Resaca: Craig Burley, una vida al dente

Además de los duendes rabiosos, la limadura de Colin Farell y el siempre sospechoso altruismo de Bono Vox de U2, la existencia de la República de Irlanda es conocida y conmemorada cada vez que se menciona, y por sobretodo se bebe, a la típica y renombrada cerveza Guinness.

Establecida como la birra del tipo Porter (negra) más representativa de la galaxia, es fácilmente identificable por su textura “gruesa” y cremosa; como así también por un destacado color, que oscila, según cada quien, entre el negro, el azul marino o hasta, para algunos, cierta vertiente del marrón.

Muy cerca de Irlanda, en el mismísimo Reino Unido, se encuentra una de sus díscolas primas ebrias: Escocia, una nación cuya Selección también es fácilmente identificable por el color de su camiseta, que a lo largo de la historia ha oscilado entre el negro, el azul marino y cierta vertiente del marrón. Insistimos, según la visión de cada quien…

burleybirra01Pero además de eso, tanto hinchas como jugadores y hasta técnicos de esa nacionalidad son famosos por su dependencia y adoración por la cerveza, teniendo a la Guinness como la favorita entre las favoritas. Y llevando esta birra tanto en la mano como en el estómago, es como la pintoresca barra de seguidores escoceses –conocidos como la “Tartam Army”– se hizo famosa a lo largo y ancho del planeta. Bueno, la cerveza y también esas polleritas que dejan ver rojizos culos gordos y pichulas (?).

No conforme de ser el elixir que regocija los corazones de los británicos, Guinness también es sinónimo del exclusivo “Libro de los Récords”, el cual nació de las entrañas de la propia cervecería. Y claro, si hablamos de escores, la última Selección de Escocia que vimos en una alta competencia –Francia ´98- poseía algunos difíciles de quebrantar. El primero, ser la escuadra con el promedio de edad más elevado en una cita mundialista hasta ese momento. El segundo, incluir la mayor cantidad de jugadores desdentados que se haya visto en la historia…

Tipos como Jim Leighton (39), Tom Boyd (32), Colin Calderwood (32), Tosh McKinlay (33) ó Gordon Durie (32) subían el promedio de edad del plantel hasta límites exorbitantes. Y, por supuesto, se encontraba un incisivo, un canino o un molar cada cinco minutos (?). Sin embargo, de todos ellos, el más recordado es el mediapunta Craig Burley, autor del tanto del empate frente a Noruega, quien, al igual que sus compañeros antes mencionados, también perdió el comedor en peleas de pubs, abombado por exceso de malta y lúpulo…

Tras un derrotero que después incluyó al Derby County, al Dundee de su país y al Preston North End, el querido Craig Burley finalizó su carrera en el año 2004 defendiendo la divisa del Walsall del profundo ascenso inglés.

Luego de un par de años desaparecido del mapa y siendo sindicado como un borrachín perdido en la cerveza Guinness, el antiguo internacional reapareció en el año 2010 – presuntamente sobrio y con una preciosa dentadura nueva- como comentarista de la cadena ESPN.

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Sin embargo, ciertos comentarios desacertados y un visible encono irónico hacía el Celtic Glasgow, hicieron a varios hinchas dudar de su sobriedad. De hecho, si tienen la voluntad de buscar verán que, en cada foro partidario de dicho equipo escocés, cada mención sobre Craig Burley viene acompañada de la frase “This motherfucker drunk guy”, entre miles etílicos elogios (?). ¡Que tipos malos!

Dolido por las hirientes dudas sobre su rehabilitación, Burley juró antes las cámaras que sus días como consumidor de cerveza Guinness, peleador de pubs y protagonista de hechos sinsentido habían quedado atrás. Acto seguido y para que no quedasen dudas sobre recuperación manifestó que la vuelta de Fernando Torres al Atlético de Madrid sería un fiasco y que él se tatuaría la cara del español en caso que El Niño le convirtiese algún tanto al Real Madrid en el re-debut del delantero por los Octavos de Final de la Copa del Rey 2014/15.

