[Baldosa Olímpica] Deformaciones: Colombia (1992)

Una Selección Cafetera que llega como candidata a un torneo y se va con las manos vacías. La misma historia de siempre, repetida en diferentes competencias: Mundial, Copa América y también Juegos Olímpicos. Entre estos últimos, las malas experiencias fueron moneda corriente. Pero, sin dudas, el golpe más fuerte fue el que sufrió en Barcelona ’92.

Es que, luego de una gran actuación en el Preolímpico de Paraguay (donde Argentina fracasó con La Banda del Gol y el Toque), Colombia llegaba con grandes expectativas. La ilusión era tan grande que los hinchas y la prensa daban por segura la obtención de una medalla. Pero el ego y la falta de experiencia para encarar este tipo de competencias, los traicionó a todos: el equipo no pasó de la primera ronda. Una desilusión que se reeditaría con varios de estos jugadores dos años después, en el Mundial 1994.

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Para ser sinceros, los colombianos tenían nombres de sobra: Miguel Calero, Faryd Mondragón, Jorge Bermúdez, Faustino Asprilla y Víctor Aristizábal eran algunas de las figuras del equipo. Grandes jugadores, pero faltos de humildad. Así lo reconoció Iván René Valenciano: “Teníamos el ego por encima. Llegamos agrandados, nos sentíamos las estrellas y eso nos jugó una mala pasada. Faustino y yo ya estábamos vendidos a Europa, creíamos que ya teníamos la medalla de oro colgada en el cuello”.

La presentación del conjunto sudamericano no pudo ser peor: derrota 4 a 0 frente a España. “Nos sorprendió todo”, explicó el delantero. “Nosotros nos creíamos los mejores, pero no sabíamos que España tenía a Guardiola, Luis Enrique, Kiko, Abelardo… No sabíamos ni cómo jugaban ellos, solo creíamos en lo nuestro, y cuando nos encontramos con otra realidad en la cancha, ya era tarde”.

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Los próximos rivales, Qatar y Egipto, daban margen para la recuperación. Pero otra vez, la soberbia les dio un cachetazo: fue empate frente a los asiáticos y derrota contra los africanos. “En el partido contra Egipto nosotros estábamos completos y ellos solo tenían siete jugadores porque los había dejado el transporte. Empezamos a jugar y les íbamos ganando 2 a 0. Fueron llegando poco a poco, parecía un partido de barrio, y nos ganaron 4 a 3”, contó Iván René. De esta manera, Colombia terminó última en su grupo.

Entre las causas del revés, los futbolistas admitieron que la concentración era inadecuada. Esto, combinado con la ausencia de un método nutricional, formó un coctel explosivo. La Villa Olímpica fue el hospedaje elegido, a diferencia de otras escuadras que planificaron mejor la preparación y se concentraron en lugares más apartados. “Lo de nosotros no era una verdadera concentración. Era muy difícil controlarnos en ese lugar, donde había hasta discoteca”, consideró el mediocampista Víctor Pacheco.

Además, los jugadores que en condiciones normales peleaban con la balanza tuvieron demasiadas tentaciones y constantemente se escapaban de la habitación. “Había 10 restaurantes, siempre alguno abierto. A los pocos días ya estábamos todos pasados de kilos. Mucha distracción para unos muchachos que no éramos tan profesionales”, confesó Valenciano, uno de los más glotones.

La maldición de Barcelona (?) dejó secuelas no sólo en el ámbito deportivo: varios jugadores del plantel perdieron la vida antes que el fútbol cafetero consiga participar de otros JJOO. Omar Cañas fue asesinado por sicarios en 1993, mientras que Jairo Zulbarán encontró el mismo destino en 2002. Ese mismo año, Herman Gaviria falleció  luego de que un rayo cayera a metros suyo. El último en despedirse de este mundo fue Miguel Calero, quien en 2012 sufrió un infarto cerebral.

Fracasos futbolísticos y muertes violentas: dos costumbres colombianas que parecen inseparables.

Cosmos 3 – Argentinos 2 (1984)

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A pesar de la crisis que se le venía encima, el mítico New York Cosmos no detenía su marcha. La costumbre de jugar amistosos cada vez que el calendario lo permitiera fue exprimida al máximo por el ex equipo de Pelé, que en aquel 1984 se enfrentó, por ejemplo, a Barcelona, a Juventus, a Hamburgo y al combinado del Resto del Mundo. Pero también hubo lugar para los choques con conjuntos más humildes, como Argentinos Juniors.

