Mal Pase: Maradona a Nacional (1993)

En agosto de 1993, algunas semanas después de haber rescindido su contrato con el Sevilla español, y con su futuro incierto, Diego Armando Maradona viajó a Montevideo para someterse a un rápido tratamiento para bajar de peso en una clínica especializada. En medio de esa travesía, Ceferino Rodríguez, presidente de Nacional, aprovechó la presencia del Diez en el estadio Centenario, donde había ido a ver Uruguay – Ecuador por las eliminatorias a Estados Unidos 1994, para tratar de convencerlo y llevárselo al Bolso.

Si bien Diego no podría jugar el campeonato uruguayo por cuestiones reglamentarias, la posibilidad de por lo menos disputar algunos encuentros amistosos con la casaca del Tricolor era más que tentadora. “Vamos a juntarnos y luego decidirá si firma con Nacional o no. Si la reunión no se puede hacer en Montevideo, yo viajaré a Buenos Aires para encontrarme con él”, aseguraba Rodríguez, ilusionado con la chance de tener al más grande de todos en su plantel.

Finalmente, el Diez, hincha confeso de Peñarol, que analizaba una propuesta de San Lorenzo y hasta le había abierto las puertas a una eventual negociación con el Corinthians brasileño, terminó en Newell’s Old Boys de Rosario.

Tristán Suárez homenaje a Kirchner (2012/13)

Si algo bueno tuvo esta década que todavía estamos transitando, eso ha sido la recuperación de la Copa Argentina, un torneo que se había jugado fugazmente (en 1969 y 1970) y que reapareció para darnos alegrías entre semana.

Nada como ver a los consagrados jugadores de los equipos grandes sudando la gota gorda ante empleados de supermercados, remiseros y panaderos que visten camisetas del sufrido ascenso. Aún con sus imperfecciones, la Copa Argentina se destaca por eso, por poner en igualdad de condiciones a pobres y poderosos. Menos en la final, claro, donde hay otros intereses (?).

Uno de los hitos de la competencia, fue la eliminación de Racing a manos de Tristán Suárez. El Lechero, que participaba de la B Metropolitana, dejó afuera a La Academia de Luis Zubeldía en los 16º de final de la edición 2013, desatando la ira de algunos experimentados, como el caso de Mauro Camoranesi, que metió una patadita para irse a las duchas antes de tiempo.

Para agregarle morbo al asunto, la camiseta de Tristán homenajeaba a Tristán Néstor Kirchner. Sí, el ex Presidente de la Nación, hincha de Racing, en la camiseta del rival. ¿Por qué? Una larga relación del club de los Granados con el Peronismo, que derivó en la creación de la casaca estrenada unos meses antes en un match ante San Telmo.

Para que el tributo fuese completo, los jugadores mostraron el cheque obtenido para que Néstor contemplara desde arriba. Ni que fuera la Copa Suiza (?).

Especiales: Lelo Sejean, un baldosero para el Guinness

Elie Charbel Lelo Sejean (El Canguro)

Un baldosero en esencia, de esos que no necesitan partidos en Primera División para integrar este sitio. Un baldosero de nacimiento, con un nombre sensacional y características únicas. Un baldosero inabarcable, de esos que tienen tantas historias que se vuelve imposible reunirlas todas en un post. Ese es Lelo Sejean.

Para empezar a desarrollar su camino, tenemos que tener en cuenta su Wikipedia. No es la fuente más fiable, por supuesto, pero sería un grueso error no dejarse llevar por esa tremenda ficha, curiosamente llena de detalles sobre su vida dentro y fuera de las canchas.

Elie Charbel Lelo Sejean nació en Australia, más específicamente en Geelong, el 5 de noviembre de 1990. ¿Cuántas referencias futboleras podría encontrar uno en ese lugar? Pocas. Pero aún así, Lelo se las arregló para empezar a mostrar su relación con ese deporte. ¿En algún torneo amateur? Claro que no, lo hizo en un cortometraje llamado Bright Lights, donde vistió la camiseta del Real Madrid.

Sí, no se los contamos de entrada para no impresionarlos (?), pero Lelo Sejean es, antes que nada, un artista. Y como tal, tiene un nombre artístico: Elijah Sejean. En 2004, con apenas 14 años, ganó el premio al Mejor actor en el Shootout Festival de Cine de Geelong. Chequeadísimo.

