Miño con pechera (2020)

A primera vista, pasa desapercibido. Es que todas las miradas se las lleva esa extraña camiseta de Rosario Central o, en menor medida, los pantalones arremangados de Fabián Rinaudo. Sin embargo, el toque distintivo en la vestimenta del Canalla tuvo como protagonista a Marcelo Miño.

Sucedió el 29 de diciembre de 2020, cuando el equipo rosarino visitó a Aldosivi. A pesar de los colores del Tiburón, la pilcha preparada para los arqueros era completamente verde. Un riesgo.

Aunque desde el club insistían con que la Liga Profesional había aceptado este atuendo, el árbitro Fernando Rapallini determinó que podía confundirse con la habitual casaca del cuadro local, y ordenó modificarla. ¿La solución? Una pechera celeste, sin número y sin el auspicio del Banco Municipal. Un recurso simple, efectivo y horrible.

Huracán verde (2013)

Aunque oficialmente el Club Atlético Huracán fue fundado el 1º de noviembre de 1908, sus orígenes se remontan hasta 1903, cuando un grupo de adolescentes de Nueva Pompeya decidieron constituir un equipo que, tras varios cambios en su denominación, adquirió el nombre de “Verde Esperanza y Nunca Pierde”.

Unos años después, la institución fue formalmente constituida, adoptó su mote definitivo, estableció el color blanco en su divisa y dejó de lado el verde esperanza. Y lo de nunca pierde, también.

Recién en 2013, cuando la empresa Joma vestía al Globo, se le realizó un homenaje a aquel distintivo que Huracán usaba antes de ser Huracán. El diseño, confeccionado a partir de la solicitud de numerosos socios que propusieron esta variante, no parecía una mala idea, aunque su implementación no siempre fue la correcta.

La utilización de una camiseta verde ante equipos como Almirante Brown o Crucero del Norte no se justificaba más allá de una cuestión de marketing. Pero mucho menos había necesidad de repetir su uso ante Ferro.

Aquella tarde del 3 de marzo de 2014, los de Parque Patricios fueron Verdeolagas, mientras que los de Caballito se vistieron de blanco, como si fueran los Quemeros. Una jugada maestra (?) de la marca que vestía a ambos conjuntos. Cosas que un siglo antes no pasaban.

Lugano con pecheras (2019)

Sábado 11 de mayo de 2019. Por la última fecha del torneo de la Primera D se enfrentaban Cambaceres y Lugano. El que estaba en el fondo de la tabla contra el que se ubicaba un lugar arriba. Sin posibilidades de entrar al reducido ni quedarse parados un año (esa temporada no hubo desafiliaciones), el partido tenía todos los números para pasar sin pena ni gloria. Y así fue, salvo por un detalle.

La anécdota rebosante de ascenso fue el tema de la vestimenta. Teniendo en cuenta que a un equipo le dicen el Rojo y al otro el Naranja, se suponía que uno de los dos iba a usar su camiseta alternativa. Sin embargo, el visitante llegó a Ensenada con su pilcha habitual, mientras que el local no disponía de una variante.

¿Cómo se solucionó esto? Apelando a un juego de pecheras sin números, que los jugadores de Lugano lucieron con orgullo, al punto de que sirvieron (?) para ganar 1 a 0 y así decretar la peor campaña en la historia de Cambaceres, en medio de esta nota de color. De color azul.

Aldosivi «Gracias Tandil» (2001)

El viejo Torneo Argentino A reunió, durante dos décadas (1995 a 2014), a muchos de los equipos más populares, y otros no tanto, de las ligas regionales, que intentaban año tras año subir a la Primera B Nacional. El camino era durísimo, con viajes largos, presupuestos cortos, canchas complicadas y muchas veces con un solo ascenso como premio. Y claro, también estaban los obstáculos inéditos.

En enero de 2001, Aldosivi de Mar del Plata arrancaba una nueva ilusión dirigido por Alejandro Giuntini. En sus filas, tenía jugadores como el ex Boca Andrés Bogado, el ex Lanús Claudio Lacosegliaz y el colombiano Graceliano Mosquera, un lateral por izquierda que perdió la vista de un ojo en ese torneo y tuvo que dejar de jugar al fútbol gracias a un artero golpe que le aplicó el delantero Mariano Martínez, de Belgrano de Santa Rosa.

Más allá de los futbolistas de escaso renombre, el principal enemigo del Tiburón en esa oportunidad fue su propia ciudad, que le dio la espalda cuando el club se vio acorralado por la utilización del estadio José María Minella para el Mundial de Seven de Rugby, los excesivos costos de los operativos policiales en plena temporada de verano y las exigencias del organismo de seguridad de la Provincia, el COPROSEDE, comandado por el ex árbitro Javier Castrilli.

Aldosivi tenía que hacer de local, pero no tenía cancha. Y ninguno de los otros estadios de la ciudad eran habilitados. Le buscaron la vuelta y finalmente la encontraron, jugando lejos de Mar del Plata: a 170 kilómetros.

Tandil fue la ciudad que abrió las puertas, prestando el Estadio Municipal General San Martín (ahí jugó Ronaldinho en el Sudamericano sub 20 de 1999), para que el equipo marplatense recibiera a Luján de Cuyo por la 4º fecha del Torneo Argentino A.

