[Baldosa Olímpica] Fuera de Stock: el Estadio Dongdaemun de Seúl ’88

Fue sede de los Juegos Olímpicos de Seúl ’88, recibiendo grandes partidos como Argentina – Brasil. Después se convirtió en un estacionamiento y hasta en una feria. Conozcamos la historia del Estadio Dongdaemun de Seúl.

Tanto los Mundiales de fútbol como los Juegos Olímpicos, representan grandes oportunidades de negocios para aquellos que tienen un vínculo con los gobiernos de turno, ni hablar para los que están adentro. De esa manera es como surgen construcciones y remodelaciones de todo tipo, que son útiles a los inmediatos fines deportivos, prometiendo una futura función social que pocas veces se concreta. “Lo importante es que a la ciudad le van a quedar un montón de obras”. ¿Cuántas veces escuchamos eso?

Así nacen los famosos elefantes blancos, estadios que al poco tiempo son abandonados y quedan como prueba de la corrupción. Pero ojo, porque también están aquellos escenarios que cumplen con las expectativas, instalándose y relegando a otros estadios cercanos, que por menor capacidad, por mayor antigüedad o simplemente por desidia, terminan tapados de yuyos…en el mejor de los casos.

Inaugurado en 1926 bajo el nombre de Estadio Gyeongseong, el viejo estadio de Seúl cambió su nombre a Dongdaemun en 1945, con la liberación coreana.  A lo largo de su historia, albergó competencias de fútbol y otras disciplinas, sufriendo algunas remodelaciones que llevaron su capacidad a poco menos de 30 mil espectadores, superando al Hyochang, que llegaba a 18 mil.

Cuando Seúl pensó en organizar los Juegos de Asia de 1986, se dieron cuenta de que ambos estadios quedaban chicos y había que construir uno moderno, que estuviera a la altura del acontecimiento. Fue ahí que comenzó a eregirse el gigante Estadio Olímpico, con capacidad para casi 100 mil personas, transformándose luego en el reducto principal de los Juegos de 1988.

A pesar de haber perdido protagonismo, el Dongdaemun fue utilizado en la cita olímpica, con partidos como Irak – Italia, Australia – Brasil, Australia – Nigeria, y el choque de cuartos de final entre Argentina y Brasil, con victoria de la Canarinha por 1 a 0, con gol de Geovani Silva, con colaboración de Luisito Islas.

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Después de aquel duelo, el Dongdaemun siguió siendo utilizado por 3 equipos de la K-League: el Ilhwa Chunma, el LG Cheetahs y el Yukong Kokkiri, pero luego  la reorganización del fútbol de Corea del Sur terminó reduciendo su uso a algunos partidos amistosos. El final era inevitable.

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Habiendo agonizado durante toda la década del 90, en 2003 cerró sus puertas para los acontecimientos deportivos y entonces empezó su etapa más triste, convirtiéndose primero en estacionamiento del estadio de béisbol que quedaba enfrente (también cerró en 2007) y luego en una feria con puestos de ropa y comida. Y seguramente habría alguno ofreciendo escribirte el nombre en un grano de arroz (?).

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Luego de la demolición de la cancha de béisbol, llegó el turno de la cancha de fútbol. Dongdaemun hoy es un centro de compras y entretenimientos. La Corea libre que tanto soñaron (?).

Brasil con la camiseta de Boca Juniors e Independiente (1937)

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Hoy en día, un duelo entre Brasil y Chile no supone ningún tipo de riesgo desde la vestimenta. Sin embargo, no era tan así hace casi ochenta años, en 1937, cuando se enfrentaron por la segunda fecha del Campeonato Sudamericano.

Aquella vez, en el viejo estadio de Boca, los brasileños salieron al verde césped con su hasta entonces tradicional camiseta blanca con vivos azules en las mangas. El problema se originó cuando Chile asomó por el túnel, también de blanco. Por eso, el árbitro del encuentro no tuvo otra que hacer un sorteo para decidir quién debía cambiar su vestuario. Y el triunfo fue para los trasandinos, que mantuvieron su color.