El corto, además, fue proyectado en varios lugares del mundo, destacándose su participación en el Festival Internacional de Cine de Gays y Lesbianas de Philadelphia. Extrañamente, ahí no ganó un choto.

¿Y el fútbol? Entró a su vida desde muy pequeño, pero en 2007 pudo dar sus primeros pasos en serio, cuando siendo un juvenil integró las filas del Nort Geelong (2007) y el Sunshine George Cross (2008). Parecía el sueño del pibe, pero no. Lelo sabía que había algo más allá de los límites de su país. Se había fanatizado con la Argentina gracias al Mundial ’98, especialmente con Batistuta, Zanetti y el Piojo López. Y entonces, tomó la decisión de probar suerte en Sudamérica.

En 2009, llegó a nuestras tierras. Después de haber averiguado tanto por ese país que lo deslumbraba, terminó en Constitución, en la casa de una familia paraguaya. De ahí, a patear para tratar de alcanzar su sueño: vestir la camiseta de Boca Juniors.

En el Xeneize lo evaluaron junto a otros Sub-19 pero no pasó el filtro. Unas semanas más tarde, lo intentó en Arsenal de Sarandí, pero tampoco dio la talla. Recién en 2010 pudo cumplir su objetivo: entrenar en un equipo argentino. ¿Cuál? Barracas Central. Pero no duraría mucho.

Siempre ceñidos a su historia oficial, encontramos que no volvió a jugar al fútbol hasta el año 2013, cuando fichó por el Sportivo Ameliano de Paraguay, donde fue dirigido por el baldosero Celso Guerrero y tuvo de compañero al ex Arsenal, Tyson Caballero. Así, se convirtió en el tercer australiano en participar del fútbol guaraní, dato poco significativo que aparece por todos lados cuando uno googlea a Sejean.

Las cosas, sin embargo, no fueron fáciles. Lelo volvió a Oceanía y desde allí daría rienda suelta a sus más insólitas pasiones. Por un lado, siguió jugando al fútbol con las casacas de Westgate FC (2014), University of Melbourne (2016) y Surf Coast (2016). Pero al mismo tiempo, se dedicó con entusiasmo al atletismo, puntualmente a los 100 metros llanos y al lanzamiento de jabalina, especialidades que le fueron incentivando el placer de superar marcas día a día. Y de ahí a la locura, hay un solo paso.

Paralelamente a sus actividades en Australia y Paraguay, Sejean comenzó a hacer ejercicios en su casa para tratar de dejar su nombre en los Guinness World Records. Con una camarita como único testigo y sin más herramientas que las cosas que tenía guardadas en el garage, realizó miles de intentos para tratar de alcanzar marcas históricas.

Su mayor obsesión es en el rubro Flexiones de brazos con aplausos en 60 segundos. El récord es del británico Stephen Buttler, que tiene 90. Lelo hace más de 3 años que intenta batir la marca, pero sólo ha llegado a 34. Es una cuestión de tiempo (?).

¿Más? Sí, claro. También consiguió su propio récord personal, de 2714 jueguitos en 22 minutos. Y vestido con la camiseta de Paraguay, como en casi todas las disciplinas que lleva adelante.

Y allí, en su segunda patria, este año pudo volver a integrar un plante de fútbol, con los colores de Sol del Este, un equipo de Ciudad del Este que participa de la Primera División B Nacional.

Con 10 años de trayectoria y más allá de los videos y las fotos, nadie ha visto jugar a Lelo Sejean. Un récord difícil de superar.

 

Lázaro Ezequiel

Ezequiel Alejandro Lázaro

Esa construcción de carácter recreativo que consiste en una rampa que permite deslizarse hasta llegar al suelo o al agua bien podría definirse como tobogán. Aunque, en el ámbito futbolístico, también se podría utilizar el nombre y apellido de este mediocampista ofensivo como sinónimo. La típica promesa que quedó en la nada, una carrera que fue de mayor a menor. En definitiva, el Lázaro que no se pudo levantar y andar.

