Son Decisiones: Racing y Vélez juegan dos partidos el mismo día

¿Puede un equipo disputar dos partidos en un mismo día? Lo que hoy parece impensado en términos de (des)organización, ocurrió el domingo 2 de marzo de 1997 cuando Vélez Sarsfield y Racing Club debieron cumplir sus compromisos por la tercera fecha de la Copa Libertadores y, además, enfrentarse entre sí por la segunda jornada del torneo Clausura.

Con un calendario apretado y ante la negativa de la AFA de posponer el match por el campeonato local (alegando que el año anterior había actuado de igual manera frente a los pedidos de River Plate y San Lorenzo), el Fortín y la Academia tuvieron que hacer malabares para presentar dos planteles competitivos.

Con la mira puesta en el Clausura, donde venía de una goleada 0-5 contra Rosario Central, Racing mandó a los suplentes a Ecuador para enfrentar a El Nacional y reservó a sus mejores hombres para tratar de revertir la mala imagen del debut. Orientados por Alfio Basile, en la altura de Quito salieron a la cancha Walter Cáceres; Héctor González, Sebastián Brusco, José Tiburcio Serrizuela, Sergio Zanetti; Carlos Javier Netto, Pablo Michelini, Néstor Adrián de Vicente; Nicolás Diez, Cristian Centeno y Roberto Saavedra. Cuando faltaba poco menos de media hora para el final del encuentro, Damián Yáñez entró en lugar de Centeno y el Coco se quedó solo en el banco de relevos. Los de Avellaneda fueron a buscar el empate, pero se trajeron una derrota por 2 a 0, con tantos de Simón Ruiz y Cléber Chalá, que los dejó en el fondo del grupo 2.

Un rato más tarde, en casa y bajo la dirección técnica del Panadero Díaz, asomaron Albano Bizzarri; Mauro Navas, Carlos Galván, Claudio Úbeda, Carlos Mac Allister; Claudio Marini, Fernando Quiroz, Gastón Córdoba; Rubén Capria (Javier Lux), Marcelo Delgado y Esteban Fuertes (Martín Vilallonga). En la banca quedaron Gastón Loza, Alexis García y Claudio Graf. Los de Liniers, por su parte, hicieron la inversa. Enviaron a Ecuador lo mejor que tenían y dejaron a los suplentes para que hicieran lo que pudieran. Por eso, en su primer partido del día, la V azulada, paró a Pablo Cavallero; Cecilio Galeano (Rodrigo Marangoni), Diego Trotta, Héctor Banegas, Eduardo Domínguez; Mariano Pasini (Darío Husaín), Carlos Compagnucci, Ariel Ércoli y Daniel Santa Cruz; el Rifle Fernando Pandolfi y el Lobo Carlos Cordone. Al lado del Pampa Jorge, DT ocasional, permanecieron el arquero Martín Bernacchia, Hernán Maldonado y un pibe que prometía: Fabián Cubero. Con goles de Marini y Capria, la Academia conquistó los tres puntos.

Ya caía la tarde cuando Vélez salió nuevamente a escena para enfrentar a Emelec en Guayaquil. Para ese encuentro, Osvaldo Piazza, que había reemplazado a Carlos Bianchi, alineó a José Luis Félix Chilavert; Flavio Zandoná, Sebastián Méndez, Mauricio Pellegrino, Raúl Cardozo; Guillermo Morigi (Marcelo Herrera), Marcelo Gómez, Claudio Husaín, Christian Bassedas; Martín Posse (Omar Asad) y Patricio Camps (Gustavo Franco). En un partidazo, los de Liniers se llevaron la victoria por 3 a 2 con doblete del Pato Camps y uno del Cholito Posse.

En aquella edición de la Libertadores, Racing alcanzó las semifinales, donde fue eliminado por Sporting Cristal de Perú, que ya había dejado en el camino en octavos de final al Fortín y que luego caería en la final ante Cruzeiro de Brasil.

