Voy al Arco: Steve Staunton (1999)

Un clásico bien caliente fue el que disputaron Liverpool y Everton el 27 de septiembre de 1999. A los 4 minutos, los Blues se pusieron en ventaja gracias a un tanto marcado por Kevin Campbell. A pesar de ser el único gol del partido, el encuentro tendría más emociones. Sobre todo en los últimos minutos, cuando los equipos se olvidaron de jugar y se dedicaron a pelear.

Faltaba un poco más de un cuarto de hora para el final del partido cuando una pelota perdida cayó en el área del local. El arquero Sander Westerveld salió a cortar y terminó chocando con el delantero Francis Jeffers. El encontronazo terminó con ambos jugadores tomándose a golpes de puño de manera furiosa, con rabia, frente a frente. Como debe ser. Obviamente, los futbolistas fueron expulsados. Y, al haber realizado los tres cambios, el arco de los Reds quedó acéfalo (?).

El defensor Steve Staunton fue quien tomó la responsabilidad de ocupar el puesto, aunque no tuvo trabajo ya que el Everton no se acercó a sus dominios. No obstante, el enfrentamiento dejó otra jugada inolvidable en la historia de los duelos liverpoolenses: un hermoso planchazo del joven Gerrard que le puso punto final al partido. ¡Que viva el fútbol, Steven!

Mal Pase: Ponzio a Boca (2003)

A mediados de 2002, la permanencia de Riquelme en Boca Juniors era insostenible. Con el Diez en gran nivel y el Barcelona al acecho desde hacía un año, la transferencia ya era un hecho. Todos en La Ribera se preguntaban quién sería el reemplazante de Román. Bueno, casi todos.

Mauricio Macri, por aquel entonces mandamás del Xeneize, parecía tener la respuesta: “El día que venda a Riquelme, compro a Leonardo Ponzio. El pibe de Newell’s Old Boys de Rosario, de apenas 20 años, era un viejo anhelo de Macri, que le había echado el ojo varios meses antes y en octubre de 2002 llegó a asegurar: “En enero o junio próximo, Ponzio se pondrá la azul y oro. Sólo es cuestión de tiempo”.

Aparentemente, todo se había cocinado unos días después del empate en uno entre bosteros y leprosos por el Apertura 2002, aunque ambos presidentes negarían públicamente cualquier tipo de acuerdo. Boca pagaría un millón y medio de dólares por el 50% del pase y sólo una oferta superior a los seis millones dejaría a los xeneizes sin el jugador, aunque con tres palos verdes en sus cofres.

Incluso, a fines de 2002, José Anunciado Cirillo, secretario técnico de Boca, decía: “Macri está haciendo una gestión con el presidente de Newell´s para que Ponzio llegue seis meses antes y esperamos inscribirlo para la Copa Libertadores”.

“Ojalá que se dé. Sentí orgullo cuando Macri me elogió, pero hoy quiero pensar en Newell’s. Mientras no haya nada oficial…”, repetía Ponzio, y agregaba: “No es fácil abstraerse de todo lo que se habla. Que Boca se fije en mí me ilusiona”. Aquella confesión le costó una estruendosa silbatina de la parcialidad rojinegra en un duelo frente a Olimpo de Bahía Blanca: “En su momento dije que me gustaría jugar en un equipo grande de la Argentina, sin desmerecer el lugar en que estaba, pero cayó mal en la gente y en un partido contra Olimpo, levantaron el cartel N° 5 para el cambio, yo empecé a salir de la cancha, aunque el cambio era para el 5 de Olimpo, y ahí me silbaron como nunca. No me gustó, fue feo”.

Varios años más tarde, en una entrevista para la revista El Gráfico, el mediocampista contó que “López nunca nos dijo nada, pero se generó como que estaba todo hecho y al final se cayó. No sé”.

Hace algunas semanas, el hoy presidente de la nación, aseguró: “La verdad, me quedé con la frustración de no haber podido traer a Ponzio, que era un jugador para Boca. Con López era muy difícil, no pude enganchar la forma”.

Finalmente, a mediados de 2003, mientras Román enfilaba hacia Villarreal tras una temporada opaca en el Barça, Ponzio pasó al Zaragoza, a cambio de poco más de dos millones de dólares, y una década después se convertiría en uno de los emblemas de… River Plate.

