Especiales: “♪♫♪ se va a la puta… que lo parióóóó ♪♫♪” (Parte 1)

En estos días álgidos que vive el país, donde renunciar parece ser la mejor respuesta a todo y el mensaje cabal que baja al populacho desde las más altas y representativas esferas rosarinas, vamos a rememorar algunos casos de jugadores que -por las más diversas razones- abandonaron el conjunto nacional hayan vuelto o no al equipo después de tan tajante determinación.

Por supuesto, renuncias a la selección argentina hubieron desde antes que se instale aquel viejo slogan en desuso que la describía como “la prioridad número uno”. Y después también, eh. Por que El Flaco Menotti y La Junta Militar no lograron evangelizar a los todos futbolistas durante aquel tan mentado “proceso”. Por citar algunos casos de los setentas u ochentas, El Lobo Carrascosa, El Loco Gatti, Jota Jota López, El Vasco Olarticoechea y Luis Islas, entre otros, se negaron a pararse en una cancha y entonar el One Hit Wonder de Blas Parera y Vicente López y Planes.

Pero, como no nos queremos ir tan atrás por que lo que pasó en blanco y negro a nadie le interesa lo que pasó en blanco y negro a nadie le interesa, vamos a arrancar desde la década de los noventa y desde allí hasta nuestros días. ¡Disfruten este vermouth de volátil indignación!

Abel Balbo (1993)

La Selección de Alfio Basile acababa de ganar la Copa América de Ecuador ’93 y estaba confiada en mantener una racha triunfadora que seguramente se iba a extender a lo largo de los años (?). Así y todo, El Coco debía descansar la esperanza goleadora sólo en Gabriel Batistuta; ya que ni El Beto Acosta ni El Mencho Medina Bello ni El Turco García quedaban jamás en posición de algo.

Por tal razón, el técnico convocó por primera vez en su ciclo a Abel Eduardo Balbo, un gran delantero que, pese a que había estado en el Mundial ’90, no tenía mucho feeling con la gente por haberse ido al Calcio de muy joven y también por no poseer carisma, sin (?). Eso si, era el segundo artillero del fútbol italiano.

Pero, hete aquí, Abel Balbo declinó la invitación y confirmó su renuncia; ya que recientemente había sido traspasado desde el Udinese hacía la Roma y quería hacer buena letra con sus nuevos empleadores. Lo peor de todo, claro, fue que El Coco terminó llamando para las Eliminatorias a USA ’94 -que se jugaban en poco más de un mes- a un Negro Julio Zamora que era más barriga que ser humano.

Tras la derrota 5 a 0 con Colombia y a sabiendas que el país le iba a declarar la guerra a cualquiera que aventurara a bajarse del barco, Balbo aceptó regresar a la Selección y hasta convirtió el gol en el partido por el Repechaje contra Australia en Sydney. Después, claro, jugó el Mundial de Estados Unidos, donde fue el recordado “delantero retrasado” mucho antes de la aparición en nuestras vidas de Cristian Fabbiani y Pablo Daniel Osvaldo…

Abel Balbo (1996)

El tiempo pasó y llegó Daniel Passarella al banco de la Selección; alguien a quien Abel Balbo ya conocía de River Plate y en quien también se reflejaba por sus actitudes, llamémosle, conservadoras… El delantero participó de la Copa América ’95 como titular acompañando a Gabriel Batistuta. Hasta ahí, todo jamón (?)…

El problema surgió en 1996, cuando a Claudio Caniggia por fin se le ocurrió recuperar el nivel y volver al seleccionado. Balbo aceptó a regañadientes estar un día arriba de un avión para ser suplente del Pájaro, claro. Pero, eso si, se puso del orto cuando -ya sin El Cani en el equipo- Passarella prefirió poner como titular a José Fabián Albornoz (si, jugó en la Selección) en el empate 1 a 1 con Chile en El Monumental.

Peor aún, cuando, tras el partido, El Kaiser manifestó aquello que “al equipo le faltó fibra” por haber jugado de manera tan insípida frente a los trasandinos. Tirándole algunos palos leves al entrenador en los medios, Balbo renunció a la Selección esa misma semana a través de un fax en el que manifestaba que no podía dar lo mejor de sí en un equipo donde era titular Albornoz con tan pocos días de trabajo. Por que primero la diplomacia…

Para sorpresa de todos, Daniel Passarella demostró no ser rencoroso (?) y Abel Balbo fue el famoso jugador número 22 de la lista del Mundial ‘98, por encima de Hernán Díaz, el propio Caniggia y Christian Gustavo Bassedas, a quien el integrante de CQC, Nacho Goano, le aseguró que iba a viajar a la Copa en la mesa de Mirtha Legrand… Seguí participando.

