DT Error: Carlos Bianchi en Atlético de Madrid (2005/06)

atletico madrid

Luego de un año sin estar al frente de un plantel (su último partido había sido el 1º de julio de 2004, la noche en la que Dios cambió el número de celular y las medallas para el subcampeón quedaron sin dueño), Carlos Bianchi se animó a enfrentar una nueva aventura en tierras europeas. La anterior, en Roma, había sido un trago amargo. Y esta no sería muy diferente.

El argentino fue presentado como la gran esperanza del Atlético de Madrid para volver a disputar competencias internacionales, luego de hacer una Liga mediocre, que lo había dejado en mitad de tabla. “La temporada pasada el Atlético terminó undécimo. Ahora, debe reencontrarse con Europa”, manifestó el Virrey durante su presentación, fijando como objetivo principal terminar entre los equipos españoles que clasificaran a  la Champions League o a la Copa UEFA.

Para eso se requerían refuerzos de categoría, y el DT lo sabía: pidió a Javier Mascherano, al Conejito Saviola y, obviamente, a Juan Román Riquelme, de quien dijo: “Yo con Román hablo constantemente; nos tenemos aprecio mutuo y sé que desearía jugar en Atlético de Madrid.”. Obviamente, no llegó ninguno de los tres. Sin embargo, arribaron nombres destacados como Maxi Rodríguez, Martin Petrov, Mateja Kežman y Luciano Galletti, entre otros. “Pienso que, con este grupo, merecemos figurar entre los mejores”, pareció darse por hecho el entrenador, destacando que “aunque el Real Madrid y el Barcelona son más ricos, el Atlético hizo una buena inversión con los nuevos fichajes”.

atl bianchi

Las expectativas eran altas, la ilusión era grande, pero a la hora de jugar, lo del Colchonero fue bastante opaco. La campaña de Bianchi constó de modificaciones permanentes, chicanas constantes con la prensa y resultados que no estuvieron a la altura de lo que todos pretendían. A continuación, el repaso por algunos momentos destacados (no por lo bueno, precisamente) de su estadía en Madrid:

  • “Me cago en la concha de todos, es la segunda vez que nos roba”. Así se refirió el técnico al colegiado (?) en el partido frente al Athletic Bilbao, al que se le fue la mano con el descuento permitiendo el empate de los vascos.
  • Una constante en la temporada fue que al Atlético le convirtieran goles de cabeza. El 11 de diciembre de 2005, el Alavés (último en ese momento) le empató un partido a pocos minutos para el final de esa manera. Al ser cuestionado por los periodistas, Bianchi encontró la solución: “habrá que fichar a Michael Jordan”, manifestó.
  • En pleno invierno europeo, hubo que visitar al Osasuna. En una cancha que había sufrido una fuerte nevada, los madrileños cayeron sin atenuantes y Carlitos eludió responsabilidades: “con un campo normal podía haber sido otra historia, pero ellos están más acostumbrados”. Como si Pamplona quedara en Finlandia.
  • Por otro lado, es cierto que la fortuna no estuvo de su lado: en el mencionado partido, los cuatro arqueros principales estuvieron ausentes por diferentes motivos y tuvo que atajar Roberto Jiménez, el quinto en la lista, quien habitualmente defendía los colores del el Atlético Aviación, el segundo equipo filial del club.
  • En enero de 2006, otra muestra de que cuando la cosa viene torcida, no hay vuelta que darle: 14 jugadores del plantel fueron afectados por una intoxicación que les causó una gastroenteritis aguda, provocando la postergación del partido frente al Zaragoza, por la Copa del Rey.

Los malos resultados, sumados a declaraciones que no cayeron del todo bien (“En la Argentina, siempre me han entendido. No quiero pensar que el jugador argentino es más inteligente que el de acá”, dijo en una oportunidad), pusieron en jaque a Carlos, quien luego de haberse jugado mencionado encuentro (derrota en casa por los Octavos de Final) fue despedido con silbidos, pañolada y el infaltable gritó “Bianchi, vete ya”.

Ahí nomás, la Junta Directiva decidió ponerle fin al ciclo de argentino, que dejó la capital española con el equipo en el 12º puesto y un acumulado de 9 partidos sin ganar (7 empates y 2 derrotas), ubicándose a sólo cuatro puntos de la zona del descenso. Su récord fue de 6 victorias, 8 empates y 7 derrotas. Números suficientes para que el Virrey tomara una sensata decisión: había llegado la hora de dormir la siesta.

