Voy al arco: Quinteros (2002)

Mientras un fotógrafo apura el paso para tratar de tener una buena posición en el festejo de gol del Mago Capria, otro colega de espíritu baldosero se queda con la no tan atractiva imagen, que nunca será tapa, de un arquero improvisado, vencido y resignado.

La foto corresponde al descenlace de Unión 3 – Rosario Central 2, una noche de noviembre de 2002, en Santa Fe, en la que el Sargento Giménez cobró 2 penales para el local y expulsó a 3 jugadores visitantes en los últimos 6 minutos del encuentro. Sí, todo eso en 6 minutos, en un duelo clave en la lucha por no descender.

Con el partido totalmente desmadrado, fue el volante Daniel Quinteros el que tuvo que ponerse el buzo del Rifle Hernán Castellano, que había recibido la roja y curiosamente no estando en el banco de suplentes (?).

¿Qué llegó a hacer Quinteros? Poco y nada. Adivinó la punta en el último penal de Capria (pateó los dos iguales, misilazos al ángulo superior izquierdo), pero no pudo evitar la derrota la hora de su equipo. Al menos le queda la foto de recuerdo.

Créditos por la imagen a Carlos Durhand.

Lamentos bolivianos

La pandemia llegó en el peor momento. En Europa, se interrumpieron los octavos de final de Champions League. En Argentina, quedó inconclusa la Copa de la Superliga. Y en Bolivia, no se pudo jugar la liga de la Asociación Tarijeña de Fútbol. Es que justó ahí una hermosa dupla de baldoseros se preparaba para disputar el torneo cuando apareció el COVID-19 y se frenó todo.

Gino Clara y Gastón del Castillo se pusieron la camiseta del Avilés Industrial sólo para las fotos: por ahora, se quedaron con las ganas de salir a la cancha de manera oficial. Así lo contó el ex jugador de Huracán: “No alcancé a jugar en Bolivia por todo el tema del coronavirus, así que ahora estoy en Buenos Aires esperando para volver”.

En días de poca actividad y mucha entrevista, el delantero que también tuvo un paso fugaz por el Colo Colo, recordó sus días en Chile y los ataques que recibió por parte de sus fanáticos: “todos los jugadores, hasta el mismo Messi o Cristiano Ronaldo son criticados. Más allá que no tuve tanta continuidad, no pude demostrar mi juego”.

Antes de regresar a su país, los argentinos llegaron a disputar un partido amistoso en el que pudieron demostrar algunas cosas: la perfecta depilación a la que Gino sometió a sus piernas y la cuidadosa tintura con la que el hermano del Kun homenajeó al famoso streamer de Manchester. ¿El fútbol? Perdieron 3 a 0 contra Real Tomayapo. La cuarentena no les va a venir mal.

En Tarija estuvieron residiendo otros compatriotas que tampoco la pasaron bien… aunque la culpa no solo fue del chino que se comió un murciélago. Claudio Chiqui Perez estuvo a punto de sumarse al Nacional Senac (hasta entrenó con el plantel), pero no llegó a un acuerdo. De vuelta en Argentina, acusó: “Mi hija de diez años escribiría mejor un contrato que la gente de ese club. Las cláusulas eran insólitas, una de ellas decía que si yo tenía bajo rendimiento, ellos podían despedirme y yo le tenía que pagar al club”.

Los argentinos del Club Atlético Ciclón, la institución más popular de la zona, también están en su país natal. Su principal figura, Patricio Toranzo, fue muy bien recibido a principios de este año. Realizó la pretemporada, pero se quedó con ganas de empezar el torneo. Aunque, a los 38 años, su principal deseo es volver a Huracán: “Si creo que no puedo, me quedo en mi casa tomando mates. Si vuelvo, vuelvo con todo. No me gustaría retirarme con un posteo de Instagram”.

El Pato tiene como DT a Roberto Pampa Sosa…por ahora. Es que, después de un regreso a La Plata que le demandó 37 horas de viaje, el entrenador no cree que el mediocampista vuelva a Bolivia, ya que no firmó ningún contrato. “Pero ese es un tema muy personal, seguro lo contará en su momento”, agregó.