Una vez en Francia, lo más destacado que hizo Balbo fue decir, en una de esas soporíferas ruedas de prensa, que “yo vivo hace más de una década afuera y los argentinos dan una mala imagen en Europa con su desespero e irrespeto”. Andá a lavarte el Calcio…

Marcelo Delgado (2003)

El querido Chelo cerró el año 2001 comiéndose un gol increíble frente a Oliver Kahn y haciéndose expulsar como un gil contra el Bayern Munich. Pudo haber sido vejado en su hombría una vez llegado al país, pero pasó desapercibido ya que la gente estaba recontra copada con eso de buscar distintas notas musicales en las cacerolas (?)…

Como sea, durante el año 2002 e intentando salvar su pellejo de gente que se hace la tonta pero que no olvida, Marcelo Delgado tuvo el mejor año calendario que se le recuerde a algún jugador en mucho tiempo. Contrariamente a lo que sucedía por aquel tiempo, Boca Juniors no ganó ningún título en aquellos doce meses, pero El Chelo la rompió jugando detrás de Guillermo Barros Schelotto y de Héctor Bracamonte como le pidió El Maestro Tabárez. Realmente extraordinario. Orgásmico. Pocas veces visto. Crean o mueran…

Este nivel tampoco le pasó por alto al ratificado técnico argentino, Marcelo Bielsa, quien en su primera determinación tras el fracaso del Mundial 2002 armó una Selección Argentina con pibes y el treintañero Marcelo Delgado para enfrentar a Honduras, México y los Estados Unidos durante enero de 2003.

Ni bien enterado de la lista y pese a que Bianchi le pidió que viajase, El Chelo le hizo saber a todo el mundo que él no pensaba volver a ponerse ninguna Celeste y Blanca bajo ningún concepto ni punto de vista. Y además, lo hizo con una frase que resultó lapidaria: “Me llaman a mi para estos partidos falopa y los importantes los termina jugando El Piojo López… Yo me quedo a hacer la pretemporada en Boca para ganar la Copa Libertadores”… Y si, no vaya a ser cosa que los Xeneizes recordasen las cagadas contra el Bayern Munich.

Javier Saviola (2007)

Mediados de 2001. El Conejo Saviola acababa de ganar el Mundial Sub-20 en nuestro país convertido en el máximo anotador de ese certamen en una misma edición. Además, lo esperaba el Barcelona de España, que había gastado más de 20 millones rúcula por su ficha. En retrospectiva, muchos sentíamos que gran parte de las cosas que le sucedieron a Lionel Messi en esta vida le iban a ocurrir a aquel pibe, que por aquel entonces  contaba con apenas diecinueve años.

Finales de 2007. Tras aparecer en la Selección con intermitencias, olvidos y postergaciones, un Javier Pedro Saviola de tan solo 26 años anunció su retiro del combinado nacional y, podemos afirmar, también su adiós del fútbol al más alto nivel. Ya que desde ahí tuvo pasos de lo más raros por Real Madrid, Benfica de Portugal, Málaga, Olympiakos de Grecia y Verona. ¡Ni que hablar de su última etapa en River Plate!

El motivo, claro está, era de lo más noble: darle prioridad a su vida familiar. Aunque, eso sí, esto resulta un poco extraño, ya que todos tienen vínculos humanos que no les impide desarrollarse en sus trabajos. Los tienen el resto de los jugadores y también los tenemos nosotros. Aunque, por supuesto, a ninguno de nosotros nos espera en casa una ni siquiera veinteañera Romanella Amato.

¿Fútbol? Andá a jugarlo vos, patasucia…

(Continuará…)

[Go home] Especiales: del Soccer al Football

toni meola

No fueron pocas las veces que el deporte más popular del planeta se cruzó en el camino de su colega (?) norteamericano. Por ejemplo, los estadios (y los campos de juego) compartidos fueron habituales en Estados Unidos hasta los primeros años del siglo XXI, pero la mezcla no empezó ni terminó ahí.

Antes y después de la popularización del balompié en el país del norte, muchos futbolistas de los nuestros fueron transformados en futbolistas de los de ellos (?). He aquí un breve resumen en orden cronológico de los casos más importantes:

Pete Gogolak

De todos los traidores a la Nº 5 (?) fue el que menos trascendió con la redonda, pero el que más influencia tuvo con la ovalada. Nacido en Hungría, escapó siendo un adolescente junto a su familia de la Revolución Húngara para radicarse en los Estados Unidos.

Paradojas de la vida: la revolución en el fútbol americano lo tendría como protagonista. Fue en los 60’s, cuando se destacó no solo por su efectividad, sino por introducir el “soccer style”, lo que cambió la manera de ejecutar las patadas. Hasta hoy en día, se mantiene como el máximo anotador de los New York Giants.

Toni Fritsch

Tras el éxito de Gogolak como pateador, en 1971 los Dallas Cowboys buscaron causar un impacto similar, y pusieron el ojo en este asutríaco, que al momento de su llegada a los EE.UU. acumulaba más de 100 partidos en el Rapid Viena y hasta había disputado varios juegos con su selección.

