Resaca: Michael Duberry, una birra al buche

De todos los roles a los que puede aspirar un ser humano en esta vida perra, hay uno que me fascina sobremanera. Y ese es el rol del “buchón. Si, el buchón, el buche, el alcahuete, el topo, el soplón o como quieran llamarle. ¿Y por qué tanto deslumbramiento por éste espécimen? Básicamente, porque él, tras hacer su gracia característica, logra llevarnos a todos –si, a todos- hacía los recónditos confines de la doble moral.

Por un lado, si somos omniscientes de algún hecho delictivo o de alguna contravención mayor aplaudimos la valentía del delator por haber sacado la verdad a la luz; a favor de la justicia y en desmedro de amistades, conveniencias o hasta dinero.

Por otro lado, si somos nosotros mismos quienes estamos en falta -sea leve o grave- consideramos como la peor de las traiciones que alguien de nuestro círculo íntimo abra la boca, para así dejar en evidencia nuestro delito o algún hecho que nos avergüenza. En el medio de todo, claro, la desconcertada humanidad del “buchón”, quien nunca logrará deducir si se transformó en el más cruel de los villanos o en el más temerario de los superhéroes…

Michael Duberry nació el 14 de octubre de 1975 en Enfield, Inglaterra, y desde sus primeros pasos como futbolista se le auguró un enorme futuro. Zaguero central negro, fuerte, grandote y con un excelente cabezazo, estaba llamado a ser el complemento ideal de Rio Ferdinand en su Selección por, al menos, diez años. Tal es así que los dirigentes británicos lo persuadieron de no aceptar la convocatoria de la poderosa nación de Monserrat –tierra de sus ancestros- para poder defender la camiseta “Pross”, libre de culpa y pecado (?).

Iniciado en el Chelsea en 1993, donde tuvo escasa continuidad, en 1999 Duberry pasó al Leeds United -por entonces gran animador tanto de la Premier League como de la Champions League- para ser el eventual reemplazante del antes mencionado Ferdinand, quien venía amagando con irse a un club poderoso a cambio de una millonada prácticamente desde la madrugada que sus padres lo concibieron (?).

La cosa arrancó para nuestro protagonista de manera timorata, pero sin desentonar. Claro que la sensación de “proyecto en espera” que dejaron sus escuetos partidos en Primera cambiaría una fría noche de enero de 2000. Y, por supuesto, para mal…

Junto a sus compañeros de equipo Jonathan Woodgate y Lee Bowyer, y a dos ignotos amigos llamados Paul Clifford y Neale Caveney, el bueno de Michael Duberry concurrió a un pub para pasar un agradable momento y para tomar cerveza hasta perder la conciencia, la noción del tiempo y hasta los recuerdos a corto plazo, como hace cualquier hijo de vecino ¿no?

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Enorme fue la sorpresa para el zaguero cuando al día siguiente el estudiante de intercambio indio, Sarfraz Najeib, denunció a los cuatro alcoholizados acompañantes de Duberry por haberles dado al asiático una etílica paliza de novela que, instantáneamente, se convirtió en escándalo nacional y que acaparó la portada de todos los diarios.

Tras la anulación de un mediático primer juicio –que llevó cerca de 15 meses en los cuales los futbolistas apenas si participaron en su equipo- el Juez David Poole decidió iniciar un nuevo litigio y dejar sin efecto la absolución en primera instancia que habían recibido los 5 implicados sobre “ponerse de acuerdo en el relato para cubrirse de culpas”. Además, manifestó tener pruebas sobre un móvil racial en el asalto, lo cual se castiga con penas aún más duras en Inglaterra. ¿¡Para qué!?

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Rápido de reflejos, Michael Duberry recuperó la memoria en la primera audiencia del nuevo juicio y manifestó bajo juramento: “habíamos consumido cerveza durante toda la tarde y toda la noche. En un momento mis amigos salieron del pub y al rato Woody (Woodgate) se me acercó y me dijo que junto a Neale y Paul le habían dado una paliza a un don nadie que los fue a agredir. No puedo decir nada de Lee, y yo en ningún momento me aparté de mi butaca en el pub”.

Tras la contundente declaración de Duberry, el Juez no se anduvo con vueltas y a los pocos días absolvió a Lee Bowyer (aunque lo llamó “cobarde y mentiroso” en La Corte); y declaró culpables a los otros tres ¿Las penas? Una ganga, papá: cien horas de trabajo comunitario para Woodgate y seis años de cárcel para el otro par de cuatros de copas, sin (?). Y bueno, viejo, que se jodan por no saber jugar a la pelota…

Pero claro, además del estudiante indio en toda esta historieta hubo otra víctima: el propio Michael Duberry, quien vio pulverizado su sueño de ser jugador internacional al instante y se mantuvo en el Leeds, casi sin jugar, hasta medidos de 2005. Luego anduvo en Segunda con la camiseta del Stoke City, regresó a la Premier para descender con el Reading y después deambuló por el Wycombe Wanderers de la League One, el St. Johnstone de Escocia y el Oxford United de la League Two, donde finalmente se retiró.

