Especiales: Franco Robledo, el alcanzapelotas colorado de San Lorenzo

Franco Robledo

Hay momentos de la vida en los que no queda otra que aferrarse desesperadamente a cualquier cosa que sea. Y vaya si una pandemia pelear el descenso no es uno de ellos.

Ricardo Caruso Lombardi, partícipe más que necesario de esta historia, asumió la dirección técnica de San Lorenzo de Almagro el 4 de abril de 2012, cuando todavía quedaban 11 fechas para el final de la temporada. El Ciclón tenía la soga al cuello: estaba antepenúltimo en la tabla de posiciones, apenas por encima de Lanús y Olimpo de Bahía Blanca, otro candidatazo en la lucha por mantener la categoría.

Luego del empate ante Racing Club, el Cuervo debía enfrentar como local a Godoy Cruz de Mendoza por la décima jornada del torneo Clausura. Pero el temporal que azotó a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a principios de abril de aquel año había causado estragos en las tribunas del Pedro Bidegain, por lo que el encuentro debió mudarse a La Bombonera.

Fue en ese partido que Caruso Lombardi descubrió a Franco Robledo, un chico de 16 años que jugaba como lateral por izquierda en las divisiones inferiores de San Lorenzo y solía desempeñarse como alcanzapelotas los fines de semana. Esa tarde, el Ciclón goleó al Tomba por 3 a 0 con goles del Puma Emmanuel Gigliotti y el Negro Cristian Chávez. Empezaba la levantada.

El laburo silencioso de Robledo comenzó a tomar protagonismo en la fecha 12, cuando el cuadro de Boedo recibió a Arsenal de Sarandí en el Bajo Flores. Aquel día, el Colo dio una clase magistral de cómo hacer tiempo que sacó de quicio a Cristian Campestrini, que terminó al borde de la expulsión. Los de Caruso volvieron a sumar de a 3, gracias a los tantos del uruguayo Juan Manuel Salgueiro y Gigliotti. “El Colo toca la pelota, la bautiza y se la tira a los arqueros. Es creer o reventar, pero metió dos victorias en dos partidos y estamos a un paso de salir de la Promoción”, se ilusionaban puertas para adentro.

Contra Olimpo de Bahía, dos semanas más tarde, se jugaban mucho más que 3 puntos. El gol de Martín Rolle, promediando el primer tiempo, parecía que iba a arruinar todo. Pero sobre la hora, Franquito la acomodó en el córner y Gigliotti, después de un pinball en el área, marcó el empate agónico. Había que seguir creyendo.

La masterpiece del Colorado, sin embargo, fue ante Newell’s Old Boys de Rosario, por la fecha 16. La Lepra ganaba 2 a 0 con goles de Pablo Pérez y Fabián Muñoz, pero en el segundo tiempo San Lorenzo lo dio vuelta gracias al doblete de Gigliotti y un tanto del yorugua Carlos Bueno.

En la previa, el ballboy, a esta altura ya toda una celebridad, se había abrazado con Sebastián Peratta, el uno de los rosarinos: “Lo fui a saludar y le dije “suerte”, le di la mano, vino y me abrazó. Vino y me tocó la cabeza, me dio un beso en la cabeza y se fue”, contó después del partido.

A pesar de hilvanar una serie de resultados positivos, San Lorenzo llegó en zona de descenso directo a la última fecha. Para aspirar a jugar la Promoción, debía ganarle a San Martín de San Juan, también comprometido con el promedio, y esperar a lo que pasara con Banfield, Atlético Rafaela, Tigre y Unión de Santa Fe, los demás complicados.

El ultrasudado 3 a 1 (doblete de Carlos Bueno y uno de Walter Kannemann, tras arrancar perdiendo) le dio una vida extra al Cuervo y, gracias a una combinación de resultados, también a los sanjuaninos. Ambos debían revalidar su condición de equipos de Primera División ante Instituto y Rosario Central, respectivamente. El Taladro, de inexplicable pésima campaña, se fue a la B sin escalas junto con Olimpo de Bahía Blanca.