Después de someterlo a una prueba (que pasó con suficiencia) y de ofrecerle una pila de dólares, los Vaqueros se aseguraron al primer jugador en saltar del fútbol profesional al ídem (?). Este ex delantero festejaría el Super Bowl VI y jugaría en cuatro franquicias más hasta su retiro definitivo del deporte en 1985.seemannn

El noruego Seemann y sus dos facetas

Finn Seemann

Houston Oilers, otro equipo de Texas, se sumó a la moda de traer un europeo para el puesto de pateador. En este caso, se trataba de un noruego que jugaba en el FC Utrecht de Holanda. Sin embargo, ya había estado en Norteamérica: en 1967 jugó algunos partidos en Dallas Tornado, por el campeonato de la Asociación de Fútbol de Estados Unidos, el torneo antecesor de la NASL.

En 1973 fue invitado, gracias a su potencia para ejecutar las pelotas paradas, a realizar un entrenamiento con los engrasadores (?): de 10 intentos de goles de campo, anotó 9. “Me resulta fácil”, dijo Seemann tras la práctica. “Es sí: lo que me cuesta es mantener el casco en mi cabeza.” No obstante, vio poca acción en los partidos oficiales, ya que el equipo contaba con otro pateador, y al poco tiempo regresó a su continente.Derek Smethurst

El “two-sport man” sudafricano

Derek Smethurst

Después de varios años en el fútbol inglés (ganó la FA Cup con Chelsea en 1971) este delantero sudafricano fue uno de los tantos extranjeros que llegaron para jugar en la NASL. La rompió en Tampa Bay Rowdies (fue campeón, goleador, formó parte del Juego de las Estrellas) y en 1977 firmó un contrato para jugar en simultaneo con los Buccaneers, el equipo de NFL de la ciudad. “Me he estado preguntando durante mucho tiempo si puedo hacerlo”, comentó al momento de su presentación. Apenas pudo: solo disputó algunos partidos de pretemporada antes de volver al soccer.

Neil O’Donoghue

Antes de cumplir 20 años, este irlandés llegó a los Estados Unidos, becado para jugar en el fútbol que no causa conmoción cerebral (?). En su país, era la gran promesa del Shamrock Rovers F.C. En su nueva casa poco pudo demostrar: el programa de becas fue cancelado al poco tiempo, aunque supo aprovechar la fuerza de sus piernas: se convirtió en el kicker de Buffalo Bills, Tampa Bay Buccaneers y St. Louis Cardinals, entre 1977 y 1985

tony meola

El 1

Tony Meola

Tras el Mundial 1994, y en su punto más alto de popularidad, el capitán de la Selección de Estados Unidos decidió probar suerte con los New York Jets. Con la esperanza de que su experiencia como futbolista le ayudara para ser el pateador del equipo, el arquero realizó la pretemporada con la franquicia neoyorquina hasta que el coach lo cortó por no alcanzar el rendimiento esperado.

Para colmo, la frustrada aventura de Meola en la NFL le costó para siempre el puesto como portero titular de la selección, perdiéndose así la oportunidad de disputar la Copa América 1995 y el Mundial 1998, aunque formó parte del conjunto que disputó el Mundial 2002.

Martín Gramática

El argentino logró algo que no pudieron otros sudamericanos que practicaron con la ovalada, como el brasileño Adhemar y el paraguayo José Luis Chilavert. No solo jugó en la NFL (defendió los colores de Tampa Bay Buccaneers, Indianapolis Colts, New England Patriots, Dallas Cowboys y New Orleans Saints), sino que además disputó un Juego de las Estrellas y ganó el Super Bowl XXXVII. La vida de este hincha de Boca cambió cuando se mudó con su familia a EE.UU. “No entendía nada de fútbol americano cuando llegamos, ni siquiera había visto un partido”. Con la redonda, no pasó de las fuerzas básicas del Necaxa y de los picaditos en los campos de La Belle, Florida. Justamente allí, un entrenador vio como le pegaba a la pelota y lo invitó a una prueba. El resto, historia conocida.

Barclay

Amagó con la 13, explotó con la 23

Devin Barclay

Juventud, talento, habilidad: esta promesa de la MLS tenía todo para ser el nuevo Freddy Adu (?). Firmó su primer contrato a los 17 años, y formó parte de tres equipos juveniles diferentes (Sub 18, Sub 20 y Sub 23). Sin embargo, las lesiones fueron minando poco a poco su carrera y, después de pasar por 4 equipos diferentes, largó todo a los 22 años.

