Chelsea 0 – Racing 0 (1954)

Durante los primeros meses de 1954, Racing llevó a cabo una intensa gira por varios países europeos. Tras haber terminado el último campeonato argentino en el tercer puesto, disputó juegos en Italia, Yugoslavia, España y Bélgica, antes de llegar a Inglaterra, donde chocó ante el Wolverhampton y el Chelsea.

Este último enfrentamiento, llevado a cabo el 13 de marzo, tuvo un Stamford Bridge colmado que vio a los argentinos salir a la cancha con Domínguez; Dellacha, Fernández; Giménez, Balay, Alvarez; Cupo, Méndez, Recalbuto, Pizzuti y Sued.

Si bien The Blues no se había convertido en el poderoso conjunto que actualmente protagoniza cada Premier League, contaba con la base del equipo que al año siguiente se quedaría con su primera liga inglesa. Por eso no extrañó que el arquero visitante tuviera mucho trabajo, destacándose como la figura del encuentro, según las crónicas de la época.

Tras esta igualdad sin goles, Racing continuó viajando: Paris y Madrid fueron las últimas escalas antes de regresar a Argentina. ¿El resumen del viaje? La Academia disputó 11 partidos, con una sola victoria, tres empates y siete derrotas. Y una buena cantidad de millas sumadas.

Huracán camuflada (2015)

El ascenso de Huracán a Primera División en 2014, sumado a la obtención de la Copa Argentina y su consecuente participación en la Copa Libertadores 2015, hizo reaccionar a los diseñadores de TBS, que se encontraron con la necesidad de estrenar nuevos modelos de camisetas.

Además de la tradicional camiseta titular blanca y la suplente roja, la empresa entregó una muy similar a la que utilizó Dinamarca en el Mundial 1986. Pero esto no era todo. Envalentonados por las buenas ventas de los modelos anteriores, la marca de indumentaria decidió presentar un par de alternativas con alto grado de experimentación.

Una de ellas era verde, en homenaje a los comienzos del club, que antes de tener la actual denominación se llamó Verde Esperanza y Nunca Pierde. Este color también había sido utilizado en la temporada 2013/14.

El otro diseño era más polémico. Se trataba de una camiseta negra y gris de estilo militar, más conocido como camuflaje. Los soldados de Apuzzo la utilizaron complementándola con pantalones y medias al tono, pero en un momento dejaron de lado la prolijidad y salieron a jugar combinando la nueva casaca con el conjunto titular.

Las críticas del pueblo Quemero por semejante destrato a la historia no le importaron demasiado a Manuel Petrakovsky, máxima autoridad de TBS. “Si los hinchas están conformes o no, es lo que menos nos preocupa”, arrancó, antes de apuntarle a la directiva. “Quien sabe de moda y tendencia es la marca, no un dirigente de fútbol. El dirigente me puede decir ‘me gustaría más esto o lo otro’, pero nada más. El color lo impone la marca”.

El polémico empresario tampoco se olvidó de la competencia: “Huracán viene de una marca como Meister, que es un fabricante de camisetas de tercera línea. Vienen de Kappa, de Joma, que es una marquita española que viste a dos equipitos en España. TBS los está prestigiando con los diseños, con la calidad y la cantidad de variedad de productos que hay en las tiendas deportivas”.

Por último, no dejó dudas de la influencia de su firma en los logros de la institución: “no se olviden que cuando comenzamos a vestirlos, estaban 10º de 11 equipos, sin ninguna expectativa, y con TBS ascendieron y tuvieron dos estrellas más. En seis meses ganaron lo que no habían ganado en 41 años“.

Pirchio Marcos

Marcos Emiliano Pirchio (El Tanque)

Casilda, esa localidad santafesina ubicada a 56 kilómetros de Rosario, siempre fue tierra fértil para el surgimiento de notables personalidades relacionadas al quehacer (?) del fútbol. Desde Jorge Griffa hasta Franco Armani, son muchos los nombres que emergieron de este lugar para desarrollar su actividad por el país y, en algunos casos, por el mundo. Este es el caso de Marcos Pirchio, quien no dejó de viajar en casi una década y media de profesión.