Por su parte, denunció que no recibió un peso durante los tres meses que estuvo dirigiendo a Ciclón. “Al principio era un sueño, después tuvimos que vivir una realidad que era diferente, hubo muchas dificultades”, se lamentó. Es su situación, una desolación…

Real Madrid 3 – River 4 (1951)

Si a un hincha de River le preguntan por un triunfo memorable de su equipo en el estadio del Real Madrid, su respuesta será una sola: la victoria frente a Boca por la final de la Copa Libertadores 2018 es incomparable. Sin embargo, esa no fue la única vez que el Millonario se llevó un triunfo de la capital española. Varias décadas antes, lo hizo ni más ni menos que ante el anfitrión.

El dueño de casa, entrenado por Héctor Scarone, salió al Chamartín con Alonso; Aristiaguirre, Gomá; Navarro Perona, Muñoz Mozún, Zárraga Martín; Molowny, Joseíto, Pahíño, Gausí Subias y Cabrera Pérez. El conjunto argentino, lo hizo con Carrizo; Ramos, Soria; Yácono, Venini, Ferrari; Vernazza, Pizzuti, Walter Gómez, Labruna y Loustau. ¿Su DT? José María Minella.

La nota de la jornada la dio la vestimenta del cuadro local: acostumbrados a vestirse completamente de blanco cada vez que jugaban en su cancha (tradición que perdura hasta nuestros días), tuvieron que usar una camiseta azul, ya que River solo tenía su pilcha habitual. Tal desconcierto (?) fue aprovechado para imponerse con goles de Vernazza, Gómez y Pituzzi (2), mientras que Molowni y Pahíño (2) marcaron para los europeos.

Este resultado terminó con un invicto de 20 años del Merengue sobre rivales extranjeros, y fue muy celebrado por la prensa y los simpatizantes en aquel momento. Pobre Real Madrid, como le duele la cola desde el 23 de diciembre de 1951 (?).

Francescoli con logos invertidos (1985)

Pocos saben que Enzo Francescoli estuvo cerca de jugar en Boca. Fue en 1982, cuando todavía era una promesa que asomaba en Montevideo Wanderers. A pesar del interés del uruguayo por sumarse al plantel (por lo menos eso fue lo que contó su compatriota Ariel Krasouski, que por entonces jugaba en el Xeneize), los dirigentes no estaban convencidos, por lo que el posible acuerdo fracasó.

Pasó el tiempo, el Enzo tuvo su oportunidad en el fútbol argentino, y no la desaprovechó. A esta altura, se ha transformado en un símbolo de River Plate, y no se puede negar que lleva a la institución en su corazón. Y esto ya lo demostraba en 1985, al lucir una camiseta algo diferente a la de sus compañeros: solamente la suya tenía el histórico logo del león diseñado por Caloi del lado izquierdo, mientras que el de adidas aparecía en el otro costado. Además, la publicidad de Fate brillaba por su ausencia.

Hasta en este detalle en la vestimenta quedaba claro que el Príncipe era un distinto. Lo supieron todos, menos los dirigentes de Boca.

Del vestuario al camión: ¿Qué fue de Quique Seccafien?

¿Cómo es retirarse con apenas 33 años y cambiar de rubro, después de una vida dedicada al fútbol? La cuarentena nos dio tiempo para charlar con Enrique Quique Seccafien, aquel volante creativo de Morón, Rosario Central y Aldosivi, entre otros, que hoy se gana la vida como camionero.

“Me costaba ir a entrenar, físicamente no estaba de la mejor forma, y anímicamente tampoco porque estaba atravesando momentos familiares duros, como la muerte de mi mamá. Entonces, no dudé mucho. Aunque me querían ofrecer a otros clubes, no estaba motivado”, recuerda Quique, de último paso por Barracas Central en la B Metro.

A mediados de 2018, dejó de ser jugador para transformarse en chofer profesional de camiones y así continuar con el legado de su papá Juan Carlos, con quien hoy comparte el oficio. “Mi viejo tiene ya 75 años y estuvo con algunos temas de salud, al principio no quería que subiera al camión porque él me tenía idealizado como el jugador de fútbol, después lo aceptó porque ya no le quedó otra”, dice Secaffien, que actualmente tiene 35 años .

Las primeras experiencias no fueron las más agradables arriba del camión: desde chocar en la ruta 29, hasta mandarse por la avenida Luis María Campos de Buenos Aires, sin reparar en la altura máxima permitida para transitar y poner en peligro el acoplado.

