Mal Pase: Cascini a River y Betis (2001)

A mediados de 2001, Raúl Alfredo Cascini venía de un paso con más pena que gloria por el Toulouse francés, con el que descendió a la Ligue 2. Lleno de deudas, el club galo fue condenado a disputar la temporada 2001/02 en el Championnat National, la tercera categoría, y todos sus jugadores quedaron libres.

Con el pase en su poder, estaba todo dado para que el Mosquito cumpliera un viejo sueño: vestir la camiseta de River Plate. “Puede ser que se cumpla un anhelo de Ramón Díaz, pero ahora el que eligió fui yo. En ese momento (estaba en Independiente y el riojano lo había pedido) me prohibieron venir a River. Hasta el día de hoy tengo una oferta de España, pero River me seduce mucho y tengo la posibilidad de sacarme las ganas de venir. Resigné plata por venir a jugar a River”, decía ante los medios.

Si bien el Millonario ya tenía varias alternativas para su posición en la mitad de la cancha (Leonardo Astrada, el Lobo Ledesma, Guillermo Pereyra y el Cuchu Cambiasso), Cascini se veía con chances y hasta se animaba a chicanear al eterno rival: “Contra Boca me fue bien. Con Estudiantes le gané las dos veces que jugamos y con Independiente le ganamos bastante. No sé si lo tengo de hijo, pero hay algo especial; me gusta mucho jugar contra Boca”.

Sin embargo, cuando estaba casi todo abrochado surgieron los problemas. Primero, Independiente pidió su inhabilitación por una deuda de 500 mil dólares que tenía el Toulouse. Después, algunos directivos de River le bajaron el pulgar. Y así empezó a tomar fuerza la oferta del Betis español, que había vuelto a Primera tras una temporada en el ascenso. “Lo de Cascini se cayó porque el Betis actuó rápido. A nosotros nos faltaba la aprobación de la Comisión Directiva. Y la situación de Cascini, como la del Turu Flores, Matías Lequi y Sebastián Cobelli, recién se iba a tomar el lunes a las 18, cuando se reúna el bloque oficialista”, decía Rodolfo Fito Cuiña, integrante del Consejo de Fútbol del cuadro de Núñez.

“Quedan horas para definir todo. No me interesa presionar, quiero quedarme en River pero en España me esperan. Tengo pasaje para mañana, ojalá no deba usarlo… Claro, no quiero quedarme sin club, hay posibilidades que no hay que dejar pasar”, comentaba el Mosquito, que se moría por ponerse la banda: “Pasé la revisión médica perfecto. Me operaron hace tres años y desde entonces jugué 150 partidos. Lo que pasa que en el ambiente del fútbol siempre hay gente que dice mentiras porque quiere voltear a un jugador para colocar a otro suyo… Me quedé con ganas de ir a River hace dos años. Si a un jugador le mostrás esa camiseta y otra, elige la de River”.

Finalmente, Carola Cascini no se subió al avión. “Es una decisión que tiene que tomar él. No viajó a Sevilla y está pensando esperar hasta el lunes para ver lo que definen los dirigentes de River. Aunque tampoco hay que descartar que en el fin de semana decida irse”, esgrimía su representante, Daniel Comba.

Cuatro días después de esa declaración, el mediocampista firmó su incorporación a préstamo por un año… a Estudiantes de La Plata, donde había actuado en la temporada 1995/96. “La culpa es mía. River está viviendo un clima político difícil, y eso me perjudicó. Yo tenía todo arreglado con el Betis, pero un dirigente me aseguró que el pase se haría. Ahora tengo el contrato en mi casa. A mí me usaron, y nadie me dio una explicación. Igualmente, le estoy agradecido al cuerpo técnico, porque no tuvo nada que ver y siempre me trató muy bien”, aseguraba.

Un año más tarde, terminó jugando en Boca Juniors (2002 a 2005), donde ganó cuatro títulos, uno local y tres internacionales, incluida la Intercontinental 2003.

Schiavi con nombre y número dorado (2012)

Estaban hechos el uno para el otro. Rolando Carlos Schiavi tenía 28 años cuando Boca Juniors se lo compró a Argentinos Juniors en 900 mil dólares para reemplazar al colombiano Jorge Bermúdez. El Flaco llegó y en su debut extraoficial ante la Roma la rompió y los tanos quisieron llevárselo.

Actuó con la camiseta azul y oro hasta fines de 2005. En el medio, escribió el manual de cómo debe defender el 2 de Boca. Se marchó siete títulos después, dos locales y cinco internacionales. Pasó por Hércules de España, Grêmio de Brasil, Newell’s Old Boys y Estudiantes LP, y regresó a su casa a mediados de 2011 para consagrarse campeón invicto.