Burzac Marcelo

Raúl Marcelo Burzac

Nacido en San Miguel de Tucumán el 14 de febrero de 1988, Marcelo Burzac había arribado a Buenos Aires a los 15 años para probar suerte en las divisiones inferiores de Platense. Una temporada más tarde, sin embargo, ya emergía como una de las promesas más interesantes de las juveniles de River Plate.

“Vine a una prueba y quedé. En ese momento jugaba de volante central, pero después me pusieron de enganche porque tenía poca marca”, reconocía el pibito, al que enseguida apodaron Riquelme por su forma de jugar: “Varios me dijeron eso porque me gusta tocar tranquilo y distribuir la pelota”, repetía.

De la mano de Gabriel Rodríguez y Ricardo Valiño, fue sumando minutos en su categoría y generando expectativa entre los hinchas, que con frecuencia escuchaban su nombre en los pasillos del Monumental. En 2006, Jorge Vitrola Ghiso lo subió al plantel de Reserva, donde rápidamente Daniel Alberto Passarella le puso los ojos encima. En su primer entrenamiento con la Tercera, terminó toqueteando (?) con los profesionales: “No lo podía creer. Fue el primer día que vine a practicar con la Reserva y terminé jugando con todos los de Primera”.

No era una casualidad. Apenas un puñado de días antes, Rodríguez, coordinador de las inferiores del club, había destacado sus condiciones, aunque le había echado en cara su temperamento algo volátil: “Burzac me parece un crack. Es un tucumano vago, cabeza de pájaro. No sabía si seguir, lo llamé y lo convencí. Por suerte está con nosotros”.

Un año más tarde, el Kaiser lo llevó a la pretemporada de Primera con otros juveniles que venían pidiendo pista, como el Cebolla Sebastián Sciorilli, Emmanuel Martínez y Juan Ignacio Antonio.

Con el Millonario ya eliminado de la Copa Libertadores (colista en el grupo de Colo Colo, Caracas y Liga de Quito), y deambulando por la mitad de la tabla en el torneo local, Passarella aprovechó las últimas fechas del Clausura 2007 para darles minutos a los chicos.

Tras calentar el banco ante Newell’s Old Boys, San Lorenzo y Estudiantes de La Plata, Burzac debutó oficialmente frente a Gimnasia y Esgrima La Plata, en la jornada 16, en el estadio Único. Ese día, a tres del final, reemplazó a Fernando Belluschi. “Me pone contento el debut de Burzac. Tiene grandes condiciones y mucho futuro, pero todo depende de él”, decía el DT. Si bien el tucumano volvería a aparecer entre los suplentes contra Godoy Cruz, Nueva Chicago y Vélez Sarsfield, no tendría más chances.

A mediados de año, viajó a Corea del Sur, donde el cuadro de Núñez enfrentó al Reading inglés, al Shimizu S-Pulse japonés y al Lyon francés en el marco de la Copa de la Paz, organizada por la Iglesia de la Unificación, también conocida como secta Moon, liderada por el reverendo Sun Myung Moon.

Sin acción en el Apertura ’07 (fue al banco ante Racing y Argentinos Juniors), regresó a la Reserva hasta que Diego Simeone lo rescató y lo llevó a la pretemporada de 2008, junto a Mateo Musacchio, Maximiliano Oliva, Emmanuel Martínez, Gastón Gauna, Sebastián Sciorilli, Damián Lizio y Andrés Ríos. Incluso, lo puso un ratito frente a Independiente y Racing, reemplazando a Diego Buonanotte, a quien había desplazado el año anterior.

Si bien fue parte del plantel campeón del Clausura 2008, no sumó ni un segundo en cancha y pegó la vuelta a Tercera. En abril de 2009, River, a través de su filial de Puerto Rico, fue invitado a participar de un torneo en República Dominicana que haría las veces de scouting para clubes de México y Estados Unidos. Allí, con los colores de River Plate Ponce, y junto a otros jugadores descartables como Leandro Benegas, Diego Bogado, Lucas Sánchez y el paraguayo Emmanuel Gamarra Fernández, se consagró campeón. Sin embargo, sin ofertas de Norteamérica, se mantuvo en Reserva hasta mediados de año, cuando lo dejaron libre.

En el verano de 2010 armó las valijas y se fue a Bolivia para sumarse al La Paz FC, pero un puñado de semanas después el técnico, el bigotón Sergio Apaza, le bajó el pulgar y tuvo que marcharse.

