Di Gregorio Matías

Matías Gabriel Di Gregorio (El Tanito)

Exponente de la prestigiosa academia de Pepé “saqué puros jugadores ni siquiera medio pelo, pero se me perdona todo porque toda la vida fui un geronte y porque edifiqué a los arqueros Ustari, Assmann, Gabbarini, Ruso Rodríguez, Dibu Martínez y decí que dos Molina se me fueron al cielo” Santoro, El Tanito Di Gregorio pasó por la Primera de Independiente de Avellaneda como aquel pibe que concurrió durante muchos años a la discoteca pero que sus amigos pueden contar con los dedos de una mano las veces que se tranzaron una mina.

Lateral izquierdo nacido el 4 de junio de 1986, Matías Di Gregorio se benefició por que el antes mencionado Santoro depuró tanto a Juan Eluchans como a Sergio Escudero y le dio la chance de debutar como titular en la última jornada del Clausura ´07, cuando vencieron por 3 a 1 a Gimnasia de Jujuy en La Tacita de Plata y de paso vengaron lo que había ocurrido en la rueda anterior, cuando los norteños se llevaron el triunfo en el último partido oficial disputado en la vieja y querida Doble Visera de Cemento.

Al siguiente torneo y ya con Pedro Troglio como entrenador, El Tanito fue titular en la primera jornada, cuando derrotaron por 5 a 3 a Lanús en un recordado y vertiginoso encuentro que catalogó a los Rojos como serios aspirantes al título. Lamentablemente para él, la llegada de Lucas Mareque desde Portugal lo mandó a convivir con el banco de suplentes y solo pudo disputar otros dos encuentros. Ah, aquel Independiente candidato de Peter se autodestruyó, poco antes del final del campeonato, peor que los sobres de Misión Imposible.

Una lesión y una suspensión por amarillas de Mareque le permitieron a nuestro homenajeado jugar dos partidos del Clausura ’08. En el primero tuvo su momento de gloria cuando convirtió el segundo tanto a Gimnasia de La Plata para la victoria final por 3 a 1. En el segundo de ellos, contra Huracán, se lesionó y tuvo que ser reemplazado en el entretiempo. Ya casi sin chances de mostrarse en el primer equipo, al menos fue una de las figuras de Independiente en aquella siempre presente (?) gira por Canadá.

Su despedida de Primera División se dio en la última fecha del Apertura ’08, cuando otra vez Pepé Santoro se acordó de él y le dio la titularidad en la derrota por 2 a 1 frente a Arsenal como locales (en el estadio de Racing). Esa tarde, Di Gregorio estuvo en la cueva junto a Mariano Viola, Emanuel Bocchino y Ángel Puertas y se fue fuertemente puteado por la poca gente que concurrió al espectáculo, quienes responsabilizaron a quince juveniles del club que poco tenían que ver con aquel decimoctavo puesto final; campaña, claro, que no está tan en el candelero porque en aquel campeonato River Plate salió último (y Boca campeón).

En el verano de 2009, Di Gregorio le convirtió un tanto a River en complicidad con el Indio Vega en Salta, pero no tuvo espacio por los puntos. Luego, pasó a préstamo hacía un lugar en donde su ¿baldosero? padre es recordado casi como una leyenda: Quilmes del Nacional B (2009 a 2011), donde debutó con un gol de tire libre y estaba llamado a emular a su progenitor, al menos desde el afecto.

Por diferentes lesiones, El Tanito solo pudo disputar 14 encuentros en aquella campaña que terminó en ascenso y una vez en Primera y debido a su endeblez física, nuestro homenajeado apenas fue al banco de suplentes en un partido contra Newell’s por el Clausura 2011 (que terminó en descenso para aquel Cervecero de Caruso Lombardi).

