Alcaraz Walter

Walter Oscar Alcaraz (Guadaña / El Negro / Cuco)

¿Ponerse un locutorio? ¿Abrir una cancha de paddle? ¿Apostar al dólar? ¡Nada de eso! Si hubo un negocio de alto riesgo en la década de los noventa, ese fue el de jugador de fútbol profesional medianamente habilidoso. Más aún, si la falta de fortuna hacía enfrentar tu frágil humanidad contra ese temeroso escuadrón suicida llamado Club Atlético Vélez Sársfield.

Porque, recordemos, agarrabas la pelota en la mitad de la cancha y aparecían, cual zombies sedientos de carne, Carlos Compagnucci y El Negro Marcelo Gómez para hacerte la vida imposible con una caterva de recursos de los cuales el cachetazo era el más leve. Pasabas y se materilizaba Flavio Zandoná dispuesto a convertir a cualquier perejil, probablemente vos, en su nuevo Edmundo. Luego venía -tirando la plancha desde Piguë- Roberto Trotta con sus escupidas y su chamuyo. Chocabas contra las piernas y codos de Víctor Hugo Sotomayor y el tipo salía indemne con su angelado aire de “si yo simplemente soy un pobre científico que busca la cura contra el cáncer”. Y atrás de él, claro, aparecía sonriéndose diabólicamente El Pacha Cardozo, quien, básicamente, no tenía ningún pudor de bailar un malambo sobre tu tibia… ¡Y todavía faltaba enfrentar a José Luis Chilavert, viejo! Con esta mafia en la retaguardia ¿Cómo no iba a llegar a Campeón del Mundo aquel equipo de Carlos Bianchi? Así cualquiera, hermano…

A Dios gracias y por el bien del deporte, los nombres antes mencionados quedaron anclados en el manual de ritos, conjuros y sartilegios del Siglo pasado. Sin embargo, la gente del Fortín volvió a sentir aquel mix de emociones vividas gracias a la sinfónica de Compagnucci, Gómez, Zandoná, Trotta, Sotomayor, Cardozo y Chilavert –no la de volver a ganar torneos continentales, está claro- con sus dosis justas de violencia, lesa humanidad y mala leche, en las escuetas presentaciones de Walter Alcaraz por Primera División.

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A veces zaguero, a veces lateral, siempre “uno que está en el fondo”, Guadaña nació el 7 de abril de 1983 en Lomas de Zamora. Surgido de la cantera velezana, debutó (y como titular) en la jornada 17 del Apertura 2002, cuando el entrenador, Carlos Ischia, decidió dejar de lado su poco productiva línea de tres y probó con cuatro defensores, ubicando a Alcaraz en la posición de lateral izquierdo. ¿Cómo le salió? Re bien, perdieron 2 a 0 con Newell’s y Roberto Nanni se hizo un gol en contra. De regreso al líbero y stopper, El Pelado no quiso quemar al purrete y lo dejó como titular en las dos últimas fechas de aquel campeonato.

Pero claro, estamos hablando de uno de las tan mentados “ciclos de transición” por los que siempre, pero siempre, transita el club de Liniers. Por tal razón, en el Clausura ´03 Alcaraz tuvo su mejor producción en Primera (12 partidos como titular), alternando con Emiliano Dudar, Santiago Ladino, Fabricio Fuentes, El Ruso Uglessich, Maxi Pellegrino y Hernán Pellerano, sin ser ninguno de los mencionados titular indiscutido. Al menos, el bueno de Guadaña nos regaló un gran repertorio de murras, patadas y topetazos.

En la temporada 2003/04 el defensor apenas metió 10 encuentros, siendo lo más destacado un gol en contra en el empate 3 a 3 frente a Boca en La Bombonera (falsamente atribuido al baldosero Carlos Marinelli). Luego sucedió lo inevitable: el regreso de Alcaraz a la Reserva durante un año para ver si aprendía a diferenciar una número cinco de un peroné. El objetivo tardó en concretarse. Por tal razón, nuestro protagonista vio desde la platea al Fortín campeón del Clausura ’05.