Pero por supuesto, la cosa no termina ahí. Durante todos esos años tanto los seguidores de los equipos rivales como así también los de las instituciones que integró lo hostigaron con cánticos donde se mencionaba su condición de “negro soplón”, “negro delator” y “traidor de sus amigos”. Además, debió cambiar varias veces de domicilio ya que diversos grupos concurrían a su hogar a hostigarlo con pancartas, amenazarlo y hasta a defecar en el jardín. Divinos (?).

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Con el tiempo y alimentado por los fanáticos ingleses, la fama de Michael Duberry mutó desde “estómago resfriado” hacia un apelativo tal vez peor: el de “Mufa”. ¿Por qué razón? En principio, porque con el zaguero en el plantel el Leeds United pasó de semifinalista de la Champions League a ser un animador del ascenso. De hecho, anduvo por Tercera División por primera vez en su historia y nunca volvió a jugar en la Premier League.

También se acusó al defensor por la mala fortuna de Lee Bowyer, quien era una fija en el plantel de Inglaterra que acudiría al Mundial 2002 y no solo quedó afuera de la lista, sino que nunca jamás volvió a ser convocado. Luego fue relleno de varios planteles sin poder recuperar el brillo de sus primeros años.

Qué decir de Jonathan Woodgate, quien después de su affaire con Duberry quedó afuera de la Euro 2000 y del Mundial 2002; y quien en sus años de profesional sufrió más de diez operaciones de distinta índole. De hecho, por esta endeblez física está considerado como “el peor fichaje de la historia del Real Madrid”, donde debutó con un gol en contra más expulsión y en donde compartió sanatorio con Fernando Gago…

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Todo este martirio a cuestas carga la humanidad del pobre Michael Duberry -proyecto trunco de ícono defensivo global- quien, para ponerle un poco de onda a la vida, en una de sus últimas apariciones se fotografió con una cerveza en la mano y caracterizado como la Princesa Leia Organa, interpretada originalmente por la actriz Carrie Fischer, quien al poco tiempo se convirtió en la primera del trío original de protagonistas de Star Wars en pasar a mejor vida ¿Duberry mufa? Naaahh manzana cervecita…

Resaca: Craig Burley, una vida al dente

Además de los duendes rabiosos, la limadura de Colin Farell y el siempre sospechoso altruismo de Bono Vox de U2, la existencia de la República de Irlanda es conocida y conmemorada cada vez que se menciona, y por sobretodo se bebe, a la típica y renombrada cerveza Guinness.

Establecida como la birra del tipo Porter (negra) más representativa de la galaxia, es fácilmente identificable por su textura “gruesa” y cremosa; como así también por un destacado color, que oscila, según cada quien, entre el negro, el azul marino o hasta, para algunos, cierta vertiente del marrón.

Muy cerca de Irlanda, en el mismísimo Reino Unido, se encuentra una de sus díscolas primas ebrias: Escocia, una nación cuya Selección también es fácilmente identificable por el color de su camiseta, que a lo largo de la historia ha oscilado entre el negro, el azul marino y cierta vertiente del marrón. Insistimos, según la visión de cada quien…

burleybirra01Pero además de eso, tanto hinchas como jugadores y hasta técnicos de esa nacionalidad son famosos por su dependencia y adoración por la cerveza, teniendo a la Guinness como la favorita entre las favoritas. Y llevando esta birra tanto en la mano como en el estómago, es como la pintoresca barra de seguidores escoceses –conocidos como la “Tartam Army”– se hizo famosa a lo largo y ancho del planeta. Bueno, la cerveza y también esas polleritas que dejan ver rojizos culos gordos y pichulas (?).

No conforme de ser el elixir que regocija los corazones de los británicos, Guinness también es sinónimo del exclusivo “Libro de los Récords”, el cual nació de las entrañas de la propia cervecería. Y claro, si hablamos de escores, la última Selección de Escocia que vimos en una alta competencia –Francia ´98- poseía algunos difíciles de quebrantar. El primero, ser la escuadra con el promedio de edad más elevado en una cita mundialista hasta ese momento. El segundo, incluir la mayor cantidad de jugadores desdentados que se haya visto en la historia…

Tipos como Jim Leighton (39), Tom Boyd (32), Colin Calderwood (32), Tosh McKinlay (33) ó Gordon Durie (32) subían el promedio de edad del plantel hasta límites exorbitantes. Y, por supuesto, se encontraba un incisivo, un canino o un molar cada cinco minutos (?). Sin embargo, de todos ellos, el más recordado es el mediapunta Craig Burley, autor del tanto del empate frente a Noruega, quien, al igual que sus compañeros antes mencionados, también perdió el comedor en peleas de pubs, abombado por exceso de malta y lúpulo…

Tras un derrotero que después incluyó al Derby County, al Dundee de su país y al Preston North End, el querido Craig Burley finalizó su carrera en el año 2004 defendiendo la divisa del Walsall del profundo ascenso inglés.

