Especiales: El gol del Campeonato (Parte 2)

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Gerardo Bedoya a River (Apertura 2001)

El planeta se había vuelto extraño. Corralito, corralón, torres gemelas, despedida de Maradona, Gran Hermano. Todos estábamos tan distraidos con nimiedades que no reparamos en un pequeño detalle: Racing Club de Avellaneda estaba a pasos de ganar el campeonato después de 35 años de espera. Y de esa manera, es sabido, es como termina el Libro del Apocalipsis de la biblia. Sonamos…

A decir verdad y aunque lo neguemos o lo hayamos olvidado, casi todos, de alguna u otra manera, fuímos simpatizantes de aquel equipo formado por la empresa Blanquiceleste S.A que encabezaba el Mostaza Merlo como figura excluyente. Más aún en las fechas cúlmines del torneo, cuando parecía que no le íba a dar ni la nafta ni la fuerza anímica para dar la vuelta olímpica.

El 2 de diciembre, por la decimosexta jornada, La Academia recibió en su estadio a su escolta, River Plate, en lo que era una verdadera final anticipada. Y fue más que eso. Resultó una batalla épica, una película de Tarantino, el camino del héroe y demás. Tal es así que todo quedó grabado a fuego en la memoria de quienes miramos aquel encuentro.

Esteban Cambiasso -un ex Independiente- abrió el marcador para River en el último minuto del primer tiempo y daba la impresión que Racing jamás lo iría a empatar. Con ese resultado, los de Núñez quedarían a solo dos puntos de los gerenciados a falta de tres fechas y con la sensación que el castillo de naipes blanquiceleste se iba a desmoronar. Eso, claro, hasta que apareció en escena él: Gerardo Alberto Bedoya Múnera y desató el eterno carnaval.

Latigazo inmortal, vuelo de Comizzo, pedido de hora de Mostaza, empate, “se lo dedico a Cardetti” y demás. Racing Club de Avellaneda campeón y que se venga el mundo abajo.

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Nelson Cuevas a Racing (Clausura 2002)

Para esos años de superabundancia, parecía ser demasiado. La dupla Dávicce- Pintado despidió su gestión en River Plate con tres subcampeonatos consecutivos y hasta se había “devorado” a “Los Cuatro Fantásticos“. De hecho, Ariel Ortega aún no había podido dar la vuelta olímpica en su primer regreso a Núñez; Boca se había llevado todo y hasta San Lorenzo había ganado su primera copa internacional. “Yo voy a devolver a River a los primeros planos” declaraba el flamante Presidente, José María Aguilar, como intentando apaciguar un aparente incendio que a ciencia cierta no era tal.

Seguido de cerca por el Gimnasia de Ramacciotti, aquel River de Ramón arrasó rivales durante ese torneo basado en la solvencia de una inédita línea de tres, en el fútbol generado por los pies del Lobo Ledesma y en el poder goleador de Fonseca Esnaider Cavenaghi. Y así, con virilidad futbolística, el equipo llegó a la decimosexta jornada para enfrentar a un viejo conocido: el Racing Club de Mostaza Merlo.

El partido fue aburrido y olvidable. Horrendo. Salvo los minutos adicionados, claro. Después de una falta a Leo Torres con el tiempo cumplido, Comizzo retuvo la pelota para impedir que Racing la jugase rápido. Chiche Arano se la sacó al arquero e hizo el tiro libre que finalizó con una zancadilla criminal del propio Ángel David sobre la humanidad de Panchito Maciel. Tarjeta roja al portero, tiro libre para La Academia y Martín Demichelis al arco ya que El Millonario no tenía más cambios. Prepará otro subcampeonato (?).

Lo que sigue es historia y de la buena: un tiro libre ejecutado asquerosamente por ¡Claudio Úbeda!, la contra electrizante de Nelson Cuevas y el inolvidable Pipinazo esquivando hasta una patada voladora de Gustavo Campagnuolo. River campeón y lleno de gracia. Por que, se sabe, la revancha es un plato que se sirve paraguayo…

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Lucas Pusineri a Boca (Apertura 2002)

Morocha, flaca, ojos verdes, simpática, sexy, sensual, inteligente, increíble… Sin exagerar, era la mujer más hermosa que había tenido entre mis brazos en toda mi vida. Nunca jamás me había levantado a una mina en el apogeo de su belleza. Y nunca más lo haría. Lo que es peor, es que ella estaba sinceramente enamorada de mí. Y yo, por supuesto, hacía uso y abuso de esa ventaja.

Todo había comenzado un par de veranos atrás, en mi Mar del Plata, cuando yo estaba fascinado por salir los sábados a la noche a cazar turistas. Y una noche cualquiera, ya no recuerdo ni como, di con ella, que había llegado desde la desconocida City Bell… Y a partir ese momento seguimos la especie de relación en veranos, inviernos, fines de semana largos y con ese amigo olvidado llamado teléfono. Esa mujer cada día me amaba más ¿Y yo? Por esa época ya era incapaz de amar a nadie.

