Aldosivi 1 – Shangai Shenhua 0 (2013)

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A ver, no hay que ser Sherlock Holmes, Batman, Indiana Jones o un miembro de Los Simuladores para encontrar, en cualquier época del año, un contingente repleto de chinos en Mar del Plata… Y cuando decimos “chinos” nos referimos a esos diminutos y peculiares seres humanos nacidos en el milenario gigante asiático y no a los millares de jóvenes que se aglomeran en las playas del sur para tener una amena conversación con El Creador, entre tantas otras sensaciones…

Todo aquel que, por la razón que fuere, desee hallar chinos en La Ciudad Feliz sabe que la mecánica es muy simple: hay que caminar una medianoche cualquiera hasta el puerto -más específicamente hasta la intersección de la calle 12 de Octubre con la Avenida Martínez de Hoz, ahí donde habitaban los payasos con sus circos– y aguardar a que una bandada de asiáticos con un aroma particular e indefectiblemente calzados con pantuflas aparezcan, súbitamente, en búsqueda de sus tesoros más preciados: cigarrillos de marcas alternativas, señoritas de buena vida y caninos regordetes para cualquier tarde de gula… como hace cualquier trabajador de la pesca cuando se encuentra varado en suelo extranjero. Bueno, salvo por la parte de los caninos.

En enero de 2013, inesperadamente, se pudo divisar a una manada de chinos en otra zona de Mar del Plata. Fue cuando el Shangai Shenhua de la Superliga comearroz (?) se apareció en la cancha de Cadetes de San Martín para jugar un encuentro amistoso frente a Aldosivi, que por aquel entonces se encontraba en la B Nacional.

Ante tamaño acontecimiento de gala –el primer enfrentamiento del club portuario frente a un equipo asiático– Fernando El Teté Quiroz puso en la cancha a lo mejor que tenía a mano, a saber: Pablo Campodónico; Nahuel Roselli, Ricardo Villalba, Darío Cajaravilla y Walter Zunino; Ignacio Malcorra, Mariano Herrón, Hernán Lamberti y Leandro Aguirre; Matías Gigli y Pablo Vázquez.

Por su parte, el Shenhua formó con: Kiu; Lin, Dai Lin, Li Jianbin y Fan Linjiang; Wang, Kaimu, Xu y Son; Sae Kon y Sae. Incomprobable.

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Las crónicas de la época destacan un baile del Tiburón del Puerto sobre sus lejanos visitantes. Sin embargo, en encuentro finalizó apenas 1 a 0 gracias a un tanto de Matías Gigli.

Pese a eso, los asistentes se pudieron deleitar con el colombiano Gio Moreno corriendo con una pelota al costado de la cancha y con la presencia estelar de Rolando Schiavi, quien recientemente había dejado su lugar en Boca para transformarse casi en agregado comercial en la tierra de La Gran Muralla.

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Vale destacar, también, el conservador accionar de los vernáculos, quienes al ver a más de 20 chinos en el mismo lugar actuaron por carácter transitivo y colgaron una bandera que rezaba “Piñón Presente”, seguramente, vinculando el trapo a Sergio El Checho Batista, entonces entrenador del Shangai Shenhua. Porque, para el marplatense, donde hay chinos siempre hay un payaso cerca. Y los marplatenses somos los más tradicionalistas de la Argentina.

Cigogna Daniel

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Daniel José Cigogna Antelo (El Tano)

Tengo un amigo -un muy buen amigo mío- que tiene un incontinente y obsesivo pasatiempo particular: incomodar. Y así, desde el principio de los tiempos, el tipo va saltando de grupo en grupo –tanto familiar, laboral como social- provocando malestar y nerviosismo tanto en catequistas, como en equipos de papi, gerentes de sucursales, padres de novias y hasta en paseadores de perros… Y todo con la impredecible y psicopática habilidad de su negativamente talentosa lengua.

