Especiales: Cualquiera puede cantar – Parte I

Alguna vez el Chapulín Romário dijo que Pelé callado es un poeta”. Seguramente lo habrá escuchado cantar. A continuación, un compendio de futbolistas argentinos y extranjeros que cambiaron, al menos por un rato, la número 5 por un micrófono.

De acá…

Germán Adrián Ramón Burgos (Burgos Simpatía y The GARB)

“Traigan a la renga, que bailen los ratones, que llega el hijo del rock and roll”. La grandeza de Germán Adrián Ramón Burgos no distingue camisetas: al mismo tiempo que defendía el arco de River Plate a fines de los noventa, se hizo un tiempo para dedicarse a la música. Al frente de Burgos Simpatía, el Mono editó dos discos de clara estirpe rollinga: Jaque al rey y Fasolera de tribunas. Años más tarde, ya durante su paso por el fútbol español y rebautizado como The GARB, sacó Líneas calientes y Abismos, que lamentablemente no llegaron de este lado del mapa.

Carlos Tevez (Piola Vago)

Visto a la distancia, Los pibes del barrio, el disco debut de Piola Vago, es una gema. Arrancaba con una soberbia versión de “Pobre diabla”, del reggaetonero puertorriqueño Don Omar, y cerraba con “Déjala”, un magistral cruce dialéctico entre el Apache y el Zurdo por el amor de una mujer. Ay, Zurdo, déjala, déjala, déjala.

Sergio Agüero (Los Leales)

“¿De quién? ¿de quién? Kun Agüero, papá”. Antes de irse al Atlético Madrid, el Kun se animó al micrófono para ponerle voz al tema que le hicieron Los Leales. La concha de tu madre, Kun Agüero.

Diego Armando Maradona (cover de Carlos Vives)

El Diego cantándole una de Carlos Vives (“Voy a olvidarme de mí”) a la Claudia en La noche del Diez. Si no te genera nada, estás muerto por dentro, maestro.

Brian Sarmiento (Los Turros)

“¿Qué onda, Brian, que de repente están todos activos?”, pregunta July. “Y bueno, perro, la vagancia me sigue”, responde Brian Sarmiento, la revelación 2017 de las redes sociales (más de 400 mil followers en Instagram), que le pone letra y música a “Tamo activo!”, nuevo hit de la banda cumbiera Los Turros, aquellos de “que no prendan las luces, que no paren de vender alcohol, que yo quiero que esto siga hasta que salga el sol”. Poesía.

Y de allá…

Paul Gascoigne (Lindisfarne)

Casi veinte años después de su lanzamiento original, el grupo inglés Lindisfarne convocó al mediocampista Paul Gascoigne para grabar una nueva versión de “Fog on the tyne”. En plena Gazzamania tras su actuación en el Mundial de Italia 1990, la canción llegó al segundo puesto de los charts británicos.

Clint Dempsey (ft. Big Hawk y XO)

A los 11 no quería saber nada con el fútbol. Su ídolo, Diego Armando Maradona, se iba del Mundial 1994 por doping. “Nos enamoramos de Maradona, su estilo de juego, su actitud… De todo lo que hacía. Era nuestro héroe”, contó alguna vez Ryan, su hermano. Una década más tarde, Clint Dempsey debutó en la selección de Estados Unidos, donde se convirtió en uno de los jugadores más importantes de la historia de ese país. En 2006, en la víspera de su primer Mundial, bajo el seudónimo Deuce, se unió a los raperos Big Hawk y XO para incentivar a los jóvenes a jugar al fútbol y homenajear a su hermana Jennifer, fallecida de un aneurisma a los 16 años.

Ronaldo Giovaneli (Ronaldo e os Impedidos)

En paralelo con su actuación bajo los tres palos del Corinthians brasileño, donde disputó más de 600 partidos entre 1988 y 1998, Ronaldo Giovaneli se las rebuscó para mantener activa su banda de rock ‘n roll, Os impedidos. Y mal no le fue, eh. “O nome dela”, lo más parecido a un hit que tuvieron, sonó bastante en las radios y llegó a vender 50 mil discos.