¿Y qué pasó? El Niño marcó dos tantos –el primero al minuto de juego- para que Craig Burley le hiciera honor a una promesa de borracho aunque, eso sí, en total estado de sobriedad. Claaarooooo….

burleybirra03Y así, casi 20 años después, la vieja y querida Selección de Escocia del 98 puede sumar otro hito difícil de empardar al Libro de los récords Guinness: ex jugador alcohólico, ahora sobrio, que sin embargo rinde promesas de borracho. Y todo, gracias al compañero de copas Craig Burley… ¡Salud!

Chapitas: Aloísio Chulapa

Aloísio José da Silva (Aloísio Chulapa)

Como futbolista, Aloísio José da Silva desarrolló un currículum más que interesante. Asomó en el Flamengo de mediados de los 90, en aquel plantel que tenía al ataque de los sueños con Romário, Edmundo y Sávio. Desde el banco de suplentes, fue partícipe de esa maravillosa tángana ante Vélez por la Supercopa 1995 y hasta surtió… a uno de sus compañeros. No obstante, en su puesto natural de delantero no tendría muchas chances en el Mengão y pasó a préstamo al Guaraní paulista. A comienzos de 1997 llegó al Goiás y la rompió. Fue tricampeón estatal y a mediados de 1999 lo vinieron a buscar de Europa.

En Francia, primero actuó en el Saint-Étienne y luego conoció a un tal Ronaldinho Gaúcho vistiendo los colores del Paris Saint-Germain. Más tarde jugó un tiempo en Rusia y regresó a Brasil para disputar la Copa Libertadores 2005 con la camiseta del Atlético Paranaense y ganar el Mundial de Clubes de ese mismo año, frente al Liverpool, con el São Paulo, donde estuvo hasta 2008. Desde entonces, se dedicó a deambular de acá para allá, a lo largo y a lo ancho de su país.

Sin embargo, el pico máximo de la popularidad de Aloísio Chulapa (apodo que heredó de Serginho Chulapa, goleador histórico del tricolor paulista) se dio ya en el punto extremo del betocarranceo de su carrera -colgó los botines a comienzos de 2017, a los 42 años- y gracias a la combinación de dos factores: su activa participación en las redes sociales y su fanatismo por la cerveza. O como le dice él, el Danone, nombre que surgió en un encuentro con uno de sus mejores amigos, el Emperador Adriano, a quien conoció cuando era apenas un juvenil de las inferiores del Fla.

Desde su fantástica cuenta de Instagram (@aloisiochulapa), Aloísio hace las delicias de sus más de 250 mil seguidores, siempre acompañado de una birra. Ya apareció en las situaciones más disímiles: con un botellón gigante, al lado de una heladera ploteada con su imagen, adentro de la heladera, soplando la vela de una torta con el logo de Skol, escabiando con el perro e incluso ¡¡¡disfrazado de El Zorro!!!

Uno de los hits de Chula, que impuso frases como mim acher, descubra, chama o SAMU (el equivalente brasileño al SAME) o “acaba não, mundão”, fue cuando enseñó a tomar “Danone doble”. ¿Qué es eso? Dos vasos de cerveza en una misma mano: uno lleno que derrama el contenido en el segundo (a medio llenar) y de ahí directamente a la barriga (o los riñones) de nuestro héroe.

¡Salud!

Cellerino Gastón

Gastón Andrés Javier Cellerino (El Dura)

Un año acá, otro año allá. Un poquito en América, un toque en Europa, una experiencia en Asia. Una típica carrera de Football Manager. Eso que muchos de nosotros hicimos en más de una ocasión con una PC, pero trasladado la vida real, donde no se pueden guardar partidas ni apagar el CPU. Eso fue lo que hizo y sigue haciendo Gastón Cellerino, el protagonista de esta historia.

Nació en Viedma, capital de Río Negro, el 26 de junio de 1986. Se probó en River y en Boca, pero debutó con la camiseta de Deportivo Patagones, donde hizo inferiores.  Su salto al fútbol grande, sin embargo, sería de a poco y en el exterior. Ese inicio marcaría el resto de su trayectoria.