Al margen de esas anécdotas, el oriundo de Morón destaca la solidaridad que existe entre los compañeros de ruta y remarca la diferencia entre el camión y el fútbol: “No te aburrís. Acá, no tengo horarios, podés salir por un viaje a las 2 de la tarde de un día y volvés a las 5 de la madrugada del siguiente”.

Después de dejar el fútbol, a contramano de lo que suele suceder, pudo salir de la depresión y cambiar el ánimo: “Muchos amigos y familiares me dicen que me ven mucho mejor que en mis últimos tiempos de jugador”.

Su momento futbolístico

“Recuerdo que en la época en que nos dirigió Darío Franco en Aldosivi, veníamos muy mal peleando el descenso en la B Nacional, pudimos salvarnos y terminamos jugando muy bien. El entrenador sacó lo mejor de mí, porque me hacía jugar pero también marcaba, porque veía que todos los hacían. Nos exigía atacar y defender a los 11. Esa temporada recuerdo que marqué un lindo gol, puse el pie a lo Riquelme, contra Almirante Brown en Mar del Plata”.

La pandemia

“El futbol es parte de la burbuja en la que estábamos antes de que pasara todo esto. Lo que vemos en las primeras categorías del fútbol mundial es el negocio en su máxima expresión. Que a un jugador lo paguen 200 millones de dólares es un despropósito. Antes los deportistas tenían cierta rebeldía ante los dirigentes, se le plantaban, pero ahora ya no y eso es por la plata. Hoy, son una parte más del circo. El negocio es por los jugadores, la TV y la publicidad, pero en un mundo en el que hay muchas necesidades, es una locura que se manejen estos números”.

Respecto a la situación de ex compañeros de clubes de ascenso, Seccafien remarca que los jugadores están a la buena de Dios. “Hay jugadores que no cobran sueldos desde diciembre. Es delicada la situación, tal vez con la solidaridad de algunos jugadores que cobran buenas sumas y están al día, se podrían pagar sueldos de algunos planteles del ascenso que están atrasados”.

Martín Zelaya

Barcia Ignacio

Ignacio Miguel Barcia Cabrera

En el segundo semestre de 2010, Independiente se jugó un pleno a ganar la Copa Sudamericana. No le salió mal, al menos en parte, ya que conquistó el título en una recordada definición por penales ante el Goiás brasileño. Sin embargo, pagó el descuido del torneo local con el último puesto en el Apertura, que a la postre (?) sería clave en el descenso consumado en 2013. En ese semestre, el Rojo cosechó miserables 14 puntos, producto de 2 victorias, 8 empates y 9 derrotas.

Para afrontar las últimas fechas de aquel campeonato, el Turco Antonio Mohamed apeló a un rejunte de juveniles, veteranos y relegados. Uno que sumaba sus primeros minutos oficiales era el lateral izquierdo Ignacio Barcia, que en el receso invernal había participado de la pretemporada, bajo el mando de Daniel Garnero. El pibe nacido en Capital Federal el 15 de junio de 1989 ya era todo un histórico del club. “Empecé a jugar a los cinco años, en el baby. Luego, a los ocho, pasé a cancha grande, tras un partido que se realizó entre los chicos del baby y los de cancha de once. Después de ese encuentro, que fue observado por Nito Veiga y Ricardo Bochini, me dijeron que me tenía que presentar en el predio de Wilde para sumarme a los entrenamientos de la categoría superior”, rememoró alguna vez.

Antes del debut, había ido al banco de suplentes en la segunda fecha ante Argentinos Juniors y hasta se había colado en la lista de buena fe de la Sudamericana, gracias a la lesión del paraguayo Cristian Báez. Finalmente, en la jornada 14, salió desde el arranque, con el número 13, en el empate 1 a 1 frente a Olimpo de Bahía Blanca. Esa noche, actuando como zaguero central, conformó una línea de 4 con el ya recuperado Báez, Carlos Matheu y Maximiliano Vélazquez. Matheu había puesto en ventaja al equipo de Avellaneda, que no supo aguantar el resultado y sufrió la igualdad en la última jugada por intermedio de Carlos Salom, que aprovechó una salida espantosa de Hilario Navarro.

Siete días después, reapareció entre los titulares contra Colón de Santa Fe, en un encuentro casi calcado. Otro defensor, esta vez Velázquez con un bombazo, adelantó al Rojo, pero el Bichi Esteban Fuertes lo empató a 15 del final para el Sabalero.

