La imagen corresponde al debut del cuadro de Lomas de Zamora en aquella temporada. Apenas habían pasado 3 semanas del ascenso a Primera División y el partido pintaba complicado: contra un equipo grande y de visitante. Para colmo, a los 20 minutos ya estaba en desventaja. Sin embargo, con goles de sus refuerzos Víctor López y Oscar Monje, Los Andes dio vuelta el partido y se llevó un gran triunfo frente a Racing en su regreso a la máxima categoría.
#EfeméridesVXLA || QUÉ IMPORTA DEL DESPUÉS El domingo 6 de agosto de 2000, Los Andes volvía a jugar en Primera División con un triunfazo en Avellaneda. La recordada revista El Gráfico nos regalaba esta hermosa tapa.
La victoria de aquella tarde sería un hecho de excepción dentro de una flojísima campaña que terminaría con el descenso varias fechas antes del final. A pesar de un muy buen arranque (la primera derrota llegó en la 6ª fecha), el Milrrayitas terminaría el Torneo Apertura en el 19º lugar, solo por encima de La Academia. Por los malos resultados, Jorge Ginarte había dejado de ser el DT, siendo remplazado por Miguel Ángel Russo (Juan Carlos Zerrillo tuvo un interinato de un partido).
En la imagen, los once que jugaron en Avellaneda desde el comienzo. Arriba: Romero, Noce, Plaza, Salomón, Moya, Migliardi y Nasta. Abajo: Ferrer, Desagastizábal, Levato y López. Era base del equipo que había ganado el reducido del Nacional B, más un par de incorporaciones.
Para el Clausura, llegarían el Tati Buljubasich, Juan Pajuelo y Juan Pablo Rochi. Aunque la cosecha de puntos mejoró levemente, otra vez finalizó anteúltimo, perjudicado por un descuento de tres unidades debido a incidentes causados por su hinchada.
Las estadísticas de la temporada 2000/01 reflejarían que Los Andes fue el equipo que menos puntos sumó. Además, fue el que obtuvo menor cantidad de victorias (8), mayor número de derrotas (21) y el que más goles recibió (78 tantos).
Si los jugadores no estuvieron a la altura, qué decir de la vestimenta. Entre la camiseta marca ED que parecía confeccionada para un club de baby fútbol y la horrorosa prenda elaborada por Signia (que incluía una suplente azul y naranja) no parecía haber otra alternativa: ese equipo se iba al descenso desde el vestuario.
Habitualmente, un equipo mantiene al mismo arquero durante los 90 minutos. Puede pasar que tenga que ser reemplazado por el suplente. Muy rara vez, tres personas diferentes se ponen los guantes defendiendo el mismo arco. Lo que ya directamente roza lo sobrenatural es que sean cuatro futbolistas los que ocupen ese rol en el mismo partido, y con el mismo escudo.
Esto último ocurrió en el fútbol del ascenso argentino el 2 de octubre de 2022, cuando Defensores Unidos de Zárate recibió en su estadio a Argentino de Quilmes. Se jugaba la última fecha del torneo de la Primera B, y la tarde pintaba para pasar desapercibida. Es que el local ya estaba clasificado para el reducido, y el visitante, sin posibilidades matemáticas de nada (?), solo viajaba para cumplir.
De esta manera, el primer tiempo transcurrió sobre los carriles normales, con el CADU yéndose al vestuario 2 a 1 arriba. En el complemento, llegaría el descalabro.
Al inicio del segundo tiempo, el portero suplente Sergio Meli reemplazo al titular Fernando Vijande, lesionado. Hasta que, faltando 25 minutos para el final, salió del área, cometió una dura infracción y vio la tarjeta roja. ¿Y ahora?
El encargado de ponerse los guantes fue el defensor Nicolás Morro, quien no estaría a la altura de semejante responsabilidad.
Primero, no opuso resistencia ante un débil tiro libre. Luego, nada pudo hacer frente a un nuevo ataque del dueño de casa. La cosa ya estaba 4 a 1 y podría ser peor, por lo que el entrenador Juan Carlos Kopriva tomó una decisión: volver a cambiar al arquero.
Matías Ormart, que estaba de suplente, ingresó al campo de juego y pidió la número 12. De esta manera, actuó bajo los tres palos durante el último cuarto de hora. Le fue mucho mejor que a su antecesor: no recibió goles y hasta tapó un mano a mano. La sonrisa ante la cámara al final del partido estuvo justificada.
Una semana después de caer ante Independiente, el Tenerife cerró su gira en Argentina enfrentando a San Lorenzo, en la cancha de Ferro.