A comienzos de 2007, Cellerino recaló en Perú para ponerse la camiseta de la Universidad de San Martín de Porres. Y lo que parecía un destino incierto, terminó siendo un buen punto de partida. Allí conoció a otro argentino, el ex Boca Enzo Gutiérrez, con el que conseguiría levantar el trofeo de Campeón de Primera División.

En el segundo semestre de aquel 2007, al delantero rionegrino le tocaría la chance de probarse en Peñarol de Montevideo. En lo futbolístico, Cellerino pasó la prueba, pero quedó debiendo en lo otro. Le faltó algo. ¿Cómo decirlo? Un plus. Bueno, según el mismo jugador, no puso lo que tenía que poner y entonces no pudo jugar ni un minuto con la camiseta del Manya.

Pero si esa fue una mala experiencia, qué decir de lo que le pasó meses más tarde, cuando vivió una tenebrosa situación en México, mientras entrenaba en los Alacranes de Durango. “Todo el mundo al que se lo cuento se caga de risa, pero yo estuve ahí y sé lo que pasó. Era una residencia de tres pisos que tenía 20 habitaciones y 15 baños. Al principio estábamos bien, pero por las noches empezamos a sentir ruidos, chicos que corrían en la planta baja. Una noche me golpearon la puerta y no sabía qué hacer, me quedé encerrado. Al día siguiente le pregunté a mi compañero si había sido él y me dijo que no, que a él le pasó lo mismo. Yo tenía la habitación en el primer piso y cuando escuchaba ruidos no me animaba a salir. Bajar por la escalera era de terror. Pasé dos noches sin dormir y en un entrenamiento me desmayé de lo cansado que estaba. Mis compañeros me preguntaron qué me pasaba y les conté. Ellos se volvieron locos y les exigieron a los dirigentes que nos cambien de casa. El lugar en el que estábamos viviendo había sido un orfanato y lo cerraron porque varios chicos habían muerto ahogados en los baños”, declaró en una nota de La Nación.

Obviamente, salió corriendo de ahí y gracias a la recomendación de su amigo Enzo Gutiérrez terminó en Chile, donde la rompería con los colores del Rangers de Talca (2008). No solo hizo muchos goles, sino que además uno en particular, de chilena ante Palestino, mereció el aplauso del árbitro Carlos Chandía.

Ya en 2009, empezó a ser requerido por varios equipos europeos. Incluso tuvo un Mal Pase a la Lazio, pero después de sacar cuentas arreglaría con el Livorno (2008 a 2013), de la segunda división de Italia. Si bien el equipo terminaría ascendiendo en la primera temporada, Cellerino tuvo escasa participación, así que lo pusieron en la lista de jugadores a prestar.

Fue entonces que se fue al Celta de Vigo (2009/2010), de la segunda española. ¿Le fue bien ahí? No, solo hizo un gol y lo recuerdan de mala manera por su pesadez en la cancha. Su hit lo marcaría en un partido ante el Real Unión, cuando no saludó a un compañero en un cambio del segundo tiempo. Le harían la cruz.

Curiosamente, en su período en Vigo despertó el interés de Sabella. ¿Del DT de la Selección? No, de Sabella Vidal Iglesias, su novia española, con la que se terminaría casando en Viedma.

Tras la cesión, volvió a Livorno, pero de nuevo viviría la indiferencia del entrenador. Fue entonces que, meses más tarde, le llegaría la posibilidad de jugar en el fútbol argentino. Más específicamente en el Racing del Cholo Simeone.

Para ese entonces, El Dura no estaba para nada activo, pero le tocó hacer la presentación oficial junto a otro refuerzo: el futuro instagramer Brian Sarmiento. En el Apertura 2011, Cellerino fue al banco en un puñado de encuentros, pero solo ingresó en dos: en el empate 0 a 0 ante San Martín de San Juan y en la derrota 3 a 2 frente a Belgrano de Córdoba. Racing fue subcampeón del Boca de Falcioni.

Habían pasado varios años y Cellerino no podía agarrar continuidad. Fue en ese momento que le surgió la chance de regresar a Chile para defender otra divisa: la de Unión La Calera (2012). ¿Cómo le fue ahí? Bastante bien, pero todo se vio opacado por un pequeño incidente, un detalle, un desliz. Una terrible patada al pecho, bah.