No todo, en realidad: a pesar de sus habituales visitas a los doctores, el Bardaro yanqui (?) no perdió potencia en sus remates, por lo que se convirtió en pateador de Ohio State, equipo con el que vivió su día de gloria. Fue el 14 de noviembre de 2009, cuando ingresó para clavar este gol de campo que mandó a su equipo al Rose Bowl, que vendría a ser algo así como el Super Bowl en versión universitaria. “No hay nada que se pueda comparar con esto”, dijo Barclay al término del partido. Así dejó en claro que el soccer siempre da revancha. Y el football, también.

[Go home] Tu nombre en clave es Jay Goppingen

Dura la vida del futbolista recién retirado. Se apagan las luces, se terminan las ovaciones, escasean los reconocimientos, los autógrafos le van dejando cada vez más espacio al dolor de ya no ser y otros lugares comunes sobre los que se ha escrito mil veces, aunque no dejan de ser ciertos.

Para contrarrestar ese vacío y continuar con esa vida de viajes, prácticas y concentraciones, muchos se convierten en entrenadores o cumplen roles secundarios dentro de un cuerpo técnico. Otros, en cambio, no soportan la desolación de estar del otro lado de la línea de cal y vuelven al ruedo con los cortos después de un buen tiempo, sin medir los costos de poner en juego el apellido y regalar prestigio.

Aunque claro, pocos tuvieron en cuenta la gran Klinsmann: seguir jugando con otro nombre.

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No hace falta ahondar demasiado en la carrera de Jürgen Klinsmann. Implacable goleador del Sttutgart alemán, revalidó sus condiciones en equipos del extranjero y también con su Selección. Anotó 11 goles en los Mundiales, repartidos entre Italia ’90, USA ’94 y Francia ’98. Levantó una Copa del Mundo y una Eurocopa, aunque sólo pudo conseguir una liga de clubes, con el Bayern Múnich en 1997, cuando ya divisaba su retiro.

Después de disputar su último partido oficial con el Tottenham, en 1998 jugó su último Mundial con Alemania y entonces sí, al año siguiente lo despidieron con papelitos en el estadio del Sttutgart, entonces denominado Gottlieb-Daimler y antiguamente llamado Adolf-Hitler-Kampfbahn. Pero lo historia no se cerró ahí…

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Con los botines ya colgados, Jürgen tomó una decisión de vida: alejarse del ambiente del fútbol. Quería ser un anónimo, poder caminar por la calle y que nadie lo reconociera. Eso era imposible en su país y en cualquier otro lugar con una fuerte cultura futbolera. Por eso eligió irse a vivir a los Estados Unidos, los pagos de su esposa Debbie.

Ya instalado en la pacífica Huntington Beach (California), Klinsmann logró lo que buscaba: tranquilidad y armonía familiar en un contexto donde no existía el fútbol ni la exposición pública. Parecía una situación ideal, pero después de unos años comenzaría a aburrirse…

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En 2003, el ex atacante del Inter comenzó a dar señales cuando entrenó con Los Angeles Galaxy de la MLS, aunque sólo de manera recreativa. Decía que sólo quería estar en forma, aunque negaba la posibilidad de volver a entrar a una cancha de manera oficial.

Unos meses después, sin embargo, unos amigos con los que jugaba de vez en cuando le propusieron que vistiera la camiseta del Orange County Blue Star de Irvine, un equipo californiano que participaba de la Premier Development League, la cuarta división de los Estados Unidos. Jürgen, con 39 años, aceptó el desafío y puso una condición: no utilizar su verdadero nombre.

Antes de que el goleador se arrepintiera, sus compañeros lo anotaron bajo la identidad de Jay Goppingen, en homenaje a la inicial de su nombre y al pueblito alemán donde nació. Jay, agradecido, devolvió favores con lo que mejor había hecho en su vida pasada.

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Con 5 goles en 8 partidos, colaboró para el equipo se metiera en los playoff por el ascenso. Se divertía y encima nadie lo reconocía. Todo era tan perfecto, que alguien tuvo que arruinarlo: en un partido ante el Southern California Seahorses, un rival se percató de que a ese rubio lo tenía visto de algún lado. Fue entonces que le avisó a un periodista amigo, que investigando googleando llegó a la conclusión: el famosísimo Klinsmann estaba jugando con otra identidad. Suficiente para que el 9 no volviera a aparecer.

Al día de hoy, los pocos simpatizantes del Orange County Blue Star se preguntan: ¿qué habrá sido de la vida de Jay Goppingen?

[Go home] The Age of Escobillón (?)

“Si Mauricio quiere vender a Guillermo Barros Schelotto que lo haga… total, yo en la reserva tengo a otro Guillermo que es todavía mejor que El Mellizo…”. Aquellas memorables palabras que en medio del Apertura ’98 vociferó Carlos Bianchi, manifestaban la ilusión y el encantamiento que una joven figura Xeneize desataba jugando los preliminares ¿Su nombre? Sergio Adrián Guillermo.

