Arsenal 2 – Boca 2 (2011)

El 30 de julio de 2011 comenzó la 5ª edición de la Emirates Cup, un torneo amistoso disputado en el estadio londinense que también lleva el nombre de esa aerolínea.

Se trataba de un cuadrangular con algunas rarezas: su duración era de dos días consecutivos y cada equipo jugaba un par partidos, por lo que no era un todos contra todos tradicional. Además, hasta el año anterior, los goles convertidos también sumaban puntos.

La copa se puso en marcha con la victoria del New York Red Bull sobre el PSG. A continuación, salieron a la cancha el Arsenal y Boca Juniors. Ambos lo hicieron con sus camisetas suplentes. Mientras que el dueño de casa estrenaba su nuevo modelo, el equipo argentino utilizaba por última vez la alternativa 2010/11.

Los de Arsène Wenger arrancaron con Fabianski; Jenkinson, Koscielny, Djourou, Traore; Frimpong, Wilshere; Nasri, Gervinho, Arshavin y Robin van Persie. En el segundo tiempo ingresaron Mannone, Squillaci, Vela, Eboue y Chamakh.

Por su parte, los de Julio Cesar Falcioni lo hicieron con Orión; Franco Sosa, Schiavi, Insaurralde, Roncaglia; Rivero, Somoza, Erviti; Riquelme; Viatri y Cvitanich. Luego entraron Clemente Rodriguez, Mouche, Colazo, Erbes y Caruzzo.

Con tantos de Robin Van Persie y Aaron Ramsey, el local parecía adueñarse del triunfo. Sin embargo, Lucas Viatri y Pablo Mouche igualaron las acciones en el complemento.

La figura de la tarde fue Juan Román Riquelme, que en el segundo tiempo metió dos asistencias de su estilo para que el Xenieze empatara el encuentro. Hasta el mismísimo Van Persie supo reconocerlo tras los 90 minutos: “Él es mi jugador favorito. Disfrute de verlo jugar, todos vimos su clase hoy”, comentó luego de pedirle la camiseta.

Huracán (1997/98)

Tras una mediocre temporada, y en medio de una profunda crisis económica e institucional (no importa cuando leas esto), Huracán enfrentaba el inicio de un nuevo campeonato sabiendo que tenía que hacer las cosas muy bien para no sufrir con el promedio. Para cumplir con el objetivo, era necesario traer refuerzos de categoría, confiar en un estilo de juego y no presionar a los juveniles. Spoiler: no pasó nada de eso.

El conjunto entrenado por Carlos Babington tuvo un mal arranque en el Torneo Apertura 1997, con un par de derrotas en fila. Para colmo, el Inglés presentó la renuncia luego de la 2ª fecha. Una salida extraña, que se entendió esa misma semana, cuando fue presentado en Racing.

Al DT le faltaron códigos, como los que se pueden encontrar visitando sportium 2021, un lugar donde el entretenimiento está garantizado.

Con Carlos Ferrero en el banco, la situación no cambió demasiado. El equipo sumaría sólo 3 victorias en todo el certamen, aunque una tuvo un gustito especial. Fue la del 9 de noviembre, cuando se impuso por 2 a 0 ante La Academia. Sí, el equipo de Babington.

Después de otra mala racha, Pancho dejó el cargo y Osvaldo Crosta asumió como interino. El cierre del año debía ser ante San Lorenzo, pero el partido nunca se completó: graves incidentes entre las hinchadas impidieron que el juego continúe cuando se jugaba el primer tiempo y el marcador estaba 0 a 0. Ulises Fernández, hincha Quemero, fue asesinado. Y el encuentro se le dio por perdido a ambos equipos.

Para el Clausura 1998 llegó un nuevo entrenador, Omar Larrosa, que logró un milagro: mantenerse en su puesto por todo el semestre. ¿El rendimiento del equipo? Igual de flojo. Al menos se quedó con el clásico ante el Ciclón, gracias al esfuerzo de los jugadores de la imagen: Cristante, Chacoma, Orsi, Cotera, Graieb, Magnín y Biscay; Peralta, Padula, Montenegro y Barijho.