Más cordobés que la tonada de Chichilo Viale, su debut en Primera División fue con la camiseta de Talleres, en 2002. El destino no le había dado el mejor momento y lugar: por aquellos años, la T peleaba por permanecer en la máxima categoría, algo que perdería un tiempo después. Sin embargo, su actualidad no era tan traumática como la de su club, ya que era un habitué de las convocatorias para las selecciones juveniles. De esta manera, llegó a disputar los Juegos Panamericanos 2003, donde se colgó la medalla de oro junto a Jonathan Bottinelli,  Franco Cángele, Hugo Colace, Osmar Ferreyra, Maximiliano López y Jesús Méndez, entre otros. “Los brasileños estaban enfermos. Les dieron la medalla de plata y se la guardaron en el bolsillo”, recordó con picardía, a la vuelta del viaje.

Con el descenso al Nacional B consumado, continuó jugando con los colores albiazules hasta 2006, cuando, agobiado por las deudas, el club tuvo que desprenderse de una de sus máximas promesas. Su próximo destino fue Atlético Rafaela (2006/07). “La experiencia allí fue muy buena. Quedé marginado porque tuve diferencias con uno de los integrantes del plantel y también con el técnico (Juan Amador Sánchez).” Habilidoso pero díscolo, volvió a su provincia para jugar en el club de su corazón: Instituto (2008/10). Con un arranque que hizo ilusionar a los hinchas de la Gloria, la magia de su zurda se fue apagando con el correr de las fechas, hasta que dos expulsiones consecutivas sobre el final del campeonato lo pusieron en el centro de las críticas. El ansiado ascenso no se consiguió y hubo que remarla de vuelta.

En la siguiente temporada sus altibajos fueron más constantes. “Me lesioné antes de comenzar la pretemporada y eso me trajo graves consecuencias a la hora de empezar el torneo”, fue la excusa que empleó cuando las cosas no le salían bien. Con la llegada de Claudio Vivas al banco, su titularidad pasó a estar en duda. Y el jugador no lo pensó: armó el bolso y partió rumbo a Buenos Aires, para sumarse a Chacarita (2010), un club que tampoco le aseguraba estar desde el once inicial. Pero bueno, ya fue (?).

Tras un semestre de escasa participación en el Funebrero, intentó retornar a Instituto, aunque sus aires de divo no lo ayudaron: “Yo no tengo que pedirle perdón a nadie y tampoco voy a pedir una oportunidad. Me voy a presentar a entrenar, porque soy jugador del club.” Con el pulgar para abajo por parte del ex ayudante de Bielsa, no le quedó otra que emigrar.

La primera parte de 2011 lo encontró en Chile, donde jugó para el Ñublense. No le fue bien y así lo reconoció cuando dejó el club a los pocos meses: “La gente se esperaba mucho más de mí, y yo los entiendo porque siempre a un argentino, a un extranjero, le piden mucho más. Lamentablemente no les pude brindar lo que yo sé, todo el fútbol que puedo darle a un equipo, así que me voy con esa deuda pendiente. Le digo a la gente que me disculpe, que me hubiera gustado darle un poco más”. Aunque lo peor lo vivió afuera de las canchas, con la presencia del máximo enemigo de ese país: los terremotos. “Estaba viajando con el equipo y hubo un temblor de como 7 grados. Mi señora estaba en casa. Los teléfonos se bloquearon y no podía hablar. ¡Una desesperación! ¡No sabés como se movía el hotel! No dormí del cagazo, es una cosa de locos. Hay gente que está acostumbrada. Todos cargaban nafta y se iban a los cerros. Pero para uno es tremendo”.

Un viejo conocido, Jorge Ghiso, se lo llevó a Independiente Rivadavia (2011). Jugó poco y solo se destacó por su participación fundamental ante Aldosivi, por la Copa Argentina: erró un penal en la definición desde los 11 metros y su equipo quedó eliminado.

A todo esto, su pase seguía perteneciendo a Instituto, adonde retornaba en el inicio de cada pretemporada aunque no pudiera formar parte del plantel. “Intenté hablar con Franco y no me contestó. Su hermano Hernán tampoco. Dijeron que no me iba a tener en cuenta”, dijo a principios de 2012. Así, tuvo que aceptar la oferta de Alumni de Villa María, que participaba del Torneo Argentino A. Solo un semestre le tomó bajar otra categoría: los últimos meses del año los pasó en General Paz Juniors, jugando el Torneo Argentino B y con Rodolfo Graieb como entrenador.

