Fuera de Stock: Gol Show – Hacele un gol a Chilavert

En el último trimestre de 1996, cuando ya había transitado tres décadas en esta Tierra, el arquero paraguayo José Luis Félix Chilavert González había logrado algo que, en la teoría, está reservado para personas que aún no han llegado a la flor de la vida: ser un auténtico número uno con una magnífica trayectoria, un presente brillante y todavía mucho para brindar en el futuro.

Campeón argentino, de América y del Mundo con Vélez Sarsfield; máximo referente de la Selección de su país y galardonado como El Mejor Guardametas del Planeta en 1995 por la IFFHS, El Chila había conseguido un reconocimiento tardío y a regañadientes del medio futbolístico y también de parte de la sociedad Argentina que, sin embargo, en ese momento no se quería percatar que estaba ante la presencia de un verdadero mito viviente.

Es que convivían sensaciones ambiguas en torno a la inmensa figura del Guerrero Guaraní que, dentro de las cabezas de muchas personas, actuaban como el diablito y el angelito que le tiran consejos al Pato Donald (?). En el haber estaban: sus goles a River, sus tantos a Boca, sus anotaciones ante la Argentina, sus gloriosas atajadas, el hecho de ser el orgulloso embajador paraguayo por excelencia en una nación donde vivían (y viven) millares de sus coterráneos, el lograr que un club periférico de la Capital tenga más Copas internacionales que hinchas y su influyente personalidad, entre tantos otros méritos…

Por el otro lado, el supuestamente negativo, podemos contrastar básicamente lo mismo: sus goles a River, sus tantos a Boca, sus anotaciones ante la Argentina, sus atajadas perjudiciales para las mayorías, el hecho de ser el orgulloso embajador de un país mirado en forma principalmente peyorativa, el haber ayudado a los dirigentes del Fortín a sentarse en la mesa de los grandes y, por supuesto, su influyente personalidad, que lo llevaba a vociferar cosas tales como: “tú no has ganado nada”, “los jugadores que van a la TV por un sueldo me dan lástima, matarían a la madre por plata”, “Amadeo Carrizo atajaba en una época donde los delanteros se mataban con pastas y vino. Me da risa”, “yo de los mediocres no hablo” por Navarro Montoya y “habría que crear un campeonato para la gente normal y otro para los drogadictos” en relación a Diego Maradona, entre tantas otras palabras. Ojo, a veces escupía a Martín Ciccioli y todos festejaban…

Como fuese, ese otro moldeador fundamental de la esencia nacional de los últimos treinta años además de gran conocedor de los gustos y necesidades de las masas, llamado Marcelo Tinelli, olfateó la oportunidad al vuelo y así nació: “Gol Show – Hacele un gol a Chilavert”. Ahora todos tendrían la posibilidad de poner de rodillas al coloso en primerísimo Prime Time.

La mecánica era simple: había que recortar y llenar un cupón que venía en la revista El Gráfico, enviarlo a una dirección postal o depositarlo en la urna que estaba en tu kiosco amigo (?) y, si un jueves El Cabeza de Bolívar agarraba tu sobre, automáticamente te ganabas dos abonos anuales en platea para ver a tu equipo favorito.

Después, claro, venía lo mejor. En un arco con medidas reglamentarias tenías la chance de patearle un penal a José Luis Chilavert y, si lograbas convertirlo, te hacías acreedor de un departamento de tres ambientes en una confortable zona de Buenos Aires. O sea, un penal al dogor por una casa para toda la vida…

Por supuesto, esto último no era tan simple. El participante debía poseer un teléfono digital y la pelota en cuestión, impulsada por una especie de cañón, saldría con una potencia inherente al tono elegido. La modalidad era cuanto menos sospechable, acorde a la mayoría de los productos rubricados por Tinelli.

Así las cosas, pasó una semana, pasaron dos, pasaron tres, cinco, siete y nada. Ni un gol ni un derpa, nada. Por ahí le hicieron uno y todos rieron. Después le hicieron otro y algunos se preocuparon. Hasta que un fatídico jueves de diciembre le convirtieron a Chilavert tres goles seguidos, algunos de pelotudísima factura, y ahí se acabaron las risas. Sobretodo las de Saladix, la empresa que ponía la tarasca para pagar los inmuebles…

A la semana siguiente, Chilavert desapareció definitivamente de El Show de Videomatch acusando una lesión que, sin embargo, no le impidió atajar contra Bolivia en la altura de La Paz por Eliminatorias.

