J. J. Urquiza celeste, verde y amarilla 2011/12

¿Qué estarían pensando los diseñadores de Paso a Paso Sport cuando hicieron la camiseta suplente de la Asociación Social y Deportiva Justo José de Urquiza para la temporada 2011/12? Históricamente asociado al celeste (con detalles en blanco), J. J. Urquiza no pudo escaparle a la experimentación, tan frecuente en estos tiempos, en su casaca alternativa, tradicionalmente blanca o negra con detalles en celeste.

Lo que nadie imaginaba, claro, era que el celeste estuviera acompañado por ¡el amarillo y el verde! Una combinación a la que no se animó ni el O’Higgins de Chile, que tiene esos colores en su escudo.

Probablemente, semejante espanto encandiló a los rivales y llevó a Jota Jota a ganarse un lugar en el reducido por el segundo ascenso a la B Metropolitana, en el que cayó en cuartos de final ante Dock Sud.

Sin embargo, no se trataba de la primera vez que el amarillo y el verde se unían en la camiseta del club de Caseros. Don Balón ya lo había hecho, con muchísimo más criterio, en la temporada 2003/04, en un clarísimo choreo homenaje a la casaca que Brasil utilizó en la Copa del Mundo de Corea y Japón 2002.

Estudiantes de Buenos Aires violeta (2016)

Se puede aguantar un logo de tamaño desproporcionado. Se alcanza a tolerar un parche que tape al auspiciante anterior. Se intenta soportar que los colores de la marca se mantengan inmaculados aunque no tengan nada que ver con el resto de la camiseta. Pero lo que hizo La Nueva Seguros con Estudiantes de Buenos Aires en 2016 traspasó todos los límites. Está comprobado que esta compañía se dedica básicamente a arruinar camisetas, aunque nunca había llegado a este punto: al estampar su nombre en una camiseta violeta, transformó a los futbolistas en imitadores del inigualable Oso de La Nueva Seguros.

Al menos los pantalones y las medias eran blancas. Porque era ese el único detalle que faltaba para que los jugadores salieran a las calles de Caseros a repartir folletos de su auspiciante. Ojo: cuando al arquero le tocaba usar este color (y sus compañeros se vestían con la camiseta blanquinegra tradicional), lo hacía con un combinado monocromático, quedando a imagen y semejanza de una de las mascotas más pintorescas que haya pisado las canchas del ascenso.

Esta vestimenta duró muy poco, aunque al año siguiente las artimañas del marketing (?) se hicieron nuevamente presentes, cuando el Pincha cambió la marca de indumentaria: le dijo adiós a Sport 2000 y le dio la bienvenida a Il Ossso. Como para que el mensaje subliminal quede bien claro.

San Miguel con pecheras (2016)

Si un equipo de camiseta verde y blanca se enfrenta a otro de camiseta verde y blanca, uno de los dos debería usar una prenda alternativa. Esta norma, basada tanto en el reglamento como en el sentido común, se puede romper si el partido es válido por un torneo de ascenso, la dimensión donde todo es posible.

Para disputar su encuentro por la 7º fecha del campeonato de la Primera C, tanto San Miguel como Laferrere solo contaban con su clásico atuendo, de colores y diseño similares. Lo que en un país de verdad (?) hubiese sido tomado como un bochorno, en Argentina no pasó de una situación curiosa. Y de rápida solución: el local se vistió con unas pecheras rojas, apenas cortadas por la marca que lo vestía, sin escudo ni números (para diferenciar a los jugadores alcanzaba con los del pantalón).

De esta manera, el Trueno Verde jugó los 90 minutos, en los que consiguió un triunfo valioso. Para horror de los cabuleros, las pecheras no volvieron a aparecer como vestimenta de juego. No fueron necesarias: en esa misma campaña, los de Los Polvorines obtendrían el ascenso a la Primera B Metropolitana, ya vistiendo sus colores habituales.

Fidel Castro con pechera (2015)

No, no hablamos del líder cubano. Hacemos referencia al arquero uruguayo de Unión, Matías Fidel Castro, que allá por agosto de 2015 intentó continuar una revolución que habían llevado adelante Fabián Assman y tantos otros: atajar con una pechera.

Nacido en Canelones en 1987, Castro atajó en Liverpool (2009 a 2013), antes de recalar en el Tatengue, donde consiguió el ascenso a Primera y jugó algunos pocos partidos en Primera, a la sombra del histórico Nereo Fernández.

Fue así que, aprovechando esa fugaz titularidad, sacó su chapa de su estilo revolucionario y se puso una pechera amarilla para actuar ante Tigre, por la fecha 21 del torneo de 2015. ¿Las razones? Su camiseta azul se confundía con la del Matador. Y la que llevaba abajo, una roja, no se diferenciaba de la de sus compañeros. ¡Ni número le pusieron!

Con esa prenda, Castro no pudo impedir la victoria local por 2 a 1 y tiró la bronca, dejando en claro que no había sido idea suya: “Los árbitros se ponen celosos con la indumentaria y no le convencía que atajase con la roja o con la azul que tenemos de alternativa. No lo entendí a Rapallini y se lo hice saber”.