Luego de un par de años desaparecido del mapa y siendo sindicado como un borrachín perdido en la cerveza Guinness, el antiguo internacional reapareció en el año 2010 – presuntamente sobrio y con una preciosa dentadura nueva- como comentarista de la cadena ESPN.

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Sin embargo, ciertos comentarios desacertados y un visible encono irónico hacía el Celtic Glasgow, hicieron a varios hinchas dudar de su sobriedad. De hecho, si tienen la voluntad de buscar verán que, en cada foro partidario de dicho equipo escocés, cada mención sobre Craig Burley viene acompañada de la frase “This motherfucker drunk guy”, entre miles etílicos elogios (?). ¡Que tipos malos!

Dolido por las hirientes dudas sobre su rehabilitación, Burley juró antes las cámaras que sus días como consumidor de cerveza Guinness, peleador de pubs y protagonista de hechos sinsentido habían quedado atrás. Acto seguido y para que no quedasen dudas sobre recuperación manifestó que la vuelta de Fernando Torres al Atlético de Madrid sería un fiasco y que él se tatuaría la cara del español en caso que El Niño le convirtiese algún tanto al Real Madrid en el re-debut del delantero por los Octavos de Final de la Copa del Rey 2014/15.

¿Y qué pasó? El Niño marcó dos tantos –el primero al minuto de juego- para que Craig Burley le hiciera honor a una promesa de borracho aunque, eso sí, en total estado de sobriedad. Claaarooooo….

burleybirra03Y así, casi 20 años después, la vieja y querida Selección de Escocia del 98 puede sumar otro hito difícil de empardar al Libro de los récords Guinness: ex jugador alcohólico, ahora sobrio, que sin embargo rinde promesas de borracho. Y todo, gracias al compañero de copas Craig Burley… ¡Salud!

Resaca: “En Tu Cabeza Hay Un Gol”

Muchos de quienes hacemos este blog y, con certeza, varios de quienes lo consumen, tuvimos nuestra adolescencia, juventud y estado de gracia durante la añorada década de los noventa. Dos lustros de amplio descubrimiento en diferentes sentidos y, por sobretodo, de una profunda e ingobernable locura. También en todos los sentidos. Para soportar los años noventa, uno tenía que volverse poco menos que un desequilibrado.

Al descubrimiento sexual, monetario, laboral, sobre el manejo del mundo y etcétera, etcétera, hay que soslayar uno fundamental en nuestra existencia: el descubrimiento de los placeres, dotes y bondades de consumir hectolitros de cerveza. Algo que también colaboraba, según la tolerancia de cada quien, en abrir las compuertas de la demencia.

La por entonces prestigiosa Cervecería y Malteria Quilmes también andaba en la fase de experimentación y se encargó de ser la máxima colonizadora de un terreno, por entonces, casi inexplorado: el marketing de las bebidas alcohólicas en nuestro viejo y querido fútbol argentino. Y ya nada volvió a ser lo mismo.

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Como primera medida, la empresa del sur del Gran Buenos Aires le metió su publicidad a las camisetas de Boca y River Plate, los equipos más populares de la Argentina.

Y además del Quilmes Atlético Club (que por entonces estaba en la B Nacional), la sponsorización de la cervecería recayó en un convidado de piedra: Vélez Sársfield, lo cual llevó al por entonces Presidente de aquella institución, Raúl Pistola Gámez, a poco menos que agarrarse a puñetazos con los ejecutivos de la firma y a vociferar en los medios de comunicación: “La camiseta del Fortín vale lo mismo o más que las de Boca y River. Si los de Quilmes no nos pagan lo mismo que a ellos no vamos a dejar que sigan manchando nuestra camiseta con su logotipo”. Claro que si, viejo. Por que en los noventa estábamos todos medio mal de la cabeza…

La segunda medida, la más revolucionaria de la cervecera, fue la confección de diferentes spots televisivos vinculados al fútbol, muchos de los cuales quedaron incrustados en el inconsciente colectivo. ¿El primero de ellos en pasar a la inmortalidad? “Gol, Gol, Gol, en tu cabeza hay un gol”, de 1997.