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Jubilada en la década del 50, la camiseta blanca de Brasil solo volvió a ser utilizada durante 45 minutos en 2004, en un amistoso contra Francia por el centenario de la FIFA.

Como solo contaban con un juego de indumentaria, los utileros brasucas se vieron obligados a buscar una alternativa. Cuenta la leyenda que uno de los directivos de la delegación había pegado buena onda con un colega de Boca Juniors y por eso la branquinha (?), a excepción del goleiro, jugó con la azul y oro.

En la cancha, en un entretenido partido, fue victoria del Scratch por 6 a 4 con una destacada actuación de Patesko y Luizinho, que marcaron dos goles cada uno. Carvalho Leite y Roberto completaron la faena. José Avendaño, Raúl Toro -2- y Guillermo Riveros anotaron para Chile.

Curiosamente, ese no fue el único percance de la utilería brasileña durante el Campeonato Sudamericano. Unos días antes, en el debut ante Perú, los dos equipos aparecieron de blanco y, tras perder el sorteo, la hoy Canarinha tuvo que vestir de prestado la casaca de Independiente.

[Baldosa Olímpica] Uruguay suma estrellas

Los uruguayos claman al mundo futbolero que se le reconozcan 4 campeonatos mundiales. Una invitación a leer el pasado podría darles la razón, pero claro, todo es interpretativo y depende de una palabra: amateur.

En 1914, la FIFA llevaba 10 años desde su creación y su mayor objetivo era aún un gran fracaso: se les hacía imposible organizar un Campeonato Mundial. Aunque en 1908 hubo una gran aproximación al logro, porque en los Juegos Olímpicos de Londres debutó el fútbol como deporte en la competencia, porque el torneo estuvo a cargo de la Football Association y ésta era presidida por Daniel Woolfall, que a la vez era presidente de la FIFA.

Luego del doble triunfo británico de 1908 y 1912 (en Estocolmo) y ante la imposibilidad de armar la competencia propia, se decidió actuar en conjunto con el Comité Olímpico Internacional para la organización del fútbol olímpico. Al fin y al cabo la FIFA era la representante del fútbol mundial. A partir de ese entonces, y aunque se había comenzado el debate con años de antelación, la etiqueta de “amateur” comenzaba a ser un gran problema.

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La FIFA en su conjunto no quería hacer diferencia entre amateurs y profesionales, pero por separado algunas asociaciones sí tenían ese gran inconveniente y el campeonato mundial de ese entonces se regía por las estrictas reglas del COI, que no permitía profesionales. Por eso, uno de los temas principales que tenían los dirigentes del fútbol mundial era poner en orden, al menos, esa competencia.

El undécimo Congreso de la FIFA se realizó los días 27 y 28 de junio 1914 en Cristianía, no la avenida que atraviesa de norte a sur el extenso municipio de La Matanza, sino la bonita ciudad enclavada en Oslo, Noruega. Desde el comienzo, llegó la propuesta de la Netherland Football Association, que por intermedio de Mr. C.A.U. Hirshmann tiró la propuesta de “hacer un libro anual que incluya todos los partidos internacionales y sus resultados, y que el Torneo Olímpico debería ser considerado como un Campeonato Internacional, además de que debería estar bajo el control de la Federación”.

Rusia, Inglaterra y Noruega, a través de sus representantes, mostraron estar de acuerdo. Más cautos se mostraron los belgas e italianos, mientras que el representante de los Estados Unidos habló de “Co-operación”. Por otro lado, los alemanes deseaban que se resolviera lo más rápido posible, porque eran los organizadores de los Juegos de 1916 (Berlín) y querían preparar un gran Campeonato Internacional de Fútbol.

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Como siempre, poniendo neutralidad a todo, apareció un suizo (P. Buser) y cantó: “La FIFA reconocerá al Torneo Olímpico de Fútbol como el “Campeonato Mundial Amateur de Fútbol Asociación” si ellos (el COI) están de acuerdo con las reglas y los deseos de la Federación”. Los representantes de Estados Unidos y Suecia sugirieron quitar la palabra “amateur”, ya que para participar del evento del COI hay que ser amateur, pero la respuesta llegó antes de que terminaran de objetar: “recuerden que la FIFA también abarca profesionales”.