Lo que este amigo mío llama: “La Adrenalina Final”, consiste en hablar abiertamente de sus irrefrenables deseos de homosexualidad. Y puede llegar a suceder que su jefe lo lleve a almorzar como premio por haber vendido una cantidad X de seguros y el tipo -en medio de una charla sobre sueños, metas y objetivos- dispare sin anestesia: “una de las cosas que me motiva a futuro es probar a estar con un tipo… por que ¿a qué hombre no se le pasó eso por la cabeza? Y me encantaría casarme con John Frusciante, el guitarrista de los Chili Peppers, para que me de una buena murra recontra pasados de frula… y tener de amante a Jose Mourinho, claro… así le meto los cuernos a Frusciante en un telo oneroso con un tipo que es lo totalmente opuesto… ¡Ahhhh!”. Vale aclarar que, pese a ser un gran facturador, a mi amigo lo echaron de varios de estos trabajos de oficina por hablar de cosas que solo acontecían en su cabeza, pero igual ¿Quién le quita las carcajadas?

Como sea, la otra vez ví a este flaco en ocasión de un partido de papi contra unos conocidos de él que habían venido a Mar del Plata desde Buenos Aires, no recuerdo bien por que razón. Y después de intentar correr en vano tras la pelota, en el momento de las cervezas, mi amigo empezó con su numerito, seguramente, la única razón que tenía y tiene para interactuar con otros seres humanos.

Y ahí, tras hacernos visualizar como Frusciante lo maniataba y de describir los disfraces que usaría para Mourinho; un porteño colorado, gordo, pelado y con un tatuaje de Motorhead en uno de sus brazos, disparó: “Nooo… Yo haría todo eso pero con El Tano Cigogna. Ese chabón si que estaba bueno ¿Te acordás?”. Y no solo eso, sino que ahí mismo el foráneo arrancó con una catarata de imágenes sórdidas, perversas y masoquistas que hicieron las delicias del improvisado auditorio; incluidas las dos veinteañeras mozas del lugar, quienes se agarraban la panza de tanto reírse.

Por supuesto, para mi amigo todo esto no fue para nada gracioso. Le habían robado el protagonismo y encima con sus propios métodos. Y lo peor de todo: nadie se incomodó. Tras aquello, en medio de una especie de berrinche o soliloquio, el tipo me inquirió con furia como si yo fuese el responsable de su ostracismo mientras esperábamos el colectivo: “¿Cigogna? ¿Sicogna? ¿Ciboña? ¿Ese quien carajo es? ¿Dónde jugó? Y vos… que escribís en esa página de pelotudos ¿No me podés decir quien es ese chabón?”.

Así que acá estoy, en esta página de pelotudos (?), intentando develar quien es esa sexy maquina del deseo, llamada Daniel Cigogna.

Centrodelantero de buen, muy buen, recontra buen físico de la categoría ’82, Cigogna se inició en Quilmes, donde debutó e hizo sus primeros goles, que tampoco fueron tantos, durante la temporada 2002/03 del Nacional B que finalmente terminó con el esperado ascenso para el Cervecero.

Una vez en Primera División, El Tano tuvo su momento de fama cuando le convirtió un tanto a Atlético de Rafaela en el duelo de los recién ascendidos por la primera fecha de aquel Apertura 2003. Con la llegada del Chupa López y del Beto Camps, entre otros, a nuestro homenajeado no le quedó mucho margen para actuar y por tal razón se recluyó un semestre en Universitario de Perú (2004), donde jugó 24 partidos y metió 6 goles, pero falló un penal contra Alianza Lima, que gracias a eso salió campeón.

De regreso en Quilmes (2004), Cigogna solo actuó en un triste empate frente a Racing (0-0) para así despedirse de Primera División con un escueto saldo de nueve partidos y un gol. El primer semestre de 2005 estuvo en Atlético de Rafaela del Nacional B, donde solo jugó 2 encuentros, y finalizó aquel año entrenándose con la Reserva de Quilmes.

Aurora de Bolivia (2006), Los Andes (2006), Estudiantes de Caseros (2007), Sarmiento de Junín (2007/08), Talleres de Remedios de Escalada (2008), Olimpia de Honduras (2009), Central Córdoba (2010), Deportivo Español (2010/11), Excursionistas (2012), Berazategui (2012/13) y Sacachispas (2013) fueron los equipos donde siguió jugando sin jamás poder ratificar su ya lejano rótulo de promesa y sometiendo a pocos arqueros, aunque a muchos, seguramente, les hubiera encantado que El Tano lo hiciese con pasión y furia (?) Con tan solo 31 años, Daniel Cigogna colgó los botines y dejó de deambular.

