Olimpo naranja (2015)

Hubo un tiempo en el que Olimpo dejó de ser Olimpo. Esto fue en el Campeonato de Primera División 2015, aquel que disputaron 30 equipos.

Por un lado, abandonó la rutina de andar por los últimos puestos, al realizar una digna campaña (terminaría en el 18º puesto). Digna en un torneo superpoblado, claro. Y por el otro, le dio la espalda a sus habituales colores para darle lugar a algo más novedoso. Aunque no todo lo nuevo es lindo.

Ese año, el conjunto bahiense presentó 4 camisetas de la marca Kappa. ¿Tradicional? Ninguna, ya que la titular era negra con finos bastones amarillos, la suplente era gris, la tercera “de copas” (?) era aurinegra a mitades, y la cuarta…¿había una cuarta camiseta para un equipo que no jugaba otros torneos que no fueran los locales? Claro que sí.

Una semana antes del inicio de aquel particular campeonato que descajetaría por años el fútbol argentino, Olimpo organizó un cuadrangular amistoso en su estadio, el Roberto Carminatti, del que también formaron parte Godoy Cruz, Nueva Chicago y Sarmiento. El local terminaría levantando el trofeo Ciudad de Bahía Blanca, usando la casaca naranja, con short del mismo color y medias amarillas. Nacía una cábala.

Para la primera fecha del Torneo de Primera División, en La Bombonera, el cuadro bahiense fue a lo seguro: la naranjita para seguir en la racha triunfadora. ¿Resultado? Cayó 3 a 1. Moría una cábala.

Lo que no cambió fue el hábito de lucir más publicidades que un auto de TC. Al frente, en las mangas, sobre la espalda; cualquier hueco fue aprovechado para meter un auspiciante. Y no hubo exclusividades, si hasta los logos de Chevrolet, Renault y Volvo supieron coexistir. Es entendible: todos quisieron ser parte de la Holanda del Sur.

Voy Al Arco: Pelé (1957)

Pelé arrodillado. Sucedió en un partido entre Santos y San Pablo, en 1957. Veludo, arquero del Peixe, sufrió una lesión y tuvo que abandonar la cancha. Su lugar fue ocupado por O Rei, quien mostró una llamativa seguridad para alguien de su edad.

Esta no sería la única oportunidad en la que se lo vería a Pelé en esa posición, claro. Mostraría una continuidad a lo largo de su carrera.

Incluso, el brasileño solía aprovechar los entrenamientos para experimentar en otros sectores. Sin embargo, aquella fue la primera vez en la que esta habilidad se hizo pública. En ese momento, tenía solo 17 años.

Trapasso: “Ronaldo você não existe”

Los argentinos tenemos el mejor público del mundo. Este mito, que varios músicos internacionales confirman cada vez que dan un show en el país, no se puede aplicar de ninguna manera a los partidos de la Selección Argentina. Suele tratarse de una afluencia fría, distante, poco conectada con el espectáculo y que encima dice ser una barra quilombera. ¿Quieren a las familias en los estadios? Bueno, ahí tienen.

Otra de las características de los hinchas de la Selección es su capacidad para causarle vergüenza ajena al futbolero promedio, ese que prefiere cualquier triunfo de su equipo por sobre el rendimiento del combinado nacional. Tal vez esto cambia al momento de un Mundial. Está bien, ese desliz se permite una vez cada cuatro años.

Aun así, cuando en 2014 el insoportable Brasil decime que se siente sonaba todo el día en época mundialista, aquel que sabía un poco de historia del balompié (?) sentía que una parte de esa canción no estaba del todo acertada. Estás llorando desde Italia hasta hoy, gritaban a todo pulmón los fanáticos de la celeste y blanca. ¿Es necesario nombrar los logros de uno y otro equipo desde 1990 hasta aquellos días? El futbolero lo entiende, hermano.

