Fuera de Stock: Locos por el fútbol

Allá en los dorados años 90, cuando en el cerrado ambiente del fútbol aún había lugar para la diversión en medio de las polémicas y los sesudos análisis periodísticos, surgió un programa de televisión que con holgura consiguió su primer cometido: entretener; pero que además logró llevar a las familias a las canchas, algo que hoy, en épocas de visitantes prohibidos, nos parece de otro planeta. Con ustedes, Locos por el Fútbol.

Por la pantalla de Canal 13 y con la conducción de Matías Martin, el programa arrancó en 1997 y muy pronto cautivó a miles de televidentes con su propuesta simple: fútbol y diversión. Para combinar esos ingredientes, claro, hacía falta una gran producción, porque la movida no se limitaba a un estudio con un par de cámaras. Era un poquito más grande que eso.

Cada fin de semana, Locos por el Fútbol desembarcaba en alguna cancha de la Argentina y desplegaba su arsenal de juegos, que involucraba a los concurrentes y también a la gente que participaba por teléfono. Sólo basándose en el prejuicio, uno desde su casa podía aventurar que un pibe con pinta de crack la colgaría de un ángulo, aunque después su remate terminase pasando a 10 metros del arco. Y por el contrario, uno podía no tenerle fe a un viejo panzón que luego haría desparramar inútilmente al Loco Gatti o al Pato Fillol, los arqueros estrellas del programa.

Claro que algunas veces, el destino era más impredecible aún y podía regalarnos a un futbolista profesional que pasaba por ahí, como Marcelo Reggiardo, para que demostrara por qué había sido jugador de Independiente y San Lorenzo. Bueno, todavía no lo demostró (?).

Los tiros libres con barrera eran difíciles, sí, pero también estaban los penales. Había que convertir 5 de manera consecutiva para llevarse un auto 0 km (oh, sí, los noventa), aunque manejar la presión de la tribuna y las cámaras quizás no era para cualquiera.

Además de Matías Martin, quien en ese programa comenzaría a dar muestras de sus dotes de gran conductor, también se lucía Javier Botía, un gallego que le agregaba comedia al envío, haciendo llevadero todo tipo de juego, así fuera con estudiantes de la secundaria concursando por un viaje a Bariloche.

Con el éxito de la primera temporada, el programa creció y empezó a girar por distintas localidades de todo el país, donde también se presentaba el gran Mario Alberto Kempes, que en el Arquero Fantasma ponía a prueba, desde la mitad de la cancha, a gente con los ojos tapados que esperaba en la línea del arco e intentaban ganarse 10 mil pesos. Un poquito difícil…

Otro juego en el que se destacaba el Matador, consistía en que dos arqueros (ya sin vendas ni nada parecido) trataran de sacarle un penal.  Y aunque ya estaba grande y muchos podían dudar de sus condiciones, Marito metía unos cañonazos que nos hacían acordar del Mundial ’78, sobre todo cuando se abrazaba con Fillol y su inolvidable buzo verde con el 5 en la espalda.

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En 1998, el programa sumó la presencia de Daniela Fernández en la conducción. No sólo eso, también un mono como mascota y un montón de jugadores, algunos retirados y otros en camino de, que se convirtieron en figuras del equipo de Locos Por el Fútbol. ¿Quiénes? El Loco Dalla Líbera, el Chino Tapia, Enrique Hrabina, el Turco García y otros más, que junto a Matías Martin jugaban partidos contra otras estrellas o directamente contra equipos de aficionados locales.

En uno de esos partidos, se produjo una de las jugadas más recordadas de la televisión (por desgracia, no registrada en el archivo), cuando el Moncho Pedro Monzón levantó por el aire a Karina Morales, jugadora de la Selección e integrante del programa, donde habitualmente se desempeñaba pateándole penales a los participantes. ¡Qué dolor!

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La otra gran atracción de Locos por el Fútbol era el juego de preguntas y respuestas, que dio origen al famoso “Caripelas por 200”, que logró instalarse socialmente y que hoy se aplica en cualquier situación, sobre todo cuando se trata de discriminar (?).

En ese juego, donde se le daba valor al conocimiento futbolístico, llegó a ganar el arquero Diego Davobe, entre cientos de participantes anotados. Aunque claro, de vez en cuando eran invitados jugadores de Primera División, que se enfrentaban por equipos y, ante la primera pregunta, ponían en evidencia por qué se dedicaban a la práctica y no a la teoría.