Fue una prueba en Estudiantes lo que le abrió las puertas a este trabajo. Presentado como una joven promesa de Alumni, convenció con goles, subió categorías, se adaptó a la vida en la ciudad de las diagonales y debutó entre los grandes. Su primera vez fue el 7 de mayo de 2006, en un empate frente a Rosario Central, cuando Jorge Burruchaga lo mandó a la cancha para que juegue unos minutos.

No volvió a tener participación hasta un año más tarde, por lo que se privó de ser parte del plantel campeón del Torneo Apertura. En 2007, el Cholo Simeone lo rescató de la Reserva y le dio algo más de rodaje. Sin embargo, cuando Roberto Sensini asumió el mando en 2008 sus chances para afianzarse en el equipo fueron escasas, y los días del Tanque en La Plata se fueron terminando. Entre competencias nacionales e internacionales, jugó 16 partidos y convirtió un solo gol: fue ante Lanús, por Copa Sudamericana.

Tras una temporada en el Nacional B con la camiseta de Olimpo (2008/09), su carrera pegó un gran salto al llegar al Deportivo Quito (2009/10). Allí fue campeón de la Serie A de Ecuador, jugó Copa Libertadores y formó una hermosa amistad con Franco Niell y el Memo Borghello.

A esto le siguieron breves pasos por Unión (2010) y Everton (2011), donde llegó por expreso pedido de Diego Osella. Por los malos resultados, el DT dejó el cargo antes de que termine el torneo, y a Pirchio no le quedó otra que irse de Chile.

En su vuelta al país, se dio el lujo de enfrentar a River Plate, Sportivo Desamparados y Almirante Brown, entre otros. Durante ese apasionante Nacional B 2011/12 vistió la camiseta de Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Antes de que termine el torneo ya estaba haciendo las valijas otra vez: Macará (Ecuador) sería su destino, aunque solo por unos meses.

A principios de 2013, apareció una chance para jugar en la MLS, y eligió probar. Cambiando el verano casildense por el invierno de Denver, se preparó para jugar en el el Colorado Rapids, en una liga donde se destacaban Marco Di Vaio, Robbie Keane y Thierry Henry, entre otros. Sin embargo, las cosas no salieron como había imaginado: por un problema con su visa de trabajo solo pudo entrenar y estar en algunos partidos de pretemporada. “Estaba tan mal por no poder jugar que hasta me invitaron a conocer Aspen para esquiar, pero no quise ir.” Un bajón.

Tras un segundo ciclo en Macará en el que fue suspendido por cuatro meses por realizar gestos obscenos a una hinchada rival (luego reducirían su castigo), aceptó una propuesta para instalarse en la otra punta del globo terráqueo. Tras un frustrado intento por sumarse a un equipo malayo, en 2014 firmó contrato con el Khatoco Khánh Hoà FC. Todo eso (?) es un club de Vietnam, donde recogió las mejores anécdotas de su vida. Unos años después, contó algunas en una extensa entrevista con un medio de Casilda.

Uno de los aspectos culturales a los que no se pudo adaptar fue el de los partidos arreglados (?). “Un día perdimos 5 a 1 y después me enteré que mis compañeros habían ido para atrás. Los únicos que no sabíamos éramos los extranjeros: un rumano y yo. En ese partido hice un gol y me hicieron un penal. Lo iba a patear yo pero me la sacó uno de los vietnamitas, hizo que se patinaba y la tiró afuera. Con el rumano nos volvimos locos, queríamos pelearlos a todos”.

Además, tuvo que lidiar con el idioma. “Yo no entendía nada, ni siquiera al traductor. Me explicaban todo en una tablet. Una vez me hicieron decirle unas palabras en vietnamita al DT: resulta que sin saberlo lo insulté. ¡Se armó un quilombo! Los tipos eran terribles y me agarraron a mi para la joda”.

En su nuevo regreso a Argentina vistió los colores de Guaraní Antonio Franco (2014) y All Boys (2015), donde se sumó al listado de víctimas de las locuras del Gato Sessa. En su caso, le tocó recibir un pisotón del arquero. “No me pidió disculpas, tampoco las quiero. Fue algo malintencionado, pero ya pasó. No soy rencoroso”, declaró luego.