Rolo le puso punto final a su carrera en el Xeneize ante Godoy Cruz, en La Bombonera, por la última fecha del torneo Inicial 2012. Esa tarde, el equipo de Julio César Falcioni derrotó al Tomba por 2 a 1 (goles de Pol Fernández y Nicolás Blandi; Armando Cooper había puesto en ventaja a los mendocinos) y Schiavi vistió una casaca con un detalle: el número 2 y su apellido en dorado, tal como lo había hecho Martín Palermo con el 9 un año y medio antes.

Pese a que en un principio había anunciado su retiro del fútbol, semanas más tarde, el oriundo de Lincoln se incorporó al Shanghái Shenhua de China, donde jugó algunos meses dirigido por el Checho Batista, hasta que en octubre de 2013 se despidió de las canchas para sumarse al cuerpo técnico del Titán.

Especiales: Marco Francescoli

El 1 de agosto de 1999, más de un año y medio después de su último partido oficial, Enzo Francescoli se despidió del fútbol con un amistoso a Monumental repleto entre River Plate y Peñarol, el club de sus amores en Uruguay.

A los 38 del complemento, con el encuentro 3 a 0 para el Millonario (uno de Marcelo Salas y dos del Enzo -ambos de penal-), llegaría la frutilla del postre: sus hijos Bruno y Marco, 12 y 10 años, respectivamente, irrumpieron en el campo de juego. La excusa fue un saludo, pero Bruno, fanático de La Banda, le dijo: “Papá, nos quedamos a jugar un ratito”. Enseguida, Marco casi le hace un gol al ex Lanús Claudio Flores y finalmente Bruno, en un mano a mano con el arquero uruguayo, definió a un palo, acariciando la pelota con el pie derecho. 4 a 0. “Quería que mi hermano me devolviera el pase, pero la metió él”, reconocería el hijo menor del Príncipe mucho tiempo más tarde. El gen baldosero ya empezaba a hacer estragos.

Tuvieron que pasar varios años para que Marco se interesara por el fútbol profesional. Fue en 2006, a los 17, cuando se sumó a prueba al Cagliari italiano, donde su viejo había brillado entre 1990 y 1993. “Le dije a mi papá que quería hacer esta experiencia y él me aconsejó que probara, pero sólo bajo la condición de entregarme en plenitud, pues sólo así llegan los resultados”, decía en su presentación el chico nacido en París en febrero de 1989, cuando Enzo jugaba en el Racing de esa ciudad.

“Anda bien, pero juega con esa mochila de la comparación. Le expliqué que llegar no sólo depende de la técnica sino de que esté bien físicamente, bien de la cabeza y de muchas otras cosas, como no tener al fenómeno de turno adelante. Quiere probar y me parece bárbaro. Ahora vive solo en Italia. Está en la tercera, el año que viene debería definirse la situación”, comentaba el Príncipe en 2008.

Luego de actuar durante algunas temporadas en el equipo Primavera, en 2009 Marco volvió a la Argentina para incorporarse a la cuarta división de Estudiantes de La Plata. “Era complicado llegar a la Primera en Italia y extrañaba un poco a mi familia”, admitía.

Mediapunta, más técnico que veloz, fanático de Zinedine Zidane, Juan Sebastián Verón y Alessandro Del Piero, Francescoli Junior tenía bien claro que las cosas no iban a ser nada fáciles: “Empecé grande y llego a una categoría que el año pasado fue campeona. Encima no trabajaba tanto en lo físico, pero la pretemporada me está haciendo muy bien”.

Consultado sobre el porqué de su decisión de no probar suerte en el Millonario fue tajante: “Yo no soy hincha de River. Me fui muy chico de Argentina (a Estados Unidos, donde su familia se mudó en 2002). Sigo un poco la campaña porque mi hermano Bruno sí es hincha y va a la cancha, pero no me enojo si pierde. Tampoco soy de Peñarol. No viví mucho en Uruguay. Un amigo me hizo seguirlo por un tiempo, pero ya no. Me interesa el Cagliari, porque jugué allí”.

¿Y por qué el Pincha? “Tengo tres amigos que estuvieron un mes en Estudiantes y me lo recomendaron. Me habían dicho que era un club ideal, y, además, por las referencias sobre el trabajo en inferiores que le dieron a mi padre Leonardo Astrada y Hernán Díaz (entrenador y ayudante de campo de Estudiantes en aquella época), remarcaba. Enseguida, tuvo sus quince minutos de fama cuando le convirtió un gol ¡a River! jugando en cuarta.

