Passarella sin logo Olimpia (1981)

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A principios de los 80’s, la marca Olimpia se hizo cargo de la vestimenta de River Plate, entregando una indumentaria sobria, clásica, sin demasiadas variaciones con los modelos anteriores, de la firma Topper. De hecho, a lo largo de 1981, cuando su logo comenzó a aparecer constantemente en las prendas, no puede corroborarse un diseño uniforme, existiendo camisetas con el cuello con solapa o redondo, además de diferencias en el grueso de la banda roja, incluso en el diseño mismo del logotipo.

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Lo que sí fue una constante, tanto en el Torneo Metropolitano como en el Nacional, fue la ausencia de la marca en el pecho de Daniel Passarella. ¿Capricho del defensor? ¿Exclusividad con Adidas? Lo cierto es que El Gran Capitán siempre buscó ser distinto. Aunque sea, por un detalle en la vestimenta.

El Bulldog de Nacho González (1996)

Todos asociamos el bulldog amarillo con el buzo negro de Chilavert, pero hubo otras versiones que le pusieron color al fútbol argentino. Hoy nos ocupamos del caso Nacho González.

Se terminaba 1996 y el diseñador Oscar Tubío, el dueño del mítico El Jardín de Oscar, había terminado su relación con el 1 paraguayo. Al mismo tiempo, buscaba encontrar una imagen nueva para despegar al bulldog de Chila. Fue entonces cuando se reunió con el arquero de Racing, Ignacio González, para darle una vuelta a la figura que ya habían lucido, entre otros, Carlos Monzón y Leopoldo Jacinto Luque.

En aquel entonces, Nacho estaba en ascenso. Venía pateando (y convirtiendo) los penales en La Academia y se lo mencionaba para ocupar el arco de la Selección, cosa que terminaría ocurriendo. Fue así como a finales de ese año, se puso en marcha el acuerdo, que incluyó una renovación del histórico perro, que no abandonó su cara de malo, pero sí abrió la boca (?).

El estreno se produjo en la 15º fecha del Apertura ’96, cuando el cuadro de Avellaneda se impuso 4 a 2 ante Boca, en el Cilindro. Tres días más tarde, volvió a salir a la cancha en el recordado triunfo 4 a 3 de River ante Racing, cuando el Burrito Ortega desobedeció el cambio ordenado por Ramón Díaz. En ambos encuentros, Nacho convirtió de penal, pero la cosa duraría poco.

¿Qué pasó después? González volvió a sus habituales buzos de la firma Uhlsport y el bulldog, ya en su formato original, se mudó al pecho del Mono Germán Burgos, pero eso será historia de otro post.

Argentina con números distintos (1978 y 1986)

¿Qué es lo más necesario para ser campeón del mundo? ¿Tener a los mejores jugadores? ¿Una buena táctica? ¿Rivales más accesibles que otros? Una combinación de estos factores sería ideal, aunque nunca hay que descuidar aspectos externos que sin duda aportan lo suyo: los viajes, la alimentación, el peso en la FIFA (?) y, por supuesto, las cábalas. O, como prefieren decirles algunos, las costumbres.

A más de 30 años de la última vuelta olímpica argentina en un Mundial, la búsqueda de rituales que ayuden a conseguir el gran objetivo se repite sin llegar al resultado deseado. Hinchas, jugadores, técnicos, dirigentes: todos tienen algún método que creen infalible, y que parece funcionar, hasta que se cruza Alemania (?).

Una de estas tradiciones que suponemos que ayudará para traernos la Copa tiene que ver con la vestimenta. Así, se trata de repetir lo hecho en las últimas conquistas. Por ejemplo, la empresa que viste a la Selección imitó el diseño de la camiseta usada en 1986 para el Mundial de 2010, y todo estaba en orden hasta que nos comimos el chamuyo de los alemanes. Sin embargo, hay un detalle que parece haber pasado desapercibido en esto de camuflarse con la mística del 78 y del 86: cambiar el diseño de los números en pleno desarrollo de la Copa del Mundo. Una situación que por diferentes motivos se dio en los últimos planteles campeones, y jamás se repitió.