Andy Cole (cover de The Gap Band)

Cuando colgó los botines después de varios pasos en falso por equipos chicos de Inglaterra, Andy Cole, goleador del Manchester United de mediados de los noventa, buscó meterse de lleno en el mundo de la música con un cover de “Outstanding” de The Gap Band. ¿Lo logró? La respuesta no los sorprenderá.

Neymar (Michel Teló)

No hay forma de odiar a Neymar. Ni siquiera cuando canta “Ai se eu te pego” al lado de Michel Teló. Nossa!

Bonus track

Gaizka Mendieta (Los Planetas)

“He puesto la tele y había un partido y Mendieta ha marcado un gol realmente increíble”, canta Jota, de la banda española Los Planetas, en “Un buen día”, incluida en su disco Unidad de desplazamiento, editado en 2000. Cuál era el gol realmente increíble de Mendieta, por aquel entonces jugador del Valencia, es un misterio que los medios especializados tratan de descifrar hasta hoy.

En 2015, el rubio, ocasional DJ, se subió al escenario del Festival Internacional de Benicàssim para tocar con Los Planetas. Con buen tino, Jota cambió la línea de la canción por “He puesto la tele y había un concierto y Mendieta tocó la guitarra de forma increíble”.

Fuera de stock: la Ciudad Deportiva de Boca Juniors

¿Mudar o no La Bombonera? Una cuestión que por estos días enciende el avispero del incansable Mundo Boca estuvo fuera de discusión hace más de 50 años, en 1964, cuando el Congreso Nacional sancionó una ley, la 16.575, mediante la cual le cedía al Xeneize la zona del Río de la Plata delimitada entre la avenida Costanera Sur y la prolongación de la calle Humberto Primo para que rellenara un total de 40 hectáreas de islas.

Allí se planteaba la creación de la Ciudad Deportiva de Boca Juniors, un ambicioso proyecto impulsado (y rosqueado a más no poder) por el ex presidente bostero Alberto J. Armando, que, desde su asunción en 1954, soñaba con la construcción de un imponente estadio. En principio, intentó hacerlo en Casa Amarilla, pero ante la negativa de la Municipalidad de Buenos Aires tuvo que salir a buscar otras opciones. Una tarde de gira con el ingeniero José Luis Delpini, uno de los ideólogos de Brandsen 805, pasaron por la Costanera: “¡Ahí está el lugar!”, sentenció Delpini. “Yo lo único que veía era agua. Por un momento pensé que estaba loco. Pero me explicó que la planta de SEGBA (hoy conocida como Central térmica Costanera) que estaba frente a nosotros también había sido construida sobre pilotes, ganando terreno al río”, declaraba Armando en 1965 a la revista El Gráfico.

Ideado por el arquitecto Carlos Costa, el sucesor de La Bombonera tendría capacidad para más de 150 mil personas y, además, contaría con otras instalaciones deportivas, como canchas de tenis, básquet, piletas de natación, y otras atracciones como confitería, anfiteatro, autocine, acuario, parque de diversiones y sectores de recreación y camping. Todo eso debía realizarse en un plazo inferior a diez años, ya que, en caso de no cumplir con lo pactado, la ley indicaba que los terrenos pasarían sin ningún tipo de indemnización a la Municipalidad de Buenos Aires. Tanta confianza se tenía el Puma Armando que hasta le puso fecha de inauguración al estadio: domingo 25 de mayo de 1975 a las 11 de la mañana, con un duelo entre la Primera y la Tercera. “No podemos perder”, bromeaba el presi, un pésimo actor.

Todo arrancó poco tiempo después de la sanción de la ley, cuando comenzaron los trabajos de relleno del Río de la Plata hasta formar siete islas circulares de unas pocas hectáreas, unidas por puentes curvos voladizos. La naturaleza del proyecto hizo que la Ciudad Deportiva fuese comparada con Brasilia, la capital brasileña creada por el arquitecto Oscar Niemeyer a fines de los cincuenta.

