San Lorenzo 0 (4) – Málaga 0 (3) (2015)

En 2013, DIRECTV apostó fuerte por el fútbol y se mandó un torneo llamado Copa Euroamericana. Se trataba de una serie de amistosos entre equipos europeos y sudamericanos, en los que estaba en juego un trofeo que llevaba el auspicio de esa cadena de televisión satelital.

En la primera edición, y también en la siguiente, el representante argentino fue Estudiantes. Para 2015, el anfitrión fue San Lorenzo, que recibió en su estadio al Málaga.

Como el torneo argentino se encontraba en plena disputa, el Patón Bauza decidió darle rodaje a jugadores que habitualmente no tenían muchos minutos. De esta manera, el 30 de julio de aquel año salieron a la cancha Devecchi; Prosperi, Caruzzo (Cardona), Fontanini, Arias; Kalinski, Quignon; Catalán (Montagna), Barrientos (Elizari); Rolle (Ávila) y Blandi (Barbaro).

Por su parte, el conjunto español lo hizo con Pol; Rosales (Torres), Angeleri, Filipenko, Juankar; Tissone, Recio, Horta (Pablo Fornals); Espinho (Ontiveros), Amrabat (Duda) y Cop (Charles).

Ante un puñado de espectadores que se animaron al frío, el juego se desarrolló por los carriles esperados: pocas situaciones de gol, muchas imprecisiones y un empate en cero que llevó la definición a los penales, en los que el dueño de casa se quedaría con la victoria.

Sin embargo, lo más destacado de la noche fue la aparición de un objeto en el cielo de Buenos Aires, visto mientras se jugaba el partido. ¿Un meteorito? ¿Basura espacial? ¿Un satélite de la compañía que auspiciaba el encuentro? En ese momento, nadie podía afirmarlo con certeza.

Lo cierto es que la tonalidad verde del bólido coincidía con el buzo del arquero de San Lorenzo. Y, como este fue figura al atajar un penal con el pecho, tuvo un premio extra: se ganó el fugaz apodo de Cometa Devecchi. Otra muestra de la creatividad de los hinchas del Ciclón.

Barracas Central smoking (2016)

Una vestimenta especial, para un momento especial. Es que 112 años no se cumplen todos los días. Y Barracas Central lo celebró con un atuendo apropiado (?) para la ocasión: su camiseta asemejaba ser un smoking que combinaba saco negro y camisa con los colores tradicionales del club. Algo que, si bien no era la primera vez que se veía en las canchas (Cultural Leonesa de España ya había usado una prenda similar), resultaba ser bastante atrevido para la B Metropolitana.

A diferencia del caso español, lo del Guapo iba más allá del marketing. O por lo menos eso aseguraban desde Il Ossso, la marca que confeccionó la vestimenta. “Para nosotros y para los que entienden el significado, se siente como algo muy especial, que habla de la historia del club. La camiseta representa los comienzos, como se jugaba antes, cuando era una diversión jugar a la pelota.”

Este modelo vio la luz el 8 de abril de 2016, en la derrota 1 a 0 frente a Atlanta, aunque solo fue utilizado durante el primer tiempo.

Ni siquiera Chiqui Tapia rompió la sorpresa al publicar un recordatorio del partido con una cuidada publicación en Twitter, ya que la parte frontal de las camisetas no se distinguían. Un detalle que seguramente sirvió para que llegue a la presidencia de la AFA.

Reichel Martín

Martín Reichel

Delantero que pasó la mayor parte de su vida deportiva en Alemania, alcanzando su plenitud entre los últimos años del Siglo XX y los primeros del Siglo XXI. Disputó varios Mundiales y fue convocado a un Juego Olímpico. En su país, es considerado uno de los mejores de la historia en su posición.

¿Acaso esa descripción corresponde a Martín Reichel? Casi: es el mismo nombre, pero sin tilde: Martin Reichel. Así se llama un laureado jugador de hockey sobre hielo alemán. Su tocayo argentino tuvo menos éxito en el deporte, a pesar de haber recibido la bendición de Gustavo Alfaro.

Este momento se produjo el 17 de junio de 2007, cuando vistiendo la camiseta de Arsenal ingresó por Javier Gandolfi en un duelo ante Estudiantes. Aquel partido, por la última fecha del Torneo Clausura, finalizó empatado. Esta igualdad clasificó a los de Sarandí a la Copa Sudamericana que ganarían unos meses más tarde.

Sin embargo, Reichel, que habitualmente jugaba como marcador de punta, no se pudo colgar esa medalla: fue confinado a la reserva hasta que quedó libre en 2010, año en el que regresó a su Gualeguaychú natal para sumarse a Juventud Unida.