El Bicho todavía no había vivido su hora más gloriosa, aunque en ese momento se encontraba disputando el Torneo Metropolitano que lo consagraría campeón, y ya no contaba con Diego Maradona, figura la primera vez que los de La Paternal estuvieron cara a cara con los yanquis, en 1980.

Esta vez, el 22 de agosto de 1984, y ante más de 13 mil espectadores en el Giants Stadium de Nueva York, el local se impuso con goles de Johan Neeskens, Roberto Cabañas y Hernán Borja, descontando Pasculli y Olguín para los de Roberto Marcos Saporiti, que aprovecharon la fecha libre del certamen doméstico para viajar al norte y hacerse unos pesos extra.

Barcelona 1 – Gimnasia 2 (1931)

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Si la victoria conseguida ante el Real Madrid unos días antes había sido un verdadero batacazo, lo de Gimnasia Y Esgrima La Plata ante el Barcelona fue directamente una hazaña. Es que el rival era el vigente subcampeón de la Primera División de España y, para colmo, una de las figuras de los argentinos no pudo estar presente: se trataba del arquero Juan Botasso, incorporado especialmente para aquella gira.

Cuenta la leyenda que al otro guardameta de la delegación, Felipe Scarpone, se le dio la noche libre a sabiendas (?) de su segura suplencia. El problema surgió cuando Botasso sufrió una lesión a poco del comienzo del partido, por lo que tuvo que dejarle el arco a su trasnochado compañero. Para que el mito sea completo, falta la mejor parte: Scarpone se atajó todo lo que tiraron, posibilitando así la victoria del Lobo, con goles de Morgada y Díaz.

Argentino de Quilmes con y sin publicidad (1982)

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La rareza en sí no era la camiseta de Jorge Adrián Casanueva, que a diferencia de la de sus compañeros no tenía impresa la publicidad de Athenas Deportes. Lo extraño era que los otros nueve jugadores de campo sí lucieran un sponsor en una época en la que la mayoría de los equipos del fútbol argentino (y del resto del Mundo) llevaban sus colores impolutos.

Esta imagen de la formación de Argentino de Quilmes pertenece a la derrota frente a San Lorenzo, por la 7ª fecha del torneo de la Primera B. Aquella tarde, el Mate cayó por 3 a 0 y, por tratarse de los comienzos de la era publicitaria, ningún jugador se debe haber llevado un par de botines de canje. Bueno, uno seguro que no.

[Go home] Especiales: del Soccer al Football

toni meola

No fueron pocas las veces que el deporte más popular del planeta se cruzó en el camino de su colega (?) norteamericano. Por ejemplo, los estadios (y los campos de juego) compartidos fueron habituales en Estados Unidos hasta los primeros años del siglo XXI, pero la mezcla no empezó ni terminó ahí.

Antes y después de la popularización del balompié en el país del norte, muchos futbolistas de los nuestros fueron transformados en futbolistas de los de ellos (?). He aquí un breve resumen en orden cronológico de los casos más importantes:

Pete Gogolak

De todos los traidores a la Nº 5 (?) fue el que menos trascendió con la redonda, pero el que más influencia tuvo con la ovalada. Nacido en Hungría, escapó siendo un adolescente junto a su familia de la Revolución Húngara para radicarse en los Estados Unidos.

Paradojas de la vida: la revolución en el fútbol americano lo tendría como protagonista. Fue en los 60’s, cuando se destacó no solo por su efectividad, sino por introducir el “soccer style”, lo que cambió la manera de ejecutar las patadas. Hasta hoy en día, se mantiene como el máximo anotador de los New York Giants.

Toni Fritsch

Tras el éxito de Gogolak como pateador, en 1971 los Dallas Cowboys buscaron causar un impacto similar, y pusieron el ojo en este asutríaco, que al momento de su llegada a los EE.UU. acumulaba más de 100 partidos en el Rapid Viena y hasta había disputado varios juegos con su selección.

Después de someterlo a una prueba (que pasó con suficiencia) y de ofrecerle una pila de dólares, los Vaqueros se aseguraron al primer jugador en saltar del fútbol profesional al ídem (?). Este ex delantero festejaría el Super Bowl VI y jugaría en cuatro franquicias más hasta su retiro definitivo del deporte en 1985.seemannn

El noruego Seemann y sus dos facetas

Finn Seemann

Houston Oilers, otro equipo de Texas, se sumó a la moda de traer un europeo para el puesto de pateador. En este caso, se trataba de un noruego que jugaba en el FC Utrecht de Holanda. Sin embargo, ya había estado en Norteamérica: en 1967 jugó algunos partidos en Dallas Tornado, por el campeonato de la Asociación de Fútbol de Estados Unidos, el torneo antecesor de la NASL.