Reintegrado al plantel principal, desde mediados de 2005 a finales de 2006 Walter Alcaraz disputó sus últimos 13 encuentros con La V Azulada. Pero, eso sí, repitió su momento de gloria: otro gol en contra en un empate 3 a 3; en esta ocasión frente a Tiro Federal de Rosario. No cualquiera, eh.

La primera fecha del Apertura ’06 marcó su despedida abrupta de Primera División. Esto sucedió cuando visitaron a Newell´s en Rosario y dos entonces ignotos debutantes delanteros paraguayos llamados Santiago Salcedo y Oscar Cardozo se hicieron un festín con la defensa velezana pero, por sobretodo, con un lentísimo y cuadradísimo Walter Alcaraz. Después de aquel 0-3, todos en Vélez le dijeron hasta nunca.

Un préstamo de un año y medio en Chacarita (2007/08) de la B Nacional, pareció ser la mejor opción para todos. Y allí sus violentos recursos y su aura peronista fueron en principio festejados; pero se le volvieron totalmente en contra luego de cometer un penal de lo más insólito, pelotudo e inexplicable en el último minuto de un encuentro frente a Platense. Lo bueno es que allí lo dirigió Pedro Damián Monzón y su suplente era El Chaco Insaurralde… ¡Agarrate las canillas! Con el pase en su poder, Alcaraz se sumó a otro equipo de Segunda: Aldosivi (2008), pero su horrible desempeño sumado a una velocidad digna de quien corre en chancletas por la arena de la playa Bristol obligaron a los dirigentes a rescindirle el contrato a los seis meses.

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En Los Andes (2009/10), Guadaña se dio el lujo de meter un descenso a Primera B Metropolitana y jugar una temporada completa en esa categoría. Luego, y como una especie de justicia poética, los hermanos Schiavi se sintieron identificados con él y lo llevaron al equipo de su pueblo: Rivadavia de Lincoln (2011), donde disputó el Torneo Argentino A.

Flandria (2011/12, B Metro), Almagro (2012/13, B Metro), Olmedo (2013) y Macará (2014) ambos de la Segunda de Ecuador, Huracán de San Rafael (2014, Argentino B) y un sospechoso y revelador paso testimonial por Platense (2015, B Metro) fueron los equipos donde el defensor continuó su faena. Hoy, por supuesto, nuestro homenajeado está retirado y no sabemos a qué se dedica. Lo que si sabemos, con seguridad, es que miles de jugadores habilidosos respiran aliviados y no huyen cobardemente hacía otro costado como cuando divisaban la robusta, desenfrenada y salvaje silueta del Negro Guadaña. Porque esa fue la inexorable consigna durante algún tiempo… Fuga de Alcaraz.

San Miguel con pecheras (2016)

Si un equipo de camiseta verde y blanca se enfrenta a otro de camiseta verde y blanca, uno de los dos debería usar una prenda alternativa. Esta norma, basada tanto en el reglamento como en el sentido común, se puede romper si el partido es válido por un torneo de ascenso, la dimensión donde todo es posible.

Para disputar su encuentro por la 7º fecha del campeonato de la Primera C, tanto San Miguel como Laferrere solo contaban con su clásico atuendo, de colores y diseño similares. Lo que en un país de verdad (?) hubiese sido tomado como un bochorno, en Argentina no pasó de una situación curiosa. Y de rápida solución: el local se vistió con unas pecheras rojas, apenas cortadas por la marca que lo vestía, sin escudo ni números (para diferenciar a los jugadores alcanzaba con los del pantalón).

De esta manera, el Trueno Verde jugó los 90 minutos, en los que consiguió un triunfo valioso. Para horror de los cabuleros, las pecheras no volvieron a aparecer como vestimenta de juego. No fueron necesarias: en esa misma campaña, los de Los Polvorines obtendrían el ascenso a la Primera B Metropolitana, ya vistiendo sus colores habituales.