Una formación con varios pibes, a los que se le sumaban otros como Christian Ferreyra, Gastón Casas, Maximiliano Castano, Gabriel Lettieri y Emiliano Romay. También había gente de experiencia, claro. Pedro Barrios, Norberto Fernández, Alejandro Giuntini, Hugo Corbalán, Diego Germano, Roger Morales, Damián Maltagliatti, Hugo Guerra y Rubén Darío Piaggio eran algunos de los futbolistas con mayor recorrido.

Más allá de lo deportivo, el club no pasaba por un buen momento. A principios de 1998, el presidente Juan José Zanola había renunciado. “Esto es inmanejable”, fue una de las primeras frases de Norberto Renzi, su sucesor, que inmediatamente llamó a elecciones.

Además, la cantidad de socios escaseaba, ya que muchos habían dejado de pagar la cuota debido a las pobres campañas futbolísticas. La barra brava solía “visitar” a los jugadores. Y, para colmo, Claudio García, el último ídolo que quedaba en el plantel, sumaba más conflictos que goles.

El 19º lugar en el Apertura y el 17º puesto en el Clausura dejaron al Globo como el conjunto con menor cantidad de puntos en la temporada 1997/98, igualando la línea de Gimnasia y Tiro de Salta, aunque con mejor diferencia de gol. Al año siguiente, Huracán perdería la categoría. Sería un descenso tan anunciado como inevitable.

Porcari Matías

Matías Sebastián Porcari

Prometedor enganche que, a pesar de haber ilusionado con sus condiciones técnicas, no pudo soportar el peso de ser el generador de fútbol de Belgrano. Ni de otros conjuntos.

Corría la temporada 2003/04 del Nacional B cuándo, con solo 18 años, tuvo una rutilante aparición en el Pirata, le otorgaron la responsabilidad de ser la manija del equipo y el entrenador Marcelo Bonetto declaró que iban a ser “Porcari y 10 más”, como para que al pibe le quedara claro que la posibilidad del ascenso dependía pura y exclusivamente de él.

El joven oriundo de Oncativo no aguantó la presión y se fue desinflando hasta despedirse del club en 2007, dejando la sensación de que podría haber sido mucho más de lo que fue.

Antes de eso, se dio el lujo de anotar su único gol en Primera División, en un 3 a 0 sobre Vélez Sarsfield. Fue la misma tarde en la que el Gato Sessa le pidió a un alcanzapelotas que juntara cinco palos verdes para poder conversar con él.

Luego de un préstamo en la CAI (2007/08), cruzó el Río de la Plata para jugar en Fénix, donde tuvo dos etapas (2008/09 y desde 2010 hasta 2012), teniendo además un paso por Danubio (2009/10). Sus habituales cambios de colores recién estaban arrancando.

A principios de 2012 viajó hasta Hungría y se puso la camiseta del Budapest Honvéd, uno de los cuadros más populares de ese país. Sin embargo, casi todas sus apariciones fueron en el equipo filial.

En 2013 volvió a Montevideo, donde tuvo un breve paso por Progreso antes de tener una nueva chance en el este europeo. Esta vez, el destino fue Serbia. ¿Quién lo eligió? El FK Radnički 1923. En su nuevo club jugó apenas 4 partidos y fue dejado en libertad de acción antes de que terminara el semestre.

Tras una prueba no superada en el S.P.A.L. (Italia), Porcari regresó a Uruguay. Esta vez, se puso la camiseta de Juventud de Las Piedras (2014). Allí sufrió una luxación de clavícula que le hizo conocer las bondades de la medicina uruguaya (?).

Inesperadamente, en 2015 tuvo una nueva oportunidad en Primera División, al sumarse al plantel de Olimpo. Junto a Joel Amoroso, fue uno de los primeros refuerzos que tuvo el conjunto de Bahía Blanca. Alfredo Dagna, su presidente, los recibió declarando ante un medio partidario: “son dos jugadores que vienen a sumar. Ahora nos meteremos de lleno en los de más renombre.”