En 1973 fue invitado, gracias a su potencia para ejecutar las pelotas paradas, a realizar un entrenamiento con los engrasadores (?): de 10 intentos de goles de campo, anotó 9. “Me resulta fácil”, dijo Seemann tras la práctica. “Es sí: lo que me cuesta es mantener el casco en mi cabeza.” No obstante, vio poca acción en los partidos oficiales, ya que el equipo contaba con otro pateador, y al poco tiempo regresó a su continente.Derek Smethurst

El “two-sport man” sudafricano

Derek Smethurst

Después de varios años en el fútbol inglés (ganó la FA Cup con Chelsea en 1971) este delantero sudafricano fue uno de los tantos extranjeros que llegaron para jugar en la NASL. La rompió en Tampa Bay Rowdies (fue campeón, goleador, formó parte del Juego de las Estrellas) y en 1977 firmó un contrato para jugar en simultaneo con los Buccaneers, el equipo de NFL de la ciudad. “Me he estado preguntando durante mucho tiempo si puedo hacerlo”, comentó al momento de su presentación. Apenas pudo: solo disputó algunos partidos de pretemporada antes de volver al soccer.

Neil O’Donoghue

Antes de cumplir 20 años, este irlandés llegó a los Estados Unidos, becado para jugar en el fútbol que no causa conmoción cerebral (?). En su país, era la gran promesa del Shamrock Rovers F.C. En su nueva casa poco pudo demostrar: el programa de becas fue cancelado al poco tiempo, aunque supo aprovechar la fuerza de sus piernas: se convirtió en el kicker de Buffalo Bills, Tampa Bay Buccaneers y St. Louis Cardinals, entre 1977 y 1985

tony meola

El 1

Tony Meola

Tras el Mundial 1994, y en su punto más alto de popularidad, el capitán de la Selección de Estados Unidos decidió probar suerte con los New York Jets. Con la esperanza de que su experiencia como futbolista le ayudara para ser el pateador del equipo, el arquero realizó la pretemporada con la franquicia neoyorquina hasta que el coach lo cortó por no alcanzar el rendimiento esperado.

Para colmo, la frustrada aventura de Meola en la NFL le costó para siempre el puesto como portero titular de la selección, perdiéndose así la oportunidad de disputar la Copa América 1995 y el Mundial 1998, aunque formó parte del conjunto que disputó el Mundial 2002.

Martín Gramática

El argentino logró algo que no pudieron otros sudamericanos que practicaron con la ovalada, como el brasileño Adhemar y el paraguayo José Luis Chilavert. No solo jugó en la NFL (defendió los colores de Tampa Bay Buccaneers, Indianapolis Colts, New England Patriots, Dallas Cowboys y New Orleans Saints), sino que además disputó un Juego de las Estrellas y ganó el Super Bowl XXXVII. La vida de este hincha de Boca cambió cuando se mudó con su familia a EE.UU. “No entendía nada de fútbol americano cuando llegamos, ni siquiera había visto un partido”. Con la redonda, no pasó de las fuerzas básicas del Necaxa y de los picaditos en los campos de La Belle, Florida. Justamente allí, un entrenador vio como le pegaba a la pelota y lo invitó a una prueba. El resto, historia conocida.

Barclay

Amagó con la 13, explotó con la 23

Devin Barclay

Juventud, talento, habilidad: esta promesa de la MLS tenía todo para ser el nuevo Freddy Adu (?). Firmó su primer contrato a los 17 años, y formó parte de tres equipos juveniles diferentes (Sub 18, Sub 20 y Sub 23). Sin embargo, las lesiones fueron minando poco a poco su carrera y, después de pasar por 4 equipos diferentes, largó todo a los 22 años.

No todo, en realidad: a pesar de sus habituales visitas a los doctores, el Bardaro yanqui (?) no perdió potencia en sus remates, por lo que se convirtió en pateador de Ohio State, equipo con el que vivió su día de gloria. Fue el 14 de noviembre de 2009, cuando ingresó para clavar este gol de campo que mandó a su equipo al Rose Bowl, que vendría a ser algo así como el Super Bowl en versión universitaria. “No hay nada que se pueda comparar con esto”, dijo Barclay al término del partido. Así dejó en claro que el soccer siempre da revancha. Y el football, también.

