Fuera de stock: la Copa Mercosur

¿Qué fue la Copa Mercosur y por qué se dejó de jugar? Ahora que estamos acostumbrados a tener a la Sudamericana como una copa de segundo orden a nivel continental, viene bien repasar qué era lo que habia antes para mitigar los días de semana del pueblo futbolero en los meses en los que no había Libertadores.

En 1997 se disputó la última edición de la Supercopa Sudamericana, un torneo que solía jugarse en el segundo semestre de cada año. A partir de 1998, para ocupar su lugar en el calendario, se presentaron la Copa Mercosur y la Copa Merconorte, un par de certámenes que prometían suculentas recompensas económicas, aunque esto no se traduciría en un mayor interés por parte del público.

Es que, salvo en las instancias finales, los hinchas nunca lograban engancharse. Además, los DT colaboraban muchas veces con esta desidia, al darle más importancia al torneo local y poner suplentes o juveniles en una competencia que quedaría muy lejos del prestigio de la Copa Libertadores.

Para colmo, el método de clasificación no tenía muy en cuenta el mérito deportivo, ya que las 20 instituciones que formarían parte de la Mercosur (disputada por seis clubes de Argentina, siete de Brasil, tres de Chile, dos de Uruguay y dos Paraguay) habían sido invitadas a dedo por la CONMEBOL. Este convite (?) era por diez años, aunque si un equipo se destacaba por una buena campaña podía ser incluido, dándose de baja a otro del mismo país. Básicamente, todo dependía de la rosca entre los gordos de traje.

Lo único más o menos transparente era el formato, inmodificable a través de los años. Todo arrancaba con cinco grupos de cuatro equipos cada uno. Los ganadores de cada zona y los tres mejores segundos clasificaban a cuartos de final. Ahí arrancaban las eliminaciones con partidos ida y vuelta. El detalle estaba en la serie de la final: si ganaba un partido cada uno, el título se definía en un tercer match, como ocurría antiguamente, antes de la invención (?) de las definiciones por penales.

1998

Fueron de la partida River, Boca, Racing, Independiente, San Lorenzo, Vélez, San Pablo, Cruzeiro, Corinthians, Flamengo, Vasco da Gama, Gremio, Palmeiras, Universidad de Chile, Colo Colo, Universidad Católica, Nacional, Peñarol, Olimpia y Cerro Porteño. La lista de participantes apenas se modificaría con el paso del tiempo.

Palmeiras fue el campeón superando al Cruzeiro, en un hecho que sería habitual: finales entre brasileños. Otro detalle frecuente sería ver a San Lorenzo como el mejor argentino. El Ciclón necesitaba un título internacional y esta Copa era una gran oportunidad. Aquella vez, el sueño terminó en semifinales.

1999

Arrancan las desprolijidades. Por ejemplo, Vélez y Boca tuvieron que comenzar el torneo haciendo de local en la cancha de Ferro, ya que el sistema de seguridad, audio y video de sus estadios no habían sido habilitados. Un año antes, el Xeneize había jugado allí un partido, ya que la Bombonera estaba siendo aclimatada (?) para un recital de los Bee Gees.

Sin embargo, los que dieron la nota fueron River y Cruzeiro, que aprovecharon sus partidos en la fase de grupos para disputar la Recopa Sudamericana que debían del año anterior. Entre el apretado calendario y la falta de un sponsor para costear el enfrenamiento, la CONMEBOL mató dos pájaros de un tiro y puso en juego aquel trofeo casi sin anunciarlo.

El mito dice que Ramón Díaz, DT del Millonario, se enteró de esto unas horas antes del encuentro de ida, cuando el equipo ya estaba en Belo Horizonte y varias de sus figuras no habían viajado. Los brasileños se impusieron aquella vez, y aseguraron el título con otra victoria en el Monumental.

Por su parte, Boca también fue protagonista de un hecho insólito. Tras quedar igualado en la tabla de mejores segundos con Corinthians en puntos, diferencia de gol y cantidad de goles a favor y en contra, hubo que recurrir a algún tipo de definición no estipulada en el reglamento para definir el clasificado a cuartos de final. Como no hubo acuerdo para realizar un partido desempate, se recurrió a un sorteo. La bolilla favoreció al Timão, y así los de Carlos Bianchi quedaron eliminados.