¿Y qué dijo el futbolista? “Cuando salió el fixture, lo primero que hice fue fijarme cuando enfrentábamos a Boca, River y Belgrano”. Porcari sumó 6 minutos contra el Xeneize, se quedó entre los suplentes en el encuentro frente al Millonario y no estuvo entre los convocados ante su ex equipo. En total, fue parte de 11 partidos con el Aurinegro. Un paso con más pena que gloria.

En 2016 vivió su última experiencia en el exterior, al usar los colores de los Potros de Barinas, en la Segunda División de Venezuela. Y así, a los 30 años, le puso fin a su carrera profesional. “El entorno del fútbol me cansó. Tomé la determinación de salir de ese ambiente”, comentó unos años después.

Sin embargo, al año siguiente el Pulga Ríos lo convenció para que siguiera despuntando el vicio en 9 de Julio (Río Tercero), jugando la liga local y el Regional Amateur.

En un ambiente más relajado, aprovechó para estudiar Marketing y reflexionar sobre su paso por Belgrano. “Ojalá hubiera tenido a los 20 años la cabeza que tengo hoy. En mi caso, parecía que ya estaba quemado, que ya me habían dado mil chances, que ya no podía mejorar. Cuando lo normal es que a esa edad un chico recién se esté afianzando en Primera”.

Además, destacó los beneficios de jugar sin dinero de por medio. “Eso hace que se disfrute de muchos rituales, como comer un asado”, indicó. “Un asado comprado, hecho con sacrificio. No es ir a un restorán y que te den todo servido. Acá te lo ganás”.

Buen provecho, Matías. Vos te lo ganaste

Boca 1 – Manchester United 2 (2009)

Como parte de las celebraciones por su centenario, la empresa alemana Audi organizó una competencia con su nombre, convocando a cuatro de los equipos más populares del mundo al estadio Allianz Arena de Múnich.

El primer partido del certamen enfrentaba a Boca Juniors contra el Manchester United. Este amistoso también marcaría el inicio del segundo ciclo de Alfio Basile en el Xeneize.

Los del Coco salieron a la cancha con Abbondanzieri; Medel, Cáceres, Forlín, Morel Rodríguez; Leandro Díaz (Cristian Chávez), Battaglia, Insúa (Gaitán); Riquelme (Marino); Noir (Mouche) y Palermo (Viatri).

Los Diablos Rojos lo hicieron con Kuszczak; O´Shea, Cathcart, Fabio Da Silva (Ebra), Wes Brown; Valencia, Carrick (Fletcher), Anderson (Scholes), Park; Rooney (Nani) y Macheda (Giggs).

Tras una mala primera mitad, en la que el club de la Ribera se marchó al vestuario dos goles abajo (festejaron Anderson y Valencia), en el complemento llegó el descuento del Pocho Insúa. El empate estuvo cerca, sobre todo después de un cabezazo de Palermo que dio en el travesaño.

La Copa Audi continuó jugándose una vez cada dos años, pero sólo en la edición de 2009 un conjunto argentino fue invitado. Aquella vez, Bayern Munich y Milan también participaron. Todos los entrenadores (Leonardo, Louis van Gaal, Alfio Basile y Alex Ferguson) habían compartido la presentación del torneo. ¿Quién habrá invitado los drinks?

Kletnicki con pechera (2016)

Jugadores vestidos de violeta, arquero con ropa azul. Colores diferentes, pero bastante similares. Por lo menos, así lo juzgó el árbitro Pedro Argañaraz antes del comienzo de Nueva Chicago – Villa Dálmine, por la 14ª jornada de la Primera B Nacional 2016.

Su víctima fue Carlos Kletnicki, el 1 del Viola, quien tuvo que cambiarse y lo único que consiguió fue una remera… violeta. ¿Y qué querés? Si es arquero.

Ante la inflexibilidad del juez, y a pesar de que el ex Gimnasia insistía con que en los últimos partidos había usado la camiseta azul con la que había entrado a la cancha, la única solución fue utilizar una pechera amarilla.