Con buena parte del sector social ya construido y en pleno funcionamiento, las obras del estadio, que se anunció oficialmente en noviembre de 1970, arrancaron en mayo de 1972 con la colocación del primero de los 1200 pilotes de 1,20 metro de diámetro, a 32 metros de profundidad, que servirían de base. Por aquel entonces, se esperaba concretar el hundimiento de los 1199 restantes en un plazo de nueve meses. La obra sería financiada mediante una serie de rifas, denominadas Cruzada de las Estrellas y Cruzada de Oro, y la venta de plateas. El propio Armando, en un verdadero raid mediático, se puso al frente de la búsqueda de inversores.

La versión oficial indica que los vaivenes políticos de la época, la hiperinflación y, aparentemente, algún boicot del Monje José López Rega, hombre influyente y nefasto de aquellos años complicados, sentenciaron el fracaso del estadio, que se reducía a una ínfima tribuna de 30 metros con apenas diez escalones. Otros aseguran que, tras una prueba piloto, la constructora Christiani & Nielsen determinó que el terreno ganado al río no estaba apto para aguantar semejante estructura y que, en agosto de 1973, por falta de pago, ordenó el retiro del personal (unos 40 obreros) y la maquinaria hasta nuevo aviso… que nunca llegó.

El domingo 25 de mayo de 1975, Boca salió a la cancha, pero fue en Liniers, donde Newell’s Old Boys hizo ocasionalmente de local por el campeonato Metropolitano. El encuentro terminó 0 a 0 y en los diarios de la jornada siguiente nada se habló de la promesa incumplida.

En 1979, una ordenanza del intendente de facto porteño Osvaldo Cacciatore liberaba a Boca de la construcción del estadio y le extendía el plazo para la conclusión de otras obras pendientes. Tres años más tarde, el propio Cacciatore sancionó otra ordenanza mediante la cual le daba al club la posesión legal de los terrenos a través de una escritura a su nombre, aclarando que no podía venderlos. Hasta entonces, se habían rellenado 60 hectáreas, 20 más de lo previsto al inicio. Sin embargo, el estado de abandono de la Ciudad Deportiva ya era evidente y desolador.

Durante parte de la década del 80, con el Xeneize hundido deportivamente y al borde de la quiebra, se le buscó un nuevo uso al espacio de la Costanera Sur. Por ejemplo, se le alquiló la isla con la confitería, con su particular techo con forma de hongo anaranjado, a la Cámara de Comercio Argentino Soviética, que instaló allí un centro de exposición permanente de productos exportados de la URSS a la Argentina.

Ya con Carlos Saúl M*n*m como presidente, en 1989, el Congreso Nacional sancionó otra ley, a través de la cual cambiaba el destino de estas tierras, indicando que podían utilizarse como complejo balneario, náutico, turístico, hotelero o comercial y que estaban habilitadas para funcionar como centro habitacional. No son pocos los que aseguran que esto último era el gran objetivo desde un comienzo. Además, se le permitió a Boca la venta de los terrenos. Un negocio redondo.

En 1992, durante la gestión de Antonio Alegre y Carlos Heller, la sociedad Santa María del Plata compró el predio de la Ciudad Deportiva de Boca Juniors a cambio de 23 millones de dólares, dinero que se utilizó, en parte, para la construcción del complejo de Casa Amarilla.

Cinco años después, en 1997, por algo más del doble de valor, los terrenos de la Costanera Sur pasaron a manos de su actual dueño, el Grupo IRSA, que tenía la intención de levantar allí la Villa Olímpica en caso de que Buenos Aires fuese elegida sede de los Juegos Olímpicos de 2004. Según el emperador riojano, nuestras chances alcanzaban el 95%. Ganó Atenas.

Desde entonces, lo que alguna vez fue el gran sueño de la mitad más uno del país alberga recitales y funciona como depósito de containers, mientras convive entre el abandono, la desidia y los intereses económicos que buscan la aprobación de la creación de un complejo habitacional y oficinas de lujo en una de las zonas con el metro cuadrado más caro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Mal Pase: Ponzio a Olimpia (2002)

Mientras Eduardo López, presidente de Newell’s Old Boys de Rosario, juraba públicamente que lo de Leonardo Ponzio a Boca Juniors era pescado podrido, le abría las puertas a otra negociación que, a priori, parecía delirante, pero que estuvo cerca de concretarse.

