El tren del terror

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Promediaban los 80’s y un par de jóvenes sin demasiadas esperanzas en el fútbol logran escapar del campo de concentración en plena madrugada. Saltear los controles de seguridad tuvo sus complicaciones. Carlos Tapia salió casi intacto, con su joggin gris y la revista 7 Días en la mano. Su compañero Comitas, en cambio, sufrió la rotura total de sus prendas por parte de los perros asesinos que custodiaban las rejas electrificadas.

Jugados y concientes de que ya no podrían volver, se subieron de polizontes al primer tren que vieron pasar, con tanta mala suerte que abordaron el vagón de carga que llevaba todo tipo de animales. Antes de dirigirse al sector de pasajeros, un Comas tiritante por el frío tuvo un momento de lucidez y le dijo a su socio de huída: «Chino, esperame adentro que en un rato voy«.

A los 10 minutos apareció el hombre de Paraná, con su clásico corte de pelo y un sweater blanco de fabricación artesanal. «¡No sabés lo que me costó esquilar a esa oveja malparida!«, le dijo a su azorado compinche.

Señor…¿Tiene una moneda?

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Se ve que en el staff de la revista El Gráfico se había puesto de moda colocar al Beto Márcico contra la pared. ¿Para hacerle preguntas comprometidas? No, para sacarle fotos y escracharlo por la eternidad. Acá lo vemos de veranito, con el Apertura ’92 en el bolsillo y una vestimenta repudiable, casi de linyera. Camisa floreada y arremangada, jean con dobladillo y alpargatas blancas. Toda la impunidad para alguien que después entraba a la cancha y la rompía.

Orilla lo penoso

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Antes de convertirse en una metralladora de anécdotas y frases festejadas hasta el hartazgo por seguidores de risa fácil, el Bambino Veira hizo escuela en eso de ser bufarrón. He aquí una muestra de cómo no hace falta estar bien vestido para que te de bola una mina. En la foto, se lo observa lo más campante junto a su mujer Sonia Pepe, caminando por la playa con una malla impresentable y una camisa mangas largas anudada a la altura del ombligo. ¡Pará de ser tan macho!

(Gracias Matías)

Bote la ropa

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Ya sabemos. En esas elecciones presidenciales de 1995 mucha gente tomó decisiones equivocadas. Pero no viene al caso ponernos a hablar de política. Lo que indigna es que en su primera fiesta cívica el Lagarto Fleita se haya vestido como un cumbiero noventoso. Si quiso tapar la fealdad de la camisa con ese chaleco le avisamos que obtuvo el efecto adverso. Por suerte tenía cerca el tacho de la basura.

OriÓN OFF

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El grado de impresentabilidad de Agustín Orión avanza a pasos tan agigantados que seguramente cuando terminemos de realizar este post ya habrá agregado una perla más a su collar de hechos desafortunados. He aquí otra muestra de su falta de sentido común, pero en el rubro indumentaria. La foto corresponde al 2005, cuando todavía no había amenazado a Falcao, ni se había peleado con la hinchada de Berazategui ni tampoco se animaba a hacer jueguitos con una pelota (hasta ese momento e incluso hasta 2 días antes del partido con la Liga de Quito había practicado con un globo).

Camiseta de San Lorenzo arremangada (con chivo de San Lorenzo estampado sobre la publicidad) y jogging de acetato metido dentro de las medias blancas bien visibles. ¿Eso es un arquero?

El miedo Salta a la vista

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«Muchachos, saquen del placard la mejor pilcha que tengan porque nos vamos a pedirle una ayudita al prócer de la provincia«, anunció Pedro Guiberguis en las horas previas a la final entre Gimnasia y Tiro de Salta y Central Córdoba de Rosario. Con una camisa arremangada y por encima de una remera de cuello redondo, el volante esperó a que sus compañeros salieran de la habitación del hotel.

Primero apareció Alfredo González, que instantánamente fue felicitado por su pantalón blanco, la campera negra de corderoy y la camisa abierta hasta la altura del pecho. Después fue el turno de Popeye Herrera, que rezongó porque había planeado afeitarse ese día y con el repentino paseo no lo iba poder hacer. Por último, Miguel Amaya apareció en el lobby con su sweater, su jean azul, sus zapatillas con lengüeta hacia arriba, y exclamó: «¡Ya estoy, vámonos!«.

Al llegar al pie del cerro San Bernardo, Amaya le dijo a Guiberguis: «¿Estás seguro de que rezarle a San Martín nos va a traer suerte?«. Enfurecido, Pedrito contestó «¡Animal! Es el monumento a Güemes«. «Y bueno…no puedo ser carilindo e inteligente al mismo tiempo«, remató el Tigre.

(Gracias Nano)

Representa la vergüenza

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Los roperos del Diego Maradona en los 90’s deben haber tenido más oro que los faraones del Antiguo Egipto. Siempre algo con brillo dorado estaba a la orden del día para ser mostrado con total impunidad. Y no es excepción esta camisa Versace, desagradable por donde se la mire. Sobre todo teniendo en cuenta que estaba por dentro del jean.
Más atrás, tratando de que no lo reconozcan, el empresario Marcos Franchi, de impresentable pijama con dibujitos, observa a su representando. Al final, lo menos llamativo es el bigotón de remera rayada.

(Gracias Nano)