“Esto es una vergüenza, parece que estamos en un entrenamiento”, bramaba el 1 del visitante. Y eso que todavía faltaba que le dibujaran el número con una cinta adhesiva.

Finalmente, el partido se jugó en estas condiciones y los de Mataderos se quedaron con la victoria por 6 a 4. Sí, Kletnicki se comió media docena de goles. Todo por culpa de la pechera, obvio.

Villafañe Santiago

Santiago Hernán Villafañe

Lateral derecho que antes de cumplir 20 años ya había ganado la Copa Libertadores y jugaba en el Real Madrid. Sí, esto es tan cierto como la necesidad de leer aquí para tener los mejores consejos en apuestas. Justamente, esta palabra se puede aplicar a los inicios de la carrera de Villafañe: pintaba bien, era tentador ponerle una fichita.

Nacido en Mar del Plata el 19 de mayo de 1988, se incorporó en 2001 a las inferiores de Boca Juniors junto a su hermano mellizo Nicolás. Sin embargo, Santiago sería el único que jugaría en la Primera del Xenieze.

Esto ocurrió en 2007, cuando disputó 4 partidos del Torneo Clausura. Al mismo tiempo, los de Miguel Ángel Russo se adueñaban de la competencia sudamericana más codiciada. Aunque el aún juvenil defensor no había disputado ni un minuto de aquel certamen, festejó igual. ¿Vale? Recontra vale.

Con Hugo Ibarra y Clemente Rodríguez como alternativa en su puesto, las posibilidades de ganarse minutos entre los grandes no eran muchas. Entonces, Villafañe hizo lo que haría cualquiera: irse al Real Madrid.

Lo acompañó Juan Forlín, que jugó poco por conflictos con su pasaporte. Obviamente, no compartieron vestuario con Raúl, Robinho o Sergio Ramos; sino que se limitaron a jugar en el equipo filial, en la Segunda División B.

Tras un par de años en el Castilla, regresó a Boca para ganar un nuevo título. ¿Otra Libertadores? ¿Un torneo local? No, ni cerca. Fue campeón con la Reserva al lado de Josué Ayala, Enzo Ruiz, Guillermo Pol Fernandez, Jonatan Philippe y Nicolás Blandi, entre otros. En aquella temporada 2009/10 disputó sus últimos 3 encuentros con la azul y oro. Desde ese momento, se dedicó a sumar experiencia en distintas ligas y categorías.

En 2011 tuvo un corto paso por el FC Utrecht (Holanda), al que le siguieron unos meses en Independiente Rivadavia (2012). Jugó la Europa League con el FC Midtjylland (2012/13) y fue cedido un semestre al Lyngby BK (2013), ambos de Dinamarca.

Tras volver a su anterior club, entre 2014 y 2015 jugó en el ascenso de Grecia. Esto lo hizo con tres instituciones diferentes: el AOT Alimos, el Panthrakikos FC y el OFI Creta.

En 2016, tuvo una última oportunidad en la máxima categoría del fútbol argentino, cuando firmó contrato con Colón. Su paso por el Sabalero fue muy breve: apenas disputó 7 partidos antes de continuar con sus viajes por Europa.

A mediados de aquel año, se sumaría al RNK Split. “Nunca pensé que jugaría en Croacia. Sin embargo, me hablaron muy bien de la liga y del club. Es un equipo joven, con perspectiva, así que decidí venir”, declaró al llegar.

¿Cómo terminó esta historia? Con el mismo futbolista contando unos meses después que “por problemas económicos del club, me tuve que ir y hacer la denuncia en la FIFA. Lamentablemente en muchos sitios de Europa del Este pasan estas cosas”. Sin embargo, no se fue de la región: siguió sumando vivencias en el PFC Montana de Bulgaria (2017), el Ruch Chorzów de Polonia (2017/18) y el Thesprotos FC de Grecia (2019).

En aquella época, sufrió una enorme pérdida personal: el fallecimiento de su hijo de tres meses, lo que lo alejó un tiempo de las canchas.