En 1978, durante los primeros tres partidos correspondientes a la primera fase, la camiseta argentina mostró los distintivos números que lucían los equipos vestidos por Adidas. Estos dígitos estaban formados por tres líneas separadas, en clara alusión a la marca. El resultado era prolijo en prendas como las de Brasil, Francia o Perú, pero no tanto en la de Argentina: al ser una vestimenta que no tenía un color liso sino que mezclaba el celeste y el blanco, era complicado distinguir el número desde lejos. ¡Menos mal que no relataba Vilouta!

Haya sido por un pedido del periodismo o para cambiar una mala racha (casualmente, ese diseño se dejó de utilizar luego de la derrota ante Italia), a partir de la segunda fase se utilizaron números “con relleno“: un color sólido tapó las líneas sin que la casaca pierda identidad.

La tesis (?) de apuntar a estos pormenores como método infalible para ser campeones viene con bonus track en el capítulo referido a este certamen. Se trata del detalle en el pantalón del Pato Fillol: si se agudiza la vista, puede apreciarse que el 5 no tiene el mismo formato que el del resto de sus compañeros. Durante toda la Copa, el arquero usó esta prenda, cuya cifra parece estar hecha con una cinta, resultando bastante diferente a la de sus compañeros, que mantuvieron durante los siete partidos el dígito formado por las tres líneas en sus cortísimos shorts. Atención Caballero, Armani y Guzmán: esto es responsabilidad de ustedes.

Ocho años después, el cambio fue más drástico: en el encuentro frente a Inglaterra se usaron un par de juegos de camisetas (una para cada tiempo) compradas de apuro en México. Eran de marca Le Coq Sportif, pero no tenían escudos ni números, por lo que empleadas del América, donde concentraba la Selección, debieron implantarles estos elementos de apuro. Si hay texto, hay video (?):

El cambio en los números con respecto al partido frente a Uruguay, cuando se usó la prenda oficial, fue drástico: color, tamaño, diseño y hasta deporte, ya que según los testigos eran de un juego de camisetas de fútbol americano. A pesar de este contratiempo (¿o, tal vez, gracias a este contratiempo?) Argentina siguió su camino hasta levantar la Copa.

En fin, Sampaoli y compañía ya están avisados. A la mierda con Agüero o Higuaín, que la chupe (?) el 2-3-3-2: lo más importante es encontrar el momento justo para meter un volantazo y que la espalda de los jugadores luzca diferente al partido anterior. Ahí esta es la clave para que Messi se consagre.

Racing con Taiyo, Bizarri con Topper (1998)

bizarri 1998

Ya sobre el final de los años 90, la mayoría de los arqueros habían dejado de tener total libertad  a la hora de vestirse, para ceñirse a lo que ofrecía el sponsor técnico. Claro que hablamos del caótico Racing de Daniel Lalín y entonces todo era posible. Incluso, que un arquero usara un buzo que atrasaba un año.

A comienzos de 1998 y en pleno torneo de verano, el cuadro de Avellaneda todavía seguía usando indumentaria Topper, aunque su vínculo ya estaba terminado. ¿Sponsor técnico? Se buscaba. Mientras tanto, había que improvisar.

Ya para el Clausura de ese año, Racing estrenó su curioso modelo marca La Academia, que en realidad era confeccionado por Taiyo, aunque no bordaba su marca en el pecho. ¿Y el arquero? Ahí vamos.

En el apuro por terminar las camisetas, olvidaron que dentro de los 11 titulares había uno que se vestía diferente. Así fue como Albano Bizarri volvió a mostrar aquel buzo Topper con un gran parche de Multicanal en el frente.

La formación de la foto corresponde al partido jugado frente a Vélez (debut de Ángel Cappa como DT de la Academia), por la primera fecha del Torneo Clausura 1998. A partir de la segunda jornada, el joven guardameta ya luciría la vestimenta actualizada, quedando en composé (?) con sus compañeros.

