Aldosivi «Gracias Tandil» (2001)

El viejo Torneo Argentino A reunió, durante dos décadas (1995 a 2014), a muchos de los equipos más populares, y otros no tanto, de las ligas regionales, que intentaban año tras año subir a la Primera B Nacional. El camino era durísimo, con viajes largos, presupuestos cortos, canchas complicadas y muchas veces con un solo ascenso como premio. Y claro, también estaban los obstáculos inéditos.

En enero de 2001, Aldosivi de Mar del Plata arrancaba una nueva ilusión dirigido por Alejandro Giuntini. En sus filas, tenía jugadores como el ex Boca Andrés Bogado, el ex Lanús Claudio Lacosegliaz y el colombiano Graceliano Mosquera, un lateral por izquierda que perdió la vista de un ojo en ese torneo y tuvo que dejar de jugar al fútbol gracias a un artero golpe que le aplicó el delantero Mariano Martínez, de Belgrano de Santa Rosa.

Más allá de los futbolistas de escaso renombre, el principal enemigo del Tiburón en esa oportunidad fue su propia ciudad, que le dio la espalda cuando el club se vio acorralado por la utilización del estadio José María Minella para el Mundial de Seven de Rugby, los excesivos costos de los operativos policiales en plena temporada de verano y las exigencias del organismo de seguridad de la Provincia, el COPROSEDE, comandado por el ex árbitro Javier Castrilli.

Aldosivi tenía que hacer de local, pero no tenía cancha. Y ninguno de los otros estadios de la ciudad eran habilitados. Le buscaron la vuelta y finalmente la encontraron, jugando lejos de Mar del Plata: a 170 kilómetros.

Tandil fue la ciudad que abrió las puertas, prestando el Estadio Municipal General San Martín (ahí jugó Ronaldinho en el Sudamericano sub 20 de 1999), para que el equipo marplatense recibiera a Luján de Cuyo por la 4º fecha del Torneo Argentino A.

Según las crónicas, unos 350 hinchas acompañaron al equipo del Puerto y colocaron una bandera que decía: «MDP, metete el estadio en el culo». Clarito.

Y si bien los mendocinos ganaron 2 a 0, el detalle inolvidable para los de Aldosivi es la camiseta alternativa de la marca Envión que usaron ese día, con la leyenda «Gracias, Tandil».

Mientras tanto, ese mismo 28 de enero por la noche, el Estadio Minella se vio colmado para celebrar la presencia del all black Jonah Lomu y el tercer puesto de Los Pumas en el rugby de 7 jugadores. Algo más marketinero, para la gente bien, que el viejo y querido Torneo Argentino A.


Créditos de la foto: Diario La Capital.

Bochini medias diferentes (1989)

Desde tiempos inmemoriales existen preguntas cuyas respuestas han generado divisiones insalvables. ¿Las empanadas llevan pasas de uva? ¿Cómo se tiene que colocar el papel higiénico? ¿Se pueden subrayar los libros?

En el ámbito deportivo, el interrogante que ha causado diversas opiniones durante décadas tiene que ver con el talento: ¿es innato o se puede adquirir? Más allá de la posición que se tome, nuevas incógnitas surgen a medida que se profundiza el tema. ¿Cómo se puede ayudar a que esas habilidades alcancen su máximo potencial? ¿Cuáles son los detalles que permiten hacer la diferencia?

En muchos casos, los secretos de un profesional permanecen ocultos hasta su retiro. Y puede pasar un largo tiempo hasta que salgan a la luz. Como el misterio que envolvió a Ricardo Bochini y sus medias, que en más de una ocasión lució un par distinto al de sus compañeros.

La imagen pertenece al encuentro en el que Independiente venció al Deportivo Armenio y se quedó con el título del Campeonato de Primera División 1988/89, aquel de las definiciones por penales. En este caso, lo importante es que sirve para ver la diferencia en la vestimenta entre el número 10 y el resto del equipo.

Tuvieron que pasar 31 años para que el propio futbolista revelara en su cuenta de Twitter el motivo de esta particularidad: se trataba de una simple cuestión de comodidad.

De esta manera, el Bocha dio a conocer un detalle único, aunque varias dudas aún no fueron resueltas. ¿Hubiese tenido la misma carrera si usaba el atuendo que le correspondía? ¿Adidas podría demandarlo? ¿Esas medias eran la fuente real de su destreza como son las zapatillas que encuentra el chico de la película Mini Campeones?

Señores, el debate está abierto.

Barracas Central smoking (2016)

Una vestimenta especial, para un momento especial. Es que 112 años no se cumplen todos los días. Y Barracas Central lo celebró con un atuendo apropiado (?) para la ocasión: su camiseta asemejaba ser un smoking que combinaba saco negro y camisa con los colores tradicionales del club. Algo que, si bien no era la primera vez que se veía en las canchas (Cultural Leonesa de España ya había usado una prenda similar), resultaba ser bastante atrevido para la B Metropolitana.

A diferencia del caso español, lo del Guapo iba más allá del marketing. O por lo menos eso aseguraban desde Il Ossso, la marca que confeccionó la vestimenta. “Para nosotros y para los que entienden el significado, se siente como algo muy especial, que habla de la historia del club. La camiseta representa los comienzos, como se jugaba antes, cuando era una diversión jugar a la pelota.”

Este modelo vio la luz el 8 de abril de 2016, en la derrota 1 a 0 frente a Atlanta, aunque solo fue utilizado durante el primer tiempo.

Ni siquiera Chiqui Tapia rompió la sorpresa al publicar un recordatorio del partido con una cuidada publicación en Twitter, ya que la parte frontal de las camisetas no se distinguían. Un detalle que seguramente sirvió para que llegue a la presidencia de la AFA.