Claro que esta costumbre de autohumillarse no nació en el Siglo XXI. Por ejemplo, el término “campeones morales” que supimos adjudicarnos en los años 40, fomentó la creencia de que éramos los mejores, pero que no lo podíamos demostrar porque el mundo estaba en nuestra contra. Qué cringe.

De esta manera, llegamos al 4 de septiembre de 1999. Argentina recibe a Brasil en el estadio Monumental, un amistoso que tendrá su revancha unos días más tarde en Porto Alegre. Y ahí está, colmando las tribunas, nuestra gente.

La Verdeamarela llega como subcampeón mundial y campeón continental. ¿Su jugador más destacado? Ronaldo Luís Nazário de Lima, elegido como el mejor del mundo por la FIFA en 1996 y 1997. Además, era el último goleador de la Copa América jugada un par de meses antes, donde su selección dejó eliminada a la nuestra… con un gol suyo, obvio.

Aquella tarde, un trapo colgado de una de las populares le enviaba un mensaje al delantero: Ronaldo você não existe. Ni burla, ni agresión. Era más bien una expresión de deseo.

Ojalá que O Fenómeno nunca la haya visto. En ese caso, nuestras más sinceras disculpas por tener al peor público del mundo.

Huracán (1985/86)

En la actualidad, cuesta imaginarse a los hinchas del Globo jactándose de no conocer las canchas del ascenso. Sin embargo, esto era habitual hasta mediados de la década de los 80’s. En aquella época, los fanáticos de San Lorenzo y Racing, por ejemplo, ya sabían lo que era jugar en la B. Algo que Huracán estaría a punto de vivir en carne propia.

En la imagen, una de las últimas formaciones de los de Parque Patricios antes del primer descenso de su historia. Arriba: Juan Amador Sánchez, Christian Angeletti, Carlos Gay, Rodolfo Raffaelli, Claudio Cabrera y Osvaldo Damiano. Abajo: Claudio Turco Garcia, Daniel Messina, Carlos Mendoza, Juan Tutino y Carlos Torino.

Entre otros, también fueron parte de ese plantel: Héctor Herrero, el Toti Iglesias, López Turitich, Eduardo Papa, Marcelo Bottari, Carlos Taracido, José Luis Zuttión y Ángel Beltrán, quien fallecería ese mismo año a causa de una leucemia.

Sin embargo, sería injusto responsabilizar solamente a estos nombres. Es que, más allá de la mediocre temporada 1985/86 (obtuvo el 13º puesto), el equipo terminó siendo condenado por el pésimo promedio arrastrado de las campañas de 1983 (14º) y 1984 (17º).

Aunque el descenso directo fue evitado gracias a una pésima campaña de Chacarita, los Quemeros no pudieron zafar del Reclasificatorio, un octogonal en donde se enfrentaron con los mejores equipos de la vieja Primera B.

Luego de dejar en el camino a Lanús y a Los Andes, el sorpresivo Sportivo Italiano lo derrotó después de tres finales muy parejas, decretando que el Globo jugaría en el flamante Nacional B. En las instancias definitivas, Huracán utilizó una vestimenta muy particular: camiseta roja y pantalones azules. Sí, se fue al descenso usando los colores de San Lorenzo.

Si bien la atención del mundo futbolero estaba puesta en lo que sucedía en México (al mismo tiempo se estaba jugando el Mundial 86), la caída de un histórico participante de los torneos de Primera División no pasó desapercibida.

Sin dudas, se trató de un hecho histórico para nuestro fútbol: quedó confirmado que los sextos grandes también descienden.

Valencia 2 – River 1 (1984)

El Trofeo Naranja es un tradicional torneo de pretemporada, organizado por el Valencia, del que suelen participar equipos de todo el mundo. Y por supuesto, también hay un lugar en la historia para los argentinos.

Después Independiente (1970), Huracán (1978) y Boca (1980), River se convirtió en el cuarto club de nuestro país en disputar esta competencia amistosa, cuando fue invitado a la edición de 1984.