Fuera de stock: Loma Negra en Primera

La excursión del Club Social y Deportivo Loma Negra por la máxima categoría del fútbol argentino fue breve, pero estableció un hito que todavía nadie pudo superar: con 39 puntos en 28 partidos jugados, es el equipo con mejor relación entre puntaje y encuentros disputados en el profesionalismo (69,64% de efectividad).

Lo que había nacido el 31 de mayo de 1929 con la simple excusa de que los empleados de la cementera compartieran un rato de distracción en grupo durante su tiempo libre sin necesidad de trasladarse hasta la ciudad de Olavarría (a 15 kilómetros de Loma Negra), tomó un impulso superior a comienzos de la década del ochenta, cuando su dueña, la multimillonaria María Amalia Sara Lacroze Reyes de Fortabat, asesorada por el coronel retirado Luis Prémoli y Valentín Suárez (ex hombre fuerte de la AFA), se decidió a invertir pesado para llevarlo a Primera.

“A mí siempre me gustó mucho el fútbol. Este equipo pertenecía a Loma Negra y había llegado a clasificarse varios años para el regional. Y cuando este año me hablaron de comprar algunos jugadores, los compramos y me fue entusiasmando. Ellos hicieron que me entusiasmase porque realmente cada uno de ellos, tomados individualmente, son seres simpáticos, nobles, serios, que tienen una vida familiar muy bien organizada, son cariñosos. Cuando yo los veo salir, los llamo “mis chicos””, comentaba Amalita en una entrevista en 1981.

Gracias al aporte económico de La dama del cemento, y bajo la supervisión del Profesor Jorge Habegger, una especie de manager, llegaron jugadores como Luis Barbieri y Jorge Vázquez (Atlanta), Carlos Squeo (Racing), Carlos Carrió (Gimnasia LP), Ricardo Lazbal (River), Mario Husillos (Boca), Osvaldo Mazo (Colón), Félix Orte (Rosario Central) y Osvaldo Gutiérrez (Vélez), entre otros, algunos ya en el ocaso de su carrera y otros con bastante hilo en el carretel. Así, Loma Negra consiguió el ascenso del torneo Regional al Nacional.

“En un primer momento llegamos ocho jugadores. En 1980, Loma Negra ganó el torneo local con jugadores locales. Después vinimos nosotros para el Regional, que al final ganamos y llegamos al Nacional. Teníamos muy buen sueldo, pero con expectativa de saber hasta dónde llegaba esto. Con el tiempo se vio que era todo muy bueno y todos querían venir. Jugadores que habían pasado por la Selección, como Pedro Magallanes o el Pampa Orte. Es decir, todos jugadores de primer nivel. Teníamos buen equipo, buenos sueldos, una ciudad que nos atendió muy bien y varias otras circunstancias más que pusieron a Loma Negra a la par de los grandes del país”, relataba el propio Husillos, que había surgido de las inferiores del Xeneize, pero venía del Real Madrid Castilla español.

El interés de Fortabat por el andar del cuadro de Olavarría se disparó y se convirtió en la hincha número uno, al punto que el plantel le decía, cariñosamente, “la tía” y era moneda frecuente verla llegar en helicóptero a los partidos, donde fuera que se jugaran. Incluso, en un inusitado rol protector, más de una vez amenazó con retirar a su equipo si los rivales no dejaban de pegarles a sus muchachos.

Dirigidos por Norberto Desanzo, en el Regional la Loma había dejado en el camino a conjuntos como Olimpo de Bahía Blanca, Huracán de Tres Arroyos, Santamarina de Tandil, Douglas Haig de Pergamino, Deportivo Roca de Río Negro, San Martín de San Juan y, en la gran final, a la Asociación Mutual Club Atlético y Biblioteca Mitre de General Baldissera, de Córdoba, con un contundente 6 a 1.

En 1981, el destino ubicó a Loma Negra en el grupo B del Nacional, con Ferro Carril Oeste, River Plate, Talleres de Córdoba, Guaraní Antonio Franco, San Martín de Tucumán y Sarmiento de Junín. Solamente dos equipos avanzarían a la segunda fase. Los de Olavarría hicieron un campañón, con 7 victorias, 5 empates y apenas 2 derrotas, alcanzando el tercer puesto, detrás del Verdolaga y los de Núñez, con el mismo puntaje que el Millonario, aunque perjudicados por la diferencia de gol (+14 contra +5).