En su reemplazo ingresó su archirival, Carlos Fernando Navarro Montoya -quien recientemente había sido echado de Boca por el tema de las camisetas pero a los ojos de la gente bien al menos sí deseaba ser Argentino- y los departamentos mutaron en autos cero kilómetro. Por que el uno a uno daba para cualquier cosa, pero tampoco eran tan boludos…

El Gol Show finalizó -sin volver a ser mencionado y sin aviso a quienes habían enviado sus sobres- dos semanas después, cuando El Mono fue transferido al Extremadura de España. Así y todo, cinco familias en cinco departamentos de Capital Federal hoy tienen donde no los moje la lluvia y también donde caerse muertos gracias al inmortal Guerrero Paraguayo… o al menos, eso fue lo que nos hizo ver Marcelo Hugo Tinelli.

Fuera de Stock: Los juegos de fútbol para Sega

El tiempo antes corría en 8-bits. Una consola de videojuegos duraba una generación, marcaba una infancia, signaba una vida… Durante el primer lustro de la década de los noventa, muchos llegamos al pináculo del nardismo con los juegos de fútbol para Family Game. Y ahí algunos cantaron “Game Over”.

Otros, tal vez más afortunados, continuaron por aquella senda, renovándola, ya sea por que aún no habían probado las mieles de perseguir adolescentes ó por que los amparaba el hecho de poseer un hermano menor. Cualquiera de esos formatos valía. Aunque luego, felizmente, tanto desertores como continuadores nos reencontramos, inesperadamente, gracias a los juegos de Fútbol para PC; pero eso es para otro día…

La consola sobre la que hoy hablaremos llegó en algún momento remoto de mediados de los noventa y con varios apellidos que hacían difícil hallar su verdadera identidad. Para algunos era “La Genesis”, para otros se trataba de “La 16 Bits”, había quienes bancaban los trapos afirmando que estábamos en presencia de “La Saturn” y existía también un grupo que sostenía que su nueva novia era “La Mega Drive”. Cada cual tenía su propia versión y la defendía a capa y espada. En lo que vamos a estar todos de acuerdo, es en que aquel oscuro aparato va a quedar en los libros de la historia social Argentina simple y llanamente como: “La Sega”

Hoy vamos a recordar cuatro juegos insignes de aquella máquina que, sin que ninguno de nosotros lo supiese o lo sospechase, estaba construyendo los cimientos del fútbol virtual del siguiente milenio.

Sensible Soccer

Desarrollado en 1992 por la empresa Sensible Software, su primitiva estética es reivindicada por estos días, en donde jugadores de todos los tiempos son caracterizados en las redes sociales como players de éste juego.

De jugabilidad divertida por lo anárquica debido a su extrema velocidad, fue la primer franquicia que incluyó nombres de jugadores y de equipos pero deformados. Además incluía varias ligas y competiciones europeas, la mayoría de ellas inexistentes. Lo mismo ocurría con los campeonatos de Selecciones.

Otro gran atractivo fue la oculta inclusión de combinados ridículamente divertidos, tales como: Flower Power, Zoo Animals, Disk Error, Vegetables, Zodiac City, Ancient Gods y Crimes City, donde brillaban Drácula, Frankestein, Jason Voorhees y Freddy Krueger, entre otros. En ese detalle, el de desbloquear sorpresas, Sensible Soccer también sentó un precedente.

Lamentablemente, el juego fue rápidamente desplazado por otros con mayor calidad gráfica y tuvo que esperar más de dos décadas para lograr la eterna redención que otorga la nostalgia. Y así logró periódicas actualizaciones y mejoras que mantienen viva su memoria.

Sensible Soccer, un juego ideal para disputar campeonatos por plata bebiendo…

Tecmo World Cup ‘93

Hijo directo de Sega, se trata de otro juego innovador, ya que éste título incluyó algunas cosas con las que nadie había intentado transgredir hasta ese momento: el catenaccio y los partidos basura.

Así es, si bien tenía una visible mejora gráfica con diferencia al resto de los títulos de la época, los esquemas eran más rígidos que el de Bielsa en el Mundial 2002, atacabas menos que un equipo de Alfaro y era más fácil ganarle una pelea de chamuyo a Caruso Lombardi que batir a un arquero. Cuando convertías un gol, si es que antes no te agarraba un ACV debido a su insoportable musiquita, ya mirabas el cartucho del estúpido de Sonic con bastante simpatía.

Un año después la empresa publicó el Tecmo World Cup ’94 y levantó exponencialmente la puntería. Pero nos queda éste recuerdo: Tecmo Wold Cup ’93, un abominable testimonio del fútbol que veían los programadores por aquellos días.

Internacional Super Star Soccer Deluxe

Y bien amigos (?), ahora si llegamos a lo verdaderamente bueno. Con su inolvidable música a lo película porno de baja calidad, este juego era un paso adelante tanto por su jugabilidad como, por sobretodo, su avanzada gráfica. Además, estaba basado en el Mundial de USA ’94, por lo cual podíamos tomarnos revancha de todos esos buchones y caretas de la FIFA.