Arana Ronald

Ronald Arana Céspedes

No es que nosotros fuésemos una manga de enfermitos… no, claro que no… pero en los primeros noventa, cuando era apenas un niño, tanto en mi barrio como en mi escuela el ademán que vemos en la foto de arriba era la respuesta a la infanto-sexual pregunta: “¿Sabés como cojen los marcianos?”. Y a eso se contestaba con una piña en la cara del amiguito que te quería someter o poniéndose dos dedos estirados horizontalmente en la frente, lo cual significaba que se habían invertido los roles y ahora vos lo empezabas a poseer al chistoso… No sé si esta práctica sexual será moneda corriente hoy por hoy entre los púberes, ya que hace mucho tiempo dejé de ser chico y hace todavía más tiempo dejé de tener prácticas sexuales (?).

Lo que si sabemos, con exactitud, es que en el lenguaje boliviano o, mejor dicho, en el idioma de Ronald Raldes, este ademán se traduce como: “¿Quieres ganarte unos billetes fáciles?”, o para ser más puntillosos en: “Ven, compadre, vamos a robarle unos pesos a los gauchos”. Y así, con la mano de uno sobre el hombro del otro, fue como se craneó la llegada de Ronald Arana a Rosario Central a comienzos del año 2006.

Confiable defensor para el medio boliviano y con una dilatada trayectoria que incluía pasos por Destroyers (1996), Oriente Petrolero (1996-97 y 2000-05) y The Strongest (1999), Arana llegó a Arroyito avalado también por su estabilidad en la Selección Boliviana, donde debutó de la mano del Bambino Veira en 1999.

Pero claro, lo que terminó inclinando la balanza a favor de su contratación fue la persuasiva palabra de Ronald Raldes quien, así como llevó a varios Canallas al altiplano (Juan Grabowsky, Germán Leonforte, Marcelo Aguirre, Ramiro Fassi, entre otros) también hizo la gestión inversa posibilitando el inédito hecho de un club argentino con tres jugadores bolivianos al mismo tiempo (el otro era el Máximo Goleador del Mundo, José Alfredo Castillo), de los cuales dos eran Ronaldos (?).

Pero claro, los rosarinos -que no comen vidrio a no ser que venga aderezado con gato- mantuvieron sus reservas y solo incluyeron a Arana en la lista de la Copa Libertadores con el dorsal número 3. ¿Y como les fue? Re bien, Rosario Central se quedó afuera en la Primera Ronda y el boliviano no concurrió nunca ni siquiera al banco de suplentes. Cuando Arana vio que por el Torneo local le daban su dorsal al arquero Jorge Fatura Broun para que atajase como titular en un encuentro frente a Instituto, supo que no le iban a prorrogar el préstamo y se volvió a su patria en el mismo avión que llevó de regreso a José Alfredo Castillo.

El fenecido La Paz Fútbol Club (2006 y 2011), otra vez Oriente Petrolero (2007), Bolivar (2008), Real Mamoré (2009) y Guabirá (2010) -todos de la Primera División bolita– fueron los equipos donde Ronald Arana dejó jirones de calidad. Su última participación fue en la temporada 2011/12 cuando ayudó al Jorge Wilstermann a abandonar el Nacional B del altiplano.

Hoy por hoy, Ronald Arana dirige a la Selección Sub-17 de Bolivia y regentea un salón de eventos en La Paz donde se realizan múltiples actividades -entre ellas cumpleaños infantiles y fiestas de fin de curso- logrando, al estar rodeado de gente de escasa edad, hallar la respuesta a la pregunta que desvela a la humanidad toda: “¿Sabés como cojen los marcianos?”.

Boca 3 – Mamelodi Sundowns 1 (2005)

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La participación de Boca Juniors en la Copa de la Paz 2005, organizada por la Iglesia de la Unificación del reverendo Sun Myung-Moon, finalizó el 21 de julio en Gwangju (Corea del Sur) cuando enfrentó al poderoso Mamelodi Sundowns de Sudáfrica, dirigido por Ángel Cappa y que contaba con Vicente Principiano entre sus figuras.