Allí disputó el Torneo Argentino B y formó parte del plantel que consiguió el ascenso en 2013, aunque a esa altura su participación era cada vez menor debido a las lesiones, algo que lo llevó a colgar los botines.

¿Lo más destacado en su paso por el under del interior? Haber participado de una hermosa batalla campal frente a Argentinos de 25 de Mayo, en 2011.

Aquella gresca terminó con más de 20 jugadores sancionados, entre ellos Reichel, a quien le correspondieron 4 fechas de suspensión. Riñas como estas suelen verse en… el hockey sobre hielo. El destino ya estaba escrito: Martín Reichel y Martin Reichel, separados al nacer.

Huracán (1998/99)

A la distancia, se puede decir que no faltaban buenos jugadores. Sin embargo, a pesar de Luis Islas, Marcos Ánguila Gutierrez, Martín Ríos, Sebastián Morquio, Rodolfo Graieb, Gustavo Chacoma, Daniel Garipe, Lucho González, Raúl Peralta, Sixto Peralta, Daniel Montenegro, Gastón Casas y Andrés Silvera, era una utopía que aquel equipo se salvara del descenso.

Para sus rivales, enfrentar a Huracán durante aquella temporada fue un lindo entretenimiento, algo tan divertido como el uso de este Código de registro Luckia, donde las oportunidades de juego son interminables.

Antes de arrancar, las campañas anteriores (había sido 18º en 1996/97 y 19º en 1997/98) ubicaban al Globo bien al fondo en la tabla de los promedios. Para colmo, la mayor parte del plantel era un rejunte de refuerzos sin categoría y pibes que fueron incinerados en búsqueda del milagro.

¿Algunos de estos nombres? Ariel Graña, Leonardo Asencio, Gustavo Artaza, Juan Contreras, Marcos Barlatay, Mariano Toedtli, Alfredo Torres, Cristian Fernández, Roberto Chaparro y Pablo Calandria, entre otros.

También se destacaba Fernando Ávalos, un defensor que había tenido un rendimiento tan bajo que obligó (?) a algunos hinchas Quemeros a publicar una solicitada en el diario Clarín. Allí, simplemente se le pedía a los entrenadores: “Por favor, no pongan más a Ávalos (ni en el banco)”.

Con Oscar López y Oscar Caballero como dupla técnica, Huracán fue 18º en el Torneo Apertura. Lo más recordado de ese semestre fueron un triunfo por 4 a 3 ante River en el Monumental y la camiseta adidas sin publicidades, pero con la inscripción “Huracán es de primera”. Así era, aunque no por mucho tiempo más.

A pesar del caos deportivo e institucional (el club estaba en convocatoria de acreedores y al borde de la quiebra), la ilusión era lo último que se perdía. Y mucho más cuando la pretemporada regaló un resultado sorprendente: una victoria ante la Selección Argentina de Marcelo Bielsa que se preparaba para su debut oficial.

Sin embargo, la realidad volvió a golpear cuando hubo que jugar por los puntos. El rendimiento del equipo fue tan malo que a falta de seis fechas para el final del Torneo Clausura ya estaba condenado. Para colmo, durante varios partidos no contó con sus principales figuras, el Mumo Peralta y el Rolfi Montenegro, que estaban jugando el Mundial Sub-20.

Los dirigidos por Carlos Babington ocuparon la 20ª posición al finalizar este certamen: por primera vez en su historia, Huracán terminaba un torneo en el último lugar. Y así, el Nacional B le daba la bienvenida.

Atlético de Rafaela (Apertura 2003)

Cuando un equipo logra un ascenso tiene dos opciones básicas: mantener el plantel o reforzarse sin ton ni son (?). Para disputar el Torneo Apertura 2003, Atlético de Rafaela se inclinó por la segunda, manteniendo algunos nombres de la campaña anterior. Una mezcla que podía salir bien, regular, mal, pésima o desastrosa. ¿Qué salió? Una combinación de todas ellas.

La mira estuvo puesta en traer jugadores que no se achiquen en los grandes escenarios, dejando un poco de lado a los hombres que habían obtenido el título en el Nacional B. Con esta premisa, llegaron apellidos como Alacón, Comizzo, Di Lorenzo, Miliki Jiménez, Larrosa, Norberto Testa, Gabriel L*b*s y Emanuel Villa.

En la imagen, la formación que cayó 2 a 0 frente a Boca por la 9ª fecha. De pie: Bovaglio, Rodas, Lobos, Comizzo, Testa y Larrosa. Hincados: Araujo, Forestello, Di Lorenzo, Iván Juárez y Del Bono. También jugaron ese torneo Ezequiel Medrán, Ignacio Celaya, Hugo Barrientos, Fabricio Sánchez Varela, Darío Gandín y Franco Mendoza, entre otros.