Lo más destacable de ISSSD (?) es que por primera vez dejamos de ver jugadores genéricos en su apariencia y tuvimos muñequitos basados física y estéticamente en la vida real. Y así defendieron a la selección argentina los rubios delanteros Capitale (Batistuta) y Fuerte (Caniggia); el arquero García (Goycoechea); el elegante volante pelilargo Santos (Redondo) y al super astro Redonda (Maradona).

Pero eso no es todo. También estaban personalizados, entre otros, Valderrama y su melena (Murillo), el malogrado Andrés Escobar (Suárez), el rockero Alexi Lalas (Ewing), Roberto Baggio y su colita (Galfano), el infantil Bebeto (Allejo), el fiestero Romario (Gómez) y muchísimos, muchísimos más.

Además, la franquicia innovó en la posibilidad de seleccionar detalles periféricos, como el estadio, el estado del campo de juego, el clima, la hora, el sorteo, las lesiones o la rigurosidad de algunos árbitros, dando a entender que los usuarios se estaban poniendo más quisquillosos y ya no pretendían un simple simulador de partidos esquematizados.

Un año después, el viejo y querido Internacional Super Star Soccer Deluxe mutaría en algo llamado Winning Eleven o, como algunos preferimos decirle, en el Pro Evolution Soccer…

FIFA International Soccer

El que sin saberlo inauguró la saga y el que llevó a nuestros hogares tanto un nuevo logo como un nuevo sonido: los representativos de EA Sports. Totalmente adictivo pese a lo rudimentario de sus gráficos y a lo genérico de los jugadores. Un verdadero punto de inflexión como el primer disco de The Ramones.

“El FIFA”, como se lo conoció desde el día uno, daba la posibilidad de jugar diferentes ligas o de elegir entre más de 200 selecciones; por lo cual uno podía aventurarse, por primera vez en la psiquis, a intentar llevar a Gabón a la cima del universo mundial (?). Éxtasis.

¿La Argentina? Estaba maravillosamente representada por aquel glorioso once inicial que formaba más o menos así: Juan Borges; Aejio Mardona, Rodriego Aristeo, Fernando Perron y “El Papá del Zorro” Don Alejandro; Luis Batiste, Sergio Vasquero, Ricardo Borrelli y Roberto Armani; y adelante los grossos Luis Alfios y Jose Pasualdo.

Un nuevo amigo había llegado para quedarse y envejecer junto a nosotros. Y, para recordar su indispensable arribo, nada mejor que hacerlo con el mejor error de la historia de los videojuegos de fútbol ¿O ahora me van a decir que nadie lo hizo?

Cabe destacar que La Sega fue la última consola masiva con soporte de cartuchos en nuestro país. Un par de años después de concluída esta gloriosa etapa, muchos de nosotros continuaríamos este viaje mágico y misterioso gracias a los juegos de fútbol en CD-ROM. Hasta entonces (?)…

Fuera de stock: la marca Dieguito Maradona

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Con el brasuca Maurício De Sousa fuera del negocio, el que sí consiguió explotar comercialmente la figura de Diego Armando Maradona fue el otrora fotógrafo publicitario, hoy empresario chocolatero y entrepreneur (?) Jorge Fisbein, que a mediados de los años ochenta oficiaba de socio del brasileño en nuestro país.

Entre fines de esa década y principios de los noventa, de la mano de Jorge Fisbein Representaciones, el personaje de Dieguito Maradona, ligeramente distinto al creado por De Sousa, apareció en diversos envoltorios de la marca Bagley, y también en juguetes, vasos y termos, entre tantos otros productos (más aquí y aquí) que hoy se consiguen, en muchos casos a precios irrisorios, en sitios de compra y venta por internet.

En 1988, el Dieguito de Fisbein fue elegido por el Comité Olímpico Argentino (COA) como la mascota nacional de cara a los Juegos Olímpicos de Seúl. Según declaraba Antonio Rodríguez, presidente del COA, Dieguito será la imagen que guíe a todos aquellos que creen en el espíritu olímpico”. Si bien la Argentina tuvo una buena actuación en Corea del Sur (volvió a conseguir medallas después de 16 años), su mascota pasó sin pena ni gloria.

En 1990 se realizó el lanzamiento de una serie de micros musicales de dibujos animados llamado “Dieguito Maradona y sus amigos”, con canciones que tenían como premisa dejarle un buen mensaje a los más pibes, como la importancia del cuidado de las plantitas, hacer la tarea y lavarse los dientes.

La Dieguitomanía se extinguió de un saque en los albores del primer menemismo, en 1991, al mismo tiempo que Diego era suspendido en Italia por dóping positivo y posteriormente detenido en el bochornoso episodio del departamento de la calle Franklin, en Caballito.