Pero claro, ya sin la pelota, Daniel Cigogna le sacó provecho a los dotes que le brindó la naturaleza e inició una carrera como modelo publicitario para alegría de la platea femenina y de la libido, por que no, de algún porteño colorado, gordo, pelado y con un tatuaje de Motorhead… ¡Ahhh! ¡Hermoso y sensual Cigogna! ¡Tu si que sacas mi lado salvaje!

Entonces, si te metés a la página de la empresa Entremodelos, podés contratar al ex portentoso delantero Daniel Cigogna para una hirviente y personalizada sesión de fotos…”desnudo”, “ropa interior”, “traje de baño”, “tallas grandes”, “show room”, “body painting”, “partes del cuerpo” y “azafato” son algunas de las especializaciones publicitarias a las que el hermoso Tano está dispuesto a acceder… ¡Morite, John Frusciante! ¡No vuelvas más, Jose Mourinho!

Hoy, El Tano Cigogna trabaja en las inferiores de Quilmes además de ser el tercer nombre de una particular lista de anhelos que viven dentro de la pisquis de un muy querido amigo mío…

Verón Mauricio

Mauricio Rodrigo Verón (La Bruja)

Y ya que venimos de planteles suprabaldoseros por completar, no podemos obviar al increíble Belgrano de Córdoba de principios de milenio. En contraposición al querido Ferro que se fue al descenso -donde hubo especimenes de todo tipo, calaña y exotismo- por El Pirata desfiló una caterva de jugadores quienes, luego de su efímero y remoto paso por Primera División, se convirtieron en futbolistas de “tierra adentro”. Y cuando decimos “adentro” es bien adentro. En lo profundo, lo postergado, lo rayano a lo amateur… ese es el caso de Mauricio Verón.

Volante central de esos que se pelan las rodillas con la única función de recuperar la pelota y pasársela a un ser humano que luciese la misma camiseta, nuestro homenajeado nació en San Lorenzo (Santa Fe) el 2 de julio de 1979. Iniciado en las canchas de Primera B con Argentino de Quilmes (1998/99), a mediados de 1999 llegó a Belgrano pero recién pudo debutar al año siguiente, cuando Mostaza Merlo lo utilizó durante 17 encuentros del Clausura siendo, mayormente, relevo de Teté González, y de José Luis y de Javier Villarreal.

Al siguiente torneo, La Pepona Biasutto lo mandó a la cancha en sólo 5 partidos y parecía que Verón no tenía nada más para brindar en la elite. Sin embargo, en 2001 llegó al banco Pirata Gustavo Alfaro, quien en la pretemporada ratificó al volante central como dueño indiscutido del puesto. La aventura de Mauricio Verón saliendo al campo entre los once duró lo que tenía que durar: hasta la segunda fecha, cuando se fue lesionado a los 37 minutos en la victoria 1 a 0 sobre Talleres en el clásico, con aquel inolvidable zapatazo de Julio López.

Un año y medio después, cuando Verón se recuperó de su lesión, Belgrano ya se había ido al Nacional B con su correspondiente y -por aquellos años- habitual depuración. El volante se exilió en Quilmes (2002/03) de esa categoría y fue actor de reparto en el equipo que logró el histórico ascenso a Primera. Aquel año lo finalizó en Argentino de Rosario de la Primera C, para luego iniciar un inestable raid al que vamos a denominar: “Deep Web”, mientras más profundo se escarba, más indicios hay sobre su paradero…

Tigre (2004), otra vez Argentino de Rosario (2005), Central Córdoba (2005/06), Independiente de La Rioja (2006/07), Atlético Tucumán (2007/09), Racing de Córdoba (2009/10), 9 de Julio de Morteros (2010), Sportivo Las Parejas (2011), Sarmiento de La Banda (2011/12), Atlético Regina (2013/14), Concepción FC (2014/15) y Tiro Federal de Morteros (2015) fueron sus siguientes destinos, conociendo más categorías que las que puede soportar un ser humano normal en esta existencia.