Con el final de aquella entrañable década, también se terminó un programa que supo combinar fútbol y entretenimiento en dosis justas, sin rebasar el vaso. Bastante bien para un domingo al mediodía. Y aunque algunos crean que aún sobrevive en un restaurante, nada más alejado de eso.

[Baldosa Olímpica] Fuera de Stock: el Estadio Dongdaemun de Seúl ’88

Fue sede de los Juegos Olímpicos de Seúl ’88, recibiendo grandes partidos como Argentina – Brasil. Después se convirtió en un estacionamiento y hasta en una feria. Conozcamos la historia del Estadio Dongdaemun de Seúl.

Tanto los Mundiales de fútbol como los Juegos Olímpicos, representan grandes oportunidades de negocios para aquellos que tienen un vínculo con los gobiernos de turno, ni hablar para los que están adentro. De esa manera es como surgen construcciones y remodelaciones de todo tipo, que son útiles a los inmediatos fines deportivos, prometiendo una futura función social que pocas veces se concreta. “Lo importante es que a la ciudad le van a quedar un montón de obras”. ¿Cuántas veces escuchamos eso?

Así nacen los famosos elefantes blancos, estadios que al poco tiempo son abandonados y quedan como prueba de la corrupción. Pero ojo, porque también están aquellos escenarios que cumplen con las expectativas, instalándose y relegando a otros estadios cercanos, que por menor capacidad, por mayor antigüedad o simplemente por desidia, terminan tapados de yuyos…en el mejor de los casos.

Inaugurado en 1926 bajo el nombre de Estadio Gyeongseong, el viejo estadio de Seúl cambió su nombre a Dongdaemun en 1945, con la liberación coreana.  A lo largo de su historia, albergó competencias de fútbol y otras disciplinas, sufriendo algunas remodelaciones que llevaron su capacidad a poco menos de 30 mil espectadores, superando al Hyochang, que llegaba a 18 mil.

Cuando Seúl pensó en organizar los Juegos de Asia de 1986, se dieron cuenta de que ambos estadios quedaban chicos y había que construir uno moderno, que estuviera a la altura del acontecimiento. Fue ahí que comenzó a eregirse el gigante Estadio Olímpico, con capacidad para casi 100 mil personas, transformándose luego en el reducto principal de los Juegos de 1988.

A pesar de haber perdido protagonismo, el Dongdaemun fue utilizado en la cita olímpica, con partidos como Irak – Italia, Australia – Brasil, Australia – Nigeria, y el choque de cuartos de final entre Argentina y Brasil, con victoria de la Canarinha por 1 a 0, con gol de Geovani Silva, con colaboración de Luisito Islas.

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Después de aquel duelo, el Dongdaemun siguió siendo utilizado por 3 equipos de la K-League: el Ilhwa Chunma, el LG Cheetahs y el Yukong Kokkiri, pero luego  la reorganización del fútbol de Corea del Sur terminó reduciendo su uso a algunos partidos amistosos. El final era inevitable.

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Habiendo agonizado durante toda la década del 90, en 2003 cerró sus puertas para los acontecimientos deportivos y entonces empezó su etapa más triste, convirtiéndose primero en estacionamiento del estadio de béisbol que quedaba enfrente (también cerró en 2007) y luego en una feria con puestos de ropa y comida. Y seguramente habría alguno ofreciendo escribirte el nombre en un grano de arroz (?).

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Luego de la demolición de la cancha de béisbol, llegó el turno de la cancha de fútbol. Dongdaemun hoy es un centro de compras y entretenimientos. La Corea libre que tanto soñaron (?).

[Go home] Fuera de Stock: Valderrama´s Day

Ah, los americanos… siempre los viejos y queridos americanos. Si no tienen algo lo inventan. Y si alguien ya lo inventó, se lo compran. Y si no se los venden lo roban. En los albores de la Major League Soccer y con el afán de popularizar el fútbol entre los gringos, los dirigentes de la asociación yankee quisieron imponer, para ellos y también para el resto del planeta Tierra, El Día de Carlos Alberto Valderrama.