A mediados de 2002, Olimpia de Paraguay había derrotado en la final de la Copa Libertadores al São Caetano de Brasil, ganándose el derecho de definir la Copa Intercontinental frente al Real Madrid de Los Galácticos en Japón. Para ese partido, los de Nery Pumpido necesitaban refuerzos y el nombre que sonó con más fuerza fue el del propio Ponzio. Según medios locales e internacionales, ese sería el paso previo a su llegada al Xeneize.

Al frente de las tratativas estuvo Alfredo Mendoza, ex delantero leproso de la década del noventa, que por aquel entonces trabajaba como manager del club paraguayo. A López, que no dejaba de negar ni un minuto el acuerdo con Boca, le interesaba el negocio para utilizarlo como vidriera: “El tema es muy serio. Me lo planteó Mendoza y quedamos en conversar. Con Boca no hay nada, ya dije varias veces lo mismo y me lo siguen preguntando. Lo único serio es esta posibilidad de que Ponzio juegue la final de la Intercontinental y considero que puede ser un buen negocio para Newell’s”, decía el hombre que hizo lo que quiso durante catorce años al frente del cuadro del Parque Independencia.

“Si me lo piden es porque se podrá. No es un tema que se le haya ocurrido a Newell’s”, repetía López sobre la chance de que el volante central oriundo de Las Rosas vistiera la camiseta franjeada solo por una noche. Tampoco se hacía mucho problema por el dinero: “Es lo que menos importa, el valor pasa por mostrarle a Ponzio al mundo, incluido al Real Madrid, que será el rival de turno. En este caso, la plata por un partido no cuenta”.

Finalmente, las tratativas no llegaron a buen puerto y el mediocampista continuó jugando en el rojinegro. Tiempo después, Ponzio reconoció el acercamiento: “Llamaron a Newell’s, preguntaron por mí, me comentaron que podía darse y al final se cortó. Hubiera estado lindo enfrentar al Madrid de Los Galácticos”.

Finalmente, pudo sacarse las ganas un año y medio más tarde, en marzo de 2004, aunque con la camiseta del Zaragoza español y por la final de la Copa del Rey. Esa noche, los Maños se quedaron con la victoria y el título por 3 a 2.

Villalva Néstor

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Néstor Leonardo Villalva

El primer ciclo de Ramón Ángel Díaz al frente de San Lorenzo (2007 a 2008) prácticamente no tuvo tiempo para sorpresas: apenas un juvenil debutó durante ese año y medio. El elegido fue el correntino Néstor Villalva, un mediocampista central o por derecha que desde hacía un buen rato venía buscando una chance entre los grandes y que se convirtió, de la noche a la mañana, en el fetiche del entrenador.

Después de ir al banco de suplentes contra Rosario Central e Independiente, el pibe se sacó la mufa en la fecha 8 del Clausura 2007, frente a Lanús en el Nuevo Gasómetro (1-0, gol del Cuqui Silvera), cuando ingresó a cinco del final, con la casaca número 30, en lugar de Germán Voboril. La escasez de minutos y la desesperación granate en busca del empate, de todos modos, no lo privaron de tirar un caño casi al lado de donde estaba sentado el riojano. La perdió, claro. “Pensé que mis compañeros me iban a matar”, dijo después. Iba a ser, al fin y al cabo, su única aparición en la máxima categoría. ¿Quién le quita lo bailado?

Oriundo de San Roque, a 130 kilómetros de la capital, Villalva (generación 1986) había arribado al Ciclón con edad de sexta división, proveniente del Deportivo Armenio: “Llegué en 2002 y tuve experiencias buenísimas en la pensión. Compartí momentos con Hernán Peirone, Leonardo Ulloa, Darío Bottinelli, Walter Acevedo y Pablo Alvarado, entre otros. Con muchos hice una amistad”.