Sin embargo, lo de Racing fue mucho peor. La Academia perdió los seis partidos de su grupo, terminando con 2 goles a favor y 22 en contra. Fue la peor campaña internacional de un equipo argentino, incluyendo también la mayor goleada recibida: 7 a 0 contra el Palmeiras.

Otro hecho vergonzoso fue el que protagonizaron Vélez e Independiente, el 1º de septiembre. Sobre el final del primer tiempo, un petardo lanzado desde la popular del Rojo explotó cerca de José Luis Chilavert. El arquero alegó sentirse aturdido, por lo que el árbitro decidió suspender el encuentro, aunque sus rivales no estaban convencidos. “Cuando fui a preguntarle cómo estaba, me escuchó muy bien. Creo que tan sordo no estaba”, dejó entrever Raúl Cascini.

La cuestión es que veinte días después se disputaron los 45 minutos restantes, a puertas cerradas y con el local, sin chances de clasificarse, presentando sólo tres suplentes. Aquella jornada, Bernardo Leyenda hizo su debut… como jugador de campo.

El único equipo argentino que no pasó por ninguna situación extraordinaria fue San Lorenzo, que volvió a ser el mejor de los nuestros, cayendo otra vez en semifinales. En esa misma instancia, Peñarol y Flamengo se dieron de lo lindo en el Estadio Centenario. Los brasileños, que levantarían la copa, ganaron en la cancha. Los uruguayos, en el ring.

2000

Por primera vez, se produjeron un par de modificaciones sobre la lista original de invitados: Rosario Central y Atlético Mineiro remplazaron a Racing y a Gremio. Lo que no cambiaría sería la costumbre de que el trofeo viajase a Brasil. Esta vez, nadie pudo con el Vasco da Gama liderado por Romario. O Baixinho, goleador y campeón con el Mengão el año anterior, volvería a consagrarse por partida doble.

Nuevamente, los cuadros de esta parte del mundo le darían la espalda al torneo: sólo se destacó River, eliminado en semifinales. Aunque el partido más recordado del Millonario fue ante Vélez, en el Monumental, por la fase de grupos.

Resulta que después del usual (?) gol de Chilavert, Roberto Bonano vio su oportunidad de tomarse revancha. Disponiendo de un penal a favor, le pidió la pelota a Juan Pablo Ángel y, a pesar de un remate algo imperfecto, el balón ingresó sin oposición.

El duelo siguió en los micrófonos: “¿Por qué no fue a patear contra los brasileños? En este partido prácticamente no había gente, no había responsabilidad. Aparte tiene que aprender mucho de mí. Le pega con un periódico”, atacó Chila. Tito no se quedó callado: “Hoy el diario tenía el suplemento del domingo, estaba bastante gordito y entró”. Como siempre, la última palabra la tuvo el paraguayo: “Yo he ganado todo. No creo que Bonano tenga los títulos a nivel internacional que tiene Chilavert”.

Mientras tanto, Boca cumpliría con su mejor campaña, al llegar a los cuartos de final. Entre sus victorias se destacó la del 2 de agosto, cuando con una camiseta gris con franja azul venció a Olimpia, que vistió sus colores tradicionales. Vestimentas muy difíciles de distinguir, y más si se juega entre una intensa niebla. Al día siguiente, Olé tituló: “Me parece que ganó Boca”.

2001

En cuanto a los clasificados invitados, otra vez hubo dos cambios: se sumó Talleres y regresó Gremio, mientras que Rosario Central y Atlético Mineiro quedaron afuera.

Esta vez, el papelón fue de Olimpia, que fue inhabilitado por la FIFA al presentar una demanda ante la justicia ordinaria para dirimir un conflicto deportivo. Al equipo de Asunción se le dio por perdido su juego ante el Flamengo y, aunque luego se levantó la suspensión, solo cosechó derrotas.