El 14 de noviembre de 2012, el argentino saltó a la fama cuando le aplicó una certera patada voladora a Mauricio Viana, el arquero de Santiago Wanderers que lo había puteado. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y Cellerino se comió 7 fechas de suspensión. No solo eso, además fue detenido tras el partido en el estadio Playa Ancha de Valparaíso.

Después de haber pasado unas horas en la comisaría, el atacante declaró: “Uno reacciona en caliente cuando insultan a tus familiares. El no tendría que haberme dicho nada. Yo salí tranquilo después de la expulsión y me fue a insultar de la nada”. El famoso conmiviejanotemetá.

Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Tras un breve regreso a Livorno, donde solo disputó 3 partidos y no convirtió, a mediados de 2013 le ofrecieron volver a Chile…¡para jugar en Santiago Wanderers! Lo primero que tuvo que hacer ni bien llegó a los Caturros, fue saludar a Mauricio Viana, un enemigo que ahora pasaba a ser compañero.

Con la camiseta verde volvió a mostrar que Chile era el lugar donde mejor rendía. Marcó 17 goles en dos temporadas, hasta que le surgió la chance de cumplir el sueño americano.

En 2015, se fue a Estados Unidos para jugar en el New York Cosmos, una versión aggiornada del viejo equipo de Pelé y Beckenbauer, pero con Raúl, Marcos Senna y el ex Independiente Samuel Cáceres. ¿El torneo? La NASL, la segunda liga en importancia de los gringos.

Cellerino apenas hizo un gol en la fase regular, pero sería clave en la definición, metiendo un gol en semis y un triplete en la final ante el Ottawa Fury. No solo fue campeón, sino que se llevó el MVP del último partido, opacando al español Raúl, que ese día se despedía del fútbol. Bueno, Senna también se retiraba, pobre (?).

Cuando muchos lo esperaban por estos pagos o de nuevo en Chile, en enero de 2016 el impredecible Dura arregló con el Bolívar de Bolivia. ¿Goles? Sumó 14 en 39 partidos, pero se lo recuerda especialmente por el que le marcó a Racing en la Copa Libertadores. El tema es que ese mismo año se fue expulsado en un partido clave de la liga local y no pudo jugar el choque decisivo ante el The Strongest, que saldría campeón. Se tuvo que ir.

Para el 2017 aparecía la Universidad de Concepción en su horizonte, pero inesperadamente terminó en el Felda United, de la Superliga Malasia. Ahí tuvo de compañero al ex Argentinos Lucas Cano, pero la experiencia no fue buena.

Hace pocas horas, mientras armábamos este post, se sumó al Deportivo Pasto de Colombia, confirmando que su carrera es una partida de Football Manager. ¿Quién no lo hizo? Un año acá, otro año allá. Goles y más goles, hasta que nos olvidamos de guardar la partida y tenemos que empezar de cero. Eso sí es una patada al pecho.

Etiquetas: Peñarol con Doble Uruguaya

A comienzos de 2001, el Club Atlético Peñarol estaba en reconstrucción después de haber conseguido el segundo quinquenio de su historia entre 1993 y 1997. La transición venía siendo dura en cuanto a resultados (un título en cuatro temporadas) y también en el tema comercial.

Parmalat, su sponsor durante los años dorados, estaba en pleno declive y no había renovado su contrato después del título de 1999.  SportsYa, auspiciante en 2000, había entrado en la crisis irreversible de los .com que terminó con varios sitios pioneros de la web en la bancarrota. Por ese motivo, Peñarol regresó al signo de interrogación que había aparecido en la camiseta luego de la rescisión de Parmalat.

La original estratagema (?) dio sus frutos cuando, en mayo de ese mismo año, Fábrica Nacional de Cervezas firmó un contrato por tres temporadas para que una de sus marcas apareciera en la casaca manya. De esa manera, se pretendía darle un salto de popularidad a uno de sus productos más antiguos: la Doble Uruguaya.

Whilem Sommers, el alemán cliente de Cervecería Uruguaya que terminó siendo marca registrada.