Bueno, en realidad, no. Yo amaba fervientemente a Boca Juniors, que para finales de 2002 me tenía muy malacostumbrado: títulos locales, internacionales, mundiales. A uno se le había despertado un apetito voraz que exigía ganar por demolición hasta los torneos de verano. Básicamente, eso era lo único que realmente me importaba en aquella vida.

En diciembre de ese año, ella se tomó un fin de semana a base de mentiras para venir a verme y definir todo lo nuestro. Si es que había un todo y si es que había un nuestro. ´Hablamos el domingo, durante el partido´ atiné a decirle con ánimos de postergar la charla hasta que una providencial invasión extraterrestre me exima de enfrentarla. Además, Boca se jugaba la chance de destronar al líder Independiente en la anteúltima jornada del torneo y yo no pensaba perdérmelo. Realmente no podía posponer eso. Lo otro sí, pero eso no.

Domingo. Ella pasó a buscarme por el trabajo y fuimos a un café. En ese ambiente, nuestro ambiente, había una sensación de inminente inquisición que yo quería evitar hablando de nimiedades. Pero esa sensación, cercana a la culpa, volvía cada vez que la miraba a los ojos. Nos sentamos frente a una pantalla gigante a la espera del partido y ahí pasó lo peor que pudo haberme pasado. Corte general de electricidad en casi toda la Argentina. ¿Y ahora qué hago?

No hubo partido en directo. Al menos, no en las zonas que yo frecuentaba. Tuve que hacerle frente a una mujer y tirar todo por la borda por mi poco apego al compromiso y por mi temor a las rutinarias relaciones de pareja. Aquella tarde sigue dando vueltas en mi cabeza como aquel delantero que se tortura por haber tirado una pelota por arriba del travesaño en una final del mundo. La revancha algún día llegaría, pero no sería la misma. Sería otra revancha. En otro lugar, siendo otra persona.

Volví a ver a Sabrina -así se llamaba ella- una década después, en la costa. Me la crucé por casualidad. Estaba igual de hermosa que siempre pero esta vez llevaba en sus brazos a un infante vestido de Independiente y de nombre Lucas… por que a veces, injustamente o no, los campeonatos se los llevan otros…

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Pablo Piatti a Newell´s (Apertura 2006)

Pese a La Volpe, Boca Juniors iba derecho a conseguir su ansiado tricampeonato. El único que tenía mínimas chances de aguarle la fiesta era Estudiantes de La Plata, que no daba una vuelta olímpica desde hace más de veinte años.

Además, había en el ambiente una extraña sensación de persecuta hacía los Pincharratas: “Que los árbitros no se animan a expulsar a Verón”, “Que la Bruja es el cabecilla de una movida de los jugadores para voltear a Grondona” y demás. A la jornada dieciseis, frente a Newell´s, los de Simeone llegaron con cuatro puntos menos que los Xeneizes e imposibilitados de llevar a sus hinchas a Rosario. Bienvenidos al futuro.

Encima, aquel sábado 18 de noviembre, Tacuara Cardozo abrió el marcador para los Leprosos de penal y el tiempo se consumió para Estudiantes entre la impotencia y los chistes de Baldassi. Tremendo. A los 90 minutos, como quien no quiere la cosa, José Luis Calderón empató el partido y le dio algo de vida a su equipo, que se potenció cuando el árbitro elevó seis dedos al cielo. Y a la carga Barracas…

Fue en ese preciso momento cuando apareció en escena Pablo Piatti con su metro sesenta y tres para meter la cabeza y darle una agónica victoria a Estudiantes a los 94 minutos. Heróico e inolvidable para el pibe cordobés de tiernos 17 años que encima estaba haciendo su debut absoluto en Primera División.

Aquel gol fue la orden para que se empiecen a alinear los planetas. Del resto, por supuesto, se encargó el querido Ricardo…

Aquí, el listado completo de los goles del campeonato desde el inicio de los torneos cortos

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Especiales: El gol del campeonato (Parte 1)

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Es, por supuesto, el tanto más recordado por los hinchas de cada equipo campeón. Es ese grito que te hace poner la piel de gallina cada vez que lo recordás o lo encontrás en televisión. Un momento de alegría que funciona como bálsamo ante cualquier depresión. Un lugar adonde irse a vivir eternamente. ¿Por qué? Por que de cada posible sueño recurrente ellos son la infinita confirmación.

El gol del campeonato puede ser el que definió matemáticamente un torneo, pero muchas veces no lo es. Lo que es seguro es que no necesariamente son los que ocurrieron en los clásicos, por más que, tal vez, esos tantos guarden un lugar más privilegiado en el corazón de todos.

Por lo general, el gol del campeonato es el que se inmortaliza por que emerge cuando el miedo y la angustia paralizan a hinchas y a protagonistas. Funcionaron y funcionan como descargo y desahogo. Y, desde su concepción, cobran el estatus de “objeto”. Están almacenados en el disco rígido y no se borran. Una coreografía interminable con héroes, antihéroes y baldoseros. Aquí el recuerdo para algunos de ellos.

