Independiente con pantalones albinegros (1972)

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Sin lugar a dudas, los pantalones más ridículos de la historia de Independiente. Pero más curioso aún es que no fueron utilizados en un amistoso cualquiera, sino en un trascendente choque sudamericano.

Aquel grito de la moda tuvo lugar en la primera final de Copa Libertadores de América de 1972, en Lima. El Rojo capitaneado por el Chivo Ricardo Pavoni iba en búsqueda de su tercer gran trofeo continental ante el sorprendente Universitario de Perú, con su emblema Héctor Chumpitaz. La foto del intercambio de banderines es una de las pocos testimonios nítidos de aquel partido que terminó 0 a 0.

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Por aquel entonces, en el fútbol argentino había explotado la moda de los pantalones adidas medio campo, que se distinguían por tener un color adelante y otro atrás, pero nada parecido a los que presentó el club de Avellaneda esa noche: ¡a mitades blancas y negras, con tres tiras rojas a los costados!

Ya para el partido de vuelta, Independiente volvió a sus shorts rojos y se quedó con la Libertadores tras vencer 2 a 1 a los peruanos.

Fondacaro Carlos

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Carlos Rubén Fondacaro

A mediados de 2006, antes del receso por el Mundial de Alemania, el Boca de Alfio Basile emprendió una mini gira por Centroamérica donde se enfrentó con potencias como Olimpia de Honduras y FAS de El Salvador. Con buena parte de los titulares en Israel para enfrentar al Maccabi Tel Aviv (en una comitiva paralela encabezada por el Ruso Ribolzi), el Coco tendría la chance de ver en acción a algunos juveniles, poco frecuente durante su ciclo, y otros suplentes sedientos de minutos en cancha. Así, por ejemplo, actuaron Sebastián Rusculleda, Oscar Trejo, Mariano Trípodi y el homenajeado del día, Carlos Fondacaro.

Nacido el 21 de mayo de 1987 en Rosario, este diminuto lateral (apenas 1,65 metro), tanto por izquierda como por derecha y con el tiempo devenido en mediocampista, dio sus primeros pasos en Renato Cesarini, donde jugó hasta los 13 años, cuando se sumó a Alianza Sport. Dos temporadas más tarde le llegó la oportunidad de incorporarse a las divisiones inferiores de Boca Juniors, donde fue haciendo el típico caminito a Primera.

Su estreno extraoficial con la camiseta del Xeneize se dio ante el FAS, cuando reemplazó a Sebastián Battaglia a quince minutos del final. Sin espacio en la consideración de Ricardo La Volpe y Miguel Ángel Russo, reapareció recién dos años después, ya con Carlos Ischia como entrenador. Y esta vez por los porotos.

Con la mira puesta en el Torneo Apertura, para el debut en la Sudamericana ante la Liga Deportiva Universitaria de Quito, por los octavos de final, el Pelado dispuso un mix entre reservas y juveniles. Esa noche, Fondacaro actuó como lateral por izquierda acompañando en la última línea a Julio Barroso, Juan Forlín y Ezequiel Muñoz y Boca goleó 4 a 0, prácticamente sellando su pasaporte a la próxima fase.

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El rosarino volvió a ser de la partida en el encuentro de vuelta ante los ecuatorianos (1 a 1 en Quito) y en la ida ante Internacional de Porto Alegre (0-2 en Brasil) por los cuartos de final del certamen internacional. Luego, aportó su granito de arena para la obtención del torneo local, cuando ingresó unos minutos ante Rosario Central y San Lorenzo.

Algunas chances en el verano de 2009 hicieron creer que las oportunidades abundarían a lo largo de aquel año, pero no. Apenas fue titular ante Newell’s Old Boys -actuando como volante por derecha- y entró un rato en la goleada ante San Martín de Tucumán. Ya con Abel Alves como entrenador, se despidió en la última fecha, al término del primer tiempo ante Colón de Santa Fe.

La vuelta de Alfio Basile al banquillo azul y oro a mediados de 2009 sentenció el final de los días de Fondacaro como jugador de Boca. Primero, a pedido de Diego Cagna, pasó a préstamo a Tigre (2009/10), donde alternó buenas y malas. En medio de una pésima campaña (el Matador terminó el Apertura último cómodo, con 8 unidades), Fondacaro se mostró como lo mejorcito de una defensa endeble y hasta se anotó en el marcador en la victoria ante Godoy Cruz por 2 a 0.

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La llegada de Ricardo Caruso Lombardi, en el verano de 2010, le quitó algo de protagonismo, aunque aportó un gol en el triunfo por 3 a 1 ante Atlético Tucumán. En total, con la camiseta azul y roja disputó 16 partidos y convirtió dos veces.