Esta cerveza era una de las más añejas, ya que su primera producción data de la segunda mitad del siglo XIX, cuando la Cervecería Uruguaya (fundada en 1866) lanzó la Uruguaya (cruda) y la Doble Uruguaya (fermentada). La Doble fue líder del mercado durante la existencia de la cervecería e incluso siguió siendo el estandarte cuando pasó a ser parte de Fábrica Nacional de Cervezas, en 1932.

En la década del 50 se dejó de producir la cruda, afirmándose el liderazgo de su hermana, pero a fines de la década del 60 y a principios de los 70, todo cambiaría. La necesidad de renovación en un mundo que estaba cambiando social y políticamente (aunque no se pueda creer, también llegó a un Uruguay que ya estaba dominado por el Plan Cóndor), facilitó la desaparición de la Doble Uruguaya como marca insignia de FNC y la irrupción de Pilsen en el mercado masivo.

La cerveza empezó un declive interminable que terminó casi en la interrupción de la marca, hasta que en 1995 la fábrica decidió que era tiempo de revivir su primer éxito, pero el intento fue un fracaso que duró apenas dos años.

Hubo otro re lanzamiento de la Doble en 2001, acompañado por un contrato de tres años con Peñarol. El resultado no fue el esperado: a pesar de que Doble Uruguaya prometía regalar 1000 camisetas aurinegras y era la birra más barata del mercado, también es cierto que era horrible, así que no sumó nuevos adeptos como para prolongar su estancia en las góndolas.

A tono con el sabor de su auspiciante, Peñarol perdió el título del 2001 por razones futbolísticas y el título del 2002 por culpa de su hinchada, ya que arrastró 3 puntos de descuento por incidentes que le hubieran permitido ganar el Clausura.

Vale destacar que ese año se dio el único gran triunfo de Doble Uruguaya en la camiseta del manya: su logo quedó inmortalizado en los únicos 3 goles hechos por Joseph Akongo, el camerunés que nadie supo de donde salió ni adonde se fue.

Para hacer el golpe mas doloroso aún, en ambas temporadas fue campeón su clásico rival, el Club Nacional de Football.

Al término del Apertura 2003 y luego de otro fracaso deportivo, el acuerdo llegó a su fin cuando habían pasado 2 de los 3 años de contrato. Para el Clausura de ese año, llegaron los dólares de Pirelli (con José Luis Chilavert) y el carbonero logró romper la racha adversa.

Para finalizar, debemos señalar que después de pasar dos años en el pecho de los aurinegros, Doble Uruguaya dejó de existir como marca, sufriendo el mismo camino que sus antecesores: Parmalat y Sports Ya! ¿Camiseta mufa? Para pensar.

Etiquetas: Nottingham Forest (1984 a 1997)

Es difícil encontrar un maridaje más perfecto que la camiseta del Nottingham Forest y las cervecerías, desde 1984 e ininterrumpidamente hasta 1997 main sponsors de los colorados, que todavía gozaban de una enorme reputación gracias a los títulos conseguidos a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, como la liga inglesa, el bicampeonato de la Copa de Clubes Campeones Europeos (la actual Champions League) y la Supercopa UEFA. Todos dirigidos por el recordado Brian Clough (aquel de la película The Damned United), que se mantuvo en el cargo ¡entre 1975 y 1993!

Entre 1984 y 1986 fue la danesa Skol (que contrariando la creencia popular no es brasileña) quien estampó su marca al frente de la casaca del Forest y arrancó bárbaro: afuera de la Copa UEFA 1984/85 en primera ronda contra el Brujas de Bélgica.

Tras un breve interinato de Home Ales en la temporada 1986/87, la posta la tomó Shipstones (en la imagen de abajo defendida por un jovencísimo Roy Keane), que se mantuvo hasta 1993 -alternando en los partidos televisados con la canadiense Labatt’s (ambas del mismo dueño) durante la 1992/93- y se fue como corresponde, en gran estilo: descendiendo a la Division 1.

