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Esteban Hernán Rivas (El Tanque)

La mala campaña de Independiente en el Torneo Apertura 2004 hizo que para las últimas fechas Pedro Damián Monzón, que había agarrado interinamente el fierro caliente tras la salida de Daniel Bertoni (que a su vez había asumido luego del inesperado y envidiable fallecimiento de José Omar Pastoriza), les diera rienda suelta a algunos juveniles que buscaban minutos en la Primera del Rojo. Así, de prepo, fueron metiéndose en el inconsciente popular los nombres de, por ejemplo, Carlos Matheu, David Abraham, Fernando Lorefice, Sergio Agüero y Esteban Rivas, entre otros.

Nacido en San Jorge, provincia de Buenos Aires, el 28 de julio de 1984, Rivas, delantero de profesión, dio sus primeros pasos en el fútbol con la camiseta de Cadetes de Mar del Plata. A Avellaneda llegó de grande, ya con 19 años, tras probar suerte en Nueva Chicago y Chacarita. “En ese momento estaba Oscar Ruggeri de entrenador en la Primera del Rojo. Fue él quien me probó con un Selectivo que había en ese momento y tuve la suerte de quedar”, comentaba tiempo después.

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Lucas Pusineri, el malogrado Lucas Molina y Rivas, la noche de su debut.

Generalmente confundido con otro Rivas con pasado en Independiente (Emanuel, de larga trayectoria en el Calcio italiano), Esteban sumó sus primeros minutos oficiales ante Estudiantes de La Plata, en la antepenúltima fecha de aquel Apertura, cuando le tocó reemplazar al Pocho Insúa. Una semana más tarde, simplemente para marcar tarjeta contra Arsenal de Sarandí, el Moncho lo mandó a la cancha desde el inicio, acompañando al Kun Agüero en el ataque.

La llegada de César Luis Menotti y un puñado de actuaciones pálidas en el verano de 2005 terminaron de sellar su salida prematura del Rojo. Antes de marcharse, disputó otros míseros 5 minutos en la tercera fecha del Clausura, cuando ingresó en lugar del Turu Flores en la derrota por 1 a 0 ante Lanús.

Un semestre en el Querétaro mexicano (2005), al lado de César Carranza y Mauro Gerk, fue el paso previo al Conurba Experience con la casaca de El Porvenir (2006), que venía jugadísimo con el promedio del descenso: “Mi representante, Cristian Bragarnik, y sus socios estaban gerenciando al Porve y me propusieron ir”. ¿Cómo terminó la excursión? Con El Porve en la B Metropolitana, claro que sí. Ojo, lo peor todavía estaba, justamente, por venir.

A la vuelta, Independiente lo dejó libre junto a un “best of” de baldoseros como Roberto Carboni, Maximiliano Ayala, Tomás Charles, Martín Morello, Mauro Fanari y Pablo Torres. Tras un semestre de inactividad, el 2007 lo recibió otra vez en la tierra de los hermanos Weinbaum (?), aunque ahora con los colores de Peñarol, donde se entrenó antes de salir a buscar suerte en el fútbol italiano. ¿La encontró? Por supuesto que no. Y entonces terminó el año defendiendo la camiseta de Alvarado de Mar del Plata (2007/2008), equipo en el que tuvo una destacada actuación y con el que logró el ascenso al Argentino A.

A mediados de 2008, una oferta del Olmedo lo hizo armar las valijas y tomarse el palo a Ecuador. En la tierra de Delfín, mostró destellos de su mejor versión hasta que en 2011 una lesión en los ligamentos lo obligó a pegar la vuelta. De nuevo en casa, pasó por Alumni de Villa María en el Argentino A (2011) y en 2012 regresó a Alvarado de Mar del Plata, una categoría más abajo, aunque no pudo repetir el desempeño de su paso anterior.