¿Qué hacía por acá el equipo de las Islas Canarias? Aprovechaba para mantenerse en forma, ya que el campeonato local estaba detenido por la disputa de las eliminatorias para el Mundial 1994. En un encuentro que no llamó la atención del público (apenas 3 mil personas estuvieron presentes), los dirigidos por el Bambino Veira se quedaron con el triunfo.
Para el Ciclón jugaron Passet; Zandona, Simionato, Lorenzo, Escudero, Juárez, Cardinal, Monserrat (Ozzan(, Gorosito (Nardoza); Bernuncio y Rossi (Oste).
Por su parte, los entrenados por Jorge Valdano lo hicieron con Ochotorena; Torrecilla, Toni, Llorente, Berges; Chano, Del Solar, Ezequiel Castillo (Alexis), Felipe; Pizzi y Latorre (Pier).
Los goles del encuentro fueron convertidos por Bernuncio (en dos ocasiones), Gorosito y Pier.
Los pocos hinchas de San Lorenzo que se acercaron a Caballito no solo festejaron el triunfo: se entretuvieron hostigando a Diego Latorre y celebrando la preinauguración del Nuevo Gasómetro, a realizarse unos días después.
¡Qué lindas las camisetas sin publicidades! Aunque esta expresión cargada de nostalgia sea tomada como una verdad incuestionable, no siempre la cosa es así. Y hay motivos para justificarlo.
Primero, porque no todas las publicidades son de una compañía de seguros que usa el violeta y amarillo para estampar su nombre en el pecho de once tipos que irremediablemente se van a ir al descenso: hay casos en las que un “friendly sponsor” ayuda a que una camiseta sea más linda.
Segundo, porque a veces una marca hace más identificable a un equipo (Racing “Rosamonte”, Independiente “Ades” o Boca “Parmalat”, son algunos ejemplos).
Tercero, porque el hecho de que una inscripción aparezca al frente de una prenda no siempre es culpa del vil capitalismo.
En este último concepto se puede incluir lo hecho por Reusch en la presentación de su modelo para Atlético de Rafaela en la temporada 2017/18. La salida de Sancor, histórico auspiciante de la Crema, dejó un espacio vacío en la camiseta del equipo, algo que al parecer les resultó insoportable.
Por eso, se decidió estampar un innecesario “Atlético es Rafaela”. El resultado final daba una prenda tan hermosa como Formosa (?).
La inscripción, que no dejaba en claro si se trataba de una forma de atenuar la ausencia de la empresa láctea, una campaña para captar socios o simplemente una declaración unilateral sobre quién es el capo de la ciudad, duró solo un partido. Fue en la derrota ante Banfield, por Copa Argentina, en la provincia anteriormente mencionada.
Para el siguiente encuentro, el debut en el Nacional B frente a Gimnasia de Jujuy, la leyenda desapareció sin dejar reemplazante, poniendo en duda una vez más aquella relación entre la belleza y la ausencia de publicidades.
Si los torneos que llevan a cabo la CONMEBOL y la Concacaf suelen tener fallas de todo tipo… ¿se imaginan lo que sería una competencia celebrada por ambas entidades? Esto sucedió (¿y seguirá sucediendo?), y llevó el nombre de Copa Interamericana. Spoiler: solía ser un desastre organizativo.
Era una idea simple (el ganador de la Copa Libertadores contra el vencedor de la Copa de Campeones de la Concacaf) que nunca prendió en el público y que casi siempre tuvo problemas para establecerse en el calendario. A pesar de esto, se disputaron 18 ediciones durante casi tres décadas, en los que todo fue cambiando: formato de juego, desempates, sedes. ¡Hasta el diseño del trofeo no era el mismo de una edición a otra!
¿Cada cuánto se disputaba? Esto dependía principalmente del interés de los participantes y de cómo estuviera la relación entre las dos confederaciones. Durante un momento, se jugaba anualmente, en otra época fue cada dos o tres años. Incluso, hubo un lapso de cinco años donde no se puso en juego. Lo único cierto es que en 1998 vio la luz por última vez. Por ahora.
Los cuadros argentinos tuvieron un paso exitoso por este torneo: es el país que más participaciones (ocho) y títulos (siete) obtuvo. A continuación, un repaso del aporte (?) que los conjuntos nacionales le hicieron a esta competición.
Estudiantes
Desde el inicio, la cosa ya venía mal parida. Para el primer certamen (1969), el Pincha viajó con apenas 15 jugadores a México, donde debía enfrentar al Toluca, que había sido declarado campeón de la Concachampions sin disputar la final. Es que Aurora (Guatemala), quien debía ser su rival, fue denunciado por hechos de violencia que se sucedieron en partidos anteriores.