A esta altura, el desinterés que causaba la competencia traspasaba nuestras fronteras. Para que no se vieran tribunas despobladas, algunos equipos decidieron mudar su localía. Cruzeiro, Vasco da Gama y Flamengo se mudaron a Ipatinga, Brasilia y Taguatinga, mientras que Cerro Porteño jugó un partido en Ciudad del Este.

En cuanto al calendario, varios partidos se disputaban cuando se podía. Por ejemplo, Corinthians enfrentó a Independiente el 29 de julio, que era domingo, al mediodía. Es que esa tarde se jugaba la final de la Copa América, y la TV no quería que se superpusieran ambos eventos.

El caso emblemático de los problemas de agenda fue el partido de vuelta de la final, programada originalmente para el 19 de diciembre. Aquella noche, San Lorenzo debía recibir al Flamengo, lo que resultó imposible. La crisis argentina que desató una serie de hechos catastróficos, como Racing a punto de ser campeón (?), obligaron a que el enfrentamiento se pospusiera para el 24 de enero de 2002.

Los de Manuel Pellegrini por fin pudieron desvirgarse internacionalmente, luego de una definición por penales que culminó con cientos de personas al borde del campo de juego invadiendo el terreno, apenas Diego Capria concretó el tanto definitivo. Un cierre perfecto para la competencia, que prometía espectáculo y glamour, y terminó pareciendo un torneo relámpago del conurbano bonaerense.

Olimpo naranja (2015)

Hubo un tiempo en el que Olimpo dejó de ser Olimpo. Esto fue en el Campeonato de Primera División 2015, aquel que disputaron 30 equipos.

Por un lado, abandonó la rutina de andar por los últimos puestos, al realizar una digna campaña (terminaría en el 18º puesto). Digna en un torneo superpoblado, claro. Y por el otro, le dio la espalda a sus habituales colores para darle lugar a algo más novedoso. Aunque no todo lo nuevo es lindo.

Ese año, el conjunto bahiense presentó 4 camisetas de la marca Kappa. ¿Tradicional? Ninguna, ya que la titular era negra con finos bastones amarillos, la suplente era gris, la tercera “de copas” (?) era aurinegra a mitades, y la cuarta…¿había una cuarta camiseta para un equipo que no jugaba otros torneos que no fueran los locales? Claro que sí.

Una semana antes del inicio de aquel particular campeonato que descajetaría por años el fútbol argentino, Olimpo organizó un cuadrangular amistoso en su estadio, el Roberto Carminatti, del que también formaron parte Godoy Cruz, Nueva Chicago y Sarmiento. El local terminaría levantando el trofeo Ciudad de Bahía Blanca, usando la casaca naranja, con short del mismo color y medias amarillas. Nacía una cábala.

Para la primera fecha del Torneo de Primera División, en La Bombonera, el cuadro bahiense fue a lo seguro: la naranjita para seguir en la racha triunfadora. ¿Resultado? Cayó 3 a 1. Moría una cábala.

Lo que no cambió fue el hábito de lucir más publicidades que un auto de TC. Al frente, en las mangas, sobre la espalda; cualquier hueco fue aprovechado para meter un auspiciante. Y no hubo exclusividades, si hasta los logos de Chevrolet, Renault y Volvo supieron coexistir. Es entendible: todos quisieron ser parte de la Holanda del Sur.

Voy Al Arco: Pelé (1957)

Pelé arrodillado. Sucedió en un partido entre Santos y San Pablo, en 1957. Veludo, arquero del Peixe, sufrió una lesión y tuvo que abandonar la cancha. Su lugar fue ocupado por O Rei, quien mostró una llamativa seguridad para alguien de su edad.

Esta no sería la única oportunidad en la que se lo vería a Pelé en esa posición, claro. Mostraría una continuidad a lo largo de su carrera.

Incluso, el brasileño solía aprovechar los entrenamientos para experimentar en otros sectores. Sin embargo, aquella fue la primera vez en la que esta habilidad se hizo pública. En ese momento, tenía solo 17 años.