Ese mismo año, Ricardo Dabrowski se lo llevó a Paraguay para jugar en Sol de América (2012/13). Si bien Rivas marcó tres tantos en su primer semestre, los resultados no acompañaron: en el Clausura, con el argentino entre los once titulares, el cuadro solense ganó apenas 2 partidos, empató 7 y perdió otros 7. Poco iba a cambiar la mano en la primera mitad de 2013, en la que tuvo menos acción y no convirtió: 2 triunfos, 2 igualdades y 2 derrotas. Todo terminó con Dabrowski eyectado de su cargo y Rivas, lastimosamente, relegado a la Reserva.

Una vez más en el fútbol vernáculo de los sábados, el Tanque se convirtió en uno de los bastiones de América de General Pirán (2013 a 2016), del Torneo Federal B, donde compartió plantel con otros baldoseros deluxe como Leonardo Tambussi, Carlos Junior IschiaGabriel Christovao y el nigeriano Fatai Olushola.

Decidido a incursionar en nuevas experiencias, hace algunas semanas Rivas se transformó en una de las principales esperanzas del Santa Clara (2017), pensando en lo que será la próxima temporada del Federal C, que arranca en febrero.

Desde acá, prometemos acompañarlo en todas y cada una de sus aventuras. Esperamos que no se quede sin nafta.

Argentinos Juniors con y sin publicidad (2014)

En el segundo semestre de 2014 y con Juan Román Riquelme como figura principal, Argentinos Juniors renegoció las publicidades de su camiseta para empezar a transitar su nuevo camino en el Nacional B. ¿Cómo lo arrancó? Sin sponsors, pero luego se irían sumando.

Promediando aquel Torneo de Transición, aparecieron dos. Volvió Liderar, compañía de seguros que había finalizado el vínculo poco tiempo antes, y se sumó Provincia.Net. El tema es que no todo estuvo muy coordinado.

Para el primer partido en La Paternal, contra Guaraní Antonio Franco de Misiones, parece que no tuvieron tiempo de estampar ambos chivos en todas las camisetas y el colombiano Reinaldo Lenis salió a jugar el primer tiempo con una distinta a la de sus compañeros. Para el complemento, terminaron con la discriminación (?) y le consiguieron otra con las dos publicidades.

Under Ladrón: Maksim Evgenevich Mankó

A mediados de la década del 2000, Rusia y Ucrania se llenaron de jugadores argentinos que se atrevieron a desafiar al frío y a lososopolare (?) para juntar petrodólares en pala. A nosotros esas historias nos gustan, pero imagínense si fuera al revés: ¿podría un jugador de esa parte del mundo probar suerte en Argentina? La respuesta está en este post, amiguitos. Hoy les contaremos la historia del ucraniano Maksim Evgenevich Mankó, fugaz crack del Sportivo Dock Sud en 2011.

Su caso es inédito. Tan único es, que para creerlo tuvimos que rastrearlo durante meses mediante periodistas ucranianos y rusos, y preguntarle vía skype por qué diablos decidió jugar en una de las categorías más bajas del fóbal argentino. Y desde Nueva Zelanda, donde hoy vive, Maskim nos contó su vida.

Dejó su Kiev natal a los 5 años, cuando sus padres tuvieron que emigrar por ser opositores al gobierno de Leonid Kravchuk, primer presidente de Ucrania tras la caída de la URSS. Se instalaron en Auckland, donde el pequeño Maksim, a pesar de todos los pibes de su edad practicaban rugby, empezó a mostrar interés en el futbol, sobre todo en el arco. Pero como el apellido no le jugaba a favor, a Mankó decidieron darle una mano (?) y lo probaron como volante por izquierda en las inferiores del poderoso (?) Three Kings United. Allí jugaba con Martín Torres, un argentino que tuvo un fugaz paso por las infantiles de River y Platense: él fue quien comenzó a vincular al ucraniano con Argentina y su irremediable futuro baldoseril.

“Martín me pasó un video del Kun Agüero y me volví loco. Empecé a tratar de copiar sus movimientos. Después empecé a ver más videos. Me fascinó ver las hinchadas, la pasión, cosas tan lejanas y raras para el fútbol de acá Nueva Zelanda. A los pocos días ya sabía la cumbia del Kun, la de ‘llevo el futbol en la sangre’, me gusta”, cuenta Maksim en perfecto español desde Auckland.