[Go home] Fuera de Stock: El Torneo Bicentenario 1976

Soccer - American Bicentennial Cup - Team America v England

Para celebrar los 200 años de su Independencia, los Estados Unidos tiraron la casa por la ventana. Vistas ilustres, espectáculos únicos, eventos especiales, símbolos conmemorativos, productos inéditos y también competencias deportivas formaron parte de los festejos organizados por el gobierno. Entre estos últimos, se destacó un cuadrangular de fútbol entre tres de las selecciones nacionales más importantes del mundo y un combinado local.

El hecho de haber quedado afuera de la Fase Final de la Eurocopa 1976, les dejó un hueco en el calendario a Italia y a Inglaterra. La otra potencia invitada fue Brasil. Y a estos experimentados conjuntos nacionales se les sumó una formación conformada por jugadores de la NALS, denominada Team America. Esta suerte de equipo de las estrellas serviría además como  inspiración para la creación de una franquicia algunos años después.

La Canarinha se quedó con el primer puesto, al ganar sus tres partidos. Además, tuvo al goleador de la competencia, Gilberto Alves. El segundo lugar fue para los ingleses, que contaban con Kevin Keegan y Trevor Francis entre sus nombres más destacados. Los tanos concluyeron en un decepcionante tercer puesto a pesar de contar con Dino Zoff, Marco Tardelli, Roberto Bettega y Fabio Capello. Y el último lugar fue para los locales y su equipo constituido por jugadores estadounidenses y  figuras extrajeras como Mike England, Ramon Mifflin, Giorgio Chinaglia y Dave Clements.

Con un promedio de asistencia de alrededor de 25.000 espectadores por partido, el torneo dejó algunas curiosidades. Por ejemplo, en el tema vestimenta, no se puede dejar pasar a la Selección de Inglaterra vestida de amarillo, ni las diferencias entre las camisetas de Bobby Moore (con el templete de Adidas) y la de Pelé (llevaba el diseño de Puma). Sin embargo, el pico de “You can not be serious” se produjo en el enfrentamiento entre Inglaterra e Italia, jugado en el legendario Yankee Stadium, un estadio ¡de beisbol!

Ante unas 40.000 personas (la mejor concurrencia del certamen) los ingleses se impusieron por 3 a 2. Casualidad, o no, todos los goles se marcaron en la portería que tenía césped, donde no había que superar los obstáculos compuestos por el montículo del pitcher, las tres bases y la zona de arena alrededor del denominado infield. Cosas que solo pasan en Yanquilandia.

[Go home] La regla “Eddie Gaven”

Aunque ya se había abolido el inolvidable desempate por shootouts, la Major League Soccer todavía mantenía un reglamento propio, que hacía de esta liga algo distinto a lo que se jugaba en el resto del planeta. Una de esas diferencias era la realización de un tiempo suplementario si el partido terminaba empatado: se jugaban dos tiempos de 5 minutos cada uno con Gol de Oro, y si se mantenía la igualdad repartían puntos.

Sin embargo, la norma que permitió la creación de esta polémica regla fue el permiso para realizar un cuarto cambio, aunque únicamente el arquero era el que podía ser reemplazado si ya se habían realizado las tres modificaciones permitidas. Pero así como se hizo la ley, se hizo la trampa.

El culpable de manipular esta disposición para su propio beneficio fue Bob Bradley, quien en 2003 dirigía a New York Metrostars. El momento elegido fue ni más ni menos que un partido frente al DC United, uno de los rivales con los que más pica tienen los neoyorquinos. El 5 de julio de aquel año, los 90 minutos terminaron empatados, por lo que se debió jugar la mencionada prórroga. Semejante adefesio (?) iba a resultar, por lo menos ese día, en una emocionante e inolvidable definición.

Justamente, al inicio del suplementario se produjo la “trampa”. Con todas las sustituciones hechas (menos el cambio extra del arquero), la lesión del defensor Mark Lisi obligaba a los de Nueva York a jugar con uno menos. Pero el DT tenía un as bajo la manga: mandó al maltrecho futbolista a  intercambiar posiciones con Tim Howard, el Nº 1. Así, la modificación del guardameta fue posible. El que ingresó y se puso los guantes fue Eddie Gaven, un joven mediocampista que tuvo que comenzar el overtime bajo los tres palos, mientras el verdadero dueño del arco se ubicaba en algún sitio aleatorio (?) del campo de juego.