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Para el Apertura ’11, Di Gregorio consiguió mantenerse en otro equipo de la máxima categoría: Atlético de Rafaela, pero durante ese semestre apenas pudo mostrarse un poco en la Reserva. Durante el año 2012, El Tanito reforzó a Tres de Febrero de Ciudad del Este de la Segunda División de Paraguay y en 2013 regresó a Independiente pero solo para estar colgado. Su último paso por el fútbol más o menos serio fue el semestre que pasó en Naval de Talcahuano de la Segunda de Chile (2014), equipo que fue condenado a bajar a Tercera en los escritorios por adulterar documentación inherente al pago de sus futbolistas. Toda la suerte, Di Gregorio, toda…

En noviembre de 2014, luego de algunos meses inactivo, nuestro homenajeado se sumó al Atlético de Pinto del inframundo español; equipo del cual se desvinculó en los primeros días del 2015. Si, apenas dos meses después de su llegada. Y ese, claro, fue el punto final para su carrera. Sin embargo, el viaje a la Madre Patria no fue tan infructuoso ya que desde ese momento Matías Di Gregorio vive y trabaja en aquel país del Viejo Continente. A lápiz levantado (?), debe ser el jugador de campo descubierto por Pepé Santoro que más tiempo duró en Europa.

 

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Gastón Amadeo Rossi (El Tano)

Pegarse una gira en Estados Unidos, el sueño de Ricardo Fort cualquier fisura cualquiera, puede convertirse en una pesadilla. Y no hablamos de la política migratoria de Donald Trump, que mientras transcurría esta historia probablemente ni soñaba con la posibilidad de ser presidente de uno de los países más ricos del planeta.

En el Clausura 2010, mientras Boca Juniors se arrastraba en la cancha, sus dirigentes hacían lo mismo, pero para sumar algunos billetes verdes. Así que ni dudaron en agarrar viaje cuando les ofrecieron ir al norte del continente para enfrentar en poco menos de una semana a Los Ángeles Galaxy, Seattle Sounders y Portland Timbers, tres animadores de la siempre prometedora MLS.

A fines de mayo, mientras en Buenos Aires presentaban a Claudio Borghi como nuevo entrenador, el interino Roberto Pompei hacía lo que podía con los jugadores que habían protagonizado un verdadero papelón durante el último semestre y algunos pibes que sumaban sus primeros minutos, como Nicolás Colazo, Nicolás Blandi, Orlando Gaona Lugo, David Achucarro y Gastón Rossi, nuestro homenajeado del día.

Volante por derecha, nacido en enero de 1990 en General Villegas, pero criado en Tres Algarrobos (provincia de Buenos Aires), Rossi había llegado al Xeneize a los 14 años y se presentaba como una de las promesas más interesantes de las divisiones inferiores, donde se destacó también por bancarse las jodas del Pichi Erbes: “Les tengo pánico a los sapos. Entonces él me los metía en los botines y me los revoleaba en la espalda. Se morían todos de risa menos yo”, relató alguna vez.

En 2009, Alfio Basile, no muy adepto a la idea de promover juveniles, lo había hecho concentrar -con Colazo y Erbes- de cara al duelo ante Estudiantes de La Plata por el Apertura. “Soy un volante con ida y vuelta, con mucho huevo. Cuando hay que jugar, juego; cuando hay que meter, meto. Uno de mis referentes es Seba Battaglia, un guerrero adentro de la cancha y uno de los mejores”, se presentaba. Había que seguirlo de cerca.

Quizás por eso no sorprendió que fuera de la partida en el debut en el Home Depot Center de LA (léase el-ei) frente al Galaxy. Esa tarde, Tito mandó a la cancha a Javier García; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, Breyner Bonilla y Luciano Monzón; Rossi, Jesús Méndez, Cristian Erbes y Matías Giménez; Pablo Mouche y Lucas Viatri. Luego ingresaron Sergio Araujo, Orlando Gaona Lugo, Nicolás Colazo y Nicolás Blandi por Méndez, Mouche, Giménez y Bonilla, respectivamente. En un encuentro muy malo, Boca perdió sobre la hora por una serie de errores defensivos. Nada nuevo.

Unos días después, en la tierra del grunge, volvió a ser titular ante el Seattle Sounders. En un estadio repleto, el conjunto argentino deprimió a unos pocos propios y unos cuantos extraños. La formación fue Javier García; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, Gastón Sauro y Leandro Aguirre; Rossi, Jesús Méndez, Luciano Monzón y Cristian Erbes; Pablo Mouche y Lucas Viatri. Frente a un rival, a priori, más débil que el Galaxy, los de Pompei recibieron un cachetazo: 0-3. Para colmo, con el 0-2 parcial, Rossi pagó los platos rotos. A los 67 minutos le dejó su lugar a Araujo.