En 1982, Loma Negra no jugó en Primera (el clasificatorio regional se disputó a fines del ’81, en simultáneo con el Nacional, y se quedó afuera), pero se enfrentó en un histórico partido amistoso a la Unión Soviética (que arrastraba un largo invicto de casi tres años), con victoria para el Celeste por 1 a 0, por el que Fortabat desembolsó 30 mil dólares, del que habló todo el país y que ya recordamos en este sitio.

Cuenta la leyenda que, en caso de triunfar, la Jefa les había prometido viajar al Mundial de España 1982, algo que fue desmentido por el tesorero Juan Alberto Salerno en el libro “Amalita, la biografía”, de las periodistas Soledad Vallejos y Marina Abiuso. Lo que sí reconoció Salerno fue otro rumor de la época: el interés de Amalita por llevar a sus muchachos a las Islas Malvinas para que jugaran al fútbol.

En el segundo semestre, el equipo completo de Loma Negra, con todas sus figuras, representó a la Liga de Fútbol de Olavarría en la Copa Beccar Varela, un campeonato interligas en el que superó en la final a Concepción del Uruguay.

Tras vencer el Regional con holgura, la Loma regresó al fútbol grande en 1983, cuando le tocó compartir el grupo G del Nacional con River Plate, Nueva Chicago y Andino de La Rioja. Y esta vez tampoco decepcionó. En sus 6 presentaciones, ganó 3, empató 2 y apenas perdió 1, y junto al Torito de Mataderos y la Banda avanzó a la segunda fase.

En la siguiente etapa, dividida en ocho zonas con un interzonal, todos contra todos en dos ruedas, integró el grupo G con Argentinos Juniors y Juventud Antoniana de Salta y debió enfrentarse a los participantes del grupo H: Racing de Córdoba, Newell’s Old Boys y Renato Cesarini. Loma Negra sorprendió nuevamente, quedándose con 4 de los 6 encuentros y empatando los 2 restantes.

Ya en octavos de final, lo esperaba Racing de Avellaneda, el equipo del corazón de Amalita, que atravesaba un momento complicado institucional y deportivamente. El Celeste contaba con el goleador del campeonato, Mario Husillos, y ganó el primer chico por 2 a 1. En la revancha, en cancha de Huracán, la Academia apeló a su orgullo herido y se impuso por 4 a 0.

Ante la frustración de no haber podido llegar más lejos, la presión de los principales cuadros del país por llevarse a sus jugadores y el desinterés de la cementera en continuar poniendo plata, el plantel se fue desmantelando a lo largo del segundo semestre de 1983. Fue el final del capricho de unos millonarios y del sueño de un pueblo que vio al club del barrio plantarse de igual a igual contra los gigantes de Buenos Aires. Desde entonces y hasta ahora, ya sin apoyo monetario, Loma Negra siguió compitiendo a nivel amateur, con algunas interrupciones.

DT Error: Ricardo Gareca en Palmeiras (2014)

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El año del centenario del Palmeiras brasileño no había arrancado de la mejor manera. La sorpresiva eliminación en semifinales del campeonato paulista en manos del ignoto Ituano y un inicio flojo en la Copa do Brasil pusieron a Gilson Kleina, entrenador del Porco, contra las cuerdas.

Ya bien atrás habían quedado los dorados noventa de gloria deportiva y bonanza económica, producto de una exitosa alianza con la compañía láctea Parmalat, que hasta alguna vez soñó con contratar a Diego Armando Maradona. Con la debacle de la multinacional y sin sus valiosos billetes, el cuadro de la colectividad italiana conoció las penurias de la segunda división en 2002. Volvió rápido, sí, pero desde entonces, y hasta el título de 2016, había tenido que conformarse con campañas que oscilaban entre la mitad y la parte baja de la tabla.