Temperley de gris (2011)

Mala tirando para pésima fue la campaña de Temperley en la temporada 2010/11 de la Primera B Metropolitana. No convenció su rendimiento, tuvo flojos resultados y terminó 18° entre 22 equipos.

Su indumentaria estuvo a la altura de las circunstancias: arrancó el torneo sin publicidad pero pidiendo socios y terminó vistiendo de gris, como para estar al tono de lo que fue un año mediocre.

Por lo menos, la extraña camiseta tenía vivos y números celestes. Porque con los colores tradicionales no se jode (?).

Tigre animal print (2014)

No se puede decir que fuera espantosa. Tampoco da para asegurar que se tratara de una belleza. El tercer modelo de la camiseta de Tigre en 2014 tenía esa característica GuidoKaczkiana del “está mal pero no tan mal”.

Bajo el concepto “piel de Tigre”, el diseño de Kappa emulaba el pelaje felino con los colores tradicionales del club. Aunque el azul y rojo estuvieran presentes, los tradicionalistas tenían un motivo para quejarse: en el frente de la prenda no estaba el escudo. En su lugar había un tigre, para alegría de Joe Exotic (?).

Sin embargo, para que ninguno de sus hinchas niegue a esa casaca como propia, la insignia oficial de la institución se encontraba en la espalda, arriba del número y la publicidad. ¡A hacerse cargo, Matadores!

Argentinos Juniors con números plateados (2007)

Comenzaba el Torneo Clausura 2007 y Argentinos Juniors estrenaba atuendo. Después de 2 años y medio, la banda blanca volvía al frente de la camiseta, aunque eso no era lo más llamativo.

A la gente de Signia le pareció buena idea meterle números plateados, tanto en la espalda como en el pantalón: Sergio Escudero y Néstor Ortigoza atestiguan el hecho (?) en la imagen. El problema es que la identificación de cada futbolista está para verse, no para camuflarse. Y así, era muy difícil.

Las quejas de espectadores y periodistas por tener que ver a un equipo de Caruso Lombardi adivinar a los jugadores fue escuchada, y a partir de la 5ª fecha el equipo de La Paternal comenzó a utilizar su numeración en azul.

¿Lección aprendida? No tanto: un año después, el Bicho estrenó camiseta (esta vez confeccionada por Diadora) con números dorados, repitiendo el inconveniente. Lo que se dice tropezar dos veces con la misma piedra. Y eso que hacía mucho que no jugaban contra Platense (?).

Talleres con camiseta alternativa genérica en un clásico (1996)

Jugar un clásico con camiseta alternativa debería estar tipificado como delito, es algo en lo que podemos llegar a coincidir la mayoría de los futboleros. Si no pensás así, andate de acá (?).

Racing lo ha hecho infinidad de veces jugando ante Independiente, Huracán también lo hizo enfrentando a San Lorenzo, y hasta River usó su camisea tricolor en un clásico de verano ante Boca. No hay cábalas ni excepciones que se admitan. Es un cachetazo al buen uso de la divisa del club.

Ahora bien, sabemos que si hay un cuadro que ha hecho de su indumentaria un pito (?), ese es Talleres de Córdoba. Siempre a la vanguardia, innovando, generando material para esta legendaria sección. Y como de Tallereando vive también el baldosero, honremos el espacio contando la vez que la T usó una casaca alternativa y genérica, para intentar cortar una racha ante su clásico rival.

Nos vamos hasta septiembre de 1996. La T llevaba 14 años sin ganarle un duelo a Belgrano. Las gastadas estaban a la orden del día en La Docta. Y se volvian a ver las caras en la quinta fecha de la B Nacional.

Ese día, los Albiazules salieron al estadio Chateau Carreras con su tradicional camiseta a bastones, mientras que los Piratas vistieron el interminable modelo celeste de la marca Le Coq Sportif. Hasta ahí, todo bien (?).

El tema es que después del primer tiempo que terminó 0 a 0, Talleres dejó su casaca titular en el vestuario y retornó al campo de juego con una camiseta alternativa, sin escudo ni publicidad, que en realidad era una genérica del catálogo Olan, el sponsor técnico de los Tallarines.

La prenda, color bermellón (?), ni siquiera sirvió para mantener el empate, porque los dirigidos por Ricardo Gareca terminarían cayendo 2 a 0 ante el conjunto comandado por el Negro Marchetta.

Menos de dos meses más tarde, La T aprendería la lección y jugando todo el partido con su casaca tradicional, rompería el maleficio con un histórico 5 a 0 a favor.

Hilario Navarro con pechera y número incorrecto (2015)

Arquero con buzo rojo y pantalones largos negros. Árbitros íntegramente vestidos de naranja. ¿Pueden prestarse a confusión? Según Pablo Lunati, sí. Y por este motivo, el árbitro mandó a Hilario Navarro a cambiarse de ropa, cosa imposible unos minutos antes de arrancar Estudiantes vs. Racing, por la 8ª fecha del torneo de Primera División 2015.

La solución, ya vista en casos anteriores, fue recurrir a una pechera amarilla y marcarle con cinta el número “1”. ¿El detalle? El dorsal correspondiente al correntino era el “12”. Y la cosa no terminaba acá…

Para el segundo tiempo, apareció un buzo dorado. ¿Todo bien? Más o menos, porque no tenía número. Otra vez la cinta. En esta ocasión, la cifra era la correcta. ¿Asunto terminado? Casi.

Con el correr de los minutos, el pegamento fue perdiendo fuerza y el plástico se fue despegando. El “1” cayó, pero el “2” aguantó, como pudo, hasta el final.

De esta manera, Navarro consiguió una marca imbatible: jugar el mismo partido con tres números diferentes. Y todo por un capricho de Lunati.