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Aldo Soria a Talleres de Córdoba (Clausura 1992)

Newell´s Old Boys estaba deprimido: apenas siete días atrás había perdido por penales la final de la Copa Libertadores frente al San Pablo. Y a pesar de haberle prometido a Marcelo Bielsa que iban a ganar sí o sí aquel campeonato, los jugadores no daban pie con bola contra Talleres en el partido que tenían postergado.

Peor aún, cuando en el primer tiempo Javier Zeoli le atajó un penal a Eduardo Berizzo, quien también había errado su ejecución frente a los brasileros. El Coloso del Parque se llenó de fantasmas. La solución, como siempre en la historia del fútbol rosarino, estuvo en recurrir a la cantera. Y El Loco se la jugó por dos pibes que venían asomando: Marcelo El Pichi Escudero y Aldo Soria.

Y fueron ellos dos, en ese orden, quienes marcaron los tantos de la victoria a los 82 y 84 minutos para mantener la diferencia en la tabla frente a Boca. Y fue precisamente después de este último gol que el pueblo Leproso sintió que el campeonato no se iba a escapar. Y no se escapó. Un par de semanas después solo se podía decir una cosa: “!Ñubel! ¡Ñubel, Carajo!”.

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Claudio Benetti a San Martín de Tucumán (Apertura 1992)

Imposible obviarlo. Boca acumulaba once años de frustraciones y llegaba a la jornada final de aquel campeonato con poca nafta y con River comiéndole los talones. Ricardo Solbes abrió el marcador para los tucumanos y el silencio se apoderó de La Bombonera, por el temor cagazo a perder el torneo frente al rival más odiado.

Y ahí apareció él, Claudio Edgar Benetti, con su eterno tiro cruzado. “Los rivales se abrieron”. “pedito de vieja”, “estaba arreglado”, “amenazaron a los tucumanos”. Todo eso es verdad, todo eso es mentira y todo eso ya es un mito.

El héroe con 15 minutos de fama por antonomasia de nuestro fútbol ya estaba instalado y el telón de aquel torneo cayó con la tónica de aquel final de campeonato: con el alambrado sobre la jeta de los ganadores…

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Enzo Francescoli a Talleres de Córdoba (Apertura 1994)

Decimoséptima jornada. El River de Américo Gallego estaba invicto e iba con paso firme hacía la conquista de un nuevo campeonato. Con 26 puntos, al momento de iniciarse su encuentro le llevaba solo uno de diferencia a San Lorenzo, quien ya había vencido por 3 a 1 a Vélez. Recuerden: todavía se entregaban dos puntos por victoria.

Antes de finalizar la primera etapa, Enzo Francescoli abrió el marcador gracias a un penal de dudosa procedencia (?). Además, el inexperto árbitro, Horacio Elizondo, había expulsado a Ariel Boldrini del Matador sin motivo evidente. En apariencias, todo cocinado para los de Núñez.

Sin embargo, a los tres minutos del segundo tiempo apareció Adrián Fornero, quien inesperadamente igualó el marcador. Y fue ahí, con el apresurado transcurrir de los segundos, cuando la incertidumbre se apoderó de los Millonarios ¿Por qué? Por que en las últimas dos jornadas debía enfrentar nada menos que a Boca Juniors y luego al Vélez campeón del mundo. En tanto, San Lorenzo debía medirse contra el irregular Lanús y luego frente a sus amigos de Rosario Central. Todo se había puesto raro.

Pero claro, nadie contaba con la astucia de Elizondo quien, mostrando ganas que su nombre sea conocido en todo el país, adicionó cinco minutos cuando el tiempo reglamentario había expirado ¿Algo más? Si, también expulsó a Silvio Carrario y a Daniel Kesman del visitante es un loquito… es un loquito…

Una vez cumplidos los cinco minutos, el árbitro adicionó tres minutos más como corresponde (?). Tiempo suficiente para que Enzo Francescoli -de cabeza- marcase un gol inmortal que quedó como la ratificación de la merecida conquista de ese campeonato, más allá de la actuación del árbitro, quien era perseguido por los pocos cordobeses que aún quedaban en la cancha.

Un par de días después, el equipo del Tolo venció por 3 a 0 a Boca. Sin embargo, no pudo dar la vuelta olímpica en el Camilo chiquero Cichero a la espera del partido de San Lorenzo, quien finalmente empató 2 a 2 con Lanús. Así es, aquel River salió campeón mirando la televisión.