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En 2012, con Luiz Felipe Scolari como DT, Palmeiras conquistó la Copa do Brasil, pero apenas un puñado de meses más tarde, ya sin Felipão, sufrió el mazazo de su segundo descenso. No tardó mucho en regresar a la Serie A. La temporada siguiente, con Kleina en el banco, garantizó el ascenso y el título varias fechas antes del final.

Pero en el centenario no alcanzaba con estar en Primera. Había que pelear campeonatos. La decepción del estatal y la derrota ante el humilde Sampaio Corrêa por la Copa do Brasil encendieron todas las alarmas. El pésimo arranque en el Brasileirão (3 puntos de 9 posibles, producto de un triunfo agónico frente al débil Criciúma y sendas caídas contra Fluminense y Flamengo) se cargó a Kleina, que estaba en el ojo de la tormenta.

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Con el Mundial a la vuelta de la esquina, el Verdão anunció rápidamente la contratación de Ricardo Gareca, que venía de un muy buen paso por Vélez. Richard pidió varios refuerzos (Pablo Mouche, Fernando Tobio, Agustín Allione y Jonatan Cristaldo como prioridades) y solo se haría cargo del conjunto paulista luego de la Copa del Mundo. Entretanto, el interino Alberto Valentim le puso el pecho a las balas y anduvo más que bien: de los 7 encuentros que dirigió, ganó 4 (Goiás, Sampaio Corrêa, Vitória y Figueirense), empató 1 (Grêmio) y perdió 2 (Chapecoense y Botafogo).

Oficialmente, Gareca asumió el jueves 17 de julio, cuando los brasileños todavía festejaban el triunfo de la Alemania del Morro sobre Argentina en el Maracanã. Aquella noche en la Vila Belmiro frente al Santos por la décima rodada, plantó en la cancha a Fábio; Wendel, Fernando Tobio, Wellington y Marcelo Oliveira; Josimar, Renato, Wesley y Bruno César; Diogo y Leandro. En el segundo tiempo ingresaron el paraguayo William Mendieta, Erik y Juninho. Con goles de Bruno Uvini y Alison, el Peixe se impuso sin sobresaltos por 2 a 0.

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Segure o tchan, amarre o tchan, segure o tchan tchan tchan tchan tchan (?)

Enseguida, Palmeiras encaró la seguidilla de la muerte: Cruzeiro (1-2), el clásico ante Corinthians (0-2), Bahía (1-1), Atlético Mineiro (1-2), São Paulo (1-2) y Sport Recife (1-2). Con apenas un punto sobre 21 posibles, los hinchas empezaron a mirar a Gareca tiene cáncer, se tiene que morir con desconfianza. La victoria por 1 a 0 frente a Coritiba por la fecha 17 le dio un poco de aire, pero no iba a ser suficiente.

En el medio, por la tercera ronda de la Copa do Brasil, el Porco eliminó al Avaí de Santa Catarina (2-0 en la ida, con doblete de Felipe Menezes, y 1-0 en la vuelta, gol de Pablo Mouche). Ya en octavos de final, con el Tigre en coma cuatro, cayó nuevamente ante Atlético Mineiro y quedó al borde de la eliminación.

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El golpe de gracia se lo propinó Internacional de Porto Alegre, algunos días más tarde, por la jornada 18 del campeonato nacional, con una derrota por 1 a 0. Gareca fue despedido el 1 de septiembre, apenas un mes y medio después de debutar, tras dirigir 13 partidos, con apenas 4 triunfos (uno extraoficial, contra la Fiorentina, por la Copa Euroamericana), 1 empate y 8 caídas, y con Palmeiras en zona de descenso otra vez.

¿Qué pasó al final? Luego de la salida del argentino, Dorival Júnior quedó al frente del Verdão. Pese a amagar una levantada, hilvanó una serie de tropezones al hilo y llegó a la última fecha con respirador artificial. En su nueva casa, debía vencer al Atlético Paranaense para no depender de nadie.

El clima se cortaba con cuchillo cuando Ricardo Silva puso el 1 a 0 para el rubronegro. Diez minutos más tarde, de penal, Henrique marcó el empate para Palmeiras, que fue una bola de nervios todo el encuentro y no pudo cumplir su parte. La permanencia solo estuvo asegurada cuando el gol de Thiago Ribeiro le dio la victoria al Santos, sobre la hora, ante Vitória, que ocupó el décimo séptimo lugar y se fue a la B junto con Bahía, Botafogo y Criciúma.