El recordado comercial de la agencia Agulla & Baccett intentaba apelar a la pasión, pero a la vista de todos está que su foco lo hacía más que nada en la locura. Abundaban personas fuera de sí, un hembrón solo en medio de una popular, gente colgada peligrosamente de autos y colectivos, y un tipo con una bandera parado sobre el tablero del Monumental. Hasta aparecía la destacada figura de Ariel Ortega haciendo algo de magia. Porque lo principal era la coherencia (?).

Pero además, frases como “No lo podés parar”, “Vas a gritar, a sufrir y a llorar”, “Y nunca más lo pudiste dejar”, “Es un sabor que tu garganta no olvidará nunca”, daban a entender que Quilmes nos consideraba unos junkies futbolísticos.

Para cerrar el círculo y contribuyendo a la leyenda, el jingle estaba cantado por el mismísimo publicista Ramiro Agulla, dato que él mismo se encargó de confirmar más de una vez. Sin embargo, existe otra versión sobre la voz de aquel spot.

Para muchos, quien interpretó ese tema no fue otro que Ricky Espinosa, vocalista de la banda Flema, quien seguramente hubiera visto con esta publicidad más billetes que en toda su profesión como músico. Años más tarde, se suicidó arrojándose del balcón ante la promesa de “si pierdo este partido de Play, me tiro por la ventana”. Y efectivamente la leyenda del punk rock vernáculo fue derrotada. Locura, locura y más locura…

Poco después, con el estribillo cantado hasta por las minitas en los colegios y también sonando en los informes futboleros de Diego Korol en Videomatch, a todos no bajó la resaca cuando descubrimos que no se trataba de una composición original sino que era una libre adaptación (?) de la canción “Born Slippy” de la banda galesa Underworld, la cual sirvió como tema principal de la película definitiva de los noventa: Trainspotting.

El filme de Danny Boyle -spoiler alert (?)- trataba sobre un grupo de jóvenes escoceses heroinómanos quienes, además de estar involucrados en el crimen y el abuso excesivo de cerveza, hacían varias referencias futboleras, como jugar un partido de papi contra unos adictos en recuperación o sobre el gol que Archie Gemmil le convirtió a Holanda en Mendoza durante el Mundial ’78 para la victoria escocesa por 3 a 2.

Y fue ahí, vinculando “Gol, gol, gol, en tu cabeza hay un gol” con Trainspotting, que nos dimos cuenta que los jóvenes de la década de los noventa éramos mas o menos parecidos en diferentes latitudes y que también estábamos hermanados por la siempre adictiva pelota número 5.

Por más que en la cabeza de algunos hubiese un gol y en la de otros un porrón lleno de cerveza atravesado en el marote. Y sobre todo, locura, locura. Así fueron los noventa. Choose Life, Choose Beer…

Chapitas: Nicki Bille Nielsen, un trago de Carlsberg

Si en algún momento tuvieron la inexplicable necesidad de tipear “bebida alcohólica danesa y fútbol” en el buscador de este sitio, es probable que hayan terminado en cualquier lado. No es el caso. Esta vez, hacemos referencia a la popular Carlsberg, cerveza tradicional tanto en Escandinavia como en el Reino Unido, que tiene su acta de nacimiento sellada en Copenhague en el año 1847.

Autodenominada como “la mejor cerveza del mundo”, la empresa no tardó en expandir su imperio a través del fútbol. Y así, además de inundar con publicidades transmisiones televisivas y estadios, le puso su logotipo a infinidad de camisetas de su país natal, como así también de Finlandia, Holanda y Noruega. Sin embargo, el futbolero promedio la va a recordar, automática y empáticamente, como el chivo del Liverpool inglés, en cuya indumentaria reposó durante felices 18 años.

Conocida por las bondades que brindó al espíritu de los Hooligans y también al de los hinchas de pubs, esta birra nunca hizo pata ancha ni se popularizó en la Argentina, pese a que se consigue en algunas cervecerías, vinerías y locales afines. Pese a esa dificultad, la empresa si se acordó de nosotros y en un spot futbolero incluyó a un gordito de rulos con una camiseta celesta y blanca barriendo el piso. Y todo para congraciarse con los ingleses. Por que siempre algo huele mal en Dinamarca.

Donde sí se consigue libremente esta cerveza, por supuesto, es en todos los estadios daneses. Demasiada tentación para el delantero ex promesa y reconocido chico malo Nicki Bille Nielsen, quien en el año 2015 le robó y le bebió un vaso de Carlsberg a un hincha, luego de convertir, en el último minuto, el empate 2 a 2 definitivo de su equipo Esbjerg contra el Hobro. ¡Y encima le metió zarpado fondo blanco!