Mientras Mankó aprendía lo que hacía el ex Independiente dentro de la cancha y descartaba sus polémicos gustos fuera de ella (?), un técnico le hizo caso y lo puso de delantero. Él respondió con una interesante cantidad de goles, que lo hizo llegar a Primera en el 2009, con 19 años. Siguió mojando e inclusive fue convocado a la Selección juvenil sub 20. Hasta que un buen día decidió que si quería triunfar, debía emigrar y jugar en una liga de mayor nivel.

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“Así que acepté una invitación de Martín para veranear en Argentina. Nos fuimos los dos con un amigo de Etiopía, que estaba refugiado (!) con su familia en Auckland e hizo las inferiores con nosotros. Ni bien llegamos a Buenos Aires, empezamos a buscar equipos”. Se probaron en Acasusso sin suerte. Hablaron con un par de representantes, nada. Cuando se dieron cuenta que la vida del futbolista es una mierda a menos que tengas la guita necesaria como para delirarla toda en Cocodrilo (?), se dedicaron a pasear por la ciudad, morfar asado, escuchar cumbia y coquetear con pibas durante un par de semanas más. Finalmente pegaron la vuelta a Oceanía.

Pero a Maksim ya le había picado el bichito del baldoseo. Así que a principios del 2011 regresó a Buenos Aires. Juntó coraje, y casi sin conocer la ciudad, empezó a moverse en tren y a recorrer clubes. Estuvo en González Catán, intentando en Centro Español. “Era fuerte, rápido e iba a todas, unas condiciones físicas bárbaras, pero no entendía una goma, ni dentro de la cancha ni afuera”, cuenta Sergio Geldstein, ayudante de campo del conjunto gallego por ese entonces, y actual DT de Victoriano Arenas. Dónde estuvo más cerca de quedar fue en Excursionistas: llegó a entrenarse con la cuarta, pero a los pocos días lo limpiaron. Para colmo, en Núñez conoció la cara más peligrosa del país: Estaba caminando en un paso bajo a nivel, y de repente vi a dos pibes que sacaron armas y le robaron todo a otros tres que iban adelante. Mientras hacían lo suyo, me miraban. Me hice el boludo e me fui rapidito con los ojos en el suelo”.

Pero hablando de miradas, uno de los tantos representantes que había contactado le vio algo especial y le consiguió una prueba en Dock Sud, en la Primera B. Mankó se tomó otra vez el tren desde la casa de unos amigos en Don Torcuato donde paraba por esos días, se probó, corrió como nunca, conformó al DT Hernán San Martín y quedó en el plantel de Primera.

La adaptación en el Docke no fue sencilla: “Primero viví en la cancha del club, en una piecita que me habían conseguido al lado del vestuario. Eso fue difícil, estaba muy solo, todo era nuevo para mi”, recuerda Maksim. Arrancó el torneo 2011/12 como suplente, pero su debut como titular no pudo ser mejor: gol de cabeza en la victoria 2 a 0 ante Central Córdoba, y hasta tuvo 5 minutos de fama gracias a una nota en Olé, que se la jugó (?) con el título: “Dock Sud tiene su Schevchenko”.

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Maksim consiguió continuidad y llegó a disputar 15 partidos en los que marcó un total de 5 goles. “Cuando lo vi mojando con la camiseta del Docke no lo podía creer, me quería matar. Tenía mucha habilidad para pescar pelotas sueltas dentro del área”, recuerda Geldstein, el mismo que lo había rechazado en Centro Español.

Algunas reseñas periodísticas de aquellos partidos también reflejaban su capacidad rebotera cerca del arco rival. De la pequeña habitación en el estadio, “el ucraniano del Docke”, como empezó a conocerse en el ambiente del ascenso, pasó a un departamento que pudo alquilar en pleno centro de Avellaneda, y de a poco le empezó a encontrar la vuelta a Buenos Aires.

Para la siguiente temporada, Dock Sud se había reforzado con otros delanteros y Maksim tuvo una oferta en la siempre gélida (?) Santiago del Estero. El Club Atlético Güemes de esa provincia venía de descender del Argentino B y se preparaba para afrontar la Liga Santiagueña. Hasta allá viajó nuestro héroe en micro durante casi 20 horas. Pero cuando llegó, todo se complicó.

