gloria se desprendió de casi dos decenas de jugadores (entre ellos, varios que fueron fundamentales en la temporada anterior, como Renato Riggio, Sergio Plaza, Ramón Galarza, Hernán Biasotto, Gastón Martínez, Cristian Favre, Martín Montagna y Héctor Silva).

Héctor Rivoira (DT que había devuelto a los cordobeses a la A, y que duraría en su cargo hasta la 9ª fecha) pidió una avalancha de incorporaciones y los dirigentes le hicieron el favor. Llegaron 15 futbolistas. La mayoría, refuerzos falopa. Para muestra, repasemos la formación de la imagen, un mix entre los héroes del ascenso y otros que llegaron para contribuir con la causa. Arriba: Moreyra, Caranta, Enrique Ortiz, Javier Lux, Marcelo de Souza y Pagés. Abajo: Luis Bustamante, Vilallonga, Raymonda, Fernández Di Alessio y Diego Quintana.

El resto de los nuevos no fueron ninguna maravilla, y poco pudieron aportar: Maximiliano Ayala, Deivis Barone, Fernando Clementz, Enrique Colliard, Esteban Gil, Damián Grosso, Daniel Jiménez, Christian Manfredi y Alberto Ojeda. A estos se le sumaron otros que quedaron de la campaña del Nacional B, como Franco Sanchírico, Adrián Peralta, Martín Godoy, Juan Manuel Cobo, Gastón Caprari y Hernán Boyero. El saldo de tamaño experimento fue el anteúltimo lugar en la tabla de posiciones (superando sólo a Huracán de Tres Arroyos) y un casi seguro descenso directo, que se pudo evitar en el Clausura 2005 gracias a una aceptable campaña que lo dejó en Promoción.

Estudiantes de La Plata (1993/94)

No nos comamos el chamuyo de Alemania. Si bien contaba con jugadores que iban a dejar una profunda huella en el fútbol argentino, aquel plantel de Estudiantes de La Plata no era ninguna maravilla. Un par de pibitos que prometían pero no eran ayudados por el contexto, algunos hombres con varias batallas sobre el lomo, otros que querían hacerse un nombre y varios chicos de inferiores que, más que foguearse, iban a ser incinerados.

Posan para los fotógrafos: Yorno, Boggio, Gonzalo Gaitán, Fontana y Prátola (arriba); París, Uliambre, Calderón, Rubén Capria, Cabrera y Adrián Paz (abajo). El resto del plantel: el Loco Gonzalez, Alejandro Larrea, Juan Sebastián Verón, Gastón Sessa, Ricardo Iribarren, Martín Mazzucco, Néstor Soria, Pablo Erbín, Daniel Pighín, Martín Palermo, Sebastián Andersen, Freddy Vera, Diego Capria, Mauro Amato, Carlos Cenci y Celso Guerrero. Nada del otro mundo.

Ese equipo no pudo torcer las malas campañas que lo llevaron a estar comprometido con el promedio, y terminaría descendiendo al final de la temporada. El mix de experiencia y juventud no fue suficiente para lograr algo mejor que un último puesto en el Apertura ’93 y un 16º lugar en el Clausura ’94. Un total de 30 puntos entre ambos torneos sentenciaron la despedida de Primera División.