Con 20 años y sin previsión de estreno en Primera en el corto plazo, a comienzos de 2007 casi se va al Alianza Atlético Sullana de Perú. Sin embargo, el llamado del Pelado Díaz, uno de sus mayores ídolos junto con Enzo Francescoli, lo hizo cambiar de planes.

“La verdad es que Ramón cambió mi vida. De un día para otro pasé de la nada a jugar un partido en Primera. Fue un cambio enorme, estoy contento, feliz y disfrutando de esto”, decía en una entrevista al diario Olé. “Ramón no es de hablarme mucho a mí solo, sino que a todos en general. Es de hablar poco, pero cada cosa que dice te deja una enseñanza. Siempre nos habla para que nos cuidemos y nos marca cómo quiere que nos movamos dentro de la cancha”, agregaba.

Sin chances en el Apertura 2007, reapareció en el primer test de la pretemporada 2008, ante Racing, en Salta. Esa noche, bajo la dirección técnica de Sebastián Pascual Rambert, reemplazó a Santiago Hirsig a diez minutos del final y no pudo hacer demasiado para evitar la derrota por 1 a 0, con gol de Diego Menghi.

La falta de oportunidades en el primer semestre de 2008 y, principalmente, la salida del segundo riojano más famoso del país, lo sacaron del mapa. Javier Baena se lo llevó a préstamo a Platense (2008/09) para que conociera las bondades de la B Nacional, pero el DT sucumbió rápido ante el espantoso inicio del Calamar: un triunfo, tres empates y cinco caídas. Poco iba a cambiar el panorama con el arribo del Loco Mariano Dalla Líbera, de idénticos o peores resultados, con el que Villalva perdió terreno. Ya con Ricardo Kuzemka como entrenador y el ex CASLA en la tribuna, el cuadro de Vicente López hilvanó una serie de victorias y se escapó con lo justo de la Promoción.

De vuelta en el Bajo Flores, al correntino lo dejaron libre. Era hora de volver a casa. Quería jugar con su hermano Eric e iba a conseguirlo en Boca Unidos (2009/10), que había ascendido a la segunda división. Sin embargo, allí actuó poco y al final de la temporada tuvo que armar las valijas otra vez.

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A mediados de 2010, por recomendación de Agustín Orion, se sumó a Midland, en la Primera C. “Tengo una buena relación y lo valoro porque me dio una mano grande en un momento complicado”, decía sobre el actual arquero de Racing. Allí permaneció hasta 2012, cuando parecía que tenía todo arreglado con Bella Vista de Uruguay, pero terminó en Atlanta (2012/13), que venía de descender a la B Metropolitana y se había renovado por completo para regresar lo más rápido posible. Las casi veinte incorporaciones no le alcanzaron al Bohemio, que cayó ante Almagro en semis del reducido.

Tras un breve regreso a Midland (2013/14), desde 2015 Villalva defiende los colores de Justo José de Urquiza, en la penúltima categoría del fútbol nacional, donde conoció a otro baldosero deluxe como Gino Clara.

Especiales: Ariel Lizardía

Ariel Emanuel Lizardía

Hace algunas semanas, cuando el Kun Sergio Agüero marcó para el Manchester City frente al Arsenal por la semifinal de la FA Cup, disputada en el estadio de Wembley, otro nombre tomó por sorpresa la memoria de los enfermos del fútbol. Entre el listado de jugadores argentinos que ya habían convertido goles en ese mítico lugar, como Mario Boyé, Mario Kempes, Daniel Passarella, Julio Ricardo Villa, Claudio García, Darío Franco, Gabriel Batistuta, Lionel Messi o el propio Agüero, se colaba alguien poco conocido, prácticamente un ignoto: Ariel Lizardía, un delantero rosarino nacido el 10 de febrero de 1984 que prometía bastante, pero que se esfumó demasiado rápido.

En julio de 1999, un combinado Sub 15 de la Argentina participó, junto a Francia e Inglaterra, del torneo Tres Naciones, una competición Sub 16 organizada por la Federación Inglesa como parte de su frustrada campaña para quedarse con la sede del Mundial 2006.