“Estaba tan eufórico por el gol y es tan rica la Carlsberg que no lo pensé y me la tomé. No veo nada malo en lo que hice”, manifestó el rebelde Nicki Bille. Iniciado como el jugador a seguir de las Selecciones menores de Dinamarca, Nielsen pasó, sin afianzarse y decepcionando, por Reggina, Martina y Lúchese de Italia, Villarreal, Elche y Rayo Vallecano de España, Evian de Francia, Rosenborg de Noruega, Nordjaelland y Esbjerg de Dinamarca; y Lech Poznan de Polonia, donde se encuentra hoy con 29 años.

Afín a mostrarse en redes sociales con diversas señoritas, a exhibir sus tatuajes y a fotografiarse con armas, en el 2013 Nicki Bille fue arrestado luego de destrozar dos pubs en una noche inspirada por el exceso de malta y lúpulo. Algunos meses antes, su padre dejó un recuerdo en el living familiar luego que su vástago metiese su único gol con la Selección mayor de Dinamarca. Por que a papá Nielsen también le encanta la cerveza.

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Pero eso no es todo. En el año 2014, Nielsen afrontó una condena de 8 años de prisión luego de morder –si, morder- a un policía en estado total de ebriedad. Finalmente, el bueno de Nicki Bille arregló todo con una multa y con 80 horas de trabajo comunitario. Sus últimas declaraciones fueron: “no puedo culpar a la cerveza Carlsberg de mi fracaso deportivo… también existen muchas otras cervezas”. Aplausos.

Acosta Claudio

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Claudio Germán Acosta (El Betito)

Una de las máximas muestras de nuestra fragilidad y endebles emocional acontece, años más, años menos, finalizando la adolescencia. No a todos los dueños de los ojos que leen estas palabras les ocurrió, claro, pero a muchos de nosotros –vacuos y desprolijos- si nos sucedió. Y esa insania sensorial se manifiesta, sí y solo sí, con un único e inexorable desencadenante: el abandono de nuestra amada e idolatrada primera novia…

Llanto, noches de insomnio, angustia, dolor, pánico y la sensación que el mundo tal como lo conocíamos ha llegado a su fin es lo que acompaña los días venideros al fatídico acto ¿y saben que? Eso está más que bien. Es una reacción sana y normal. La locura y el sinsentido vienen después, cuando en teoría se han recuperado el orgullo más la autoestima, y es en las horas que se busca una media naranja con las mismas características -calcadas, idénticas, semejantes- a la maldita que nos dio el puntapié. Esa emoción la conoce mejor que nadie la gente de San Lorenzo, tras aquel traumático Apocalipsis llamado “El Retiro del Beto Alberto Federico Acosta”.

Roberto Cornejo, Alfredo Guevara, El Latigo Peirone, Matías Urbano, Juan Manuel Olivera, Germán Casigol Herrera, Leonardo Fabio Moreno, Leonardo Ulloa, Jorge Drovandi, Edilio Cardoso, Joaquín Botero Vaca y Roberto Malingas Jiménez fueron algunos de los nombres con los cuales se intentó reencarnar a aquel viejo amor del pasado. Sin embargo, la gente Cuerva sólo sintió el bálsamo del revanchismo cuando se insinuó por Primera División el salteño Claudio Germán Acosta.

Categoría 1988, nacido en El Quebrachal y con un pasado ínfimo por la Selección Sub-17, El Betito apareció en el Torneo de Verano de 2006, teniendo su noche de gloria en la victoria 4 a 0 sobre Independiente en Salta donde, además de ser vitoreado por ser local, convirtió el tercer tanto de su equipo y fue una amenaza constante sobre el arco que ¿defendía? Bernardo Leyenda. Además, Acosta usó la camiseta número 10 de San Lorenzo. Romance en puerta… de emergencia.

Considerado la mayor promesa a futuro de San Lorenzo y un aspirante a ídolo solo por ser delantero y por portación de apellido, Claudio Acosta arrancó el Clausura 2006 como titular acompañando en el ataque a José Saturnino Cardozo. La sociedad solo duró hasta la segunda fecha, cuando nuestro homenajeado sufrió un desgarro que lo dejó afuera de las canchas hasta el siguiente torneo.