El encuentro generó una enorme expectativa. El partido de ida se jugó en el estadio Azteca, y para los mexicanos servía como ensayo de la Copa del Mundo que se jugaría un año después.
Los de Osvaldo Zubeldía ganaron como visitantes, pero perdieron en su estadio. «Todos somos culpables. Los jugadores por subestimar a los mexicanos, y yo, por darles tres días de descanso después de volver de México”, se lamentó el DT. Finalmente, se jugó un desempate en Montevideo, donde Bilardo y compañía levantaron la copa al ganar por 3 a 0.
Independiente
Mientras el país estaba conmocionado por el regreso de Juan Domingo Perón, en junio de 1973 el Rojo ganaba su primera Copa Interamericana. Fue en Honduras, ante el Olimpia, donde se jugó el partido de ida… y el de vuelta. El conjunto de Avellaneda había aceptado jugar los dos encuentros como visitante a cambio de un cachet de veinte mil dólares. La movida salió bien.
En 1974, se repitió la historia: se jugaron los 180 minutos en Centroamérica (esta vez ante el Municipal de Guatemala) y el galardón quedó en manos de los argentinos.
La tercera y última vez que Independiente participó (y ganó) este trofeo fue en 1976, cuando su rival fue el Atlético Español de México. Lo llamativo de esta edición fue que ambos enfrentamientos fueron en terreno neutral: se jugaron en el Estadio Olímpico de Caracas, Venezuela.
El único equipo argentino que perdió una final en Madrid de esta competencia. Fue en 1978, cuando después de derrotar 3 a 0 al América en la Bombonera, cayó en la revancha, y en el desempate.
Al año siguiente, los del Toto Lorenzo retuvieron la Copa Libertadores, pero la Concachampions quedó inconclusa. La falta de rival le impidió al Xenieze tener una revancha.
Argentinos Juniors
En 1981, la Interamericana se disputó por última vez… hasta 1986, cuando el Bicho viajó a trinidad y Tobago para enfrentar al Defence Force.
El título se definió en un único cotejo. Gracias a un gol del panameño Dely Valdés, los de Roberto Saporiti se quedaron con el último título internacional de su historia.
River Plate
Al año siguiente, la Copa volvió a jugarse a partido y revancha. El 25 de julio de 1987 Carlos Timoteo Griguol tuvo su debut oficial como DT del Millonario, en una igualdad sin goles ante el Alajuelense, en Costa Rica.
Casi un mes después, en un semivacío Monumental, el local impuso su superioridad y ganó 3 a 0, con goles de Villazán, Funes y Héctor Enrique.
Vélez Sarsfield
Aunque habían pasado dos años desde la obtención de la Copa Libertadores, los de Liniers coordinaron la organización de esta competencia que había quedado pendiente con el campeón de la Concacaf de ese mismo año, el Sport Cartaginés.
Tras un pobre empate sin goles en Costa Rica, Vélez se impuso con cierta comodidad en el partido de vuelta en Liniers. Ganó por 2 a 0 con goles del Turu Flores. Este fue el sexto y último título de Bianchi en el club.
Bonus track (?): los equipos de Brasil.
A pesar de su poderío continental, los cuadros brasileños brillaron por su ausencia en esta competición. Nunca mostraron interés en disputarla, quedando la Interamericana sin jugarse cuando un equipo de ese país ganaba la Libertadores.
De hecho, cuando no hubo más remedio que jugarla, el subcampeón sudamericano reemplazó a quien le correspondía ese lugar. Fue lo que pasó en 1994 y 1997, cuando San Pablo y Gremio declinaron su participación y fueron reemplazados por la Univesidad Católica y Atlético Nacional.
La excepción fue en la última edición, en 1998, cuando el Vasco da Gama cayó ante el DC United, de Estados Unidos. El primer partido se jugó en el Washington. El desquite, en Rio de Janeiro Fort Lauderdale, Florida, donde los de Norteamérica se quedaron con el título.
Conclusión (?)
El desinterés de los campeones de la Libertadores, el bajo nivel de los equipos de Centroamérica, la desorganización, falta de infraestructura, ausencia de patrocinadores y, como consecuencia, los bajos premios otorgados, sepultaron a esta simpática (?) competencia.
El ingreso de los equipos mexicanos a los torneos de la CONMEBOL, y la posterior creación del Mundial de Clubes donde participa el ganador de la Concachampions, terminaron de enterrar las esperanzas de quienes esperaban ver jugar a su equipo contra un rival del otro hemisferio.