Sus siguientes experiencias por nuestro continente le presentaron fuertes contrastes: mientras que en 2016 fue campeón en Bolivia, con el Jorge Wilstermann, en 2017 vistió los colores del Ayacucho FC (Perú), donde no la pasó tan bien. “Disfruté un montón en Cochabamba, es un lugar hermoso, para quedarse a vivir. En cambio, Ayacucho es horrible, encima ahí me fracturé el peroné y quería dejar todo”.

Después de varios meses de recuperación, en 2018 tuvo su último paso por el fútbol extranjero, con la camiseta del Royal Parí (Bolivia). Otra lesión (esta vez fueron los meniscos de su rodilla derecha) lo trajo de vuelta por última vez a su casa. Allí se instalaría para ponerle punto final a su carrera.

Superando sus problemas físicos, se dio el gusto de retornar al club que lo vio nacer, Alumni. Su nombre forma parte de la historia de la institución de Casilda, que en su momento homenajeó a aquellos que hicieron tanto por el balompié nacional. Y de paso, también incluyeron a Sampaoli.

River 1 – Sevilla 0 (2015)

El 26 de marzo de 2015 se disputó la primera edición de la Supercopa Euroamericana. La idea no era mala, y hasta podía definirse como el lado B de la recordada Copa Intercontinental. Y no precisamente porque River Plate fuera su primer vencedor, sino porque, a diferencia de aquel preciado trofeo, no se enfrentaban los campeones de la Copa Libertadores y la Copa de Europa (o la posterior Champions League). En este caso, el duelo era entre los recientes vencedores de la Copa Sudamericana y la Europa League.

Sin embargo, el principal rasgo de este formato era su carácter no oficial. Es decir, por más lógica que tuviera un choque entre los ganadores de esas competencias, se trataba de un simple amistoso. Además, durante el partido se permitían hasta cinco cambios, pero debían hacerse en no más de tres interrupciones.

A sabiendas de que el triunfo no sumaba estrella, Marcelo Gallardo mandó a la cancha a varios de los habituales suplentes. El Millonario formó con Chiarini; Mercado (Kaprof), Pezzella, Mammana (Maidana), Vega; Solari, Ponzio, Driussi; Pisculichi (Guido Rodríguez); Simeone (Mora) y Boyé.

Por su parte, Sevilla lo hizo con Beto Bastos (Barbosa); Coke, Arribas, Pareja (Kolodziejczak), Fernando Navarro; Aleix Vidal, Antonio Romero (Diogo), Daniel Carriço (Iborra), José Reyes (Borja); Iago Aspas y Kevin Gameiro.

A pesar del deseo de Rodolfo D’Onofrio y los hinchas (llegaron a crear una petición en change.org), el título no fue reconocido. Sin embargo, unos meses más tarde tendrían motivos reales para festejar: River obtuvo la Copa Libertadores y la prestigiosa Suruga Bank, que sí es considerada una competencia oficial. FIFA, no la entenderías.

Trapasso: las banderas para Fabbiani

Eran tiempos en los que los futbolistas no usaban Twitter o Instagram. Hacerles llegar un mensaje hiriente no era tarea fácil. El bullying cibernético a gran escala aún no estaba perfeccionado: la mecha que encendía una fogata de burlas no provenía de las redes. En el caso del fútbol, las muestras de ingenio al servicio de la maldad estaban en las tribunas. Y se veían reflejadas en las banderas. Cristian Fabbiani pudo dar fe.

Rara vez fue cuestionado por sus habilidades futbolísticas. Por eso, este lienzo de 2007 refleja lo que los hinchas de Lanús sentían cada vez que le llegaba la pelota: placer. “Fabbiani: fútbol erótico”. Cortito y contundente.

El Ogro dejó el sur del GBA y voló hacia Rumania. En 2008 regresó al país y se instaló en Rosario. Su paso por Europa le había dado fama mediática por su fallida convivencia con Amalia Granata, y su imagen no hacía más que llamar la atención. Su talento, también. Y su filosa lengua, ni hablar.