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El intermediario que lo había llamado nunca apareció, por lo que tampoco apareció la tagui (?) para él y varios de los jugadores que habían caído en el mismo cuento. “Encima el calor era insoportable, era imposible salir a la calle al mediodía. El club era un desastre, no teníamos ni para comer”, se ríe por skype el ucraniano. Jugó un par de partidos de pretemporada allí hasta que el desarraigo pudo más y volvió a Nueva Zelanda para fichar por su primer amor, el aún poderoso (?) Three Kings United.

Ese pudo haber sido el final de sus aventuras, pero no: “Tuve un 2012 genial en mi país, pero descubrí que tenía ganas de seguir viajando. Así que a finales del año recibí una oferta de Costa Rica. Armé las valijas, saludé a todos y me fui otra vez”.

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Maksim llegó al Santos de Guápiles, de la Primera División tica, con el mote de delantero exótico, según una nota del diario La Nación del 28 de diciembre. Se convirtió así, con 2 goles en 20 partidos, en el primer ucraniano-neozelandés en jugar en ese país.

Lo que siguió a semejante baldoseada fue el amor. Maksim no renovó en Costa Rica, y a pesar de algún interés de regresar a Argentina, eligió otra vez Nueva Zelanda y allí conoció a Javiera, una chilena de la que se enamoró perdidamente. Jugó en diversos equipos hasta que su novia lo invitó a pasar un tiempo en Chile a principios del 2015, donde el muy terco probó suerte para ingresar en algunos equipos del ascenso mientras laburaba en la empresa de su suegro. No tuvo suerte y en diciembre del mismo año, decidió instalarse definitivamente en Auckland, donde se entregó definitivamente al amor (?) y se casó.

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Fichó para el WaiBOP United, de la Primera División, donde sigue convirtiendo goles. Y encontró una nueva veta en la docencia, ya que se se convirtió en la cabeza de un proyecto único para promover el fútbol en Nueva Zelanda: Mankó es el entrenador de Mount Roskill Grammar School, una respetada escuela secundaria de las afueras de Auckland. Tiene a su cargo varios equipos de chicos de entre 15 y 18 años.

“Pasé grandes momentos en Argentina y extraño la pasión de la gente por el fútbol. Recuerdo la vez que le tiraron una piedra al auto del presidente del Docke porque perdimos un partido. O cuando nos robaron los botines a todos en el vestuario, y unos días después vinieron unos chicos a vendernos… ¡nuestros propios botines! Los echamos a patadas… pensándolo bien, mucho no extraño, jajaja”, cierra Maksim la charla por Skype, apurado por sus amigos que lo están esperando hace un rato largo para ir a pescar, no goles como cuando sorprendía a todos en Dock Sud, sino peces de verdad.

Bollino

Mal Pase: Maradona al Corinthians (1993)

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No existe brasileño que no haya soñado alguna vez con Diego Armando Maradona. Para mal, después de esa habilitación celestial al Cani en Italia 1990, o para bien, con la ilusión de verlo vistiendo la casaca de su equipo en algún partido del Brasileirão. En 1993, tras el fracaso de Palmeiras la temporada anterior, fue otro gigante paulista, Corinthians, el que tuvo la puerta entreabierta para intentar alguna aproximación con el Diez.

En agosto de ese año, Mário Sérgio (recientemente fallecido en el accidente de la delegación del Chapecoense) se había hecho cargo de la dirección técnica del Timão y no perdía las esperanzas de tener en su plantel al Diegote, a quien había conocido durante su brevísimo paso por Rosario Central a fines de los setenta.

“Primero tengo que decidir lo más importante, que es volver a jugar. Después, tengo un compromiso con un amigo, que lo saben todos, que es el Bambino Veira. Y si esto no se da, bueno, tendré la posibilidad, si es que me decido a jugar, de Corinthians”, decía Maradona ante los micrófonos de la Rede Bandeirantes, en Montevideo, mientras se sometía a un tratamiento intensivo para bajar de peso tras su salida del Sevilla español.