Todos conocemos bien a los estadounidenses y sus inventos, costumbres y celebraciones de exportación. Son esas mismas que hicieron que, por caso, en Coronel Rauch se celebre El Día de San Valentín. Ó que los pibes de La Puna se pregunten por que en Navidad no se usan pulloveres y no hay muñecos de nieve. Ó hasta que en Tucumán ya se mire con simpatía El Día de Acción de Gracias. Ó que los rosarinos estén atentos al Súper Tazón. Ó que los chaqueños pregunten “Dulce o Truco” en Halloween. Y así hasta llegar a la ridiculez que a comienzos de los noventa los niños marplatenses supiesen más de David Crockett que de Don José de San Martín, por obra y gracia de ese criogenizado ser llamado Walt Disney.

“Fuimos a ver a Maradona y terminamos viendo al Pibe Valderrama” de esa manera tituló el diario Clarín tras la victoria de Colombia sobre la Argentina en la Copa América de 1987 dando -además de un mote totalmente criollo que rebotó en la patria cafetera y de allí se extendió al resto del universo- las claras que a ese talentoso volante ruliento jamás lo íbamos a poder olvidar. Más aún, después de esa vejación carnal inmortalizada universalemente como “El 5 a 0”…

Pues bien (?), allá por 1996 estos dos íconos –El Pibe Carlos Alberto y los Estados Unidos– se cruzaron y de allí nació esta abominación: “The Valderrama´s Day”.

La añorada liga estadounidense tenía tan solo dos meses de vida. La emoción inicial y la feroz campaña de marketing apenas habían despertado el interés de algunos pocos latinos. Además, la señal ESPN estaba empezando a ir a pérdida. Caos. El sueño se estaba desmoronando cuando todavía nadie siquiera sabía bien los nombres de los equipos ni los colores de las camisetas.

Entonces, para atraer a los norteamericanos de pura cepa -esos colorados regordetes con apellido británico que mueven la economía yankee– se dispuso llevar a cabo desesperados artilugios publicitarios. En uno de ellos, claro, se tomó la icónica imagen del Pibe y se decidió celebrar su vida y obra. ¿Merecido? Si, claro. Aunque el modo fue medio extraño…

El día elegido para esta celebración que pretendía extenderse en el tiempo fue el 18 de julio de aquel lejano 1996 ¿por qué esa fecha? Por que la vanguardia es así (?). Y entonces en el estadio del Tampa Bay Mutiny -franquicia donde recientemente jugaba Valderrama- las entradas se cobraron a mitad de precio y se regalaron pelucas más comida chatarra para los primeros mil asistentes en llegar al lugar. Ah, además podrían ver jugar a la pelota a ese colombiano.

El tema es que, además de una gran comilona, ese día también había un partido por el campeonato contra el Kansas City Wizards. Esta nimiedad, claro, poco les importó a los organizadores, quienes también obligaron a los jugadores rivales (incluido el legendario escocés Mo Johnston) a lucir la peluca durante la salida al campo de juego, el Himno de los Estados Unidos y la ceremonia de los capitanes. Además, los suplentes de ambos equipos tuvieron que usar la prótesis durante todo el tiempo reglamentario. ¡Divino!

Pero eso no es todo. El entrenador rival, Ron Newman, también se puso la capelu y le metió toda la onda al encuentro que terminó 3 a 2 a favor del Tampa Bay Mutiny ¡Y algunos le dicen payaso a Caruso Lombardi!

Por supuesto “El Día de Valderrama” nunca más se volvió a conmemorar y la Major League Soccer superó sus primeros años de existencia a los ponchazos. Además, el fútbol -el del Pibe, el nuestro- tardó más de una década en volverse popular y solvente en ese país. Al menos, hicieron lo imposible para mantenerlo con vida. Hasta celebrar los míticos pelos de Carlos Alberto Valderrama.

“No preguntes que puede hacer tu país por ti, pregunta que puedes hacer tú por tu patria” (John Fitzgerald Kennedy, 1961)

[Go home] Fuera de stock: Tony Meola’s Sidekicks Soccer

Si hubo un mercado inescrupuloso que se encargó de chafarle los ahorros a los púberes durante la década de los noventa, ese fue el de los videojuegos. Y así millones de títulos, tanto de la consola Sega como de la querida Family Game, hicieron las delicias de los niños en el preciado tiempo de ocio, que afortunadamente era casi todo.