Los libros de historia de fútbol dirán que el Ciclón ganó 2 a 0 en Córdoba (otro doblete de Bueno) y que empató 1 a 1 en el Bajo Flores (Néstor Ortigoza, de penal) y que todo terminó como correspondía: con Franco Robledo, el amuleto de la suerte, paseando en andas de Ricardo Caruso Lombardi.

Casi un año más tarde, cuando Newell’s volvió al Nuevo Gasómetro, Robledo fue a saludar a Peratta, pero la historia terminó de otra manera: “Lo fui a saludar porque la otra vez tuvimos buena onda. Y no sé qué pasó, pero me escupió. Era para agradecerle la buena onda que me había tirado en el partido anterior”, explicó el chico. Dicho sea de paso, los de Rosario ganaron 1 a 0, con gol de Maximiliano Rodríguez.

Poco después, los días de fama del Colorado se diluyeron y, tras un breve paso por las inferiores de General Lamadrid, colgó los botines: “Tuve muchas lesiones en el camino. Me corté el tendón de cuádriceps y después tuve una lesión jodida en los meniscos. Hoy en día tengo los pies hechos pelota y sólo tengo 23 años. El fútbol te hace percha”, decía a fines del año pasado en una entrevista al diario Olé, que le daba respuesta a una pregunta que nos hacíamos todos: ¿qué habría sido de su vida?

Por estos tiempos, Franco Robledo es uno de los choferes que trasladan a los juveniles de San Lorenzo, siguiendo el negocio familiar tras el fallecimiento de su padre: “Mi viejo manejó el transporte escolar durante 35 años. Hoy me encargo con mis hermanos de llevar al colegio a los pibes que juegan en San Lorenzo y después los llevo hasta el club”, contaba sin ponerse colorado.

El clan Robledo

Facundo Robledo (Locurri)

El mayor de la dinastía Robledo (categoría ’91, y el único no colorado) jugaba como delantero, también en San Lorenzo, y llegó a actuar en la Reserva, bajo la dirección técnica de José María Martínez, a mediados de 2011. Sin embargo, nunca pudo afianzarse y quedó libre a principios de 2012.

“Hice todas las inferiores en San Lorenzo. Arranqué en septiembre del 99, cuando tenía 8 años, y jugué hasta febrero de este año, cuando me dejaron libre, sin margen de tiempo para ir a probarme a otro club”, repetía a fines de ese año. “Yo en junio cumplía mi ciclo como jugador amateur y debía firmar contrato o quedar libre. El año pasado tuve la suerte de formar parte del plantel de Primera, cuando estaba el Turco Asad, donde debuté en Reserva de la mano de él, Pacha Cardozo y mi querido Negro Martinez, que en paz descanse”.

En paralelo a su carrera en cancha de 11, desarrolló una interesante trayectoria en el futsal, primero en Juventud de Tapiales, el club donde también jugaron todos sus hermanos, y luego en Jorge Newbery y Atlanta, entre otros.

Lucas Robledo (El Colo)

Los que lo vieron jugar de chico en la categoría ’94 aseguran que este volante por derecha era crack en serio. A los 14 años, el Torino se lo quiso llevar por la patria potestad y poco tiempo después llamó la atención del Real Madrid, Catania y Milan. En simultáneo, daba sus primeros pasos en la Selección con la Sub 15, en compañía de Juan Musso, Alexis Zárate, Federico Andrada, Lucas Ocampos, Leandro Paredes, Francesco Celeste y Gaspar Iñíguez, entre otros.

En 2010, cuando actuaba en la séptima división, San Lorenzo le hizo contrato por 3 años. Por esos días estaba en la cresta de la ola. Si hasta Francisco, el hijo de Marcelo Tinelli, lo tenía como jugador fetiche y convenció al Cabezón de que tenía que verlo con sus propios ojos: “Tanto a mí como a mis compañeros nos sorprende lo que pasó. Es que hay tantos jugadores para ver y que Marcelo y su hijo elijan ir a ver a mi equipo y a mí es fuerte, más que nada por todo lo que él significa”, contaba.