Si bien algunas diferencias con Fernando Miele lo alejaron de Boedo del Bajo Flores cuando todo parecía arreglado, el destino del Diego tampoco estuvo en São Paulo, sino en Rosario, donde defendió los colores del club de sus amores: Newell’s Old Boys.

Casi una década después de haberse retirado de la actividad, en 2006, el más grande de todos los tiempos pudo cumplir su viejo anhelo de vestir la camiseta de la Canarinha en una publicidad de gaseosa. ¡Caramba, que pesadelo!

Gracias Rashid Ali García

Voy al Arco: Brito (2014)

Aunque el protagonista no de la cara, la historia vale la pena. Primero, hay que ubicarse en tiempo y espacio: Torneo del Interior, cuartos de final, partido de vuelta. Independiente de Tandil recibía a Estudiantes de Olavarría. En la ida, el Bataraz se había impuesto por 2 a 0. En la revancha, se repitió el resultado, pero a favor de los de la piedra movediza (?). Entonces, fueron a penales para definir quién avanzaba a semifinales y quién quedaba afuera.

La definición transcurría con normalidad hasta que el arquero visitante, Carlos Descárrega, contuvo el quinto remate de los locales. Con esa atajada, le daba la victoria a su equipo. Pero el árbitro, a instancias del juez asistente, decidió anularlo por adelantamiento y, después de la protesta, expulsar al 1. Cuando volvió la calma, Víctor Brito (ex delantero de Cañuelas, Comunicaciones, Temperley) se hizo cargo de remplazar a su compañero. No pudo con el primer disparo, pero detuvo el próximo y así le dio la clasificación a Estudiantes.

Brito, que había errado un penal en la definición desde los 11 metros, se sacó méritos a pesar de ser el héroe de la jornada: “Agarré los guantes como quizás los hubiese agarrado cualquiera de mis compañeros, todos estaban dispuestos, yo simplemente pedí los guantes”. Una verdadera hazaña.

Antonio Juan Ignacio

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Juan Ignacio Antonio (Iñaki)

Fue la aparición más sorprendente de River Plate en 2006. Apenas un puñado de meses en Reserva le bastaron al delantero Juan Ignacio Antonio para ganarse un lugar de privilegio en la consideración de Daniel Alberto Passarella que, tras un golazo en una práctica en la que le tocó jugar por el Burrito Ortega, no dudó en mandarlo al banco de suplentes en la segunda fecha del Torneo Apertura, ante Newell’s Old Boys, en el Monumental.

Nacido en Trelew el 5 de enero de 1988, Antonio venía de romperla en las divisiones inferiores de la filial de la Comisión de Actividades Infantiles (CAI) y hasta había llamado la atención de los cazatalentos del Liverpool inglés y el Inter italiano, a los que les dijo que no. También, era una figurita frecuente en las convocatorias de Hugo Tocalli a las selecciones Sub 17 y Sub 20.

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El Millonario lo venía siguiendo desde hacía dos temporadas, pero sus padres se negaban a que el atacante viajara a Buenos Aires hasta que finalizara la secundaria. Bicho raro entre los futbolistas, cuando terminó el colegio se anotó en la Facultad de Derecho, pero tuvo que largar porque los horarios coincidían con los entrenamientos.

“Me gusta bajar a buscar la pelota, no soy un delantero de área y trato de sacrificarme por el equipo, y más por la camiseta de River, que la defiendo a muerte porque desde chico soy hincha fanático”, decía, a modo de carta de presentación, en una entrevista al diario Clarín. El debut del niño mimado del Kaiser, que hasta había sido incluido en aquel polémico convenio con el Locarno suizo, era cuestión de tiempo. Y llegó rápido: en la tercera fecha, contra Racing. Esa tarde, la Academia derrotó a River por 3 a 1 y Antonio reemplazó al Tecla Farías cuando quedaban poco más de veinte minutos.