En la previa de la 8ª fecha de aquel Torneo Apertura, el delantero se había referido a las dimensiones del campo de juego de la cancha de Argentinos. La respuesta de los hinchas del Bicho fue una de las más sutiles: “Fabbiani: la cancha no es chica… vos estás gordo”. Él eligió contestar en la cancha: Newell’s ganó 4 a 0 con un gol suyo.

Algo similar ocurrió en la 15ª jornada. La gente de San Lorenzo provocó con “Fabiani vomitá el fitito”. Seguramente ofendido porque habían escrito mal su apellido, metió un golazo y dio una asistencia para que la Lepra empatase sobre la hora un partido que parecía perdido.

En el primer semestre de 2009, la Ogromanía alcanzó su punto máximo: su llegada a River, su romance con Victoria Vanucci, su peso. Todos hablaban del hombre del momento. Hasta Alberto Cormillot, médico especialista en nutrición, se refirió a su estado físico: “me encantaría darle una mano y que venga a mis clínicas. Para mí, sería un honor”.

En su debut por el torneo local, el Millonario debía visitar a Rosario Central. Y los mensajes no se hicieron esperar. Mientras que el local no se olvidaba de su reciente paso por el adversario de toda la vida (“Fabbiani no estás gordo, Newell’s es chico”), su nuevo público lo apoyaba.

Es que, teniendo todo arreglado para sumarse a Velez, Fabbiani había dado un giro en las negociaciones para jugar para el club de sus amores. La gente supo retribuir este gesto con aplausos, caretas de Shrek y banderas. “Gracias ‘Ogro’ por elegir con el corazón”, decía una de ellas.

Aunque después de un buen arranque su nivel fue decayendo, las hinchadas rivales no tenían descanso. Con la colorida “Fabbiani: seguís sin vomitar el fitito”, los fanáticos de San Lorenzo insistían con clásico hábito de ingerir un Fiat 600 como si fuera un plato de ravioles. Alcanza con ver el modelo del auto para identificar la originalidad del chiste. Viejísimo.

Mientras tanto, la platea de Vélez no se olvidó de lo que había sucedido en el último mercado de pases, y le dedicó otro trapo: “Fabbiani: las vacas comen pasto; no te morfes el del Amalfitani”, y la hiriente “Fabbiani, vos te lo perdés. Acá concentramos con asados”.

Un poco más arriesgado en cuanto a la creatividad, pero no menos gordofóbico, fue lo que sucedió en La Bombonera. El histórico lienzo que contaba los goles de Palermo quedó a la sombra de uno muy especial: el Fabbiani countdown, que en lugar de goles, contabilizaba kilos. En aquel clásico, también se vio otro con la frase “Ogro: vas a ir a Japón pero para hacer sumo”.

En 2010, el atacante dejó River y, como consecuencia, se corrió del centro de la escena. Continuó defendiendo los colores de All Boys, Independiente Rivadavia y Sports Boys (Bolivia). Los trapos con dedicatorias fueron desapareciendo, o ya no tuvieron el rebote mediático que causaban anteriormente.

Sin embargo, su nombre (o su apodo), siguió estando presente en algún que otro estandarte. Por ejemplo, el que mostraron los jugadores de Estudiantes de San Luis en 2015. Con un Fuerza Ogro le mandaban buenas vibras antes de ser operado por un tumor en el gemelo derecho. La operación salió bien y pudo seguir jugando varios años más. Los suficientes para llegar al centenar de goles y recibir el agasajo que merecía.

En 2019, alcanzó la cifra redonda y los hinchas de Deportivo Merlo, su club, lo homenajearon con una prolija bandera que tomaba las palabras que Ronaldo le había dedicado un tiempo atrás: “Los gorditos hacemos la diferencia”. Además, la gente del Charro le agregó: Los 100 goles lo confirman. Por fin, después de tantas bromas, había llegado su revancha. ¡Mirá de quién te burlaste!

 

Racing (verano 2011)

Una verdadera tragedia. No, en este caso no hacemos referencia al equipo que presentó Racing en su debut por la Copa Ciudad de Mar del Plata, el 13 de enero de 2011. La auténtica desgracia había sucedido un par de días antes, durante un entrenamiento de La Academia en Open Door, cuando un rayo cayó cerca del sector que ocupaba el plantel.