El cuadro paulista salvó el pellejo con apenas 40 unidades en 38 partidos. Hasta entonces, nunca un equipo había mantenido la categoría con un puntaje tan bajo.

Toronto FC 0 (3) – River Plate 0 (4) (2009)

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A mediados de 2009, River Plate, dirigido por Néstor Raúl Gorosito, inició una gira por Canadá que incluía encuentros amistosos ante el Toronto FC, Everton de Inglaterra y Montreal Impact. El estreno estaba pautado para el miércoles 22 de julio, ante el Toronto FC, y ponía en juego la Carlsberg Cup.

Esa tarde/noche en el BMO Field, que marcaba el regreso del Millonario al césped sintético después de casi 30 años, Pipo dispuso una formación prácticamente integrada por suplentes y algunos juveniles. De esta manera, salieron a la cancha Leandro Chichizola; Maximiliano Coronel, Mateo Musacchio, Lucas Orban, Rodrigo Archubi; Facundo Affranchino, Nicolás Domingo, Matías Abelairas; Mauro Díaz; Gonzalo Gil y Gustavo Bou. En la segunda etapa ingresaron Augusto Fernández (por Affranchino), el Keko Villalva (por Bou), la Tortuga Gustavo Fernández (por Gil), Erik Lamela (por Díaz) y Germán Pezzella (por Archubi).

El 0 a 0 durante los noventa minutos durmió a los casi 20 mil espectadores y llevó el encuentro a la definición por penales, donde el cuadro argentino se quedó con la victoria por 4 a 3, gracias a las conversiones de Abelairas, Lamela, Domingo y Gustavo Fernández. Augusto Fernández y Daniel Villalva erraron sus respectivas ejecuciones.

Una de las principales curiosidades del partido fue que contó con cambios ilimitados, lo que permitió, por ejemplo, que Pablo Vitti, una de las figuras del Toronto FC, fuera reemplazado al inicio del segundo tiempo y volviera fresquito un rato antes del final… justo para desperdiciar su penal.

Mal Pase: Roselli a Boca (2009)

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Los vaivenes de las negociaciones por la renovación del contrato de Hugo Benjamín Ibarra hicieron que, a medidos de 2009, los dirigentes de Boca Juniors tuvieran que salir como locos a rastrear un posible reemplazante para el lateral derecho. El apuntado fue Nahuel Roselli, que llevaba varias temporadas destacándose en Aldosivi de Mar del Plata. La intención era buscar un jugador joven sin demasiado cartel y potenciarlo, algo similar a lo que el club de la Ribera había hecho a principios del milenio con Clemente Rodríguez, que había llegado desde Los Andes.

“No sé nada, no me quiero ilusionar porque si se cae yo quiero seguir a muerte en Aldosivi. Veremos qué pasa estos días”, decía el defensor de 23 años, que, sin embargo, se moría por pasar a Boca: “Sería un gran sueño cumplido. Hugo Ibarra es un futbolista que admiro y ya es un orgullo que se mencione como una posibilidad para pelear ese puesto en Boca”.

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La falta de acuerdo entre los dirigentes del Xeneize y el Tiburón, la continuidad del Negro Ibarra y el arribo del juvenil uruguayo Adrián Gunino llevaron al fracaso las tratativas y Roselli terminó a préstamo en Newell’s Old Boys, donde jugó apenas doce meses. Tras esa experiencia trunca en Rosario, el lateral se convirtió en una golondrina del ascenso, registrando breves pasos por Quilmes, nuevamente Aldosivi, Atlético Tucumán, Temperley, Talleres de Córdoba y, luego de haber anunciado su retiro del fútbol profesional, Banfield de Mar del Plata, donde se desempeña actualmente en el Federal C.