Hubo, por supuesto, títulos memorables sobre los cuales ya nos hemos explayado. Pero también proliferaron experimentos de empresas de poco renombre que llegaron a nuestras manos solo por tratarse de un jueguito de fútbol. El engaño perfecto. Y así, muchos perdimos valiosas horas de puñeta intentando descifrar al impresentable Tony Meola´s Sidekicks Soccer.

Nos situamos en los primeros noventas. El fresco recuerdo del íntegramente televisado Mundial de Italia más el álbum de figuritas de Panani mantenían vigente, en la Argentina, la figura del mítico arquero estadounidense Tony Meola; a quien los infantes (y no tanto) solían interpretar en las canchitas nacionales tanto por sus atajadas como por la musicalidad de su nombre y también por su inolvidable corte comitas. La globalización antes de la globalización…

Uno puede llegar a suponer que en gran parte de Occidente pasaba lo mismo, sino no se puede entender como las emergentes empresas Sculptured Software, Pack In Video y Electro Brain unieron sus fuerzas para terminar nombrando a su experimental Frankestein con el nombre del portero yankee..

El videojuego, en sí, parecía como una tesis reprobada de un grupo de estudiantes de programación adictos a los psicotrópicos, que daba las claras de por que el Soccer nunca va a ser popular entre el piberío estadounidense.

Naufragando en una interfaz inentendible y poco seductora, uno terminaba jugando campeonatos con más de 30 selecciones o disputando torneos con equipos con nombres de ciudades. Y así se podía jugar con algunas tradicionales como: Madrid, Milán, Manchester o Glasgow; ó hasta se podía defender a otras insólitas como Pittsbourgh, Cincinnati, Nueva Orleáns o La Habana. Por que, claro, nunca hubo bloqueos para la fafafa…

Lo peor de todo, por supuesto, era que los partidos apenas se parecían al fútbol. Y encima que las camisetas de todos los equipos eran casi idénticas, la oscilante y volátil cámara provocaba vómitos y mareos premonitorios de las borracheras que arrancarían poco tiempo después en nuestras vidas.

Al día de hoy, este título, Tony Meola´s Sideckicks Soccer, está ubicado en el Top Five de los peores videojuegos deportivos de la historia en varios rankings prestigiosos del universo de los fichines. Eso si, funcionó muy bien en Japón, donde llevaba el nombre del recordado jugador japobrasuca Rui Ramos y donde, además, obtuvo el galardón al mejor soundtrack de un juego deportivo de los noventa.

¿No lo crees? Tomate una pastilla de Superman y a disfrutar…

[Go home] Fuera de Stock: El Torneo Bicentenario 1976

Soccer - American Bicentennial Cup - Team America v England

Para celebrar los 200 años de su Independencia, los Estados Unidos tiraron la casa por la ventana. Vistas ilustres, espectáculos únicos, eventos especiales, símbolos conmemorativos, productos inéditos y también competencias deportivas formaron parte de los festejos organizados por el gobierno. Entre estos últimos, se destacó un cuadrangular de fútbol entre tres de las selecciones nacionales más importantes del mundo y un combinado local.

El hecho de haber quedado afuera de la Fase Final de la Eurocopa 1976, les dejó un hueco en el calendario a Italia y a Inglaterra. La otra potencia invitada fue Brasil. Y a estos experimentados conjuntos nacionales se les sumó una formación conformada por jugadores de la NALS, denominada Team America. Esta suerte de equipo de las estrellas serviría además como  inspiración para la creación de una franquicia algunos años después.

La Canarinha se quedó con el primer puesto, al ganar sus tres partidos. Además, tuvo al goleador de la competencia, Gilberto Alves. El segundo lugar fue para los ingleses, que contaban con Kevin Keegan y Trevor Francis entre sus nombres más destacados. Los tanos concluyeron en un decepcionante tercer puesto a pesar de contar con Dino Zoff, Marco Tardelli, Roberto Bettega y Fabio Capello. Y el último lugar fue para los locales y su equipo constituido por jugadores estadounidenses y  figuras extrajeras como Mike England, Ramon Mifflin, Giorgio Chinaglia y Dave Clements.