Sin chances reales de volver a la Gloria, quedó libre y, tras no quedar en una prueba en el Racing cordobés (el DT Luis Islas), se fue a Santiago del Estero para jugar en Atlético Mitre (2013-14). Reapareció en 2016: luego de meter un mal pase a Central Norte, se incorporó a Sportivo 9 de Julio de Río Tercero para jugar el Federal C. A pesar de quedar eliminado en su zona (el equipo jugó 4 partidos sin ganar ninguno, terminando último en su zona) siguió despuntando el vicio en la Liga Regional Riotercerense, con mejor suerte: fue campeón del Torneo Apertura. Y de esta manera, su deslizamiento por el tobogán del fútbol llegó, en teoría, a su fin.

Voy al Arco: Giresse (1982)

Que un jugador de campo tome el puesto del arquero ante una emergencia es algo que se ha visto muchas veces, y se seguirá viendo. Ahora, que un jugador de campo tome el puesto del arquero sin que medie contingencia alguna, y que lo haga desde el principio del partido, es algo tan absurdo como irreal. Y más si le sumamos que ese improvisado guardameta es la figura del equipo… que apenas llega al 1.63 metros de estatura. Sin embargo, esto pasó.

El año es 1982, el lugar es Francia, el motivo es la última fecha de la liga de ese país. Nantes recibe al Burdeos, sin nada en juego más que definir las posiciones finales que ocuparán en la temporada. Para este partido, el equipo visitante no podría contar con su habitual Nº 1, Dragan Pantelic. El yugoslavo había tenido la brillante idea de agredir a un juez de línea y, unos días antes del encuentro, recibió el duro castigo: un año de suspensión. Este fue uno de los puntos de partida para que Alain Giresse termine saliendo a la cancha con buzo y guantes.

El otro nombre importante de esta historia es Claude Bez, presidente de club. El mandamás del Football Club des Girondins de Bordeaux había quedado muy disconforme con la sanción a Pantelic, por lo que impuso un inusual modo de protesta: obligó al entrenador de su propio equipo, Aimé Jacquet, a no incluir un portero entre los 11 jugadores que iniciaran el juego frente al Nantes. Y no solo eso: le exigió a hábil mediocampista que fuera el encargado de reemplazar al hombre suspendido. “Usted es el capitán”, fue el único motivo que el soltó el dictatorial jefe.

La insólita medida adoptada se completó con la verdadera posición de Giresse en ese partido: se paró como arquero-volante, corriendo la cancha como si no fuera el último hombre. Las crónicas de la época cuentan que jugó en su posición habitual y solo se colocaba bajo los tres palos cuando había que defender una pelota parada. De esta manera, Burdeos tenía un jugador “de campo” más que su rival. Una arriesgada estrategia que, lógicamente, tuvo un mal resultado: a los 4 minutos el equipo visitante ya había recibido dos goles. El bueno de Alain siguió en la suya hasta que, faltando media hora y con un resultado de 5 a 0, le dejó su lugar a Marius Trésor, un defensor de 1.82 metros. El zaguero recibió un tanto más y así se cerró el partido.

7 mai 1982, stade de la Beaujoire, Nantes (Loire- Atlantique) Nantes-Bordeaux (6-0). Pas vraiment aidé par son mètre 63 et son rôle de gardien volant, Alain Giresse ira chercher le ballon cinq fois au fond des filets. A l’heure de jeu, épuisé par d’incessants aller-retour, il cède sa place à son dernier défenseur ; un certain Marius Trésor. (Photo L'Équipe)

Habiendo pasado más de tres décadas aquel extravagante encuentro, Giresse recordó el episodio con una buena dosis de humor: “Recuerdo que toqué la pelota con mis manos por primera vez a los 14 minutos, y rápidamente lo bajé al suelo para jugarlo con el pie. Supongo que si ese mismo caso se produjera hoy, tomaría proporciones increíbles. En ese momento, la cobertura mediática del fútbol no tenía nada que ver con la actual”, dijo en una oportunidad. Y remató con una simpática comparación: “El mismo día, Saint-Etienne derrotó 9 a 2 al Metz, que tenía un arquero real. Así que tan mal no estuve”.