Si bien aquel campeonato contemplaba la inclusión de jugadores nacidos a partir del 1 de enero de 1983, Argentina presentó una nómina completamente integrada por pibes de la categoría 1984. Dirigidos por Hugo Tocalli, los que representaron a nuestro país en territorio pirata fueron los arqueros Lucas Molina (Independiente) y Fabio Garibaldi (Ferro); los defensores Lucas Moreta (Newell’s), Mauro Lugo (Racing), Diego Ludueña (Independiente), Raúl Osella, David Reano y Emanuel Acosta (los tres de Boca), los mediocampistas Cristian Vargas (Boca), Gabriel Juárez (San Lorenzo), Hugo Colace (Argentinos Juniors), Maximiliano Capobianco (River) y Paulo Rosales (Newell’s) y los delanteros Maximiliano López (River), Ernesto Sánchez (San Lorenzo), Carlos Tevez (Boca), Noel Ibáñez y Ariel Lizardía (ambos de Newell’s).

La albiceleste debutó frente a Francia el 3 de julio, en el estadio del Kingstonian FC, a 20 kilómetros de Londres, y formó con Molina; Osella, Moreta, Ludueña y Acosta; Vargas, Colace, Lizardía y Capobianco; Tevez y López. Luego ingresaron Lugo, Rosales, Juárez, Sánchez e Ibáñez. Ese día, Argentina ganó a 1 a 0 con un golazo del Apache Tevez, que ya pintaba para cosas grandes.

Veinticuatro horas después, en Wembley, los pibes debían definir el título ante los dueños de casa. Para ese cotejo, Tocalli seleccionó a Molina; Acosta, Moreta, Ludueña y Lugo; Osella, Vargas, Colace y Capobianco; Tevez y Sánchez. Durante la segunda mitad, entraron López, Lizardía, Rosales, Reano e Ibáñez.

Los ingleses se pusieron en ventaja, pero enseguida Argentina lo empató gracias a una buena combinación entre Rosales y Lizardía, que la mandó a guardar, convirtiéndose en el último jugador de la selección argentina en marcar en el viejo Wembley (el Bati lo hizo meses después, pero con la camiseta de la Fiorentina ante el Arsenal por la Champions League). Promediando el complemento, Inglaterra se volvió a adelantar por intermedio de Michael Chopra. El resultado no cambiaría y los nuestros, perjudicados por un pésimo arbitraje que obvió dos penales claros, se quedarían con el subcampeonato.

Con el tiempo, varios de esos futbolistas llegarían a actuar en la Primera División de sus respectivos clubes. Algunos con éxito (como Carlos Tevez), otros con más suerte que condiciones (como Maxi López), otros brevemente por diversos motivos (como Reano, Moreta, Ludueña o Colace) y algunos cuantos se quedaron en el camino (como Ibáñez, uno de los máximos goleadores de las juveniles de la Lepra, detrás de Lisandro Sacripanti).

¿Pero qué pasó con Ariel Lizardía, el 10 de aquel seleccionado? Surgido de las divisiones inferiores de Newell’s Old Boys de Rosario (donde según registros del Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol -CIHF- convirtió 19 goles en 78 encuentros entre novena y sexta), había arrancado como volante por izquierda: “Pero como era muy potente, en Sexta me pusieron de delantero”.

Después de que lo vieran en el Tres Naciones, estuvo cerca de quedarse en Europa: “Acepté una oferta de mi representante para ir a jugar a Italia, al Venezia. Estuve entrenándome una pretemporada con el equipo de Reserva, pero todo salió mal. Lo manejó mal el representante, me llevaron sin tener la ciudadanía y tuve problemas con los papeles. Lo que pasa es que ni mi viejo ni yo sabíamos de todos esos temas extrafutbolísticos”, contó muchos años después, ya alejado de la actividad, en una entrevista al diario Clarín.

“Después estuve cerca de firmar con The Strongest, pero tampoco tuve suerte. Tuve un bajón anímico y al final, volví a mi pueblo, Santo Tomé, y seguí jugando en los clubes de acá. Y ahora hago trabajos sanitarios y de gas con mi viejo, que es constructor. El fútbol quedó atrás ya hace años. Sigo en actividad ayudando a un amigo que tiene un club y estoy entrenando a los más chicos. Pero ahora sólo es un entretenimiento”.