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El último intento por reflotar la marca Dieguito Maradona se produjo en 1995. El Diez cumplía los últimos meses de la sanción por la efedrina de Estados Unidos 1994 y estaba por volver a ponerse la camiseta del equipo de sus amores, Boca Juniors, después de 13 años. Nadie quería quedarse afuera del gran negocio. Georgalos, por caso, lanzó unos recordados alfajores de chocolate y dulce de leche, cuyos envoltorios podían cambiarse por unas medallas que representaban 15 jugadas diferentes (rabona, taquito, cabezazo, pisada, volea, jueguito, palomita, pechito, chilena, inglesa -la mano de Dios-, entre otras).

Ya en 1996, la mina de oro eran las 0-600. ¡Y minga que Maradona se lo iba a perder! Llamando al “Dieguito Phone” (0-600-1-8008), por módicos (?) 45 centavos de dólar más IVA el minuto, uno podía entretenerse con preguntas, respuestas y diversos juegos que tenían como eje al Diegote. Ah, hasta se podía pedir una bolsa de la buena jugar un partido por teléfono.

El ocaso futbolístico de Diego, sumado a las sospechas de un nuevo dóping positivo, su posterior retiro a mediados del Apertura 1997 y los recurrentes problemas de salud que lo aquejaron en los años siguientes, y que varias veces pusieron en peligro su vida, obligaron a que la marca Maradona quedara guardada en un cajón, al menos por un tiempo.

Gracias Archivo10, Fútbol Retro y DiFilm.

Fuera de stock: Dieguito Maradona, el cómic

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Cualquiera que haya visitado Brasil en los últimos cincuenta años debe conocer a la “Turma da Mônica”, un simpático cómic que cuenta las aventuras de un grupo de chicos de seis años de un barrio ficticio paulista, el Bairro do Limoeiro. Mônica y sus eternos compinches, como Magalí, Cebolinha y Cascão (que inspiró el corte de pelo de Ronaldo en el Mundial de Corea y Japón 2002), son la cara visible de infinidad de productos: desde pañales hasta juguetes, pasando por una amplia variedad de alimentos.

Tan grande fue (y sigue siendo hasta hoy) el éxito de la “Turma da Mônica” que su creador, Maurício De Sousa, el Walt Disney brasileño, decidió meterse de lleno en una temática recurrente en sus tiras: el fútbol. En 1976, inspirado en Edson Arantes do Nascimento, y en sociedad con O Rei, ideó un nuevo personaje: Pelezinho, que también fue furor.

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Para comienzos de los ochenta, De Sousa quería conquistar un mercado que hasta entonces le venía siendo esquivo, el argentino, y qué mejor manera de hacerlo que de la mano de Diego Armando Maradona, la gran promesa del fútbol mundial, que ya había expresado su deseo de convertirse en dibujo animado.

Cuenta la historia que mientras la selección nacional se preparaba para el Mundial de España 1982, De Sousa logró infiltrarse en la concentración y consiguió hablar largo y tendido con el Diez. En aquella charla, pudo conocer detalles de la infancia del Diego, gustos personales y otros datos que luego utilizó para crear los personajes que lo acompañarían en sus aventuras: siete varones (Negro, Choco, Coloradito, Pelusa, Bombolito, Vaquita y Flaquito) y cuatro nenas (Sylvia, Morena, Rosita y Glenda). Según relató De Sousa, el propio Maradona se encargó de bocetear cómo se imaginaba su caricatura y hasta le hizo un pedido: utilizar el nombre “Dieguito” en lugar de “Maradoninha”, como se especuló en un principio.

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El traspaso de Diego al Barcelona en 1982 obligó a cajonear las primeras tiras, que ya estaban listas. Cuando parecía que el cómic por fin vería la luz tras la firma del contrato, en 1984, la llegada del Diez al Nápoli hizo que todo se postergara nuevamente. “Hicimos varias pruebas y hasta un dibujo animado, pero guardamos el lanzamiento para un mejor momento”, argumentaba su creador.

El proyecto quedó en stand by hasta 1986, cuando Maradona se puso el equipo al hombro y levantó la Copa del Mundo en México. En la edición del 7 de julio de la revista brasileña Placar se anunciaba el lanzamiento inminente de Dieguito en simultáneo para Argentina, España e Italia. Allí, Maurício, que había rechazado una oferta de medio palo verde de un grupo italiano por los derechos de los dibujos, diferenciaba a Maradona de su otro personaje, Pelezinho. “Pelé es un mito y Diego es un Dios vivo. Todavía puede equivocarse y mandarse algunas cagadas”, decía, como si tuviese algún dato de lo que serían los próximos años de la agitada vida del Diegote.