A mediados de 2016, Mauricio Verón sigue defendiendo los colores de Concepción FC de Tucumán, compartiendo equipo con la promesa baldosera ex Boca Juniors, Alejandro Alfonso. Nada nuevo bajo el puente. No será la primera ni la última vez que vemos un Verón entradísimo en años insistiendo con correr detrás de una número cinco…

Bottinelli: los Topper Antara

Después del Mundial de USA ’94, la empresa argento-brasileña Topper supo que iba a tener que esmerarse en la mercadotecnia para no quedar fatalmente relegada en el olvido o en la falta de prestigio. Para esa época, ya no alcanzaba con vestir a diversos clubes del Cono Sur. Había que captar jugadores de calidad o carisma y sobre ellos había que crear líneas representativas con su correspondiente invasión mediática y todo el circo.

En Brasil la iba a tener difícil, ya que a la firma también la responsabilizaban por haber vestido en mundiales a “La Generación Maldita” del país vecino. En la Argentina, por supuesto, la cosa estaba más fácil, ya que en general era todo camino inexplorado.

Por esa razón, los encargados del scouting de estrellas de Topper se sentaron pacientemente durante seis meses, miraron todo lo que pasaba tanto en las canchas como en los diversos medios de comunicación y después tomaron una determinación.

Enzo Francescoli había regresado a la Argentina en julio de 1994. Con su idolatría millonaria a cuestas y el talento intacto, fue campeón y goleador del Apertura de ese año y desparramó elegancia sobre los terrenos de juego. Además, frente a las cámaras se presentaba como un caballero amable, cordial y educado; en contraposición a las máximas figuras de nuestro país, quienes, por aquellos días, estaban totalmente cuestionadas y desprestigiadas por asuntos tales como drogas, pelo largo, señoritas y falta de profesionalismo.

Por supuesto, nada de eso llamó la atención de la gente de Topper. Lo que si lo hizo fue que durante aquel primer semestre de su retorno, Enzo Francescoli había jugado con botines totalmente negros… o sea ¡No tenía patrocinador! Al ver como los peces se subían sólos al bote mientras estaban pescando (?), los empresarios se reunieron con el uruguayo a comienzos de 1995, firmaron los papeles y lo presentaron como la cara exclusiva de la original línea Antara.

La empresa se dedicó, como corresponde, a todos los chivos en los medios gráficos y en la estática de los estadios, además de un esmerado seguimiento de notas: si uno agarra una revista con una entrevista a Francescoli de aquel año, podrá ver como el delantero aparecía vestido con ropa de Topper o la publicidad de la marca aparecía en esas páginas.

Lamentablemente para ellos y pese a que un Francescoli limitado por una lesión de hombro tuvo un gran nivel, River no ganó nada durante esos doce meses. La buena para Topper fue que El Enzo levantó la Copa América con su Selección y -por la sumatoria- el Círculo de Periodistas Deportivos lo distinguió con el Olimpia de Plata en Fútbol de aquel año (que iba para Maradona antes dell 4-6 contra Racing).

¿Y que hizo la orgullosa Topper durante el verano de 1996? Llenó páginas y páginas de diarios y revistas felicitando al papá de Marco y Bruno por la obtención de dicho logro con los benditos botines Antara…

Un hermoso gesto que Francescoli retribuyó ¿Cómo? Estrenando unos flamantes botines Adidas Predator en el primer partido oficial de aquel año: el empate 1 a 1 con San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro por la Copa Libertadores. Es más, la foto del gol apareció en primera plana en todos los medios… por que el populacho debía saberlo con rapidez: ahora Francescoli usaba Predator…

Tras morder el polvo del mate (?), los encargados de Topper aguardaron unos meses y en mayo de 1996 anunciaron como la nueva cara de la línea Antara a Claudio Paul Caniggia, quien venia con el nivel en alza tras arrastrarse por los campos durante el último semestre de 1995.

El Pájaro estrenó los botines en el empate 0 a 0 de la Selección Argentina en Perú por Eliminatorias y Daniel Passarella no lo volvió a convocar más durante su ciclo… Toda la suerte, Topper. Toda…

La empresa si la clavó azarosamente al ángulo durante el superclásico del Clausura ’96, donde El Cani -por única vez en su carrera profesional- convirtió un Hat-Trick para la victoria Xeneize por 4 a 1 y justo la firma había comprado segundos en el entretiempo para lanzar la revolucionaria campaña de “El Pájaro de Topper”. Es más, los tres goles de Caniggia fueron en el segundo tiempo, después del estreno del comercial. Una inolvidable superproducción como nunca se había visto hasta ese momento en nuestro país.

