
Sobran los calificativos. Raúl «lalo» Maradona, septiembre de 1996.
Juan Pordiosero

Sobran los calificativos. Raúl «lalo» Maradona, septiembre de 1996.
Juan Pordiosero

Al casamiento de Diego Simeone y Carolina no podía faltar Miguel Di Lorenzo, el mítico masajista/ayudante/aguatero de la selección nacional que trascendiera en los medios por sus extravagancias y no por su tarea profesional. Fue por ese motivo entre tantas invitaciones a futbolistas, dirigentes y artistas de renombre, se coló una para el bueno de Galíndez que, ajeno a las pomposas fiestas de los multimillonarios jugadores, se vistió con lo mejor que tenía (apostamos a que no le alcanzó para comprar el traje con el premio de México ’86) y antes de salir de su casa miró el perchero y pensó «ma’ si, el sombrero lo llevo«. Así se lo vio aquella noche de 1994, encapotado con su sobretodo negro, con la camisa abierta, la corbata floja, y un extraño neceser que posiblemente haya servido para guardar su histórico bidón. No fuera a ser que al Cholo se le hubiese ocurrido invitar al brasileño Branco. Y él, fiel a Bilardo, estuvo hasta en el último detalle.
Juan Pordiosero
En aquel momento sonaban los hits del disco Steel Wheels. Faltaban dos años para que se editase Flashpoint y Roon Wood ya no aguantaba más. Cansado, agobiado y fastidiado por el acoso de sus fans, se refugió en un hotel ecuatoriano y haciéndose pasar por un argentino grasa se dispuso a cargar un termo con el whisky más caro que hubiese detrás de la barra. En el camino, se cruzó con algunos jugadores de Racing que lo gastaron: «¡Attadía chupamedias!, ¿Otra vez haciéndole mandados a Basile?«.
El Flaco Lamadrid (linda camisa y alpargatas amarillas), el Pato Fillol (¡Qué peinado!) y Horacio Cordero jamás se enteraron que ese señor de remera rayada, malla horrible, medias de toalla y zapatillas atadas a los tobillos era un impostor. O mejor dicho, el guitarrista de los Rolling Stones.
(Click en la foto para agrandar)
Juan Pordiosero (Gracias Lita)
Walter Fernández, Juan Carlos Zubzuck, Horacio Attadía y el Flaco Hugo Lamadrid sabían perfectamente que la carrera del futbolista no tiene mucho carretel. Ni lerdos ni perezosos, los hombres de Racing se envalentonaron en una calurosa noche de los 80’s y sin temor al qué dirán sacaron a relucir su costado más tropical. ¿El resultado? Éxtasis en estado puro (click en la foto para agrandar).
Juan Pordiosero (Gracias Lita)

La pretemporada de Boca en 1987 era lo de menos. Lo importante, para César, era descansar físicamente y cultivar su mente con Geografías, el libro de Mario Benedetti.
El microclima de Potrerillos, en la Provincia de Mendoza, debe haber colaborado para que se produjera la postura relajada, es cierto. Pero confiamos en que la decisión de ser fotografiado semi desnudo por la revista El Gráfico surgió de Menotti gracias a su espíritu libre y desprovisto de prejuicios.
De la remera de mangas largas mucho no podemos decir. El protagonismo, por supuesto, se lo roban sus largas piernas que empiezan en las aberturas de ese slip que asoma del shortcito azul y culminan en esas medias 3/4 dentro de las zapatillas nauticas. El placer en estado horizontal. Y no preguntemos que hacía sobre la cama esa toalla de color lila. Cada uno es dueño de sus dichos y esclavo de sus desechos.
Juan Pordiosero

De tanto en tanto aparece algun futbolista que nos recuerda que no es necesario bucear en los archivos de dos décadas atrás para encontrar mamarrachos. Con revisar el material fotográfico del Sebastián Abreu en los últimos 5 años alcanza y sobra. La vulgaridad del oro habla por si sola, está claro. Podriamos referirnos a Paola, la chica que lo acompaña, pero ella no tiene la culpa.
Lo que no le podemos recriminar al Loco es falta de coherencia. ¡Si hasta el pelo le hace juego con la camisa! La fiesta nacional del dorado, un poroto.
Juan Pordiosero

Los años 90’s en su máxima expresión. El Diego, gordo y con ruteras asomando de su cabeza, bailando con la ex cantante de Las Primas (o en su defecto, una imitadora) en alguno de los tantos programas que nacen y mueren en el mismo verano. El vestuario impecable: jean (ideal para soportar el calor) y camisa híper floreada. Su compañera, mientras tanto, pone cara de circunstancia enfudada en un conjuntito blanco con una riñonera fucsia. ¡Hermoso! Y eso que no tenemos en cuenta que el que le cuida las espaldas a Maradona es el mismísimo Jorge Corona. Antológico.
Juan Pordiosero

El verano de 1988 también fue propicio para el reencuentro de viejos amigotes. El escenario, la confitería del estadio Mundialista de Mar del Plata. Los protagonistas, dos ex jugadores de Boca. Por un lado, el Tigre Ricardo Gareca, inexplicablemente con un sweater rayado en una noche muy calurosa que posiblemente haya provocado una transpiración bastante molesta bajo ese frondoso flequillo. Acompañándolo y señalando la cámara de la revista El Gráfico, un exaltado Potro Domínguez, afrancesado a raíz de su paso por el fútbol galo, luce una camisa blanca a lunares negros que, si observamos bien, contiene en su bolsillo izquierdo un paquete de cigarrillos Marlboro. ¿Sería de 10 ó de 20? Es bien 80’s, de eso estamos seguros.
Juan Pordiosero