La campaña no fue buena. Mejor dicho, fue bastante mala: finalizó con 17 puntos, en la anteúltima posición, con 3 partidos ganados, 8 empatados y 8 perdidos. Además, por el banco de suplentes pasaron tres entrenadores: Cachín Blanco desde el inicio hasta la 13ª jornada, Alejandro Zurbriggen en la 14ª y Osvaldo Piazza desde la 15ª hasta el final.

La segunda parte de la temporada sería mejor para la Crema, aunque no lo suficientemente exitosa como para evitar la Promoción, en donde perdería su lugar en la categoría frente a Huracán de Tres Arroyos.

Voy Al Arco: Villán (2010)

No es tarea fácil reconocer a los tres futbolistas de la imagen. Por el paso del tiempo, claro. Aunque también por el cambio en la fisonomía de los protagonistas.

El más sencillo es quien está en primer plano: se trata del Churry Cristaldo, protagonista absoluto de la fotografía. ¡Qué flaquito!

Los otros son más complicados de identificar. El hombre que está a la derecha de la pantalla es un irreconocible Carlos Quintana, sin pelo ni barba.

Y el otro es Leonardo Villán, un defensor que disputó 15 partidos en Primera División antes de deambular por el ascenso. En uno de esos encuentros, terminó jugando en una posición extraña para él.

Fue en la derrota de Huracán por 2 a 0 ante Vélez, el 8 de diciembre de 2010. Cuando se jugaban 36 minutos del segundo tiempo, este joven zaguero (tenía 18 años) ocupó el lugar de Gastón Monzón, expulsado por tocar la pelota fuera del área. El Globo caía por la mínima diferencia, hasta que se ejecutó ese tiro libre.

Víctor Zapata se hizo cargo del remate y Villán evitó el gol dando un rebote que fue capturado por Santiago Silva. El disparo del uruguayo dio en el travesaño, pero Cristaldo se encontró con ese balón y marcó el resultado definitivo. Unos segundos después, vino el click de los fotógrafos para hacer esta historia posible (?).

Espanyol 3 – Boca 1 (2011)

El Trofeo Ciudad de Barcelona, organizado por el R. C. D. Espanyol, se trataba de un enfrentamiento previo al comienzo de la temporada europea entre el cuadro local y un invitado, generalmente del mismo continente. Algo así como el hermano menor del Joan Gamper.

La edición del 27 de julio de 2011 tuvo como partenaire a un equipo sudamericano, algo que no sucedía desde 1993. Boca Juniors, que iniciaba una gira que lo llevaría a jugar frente al Arsenal y al PSG, era el otro participante de aquel encuentro.

Los Periquitos, entrenados por Mauricio Pochettino, salieron a la cancha con Cristian Álvarez; Galán, Héctor Moreno, Forlín, Dídac; Javi Márquez, Javi López; Luis García, Albín, Verdú y Osvaldo. Luego ingresaron Baena, Sergio García, Dátolo, Víctor Álvarez, Raúl Rodríguez, Thievy y Clerc.

Por su parte, la alineación inicial que propuso Julio Cesar Falcioni fue Orión; Roncaglia, Schiavi, Insaurralde, Clemente Rodríguez; Rivero, Somoza, Erviti; Riquelme; Cvitanich y Viatri. En el segundo tiempo, tuvieron minutos Franco Sosa, Colazo, Araujo y Chávez.

A pesar de que Cvitanich puso en ventaja al Xenieze, el Espanyol lo dio vuelta de la mano de Daniel Osvaldo, la figura de aquella jornada. El argentino inventó un penal y convirtió dos goles (el otro fue de Verdú). En una muestra de su amor por la azul y oro, no gritó sus tantos y hasta pidió perdón.

Años más tarde, vestiría esa camiseta con la que convirtió algunos goles, le rompieron la ilusión a su sobrino, se fue y volvió, hasta colgar los botines (provisoriamente) después de fumarse un cigarrillo en el vestuario. Y todo para que quede en el olvido la noche en la que fue el verdugo del club de su corazón.

Temperley de gris (2011)

Mala tirando para pésima fue la campaña de Temperley en la temporada 2010/11 de la Primera B Metropolitana. No convenció su rendimiento, tuvo flojos resultados y terminó 18° entre 22 equipos.

Su indumentaria estuvo a la altura de las circunstancias: arrancó el torneo sin publicidad pero pidiendo socios y terminó vistiendo de gris, como para estar al tono de lo que fue un año mediocre.

Por lo menos, la extraña camiseta tenía vivos y números celestes. Porque con los colores tradicionales no se jode (?).