Todavía borrachos de alegría por aquel golazo, los responsables de Topper decidieron rápidamente lanzar la línea de botines “Pájaro TC”, que eran básicamente los Antara pero con un leve cambio en la suela y en el logo. Era un borrón y cuenta nueva, totalmente dedicado a Caniggia y sin vinculación alguna con Enzo Francescoli.

Todo muy lindo pero ¿qué pasó? Después del anuncio de la nueva franquicia, Claudio Paul Caniggia estuvo más de un año inactivo por desavenencias varias con el Cartonero Macri. Y si bien El Hijo del Viento después regresó a Boca, Topper Argentina no volvió a insistir con campañas exclusivas y agresivas en torno a ningún treintañero. Ya habían sido demasiado pajarones…

[Baldosa Olímpica] Mal Pase: Julio Velasco al Milan (1996)

Ya que estamos bien al pedo (?), hagamos el siguiente pasatiempo. Pensemos en las palabras: “Director + Técnico + Argentino + Prestigioso + Unánimemente + Incuestionable” y esperemos que nuestro cerebro envíe una orden en forma de nombre propio hacia nuestras cuerdas vocales, en primer término…

¿Sale alguno? ¡Ni en joda! Alguno va a argumentar que Bilardo es un esquizo, Menotti un chamuyero, Basile un choborra, Bielsa un enfermo, Pekerman un autista, Bianchi un abuelito y el resto unas mentiras… epíteto más, epíteto menos, tal el grado de inteligencia y tolerancia que gustamos manejar los futboleros. Al menos, los de estas tierras…

Sin embargo, existió y existe un Director Técnico Argentino Prestigioso Unánimemente Incuestionable, quien estuvo durante años escondido del gran público ya que trabajaba en un deporte mayormente periférico y por que -dato no menor- sus primeras demostraciones de capacidad en la Argentina las hizo hace aproximadamente 35 años, mucho antes de las trasmisiones de calidad, los canales deportivos, las redes sociales y el gusto por otra disciplina que no sea el fútbol ¿Su nombre? Julio Velasco, de profesión entrenador legendario de vóley…

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Resulta que el fulano éste (?), nacido en La Plata en 1952, fue entrenador de Ferrocarril Oeste entre 1979 y 1982 (ganó las cuatro ligas que disputó), estuvo como segundo entrenador de la Selección Argentina (1981/83) y luego se marchó a dirigir clubes de Italia, donde no solo duró mucho más tiempo que Menotti, Bianchi y Passarella, sino que además ganó sucesivas ligas y copas.

Estos éxitos deportivos sumados a un gran carisma personal, a su probada inteligencia, a una inquebrantable ética de trabajo y al lograr que uno vea al mundo como un lugar bello con tan solo decirte tres palabras (?) lo depositaron como cabeza de la archicompetitiva selección italiana, con la cual fue Medalla de Plata en Atlanta  ’96 y donde además ganó los Mundiales de 1990 y 1994, como para que Bilardo lo invite a su exclusiva mesa con Victorio Pozzo y Franz Beckenbauer…

Fue en ese momento -mediados de 1996- cuando ese señor que descubrió la joda de viejo, llamado Silvio Berlusconi, se vio en la encrucijada por la partida de Fabio Capello como entrenador de fútbol del AC Milan y no estaba convencido sobre el sucesor que le ofrecía el resto de la junta directa: El Maestro Oscar Washington Tabárez. Y ahí  en un yacuzzi con un par de gemelas suecas al Cavalieri se le ocurrió la extravagancia…

“Para suceder a Capello no hay nadie mejor que Julio Velasco… Él es el elegido. Es el mejor italiano (sic) para tal puesto. Y seguirá mejor que nadie con la filosofía que comenzó Arrigo Sacchi”. Por supuesto, la prensa futbolera se indignó de mala manera y lo consideró, entre otras cosas, “una broma de mal gusto”, tal el caso de La Gazzetta Dello Sport.