Giménez Damián

Damián Joel Giménez (El Cebolla)

Rústico lateral izquierdo y en ocasiones descarado volante por la misma franja, quien se convirtió en un emblema no sólo de Banfield -donde es recordado con una sonrisa- sino de todo el fútbol argentino, por el emocional hecho fundamental (?) de tratarse del último bastión del jugador con pelo largo y colita, tan en boga entre mediados de los ochenta y finales de los noventa. Ajeno a su época desde el vamos, en su corta estadía en Primera División El Cebolla Giménez se caracterizó por utilizar la violencia y la vehemencia que caracterizó a los defensores de antaño.

Nacido en Lomas de Zamora el 26 de febrero de 1982, el propio Taladro fue el lugar donde comenzó su carrera de inferiores. Promovido al primer equipo en 1999, jugó en cuentagotas en aquella estadía de Banfield por el Nacional B. Así y todo, Giménez alcanzó la gloria cuando fue titular en la Segunda Final por el ascenso de 2001 frente a Quilmes (4-2) y dio la vuelta olímpica junto a históricos como Christian Lucchetti, Julio Barraza, El Archu Sanguinetti, El Gatito Leeb, Garrafa Sánchez, El Loco González, El Pelado San Martín y El Yagui Forestello. Y también se confundió en un abrazo (?) con infaltables baldoseros como Pablo Del Río, Fabián Santa Cruz o Martín Mazzuco.

Ya en la máxima categoría, El Cebolla debutó como titular en la primera fecha del Apertura ´01 ¿Y cómo le fue? Fenómeno, perdieron 0-5 contra Newell´s como locales y Maxi Rodríguez, quien se movía por su andarivel, marcó tres tantos. El lateral se mantuvo como titular algunos encuentros más acumulando derrotas y derrotas, hasta que la salida del entrenador Mané Ponce, la llegada de Luis Garisto y la recuperación del colombiano Brahaman Sinisterra, lo devolvieron hasta el final de aquella temporada a la Reserva.

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Entre mediados de 2002 y julio de 2005, Giménez metió 37 encuentros ingresando en el 80 % de las ocasiones entre los minutos 85 y 93. Fue en el Clausura ’05, ya con Pelusa Falcioni como director técnico, cuando El Cebolla tuvo su mejor rendimiento: ocho partidos como titular. Y fue precisamente por aquellos días cuando tuvo su jugada inolvidable. Esa que lo inmortaliza en el panteón de la baldoseridad.

Cuartos de Final de la Copa Libertadores 2005, partido de ida. River Plate visitó al Taladro en plena ebullición de la jodita Tuzzio – Ameli. El encuentro finalizó empatado 1 a 1, pero lo que el gran público recuerda, aparte de al Chipi Barijho tocándole las nalgas al Coco, es la violenta patada que El Cebolla Giménez le metió a Javier Mascherano y que ni siquiera fue merecedora de tarjeta amarilla… El Jefecito se revolcó, sufrió y lloró como si las cinco finales perdidas se le hubieran venido todas al pecho al mismo tiempo.

Sin nada más que hacer por el sur y con el pase en su poder, nuestro protagonista enfiló para Rosario y se sumó a Newell’s Old Boys (2005), como una joda del Presidente Eduardo López al entrenador chileno Juvenal Olmos, quien se cansó de pedir a sus compatriotas Gonzalo Fierro, Waldo Ponce y Rafael Olarra pero que se tuvo que conformar con El Cebolla como refuerzo.

De entrada, fue titular como volante por izquierda en la histórica serie perdida frente a Rosario Central por la Copa Sudamericana (relegando al Burrito Ortega, Fernando Belluschi y al Piojo Manso… ¡que ganas!) lo cual definió la suerte tanto de Giménez como del técnico trasandino. Tras diez encuentros plagados de derrotas y suplencias, el jugador abandonó la tierra de Lionel Messi.

Tras aquello, El Cebolla apareció en Italia para jugar en el Pescara (2006) de la Serie B, donde fue dirigido por un tal Maurizio Sarri, quien lo utilizó en apenas 12 ocasiones. Luego regresó en el país para disputar el Clausura ´07 en Nueva Chicago, despedirse de Primera División y meter un descenso junto al Mono, El Negro Martínez, El Turco Hanuch y Lucio Filomeno, entre otros.