Ya para cumplir, en el PGE Park de Portland, Boca salió a la cancha con Josué Ayala; Hugo Ibarra, Ezequiel Muñoz, David Achucarro y Luciano Monzón; Cristian Erbes, Jesús Méndez, Nicolás Colazo y Matías Giménez; Pablo Mouche y Lucas Viatri. La mano arrancó torcida por el gol de Ryan Pore, pero en el inicio del segundo tiempo los de azul y amarillo supieron darlo vuelta con tantos de Giménez y Blandi.

Pero bueno, una gira por Estados Unidos puede ser una pesadilla. Y Timbers lo ganó gracias a Stephen Keel y Rodrigo López (nada que ver con el ex Vélez y Estudiantes LP) que, sobre la hora y de tiro libre, puso el 3 a 2 final. ¿Rossi? Ingresó a los 51 minutos (entre el empate y el 2-1) y terminó amonestado.

Consciente de que actuar por los puntos iba a ser prácticamente imposible, en el verano de 2011 el Tano se fue a préstamo al Partizan de Serbia junto a otro pibe de las inferiores: Leandro Kuszko. Todo marchaba bien hasta que cuando llegaron les dijeron que primero tenían que pasar una prueba. No estuvieron a la altura y se tuvieron que volver. Al regreso, fue parte del plantel subcampeón de la Copa Libertadores Sub 20. Incluso, marcó el gol del empate parcial en la final ante Universitario de Perú.

Desde entonces, el fútbol de los sábados se convirtió en su refugio. Chacarita (2011/12) y Patronato de Paraná (2012 a 2014) le dieron cierta continuidad en la B Nacional, pero no pudieron evitar la caída a la B Metropolitana, donde lo recibió Almirante Brown (2014/15).

Una breve experiencia en Sportivo Patria de Formosa (2016/17) en el Federal A fue el paso previo a pegar la vuelta a casa. Desde 2017 defiende los colores del Club Social y Deportivo (más conocido como Sport) de Tres Algarrobos en la Liga del Oeste, el lugar donde siempre quiso estar.

Estudiantes de Buenos Aires violeta (2016)

Se puede aguantar un logo de tamaño desproporcionado. Se alcanza a tolerar un parche que tape al auspiciante anterior. Se intenta soportar que los colores de la marca se mantengan inmaculados aunque no tengan nada que ver con el resto de la camiseta. Pero lo que hizo La Nueva Seguros con Estudiantes de Buenos Aires en 2016 traspasó todos los límites. Está comprobado que esta compañía se dedica básicamente a arruinar camisetas, aunque nunca había llegado a este punto: al estampar su nombre en una camiseta violeta, transformó a los futbolistas en imitadores del inigualable Oso de La Nueva Seguros.

Al menos los pantalones y las medias eran blancas. Porque era ese el único detalle que faltaba para que los jugadores salieran a las calles de Caseros a repartir folletos de su auspiciante. Ojo: cuando al arquero le tocaba usar este color (y sus compañeros se vestían con la camiseta blanquinegra tradicional), lo hacía con un combinado monocromático, quedando a imagen y semejanza de una de las mascotas más pintorescas que haya pisado las canchas del ascenso.

Esta vestimenta duró muy poco, aunque al año siguiente las artimañas del marketing (?) se hicieron nuevamente presentes, cuando el Pincha cambió la marca de indumentaria: le dijo adiós a Sport 2000 y le dio la bienvenida a Il Ossso. Como para que el mensaje subliminal quede bien claro.

Son Decisiones: 4 a 0 y abandono (1997)

El 23 de noviembre no es un día más para los hinchas de Rosario Central. No está a la altura del 19 de diciembre, claro, pero tiene un lugar de privilegio en el corazón de los canallas. Un día como ese, pero de 1997, por la fecha 14 del torneo Apertura, el equipo de Miguel Ángel Russo recibía a su eterno rival, Newell’s Old Boys, en un duelo de realidades muy opuestas. Los de Arroyito, aunque lejos de River Plate y Boca Juniors, luchaban por un lugar en el podio. En cambio, los dirigidos por Mario Zanabria naufragaban en el fondo de la tabla con Huracán y Gimnasia y Tiro de Salta.