Desde entonces, se convirtió en un gitano del fútbol de los sábados a nivel nacional. Muy lejos del éxito que le auguraban en sus inicios, deambuló de acá para allá con altibajos por Jorge Newbery de Tucumán (2010), Almagro (2010), Los Andes (2011), Colegiales (2011/12), San Jorge de Tucumán (2012/13), Sportivo Italiano (2013/14), Fénix (2015), General Lamadrid (2015, donde fue agredido por la barra brava), San Miguel (2016) y Sportivo Barracas (desde 2016).

Voy al Arco: Scotti (2014)

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Ya sin chances de avanzar a los octavos de final de la Copa Libertadores 2014, Nacional recibía a Newell’s Old Boys en Montevideo con un mix de suplentes y juveniles. Del otro lado, la Lepra necesitaba los tres puntos para seguir con vida y definir su suerte de local ante Atlético Nacional de Colombia.

La noche había arrancado torcida para los rosarinos cuando el bombazo de Juan Cruz Mascia adelantó al Bolso. Un ratito más tarde, Alexis Nicolás Castro, con otro fierrazo, lo igualó para Newell’s y en el inicio del segundo tiempo Marcos Cáceres se encargó de inclinar el resultado para los argentinos. El tanto de penal de Andrés Scotti (sí, el que jugaba con los osos polares) amenazó con llevarse puesta la victoria leprosa, pero David Trezeguet, a quince del final, tras un pase de Milton Casco y con el arco a disposición, puso las cuentas en orden. 3 a 2.

Cuando aún quedaban diez minutos para que terminara el encuentro, Jorge Bava, el uno de Nacional, que se había quedado con diez hombres, se fue expulsado por una tonta mano fuera del área. Sin más cambios disponibles, Gerardo Pelusso debió improvisar con un jugador de campo y el que tomó la responsabilidad fue el propio Andrés Scotti, quien no tuvo otra que aguantar la embestida del cuadro rojinegro bajo los tres palos.

Sobre la hora, Víctor Figueroa habilitó a Trezeguet, que definió tranquilo ante la mirada de Scotti para marcar el 4 a 2 final.

Pese al triunfo en el Centenario, Newell’s quedaría eliminado un puñado de semanas más tarde, al caer en casa por 3 a 1 ante Atlético Nacional, postergando una vez más el sueño de la Copa Libertadores.

Under Ladrón: Takeshi Kagawa

Takeshi Kagawa

A mediados de 2001, Mauricio Macri gato, por entonces presidente de Boca Juniors, anunció la contratación de un desconocido delantero japonés que venía para instalar la marca Boca™ en Asia. Si bien el paso de Naohiro Takahara desde lo futbolístico fue bastante olvidable (apenas marcó un tanto, el sexto de una goleada 6 a 1 ante Lanús, en seis partidos) y ni siquiera integró el grupo que viajó al Lejano Oriente para enfrentar al Bayern Munich por la final de la Copa Intercontinental, se puede decir que cumplió a medias su función.

Cinco temporadas más tarde, otro nipón arribó a suelo argentino para hacer historia. Cuentan los que vieron al mediocampista Takeshi Kagawa enfundado en la camiseta de Quilmes (2006/07), donde alternó entre Cuarta y Reserva, que corría como loco y que, mal que mal, sabía defenderse con la pelota en los pies. También que le gustaba más la joda que el sushi, que al principio no entendía una sola palabra de español y que lo único que repetía, en cualquier lugar que estuviera, era “Boca Juniors”. Punto para el Takagol.

A la derecha con Rogério Ceni, en la previa del choque entre Estudiantes LP y São Paulo por la Libertadores 2006.

Oriundo de Matsuyama, a unos 800 kilómetros de Tokio, al Cervecero había llegado a los 20 años, de la mano de César Mario Menotti, hijo de César Luis y director general de las divisiones inferiores del cuadro de la zona sur. Su club de formación se había comprometido a pagarles a los argentinos para que lo foguearan en un mercado más competitivo que el asiático. A esa altura, Kagawa era una supuesta promesa del fútbol japonés a la que ya se le estaba pasando el cuarto de hora.

A la derecha, con la 8, en la Reserva de Quilmes.

Con apenas un puñado de encuentros en Tercera al lado de Damián Musto, Enzo Kalinski, Emanuel Loeschbor y Claudio Corvalán, entre otros, los dirigentes se avivaron de que estaban ante un verdadero paquete y le dieron las gracias. Sayonara, adiós.