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Roberto Trotta a Newell´s (Clausura 1997)

A mediados de los noventa, la sociedad argentina tenía una sola certeza: ningún humano amaba a Roberto Trotta (?). Odiado en menos de doce meses por los hinchas de Vélez, por los tifosis de la Roma de Italia y también por Ramón Díaz; la estabilidad emocional del Cabezón estaba siempre en la mira. Además, el jugador encontraba en los periodistas a los cómplices ideales para dejar en claro por que el planeta estaba equivocado menos él. “No tengo pelos en la lengua”, se enorgullecía…

Y así, convertido en un paria emocional, Trotta fue el lógico suplente de Celso Ayala durante el Clausura 1997; extraño torneo donde el lugar de escolta de River osciló entre Colón, Lanús, Independiente y Newell´s. Ninguno era tan sólido como el Millonario, que sin embargo sufrió derrotas vergonzosas frente a los Sabaleros y a Estudiantes. Cualquier cosa podía pasar…

Por la jornada 17, ahí nomás del final, River recibió en su estadio a su competidor directo Newell´s en un partido que se tornó duro y demasiado peleado, ante la juventud y la ambición de los rosarinos. Todo parejo hasta que en el último minuto apareció Roberto Trotta con una media chilena para marcar el 1 a 0 definitivo, que además posicionó a River como seguro ganador del torneo ante la pérdida de puntos de todos sus rivales.

“Cuando lo ví entrar en el segundo tiempo con la camiseta 13 le dije que iba a hacer el gol del campeonato” dijo Ramón Díaz como dando a entender que el defensor le había gritado el gol en la cara como dedicatoria, cuando en realidad lo que Trotta tenía era ganas de bajarle la dentadura, sin (?).

River salió campeón en la siguiente fecha, cuando venció por 2 a 0 a Vélez con goles de Enzo. Por su parte, Trotta se fue a préstamo a Racing, Sporting Gijón y Unión de Santa Fe y recién dos años después recibió algo de afecto. Igual, hizo “el gol” de aquel campeonato…

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Matías Arce a Estudiantes (Apertura 2000)

Tras volver de Japón con la Intercontinental en brazos y luego vencer a San Lorenzo, Boca cayó ante Chacarita por la anteúltima fecha del Apertura y el sueño de lograr un tercer título en aquel año comenzó a desmoronarse. Eso, hasta que dos horas después apareció en escena el paraguayo Derlis Soto de Huracán, quien le empató el partido a River en El Monumental, devolviéndole el alma al cuerpo a Los Xeneizes.

En la última fecha y entremedio de un partido chato y aburrido frente a Estudiantes, La Hiena Arce dejó su lugar en el banco de suplentes para meterse en la historia con un derechazo defectuoso que hizo rememorar, en el acto, a la gracia histórica de Claudio Benetti.

Y así, Matias Arce acabó con la impaciencia de los hinchas que habían abarrotado La Bombonera, se robó las portadas de los diarios y se convirtió en la cara inmortal de la obtención del Apertura 2000. Igual, nunca nadie reparó en un detalle: antes del gol de La Hiena, el escolta River Plate ya había perdido por 3 a 2 contra Lanús. Con o sin gol, Boca ya había ganado el campeonato…

Especiales: El Chelsea en Argentina (1929)

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Es difícil de imaginar, hoy en día, al poderoso Chelsea haciendo una gira por Argentina y perdiendo 5 a 0 con Unión, con 3 goles de Malcorra y 2 de Gamba (?), pero hace mucho tiempo, más específicamente en 1929, los ingleses recorrieron parte de Sudamérica y se enfrentaron a varios equipos argentinos. Acá, el recuerdo.

Así como en nuestro país, a muchos clubes se los acusa de ser una moda, por haber incrementado el número de hinchas barriletes a través de una buena racha de títulos, en el exterior sucede lo mismo.

El Chelsea, carga con ese karma de haber alimentado su vitrina a partir de los años 90 y más especialmente a partir de 2003, con la llegada del multimillonario Román Abramóvich. El club inglés sólo había obtenido una liga hasta ese entonces (la de 1954/55) y además había estado al borde de la desaparición en los 80, yéndose al descenso un par de veces, poniendo en peligro su estadio y vendiendo las acciones del club al irrisorio precio de 1 libra.

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Pero antes de todo eso, en 1929, cuando sólo era un tradicional conjunto de Londres que luchaba en la Second Division (ese año ascendería a la First Division), los Blues se tomaron un buque para atravesar los mares durante varios días, en busca de desafíos en este continente. Mientras los players se entrenaban en la cubierta (andá a buscarla vos, si se te cae al Atlántico), de este lado del mundo varios equipos querían medirse con los inglesitos.

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Después de desembarcar en Brasil y llegar por tierra a la Argentina, los cansados jugadores del Chelsea, que viajaron sin su DT habitual, disputaron su primer partido, el 25 de mayo de 1929, ante Buenos Aires XI, un combinado de jugadores argentinos. ¿Resultado? Ganaron los londinenses por 3 a 2.

Después, lograrían victorias 1 a 0 ante la Asociación Amateur Argentina y 2 a 0 contra San Lorenzo de Almagro. También empataron 1 a 1 con Independiente, pero claro, no hablamos de las derrotas, que fueron muchas.

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En estas tierras, el Chelsea cayó 4 a 0 con el combinado de Provincia, 3 a 2 con Buenos Aires XI, 2 a 1 con Rosario, 4 a 3 con Boca Juniors, 1 a 0 con Racing Club y 3 a 2 con Estudiantil Porteño. Y nos falta una, claro. La caída más estrepitosa.