Boca violeta (2013)

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Siguiendo la tendencia iniciada doce meses antes con aquel atuendo negro y blanco a bastones, en 2013 Boca Juniors aprovechó el torneo de verano para presentar en sociedad su nueva tercera camiseta en dos tonalidades del color violeta: más oscuro del lado izquierdo y más claro del costado derecho, con pequeñas líneas verticales invertidas, cuello y puños azules, y medias haciendo juego. Un adefesio, propuesto por Nike y aprobado por una dirigencia ávida de billetes frescos, que provocó un sinfín de cargadas con el dinosaurio Barney y el teletubbie Tinky Winky.

No era la primera vez que un equipo argentino se animaba a jugar al de violeta, claro. Antes ya lo habían hecho, entre otros, Ferro Carril Oeste, Banfield, Los Andes y River Plate, también el Bambino Veira y Cristian Aldana. Sin embargo, nada tenía que ver con la historia del Xeneize. Bueno, casi nada.

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Confeccionada con poliéster reciclado de botellas de plástico (?), la casaca se conseguía solamente en versión match (la que usan los jugadores, más ajustada al cuerpo) por la módica suma de 649 pesos, unos 130 dólares de aquella época, y fue un boom de ventas: en pocas semanas se agotaron las 14 mil unidades disponibles y la marca del swoosh facturó más de 9 millones de pesos.

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La pilcha salió por primera vez a la cancha el 13 de enero, en el debut de la Copa Centenario Liga Marplatense de Fútbol, ante Racing, en La Feliz. Esa noche, Carlos Bianchi, en el inicio de su tercer ciclo al frente del club de la Ribera, paró a Oscar Ustari; Emiliano Albín, Claudio Pérez, Dino Castagno y Fernando Evangelista; Guillermo Pol Fernández, Cristian Erbes y Nicolás Colazo; Cristian Pochi Chávez; Lucas Viatri y Nicolás Blandi. Luego ingresaron Damián Escudero y Sebastián Palacios.

Como era de esperarse ante semejante deformación, la Academia se impuso por 2 a 1, con tantos de Gabriel Hauche y Sebastián Saja, de penal. Lucas Viatri había marcado el empate transitorio.

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Trece días después, en el cierre del cuadrangular ante Independiente, la camiseta violeta volvió a aparecer, aunque para despedirse definitivamente. Esta vez con mayoría de titulares (Agustín Orion -Sebastián D’Angelo-; Franco Sosa, Lisandro Magallán, Matías Caruzzo y Clemente Rodríguez; Ribair Rodríguez –Pol Fernández-, Leandro Somoza y Walter Erviti; Leandro Paredes -Federico Bravo-; Juan Manuel Martínez -Lautaro Acosta- y Santiago Silva), Boca goleó al Rojo por 3 a 0, con doblete del Burrito y uno del Pelado.

Un puñado de meses más tarde, el Xeneize y Nike volverían a revolucionar el mercado, pero esa ya es otra historia.

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Lionel Coudannes (El Chino)

Producto genuino de las divisiones inferiores de River Plate, el hijo del recordado Jorge Pedro asomó su (ya no tan) blonda cabellera en la Primera de Argentinos Juniors a mediados de la década pasada, aunque, a diferencia de su padre, siempre se mantuvo alejado de las primeras planas.

Nacido en Buenos Aires el 4 de agosto de 1984, en las juveniles del Millonario este volante central había compartido tardes y viajes con tipos que después desarrollaron una carrera interesante, como Javier Mascherano, Juan Pablo Carrizo, Jesús Méndez, Maximiliano López, Rubens Sambueza o Federico Higuaín. También con otros que hicieron lo que pudieron, claro, como Martín Asencio, Matías Argüello, Gastón Spampinato y el japonés Masakatsu Sawa. Así y todo, al cumplir 21 años le dieron las gracias y lo dejaron libre.

Fue Argentinos Juniors el club que lo rescató y Gregorio Pérez el técnico que lo subió al plantel profesional y le dio la chance de ir al banco de suplentes en la última fecha del Apertura 2005, en Santa Fe, ante Colón. Tras el pésimo inicio del Bicho en el Clausura 2006, el uruguayo dio un paso al costado y Adrián Domenech, por aquel entonces al frente de la Reserva, se hizo cargo del primer equipo.