Trapasso: “Ronaldo você não existe”

Los argentinos tenemos el mejor público del mundo. Este mito, que varios músicos internacionales confirman cada vez que dan un show en el país, no se puede aplicar de ninguna manera a los partidos de la Selección Argentina. Suele tratarse de una afluencia fría, distante, poco conectada con el espectáculo y que encima dice ser una barra quilombera. ¿Quieren a las familias en los estadios? Bueno, ahí tienen.

Otra de las características de los hinchas de la Selección es su capacidad para causarle vergüenza ajena al futbolero promedio, ese que prefiere cualquier triunfo de su equipo por sobre el rendimiento del combinado nacional. Tal vez esto cambia al momento de un Mundial. Está bien, ese desliz se permite una vez cada cuatro años.

Aun así, cuando en 2014 el insoportable Brasil decime que se siente sonaba todo el día en época mundialista, aquel que sabía un poco de historia del balompié (?) sentía que una parte de esa canción no estaba del todo acertada. Estás llorando desde Italia hasta hoy, gritaban a todo pulmón los fanáticos de la celeste y blanca. ¿Es necesario nombrar los logros de uno y otro equipo desde 1990 hasta aquellos días? El futbolero lo entiende, hermano.

Claro que esta costumbre de autohumillarse no nació en el Siglo XXI. Por ejemplo, el término “campeones morales” que supimos adjudicarnos en los años 40, fomentó la creencia de que éramos los mejores, pero que no lo podíamos demostrar porque el mundo estaba en nuestra contra. Qué cringe.

De esta manera, llegamos al 4 de septiembre de 1999. Argentina recibe a Brasil en el estadio Monumental, un amistoso que tendrá su revancha unos días más tarde en Porto Alegre. Y ahí está, colmando las tribunas, nuestra gente.

La Verdeamarela llega como subcampeón mundial y campeón continental. ¿Su jugador más destacado? Ronaldo Luís Nazário de Lima, elegido como el mejor del mundo por la FIFA en 1996 y 1997. Además, era el último goleador de la Copa América jugada un par de meses antes, donde su selección dejó eliminada a la nuestra… con un gol suyo, obvio.

Aquella tarde, un trapo colgado de una de las populares le enviaba un mensaje al delantero: Ronaldo você não existe. Ni burla, ni agresión. Era más bien una expresión de deseo.

Ojalá que O Fenómeno nunca la haya visto. En ese caso, nuestras más sinceras disculpas por tener al peor público del mundo.

Huracán (1985/86)

En la actualidad, cuesta imaginarse a los hinchas del Globo jactándose de no conocer las canchas del ascenso. Sin embargo, esto era habitual hasta mediados de la década de los 80’s. En aquella época, los fanáticos de San Lorenzo y Racing, por ejemplo, ya sabían lo que era jugar en la B. Algo que Huracán estaría a punto de vivir en carne propia.

En la imagen, una de las últimas formaciones de los de Parque Patricios antes del primer descenso de su historia. Arriba: Juan Amador Sánchez, Christian Angeletti, Carlos Gay, Rodolfo Raffaelli, Claudio Cabrera y Osvaldo Damiano. Abajo: Claudio Turco Garcia, Daniel Messina, Carlos Mendoza, Juan Tutino y Carlos Torino.

Entre otros, también fueron parte de ese plantel: Héctor Herrero, el Toti Iglesias, López Turitich, Eduardo Papa, Marcelo Bottari, Carlos Taracido, José Luis Zuttión y Ángel Beltrán, quien fallecería ese mismo año a causa de una leucemia.

Sin embargo, sería injusto responsabilizar solamente a estos nombres. Es que, más allá de la mediocre temporada 1985/86 (obtuvo el 13º puesto), el equipo terminó siendo condenado por el pésimo promedio arrastrado de las campañas de 1983 (14º) y 1984 (17º).

Aunque el descenso directo fue evitado gracias a una pésima campaña de Chacarita, los Quemeros no pudieron zafar del Reclasificatorio, un octogonal en donde se enfrentaron con los mejores equipos de la vieja Primera B.