Luego de eso la propuesta del suizo ganó por aclamación generalizada y la FIFA tenía al fin su campeonato y el alemán expresó su máxima alegría en la vida, con una sonrisa que movió 3 milímetros ambas comisuras labiales. Pero ese mismo día, 2500 kilómetros al sur de donde se reunían los popes de la FIFA, a un tal Gavrilo Prinzip se le ocurrió matar al archiduque Francisco Fernando y su señora esposa, desatando entre otras cosas, la suspensión de tal Campeonato Mundial.

Recién en Amberes, en 1920, se pudo confirmar que el fútbol mundial tenía sus competencias, limitadas por un reglamento del COI, pero que empezaba a armar polémica: los británicos reclamaban ser los únicos amateurs de la competencia, ya que hacía años que el profesionalismo en el fútbol mundial estaba encubierto por un dudoso amateurismo.

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Ese hecho lo confirmó Uruguay, que gozando de la categoría de “amateur” que tenía el fútbol en el Rio de la Plata, aplastó a todos sus rivales en París 1924 y llegó al doblete con la emocionante doble final ante los otros “amateurs”, los argentinos, en Amsterdam 1928. Cuando la FIFA tuvo su Mundial, el Torneo Olímpico comenzó a pasar a un segundo plano.

Se puede decir entonces que sí, Uruguay cuenta con cuatro Campeonatos Mundiales, aunque dos de ellos llevan en su título el término amateur. Las diferencias quedan para las interpretaciones reglamentarias.

Eduardo Cantaro

[Baldosa Olímpica] Jean-Christophe Thouvenel

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Referente del Bordeaux durante toda la década del ’80, Jean-Christophe Thouvenel fue parte del equipo olímpico francés que consiguió la medalla dorada en los Juegos de Los Ángeles 1984. Hasta ahí, nada fuera de lo normal, pero había algo más que lo hacía un distinto…

Además de su bigote, ya homenajeado en alguna oportunidad, lo que identificaba a este defensor eran sus lentes, que no se los sacaba ni para las fotos oficiales, como podemos apreciar en el póster publicado tras la consagración de Les Bleus en tierras norteamericanas. 

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Como si el bigote y los lentes no fueran suficientes accesorios (?) para esas imágenes institucionales que suelen ser de lo más formales y mueren en el olvido, Thouvenel aprovechó la producción anual de su club, el Bordeaux, para sumar otro detalle: la medalla dorada conseguida con la Selección.

Ser corto de vista, sin embargo, no le impidió hacer una prolongada carrera. Se retiró a los 35 años, jugando en Le Havre, el equipo decano del fútbol francés.

Gracias a Old School Panini.

[Baldosa Olímpica] Los indios sin Flecha (1948)

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“India renunció a participar porque no se les permitía jugar descalzos”, una referencia de Brasil 1950, es una de las curiosidades más extrañas de la historia de la Copa Mundial de la FIFA. Y aunque un mito vaya a caer (no fue ese el motivo de la renuncia india), sí había jugadores en patas y es parte de una historia olímpica.

Cuando India se independizó de Gran Bretaña en agosto de 1947 la All India Football Federation, que se había fundado 10 años antes, logró su afiliación a FIFA. Inmediatamente se conformó un equipo sin británicos, pero con experimentados jugadores nativos y se le envió una misiva a la FIFA mostrando interés en participar del torneo olímpico de fútbol de Londres 1948.

Para aquella competencia, la primera post Segunda Guerra Mundial, se inscribieron 23 seleccionados de los cuales 14 jugarían una eliminatoria directa para acceder a los octavos de final, donde esperaban los nueve equipos más poderosos y “constantes” en la historia del torneo. India había sido emparejada con Birmania para la ronda clasificatoria.

Pero los birmanos (como también Pakistán, Hungría, Polonia y Palestina) se bajaron a último momento del campeonato, lo que obligó a rearmar el fixture. Allí, los héroes indios, fueron sorteados para jugar ante Francia, que por supuesto no competía con su selección A, más sí contaba con un buen plantel juvenil.