J. J. Urquiza celeste, verde y amarilla 2011/12

¿Qué estarían pensando los diseñadores de Paso a Paso Sport cuando hicieron la camiseta suplente de la Asociación Social y Deportiva Justo José de Urquiza para la temporada 2011/12? Históricamente asociado al celeste (con detalles en blanco), J. J. Urquiza no pudo escaparle a la experimentación, tan frecuente en estos tiempos, en su casaca alternativa, tradicionalmente blanca o negra con detalles en celeste.

Lo que nadie imaginaba, claro, era que el celeste estuviera acompañado por ¡el amarillo y el verde! Una combinación a la que no se animó ni el O’Higgins de Chile, que tiene esos colores en su escudo.

Probablemente, semejante espanto encandiló a los rivales y llevó a Jota Jota a ganarse un lugar en el reducido por el segundo ascenso a la B Metropolitana, en el que cayó en cuartos de final ante Dock Sud.

Sin embargo, no se trataba de la primera vez que el amarillo y el verde se unían en la camiseta del club de Caseros. Don Balón ya lo había hecho, con muchísimo más criterio, en la temporada 2003/04, en un clarísimo choreo homenaje a la casaca que Brasil utilizó en la Copa del Mundo de Corea y Japón 2002.

Estudiantes de Buenos Aires violeta (2016)

Se puede aguantar un logo de tamaño desproporcionado. Se alcanza a tolerar un parche que tape al auspiciante anterior. Se intenta soportar que los colores de la marca se mantengan inmaculados aunque no tengan nada que ver con el resto de la camiseta. Pero lo que hizo La Nueva Seguros con Estudiantes de Buenos Aires en 2016 traspasó todos los límites. Está comprobado que esta compañía se dedica básicamente a arruinar camisetas, aunque nunca había llegado a este punto: al estampar su nombre en una camiseta violeta, transformó a los futbolistas en imitadores del inigualable Oso de La Nueva Seguros.

Al menos los pantalones y las medias eran blancas. Porque era ese el único detalle que faltaba para que los jugadores salieran a las calles de Caseros a repartir folletos de su auspiciante. Ojo: cuando al arquero le tocaba usar este color (y sus compañeros se vestían con la camiseta blanquinegra tradicional), lo hacía con un combinado monocromático, quedando a imagen y semejanza de una de las mascotas más pintorescas que haya pisado las canchas del ascenso.

Esta vestimenta duró muy poco, aunque al año siguiente las artimañas del marketing (?) se hicieron nuevamente presentes, cuando el Pincha cambió la marca de indumentaria: le dijo adiós a Sport 2000 y le dio la bienvenida a Il Ossso. Como para que el mensaje subliminal quede bien claro.

San Miguel con pecheras (2016)

Si un equipo de camiseta verde y blanca se enfrenta a otro de camiseta verde y blanca, uno de los dos debería usar una prenda alternativa. Esta norma, basada tanto en el reglamento como en el sentido común, se puede romper si el partido es válido por un torneo de ascenso, la dimensión donde todo es posible.

Para disputar su encuentro por la 7º fecha del campeonato de la Primera C, tanto San Miguel como Laferrere solo contaban con su clásico atuendo, de colores y diseño similares. Lo que en un país de verdad (?) hubiese sido tomado como un bochorno, en Argentina no pasó de una situación curiosa. Y de rápida solución: el local se vistió con unas pecheras rojas, apenas cortadas por la marca que lo vestía, sin escudo ni números (para diferenciar a los jugadores alcanzaba con los del pantalón).

De esta manera, el Trueno Verde jugó los 90 minutos, en los que consiguió un triunfo valioso. Para horror de los cabuleros, las pecheras no volvieron a aparecer como vestimenta de juego. No fueron necesarias: en esa misma campaña, los de Los Polvorines obtendrían el ascenso a la Primera B Metropolitana, ya vistiendo sus colores habituales.