Con un promedio de asistencia de alrededor de 25.000 espectadores por partido, el torneo dejó algunas curiosidades. Por ejemplo, en el tema vestimenta, no se puede dejar pasar a la Selección de Inglaterra vestida de amarillo, ni las diferencias entre las camisetas de Bobby Moore (con el templete de Adidas) y la de Pelé (llevaba el diseño de Puma). Sin embargo, el pico de “You can not be serious” se produjo en el enfrentamiento entre Inglaterra e Italia, jugado en el legendario Yankee Stadium, un estadio ¡de beisbol!

Ante unas 40.000 personas (la mejor concurrencia del certamen) los ingleses se impusieron por 3 a 2. Casualidad, o no, todos los goles se marcaron en la portería que tenía césped, donde no había que superar los obstáculos compuestos por el montículo del pitcher, las tres bases y la zona de arena alrededor del denominado infield. Cosas que solo pasan en Yanquilandia.

[Go home] Fuera de Stock: los Shootout

Al recordar aquellos años en los que el soccer desembarcó con fuerza en Estados Unidos, tanto en los 70’s con la llegada de figuras extranjeras, como en los 90’s con el Mundial en ese país y la creación de la MLS, las primeras imágenes que se vienen a la cabeza son canchas pintadas arribas de las de fútbol americano, camisetas de extraños diseños, árbitros usando números como si fueran de la NFL y todo el show que los yanquis pudieran implementar, desde porristas hasta mascotas de cada equipo. Pero, sin dudas, en el aspecto futbolístico, los estadounidenses siempre serán recordados por su método de desempate: el shootout.

El procedimiento era similar al usado en el hockey sobre hielo: consistía en un mano a mano que comenzaba con el jugador atacante a 35 yardas (32 metros) del arco, teniendo 5 segundos para acercarse a la meta e intentar convertir. Este formato favorecía a los jugadores habilidosos, ya que podían intentar amagues frente al guardameta, aunque era más difícil de anotar que un tradicional penal. La final de la North American Soccer League de 1981, por ejemplo, fue definida de esta forma.

Esta no era la única regla que, por lo menos en los inicios de la NASL, pasaba por encima de lo estipulado por FIFA: también se permitía un mayor número de sustituciones, el reloj corría a la inversa (como en el básquet) y el offside era válido únicamente desde la zona de shootout y no desde la mitad de la cancha como en todo el mundo no civilizado (?). ¿Lo más insano? El sistema de puntuación: 6 puntos por la victoria, 3 por el empate y 1 de bonificación por cada gol anotado (con un máximo de tres por partido). Pero esto no iba a durar mucho…

A partir de 1975, los dueños de la Liga se volvieron a cagar en la International FA Board y le demostraron quien la tenía más larga (?): decidieron eliminar los empates. Así, todos los partidos tenían que tener un ganador. Y si el marcador final terminaba igualado, los penales determinarían al ganador del mismo, como ocurriría en Argentina durante la temporada 1988/89. Pero la verdadera revolución llegó en 1977. Ante la ausencia de un marcador victorioso en el tiempo reglamentario, se pasaban a jugar dos tiempos suplementarios de 7’ 30’’ cada uno. Y si no había ningún grito (se aplicaba la regla del Gol de Oro), al shootout.

A pesar de los retos de Havelange y compañía, este sistema se mantuvo hasta que la Liga desapareció en 1984, y tuvo su continuación en la MLS durante 4 temporadas (de 1996 a 1999). A partir de 2000, se dejó de lado esta extraña forma de definir, para amoldarse definitivamente al reglamento convencional.

Fuera de Stock: los muñecos de Fútbol Manía

“Escribile la cartita a Papá Noel”, “Dejale el pastito y el agua a los camellos”, “El Mono Navarro Montoya está en casa, vení que te lo muestro” (?). Frases que desde chicos machacaron nuestra tierna inocencia hasta convertirnos en estos seres hijos de puta que somos ahora. Sí, porque alguna vez fuimos niños.

A comienzos de los años 90, la empresa Cromy aún gozaba de la fama que había cosechado una década atrás, editando varios álbumes de figuritas y mazos de cartas de los personajes infantiles más famosos de la época, como Transformers, Mazinger Z, Brigada A, Rambo, Barbie, El Auto Fantástico, Los Ositos Cariñosos, Frutillitas y muchos más. Pero claro, le estaba faltando una pata fundamental: el fútbol.