La descarga eléctrica alcanzó al masajista Cesar Nardi, provocando su fallecimiento. La pérdida de un querido empleado de la institución (llevaba una década trabajando en el club) fue muy sentida por el cuerpo técnico y los jugadores, acercándose varios de ellos al velorio realizado el día siguiente.

Ante semejante panorama, se tomó la lógica decisión de afrontar el debut veraniego con un conjunto alternativo… muy alternativo. Se trataba de un equipo repleto de juveniles dirigidos por Juan Barbas, entrenador de la Reserva. Aquella noche, posaron ante los fotógrafos: Esteban Saveljich, Gabriel Colombatti, Daniel Pellegrino, Gastón Campi, Leonel Caffarati, Raúl Poclaba (arriba); Sebastián Mayorga, Juan Cruz Respuela, Gonzalo Pérez, Valentín Viola e Ignacio Colombini (abajo).

El rival era Estudiantes, último campeón del fútbol argentino. Aunque Alejandro Sabella reservó varios titulares, fue un partido sin equivalencias. El Pincha se impuso por 4 a 0, con goles de Maximiliano Núñez, Pablo Barrientos, Federico Fernández y Mayorga en contra.

Habiendo transcurrido una década de este encuentro, la pregunta surge sola (?): ¿Qué fue de la vida de aquellos pibes? ¿Cuántos llegaron a jugar oficialmente? ¿Por lo menos pudieron vivir del fútbol? Repasemos brevemente cada caso, incluyendo a los que ingresaron desde el banco de suplentes:

Leonel Caffaratti: sin chances en La Academia, este eterno arquero suplente recorrió el país jugando en varios equipos del interior. Actualmente, se encuentra en Central Córdoba (Santiago del Estero), donde comparte plantel con César Taborda, el guardameta de Estudiantes en aquel 4 a 0.

Gabriel Colombatti: aunque no vistió la camiseta de Racing en un partido por los puntos, pudo darse el gusto de jugar en el club del cual es hincha: Sportivo Belgrano de San Francisco. Desde 2017, pulula por diferentes clubes del ascenso italiano.

Danilo Pellegrino: uno de los que no llegó. Oriundo de Arata (La Pampa), quedó libre sin tener oportunidades de codearse con los grandes y se fue a Alvear FBF, de su provincia natal.

Esteban Saveljich: por fin un apellido conocido. Estuvo en Avellaneda hasta 2015, jugó en varios equipos españoles y fue convocado a la selección de Montenegro.

Gastón Campi: otro de los que pudo dedicarse de lleno a la pelota. Pasó por Atlético Rafaela, Estudiantes, Chaves (Portugal), Trabzonspor y Karagümrük (ambos de Turquía).

Juan Cruz Respuela: una de las grandes promesas de las divisiones inferiores, en febrero de 2011 hizo su debut oficial. Ese año jugó 5 partidos con Miguel Ángel Russo, pero no fue tenido en cuenta por Diego Simeone. Luego de pasar por Sportivo Rivadavia de Venado Tuerto, el joven nacido en Mercedes reformuló su vida: viajó como mochilero por toda América, hasta que varios años después regresó a su ciudad de origen.

Sebastián Mayorga: un caso extraño, ya que sus únicos 4 encuentros oficiales con La Academia fueron previos a aquel verano. Posteriormente, deambuló con más pena que gloria por el fútbol de ascenso.

Raúl Poclaba: mediocampista central que ese mismo año disputó sus únicos 3 partidos en Racing. En 2014, jugando para Gimnasia y Esgrima de Jujuy, fue suspendido por diez partidos por empujar a un árbitro. Anduvo por Uruguay, Venezuela y Bolivia. Conclusión: baldosero de pura cepa.

Gonzalo Pérez: volante ofensivo de escasa estatura, sus únicos partidos en Primera División fueron en 2009 (derrotas ante Lanús, Independiente y Argentinos). Jugó en Uruguay, Ecuador y en el ascenso argentino.

Ignacio Colombini: entre 2010 y 2013, este delantero sumó minutos en 5 encuentros antes de continuar su carrera en Miramar Misiones (Uruguay), Almagro, Quilmes, Almirante Brown, Atlanta, Sol de América (Paraguay) y Defensor Sporting.