Luego de los empates ante el Tottenham Hotspur y la Real Sociedad, el Xeneize estaba obligado a golear y esperar una manito de los españoles para avanzar a la definición del torneo, donde ya esperaba el Lyon francés. Por eso, el Coco Alfio Basile no pijoteó y puso lo mejor que tenía: Roberto Abbondanzieri; Hugo Ibarra, Rolando Schiavi, Daniel Díaz y Claudio Morel Rodríguez; Diego Cagna, Fernando Gago y Daniel Bilos; Federico Insúa; Guillermo Barros Schelotto y Martín Palermo.

A los 9’, Diego Cagna, de cabeza, abrió la cuenta tras un centro de Guillermo. Seis minutos más tarde, el Mellizo se la dejó servida a Martín Palermo, que estiró la ventaja. Godfrey Sapula, a los 49’, de vaselina, descontó para los sudafricanos. Finalmente, Neri Cardozo, que había entrado por el Pocho Insúa, a los 75’ puso el 3 a 1. Sobre la hora, el cuadro argentino tuvo varias chances de ampliar el marcador, pero no pudo superar la resistencia del arquero Brian Baloyi que ingresó en reemplazo del lesionado Andre Arendse.

Con ese resultado, Boca llegaba a cinco puntos, misma cantidad que cosecharon los ingleses tras la igualdad 1 a 1 ante los vascos. Sin embargo, y ante la paridad en la diferencia de gol (+2), la clasificación quedaría en manos del Tottenham por tantos convertidos (6 contra 5). Más allá de la gloria deportiva, el Xeneize se perdió la oportunidad de sumar dos millones de dólares (500 mil, en el peor de los casos) a los cofres del cartonero Báez.

Fuera de Stock: Gol Show – Hacele un gol a Chilavert

En el último trimestre de 1996, cuando ya había transitado tres décadas en esta Tierra, el arquero paraguayo José Luis Félix Chilavert González había logrado algo que, en la teoría, está reservado para personas que aún no han llegado a la flor de la vida: ser un auténtico número uno con una magnífica trayectoria, un presente brillante y todavía mucho para brindar en el futuro.

Campeón argentino, de América y del Mundo con Vélez Sarsfield; máximo referente de la Selección de su país y galardonado como El Mejor Guardametas del Planeta en 1995 por la IFFHS, El Chila había conseguido un reconocimiento tardío y a regañadientes del medio futbolístico y también de parte de la sociedad Argentina que, sin embargo, en ese momento no se quería percatar que estaba ante la presencia de un verdadero mito viviente.

Es que convivían sensaciones ambiguas en torno a la inmensa figura del Guerrero Guaraní que, dentro de las cabezas de muchas personas, actuaban como el diablito y el angelito que le tiran consejos al Pato Donald (?). En el haber estaban: sus goles a River, sus tantos a Boca, sus anotaciones ante la Argentina, sus gloriosas atajadas, el hecho de ser el orgulloso embajador paraguayo por excelencia en una nación donde vivían (y viven) millares de sus coterráneos, el lograr que un club periférico de la Capital tenga más Copas internacionales que hinchas y su influyente personalidad, entre tantos otros méritos…

Por el otro lado, el supuestamente negativo, podemos contrastar básicamente lo mismo: sus goles a River, sus tantos a Boca, sus anotaciones ante la Argentina, sus atajadas perjudiciales para las mayorías, el hecho de ser el orgulloso embajador de un país mirado en forma principalmente peyorativa, el haber ayudado a los dirigentes del Fortín a sentarse en la mesa de los grandes y, por supuesto, su influyente personalidad, que lo llevaba a vociferar cosas tales como: “tú no has ganado nada”, “los jugadores que van a la TV por un sueldo me dan lástima, matarían a la madre por plata”, “Amadeo Carrizo atajaba en una época donde los delanteros se mataban con pastas y vino. Me da risa”, “yo de los mediocres no hablo” por Navarro Montoya y “habría que crear un campeonato para la gente normal y otro para los drogadictos” en relación a Diego Maradona, entre tantas otras palabras. Ojo, a veces escupía a Martín Ciccioli y todos festejaban…

Como fuese, ese otro moldeador fundamental de la esencia nacional de los últimos treinta años además de gran conocedor de los gustos y necesidades de las masas, llamado Marcelo Tinelli, olfateó la oportunidad al vuelo y así nació: “Gol Show – Hacele un gol a Chilavert”. Ahora todos tendrían la posibilidad de poner de rodillas al coloso en primerísimo Prime Time.