En el Apertura 2006, El Betito tuvo su mejor producción disputando 8 cotejos (mitad suplente, mitad titular) jugando como ¡volante por izquierda! para intentar abastecer a Ezequiel Lavezzi y a Andrés Silvera. Al menos, pudo verle la espalda a Ariel Ortega cuando le picó la pelota al Chino Saja. Pero claro, la cosa no prosperó, el romance no se materializó y durante los siguientes 30 meses, Claudio Acosta apenas disputó cinco encuentros sin nunca jamás poder batir a un arquero de manera oficial. ¿La mala? La dirigencia lo invitó a buscarse un nuevo destino ¿La buena? No tuvo que estresarse para organizar un partido autohomenaje donde El Pipa Estévez se vista de pajarraco…

Argentino A en Juventud Antoniana (2009/10 – 2011/12 – 2013), Gimnasia y Tiro (2013/14) y Sportivo Patria de Formosa (2014/15), y Primera B Metropolitana en Almagro (2010/11) y en Colegiales (2012) fueron los destinos donde El Betito siguió ostentando su escaso poder de gol. Hoy, a sus 29 años, Claudio Acosta defiende la divisa de Desamparados de San Juan y rememora aquel romance trunco con la gente de San Lorenzo por ser victima de la urgente y desesperante suplantación de romántica identidad. Y si, él solo fue apenas un chape (?) de verano…

Y vos… ¿Todavía recordas la sonrisa de tu primera novia?

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Binetti Cristian

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Cristian Ariel Binetti (Peter)

Emblemático lateral izquierdo de una época nefasta de Belgrano de Córdoba, quien formó parte de la descensiva retaguardia de “las tres B” junto a Darío Brane y Sebastián Brusco (el único que ahí desentonaba era el querido Marcelo Culo Flores) y recordado por una única cualidad deportiva: sus terribles saques laterales que se convertían casi en centros para provecho de principalmente nadie (?), luego del Luifa Artime y finalmente del Tano Spallina. Uno de los mejores en ese aspecto. Lástima que al fútbol se juega con las piernas. O al menos, eso dicen…

Tras iniciarse y destacarse en General Paz Juniors (1992/93) del Torneo Regional, a mediados de 1993 nuestro protagonista de hoy llegó al Pirata para jugar sin demasiada continuidad, perjudicado por una lesión y tapado por Ariel Cuffaro Russo y César Loza, entre otros. Al menos, fue de la partida en el histórico encuentro frente al Newell´s de Maradona. Tras un año en Instituto (1994/95) del Nacional B, Binetti regresó a Belgrano para lo más jugoso de su carrera: completar los 33 encuentros en la elite, irse a la B, enfrentar dos veces más al Pelusa y conservar este grato recuerdo:

“Si le podía pegar a Maradona, lo hacía. En una jugada, puso un pie para que me lo llevara puesto y así fue. Lo insulté. Pero nunca me respondió. Con los rivales no se metía. Sí discutía con los árbitros o levantaba a los compañeros. En esa jugada, vino Brusco y me dijo: ¿Cómo le vas a pegar al Diego? Y lo mandé a donde se imaginan”.

“Yo en la semana había declarado que solo comíamos arroz con salchichas y se ve que al Diego le quedó. Vino y me dijo: mirá toda la gente que hay en la cancha y ustedes no cobran. Si hace falta, yo vengo y hacemos un partido para que puedan cobrar. Decile al Luifa que me llame…”.

Una vez en el Nacional B, Binetti apenas jugó durante los dos años que el Pirata se mantuvo en esa divisional. Sin embargo, fue insólitamente titular en la segunda final por el primer ascenso contra Talleres, en la que el lateral estrelló contra el travesaño el último penal de su equipo, previo a que El Lute Oste convirtiese la victoria para los rivales de toda la vida. “Yo no jugaba nunca, tenía fecha para el nacimiento de mi hijo ese día y la tuve que posponer. Rezza no me respetó como jugador. Cuando volvía al centro del campo, El Lute Oste me dijo: menos mal que erraste por que tengo un cagazo bárbaro. Lo peor es que los hinchas de Talleres se fueron cantado Binetti corazón y yo no volví a jugar para Belgrano”.

Entre 1999 y 2003, el lateral formó parte del plantel de Racing de Córdoba que osciló entre el Nacional B y el Argentino A. Con poca continuidad y luego de sufrir horrores por incontables lesiones, a sus 31 años colgó los botines.

Tras un tiempo de incertidumbre, en 2007 el ahora ex jugador encontró una nueva profesión: ser colectivero de la línea 171, lo cual le permite parar la olla al día de hoy y en donde, dicho por él, recibe más puteadas que en su época de jugador. Y ahí, recorriendo las calles de La Docta, se comenta que las manos de Cristian Binetti tienen aún más precisión que en su lejana época de jugador. Nos alegra.