El local siempre se había quedado con el título cuando participaba un conjunto de Argentina. La historia se repetiría aquel año, en un triangular del que también participó el Hamburgo alemán.

En el encuentro disputado el 14 de agosto, los españoles salieron a la cancha con Sempere; Arias, Tendillo, Castellanos y Subirats; Cabrera, Granero (Quique Flores) y Serrat; Saura, Roberto (Fernando) y García Pitarch (Sixto).

Por su lado, el Millonario jugó con Carlos Gay; Jorge Gordillo, Jorge Borelli, Guillermo Nicosia y Julio Olarticoechea; Héctor Enrique (Reinaldo Carlos Merlo), Américo Gallego y Norberto Alonso (Carlos Tapia); Edgardo Teglia; Enzo Francescoli y Raúl Roque Alfaro (Enrique Villalba). En el banco de suplentes quedaron Goycochea, Karabín y Gorosito.

A pesar de que los dirigidos por Federico Vairo se pusieron en ventaja con un gol de Alfaro (en la imagen, convierte tras recibir un pase del Beto Alonso), los españoles dieron vuelta el resultado gracias a los tantos de Subirats y Saura.

Dejando de lado el juego, lo más destacado de la noche vino por el lado de la indumentaria riverplatense. Aquella jornada se estrenó una novedosa camiseta suplente con los tradicionales colores invertidos y números en el pecho.

Boca 1 – PSV 0 (2004)

El 5 de agosto de 2004, Boca Juniors se quedaría con el cuadrangular denominado Vodafone Cup al derrotar en Old Trafford al PSV Eindhoven. Mauro Boselli fue el autor del único gol del partido, a los 7 minutos del primer tiempo.

Dos días antes, el equipo de Miguel Brindisi había goleado a Urawa Red Diamonds de Japón y por eso el DT decidió darle una oportunidad a varios suplentes y juveniles.

De esta forma, ante el PSV salieron a la cancha: Abbondanzieri; Jerez, César González, Traverso y Reano; Ormazábal, Silvestre, Marinelli (Ledesma) y Cardozo (Cascini); Carreño (Cángele) y Boselli.

El club holandés presentó a Southiber; Oouijer (Smit), Alex, Beasley (Bakal), y Bogel (Takak); Volanthen, Lucius (Von Hoffgeseling), Lamei y Colin; De Jong y Sibón (Farfán).

No obstante, el hecho más destacado de la jornada no fue Miguelito arrebatándole el trofeo a los otros entrenadores participantes: Guus Hiddink (PSV Eindhoven), Guido Buchwald (Uwara Red Diamonds) y Alex Ferguson (Manchester United). No, la rareza fue otra.

El titular en los diarios se lo llevó clima, ya que condicionó el espectáculo al punto de que el encuentro entre argentinos y holandes se tuvo que suspender faltando 10 minutos, e impidió el comienzo de Manchester – Urawa, que debía disputarse en segundo turno.

Una intensa tormenta eléctrica fue la causa del abrupto final del torneo. Al no jugarse el último partido, el título fue para el Xeneize. Para que no queden dudas que Dios es Bostero (?).

Fredrich Elvio

Elvio Epifanio Fredrich

Zurdo, alto, de tranco largo y extraordinario nombre de pila. Semejante combo le sirvió para plantarse en un sector de la cancha donde la competencia puede ser escasa: volante por izquierda, a veces marcador de punta por el mismo costado, tuvo el agrado de haber sido protagonista de un hecho histórico del fútbol argentino.

Dicho acontecimiento se produjo el 18 de septiembre de 2008, en un partido jugado entre Los Andes y Chacarita. El momento en cuestión se dio específicamente a los 8 minutos del segundo tiempo, cuando el árbitro Luis Álvarez marcó un tiro libre favorable al local. En ese lugar, en ese instante, se utilizó por primera vez el aerosol para marcar la distancia entre la pelota y los rivales más cercanos. Elvio Fredrich se hizo cargo de la pelota parada. Tomó carrera. Soltó el pie izquierdo. Su remate dio en la barrera.