En 2013 quedó libre y se fue a buscar suerte a Europa, pero regresó rápido. En 2014, bajo la atenta mirada de Bernardo Romeo, volvió a firmar como juvenil en San Lorenzo, aunque en uno de los primeros partidos en Cuarta sufrió una fractura de peroné que lo marginó durante varios meses. Así y todo, formó parte del plantel campeón de su categoría.

En 2015 sumó algunos minutos en la Reserva dirigida por el Pampa Claudio Biaggio que se quedó con el título, al lado de Gonzalo Prósperi, Marcos Senesi, el Chimy Ezequiel Ávila, Robertino Insúa, Facundo Quignon, Alan Ruiz, Juan Ignacio Cavallaro, Bautista Merlini, Tomás Conechny, Germán Berterame y Nicolás Reniero, entre otros.

Lejos del Ciclón, continuó su carrera con escasísima suerte en el ascenso, con los colores de Laferrere (2019).

Huracán (2002/03)

No estaba en los planes de nadie. Antes de arrancar la temporada 2002/03 del fútbol argentino, Huracán venía de salir 4º en el torneo y estaba en la mitad de tabla de los equipos comprometidos con el descenso. Con los 99 puntos de las dos temporadas anteriores y un promedio de 1.303, miraba desde arriba a Central, Independiente y Lanús, entre muchos otros. Pero algo falló.

Se fueron figuras como el Rolfi Montenegro, Lucho González y Karin Adippe (?), se retiró el Pelado Moner; y llegaron refuerzos como Pablo Lavallén, Adrián Ávalos, Martín Mazzucco, Gabriel Meta y Cristian Zermattén, que jugaron poco y se fueron enseguida. En el Apertura, el Globo hizo una campaña muy floja de apenas 11 puntos. Sin embargo, todavía estaba afuera de la zona roja, zafaba por poco de la Promoción. Tenía que sumar para no caer.

El verano de 2003 arrancó complicado. ¿Los refuerzos? Darío Cabrol y Darío Gigena. Pero a la escasa jerarquía para la difícil situación futbolística, se sumaron dos mazazos anímicos para el plantel: Primero, se suicidó el arquero Sergio Schulmeister. Y a los pocos días, al delantero Juan Ramón Fleita le detectaron un tumor en los ganglios (Mal de Hodgkin, del cual pudo recuperarse recién un año después). En ese trágico febrero, terminarían llegando dos uruguayos: Carlos Camejo y el arquero Ignacio Bordad.

La cosa venía mal barajada y no cambió mucho el resto del semestre. En las 19 fechas del Clausura 2003 (las primeras 4 dirigidas por Carlos Babington y luego por Jorge Célico), Huracán solo pudo cosechar 6 puntos, producto de 1 victoria (a Banfield), 3 empates y 15 derrotas. Apenas 12 goles a favor y 46 en contra.

¿El clásico con San Lorenzo? Lo perdieron 4 a 0. ¿Con River? Cayeron 6 a 0. Ni siquiera pudo salvarlos Globito, un perrito rescatado al que habían usado de amuleto y que luego terminaron acusando de drapie. En fin, una lágrima que terminó en descenso directo.

En la foto: Martín Ríos; Rodolfo Graieb, Juan Zalazar, Gabriel Lobos y Cristian Fernández; Santiago Hirsig, Daniel Garipe, Pablo Monsalvo, Alejandro Alonso y Darío Cabrol; Darío Gigena.

Como suele ocurrir en estos casos, cuando la caída al Nacional B ya era inminente (se fue en la 15º fecha, goleado 4 a 0 por Boca), fueron quemados un montón de pibes de las inferiores que buscaban la chance de debutar en Primera.

Durante ese torneo, también tuvieron minutos Mariano Andújar, Ramón Pedro Ortíz, Raúl Fernández, Paolo Goltz, Marcelo Kobistyj, Marcelo Da Silva Lima, Cristian Cellay, Miguel González, Diego Funes, Mauro Milano, Diego Cochas, Darío Pranich, Edson Uribe, Sebastián Lipo, Luciano Bracco, Emanuel Villa, Francisco López Rojas, Esteban López, Claudio Guerra e Ismael Villalba.

Así, Huracán descendió por tercera vez en el profesionalismo.