Sin embargo y pese a mantener muchas vinculaciones con el hermano de Gustavo (su padre Juan Rogelio, ex jugador, era conocido como El Mellizo Guillermo ya que nació con esa condición), desde el inició se emparentó al emergente delantero con el atacante estadounidense Cobi Jones por el gusto que ambos jugadores sentían hacía los cortes de pelo aerodinámicos, a la vista de Marcelo Araujo, rabino bautismal del “Escobillón”.

Hoy, haremos un malicioso cuadro comparatorio con la carrera de uno y otro jugador, en pos de hallar similitudes y diferencias en la vida y obra de dos hijos directos de las relaciones carnales: Adrián Guillermo y Cobi Jones. Cobi Jones y El Escobillón…

Carrera en clubes de Cobi Jones

Cobi N´gai Jones nació el 16 de junio de 1970 en Detroit, Michigan. Puntero derecho veloz, habilidoso y carismático, es uno de los mejores y más recordados jugadores de su país en toda la historia. Inducido al Salón de la Fama del Fútbol Estadounidense en 2011, se inició en la Universidad de California y luego pasó por el Coventry de Inglaterra (1994/95), el Vasco da Gama de Brasil  (1995/96) y Los Ángeles Galaxy (1996/2007). Dejó un grato recuerdo en todos los equipos por los que pasó, teniendo las puertas abiertas de todos y cada uno de ellos.

Carrera en clubes del Escobillón

Sergio Adrián Guillermo nació el 15 de marzo de 1980 en Moreno. Proyecto trunco de puntero derecho veloz, habilidoso y carismático, es uno de los mayores fiascos y decepciones de la década de los noventa, de la historia de Boca Juniors y hasta del fútbol argentino. Fue inducido a En Una Baldosa en 2004 y es uno de sus miembros insignes.

Debutó en 1998 y luego pasó con pena por Badajoz de España, Estudiantes de La Plata, Jorge Wilstermann de Bolivia, Estudiantes de Caseros, San Telmo, El Porvenir, Colima de México, Deportivo Morón, Argentino de Merlo, Justo José de Urquiza, Sportivo Luqueño de Paraguay, Rosamonte de Apóstoles y miles de clubes más del inframundo, algunos de ellos conseguidos gracias al poder del Facebook. Entre los hinchas de los clubes por donde pasó, la sola mención de su apellido genera tristeza y hasta vergüenza ajena pero jamás bronca.

Carrera internacional de Cobi Jones

El número que signó su trayectoria a nivel de selecciones es “Tres”, ya que esa es la cantidad de Mundiales que disputó: USA ’94, Francia ’98 y Japón/Corea 2002, en los cuales brilló como una fresca rueda de auxilio que ingresaba cuando los defensores rivales se estaban quedando sin piernas.

También, el norteamericano disputó cinco ediciones de La Copa de Oro de la CONCACAF, los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92, la Copa Rey Fahd ’92 y las Copas América de Ecuador ’93 y Uruguay ’95, donde salió en Cuarta Ubicación y le pegó un baile de novela a Marcelo Espina en el encuentro frente a la Argentina de Primera Ronda.

Carrera Internacional del Escobillón

El número que signó su trayectoria internacional es “Tres”, ya que esa es la cantidad de prestigiosos entrenadores que estuvieron a punto de boxearse por sus correrías. En el verano de 1999 y después que Adrián Guillermo disputase el Sudamericano Sub-20 de Mar del Plata, tanto Carlos Bianchi como José Pekerman y Hugo Tocalli iniciaron una feroz polémica a raíz de las versiones encontradas sobre la grave lesión con la que el delantero regresó a las prácticas de Boca Juniors.

Tras varios cónclaves subidos de tono entre los directores técnicos con sus cuerpos médicos incluídos, se llegó a una inexorable conclusión: el pibe les mintió a todos y se había lesionado jugando en el barrio en los días que tuvo de descanso tras la competición ¿Y entonces? Y entonces el trinomio Bianchi-Pekerman-Tocalli le hizo la cruz al Escobillón

Misceláneas de Cobi Jones

Se casó con la espléndida Kim Reese y constituyó una de las familias más simpáticas de Hollywood. Además, fue modelo de varias marcas de alta gama y participó del prestigioso calendario de trajes de baño de la revista Sports illustrated posando con modelos de lo más apetecibles. Una vida abundante en todos los sentidos.

Misceláneas del Escobillón

Durante sus días de gloria presentó en sociedad a su novia Marina y no hubieron muchas más novedades a nivel botineril (?). No consiguió nunca el tan mentado contrato profesional con Boca Juniors por seguir los consejos de Settimio Aloisio y volverse un rebelde. Tal vez, la peor de todas sus decisiones. El decadente empresario italiano desapareció de los primeros planos por aquella época y de su mano se hundió Adrián Guillermo.