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Lamentablemente, el proyecto se fue postergando por factores extrafutbolísticos de Maradona. “Por la naturaleza de los problemas de Diego, decidimos congelar el proyecto. Le entregué todo lo que tenía a la mujer (Claudia). Quién sabe, Dieguito podría haberle dado un rumbo diferente a la vida de Maradona”, declaraba De Sousa.

En octubre de 1989, en el programa Roda Viva, profundizó los motivos por los que abandonó el proyecto: “Cuando hicimos el contacto con Maradona, creé el personaje, armamos un esquema con los argentinos. De ahí en adelante siempre tuvo problemas: dejó Argentina y se fue a España. Tuvo problemas y se fue a Nápoles, ahí también tuvo problemas. Entonces, no pudimos establecer la licencia Maradona. Además, yo estaba asociado con gente en Argentina que, a mi entender, no pensaba como nosotros a la hora de manejar los negocios. Entonces decidí devolver el personaje Dieguito a mis amigos argentinos, y que ellos hagan lo que quieran. Después de eso, incluso, algunas personas me contactaron y yo los derivé a Argentina. Espero que funcione porque fue una creación nuestra”.

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Una de las poquísimas apariciones masivas del Dieguito de Maurício De Sousa fue junto a Pelezinho, en 2005, en la primera emisión de “La noche del 10”, el programa que Maradona conducía los lunes a las 22 por la pantalla de Canal 13, aquella vez en la que Diego recibió a Pelé y terminaron cantando tangos y sambas.

Del encuentro entre el Diez y O Rei surgió la intención de unir sus figuras en campañas de concientización social. Por aquel entonces, se rumoreaba que esa iniciativa podría hacerse realidad a través de un dibujo animado realizado por los estudios de De Sousa en coproducción con una señal de cable orientada al público infantil. Obviamente, no pasó nada.

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Más o menos para esa altura, Maurício comenzaba a explotar un nuevo personaje: Ronaldinho Gaúcho, que la venía rompiendo en el Barcelona español. Desde entonces, las apariciones de los inéditos de Dieguito fueron muy esporádicas y puntuales, como cuando en 2010 De Sousa formó parte de una exposición de dibujantes que pasó por São Paulo y Río de Janeiro, o en 2011, cuando junto con Boa Bola (el primo futbolista de Cascão), Pelezinho y Ronaldinho Gaúcho despidió a Ronaldo el día que jugó su último partido con la verdeamarelha, contra Rumania.

Fuera de Stock: PC Fútbol 6.0 – Apertura 98 [Descarga]

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Pasaron 17 años del lanzamiento del PC Fútbol 6.0, aquel mítico juego que logró marcar una época entre los enfermitos que nos pasábamos todo el día frente a la computadora. Ya homenajeamos aquí mismo a aquella saga que se extendió, con un bache pronunciado, entre 1995 y 2007, pero hoy queremos centrarnos específicamente en aquella gema del Apertura ’98. Y para que la joda sea completa, les traemos el link para que se lo puedan descargar. De nada, putos.

Nos remontamos al verano de 1999. Internet era muy reciente y para unos pocos. Tener un Pentium II era la papa. Con monitor de tubo, obvio. El menemismo apuraba los últimos corchazos de champagne, al mismo tiempo que la Alianza de De la Rúa se preparaba para dar otros corchazos unos años más tarde. En la tele, todavía duraban los festejos por el título conseguido por el Boca de Bianchi. Ya nos habíamos olvidado un poco del Mundial de Francia, pero no del todo. Teníamos los muñequitos de Coca Cola. Odiábamos a Passarella. No sabíamos exactamente a qué jugaba Bielsa. Un peso era un dólar.

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En ese contexto ideal para intentar distraerse, salió al mercado el nuevo PC Fútbol, la versión argentina de la empresa española Dinamic Multimedia. No era la primera, claro. Había debutado en 1995 y luego tuvo un singular éxito con la edición 5.0, aquella de 1997 que traía relatos de Marcelo Araujo y un multimillonario e inentendible presupuesto para Gimnasia y Tiro de Salta. Sin embargo, ninguno de sus antecesores ni sucesores, causó tanto fanatismo como el PC Fútbol 6.0, el juego que nos cambió la vida.

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Con relatos de Víctor Hugo Morales y los planteles del segundo semestre de 1998, el juego daba la posibilidad de ser director técnico o presidente de los 20 equipos de Primera División, pero también de los del Nacional B. Era un juego de mánager y había que entenderlo como tal. Por lo tanto, no era tan importante la destreza a la hora de manejar el joystick o el teclado (se podía jugar el partido), como sí lo era la viveza y la capacidad de gestión (?) para administrar el club, mantener las finanzas, comprar buenos jugadores y seleccionar una táctica adecuada. Después de eso, modo resultado y a otra cosa.