En la soleada tarde del sábado 31 de julio de 1948, los 17.000 espectadores que poblaban las tribunas del Ilford Park, en la parte oriental de Londres, se sorprendieron en la salida de los equipos cuando notaron que los indios salían a la cancha sin zapatos. En realidad no todos, sólo tres de ellos usaron botines en aquel histórico partido, que comenzó con total normalidad y cerró la primera parte con los franceses ganando por 1 a 0.

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Los indios no tenían demasiado por perder, de hecho aquel era su primer encuentro en una competición oficial de FIFA y consideraban que haber llegado a participar de ella, era demasiado. Habían arribado a Londres una semana antes, donde habían tenido cinco partidos de entrenamiento ante clubes amateurs y con 39 goles convertidos y sólo 5 en contra, se daban por satisfechos.

En un “nada que perder” de esos, llegaron al arco francés y faltando 20 minutos para el final del partido su mejor jugador, Ahmed Khan, hizo una especie de pared con Sahu Mewalall, que derivó en Raman y definió ante el arquero francés. De manera increíble los indios dominaban el juego, los galos perdieron los estribos y lo impensado se hacía realidad.

Aprovechando robos y pelotas divididas, los indios empezaron a empujar a su rival contra su arco y las patadas francesas se repetían. Una de ellas fue en el área, obligando al sueco Gunnar Dahlner a cobrar penal. Sailendra Manna, defensor y capitán del equipo se hizo cargo del tiro, pero lo desvió.

Unos minutos después, nada cambiaba en el partido, el dominio de los seguidores de Ganesha se hacía más contundente y los “Blues” seguían pegando. Otra vez penal para India. Ahora sí, Manna se dispone a poner el 2-1. Pero decide no patearlo, ya que le quedaba la duda por haber errado el anterior y así fue que se lo cedió a Balaram Parab, quien también lo mandó a la tribuna.

Faltando 120 segundos para el final del encuentro, los franceses consiguieron el segundo tanto tras un contraataque que no tuvo oposición ni reacción de parte de los indios, ya que estaban agotadísimos porque en India, en aquel entonces, los partidos duraban 70 minutos.

No todos los indios jugaban sin botines (a los cuales reemplazaban con un fuerte vendaje), sino que quienes lo hacían descalzos, aprovechaban el confort que les daba la ausencia de calzados, sólo cuando el tiempo lo permitía. Si el terreno no estaba en condiciones ideales y el tiempo no se mostraba favorable, todo el equipo usaba botines.

Entusiasmados con aquella primera competición, India se inscribió para participar de la Cuarta Copa Mundial de la FIFA, en Brasil. Las eliminatorias eran con Birmania, Filipinas e Indonesia, pero la renuncia de todos los rivales dejó a India clasificada directamente. Cuando llegó el momento del sorteo del Mundial, el 22 de mayo, había 15 seleccionados confirmados para la competencia. India cayó en el Grupo 3, con Suecia, Paraguay e Italia y el Grupo 4 era el único que quedaba con tres equipos: Uruguay, Bolivia y Francia.

Luego de una interminable lista de excusas con los organizadores, la selección del Presidente de la FIFA, Jules Rimet, decidió no ir a la competencia. India se preparaba para lo mismo. Desde la Federación llegaba a Brasil la excusa oficial para no jugar, aludiendo a que no había dinero para trasladar al equipo (aunque la FIFA se ofrecía a pagarles el viaje), que con la renovación del plantel no habían llegado a prepararse para competir y que reglamentariamente habría problemas porque sus players preferían jugar descalzos.

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En un reportaje antes de su muerte (jodido hacerlo después), en el libro “History of Indian Football (1975), Sailendra Manna, el capitán del equipo del 48 y que repetiría la cinta en el 50, aseguró que: “en aquel entonces no dimensionamos lo que era un Mundial. Estábamos muy contentos con la participación en los Juegos Olímpicos y era lo máximo para nosotros. Lo de no ir porque no nos permitían jugar descalzos fue una excusa por la falta de interés para ir a Brasil. Si teníamos que usar botines para jugar, los usábamos, sólo que nos resultaba más cómodo jugar descalzos”.