Valentín Viola: de todos estos pibes, ninguno jugó tanto en Racing como él: sumó más de 80 cotejos oficiales en dos etapas. Sin embargo, Titín nunca se quedó quieto: va por su 9º club y todavía no cumplió 30 años.

Brian Risso Patrón: el primer recambio de aquella noche. Un delantero peligroso, que antes de debutar en Primera División fue encontrado culpable de un homicidio y condenado a 11 años de prisión. En 2018 le otorgaron la libertad condicional, volviendo a jugar en Berazategui e Ituzaingó.

Matías González: otro de los chicos que no alcanzó a jugar entre los grandes y se tuvo que ir del club. Pasó por Ferro, El Porvenir, Ben Hur y Camioneros. Al menos no tuvo problemas con la Ley.

Alejandro García: fue el que tuvo menos tiempo en cancha frente a Estudiantes (13 minutos), pero se dio el gusto de disputar 8 encuentros oficiales entre 2013 y 2014. También pasó por Los Andes y Estudiantes de Buenos Aires.

Fuera de stock: la Copa Mercosur

¿Qué fue la Copa Mercosur y por qué se dejó de jugar? Ahora que estamos acostumbrados a tener a la Sudamericana como una copa de segundo orden a nivel continental, viene bien repasar qué era lo que habia antes para mitigar los días de semana del pueblo futbolero en los meses en los que no había Libertadores.

En 1997 se disputó la última edición de la Supercopa Sudamericana, un torneo que solía jugarse en el segundo semestre de cada año. A partir de 1998, para ocupar su lugar en el calendario, se presentaron la Copa Mercosur y la Copa Merconorte, un par de certámenes que prometían suculentas recompensas económicas, aunque esto no se traduciría en un mayor interés por parte del público.

Es que, salvo en las instancias finales, los hinchas nunca lograban engancharse. Además, los DT colaboraban muchas veces con esta desidia, al darle más importancia al torneo local y poner suplentes o juveniles en una competencia que quedaría muy lejos del prestigio de la Copa Libertadores.

Para colmo, el método de clasificación no tenía muy en cuenta el mérito deportivo, ya que las 20 instituciones que formarían parte de la Mercosur (disputada por seis clubes de Argentina, siete de Brasil, tres de Chile, dos de Uruguay y dos Paraguay) habían sido invitadas a dedo por la CONMEBOL. Este convite (?) era por diez años, aunque si un equipo se destacaba por una buena campaña podía ser incluido, dándose de baja a otro del mismo país. Básicamente, todo dependía de la rosca entre los gordos de traje.

Lo único más o menos transparente era el formato, inmodificable a través de los años. Todo arrancaba con cinco grupos de cuatro equipos cada uno. Los ganadores de cada zona y los tres mejores segundos clasificaban a cuartos de final. Ahí arrancaban las eliminaciones con partidos ida y vuelta. El detalle estaba en la serie de la final: si ganaba un partido cada uno, el título se definía en un tercer match, como ocurría antiguamente, antes de la invención (?) de las definiciones por penales.

1998

Fueron de la partida River, Boca, Racing, Independiente, San Lorenzo, Vélez, San Pablo, Cruzeiro, Corinthians, Flamengo, Vasco da Gama, Gremio, Palmeiras, Universidad de Chile, Colo Colo, Universidad Católica, Nacional, Peñarol, Olimpia y Cerro Porteño. La lista de participantes apenas se modificaría con el paso del tiempo.

Palmeiras fue el campeón superando al Cruzeiro, en un hecho que sería habitual: finales entre brasileños. Otro detalle frecuente sería ver a San Lorenzo como el mejor argentino. El Ciclón necesitaba un título internacional y esta Copa era una gran oportunidad. Aquella vez, el sueño terminó en semifinales.

1999

Arrancan las desprolijidades. Por ejemplo, Vélez y Boca tuvieron que comenzar el torneo haciendo de local en la cancha de Ferro, ya que el sistema de seguridad, audio y video de sus estadios no habían sido habilitados. Un año antes, el Xeneize había jugado allí un partido, ya que la Bombonera estaba siendo aclimatada (?) para un recital de los Bee Gees.