Sin embargo, la intención de recuperar este torneo está latente. Al momento de la publicación de estas líneas, se mantiene firme la posibilidad de que la Interamericana se vuelva a jugar en 2024, esta vez entre cuatro equipos. La disputarían los campeones de la Libertadores (Fluminense), Sudamericana (Liga de Quito), Concachampions (León) y Leagues Cup (Inter Miami). Por ahora, no hay nada confirmado, pero más de uno se muere de ganas de sumar otra estrella.
En plena competencia, un equipo de una importante liga europea viaja a Argentina a jugar un par de amistosos ante un puñado de espectadores. Aunque hoy sea difícil de imaginar, esto pasó. Claro, era la época de un peso = un dólar. Y todo era posible.
Faltando poco para terminar el campeonato español, y aprovechando que el mismo ponía una pausa ya que se jugaban las eliminatorias para el Mundial 1994, el Tenerife llegó a nuestro país para enfrentarse a Independiente y a San Lorenzo. El primero de estos encuentros se disputó el 21 de abril de 1993, en Avellaneda.
El Rojo, entrenado por Pedro Marchetta, jugó con Islas; Craviotto, Rotchen (Gordillo), Moas, Meijide; Desio, Hugo Pérez, G. López (Fernández), Garnero; Amato y Mohamed (Villalonga). En el banco quedaron Maltagliatti, Ríos y Gareca.
El visitante, que era comandado por Jorge Valdano, lo hizo con Augustín (Ochotorena); Antonio Mata, César Gómez, Toño (Torrecilla), Paqui (Berges); Del Solar, Ezequiel Castillo, Felipe (Alexis Trujillo), Latorre (Pier); Quique Estebaranz (Chano) y Dertycia (Pizzi).
El único gol del partido fue convertido por el Turco Mohamed, tras un pase del Gaby Amato. De esta manera, Independiente demostraba porqué llevaba una racha de 8 partidos sin derrotas en el torneo local (aunque 7 habían sido empates).
Por su lado, el Tenerife no pudo demostrar el buen juego que desplegaba en la liga española: ese año terminaría en el 5º lugar, la mejor colocación en su historia.
Antes de la creación de la Liga de Fútbol Profesional de Japón (o sea, la J. League), la mayoría de los equipos de ese país eran controlados por grandes empresas y estaban conformados por futbolistas semiprofesionales. Uno de ellos, era el Hitachi SC, propiedad de la compañía del mismo nombre. Y sí, no iba a ser de Sanyo.
A mediados de 1989, los ponjas hicieron una gira por Sudamérica, en la que pasaron por la cancha de Tristán Suárez. En aquella ocasión, el Lechero inauguraba nuevos vestuarios, por lo que decidió celebrarlo ante un rival internacional.
Tras el intercambio de banderines, el local salió a jugar con Mena; Taracido, Valdéz, Duré, Orellana (Grande); Gómez (Rivero), Altamiranda, Aragón (Masciotra); Cortéz (Mercier), Vázquez (Flynn) y Nuñez.
Por su parte, el visitante era un rejunte de japoneses genéricos a los que se agregaban dos brasileños: Régis Angeli y Cesare Junior.
Ante la presencia del presidente de Hitachi Argentina, y de periodistas invitados como Enrique Macaya Márquez y José María Muñoz, el encuentro terminó igualado en un gol por lado. Los tantos fueron convertidos por Mercier y Fuyura. Con el empate, los empleados jugadores del Hitachi se llevaron la copa “104 años ciudad de Tristán Suárez”.
El cuadro nipón continuó con su denominación hasta 1993, cuando decidió profesionalizarse, tomando el nombre de Kashiwa Reysol. Con el tiempo, contrató a jugadores de renombre como Careca o Hristo Stoichkov. Sin embargo, a pesar del glamour adquirido, nunca podrá borrar su pasado en el sur del conurbano bonaerense.
La imagen corresponde a la tarde del 26 de octubre de 1980. Aquel día, Racing venció a Vélez por 2 a 0, utilizando camisetas de una marca, pero pantalones de otra. La celeste y blanca, que lucen Scalise, Barbas, Albisbeascoechea, Carlos López y Calderón, había sido confeccionada por Sportlandia. Los shorts, estaban a cargo de Adidas.
¿Otro detalle? Las casacas no tenían un bastón central, por lo que no eran aptas para personas con algún tipo de TOC ligado a la simetría. Igual esa perturbación mental no se había inventado en los 80’s, así que todo bien (?).
Más allá de la combinación de empresas textiles en el mismo equipo, hay otra cosa que se destaca por su rareza: la tribuna llena las pelotas que sostienen los jugadores marca Garcis, una empresa mexicana muy popular en su país en aquella época (vistió a Pumas, Guadalajara, Atlante, Tigres y hasta a la Selección). Esta compañía realizó algunos actos promocionales en Argentina, pero nunca llegó a comercializar sus productos.