Dos años después de la renuncia mundialista, llegaba el Torneo olímpico de Helsinki 1952, donde India tuvo que enfrentarse en la Ronda Preliminar ante la subcampeona de 1948, Yugoslavia. Ahmed Khan, aquel que le hizo el gol a Francia, hizo el único de su equipo en el último minuto, para sellar el 1-10 final. La realidad del fútbol mundial les mostraba un panorama diferente a los asiáticos, que ya usaban botines.

Cuatro años más tarde llegaron a su cénit futbolístico, cuando en Melbourne 1956 eliminaron a los locales, derrotándolos por 4 a 2 y accediendo así a la semifinal. Es que apenas 11 seleccionados disputaron aquel torneo que era por eliminación directa y la renuncia(?) de su rival en Octavos, Hungría, les allanó el camino. Pero otra vez estaban los yugoslavos enfrente, que también habían sido subcampeones en 1952. Y aunque aguantaron lo máximo posible y estuvieron por 2 minutos ganando 1 a 0, el poderío europeo se impuso (terminaron 1-4) en la semi y en el partido por el tercer puesto, donde cayeron 0-3 ante Bulgaria.

La generación dorada India contaba con un triunfo y cuatro derrotas en 8 años. Aún así, llegaron a competir por una medalla, y para el cierre de aquella era faltaban los Juegos de Roma 1960, donde el definitivo uso de botines les dio derrotas más dignas (1-2 con Hungría y 1-3 con Perú). El corolario fue, ahora sí, aguantarle un empate a Francia.

Eduardo Cantaro

[Baldosa Olímpica]: En el Placard: Ghana con fibrón (1992)

Se jugaba el partido por la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 entre Ghana y Australia. Los africanos habían sido la sorpresa de la competencia y se decía que algunos jugadores tenían más de la edad declarada. Sólo prejuicios (?).

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Entre los ghaneses, el que se destacaba era Nii Lamptey, aquel que años más tarde tendría un paso por Unión de Santa Fe. Pero hubo un compañero suyo que llamó más la atención: el arquero Ibrahim Dossey fue a disputar una pelota de manera temeraria. La consecuencia del impacto con un rival australiano fue una lesión en el africano, que soportó el dolor hasta el minuto 62, cuando pidió el cambio. Y aquí llegó el papelón.

Simon Addo estaba listo para ingresar, pero su vestimenta no: además de utilizar un buzo genérico de adidas con un diseño diferente al del guardameta titular, tenía el mismo número que lucía el jugador reemplazado. La solución, propia de Boca una nación tercermundista: le pintaron con fibrón un 2 para conformar el 12 en su espalda.

De esa manera, Ghana aguantó el 1 a 0 parcial para quedarse con su único podio en los Juegos de la XXV Olimpiada.

[Baldosa Olímpica] Aleksandar Duric, el goleador que hizo agua (1992)

Su nacionalidad ya delata que estamos ante un personaje especial: Aleksandar Duric nació yugoslavo, luego de la caída del muro le tocó ser bosnio, la Guerra de los Balcanes lo transformó en serbio y más tarde eligió ser singapurense, cuando ya tenía 30 años.

En Singapur alcanzó su esplendor futbolístico, anotando 321 goles en 439 partidos jugados. En las 16 temporadas que estuvo en el sureste asiático ganó 8 S. League, 3 Singapore Cup, 5 Charity Shields, y defendió la camiseta de cinco equipos: Tanjong Pagar (1999), Home United (2000), Geylang United (2001-2004), Singapore Armed Forces (2005-2009), Tampine Rovers (2010-2014).

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En el 2007, cuando ya tenía 37 años, debutó en la selección de Singapur y llegó a jugar 53 partidos, marcando 24 goles y además ganó el título de la Asian Football Championship, algo así como una copa donde juegan los países del sureste asiático.

Pero antes de ser una estrella futbolística, el Aleks de la gente la pasó mal, como toda persona que sobrevivió a la fragmentación de la República Socialista de Yugoslavia. Su provincia natal, Doboj, estaba en un enclave jodido y le quedaba de pasada (?) a los serbios, por lo que el padre de Aleksandar le dijo que aprovechara su habilidad para los deportes y se fuera a la mierda de Bosnia o el país que fuere ese territorio en ese momento.