Justamente una de sus víctimas, el cuadro tucumano, sería su próximo destino. El Decano venía de descender y se armó como para volver rápido. Fondacaro era uno de los pilares del plantel dirigido por Quique Hrabina que terminó la primera etapa como único líder. Peeero…

La segunda parte del campeonato 2010/11 fue devastadora. Atlético Tucumán perdió el liderazgo y hasta su ubicación en los puestos de Promoción. Hrabina sucumbió ante los malos resultados y, para colmo, ante Patronato, el lateral/volante sufrió una fractura del peroné que le afectó los ligamentos del tobillo del pie izquierdo y lo dejó fuera de competencia por el resto del torneo. El Deca terminó deambulando en la mitad de tabla. Durante la buena racha, Fonda hasta se animó a una producción de fotos retro con el ex CASLA Cristian Chávez.

El decimoquinto puesto en la temporada 2011/12 le puso un punto final a la estadía del rosarino en suelo tucumano, aunque antes se dio algún que otro gusto, como el gol que le marcó a River Plate, el 1 a 0 parcial de un encuentro que terminó en derrota por 4 a 2.

Enseguida lo esperaba Patronato de Paraná (2012/13), cuya única misión en el mundo era incomodar a los grandes de la categoría y lo logró con un dignísimo séptimo puesto, aunque a 10 unidades de Olimpo, que se quedó con el último ascenso. En lo personal, Fondacaro no contó con muchas oportunidades por parte de la dupla Luis Medero y Claudio Marini y recién hilvanó algunas presentaciones consecutivas, en un nivel olvidable, de la mano de Diego Osella.

Sin mucho más que hacer en el fútbol de los sábados, había llegado la hora de probar suerte en el exterior. Primero defendió los colores del Iraklis griego (2013) y luego pasó un año en el Jaro de Finlandia (2014).

Ya definitivamente reconvertido en mediocampista de creación, en 2015 pegó la vuelta al país para jugar en su ciudad natal. ¿Rosario Central? ¿Newell’s Old Boys? ¿Central Córdoba? No, Tiro Federal en el pantanoso Torneo Federal A al lado del histórico Diego Chitzoff y del baldosero Leandro Depetris. Semejante aventura en el Barrio Ludueña no podía terminar en otro lugar que no fuera el Federal B.

Sin embargo, en lo personal el rendimiento de Fondacaro estuvo por encima de la media (con una vara muy baja, claro) y por eso llamó la atención de Independiente, pensando en lo que vendría en 2016. ¿Cómo? Sí, Independiente de Neuquén lo sumó como uno de sus principales refuerzos para el Federal A, donde redondeó una buena primera etapa y quedó eliminado en la segunda fase ante Libertad de Sunchales.

Mal Pase: Ortega al Al Ain (2008)

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Momentos agridulces para Ariel Ortega, allá por el 2008. Aún conservaba su categoría y podía plasmarla de vez en cuando con la camiseta de River Plate, pero sus faltas de profesionalismo y el hecho de no tener los minutos de juego que se merecía como ídolo, lo hacían chocar con el Cholo Simeone, su entrenador. Sin embargo, no era contra lo único que chocaba el Burrito.

Después de haber dado la vuelta olímpica en el Torneo Clausura, el destino del jujeño comenzó a ser una incógnita que encontró su desenlace de una manera poco decorosa. El 1º de agosto de aquel año, Ortega fue noticia por habérsela puesto contra un surtidor de nafta. Y lo curioso además, es que ahí había una cámara registrando todo. ¿Casualidad o mala leche?

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Ese hit extrafutbolístico sirvió de excusa para que el DT millonario justificara decisiones pasadas…y futuras. La dirigencia encontró el motivo para deshacerse temporalmente del jugador, con la supuesta intención de ayudarlo a superar su problema con el alcohol. Las soluciones eran dos. Una, que se quedara haciendo una rehabilitación al mismo tiempo que cobraba su sueldo, pero sin jugar. La otra, que se fuera a algún lugar. En lo posible, bien lejos.

Fue así como, tres días más tarde, se anunció que Ortega se iría a préstamo al Al Ain de Emiratos Árabes Unidos, por 10 meses. Dos millones de dólares de contrato para el futbolista y medio palo verde para el club de Núñez. Les cerraba a todos, incluso a Ariel, que no quería tratarse y prefería perderse en el desierto. Parecía un golazo, pero el Burrito siempre hizo una finta de más.