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El 17 de junio, los azules se presentaron en Santa Fe, para disputar un match ante Unión. Parecía ser un partido más de esa gira sudamericana, pero terminó siendo el gran golpe al orgullo de los ingleses. Ese día, el Tatengue se impuso claramente por 5 a 0, anotando el nombre de los 11 jugadores en la historia: Olivieri; Angelini y Gómez; Napoleoni, Monzón y Garbagnoli; Simonsini, Beltramini, Valiente, Acosta y Mir.

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Los británicos, que terminaron haciéndose conocidos como “los numerados” por lucir números en las camisetas (algo que todavía no se usaba en aquella época), continuaron la gira por Uruguay y Brasil, donde los medios los maltrataron por no haber aprendido nada. Y lo peor de todo, se tuvieron que volver en barco…

 

Gracias a Chelsea FC Azul

Especiales: cuando el sponsor es la marca

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Es bastante común, especialmente en nuestro querido fútbol argentino, que los clubes se queden sin auspiciante en medio del campeonato y entonces tengan que recurrir a parche en la camiseta hasta la aparición de un nuevo patrocinador. Muchas veces, ese chivo es el mismo sponsor técnico, que además de confeccionar la indumentaria, termina promocionando su propia marca. Recordemos algunos casos.

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En 1996, Topper puso su nombre en el pecho de Lanús, que había terminado su contrato con Medicorp. La movida duró bastante más de lo imaginado, prolongándose hasta 1998 e incluso consiguiendo la Copa Conmebol con una casaca blanca que tenía la marca por todos lados.

En 1984, Lanús ya había tenido una casaca con el viejo logo de Topper en el frente, aunque se trató de una remera de entrenamiento, algo que también sucedió con Talleres de Córdoba dos años más tarde.

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Un Banfield con el descenso asegurado jugó en Primera División con el auspicio de Lotto. Eso ocurrió en 1997, cuando América TV levantó campamento y entonces hubo que tapar el logo con algo.

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El Taladro volvió a repetir la fórmula, aunque con otros protagonistas. En 2000, estrenó una camiseta Diadora, empresa que también ocupaba el pecho. El ascenso, de todos modos,  lo conseguiría al año siguiente con el anuncio de AyudaExpre$$.com.

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Diadora no auspició a un solo equipo argentino. Allá por 1998, su marca apareció en la camiseta de Instituto de Córdoba, reemplazando el inconfundible logo de Esco. Un año más tarde, La Gloria ascendería con ese mismo modelo de casaca, aunque con el chivo de Lotería de Córdoba.

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En la última fecha del Apertura 1998, Independiente duplicó el logo de Topper en su indumentaria, en ocasión del clásico ante Boca Juniors que definía el título. Con la consagración del equipo de Bianchi, la marca que vestía al Rojo cumplió el objetivo de aparecer en todas las publicaciones al día siguiente.

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En 2000, Topper volvió a figurar fugazmente como auspiciante de Independiente, entre la salida de Termidor y el regreso de Ades.

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Después de haberse quedado sin los billetes de la empresa láctea Milkaut, la camiseta de Unión de Santa Fe estuvo varios meses limpia durante el 2000. Ese mismo año, la dirigencia llegó a un arreglo con la marca Mitre, que además de proveedor, pasó a ser sponsor. Esa casaca duró hasta los últimos meses de 2001, cuando hubo un cambio de diseño y el isotipo de la firma inglesa dejó lugar a Flecha Bus.

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Momento confuso vivió San Lorenzo en 2005, cuando tuvo que reemplazar el chivo de Cablevisión. Lo más lógico hubiese sido contar con una camiseta nueva. Pero Lotto es Lotto, así que cualquier cosa podía ocurrir. Lo más rápido, en el torneo de verano de 2005, fue ocupar ese espacio vacante con la misma marca de la casaca: Lotto. Después se les ocurrió poner parches alusivos al club.

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Caso curioso el de Almagro, que en 1995 usó una camiseta de Gremio de Porto Alegre, con un recuadro blanco a la altura del escudo y Penalty como anunciante. Eso sí, las medias y los pantalones eran Puma. Ascenso 100%.

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No nos creamos que utilizar la misma marca de camiseta como sponsor es patrimonio argentino. En el resto del mundo también sucede, con mayor o menor frecuencia, dependiendo la liga. Recordado es el caso del Celtic de Escocia, que tuvo el chivo de Umbro entre 1997 y 1999.

Y sí, en Europa también pasa.

Especiales: Jugadores descendentes

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Descender, en el mundo del fútbol y sobre todo en la Argentina, es como morir en vida. Puede sonar exagerado, pero así lo sienten miles y miles de jugadores que tratan, durante toda su carrera, de no ser alcanzados por esa nefasta mancha negra que provoca llantos, burlas y reducciones de salarios. Ahora bien, ¿qué pasa cuando un futbolista se acostumbra a bajar de categoría? He aquí el repaso de los hombres que más veces se fueron a la B:

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Tomando como referencia el listado elaborado por @JoloFutbol, con 1425 jugadores que bajaron al Nacional B en el período 1991-2014, encontramos varios nombres que se repiten con insistencia y que alcanzaron la despreciable suma de 4 descensos.