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Dolido por dejar a los suyos, en 1991 Duric emprendió el exilio voluntario dejando atrás una brillante carrera en el canotaje y un promisorio arranque futbolístico en el Sloga Doboj, donde empezó como arquero pero a esa altura ya era un volante zurdo que mostraba buenas condiciones.

Su otro deporte, el canotaje, era el que lo había consagrado: había sido campeón juvenil yugoslavo a los 15 años y estaba 8º en el ranking mundial juvenil. La partida lo dejaba sin nada, o eso creía él.

Siendo un refugiado deambuló por Hungría y hasta fue a probarse a un equipo del ascenso sueco, pero sin suerte. En 1992, decidido a jugarse su última carta dentro de tanta miseria, recaló en el FC Szeged (24 partidos 7 goles), un equipo semi profesional del interior del país de Puskas; no era la gran cosa, pero al menos recibía un sueldo, casa y comida. Faltaban noticias de su familia, con quienes había perdido el contacto desde su huída y a los que no podía volver a visitar, ya que los serbios lo fusilarían por bosnio y los bosnios porque había desertado del ejército. Win Win (?).

Mientras Aleksandar penaba en el centro europeo, el Comité Olímpico Internacional resolvía aceptar a Bosnia como un país independiente y lo habilitaba a participar de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. Con muchos atletas peleando en el frente y otros exiliados a la fuerza, a los bosnios se les hizo difícil armar una delegación pero lo consiguieron. Una de las pruebas en las que podían competir era en Canotaje Individual sobre 1500 metros. Los gordos de traje (?) se acordaron que unos años antes un tal Duric, de la provincia de Doboj, la rompía. Así fue que empezaron su búsqueda por toda Europa. Cuando dieron con él, le comunicaron que estaba seleccionado para representar a Bosnia (que todavía estaba en guerra) en los juegos de Barcelona ’92.

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“Vamo’, arriba comida, techo y transporte gratis”, habrá pensado el homenajeado. “NO” le respondieron del Comité Olímpico de Bosnia, “te damos una carta de la Federación y manejate”. Entonces después de mucho pensarlo y ya sobre la fecha límite, el Aleks emprendió la aventura: sin plata, con pasaporte de un país que ya no existía y sin haber entrenado canotaje durante dos años ¿Qué podía salir mal?

El viaje a Barcelona lo hizo en camión hasta la frontera con Austria, donde no lo dejaron pasar. Después de muchas idas y vueltas, una llamada del COI destrabó todo. Desde ahí hizo dedo hasta Eslovenia y luego de dos días de viaje pudo tomarse el vuelo que lo depositaría en la capital catalana. A todo esto, los otros 9 atletas que integraban la delegación de Bosnia ya estaban en la ciudad y listos para la ceremonia inaugural que sería 48 horas después.

El resultado de su carrera fue el previsible, pero según sus propias palabras igualmente fue una experiencia maravillosa. Y como prueba, este video donde se lo ve luciendo el número 4.

Al año siguiente a su participación olímpica y de compartir copetines con Magic, Jordan y Boris Becker, él seguía vegetando en el equipo húngaro, lejos de los flashes y sin esperanzas de crecer futbolísticamente.

En ese mismo verano de 1993, su madre murió en el patio de la casa, víctima de un ataque de nervios serbios. Sin posibilidades de despedirse de ella y medio podrido de estar en Hungría, a mediados de 1995 se fue a probar suerte al fútbol australiano, donde jugó cinco temporadas en el ascenso, interrumpidas por su pase al Locomotiv Shanshan del under chino.

Defendió a siete equipos en Australia y convirtió 34 goles en 122 encuentros, hasta que en 1999 voló a Singapur a cimentar su leyenda. A los 44 años se retiró con un récord de 386 goles oficiales en 650 partidos, nada mal sabiendo que la mitad de su carrera fue volante o lateral izquierdo. El día de su retiro, el 5 de noviembre de 2014, perdió la final de la Singapore Cup contra el Brunei DPMM pero recibió un homenaje que reíte del Gordo Kenig.

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