Pabón a Independiente (2013)

Comenzaba el oscuro 2013 y todo era pesimismo en Independiente: el promedio, el plantel, las lesiones, la dirigencia, los refuerzos. Todo hacía pensar que el primer semestre del año terminaría de la peor manera. Sin embargo, una persona sonreía como nunca y trataba de inyectar alegría: el Tolo Gallego, que se entusiasmaba con un refuerzo de lujo.

Además de avisar que iban a salir campeones “con dos enganches y un punta” (?), Américo decía que durante ese torneo iban a tener que ser ofensivos: “Si empatamos todos los partidos, nos vamos”. Y algo de razón tenía.

Al técnico lo desvelaba tener un segundo refuerzo (ya había llegado el Rolfi Montenegro), por eso confiaba en la llegada del colombiano Dorlan Pabón, de buen pasado en Atlético Nacional y con presencias en la selección cafetera, pero sin demasiado rodaje en el Parma de Italia (2012/13).

El encargado de las tratativas con el atacante, era ni más ni menos que el presidente del club, Javier Cantero, que en medio de su lucha contra los barras, también tenía tiempo para negociar en persona. O Bueno, eso creímos al principio.

El 16 de enero de aquel 2013, Cantero declaró: “Pabón llegaría por 6 meses a préstamo, sin cargo y sin opción de compra. La verdad que queríamos una opción de compra, pero no estamos con el tiempo para andar negociando. Sólo resta firmarlo”.

Aunque claro, una cosa era lo que decía el dirigente del Rojo y otra cosa lo que pensaba Pabón, que por esos dias analizaba una oferta del Espanyol de Barcelona y otra del fútbol mexicano.

Todo parecía darle la derecha a Cantero cuando el propio jugador publicó en Facebook: “Independiente es un equipo que debe prepararse para ser campeón. Un grande no puede ni siquiera pensar en descender”. Los medios partidarios dieron por hecho el pase y compraron todo el humo del colombiano.

Sin embargo, el 17 de enero el propio delantero lo desmintió: “Es mentira. Ese Facebook es falso. Estoy esperando esta semana a ver qué va a pasar con mi futuro”.

Unos días más tarde, Dorlan arreglaría con Rayados de Monterrey (lo cedería al Betis), mientras Cantero daba detalles de lo que había sido la negociación: “Yo había estado toda la tarde chateando con él. ¿Viste cuando hablás de si querés vivir en departamento o en country? Es verdad, no lo borré el chat”.

A esa altura, pagaba dos pesos que Cantero había estado chateando con un perfil falso y que por eso nunca llegó el futbolista de jerarquía.

En su lugar, unas semanas más tarde llegó otro delantero colombiano, Juan Fernando Caicedo, que firmó contrato, dijo que soñaba con ganar títulos y se fue con la camiseta puesta, caminando por la Avenida Mitre de Avellaneda.

Fue más o menos lo mismo que haber contratado a un fake.

Malano Santiago

Santiago Malano

Uno de los ítems de nuestro decálogo podría decir: “Si sos goleador histórico de las inferiores, sos baldosero”. Puede haber excepciones, por supuesto, pero en general los que la meten mucho desde pendejos, terminan secándose para toda la cosecha. Y eso le pasó a Malano.

Nacido en la localidad bonaerense de Mercedes, Malanito pronto se convirtió en un referente de los juveniles del Racing Club de Avellaneda, donde formó parte de la categoría 1987 que terminaría ganando el campeonato de Cuarta División en 2004, con figuras como Sergio Romero, Gabriel Mercado, Dardito García, Claudio Yacob, Matías Sánchez, y Maxi Moralez, entre otros.

¿De profesión? Goleador. Sus estadísticas lo convirtieron rápidamente en una necesidad para el plantel de Primera, así que en 2005 tuvo su estreno cuando ingresó por el chileno José Luis Villanueva en una derrota 2 a 1 ante San Lorenzo. No convirtió ese día y tampoco en los otros 3 partidos que disputó ese año.

En el verano de 2006, las cosas pintaron mucho mejor. Convirtió goles en el torneo de verano (uno ante Boca, el día que La Academia usó números dorados en el comienzo de Nike) y además lo convocaron a la Selección sub 20.