Chornomorets Odessa de Ucrania (2007/09), Alki Larnaca de Chipre (2009/2010), Temperley (2010/11), Leandro N. Alem (2011/12), Atlético Chascomús (2012), Villa San Carlos (2012/14), Textil Mandiyú (2014) y Cerro Largo de la Segunda División de Uruguay (2015/17), fueron los lugares donde Damián Giménez pasó ese precioso rango de vida que va desde los 25 a los 35 años, oscilando por casi todas las categorías que puede conocer un ser humano.

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Ya sin su entrañable cabellera desalineada, claro, pero con la misma pierna fuerte de toda la vida. O todavía más. Es que, se sabe, la cebolla pelada siempre arranca el doble de lágrimas…

 

Fuera de stock: M*n*m futbolista

“Él puede no haber hecho todo, pero que hizo mucho nadie puede negarlo”. El spot que sonaba hasta el hartazgo en la radio y la tele a fines de los noventa (y que parecía más un sketch del Show de Videomatch o Todo por dos pesos) enaltecía una serie de mentiras logros tras una década de m*n*m*sm* puro y duro, ese castillito de naipes atado con alambres que se desmoronaría apenas 24 meses después.

El emperador de Anillaco no se privó de nada. Hizo y deshizo a gusto y piacere, y tuvo en el fútbol su cable a tierra. Aquí, un repaso de algunas historias que lo tuvieron como partícipe necesario protagonista dentro de una cancha.

Estaban todos. O casi. El 21 de julio de 1989, la selección nacional enfrentó a un combinado de Futbolistas Argentinos Agremiados en un encuentro amistoso, denominado “Partido de la solidaridad”, que se disputó en el José Amalfitani ante alrededor de 40 mil personas.

Aquella noche fría, Carlos Pachamé (en reemplazo de Carlos Salvador Bilardo) mandó a la cancha a Nery Pumpido, Sergio Batista, José Horacio Basualdo, José Luis Brown, Néstor Fabbri, Claudio Paul Caniggia, Ricardo Giusti, Julio Olarticoechea, Diego Armando Maradona y Carlos Alfaro Moreno. De esos diez, ocho fueron a Italia 1990 (se quedaron afuera el Tata y el Beto). En el banco de suplentes esperaban Julio César Falcioni, Pedro Damián Monzón, Diego Simeone, Hugo Maradona, Pedro Troglio y Roque Alfaro.

El lugar restante en el once inicial lo ocupó un hombre patilludo de 59 años que un par de semanas antes había asumido la presidencia de la nación: sí, con el número 5 y el brazalete de capitán, el doctor C*rl*s S**l M*n*m.

El rejunte de enfrente, comandado por la dupla técnica Jorge Solari / Carlos Aimar, contaba también con algunos nombres interesantes: Hugo Orlando Gatti, Luis Malvárez, Gerardo Rojo, José María Bianco, Guillermo Ríos, Carlos Ischia, Gerardo Martino, Rubén Darío Insúa, Norberto Ortega Sánchez, Marcelo Reggiardo y Carlos Ereros. ¿Los reservas? Ubaldo Matildo Fillol, Gabriel Batistuta, Gerardo Reinoso y Carlos Carrió.

Por aquellos días, el papi de Zulemita ya empezaba a saborear las mieles de la impunidad que lo acompañarían a lo largo de toda la década. Cada intervención suya era ovacionada por una tribuna de la que bajaban cantitos contra los radicales, sonaba la marcha peronista y un hoy inimaginable “M*n*m, querido, el pueblo está contigo”. El Turco hacía lo que quería: no lo marcaban y le dejaban bastante espacio para maniobrar. Según la crónica del diario español El País, hasta “se permitió un par de virguerías (?) que demostraron su buena técnica futbolística”. ¡Bien, Don Carlos!

El partido terminó 1 a 0 a favor del combinado albiceleste, con un gol de tiro libre de Diego Maradona.

Algunos meses después, de una imagen extraída de un picadito en la quinta de Olivos saldría uno de los mejores textos de la historia. Escrito (aunque sin firmar) por Aldo Proietto y publicado en la recientemente desaparecida revista El Gráfic* a fines de 1990, “M*n*m no arruga jamás” era un espaldarazo repugnante al riojano, que veía cómo su popularidad iba en picada mientras indultaba genocidas a troche y moche. Los pormenores del asunto los describió el periodista Fabián Mauri para la revista Un Caño.