Tras apenas un puñado de partidos con la Reserva (en 2010 viajó a una gira por Inglaterra), a mediados de 2011 rescindió su contrato. Todo parecía indicar que se sumaría a Argentinos Juniors a pedido de Pedro Troglio. Sin embargo, el botija sorprendió a todos con su decisión: “Tomé la determinación de abandonar el fútbol para dedicarme de lleno al estudio. Me voy a estudiar Economía a la Universidad de La Florida, en Estados Unidos”, aludió antes de subirse al avión.

Desde entonces, no tan lejos de la número cinco y siempre con el termo bajo el brazo, vive en el país del norte, donde se dedica la venta de bienes raíces.

Etiquetas: Everton (2004 a 2017)

Antes que los Beatles, sí. Y antes que su vecino rojo, también. El Everton Football Club fue el primer gigante de la ciudad de Liverpool y tuvo a la cerveza como protagonista en tramos importantes de su historia.

Nacidos en 1878, The Toffees no solo ganaron varias copas en el siglo XIX. También adquirieron popularidad. Y crecieron de tal manera que tuvieron que alquilar un estadio acorde a la gente que movían. Fue así que en 1884, el Presidente del Everton, Johm Houldin (empresario cervecero que llegó a ser Alcalde de la ciudad), contactó a su amigo John Orrel, otro empresario de la cerveza que tenía un escenario ideal para la práctica del fútbol: un tal Anfield. La birra comenzaba a fermentar.

Ese mismo año, los azules debutaron en su flamante casa con un triunfo 5 a 0 ante el Earlestown, marcando el inicio de una era que se rompería en 1891, cuando el ambicioso Houldin le compró el estadio a Orrel y decidió aumentar el alquiler en un 150%. ¿Razones? El tipo era fundamentalmente un emprendor que fabricaba cerveza artesanal en Palermo hombre de negocios y miembro del Partido Convervador, que veía en el club la posibilidad para crecer políticamente.

El resto de los directivos del Everton, mayormente liberales e impulsadores del movimiento abstemio, no soportaron semejante atropello del cervecero y decidieron pegar el volantazo para mudarse en 1892 a Goodison Park, su actual hogar. ¿Y Houldin? Se quedó absolutamente solo, pero con Anfield en su poder, así que no dudó en fundar su propio club para ocuparlo. ¿El nombre? Everton Athletic, que por cuestiones legales no tardaría en cambiar su denominación a…Liverpool FC. Ese mismo día nació el derbi de Merseyside. La birra se pudrió.

Sin los éxitos internacionales de su vecino, el Everton es de todos modos uno de los 4 clubes más ganadores de la Primera División, teniendo además el récord de temporadas disputadas, nada menos que 114. ¿Cuántas ligas ganó? Nueve, teniendo su pico de esplendor en la temporada 1984/85, cuando además obtuvo la Recopa de la UEFA.

Tras varios años en los que no cosechó demasiadas alegrías, el Everton comenzó a reposicionarse en el plano local a partir de la temporada 2002/03, coincidiendo con la aparición de un pibe blanquito de cachetes colorados, casi como cualquier borrachín británico que uno puede encontrarse en los pubs de Liverpool. ¿Su nombre? Wayne Rooney. Solo tardaría dos temporadas en ser transferido al Manchester United.

En 2004, The Toffees retomaron aquella primera relación con la cerveza, cuando firmaron un contrato con la tailandesa Chang. Sí, esos elefantitos que se vieron en la camiseta azul durante 13 años (una de las relaciones comerciales más extensas), decoraron la última etapa del club, en la que pasó de todo. Desde la llegada de Fellaini hasta Stallone transformándose en el hincha más famoso después de Paul McCartney. Todo, menos campeonatos (?).

Pero si de momentos baldoseros hablamos, tenemos que centrarnos en lo que pasó en agosto de 2012, cuando el Everton recibió al AEK de Grecia. El partido estaba 3 a 1 para los locales, cuando el histórico Tonny Hibbert (más de 300 partidos en el club) tomó la responsabilidad de ejecutar un tiro libre. Hasta ahí nada raro, salvo por el detalle de que el defensor jamás había hecho un gol y nadie sabía por qué había agarrado la pelota. O sí.

Unos años antes, los hinchas del Everton habían prometido que si por algún milagro Hibbert algún día la metía, invadirían la cancha. ¿Y qué pasó? Basta con darle play al video.

Obviemos el detalle que el partido era un amistoso para homenajear al propio Hibbert. Siempre es buen motivo para festejar.