En nuestro país, históricamente las figuritas de jugadores o equipos habían sido sensación entre los chicos. Cromy lo sabía. Sin embargo, la marca quiso ir un poco más allá y en 1993 explotó la licencia del fútbol argentino a través de su línea Fútbol Manía, con dos propuestas diferentes: naipes y muñecos articulados.

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Las cartas eran ni más ni menos que las queridas y olvidadas Match 4, divididas en mazos según los clubes y con estadísticas individuales que te podían hacer ganar o perder una mano. Por ejemplo, la carta de Pipo Gorosito decía: Campeonatos ganados: 1. Partidos jugados: 201. Expulsiones: 2. Goles convertidos: 36. Accidentes por escaparse de la concentración para visitar a un amigo: 1.

Más allá de los naipes, las estrellas de Fútbol Manía eran los muñecos articulados que representaban, a veces de forma muy lograda y otras no tanto, a los futbolistas más importantes de Primera División. O al menos de los denominados 5 grandes, más el ascendente Vélez, que por esos años comenzaba a forjar su historia más exitosa.

Si uno era hincha de Boca, podía adquirir en las jugueterias a Navarro Montoya, el Beto Márcico, el Chino Tapia, Blas Giunta, el Beto Acosta y Alejandro Mancuso. Si uno era de River, podía llevarse al Polillita Da Silva, Fabián Basualdo, Darío (sic) Ortega (hic), Leonardo Astrada y el Mencho Ramón Medina Bello.

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Los de San Lorenzo, sólo tenían tres players: Néstor Gorosito, Favio Zandoná y Fabián Carrizo. Lo mismo que Racing, con el Turco Claudio García, Alfredo Graciani y Carlos Roa. ¿De Independiente? Daniel Garnero, Néstor Craviotto, Luis Islas, Perico Pérez y Gustavo López. Los pibitos de Vélez, en cambio, sólo podían conformarse con el Gallego González y Walter Pico.

En una segunda edición, salieron a la venta otros jugadores que habían quedado afuera, como Carucha Corti, Sergio Goycochea y el colorado Mac Allister, entre otros. Además, se incorporaron figuras de clubes del interior, como José Luis Cucciufo (Belgrano de Córdoba) y el Tata Martino (Newell’s).

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Ojo que no todo se reducía a la reproduccción tridimensional de tus ídolos (?), sino que además, en el dorso del blister, venían un par de perlitas. Por empezar, te recomendaban usar el cartón como base para un portaretrato. De esa manera, uno podía poner la foto de su jugador preferido y agregarle el autógrafo en el lugar especialmente destinado. Muy útil (?).

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Lo mejor, sin dudas, era el concurso: recortando 3 logotipos de Fútbol Manía y enviándolos por correo postal a las oficinas del Cromy Club, participabas por el gran premio principal: 2 pasajes con estadía por 7 días y entradas la semifinal y final del Mundial de Estados Unidos 1994.

Lo peor que te podía pasar, al margen de ser favorecido y que Argentina no llegara a esas instancias, era obtener el segundo premio: un par de rollers. Eso sí era mala suerte, muñeco.

Fuera de Stock: Gol Show – Hacele un gol a Chilavert

En el último trimestre de 1996, cuando ya había transitado tres décadas en esta Tierra, el arquero paraguayo José Luis Félix Chilavert González había logrado algo que, en la teoría, está reservado para personas que aún no han llegado a la flor de la vida: ser un auténtico número uno con una magnífica trayectoria, un presente brillante y todavía mucho para brindar en el futuro.

Campeón argentino, de América y del Mundo con Vélez Sarsfield; máximo referente de la Selección de su país y galardonado como El Mejor Guardametas del Planeta en 1995 por la IFFHS, El Chila había conseguido un reconocimiento tardío y a regañadientes del medio futbolístico y también de parte de la sociedad Argentina que, sin embargo, en ese momento no se quería percatar que estaba ante la presencia de un verdadero mito viviente.