Otros clásicos del Carlos en la mitad de los noventa fueron su participación en la selección argentina que se preparaba para los Juegos Panamericanos de Mar del Plata en 1995 (historia que ya repasamos en este sitio) o los encuentros a cara de perro en la quinta del entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires Eduardo Duhalde (que jugaba de puntero, con la 7) en Banfield, en Los Caudillos (de Hugo Toledo en Ezeiza), o en La Celia, propiedad del bigotón Alejandro Granados, hombre fuerte de Ezeiza.

Ya en la curva descendente de su mandato, el presi siguió haciendo de las suyas. La primera mitad del torneo Clausura 1999 tuvo a Boca Juniors y San Lorenzo de Almagro peleando cabeza a cabeza. Tras 12 fechas, el Xeneize lideraba con 32 puntos sobre 36 posibles. El Ciclón, con 28 unidades, no le perdía pisada, aunque dependía de un tropezón de los de azul y oro.

Por la jornada 13, el equipo de Carlos Bianchi no le pudo ganar a Estudiantes de La Plata. El 1 a 1 en la ciudad de las diagonales les daba a los de Boedo la chance de llegar a la punta. Primero debían derrotar como local a Gimnasia y Esgrima de Jujuy y siete días después hacer lo propio con su hijo de toda la vida en La Bombonera. A priori, un trámite.

Aquel domingo 16 de mayo, promediando la segunda mitad, el cuadro norteño ganaba por 2 a 0. Fue entonces que comenzaron a llover los insultos para M*n*m. ¿Por qué? Un puñado de días antes, el 11 de mayo, Fernando Miele, mandamás del Ciclón, lo había nombrado miembro honorario del club. ¿Más? El Turco se dio el gusto de jugar un picado en el Nuevo Gasómetro junto a viejas glorias. El daño ya estaba hecho.

Finalmente, el Lobo jujeño se quedó con la victoria por 3 a 2 y dejó a San Lorenzo a 6 puntos de Boca, que una semana más tarde le dio una paliza: 3 a 0, con tantos de Walter Samuel, Martín Palermo y Guillermo Barros Schelotto.

¡Ay, Carlitos!

Honduras 2 – Boca Juniors 0 (2012)

A mediados de 2012, Boca Juniors trataba de recomponerse después de haber caído ante el Corinthians en la final de la Copa Libertadores. Ya sin Juan Román Riquelme, los de Julio César Falcioni emprendieron una gira por Colombia y Venezuela, en la que enfrentaron a Millonarios, Independiente Santa Fe, Deportivo Anzoátegui… ¡y All Boys!

De regreso en Argentina, y en medio del torneo Inicial 2012, al Xeneize aún le quedaba pendiente un amistoso ante la selección de Honduras, el miércoles 15 de agosto, en el Sun Life Stadium de Miami. Tras los inconvenientes con los vuelos al regreso de Centroamérica, Falcioni fue más pillo y determinó enviar a un mix de suplentes y juveniles con poco rodaje, dirigido por Néstor Omar Píccoli.

¿Lo que nadie tuvo en cuenta? No se trataba del combinado sub 23 hondureño que se había destacado en los Juegos Olímpicos de Londres, como repitieron hasta el hartazgo los medios locales, sino que era nada menos que el team principal, que se preparaba para los duelos ante Cuba por las eliminatorias para Brasil 2014. La bronca por la decisión del club argentino no tardó mucho en estallar y, ante la escasa venta de entradas, los organizadores del partido estuvieron a punto de cancelar el encuentro, que ni siquiera fue televisado.

Finalmente, esa noche Boca formó con Sebastián D’Angelo; Alan Aguirre (Cristian Jopito Álvarez), Christian Cellay, Guillermo Burdisso (Brian Flores) y Fernando Evangelista; Diego Rivero, Cristian Erbes, Guillermo Pol Fernández y Nicolás Colazo (Orlando Gaona Lugo); Leandro Paredes (Exequiel Benavídez); Nicolás Blandi.