La mecánica era simple: había que recortar y llenar un cupón que venía en la revista El Gráfico, enviarlo a una dirección postal o depositarlo en la urna que estaba en tu kiosco amigo (?) y, si un jueves El Cabeza de Bolívar agarraba tu sobre, automáticamente te ganabas dos abonos anuales en platea para ver a tu equipo favorito.

Después, claro, venía lo mejor. En un arco con medidas reglamentarias tenías la chance de patearle un penal a José Luis Chilavert y, si lograbas convertirlo, te hacías acreedor de un departamento de tres ambientes en una confortable zona de Buenos Aires. O sea, un penal al dogor por una casa para toda la vida…

Por supuesto, esto último no era tan simple. El participante debía poseer un teléfono digital y la pelota en cuestión, impulsada por una especie de cañón, saldría con una potencia inherente al tono elegido. La modalidad era cuanto menos sospechable, acorde a la mayoría de los productos rubricados por Tinelli.

Así las cosas, pasó una semana, pasaron dos, pasaron tres, cinco, siete y nada. Ni un gol ni un derpa, nada. Por ahí le hicieron uno y todos rieron. Después le hicieron otro y algunos se preocuparon. Hasta que un fatídico jueves de diciembre le convirtieron a Chilavert tres goles seguidos, algunos de pelotudísima factura, y ahí se acabaron las risas. Sobretodo las de Saladix, la empresa que ponía la tarasca para pagar los inmuebles…

A la semana siguiente, Chilavert desapareció definitivamente de El Show de Videomatch acusando una lesión que, sin embargo, no le impidió atajar contra Bolivia en la altura de La Paz por Eliminatorias.

En su reemplazo ingresó su archirival, Carlos Fernando Navarro Montoya -quien recientemente había sido echado de Boca por el tema de las camisetas pero a los ojos de la gente bien al menos sí deseaba ser Argentino- y los departamentos mutaron en autos cero kilómetro. Por que el uno a uno daba para cualquier cosa, pero tampoco eran tan boludos…

El Gol Show finalizó -sin volver a ser mencionado y sin aviso a quienes habían enviado sus sobres- dos semanas después, cuando El Mono fue transferido al Extremadura de España. Así y todo, cinco familias en cinco departamentos de Capital Federal hoy tienen donde no los moje la lluvia y también donde caerse muertos gracias al inmortal Guerrero Paraguayo… o al menos, eso fue lo que nos hizo ver Marcelo Hugo Tinelli.

Racing de blanco (1978)

racing1978blanca

La primera camiseta de Racing Club, allá por 1903, fue completamente blanca para abaratar costos, según cuenta la historia. En aquellos primeros años de vida, el uniforme de La Academia fue mutando hasta encontrar su versión definitiva, con bastones albicelestes.

Sin embargo, son pocas las veces en las que Racing volvió a la pureza de esa prenda. Ni siquiera a modo de homenaje o para explotarlo comercialmente, como se hace con tantos diseños alternativos.

racing1978

La última casaca más o menos parecida a la de sus comienzos fue la que utilizó en 1978, de la marca Olimpia, con un cuello celeste que le recordaba a la gente que estaba viendo a Racing y no al Santos de Brasil (?).

Con esa camiseta, el equipo de Cejas, Killer, Barbas, Olarticoechea y el Ropero Díaz, por ejemplo, empató 2 a 2 en sendos partidos con el Chacarita de Ischia y con el Argentinos Juniors de Maradona en el Torneo Metropolitano.

Luego, en los años 80 e incluso en 1998, vendrían algunos pocos diseños con el blanco como color principal, pero ninguno tan inmaculado como aquel.

Gracias a Museo Racing

Pasquinelli Fernando

Fernando Adrián Pasquinelli (El Máquina)

Además de ser una de las eternamente postergadas estrellas de las inferiores de Boca Juniors de finales de milenio –de aquellas que el viejo Suplemento partidario del Diario Deportivo Olé nos presentaba semanalmente- éste centrodelantero tiene el privilegio de ser el primer jugador nacional que le vio la cara al modernismo, aunque, por supuesto, tanto él como el resto de la humanidad lo ignorábamos en aquel momento.

