Huracán (1997/98)

Tras una mediocre temporada, y en medio de una profunda crisis económica e institucional (no importa cuando leas esto), Huracán enfrentaba el inicio de un nuevo campeonato sabiendo que tenía que hacer las cosas muy bien para no sufrir con el promedio. Para cumplir con el objetivo, era necesario traer refuerzos de categoría, confiar en un estilo de juego y no presionar a los juveniles. Spoiler: no pasó nada de eso.

El conjunto entrenado por Carlos Babington tuvo un mal arranque en el Torneo Apertura 1997, con un par de derrotas en fila. Para colmo, el Inglés presentó la renuncia luego de la 2ª fecha. Una salida extraña, que se entendió esa misma semana, cuando fue presentado en Racing.

Al DT le faltaron códigos, como los que se pueden encontrar visitando sportium 2021, un lugar donde el entretenimiento está garantizado.

Con Carlos Ferrero en el banco, la situación no cambió demasiado. El equipo sumaría sólo 3 victorias en todo el certamen, aunque una tuvo un gustito especial. Fue la del 9 de noviembre, cuando se impuso por 2 a 0 ante La Academia. Sí, el equipo de Babington.

Después de otra mala racha, Pancho dejó el cargo y Osvaldo Crosta asumió como interino. El cierre del año debía ser ante San Lorenzo, pero el partido nunca se completó: graves incidentes entre las hinchadas impidieron que el juego continúe cuando se jugaba el primer tiempo y el marcador estaba 0 a 0. Ulises Fernández, hincha Quemero, fue asesinado. Y el encuentro se le dio por perdido a ambos equipos.

Para el Clausura 1998 llegó un nuevo entrenador, Omar Larrosa, que logró un milagro: mantenerse en su puesto por todo el semestre. ¿El rendimiento del equipo? Igual de flojo. Al menos se quedó con el clásico ante el Ciclón, gracias al esfuerzo de los jugadores de la imagen: Cristante, Chacoma, Orsi, Cotera, Graieb, Magnín y Biscay; Peralta, Padula, Montenegro y Barijho.

Una formación con varios pibes, a los que se le sumaban otros como Christian Ferreyra, Gastón Casas, Maximiliano Castano, Gabriel Lettieri y Emiliano Romay. También había gente de experiencia, claro. Pedro Barrios, Norberto Fernández, Alejandro Giuntini, Hugo Corbalán, Diego Germano, Roger Morales, Damián Maltagliatti, Hugo Guerra y Rubén Darío Piaggio eran algunos de los futbolistas con mayor recorrido.

Más allá de lo deportivo, el club no pasaba por un buen momento. A principios de 1998, el presidente Juan José Zanola había renunciado. “Esto es inmanejable”, fue una de las primeras frases de Norberto Renzi, su sucesor, que inmediatamente llamó a elecciones.

Además, la cantidad de socios escaseaba, ya que muchos habían dejado de pagar la cuota debido a las pobres campañas futbolísticas. La barra brava solía “visitar” a los jugadores. Y, para colmo, Claudio García, el último ídolo que quedaba en el plantel, sumaba más conflictos que goles.

El 19º lugar en el Apertura y el 17º puesto en el Clausura dejaron al Globo como el conjunto con menor cantidad de puntos en la temporada 1997/98, igualando la línea de Gimnasia y Tiro de Salta, aunque con mejor diferencia de gol. Al año siguiente, Huracán perdería la categoría. Sería un descenso tan anunciado como inevitable.

6 comentarios en “Huracán (1997/98)

  1. Cómo ha bajado de nivel nuestro fulbo actual, que estoy seguro que ese plantel del Globo que se iba al descenso de cabeza, hoy pelearía un Superligarcha. Mención aparte para el Inglés Babington, un garca propio de su origen étnico; el Passarella del subdesarrollo.

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  2. La relación de Huracán con Babington se puede explicar como el chabon al que la novia se cansa de gorrearlo pero la sigue buscando porque la chupa bien y la familia la adora, una relación predestinada al fracaso y a la frustración.

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  3. Burlacán es un caso perdido y nadie quiere aceptarlo. Es como esas estancias de la provincia de Buenos Aires carcomidas por el salitre de mil inundaciones, mostrencas y yermas en las que asoman las ruinas del viejo palacio familiar al cual concurren de vez en cuando un par de boludos en bicicleta a sacar fotos y filmar temblorosos videos para subir a las redes.
    Ahi quedó sin gente, definitivamente anclado en al historia el “Palacio Ducó”, pura mitomanía y delirio de un milico nazi como símbolo de una grandeza que jamás existió.
    La grandeza de un club está en su gente. Y en el globo son poquiiiiiiiiiitos, cada vez menos.

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