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La gracia, sin dudas, era empezar desde abajo, haciéndose cargo de un equipo del ascenso y arreglándose con poco. Si a uno le iba bien en la tabla de posiciones, podía darse el lujo de traer a préstamo a jugadores de Primera o del exterior. Eso sí, después la economía quedaba en números rojos y al tercer partido en esa condición, la directiva no tenía problemas en rajarte.

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Otro ítem importante era el estadio. Desde las vallas publicitarias, hasta el precio de las entradas o el merchandising. Todo era válido para recaudar. Desde ya que uno podía apostar a agrandar las tribunas o a mejorar los accesos, pero todo eso tenía un costo y podía verse reflejado en el andar del equipo, yéndose al descenso. Nada que no hayamos visto.

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Contratar jugadores era todo un laburo. Uno podía contar con la ayuda de un secretario o un ojeador, pero lo más fácil era ir a buscarlos personalmente (?). Liga por liga, equipo por equipo, puesto por puesto. Así es como uno podía tirarse un tirito por el gordo Ronaldo, el mejor del juego con 95 de media, o bien terminar contratando a Poorters, el futbolista del Lierse de Bélgica con el puntaje más bajo: 8. Lo peor era cuando Poorters rechazaba la oferta (?).

En ese abanico de posibilidades, se destacaba la figura de Juan Manuel Suligoy, un desconocido delantero que en la vida real era suplente en Atlético Rafaela, pero que en el PC Fútbol tenía un promedio de 91 puntos. Inexplicable.

Por supuesto que Suligoy terminó convirtiéndose en un emblema de los baldoseros y es por eso que hace unos años los entrevistamos, para que nos contara por qué razón aparecía entre los mejores del juego. Después lo invitamos a un Encuentro Baldosero, pero nos dejó plantados, alimentando la teoría de que siempre fue un jugador virtual

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También había otros buenos valores en los equipos del Nacional B, como Grecco (Olimpo), Watson (Godoy Cruz), Gareca (Arsenal) y Alianello (Douglas Haig), que aseguraban buenos rendimientos a un bajo costo. La otra opción, un poco más descabellada pero mucho más divertida, era contratar para la temporada siguiente a figuras en su último año de contrato, ofreciéndoles sueldos altísimos, impagables. De esa manera, uno se podía asegurar al Mono Burgos, al Negro Ibarra, a Roberto Carlos y a Kluivert (?) en Arsenal, para finalmente renunciar en plena pretemporada, antes de que el balance diera 50 millones de pérdida y Don Julio nos mandara a matar.

Todo esto para empezar, claro, porque luego la carrera de uno podía ir mejorando, llegando a dirigir en Primera División, donde las figuras estaban más al alcance de la mano.

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Los equipos grandes, por supuesto, contaban con ventaja en cuanto a calidad de plantel, lo que hacía mucho más fácil las cosas a la hora de reemplazar a un lesionado. Pasa en la vida, pasa en los jueguitos…

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La cuota de surrealismo también tenía lo suyo.  Uno podía reforzarse bien con Gimnasia, por ejemplo, e intentar el milagro. O agarrar a Unión o a Platense e ir por la Intercontinental. Fuera de joda, eso era posible. Pero a la cuarta vez que lo hacías, el juego comenzaba a aburrir (no existía la chance de dirigir en el extranjero) y entonces uno prefería empezar una partida nueva para sentir la humidad y la adrenalina del ascenso. Adictivo.

¿Partida nueva? Ya te dieron ganas, seguro. Acá abajo tenés el link para que te puedas descargar el juego, con todas las instrucciones para instalarlo a cargo de LaPcfutbolería:

Descargar PC Fútbol 6.0 Argentina (Google Drive).

Si está saturada la descarga, volver a intentar más tarde.

Instalación y ejecución del juego.

Fuera de stock: Bielsa con traje

Si uno tiene que imaginar a Marcelo Bielsa vestido (no vamos a ser tan hijos de puta de imaginarlo desnudo), no cabe otra posibilidad que imaginarlo en jogging, joggineta, equipo de gimnasia, pantalón de buzo (?) o como quieran decirle. La asociación no es caprichosa. En las últimas décadas, al DT lo hemos visto empilchado de esa manera. Cómodo, deportivo, casi de entrecasa. Aunque claro, existen algunas excepciones que quizás expliquen esta conducta.

No son muchas las imágenes del Loco como futbolista. Algunas pocas en Newell’s, algunas menos en Instituto y Argentino de Rosario. Siempre serio, no muy bien predispuesto a la gilada esta de inmortalizarse (?). De su época de juventud, ha circulado en los medios una foto de los años 70, camisa y saco de solapa ancha, bien de esos años. Como el pelo largo, antes de que llegaran los milicos.