El debut oficial llegaría el 2 de abril de 2006, por la fecha 13, en la victoria por 2 a 0 ante Racing. Esa tarde, acompañó en el mediocampo a Facundo Pérez Castro, el Lobo Cristian Ledesma y Nicolás Gianni. La fórmula se repitió casi como un mantra hasta el final del campeonato, con suerte dispar: 3 victorias, 2 empates y 2 derrotas. La irregularidad siguió siendo una constante del cuadro de La Paternal durante el Apertura 2006, en el que cosechó 5 triunfos, 5 igualdades y 9 caídas. El Chino sumó otras 6 presencias a su currículum, generalmente desde el arranque, aunque sin mucho para destacar.

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Tras varios torneos relegado a la Reserva, aceptó la oferta de Independiente Rivadavia (2008/09) y se fue a buscar la heroica a la B Nacional. El conjunto mendocino tenía a Ariel Ortega y pintaba para ser una de las revelaciones de la temporada. Si bien Coudannes actuó con bastante regularidad (disputó 31 encuentros, con algún que otro incidente), el Burrito estuvo a años luz de su mejor versión y el 11° puesto conseguido marcó el ritmo del fracaso de los Vila Boys (?).

El Chino siguió su carrera en All Boys (28 partidos en la 2009/10), que venía de una campaña discreta y soñaba con pelear arriba. El cuarto lugar en la tabla general le aseguró un cupo en la Promoción ante Rosario Central y el batacazo en el Gigante de Arroyito selló el regreso del team de Floresta a la máxima categoría después de 30 años de espera.

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De vuelta en Argentinos Juniors (2010), el panorama era muy diferente. El Bicho, ya sin Claudio Borghi, pero con Pedro Troglio, se preparaba para buscar el bicampeonato. Parecía que Coudannes no iba a ser tenido en cuenta, sin embargo, Troglio sorprendió y lo llevó al banco de suplentes en las primeras fechas, ante Vélez Sarsfield y Arsenal de Sarandí, aunque no ingresó. Tampoco lo haría en la despedida, ante Tigre, en Victoria. Unos días más tarde, Peter lo incluyó en la lista de prescindibles junto con Carlos Recalde, Federico Domínguez, Guillermo Pereyra, Matías Laba, Julián Fernández y Jonathan Páez.

Sin más que hacer en Primera División, el rubio emprendió un derrotero con más pena que gloria por diversas categorías del under nacional. En el Argentino A, por ejemplo, defendió los colores de Deportivo Maipú de Mendoza (7 encuentros en 2011) y, a pedido del Profe Córdoba, de Central Córdoba de Santiago del Estero (12 partidos en 2012).

A mediados de 2012, parecía que tenía todo arreglado para sumarse a Guillermo Brown de Madryn, pero terminó en Deportivo Morón (2012/13), de la B Metropolitana, donde redondeó 29 presencias a lo largo de la temporada, pero no alcanzó para convencer al Gato Daniele de su permanencia.

Tras coquetear con Deportivo Merlo, Atlético Policial de Catamarca (2013/14) le dio asilo en el Argentino B y sería testigo de un hecho insólito: su primer gol oficial, ante Sarmiento de La Banda. Tampoco jugó mucho, eh. Fueron apenas 8 veces, antes de pegar el portazo.

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Las últimas fichas las gastó en la B Metro con Deportivo Armenio (2014), donde arrancó bien, pero terminó mal tras una tonta expulsión ante Villa San Carlos, y Camioneros (2015), en el Federal B, club al que arribó de la mano de Guillermo Calleri, el padre de Jonathan, que lo conocía de All Boys.

A mediados de 2016, se lo vio en una prueba masiva de futbolistas en Fénix, donde se encontró con otros jugadores con pasado en Primera como Cristian Tula, Cristian Álvarez y el colombiano José Ramírez Agudelo.

Actualmente, viste la camiseta de Córdoba en el torneo de fútbol interno de River Plate, que tiene como una de sus principales figuras al periodista y entrepreneur (?) Cecilio Flematti. Todo queda en una baldosa.