No pasaron ni 48 horas hasta que el mismo jugador cambió de idea, gracias a un plan seductor de Independiente Rivadavia de Mendoza, que le ofrecía la 10 y todas las facilidades para que se sintiera a gusto. Y lo curioso no era que la oferta viniera de la tierra del buen vino, sino que detrás de todo eso estaba Daniel Vila, el dueño del canal que días antes lo había escrachado en la estación de servicio. ¿Casualidad o mala leche?

Especiales: Pedro Wolff

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Pedro Wolff

No le dio la nafta. Al igual que su hermano Juan Cruz, el hijo menor del popular Quique también se quedó a mitad de camino, sin poder darse el gusto de robar con el apellido. Al menos dentro de la cancha, claro. Quizás le jugaba en contra la falta de una posición fija en el verde césped. Según su currículum, podía actuar como volante, carrilero o lateral por ambas bandas, algo completamente incomprobable.

Los antecedentes tampoco ayudaban demasiado, ojo. Apenas había estado una temporada en la séptima de River Plate y luego integró los planteles de cuarta y tercera de la categoría 1981 de Racing Club, donde fue dirigido por el Pampa Alberto Jorge y Carlos Bartolo Álvarez. Sin embargo, la Academia lo dejó libre a comienzos de 2001.

Por eso cuando en el verano de 2002 Pedro Wolff apareció con su bolsito en el entrenamiento de Huracán nadie esperaba nada. El equipo de Miguel Ángel Brindisi venía de terminar penúltimo en el Apertura y aceptaba a prueba a cualquier matungo que supiera atarse los cordones de manera correcta. Aunque, claro, Wolff Jr. llegaba con un ayudín extra. “Estaba de vacaciones en Pinamar y mi papá le preguntó a Brindisi si podía hacer la pretemporada con ellos. Miguel dijo que sí y acá estoy”, relataba el pibe, mientras la Argentina se prendía fuego al ritmo del corralito, la devaluación y los cacerolazos.

“El año pasado me entrené con el equipo de libres de Carlos Barisio y ahora me quiero poner a punto físicamente porque voy a ir a probarme a España”, comentaba Pedro, que finalmente se pasó el año entero entrenando en Parque Patricios, y pese a la buena campaña en el Clausura jamás pudo vestir oficialmente la casaca del Quemero.

El último intento por pegarla en el fútbol lo tuvo en enero de 2004, cuando marchó al Viejo Continente con su padre para un test en Las Palmas de España, pero las cosas no salieron como estaban planeadas. “No le facilitaron la ropa para entrenarse, los botines los tuvimos que buscar por nuestra cuenta y da la impresión de que como Pedro no viene de la mano de gente con la que se puede sacar dinero, no interesa”, declaró un enojado Enrique Ernesto. Y agregó: “Vinimos porque nos llamaron, ya que en caso contrario nos hubiésemos quedado en Buenos Aires. Aquí no han tenido la gentileza de observar a Pedro y estoy decepcionado, porque creo que no nos merecíamos este trato”.

Al final, el menor de los Wolff colgó los botines y se puso a laburar… en la productora uVe Doble, al lado de sus hermanos Juan Cruz, Carolina y Valeria. En la actualidad es co-conductor de Simplemente Fútbol y forma parte del staff de comentaristas de la cadena ESPN, siempre bajo la atenta mirada del viejo Quique.

¡No hay nada más lindo que la familia unida!

Instituto verde, amarilla y roja (2012)

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Promediaba febrero de 2012 y todo era sonrisas en Alta Córdoba. Instituto lideraba la tabla de posiciones de la B Nacional y parecía el más firme candidato a ascender de forma directa, pese a que compartía el torneo con otros equipos pesados, como River, Central y Gimnasia. Sin dudas, era el momento para aprovechar la euforia de sus hinchas.

Fue así como la firma KDY sacó a la venta 3 nuevos modelos de camisetas de La Gloria. Uno tradicional, uno con preponderancia del rojo y otro alternativo, un poco más polémico: verde, amarillo y rojo a bastones.

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“¿Por qué?”, fue la pregunta que se hicieron los cordobeses. Y mucho más después de que la casaca, en su estreno con un 0 a 0 ante Gimnasia, cortara una racha de tres triunfos consecutivos en el torneo. No había necesidad.

Más allá de la elección los colores, la camiseta de Instituto era bastante fea en su diseño y no mejoraba con la combinación de pantalones y medias negras. De todos modos, eso no era nada grave comparado al bajón que sufrieron sus jugadores en el tramo final del campeonato.

Luego de ser primero en gran parte del año, ese equipo terminó tercero y perdió la Promoción con San Lorenzo. Al día de hoy, sus hinchas se siguen preguntando “¿por qué?”.