Ya más grande, siendo entrenador de La Lepra, el rosarino llegó a dirigir en camisa, en una inusual muestra de formalidad, que tiraría a la mierda (?) cuando se subió a caballito de uno y exclamó ¡Newell’s, Carajo!

La camisa también la utilizó en su paso por México, pero después ya decididamente se volcó por la ropa deportiva. Remeras, buzos, camperas. Una chomba, a lo sumo, podía ser lo más elegante de Bielsa. Así lo vimos en Vélez, Espanyol, la selección argentina, Chile, Athletic de Bilbao u Olympique de Marsella.

De convicciones firmes, el DT argentino ha llegado a negociar su vestimenta, quedando a mitad de camino entre lo que le gusta a él y lo que el contexto indica. Fue así como pudimos verlo de saco y remera en su presentación oficial como técnico de la Selección, allá por 1998. Y repitió la fórmula en 2011, cuando fue presentado en el Athletic de Bilbao, aunque esa vez prefirió una chomba para usar debajo del saco.

¡Qué tragedia!

Existe, sin embargo, una mancha en el historial informal del Loco. El 14 de noviembre de 1999, el seleccionado argentino jugó un amistoso ante el Espanyol de Barcelona. No era un día más para los Periquitos. Celebraban su centenario (en realidad, cumplirían 100 años en 2000) en el estadio Olímpico de Montjuïc, por eso se vistieron de gala para recibir a los nuestros. Todos, desde el presidente del club, hasta el técnico Miguel Ángel Brindisi. Adentro de la cancha, otros argentinos como Pablo Rotchen, Mauro Navas y el Cholito Posse mostraban la nueva indumentaria blanquiazul.

Esa noche, Marcelo Bielsa no pudo escapar al protocolo y tuvo que trajearse por completo. Fue la única vez que lo vimos con corbata, aunque en un tramo del partido llegó a ponerse la campera del traje. Para colmo, Argentina jugó muy mal, nos embocó Posse, Ortega le pegó una piña a Rotchen y ganó el Espanyol 2 a 0. Y aunque se trataba sólo de un amistoso, fue la excusa perfecta para que Bielsa volviera a la simpleza del jogging.

Fuera de stock: la cerveza Boca Juniors

El fútbol y la birra, dos grandes pasiones populares en nuestro país. ¿Por qué no juntarlas?, se habrá preguntado algún cráneo del marketing, seguramente impulsado por un mercado que ofrecía buenas expectativas de ganancia.

A principios de los dorados años 90, en la Argentina se vivía el furor del coleccionismo de latas. El 1 a 1 cambiario permitía la importación de cualquier tipo de bebida. Desde la yanqui Dr Pepper, pasando por la francesa Orangina, hasta la cerveza japonesa Sapporo. Esas, por nombrar algunas de las más comunes. También existían otras rarezas, intomables la mayoría, que igualmente tenían fanáticos. Generalmente no importaba la calidad del contenido, lo que se valoraba era el envase.

En las repisas o estantes de cualquier casa de familia, rápidamente volaron los libros o adornos, para darle lugar a las latas importadas, pero vacías. Exhibidas como si fuesen trofeos de guerra. Ni más ni menos que envases que habían costado centavos y cuya única función, con el correr de los días, era juntar polvillo. Mugre, bah.

De ese hobby que rozaba el cirujeo también se desprendió otro hábito despreciable, aunque practicado sólo por los ñiños y adolescentes: juntar las chapitas de las latas en un collar. Hasta a un hippie le daría vergüenza, pero en aquel momento estaba aceptado socialmente. Modas son modas.

No fue extraño, entonces, que en ese contexto apareciera la cerveza Boca Juniors, una bebida alcohólica fabricada en Estados Unidos, pero vendida en la Argentina allá por 1993, cuando todavía duraba la efervescencia por el título local conseguido por el Xeneize un año antes.

La colección constaba de latas auriazules de 473 ml, con imágenes que homenajeaban a los jugadores de aquel plantel, como Navarro Montoya, Soñora, Simón, Giuntini, Mac Allister, Mancuso, Márcico, el Manteca Martínez y el Beto Acosta.

Además, existían otras latas blancas (tenían su versión de 355 ml) con la imagen del equipo titular, en la que extrañamente aparecía el baldosero Fabio Talarico y la infaltable mascota xeneize de esa época. Sí, un niño en una lata de birra, aunque esas no tenían alcohol, vale aclarar. Demasiada tierna para ser “La cerveza de la N° 12”.