Ya con Labatt’s como sponsor fijo, Nottingham volvió rápido a la Premier League y pegó un campañón en la 1994/95: terminó tercero y se metió en la Copa UEFA 1995/96, de donde marchó en cuartos de final, con una paliza incluida ante el Bayern Munich. Nada comparable con el dolor de ojos que fue ver la camiseta suplente que usaron entre 1995 y 1997, cuando las cosas acabaron mal: con un nuevo descenso.

Luego de 13 años consecutivos de cervecerías en el pecho, la llegada de la aseguradora Pinnacle inició una nueva era de fracasos estrepitosos. De las últimas 20 temporadas, Nottingham Forest pasó apenas una (la 1998/99) en la Premier League. Incluso, hace algunas semanas se salvó con lo justo de caer a Tercera, lo que desencadenó en una increíble invasión de cancha para festejar.

Resaca: “En Tu Cabeza Hay Un Gol”

Muchos de quienes hacemos este blog y, con certeza, varios de quienes lo consumen, tuvimos nuestra adolescencia, juventud y estado de gracia durante la añorada década de los noventa. Dos lustros de amplio descubrimiento en diferentes sentidos y, por sobretodo, de una profunda e ingobernable locura. También en todos los sentidos. Para soportar los años noventa, uno tenía que volverse poco menos que un desequilibrado.

Al descubrimiento sexual, monetario, laboral, sobre el manejo del mundo y etcétera, etcétera, hay que soslayar uno fundamental en nuestra existencia: el descubrimiento de los placeres, dotes y bondades de consumir hectolitros de cerveza. Algo que también colaboraba, según la tolerancia de cada quien, en abrir las compuertas de la demencia.

La por entonces prestigiosa Cervecería y Malteria Quilmes también andaba en la fase de experimentación y se encargó de ser la máxima colonizadora de un terreno, por entonces, casi inexplorado: el marketing de las bebidas alcohólicas en nuestro viejo y querido fútbol argentino. Y ya nada volvió a ser lo mismo.

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Como primera medida, la empresa del sur del Gran Buenos Aires le metió su publicidad a las camisetas de Boca y River Plate, los equipos más populares de la Argentina.

Y además del Quilmes Atlético Club (que por entonces estaba en la B Nacional), la sponsorización de la cervecería recayó en un convidado de piedra: Vélez Sársfield, lo cual llevó al por entonces Presidente de aquella institución, Raúl Pistola Gámez, a poco menos que agarrarse a puñetazos con los ejecutivos de la firma y a vociferar en los medios de comunicación: “La camiseta del Fortín vale lo mismo o más que las de Boca y River. Si los de Quilmes no nos pagan lo mismo que a ellos no vamos a dejar que sigan manchando nuestra camiseta con su logotipo”. Claro que si, viejo. Por que en los noventa estábamos todos medio mal de la cabeza…

La segunda medida, la más revolucionaria de la cervecera, fue la confección de diferentes spots televisivos vinculados al fútbol, muchos de los cuales quedaron incrustados en el inconsciente colectivo. ¿El primero de ellos en pasar a la inmortalidad? “Gol, Gol, Gol, en tu cabeza hay un gol”, de 1997.

El recordado comercial de la agencia Agulla & Baccett intentaba apelar a la pasión, pero a la vista de todos está que su foco lo hacía más que nada en la locura. Abundaban personas fuera de sí, un hembrón solo en medio de una popular, gente colgada peligrosamente de autos y colectivos, y un tipo con una bandera parado sobre el tablero del Monumental. Hasta aparecía la destacada figura de Ariel Ortega haciendo algo de magia. Porque lo principal era la coherencia (?).

Pero además, frases como “No lo podés parar”, “Vas a gritar, a sufrir y a llorar”, “Y nunca más lo pudiste dejar”, “Es un sabor que tu garganta no olvidará nunca”, daban a entender que Quilmes nos consideraba unos junkies futbolísticos.

Para cerrar el círculo y contribuyendo a la leyenda, el jingle estaba cantado por el mismísimo publicista Ramiro Agulla, dato que él mismo se encargó de confirmar más de una vez. Sin embargo, existe otra versión sobre la voz de aquel spot.