Antes y después de esa jornada mágica (sobre todo para Chaca, que ganó 3 a 1), este blondo mediocampista tuvo una carrera con más sombras que luces. Entre 2005 y 2008 disputó 14 encuentros con el Lobo, entre ellos el último clásico en el viejo estadio de 1 y 57 (victoria 1 a 0 para Estudiantes).

Tras ser prestado a Almagro (2006/07) y e irse al descenso con Los Andes (2008/09), se marcharía al club donde alcanzó su mejor rendimiento, en el que volvería a estar en el centro de la escena. Es que no cualquiera le convierte un gol a River, en el Monumental y con la camiseta de Boca… de Boca Unidos. En el Aurirrojo jugó el Nacional B en las temporadas 2009/10 y 2011/12.

En el medio, tuvo su única experiencia en el exterior, al jugar en el Manta de Ecuador (2010/11). Allí tuvo continuidad hasta que una lesión en los meniscos y la salida de Gabriel Perrone, el DT que lo había llevado, le marcó el camino de regreso a Corrientes.

Aquel festejo ante el Millonario le sirvió como una vidriera para tener una nueva oportunidad en Primera División. All Boys lo cobijó en 2012/13 para que dispute 24 partidos, aunque solo 7 veces jugó los 90 minutos.

Sin pena ni gloria se fue a Talleres (2013/14). Ese año, La T perdió la categoría y muchos hinchas atribuyeron la presencia de Fredrich en el plantel a la amistad que mantenía con el goleador del equipo, Gonzalo Klusener (ambos son oriundos de Santa Rita, Misiones). Un gol a Independiente fue lo más destacado de su paso por Córdoba: lo hizo de tiro libre, demostrando que ya estaba adaptado al spray (?).

En 2014, Tristán Suarez le ofreció ser parte del Dream Team de la Primera B. Darío Capogrosso, Marcos Brítez Ojeda, Cristian Trombetta, Hernán Boyero y Facundo Diz, entre otros, formaron parte de ese equipo que, entrenado por Caruso Lombardi, estuvo a punto de conseguir el ascenso. El objetivo no se cumplió: Villa Dálmine los derrotó en la final del reducido.

Las cosas no mejorarían en 2015: un semestre en Gimnasia y Esgrima (Mendoza) le alcanzó para sumar su tercer descenso, aunque cuando se produjo este hecho Fredrich ya no estaba en el club: su contrato había sido rescindido por bajo rendimiento.

Lejos de las grandes luces, sus últimas apariciones se dieron en Atlético Uruguay (2016/17) y Centro Juventud Agrario (2019). En este pequeño club de Corralito, una localidad a unos 100 km de la ciudad de Córdoba, se consagró campeón de la Liga Riotercerense de Fútbol.

Allí, a los 34 años, aún era el dueño de las pelotas paradas. Su experiencia con el aerosol lo avalaba.

Banfield genérica Nanque (2001)

La vuelta a Primera División no fue el único regreso que vivieron los hinchas de Banfield en 2001. Tras varios años vistiendo marcas extranjeras como Lotto, Reebok y Diadora, a partir del segundo semestre de aquel año el equipo se volvería a vestir con Nanque, la histórica empresa textil del sur del GBA.

A pesar de tratarse de una relación cercana (Miguel Portell estaba a cargo de la compañía y su hermano Carlos era el presidente del club), la camiseta que el Taladro utilizaría en el Torneo Apertura no estaba lista cuando se disputaron los amistosos de pretemporada.

De esta manera, el Lorito Jimenez y sus compañeros salieron a jugar frente a Lanús con un modelo genérico, sin escudo ni publicidades. Eso sí: el logo de Nanque aparecía en el pecho y repetidamente en las mangas. Como para que no quedaran dudas del responsable.