¿Más curiosidades? La lata de Giuntini decía “Giutini”. Y como si fuera poco, una leyenda te invitaba a completar la formación del equipo para participar de una sorpresa. Y eso que en Boca todavía no jugaba Chávez. Aunque sí el Mono (?).

Del sabor de la cerveza poco podemos decir, porque nosótros todavía estábamos con el Nesquik (?) y no conocemos a ningún valiente que la haya probado, pero lo cierto es que no duró mucho en las góndolas y pronto pasó al olvido, quizás perjudicada por esa época de Boca, que no volvió a salir campeón hasta 1998.

Más info en:

Las latas de Miguel.
Imborrable Boca.

Fuera de stock: la camiseta blanca de Argentina

Celeste y blanca a bastones, la titular. Azul con vivos blancos, la suplente. Pueden variar los modelos, los diseños y las marcas de las camisetas; y hasta el color de los pantalones y las medias, pero más o menos hay una idea instalada de cómo se viste la selección argentina de fútbol. Sin embargo, durante muchos años la AFA contó con un tercer kit que salía a la cancha en ocasiones especiales. Recordemos la vieja y olvidada casaca blanca.

Desde sus inicios, el seleccionado nacional tuvo una camiseta albiceleste, que solía alternar con otra completamente blanca en los partidos donde era necesario diferenciarse del rival. No eran tiempos de la televisión, entonces cambiar de camiseta no era algo habitual. Se jugaba con lo que había, las exigencias comerciales no existían.

Fue así que Argentina siguió actuando durante varias décadas con su uniforme titular a bastones, que rara vez tenía que cambiar, como le sucedió en 1958, cuando tuvo que usar la camiseta amarilla del Malmö de Suecia en su choque ante los alemanes, en el Mundial.

Años más tarde, la camiseta suplente de Argentina pasó a ser azul (ya la había usado antes, pero su debut mundialista fue ante Inglaterra, en 1962) y así la conocemos hasta el día de hoy, obviando aquellas veces en las que nuestro seleccionado volvió a vestirse de blanco. Veamos en detalle:

En la década del 70, con César Luis Menotti como director técnico, la Selección disputó muchos amistosos de cualquier índole. Se enfrentó a los representativos de otros países, sí, pero también a equipos y combinados, de acá y de afuera.

Para esos partidos de menor envergadura, la AFA utilizaba su camiseta alternativa (una regla que se cumplió bastante, pero que no siempre fue respetada), que podía ser la clásica azul…o la blanca, como vemos en esta formación de 1977, en un partido ante Cipolletti de Río Negro. La misma fue utilizada en un amistoso frente a Boca, en Mar del Plata. E incluso otra versión, con tres tiras celestes en forma vertical, también hizo su aparición en un match ante Talleres de Córdoba.

Ya para fines de 1978, la camiseta blanca pasó a tener el logo de adidas y las tres tiras en azul. Y se vistió, por ejemplo, en el amistoso ante la Liga de Corrientes.

En los años 80, ya con Le Coq Sportif como proveedor, se hizo más frecuente la tercera equipación. Salió a la cancha, por ejemplo, en amistosos ante Fiorentina, Barcelona, Hércules, Combinado de Salta y Nápoli. Incluso la Selección de Capital Federal llegó a usar esa casaca.

Lo más curioso, sin dudas, es que en 1986 la utilería nacional llevó a México ese juego de camisetas blancas, pero nunca las llegó a utilizar. A fines de ese mismo año, Le Coq Sportif presentó otro modelo, con una franja vertical azul sobre el margen derecho. Esa casaca sólo fue mostrada por la Selección juvenil en unos amistosos previos a los Juegos Odesur de Chile. ¿La mayor? Sólo la utilizó en los entrenamientos.

En los años 90, la Selección recurrió casi siempre a la camiseta albiceleste y en contadas ocasiones a la azul. De hecho, hay camisetas alternativas que se fabricaron según los templates de la época, pero que nunca salieron a la luz. Si a eso le sumamos que los enfrentamientos ante clubes o combinados regionales fueron escasos o prácticamente nulos, la existencia de una camiseta blanca no tenía sentido.

De todos modos, hubo un modelo blanco confeccionado por adidas, que contaba con vivos celestes y negros. La camiseta salió a la venta entre 1996 y 1997, pero no fue usada oficialmente por la selección argentina de fútbol, aunque sí por la de voley y por el arquero de Comunicaciones. Rarezas.

La última aparición de la no tan famosa camiseta pura fue en mayo de 2005, cuando la Selección Sub 20 de Argentina derrotó 5 a 3 a Chile, en un amistoso disputado en Santiago. Ese día, para la albiceleste hicieron goles David Abraham, Gustavo Oberman, Rodrigo Archubi y Pablo Vitti, en dos oportunidades. Suficiente para retirar la camiseta (?).