Voy al Arco: Damián Macaluso (2014)

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En un estadio Centenario semivacío, Peñarol y Rampla Juniors se enfrentaban por la fecha 11 del Torneo Apertura 2014 del siempre pintoresco fútbol uruguayo. En la antesala del clásico, el Manya buscaba los tres puntos para no perderle pisada al líder, Nacional, mientras que el Picapiedras necesitaba ganar para tomar un poco de aire en la pelea por mantener la categoría.

En el primer tiempo, el Tony Pacheco había puesto en ventaja al aurinegro, pero en la segunda etapa Gonzalo Malán se encargó primero de empatarlo y luego de darlo vuelta para el rojiverde, con un bombazo inatajable para el juvenil Washington Aguerre, que había tomado la posta del lesionado Pablo Migliore. Las cosas se complicaron todavía más para el Carbonero cuando el experimentado Joe Emerson Bizera anotó el 3 a 1 para Rampla en contra de su propia valla. De nada serviría el descuento de Discoteca Núñez.

Restaban pocos minutos para el final del encuentro cuando, con Peñarol buscando desesperado el empate y regalado en el fondo, Malán picó habilitado y se fue derechito hacia el arco de Aguerre, que no tuvo otra que bajarlo. Roja directa por último hombre. Como el DT Jorge Fossati ya había realizado las tres modificaciones permitidas por el reglamento, el defensor Damián Macaluso tuvo que pararse bajo los tres palos.

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El ex Gimnasia y Esgrima La Plata, que un rato antes, todavía como jugador de campo, se había lucido sacándole un gol casi sobre la línea al ex Racing Nicolás Vigneri, demostró buenos reflejos para despejar el violento remate de Malán, pero ni aun así pudo evitar la derrota del Mirasol, que esa misma tarde se despidió del campeonato.

Etiquetas: América de Cali (1995 a 2000 y 2013)

Mucho antes de convertirse en el hazmerreír del fútbol colombiano, el América de Cali supo ser uno de los cucos del continente. Y no hablamos de Julio César Falcioni, su arquero durante casi toda la década del ochenta, cuando el cuadro caleño disputó (y perdió) tres finales de Copa Libertadores consecutivas.

En 1995, después de nueve temporadas con el sponsoreo de gaseosas Colombiana en el pecho, Cervecería Bavaria, la más importante del país, se hizo cargo del espacio principal en la casaca del América y estampó la marca de uno de sus productos estrella: la Cerveza Poker, que en apenas 18 meses desfiló por uniformes de proveedores tan disímiles como Umbro (que no se olvidaba de poner el escudo como pareciera en la imagen de arriba, sino que el diablo era considerado mufa por buena parte del plantel y lo sacaban a propósito), Torino, adidas y Nanque.

Sin embargo, fue Cerveza Águila, también del grupo Bavaria, la que se llevó todos los flashes cuando en 1996 los Rojos llegaron a su cuarto subcampeonato continental, el segundo frente a River Plate en 10 años. Ese logo lo vistieron, entre otros, viejos conocidos como Óscar Córdoba, Jorge Bermúdez, Arley Dinas, Wilmer Cabrera, Alfredo Berti, Giovanni Hernández y… el Pitufo Antony de Ávila. Eso explica todo.

En 1997, ya con Topper como proveedor de indumentaria, la Mechita utilizó una pilcha idéntica a la de Independiente, con un diablo de tamaño considerable sublimado en el centro de la camiseta, que generó cierto disgusto entre los hinchas. ¿El sponsor? Otra vez Cerveza Poker, que se mantuvo hasta fines de 1999, cuando los colombianos conquistaron la Copa Merconorte, vestidos por Fila.

Ya entrado el nuevo milenio, la desconocida Lusti Sports sorprendió a todos cuando confeccionó los uniformes de los dos equipos más grandes de la ciudad, América y el Deportivo. Sin embargo, fueron apenas unos pocos meses. Ese mismo año, el Rojo volvió a gritar campeón con el logo de Cerveza Águila, en un diseño de la italiana Kappa.

En 2013, después de que el conjunto caleño saliera de la Lista Clinton, Cervecería Bavaria, de la mano de Águila, regresó a la camiseta puntualmente para los cuadrangulares semifinales del Torneo Finalización de segunda división. Allí, América debió enfrentar en encuentros de ida y vuelta a Fortaleza, Universidad Autónoma y Real Cartagena. El acuerdo, además, estipulaba que se extendería automáticamente por todo 2014 si los escarlatas lograban el ascenso. Con 8 puntos (producto de dos victorias, dos empates y dos derrotas), quedaron en segundo lugar, sin chances de clasificar a la final del año. ¿Quién había vuelto algunos meses antes? Sí, sí, el diablo. Para el deleite de su gente…