El juvenil volvió a aparecer a la semana siguiente, cuando ingresó a diez del final en lugar de Ariel Ortega en la victoria por 2 a 0 ante Argentinos Juniors y la otra, versus Arsenal de Sarandí, cuando sobre la hora entró por el Pipita Higuaín. Además, se anotó unos porotos en la eliminación de la Copa Sudamericana en manos del Atlético Paranaense de Brasil.

Algunos problemas físicos (operación de pubalgia y tendinitis en ambas rodillas) lo complicaron en el arranque de 2007 y durante el Clausura apenas fue una vez al banco de suplentes: en la fecha 11, ante Banfield. Reapareció un año después de su debut, en la jornada 7 del Apertura, en una goleada frente a Vélez, cuando le tocó reemplazar a Marco Ruben en el primer tiempo y conformar una inesperada dupla de ataque con Andrés Ríos. Dos semanas más tarde, contra Lanús, se anotaría otros 15 minutos en su currículum, cuando entró en lugar de su ídolo, el Burrito Ortega.

El alejamiento de Daniel Passarella y una seguidilla de lesiones graves prácticamente lo sacaron del mapa futbolístico. En esos tiempos apartado de las canchas, mataba las horas libres como guitarrista de La vieja mimosa, banda de rock que compartía con familiares y amigos.

Ya recuperado, a los tumbos deambuló por la Reserva hasta 2010, ahora con el Kaiser como presidente, cuando Leonardo Rubén Astrada lo sacó del freezer y lo puso un ratito ante Newell’s Old Boys por la fecha 13 del Apertura. También jugó en la jornada siguiente, frente a Atlético Tucumán, antes de que al Jefe le dieran el olivo. Ya con Ángel Cappa como entrenador, fue suplente una vez y, finalmente, a mediados de 2010 quedó libre.

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La resurrección (?) llegaría en el fútbol italiano, de la mano de Filippo Colasanto, un agente FIFA que lo había visto en Reserva y le consiguió un test en el Brescia (2010). Tras casi un mes a prueba en gran nivel, firmó contrato por dos temporadas, aunque apenas disputó un partido por Copa Italia y se marchó cedido al Ascoli (2011) de la Serie B.

En su nuevo club jugó solamente en seis ocasiones, pero fue el héroe de la ciudad gracias a un gol al Frosinone que sirvió para mantener la categoría. Algunas buenas actuaciones en su regreso al Brescia (3 tantos en 20 encuentros en 2011), lo pusieron en la mira de la Sampdoria (2012), donde conocería a Chiquito Romero, Maximiliano López, Mauro Icardi, Fernando Tissone y el uruguayo Bruno Fornaroli y lograría el ascenso a la Serie A.

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Consultado sobre la posibilidad de vestir la maglia azzurra, decía: “Si tengo la suerte de jugar, que sea en la Selección Argentina. Me siento italiano, tengo doble nacionalidad. Pero mi corazón es argentino”. Y agregaba: “Prefiero un amistoso con Argentina que un Mundial con Italia”.

Sin espacio en el plantel principal de la Samp en Primera (8 minutos en 2 partidos), se fue a préstamo al Varese (2013), donde las lesiones atentaron contra su continuidad. Buscó regresar a su mejor versión en Brescia (2013/14), pero ya nada sería igual. En septiembre de 2014 se sumó al Parma en una operación que incluyó el traspaso del argelino Djamel Mesbah a la Sampdoria, sin embargo, inmediatamente fue cedido al FeralpiSalò (2014/15) de la tercera división, donde dijo basta.

Antes de convertirse en un gitano de las categorías más insólitas del Calcio, en octubre de 2015, decidió colgar los botines para volver a su Trelew natal y dedicarse a su otra pasión: la música.

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“Italia ya me dio todo lo que tenía para dar. Me cansé del fútbol. Hablé con mi esposa y mi hijo y voy a dedicarme a la música. Ya agarré mi vieja guitarra y estoy listo para los escenarios. Quiero aprovechar la vida lejos del fútbol. Dos acordes y un micrófono me alcanzan para ser feliz”, decía. Y así va por la vida buscando lo que justamente le faltó a su carrera futbolística: ritmo.