Así fue como volvió al banco, esperando tiempos mejores y repitiendo como un mantra la frase del Fidel original: “Si salgo, llego; si llego, entro; si entro, triunfo”.

Atlético de Rafaela con cuello gigante (2013/14)

Tal vez, el peor cuello que hayamos visto alguna vez en una camiseta de fútbol. Es que ni siquiera parecía un cuello, sino más bien simulaba ser un babero o un pañuelo blanco, que de alguna manera rompía una simple camiseta alternativa de Atlético de Rafaela.

¿Antecedentes? Pocos. Aquella casaca de Gales (2006/07) que usaron Giggs y Bale tenía un cuello desproporcionado, pero la de La Crema fue superadora.

La indumentaria, presentada por Reusch en junio de 2013, fue utilizada en varios partidos de la temporada 2013/14, por jugadores como el Polaco Bastía, Juan Eluchans, Viruta Vera y Lucas Albertengo. La figura que inmortalizó esa camiseta, sin embargo, fue otra.

Aquel plantel rafaelino tuvo que afrontar un partido desempate ante Colón de Santa Fe, para definir cual de los dos se iba al descenso. Ese día, en la cancha de Central, Depetris le dio la salvación a los azules y el que terminó en andas fue el Chino Garcé, que se despedía del fútbol y no pudo aguantar las lágrimas. A llorar a la iglesia.

Schiavi con nombre y número dorado (2012)

Estaban hechos el uno para el otro. Rolando Carlos Schiavi tenía 28 años cuando Boca Juniors se lo compró a Argentinos Juniors en 900 mil dólares para reemplazar al colombiano Jorge Bermúdez. El Flaco llegó y en su debut extraoficial ante la Roma la rompió y los tanos quisieron llevárselo.

Actuó con la camiseta azul y oro hasta fines de 2005. En el medio, escribió el manual de cómo debe defender el 2 de Boca. Se marchó siete títulos después, dos locales y cinco internacionales. Pasó por Hércules de España, Grêmio de Brasil, Newell’s Old Boys y Estudiantes LP, y regresó a su casa a mediados de 2011 para consagrarse campeón invicto.

Rolo le puso punto final a su carrera en el Xeneize ante Godoy Cruz, en La Bombonera, por la última fecha del torneo Inicial 2012. Esa tarde, el equipo de Julio César Falcioni derrotó al Tomba por 2 a 1 (goles de Pol Fernández y Nicolás Blandi; Armando Cooper había puesto en ventaja a los mendocinos) y Schiavi vistió una casaca con un detalle: el número 2 y su apellido en dorado, tal como lo había hecho Martín Palermo con el 9 un año y medio antes.

Pese a que en un principio había anunciado su retiro del fútbol, semanas más tarde, el oriundo de Lincoln se incorporó al Shanghái Shenhua de China, donde jugó algunos meses dirigido por el Checho Batista, hasta que en octubre de 2013 se despidió de las canchas para sumarse al cuerpo técnico del Titán.

Aldosivi Piel de Tiburón (2015)

Recién llegado a Primera División y con la expectativa de hacer mucho ruido, al menos desde lo estético, allá por mayo de 2015 Aldosivi de Mar del Plata presentó su nueva indumentaria, compuesta por su tradicional casaca titular, una suplente blanca y amarilla, una tercera negra, y una cuarta denominada Piel de Tiburón por la gente de Kappa. ¿Qué pasó con esa casaca?

En un principio, muchos pensaron que ese inédito diseño que rendía homenaje al apodo del conjunto del Puerto sólo sería utilizado por el arquero. Es más, el 1 Pablo Campodónico fue el modelo en su presentación. Claro que no fue el único.

Unos meses más tarde, específicamente el 9 de noviembre de ese año, la pilcha gris salió a la cancha por primera y última vez en la grama bahiana de Misiones, ante el descendido Crucero del Norte. Con la Piel de Tiburón, los marplatenses ganaron 2 a 0 en la última fecha de aquel torneo de 30 equipos.

Vélez con besos (2012)

La década había arrancado bien para Vélez Sársfield. Venía de meter el título del Clausura 2011 y semifinales en dos torneos internacionales: Libertadores y Sudamericana. Había material para seguir ganando cosas. El Fortín estaba dulce. Demasiado. Tanto, que empalagaba.

A comienzos de 2012, a la gente de Topper se le ocurrió lanzar una movida marketinera para enamorar a sus hinchas. ¡¿Qué?! La idea consistía en que los fanáticos de la V azulada ingresaran al sitio miamorporvelez.com para estampar un beso virtual (?) a la camiseta. ¡¿Cómo?! Así como leen. A través de una webcam, los hinchas podían besar sus colores con la ilusión de ser una de las 11 bocas (?) seleccionadas para salir a la cancha, con nombre y todo, en la semana de San Valentín.

La propuesta, bastante llamativa para el ambiente del fútbol, no tardó en tener repercusión en las redes sociales, aunque no de la manera esperada por la marca. En Twitter, los simpatizantes de los demás equipos se burlaron del cuadro de Liniers con el HT #LaBandaDelLabial y la acción quedó en la nada.

La camiseta de los besos nunca fue utilizada y a San Valentín se le rompió el corazón.