El caso más destacado, sin dudas, es el de Raúl Saavedra, que sufrió todas las tristezas de forma consecutiva: Quilmes (2007), Olimpo (2008), San Martín de Tucumán (2009) y Atlético Tucumán (2010). Como si fuera poco, el lateral izquierdo descendió al Argentino A en 2011, con los colores del Santo tucumano, aunque no se lo computamos por no ser un torneo de Primera División . Pero sí, metió 5 seguidos.

Otro que consiguió el cuarteto de descensos es el defensor Matías Villavicencio: Olimpo (2006 y 2008), San Martín de Tucumán (2009) y Atlético Tucumán (2010). A su favor, hay que decir que también logró varios ascensos, pero no estamos acá para ser buenos (?). Ah, también le tocó compartir tres planteles con el Tucu Saavedra, pero son detalles.

Otro defensor que se fue a la B en 4 oportunidades es Jorge Martínez: Mandiyú (1995), Olimpo (2006), Nueva Chicago (2007) y Olimpo (2008). Sí, también formó parte de ese equipo aurinegro que tenía a Saavedra y a Villavicencio. El famoso trío de la muerte.

Con menos prensa, aunque con la misma cantidad de caídas al Nacional, figura otro defensor, Sergio Plaza, que descendió con Gimnasia y Tiro (1994 y 1998), Los Andes (2001) y San Martín de San Juan (2008). Calladito, llegó al tope de esta tabla.

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El club de los 3

Parece increíble irse a la B en 3 ocasiones, pero 25 futbolistas lo han logrado sin ponerse colorados. A lo sumo lloraron un poco y volvieron a hacerlo unos años más tarde, intentando que nadie se diera cuenta. Pero acá estamos:

El caso de Javier Cámpora es el más curioso, porque suele descender mientras sale goleador del torneo. Al menos le pasó con Tiro Federal (2006) y con Huracán (2011), aunque no pudo repetir con All Boys (2014). De todas maneras, el Cachorro es un símbolo del club de los 3.

Otro que solía hacer goles era Daniel Tilger, que bajó con Argentinos (2002), Nueva Chicago (2004) y Tiro Federal (2006).  Como dato extra, descendió con El Porvenir ¡a la Primera C! en 2007.

Y si hablamos de defensores, imposible obviar a Javier Páez, uno que siempre estuvo involucrado en los planteles plagados de jugadores descendentes. Satanás se fue con Olimpo (2006 y 2008) y Atlético Tucumán (2010).

También es para destacar lo de Gabriel Lobos, que metió triplete de caídas al Nacional, con Huracán (2003), Rafaela (2004) e Instituto (2006), pero además descendió a la Primera B con Almagro (2009) y Deportivo Italiano (2010). Son 5, si contamos todo.

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Son 168 los jugadores que se han ido 2 veces a la B. Puede sonar como algo casual, pero algunos han quedado marcados de por vida por esos episodios. Repasemos algunos casos:

Supo ser la envidia de todos (?), pero Roberto Battión ostenta dos caídas consecutivas, con Independiente (2013) y All Boys (2014). Además, zafó por poco de no sumar otro con Unión (2003), ya que en ese entonces no era tenido en cuenta para el primer equipo. Bien que hacían (?).

“No hay Acevedo bueno”, dice un dicho popularizado por @elalesi. Y puede ser cierto, si nos basamos en la carrera de Walter Acevedo, que ostenta dos duras experiencias, con River (2011) y Banfield (2012).

Walter Zunino es otro que suma 2 flechitas para abajo en su trayectoria en la máxima categoría, ya que marchó con Platense (1999) e Instituto (2000). Claro que, si buscamos más abajo, encontraremos otros dos descensos, con Platense (2002) y Almirante Brown (2014), del Nacional a la Primera B.

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Mitos y curiosidades

Carlos Fernando Navarro Montoya sólo perdió la categoría 1 vez en la Argentina: con Nueva Chicago (2007), ya que no se le computa el descenso con Olimpo en 2008, por haber rescindido antes del torneo Clausura. El temita es que el Mono acumula 3 manchas seguidas en el fútbol español, con Extremadura (1997), Mérida (1998) y Tenerife (1999).

Andrés Franzoia se ganó una mala fama, pero no tiene tantos descensos como la gente cree. Apenas suma 2, con las camisetas de Olimpo (2012) y Unión (2013). Quizás se lo asocie a otras tragedias (?), como las de Rosario Central y Huracán, pero supo huir antes de tiempo, como tantos otros.

Si de descender en el exterior se trata, no podemos dejar afuera al gran Pablo Paz, que en la Argentina nunca se fue a la B. ¡Felicitaciones! (?) Lástima que en España descendió 5 veces: con Tenerife (1999 y 2002), Valladolid (2004), Castillo (2006) y Cerro de Reyes (2007). Tremendo.