Siguiendo la ruta del 148, a mediados de 2007, se sumó a prueba a Defensa y Justicia. Disputó un par de amistosos, uno contra la Reserva de Estudiantes de La Plata en City Bell, por ejemplo, pero Ricardo Rezza, DT del Halcón, le bajó el pulgar. Era el momento de conocer la Capital Federal.

En Devoto (del lado de afuera) lo esperaba General Lamadrid, en la Primera C. Estuvo muy poco tiempo, pero hay quienes aseguran que Kagawa jugó algunos minutos oficialmente con la casaca del Carcelero. Un afano, pero nada comparado a lo que se vendría.

A fines de 2007, y no un 28 de diciembre, una noticia pegó fuerte en los medios uruguayos. Una importante automotriz de origen japonés estaba dispuesta a poner una buena cantidad de dinero para patrocinar la camiseta de Nacional, uno de los dos cuadros más grandes de Montevideo. Hasta ahí, nada fuera de lo normal. Sin embargo, una cláusula llamaba la atención: el Bolso debía contratar, como condición sine qua non, al volante nipón. El negocio, acercado en conjunto por Menotti Junior y Luis Malvárez, incluía, además, una gira relámpago por países de Europa y Asia. En principio, el Tricolor, dirigido por Gerardo Pelusso, se comprometía a fichar al jugador con un sueldo bajo y testear sus condiciones para ver si le daba el piné para actuar en Primera, Reserva o si lo prestaba a un club más chico.

Inexplicable.

De más está aclarar que todo quedó en nada. Luego de pasar un semestre en Racing de Montevideo (2008), bajó dos categorías para vestir los colores de Albion Football Club (2008), en la Liga Metropolitana Amateur, aunque no por mucho tiempo.

Es muy probable que su mejor versión en el paisito se haya visto durante su breve estadía en Basáñez (2008), en la C. Con fútbol y carisma, arrancó los aplausos de los gurises de La Bombonera, el estadio del Rojinegro. Sin embargo, a fines de ese año pintó la nostalgia y dijo chau, para pegar la vuelta a Japón.

A pesar del amague, en marzo de 2009 estaba de nuevo en Uruguay, ahora en la Segunda División Profesional, defendiendo los intereses del simpático Tanque Sisley.

La última vez que lo vimos en una cancha fue a comienzos de 2011, cuando viajó a Chile para disputar el Campeonato Sudamericano de jugadores libres, representando a la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales.

Después de colgar los botines, regresó a Japón y desde entonces pudimos seguir su vida vía Facebook. Así, por ejemplo, nos enteramos de que en 2015 se quedó dormido en su auto y se la dio de lleno contra un árbol y que actualmente es entrenador de juveniles en el FC Livent Jr de la tierra del sol naciente.

Mal Pase: Riquelme a Belgrano (2007)

Repasando la exitosa carrera de Juan Román Riquelme, es difícil no detenerse en 2007, cuando regresó a Boca para obtener su tercera Copa Libertadores y afirmar su idolatría. Ese año, también la rompió con la selección argentina, alcanzando la final de la Copa América y haciendo varios goles en eliminatorias. Pero qué distinto hubiese sido todo, tal vez, si hubiera arrancado ese año firmando para Belgrano.

En enero de 2007, una bomba explotó en Córdoba: Riquelme podía llegar a Belgrano. ¿El motivo? Quería irse del Villarreal debido a su mala relación con el técnico Manuel Pellegrini. Pero, ¿por qué al Pirata?, es lo que muchos se preguntaron.

El principal y único argumento era que Marcelo Delgado, incorporación celeste y amigo de Román, lo había llamado para que se sumara al barco. Mientras tanto, el gerenciador Armando Pérez metía fichas a esa pequeña chance: “Una vez que Román entregue una respuesta, nos pondremos en contacto con los dirigentes de Villarreal. Estamos pensando una ingeniería económica para afrontar un sueldo alto como el que debe tener un jugador de esa categoría, aunque esto sería un sueño”. Y agregó: “El 90 por ciento de una decisión de Riquelme va a estar dada por un razonamiento que él haga con el Chelo”.

Bueno, el razonamiento terminó desembocando en un NO rotundo. Finalmente Román arregló un préstamo de 6 meses con Boca, y Belgrano, con el Chelo Delgado, se terminó yendo a la B.