La tendencia de los goles sobre la hora se repitió en la fecha 16, en la derrota por 2 a 1 ante Estudiantes de La Plata, el líder. Aquella vez, Barcia compartió la última línea con Samuel Cáceres y Carlos Matheu. A diferencia de los choques anteriores, Independiente arrancó abajo en el marcador por el tanto de Juan Pablo Pereyra (horror defensivo al margen), pero lo igualó gracias a Nicolás Martínez, el hermano menor del Burrito. A los 85, la Gata Fernández, con un cabezazo bombeado, le dio el triunfo a los dirigidos por Alejandro Sabella. A pesar de la caída, los pibes made in Avellaneda se fueron aplaudidos.

Una semana más tarde, el juvenil se despidió para siempre de la máxima categoría en un olvidable 0 a 0 contra Lanús en La Fortaleza.

Tras la pretemporada de 2011, donde sumó algunos minutos extraoficiales, estaba afianzado en el plantel profesional (qué bien), aunque nunca salió del banco de suplentes (qué mal). Así fue en el duelo postergado del Apertura contra Tigre que se jugó en febrero, en el arranque del Clausura ante Vélez Sarsfield y en dos partidos de la Copa Libertadores, frente a la Liga Deportiva Universitaria de Quito y Godoy Cruz. Además, formó parte del grupo que viajó a Japón para disputar y perder por penales la final de la Copa Suruga Bank con el Júbilo Iwata. Por entonces, sonaba como posible moneda de cambio, junto con Federico Mancuello, para la llegada de Javier Cámpora (goleador del Clausura 2011 con Huracán) a Independiente y también hubo sondeos del Tijuana de México.

Sin chances en Primera, colgado por Ramón Díaz, que tomó el mando tras la salida de Mohamed, y casi que estorbando en Reserva, tuvo que salir a buscar lugar en otra parte. Lo encontró bastante cerca, en la famosa Isla Maciel, con la camiseta de San Telmo (2012/13) en la Primera B Metropolitana. “Fue un error haber ido porque significó bajar dos categorías luego de pasar por la Primera de Independiente. Jugué alrededor de 40 partidos y al final descendimos, así que terminó siendo peor”, reconoció tiempo después.

Con el Rojo viajando a lo largo y a lo ancho del país en la B Nacional, Nacho regresó al club, pero Miguel Ángel Brindisi lo mandó a entrenar con los marginados. Lo rescató Omar De Felippe, pero no tuvo acción y a comienzos de 2014 rescindió su contrato.

Enseguida se sumó a préstamo a la UAI Urquiza (2014), también de la B Metropolitana, donde ni jugó. Su última experiencia como profesional fue en Bahía Blanca, con los colores de Villa Mitre (2014/15) -12 encuentros, una expulsión- en el Federal B. “Estuvimos cerca de ascender. En febrero-marzo de 2015 me volví para acá y los clubes estaban casi todos armados, no había cupos. Me salió para ir a entrenar a Berazategui, pero al final contrataron a otro refuerzo y no se pudo dar. Ahí ya había cerrado todo y quedé parado”, contó hace algunos meses en una entrevista al sitio Doble Amarilla, en la que relató su experiencia actual como empleado de una empresa de limpieza.

“Después de que me quedé sin club, estuve tirando currículums en todos lados. Un día, una conocida mía me dijo que su padre trabajaba en una empresa de limpieza en la que se ganaba poco. Agarré y le dije que sí, porque la verdad estaba desesperado. Al otro día me llamó el padre y me dijo que tenía que ir a firmar el contrato y arrancar a trabajar. En ese momento me salvó, cerré los ojos y fui. Jamás había trabajado en algo como esto, siempre había jugado al fútbol, pero le di para adelante”, contó. “Tenía que conseguir trabajo porque en ningún momento llegué a estar bien económicamente. No podía mantenerme entrenando sin cobrar un peso porque no me daba la billetera, así que necesité salir a trabajar”.

Hoy, alejado por completo del fútbol, sueña con volver a las canchas, aunque sabe que es difícil: “Llegué a Primera, viví mi sueño. Tengo que creérmela un poquito”, dice. Y agrega: “Me encantaría que algún club me dé una oportunidad”.