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Aldosivi 1 – Shangai Shenhua 0 (2013)

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A ver, no hay que ser Sherlock Holmes, Batman, Indiana Jones o un miembro de Los Simuladores para encontrar, en cualquier época del año, un contingente repleto de chinos en Mar del Plata… Y cuando decimos “chinos” nos referimos a esos diminutos y peculiares seres humanos nacidos en el milenario gigante asiático y no a los millares de jóvenes que se aglomeran en las playas del sur para tener una amena conversación con El Creador, entre tantas otras sensaciones…

Todo aquel que, por la razón que fuere, desee hallar chinos en La Ciudad Feliz sabe que la mecánica es muy simple: hay que caminar una medianoche cualquiera hasta el puerto -más específicamente hasta la intersección de la calle 12 de Octubre con la Avenida Martínez de Hoz, ahí donde habitaban los payasos con sus circos– y aguardar a que una bandada de asiáticos con un aroma particular e indefectiblemente calzados con pantuflas aparezcan, súbitamente, en búsqueda de sus tesoros más preciados: cigarrillos de marcas alternativas, señoritas de buena vida y caninos regordetes para cualquier tarde de gula… como hace cualquier trabajador de la pesca cuando se encuentra varado en suelo extranjero. Bueno, salvo por la parte de los caninos.

En enero de 2013, inesperadamente, se pudo divisar a una manada de chinos en otra zona de Mar del Plata. Fue cuando el Shangai Shenhua de la Superliga comearroz (?) se apareció en la cancha de Cadetes de San Martín para jugar un encuentro amistoso frente a Aldosivi, que por aquel entonces se encontraba en la B Nacional.

Ante tamaño acontecimiento de gala –el primer enfrentamiento del club portuario frente a un equipo asiático– Fernando El Teté Quiroz puso en la cancha a lo mejor que tenía a mano, a saber: Pablo Campodónico; Nahuel Roselli, Ricardo Villalba, Darío Cajaravilla y Walter Zunino; Ignacio Malcorra, Mariano Herrón, Hernán Lamberti y Leandro Aguirre; Matías Gigli y Pablo Vázquez.

Por su parte, el Shenhua formó con: Kiu; Lin, Dai Lin, Li Jianbin y Fan Linjiang; Wang, Kaimu, Xu y Son; Sae Kon y Sae. Incomprobable.

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Las crónicas de la época destacan un baile del Tiburón del Puerto sobre sus lejanos visitantes. Sin embargo, en encuentro finalizó apenas 1 a 0 gracias a un tanto de Matías Gigli.

Pese a eso, los asistentes se pudieron deleitar con el colombiano Gio Moreno corriendo con una pelota al costado de la cancha y con la presencia estelar de Rolando Schiavi, quien recientemente había dejado su lugar en Boca para transformarse casi en agregado comercial en la tierra de La Gran Muralla.

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Vale destacar, también, el conservador accionar de los vernáculos, quienes al ver a más de 20 chinos en el mismo lugar actuaron por carácter transitivo y colgaron una bandera que rezaba “Piñón Presente”, seguramente, vinculando el trapo a Sergio El Checho Batista, entonces entrenador del Shangai Shenhua. Porque, para el marplatense, donde hay chinos siempre hay un payaso cerca. Y los marplatenses somos los más tradicionalistas de la Argentina.

Cigogna Daniel

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Daniel José Cigogna Antelo (El Tano)

Tengo un amigo -un muy buen amigo mío- que tiene un incontinente y obsesivo pasatiempo particular: incomodar. Y así, desde el principio de los tiempos, el tipo va saltando de grupo en grupo –tanto familiar, laboral como social- provocando malestar y nerviosismo tanto en catequistas, como en equipos de papi, gerentes de sucursales, padres de novias y hasta en paseadores de perros… Y todo con la impredecible y psicopática habilidad de su negativamente talentosa lengua.

Lo que este amigo mío llama: “La Adrenalina Final”, consiste en hablar abiertamente de sus irrefrenables deseos de homosexualidad. Y puede llegar a suceder que su jefe lo lleve a almorzar como premio por haber vendido una cantidad X de seguros y el tipo -en medio de una charla sobre sueños, metas y objetivos- dispare sin anestesia: “una de las cosas que me motiva a futuro es probar a estar con un tipo… por que ¿a qué hombre no se le pasó eso por la cabeza? Y me encantaría casarme con John Frusciante, el guitarrista de los Chili Peppers, para que me de una buena murra recontra pasados de frula… y tener de amante a Jose Mourinho, claro… así le meto los cuernos a Frusciante en un telo oneroso con un tipo que es lo totalmente opuesto… ¡Ahhhh!”. Vale aclarar que, pese a ser un gran facturador, a mi amigo lo echaron de varios de estos trabajos de oficina por hablar de cosas que solo acontecían en su cabeza, pero igual ¿Quién le quita las carcajadas?