Para que se sigan deleitando, acá el listado (trabajo de @JoloFutbol) de jugadores con 2 o más descensos:

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Especiales: La marca del campeón

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Continuando la saga de acontecimientos futbolísticos relacionados a las firmas de indumentaria, esta vez repasamos la historia de los ganadores, para que recuerdes con qué marca tu equipo salió campeón, si es que esto sucedió si sos de Gimnasia, ni lo leas.

Teniendo en cuenta que desde 1931 hacia finales de los 70, las empresas de indumentaria deportiva no solían ser visibles en las camisetas del fútbol argentino, tomamos como punto de partida para esta profunda investigación (?), el año en el que River salió campeón vistiendo una marca diferente a la que nos tiene acostumbrados, ya que en el Metropolitano de 1980 usó Olimpia (aunque en un principio no figuraba en la casaca). Al año siguiente, se repetiría la fórmula, siendo ésta la última vez que ese sponsor técnico conociera la gloria en el fútbol argentino.

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A la hora de hacer el conteo, no sorprende que adidas sea la marca que más veces haya tocado el cielo con las manos, con 25 títulos, teniendo en cuenta su relación con River, el más campeón a nivel local.

Como todos saben, las 3 tiras dominaron el fútbol argentino desde mediados de los 80, hasta la mitad de los 90. De hecho, desde el título de Newell’s en 1988, hasta el título de Vélez que cortó la racha en 1993, todos los equipos se alzaron el torneo vistiendo la marca alemana. Incluso, ese equipo de Bianchi arrancó el torneo con adidas y a mitad de camino comenzó a utilizar Umbro, marca de moda, para el club moda de esa época (?).

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Otra marca fuerte del fútbol argentino, en distintas épocas, fue una nacional (hoy ya no), Topper. Con 14 títulos en 35 años, es una de las Premium del fútbol argentino y comparte con adidas el haber vestido a 7 campeones diferentes (Estudiantes, Independiente, Racing, Rosario Central, Newell´s, Vélez y Ferro).

Curioso es el caso de Estudiantes, por ejemplo, que vistió Topper en su último torneo en 1983 y luego de 23 años de pasar por distintas marcas, volvió a salir campeón con la misma empresa en 2006.

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Boca no nació en 1998, pero sí una generación de hinchas de Bokeeta lo hicieron (?). Y junto a ellos, la irrupción de Nike en el mercado local. Aunque la relación con la marca de la pipa comenzó en 1996, el primer título llegó dos años más tarde. Desde ahí, hasta el título de 2012, fueron 8 festejos en total. Siempre hablando del medio local, porque como se sabe, en el plano internacional fueron muchos más, al punto de tener un segundo barrio, Tokio (?).

Después de las marcas tradicionalmente campeonas del fútbol argentino, hay un pelotón que se reparten los títulos, las marcas que cumplieron el sueño socialista (?) de Don Julio (#Blessed).

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Así vemos que Umbro, que volvió a proveer a Vélez en estos días, obtuvo 3 títulos locales. Mientras tanto, Lotto cumplió otro sueño del Vicepresidente del Mundo (?): salir campeón con Arsenal. Además, obtuvo otros 2 torneos con San Lorenzo. Otra marca con 3 estrellas es Penalty, que en 1995 dio la vuelta con el Ciclón de la mano del Bambino y sus muchachos, y también tuvo sus alegrías con Vélez.

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Signia, la marca de Torneos y Competencias, también se consagró con San Lorenzo. Pero además, pudo festejar con Lanús. Dos títulos en pocos años de existencia.

Finalmente, Mitre, Diadora, TBS y Puma (la marca con más descensos) obtuvieron un solo torneo local.

Los enfermos del fútbol atesoran todas las camisetas de su querido club, pero saben que es más linda aquella con la que dieron una vuelta olímpica. Esa que tiene un brillo especial, gracias un recuerdo que los traslada a ese momento único.

Las marcas, por supuesto, lo saben perfectamente, por eso es cada vez más fuerte el vínculo con los clubes y la intención de generar una pertenencia con su sponsor técnico.

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La tabla historica (1980-2014)

1- adidas: 25
2- Topper: 14
3- Nike: 8
4- Penalty: 3
5- Lotto: 3
6- Umbro: 3
7- Olimpia: 2
8- Signia: 2
9- Mitre: 1
10- Diadora: 1
11- Puma: 1
12- TBS: 1

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Los campeones (1980-2014)