Pitazo inicial, mueve el DC United, a los 10 segundos el MetroStars recupera la pelota e inmediatamente se produce un momento mágico: puntinazo absurdo al lateral que en circunstancias normales hubiese sido motivo de insultos como “Donkey son of a bitch, you have round feet” (?). Pero en este caso fue causa de alivio para los de La Gran Manzana: el juego se detuvo, lo que posibilitó que Howard y Gaven intercambiaran posiciones.

Así lo contó el improvisado arquero: “Ellos movían del medio. Yo, la verdad, estaba nervioso: podían intentar un remate  y quién sabe lo que ocurriría después de eso. Por suerte, no lo hicieron. Trataron de dar un pase y la terminaron perdiendo. Alguien del equipo la mandó afuera, e hicimos el cambio: fui muy feliz cuando vi como esa pelota se iba a la tribuna”. La “estafa”, bautizada como Regla Eddie Gaven, había concluido. Para los que piensan que todos los chanchullos (?) se inventaron en Argentina.

Este partido quedó en la historia, ya que fue fundamental para que al término de la temporada la MLS suprimiera el cuarto cambio. Además, por sus pocos segundos con los guantes, Eddie Gaven se convirtió en el arquero más joven de la historia de la Liga (¡16 años y 8 meses!).

Como si esto fuese poco, aquel día el adolescente anotó el Gol de Oro que le dio la victoria a su equipo, en lo que fue su segundo partido como profesional, alcanzando otro record: jugador de menor edad en convertir en la historia de la franquicia neoyorquina. Todo, gracias a una particular lectura del reglamento. God Bless America.

[Go home] Fuera de Stock: los Shootout

Al recordar aquellos años en los que el soccer desembarcó con fuerza en Estados Unidos, tanto en los 70’s con la llegada de figuras extranjeras, como en los 90’s con el Mundial en ese país y la creación de la MLS, las primeras imágenes que se vienen a la cabeza son canchas pintadas arribas de las de fútbol americano, camisetas de extraños diseños, árbitros usando números como si fueran de la NFL y todo el show que los yanquis pudieran implementar, desde porristas hasta mascotas de cada equipo. Pero, sin dudas, en el aspecto futbolístico, los estadounidenses siempre serán recordados por su método de desempate: el shootout.

El procedimiento era similar al usado en el hockey sobre hielo: consistía en un mano a mano que comenzaba con el jugador atacante a 35 yardas (32 metros) del arco, teniendo 5 segundos para acercarse a la meta e intentar convertir. Este formato favorecía a los jugadores habilidosos, ya que podían intentar amagues frente al guardameta, aunque era más difícil de anotar que un tradicional penal. La final de la North American Soccer League de 1981, por ejemplo, fue definida de esta forma.

Esta no era la única regla que, por lo menos en los inicios de la NASL, pasaba por encima de lo estipulado por FIFA: también se permitía un mayor número de sustituciones, el reloj corría a la inversa (como en el básquet) y el offside era válido únicamente desde la zona de shootout y no desde la mitad de la cancha como en todo el mundo no civilizado (?). ¿Lo más insano? El sistema de puntuación: 6 puntos por la victoria, 3 por el empate y 1 de bonificación por cada gol anotado (con un máximo de tres por partido). Pero esto no iba a durar mucho…

A partir de 1975, los dueños de la Liga se volvieron a cagar en la International FA Board y le demostraron quien la tenía más larga (?): decidieron eliminar los empates. Así, todos los partidos tenían que tener un ganador. Y si el marcador final terminaba igualado, los penales determinarían al ganador del mismo, como ocurriría en Argentina durante la temporada 1988/89. Pero la verdadera revolución llegó en 1977. Ante la ausencia de un marcador victorioso en el tiempo reglamentario, se pasaban a jugar dos tiempos suplementarios de 7’ 30’’ cada uno. Y si no había ningún grito (se aplicaba la regla del Gol de Oro), al shootout.

A pesar de los retos de Havelange y compañía, este sistema se mantuvo hasta que la Liga desapareció en 1984, y tuvo su continuación en la MLS durante 4 temporadas (de 1996 a 1999). A partir de 2000, se dejó de lado esta extraña forma de definir, para amoldarse definitivamente al reglamento convencional.