Presente de Cobi Jones

Juega fútbol senior con diferentes equipos de estrellas y trabaja en los medios de comunicación siendo una figura respetada y entrañable. Es un habitué de las fiestas, reuniones y estrenos de Hollywood y pasa sus días rodeado de leyendas, como el ex Boca Luis Arturo Hernández, con quien suele pasear en automóvil.

Presente del Escobillón

Se supo que participó de algunos partidos de los veteranos de Boca Juniors pero no suele asistir con frecuencia. Algunos de sus legendarios ex compañeros aceptaron sacarse alguna que otra foto con él pero, eso sí, de invitarlo a pasear en auto mejor ni hablar…

[Go home] “Victory”, un doble homicidio de tímpanos

Por cosas como éstas debe ser que, futbolísticamente, a los yankees los queremos como a pocos. Sin tradición futbolera alguna, con ligas que oscilaban entre el invento y la oportunidad económica más una irrisoria desorganización a nivel de Selecciones, en 1989 la desamparada escuadra de universitarios estadounidenses veía casi como una utopía su presencia en el Mundial de Italia.

Con México afuera de carrera a raíz de Los Cachirules, con el aporte providencial de héroes inesperados y gracias a que su oponente final –Trinidad y Tobago- había arrancado igual de torcido que ellos, la conocida desde entonces como USMNT llegó a la jornada definitoria igualada en puntos pero con un gol menos que el combinado de Dwight Yorke. Los americanos (?) debían ganar o ganar. Vale aclarar, por supuesto, que el otro cupo ya lo había obtenido la Costa Rica de Luís Gabelo Conejo con cuatro meses de antelación.

Y así, el 19 de noviembre de 1989, comiéndose un baile de novela como visitantes en La Bombonera de Puerto España (?), Paul Caligiuri se disfrazó del Chango Cárdenas y desde 30 metros sacó el célebre “Disparo Que Se Escuchó En Todo El Mundo” con el que los Yankees se metieron milagrosamente en una Copa del Mundo tras 40 años de frustraciones. Los 30.000 trinitenses se fueron apesadumbrados al no haber podido batir ni a Tony Meola ni al árbitro argentino Juan Carlos Pichi Losteau, de pésima labor…

Fue tanta la algarabía que se desató por esta heroica clasificación que la Federación llegó a la conclusión que para despertar los aletargados ánimos de la población y también para brillar en el Mundial, el equipo de Estados Unidos necesitaba algo fundamental: una canción representativa, sin (?).

Por tal razón, le encargaron la composición de la misma al rapero Def Jef y al DJ Eric Vaughn, le propusieron a los jugadores agregar los coros y contrataron para la realización del video al director Marty Callner, quien había trabajado con Aerosmith, Cher y Poison, entre otros. Además, lograron que la cinta se estrene en Heavy Rotation de la MTV en un segmento conducido por el volante John Harkes y por la siempre follable (?) Daisy Fuentes…

Pero eso no es todo, también consiguieron la participación estelar del queridísimo Orenthal James Simpson – ¡Si, OJ!- quien sería el único capaz de meter otro disparo que se escuche en todo el mundo un poco de gracia y carisma en medio de la notable timidez de los futbolistas… ¡El Juice se robó el show!

“Ésta no la tenías, Lavecchia…”

Pese a aquellos artísticos esfuerzos, ni la canción ni el soccer prendieron entre los norteamericanos. Menos aún, cuando Estados Unidos terminó en la anteúltima colocación de Italia ’90 producto de tres derrotas en igual cantidad de encuentros. Una repudiable actuación condenatoria de la que no los salvan ni varios prestigiosos bufetes de abogados…

[Go home] Andrew Shue, el cuñado de los ochenta (?)

Una vez decididos el lugar, la fecha y la hora del arranque de la Major League Soccer, los dueños de cada una de las franquicias se vieron con un dilema superior: debían conformar desde cero planteles con norteamericanos que al menos supiesen parar la pelota y, además de eso que no es poco, tendrían que sumar un par de apellidos que sean atractivos para un público que aún no existía.

Por ejemplo, el hombre fuerte de la Federación, Alan Rothemberg, ayudó a Los Angeles Galaxy a hacerse con el fichaje de los internacionales yankees Cobi Jones y Ante Razov, del salvadoreño Mauricio Cienfuegos, del ecuatoriano Eduardo Hurtado y también del inolvidable arquero mexicano Jorge Campos. Pero además, el dirigente recordó a un joven buen mozo (?) a quien conoció en un exclusivo ágape en Hollywood y que, al parecer, tenia un pasado con la número cinco ¿Su nombre? Andrew Eppley Shue.