Pero además, Cesare Maldini, un símbolo del Milan quien siempre había aspirado a tal puesto sin conseguirlo hasta ese momento, puso su mejor cara de póker ante la insólita idea y murmuró: “Velasco es un gran personaje, pero los entrenadores de fútbol no se inventan. No basta ser un ganador para vencer en todas las disciplinas deportivas”.

Finalmente y luego de un par de semanas de rumores, fue el propio Julio Velasco quien tumbó la idea de dirigir a Roberto Baggio, Baresi, Maldini, Boban, Albertini, Weah, Desailly y Davids, entre otros, y de paso tranquilizó a los más puristas de la península: “Tengo otro concepto de las cosas. Berlusconi piensa que alguien capaz y con carisma -como él o como yo- puesto en determinadas condiciones, funciona. Yo creo en la especialización: si no sabés del asunto, el carisma se diluye”.

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Ahí fue cuando murió el sueño que teníamos de ver a un argento dirigiendo por primera vez en la historia al AC Milan. Pese a eso, Julio Velasco se vincularía más adelante al fútbol siendo Director Deportivo del Inter y de la Lazio, donde ganaría varios títulos de fútbol. Después volvió al voley, claro, y nunca jamás se cayó su halo.

Sólo podemos concluir que debe ser muy lindo ser un Director Técnico Argentino Prestigioso Unánimemente Incuestionable… pero debe ser mucho más lindo llamarse Silvio Berlusconi.

Maidana Matías

Matías David Maidana (El Maidana Trucho)

Estaba predestinado a marcar una época en la zaga de Boca Juniors. A ser un referente, a despertar idolatría. Allá por mediados de 2007, el futuro ícono riverplatense, Jonathan Ramón Maidana, embelesaba al pueblo Xeneize con su prestancia, seriedad y sobresalientes condiciones. A tal punto que la alegre dirigencia del Club de La Ribera decidió tirar unos maletines al viento y trajo desde Los Andes al hermano menor del susodicho; todo para darle una alegría al central y por aquella vieja máxima de mantener a la famigia unita…

Matías Maidana, a él nos estamos refiriendo, nació el 9 de marzo de 1987 en Adrogué y se inició en El Milrayitas, al igual que su famoso y talentoso familiar. Iniciado como delantero, fue corrido cada vez más atrás en el campo de juego hasta que terminó fermentando como lateral derecho, como casi todo hermano muerto (?). Tras un puñado de encuentros en Los Andes de la mano de Mario Rizzi, se sumó a la pretemporada de Boca Juniors en La Posada de Los Pájaros antes la incredulidad de todos, incluido el propio jugador.

“No lo puedo creer. Voy a jugar en el club más grande del país y encima con mi hermano mayor. Todavía no caigo. Somos distintos. Yo por ahí soy más técnico y Jony es muy profesional y serio. Juega concentrado y jamás se descontrola. Él vive para el fútbol”, se atajaba en su primera entrevista. Todo muy lindo, realmente, pero tras un par de prácticas con el primer equipo, Miguelo Russo lo mandó a vivir a la reserva.

Sin embargo, y ya con Carlos Ischia en el timón del equipo, El Negro Ibarra se lesionó durante el inicio del Torneo de Verano de 2008 y eso le abrió la chance a Matías Maidana de jugar sus únicos 90 minutos en un abominable empate 0 a 0 frente a Racing en Salta. Ah, esa noche también debutaron con la Azul y Oro, Exequiel Benavídez y El Seba Battaglia Trucho. Todo dicho.

A mediados de 2008, con la venta de Jonathan al Metalist de Ucrania, a nadie en Boca ya le interesó la buena o mala fortuna de Matías, quien regresó a Los Andes (2008/09) del Nacional B para descender de categoría junto a Cubito Cáceres, Walter Alcaraz y El Piquetero Arce, entre otros. En 2010 jugó un semestre en Deportivo Armenio de Primera B y en 2011 pasó por el Linense del under Brasilero. En el último semestre de 2012 estuvo en Tristan Suárez y luego metió cuatro años en Berazategui  (2012/16) de la Primera C.

Sin embargo, Matías Maidana, quien desde mediados de 2016 es el refuerzo estelar de Cañuelas, sí dejó su marca imborrable en el fútbol grande de los domingos: esa cicatriz que vemos en la ceja de Jonathan Maidana cada vez que le hacen una entrevista, se la hizo su hermanito de un piedrazo por que, de chicos, no le quiso prestar los juguetes.