Su situación, sin embargo, no cambió demasiado en los partidos por los puntos. En el Clausura de ese año siguió sumando minutos en otros 6 encuentros, pero no pudo marcar.

Menos participación tuvo en el Apertura, donde solo disputó 2 encuentros y tampoco pudo festejar.

Ya en 2007, volvió a convertirle en el verano a Boca, pero pasó otro torneo sin meterla (3 partidos en el Clausura), hasta que finalmente se pudo desquitar en el Apertura, con la camiseta 17 y después de 17 partidos y ninguna flor, hizo el primer gol oficial de su carrera en un 2 a 0 San Martín de San Juan, minutos después de que el Piojo López hubiera abierto el marcador.

Ya en el Clausura 2008, ese que desembocó en la Promoción ante Belgrano, Malano también pudo disputar dos encuentros: ante Tigre (entró por el Choro Navia) y ante Argentinos Juniors (reemplazó al Chanchi Estévez). No hizo goles, para variar.

El cartel de máximo goleador de las inferiores era un peso, por supuesto, pero el mayor condicionante de su etapa en Primera División fue la poca cantidad de minutos en la cancha. Generalmente, lo metían sobre el final para que salvara a un equipo prendido fuego, haciendo el tanto del empate o del triunfo. Y eso nunca sucedía.

Ya para la temporada 2008/09, lo prestaron a Atlético de Rafaela, en la B Nacional, donde tuvo más protagonismo y logró convertir 5 tantos en 30 partidos. Eso le dio chapa en La Legión Mercedina (?), ese selecto grupo de futbolistas nacidos en la ciudad bonaerense, como Lucas y Cristian Biglia, Matías Silvestre, Emanuel Culio y Martín Minadevino, entre otros.

Su regreso a Racing fue entre las sombras. En más, casi nadie lo recuerda, pero jugó un partido, y como titular, en la temporada 2009/10: fue en la derrota 2 a 0 ante Chacarita. ¿El técnico que le dio la confianza? Claudio Vivas.

Después de estar un semestre sin equipo, en 2011 inició el camino del futbolista errante, pasando por Cúcuta de Colombia, para luego aterrizar en Chile. Aunque no de la mejor manera…

A su llegada, le hicieron dos preguntas clave:


¿Tenías alguna referencia del técnico Omar Labruna?

Sí, yo sé que estuvo en Colombia en el Deportivo Cali y le fue muy bien, así que espero poder cumplir con lo que me pida. Además ha hecho un muy buen trabajo en Audax Italiano desde que asumió.

Vienes a reemplazar a un referente de Audax Italiano como lo fue Mauro Olivi, ¿Te pesa eso de alguna manera?

No me lo tengo que tomar como una presión, sino que vengo tratar de dejar mi marca y siempre va a ser un lindo desafío.


La segunda pregunta, lo puso más o menos en contexto. Tenía la difícil y pesada tarea de hacer olvidar a Mauro Olivi (?). La primera, sin embargo, terminó siendo la más importante. Porque ese “lo que me pida”, en referencia al entrenador, dio para múltiples interpretaciones.

En 2013, el Presidente del Sifup (Sindicato del Futbolistas Profesionales), Carlos Soto, acusó a Labruna a cobrarle una comisión al delantero para ponerlo en el equipo.

Luego, Soto tuvo que retractarse al enterarse que el propio jugador le había pedido disculpas al DT, delante de sus compañeros y de la dirigencia del club. Pero el quilombo ya había explotado.

Malano continuó jugando en la Primera B chilena, con las camisetas de Deportes Temuco (2013 a 2015) y Rangers (2015/2016), antes de marchar a la isla de Malta para vestir los colores del Valletta FC (2016 hasta la actualidad), junto a otros argentinos: Leandro Aguirre, Juan Cruz Gil y Federico Falcone (se sumaría también Miguel Alba).

Ahí, en un país con escasas canchas y con un nivel parecido al de una tercera o cuarta división de alguna potencia europea, el ex Racing tuvo la chance de ganar varios títulos locales y disputar fases previas de Champions y Europa League.