Sin embargo, los que dieron la nota fueron River y Cruzeiro, que aprovecharon sus partidos en la fase de grupos para disputar la Recopa Sudamericana que debían del año anterior. Entre el apretado calendario y la falta de un sponsor para costear el enfrenamiento, la CONMEBOL mató dos pájaros de un tiro y puso en juego aquel trofeo casi sin anunciarlo.

El mito dice que Ramón Díaz, DT del Millonario, se enteró de esto unas horas antes del encuentro de ida, cuando el equipo ya estaba en Belo Horizonte y varias de sus figuras no habían viajado. Los brasileños se impusieron aquella vez, y aseguraron el título con otra victoria en el Monumental.

Por su parte, Boca también fue protagonista de un hecho insólito. Tras quedar igualado en la tabla de mejores segundos con Corinthians en puntos, diferencia de gol y cantidad de goles a favor y en contra, hubo que recurrir a algún tipo de definición no estipulada en el reglamento para definir el clasificado a cuartos de final. Como no hubo acuerdo para realizar un partido desempate, se recurrió a un sorteo. La bolilla favoreció al Timão, y así los de Carlos Bianchi quedaron eliminados.

Sin embargo, lo de Racing fue mucho peor. La Academia perdió los seis partidos de su grupo, terminando con 2 goles a favor y 22 en contra. Fue la peor campaña internacional de un equipo argentino, incluyendo también la mayor goleada recibida: 7 a 0 contra el Palmeiras.

Otro hecho vergonzoso fue el que protagonizaron Vélez e Independiente, el 1º de septiembre. Sobre el final del primer tiempo, un petardo lanzado desde la popular del Rojo explotó cerca de José Luis Chilavert. El arquero alegó sentirse aturdido, por lo que el árbitro decidió suspender el encuentro, aunque sus rivales no estaban convencidos. “Cuando fui a preguntarle cómo estaba, me escuchó muy bien. Creo que tan sordo no estaba”, dejó entrever Raúl Cascini.

La cuestión es que veinte días después se disputaron los 45 minutos restantes, a puertas cerradas y con el local, sin chances de clasificarse, presentando sólo tres suplentes. Aquella jornada, Bernardo Leyenda hizo su debut… como jugador de campo.

El único equipo argentino que no pasó por ninguna situación extraordinaria fue San Lorenzo, que volvió a ser el mejor de los nuestros, cayendo otra vez en semifinales. En esa misma instancia, Peñarol y Flamengo se dieron de lo lindo en el Estadio Centenario. Los brasileños, que levantarían la copa, ganaron en la cancha. Los uruguayos, en el ring.

2000

Por primera vez, se produjeron un par de modificaciones sobre la lista original de invitados: Rosario Central y Atlético Mineiro remplazaron a Racing y a Gremio. Lo que no cambiaría sería la costumbre de que el trofeo viajase a Brasil. Esta vez, nadie pudo con el Vasco da Gama liderado por Romario. O Baixinho, goleador y campeón con el Mengão el año anterior, volvería a consagrarse por partida doble.

Nuevamente, los cuadros de esta parte del mundo le darían la espalda al torneo: sólo se destacó River, eliminado en semifinales. Aunque el partido más recordado del Millonario fue ante Vélez, en el Monumental, por la fase de grupos.

Resulta que después del usual (?) gol de Chilavert, Roberto Bonano vio su oportunidad de tomarse revancha. Disponiendo de un penal a favor, le pidió la pelota a Juan Pablo Ángel y, a pesar de un remate algo imperfecto, el balón ingresó sin oposición.

El duelo siguió en los micrófonos: “¿Por qué no fue a patear contra los brasileños? En este partido prácticamente no había gente, no había responsabilidad. Aparte tiene que aprender mucho de mí. Le pega con un periódico”, atacó Chila. Tito no se quedó callado: “Hoy el diario tenía el suplemento del domingo, estaba bastante gordito y entró”. Como siempre, la última palabra la tuvo el paraguayo: “Yo he ganado todo. No creo que Bonano tenga los títulos a nivel internacional que tiene Chilavert”.