Luego de dejar en el camino a Lanús y a Los Andes, el sorpresivo Sportivo Italiano lo derrotó después de tres finales muy parejas, decretando que el Globo jugaría en el flamante Nacional B. En las instancias definitivas, Huracán utilizó una vestimenta muy particular: camiseta roja y pantalones azules. Sí, se fue al descenso usando los colores de San Lorenzo.

Si bien la atención del mundo futbolero estaba puesta en lo que sucedía en México (al mismo tiempo se estaba jugando el Mundial 86), la caída de un histórico participante de los torneos de Primera División no pasó desapercibida.

Sin dudas, se trató de un hecho histórico para nuestro fútbol: quedó confirmado que los sextos grandes también descienden.

Valencia 2 – River 1 (1984)

El Trofeo Naranja es un tradicional torneo de pretemporada, organizado por el Valencia, del que suelen participar equipos de todo el mundo. Y por supuesto, también hay un lugar en la historia para los argentinos.

Después Independiente (1970), Huracán (1978) y Boca (1980), River se convirtió en el cuarto club de nuestro país en disputar esta competencia amistosa, cuando fue invitado a la edición de 1984.

El local siempre se había quedado con el título cuando participaba un conjunto de Argentina. La historia se repetiría aquel año, en un triangular del que también participó el Hamburgo alemán.

En el encuentro disputado el 14 de agosto, los españoles salieron a la cancha con Sempere; Arias, Tendillo, Castellanos y Subirats; Cabrera, Granero (Quique Flores) y Serrat; Saura, Roberto (Fernando) y García Pitarch (Sixto).

Por su lado, el Millonario jugó con Carlos Gay; Jorge Gordillo, Jorge Borelli, Guillermo Nicosia y Julio Olarticoechea; Héctor Enrique (Reinaldo Carlos Merlo), Américo Gallego y Norberto Alonso (Carlos Tapia); Edgardo Teglia; Enzo Francescoli y Raúl Roque Alfaro (Enrique Villalba). En el banco de suplentes quedaron Goycochea, Karabín y Gorosito.

A pesar de que los dirigidos por Federico Vairo se pusieron en ventaja con un gol de Alfaro (en la imagen, convierte tras recibir un pase del Beto Alonso), los españoles dieron vuelta el resultado gracias a los tantos de Subirats y Saura.

Dejando de lado el juego, lo más destacado de la noche vino por el lado de la indumentaria riverplatense. Aquella jornada se estrenó una novedosa camiseta suplente con los tradicionales colores invertidos y números en el pecho.

Boca 1 – PSV 0 (2004)

El 5 de agosto de 2004, Boca Juniors se quedaría con el cuadrangular denominado Vodafone Cup al derrotar en Old Trafford al PSV Eindhoven. Mauro Boselli fue el autor del único gol del partido, a los 7 minutos del primer tiempo.

Dos días antes, el equipo de Miguel Brindisi había goleado a Urawa Red Diamonds de Japón y por eso el DT decidió darle una oportunidad a varios suplentes y juveniles.

De esta forma, ante el PSV salieron a la cancha: Abbondanzieri; Jerez, César González, Traverso y Reano; Ormazábal, Silvestre, Marinelli (Ledesma) y Cardozo (Cascini); Carreño (Cángele) y Boselli.

El club holandés presentó a Southiber; Oouijer (Smit), Alex, Beasley (Bakal), y Bogel (Takak); Volanthen, Lucius (Von Hoffgeseling), Lamei y Colin; De Jong y Sibón (Farfán).

No obstante, el hecho más destacado de la jornada no fue Miguelito arrebatándole el trofeo a los otros entrenadores participantes: Guus Hiddink (PSV Eindhoven), Guido Buchwald (Uwara Red Diamonds) y Alex Ferguson (Manchester United). No, la rareza fue otra.

El titular en los diarios se lo llevó clima, ya que condicionó el espectáculo al punto de que el encuentro entre argentinos y holandes se tuvo que suspender faltando 10 minutos, e impidió el comienzo de Manchester – Urawa, que debía disputarse en segundo turno.