Como sea, la otra vez ví a este flaco en ocasión de un partido de papi contra unos conocidos de él que habían venido a Mar del Plata desde Buenos Aires, no recuerdo bien por que razón. Y después de intentar correr en vano tras la pelota, en el momento de las cervezas, mi amigo empezó con su numerito, seguramente, la única razón que tenía y tiene para interactuar con otros seres humanos.

Y ahí, tras hacernos visualizar como Frusciante lo maniataba y de describir los disfraces que usaría para Mourinho; un porteño colorado, gordo, pelado y con un tatuaje de Motorhead en uno de sus brazos, disparó: “Nooo… Yo haría todo eso pero con El Tano Cigogna. Ese chabón si que estaba bueno ¿Te acordás?”. Y no solo eso, sino que ahí mismo el foráneo arrancó con una catarata de imágenes sórdidas, perversas y masoquistas que hicieron las delicias del improvisado auditorio; incluidas las dos veinteañeras mozas del lugar, quienes se agarraban la panza de tanto reírse.

Por supuesto, para mi amigo todo esto no fue para nada gracioso. Le habían robado el protagonismo y encima con sus propios métodos. Y lo peor de todo: nadie se incomodó. Tras aquello, en medio de una especie de berrinche o soliloquio, el tipo me inquirió con furia como si yo fuese el responsable de su ostracismo mientras esperábamos el colectivo: “¿Cigogna? ¿Sicogna? ¿Ciboña? ¿Ese quien carajo es? ¿Dónde jugó? Y vos… que escribís en esa página de pelotudos ¿No me podés decir quien es ese chabón?”.

Así que acá estoy, en esta página de pelotudos (?), intentando develar quien es esa sexy maquina del deseo, llamada Daniel Cigogna.

Centrodelantero de buen, muy buen, recontra buen físico de la categoría ’82, Cigogna se inició en Quilmes, donde debutó e hizo sus primeros goles, que tampoco fueron tantos, durante la temporada 2002/03 del Nacional B que finalmente terminó con el esperado ascenso para el Cervecero.

Una vez en Primera División, El Tano tuvo su momento de fama cuando le convirtió un tanto a Atlético de Rafaela en el duelo de los recién ascendidos por la primera fecha de aquel Apertura 2003. Con la llegada del Chupa López y del Beto Camps, entre otros, a nuestro homenajeado no le quedó mucho margen para actuar y por tal razón se recluyó un semestre en Universitario de Perú (2004), donde jugó 24 partidos y metió 6 goles, pero falló un penal contra Alianza Lima, que gracias a eso salió campeón.

De regreso en Quilmes (2004), Cigogna solo actuó en un triste empate frente a Racing (0-0) para así despedirse de Primera División con un escueto saldo de nueve partidos y un gol. El primer semestre de 2005 estuvo en Atlético de Rafaela del Nacional B, donde solo jugó 2 encuentros, y finalizó aquel año entrenándose con la Reserva de Quilmes.

Aurora de Bolivia (2006), Los Andes (2006), Estudiantes de Caseros (2007), Sarmiento de Junín (2007/08), Talleres de Remedios de Escalada (2008), Olimpia de Honduras (2009), Central Córdoba (2010), Deportivo Español (2010/11), Excursionistas (2012), Berazategui (2012/13) y Sacachispas (2013) fueron los equipos donde siguió jugando sin jamás poder ratificar su ya lejano rótulo de promesa y sometiendo a pocos arqueros, aunque a muchos, seguramente, les hubiera encantado que El Tano lo hiciese con pasión y furia (?) Con tan solo 31 años, Daniel Cigogna colgó los botines y dejó de deambular.

Pero claro, ya sin la pelota, Daniel Cigogna le sacó provecho a los dotes que le brindó la naturaleza e inició una carrera como modelo publicitario para alegría de la platea femenina y de la libido, por que no, de algún porteño colorado, gordo, pelado y con un tatuaje de Motorhead… ¡Ahhh! ¡Hermoso y sensual Cigogna! ¡Tu si que sacas mi lado salvaje!

Entonces, si te metés a la página de la empresa Entremodelos, podés contratar al ex portentoso delantero Daniel Cigogna para una hirviente y personalizada sesión de fotos…”desnudo”, “ropa interior”, “traje de baño”, “tallas grandes”, “show room”, “body painting”, “partes del cuerpo” y “azafato” son algunas de las especializaciones publicitarias a las que el hermoso Tano está dispuesto a acceder… ¡Morite, John Frusciante! ¡No vuelvas más, Jose Mourinho!

Hoy, El Tano Cigogna trabaja en las inferiores de Quilmes además de ser el tercer nombre de una particular lista de anhelos que viven dentro de la pisquis de un muy querido amigo mío…