En 2020, se produjo su último regreso al país. Desde entonces defiende los colores de J. J. Urquiza, en la Primera B Metropolitana. Allí, puede contarles a sus compañeros que defendió las camisetas de dos de los clubes más populares del mundo. Y no va a estar mintiendo.

Voy Al Arco: Cosmin Moti (2014)

A sabiendas (?) de que el que futbolista de la imagen no es un arquero, sino un jugador de campo improvisado en esa posición, uno imagina que el desaforado festejo fue por algo más que haber descolgado un centro. La algarabía de Cosmin Moti estaba justificada: gracias a su magnífica actuación, el Ludogorets Razgrad de Bulgaria se clasificaba por primera vez a la fase de grupos de la Champions League.

El hecho se consumó de manera épica: tras la derrota por 1 a 0 en el partido de ida frente al Steaua Bucarest, por la última ronda de los play-off, el club búlgaro debía ganar en casa por lo menos por el mismo resultado para forzar el tiempo suplementario. Lo logró, pero con sufrimiento: el único gol del cotejo llegó en el minuto 90. En consecuencia, a jugar media hora más.

A pesar del desahogo sobre el final, el local no la iba a pasar bien durante la prórroga, sobre todo al final de la misma, cuando, por la expulsión del arquero Vladislav Stoyanov, el Ludogorets se quedó con un jugador menos y sin cambios. Ahí apareció este defensor, para hacerse cargo de la situación.

“Ni lo pensé”, afirmó luego. “Cuando me di cuenta de que habíamos usado todas nuestras sustituciones, corrí hacia el banco, hablé con el entrenador y decidimos que ocupe su lugar”. Con la definición por penales encima, se calzó el buzo del guardameta suplente y fue en búsqueda del milagro.

El primer penal lo pateó él. Adentro. Nadie le podría reprochar algo si no lograba desviar por lo menos un remate. “La gran presión estaba sobre los jugadores del Steaua, porque esperaban convertirme”. Sin embargo, Moti tenía una ventaja: “Ellos no me podían estudiar como a un arquero normal, no sabían lo que iba a hacer… en realidad ni yo sabía que iba a hacer”.

La cosa fue que los planetas se alinearon: con un par de atajadas, desató la alocada celebración. ¿Algún condimento más? Sí, el héroe de la jornada era un ex jugador del Dinamo Bucarest, el rival histórico del Steaua, que de esta manera se quedó sin chances de una revancha frente a River en la siguiente Copa Mundial de Clubes.

Mal Pase: Mena a Estudiantes (2015)

Bastante extraña parecía ser la contratación por parte del Pincha de este colombiano sin antecedentes destacados y un CV lleno de pasantías. Zaguero de casi 2 metros de estatura, apodado La Muralla, lógicamente fue presentado como impasable en la parte aérea, justo lo que buscaba Mauricio Pellegrino para reforzar la defensa del equipo.

Con 26 años, ya era un verdadero trotamundos: había pasado por nueve conjuntos de seis países diferentes, aunque en varios solo hizo turismo. Por ejemplo, en 2009 formó parte del plantel de Godoy Cruz sin pisar la cancha ni un minuto. Tampoco tuvo mucho rodaje en otros conjuntos como el Olaria (Brasil), Fénix (Uruguay) o Santiago Morning (Chile).

En fin, la historia dirá (?) que César Augusto Mena Mosquera estuvo unos días en el Country de City Bell, practicó con sus compañeros y casi se sube a un micro rumbo a Mar del Plata para jugar un amistoso frente a Independiente. Pero lo bajaron.

Es que su pase todavía pertenecía al Atlético Huila, que a último momento intentó cambiar las condiciones previamente acordadas. Algo que en La Plata no aceptaron.

Según un comunicado de la institución que comandaba Juan Sebastián Verón, “el jugador no pudo desvincularse del club colombiano por lo que Estudiantes decidió hacer marcha atrás, ante estas condiciones, de su contratación”. Y a Mena no le quedó otra que seguir con su periplo baldosero por otras tierras.