Mientras tanto, Boca cumpliría con su mejor campaña, al llegar a los cuartos de final. Entre sus victorias se destacó la del 2 de agosto, cuando con una camiseta gris con franja azul venció a Olimpia, que vistió sus colores tradicionales. Vestimentas muy difíciles de distinguir, y más si se juega entre una intensa niebla. Al día siguiente, Olé tituló: “Me parece que ganó Boca”.

2001

En cuanto a los clasificados invitados, otra vez hubo dos cambios: se sumó Talleres y regresó Gremio, mientras que Rosario Central y Atlético Mineiro quedaron afuera.

Esta vez, el papelón fue de Olimpia, que fue inhabilitado por la FIFA al presentar una demanda ante la justicia ordinaria para dirimir un conflicto deportivo. Al equipo de Asunción se le dio por perdido su juego ante el Flamengo y, aunque luego se levantó la suspensión, solo cosechó derrotas.

A esta altura, el desinterés que causaba la competencia traspasaba nuestras fronteras. Para que no se vieran tribunas despobladas, algunos equipos decidieron mudar su localía. Cruzeiro, Vasco da Gama y Flamengo se mudaron a Ipatinga, Brasilia y Taguatinga, mientras que Cerro Porteño jugó un partido en Ciudad del Este.

En cuanto al calendario, varios partidos se disputaban cuando se podía. Por ejemplo, Corinthians enfrentó a Independiente el 29 de julio, que era domingo, al mediodía. Es que esa tarde se jugaba la final de la Copa América, y la TV no quería que se superpusieran ambos eventos.

El caso emblemático de los problemas de agenda fue el partido de vuelta de la final, programada originalmente para el 19 de diciembre. Aquella noche, San Lorenzo debía recibir al Flamengo, lo que resultó imposible. La crisis argentina que desató una serie de hechos catastróficos, como Racing a punto de ser campeón (?), obligaron a que el enfrentamiento se pospusiera para el 24 de enero de 2002.

Los de Manuel Pellegrini por fin pudieron desvirgarse internacionalmente, luego de una definición por penales que culminó con cientos de personas al borde del campo de juego invadiendo el terreno, apenas Diego Capria concretó el tanto definitivo. Un cierre perfecto para la competencia, que prometía espectáculo y glamour, y terminó pareciendo un torneo relámpago del conurbano bonaerense.

Olimpo naranja (2015)

Hubo un tiempo en el que Olimpo dejó de ser Olimpo. Esto fue en el Campeonato de Primera División 2015, aquel que disputaron 30 equipos.

Por un lado, abandonó la rutina de andar por los últimos puestos, al realizar una digna campaña (terminaría en el 18º puesto). Digna en un torneo superpoblado, claro. Y por el otro, le dio la espalda a sus habituales colores para darle lugar a algo más novedoso. Aunque no todo lo nuevo es lindo.

Ese año, el conjunto bahiense presentó 4 camisetas de la marca Kappa. ¿Tradicional? Ninguna, ya que la titular era negra con finos bastones amarillos, la suplente era gris, la tercera “de copas” (?) era aurinegra a mitades, y la cuarta…¿había una cuarta camiseta para un equipo que no jugaba otros torneos que no fueran los locales? Claro que sí.

Una semana antes del inicio de aquel particular campeonato que descajetaría por años el fútbol argentino, Olimpo organizó un cuadrangular amistoso en su estadio, el Roberto Carminatti, del que también formaron parte Godoy Cruz, Nueva Chicago y Sarmiento. El local terminaría levantando el trofeo Ciudad de Bahía Blanca, usando la casaca naranja, con short del mismo color y medias amarillas. Nacía una cábala.

Para la primera fecha del Torneo de Primera División, en La Bombonera, el cuadro bahiense fue a lo seguro: la naranjita para seguir en la racha triunfadora. ¿Resultado? Cayó 3 a 1. Moría una cábala.

Lo que no cambió fue el hábito de lucir más publicidades que un auto de TC. Al frente, en las mangas, sobre la espalda; cualquier hueco fue aprovechado para meter un auspiciante. Y no hubo exclusividades, si hasta los logos de Chevrolet, Renault y Volvo supieron coexistir. Es entendible: todos quisieron ser parte de la Holanda del Sur.