Evidentemente, encontró su lugar en el mundo.

Athletic de Bilbao 2 – Huracán 1 (1978)

Nacido en 1961 como Trofeo Internacional Costa del Sol, el torneo amistoso organizado por el Málaga se convirtió en un clásico del verano español, del que participaron varios equipos argentinos e incluso la Selección. Acá, la vez que le tocó a Huracán.

En agosto de 1978, el Globo contaba en su plantel con un par de recientes campeones del mundo (ya se había ido Ardiles al Tottenham, pero continuaban Baley y Houseman). Representando a nuestro fútbol, era favorito en las apuestas frente a los europeos.

Invitados por los malagueños, los de Parque Patricios interrumpieron su andar en el Torneo Metropolitano y partieron a la aventura en el Viejo Continente, para participar del cuadrangular junto a los locales, el Athletic de Bilbao y Talleres de Córdoba, el otro convidado argentino.

Tras ganale al Málaga por 2 a 0, los Quemeros jugaron la final frente a los Vascos, en la Rosaleda. Huracán formó ese día con Baley; Cheves, Longo, Ojeda y el Polaco Daulte; Úbeda, De Marta y Babington; Houseman, Cabrera y Ferrero.

Las crónicas del encuentro dicen que Huracán estuvo muy cerca de quedarse con el trofeo, ya que arrancó ganando con un gol del Inglés Babington, pero el Athletic se lo terminó dando vuelta en la prórroga.

El conjunto vasco terminó posando con la gran copa veraniega e incluso algunos lo hicieron con las camisetas del Globo que habían intercambiado.

Después, el cuadro argentino seguiría con la mini gira, participando del Trofeo Naranja, otro torneo amistoso organizado por el Valencia. Y a la vuelta, claro, continuaría el torneo Metropolitano como si nada. Terminó 15º, a sólo 7 puntos del descenso.

Boca de rosa (2013/2014)

Después de rendirle un homenaje al pasado con la camiseta negra y blanca a bastones utilizada en el verano de 2012 y de meter un sold out con aquel experimento violeta doce meses más tarde, a mediados de 2013 Nike redobló la apuesta y presentó el nuevo uniforme alternativo de Boca Juniors: íntegramente rosa. Un supuesto guiño a la historia, que aparentemente no era tal.

Si bien con el tiempo se convertiría en uno de los outfits favoritos de las chicas que frecuentan las tribunas de Brandsen 805, aquel atuendo generó el repudio y la indignación de los hinchas más pasionales, que lo consideraban una traición a la historia xeneize.

“Dirigente$: si usamos la rosa, el partido no se juega. Boca es azul y oro”. Así amaneció una de las paredes cercanas a La Bombonera en la previa de la fecha 11 del torneo Inicial contra Rosario Central, que suponía el estreno de la nueva pilcha. Finalmente, por razones que nunca quedaron del todo claras, y en detrimento del reglamento, desde la AFA le comunicaron a Boca que debía jugar con la vestimenta tradicional y el Canalla haría lo propio con la suplente. Todo porque la rosa iba a estar acompañada por pantalones azules, iguales a los que habitualmente utiliza el cuadro rosarino.

Finalmente, tras las idas y vueltas, la casaca rosa salió a la cancha por primera vez en la despedida del Inicial 2013, ante Gimnasia y Esgrima La Plata en La Bombonera, acompañada de shorts y medias azules. El encuentro, apenas para marcar tarjeta, terminó 1 a 1 con goles de Franco Mussis y Emmanuel Gigliotti.

La polémica indumentaria volvió a aparecer, ya para despedirse, en el primer partido del verano 2014, curiosamente ante otro rival platense, Estudiantes. Esta vez, un conjunto minado de juveniles (Joel Rodríguez, Gonzalo Escalante, Francesco Celeste, Franco Fragapane, Joel Acosta, Guido Vadalá y Mauro González, entre otros) cayó por 1 a 0, con un tanto de Gastón Gil Romero.

Apenas un puñado de días después, la marca de la pipa presentaría la tercera camiseta de aquella temporada, que volvería a generar comentarios negativos entre los hinchas, historia que desarrollaremos en otra ocasión.