Según las crónicas, unos 350 hinchas acompañaron al equipo del Puerto y colocaron una bandera que decía: «MDP, metete el estadio en el culo». Clarito.

Y si bien los mendocinos ganaron 2 a 0, el detalle inolvidable para los de Aldosivi es la camiseta alternativa de la marca Envión que usaron ese día, con la leyenda «Gracias, Tandil».

Mientras tanto, ese mismo 28 de enero por la noche, el Estadio Minella se vio colmado para celebrar la presencia del all black Jonah Lomu y el tercer puesto de Los Pumas en el rugby de 7 jugadores. Algo más marketinero, para la gente bien, que el viejo y querido Torneo Argentino A.


Créditos de la foto: Diario La Capital.

Bochini medias diferentes (1989)

Desde tiempos inmemoriales existen preguntas cuyas respuestas han generado divisiones insalvables. ¿Las empanadas llevan pasas de uva? ¿Cómo se tiene que colocar el papel higiénico? ¿Se pueden subrayar los libros?

En el ámbito deportivo, el interrogante que ha causado diversas opiniones durante décadas tiene que ver con el talento: ¿es innato o se puede adquirir? Más allá de la posición que se tome, nuevas incógnitas surgen a medida que se profundiza el tema. ¿Cómo se puede ayudar a que esas habilidades alcancen su máximo potencial? ¿Cuáles son los detalles que permiten hacer la diferencia?

En muchos casos, los secretos de un profesional permanecen ocultos hasta su retiro. Y puede pasar un largo tiempo hasta que salgan a la luz. Como el misterio que envolvió a Ricardo Bochini y sus medias, que en más de una ocasión lució un par distinto al de sus compañeros.

La imagen pertenece al encuentro en el que Independiente venció al Deportivo Armenio y se quedó con el título del Campeonato de Primera División 1988/89, aquel de las definiciones por penales. En este caso, lo importante es que sirve para ver la diferencia en la vestimenta entre el número 10 y el resto del equipo.

Tuvieron que pasar 31 años para que el propio futbolista revelara en su cuenta de Twitter el motivo de esta particularidad: se trataba de una simple cuestión de comodidad.

De esta manera, el Bocha dio a conocer un detalle único, aunque varias dudas aún no fueron resueltas. ¿Hubiese tenido la misma carrera si usaba el atuendo que le correspondía? ¿Adidas podría demandarlo? ¿Esas medias eran la fuente real de su destreza como son las zapatillas que encuentra el chico de la película Mini Campeones?

Señores, el debate está abierto.

Barracas Central smoking (2016)

Una vestimenta especial, para un momento especial. Es que 112 años no se cumplen todos los días. Y Barracas Central lo celebró con un atuendo apropiado (?) para la ocasión: su camiseta asemejaba ser un smoking que combinaba saco negro y camisa con los colores tradicionales del club. Algo que, si bien no era la primera vez que se veía en las canchas (Cultural Leonesa de España ya había usado una prenda similar), resultaba ser bastante atrevido para la B Metropolitana.

A diferencia del caso español, lo del Guapo iba más allá del marketing. O por lo menos eso aseguraban desde Il Ossso, la marca que confeccionó la vestimenta. “Para nosotros y para los que entienden el significado, se siente como algo muy especial, que habla de la historia del club. La camiseta representa los comienzos, como se jugaba antes, cuando era una diversión jugar a la pelota.”

Este modelo vio la luz el 8 de abril de 2016, en la derrota 1 a 0 frente a Atlanta, aunque solo fue utilizado durante el primer tiempo.

Ni siquiera Chiqui Tapia rompió la sorpresa al publicar un recordatorio del partido con una cuidada publicación en Twitter, ya que la parte frontal de las camisetas no se distinguían. Un detalle que seguramente sirvió para que llegue a la presidencia de la AFA.

Temperley de gris (2011)

Mala tirando para pésima fue la campaña de Temperley en la temporada 2010/11 de la Primera B Metropolitana. No convenció su rendimiento, tuvo flojos resultados y terminó 18° entre 22 equipos.

Su indumentaria estuvo a la altura de las circunstancias: arrancó el torneo sin publicidad pero pidiendo socios y terminó vistiendo de gris, como para estar al tono de lo que fue un año mediocre.

Por lo menos, la extraña camiseta tenía vivos y números celestes. Porque con los colores tradicionales no se jode (?).

Tigre animal print (2014)

No se puede decir que fuera espantosa. Tampoco da para asegurar que se tratara de una belleza. El tercer modelo de la camiseta de Tigre en 2014 tenía esa característica GuidoKaczkiana del “está mal pero no tan mal”.

Bajo el concepto “piel de Tigre”, el diseño de Kappa emulaba el pelaje felino con los colores tradicionales del club. Aunque el azul y rojo estuvieran presentes, los tradicionalistas tenían un motivo para quejarse: en el frente de la prenda no estaba el escudo. En su lugar había un tigre, para alegría de Joe Exotic (?).

Sin embargo, para que ninguno de sus hinchas niegue a esa casaca como propia, la insignia oficial de la institución se encontraba en la espalda, arriba del número y la publicidad. ¡A hacerse cargo, Matadores!