Segurola y Habana: Sánchez Prette contra Fluminense (2011)

La última fecha del grupo 3 de la Copa Libertadores 2011 prometía emociones fuertes: con 9 puntos, América de México tenía medio pie en los octavos de final. Lo seguían de cerca Argentinos Juniors y Nacional de Uruguay, con 7 unidades (mejor diferencia de gol para el Bicho), y último, pero todavía con chances, aparecía Fluminense, con 5. Aquel miércoles 20 de abril, en Montevideo, el Bolso tenía que ganarle sí o sí a las Águilas para asegurarse el pase a la próxima ronda, mientras que, en Buenos Aires, el equipo de Pedro Troglio jugaba a no perder contra los brasileños, obligados a vencer con cierto margen y esperar a lo que pasara en la vecina orilla.

Las cosas habían arrancado bastante bien para los de La Paternal, que en el debut en el estadio Olímpico de Río de Janeiro les habían sacado un buen empate 2 a 2 a los cariocas. Enseguida, lograron una sólida victoria como local ante el América por 3 a 1, y un valiosísimo triunfo en Uruguay por 1 a 0 contra el Tricolor, que los acomodó en la parte alta de la tabla. Sin embargo, se pincharon a la hora de jugar las revanchas. En el Diego Armando Maradona, Nacional se vengó con un 1 a 0 y, en el DF, los mexicanos hicieron lo propio por 2 a 1.

Mientras al otro lado del río el Bolso y los Cremas no lograban sacarse ventajas, en Buenos Aires, los de Troglio y el Fluzão se sacaban chispas en un partido ultra caliente. La visita se adelantó en el marcador a los 18 minutos por intermedio de Júlio César. Enseguida, el paraguayo Santiago Salcedo, de penal, se encargó de dejar todo igual. A los 40’, Fred volvió a poner en ventaja a los brasileños con un bombazo de lejos, pero Gustavo Oberman, quince más tarde y con algo de fortuna, lo igualó para Argentinos Juniors. A los 68′, el blondo Rafael Moura marcó el 3 a 2 parcial.

Con el 0 a 0 inamovible en Montevideo, América llegaba a las 10 unidades y se aseguraba el primer puesto. Segundo quedaba Nacional, con 8 puntos, al igual que Fluminense, pero con mejor diferencia de gol (0 contra -1), y último el Bicho, con 7. Los cariocas necesitaban un tanto más para que, ante igualdad de saldo, la clasificación pasara a regirse por cantidad de anotaciones, donde arrasaban a los uruguayos (8 a 3, hasta entonces).

A tres del final, Edinho hizo una pared con Araújo y llegando al borde del área chica simuló ser embestido por Nicolás Navarro. El árbitro colombiano Wilmar Roldán compró y señaló el punto penal. Fred la colocó bien arriba a la izquierda, lejos del alcance del arquero, y convirtió el 4 a 2 definitivo.

Lo que siguió al pitazo de Roldán fue un espectáculo digno de un programa de Rolando Graña. Piñas, patadas, arqueros suplentes que aparecen de la nada y la especialidad brasileña, el hit & run (en criollo, pegar y salir corriendo). Las grandes estrellas de ese tercer tiempo improvisado fueron Sergio Escudero (¿cuándo no metido en problemas?) y Cristian Sánchez Prette, que había entrado un ratito antes del final en lugar del defensor Santiago Gentiletti, al que en un momento se lo vio repartiendo a diestra y siniestra contra, por lo menos, cinco rivales cerca del alambrado.

Iba caminando por la cancha muy confiado y de repente me comí un arrebato (?)

El ex Huracán, Estudiantes LP y Newell’s Old Boys, entre otros, se transformó de la noche a la mañana en un héroe nacional, aunque estuvo lejos de demostrar sus condiciones futbolísticas dentro de la cancha. Desde que regresó al Globo en el segundo semestre de 2011, deambuló por diversos clubes del exterior y el ascenso, como Berazategui, en la Primera C.