Una intensa tormenta eléctrica fue la causa del abrupto final del torneo. Al no jugarse el último partido, el título fue para el Xeneize. Para que no queden dudas que Dios es Bostero (?).

Fredrich Elvio

Elvio Epifanio Fredrich

Zurdo, alto, de tranco largo y extraordinario nombre de pila. Semejante combo le sirvió para plantarse en un sector de la cancha donde la competencia puede ser escasa: volante por izquierda, a veces marcador de punta por el mismo costado, tuvo el agrado de haber sido protagonista de un hecho histórico del fútbol argentino.

Dicho acontecimiento se produjo el 18 de septiembre de 2008, en un partido jugado entre Los Andes y Chacarita. El momento en cuestión se dio específicamente a los 8 minutos del segundo tiempo, cuando el árbitro Luis Álvarez marcó un tiro libre favorable al local. En ese lugar, en ese instante, se utilizó por primera vez el aerosol para marcar la distancia entre la pelota y los rivales más cercanos. Elvio Fredrich se hizo cargo de la pelota parada. Tomó carrera. Soltó el pie izquierdo. Su remate dio en la barrera.

Antes y después de esa jornada mágica (sobre todo para Chaca, que ganó 3 a 1), este blondo mediocampista tuvo una carrera con más sombras que luces. Entre 2005 y 2008 disputó 14 encuentros con el Lobo, entre ellos el último clásico en el viejo estadio de 1 y 57 (victoria 1 a 0 para Estudiantes).

Tras ser prestado a Almagro (2006/07) y e irse al descenso con Los Andes (2008/09), se marcharía al club donde alcanzó su mejor rendimiento, en el que volvería a estar en el centro de la escena. Es que no cualquiera le convierte un gol a River, en el Monumental y con la camiseta de Boca… de Boca Unidos. En el Aurirrojo jugó el Nacional B en las temporadas 2009/10 y 2011/12.

En el medio, tuvo su única experiencia en el exterior, al jugar en el Manta de Ecuador (2010/11). Allí tuvo continuidad hasta que una lesión en los meniscos y la salida de Gabriel Perrone, el DT que lo había llevado, le marcó el camino de regreso a Corrientes.

Aquel festejo ante el Millonario le sirvió como una vidriera para tener una nueva oportunidad en Primera División. All Boys lo cobijó en 2012/13 para que dispute 24 partidos, aunque solo 7 veces jugó los 90 minutos.

Sin pena ni gloria se fue a Talleres (2013/14). Ese año, La T perdió la categoría y muchos hinchas atribuyeron la presencia de Fredrich en el plantel a la amistad que mantenía con el goleador del equipo, Gonzalo Klusener (ambos son oriundos de Santa Rita, Misiones). Un gol a Independiente fue lo más destacado de su paso por Córdoba: lo hizo de tiro libre, demostrando que ya estaba adaptado al spray (?).

En 2014, Tristán Suarez le ofreció ser parte del Dream Team de la Primera B. Darío Capogrosso, Marcos Brítez Ojeda, Cristian Trombetta, Hernán Boyero y Facundo Diz, entre otros, formaron parte de ese equipo que, entrenado por Caruso Lombardi, estuvo a punto de conseguir el ascenso. El objetivo no se cumplió: Villa Dálmine los derrotó en la final del reducido.

Las cosas no mejorarían en 2015: un semestre en Gimnasia y Esgrima (Mendoza) le alcanzó para sumar su tercer descenso, aunque cuando se produjo este hecho Fredrich ya no estaba en el club: su contrato había sido rescindido por bajo rendimiento.

Lejos de las grandes luces, sus últimas apariciones se dieron en Atlético Uruguay (2016/17) y Centro Juventud Agrario (2019). En este pequeño club de Corralito, una localidad a unos 100 km de la ciudad de Córdoba, se consagró campeón de la Liga Riotercerense de Fútbol.

Allí, a los 34 años, aún era el dueño de las pelotas paradas. Su experiencia con el aerosol lo avalaba.