Habían pasado apenas 120 segundos cuando Rafael Maceratesi peinó un centro de Eduardo Coudet y Rubén Da Silva la mandó a guardar ante la estática mirada de Ricardo Rocha y Sergio Goycochea. A los 35’, el Chacho pescó un rebote y metió un zapatazo desde afuera del área, inatajable para Goyco. A partir de ahí, todo fue un baile.

Newell’s no quería jugar y sus jugadores no hicieron el más mínimo esfuerzo para disimularlo. El primero en irse expulsado, a los 38 minutos, fue el Loco Mariano Dalla Líbera. Lo siguió el Negro Zamora, que por lo menos se cargó al Polillita Da Silva. El 3 a 0 llegó sobre el final de la primera etapa, con un jugadón de Marcelo Carracedo, la figura de la tarde, que agarró la bocha en mitad de cancha y remató llegando a la medialuna.

En el segundo tiempo, el Larry Saldaña sacudió sin pelota a Coudet y, como Roberto Ruscio ya le había sacado la amarilla, se fue a las duchas. Ocho contra diez y tres goles abajo, la cosa estaba muy brava. Y Central siguió floreándose. A los quince, en una jugada colectiva entre el Negro Palma, Jara y Daniele, el Petaco Carbonari sacó un misil de derecha. 4 a 0.

Enseguida, en una corrida por la izquierda, el Rulo Claudio París lo terminó pisando a Germán Gerbaudo y vio la roja. Quedaba poco menos de media hora, pero ya no daba para más. Zanabria agotó los cambios (hizo entrar de apuro a Fernando Crosa y José Albornoz por Hernán Franco y Víctor Carucha Müller, respectivamente) y en la jugada siguiente el Pepe José Herrera “se lesionó”. Ruscio se apiadó de la situación y dio por terminado el encuentro.

En ese torneo, el Canalla terminó tercero, lejos de River y Boca, pero nos regaló un momento histórico para el fútbol argentino. 18 años después, en una acción de termismo sin precedentes, la cuenta oficial de Twitter de Rosario Central hizo el minuto a minuto del partido. ¡Que viva el fútbol!

[A la Inversa] Voy al Arco: Marchesín y Álvarez (2016)

Jugaban Puebla y Santos Laguna, por el Apertura 2016 de la Liga MX. Los arqueros venían siendo fundamentales para que el marcador estuviera igualado sin goles, hasta que faltando unos 10 minutos para el final, una jugada pudo haber cambiado el curso del encuentro: Agustín Marchesín intentó algo no muy recomendable: despejar un centro con un dedo (?). El resultado de tal maniobra fue la luxación del anular de su mano derecha.

Imposibilitado de seguir atajando, y con todos los cambios hechos, la opción tomada fue intercambiar uniformes con el defensor Kristian Álvarez. Aunque el argentino no se quedó en esa posición: se mandó a jugar de delantero, como en los picados. Para esto, tuvo que cambiarse la camiseta (usó una sin número), el pantalón (luciendo el 20 perteneciente a Andrés Murillo, uno de los suplentes) y hasta las medias. Todo esto con la colaboración de sus compañeros, ya que los médicos le habían realizado un vendaje que le inmovilizaba su mano lastimada.

Con el mismo entusiasmo que muestra un caniche de departamento cuando lo sacan a jugar a la plaza, Marchesín se movió por todo el frente tratando de presionar la salida del rival. Y de que no le pasen la pelota, obvio. Al final del partido, el público agradeció el esfuerzo del jugador, despidiéndolo con aplausos.

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Mientras tanto, en el otro lado de la cancha, Álvarez cumplía con un sueño propio: “toda mi infancia fui portero, desde los cuatro hasta los doce años”, explicaba luego. Cumplió con la tarea sin necesidad de sufrir el puesto, ya que el Puebla no remató al arco ni una vez durante el rato que se hizo el enroque. Y, como también iba a ser difícil que el Santos Laguna convierta con un arquero jugando de 9, el 0 a 0 final fue inevitable.