El susodicho tenía una trayectoria cuanto menos discutible: Bulawayo Highlanders de Zimbabwe (1991), Los Angeles United (1993) y Anaheim Splash (1994). Pero lo que tenía de superlativa su atractiva figura, es que era una de las figuras de la por entonces aclamada mundialmente serie televisiva Melrose Place. ¡Imagínense a Gastón Pauls jugado en la Primera de Boca! Instantáneamente, claro, Andrew Shue fue invitado a sumarse a la plantilla del Galaxy en el rol de delantero.

Pero la cosa no sólo quedó ahí: con Andrew Shue como estandarte fue como se promocionó el nacimiento de ésta nueva competencia. Y así el actor fue la figura central de entrevistas, actos, spots televisivos, programas alegóricos y tertulias donde su fluida oratoria y su dentadura perfecta opacaban las presencias de Carlos Valderrama, El Diablo Etcheverry, Roberto Donadoni o Walter Zenga, entre tantos otros “jugadores franquicia”.

Hay que entender que el californiano en general y el angelino en particular tienen muy aceptada y arraigada la cultura de las celebrities. Por tal razón a nadie le extrañó cuando Andrew Shue fue el encargado de realizar el sorteo en el Partido Inaugural de la Mayor League Soccer, entre San José Clash y DC United. Así como leen. Desde el minuto cero la Liga estuvo bendecida con la participación vital de un baldosero. Y de los buenos…

A los bifes y aunque la primitiva Mayor League Soccer era un torneo entre improvisado y bizarro, al querido Andrew Shue solo le alcanzó para disputar, como suplente, escasos 86 minutos diseminados en cinco encuentros. Es más, cada uno de sus ingresos fue como para que el público no se fuera sin ver correr un rato al ídolo juvenil que hacía las delicias de adolescentes y veteranas. Al final de la temporada y con el pretexto de una lesión, el actor se retiró y regresó a Melrose Place.

Tras la cancelación de la aclamada serie en 1999, Andrew Shue baldoseó a morir en producciones Clase B y hasta Clase C. Estuvo en la pedorrísima “Goal 3” y participó en la película “Gracie”, historia que está basada en los días como jugadora de fútbol juvenil de su bellísima, famosísima y talentosísima hermana.

¿Y quien es ésta agraciada familiar? Nada más y nada menos que la reconocida Elizabeth Shue o, como le dicen los cinéfilos, “La Novia de Los Ochenta”, quien enamoró a todo el planeta siendo la chica linda de “Volver al Futuro 2”, “Karate Kid”, “Coctail” y, más acá en el tiempo, “Adios a Las Vegas” y “El Santo”, entre tantas otras. La amo. La amo posta. Con toda mi alma, eh. No aguanto más… La tengo que ver… Chau…

“Aruba, Jamaica… Bermuda, Bahama…”

Hoy por hoy, Andrew Shue sigue fantaseando con un hipotético retorno de Melrose Place, quizás, lo único que lo puede devolver a las primeras planas… ¿Quién sabe? Si volvieron Axl Rose, Slash y Duff, todo es posible…

[Go home] That’s All Folks: Los Cachirules

Para arrancar, vamos a abarcar la piedra fundacional de la hoy por hoy estable liga estadounidense. Y esa génesis no la hallaremos ni en el primer partido disputado en 1996; tampoco cuando anunciaron la contratación de Carlos Valderrama y mucho menos cuando se le adjudicó a aquel país la sede del Mundial de 1994. Nada de eso… La querida Major League Soccer comenzó a ser una realidad en abril de 1988, cuando estalló el escándalo de “Los Cachirules”.

El tema es así: los dirigentes mexicanos, por aquel entonces los kapangas de la Confederación, comían las porciones más sabrosas del pastel, dejándole apenas las servilletas sucias al resto de sus vecinos, por no decir invitados. Recientemente anfitriones del Mundial ’86, miraban con recelo la posible inminente realización de una Copa del Mundo en los Estados Unidos. Más que nada, para que no naciera un hermanito rubiecito y regordete con quien repartir los juguetes.

A nivel de selecciones, los mariachis habían clasificado recientemente a los Juegos Olímpicos de Seúl ’88 y se sabían ganadores por muerte de un cupo en el Mundial de Italia ’90. Con esa patriótica confianza, la Selección Sub-20 de México acudió en abril de 1988 al Torneo Clasificatorio de la categoría en Guatemala y logró su cupo en el Mundial de Arabia ’89 al salir en segundo lugar, detrás de la juvenil de Costa Rica.