Es que convivían sensaciones ambiguas en torno a la inmensa figura del Guerrero Guaraní que, dentro de las cabezas de muchas personas, actuaban como el diablito y el angelito que le tiran consejos al Pato Donald (?). En el haber estaban: sus goles a River, sus tantos a Boca, sus anotaciones ante la Argentina, sus gloriosas atajadas, el hecho de ser el orgulloso embajador paraguayo por excelencia en una nación donde vivían (y viven) millares de sus coterráneos, el lograr que un club periférico de la Capital tenga más Copas internacionales que hinchas y su influyente personalidad, entre tantos otros méritos…

Por el otro lado, el supuestamente negativo, podemos contrastar básicamente lo mismo: sus goles a River, sus tantos a Boca, sus anotaciones ante la Argentina, sus atajadas perjudiciales para las mayorías, el hecho de ser el orgulloso embajador de un país mirado en forma principalmente peyorativa, el haber ayudado a los dirigentes del Fortín a sentarse en la mesa de los grandes y, por supuesto, su influyente personalidad, que lo llevaba a vociferar cosas tales como: “tú no has ganado nada”, “los jugadores que van a la TV por un sueldo me dan lástima, matarían a la madre por plata”, “Amadeo Carrizo atajaba en una época donde los delanteros se mataban con pastas y vino. Me da risa”, “yo de los mediocres no hablo” por Navarro Montoya y “habría que crear un campeonato para la gente normal y otro para los drogadictos” en relación a Diego Maradona, entre tantas otras palabras. Ojo, a veces escupía a Martín Ciccioli y todos festejaban…

Como fuese, ese otro moldeador fundamental de la esencia nacional de los últimos treinta años además de gran conocedor de los gustos y necesidades de las masas, llamado Marcelo Tinelli, olfateó la oportunidad al vuelo y así nació: “Gol Show – Hacele un gol a Chilavert”. Ahora todos tendrían la posibilidad de poner de rodillas al coloso en primerísimo Prime Time.

La mecánica era simple: había que recortar y llenar un cupón que venía en la revista El Gráfico, enviarlo a una dirección postal o depositarlo en la urna que estaba en tu kiosco amigo (?) y, si un jueves El Cabeza de Bolívar agarraba tu sobre, automáticamente te ganabas dos abonos anuales en platea para ver a tu equipo favorito.

Después, claro, venía lo mejor. En un arco con medidas reglamentarias tenías la chance de patearle un penal a José Luis Chilavert y, si lograbas convertirlo, te hacías acreedor de un departamento de tres ambientes en una confortable zona de Buenos Aires. O sea, un penal al dogor por una casa para toda la vida…

Por supuesto, esto último no era tan simple. El participante debía poseer un teléfono digital y la pelota en cuestión, impulsada por una especie de cañón, saldría con una potencia inherente al tono elegido. La modalidad era cuanto menos sospechable, acorde a la mayoría de los productos rubricados por Tinelli.

Así las cosas, pasó una semana, pasaron dos, pasaron tres, cinco, siete y nada. Ni un gol ni un derpa, nada. Por ahí le hicieron uno y todos rieron. Después le hicieron otro y algunos se preocuparon. Hasta que un fatídico jueves de diciembre le convirtieron a Chilavert tres goles seguidos, algunos de pelotudísima factura, y ahí se acabaron las risas. Sobretodo las de Saladix, la empresa que ponía la tarasca para pagar los inmuebles…

A la semana siguiente, Chilavert desapareció definitivamente de El Show de Videomatch acusando una lesión que, sin embargo, no le impidió atajar contra Bolivia en la altura de La Paz por Eliminatorias.

En su reemplazo ingresó su archirival, Carlos Fernando Navarro Montoya -quien recientemente había sido echado de Boca por el tema de las camisetas pero a los ojos de la gente bien al menos sí deseaba ser Argentino- y los departamentos mutaron en autos cero kilómetro. Por que el uno a uno daba para cualquier cosa, pero tampoco eran tan boludos…

El Gol Show finalizó -sin volver a ser mencionado y sin aviso a quienes habían enviado sus sobres- dos semanas después, cuando El Mono fue transferido al Extremadura de España. Así y todo, cinco familias en cinco departamentos de Capital Federal hoy tienen donde no los moje la lluvia y también donde caerse muertos gracias al inmortal Guerrero Paraguayo… o al menos, eso fue lo que nos hizo ver Marcelo Hugo Tinelli.