Para muchos, quien interpretó ese tema no fue otro que Ricky Espinosa, vocalista de la banda Flema, quien seguramente hubiera visto con esta publicidad más billetes que en toda su profesión como músico. Años más tarde, se suicidó arrojándose del balcón ante la promesa de “si pierdo este partido de Play, me tiro por la ventana”. Y efectivamente la leyenda del punk rock vernáculo fue derrotada. Locura, locura y más locura…

Poco después, con el estribillo cantado hasta por las minitas en los colegios y también sonando en los informes futboleros de Diego Korol en Videomatch, a todos no bajó la resaca cuando descubrimos que no se trataba de una composición original sino que era una libre adaptación (?) de la canción “Born Slippy” de la banda galesa Underworld, la cual sirvió como tema principal de la película definitiva de los noventa: Trainspotting.

El filme de Danny Boyle -spoiler alert (?)- trataba sobre un grupo de jóvenes escoceses heroinómanos quienes, además de estar involucrados en el crimen y el abuso excesivo de cerveza, hacían varias referencias futboleras, como jugar un partido de papi contra unos adictos en recuperación o sobre el gol que Archie Gemmil le convirtió a Holanda en Mendoza durante el Mundial ’78 para la victoria escocesa por 3 a 2.

Y fue ahí, vinculando “Gol, gol, gol, en tu cabeza hay un gol” con Trainspotting, que nos dimos cuenta que los jóvenes de la década de los noventa éramos mas o menos parecidos en diferentes latitudes y que también estábamos hermanados por la siempre adictiva pelota número 5.

Por más que en la cabeza de algunos hubiese un gol y en la de otros un porrón lleno de cerveza atravesado en el marote. Y sobre todo, locura, locura. Así fueron los noventa. Choose Life, Choose Beer…

Trapasso: Dogos, Orión es argentino

Valorado como arquero, referente, campeón con varios equipos, cuestionado por sus célebres cagadas en partidos clave, sospechado de dividir vestuarios, repudiado por algunas situaciones extrafutbolísticas. Siempre protagonista, nunca ignorado. ¿Cómo Agustín Orión se iba a salvar de tener una bandera?

Nos situamos en noviembre de 2007. San Lorenzo de Almagro, de la mano de Ramón Díaz, venía de consagrarse en el torneo Clausura y tenía la intención de repetir en el Clausura, aprovechando las facilidades de un campeonato encualquierado que tendría peleando hasta el final a varios equipos chicos y que finalmente terminaría ganando Lanús.

Por aquellos días, también, otro equipo no tan popular se llevaba las miradas de propios y extraños: Los Dogos, el primer equipo gay de fútbol en Sudamérica. Habían nacido en 1997 y una década más tarde se consagrarían Campeones del Mundo representando a la Argentina. Si bien no era el único equipo nacional (había otros tres), usaba los colores de la Selección. Suficiente para que muchos se sintieran identificados.

La vuelta olímpica en la cancha de Defensores de Belgrano no pasó desapercibida. El título mundial, más un reconocimiendo de la AFA, los subió a una gira mediática que incluyó el living de Susana Giménez. El sueño del pibe (?).

Algunas semanas más tarde de aquel éxito de Los Dogos, San Lorenzo recibió a Huracán, por la 15º fecha del Apertura ’07. En el arco local, estaba Agustín Orión, al que todavía le quedaban algunos cartuchos para quemar en el club. La fatídica Copa Libertadores de 2008 aún era lejana.

Ese día, en el Nuevo Gasómetro, aparecieron algunas banderas más o menos ingeniosas, pero la que se llevó todos los aplausos fue una que estaba ubicada en la popular del Globo (llorá, todavía había visitantes) que decía “DOGOS: ORIÓN ES ARGENTINO”. Creativo, actual, punzante. Un muy buen trapo, al que por supuesto le sobraba discriminación. Pero pongamos todo en contexto. En una cancha de fútbol, esa bandera es una sutileza.

Con un cabezazo de Paolo Goltz, Huracán le terminaría empatando ese clásico al Cuervo. ¿Orión? Quedó revolcado y con las piernas abiertas, como sabiendo que el técnico de la selección lo estaba siguiendo.