Acá viene lo raro… A los pocos días -dos para ser precisos- la propia Federación Mexicana de Fútbol les regaló a los periodistas un anuario donde deschavaba la tramposa edad de algunos de los miembros de aquella Selección Sub-20. Uno tenía 23, otros tenían 22, había alguno con 21 y así con casi todos… Además y con llamativa rapidez, el Canal Imevision con el periodista Antonio Moreno a la cabeza, se hizo con actas tanto de fichaje como de nacimiento en las cuales quedaba en evidencia el fraude de jugadores y dirigentes. Chupala, Lanata…

Instantáneamente, la Federación de Guatemala con el respaldo fundamental de la Federación de Estados Unidos, iniciaron las investigaciones y los sumarios correspondientes. No les hizo falta mucho, ya que todos los involucrados terminaron quebrándose y confesando ante unos pocos cuestionamientos. En Mayo de 1988 la CONCACAF resolvió descalificar del Mundial Sub-20 de Arabia ’89 a los muchachotes mexicanos y otorgarle el cupo a aquellos rústicos pibes yankees salidos del College.

¿Algo más? Si, se determinó eliminar a México de los Juegos Olímpicos de Seúl (sin que se expidiera el Comité Olímpico Internacional y otorgándole esa plaza a Guatemala) y se suspendió a la Selección Mayor por dos años, impidiéndola de participar de las Clasificatorias para Italia ’90.

Extraña que, desde la FIFA, tanto Joao Havelange como Guillermo Cañedo, “El Julio Grondona Mexicano”, hayan manifestado un escueto: “No somos quienes para rebatir la sanción de una Confederación sobre uno de sus afiliados”. Raro. Por que nadie puede disentir sobre la sanción de por vida que obtuvo una veintena de dirigentes mexicanos ni que se haya bajado a la Sub-20 del Mundial. Pero ¿Era para tanto?

Un mes después, tan sólo un mes después, los dirigentes norteamericanos celebraron el ser designados anfitriones del Mundial ’94; el tener allanado el camino de su equipo hacía Italia ’90 y el ver viable la concepción del requisito sine qua non que les imponía la FIFA: tener una liga propia, seria y estable.

Y esto, además de por la decisión política, lo vislumbraron gracias al ejercito de anunciantes que dejarían México tanto por el escándalo de “Los Cachirules” como por el fraude electoral que llevó a la Presidencia de ese país a Carlos Salinas de Gortari. Y todo se inició por un puñado de pibes que hicieron lo mismo que hacemos nosotros cuando tenemos la caradurez de caer en una discoteca: chamuyar con los años…

“-¡I want the truth! / – ¡ You can’t handle the truth!”

“-¡Quiero la verdad! / – ¡No sabes que hacer con la verdad!”

(Tom Cruise y Jack Nicholson, “A Few Good Men”, 1992)

“Cachirulo” fue un popular personaje cómico encarnado por el actor Enrique Alonso, quien interpretaba a un menor de edad cuando claramente ya era un adulto hecho y conciso. Por carácter transitivo y por las pruebas aportadas, cuatro jugadores de aquel Sub-20 fueron estigmatizados con ese mote y señalados como los culpables de aquel punto de inflexión en la historia del fútbol mexicano, a saber:

Aureliano Rivera Bueno (El Coreano / El Cachi)

El que mejor trayectoria tuvo de los cuatro, aunque sin dejar de ser mirado de reojo por el medio futbolístico. Jugador del Tampico y con 22 años cuando estalló el escándalo, en 1989 éste zaguero central pasó al Cruz Azul y dos años después al Puebla. En 1997 fue encarcelado luego de atropellar y matar a dos ciclistas, encontrándose en estado de ebriedad. Terminó su trayectoria en Lobos BUAP del ascenso en el año 2001. Luego fue técnico de diversos equipos del ascenso pero disfrazado de asistente en las planillas por no poseer el curso de entrenador.

José De La Fuente Guzmán (El Chorro / El Cachi)

También defensor y poseedor de 22 pirulos cuando estalló el escándalo, época durante la cual era titular en Monterrey. Luego lo bajaron a las inferiores hasta el año 1991, cuando se retiró del fútbol y básicamente desapareció del mapa.

Gerardo Jiménez Cantú (Shaggy / El Cachi)

El que hizo el gol de la fallida clasificación y quien ya contaba con 20 años. Siguió en Monterrey hasta 1994 con escaso suceso. Luego jugó una temporada en el Tampico y otra en el Pachuca. Bajó a Segunda y se retiró después de un año en el desaparecido Atlético Hidalgo. Dirigió a varios equipos del ascenso mexicano.

José Luis Mata Santacruz (El Cachi)

Con 22 años en abril de 1988, siguió baldoseando hasta 1993 con la camiseta del Atlas. Jugó un año con el Pachuca en Segunda División y se retiró. Luego se dedicó a la dirección técnica sin jamás despegarse del martirio de ser señalado como uno de los responsables de la máxima vergüenza del fútbol mexicano en la historia, a la par de sus tres compañeros.

Pese a todo y en nombre de ellos, miles de jugadores mexicanos falopas cobrarían su revancha, pocos años después, baldoseando en lugares llamados Columbus Crew, Dallas Burn o Chivas USA, expandiendo así el legado de los famosos “Cachirules”…

“¿Hicimos la trampa los periodistas?”, “no, no, no”…