Y eso es todo lo que la posteridad va a recordar de Matías David Maidana…

Cracco Juan Pablo

Juan Pablo Cracco

Soy un ávido y responsable coleccionista. Lo cual, inconcientemente, lleva aparejado una profunda e inexorable tristeza. Y no hablo de lo patético de ver a un hombre en sus treintas esperando con la ilusión de un niño a que llegue una action figure del universo de DC Comics… O de lo lisérgico que suena que llegue a posponer una reunión de trabajo por mirar los extras de una película de los ochenta que completa una deseada antología de blue-rays. Eso no genera tristeza, para nada. Ya que las sensaciones negativas, por supuesto, son siempre desde la perspectiva de la mirada ajena. Y al coleccionista convencido poco le interesan las castradoras máximas que emergen desde los sentidos de los demás.

La verdadera tristeza -rayana a la angustia- que acecha a los coleccionistas, es por una sola cuestión: cuando la colección se está por completar. Ese es el fin, la depresión, la muerte, el acabose, el ragnarök. Por que lo que debería acaecer es la felicidad por la colección completa. Y al coleccionista no le interesa la felicidad, en absoluto. De hecho, el coleccionista se mueve como pez en el agua en la búsqueda de algo que desea interiormente que jamás se materialice. Paradójico. Entre los muñecos de Batman, los Gráficos de los noventa, los vinilos de The Beatles y las películas de Freddy Krueger, una sola pesquisa obsesiona cada uno de mis días: que estén posteados, perfumados e inmortalizados todos los íconos del baldoserísimo Ferrocarril Oeste del Clausura 2000.

Por supuesto, todos recordamos y veneramos a aquel último equipo de Caballito que divisamos en Primera División en nuestras vidas. ¡Si! aquel que dirigieron Palito Brandoni y Juan Domingo Rocchia; luego Rocchia en solitario y finalmente la vieja y desaparecida Subcomisión de Fútbol. Un verdadero canto a La Baldosa. Ojo que había jugadores, digamos, respetables, tales como Martín Vitali, El Bebé Rocha, Cristian Tula, Sergio Rodríguez, Félix Décima, El Pupi Salmerón o el bicampeón con Lanús, Maxi Velázquez.

Pero después había una galería de villanos que se hacían llamar Martín Morello, Nicolás Sartori, Cristian Chaparro, Jorge Vega, Diego Velázquez, El Máquina Giampietri, Nicolás Hernández, El Cuco Lagos, Ariel Groothuis, Diego González, Andrés Grande, Cristian Hudaied, Fernando Sanjunjo, Cristian Ayala o Fabio Landaburu, quienes hicieron, en los últimos años, un verdadero carrusel de emociones con nuestras vidas. Hoy, con una lágrima incrustada en este corazón de coleccionista, le llega el turno a Juan Pablo Cracco.

Lateral izquierdo de la categoría ’80 y oriundo de Río Tercero, nuestro homenajeado hizo su debut como titular en la décimo primera jornada de aquel Clausura 2000, cuando Rocchia decidió quemar a dos de los últimos juveniles que le quedaban por incinerar en la plantilla ¿El otro? El también cordobés Luis Pupi Salmerón. Tras la derrota 0-2 frente a Estudiantes de La Plata, el Diario El Día describió así su debut: “Juan Pablo Cracco hizo todo al revés y El Pincha supo aprovechar su sector. Marcó mal, entregó pésimo y su desprolijidad fue alarmante. Los albirrojos lo volvieron loco toda la tarde y no se fue expulsado de milagro ¡Qué tardecita!”

En total, Juan Pablo Cracco fue titular en 8 encuentros de aquel Ferro terminal, incluido, claro, el encuentro frente a Lanús en el que cayeron por 0-7 perdiendo la categoría y en donde uno no sabía si sorprenderse por lo abultado del resultado o por los extravagante apellidos que usaban la pilcha del Oeste, quienes parecían personajes de una película como El Señor de Los Anillos o una serie como Game Of Thrones: “de las entrañas de la tierra emerge el abominable Groothuis”, “la respuesta la hallaras en la aldea de los Hudaied”, “Le debemos lealtad al Sanjurjo Celestial”, “La salvación de nuestra especie será después que derrotemos al salvaje Cracco de las profundidades”… Y así hasta el final de aquel plantel.