Nacido en Cañada de Gómez (Santa Fe) el 13 de marzo de 1980, Fernando Pasquinelli llegó a las inferiores Xeneizes promediando su adolescencia, tras destacarse en algunos equipos de un pueblo que sólo posaba sus reflectores sobre el básquet.

Con Oscar Regenhardt como entrenador y codo a codo con Nicolás Xicoy, El Chori Méndez, Christian Jara Lunghi, Carlos Quiñónez, Marco Bahamonde, Carlos Marinelli y Facundo Bonvín, entre otros, Pasquinelli brilló en aquel recordado Sub-19 bostero que participó en la Milk Cup y que realizó varias giras en buen nivel por el viejo continente. Esto logró que varios agentes y reclutadores posen sus ojos sobre algunas de estas jóvenes figuras quienes, seducidas por la oportunidad, se fueron a Europa a boicotear sus prometedoras carreras.

El Leicester de la Premier League de Inglaterra (2000) ofreció llevarse durante dieciocho meses al pibe a préstamo con opción y El Cartonero Macri, aferrado a aquella vieja ambición de “abrir nuevas fronteras” desde lo económico pero no desde lo emocional, le dio al Máquina Pasquinelli la despedida al instante. Una vez en el Reino Unido, el atacante actuó a la reserva de The Foxes pero no llegó a debutar con el primer equipo ya que Martin O´Neill, el técnico que lo había pedido, fue cesanteado algunas semanas después.

Con la llegada de Peter Taylor, nuestro homenajeado fue enviado de regreso a la Argentina. Apenas habían transcurrido seis meses desde su llegada. Al menos pudo compartir entrenamientos con el arquero Tim Flowers, con el jamaiquino Frank Sinclair y con el quilomberísimo Stan Collymore, entre otros.

Él estuvo allá y le dice “Leicester City” no “Leister”, caretas…

Tras seis meses entrenándose en Boca (2000), Carlos Bianchi se percató de su presencia pero solo para avisarle que no lo iba a llevar a la pretemporada. Por tal razón, el delantero aceptó pasar a préstamo al Motagua de Honduras (2001) junto a sus compañeros Federico Carballo y Gastón El Gula Díaz. Lamentablemente, pocas semanas después los tres jugadores se volvieron rápido al país cuando fueron acusados de golpear a varias mujeres en un bar, entre ellas a la hija de un reconocido diputado catracho. Y todo por no Drinkwater (?).

De regreso en Boca, Pasquinelli fue dejado libre y -con el pase en su poder- estuvo a préstamo en San Telmo (2001/02) y en Temperley (2002) de la Primera B. Luego retornó al Reino Unido, más precisamente a Escocia, beneficiado por que en el país de las polleritas siempre se le presta particular atención a todo aquel que haya pasado por Inglaterra. El Máquina convirtió 4 goles en el Livingston (2003/04) y luego pasó al Abeerden (2004), equipo que le rescindió el vínculo tan solo seis meses después de haberlo contratado.

De vuelta en el país se le abrió la chance de jugar el Nacional B parar Talleres de Córdoba (2005/06) pero en un amistoso frente Nacional de Medellín, Gerardo Bedoya le abrió los ligamentos cruzados de una pierna y Pasquinelli estuvo más de diez meses intentando recuperarse. Volvió recién en 2007 jugando un semestre para Temperley y luego se estuvo entrenando con Platense pero no lo contrataron por un tema presupuestario.

Liga de Portoviejo de la Segunda de Ecuador (2008), además de Sarmiento de Junín (2008/09 y 2010/12), Tristan Suárez (2010) y Barracas Central (2012/13) de la Primera B, fueron los lugares donde Pasquinelli continuó jugando a la pelota. A finales de 2013 El Máquina decidió ponerle punto final a su trayectoria después de seis meses en Primera C con la camiseta de San Telmo. Una lástima el desbarranco final. Al menos, hasta los 25 años de ambos, Fernando Pasquinelli hizo una carrera mucho más impresionante que la de Jamie Vardy…