1980: River Plate (Olimpia) y Rosario Central (adidas).
1981: Boca Juniors (adidas) y River Plate (Olimpia).
1982: Ferro Carril Oeste (Topper) y Estudiantes (Topper).
1983: Estudiantes (Topper) e Independiente (Topper).
1984: Ferro Carril Oeste (Topper) y Argentinos Juniors (adidas).
1985: Argentinos Juniors (adidas).
1985/86: River Plate (adidas).
1986/87: Rosario Central (Topper).
1987/88: Newell’s Old Boys (adidas).
1988/89: Independiente (adidas).
1989/90: River Plate (adidas).
1990/91: Primera División Newell’s Old Boys (adidas).
1991/92: River Plate (adidas) y Newell’s Old Boys (adidas).
1992/93: Boca Juniors (adidas) y Vélez Sársfield (Umbro).
1993/94: River Plate (adidas) e Independiente (adidas).
1994/95: River Plate (adidas) y San Lorenzo (Penalty).
1995/96: Vélez Sarsfield (Umbro) y Vélez Sársfield (Umbro).
1996/97: River Plate (adidas) y River Plate (adidas).
1997/98: River Plate (adidas) y Vélez Sarsfield (Puma).
1998/99: Boca Juniors (Nike) y Boca Juniors (Nike).
1999/00: River Plate (adidas) y River Plate (adidas).
2000/01: Boca Juniors (Nike) y San Lorenzo (Signia).
2001/02: Racing Club (Topper) y River Plate (adidas).
2002/03: Independiente (Topper) y River Plate (adidas).
2003/04: Boca Juniors (Nike) y River Plate (adidas).
2004/05: Newell’s Old Boys (TBS) y Vélez Sársfield (Topper).
2005/06:  Boca Juniors (Nike) y Boca Juniors (Nike).
2006/07: Estudiantes (Topper) y San Lorenzo (Lotto).
2007/08: Lanús (Signia) y River Plate (adidas).
2008/09: Boca Juniors (Nike) y Vélez Sársfield (Penalty).
2009/10: Banfield (Mitre) y Argentinos Juniors (Diadora).
2010/11: Estudiantes (Topper) y Vélez Sársfield (Penalty).
2011/12: Boca Juniors (Nike) y Arsenal (Lotto).
2012/13: Vélez Sársfield (Topper) y Newell’s Old Boys (Topper).
2013/14: San Lorenzo (Lotto) y River Plate (adidas).
2014: Racing Club (Topper).

Por @AlfreMontes.

Especiales: el hijo del Turco García

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Daniel Omar García (El Turquito)

Ser “Hijo de”, ese karma que pocos han sabido llevar adelante con dignidad. Esa pesada mochila que no deja caminar a más de uno. Porque todos somos hijos de alguien, eso es es indiscutible, pero no todos somos hijos de jugadores reconocidos.

La posible salida a ese dilema familiar, para aquel que lo tiene, podría ser sencilla: dedicarse a otra cosa. Pero claro, la tentación de hacer una carrera parecida a la de papá, o incluso superarla, aparece naturalmente. Las comparaciones, también.

Daniel Omar Garcia nació allá por 1984 en Buenos Aires, cuando su padre, el Turco, ya jugaba en Huracán y se proyectaba como un futbolista de Selección. La carrera de Claudio, luego, tuvo varios buenos momentos, pero se ancló definitivamente en el corazón de los hinchas de Racing, donde jugó entre 1991 y 1995. “Huracán es mi mujer, pero Racing es mi amante”, repetía el delantero, versionando una frase de Tucho Méndez.

Claro que el amor entre el Turco y el Globo también fue muy fuerte. De hecho, su hijo Daniel (el segundo, de 5 varones) se dedicó al fútbol como delantero y repitió los comienzos de su padre en las inferiores del cuadro de Parque Patricios.

En 2002, mientras jugaba en la Quinta División, integró un Selectivo y sorprendió a propios y extraños, haciendo un par de goles ante la mirada de Carlos Babington. “Trato de hacer todo lo que me piden los técnicos y también escucho los consejos que me da mi viejo. Yo estoy contento con esta posibilidad y mi gran sueño es jugar en la Primera de Huracán. Y ni te imaginás cómo está mi papá. Igual, sé que hay muchos chicos con condiciones y que tendré que pelear bastante, pero estoy ilusionado”, declaraba el Turquito.

Mientras tanto, al padre le brillaban los ojos: “Ayer hable con Babington y me comentó que tal vez Daniel debutaba en primera. Eso me pone muy contento”. Sin embargo, el Inglés lo terminaría cagando. Rarísimo (?).

El debut del pibe llegaría recién el 11 de agosto de 2005, cuando otro Turco, Mohamed, lo mandó a la cancha (reemplazando a Daniel Osvaldo) en la victoria 3 a 0 de Huracán ante Juventud Antoniana de Salta. Mucho no pudo hacer en 10 minutos, pero al menos se puso la camiseta que había vestido su viejo.

En la fecha siguiente, frente a Atlético de Rafaela, jugó otros pocos minutos, para despedirse finalmente de la Quema. Tenía 21 años y mucho camino por recorrer. Pero claro, el karma es el karma. Y había que seguir los pasos del viejo.

Fue así como Daniel terminó en Juventud Pueyrredón de Venado Tuerto, el club que rescató a su padre de la droga, para darle trabajo, mantenerlo ocupado y convertirlo en director técnico.

Y ahí, el Turquito, no sólo fue dirigido por el Turco, sino que además pudo jugar con sus hermanos, los mellizos Christian y Alain. Todos en familia, en el momento justo.

Ser “Hijo de” no es para cualquiera, pero algunos pocos, más allá del fútbol, logran llevarlo con dignidad.