De la vida de Juan Pablo Cracco no se supo mucho más, solo que entre los años 2004 y 2006 usó la camiseta de 9 de Julio de Río Tercero. Y de esta manera, hoy, aquí, con este paradero incierto, casi completamos nuestro álbum favorito de baldoseros.

¿Alguien dijo Roberto Galant, Mario Costas y Agustín De La Canal?

Cervetti Rodrigo

Rodrigo Cervetti (Tato)

El domingo 9 de abril de 2006 no fue un día más en la vida ni de River Plate ni de Instituto de Córdoba. Por el lado de los punteros Millonarios, esa tarde hizo su debut profesional Diego Mario Buonanotte, un diminuto joven de 17 años quien ya compartía una gigantografía publicitaria en El Monumental junto a Enzo Francescoli y a quien todos allí señalaban como el continuador de la dinastía de talentosos valores autóctonos, tales como Ariel Ortega, Marcelo Gallardo, Pablo Aimar, Javier Saviola y Andrés D´Alessandro, entre tantos y tantos otros.

En La Gloria, por su parte, el panorama era bastante distinto. Habían descendido de categoría sin jugar un día antes; al entrenador Ariel Cuffaro Russo le habían enseñado la ruta de salida de Córdoba y junto a él a una decena de “porteños”, tales los casos de los dos principales arqueros: Damián Grosso y Gastón Pezzutti.

Con ex arquero Ramón Benito Álvarez como técnico interino, Instituto se presentó en la cancha de River sin moral y con el entonces inexperto Jorge Carranza en la portería. Pero claro, fue tanta la presión (?) que el 1 se lesionó solo y posibilitó el impensado debut del pibe Rodrigo Cervetti (22/04/1985), juvenil a quien se señalaba como un gran proyecto futuro y continuador de la lista de grandes arqueros de La Gloria, tales como… eh… eh… eh… ¿Caranta?

En ese contexto, el asustado Tato se mandó debajo de los tres palos y de entrada recibió la bufonesca bienvenida de Tití Fernández: “Al peluquero de Cervetti ya lo metieron preso, Enrique (Macaya). Quédese tranquilo…”. Encima, no alcanzó a tocar una pelota que El Tecla Farías se la mandó a guardar dos minutos después de penal. Posteriormente, el propio Farías señaló el 3 a 1 final para La Banda.

Habiéndose sacado de encima la ansiedad por el siempre anhelado debut, Cervetti fue suplente de Carranza en las pocas jornadas que restaron de aquel Clausura y luego la siguió peleando a la espera de su oportunidad. Chance que, por supuesto, nunca jamás llegaría. Y no por que se haya ido o por que se haya retirado, eh. No, no.

Continuó en el plantel hasta mediados de 2013 tapado por, entre otros, Ariel De La Fuente, Diego Pozo, Diego Pellegrino, Laureano Tombolini, Julio Chiarini, Matías Vega y siguen las firmas. Entre medio, vale destacar, se sacó las ganas de jugar un poco cuando estuvo un semestre en General Paz Juniors (2010) del Argentino B.

Sarmiento de La Banda (2013/14) del inframundo fue la antesala a su inolvidable momento mainstream; ese que circuló viralmente en los teléfonos nacionales y extranjeros y que también repiqueteó por programas televisivos de toda índole a lo largo y ancho del planeta. ¿Su equipo? Comunicaciones (2014/15) de la Primera B Metropolitana.

Apenas iban cuatro minutos de aquel partido contra Atlanta cuando El Tato hizo su desmoralizante gracia inmortal, que finalizaría con un 0-5 a favor del Bohemio. Tras estar un tiempo colgado, desde principios de 2016 el arquero intenta rehacer su carrera en Unión de Santiago del Estero del Argentino B.

Desde acá, le mandamos nuestros mejores augurios. Si Florencia Peña, Ivana Nadal y Chachi Telesco lograron superar el escarnio de la híperconectividad ¿Por qué no lo va a poder superar Rodrigo Cervetti?