Enfrente, Luis Fernando Suárez mandó lo mejor que tenía: Noel Valladares (José Mendoza); Víctor Bernárdez, Osman Chávez (Juan Carlos García), Mauricio Sabillón (Roger Espinoza) y Maynor Figueroa (José Velásquez); Wilson Palacios (Brayan Beckeles), Edder Delgado (Luis Garrido), Oscar Boniek García (Mario Berríos) y Mario Martínez; Jerry Bengtson (Marvin Chávez) y Georgie Welcome (Juan Ramón Mejía).

Apenas unos pocos privilegiados pudieron ver in situ los goles de Jerry Bengtson, a los 23’, y Marvin Chávez, a los 89’, con los que el seleccionado hondureño se impuso 2 a 0 ante los de azul y oro, que tuvieron alguna chance para descontar, pero que chocaron con el travesaño y algún ayudín del árbitro estadounidense Armando Villarreal, de floja actuación.

Son Decisiones: Leguizamón cambiando camiseta con Verón (2007)

Que Estudiantes le gane un clásico a Gimnasia, no es noticia en los tiempos que corren. La novedad siempre radica en cuál va a ser la humillación, que vaya más allá de un simple resultado. Puede ser una goleada histórica, un gol sobre la hora o un suceso en particular que quede en la memoria de propios y extraños. La victoria del Pincha por 1 a 0 producida el 4 de noviembre de 2007, quedará en el recuerdo de todos por dos protagonistas: Luciano Leguizamón y Juan Sebastián Verón. ¿El hecho? Un intercambio de camisetas. ¿El instante? Al finalizar el primer tiempo. ¿El contexto? El Lobo ya estaba perdiendo, y Germán Herrera había errado un penal. Peor lugar, peor momento, imposible.

La escena no pasó inadvertida en la tribuna de Gimnasia: si algo le faltaba a su sufrido público, era ver como uno de los suyos se despojaba de una prenda propia para quedarse con una del rival de toda la vida. ¡Y justo con la del máximo referente! Así las cosas, apenas los protagonistas regresaron para jugar el segundo tiempo, desde la cabecera tripera sonó: “sacalo al ocho, la puta que te parió, sácalo al ocho la puta que te parió”. Para que Falcioni no tenga dudas sobre a quién se referían, La Banda del Loco Fierro fijó su posición con “Leguizamón, Leguizamón, andá a la puta, que te parió”. Sutil y pegadizo.

Unos 26 minutos después, Leguizamón (a esta altura rebautizado como Leguitraidor) salía reemplazado por Antonio Piergüidi. Final del partido, resultado previsible y a los vestuarios. El hombre más buscado no realiza declaraciones, pero esto no iba a queda en la nada. La calentura de los dirigentes se percibía en el aire, y las consecuencias serían inminentes: el jugador fue suspendido, apartado del plantel y ya no se volvería a poner esa camiseta (la de Gimnasia, la de Verón sí la podía usar).

Pasaron las horas, y por fin llegó la palabra del delantero: “No pensé que por un cambio de camisetas iba a haber tanto lío, no me lo imaginé. Entiendo que hinchas estén molestos pero no quise hacer mal a nadie.” Incluso el histórico mediocampista de la Selección inglesa argentina lo respaldó: “No creo que él haya querido faltarle el respeto ni nada de eso a la gente de Gimnasia. Hoy se vive en esta locura y se agarran de cosas como esta para justificar tanto una derrota como una victoria”. Demasiado tarde.

Lo más cómico (?) es que, según Leguizamón, él no le pidió la camiseta a la Bruja, sino que fue el propio Verón quien requirió el intercambio: “Antes de empezar el partido me dijo que tenía un ahijado que era hincha de Gimnasia, y que por culpa mía se había hecho hincha del club porque era su ídolo. Me dijo si podíamos intercambiar las casacas y le dije que sí, pero a la finalización del partido… pero cuando terminó el primer tiempo, Verón me llamó y me pidió el cambio, y sin darme cuenta me la saqué y se la dí”. Insólito. ¿Qué Verón quisiera cambiar camisetas? No, que su ahijado tuviera de ídolo a Leguizamón.